Road Trip por Islandia XV: Día 6 III Parte. Lago Mývatn

Dejamos atrás la planta y regresamos a la carretera principal hasta la cercana localidad de Reykjahlíð, una pequeña población que quedó prácticamente sepultada por el magma en aquellos Fuegos del Krafla. A diferencia de otras granjas que quedaron arrasadas, las casas fueron reconstruidas. Afortunadamente la población se salvó porque el flujo de lava se detuvo frente a la iglesia del pueblo, que se halla en un terreno más elevado. Aún hoy en día se puede ver la sencilla iglesia, aunque este edificio de tejado azul data de 1972.

En los alrededores se ven aún los restos de la solidificación del magma, que se ha aprovechado incluso para levantar un muro alrededor del templo y el cementerio.

Hoy Reykjahlíð apenas cuenta con 100 habitantes, pero tiene gasolinera y supermercado, por lo que resulta conveniente antes de adentrarse en el lago.

Tras una breve parada volvimos sobre nuestros pasos hasta el cruce con la carretera 860, que nos lleva por la orilla oeste. Podríamos haber continuado por la 848 también, pero entonces tendríamos que dar más vuelta para llegar a la cueva Grjótagjá, nuestra siguiente parada.

Desde el aparcamiento lo que vemos es un terreno desigual partido por una de tantas grietas, muestra de la actividad geológica de la isla.

Sin embargo, bajo esta lava solidificada se esconde un pequeño lago de aguas termales de tono azulado que ha sido usado desde el siglo XVIII hasta la década de 1970 por los lugareños. Hasta aquel momento la temperatura del agua oscilaba entre los 30º y 40ºC, sin embargo, con las erupciones producidas entre 1975 y 1984 subió a más de 60 °C y se tuvo que prohibir el baño. Desde entonces ha ido bajando progresivamente y ahora parece que ya anda entre los 43 y 46, valores aún altos que siguen manteniendo la prohibición. Por supuesto, eso no ha frenado a algunos turistas que no solo se han saltado la prohibición sino que han sido tan incívicos como para dejar allí su basura o firmar en las paredes. Con este panorama no creo que se levante nunca el veto y no me extrañaría que los propietarios (pertenece a la granja Vogar) decidan en algún momento cerrar su acceso, como ya ocurre con una que hay al lado.

El hecho de que esta piscina natural sea tan popular se debe en parte a la serie Juego de Tronos. Es aquí donde Jon Snow pierde la virginidad con Ygritte (capítulo 3×05), rompiendo así el juramento de la Guardia de la Noche.

¿Y cómo grabaron la escena en un lugar tan estrecho y donde está prohibido el baño? Pues fácil, solo grabaron la entrada a la cueva, el resto se rodó en otra piscina termal totalmente diferente y además se modificó digitalmente.

Según la leyenda hubo otro Jon asociado a la historia de esta cueva. Allá por el siglo XVIII Jón Markússon, un forajido islandés, se resguardó en ella. El escondite perfecto ya que la gente no se acercaba mucho a ellas porque se creía que estaban habitadas por los trolls.

Después de hacer un poco el cabra por dentro de la cueva (no es que sea muy sencillo moverse dentro), volvimos a la orilla del lago de las moscas pequeñas, que es lo que significa Mývatn, y emprendimos rumbo al sur. Siguiendo la carretera 848 vamos viendo el agua alternativamente. Al otro lado se deja ver el Hverfjall, un volcán que erupcionó en el 2500 antes de Cristo y unos kilómetros después el campo de lava Dimmuborgir.

Un poco antes de llegar a la zona más meridonal vimos un letrero que indicaba el promontorio de Höfði.

Se trata de un promontorio desde el que se puede observar el lago. Debe ser propiedad privada, porque hay que cruzar una valla. No obstante, se puede pasar al otro lado, eso sí, asegurarse de cerrar bien después. Un sendero lleva a la cima del cerro.

Ya en la orilla sur paramos en la laguna Stakhólstjörn, donde destacan los pseudocráteres de Skútustaðir.

Y se llaman pseudo porque no llegaron a expulsar magma, sino que se formaron cuando la lava fundida fluyó al lago. Hoy están cubiertos de césped y se han coloreado de verde. Los hay de diferentes diámetros, desde algunos de 2 metros hasta otros de 200.

Hay un sendero que permite ver los peudocráteres desde cerca. El camino se bifurca en dos dividiéndose en una ruta corta de aproximadamente media hora numerada como SK1, y otra más larga, que da la vuelta a la laguna y que puede llevar una hora, marcada como SK2. Además, dado que el lago es un área de cruce de grandes rutas migratorias de aves, es una zona donde no es raro cruzarse con algún que otro señor cargado con prismáticos.

Nosotros nos contentamos con la corta porque eran ya casi las 7 de la tarde y se estaba haciendo de noche. Pero incluso nos dimos la vuelta a mitad de camino porque se puso a llover. No teníamos muy lejos el hotel, de hecho desde la parte trasera del mismo parte uno de los extremos de la SK2.

Una vez allí, nos dimos una ducha, preparamos las mochilas para el día siguiente e improvisamos unos wraps con la ensalada de patata que nos había sobrado de los sándwiches de la comida, lechuga y una lata de sardinas.

No tardamos mucho en irnos a dormir, pues habíamos tenido un día bastante ajetreado. La verdad es que pese a saltarnos puntos de interés en el mapa, había sido bastante completo. Si además hubiéramos podido hacer la excursión de las ballenas, desde luego que no habríamos podido recorrer los 275 kilómetros que hicimos ese día. Seguramente hubiéramos tenido que elegir entre Dettifoss (y Selfoss) o el lago. Ambas cosas no habrían sido imposibles de ver en una jornada.