Serie para ver: Hierro

Una boda. Una novia que llega a la iglesia pensando que se ha retrasado demasiado. Un novio que no ha aparecido y nadie sabe nada de él. Un cuerpo recuperado en una gruta bajo el mar. Y una nueva jueza encargada de resolver el crimen. Así arranca Hierro.

La trama tarda en arrancar. Durante los primeros minutos se suceden imágenes de El Hierro, la más occidental de las Islas Canarias, que se intercalan con el viaje de la novia y sus padres a la iglesia. Así, se presentan a la vez el escenario y los primeros personajes, quizá mostrando ya desde el inicio que es tan importante uno como los otros.

Hierro sigue un estilo muy típico del nordic noir presentando el lugar en que transcurre la acción como un personaje más. Las singularidades de una isla tan poco poblada condicionan la trama. Por un lado por sus paisajes salvajes en los que predomina la tierra volcánica, escarpados acantilados, extensas plantaciones de plataneros y los rugidos del océano y del viento y por otro lado porque esta localización tan recóndita influye en el carácter indómito de unos lugareños con unas tradiciones muy arraigadas. Este aislamiento permite además añadir una atmósfera de tensión a la trama que se mueve en armonía con un ritmo pausado propio del carácter canario.

El contraste con esta idiosincrasia local lo pone Candela, una jueza peninsular recién destinada a la isla. Mujer de carácter fuerte, se encuentra con su primer caso nada más llegar y enseguida verá cómo su forma de trabajar choca con los de las autoridades locales y las costumbres de los herreños.

El punto de partida no es nada nuevo, ofrece un cóctel ya visto en muchas series y novelas de intriga: lugar remoto, tranquilo y con una comunidad cerrada + crimen + personaje que llega de fuera y despierta recelo entre los locales. A partir de ahí comienzan a destaparse secretos, corruptelas, infidelidades, malos que no resultan serlo tanto, buenos que tienen un lado oscuro… Los ingredientes típicos, vaya. Sin embargo, Hierro invita a seguir viendo el resto de capítulos gracias a su fantástica fotografía (siempre tienes algo ganado cuando grabas en un lugar que es reserva de la Biosfera), a la banda sonora que parece reproducir los lamentos de la isla al introducir los sonidos del viento y del mar, al uso del acento autóctono que potencia el realismo (tan solo hay 3-4 actores que no son canarios) y a los personajes que parecen tener sus dobleces.

Además, cuenta con una temporada autoconclusiva de tan solo ocho capítulos de algo menos de una hora, por lo que no es una historia que se alargue eternamente para mantener a la audiencia. Imagino que si plantearan una segunda, sería con un nuevo caso.

Parece que la ficción nacional está mejorando notablemente en los últimos años.

Marruecos III. Día 2: Marrakech – Tizi n’Tichka – Ait Ben Haddou

El día amaneció muy pronto, ya que nuestro conductor pasaría entre las 8 y 8:30 a por nosotros, lo que nos dejaba poco más de media hora para el desayuno, que comenzaba a las 7:30. Pero a veces las cosas no salen como una espera.

Acababa de sonar nuestro despertador a las 7 de la mañana cuando se oyó un teléfono en el riad. En aquel momento pensé que qué inoportuno quien llamase tan pronto. Y de repente, unos toques a la puerta. Abro y es el chico que nos había recogido el día anterior diciendo que el del teléfono era nuestro conductor, que nos recogía a las 7:30. Me quedé sorprendida por el cambio de horario y así se lo comuniqué, por lo que le volvió a llamar. El tipo nos dijo que recogía entonces antes al resto y después se pasaba a por nosotros. Así que seguimos arreglándonos y guardando nuestras cosas mientras nos preparaban el desayuno. Y a los 10 minutos se presenta el conductor en la puerta.

Salgo a hablar con él y le pregunto su nombre y me dice que Brahim. A lo que le enseño la conversación de whatsapp en el que se me especificó la hora en que nos iba a recoger un tal Brahim, que desde luego no eran las 7:30 de la mañana. Con cara de sorprendido me pide que le reenvíe la conversación para hablar con su jefe y le digo que le haga una foto que es más rápido. Así lo hace y tras una breve llamada me dice que bueno, que nos da 15 minutos, que la excursión tiene que empezar a las 8 y ya tiene a todo el mundo.

No entiendo nada, pero medio dormida aviso al resto y nos dedicamos a cerrar mochilas mientras nos vamos bebiendo el zumo que nos acaban de poner y algunos se abrasan con el café que aún arde. El personal del riad se lo toma con calma y nos va sacando la mantequilla, la miel, la mermelada, unos yogures… pero nosotros cada vez más impacientes no contamos con mucho tiempo, por lo que avisamos en cocina de que si nos pueden poner para llevar las tortillas francesas que tengan preparadas, que no hace falta que nos hagan más. Nos improvisaron un par de hogazas partidas a la mitad y con las tortillas dentro, cogimos un par de yogures y salimos pitando a la minivan de Brahim rozando las 7:50 de la mañana.

Montamos en la furgoneta y tras un trayecto de unos 5 minutos nos dicen que bajemos y que paguemos lo que nos queda a un compañero. Así que recogemos nuestras cosas del maletero y cuando voy a pagar me pide una cantidad muy muy por debajo de lo que teníamos que abonar. Ante nuestra sorpresa me enseña su móvil y me dice que si soy fulanitO. Y yo con cara de W.

Le digo que no y le saco mi reserva a lo que empieza a llamar al tal Brahim y a echarle lo que parece una bronca (no entiendo árabe por lo que solo me puedo fiar de la comunicación no verbal y la entonación). Después me explica que su compañero se ha equivocado y que no era a nosotros a quien tenía que recoger, pero que sí tenía a 4 personas en nuestro riad. El conductor se va y yo intento explicarle a este señor que yo le he enseñado una conversación en la que se veía claramente el logo de la empresa y los datos de la recogida y el tal Brahim me había dicho que sí, que era él pero que tenía otra hora planificada en su ruta. Y luego resulta que no es que no fuera nuestra excursión, es que no era ni la misma compañía.

Así que nos encontramos dentro de la franja de hora de nuestra verdadera recogida en una calle indeterminada de Marrakech con una empresa que no es con la que habíamos contratado la excursión. Y sorprendentemente tranquilos, sumando una anécdota más a la de la llegada al aeropuerto y que no tuviéramos conductor esperando. En este caso parece que fue un cúmulo de desafortunadas coincidencias. Al llamar Brahim a recepción y decir que tenía que hacer una recogida de cuatro personas para una excursión al desierto, el chico dio por hecho que era a nosotros, pues el día anterior a nuestra llegada habíamos hablado con él sobre nuestros planes durante nuestra estancia. Y por otro lado, la casualidad de que el conductor se llamara igual que el de nuestra empresa. A ello se le sumó el sueño y no caer en verificar con él todos los datos, como el nombre de compañía a pesar de que el logo se viera claramente en la conversación que le enseñé.

El señor de la otra empresa llamó a la nuestra para avisarles de nuestro rapto y después nos comunicó que no nos moviéramos, que vendrían a por nosotros, así que con el asunto solucionado nos sacamos nuestros bocadillos de tortilla para por lo menos desayunar algo sólido. Mientras tanto, la voz se debió correr y empezaron a acercarse señores de otras empresas a preguntarnos que qué excursión íbamos a hacer y si habíamos pagado algo. Vaya, que querían que contratáramos con ellos. Pero nosotros nos mantuvimos firmes diciendo que habíamos pagado ya prácticamente el total y que nos recogerían en breve. No queríamos más líos.

