Berlín XVI. Día 5 III: Visita a la Cúpula del Reichstag y al Neues Museum

Llegamos al Reichstag unos minutos antes de nuestra visita programada. En la caseta de entrada enseñamos nuestra confirmación de solicitud (aquí expliqué como reservar) y nos hicieron pasar a otra sala en la que un señor nos pidió tanto dicha confirmación como nuestros pasaportes para confirmar nuestras identidades. Para ser funcionario de un edificio gubernamental y alemán, la verdad es que el hombre fue muy simpático y amable. Nos marcó en su lista y nos hizo pasar al siguiente paso: el arco. Allí tuvimos que quitarnos chaqueta y mochilas para pasarlas por el detector de metales y seguidamente nos hicieron esperar en otra sala.

Cuando hubieron formado un grupo medianamente grande, nos condujeron a un ascensor que nos subió hasta la planta cuarta. Allí había un mostrador en el que se nos facilitó una audioguía gratuita y muy moderna que se activa por sensor según te vas moviendo. Así, reproduce una pista u otra sin tener que pulsar ningún número. Las hay disponibles alemán, inglés, español, francés, italiano, portugués, polaco, ruso, turco y holandés. Además hay una especial para ciegos (solo en alemán) y una videoguía para sordos. Con el auricular en la oreja, comenzamos nuestra visita por la rampa, donde automáticamente se inicia el relato.

El edificio del Reichstag fue construido entre 1884 y 1894 en estilo neo-renacentista según el diseño de Paul Wallot. Nació con la mente puesta hacia una supuesta monarquía parlamentaria, aunque a Guillermo II no le hizo mucha gracia que la cúpula superara a la del Palacio Real. Tampoco le gustó la inscripción de “Dem Deutschen Volke” (“Al pueblo alemán”) que hoy figura en el pórtico de la fachada principal. Prohibió su instalación y no fue colocada hasta 1916.

El 9 de noviembre de 1918 el diputado socialdemócrata Philipp Scheidemann proclamó la república desde una ventana. La Asamblea Nacional se reunió en Weimar y el 31 de julio de 1919 se aprobó la Constitución de la primera democracia parlamentaria alemana. Recogía derechos civiles básicos y libertades así como el principio de igualdad ante la ley, libertad de reunión, de credo y conciencia. Incorporaba además el sufragio universal para mayores de 20 años.

El NSDAP llegó a la bancada parlamentaria a principios de 1930 y el 30 de enero de 1933 Hitler sería proclamado Canciller.  Un incendio de causas desconocidas la noche del 27 de febrero le sirvió como pretexto para perseguir a los enemigos políticos. En realidad, aunque acusó a un joven comunista holandés, todo apunta a que fue provocado por los propios nazis para declarar el estado de emergencia y cercenar los derechos y libertades de la Constitución de Weimar.

Durante la dictadura Nazi el Reichstag perdió su significado y quedó abandonado. El terreno alrededor se convirtió en huerto de patatas y vegetales. Después, durante la II Guerra Mundial sufrió importantes daños, perdiendo incluso la cúpula. Permaneció en ruinas hasta 1961, cuando se comenzó una renovación parcial (aunque sin cúpula). Se convertiría entonces en lugar de exposiciones sobre la historia del país.

En 1991, tras la reunificación, se decidió que el parlamento abandonara Bonn y volviera al edificio del Reichstag en Berlín. Se llevaron entonces importantes tareas de restauración entre 1995 y 1999 bajo las órdenes de Norman Foster, quien incorporó esta famosa cúpula de cristal que se puede recorrer y ofrece unas magníficas vistas panorámicas de la ciudad.

Con 23 metros de altura, la cúpula de acero y vidrio se sitúa justo encima de la sala plenaria como símbolo de que el pueblo, desde la parte superior, quien controla a sus representantes políticos. Gracias a un cono cubierto de espejos como eje central, se renueva el aire de sala y se refleja la luz hacia el interior del edificio.

Alrededor de este cono hay unos paneles que hacen un recorrido por la historia de Alemania y su democracia.

La cúpula está abierta al exterior, lo que permite recoger el agua de lluvia para ser después reutilizada. Y lo cual significa que si hace frío en la calle, también lo hace dentro de la cúpula.

El recorrido comienza por la rampa de la derecha, y lo primero que vamos viendo es el Spree y los edificios federales próximos al Reichstag. Sin embargo, con las torres del propio edificio, apenas se intuyen los tejados. A lo lejos vemos cómo sobresalen varias iglesias y la cúpula dorada de la sinagoga.

Más sencilla de ver es la Torre de la Televisión y la cercana cúpula de la Catedral.

Casi completando la vuelta podemos apreciar realmente cerca la Puerta de Brandeburgo desde su parte trasera y si afinamos la vista detrás de la torre del Reichstag vemos asomar la parte superior de la Ballena de Gehry en el DZ Bank.

A medida que vamos subiendo se obtiene una mejor perspectiva de los alrededores, aunque seguimos teniendo la cristalera delante. En nuestro caso además con gotas de lluvia.

Por fin en la terraza exterior podemos dar una vuelta 360º alrededor de la cúpula y ver la ciudad sin impedimentos. No obstante, el edificio no es lo suficientemente alto como para tener una gran perspectiva.

En cualquier caso, a pesar de que no son las mejores vistas, la visita merece sin duda la pena. No hay límite de tiempo una vez dentro, por lo que puedes disfrutar de la visita tranquilamente. Cuando te cansas, entregas la audioguía y esperas a que se forme un grupo para bajar en ascensor. A nosotros nos dio tiempo a hacer el recorrido completo, salir al exterior, bajar y leer los paneles antes de que comenzara a anochecer.

Con las luces de los edificios comenzando a encenderse pusimos rumbo a la Isla de los Museos para seguir aprovechando la tarde. Junto al Reichstag nos encontramos un memorial a aquellos que murieron intentando abandonar la RDA. Se trata de una serie de cruces con los nombres y las fechas de cada una de las víctimas.

