Conclusiones de nuestro viaje a Berlín

Cuando planeamos el viaje contábamos con que no nos iba a dar tiempo a ver toda la ciudad, puesto que Berlín es enorme y con mucha historia en sus calles. Además, dado que era invierno, teníamos pocas horas de luz, con lo que sabíamos que teníamos que priorizar sí o sí y organizar bien los días. Y aún así, dábamos por hecho que nos quedarían cosas por ver. En nuestro caso nos organizamos por zonas, creando pequeñas rutas con lugares próximos entre sí. Existe también la opción de hacer una visita más temática, por ejemplo Berlín de la II Guerra Mundial, el Berlín de la Guerra Fría, el Berlín Actual… pero se corre el riesgo de dar mucha más vueltas.

Para optimizar el tiempo elegimos un alojamiento que estuviera bien comunicado. Es verdad que tardábamos andando unos 10-15 minutos al tren/metro, pero de camino teníamos varios supermercados y tiendecillas de barrio, por lo que no perdíamos mucho tiempo si necesitábamos abastecernos. Aunque era un pequeño apartamento con un salón-habitación, nos las apañamos bien los tres gracias a la cama y al sofá cama. El poder contar con una pequeña cocina nos facilitó además los desayunos y cenas. En realidad, no paramos mucho más allí, nos pasábamos fácil 12 horas fuera.

Para las comidas sabíamos que no íbamos a tener problemas con encontrar restaurantes, puestos callejeros, panaderías o supermercados donde comprar algo rápido para llevar. Sobre todo porque en Europa en general es muy frecuente que la comida fuerte sea la cena y a medio día sin embargo comen algo ligero y muchas veces frío.

Así pues, comimos algún que otro bocadillo, nos quitamos el gusanillo de media mañana con un pretzel, probamos el típico Currywurst y entramos en calor con unas salchichas recién sacadas de la parrilla.

También probamos la bebida nacional, centrándonos sobre todo en las cervezas locales. La mayoría eran Pilsner, así que depende del tipo de cerveza que a uno le guste. Desde luego la que no recomiendo es la Berliner Kindl Weisse Himbeere, que a pesar de indicar que contiene un 98% de cerveza y un 1,2% de jarabe de frambuesa sabía a cualquier cosa menos a cerveza.

Para movernos acertamos con la tarjeta semanal de transporte. Al ser casi una semana, dábamos por hecho que la íbamos a amortizar. Prácticamente todo lo relevante de Berlín queda en zona AB (incluido Tegel), pero como pensábamos ir a Potsdam y Sachsenhausen, sacamos el ABC.

En la práctica confirmamos que elegimos bien, ya que cuando teníamos frío o queríamos acortar largas distancias, tirábamos del transporte público. Además, nos permitía tomar los buses 100 y 200, que recorren los puntos más turísticos. Algo muy interesante cuando la ciudad está iluminada por las luces navideñas pues cambia totalmente el aspecto del día a la noche.

Es verdad que diciembre es una época complicada para recorrer una ciudad como Berlín, ya que las pocas horas de luz y el frío pueden llegar a desanimar. Sin embargo, hay tanto para ver, tanto en exterior como en interior, que no paramos. Además, la ciudad se encontraba engalanada por encontrarse ya dentro del período navideño y ya estaban abiertos los típicos Weihnachtsmärkte en las plazas más importantes. Destacaban por ejemplo el de la Gendarmenmarkt, el de la Alexanderplatz y el de la Breitscheidplatz. Debido a los atentados de hace un par de años, se han tomado medidas y ahora quedan protegidos y rodeados. Incluso en algunos de ellos, como en el de la Gendarmenmarkt, había que pagar 1€ a partir de las 2 de la tarde y enseñar los bolsos y mochilas a personal de seguridad.

En todos ellos predominaban objetos de artesanía, los típicos corazones de mazapán, frutos secos garrapiñados, churros, patatas fritas, salchichas y, cómo no, el famoso Glühwein, que da olor a todo el espacio.

