Road Trip por Islandia XI: Día 5 II Parte. Akureyri

A unos 60 kilómetros de Ólafsfjörður al sur por la 82 se encuentra Akureyri, la ciudad más importante del norte gracias a su situación estratégica en el centro de la isla (tiene la Península de Vatnsnes a 170 km, Varmahlíð a 90, el lago Myvatn a 95, Egilsstaðir a 270 y Husavík a 90). Ubicada dentro del Eyjafjörður, el fiordo más largo del país (cerca de 60 kilómetros), tiene el clima más cálido del país.

Ya en el siglo IX hubo un asentamiento vikingo, sin embargo, la ciudad no tuvo tal reconocimiento hasta 1786. Durante el siglo XIX experimentó un gran desarrollo convirtiéndose en un importante centro pesquero y comercial. Como además se halla en una zona bastante fértil, también destaca en el aspecto agrario.

El segundo distrito más antiguo de la ciudad es Oddeyri, usado para los encuentros parlamentarios desde principios del siglo XIV hasta 1551, cuando dos buques de guerra llegaron para sofocar un levantamiento dirigido por el obispo católico Jón Arason, quien de todas formas ya había sido ejecutado el año anterior. No tuvo lugar ninguna batalla, pero confiscaron sus posesiones y se las dieron al rey. En 1874, se celebró en Oddeyri el 1000 aniversario del primer asentamiento humano en Islandia.

Durante años no se construyó en la zona por falta de agua potable y riesgo de inundaciones del río Glerá. Sin embargo, en 1866 las autoridades danesas acordaron incorporar el distrito en el municipio de Akureyri. La primera casa, Lundur, data de 1858 (se puede ver una casa similar del mismo nombre en Eiðsvallagata 14).

En 1890 vivían en la zona unas 200 personas, un tercio de la población de la ciudad. La calle principal era Strandgata y en ella se asentaron principalmente comerciantes.  Para 1900 Akureyri tenía 10 calles, 5 de las cuales estaban en Oddeyri, además de Strandgata, Glerárgata, Lundargata, Norðurgata y Grundargata.

Hoy en día apenas llega a los 20.000 habitantes, muchos de ellos jóvenes, pues es ciudad universitaria. Además, en Akureyri se halla el RES – The School for Renewable Energy Science, centro de investigación y formación en energías renovables. A pesar de ser una ciudad pequeña, tiene una gran oferta cultural y podemos encontrar un buen número de museos de todo tipo: el Museo Municipal, Minjasafnið á Akureyri; el Museo de Arte, Listasafnið á Akureyri; el Memorial del escritor Jón Sveinsson, Nonnahús; el Museo del poeta David Stefánsson, Davíðshús; el Museo de la Industria; el Museo de la motocicleta; el Museo de Ciencias Naturales, Náttúrufræðistofnun Norðurlands; y el Museo de la Aviación.

Y hablando de cultura, aparcamos detrás del centro cultural HOF, un espacio dedicado a la música y otras artes escénicas. Construido en 2010 con una planta circular y estilo moderno, cuenta con un auditorio de conferencias y salas de exposiciones.

Además, tiene una oficina de información y turismo en su planta baja. Como estaba empezando a chispear, nos comimos unos sándwiches en el coche a ver si amainaba y después pasamos a la oficina para pedir un mapa y que nos recomendaran qué ver. Básicamente nos invitaron a pasear por el centro para descubrir las antiguas casas de colores, el arte urbano que adorna sus calles, la catedral y las vistas al fiordo. También nos aconsejaron pasar por el antiguo Akureyri, aunque al ser ya 1 de septiembre, el museo estaría cerrado. Había una pareja preguntando sobre las auroras boreales y la mujer comentó que ya para ese día iba a ser complicado verlas porque iba a estar el cielo nublado, al parecer el día fuerte había sido el anterior, con lo que, dentro de la decepción, habíamos tenido suerte.

Con el mapa en la mano nos dirigimos al pequeño pero animado centro. Las calles principales recuerdan en cierta manera a Reikiavik con sus casas de colores y abundantes restaurantes, cafeterías y tiendas de ropa de montaña. Destacan las peatonales Strandgata y Hafnarstræti.

Desde prácticamente cualquier punto de la ciudad se puede ver cómo sobresalen las torres de la Akureyrarkirkja, la iglesia luterana símbolo de Akureyri. Y es que se halla en una colina.

De tamaño más reducido que la de Reikiavik, también es bastante austera. Consagrada en 1940, cuenta con un órgano de más de 3000 tubos.

Justo detrás se halla la Sigurhæðir, una casa que data de 1907 y en la que vivió hasta 1920 Matthias Jochumsson, uno de los grandes poetas de Islandia.

Desde allí tenemos una buena vista del fiordo. Incluso se alcanza a ver la escultura “La vela” de Jón Gunnar Árnason, el mismo escultor de la obra de Reikiavik. Todas las obras que adornan el paseo tienen simbología marítima. Otra del mismo autor recibe el nombre de “El pescador”.

No muy lejos de la iglesia queda la piscina de Akureyri, una de las más populares del país. Cuenta con dos piscinas al aire libre de 25 metros, una piscina cubierta, una piscina infantil, cuatro jacuzzis, un baño de vapor, una sauna, una catarata artificial perfecta para relajar la espalda y, como no podía ser de otra manera, toboganes.

Aunque el día estaba nublado y llovía a ratos, pudimos ver por la valla que había gente disfrutando de un cálido baño.

