Series Terminadas: Series de Marvel

El consumo de televisión ha cambiado. Con la vida que llevamos, ya no queremos (ni podemos) seguir un horario para ver nuestras series favoritas. Así, cada vez más han ido ganando terreno las plataformas en la que es el espectador el que elige qué quiere ver y cuándo quiere hacerlo. Las televisiones (tanto públicas como privadas) no han tenido más remedio que tomar nota y en los últimos años han ido mejorando sus webs, así como lanzado sus propias aplicaciones donde suben sus contenidos tras su emisión en antena para no quedarse atrás. Tampoco ha querido quedarse descolgada la productora Disney, quien ha decidido sacar también su servicio de streaming: Disney+ (vaya alarde de originalidad, por cierto). Y la verdad es que tiene su lógica, pues catálogo no le falta.

Pero claro, eso significa que ha roto los acuerdos que tenía con otras plataformas para la explotación de sus contenidos. Así, todas las series de Marvel que tenía con Netflix, se han ido cancelando. Quién sabe si se retomarán en Disney+, aunque imagino que depende mucho de la disponibilidad de los actores y, por supuesto, de que les salga rentable. En cualquier caso, firmaron en su día una cláusula que estipulaba que los personajes Daredevil, Luke Cage e Iron Fist no podrían aparecer en ninguna serie o película hasta pasados dos años de su cancelación, por lo que, de querer retomar sus historias, habría que esperar a 2020.

En cualquier caso, dado que poco a poco han ido siendo canceladas, llegó el momento de su visionado en modo maratón. Eso sí, siguiendo el orden que intercala las temporadas de todas las series para mantener la coherencia narrativa:

  1. Temporada 1 de Daredevil
  2. Temporada 1 de Jessica Jones
  3. Temporada 2 de Daredevil
  4. Temporada 1 de Luke Cage
  5. Temporada 1 de Iron Fist
  6. Temporada 1 de The Defenders
  7. Temporada 1 de The Punisher
  8. Temporada 2 de Jessica Jones
  9. Temporada 2 de Luke Cage
  10. Temporada 2 de Iron Fist
  11. Temporada 3 de Daredevil
  12. Temporada 2 de The Punisher
  13. Temporada 3 de Jessica Jones

Matt Murdock, abogado de día y justiciero de noche, es el primero de los superhéroes que conocemos de todos. Unas sustancias químicas le provocaron una ceguera a los 9 años, aunque también desarrolló el resto de sus sentidos y gracias a ello puede pelear sin ver. Le acompañan su amigo y colega Foggy y Karen, que ejerce de secretaria. De los tres, ella es la más compleja e interesante, aunque en la primera temporada aún nos queda mucho por conocer.

Básicamente en los 13 primeros capítulos sirven para presentar al protagonista y descubrir por medio de flashbacks cómo fue su génesis y qué le lleva en el presente a defender su barrio, Hell’s Kitchen, frente a todo mal: corrupción, mafias, tráfico de drogas y personas… Y aunque hay muchos malos por combatir, el villano por excelencia, su némesis es Wilson Fisk, un empresario con delirios de grandeza que, cómo no, guarda una infancia complicada que parece haberle dejado perturbado. Y claro, con esa lucha del bien contra el mal, del débil frente al poderoso, no pueden faltar muchos enfrentamientos, golpes, huesos rotos, sangre… Un esquema bastante clásico de duelo entre héroe y villano.

Y aunque la trama está bien gestionada y cuenta con unos buenos escenarios así como una cuidada fotografía, no terminó de engancharme. No termino de empatizar con Daredevil. Puede que sea por su actor, que es un poco soso. O quizá porque el personaje parece demasiado perfecto, con una ética clara y pocas sombras. También puede que influya el hecho de no termino de creerme lo de las peleas a ciegas.

Sí que me enganchó sin embargo Jessica Jones. Y es que es un personaje más profundo, más complejo. Tiene un pasado oscuro que la atormenta y aunque también tiene cierta ética en cuanto a cargarse a la gente sin más, no sigue la ley al pie de la letra. Jones no quiere ser superheroína ni ser ejemplo de nada, bastante tiene con culpabilizarse a sí misma y ahogar sus penas en alcohol. Sin embargo, cuando ejerce de detective privada acaba teniendo comportamientos bastante heroicos.

