Road Trip por Islandia XXII: Día 9 II Parte. Lagunas glaciares Jökulsárlón y Fjallsárlón

Pasamos de largo Höfn í Hornafirði, el segundo puerto más importante en el sudeste del país,  y continuamos por la Ring Road bordeando todo el Parque Nacional Vatnajökull con el océano a un lado y al otro las montañas.

Este parque, que con sus 13.200 km2 de superficie es el más extenso de la Europa Occidental, fue creado en 2008 al unir dos antiguos parques nacionales: el de Jökulsárgljúfur y el de Skaftafell.

Recibe el nombre por el glaciar homónimo, el Vatnajökull, el más grande de Islandia y el mayor fuera del Ártico. Bueno, no es que sea el más grande del país, es que su masa helada es superior a la suma del resto de glaciares de Europa juntos. Ocupa unos 7700 km2, un 8% de la superficie total del país. El espesor medio del hielo del glaciar ronda los 400 metros, aunque hay zonas de mayor profundidad, donde supera los 1000 metros. 

El parque se divide en cuatro zonas diferenciadas: 

  • Norte: Se caracteriza por una meseta elevada que queda dividida por ríos glaciares. Es la que ocupa el noroeste del Vatnajökull, la caldera del volcán del Askja y sus alrededores, el cañón de Jökulsárgljúfur y una parte del Jökulsá á Fjöllum.

  • Sur: Se extiende por el sur este del Vatna, desde la montaña de Lómagnúpur por el oeste hasta el Lón y el Lónsöræfi por el este.
  • Este: Predominan las llanuras rodeadas por las montañas de Kverkfjöll y el noreste del Vatnajökull.

  • Oeste: ocupa el suroeste del Vatnajökull, la mayor parte del glaciar, incluyendo los cráteres de Lakagígar y Langisjór.

Como es tan inmenso, ofrece una gran variedad geológica y física. Podemos encontrar montañas, llanuras, volcanes, lagos… Prácticamente durante todo el recorrido nos íbamos encontrando con unas nubes bajas que nos ocultaban las cimas. pero también de vez en cuando pasábamos por un tramo en el que estaba todo despejado e incluso se veía el sol.

En determinado momento comenzamos a ver unos grandes valles e intuíamos en la lejanía una gran masa blanca, eran algunas de las lenguas del glaciar.

Del retroceso del glaciar y sus lenguas van apareciendo lagos y lagunas. La más conocida de todas, la Laguna Glaciar Jökulsárlón, fue nuestra primera parada. Se ve desde la carretera, por lo que no tiene pérdida.

El problema en realidad fue encontrar un hueco para el coche en el aparcamiento, pues, a pesar de ser ya última hora de la tarde, la laguna parecía estar muy concurrida. Fue a partir de aquí cuando notamos la presencia del turismo en la isla. Hasta la fecha no es que hubiéramos estado solos en nuestro recorrido, pero como mucho encontrabas 2-3 coches en los aparcamientos, te cruzabas de vez en cuando con una camper… Y de repente fue llegar al sur y el mogollón.

Formada los últimos cien años, la laguna en la actualidad cuenta con una superficie de 18 km² y llega a los 260 metros de profundidad en algunas zonas. Está en constante crecimiento, porque el glaciar sigue reduciéndose a una velocidad importante como consecuencia del calentamiento global. Para hacernos una idea, en 1975 la superficie era de 8 km². Es descorazonador ver imágenes de hace un siglo.

La temperatura de la Tierra se ha ido incrementando aproximadamente 1ºC desde la época preindustrial e incluso algo más en el Ártico. Como consecuencia de este calentamiento global estamos asistiendo al derretimiento del hielo marino y los glaciares, incremento del nivel del mar, mayor crecimiento de la vegetación así como cambios en las rutas migratorias de aves y otros animales. La principal causa del actual calentamiento global es la emisión de Dióxido de Carbono y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera. No solo emitimos más CO2, sino que además lo reducimos menos porque hemos ido deforestando. El incremento en la concentración de los gases de efecto invernadero se debe, como ya sabemos, al uso de combustibles fósiles, así como carbón, gasolina, plantas de energía eléctrica, transporte e industria.

En este caso, no es solo que el glaciar vaya retrocediendo porque se derrite, sino que también se va fragmentando. De ahí que veamos los icebergs flotando varados rumbo al océano. Nosotros no encontramos la laguna excesivamente plagada de trozos de hielo, pues el verano de 2019 fue muy caluroso, así que ya se habían ido deshaciendo.

Aunque la mayoría tienen un color blanco o azulado, también hay algunos de un color más feo, gris casi negro. Esto es debido a que el hielo arrastra sedimentos y ceniza que había permanecido en el glaciar durante años (y siglos).

Hay varias compañías que ofrecen la posibilidad de hacer un crucero de 40 minutos por la laguna, algo que quizá en aquellas fechas no era tan interesante porque, como digo, no había tanto iceberg que sortear. En cualquier caso, nosotros tampoco teníamos tiempo para ello.

También vimos varias focas nadar por la laguna. Apenas se les veía sobresalir las cabezas, pero hacían ruido, sobre todo cuando un par de ellas comenzó a pelear.

En invierno cuando  resulta un paisaje mucho más atractivo se ha usado como escenario de varias películas. Las más famosas son Muere Otro Día de James Bond y Lara Croft Tomb Raider.

Antes de que se nos hiciera de noche volvimos al coche para acercarnos a una segunda laguna, la Fjallsárlón. Realmente no es muy diferente a la anterior, se trata de una lengua del glaciar que acaba en un pequeño lago. La mayor diferencia es que es bastante más pequeña, que el entorno es menos atractivo y que hay menos gente.

Las nubes en esta zona estaban más bajas, por lo que en ocasiones ni siquiera se veía la lengua. Encontramos más hielos flotando que en la anterior, pero mucho más pequeños y flotando en un agua bastante marrón.

Estuvimos mucho menos tiempo que en la anterior, porque además se estaba haciendo de noche y teníamos una hora de regreso hasta nuestro hotel en Höfn, así que volvimos al coche y hacia allá que marchamos.

Para cuando quisimos llegar al Arnanes Country Hotel ya eran las 20:15 de la tarde así que apenas nos dio para más que acomodar nuestras cosas, ducharnos y preparar unos fideos chinos gracias a la tetera que teníamos en la habitación antes de irnos a dormir. 

Con la tontería de ir y volver a las lagunas al final habíamos sumado 482,9 kilómetros a nuestro haber. Pero es verdad que si no las hubiéramos visitados esa tarde, al día siguiente habríamos tenido que madrugar muchísimo para poder hacer un alto en el camino y estar a tiempo para la excursión.