Seguimos nuestro paseo hasta la estatua de Landnemar, obra del escultor Höfundur Jónas Jakobsson. En un primer lugar la realizó en hormigón, sin embargo, tras el desgaste como consecuencia de las condiciones climáticas, se sustituyó por esta de bronce. Representa al vikingo Helgi Eyvindarson, el primer colono de la región, quien, según el Landnámabók, construyó con su esposa una granja en Eyjafjörður.

Nos habíamos alejado un tanto del centro y estábamos en una zona residencial donde predominaban los bloques con amplios ventanales. Se ve que les gusta que les entre bien la luz.

Me resultó curioso además ver cómo todos tenían ubicado el comedor en el mismo sitio y prácticamente con el mismo estilo.

Poco antes de llegar al aparcamiento vimos uno de los curiosos semáforos de la ciudad con la luz con forma de corazón. Parece que esto se debe a una iniciativa de 2008 para animar a la gente tras los problemas financieros. A partir de ahí debieron caer en gracia y se dejaron.

Antes de seguir con nuestro camino hacia el este hicimos una parada más en las afueras de Akureyri, donde se ubica la parte más antigua de la ciudad. Allí se hallan varios museos. Por la hora ya estaban todos cerrados, pero nos dimos un paseo por el exterior de la Nonnahús, la casa del escritor Jón Sveinsson (1857-1944), conocido también como Nonni.

Fue construida en 1850 por el orfebre Jósef Grissom y fue donde residió el autor desde que se mudó con 7 años con su familia a Akureyri hasta que en 1870 se fue a Francia para estudiar con los jesuitas. Su padre había muerto poco antes de una grave enfermedad y su madre apenas podía mantener a los 4 hijos, así que aceptó la oferta de un noble francés de pagar los estudios de 2 niños islandeses. Vivió y trabajó en Alemania, Francia, Dinamarca y Países Bajos y acabó convirtiéndose en sacerdote jesuita haciéndose llamar Pater Jón Sveinsson. En su tiempo en Europa recogió su infancia en Islandia en 12 libros infantiles que se tradujeron a más de 40 idiomas.

Viajó un par de veces a Islandia, una de ellas en 1930, cuando fue nombrado ciudadano honorario de Akureyri. Acabó muriendo en Colonia en 1944 y allí está enterrado.

En los años 50 Anna S. Snorradóttir habló con los dueños de la casa y les comentó que le gustaría comprarla y convertirla en museo, pero que no tenía dinero. Sorprendentemente los propietarios decidieron cedérsela y el museo se inauguró en 1957, en el centenario de su nacimiento. Se ha conservado, además de como hogar del autor, como ejemplo de una típica casa del siglo XIX. En ella se pueden ver las habitaciones tal y como eran cuando Nonni residía en ella. Inclsuso se conservan las únicas imágenes en movimiento conocidas del autor, que fueron tomadas en Valkenburg (Países Bajos) en 1942. Por supuesto, no podía faltar una gran estatua de Nonni. La obra de la escultora Nína Sæmundsson, de 2,5 metros de altura, preside la entrada.

En un lateral de la casa hay una placa que nos recuerda la historia de Vílhlemína Lever, quien construyó en 1834 una pequeña casa en Akureyri y abrió una tienda un año más tarde. Aunque se marchó a Krossanes, volvió a Akureyri en 1852 y abrió una tienda con restaurante. Además, en 1861 abrió otro restaurante en el distrito de Oddeyri. Cuando las nueva normativa danesa estipuló que la alcaldía sería elegida en 1863 por “alle fuldmyndige Mænd”, ella votó, convirtiéndose así en la primera mujer en hacerlo antes de que las mujeres obtuvieran oficialmente el derecho al sufragio. Y es que en islandés “mænd” significa persona, y no “hombre” como en danés, por lo que ella entendió que también estaba incluida al ser persona mayor de edad. También fue la primera mujer en solicitar el divorcio.

Vivió en Nonnahús hasta su muerte el 19 de junio de 1879.

Junto a esta placa encontramos varios juguetes islandeses. Había como un terreno dibujado con cuerdas y palos y dentro unas casas y restos de huesos o troncos. Lamentablemente no encontramos ninguna indicación al respecto, por lo que no nos enteramos de cómo se jugaba.

Frente a la casa había una pequeña iglesia y, siguiendo el camino, vimos más edificios correspondientes a los museos.

De hecho, en determinado momento entramos en el jardín del Museo de Akureyri, el que fuera el primer vivero forestal en Islandia. Fue fundado en 1899 y se comenzó a cultivar en la primavera de 1900 con semillas traídas de varias partes del país, incluso de Noruega. Este primer intento de hacer crecer árboles en Akureyri resultó tan satisfactorio que incluso despertó un interés en los jardines en toda la ciudad. En la década de los 30, la familia real compró el jardín y construyó en 1934 la villa Kirkjuhvoll en la ladera. En 1962 se fundó el Museo de Akureyri y compró tanto la casa como el jardín.

De camino al coche, junto al estanque, nos encontramos con la escultura Útþrá de Elísabet Geirmundsdóttir.

Había junto a ella unos pocos patos que habían salido del agua, pero se asustaron con nuestra llegada.

Pero si algo nos sorprendió, fueron las tremendas setas que encontramos entre el césped.

Y con esto dimos por concluida nuestra visita a Akureyri. Volvimos al coche para realizar la última parada del día.

3 comentarios en “Road Trip por Islandia XI: Día 5 II Parte. Akureyri

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