Experiencia viajera: Lo que me queda por aprender

Hace unos días recopilaba 13 cosas que he ido aprendiendo con el paso del tiempo y de los viajes. No obstante, aún me queda camino por recorrer y también tengo una lista de aspectos a mejorar.

1. No sé filtrar. Así como se me da bien todo el proceso de documentación, recopilación y planificación, por el contrario soy incapaz de filtrar lo imprescindible. Cuando voy de viaje quiero verlo todo, me cuesta mucho decidir qué se tiene que quedar fuera por falta de tiempo. Al final algo se cae de la ruta, lógicamente, pero para ello acabo pidiendo opinión a mis compañeros viajeros. Debería mejorar este aspecto, pero en realidad no supone mucho problema porque, ante la duda, incluyo todo y vamos descartando sobre la marcha.

2. Me cuesta dejar que otros planeen el viaje. Soy capaz de compartir la planificación, pero llevo mal que sea otra persona quien lo organice todo. No es porque piense que lo vaya a hacer mal, sino porque cada uno tenemos unos gustos y quizá se deje algo fuera que a mí me habría gustado ver. Me da mucha rabia volver de un sitio y descubrir que me he perdido algo por desconocimiento de su existencia. Este punto lo estoy mejorando y lo que hago es buscar información, descubrir que es lo que no me quiero perder y comunicárselo al resto de viajeros para ver si se puede encajar de alguna manera en la ruta.

3. No encajo bien en los viajes organizados. En este caso no es que ponga en duda la profesionalidad del guía. Lo que no llevo bien es que generalmente el grupo es tan heterogéneo que siempre se va a la carrera. A lo mejor unas veces es porque me tienen que esperar a mí a que haga una foto, otras porque un compañero ha decidido entrar en una tienda para llevarse recuerdos para toda la familia. Hasta la fecha no he hecho ningún viaje completamente organizado, tan solo han sido excursiones (a Múnich con la tercera edad, en San Petersburgo durante la escala de un crucero y al desierto de Erg Chebbi), pero me reafirma en la idea de que prefiero viajar a mi aire y con un grupo de personas que vaya con mi mismo ritmo, intenciones e intereses. Quizá vaya cambiando en este aspecto a medida que vaya cumpliendo años y el cuerpo no tenga tanto aguante. Quién sabe.

4. No sé viajar con cualquiera. Cuando formo parte de un grupo grande y diverso soy capaz de adaptarme a lo que decida la mayoría si mi opción no es la más secundada (por ejemplo a la hora de elegir un restaurante para cenar), sin embargo, no suelo ceder de la misma manera con la forma de viajar. Tengo pocos días de vacaciones y quiero disfrutarlos, no estar discutiendo sobre preferencias de cada integrante. La experiencia me dice que cuanto más pequeño y homogéneo el grupo, mejor. Es verdad que alguna vez hemos viajado con gente que tenía en mente otro plan y hemos llegado al acuerdo de que cada uno fuera por su lado y reencontrarnos al final del día. Pero también es cierto que ha sido un día en concreto; no le veo mucho sentido a que fuera a ser la tónica habitual, porque para eso me voy por mi cuenta sin cuadrar agendas y buscar mismo transporte o alojamiento.

Este aspecto creo que no lo mejoraré con los años, sino que se irá cerrando cada vez más el círculo de personas con las que tengo comprobado que tengo afinidad a la hora de viajar. Es decir, que tenga interés en los mismos destinos, que pueda viajar fuera de fechas, que no le importa madrugar, que no tenga problemas con estar todo el día pateando, que se adapte gastronómicamente…

5. No entiendo irme de viaje y quedarme en el alojamiento. Para quedarme encerrada, me quedo en casa. No quita que un día llueva a mares o que pegue el sol como si eso fuera el infierno y haya que resguardarse por seguridad y salud. Pero esto de quedarse en el hotel o apartamente viendo la tele o  ir de crucero y decir que no bajas en la escala porque quieres disfrutar del barco, no va conmigo. Y creo que no cambiará mucho en un futuro.

6. No va conmigo lo de comer todos los días de restaurante o salir de fiesta. No digo que siempre engullamos cualquier cosa sobre la marcha, pero sentarse a comer en un restaurante supone echarle un par de horas (entre que pides, te sirven, comes y pagas) que no siempre tenemos. Por ejemplo, cuando no es verano, puedes encontrarte con que cuando sales del restaurante, ya se te ha ido la luz. Por otro lado, comer o cenar siempre fuera supone un hachazo al presupuesto, y solemos ajustarlo al máximo.

Con lo de salir de fiesta se juntan varios factores: no lo hago de por sí en mi vida cotidiana, seguramente llegue al final de la jornada bastante cansada después de todo el día en danza y además, si salgo por la noche me costará horrores madrugar al día siguiente. Ah, y como norma general el alcohol es muy caro. No me merece la pena.

7. Soy incapaz de aguantar el calor. En Madrid me molesta cuando llueve o hace mucho frío, pero sobre todo porque es un incordio ir a trabajar con chaqueta, paraguas, bolsa de la comida y entrar en el transporte y tener que llevar todo en la mano, no mojarte, no dar a nadie con alguno de los bultos… Sin embargo, estando de viaje no tengo ningún problema. Me pongo las capas que hagan falta, me abrigo bien y para la calle.