Y mirando hacia la carretera descubrimos la marca de baldosas que recuerdan por dónde pasaba el muro.

Nuestro museo elegido para este día fue el Neues Museum, el Museo Nuevo. Construido en el siglo XIX en estilo neoclásico, fue concebido como una extensión del Altes Museum, para que acogiera colecciones que no podían ser exhibidas en este como las de objetos del Antiguo Egipto, las históricas y prehistóricas, la de obras bizantinas, las realizadas en yeso moldeado de esculturas griegas y romanas de la antigüedad, la de obras del Renacimiento y de arte clásico, la de arte gótico, la etnográfica, la de acuarelas y grabados o la de cerámica y vidrio.

Cerrado al público durante la II Guerra Mundial y quedando seriamente dañado, no fue reabierto hasta más de medio siglo después. Tras serios trabajos de reconstrucción, la reinauguración fue en 2009.

El Museo Nuevo es uno de los más espectaculares del mundo, tanto por la grandiosidad de su edificio como por las colecciones que alberga. Cada sala es diferente y podemos encontrar distintas exposiciones a lo largo y ancho de sus tres plantas. Principalmente alberga tres colecciones: la del Museo de Egipto y de Papiros, la del Museo de Prehistoria y Protohistoria y la Colección de Antigüedades, siendo seguramente la de Egipto la más importante del museo.

Se pueden ver auténticas momias, figuras funerarias utilizadas para los rituales de enterramiento y un sinfín de objetos.

Eso sí, dentro de Egipto, su joya sin duda es el busto de la reina Nefertiti que conserva su pintura original después de 3000 años. Por eso se halla en una vitrina y las fotos solo se pueden hacer desde fuera de la sala, a una distancia prudencial.

En la misma sala hay expuesto además un segundo busto, una reconstrucción para ciegos que se puede tocar.

Otra de sus piezas estrella es la Cabeza Verde de Berlín, un busto realizado en pizarra sobre el 350 a.C. y considerada una de las obras más relevantes del arte egipcio .

En la tercera planta se encuentra la exhibición centrada en la Edad de Piedra, de Bronce y de Hierro, donde destaca el famoso Sombrero de Oro de Berlín, de unos 3000 años de antigüedad capaz de predecir los eclipses lunares.

Nos faltaba por ver aún el de Pérgamo, pero desde luego el Neues Museum había puesto el nivel muy alto.

Eran casi las seis de la tarde cuando terminamos y nos volvimos tranquilamente paseando hasta la Alex para coger el metro como venía siendo habitual. Aunque hicimos una parada en la tienda de Ampelmann para comprar unos recuerdos. Cuando ya tienes unos imanes de un viaje anterior y todo te parece caro, siempre es una buena idea una bolsa de tela, que cuesta 1€.

Y con esto dimos por concluido nuestro cuarto día en Berlín. Aún nos quedaba día y medio y mucho por ver.

Franquismo S.A., Antonio Maestre

Normalmente relleno mis lagunas en Historia cuando voy a viajar, ya que me documento un poco para entender un poco el contexto del lugar. Aún me queda mucho por aprender de Historia del Mundo, claro está, pero peor es lo que me falta de la propia. Una se siente totalmente perdida cuando lee noticias de actualidad en este presente en el que parece que volvemos a repetir el pasado. Así que, me apetecía mucho leer el libro Franquismo S.A., para contextualizar la época en que nos encontramos.

Antonio Maestre pretende con este libro recuperar la memoria histórica de nuestro país, mostrar el expolio al que fueron sometidos muchos españoles y del que se beneficiaron unos pocos. Comienza estableciendo un paralelismo entre nuestra transición y la alemana. Y aunque hay muchas diferencias, también hay muchas similitudes. Es cierto que Alemania se pone muchas veces como paradigma de cómo hay que acabar con el fascismo, pero en realidad no todo es tan bonito como se suele contar. Lo que ocurre es que el país germano nos lleva años de ventaja y algo más han avanzado.

El proceso alemán y el español tienen una diferencia de base, y es que mientras que en Alemania el fascismo cayó con la guerra, en España ganó, y tuvo unos 40 años para tejer sus redes y calar en la sociedad. Por otro lado, el nazismo fue vencido en 1945, mientras que Franco murió en 1975. Ahí ya tenemos unos 30 años de retraso (que hay que sumarlos a los de retroceso de la dictadura). Y aún así, la depuración de los nazis no fue tan rápida ni tan exhaustiva. Haber hecho una buena limpia habría supuesto paralizar el Estado, ya que – como recoge Maestre en el libro – «el 94 por 100 de los jueces y fiscales, el 77 por 100 de los empleados del Ministerio de Economía y el 60 por 100 de los funcionarios del Ministerio de Agricultura eran antiguos nazis». Además, lo que primaba en aquel momento era reconstruir una nueva Alemania, una RFA conservadora y capitalista frente a una comunista. Recordemos que el famoso Muro se llamaba Barrera de Protección Antifascista y fue construido por la RDA para protegerse de los nazis que campaban casi a sus anchas por la Alemania occidental.

Este año se han cumplido 44 años de la muerte del dictador y si hay algo que diferencia nuestro camino recorrido con el del país germano es la reparación económica. Mientras que en Alemania se llevó a cabo un proceso de indemnizaciones económicas a más de 1,6 millones de víctimas del nazismo que finalizó en el 2007; aquí nadie ha asumido la culpa o responsabilidad moral de este enriquecimiento y mucho menos ha habido reparación o indemnización. Al contrario, aquellas empresas (o las que las absorbieron) han seguido aumentando sus arcas beneficiándose de los bienes heredados. El autor, que es diplomado en Documentación, ha realizado para este libro un importante y exhaustivo trabajo de investigación donde recoge la historia empresarial de las grandes sagas familiares que componen las élites de este país estableciendo una clara relación entre aquella oligarquía empresarial del 39 con la que tiene el poder hoy en día (una buena parte cotizando en el IBEX 35).

