Serie “para ver”: Pequeñas Coincidencias

Rompiendo un poco con la costumbre de ver casi siempre series dramáticas, recientemente vimos el piloto de Pequeñas coincidencias, una comedia española que parece que estaba funcionando muy bien internacionalmente.

La idea de la serie viene de Javier Veiga, quien además de guionista y director es también uno de los protagonistas. Le acompaña delante de la pantalla Marta Hazas, su mujer en la vida real. Interpretan a Javier y Marta (sí, muy originales no han sido con los nombres), dos individuos que de primeras no se conocen, pero que ya en el primer episodio vemos que parecen destinados a encontrarse. Ella se encuentra en un buen momento profesional, ya que está ilusionada por la apertura de su tienda de vestidos de novia. Sin embargo, en lo personal se encuentra en una situación totalmente diferente pues, desilusionada con su pareja, decide poner fin a la relación. Él por su lado es crítico gastronómico y disfruta de su vida como soltero saltando de cama en cama, saliendo con sus amigos y viviendo con su hermano quien se ha acoplado en su casa tras el divorcio.

Pero, cuando parece que ninguno de los dos tiene intención de complicarse la vida, de repente se les empieza a pasar por la cabeza la idea de tener hijos. De primeras no tienen nada en común y cada uno tiene una forma diferente de entender el amor y la vida, sin embargo, parecen compartir pequeñas coincidencias y estar destinados a encontrarse.

La serie sigue una estructura y un estilo típicos de las comedias románticas de los años 90, aquellas en las que chico y chica se ven envueltos en rocambolescas casualidades y sabemos desde el principio que acabarán juntos. Aunque está actualizada introduciendo las redes sociales y la presión social de la vida moderna, es sencilla y sin muchas pretensiones. No plantea una introspección emocional sobre la maternidad, sino que se centra en contar la historia de Javi y Marta.

La estética, el ritmo y la trama funcionan. Al menos así de primeras. Tiene una buena fotografía que se desmarca de las típicas series familiares y se acerca más a las películas. Le fallan sin embargo los secundarios, demasiado estereotipados: el mejor amigo de la protagonista que es gay (y diseñador de vestidos de novia), los amigos fiesteros de él, el hermano divorciado que no sabe qué hacer con su vida (interpretado además por un Juan Ibáñez Pérez que deja mucho que desear). No obstante, en general resulta entretenida y me arrancó varias sonrisas y alguna que otra carcajada, sobre todo con la entrada en escena del padre y hermano de la protagonista. Habrá que ver si en el resto de la temporada se mantiene el ritmo y si hay química entre la futura pareja.

La primera temporada cuenta con 8 capítulos de 50 minutos, reduciendo notablemente la duración habitual en las series españolas. Es así mucho más fácil de ver y va más al grano, sin relleno innecesario.Ha sido renovada por una segunda que, sin embargo, se ha adaptado a la tradición internacional y constará de 12 episodios de media hora.