Los minutos pasaban y llegaban furgonetas pero ninguna era la nuestra. Mi móvil no cogía red de teléfono, así que solo me quedaba intentar pillar wifi para comunicarme con ellos. Afortunadamente el bar de enfrente la tenía sin contraseña, por lo que siguiendo nuestra conversación inicial, escribí para decirles lo que había pasado y dónde nos encontrábamos adjuntando fotos y ubicación. Esperaba que así al menos ellos supieran localizarnos, porque nosotros conocíamos poco de la ciudad. Mi prima sí que consiguió red, por lo que nos llamaron a su número y conseguimos concretar la recogida.

Minutos después apareció por fin nuestro conductor que llevaba dando vueltas media hora en nuestra búsqueda. Y resulta que no se llamaba Brahim sino Mustapha. Pero este era el de verdad. De verdad de la buena. Confirmado.

En la furgoneta ya había una pareja (también de Madrid) y nos quedaba una última parada ya en la zona nueva de Marrakech para recoger los últimos integrantes de nuestro viaje y echarnos a la carretera. Al final, con nuestro secuestro salimos casi a las 9 de Marrakech rumbo al sur.

Hicimos nuestra primera parada unos 100 km después, en un restaurante en lo alto del puerto Tizi n’Tichka, que cruza la cordillera de los Atlas. Alcanza los 2.260 metros de altura sobre el nivel del mar, lo que lo convierte en el puerto más alto del país.

Fue construido por el ejército francés en 1939 para uso militar. Gracias a este paso de carreteras Marrakech queda conectada con el sur, donde  el paisaje cambia y comienzan a predominar las dunas. Eso sí, es una de las rutas más peligrosas del país por la cantidad de curvas, el tráfico denso de camiones y vehículos turísticos y la peculiar forma de conducir marroquí. Hay quien incluso recomienda biodramina, pero creo que no fue para tanto. O Mustapha era buen conductor o yo iba distraída absorbiendo el paisaje.

Tras la breve parada (primero en el restaurante y luego en un apartadero más arriba) continuamos nuestro viaje emprendiendo el descenso. Hora y media más tarde llegamos a Ait Ben Haddou, la ciudad fortificada más famosa de Marruecos por haber sido escenario de varias producciones cinematográficas y por ser la mejor conservada del Atlas. Allí se supone que nos tenía que estar esperando nuestro guía, pero aún no había llegado, por lo que nos tocó esperar un poco ante el enfado de Mustapha que se quejaba del carácter relajado marroquí. Este tiempo muerto nos sirvió para conocer a nuestros compañeros de viaje, que también habían llegado el día anterior a Marrakech, solo que ellos lo hicieron por la tarde y les tocó esperar 3 horas de colas en el control de pasaportes. Alucinamos.

Finalmente llegó nuestro guía Mohamed (o así nos dijo que le llamáramos), quien nos explicó cómo funciona una Kasbah y nos dio unos datos sobre esta en concreto así como de su pueblo. Nos contó que las kasbahs son ciudadelas bereberes. En realidad, no distan mucho de la forma medieval occidental de construir las ciudades. Se trata de buscar un sitio elevado y después amurallarlo para protegerse de ataques externos. La diferencia (entre otras cosas) es que en vez de usar piedra y madera como se hacía en Europa, los bereberes construían estos conjuntos arquitectónicos con barro y adobe.  Cuando se agrupan varias kasbahs, tenemos un Ksar.

Este de Ait Ben Haddou, declarado Patrimonio Humanidad por la UNESCO en 1987, se ubica en las faldas de una colina y queda protegido por una muralla defensiva y dos torres en los flancos. Nació en el siglo XI cuando se establecieron los almorávides para controlar el paso de las caravanas comerciales procedentes del África negra con destino Marrakech, Fez y Meknes. Hoy aún residen algunas familias, pero la mayoría de la población de Ait Ben Haddou reside fuera del Ksar.  En la parte moderna podemos encontrar hoteles, restaurantes, locales de artesanía… enfocado totalmente al turismo.

Para llegar a la parte amurallada debemos cruzar el río Ounila, bien por un puente nada particular y de reciente construcción, o a la manera tradicional, como quería nuestro guía: cruzando el río por unos sacos. Sin embargo, la idea de los sacos no cuajó mucho en nuestro grupo. A algunos por el calzado que llevaban, otros por los equipos fotográficos y otros porque iban de punta en blanco, así que convencimos al guía para ir por el puente, aunque se tardara algo más. Sí que es cierto que cruzando por los sacos se tienen mejores vistas al acceder por la puerta principal, pero le pedimos que después diéramos el rodeo para no perdérnoslas.

Una vez en el ksar nuestro guía nos llevó un poco a la carrera callejeando hacia la parte alta. Desde allí arriba contrasta la uniformidad cromática de la parte amurallada con el pequeño palmeral a sus pies.

Pudimos ascender a lo alto de la colina, donde se encuentra una antigua fortificación que servía de granero. Hacía calor, pero dimos el último empujón para poder disfrutar de las vistas 360º.

De bajada nos llevó a una tienda en la que nos mostraron la técnica de pintar con pigmentos y una bombona. Algo similar a los talleres de campamento con un limón y una vela. Tenían obras muy bonitas, pero no era muy práctico comprar algo que no cupiera en nuestras mochilas o pudiera acabar dañado, así que no compramos nada. En la puerta tenían expuestas fotos de los diferentes rodajes que han pasado por la ciudadela. Lawrence de Arabia, El Príncipe de Persia,  La Joya del Nilo, Alejandro Magno, La Momia, Gladiator, Asterix y Obelix: Misión Cleopatra y recientemente Juego de Tronos.

Precisamente en la entrada principal aún se ven en el suelo las marcas donde estuvieron las falsas puertas de cartón de Yunkai, ciudad liberada por Daenerys Targaryen.

Rodeamos la ciudad volviendo al puente firme y tras despedirnos de nuestro guía nos sentamos a comer.

Marruecos II. Día 1 II: Paseando por la Medina. Plaza Jamaa el Fna, Koutubia y zocos

Lo primero que hicimos tras pasar tanto control fue ir en busca de un cajero para sacar dinero. La moneda local es el dírham marroquí (MAD) y podemos encontrar billetes de 20, 50, 100 y 200 y monedas de 1, 2, 5 y 10 dírhams, así como de 10, 20 y 50 céntimos.

Con algo de efectivo que nos llegara al menos hasta que volviéramos de la excursión al desierto, nos dirigimos al exterior para encontrarnos con nuestro conductor. Habíamos contratado la recogida con civitatis, sin embargo, algo les pasó con la reserva. Una semana antes había tenido lugar el dichoso el cambio horario de invierno, pero Marruecos, en el último momento, decidió quedarse en el de verano, por lo que tuve que modificar la reserva para que la recogida en vez de ser a las 12:40 fuera una hora más tarde. No obstante, eran las 2 y allí no había nadie con nuestro nombre, algo que me extrañaba porque tenían nuestro número de vuelo y se supone que saben que hay que pasar un control de pasaportes, así que deberían contar con un margen de tiempo de espera. Así que, ¿por qué no había nadie esperándonos?

Coincidimos con unos chicos que también venían de Madrid y habían contratado con la misma empresa. Su conductor tampoco se había presentado y estaban intentando llamar al teléfono de contacto, aunque sin éxito. Así que, empezamos a pensar que nos habían estafado a todos.