En España aquellas corporaciones que apoyaron el levantamiento se enriquecieron durante la dictadura (un quid pro quo). Y lo hicieron bien por sus contactos; bien aprovechándose de la represión de sus competidores (por ser republicanos); o bien por el uso de mano de obra forzada o con nulos derechos laborales (no había sindicalismo, ni se podía negociar las condiciones salariales o de trabajo dignas). O con un poco de todo: contactos, eliminación del competidor y esclavitud. Con esos factores y un país por reconstruir, muy mal se les tenía que dar para sacar tajada a aquellas empresas de construcción e infraestructuras, energéticas, mineras, navales… afines al régimen.

La dictadura intentó reinstaurar el orden económico y social previo a los años 30. Como bien indica Maestre, en realidad la Guerra Civil fue una guerra de clases. Las familias adineradas que financiaron el alzamiento no tenían una motivación política, cultural o religiosa, sino simplemente pretendían preservar su patrimonio y engordarlo. Muy significativa es la frase de Franco en un discurso en el 1942: “Nuestra guerra es la única en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos de ella”. Y como con ejemplos se entiende mejor, el autor hace un seguimiento de la historia de empresas como Iberdrola, Naturgy, Acciona, OHL, ACS, bancos, petroleras y navieras. Aunque no están todas las que son, es muy elocuente ver cómo hay nexos entre ellas. Y es que el interés de estas familias por crear una red en la que mantengan sus privilegios conduce a una endogamia casi indecente. La lectura nos conduce por las ramas de un árbol genealógico demasiado complicado de dibujar como consecuencia de estos cruces de una oligarquía que va perpetuándose en el poder de todas las áreas relevantes de la vida (política, económica, educativa…). Un árbol que desmonta la falacia de la meritocracia en este país y pone de relieve que “la suerte” sonríe a aquellos que nacieron en una familia de vencedores. Confirma algo que ya sospechábamos: que es la clase la que determina tu futuro y no el esfuerzo como tanto nos quieren hacer creer.

Franquismo S.A. era un libro muy necesario. Su lectura solo me ha resultado un tanto densa por la cantidad de nombres que menciona y las relaciones entre ellos. Es verdad que lo he leído en el transporte y quizá no es el mejor lugar. Merece sin duda ser leído con calma, asimilando los datos y si es con papel y boli cerca, mejor, pues ya digo que muchas veces es imposible seguir el hilo de las familias y las absorciones empresariales si no se tiene un mínimo de conocimiento previo. Sí, Franquismo S.A. era un libro muy necesario, porque si la historia nos la cuentan los vencedores, no es de extrañar que haya omisiones deliberadas. Quizá con más obras así llegue un día en que avancemos como país y haya una reparación de verdad.

Berlín XV. Día 5 II: Desde la Siegensäule hasta el Monumento al Holocausto

Una vez en Hansaplatz, caminamos hasta la Siegensäule, la Columna de la Victoria.

Fue construida entre 1864 y 1873 para conmemorar la victoria de Prusia (en alianza con el Imperio Austriaco) sobre Dinamarca en la Guerra de los Ducados. No obstante, ya que para su inauguración en 1874 Prusia había ganado también la Guerra de las Siete Semanas contra el Imperio Austriaco y la Guerra franco-prusiana contra el Imperio de Napoleón III, se incorporaron detalles de estas contiendas también en otros dos segmentos. Después, durante el III Reich (1838-39) Hitler ordenó añadir un cuarto tambor que recordara la victoria en la Batalla de Francia.

En la base se hallan los cañones que fueron requisados al ejército de Napoleón. Y la columna queda coronada por una escultura de la diosa Victoria realizada en bronce de 8.3 metros de altura y 35 toneladas de peso. Porta una corona de laurel, un casco adornado con un águila, y el símbolo de la Cruz de Hierro.

Protegida como monumento nacional, se erige en la glorieta Großer Stern (Gran estrella), que une cinco grandes avenidas de Berlín: Spreeweg, Altonaer St., Calle del 17 de Junio (que ensanchó Hitler para sus desfiles), Hofjägerallee y la Bundestraße, que nos conduce al Reichstag. No obstante, no siempre ha estado ahí, ya que originalmente se colocó frente al Reichstag. Fueron los nazis quienes la trasladaron.

Los franceses quisieron dinamitarla tras la II Guerra Mundial pero los británicos y estadounidenses se opusieron. No obstante, se llevaron los relieves relacionados con la guerra contra Napoleón. Se ve que tenían dolido el orgullo patrio.

Se puede subir a la plataforma superior, desde donde se puede obtener una vista 360º de la ciudad. Eso sí, hay que prepararse para hacer a pata los 285 escalones.

Seguimos nuestra ruta hacia el Reichstag y, de nuevo, para no recorrer un par de kilómetros por un parque desangelado, esperamos al autobús en una parada cercana. Ya que teníamos el abono, íbamos a amortizarlo. Aunque la verdad es que se hizo de rogar y tardó bastante en llegar.

Haciendo el recorrido en transporte público y no a pie, nos saltamos el inmenso Memorial a los Soldados Soviéticos que hay casi llegando al Reichstag. Dos tanques T-34, los primeros que entraron en la ciudad en 1945, flanquean la estatua en bronce de un soldado soviético con la escopeta al hombro. Tras él se disponen numerosas columnas en las que se recuerdan los nombres de los 2.000 soldados del Ejército Rojo caídos el 17 de Junio de 1945. Teníamos opción de retroceder desde la parada del Reichstag, pues no queda muy lejos, pero preferimos recorrer la zona del Band des Bundes, algo así como el Distrito Federal. En él se encuentran el Bundeskanzleramt, la Jakob-Kaiser-Haus, la Paul-Löbe Haus y la Marie-Elisabeth-Lüders Haus. Bajo tierra, todos estos edificios quedan conectados por un túnel con el Reichstag. Por la superficie se puede cruzar por dos puentes.