Así pues, teniendo en cuenta las fechas, las horas de luz y la climatología dividimos los días en dos partes: una primera de 9 de la mañana a 4 de la tarde aproximadamente que dedicábamos a patear la ciudad; y otra de 4 de la tarde que comenzaba a anochecer hasta que el cuerpo aguantase (las 7-8) para visitar museos, ir de tiendas o visitar mercadillos navideños. Aunque lo cierto es que salvo un par de compras en la tienda de Ampelmann, apenas hicimos gasto. En parte porque algunas son demasiado caras para nuestros bolsillos (como KaDeWe o las Galerías Lafayette) y en parte porque íbamos solamente con maleta de mano. En cualquier caso, echamos un rato paseando por sus plantas y disfrutando de los escaparates navideños de KaDeWey de las maquetas de la tienda de Lego.

Para amenizar una tarde-noche, como no podía faltar, reservamos para una sala de escape (aunque demasiado cara para lo que luego fue). El extranjero sigue siendo flojo aún en este aspecto.

En cuanto a la planificación, dejando un día para Potsdam y otro para Sachsenhausen nos quedaban 4 para recorrer Berlín, así que establecimos una lista de prioridades y con el mapa delante trazamos las rutas. Estos fueron nuestros imprescindibles:

  • Cúpula del Reichstag. Se nos había quedado pendiente en anteriores visitas y ahora que era más sencillo pudiendo reservar por internet, fue de lo primero que marcamos en el calendario.

  • Fernsehturm. La torre de Televisión de Berlín ofrece una perspectiva diferente a la del Reichstag desde su mirador a 203 metros de altura. En principio pensábamos desayunar en el restaurante giratorio, pero lo descartamos por precio y por el horario. En su lugar nos conformamos con la visita tradicional.

  • East Side Gallery. Estar en Berlín y no dedicarle tiempo al muro es un sacrilegio, así que no nos podía faltar este kilómetro y medio que aún se conserva junto al Oberbaumbrücke, un puente que se convirtió en frontera de la noche a la mañana.

  • Berlin Wall Memorial: Se trata de una exhibición en la que se conservan unos 70 metros del muro original y donde se ha erigido una reconstrucción de la conocida “Franja de la muerte”. También se recuerdan las viviendas que fueron tapiadas y cuyos habitantes bien se exiliaron, bien fueron obligados a trasladarse; los túneles excavados como vía de escape; la iglesia de la reconciliación y varios murales explicativos. Además, cuenta con un centro de información para el visitante muy interesante.

  • Checkpoint Charlie: Ubicado en la Friedrichstrasse era uno de los pasos fronterizos del muro de Berlín durante la Guerra Fría. El que podemos ver hoy en día es totalmente turístico y cuenta con actores que simulan ser militares, pero en cualquier caso es uno de esos puntos que no se pueden pasar de largo.

  • Potsdamer Platz: Una plaza que ya en el siglo XIX era muy bulliciosa y donde se ubicó el primer semáforo de Europa. Merece la pena acercarse y ver su curiosa forma.

  • Alexander Platz: considerada el centro de Berlín, en ella podemos encontrar el icónico Weltzeituhr, punto de encuentro de berlineses y visitantes.

  • Rotes Rathaus: El antiguo ayuntamiento de la RDA, un edificio al que además se puede acceder sin cita previa y que esconde magníficas salas.

  • Nikolaiviertel: Es el barrio en el que nació la ciudad y donde se halla la iglesia más antigua de Berlín.

  • Catedral de Berlín e Isla de los Museos: Independientemente de su interior, merece la pena cruzar el Spree y recorrer la isla y los impresionantes edificios que alberga.

  • Gendarmenmarkt: Quizá una de las plazas más bellas de Berlín arquitectónicamente hablando. Con la Sala de Conciertos en el centro y las catedrales francesa y alemana a ambos lados, es sin duda una de mis favoritas en la ciudad.

  • Kaiser Wilhelm Gedächtniskirche: Esta iglesia me maravilló la primera vez que estuve en Berlín. Me parece una buena idea que quede como memorial con los restos tal y como quedaron tras la guerra. Además, se puede visitar una exposición gratuita en su interior.

  • Siegensäule: Es una Columna de la Victoria de 69 metros que se encuentra en el Tiergarten y que conmemora la victoria de Prusia sobre Dinamarca en la Guerra de los Ducados.