Cuando ya estábamos valorando si tomar un taxi o incluso el bus local, los chicos dieron con su conductor y como era de la misma empresa, aprovechamos para preguntarle que qué pasaba con nuestra reserva. Buscó sus papeles y revisó sus recogidas, pero ahí no estaba mi nombre. No obstante, llamó a la compañía para que se lo consultaran y nos dijo que esperáramos junto a sus compañeros hasta que nos dijeran algo.

Unos diez minutos y varias llamadas más, finalmente uno de los conductores nos dijo que él nos llevaba, así que con él que nos fuimos a su minivan.

La primera toma de contacto que teníamos con Marruecos era de calma y caos. Calma porque van con un ritmo pausado sin estresarse ante las adversidades y caos porque el tráfico era una locura. Es verdad que no era Bombay (eso es otro nivel), pero había motos por todos lados con varios ocupantes sin cascos, los adelantamientos no eran nada reglamentarios (bueno, allí a lo mejor sí) y el respeto por el límite de velocidad brillaba por su ausencia. Pero llegamos. Además, el conductor se encargó de llamar al riad para que salieran a buscarnos y no nos perdiésemos por la medina. Llegar al Riad fue volver otra vez a la calma. Es increíble cómo dentro del tremendo caos que es la ciudad antigua se consiguen esos remansos de paz. Como no podía ser menos nos recibieron con un té bien caliente que estaba muy rico y con mapa en mano, el chico nos explicó los puntos de interés y cómo ubicarnos. Aún así, nos comentó que la primera vez que saliéramos él nos acompañaría para guiarnos y que si nos perdíamos, o llamáramos al riad o pidiéramos ayuda a alguien de las tiendas próximas.

Después nos indicó dónde estaban nuestras habitaciones. Aunque habíamos hecho una reserva para una cuádruple, nos dieron dos dobles, una a cada lado del patio. Ambas contaban con su cama doble, una zona de estar con un sofá y el baño. No podríamos haber elegido mejor. De momento nos estaba encantando todo.

No nos entretuvimos mucho, pues estábamos sin comer, así que descargamos el equipaje, preparamos las mochilas para salir a conocer Marrakech siguiendo a nuestro anfitrión entre los callejones para no perdernos.

Localizada a los pies del Atlas y a un par de horas de la costa atlántica, Marrakech es una de las grandes ciudades imperiales de Marruecos junto a Fez, Meknes y Rabat, la capital. Fue fundada en 1062 cuando Youssef Ibn Tachfin, primer emir de la dinastía bereber de los almorávides, estableció un campamento en la zona para así controlar las rutas a través del desierto del Sáhara. Acabó convirtiéndose en la capital del Imperio Islámico y desde allí comenzó la conquista de Marruecos. Y no se quedaron ahí, sino que llegaron a la Península Ibérica, derrotando a los cristianos y haciéndose con buena parte del territorio. El reino acabó en 1147 tras el asedio de los almohades, que arrasaron la ciudad para luego reconstruirla. Fue en aquel momento cuando se erigieron importantes construcciones, como la Mezquita Koutoubia, la mezquita Kasbah, la monumental Bab Agnau y los jardines de la Menara.

Tras un siglo de dominio los almohades fueron derrotados por los benimerines con Al-Maymun a la cabeza y Fernando II proporcionando ayuda. Marrakech perdió su capitalidad en favor de Fez, quedando algo olvidada.

En 1549 la dinastía saadí destituyó a los benimerines y llegó de nuevo otra época de esplendor en la que se reconstruyeron antiguos edificios y se diseñaron opulentos palacios. Marrakech recuperó la capitalidad y se convirtió en una de las ciudades más pobladas del mundo árabe.

Sin embargo, esta dinastía no duró mucho, pues a principios del siglo XVII las luchas sucesorias desembocaron en una guerra civil que terminaría en 1668 con el ascenso al trono de los alauitas. En el siglo XVIII, el sultán Mohammed III quiso recuperar el esplendor de la ciudad.

En el siglo XIX Marrakech comenzó a comerciar con Europa, sobre todo con Gran Bretaña. Marrakech ha tenido la misma historia convulsa que Marruecos, que al ser puerta de África ha tenido que luchar contra portugueses, españoles y franceses.

En 1911 la capital pasó a Rabat, por lo que Marrakech perdió de nuevo relevancia.  Un año después, ante las revueltas contra el protectorado galo, el gobierno francés nombró señor de Marrrakech a Thami el Glaoui para que controlara la zona. Y así lo hizo, gobernando durante más de 40 años de manera dictatorial. Con la independencia del país, la población francesa se redujo, pero aún así, hoy en día Marrakech es una ciudad internacional con una importante comunidad de expatriados. En la década de los 20 y 30 llegaron muchos millonarios a invertir en la ciudad. A ellos se les sumaron en los 60 artistas e intelectuales que le dieron un ambiente extravagante a la ciudad con su estilo de vida festivo y provocaron el renacimiento de la ciudad en las décadas siguientes.

En los 80 y 90 se había convertido en ciudad de moda y atrajo al mundo de la alta costura, diseñadores, editores de revistas y modelos. Marrakech estaba en boca de todos y llegó la burbuja inmobiliaria. Muchos europeos, atraídos por esta fama de ciudad exótica y bohemia compraron antiguos edificios en la Medina para construirse una segunda vivienda o incluso riads. Así, mientras los marroquíes aspiraban a comprarse una casa en la ville nouvelle como símbolo de progreso; los extranjeros se iban haciendo poco a poco con propiedades en la ciudad histórica atraídos por el sueño oriental.

Aún hoy en día Marrakech queda dividida en dos partes: la Ciudad Vieja (la Medina) con sus murallas, sus serpenteantes callejones y sus edificios en tierra roja y la Ciudad Nueva con grandes avenidas y construcciones modernas que está en continuo crecimiento. Nosotros comenzaríamos con la Medina, ya que es donde se encontraba nuestro riad y que no contábamos con mucho tiempo útil aquella tarde. Teníamos en mente visitar algún palacio, pero con el retraso en la llegada solo podríamos tener una primera toma de contacto de la ciudad.

Pero ante todo, eran casi las cuatro de la tarde, por lo que nuestro primer objetivo era buscar un sitio donde comer. Y justamente, de camino a la plaza Jamaa el Fna vimos un puesto con una especie de triángulos de pasta filo que tenían buena pinta, así que no nos lo pensamos mucho y compramos uno para cada uno.

Entre las opciones había de queso y tomillo, pescado, pollo y vegetales. Las primas optaron por el de pollo, que estaba muy rico con un toque a la menta; y nosotros dos pedimos el de vegetales y el de queso con tomillo. La base de estos bocadillos (que luego descubriríamos que se llaman briouats) consta de unos fideos a los que se les añade el ingrediente en cuestión y especias al gusto. ¡Por 15 dirhams cada uno habíamos comido!

Por la hora que era sabíamos que no íbamos a poder entrar en ningún monumento, así que la idea era ver la plaza Jamaa el Fna, la Koutoubia, que está muy cerca, y meternos por los zocos para tener una primera toma de contacto. Tras callejear, salimos a la famosa plaza Jamaa el Fna, cuyo nombre, Asamblea de los Muertos, hace referencia a la época en que se exhibían las cabezas de los criminales clavadas en postes. Además de mostrar las ejecuciones, también servía de escenario para los desfiles. Hoy se ha acondicionado y está incluso pavimentada, pero sigue teniendo el punto caótico y siendo el lugar más importante de la Medina.