El Bundeskanzleramt es el edificio de la Cancillería Federal Alemana, diseñado por los arquitectos locales Berlín Axel Schultes y Charlotte Frank durante el mandato del canciller Helmut Kohl. Inaugurado en 1997 tiene un exterior moderno, en gran parte acristalado. Su parte central está dedicada a un aspecto más de representación. Así, es donde se recibe a los invitados, donde se encuentran la sala de conferencias internacional, las cabinas de intérpretes y salas de control, la cocina, la bodega, el Gran Salón para recepciones y banquetes, así como la oficina del Ministro de Estado, la del Canciller, del Jefe de la Cancillería, la del Ministro de Cultura, la Secretaría y un apartamento para el canciller entre otras dependencias.

En sus alas laterales se localizan las 300 oficinas de 20 m² cada una donde trabajan los funcionarios. Allí cuentan con una cantina y una comisaría de policía. Sin embargo, se les ha debido quedar pequeño, pues están planeando una nueva extensión (que comenzará en 2023 y se prevé que finalice en 2028) con otras 400 nuevas oficinas además de otra cantina y una guardería. El helipuerto, que se localiza en el parque, está previsto que se coloque en el techo del edificio.

La Jakob-Kaiser-Haus fue completada en 2002 y ofrece espacio para la Sociedad Parlamentaria Alemana y el Bundestag en ocasiones representativas. Alberga el 60% de las oficinas de diputados, las salas de trabajo de los vicepresidentes, las del Consejo Federal y el Gobierno Federal así como las salas de reuniones para las comisiones de investigación. También acoge las salas de medios del Bundestag.

La Paul-Löbe Haus, nombrado en honor al último presidente demócrata de la República de Weimar, es un edificio de ocho pisos que mide alrededor de 200 metros de largo y 102 metros de ancho. Está destinado, en su mayor parte a tres áreas de trabajo del Bundestag alemán: comités, relaciones públicas y atención central al visitante. Alberga alrededor de 1.000 oficinas y más de 20 salas de reuniones.

Inaugurado en 2001, se caracteriza por su interior abierto y sus fachadas transparentes, un símbolo de que los ciudadanos pueden ver el trabajo de los representantes del pueblo.

Queda unido por un puente peatonal con la Marie-Elisabeth-Lüders-Haus, edificio inaugurado en diciembre de 2003 en el que también predomina la transparencia y el juego con la luz. Cuenta con una importante biblioteca parlamentaria, con documentación de prensa y el archivo. Además es un centro de servicio científico para los miembros del parlamento.

Esta construcción también se va a ampliar, construyendo una torre de 36 metros de altura que albergará 300 nuevas oficinas y una cantina con 50 asientos interiores y 150 asientos al aire libre a orillas del Spree. También se creará un área de entrada representativa en Luisenstraße.

Como aún era pronto para nuestra cita en el Reichstag continuamos hasta la Plaza de París, una de las más distintivas de Berlín. Data de 1734 y en apenas un año ya estaba rodeada por palacios barrocos. Esto, unido a que Unter den Linden acababa aquí, le hizo ganar relevancia sobre otras plazas de la ciudad.

Hoy marca el centro de la ciudad, entre la mencionada Unter den Linden y el Tiergarten, de donde veníamos. Pero sobre todo es conocida por la Brandenburger Tor, la Puerta de Brandeburgo.

Construida entre 1788 y 1791 según los planes de Carl Gotthard Langhans, mide 26 metros de altura, 65.5 metros de ancho y 11 de longitud. Con un estilo neoclásico temprano, recuerda a los propileos de la Acrópolis de Atenas. Cuenta con cinco zonas de paso divididas por seis columnas dóricas, siendo el espacio central el más ancho de todos y por donde solo podía pasar la familia real y sus invitados. A sus extremos cuenta con dos puertas menores y tras eliminar la muralla de la ciudad en 1868, se le añadieron dos pórticos mayores.

Queda coronada por una escultura realizada en cobre de unos 5 metros de alto, en la que la diosa Victoria montada en una cuadriga tirada por cuatro caballos se dirige a la ciudad, dirección Este. Esta escultura fue tomada en 1806 como botín de guerra por Napoleón y expuesta en el Louvre, pero fue recuperada en 1814 por las tropas del general Blücher. Tras volver a Berlín fue restaurada e incorporó una cruz de hierro prusiana. Tras la II Guerra Mundial fue rehecha de nuevo recuperando los moldes originales, sin embargo, esta vez se eliminó el águila y la cruz porque se consideraban símbolos del militarismo alemán. Tras la reunificación tuvo que ser de nuevo restaurada y volvió a incorporar el águila y la cruz.

La puerta quedó en tierra de nadie cuando se levantó el muro, tan solo podían acercarse guardas de frontera e invitados especiales de la RDA. En 1989 paradógicamente se convirtió en el símbolo de la reunificación y uno de los principales emblemas de la ciudad. Fue completamente restaurada entre 2001 y 2002, momento en que se cerró al tráfico, incluidos autobuses y taxis.

A un lado queda la Embajada de Francia, y al otro la de Estados Unidos y el famoso Hotel Adlon, donde se alojan personalidades como la Reina de Inglaterra cuando acuden a la ciudad (o Michael Jackson cuando asomó a su hijo por el balcón y casi se le cae).