Ella va a su rollo con su sarcasmo y la apariencia de estar viviendo un día de mierda tras otro (no hay que olvidar que es una superviviente de abuso y sufre de estrés postraumático). Aunque es capaz de mover cielo y tierra para defender a sus más allegados, como Trish, su hermana.

La temporada es bastante perturbadora como consecuencia del juego psicológico del villano Kilgrave. Sus monólogos generan ansiedad y cierta desesperación. Es complicado luchar contra un antagonista como Fisk que tiene a los poderosos y los representantes de la ley de su lado, pero resulta aún más escalofriante uno que es capaz de meterse en tu propia mente, anularte y dirigir tus actos. Sin duda, un antagonista a la altura de la protagonista.

Acompañan a Jessica la ya mencionada Trish y su vecino Malcolm, dos personajes con caracteres y vidas propias. Aunque ella sea la heroína, ellos no cumplen con el típico cliché de que solo están para que la protagonista les salve, sino que es una relación de ida y vuelta. Suponen un importante apoyo para Jones y una bofetada de realidad cuando ella misma entra en una espiral de destrucción. También conocemos a Luke Cage, con quien hace buena pareja (y no el el aspecto sentimental, sino en cuestión heroica). Ambos son personas reales, con problemas reales y la fuerza como superpoder.

Para mí no hay color entre Daredevil y Jessica Jones, esta última está mucho mejor estructurada, con un buen equilibrio entre heroína y villano, ambos con un gran potencial y a la altura el uno del otro. La fotografía, el relato de fondo, los personajes bien construidos y la acción sin tanta coreografía imposible resultan más verosímiles. Dejando poderes aparte, claro.

Siguiendo la línea temporal volvemos a Daredevil, quien se quitó de en medio a Fisk (ahora está en la cárcel) pero que no por ello ha encontrado descanso. Su nombre se ha hecho popular y le han surgido imitadores. Sin embargo, en el ámbito personal, Murdock está tranquilo, iniciando un acercamiento a Karen. Pero esta calma precede a la tempestad cuando aparece una vieja amiga de su pasado que trastocará todo: Elektra.

Y no solo ella, sino que es una temporada en la que se incorporan tantos personajes que al final Matt acaba perdiendo protagonismo, resultando plano y aburrido. La trama se bifurca en tantas ramificaciones que hay héroes y antihéroes para cada una de las historias paralelas. Que si Elektra y Daredevil buscando a La Mano, Karen intentando ser ahora periodista, la introducción de The Punisher… Y lo malo es que luego no se teje todo como debería y parece que solo hay una sucesión de escenas de acción sin una clara motivación detrás.

Para mí, Daredevil no termina de arrancar. Tiene potencial, pero no me engancha. Por muy traje chulo que se consiga.

La cosa remonta un poco con el momento de conocer a Luke Cage en su elemento. Le habíamos visto de camarero en el barrio de Jessica, pero ahora se ha mudado a Harlem, ¿dónde si no? Y el barrio, habitado por una mayoría negra y latina, resulta tan atractivo como el protagonista. Aquí el contexto social determina más aún el carácter del héroe. Él en realidad, como le pasaba a Jessica, no quiere salvar a nadie, pero cuando ve injusticias y que él podría pararlas, no puede quedarse de brazos cruzados. O sí, porque realmente cuando le atacan no se mueve mucho. Es lo que tiene que seas a prueba de balas.

Sin embargo, a pesar de ser casi una mole indestructible no cae en el cliché de armario empotrado, tipo duro y serio, sino que es un tío simpático, tranquilo y cercano. También aquí conocemos al personaje por medio de flashbacks. Su pasado nos hace entender que sea como es, tanto personalmente como en su faceta de héroe que no sufre daño físico y que se recupera rápidamente de las heridas y lesiones.

No tiene un único villano contra el que luchar, y quizá esto dispersa un poco la trama. Todo el rollo del hermanastro cansa un poco y hace que haya capítulos un tanto lentos y que parecen de relleno. Sin embargo, queda compensado con la fotografía y, sobre todo, la banda sonora.

Pero Luke no está solo contra el mundo, cuando él necesita ayuda tiene a Claire (enfermera que va apareciendo en todas las series) y a Misty, una policía con una buena capacidad de visualizar las escenas de los crímenes y ver más allá.

La temporada no está a la altura de la de Jessica Jones, pero, a mi juicio, por encima de las de Daredevil. Tiene un punto de acción, un toque de sarcasmo y buena música. Le perdono la lentitud y lo del villano.

