Serie Terminada: Legión

Cuando vi el piloto de Legión hace unos años tuve sensaciones contradictorias de amor-odio. Por un lado me atraía esta forma tan diferente de narrar la historia, pero por otro lado me sentía demasiado desorientada. Una vez acabado el visionado de las tres temporadas he de decir que me he quedado tan fascinada y confundida como con el primer episodio.

Recordemos que Legión es la historia de David Haller, quien lleva años entrando y saliendo de psiquiátricos tras haber sido diagnosticado como esquizofrénico. Sin embargo, en el último ingreso conoce a Syd, otra interna, y se enamora de ella. Syd le ayuda a escapar y con la ayuda de la División 3 descubre que no tiene una enfermedad mental, sino que es un poderoso mutante (hijo de Charles Xavier). Gracias a Syd y sus amigos, David comienza un viaje de autoconocimiento para luchar contra sus propios demonios.

Con una estructura un tanto caótica, tanto como la mente del protagonista, la trama de la primera temporada se centra en David descubriendo que aquello que tanto le trastorna no es otra cosa que Farouk, alias el Rey Sombra, un mutante parásito que lleva en su cabeza desde que era pequeño. Así, durante los primeros ocho episodios asistimos a una pugna entre el héroe y el villano que concluye con la derrota de Farouk siendo expulsado de la cabeza de David. Con este final de temporada parece que llegará la tranquilidad para él y para Syd, para pasar tiempo juntos a su manera, cada uno con sus traumas, pero apoyándose mutuamente y avanzando en su relación. El típico relato de vencer al malo y quedarse con la chica.

La segunda arranca con un Farouk en busca de su propio cuerpo mientras desde la División 3 no saben si ayudarle o frenarle. David por su parte ha pasado de ser un loco a encumbrado como un dios. Sin embargo, cuando vuelve, tras un salto temporal, genera cierta desconfianza. Y de repente todo se rompe en añicos: Legión no es el héroe, sino el villano. Un malvado manipulador que nos ha llevado por una narración nada fiable. Nos tragamos la idílica historia de amor entre dos seres dañados que se hacen mucho bien el uno al otro y sin embargo hemos obviado las señales que nos mostraban a un David que utilizaba a Syd. No es hasta que no vemos que es capaz de drogarla para después violarla que somos conscientes de que él, tan poderoso, es la amenaza a combatir. Y aunque lo intentan, al final acaba huyendo.

En la tercera temporada Syd ocupa el papel de heroína que había dejado vacante David y, con la ayuda de la División 3 intentará frenarle. Esta vez la caza tiene lugar en un viaje en el tiempo, y es que Legión se ha buscado una nueva aliada, Switch (Trueque en la versión española). Intenta regresar al pasado y modificar la línea temporal para justificar sus acciones. Además de estos dos bandos, aparece un nuevo elemento: los demonios temporales, unas criaturas que devoran el tiempo a las que solo se puede combatir entrando en el tiempo detenido. Una vez eliminados estos demonios la División reinicia la línea temporal para darle una nueva oportunidad a ese bebé con unos padres unidos y sin influjo de Farouk. Sin embargo, salvar al pequeño David es secundario, el fin era salvar al resto.

Resumido así no parece una trama tan compleja, pero su estructura y factura visual lo complican todo. Legión es una serie totalmente caótica que se burla del espectador manipulando la percepción de la realidad haciéndole dudar de si está asistiendo a la realidad, a una paranoia, a un sueño, a un flashback, a un plano astral o a un salto temporal. No tiene nada que ver con las ficciones a las que estamos acostumbrados donde se nos da todo masticadito. Juega además, continuamente con el color y la composición de los planos y lo envuelve con una música psicodélica que ayuda a crear un ambiente opresivo.

Es innegable que tiene una gran factura técnica y que rompe con el estilo al que nos tienen acostumbradas las producciones de superhéroes. Sin embargo, a mí no me ha terminado de enganchar. Creo que no era para mí.