Entre la Embajada de EEUU y el Adlon se encuentra el edificio del DZ Bank, en cuyo vestíbulo se halla la Cola de Ballena de Frank Gehry, autor del Pabellón Jay Pritzker, del Museo Guggenheim de Bilbao, de la Casa Danzante de Praga o de la Sala de Conciertos Walt Disney en Los Ángeles. También diseñó el edificio del banco, sin embargo, en su exterior no pudo seguir su estética arquitectónica tan característica, ya que había las estrictas normas de remodelación urbanística de la plaza tras la reunificación estipulaban que las fachadas debían ser austeras con ventanas verticales. El arquitecto decidió entonces reservar su toque personal en el interior y creó un auditorio para conferencias de casi 30 metros de largo y 12 metros de altura, cubierto por una original estructura de vidrio.

Según el propio arquitecto la ballena representa el movimiento, algo que siempre quiere expresar en sus edificios.

Tras bordear la plaza, continuamos al Denkmal für die ermordeten Juden Europas, también conocido como Monumento Conmemorativo del Holocausto.

Construido entre 2003 y 2005 por el arquitecto judío Peter Eisenman, consta de 2.711 bloques de hormigón de diferentes tamaños en un espacio de 19.000 metros cuadrados. Los laberínticos pasillos por un suelo con ondulaciones representan la desorientación y confusión de las víctimas del genocidio.

Bajo el monumento hay un centro de visitantes gratuito con exposiciones sobre el Holocausto y que recoge el nombre de todas las víctimas.

Aunque es un espacio para la reflexión, parece que hoy en día ha perdido su significado, o que mucha gente no es consciente de dónde se halla, pues cada vez es más común encontrarse con gente correteando, jugando a esconderse o posando para fotos frívolas en redes sociales. Ya hace unos años el artista israelí Shahak Shapira recogió bastantes ejemplos y las combinó con imágenes de campos de concentración para concienciar sobre ello.

Como curiosidad, a unos minutos andando se encontraba el búnker en que se suicidó Hitler. Hoy es un aparcamiento.

Ahora sí se acercaba nuestra cita en el Reichstag, por lo que buscamos un sitio por los alrededores donde comer algo rápido. No fue fácil, pues sobre todo había restaurantes, y no teníamos tiempo para sentarnos. Al final acabamos comprando unos bocadillos en Bäcker Wiedemann, una panadería de la Plaza de París, y nos los comimos de camino.

Berlín XIV. Día 5: Desde el Charlottenburgschloss hasta la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche

Tal y como veníamos haciendo, nos levantamos pronto, desayunamos en el apartamento y a eso de las 9 ya estábamos en marcha. Ya habíamos acabado con las excursiones programadas y tocaba quedarse en Berlín. De hecho, teníamos visita a la cúpula del Reichstag. No obstante, teníamos la mañana libre hasta que llegara nuestra cita, por lo que comenzamos la ruta del día en el Palacio de Charlottenburg, al oeste de la ciudad.

Fue construido entre 1695 y 1699 en estilo barroco. Se trató de un encargo de Sofía Carlota de Hannover, esposa de Federico I de Prusia y hermana de George Louis de Hanover (George I cuando ascendió al trono británico), como residencia de verano por aquel entonces fuera de Berlín. La reina era una gran amante de las artes y le gustaba invitar a filósofos y toda clase de artistas, así que quería un lugar en el que evadirse y organizar sus reuniones. Conocido inicialmente como Lietzenburg, Federico I le cambió el nombre por el de Charlottenburg a la muerte de su esposa en 1705.

A principios de siglo XVIII se llevó a cabo el proyecto de la Cámara de ámbar, realizado por artesanos alemanes y daneses. Ampliada en varias ocasiones, esta sala llegó a alcanzar los 55 metros cuadrados y estaba compuesta por unas 6 toneladas de este preciado material. Sin embargo, el encargo de Federico I fue regalado en 1916 por su hijo Federico Guillermo I de Prusia al zar Pedro I el Grande de Rusia para fijar una alianza contra Suecia. Así, la famosa Cámara de ámbar viajó desde Berlín a Rusia, donde se completó con otros 40 metros cuadrados de ámbar. Regresó a Alemania con los nazis, que robaron los paneles en la Operación Barbarroja, y allí se desvanecieron, ya que el palacio en que se reubicó quedó destruido con los bombardeos de la II Guerra Mundial. Hoy en día la cámara que se puede ver en el Palacio de Catalina es una reconstrucción de 2003 con motivo del 300º aniversario de San Petersburgo. Valorada en diez millones de dólares, esta nueva cámara está más recargada aún, ya que en lugar de 6 toneladas de ámbar, cuenta con 8.

Federico Guillermo en realidad no le dio bastante importancia al edificio, lo mantenía lo justo para poder celebrar algún acto oficial puntual. Su sucesor, Federico II de Prusia, lo convirtió sin embargo en su residencia principal y mandó construir un segundo piso para ubicar sus habitaciones privadas. No obstante, también se acabó cansando de él interesándose en su lugar por Sanssouci. Federico Guillermo II incorporó un teatro que jugaría un papel importante en la historia teatral alemana acogiendo obras de autores como Goethe y Lessing.

Se puede visitar el interior y apreciar la mezcla de estilos herencia de ampliaciones y renovaciones. Se conservan muebles del siglo XVII y XVIII, obras de arte y algunas pertenencias de la familia real. Nosotros sin embargo teníamos más interés en visitar la ciudad que palacios, por lo que lo vimos por fuera. O al menos lo que quedaba visible tras los puestos del mercadillo navideño.

El palacio cuenta además con unos jardines de estilo francés barroco diseñados en 1697 y reformados en 1788 al estilo inglés. Tras la II Guerra Mundial quedaron destruidos y volvieron a su diseño original barroco en 2001. Hoy son unos jardines de acceso gratuito muy apreciados por los berlineses, pero no no tenía mucho sentido pasear por ellos en diciembre, pues ya sabíamos por Potsdam que no iban a estar muy lucidos.  Así, seguimos con nuestra ruta.

