Franquismo S.A., Antonio Maestre

Normalmente relleno mis lagunas en Historia cuando voy a viajar, ya que me documento un poco para entender un poco el contexto del lugar. Aún me queda mucho por aprender de Historia del Mundo, claro está, pero peor es lo que me falta de la propia. Una se siente totalmente perdida cuando lee noticias de actualidad en este presente en el que parece que volvemos a repetir el pasado. Así que, me apetecía mucho leer el libro Franquismo S.A., para contextualizar la época en que nos encontramos.

Antonio Maestre pretende con este libro recuperar la memoria histórica de nuestro país, mostrar el expolio al que fueron sometidos muchos españoles y del que se beneficiaron unos pocos. Comienza estableciendo un paralelismo entre nuestra transición y la alemana. Y aunque hay muchas diferencias, también hay muchas similitudes. Es cierto que Alemania se pone muchas veces como paradigma de cómo hay que acabar con el fascismo, pero en realidad no todo es tan bonito como se suele contar. Lo que ocurre es que el país germano nos lleva años de ventaja y algo más han avanzado.

El proceso alemán y el español tienen una diferencia de base, y es que mientras que en Alemania el fascismo cayó con la guerra, en España ganó, y tuvo unos 40 años para tejer sus redes y calar en la sociedad. Por otro lado, el nazismo fue vencido en 1945, mientras que Franco murió en 1975. Ahí ya tenemos unos 30 años de retraso (que hay que sumarlos a los de retroceso de la dictadura). Y aún así, la depuración de los nazis no fue tan rápida ni tan exhaustiva. Haber hecho una buena limpia habría supuesto paralizar el Estado, ya que – como recoge Maestre en el libro – «el 94 por 100 de los jueces y fiscales, el 77 por 100 de los empleados del Ministerio de Economía y el 60 por 100 de los funcionarios del Ministerio de Agricultura eran antiguos nazis». Además, lo que primaba en aquel momento era reconstruir una nueva Alemania, una RFA conservadora y capitalista frente a una comunista. Recordemos que el famoso Muro se llamaba Barrera de Protección Antifascista y fue construido por la RDA para protegerse de los nazis que campaban casi a sus anchas por la Alemania occidental.

Este año se han cumplido 44 años de la muerte del dictador y si hay algo que diferencia nuestro camino recorrido con el del país germano es la reparación económica. Mientras que en Alemania se llevó a cabo un proceso de indemnizaciones económicas a más de 1,6 millones de víctimas del nazismo que finalizó en el 2007; aquí nadie ha asumido la culpa o responsabilidad moral de este enriquecimiento y mucho menos ha habido reparación o indemnización. Al contrario, aquellas empresas (o las que las absorbieron) han seguido aumentando sus arcas beneficiándose de los bienes heredados. El autor, que es diplomado en Documentación, ha realizado para este libro un importante y exhaustivo trabajo de investigación donde recoge la historia empresarial de las grandes sagas familiares que componen las élites de este país estableciendo una clara relación entre aquella oligarquía empresarial del 39 con la que tiene el poder hoy en día (una buena parte cotizando en el IBEX 35).

En España aquellas corporaciones que apoyaron el levantamiento se enriquecieron durante la dictadura (un quid pro quo). Y lo hicieron bien por sus contactos; bien aprovechándose de la represión de sus competidores (por ser republicanos); o bien por el uso de mano de obra forzada o con nulos derechos laborales (no había sindicalismo, ni se podía negociar las condiciones salariales o de trabajo dignas). O con un poco de todo: contactos, eliminación del competidor y esclavitud. Con esos factores y un país por reconstruir, muy mal se les tenía que dar para sacar tajada a aquellas empresas de construcción e infraestructuras, energéticas, mineras, navales… afines al régimen.

La dictadura intentó reinstaurar el orden económico y social previo a los años 30. Como bien indica Maestre, en realidad la Guerra Civil fue una guerra de clases. Las familias adineradas que financiaron el alzamiento no tenían una motivación política, cultural o religiosa, sino simplemente pretendían preservar su patrimonio y engordarlo. Muy significativa es la frase de Franco en un discurso en el 1942: “Nuestra guerra es la única en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos de ella”. Y como con ejemplos se entiende mejor, el autor hace un seguimiento de la historia de empresas como Iberdrola, Naturgy, Acciona, OHL, ACS, bancos, petroleras y navieras. Aunque no están todas las que son, es muy elocuente ver cómo hay nexos entre ellas. Y es que el interés de estas familias por crear una red en la que mantengan sus privilegios conduce a una endogamia casi indecente. La lectura nos conduce por las ramas de un árbol genealógico demasiado complicado de dibujar como consecuencia de estos cruces de una oligarquía que va perpetuándose en el poder de todas las áreas relevantes de la vida (política, económica, educativa…). Un árbol que desmonta la falacia de la meritocracia en este país y pone de relieve que “la suerte” sonríe a aquellos que nacieron en una familia de vencedores. Confirma algo que ya sospechábamos: que es la clase la que determina tu futuro y no el esfuerzo como tanto nos quieren hacer creer.

Franquismo S.A. era un libro muy necesario. Su lectura solo me ha resultado un tanto densa por la cantidad de nombres que menciona y las relaciones entre ellos. Es verdad que lo he leído en el transporte y quizá no es el mejor lugar. Merece sin duda ser leído con calma, asimilando los datos y si es con papel y boli cerca, mejor, pues ya digo que muchas veces es imposible seguir el hilo de las familias y las absorciones empresariales si no se tiene un mínimo de conocimiento previo. Sí, Franquismo S.A. era un libro muy necesario, porque si la historia nos la cuentan los vencedores, no es de extrañar que haya omisiones deliberadas. Quizá con más obras así llegue un día en que avancemos como país y haya una reparación de verdad.

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