Road Trip por Islandia XXVII: Día 12 III Parte. Seljalandfoss y Gljúfrafoss

Íbamos por la Ring Road tras abandonar Skógafoss cuando nos sorprendió una valla llena de sujetadores en la granja Brekkukot. Según los rumores, todo empezó una noche allá por 2012 cuando unos locales estaban de fiesta y les dio por robar sujetadores a una vecina. Desde entonces, ha surgido la costumbre de que toda la que pasa, deja uno.

Parece que a los dueños del terreno no les importa mucho, eso sí, solo aceptan sujetadores, nada de ropa interior o calcetines. Incluso han habilitado una caja para que la gente deje donaciones para la investigación del cáncer de mama.

Unos kilómetros más adelante llegamos a nuestro destino, la cascada Seljalandfoss. 

Tomamos el desvío de la carretera 249 tal como indicaba la señal, sin embargo, nos encontramos con que el aparcamiento más próximo era de pago.

Ya nos había pasado en Svartifoss, pero al menos allí íbamos a dejar el coche el día entero por la excursión, así que de alguna manera amortizábamos el pago. En este caso no estimábamos que fuéramos a estar más de una hora y 750 ISK nos parecía un tanto desorbitado. Este aparcamiento parece de reciente creación como consecuencia del aumento del turismo en los últimos años. Cuenta con baños, varias casetas de comida y un merendero que permite observar la cascada.

No obstante, justo en la conjunción de la Ring Road con la 249 había otro pequeño aparcamiento (imagino que el que ha habido siempre), por lo que volvimos pues por donde habíamos venido, y probamos suerte. Coincidió que había varios coches que se iban, por lo que pudimos dejar el coche sin problema. Desde allí hay que caminar unos 800 metros, por lo que tampoco es un trauma no aparcar a los pies de la cascada. Es una distancia perfectamente asumible a pie. Incluso con lluvia intermitente.

Seljalandfoss tiene una altura de más de 60 metros y así desde lejos no parece tener nada que la haga destacar de otras tantas cascadas en el país. Sin embargo, tiene la peculiaridad de que se puede andar por detrás de ella gracias a un sendero que se mete hacia el propio acantilado por el que se precipita el agua del río Seljalandsá. Imagino que con el paso del tiempo la erosión ha ido desgastando esta parte de la roca y de ahí la cavidad.

Cae con bastante fuerza y, aunque hay cierta distancia, el baño es inevitable.

Hay que tener mucho cuidado con las cámaras, pues como además haga un poco de viento, la cosa se complica. En invierno no creo que sea muy recomendable hacer el recorrido, ya que seguramente esté todo el camino helado y sea fácil resbalarse.

Además de una perspectiva frontal o desde detrás, también se puede subir al acantilado para tener una vista cenital de la cascada.

A un corto paseo de Seljalandfoss hay una segunda cascada más pequeña y también menos conocida, la Gljúfrafoss.

También es llamada Gljúfrabúi (“la que se esconde en el cañón”), y es que queda oculta tras un acantilado. Para llegar a ella hay que entrar por una hendidura en la roca agarrándose a las paredes verticales y saltando de piedra a piedra parcialmente cubiertas por el río.

Es imprescindible para la aventura llevar calzado y ropa impermeable y mirar muy bien dónde se ponen los pies y las manos. Además, tiene la complicación añadida cuando hay gente, ya que o unos se esperan para salir, u otros para entrar. Todos a la vez es imposible. Salvo que el río vaya seco (se nutre del deshielo de primavera)… pero entonces, ¿dónde está el interés?

Una vez dentro, la vista es impresionante. A nosotros fue la cascada que más nos gustó. Es verdad que solo mide 40 metros, pero el hecho de tener que entrar hasta la cueva, de estar recogidos en el interior con todo cubierto de verde, con el silencio solo roto por el ruido del agua, la luz cenital…

Una maravilla.

Tras la visita de estas dos cascadas volvimos al coche, donde, antes de marchar, nos comimos unos sándwiches. Sobre las tres de la tarde volvimos a la carretera con la dirección de nuestro alojamiento como destino en el GPS, sin embargo, una hora y media después vimos desde la carretera el Krónan de Hvolsvöllur, así que paramos para hacer algo de compra, ya que al día siguiente teníamos una excursión a las Tierras Altas y tendríamos que llevarnos comida. Con el maletero lleno continuamos 13 kilómetros a Hella, donde íbamos a pasar un par de noches.

A pesar de ser un día en el que habíamos tenido que retroceder por la lluvia del día anterior, al final no se nos dio mal y no eran ni las cinco cuando llegamos al alojamiento, lo cual no nos venía mal dado que al día siguiente teníamos que madrugar e íbamos a estar todo el día de ruta de montaña.

Ese día sumamos otros 150 kilómetros.

Habíamos reservado una habitación en el Welcome Riverside Guesthouse, un alojamiento que originalmente fue construido en la década de 1930 en Þingvellir para el rey Kristján X (Rey de Dinamarca, pero también de Islandia pese a haberse independizado en 1918) en el aniversario del establecimiento de la Asamblea General en el año 930.

Reacondicionado como albergue, cuenta con varias habitaciones dispuestas en torno a una sala común en la que encontramos varias mesas.

El dormitorio en sí era algo pequeño, apenas cabían dos camas de 90 y un armario, pero elegimos este alojamiento porque nos daba la opción de cocinar y porque el autobús de la excursión a las Tierras Altas paraba a tan solo unos metros.

Teníamos un pequeño lavabo también, que no está mal para poder asearse, dado que los baños eran comunitarios.

La cocina estaba dispuesta de forma que en ambas paredes había lo mismo: una nevera, unos fuegos, un horno, un fregadero… Contaba con un gran termo, con tostadora, cafetera, calentador de agua, ollas, platos… En fin, estaba perfectamente equipada.

Buscamos un hueco en uno de los frigoríficos para dejar aquello que requería conservación en frío y descargamos el coche. Aprovechamos que teníamos tarde por delante para poner algo de orden en las maletas, preparar la ropa del día siguiente, copiar fotos al ordenador y para relajarnos un rato.

Ya a última hora de la tarde nos duchamos y preparamos la cena, una sopa y unos espaguetis. Una combinación un tanto rara, pero había que ir acabando con las existencias.

Tras reposar un rato la cena nos fuimos a acostar pronto, pues al día siguiente teníamos que madrugar.

3 comentarios en “Road Trip por Islandia XXVII: Día 12 III Parte. Seljalandfoss y Gljúfrafoss

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