La intención era acercarnos hacia el centro para estar a tiempo en el Reichstag, así que tomamos un bus que nos acortó el camino hasta la Kurfürstendamm, también conocida coloquialmente como Ku´Damm. Este bulevar es la calle más popular de Berlín junto a Unter den Linden. Nace junto a la Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm y se extiende más de tres kilómetros hacia la zona residencial de Halensee, donde nos encontrábamos. En su día, a mediados del siglo XVI era el camino que recorrían los príncipes electores (Kurfürst) cuando iban desde el Berliner Stadtschloss al bosque de Grunewald a cazar. De ahí su nombre.

Fue en el siglo XIX (1883-1886) cuando se convirtió en bulevar. El príncipe elector Otto von Bismarck quería construir una arteria que compitiera con los Campos Elíseos de París. No obstante, nunca alcanzó las dimensiones ni la repercusión de la avenida francesa.

A comienzos del siglo XX comenzó a despuntar como punto de encuentro para intelectuales, ya que empezaron a proliferar teatros, cafés, cabarets y locales nocturnos. Poco después, con la llegada de los nazis, había disturbios antisemitas y persecuciones diarias, y es que el 20% de la población de la Ku’Damm era judía. De hecho encontramos más plaquitas doradas como estas de los Friedmann (asesinados en Riga), de Herta Leiser o de Gertrud Lipert (en Auschwitz).

Fue reconstruida en los años 50 después de que quedara destruida con la II Guerra Mundial y durante los años del muro se convirtió en el centro neurálgico de Berlín Occidental. Sin embargo, con la reunificación este se trasladó a la Potsdamer Platz.

Hoy es la avenida comercial por excelencia de la ciudad con una parte más popular (con franquicias de ropa, tiendas de electrónica y deporte sobre todo) en la zona de Tauentzienstraße, que ya habíamos recorrido en nuestro primer día; y una parte más selecta hacia el oeste, donde nos encontrábamos. En este tramo predominan escaparates de tiendas exclusivas como Dior, Cartier, Bulgari, Prada, Chanel, Louis Vuitton o Versace.

El término de la avenida nos llevó a la Breitscheidplatz, donde se erige la Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche, la iglesia en recuerdo del Emperador Guillermo. Destruida en la II Guerra Mundial se declaró monumento protegido, se aseguró arquitectónicamente para que no se desplomara y quedó como memorial conmemorativo contra la guerra. Su exterior medio derruido y ennegrecido pretende recordar la insensatez de la contienda.

Entre 1951 y 1961 se construyeron nuevas partes. Por un lado un edificio alargado que es la nueva iglesia. De estilo moderno, lo que destaca son sus más de 20.000 cristales que dan al interior un clima azulado.

El otro edificio tiene una planta octogonal y se construyó como campanario. Hoy alberga un monumento a las víctimas del nazismo.

El conjunto es conocido como la muela picada (la iglesia vieja), el pintalabios (la nueva) y la polvera (el campanario).

La iglesia original, construida entre 1891 y 1895 en estilo neorrománico, contaba con cinco torres. La principal era la más alta de la ciudad llegando hasta los 113 metros. En el interior podemos ver una maqueta donde nos podemos hacer a la idea de cómo era tanto la iglesia como la plaza en la que se encuentra antes de la guerra.

Además de una exposición con la historia de la iglesia, también podemos ver parte de los mosaicos que adornaban la iglesia. En ellos se recuerda la vida y milagros del Emperador Guillermo I.

La zona sirve además como recuerdo de otro trágico momento. Si nos fijamos en el suelo, vemos una marca dorada que lleva a las escaleras. Este rastro recuerda el atentado del 19 de diciembre de 2016 en el que un atropello masivo acabó con la vida de 11 personas y lesionó a otras 55. En aquellas épocas se estaba celebrando un mercadillo navideño como el que nos encontramos en nuestra visita.

Dos años más tarde la seguridad se había reforzado y en los aledaños, tanto de este como de otros mercadillos, había barreras, resaltos y reducción de la velocidad.

Cerca de la iglesia se halla el Zoo y el parque Tiergarten (un pulmón verde de 600 hectáreas), pero decidimos omitirlos y acortar distancias hasta nuestra siguiente parada. No teníamos mucho interés en ver animales encerrados y no tenía mucho sentido recorrer un parque en un día gris de invierno en el que la frondosidad de los árboles brilla por su ausencia. Así, tomamos el metro hasta Hansaplatz que nos llevaría hasta nuestra próxima parada, la Siegensäule o Columna de la Victoria.

Nueva serie a la lista “para ver”: The morning show

Parece que en el panorama actual televisivo no teníamos suficiente con los canales en abierto, los de cable y las plataformas en streaming (Netflix, HBO, Amazon Prime Video y Disney Plus), que en noviembre la compañía de la manzana mordida se sumó a la fiesta lanzando Apple TV+. Y lo hizo por todo lo grande, con The Morning Show, su serie insignia protagonizada por Jennifer Aniston, Reese Witherspoon y Steve Carell.

The Morning Show usa como punto de partida la historia del libro Top of the Morning: Inside the Cutthroat World of Morning TV de Brian Stelter, en el que se exponían varios casos de luchas de poder en los magacines matutinos, aunque podría basarse en tantos otros casos de acoso sexual que han salido a la luz en los últimos años (Matt Lauer en el magacin matutino Today; Charlie Rose, presentador estrella de la CBS o Tom Brokaw de la NBC News por poner algunos ejemplos).

La ficción arranca con la crisis que sigue al despido de Mitch Kessler (Steve Carell) de The Morning Show, el matinal más exitoso de la televisión estadounidense, tras ser acusado de acoso sexual. Su compañera desde hace 15 años, Alex Levy (Jennifer Aniston), ha de tomar las riendas de un barco que hace aguas en medio de una tormenta y limpiar tanto su imagen como la del programa y la cadena.

