Vida Perfecta

Vida perfecta arranca con María y Gustavo, una pareja de treinteañeros que están a punto de firmar la hipoteca de su casa. No obstante, cuando ella pide un boli de un color específico para firmar, él estalla y rompe la relación arguyendo que no se siente preparado para comprometerse tan a largo plazo con ella. María es una mujer a la que le gusta tener todo el control y que ya había planificado su vida perfecta: trabajo, casarse con su novio de siempre, casa propia, niños… Sin embargo, con esta ruptura ve cómo su mundo se desmorona como un castillo de naipes y no sabe por dónde empezar a levantarlo. Deprimida, recurre a su hermana Esther, quien le da la razón a Gustavo y le abre los ojos sobre su cuadriculada existencia. Así, decide romper con esa María compulsivamente calculadora y dejar salir a una nueva María más rebelde y espontánea. Y para ello se propone tres objetivos: cortarse el pelo (que lleva igual desde hace años), drogarse y tener sexo con el primero que se le cruce.

Con los trasquilones aún recientes y totalmente colocadas, las hermanas acuden a la fiesta de cumpleaños de la hija de su amiga común Cristina. Y es allí donde María cumple el tercer punto de la lista y se acuesta con Gari, el jardinero de su amiga. Por si el mundo no se le hubiera puesto patas arriba, pronto descubre que se ha quedado embarazada y cuando busca a Gari para comunicárselo se entera de que tiene una discapacidad mental. María ha pasado de tenerlo todo perfectamente milimetrado desde la adolescencia a que todo se escape a su control. Es gracias a Esther y a Cristina que intenta reconfigurar su vida. Aunque ellas también tienen sus propios problemas.

Esther es lo opuesto a su hermana. Ella es un alma libre que vive de alquiler, no quiere ser madre y tiene relaciones esporádicas. Es pintora y, aunque es feliz pintando y disfrutando de su libertad, apenas consigue vender. De repente cumple 40 años y se le viene encima una crisis cuando su entorno le da a entender que se ha quedado estancada en una eterna adolescencia. Hasta ese momento era feliz, pero comienza a replantearse su existencia al ver que no encaja en lo que la sociedad espera de ella.

Cristina por su parte sí que cumple con este modelo de mujer perfecta. Es una abogada de éxito, está casada, tiene una buena casa, coche, marido y dos hijas. Sin embargo, tampoco es todo tan bonito como parece. Sufre también una crisis de identidad porque aunque se supone que lo tiene todo, no es feliz. Siente que le falta algo. Su marido no colabora en casa, por lo que ella carga con todo el peso de la casa y las niñas. Como consecuencia su trabajo se resiente y tiene que soportar los comentarios paternalistas de su jefe sobre que quizá sería mejor que se redujera la jornada. Por supuesto, este cansancio y hastío repercute en su humor y en su relación de pareja. Para cubrir este vacío que siente en su vida intenta reconectar con su sexualidad y comienza a tener encuentros extraconyugales.

La serie pone en el centro de la trama a tres mujeres que se enfrentan cada una a su manera a una crisis de madurez . Sin embargo, pese a sus diferencias de caracteres y de situación personal lo hacen unidas, apoyándose unas a las otras. Triunfa la amistad y la sororidad. Refuerza la idea de que hay que quererse a una misma y que todo el mundo tiene derecho a equivocarse; de que no todo es cumplir con la lista de trabajo, casa, matrimonio e hijos, sino que hay vida más allá de las responsabilidades; y de que nunca hay que perderse por el camino ni renunciar a una misma. Sí, son las tres amigas quienes cargan con todo el peso de la serie, y además, entre las actrices hay muy buena química; sin embargo, Enric Auquer en su papel de Gari les roba todo el protagonismo, no es de extrañar que le dieran el Feroz por mejor actor de reparto.

Compuesta por ocho capítulos de unos 25 minutos, la primera temporada de Vida perfecta ahonda pues en el viaje vital de estas tres mujeres y reflexiona sobre la familia, la maternidad, la pareja, la vida sexual, la infidelidad, el deseo, el éxito, la frustración, la amistad, las expectativas de la sociedad o la discapacidad. No da respuestas ni juzga, pero sí pone sobre la mesa muchas preguntas sobre qué es en realidad una vida perfecta y quién lo dictamina.

Con Cristina se cuestiona el papel de la supermujer que asume todo el trabajo doméstico y de cuidados pero que además no quiere renunciar a su carrera laboral. Lógicamente no llega a todo, está cansada y a veces desearía no haber sido madre. Quiere mucho a sus hijas, sí, pero es consciente de que la maternidad no es tan idílica como pensaba. Verbaliza un tema que aún es un tabú: ha perdido su identidad como mujer para ser solo madre y esposa. Con María sin embargo se va más allá de la maternidad idealizada. Con su inesperado embarazo se habla de los diferentes modelos de familia y de la discapacidad. Gari tiene diversidad funcional, pero no es algo que le defina. De hecho, su personaje está tratado con mimo, sin atisbo de mirada paternalista. Por último, con  el personaje de Esther se plantea quién determina el éxito, cómo se mide. ¿Es lo que hace feliz a una misma o lo determina la sociedad? También se adentra en el mundo de las redes sociales y cómo pueden distorsionar la realidad y conectar con las inseguridades.

Pero si hay algo transversal en la serie es poner en el centro la sexualidad femenina. Normaliza el sexo causal tan habitual en los hombres, pero tan mal visto en las mujeres. Vida perfecta presenta para variar a la mujer como un sujeto de deseo, no como un objeto de disfrute para la mirada masculina.

La serie llegó a la pantalla tras haber ganado en el último Festival Internacional de Series de Cannes el premio de mejor serie y el de mejor interpretación femenina para su trío de actrices principales; en los Feroz consiguió además del ya mencionado mejor actor de reparto el de mejor comedia, por lo que tenía curiosidad por verla. Y lo cierto es que se me ha hecho muy corta. He de reconocer que, a pesar de compartir edad con las protagonistas, no me he sentido identificada con ellas. No obstante, eso no quita para que me haya resultado entretenida y que me haya gustado. Me parece que aporta un toque fresco y original con su historia. Y aunque es ácida y tiene un humor un tanto negro sabe encontrar el equilibrio entre lo trágico y lo cómico. No recurre al gag o chiste fácil, sino que busca la sonrisa en los defectos de los personajes o en cómo estos resuelven sus conflictos.

A finales de año Dolera publicó que había sido renovada por una segunda temporada, habrá que ver qué preparan ella y Burque para esta nueva etapa de María tras el nacimiento de la criatura y cómo van evolucionando el resto de miembros de su círculo.

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