Nueva serie a la lista “para ver”: Atrapa un ladrón

Basada en To Catch a Thief de Alfred Hitchcock (que a su vez versionaba la novela homónima de David Dodge), Atrapa a un Ladrón sigue la historia de un ladrón de obras de arte ya rehabilitado que intenta desenmascarar a un impostor que está robando en su nombre. No obstante, la serie no es un remake de la película troceada en episodios, sino que parte de un punto de arranque similar a la cinta para luego enfocar la trama desde una nueva perspectiva adaptada a la actualidad. Eso sí, mantiene guiños y referencias al filme original a lo largo de toda la historia.

Juan Robles, apodado El Gato, dio su último golpe en 2009 robando un cuadro por valor de 4 millones de dólares. Desde entonces lleva afincado en la Ciudad Condal y trabaja como galerista de arte. En el primer episodio se casa con Lola Garay, casualmente inspectora de los Mossos d’Esquadra especializada en robos pero que no conoce el pasado de su nuevo marido. Esto ya supone una ligera modificación con respecto a la obra de Hitchcock, ya que en aquella la pareja protagonista estaba formada por el típico galán (Cary Grant) que engaña a una caprichosa heredera (Grace Kelly), quien está disfrutando de su vida ociosa en la Costa Azul francesa. Javier Olivares (creador también de El Ministerio del Tiempo) ha adaptado así los personajes a este siglo sustituyendo la mujer florero que solo se preocupa por su aspecto y por engatusar a algún hombre adinerado por una independiente económicamente, con un trabajo en el que es valorada, que toma sus propias decisiones y es capaz de servir como contrapunto de su compañero masculino, no como una mera comparsa. En esta versión además entra en escena un tercer personaje: el de Diego, expareja de Lola, que trabaja en la Interpol.

El capítulo inicial nos entrelaza la trama principal con las secundarias y a la vez intercala el presente con flashbacks del pasado. Nos conduce hacia una historia que mezcla el romance de estos dos protagonistas principales con el misterio, la conspiración y un juego de persecución entre policías y ladrones. Es una ficción sencilla que se basa en una estructura clásica de drama ligero con toques de suspense y humor, pero muy blanca. El ritmo es ágil y aunque no parece ser la serie de la temporada, funciona bien como mero entretenimiento. Parece de esas series que ves para evadirte sin necesidad de pensar en el trasfondo.

Además, se agradece que esté estructurada en capítulos autoconclusivos (típico de Olivares, que reconoce que no le gustan los cliffhangers) y con una duración de 50 minutos y no de 70 como viene siendo habitual en las series españolas.

Cuenta con una temporada de diez capítulos y según su creador el último bien puede funcionar como final, pero también deja un resquicio a la continuación. De nuevo siguiendo el estilo de Olivares que ya vimos en El Ministerio del Tiempo.

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