Es complicado juzgar la serie con solo un primer episodio, pues es todo muy caótico y nos encontramos con tres tramas abiertas. Al acoso sexual de Kessler y la lucha de Levy por seguir siendo imprescindible, se une la llegada de Bradley Jackson (Reese Witherspoon), una desconocida reportera de Virginia Occidental que llama la atención de uno de los directivos de la cadena después de que un vídeo de uno de sus reportajes se hiciera viral. Está claro que Jackson llegará para sustituir a Kessler y a la vez para funcionar como elemento de conflicto y confrontación con Levy. Ambas tienen una personalidad diferente y un distinto punto de vista sobre cómo ejercer el periodismo. Pero esto solo se intuye de momento, ya que la serie se lo toma con calma para presentar a los protagonistas y las tramas antes de entrar de lleno en lo que quiere contar.

Así pues, no me queda muy claro si pretende ser una especie de The Newsroom reflejando el día a día del backstage de un programa de noticias (esta vez matinal) aprovechando para criticar la forma de hacer periodismo hoy en día y en cómo se elige poner el foco sobre unas noticias u otras teniendo en cuenta los intereses de la cadena; si va a centrarse en los egos de los rostros conocidos y en la batalla por las audiencias; o si quiere ir por otros lares más cercanos al libro en el que se basa y exponer las relaciones de poder en un ambiente machista y cómo esto afecta a las mujeres del sector. O quizá busca contar un poco de todo lo anteriormente mencionado, pues tan solo con el piloto, parece querer ser muchas cosas.

The Morning Show sin duda ha llamado la atención por ser el gran estreno de Apple TV+ y contar con un reparto tan mediático. No podemos decir que sea la mejor serie de 2019, sin embargo, el primer duelo entre las dos protagonistas en el piloto ya nos da un poco de esperanza de que puede ir a más.

De momento cuenta con una primera temporada de 10 episodios y antes de su estreno ya fue renovada para una segunda.

Berlín XIII. Día 4 III: Hacker’s Home, Exit Berlin

En esta ocasión nos costó encontrar una sala de escape adecuada. No era fácil encontrar una de temática que no fuéramos a repetir, que tuviera disponibilidad a última hora del día y que pudiéramos hacer tan solo tres integrantes. Finalmente nos decidimos por Hacker’s Home de Exit Berlin.

Llegamos con tiempo al local, pero nos tocó esperar un rato, ya que aún debían estar terminando los grupos anteriores y faltaba por colocar la sala. Mientras esperábamos llegó otro grupo y nos llevaron a ambos a una sala para la explicación previa. Éramos todos extranjeros, así que nos pusieron un vídeo con las reglas generales en inglés. Lo curioso del local donde se encuentra esta sala de escape es que es un antiguo búnker de la RDA y se conservan los pasillos, las puertas estilo caja fuerte y gran parte del mobiliario, así que de primeras nos estaba resultando interesante, incluso antes de empezar.

Tras la introducción fuimos separados y nuestro Game Master nos explicó nuestra misión: Peter Wallner, conocido hacker, planeó un ataque al sistema de datos de Berlín. Aunque la acción fue parada a tiempo, el pirata está desaparecido y se cree que puede estar planeando un segundo intento. Así pues, tenemos 66 minutos para entrar en su guarida, recopilar pistas sobre su nuevo paradero y conseguir apagar su ordenador para así impedir que se lance el virus que puede colapsar todo el país y seguramente todo el planeta.

Ansiosos por ver qué nos deparaba la sala, entramos bastante expectantes y de repente nos encontramos totalmente desubicados. La sala no parecía la casa de un hacker, sino una oficina de los años 90. Sin duda los monitores de tubo no tenían mucho sentido en un contexto de alta tecnología. Además, se echaba de menos alguna cama, pósters en la pared, comida/bebida en la mesa… no sé, algo más de ambientación que guardase relación con la historia.

Para más inri, apenas había visibilidad, pues solo contábamos con la luz roja como la de la imagen sobre estas líneas. Para conseguir luz “normal” teníamos que encontrar un interruptor que debía ser de la época de la RDA, porque no conseguimos activarlo, así que estuvimos como pollos sin cabeza intentando resolver un enigma que requería en determinado momento de identificar y casar colores ¿Pero cómo vas a saber qué color es si tienes una luz roja que apenas deja ver y que la poca iluminación que da distorsiona los colores?

Además, nuestro Game Master nos había dicho que no había que forzar nada y que todo estaba muy a mano, por lo que nos centramos en lo que nos quedaba a la altura de nuestra vista. Luego resultó que sí que había que hacer un poco el cabra y además levantar bastante la cabeza para sacar algo en claro.

Habíamos visto (o intuido) muchos detalles que sospechábamos que formaban parte de algún puzzle, pero como estábamos atrancados, no podíamos continuar, así que en determinado momento, cuando llevábamos como unos veinte minutos de juego, pedimos la primera pista. Y la verdad es que no nos ayudó mucho, pues ya habíamos llegado a esa asociación de ideas. El problema era que con la falta de visibilidad no podíamos avanzar en la resolución. Así pues, tuvimos que seguir pidiendo ayuda.

Aquello no tenía ni pies ni cabeza. Nada parecía guardar relación con la temática, no había mucha coherencia con la historia y los puzzles no tenían nada de tecnología puntera digna de un hacker. Todo parecía aleatorio, y además lineal, por lo que como te atrancaras en un enigma, ahí te quedabas, esperando la inspiración o una pista. Llegó un momento en que nuestro Game Master pasó a escribirnos las pistas en español. Imagino que pensó que no entendíamos las pruebas por tener alguna indicación en inglés, y se esforzó en traducirlas como pudo. Sin embargo, no era un problema ideomático, sino que tenía que ver con que no habíamos pillado la lógica de los creadores al planificar este escape.