A esta bulliciosa plaza dan diversos locales comerciales, tanto tiendas como restaurantes, a los que se suman los puestos ambulantes de frutos secos y zumos. Según la temporada del año, son de un tipo de fruta u otra. A principios de noviembre encontramos que era popular el de naranja, pero también el de granada, con esa variedad tan oscura y que tiene un punto de acidez, como ya habíamos visto en Estambul. También numerosos puestos de hojas de té y plantas.

También podemos encontrar todo tipo de vendedores ambulantes intentando ganarse la vida. Desde malabaristas, hasta mujeres que tatuan henna (no muy recomendable) pasando por los que van con un mono para que te hagas una foto con el animalillo, los aguadores, las adivinas, los porteadores, los sacamuelas…

También, en el extremo oeste, se ubican las calesas, que ofrecen paseos alrededor de la ciudad.

Nosotros sin embargo no teníamos mucho interés en ninguna de las propuestas, por lo que continuamos con nuestro paseo hacia el minarete de la Koutoubia, que asomaba a lo lejos. De hecho, gracias a sus 77 metros de altura, puede verse casi desde cualquier parte de la ciudad.

Esta mezquita, iniciada en 1141 y completada cuarenta años más tarde (de hecho fue erigida dos veces porque la primera no se había orientado correctamente con respecto de la Meca), es la más importante de Marrakech, todo un icono y según una norma urbanística de la época del protectorado que aún está vigente está prohibido erigir edificios que la superen en altura (tampoco pueden hacerlo las palmeras). Con una planta de 60×90 es, además, una de las más grandes del Occidente musulmán. Le debe el nombre a un zoco que había a su alrededor, el Koutubiyyin. Y de ahí también que sea conocida como la Mezquita de los libreros.

Construida en arenisca rosada, su minarete de base cuadrada y estilo almohade nos traslada a la Giralda y nos recuerda las influencias árabes que tiene nuestro país fruto de su establecimiento entre 711 y 1492. De hecho, están realizadas por el mismo arquitecto. La nuestra está mucho más ornamentada, pero es que la de la Koutoubia ha perdido el revestimiento de azulejos y estucados que tenía hace tiempo.

En la parte delantera podemos ver un pequeño edificio blanco, un mausoleo en que se encuentra Lalla Zohra, la hija de un esclavo que se transformaba en paloma todas las noches.

A diferencia de lo que pudimos ver en Estambul, en Marruecos las mezquitas no están abiertas a los no musulmanes. Parece que la ley islámica lo permite siempre que se respeten unas determinadas reglas  (descalzarse, taparse el pelo las mujeres, no armar escándalo…) y sea fuera del horario del rezo. Igual que ocurre cuando entras en un templo o una catedral, vaya… Sin embargo en este caso son algo más estrictos,  herencia del protectorado francés, que fue quien instauró esta norma. Así que no pudimos entrar a su interior y tuvimos que conformarnos con rodearla.

En su lado oeste se pueden ver unas ruinas que pertenecen a una antigua mezquita almohade.

Cruzamos al parque Lalla Hasna, que se encuentra justo enfrente. Llevábamos tan solo unas horas en Marrakech pero ya me quedaba claro que era una ciudad bipolar. Caótica y pausada a la vez. Estresante o relajante según el lugar en que te sitúes. Desde luego este parque es todo lo opuesto a la plaza con sus bancos, sus árboles frutales y sus estanques y fuentes. Y de fondo, el imponente minarete.

Es un verdadero oasis en el que se ve todo muy limpio y cuidado. Las fuentes estaban funcionando, los setos estaban recortados… incluso había gente cogiendo las aceitunas de los olivos.  Está todo pensado al milímetro para que el lugar destaque por su encanto. Hasta los focos estaban tapados por falsas palmeras.

Tras el paseo por el parque y rodear la mezquita, volvimos a la plaza y nos adentramos por uno de sus pasillos hacia los zocos. Y es que Marrakech no se puede entender sin tocar su carácter comerciante y artesano. Los primeros habitantes de la ciudad vivían del comercio con los africanos y con los españoles que cruzaban el Estrecho. Importaban oro y marfil del sur y exportaban al norte artesanía realizada en cuero, metal y cerámica. Hoy en día el comercio sigue siendo el principal motor económico, por lo que los zocos siguen siendo parte del alma de Marrakech.

Este área comercial comienza al norte de la Plaza de Jamaa el Fna y se convierte en un laberinto de callejuelas en las que las pequeñas tiendas y puestos ganan espacio al pasillo exterior, por lo que es una saturación para los sentidos con tanto objeto ante los ojos.

Los zocos están divididos por gremios (alfombras, caftanes, calzado, especias, antigüedades, hojalata, marroquinería, tintoreros…), pero orientarse en ellos es imposible. Aquí no hay mapa ni gps que valgan. Yo sentí que nos dejábamos llevar por la gente. Y es que entre los que van a pie, los que van en bici, una moto que pasa haciéndose hueco de cualquier manera, un señor con un carro vendiendo pastas… si paras, pones tu vida en peligro. Era una primera toma de contacto, por lo que tampoco nos importó mucho el movernos así, aunque he decir que resulta un poco agobiante tanta aglomeración. Eso sí, dado que era tarde, no nos insistieron mucho los tenderos con lo de las compras.

Sin saber muy bien cómo (al menos yo que me pierdo en cuanto me das la vuelta) volvimos a la plaza, y como iba a empezar a atardecer, nos subimos a la terraza de un bar a tomarnos un refresco y ver cómo caía la noche sobre Marrakech. Impresionantes los tonos anaranjados mezclados con el bullicio de la plaza, con el canto de los muyaidines llamando al rezo y con los olores de los puestos de comida. Marrakech en estado puro.

Ya de noche aunque aún pronto (no serían más de las 8 y algo) volvimos a bajar a la plaza para ver cómo había cambiado una vez se habían instalado los puestos de comida. Este es el momento apoteósico de la plaza sin duda. Estuvimos cerca de media hora evitando a los representantes de los diferentes puestos que intentaban captarnos para su negocio. Que si más barato que en el mercadona y Can Roca, que si tenemos pollo a la Pantoja, que si te regalo la bebida, que si yo bebida y postre… Un auténtico estrés, pues a cada paso te sale un nuevo que te enseña la carta, te la recita y te suelta sus chascarrillos. Y les da igual que les digas que es pronto, te dicen que solo mirar y que te quedes con su cara y el número de su puesto. Al final acabamos mareados, pues como bien nos dijo uno de ellos intentando captar nuestra atención: “es la misma mierda en todos los puestos, difiere el precio y el servicio (y si te quieren regalar la bebida o el postre)”. A la tercera vuelta nos sentamos en uno de los puestos y pedimos unas brochetas. Nos pusieron también unos entrantes que no habíamos pedido y que acabaron retirándonos.

Los cuatro platos nos salieron por 300 Dirhams, y como novatada del primer día no está mal. Pero desde luego se puede comer mejor y más abundante en cualquier lugar que no sea la plaza. Pero bueno, había que vivir desde dentro el ambiente.

Con una peste a barbacoa nos volvimos al riad pues al día siguiente había que madrugar. Habíamos quedado entre las 8 y 8:30 con nuestro conductor para iniciar la excursión al desierto y antes había que desayunar y recoger.

