Serie Terminada: Creedme (Unbelievable)

2019 parece ser el año de las miniseries, además de gran calidad. Ha sido el año en que hemos podido ver Chernobyl, Así nos ven, Years and Years y Creedme (Unbelievable), la última que he visionado. De repente me encontré con numerosos artículos y comentarios en las redes sociales sobre lo buena que era, por lo que despertó mi curiosidad.

Al igual que Así nos ven, Creedme es un true crime basado en hechos reales. Recogido inicialmente en 2015 por los periodistas Ken Armstrong y T. Christian Miller en un reportaje que les hizo ganar el premio Pulitzer, ahora pasa a la pequeña pantalla en formato de 8 episodios. La historia arranca con Marie Adler, una joven de 18 años de la ciudad de Lynnwood, en el estado de Washington, que fue violada en 2008 por un hombre que se coló por la noche en su apartamento. Por si fuera poco la traumática experiencia de sufrir una violación, se encuentra después con un calvario cuando ha de relatar los hechos mil y una veces ante los médicos y los agentes de policía que la atienden. Unos detectives que ponen en duda su relato hasta el punto en que ella acaba retractándose cansada de esforzarse para que la crean. Sin embargo, tras declarar que todo era mentira y que se lo había inventado para llamar la atención, la situación empeora más. La poca gente de su entorno que la había apoyado de repente la deja de lado y se convierte en poco menos que una apestada. Su padre de acogida incluso no quiere estar a solas con ella por si acaso ella pudiera inventarse una historia similar. Poco después es además llevada a los tribunales tras ser acusada de delito de falso testimonio.

El primer capítulo se centra enteramente en el caso de Marie, en la violación, en su soledad durante todo el proceso, en su frustración ante el acoso de los detectives y en su derrota emocional cuando comprende que la policía ya ha decidido que su denuncia carece de credibilidad y que no va a investigar su violación. Es un episodio lento y duro. Muy duro. No por la violación en sí, ya que no se muestra de forma explícita; sino por la facilidad con la que nos hace sentir empatía por Marie y comprender por qué tan frecuentemente las víctimas de abuso y acoso sexual no llegan a denunciar. A menudo se sienten doblemente violadas: primero físicamente por el agresor y después psicológicamente por un personal no cualificado (policía, sanitarios, abogados) que se centra más en buscar inconsistencias en el relato y en el comportamiento de la víctima que en investigar realmente el caso.

En los siguientes capítulos Creedme se bifurca en dos tiempos narrativos. Por un lado sigue los pasos de Marie y cómo intenta recomponerse cuando todo su entorno la margina y, por otro da un salto a 2011 a la investigación conjunta de las detectives de Colorado, Grace Rasmussen y Karen Duvall después de que esta última descubriera que un caso suyo guarda muchas similitudes con otro de Rasmussen y a partir de ahí salieran a la luz muchos más con el mismo patrón: las víctimas eran atadas con los ojos vendados, violadas durante horas, fotografiadas y obligadas después a ducharse concienzudamente. Además, las escenas de los crímenes quedaban totalmente limpias, sin resto alguno del agresor.

Viendo ambas historias contrasta notablemente las actuaciones de los detectives en cada una de ellas. Por un lado la típica actuación de tipo duro, agresivo, que acorrala al entrevistado como si fuera un acusado en vez de una víctima en el caso de Marie, y, por otro lado, el trato mucho más humano y empático de las detectives de Colorado. Puede que la diferencia venga determinada en parte por ser mujeres y por ello ser capaces de ponerse en el lugar de las víctimas, pero también se ve que tienen más experiencia y formación específica y adecuada en ese tipo de casos. No hay más que ver con qué calma y tacto Duvall entrevista a una de ellas en el segundo episodio, acompañándola también durante todo el proceso en el hospital y llevándola después a casa de una amiga para asegurarse de que tiene el apoyo de alguien cercano.

Creedme pone sobre la mesa las buenas y malas prácticas ante un caso de violación y la necesidad de una mirada no patriarcal. Habla del acoso institucional a las víctimas y de cómo se cuestiona su relato tanto como el de un acusado y de la creencia social de que solo hay un único comportamiento posible tras una agresión sexual. Marie Adler había tenido una infancia complicada pasando por varios centros y casas de acogida. Quizá por eso su testimonio sonó frío, sin emoción, porque ya había pasado por momentos complicados en el pasado. Sin embargo, estas dos circunstancias (su pasado y su comportamiento) llamaron más la atención que el parte de lesiones. Incluso el hecho de que se contradijera, o se acordara de cosas a medida que volvía a repetir los detalles fue tomado como señal de que mentía en lugar de plantearse que es completamente normal que la mente tenga lagunas tras un suceso traumático o que se recuerden cosas en de una forma totalmente desordenada.

Aunque la serie tiene un toque policíaco y sigue una investigación y sus procesos, no sigue la misma estructura de otras ficciones como CSI, Motive, Castle o tantas otras. Es verdad que se busca a un criminal, pero no nos importa sus motivos. Aquí la importancia recae en las víctimas y el relato se hace desde su punto de vista (no desde el del detective de turno que resuelve el caso). Así, a pesar de que se trata de una serie sobre agresiones sexuales, no nos encontramos con escenas de violaciones brutales y explícitas. No hace falta mostrarlo, pues nos lo podemos imaginar a la perfección simplemente con los retazos de los recuerdos de las víctimas. Somos capaces de sentir su miedo y vulnerabilidad sin entrar en el morbo o el amarillismo.

Creedme le da una vuelta al mito de las denuncias falsas poniendo en evidencia el juicio público que sufren miles de víctimas cuando dan el paso y denuncian las agresiones. Muestra lo indefensas que se encuentran cuando son cuestionadas y en lugar de ser protegidas son responsabilizadas (que si qué llevaba puesto, que si había bebido, que si dio pie, que si dijo “no”, que si cerró las piernas…). En el caso de Marie Adler las inspectoras acabaron encontrando la relación y los tribunales acabaron compensándola económicamente (como también pasara en Así nos ven), sin embargo, el daño ya estaba hecho. Quizá no intencionadamente, pero si los primeros agentes hubieran intentado llegar al fondo del asunto en lugar de dudar de la víctima, el exmilitar Marc O’Leary (que se declaró culpable de 28 cargos de violación) no habría seguido agrediendo durante tres años más.

La serie deja una cuestión en el aire desde el principio: ¿Merece la pena denunciar y pasar por todo ese trago en el que ni la policía ni tu entorno te va a creer? Marie lo tiene claro al final: “Incluso la gente en la que confías, si la verdad es incómoda, no se la creen”. Triste, pero por desgracia, es más común de lo que pensamos. Por eso considero que Creedme es muy muy necesaria.