Berlín V. Día 2 III: De Nikolaiviertel a Die Hackeschen Höfe

Muy cerca de los ayuntamientos se halla el Nikolaiviertel, el barrio donde se originó Berlín. Como suele ocurrir en la fundación de las ciudades europeas, esta zona durante la época medieval era un lugar de paso clave para una ruta comercial, después se construye una iglesia, llegan los primeros asentamientos… y en unos años tienes un núcleo urbano.

La iglesia llegó a principios del siglo XIII, y no podía llamarse de otra forma que Nikolaikirche.

En sus alrededores poco a poco se fueron estableciendo los artesanos y comerciales. Al este del río Spree surgió un asentamiento conocido como Berlín, y por otro lado, en la orilla opuesta, un segundo que se llamó Cölln. La ruta que unía ambos pueblos era conocida como Mühlendamm. Se podía cruzar de un lado a otro gracias a una presa. En ambas orillas había molinos, y de ahí su nombre: Mühlen (molinos) + Damm (presa).

Los molinos se incendiaron en 1838 y tuvieron que ser reconstruidos. A finales del siglo XIX perdieron su función y comenzaron a usarse para uso burocrático. Finalmente fueron derribados en 1936.

Desde estos asentamientos hasta la II Guerra Mundial la zona fue un lugar de encuentro de artistas, artesanos y comerciantes y estaba plagado de talleres y tiendas. Lamentablemente, con los bombardeos el barrio quedó reducido a escombros y tuvo que ser reconstruido. Fue entre 1981 y 1987 cuando se intentó recuperar aquel trazado medieval siguiendo documentación antigua. Hoy tiene cierto encanto pasear por sus calles, pues da la sensación de haberse transportado a otra ciudad más pequeña, y no de seguir en una gran capital.

Chocan un poco los edificios de corte soviético al estilo Plattenbau, pero a la vez consiguen integrarse en la estética del barrio en sus fachadas y tejados.

Uno de los artistas más reconocidos del barrio fue Heinrich Zille, cuya estatua le rinde homenaje.

Este pintor y fotógrafo nacido a mediados del siglo XIX realizó numerosas obras de arte durante la República de Weimar, la mayoría de ellas centrándose en mostrar a las clases bajas.

Otra estatua relevante en la zona es la del oso de Berlín que sostiene con fuerza el escudo de la ciudad.

Y un poco más adelante, junto al río, nos encontramos con otra estatua. Esta representa a San Jorge luchando contra el dragón y fue un regalo del artista August Kiß al rey Wilhelm I .

Callejeamos por el barrio y después continuamos hacia el norte. Pero empezó a chispear y nos encontramos con un Subway, así que aprovechamos para parar a comer, aunque no nos entretuvimos mucho, pues no queríamos que se nos hiciera de noche. Así, tras el breve receso tomamos la Spandauer Straße hasta los Hackeschen Höfe, unos patios en el histórico Scheunenviertel (Barrio de los Graneros) frente al mercado Hackescher que fueron declarados monumento histórico en 1972. 

Este espacio consta de ocho patios en una superficie de 27.000 m², y alrededor de ellos podemos encontrar tanto viviendas como empresas o instituciones culturales.

Pero sobre todo su popularidad se debe a la zona comercial en los locales a pie de patio. Hay tanto bares, como restaurantes, locales de fiesta, de artesanía e incluso una tienda oficial de Ampelmann (el muñeco de los semáforos de la RDA).

Los primeros semáforos surgieron a principios del siglo XX, enfocados sobre todo al tráfico rodado. Los de peatones no surgen hasta los años 50, pero no eran muy legibles para todo el mundo, sobre todo porque había un 10% de la población que no distinguía los colores. Así, el psicólogo Karl Peglau propuso cambiarlos por formas geométricas y eliminar el ámbar. Su primera idea no cuajó, pero se le ocurrió otra: incorporar la figura de un hombrecillo, una imagen fácilmente reconocible tanto para adultos, como para niños o discapacitados. El primer semáforo se instaló el 13 de octubre de 1961 con los diseños de su secretaria.

Pronto se hizo muy popular, por lo que en los años 80 el Ministerio del Interior de la RDA lo usó para enseñar educación vial, trascendiendo de las calles a una tira cómica en el periódico, a historietas en la radio y a un espacio mensual en el programa infantil Sandmännchen.

Con la desaparición de la RDA y la reunificación del país llegó la estandarización vial y comenzaron a retirarse para sustituirlos por los de la Alemania del Oeste, sin embargo no tuvo muy buena acogida y la mayoría se volvieron a instalar. Hoy en día se han convertido en todo un icono de los Ossis y como tal, no puede faltar merchandising en torno a su figura. En 2004 se creó además la Ampelfrau, su versión femenina.

Entramos a la tienda a echar un ojo, pero no compramos nada, pues los precios eran un tanto altos. Así pues, seguimos con nuestro paseo y de casualidad, junto a este conjunto de patios, encontramos un callejón conocido como el Dead Chicken Alley, un espacio comprado en 1993 por unos jóvenes conocidos como “Los Pollos Muertos” (Tote Hühner) para expresarse artísticamente.

El espacio es pequeño y abruma ver tanto graffiti, es complicado encontrar un espacio libre sin pintar. Parece que incluso The London Police, Basquiat y Banksy han dejado su huella en el lugar.

En el callejón podemos encontrar una tienda, la galería Monsterkabinett, el Museo Anne Frank. hier&heute (dedicado a Anna Frank), el Museum Blindenwerkstatt Otto Weidt (en honor al empresario que escondió y empleó a judíos sordos y ciegos en su taller de escobas y cepillos), el Café Cinemá y el alternativo Monster Bar.

En la acera de acceso a los patios podemos encontrar varias Stolpersteine, unas placas de latón de 10×10 cm que sirven para recordar el destino de aquellas personas deportadas y asesinadas por los nazis.

La idea nació del artista alemán Gunter Demnig, quien consideró que estas chapitas podrían servir mejor al propósito que construir un único monumento conmemorativo de mayores dimensiones. La primera de ellas fue colocada el 16 de diciembre de 1992, el 50 aniversario de la fecha en que Heinrich Himmler dio la orden de deportar a los gitanos y desde entonces se pretende colocar unos seis millones de placas (tantas como víctimas). Eso sí, Alemania no le dio permiso para su instalación hasta el año 2000, momento en que el proyecto se disparó y se expandió a otros países de Europa, incluso ha llegado a España.

Suelen encontrarse frente a la última residencia de las víctimas, aunque no es fácil ya que muchos edificios fueron arrasados, incluso calles reconvertidas en otro tipo de espacios públicos. Aún así, se intenta buscar siempre el lugar más próximo.

En la inscripción se detallan el nombre de la víctima, su año de nacimiento, el de su deportación y al campo a que fue enviada. En el caso de las mujeres casadas se añade también su apellido de soltera.

Tras la visita a los patios continuamos nuestro paseo hacia la Isla de los Museos.

2 comentarios en “Berlín V. Día 2 III: De Nikolaiviertel a Die Hackeschen Höfe

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