Serie Terminada: Veep

Veep es una comedia centrada en la ambiciosa y egoísta Selina Meyer, la Vicepresidenta de Estados Unidos. Se adentra en los pasillos de la Casa Blanca y sigue a la Vicepresidenta y sus intentos por tener relevancia en la vida política y dejar huella en la legislatura. Esta no se siente cómoda siendo la segunda a bordo, y es que parece ser un cargo más simbólico que otra cosa sin poder real. Veep satiriza con el hecho de que el vicepresidente en verdad no cumple ninguna función seria.

Así, la trama gira en torno a su día a día en el cargo junto a su equipo (inicial) en el que se encuentran Amy Brookheimer (jefa de gabinete), Gary Walsh (su asistente), Mike McLintock (director de comunicaciones), Dan Egan (subdirector de comunicación) y Sue Wilson (la secretaria/recepcionista), pero además del arco de cada temporada, cada episodio tiene su propio conflicto autoconclusivo.

No es la primera vez que nos encontramos con una serie centrada en la política de EEUU, así de primeras se nos vienen a la cabeza El lado Oeste de la Casa Blanca, House of Cards o Scandal, pero Veep no tiene nada que ver. En primer lugar porque es la primera que afronta el trema desde la comedia y la sátira política y por otro lado porque principalmente gira en torno al funcionamiento del día a día. Sigue a los trabajadores en torno a ese gran cargo y en cómo van apagando fuegos, escribiendo discursos, planificando actos, decidiendo qué información se comparte con los medios….

En este caso también se diferencia de otras series políticas en que no hace referencia a ningún partido en concreto. Y es que en realidad para lo que quiere contar da exactamente igual, trata de mostrar el comportamiento humano cuando se llega al poder y cómo la política cada vez se ha convertido más en marketing y que lo importante es que los votantes te compren la idea. No hay ideología más allá del dinero y el beneficio propio. Estos son mis principios y, si no le gustan, tengo otros. Por ejemplo, hay un episodio en Meyer está en el previo a un acto y un asesor le comenta que ha habido un tiroteo y han resultado muertas decenas de personas. La preocupación de la protagonista es saber si es “musulmán o blanco” y cuál de las dos opciones le beneficiará a la hora de pronunciar su discurso. Es decir, le es indiferente el culpable o las víctimas, lo único importante es el rédito político que puede sacar.

No obstante, el hecho de que sea una comedia no impide que no sea seria en otros aspectos. Por ejemplo, su escenografía y ambientación están cuidadas al detalle y dotan de gran verosimilitud a las escenas. Tiene en su haber además cerca de una veintena de premios y su protagonista, Julia Louis-Dreyfus, se llevó seis Emmy consecutivos por el papel de Selina Meyer.

Y aunque gran parte del peso de la serie recae sobre Louis-Dreyfus y lo borda, los secundarios no fallan. Mi favorito sin duda es Gary Walsh y su bolso bandolera siempre al hombro. No tiene nada que envidiar a Mary Poppins o a Doraemon. En él lleva de todo, siempre para adelantarse a las necesidades de su jefa. Es la sombra de Meyer, siempre susurrando a su oído los nombres y datos de la gente que se acerca a ella. Sin embargo, es blanco de mofas y no es tomado en serio.

Amy Brookheimer y Dan Egan representan a dos jóvenes sobradamente preparados y adictos a su trabajo. Tienen una meta en la vida y es llegar lo más alto posible. Les da igual las tretas que tengan que usar o a quién se carguen por el camino.  Por otro lado, Ben Cafferty y Kent Davison son su versión veterana. También adictos a su trabajo solo piensan en datos, encuestas, solución de problemas… Ya están cansados de todo, pero en el fondo no pueden vivir si no están continuamente en campaña.

Y luego está Jonah Ryan, el típico chico blanco, pijo y consentido. Entra en la Casa Blanca como becario y comienza al inicio de la serie como enlace entre el Presidente y la Vicepresidenta. Sin embargo, este repulsivo personaje es quizás el que más ha cambiado con las temporadas. Han sabido reflejar en él cómo ha ido cambiando la política. De ser un don nadie acaba presentándose a candidato a la presidencia con una retórica que recuerda a la de Trump. Viendo la serie en 2019 da un poco de miedo, y es que cuando nació en 2012 pretendía hacer parodia poniendo tremendas barbaridades en la boca de sus protagonistas pero hoy la realidad supera a la ficción.

Los diálogos ágiles y muchas veces solapados dan mayor sensación de realismo y transmiten el caos en que se ve envuelto el equipo con una apretada agenda y humos que apagar a cada instante. El humor no cae en los típicos gags, sino que es ácido, crítico y rebuscado. Hay mucho insulto, obscenidad y burradas. Se nota que es de HBO y no de una cadena en abierto.

Aunque ha mantenido el título a lo largo de sus temporadas, la historia y la situación política de Selina evolucionan. Eso sí, consigue mantener el tono y el estilo hasta el final. Siempre está presente la incompetencia de los candidatos, el fracaso y el ridículo, la impunidad ante los delitos, la corrupción, las situaciones al borde del desastre y los tejemanejes de los equipos para ocultar escándalos. Solo cambia el escenario.

Veep podría haber seguido temporadas y temporadas con su crítica a los vicios y trampas del sistema, pues sin duda es una fuente inagotable de contenido. Sin embargo, se ha vuelto demasiado realista e incluso se queda corta, por lo que era un buen momento para cerrarla. El fin de un ciclo político.

Marruecos I. Día 1: Vuelo y llegada a Marrakech

Prácticamente cuando la gente ya estaba pensando en volver de puente, comenzamos nosotros nuestro viaje a Marrakech. Salíamos el sábado a las 11:35, y como no íbamos a facturar y ya llevábamos nuestras tarjetas de embarque, llegamos al aeropuerto una hora antes. Pasamos los controles pertinentes, tomamos el trenecito que lleva a la satélite de la T4 y para cuando quisimos llegar a nuestra puerta ya era casi hora de embarcar. Nos dio tiempo a pasar al baño y poco más, pues salimos muy puntuales rumbo a Marruecos, nuestro primer país de África (que no del suelo africano, pues las Seychelles también cuentan). Y, ¿qué conocíamos de nuestro país vecino? Pues poca cosa, la verdad, pero lo solucionamos en un momento.

Aparte de limitar al norte con España, lo hace al este con Argelia (aunque la frontera se encuentra cerrada desde 1994), al suroeste con el Sáhara Occidental y al sur con Mauritania. Además, tiene una línea costera de 1835 kilómetros sumando la parte mediterránea al norte y la atlántica al oeste. Destaca por sus llanuras (más extensas que las de Argelia o Túnez) y por la gran altitud de sus montañas (el pico más alto de Marruecos y de toda África del Norte está en el Alto Atlas). Cuenta con cuatro cordilleras: el Rif, el Atlas Medio, el Gran Atlas y el Anti-Atlas.

El área hoy ocupada por Marruecos parece haber estado habitado desde el año 8000 a. C. Mucho más tarde se asentaron los bereberes, los fenicios, los romanos, vándalos, visigodos y bizantinos. Aún así, a pesar del cambio de manos, las montañas siguieron bajo dominio bereber. A finales del siglo VII con la llegada del Islam, se produjo una modernización del país convirtiéndose en centro cultural y la mayor potencia regional. Creció aún más cuando varias dinastías bereberes sustituyeron a los idrisíes árabes. Primero llegaron los almorávides y después los almohades (quienes dominaron no sólo Marruecos, sino también gran parte del noroeste del continente y territorios de la Península Ibérica). Acabarían cayendo como consecuencia de varias guerras civiles.

