Berlín VIII. Día 3: Excursión a Potsdam. Casco Histórico

Para nuestro segundo día en Berlín teníamos planes fuera de la ciudad. Nos íbamos de excursión a Potsdam, a unos kilómetros al suroeste.

Como habíamos hecho la compra el día anterior, pudimos desayunar tranquilamente en el apartamento y preparar las mochilas para pasar toda la jornada fuera. A las 9 de la mañana salimos a otra fría mañana y nos dirigimos a la estación Shönerhauser Allee, donde tomamos el S42 hasta Berlin Westkreuz. Allí cambiamos a la S7 que nos llevaría a Potsdam.

El viaje en tren es cómodo y corto. A eso de las 10:15 ya habíamos llegado. Teníamos el abono de transportes, que nos servía también para Potsdam, sin embargo, estábamos frescos y apenas había un paseo hasta el centro, así que fuimos caminando.

Potsdam fue fundada en el siglo VII como Poztupimi por los eslavos, aunque no se convirtió en ciudad hasta el siglo XIV. La notoriedad le llegaría en 1660 cuando Federico Guillermo I la eligió para establecer su residencia veraniega de caza.

Tras el Edicto de Potsdam en 1685 se convirtió en lugar de acogida de inmigrantes europeos. Su libertad religiosa atrajo a los hugonotes franceses, a rusos, holandeses o bohemios. Aún hoy podemos ver signos de estos pueblos en el barrio holandés y en Alexandrowka. Sin embargo, la ciudad creció sobre todo a partir del siglo XVIII, cuando, a pesar de que Berlín era la capital oficial de Prusia, la corte se mantuvo en Potsdam. De aquella época aún se conservan los palacios que han hecho que en 1990 fuera declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En la historia reciente hay que señalar la famosa Conferencia de Potsdam, la reunión tras la II Guerra Mundial entre Truman (EEUU), Churchill (UK) y Stalin (URSS) en el Palacio de Cecilienhof donde acordaron un nuevo mapa de Europa.

A pesar de que es una ciudad pequeña, tiene bastante para ver, por lo que nos organizamos dividiendo nuestra visita en tres partes: por un lado el casco histórico, por otro la zona del Palacio de Cecilienhof y finalmente el Parque Sanssouci. Ya que no teníamos muchas horas de luz, asumimos que no íbamos a ver los palacios y nos centramos en patear la ciudad.

Desde la estación seguimos el curso de la carretera hasta llegar a la Otto-Braun Platz, que nos conduce a la plaza del Antiguo Mercado, Am Alten Markt. Este es el centro histórico de la ciudad y donde durante tres siglos se hallaba el Stadtschloss, un palacio erigido en 1662 que se convertiría en la residencia de invierno de los reyes prusianos.

Dañado tras la II Guerra Mundial, fue demolido en 1961 en la época de la RDA, que no quería ostentación de simbología prusiana. No ha sido hasta el presente siglo que se ha reconstruido.

Destaca el Fortunaportal, el pórtico de entrada al antiguo castillo. Diseñado por el arquitecto holandés Jean de Bodt en 1701 rinde homenaje al Emperador Federico III.

Recibe el nombre por la escultura de la diosa Fortuna que corona la cúpula sobre la puerta. Esta figura, realizada en cobre y cubierta de oro, a pesar de medir 2.15 metros y pesar unas 5 toneladas, gira cuando hace viento.

Frente al palacio se erige la Nikolaikirche (Iglesia de San Nicolás), el último trabajo de Karl Friedrich Schinkel, quien ni siquiera la vio acabada. Construida entre 1830 y 1837 en estilo clásico incorporó la cúpula años más tarde.

Tras quedar dañada en la II Guerra Mundial fue reconstruida y reinaugurada en 1981. Hoy, además de servicios religiosos (como el que justo comenzaba y nos impidió verla por dentro), también acoge conciertos gracias a su buena acústica.

En el centro de la plaza destaca un Obelisco de 25 metros construido en 1753. Hoy está decorado con retratos de Knobelsdorff, Schinkel, Gontard y Persius, los grandes arquitectos de Potsdam, aunque antes de su reconstrucción tenía medallones de reyes prusianos.

Si giramos hacia nuestra derecha nos encontramos con el Altes Rathaus (Antiguo Ayuntamiento), que data de 1755. Su fachada, en un tono azul pastel, es bastante sencilla. Lo que realmente llama la atención es su torre circular coronada con una figura dorada de Atlas sosteniendo el mundo sobre sus hombros.

A su lado, junto al Stadschloss, se halla el Palacio Barberini, mandado construir en 1771 por Federico el Grande en estilo italiano y hoy reconstruido y convertido en museo de arte moderno e impresionista.

Sin duda una plaza impresionante. Es pequeña, pero tiene una panorámica inigualable de sus 360º.