Mención aparte merece Iron Fist, que no hay por dónde cogerla. El personaje es soso, descafeinado, aburrido con esa pinta de niño rico inocente e ingenuo.

Como en el resto de series, esta primera temporada sirve para ponernos en antecedentes del protagonista. Así, conocemos este Danny Rand que desapareció hace 15 años cuando el avión en el que viajaba con sus padres se estrelló. Ahora reaparece en Nueva York asegurando que se ha criado con unos monjes y es el Iron Fist. Y claro, le toman por loco.

La serie es lenta, el personaje no atrae y tampoco hay acción. Iron Fist muestra más su filosofía zen que su experiencia en las artes marciales. De hecho, a quien realmente vemos pelear es a Collen Wing, quien además no se libra de que venga el otro a darle lecciones.

El resto de secundarios son unos clichés andantes. Quizá se salva un poco Ward Meachum, que se muestra como más complejo. Tiene dos caras, por un lado la manipuladora cuando maneja a su hermana y la compañía a su antojo, y por otro la de títere, ya que en realidad sus órdenes vienen de su padre, quien vive recluido tras haber fingido su muerte.

La villana es Madame Gao, muy en la línea de Fisk, sin embargo, los guiones no acompañan y la trama aburre.

No obstante, la historia sirve para enlazar con The Defenders, un crossover en que se unen los cuatro superhéroes para vencer a La Mano. En realidad no tienen mucha intención de unirse, ya que cada uno está a los suyo. Matt tras la muerte de Elektra ha renunciado a Daredevil y ahora únicamente ejerce como abogado probono; Jessica simplemente prefiere trabajar sola y Luke acaba de volver de la cárcel y bastante tiene con los problemas de su barrio. Sin embargo, parece que no les queda más remedio, pues todos sus caminos llevan a la misteriosa Alexandra, la gran villana.

El gran as bajo la manga de la temporada es la reaparición de Elektra Natchios, cuyo cuerpo ha sido resucitado. Ahora es el Cielo Negro, el arma más poderosa de La Mano. Y aunque parece que los recuerdos de Elektra ya no habitan en ella, sí que surge cierta conexión con Matt.

También reaparece otro personaje del pasado de Matt, Stick, quien le enseñó a pelear tras quedarse ciego. Y es él quien nos cuenta que La Mano surgió cuando Madame Gao, Sowande, Murakami y Bakuto fueron expulsados de K’un-Lun. Son cinco porque cada uno de ellos simboliza un dedo de esta extremidad. Esta organización se ha ido cargando poco a poco a todos los que se oponen a ellos quedando únicamente el propio Stick y el Iron Fist. Aunque no les queda mucho tiempo, ya que parece que necesitan a este último para sus ceremonias de resurrección.

The Defenders podría haber sido omitida y haber sido parte de la temporada de Iron Fist con la intervención puntual a lo largo de los episodios del resto de los superhéroes. O con un crossover que abarcara las cuatro series, como hacen con las de DC (Arrow, Flash, Supergirl y Legends of Tomorrow). Pero aún así, como venimos de donde venimos, resulta entretenida, sobre todo porque tiene algo de acción con coreografías más trabajadas y un punto de humor gracias a las pullas que se lanzan entre los protagonistas cuando intentan rechazar colaborar los unos con los otros.

La última de las series que nos quedaba por conocer es la que se centra en Frank Castle y su alter ego The Punisher. A diferencia de los protagonistas anteriores, Frank no tiene poderes y tampoco intenta salvar a nadie.

Presentado en la segunda temporada de Daredevil ya nos muestra un poco de su mundo de oscuridad y su objetivo en la vida: acabar con aquellos que le arrebataron a su familia. No se oculta en discursos de ética sobre el bien y el mal; es destructor y despiadado y lo hace por sí mismo, para intentar cerrar ese dolor que guarda. Venganza pura y dura. Jon Bernthal borda el papel de tipo duro y torturado, y es que, solo con su presencia, el personaje ya gana verosimilitud.

Cuando cree que ha cerrado ese capítulo de su vida, todo el mundo le da por muerto y él se esconde tras una cotidianidad anodina, descubre que detrás del asesinato de su mujer e hijos hay mucho más. Y cuando tira un poco de los hilos descubre que hay toda una trama que tiene que ver con su pasado como marine en Kandahar. La serie se adentra entonces un una trama de conspiración política, policial y militar poniendo en tela de juicio la política exterior de Estados Unidos en lugares a los que se supone que fue para llevar la paz y donde, sin embargo, sembraron el caos.