Los siglos XV y XVI estuvieron dominados por la política colonialista de África por parte de Portugal. Al igual que hicieron en la India, construyeron fortificaciones, sin embargo, poco a poco tuvieron que ir abandonando sus posiciones ante los ataques musulmanes. La Corona española también hizo sus movimientos y en 1497 conquistó Melilla. Además, cuando Felipe II fue coronado en 1580 rey de Portugal, las posesiones que aún seguían perteneciendo a los lusos se incorporaron al Imperio Español. Cuando en 1640 Portugal recuperó su independencia, Ceuta sin embargo se quedó integrada en el territorio español. Además, cedieron Tánger a Inglaterra en 1661 como parte de la dote de Catalina de Braganza al casarse con el rey Carlos II.

En 1666 llegó la dinastía alauíta, que consiguió unificar un país dividido y mantener una estabilidad ante constantes ataques españoles y otomanos. Además, en 1684, tras persistentes presiones, consiguieron que los ingleses abandonaran Tánger.

En 1777 Marruecos fue uno de los primeros países en reconocer a los EEUU como nación independiente y en 1783 firmaron un Tratado de Amistad con John Adams y Thomas Jefferson que es el más antiguo de todos los que tiene el país americano.

Durante el siglo XVIII Europa estaba en plena Revolución Industrial y miraba con interés hacia África como fuente de riqueza además de como objetivo estratégico. Francia y España se centraron en Marruecos. España declaró la guerra en 1860 por Ceuta que acabó ganando y además en 1884 creó un protectorado frente a las Islas Canarias.

A principios del siglo XX tanto Francia como España establecieron zonas de influencia en el país y tras una crisis y una posterior conferencia en Algeciras, se permitió tanto a Francia como a España controlar la política de Marruecos. Más tarde, en 1912, con el Tratado de Fez, Marruecos se convirtió en un protectorado de Francia, mientras que Ceuta, Melilla y los territorios del sur fronterizos con el Sáhara Español quedaron bajo el protectorado de España.

En teoría Marruecos sería un Estado autónomo protegido por ambos países pero bajo la soberanía de un sultán. Sin embargo, en la realidad, tanto Francia como España controlaban la Hacienda, el Ejército y la Política Exterior.

Tánger, en 1923, obtuvo carácter de ciudad internacional. Como era de esperar, gran parte de la población marroquí se oponía a esta ocupación colonial y se produjeron varias revueltas llegando incluso a proclamarse la Repíblica del Rif, que ocupó entre 1921 y 1927 la parte norte del actual Marruecos. Sin embargo, españoles y franceses se unieron para declararles la guerra y recuperar el territorio.

Durante el protectorado galo cerca de medio millón de franceses llegaron a Marruecos y se hicieron con las mejores tierras de cultivo obligando a minifundistas marroquíes a vendérselas. También explotaron minas de hierro, cobre, manganeso, plomo, zinc y, sobre todo, los fosfatos de Juribga y Yusufía. Por otro lado, los franceses construyeron carreteras, puertos, ferrocarriles, redes de telefonía y mejoraron la conexiones aéreas. No se preocuparon sin embargo de invertir en vivienda o educación y muchos locales se vieron en la ruina al perder sus fuentes de ingreso tradicionales, sobre todo agricultores o artesanos.

Frente a este abusivo protectorado, aparecieron varios partidos nacionalistas (entre ellos el Partido Istiqlal) que luchaban por una independencia. Ya en la Carta Atlántica elaborada durante la Segunda Guerra Mundial elaborada entre EEUU y el Reino Unido quedaba reflejado que la población tenía derecho a elegir su forma de gobierno.

Durante los años 50 el nacionalismo siguió su expansión llegando a Casablanca, Rabat, Fez, Tetuán y Tánger. Primero comenzaron a apoyarlo la burguesía urbana, pero pronto se unieron también los campesinos. El Partido Istiqlal contaba con el apoyo de Mohammed V y de la Liga Árabe y en 1952 la situación acabó llevándose a la ONU. Francia pronto respondió y un año más tarde mandó al exilio a Mohammed V y colocó al sultán Mohammed Ben Aarafa, lo que provocó un mayor malestar si cabe en la población. Francia no solo gozaba de buena reputación en Marruecos, sino que no consiguió respaldo exterior.

La situación siguió escalando y durante el verano de 1955 en Marruecos se produjo una serie de atentados terroristas contra franceses lo que desembocó en una fuerte represión policial. Sin embargo, cuando en el otoño Aarafa abdicó, Francia, que estaba a la vez luchando una batalla en Argelia y tenía demasiados frentes abiertos, permitió el regreso de Mohammed V y un año más tarde comenzaron las negociaciones por la independencia, que será proclamada el 2 de marzo de 1956 provocando que un mes después Francia abandonara el país. En los dos años siguientes Marruecos recuperó territorios que habían estado controlados por España.

El 3 de marzo de 1961 Hassan II se proclamó Rey de Marruecos y el país se constituyó como una monarquía constitucional y de derecho divino al mismo tiempo. Ahí es nada. Un año más tarde, el 7 de diciembre, se aprobó la Constitución, aunque supuso un distanciamiento entre el rey y los partidos políticos, pues parece que Hassan II no era muy partidario de la democracia (y es que Monarquía y Democracia no terminan de casar bien).

En 1963 estalló una breve guerra con Argelia por sus fronteras conocida como la Guerra de las Arenas. Marruecos exigía el control de Béchar y Tinduf que, durante el protectorado galo, Francia había anexionado a Argelia, que por aquel entonces era su colonia. Durante esta década las tierras pertenecientes a los colonos europeos volvieron a terratenientes marroquíes.

En 1965 tuvo lugar una revuelta en Casablanca, lo que sirvió de excusa perfecta para el monarca para proclamar el Estado de Excepción y suspender la Constitución hasta 1970, cuando se proclamó una nueva. Eso sí, esta ya iba a medida del rey, lo que provocó la oposición de varios partidos políticos. Finalmente acabó aprobándose una tercera dos años más tarde. Durante esos años Hassan II sufrió tres intentos de asesinato por parte del ejército. Parece que no era muy querido.

En 1974 España anunció que iba a dejar el Sáhara y organizar para el año siguiente un referéndum de autodeterminación. Marruecos, que llevaba reclamando el territorio desde su independencia, se opuso a dicha consulta y pidió a la Corte Internacional de Justicia que se pronunciara al respecto. Esta respondió reconociendo que si bien el Sáhara Occidental tenía lazos legales de lealtad con Marruecos antes de la llegada de los españoles; esto no implicaba su soberanía y por tanto reconocía el derecho del Sáhara sobre su autodeterminación. Aún así, en noviembre del 75 Hassan II promovió una marcha civil y pacífica conocida como marcha verde para recuperar el territorio. No obstante, esta ocupación no está reconocida por la ONU y el Sáhara Occidental está considerado legalmente como un territorio no autónomo (aún no descolonizado) sin autoridad administrativa.

En la década de los 80 Marruecos entró en crisis económica, lo que provocó varias revueltas a lo largo del país. Se privatizaron varios sectores, el paro subió, el dirham cayó, hubo fuga de capitales, se recortaron subvenciones a productos de primera necesidad, se recortó en sanidad, educación, se pararon las contrataciones de funcionarios… La situación era crítica y hubo diversas huelgas y manifestaciones.

En los 90 se produjeron varios avances. En 1991 se llevó a cabo una reforma política y entre 1994 y 1996 se realizaron amnistías de presos políticos. En 1995 se reconoció la enseñanza en bereber y en 1996 se volvió a reformar la Constitución. Esta vez todo el Parlamento se elegía por sufragio universal y se creó una Cámara de Consejeros (algo similar a nuestro Senado). Un año más tarde hubo elecciones, aunque con el parlamento muy dividido.

