Berlín XVII. Día 6: Unterwelten

Para nuestro penúltimo día en Berlín teníamos claro que queríamos hacer un tour de Berliner Unterwelten. Esta asociación está formada por más de 350 profesionales dedicados a la investigación del Berlín subterráneo. Nacida en 1997, no lo tuvo fácil para arrancar, ya que no encontraba financiación para recuperar los túneles y búnkeres abandonados. Sin embargo, un especial sobre ciudades subterráneas de la BBC atrajo a muchos visitantes y la sociedad consiguió los permisos.

Berlin Unterwelten se centra en la II Guerra Mundial y el Muro de Berlín y ofrecen varios tours en diversos horarios y diferentes idiomas. Nosotros no teníamos muy claro cuál hacer ni cuál era más interesante, por lo que nos dejamos llevar por el horario que mejor se nos ajustase. Y ya que no se podían comprar las entradas por adelantado, nos fuimos con tiempo para poder comprarlas. Y menos mal, ya que hay cupo y enseguida se llenó el grupo de primera hora en español. El que mejor nos venía por horario era el de Búnkeres nucleares de la Guerra Fría. Defensa Civil en caso de «emergencia». Pero también había otros tres tours más en otros idiomas y horarios:

TOUR 1 MUNDOS Y TINIEBLAS: El lado desconocido de la guerra desde la perspectiva civil. Se visita un refugio antiaéreo de la II Guerra Mundial.

TOUR 2 DE TORRE DE PROTECCIÓN A MONTAÑA DE ESCOMBROS: Las famosas torres que Hitler mandó construir para proteger el espacio aéreo.

TOUR 3 ESCAPES BAJO EL MURO DE BERLÍN. Centrado en las fugas subterráneas durante los años en que estuvo en pie el muro.

Como bien decía el nombre de nuestro tour, la visita guiada nos iba a llevar por los túneles y búnkeres subterráneos de la Guerra Fría. Seguimos a nuestra guía a pie desde la oficina de Brunnenstraße 105 hasta el cruce de Badstraße con Hochstraße, donde una caseta nos conduce al interior del primer búnker. Allí nos hizo una primera introducción explicándonos las medidas de seguridad. Hay que recordar que nos encontramos en el subsuelo, en un laberinto de pasadizos que huele a humedad, hace fresco y no entra luz del exterior. Hay gente que puede sentir claustrofobia, por eso durante el recorrido nos iban a acompañar dos personas, la guía y un compañero por si alguien necesitara salir al exterior.

A continuación nos trasladó hasta la II Guerra Mundial, cuando Alemania se dio cuenta de que existía la posibilidad de ser bombardeada. Fue entonces cuando se comenzaron a construir la mayoría de los búnkeres antiaéreos. Sin embargo, a medida que nos fue dando datos y llevándonos por los diferentes pasillos y habitaciones, llegamos a la conclusión de que se trataba más de una medida para ofrecer falsa sensación de seguridad que para otra cosa, ya que sumando todos los búnkeres solo habría capacidad para albergar al 5% de la población berlinesa. Incluso aunque se lograra entrar dentro, no quedaba garantizada la supervivencia, ya que no había máscaras suficientes para todos.

Acabada la II Guerra Mundial, comenzó una nueva etapa de tensión: la Guerra Fría, así pues, este sistema de búnkeres se mejoró y reacondicionó ante la posibilidad de nuevos conflictos. Y como ya no solo se temían bombardeos, sino también ataques nucleares, se crearon otros nuevos refugios que se suponía que estarían preparados para este tipo de amenazas. No obstante, también eran un espejismo, ya que si una bomba atómica hubiera caído sobre Berlín la onda se habría extendido kilómetros y kilómetros.

En cualquier caso, la visita (que duró hora y media) resulta interesante y en ella se aprende mucho sobre una época tan convulsa como el siglo XX. Sin duda no es lo mismo recorrer los espacios que verlo en un documental o que te lo cuenten de pasada en clase de Historia. La guía además nos metió de lleno en la experiencia haciéndonos partícipes de sus explicaciones, preguntándonos cómo habríamos actuado o cómo habríamos aprovechado nuestros conocimientos de la vida para lograr sobrevivir ante un encierro en un búnker. El hecho de que se conserven objetos originales sirve también para imaginárselo en su momento, y no pasear simplemente por salas frías, húmedas y vacías. Así, visitamos por ejemplo las “habitaciones” en las que intentaban dormir apiñados en literas de tres pisos o una cocina que a las claras quedaba corta para tanta gente como se supone que debía alimentar.

Los búnkeres se comunican con los túneles del metro y nos llevan al vestíbulo de la parada de metro de Gesundbrunnen, donde nos despedimos y continuamos con nuestro recorrido por Berlín.