Tomando el lateral de la iglesia y después la calle Franz, llegamos a un peculiar templo, la Französische Kirche (Iglesia Francesa). Ubicada entre el barrio francés y el holandés, fue construida a mediados del siglo XVIII para dar un espacio a los hugonotes que llegaron a Prusia desde Francia.

De planta circular tratando de imitar el Panteón de Roma, fue un desafío desde el inicio de su construcción por estar ubicada en un terreno pantanoso.

En las proximidades encontramos otra iglesia, la de San Pedro y San Pablo, en cuya trasera se ubica el cementerio central soviético.

La captura de Potsdam en abril de 1945 supuso la muerte de muchos soldados soviéticos. Tras la guerra se les decidió dar honrada sepultura y por ello se buscó un espacio donde pudieran ser enterrados. Se eligió esta ubicación tan céntrica para que los alemanes recordaran las víctimas que tuvo que sufrir el Ejército Rojo para acabar con el nazismo. Hoy en día queda protegido por tratados internacionales y Alemania ha de conservar tanto este como otros cementerios de guerra de forma permanente.

En el centro se erige un obelisco de piedra arenisca de 14 metros de altura que reposa sobre un pedestal. Queda rodeado además por varias esculturas de bronce. Se trata de la representación de los cuatro brazos del Ejército Soviético: un guardia, un conductor de tanque, un soldado de infantería naval y un piloto.

El cementerio alberga casi 400 tumbas bien conservadas.

Y como se puede apreciar en las imágenes no todas tienen la misma forma (ni material). Y es que depende del rango al que perteneciera dicho soldado. En este caso se trata del Teniente Primero (ста́рший лейтена́нт) Ivan Nikiforovich.

Seguimos nuestro paseo hacia el Holländisches Viertel, el Barrio Holandés, conocido también coloquialmente como el pequeño Ámsterdam. 

A mediados del siglo XVIII en Potsdam había problemas con el agua del subsuelo, por lo que se pidió ayuda a los holandeses, los realmente versados en ganar terreno al mar. Los expertos proyectaron la creación de cuatro islas y para que a su llegada a la ciudad se sintieran como en casa, se construyeron según las directrices de Jan Bouman 134 casas al más puro estilo tradicional holandés en ladrillo rojo.

Se trata de apenas cuatro manzanas de casas dispuestas en hileras, pero es una zona muy coqueta llena de rincones muy fotografiables. Aunque había casetas dispuestas a ambos lados de la calle, se podían ver las cafeterías con sus terrazas de apenas un par de mesas, tiendas de artesanía y pequeños locales que hoy se ubican en los bajos de estas construcciones. Además, en la casa ubicada en Mittelstraße, 8 se puede conocer la historia del barrio.

Como decía, la zona estaba engalanada por la época navideña, por lo que la encontramos muy animada con gente en busca de sus regalos o simplemente disfrutando de un chocolate caliente o un Glühwein, de las salchichas o patatas fritas y de las actividades que se desarrollaban en torno al mercadillo.

Muy cerca, en la calle Friedrich-Ebert-Straße se encuentra la Nauener Tor, una de las tres puertas que aún se conservan en Potsdam.

Construida en el siglo XVII en estilo neogótico inglés, estaba unida por la muralla (ya derruida) a la Puerta de Brandeburgo.

Tomamos la Hegenallee, donde había varios puestos y camiones de comida, desde los tradicionales de fruta, verdura, pescado y carne a otros más relacionados con la temporada, como los del famoso vino caliente.

Esta calle nos conduce a la segunda puerta, a la Jägertor, la más antigua de la ciudad. Data de 1733 y desde que se derribó la muralla en 1869 se ha mantenido como monumento independiente.

Y como no hay dos sin tres, seguimos hasta la tercera, la Puerta de Brandeburgo.

Comparte nombre con la de Berlín, mucho más famosa y grande que esta, porque tienen en común que ambas marcaban que conducían a Brandeburgo. Como la Puerta de Toledo en Madrid, vaya. Esta fue erigida en el siglo XVIII para celebrar la victoria de Federico el Grande en la Guerra de los Siete Años, por lo que es más antigua que la de la capital. Además conducía a los distintos palacios y jardines reales.

En sus alrededores también encontramos mercadillos navideños con un gran abeto, casetas de madera y atracciones infantiles.

Era media mañana y apetecía comer algo, así que dimos un paseo por la Brandenburger Straße arriba y abajo buscando entre sus puestos algo que picar que no fuera tan empalagoso como un corazón de Lebkuchen o una salchicha. Al final acabamos comprando unos bretzels.

Apenas llevábamos un par de horas en Potsdam, pero su centro nos había sorprendido en el buen sentido, así que teníamos ganas de descubrir si las afueras mantenían el nivel.