Pero bueno, poco a poco fuimos siguiendo sus indicaciones y completando las tareas. No obstante, pasamos a la segunda sala un poco hiperactivos porque habíamos agotado la mitad del tiempo. Sin embargo, en esta segunda fase la dinámica cambió y volvimos a ser nosotros. De repente empezamos a encontrar objetos, a asociar ideas y a empezar a resolver los enigmas. Nuestro Game Master en lugar de ver cómo nos desenvolvíamos y esperar a que pidiéramos pistas, las daba cada vez que encontrábamos algo, aunque fuera totalmente innecesario (imagino que visto lo visto en la primera parte pensó que éramos un poco lerdos). Menos mal que pronto se dio cuenta de que ya no nos hacían falta.

En cuestión de 10 minutos habíamos completado las pruebas de la sala y pensábamos que habíamos recuperado el tiempo perdido en la primera y que aún podríamos salir vivos de aquello. Y de repente: FIN. No había más habitaciones, ya habíamos terminado.

¿Cómo? Ahora que realmente lo estábamos disfrutando, que la ambientación tenía más sentido, que los puzzles eran simultáneos y bien planteados…, se acaba.

Hablamos un rato con nuestro Game Master, que nos fue haciendo recapitulación sobre las pruebas, su resolución y en dónde habíamos fallado. Pero aún así, seguí sin verle mucha coherencia. Le comentamos que no nos habíamos sentido muy bien en la primera sala y que eso nos había hecho perder mucho tiempo y nos apuntó sin embargo que le había sorprendido cómo habíamos resuelto la segunda, ya que normalmente parece que los grupos se suelen atrancar ahí y emplear más del doble de tiempo que nosotros.

Conseguimos salir con un tiempo de 51:52.

No sé cómo serán el resto de sus juegos, pero desde luego Hacker’s Room deja bastante que desear. Creo que está pobremente diseñado, que le falta ingenio y ambientación para crear una atmósfera apropiada con la temática. Es verdad que apenas hay candados y que los puzzles son variados, pero se echa en falta que sea quizá más tecnológica. Se nota además que está creado en un contexto alemán, ya que hay una prueba con números romanos y para descifrar el código hay que resolver un enigma más. Es decir, nos encontramos teniendo que encontrar una llave que abriera el candado de un armario para que nos diera una plantilla de números romanos-arábigos. Esto es, que nos dijera que XIV es 14. Totalmente innecesario para nosotros, claro, pero de gran ayuda para un alemán, ya que ellos no usan los números romanos en ningún contexto y ni los deben aprender en el colegio.

Por otro lado, yo eliminaría sin duda lo de la luz roja, pues más que atmósfera, entorpece. Pero claro, si se quita ese impedimento lo demás puede resultar algo más obvio y sería demasiado fácil. En cualquier caso, todo ello provoca una falta de inmersión en el juego que hace que el jugador se frustre, aburra y descuelgue de la dinámica. El hecho además de que sea lineal lo empeora aún más, pues bloquea al equipo. Y si nos pasó siendo tres, imagino que con más integrantes, habrá algunos que se queden a verlas venir sin poder hacer gran cosa más que entorpecerse unos a los otros, pues además no es un espacio muy amplio.

En cuanto a las pistas, no me gustó cómo se gestionaron. En primer lugar porque podía haber intervenido antes dándonos alguna indicación tras 15 minutos sin avanzar y en segundo porque no eran nada sutiles, sino que nos ponía prácticamente la resolución. Por no hablar de cuando nos daba indicaciones en la segunda sala cuando no nos hacían falta.

Aunque seguimos invictos, parece que no tenemos mucha suerte con los escapes en el extranjero. El de Suiza lo hicimos en apenas media hora, el de Polonia era un tanto simplón y se podían resolver enigmas por inspiración, el de Boston aunque estaba bien nos encontramos con los compañeros inesperados y el de Sarajevo se nos quedó corto. Y en cuanto a la temática hacker, sin duda es mucho mejor (años luz) el de El escondite del hacker de Escapeway.

Seguiremos intentándolo.

Berlín XII. Día 4 II: Altes Museum

Llegamos a Berlín a las 16:30, ya sin luz y, siguiendo con la tónica habitual, decidimos irnos de museos. Habíamos hecho cuentas de las tarjetas y abonos que incluían museos para ver si era preferible comprar las entradas individualmente o algún pase. En nuestro caso vimos que nos salía rentable el Museumpass, válido en más de 30 museos durante 72h por tan solo 29€.

Teniendo en cuenta que queríamos visitar el Museo de Pérgamo (19€), el Museo Nuevo (19€) y el Museo de Historia Natural (8€), de sobra quedaba amortizado. De hecho, tan solo con los dos primeros ya merece la pena.

Para este primer día de pase comenzamos por el Altes Museum, el Museo Viejo, que se ubica en uno de los edificios más importantes del Neoclasicismo. Construido entre 1823 y 1830, Karl Friedrich Schinkel llevó a cabo la idea de Humboldt de abrir un museo como centro de enseñanza para el público.

Cuenta con dos patios interiores y las salas de exposición se articulan alrededor de ellos. La zona central cuenta con dos plantas y una rotonda central bordeada por veinte columnas jónicas e iluminada por luz cenital.

En el momento de su apertura exponía la colección de arte de la familia real prusiana, pero desde 1904 alberga una impresionante colección de antigüedades griegas, etruscas (la mayor fuera de Italia) y romanas. Podemos encontrar cientos de esculturas, piezas de orfebrería, joyas, mosaicos, sarcófagos, urnas, retratos, cerámicas….

El itinerario recomendado sigue un orden cronológico comenzando por la Antigua Grecia desde el siglo X hasta el siglo I antes de Cristo, recorre después la colección de joyería de oro y plata y finaliza con la numismática, una de las colecciones más significativas de la historia, con más de 1300 monedas de entre el siglo VII a.C hasta el III d.C.

Pero sin duda, dos de sus piezas más famosas son los bustos de Julio César y Cleopatra.

Tras la visita al museo volvimos al apartamento para ducharnos y cenar, pues teníamos reservada una sala de escape, todo un clásico ya en nuestros viajes.