Cuando en 1999 murió Hassan II, ascendió al trono Mohammed VI, quien al poco de suceder a su padre reformó el código jurídico de la mujer. Y más tarde, en 2004 introdujo importantes cambios en el código de la familia (al menos en la teoría). Por ejemplo pasó de 15 a 18 la edad mínima para casarse, quedaron abolidas la poligamia y la tutela del padre o hermano mayor sobre la mujer adulta no casada, las mujeres podrían elegir marido e incluso pedir el divorcio en igualdad de condiciones con respecto a la custodia de los hijos. No obstante, paralelamente también hubo retroceso de las libertades civiles. Cuando en 2003 Casablanca sufrió un atentado terrorista se amplió la prisión preventiva, se aprobó que la policía pudiera entrar en viviendas particulares sin orden judicial, interceptar el correo, las llamadas telefónicas y las cuentas corrientes.

En 2011, como consecuencia de las revueltas de la Primavera Árabe, se promulgó una nueva Constitución que fue respaldada por la mayoría de la población. En este último texto, entre otras medidas, se redujo el poder del rey a favor del Presidente del Gobierno, se garantizó que la Justicia sería un poder independiente y que los ministros serián elegidos en las urnas. Además, había un mayor reconocimiento de los derechos fundamentales y libertades básicas como igualdad de sexos, libertad de creación, expresión y opinión así como de acceso a información pública, de reunión, de manifestación, asociación y afiliación sindical y política; prohibición de la tortura, derecho a no ser detenido arbitrariamente, a presunción de inocencia, a no declarar, a la asistencia jurídica, a juicio justo, a la inviolabilidad del domicilio, a una educación pública, a la propiedad, al matrimonio…

Económicamente el país se ha estabilizado en las últimas décadas. Tiene una importante industria automovilística, siendo el país que más coches fabrica en todo el continente (por delante de Suráfrica). Dado que políticamente también ha estado bastante tranquilo con respecto a otros del continente, el turismo ha seguido creciendo en los últimos años llegando en 2013 a los 10 millones de visitantes. Los principales destinos son Rabat, Casablanca, Tánger, Fez y Marrakech, precisamente nuestro destino.

El vuelo fue muy tranquilo y en algo menos de dos horas estábamos aterrizando. A medida que el avión iba perdiendo altura pudimos ver cómo el paisaje árido y marrón pasaba a ser más verdoso, algo que me sorprendió bastante, la verdad.

El desembarque lo hicimos directamente por escalera a la pista y dado que no teníamos maleta facturada nos fuimos directamente a la salida. Aunque previamente teníamos que pasar por el control de pasaporte. Había varios puestos y aunque parece que los funcionarios no eran especialmente céleres, en unos veinte minutos habíamos pasado el trámite.

En el vuelo la tripulación nos había adelantado una tarjeta de inmigración en la que había que rellenar los datos personales, profesión y dirección durante nuestra estancia en el país. Una vez en la garita hubo que entregárselo al policía para que verificara los datos con el pasaporte. Además, nos hicieron una foto para registrar la entrada. A algunos nos preguntó si era nuestra primera vez en el país, a otros simplemente les realizó las comprobaciones rutinarias y, tras sellar el pasaporte y anotarnos el número de entrada, nos dejó continuar.

Un poco más adelante había otro agente que comprobaba que efectivamente teníamos el sello antes de salir de la terminal. Pero además, antes de salir a la calle había un mini escáner por el que tuvimos que pasar el equipaje. Marrakech se estaba haciendo de rogar.

Preparativos de nuestro viaje a Marrakech

A principios de año, mientras aún estábamos inmersos en los preparativos del viaje a Estados Unidos y Canadá mi hermano comentó que podía estar bien visitar Hong Kong y Macao a finales de año. Tenemos charlas de estas constantemente en las que salen destinos, fechas y planes. Hacemos cábalas sobre puentes, festividades, clima, ofertas… Y a veces salen viajes muy concretos, como este a Norteamérica; mientras que otros, como este a Hong Kong, se tienen que quedar en el tintero para una mejor ocasión. Pensábamos viajar los mismos que en el Road Trip por la Costa Oeste de Estados Unidos, pero con la baja de mi hermano, nos daba igual posponer el destino y buscar otras alternativas (será por globo terráqueo). Así pues, cuando volvimos de Canadá y nos vimos en un cumpleaños familiar el primer fin de semana de junio, valoramos con mi prima qué hacer con esos días de noviembre. Yo puse sobre la mesa tres destinos próximos que llevan en mi lista ya rondando un tiempo: Rumanía, Chipre o Marrakech. Al parecer ella tenía también en mente Marrakech, por lo que no hubo mucho que debatir. ¡Teníamos destino! Si es que somos muy fáciles.

Jugamos con las fechas a ver cuándo nos salían mejor los vuelos y un par de días después, tras tener la confirmación en el trabajo de los días de vacaciones, los saqué. Volaríamos directos con Iberia Express (solo equipaje de mano) por 80€ ida y vuelta.

El siguiente sábado quedamos con varios primos de mi marido y nos preguntaron por el viaje a Canadá así como nuestros próximos planes. Y claro, salió a colación Marrakech. Una de sus primas también tenía ganas de ir desde hacía tiempo, le cuadraban las fechas, el precio de los vuelos y la idea que llevábamos, así que el lunes a medio día, nada más tener confirmados los días, se sacó sus billetes en el mismo vuelo que nosotros.

Creamos un grupo en telegram para presentar a ambas primas y empezar a poner cosas en común, pero de momento el tema quedó un poco aparcado, pues yo estaba inmersa en los preparativos de los Balcanes. Eso sí, ya que estaba mirando coberturas para el seguro de Bosnia, aproveché también para sacar el de Marrakech.

Con la planificación de los Balcanes ya terminada, en el mes de julio empezamos a valorar cómo distribuir los 6 días que íbamos a estar en Marrakech. Pensamos que podíamos dedicar al menos la mitad en hacer alguna excursión fuera de la ciudad, ya que se localiza a medio camino entre Essaouira, una ciudad costera al oeste y el desierto al este. Además, al norte, a unos 250 kilómetros está Casablanca. Rabat y Fez parecían un poco lejanas para tan pocos días, sobre todo teniendo en cuenta que la vuelta la haríamos también desde Marrakech. Encontramos varias empresas que realizaban excursiones al desierto. Hay diferentes tipos, sobre todo teniendo en cuenta el número de días. Si tan solo se dispone de dos, suelen ofertar el recorrido hasta el desierto de Zagora; si se cuenta con tres hasta Merzouga; si se dispone de cuatro a Erg Chegaca y si tenemos hasta cinco días, podemos hacer la ruta Tuareg que para en Zagora y Merzouga haciendo una excursión algo más pausada.

