Berlín I. Día 1: Vuelo y llegada a Berlín

Por fin llegó el 6 diciembre y con él nuestro viaje a Berlín. Volábamos con Easyjet, compañía que solo permite UNA pieza de equipaje de mano de máximo de 56 x 45 x 25 cm (eso sí, sin límite de peso), por lo que llevábamos a rebosar los bolsillos de nuestros abrigos. Básicamente repartimos entre los compartimentos todo aquello que habríamos llevado en un bolso de mano, pero pareciendo el muñeco de Michelín.

El vuelo fue tranquilo y aprovechamos para hacer una merienda-cena, ya que llegábamos a las 21:45 a Tegel y seguramente estaría todo cerrado. El plan del día era llegar al alojamiento lo antes posible y descansar para el día siguiente estar con las pilas cargadas. Poco más.

En el mismo aeropuerto de Tegel, junto a la parada del autobús, compramos los tres pases semanales (7-Tage-Karte) para la zona ABC. Por un importe de 37,50€ tendríamos cubiertos los trayectos para toda nuestra estancia, incluida la ida y vuelta al aeropuerto, así como las excursiones a Sachsenhausen y Potsdam. Tiene la peculiaridad de que entre semana de 20h a 3 de la mañana y los sábados, domingos y festivos, se puede llevar sin coste adicional a un adulto y hasta tres niños (de 6 a 14 años – los menores de 6 van siempre gratis). El billete también incluye un perro o una mascota pequeña, equipaje de mano, sillita infantil o silla de ruedas. No así la bicicleta, que requiere un billete aparte.

Berlín cuenta con U-Bahn (metro), S-Bahn (tren), bus y tranvía. Tan solo este último no estaba incluido en los pases, pero con los otros tres íbamos sobrados para nuestros planes. Además, podíamos coger los trenes regionales.

El área metropolitana queda dividida en tres zonas tarifarias: A, B y C. Como decía, nosotros compramos el billete semanal que servía para las tres zonas, ya que, aunque Tegel está en zona B, Sachenhausen y Potsdam están en la C. En la web de la VBB se pueden consultar los diferentes billetes para echar cuentas y decidirse por el que salga más rentable en cada caso. También es útil para ver cuándo hay incidencias en la red o descargarse planos de los distintos medios de transportes. Además, cuenta con una App en la que incluso se pueden comprar los billetes evitando así llevarlos en papel.

Una vez que sacamos los pases en la máquina buscamos la máquina de validación para activarlos antes de subir al bus. De esta moda pudimos entrar directamente a la parte trasera y buscar un sitio donde acomodarnos. En el caso de los billetes como el nuestro con picarlo una vez, ya es suficiente, la fecha impresa será la que marque el inicio del período válido. En caso de encontrarnos con un revisor, se enseña y listo.

Tomamos el bus TXL hasta la parada Beusselstrasse, donde enlazamos con la S41 que nos llevaría a la parada Schönhauser Allee. Desde allí teníamos unos 10 minutos al apartamento. Para cuando quisimos llegar eran las 11 de la noche, pero como teníamos la llave esperándonos en una caja fuerte y nos habían enviado la clave, no hubo problema. El apartamento era como esperábamos, tal y como habíamos visto en las fotos. Un espacio que servía como dormitorio – salón – comedor con una cama doble, un armario, un sofá-cama, una mesa con tres sillas y una tele colgada en la pared.

Además, contaba con un baño bastante espacioso y una pequeña cocina que nos vendría perfecta para los desayunos y las cenas.

Para aquel primer día la cena fue algo ligera, pues como comentaba más arriba, ya habíamos comido algo en el avión. Acabamos con los bocadillos de tortilla francesa que nos habían quedado para que no se nos pusieran malos y tras una ducha rápida y acomodo de equipaje, nos fuimos a descansar, para poder madrugar y aprovechar bien el día siguiente.