  • Unter den Linden: Esta larga avenida de kilómetro y medio comienza en la Plaza de París, donde se ubica la Puerta de Brandeburgo (IM-PRES-CIN-DI-BLE), y llega hasta Bebelplatz, donde se erige la estatua ecuestre de Federico II de Prusia, junto a la Universidad Humboldt de Berlín.

  • Monumento al Holocausto: un espacio de 19.000 metros cuadrados para la reflexión formado por 2.711 bloques de hormigón de diferentes tamaños.

  • Topografía del Terror: una exposición ubicada en el lugar en que se erigían los cuarteles de la Gestapo y la SS.

  • Berlin Unterweltenofrecen diferentes visitas guiadas relacionadas con la II Guerra Mundial y la Guerra Fría.

  • Museo de la RDA: Es un museo interactivo y dinámico que permite conocer cómo fueron los años de la ya desaparecida RDA. Alberga numerosos objetos y documentación así como reconstrucción de viviendas o guarderías de la época.

  • Museo Pérgamo: es el más visitado de Berlín ya que conserva en su interior maravillas arquitectónicas como la Puerta de Ishtar, el Salón de Alepo, el Altar de Zeus o la Puerta del Mercado romano de Mileto entre otras.

  • Neues Museum: Es uno de los imprescindibles si te apasiona Egipto. Y si no, también. No se puede pasar por alto el magnífico busto de Nefertiti.

  • Museo Historia Natural: Merece la pena solo por ver Tristan Otto, el esqueleto original de Tyrannosaurus rex que, con sus 12 metros de largo y 4 de alto, es el único en Europa hasta la fecha y uno de los mejor conservados del mundo.

Hay muchos otros lugares de interés en la ciudad, y en algunos apenas paramos. Por ejemplo, no entramos en los museos/exposiciones del Checkpoint Charlie, del Monumento al Holocausto o de la Topografía del Terror como tampoco subimos a los miradores de las catedrales o de la Siegensäule. Pero había que filtrar, y no queríamos que la visita fuera monotemática sino abarcar varios berlines. También porque quitamos tiempo de la ciudad para visitar Potsdam y Sachsenhausen, dos destinos que nos sirven para conocer un poco más la historia de Alemania.

Es cierto que Potsdam debe impactar más en primavera con los jardines de los palacios y los parques con su frondosidad, sin embargo, es una ciudad coqueta que está a tan solo un paso y cuyo centro histórico también lucía engalanado por el período navideño.

Sachsenhausen da igual en la época en la que se pise, pues su visita provoca escalofríos independientemente de la estación del año que sea. No era mi primera visita a un Campo de Concentración, pero volver a pasear por barracones y leer sobre las atrocidades que allí se cometieron me dejó con mal cuerpo. Es verdad que Dachau me impresionó aún más, por ser el primero y por conservar la cámara de gas y las incineradoras, pero aún con un funcionamiento similar, cada campo fue diferente y tiene su propia historia que contar. Imprescindible sin duda.

No pensaba que volvería a Berlín tan pronto teniendo en cuenta todos los destinos que aún me quedan por conocer, sin embargo, me alegro de que saliera este viaje relámpago, ya que me encontré una ciudad totalmente diferente a la que había visto en las dos ocasiones anteriores. Esta vez era aún más patente su multiculturalidad, mostrándonos una capital cosmopolita y bulliciosa, llena de contrastes y sorpresas que mira al futuro, pero sin olvidar su pasado. Al contar con más tiempo pudimos diversificar más y mejor, descubriendo nuevos rincones y revisitando algunos antiguos.

En cuanto a los gastos, este es nuestro resumen:

  • Vuelos: 306.20€
  • Alojamiento: 514.80€
  • Transporte: 112.50€
  • Museo RDA:  29.4€
  • Museum Pass: 87€
  • Escape Room: 94.95€
  • Berliner Unterwelten:  36€
  • Fernsehturm: 46.5€
  • Comida: 200€ (aprox)

Es decir, al final, nos gastamos unos 500€ por persona, que si pensamos que fueron 6 días en una ciudad como Berlín, no está nada mal.

Y con este viaje terminamos 2018 y pusimos el punto de mira en 2019 y en un viaje muy esperado: Islandia.

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