El otro personaje que tirará de los hilos es Dinah Madani, agente del Departamento de Seguridad Nacional, quien acaba de volver precisamente de Kandahar y comienza una investigación para esclarecer la muerte de su compañero. Los caminos de Castle y Madani convergerán en determinado momento. Y aunque buscan un objetivo similar, sus métodos son muy diferentes.

El ritmo es bueno, con escenas de acción muy sangrientas y momentos conspirativos al más puro estilo 24 o Homeland. Pero también es verdad que hay alguna subtrama que despista de la principal, que ya de por sí tiene demasiadas ramificaciones. Imagino que querían aprovechar para tratar el tema del estrés postraumático de los veteranos y darle más presencia a Curtis, uno de los mejores apoyos de Frank.

El enemigo a batir en esta serie es el agente de la CIA que dirigía las operaciones de Kandahar, sin embargo, el brazo ejecutor es mucho más cercano y lleva a Castle de vuelta a ese mundo de tormento y pérdida. Es inquietante ir descubriendo el pasado de Billy Russo (quien fuera uno de los mejores amigos de Frank en el frente) y cómo se convierte en el gran villano de the Punisher.

El cierre de temporada con la escena en el tiovivo es brutal tanto visual como narrativamente hablando, ya que es el mismo lugar donde la mujer e hijos de Castle fueron asesinados. Es aquí donde murió su familia y donde nació su antagonista.

La segunda temporada de Jessica Jones retoma la historia tras la muerte de Kilgrave y ser reconocida por su participación con The Defenders. La protagonista sigue haciendo su vida, pero sigue tocada por todo lo que le ocurrió con él y gestionando sus emociones con el alcohol. Jessica continúa siendo la misma: pesimista, cínica, pasota y solitaria, pero a la vez ha evolucionado un poco. De la misma manera que lo hacen los personajes de su entorno.

Por un lado, está Malcolm, que ha abandonado las drogas y crece como personaje convirtiéndose en un importante apoyo para ella en sus horas bajas. Aunque ella intente echarlo de su vida en cada oportunidad que tiene. Y por otro, está Trish, quien gana más protagonismo con este interés por las personas con poderes y va volviéndose un personaje más oscuro. Ella insiste en investigar a la misteriosa y peligrosa organización IGH que parece tener conexión con el momento en que Jessica se convirtió en alguien con poderes tras la muerte de su familia en un accidente de tráfico.

También adquiere más importancia Jeri, la abogada, quien tiene que afrontar cómo vivir con su enfermedad. Además, se incorporan personajes nuevos como Óscar, el encargado del edificio donde vive y trabaja Jessica.

Es bueno que se profundice en el resto de personajes y que no recaiga todo el peso de la trama en Jessica, aunque no quiere decir que quede como secundaria en su propia serie como sí le pasaba a Daredevil. Ella sigue enfrentándose no solo a sus demonios internos, sino además a los nuevos enemigos que aparecen a medida que investiga más sobre su pasado y el origen de sus poderes. Aunque es verdad que el gran villano se resiste a quedar claro hasta que no avanzan los episodios.

Esta entrega adopta un tono más sentimental ahondando en los dramas personales de todos y cada uno de los personajes, lo que hace que sea aún más oscura y deprimente que la primera. No se centra tanto en explotar los poderes de Jessica, sino en el desarrollo de los caracteres y en la parte de misterio sobre la compañía que están investigando. Tiene un toque más detectivesco que la anterior, explotando ese aspecto de la protagonista. Sin embargo, quizá por alejarse un poco de este carácter heroico y también por un villano no tan claro, la temporada resulta un tanto floja.

Y si Jessica había salido a la luz como persona con poderes tras The Defenders, lo mismo le ocurre a Luke Cage. En su segunda temporada intenta gestionar esta creciente fama a la vez que procura volver a su vida. Tiene varios flancos abiertos: por un lado sus preocupaciones normales como persona (casa, trabajo, pareja…), por otro la fama (se vende merchandising con su nombre, hay incluso una app para geolocalizarle) y por último, la lucha contra el crimen en el barrio.