Ahora bien, el tema del calor no lo llevo bien en Madrid que es un clima seco, cuanto menos en un destino con humedad. No me aclimato por muchos días que esté en ese lugar. Por descontado, tampoco me llevo bien con el rollo lagarto vuelta y vuelta al sol en la playa, claro. Las playas para pasear, para ver amanecer o atardecer, para relajarse oyendo el sonido de las olas… pero ya.

8. Me sigo perdiendo. Sé interpretar un mapa de carreteras, incluso tengo clara la teoría de ubicar dos puntos en un plano y a partir de ahí saber para dónde hay que ir; sin embargo, voy por una calle, me desvío un momento a una tienda, una plaza o un espacio cualesquiera y cuando vuelvo no sé si iba en un sentido o en otro. Y eso hablando de lugares con una planificación urbanística bastante cuadriculada, ya no hablamos de mercados o zocos…

En general, en el día a día, cuando voy sola, pongo un poco más de atención o tiro de alguna app, pero si voy acompañada, me dejo llevar totalmente. A fin de cuentas, ya me he encargado de la planificación, así que llevadme a los sitios marcados y dejadme hacer fotos y disfrutar del momento. No se puede ser buena en todo.

8. No termino de entenderme con el GPS. En realidad me ocurre cuando conduzco, ya que no tengo problema cuando voy de copiloto. El problema es que como me oriento fatal y el GPS está configurado al estilo norteamericano, que se guían por los puntos cardinales y tienen los nombres antes de girar a las calles, cuando lo programo siempre reacciono tarde a sus órdenes y me paso el desvío. Algún día aprenderé.

9. Me cuesta seguir una dieta saludable. Ojo, no hablo de hacer una dieta, sino de llevar una dieta saludable y equilibrada como la que más o menos consigo llevar en casa comiendo alimentos y evitando los ultraprocesados. Por el bien de mi estómago tomo bastante fruta, huyo de los snacks y refrescos (sobre todo los que llevan gas), así como de la comida preparada. Sin embargo, estando de viaje no es algo tan sencillo, pues generalmente no haces la compra como en casa, sino que buscas algo más de conveniencia, que te sacie el hambre para seguir con la ruta del día. Además, cuando estás en un sitio nuevo quieres probar lo local, sea un enorme crepe, un gofre, unas patatas fritas con mil salsas, unas salchichas, hamburguesa rara, una poutine, un curry… Tampoco es que me preocupe mucho, más allá de si me genera alguna molestia estomacal. Con la vuelta a la rutina, recupero hábitos.

10. No valgo para regatear. Me sé la teoría, el problema no es ese. La cuestión es que estoy acostumbrada a si veo algo que me gusta y me cuadra el precio, lo compro. Si no, paso a otra cosa. Además, cuando me he encontrado en la situación ha sido en Bombay, Estambul o en Marruecos y generalmente se te ponen a regatear por uno o dos Euros y me parece poco moral andar racaneando cuando el primer precio que te ha sugerido ya te parece aceptable. Sin embargo, si no lo haces, estás ofendiendo a la otra persona. Así que al final me da mucha pereza y evito parecer interesada por los objetos por si comienzan con el baile de cifras. Como tampoco soy muy consumista, no creo que aprenda nunca. Prefiero irme con las manos vacías antes que pasar el mal trago.

11. No consigo encontrar mi vena creativa a la hora de hacer fotos. Yo le pongo interés: me agacho, me torsiono, me subo a sitios, me acerco a precipicios, monto el trípode, cambio objetivos, pruebo con diferentes configuraciones… Saco fotos aquí y allá (menos mal que llegaron las digitales) con la esperanza de que luego al revisarlas alguna sea interesante. Sin embargo, no termino de conseguirlo. No es que queden horribles, pues consigo encuadrar, enfocar… pero en la mayoría de las veces las fotos no son tan especiales como me gustaría. Pero vamos, que lo de no tener vena artística ya lo descubrí en la EGB. Cada vez que había que dibujar, tenía a una compañera que me hacía el esbozo para que yo después lo terminara. En este aspecto predominaron los genes paternos sobre los maternos.

12. No puedo parar de pensar en futuros viajes. A veces incluso no hemos terminado uno y ya estamos hablando de cuál será el siguiente (o el de dentro de tres años) o incluso sacando los billetes. Dado que tengo tan pocas vacaciones, tengo que calcular siempre cuándo me sale mejor irme, adónde, con quién puedo coincidir en fechas… Así a la hora de lanzarse, es todo más rápido. Supongo que en este aspecto poco se puede hacer.

13. Me duele volver a casa. Esto va relacionado con el punto interior. Da igual que el viaje sea de 3 días que de 20, siempre se me hace duro volver a Madrid. Creo que por eso siempre estoy buscando más opciones y tengo una lista de destinos futuribles a la espera de que surja la oportunidad. Una pena ser pobre y no poder estar siempre de viaje.

Solo el tiempo nos dirá si conseguí aprender estos 13 puntos, de lo que estoy segura es de que descubriré más. Y es que una no es perfecta, y tiene sus fortalezas y debilidades.

Un comentario en “Experiencia viajera: Lo que me queda por aprender

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