Elegimos la intermedia, la de 3 días, pues parecía que Merzouga era más impresionante que Zagora por tener dunas más altas y arena más roja… Prácticamente todas las compañías ofrecían el mismo itinerario, actividades y paradas. Así que la decisión la tomamos en función de la disponibilidad de fechas. Por ejemplo, en un caso las excursiones salían los sábados, martes y jueves, lo cual no nos servía. Nosotros llegábamos un sábado a mediodía, así que no nos cuadraba la salida (que se hacía a primera hora de la mañana). Y la de los martes llegaba de vuelta a la ciudad el jueves noche pero nuestro vuelo salía a media tarde. Descartando por itinerario y por fechas, finalmente elegimos con la empresa Viajes Marrakech y la siguiente ruta:

  • DÍA 1: Salida de Marrakech pasando por Tizi’nTichka, el alto de carretera más elevado de Marruecos y adentrándonos en el macizo del Atlas para llegar a la Kashba de Ait Ben Haddou, que visitaríamos antes de continuar hacia nuestro destino final del día, Ourzazate.
  • DÍA 2: Saldríamos de Ourzazate y avesando el Valle del Dades y el Valle de las Rosas continuaríamos hacia Tinerhir para adentrarnos después en las famosas Gargantas del Todra. Seguiríamos hacia el sur, pasando por Erfoud y Rissani antes de una parada en el hotel en Merzouga para dejar el equipaje y cambiar a unos dromedarios que nos llevarían al campamento donde pasaríamos la noche en medio del desierto.
  • DÍA 3: Después de disfrutar del amanecer en el desierto, volveríamos al hotel de Merzouga a desayunar y ducharnos antes de tomar el caminio hacia el palmeral del valle del Draa, desviándonos después hacia Ouarzazate, siguiendo hasta el puerto del Tichka hasta llegar a Marrakech y concluyendo la visita.

Ya sabiendo los días que íbamos a estar fuera de Marrakech, nos quedaba buscar alojamiento para los días restantes, por lo que a finales de julio nos juntamos un sábado para buscar hotel. Bueno, en este caso queríamos dormir en alojamiento tradicional en lugar de en una cadena hotelera.  Lo típico en la zona es un Riad, que vendría a ser una construcción en torno a un patio central en el que destacan árboles (generalmente naranjos o limoneros) y agua (ya sea en forma de piscina, fuente o cascada). Suponen un remanso de paz en medio de todo el caos que es la típica medina árabe. No cuesta mucho imaginar de dónde viene la idea de los patios andaluces.

Comparando alojamientos descubrí que algunos se llaman Dar en lugar de Riad. Es el mismo tipo de construcción, pero el Dar es más pequeño, más familiar. No en vano, Dar en árabe significa casa. En cualquier caso, suelen tener una decoración muy cuidada, una atención muy personalizada e incluyen el desayuno. Al final elegimos dos diferentes. El Riad White Flowers para nuestra llegada y el Riad Magi para después de la excursión, ya que el primero de ellos no tenía disponibilidad para ambas fechas.

En septiembre, tras volver de los Balcanes estructuramos un poco por encima los días que íbamos a pasar en Marrakech. Y digo por encima porque con la configuración de la ciudad es difícil hacer una ruta clara. Dado que llegábamos el sábado a mediodía y nos íbamos el jueves a media tarde, contábamos con una tarde, una mañana y un día completo. Dos días en total.

Así, decidimos que la tarde del sábado sería para una toma de contacto con la Medina, pasear por los zocos, ver atardecer en la plaza principal y después vivirla de noche.

El resto quedaba un poco a la improvisación, aunque sí que llevábamos en mente visitar un par de palacios, las Tumbas Saudíes y los jardines de Yves Saint Laurent.

Sabíamos que aunque las mezquitas no nos iban a llevar mucho tiempo, ya que al no ser musulmanes tenemos prohibido el paso (no es como en Estambul, por ejemplo); habría que ver qué tal lo gestionábamos en la medina y, sobre todo, en el zoco, que bien podría llevarnos un par de horas o cuatro (depende de lo que nos gustara y de lo bien que se nos diera regatear).

Y con esto prácticamente quedó cerrado el viaje, ya que, como viene siendo habitual, sacaríamos dinero (la moneda de Marruecos es el Dirham) al llegar al aeropuerto con la Revolut o con la Bnext y teniendo la excursión al desierto y wifi en el riad, ni siquiera nos planteamos llevar alguna tarjeta de teléfono.

Solo nos quedaba la duda de qué ropa llevar, ya que noviembre la media histórica ronda los 24º de máxima y los 13º de mínimas. Sin duda temperaturas agradables gracias a que el sol ya no incide tanto. Con esos números podríamos apañarnos bien con pantalón, camiseta de manga corta/larga y una sudadera, chaquetilla de punto o jersey fino. Para por la noche bastaría añadir una cazadora. Sin embargo, con la excursión al desierto la cosa se complicaba, ya que no solo las temperaturas podían bajar a los 8º por la noche, sino que había que tener en cuenta el factor arena. Así pues, necesitábamos llevar algo de ropa térmica y algún pañuelo o fular para cubrirnos la piel (sobre todo la cara) y así evitar abrasión por la arena.

Y con el tema de la arena nos surgía además otro problema: el cómo proteger el equipo fotográfico, ya que es tan fina que se mete en todas partes. Lo solventamos comprando una funda estanca que aunque está pensada para el agua, nos haría el apaño. Ya in situ a ver cómo nos las apañábamos y si la usábamos o directamente haríamos fotos con el móvil. O incluso simplemente disfrutar del momento, que con tanta tecnología, a veces se nos olvida.

Con todo listo, solo nos quedaba esperar mes y medio a que llegara la hora de embarcar.

Nueva serie “para ver”: Instinct

El verano es buen momento para una revisión de pilotos entre serie y serie. Recientemente llegó el turno de Instinct, el enésimo procedimental en que la policía colabora con un experto para solucionar un caso y esa relación se convierte en algo más permanente. No es nada nuevo, hemos visto este tipo de colaboraciones en Psych, iZombie, El Mentalista, Castle, Einstein o Bones.

Basada en la novela Murder Games de James Patterson, la ficción se centra en Dylan Reinhart, un ex agente de la CIA y ahora profesor de universidad que comienza a colaborar con la policía cuando su libro aparece relacionado con un asesinato. Y aunque ese es el hilo conductor, como procedimental al uso que es tiene un caso semanal y la trama personal de los personajes no influye excesivamente en el desarrollo de la temporada. Sin embargo, a pesar de seguir el esquema clásico de este tipo de series, introduce una novedad, y es que por primera vez en abierto el protagonista es gay (algo que ya ocurre en la novela), y no uno lleno de clichés, no, sino un personaje cuya sexualidad no le define. Parece una tontería, pero es un gran avance, sobre todo para una cadena como la CBS con un espectador cuya edad ronda los 60 años y un género tradicionalmente copado por hombres muy heterosexuales.

Reinhart está protagonizado por el actor Alan Cumming, a quien ya conocíamos de The Good Wife, y sin duda es perfecto para el papel con ese porte británico que tiene. Sabe plasmar la imagen de académico repeinado y que viste chaleco, excéntrico y con una mente brillante. Le acompaña Bojana Novakovic como la detective Lizzie Needham, la típica solitaria que ha perdido a su pareja y no consigue encajar con ningún compañero. No hay mucha novedad en este personaje, al menos así de primeras. Lo bueno es que sabemos que no van a meter un giro de guion que no se sostiene para emparejar a los dos protagonistas incluso cuando no hay química entre ellos, como ocurriera con El Mentalista o Castle. Completan el reparto Whoopi Goldberg como la editora de su futuro libro y Naveen Andrews como su amigo y excompañero en la CIA.

Instinct no es una serie que sorprenda, tampoco es la mayor revelación de la temporada, pero tiene un tono ligero y toques de sarcasmo. Si te gusta el género policíaco, cumple con su objetivo de entretener.

Cuenta con una primera temporada de 13 episodios y este verano se está emitiendo la segunda de otros tantos.