Tras la caída de Cotthonmouth, la nueva villana es Mariah Dillard, quien ya había comenzado a despuntar en la temporada anterior. Su historia es la de una mujer ambiciosa que viene de una familia corrupta desde generaciones atrás. Drogas, prostitución, armas, política… Tocan varios palos. El problema es que abarca tanto poder que llega a resultar un tanto inverosímil. Junto a ella destaca el personaje de Shades, quien a ratos le quita protagonismo.

La trama se enreda porque no solo hay dos bandos enfrentados, sino que hay un tercero: el del jamaicano Bushmaster, que ha vuelto para recuperar Harlem, un barrio que considera suyo por herencia familiar. Así, cada una de las puntas de este triángulo intentará deshacerse de las otras dos.

Durante la primera parte de la temporada Luke se centra en hacer caer a Bushmaster. Sin embargo, no será tarea fácil, ya que además de que el jamaicano tiene también una fuerza sobrehumana, es imprevisible, ya que está un poco tarado de la cabeza. Cuando por fin se enfrentan, la pelea es el punto álgido. Por fin Luke tiene un antagonista con el que luchar de tú a tú. Hasta la fecha apenas tenía que presentar resistencia ante golpes y balas (con excepción de aquella que casi le mata).  De hecho, junto con Jessica Jones, era uno de los personajes con menos coreografías de peleas, ya que con empujar, lanzar o golpear con el puño, se quitaba de encima los obstáculos.

Eliminado Bushmaster de la ecuación, toca librarse de Mariah. Pero para ello debe plantearse un cambio de estrategia. Luke Cage evoluciona a un personaje mucho más prudente con respecto a los capítulos de la tanda anterior. Ahora reflexiona y piensa con astucia antes de actuar.

No solo vemos a un Luke más maduro, también están más trabajados los secundarios. No solo los villanos, sino también quienes acompañan al protagonista. Misty Knight por ejemplo resulta muy interesante con su nueva situación tras perder un brazo en el último capítulo de The Defenders. Siendo policía no puede hacer trabajo de campo y queda relegada a la oficina, donde se siente observada por sus compañeros. Sin embargo, gracias a Colleen Wing aprenderá a luchar de nuevo. Y además, gracias a Danny, Industrias Rand le fabricará un brazo biónico a su medida.

Un Danny Rand que por cierto aparece también en esta temporada para apoyar a Luke. Y la verdad es que la pareja funciona muy bien, hay química entre ellos, algo que ya se había visto en The Defenders.

También gana relevancia – aún más que en la primera temporada – la música y las continuas referencias culturales de personajes relacionados con Harlem. Sin duda todo ello sirve para crear un escenario perfecto. Una pena que no haya tercera entrega, porque la calidad de la serie iba en aumento.

También mejora notablemente la segunda temporada de Iron Fist con respecto a la primera. Aunque claro, no era muy difícil. Retomamos la historia de Danny Rand, quien ha estabilizado su vida con Colleen, ha dejado de estar tan presente en Industrias Rand y ejerce como justiciero ahora que Daredevil se ha retirado. Una vez fuera de la ecuación tanta trama corporativa (Danny nunca terminó de encajar en la empresa), ahora la historia trata de centrarse en el poder de Iron Fist. La serie encuentra su tono y su temática y se consolida como una serie sobre artes marciales.

Esta segunda temporada parece tener un objetivo claro y está mejor definida. Es verdad que el hecho de tener 10 capítulos y no 13 hace que quede menos espacio para alargar la trama innecesariamente, pero también da la sensación de que se trata de una temporada de transición que dirigida hacia un nuevo arco argumental en una tercera que no verá la luz. Y una pena, porque el último capítulo por una vez en toda la serie, despierta interés.

No obstante, aunque Iron Fist haya mejorado, sigue teniendo sus problemas. Y el principal es Danny Rand. No resulta atractivo, es soso y le falta chispa. De hecho, acaba convirtiéndose en un secundario totalmente eclipsado por el resto de personajes. Por ejemplo, destacan mucho más Colleen y Misty.

El gran problema al que tiene que hacer frente Danny en esta temporada es frenar una guerra de bandas en Chinatown. Sin embargo, mientras tanto, tiene que gestionar la animadversión que sienten hacia él dos personas a las que en otro momento de su vida habría considerado casi como hermanos: Joy Meachum y Davos. Ambos se han aliado para planear una venganza. Joey está dolida porque se ha quedado fuera de la empresa para la que ha dado su vida, así que contrata a Mary Walker, una ex-soldado de operaciones especiales con trastorno de personalidad que da mucho juego en la temporada. Davos por su parte se considera el digno heredero del poder del Puño de Hierro y quiere arrebatárselo.

Ward Meachum también interviene en esta temporada, aunque con su propio arco argumental que poco tiene que ver con la historia principal. Intenta enmendar su vida ahora que su padre ya no está en la foto intentando superar su problema de adicción. El personaje está bien configurado, pero creo que distrae de lo realmente importante: la pugna por ser el Iron Fist.

Que por cierto, he de reconocer que no creía que pudiera ser transferible. Es decir, lo es, pero pensé que había algún tipo de protocolo de sucesión. Durante toda la primera temporada, así como en The Defenders, Danny presume de ser el Iron Fist, de haber recibido un entrenamiento durante años para después ganar al dragón… Sin embargo, resulta que el poder se puede arrebatar con una especie de ritual. Independientemente de que quien lo vaya a recibir sea digno de poseerlo.

No obstante, el gran giro de todo esto es que el heredero no es Davos, ni siquiera Danny, sino que parece ser que la digna sucesora es Colleen, ya que es descendiente de Wu Ao-Shi, una Iron Fist del Siglo XVII. Pero justo cuando se ponía interesante llegó la cancelación.

La tercera y última temporada de Daredevil retoma la historia con un Matt Murdock que se está recuperando de lo ocurrido en The Defenders. Destrozado física y anímicamente tras la muerte de Elektra, se ha retirado al orfanato donde se crió y allí le está curando la hermana Maggie. Matt está dolorido, desorientado, sus sentidos fallan a ratos y tiene una crisis existencial. Por medio de flashbacks ahondamos en la historia de esta monja que está siendo un gran apoyo para el protagonista y que intenta convencerle que vuelva a tener fe en Dios y en sí mismo. Y descubrimos, oh, sorpresa, que es nada menos que su madre, que siendo novicia abandonó los hábitos para casarse con Jack Murdock y que poco después, tras padecer una depresión postparto, volvió a tomarlos.

No es el único secreto que se desvela en la temporada, ya que Matt decidirá ir a ver a Karen (quien cree que está muerto) y confesarle que es Daredevil. Los tres amigos se habían distanciado por los últimos acontecimientos, pero Murdock está decidido a poner en orden su vida y retomar aquella amistad. Esto sirve para conocer mejor no solo al protagonista, sino a los secundarios. Así, la serie se adentra en esta entrega en el pasado de todos ellos. Y descubrimos que Karen es un personaje muy complejo e interesante. Hay todo un arco argumental en que los vemos cómo los tres son más fuertes individualmente de lo que lo eran al principio de la primera temporada (todos han madurado), pero también cómo cuando se unen, son capaces de cualquier cosa. Como por ejemplo, vencer a Fisk.

Porque sí, el villano sigue haciendo de las suyas. Por un lado ha decidido hacer un trato con el FBI para eludir su condena. Les convence de que les va a dar información suficiente como para empapelar a un montón de gente, pero como siempre, está manipulando a su antojo. Además, ha descubierto que Matt es Darevil, por lo que intentará por todos los medios acabar con él. Y no le hace falta tenerlo delante, sino que comienza una campaña de desprestigio hacia el héroe de Hell’s Kitchen haciendo que otro le suplante y cometa todo tipo de crímenes.

Esta temporada supone un salto cualitativo con respecto a los anteriores. Por un lado, la trama está mucho más centrada gracias a capítulos que mantienen la tensión y tienen una buena estructura. No hay peleas de relleno porque falta guion, sino que siguen cierta coherencia. Por otro lado, los personajes están mejor desarrollados, por lo que vemos sus luces y sus sombras, sus conflictos… Un claro ejemplo es el de Matt, por supuesto, pero también el de Karen o Wilson Fisk, pero también el de los nuevos como son Ray Nadeem (el agente del FBI que intenta resistirse a la corrupción que le rodea) o Poindexter (la marioneta de Fisk que se pone el traje de Daredevil). Y finalmente, lo que hace de esta última entrega de Daredevil la mejor de las tres, es que mientras ha enfrentado a héroe  y villanos ha puesto sobre la mesa conflictos humanos como la soledad, la culpabilidad, la pérdida de la fe, la sed de poder, la corrupción… que llevan al espectador a la reflexión.

Aunque cancelada, también deja abierta la continuidad de la historia con la génesis de Bullseye, el alter ego de Poindexter.

Y en la última de The Punisher también vemos el nacimiento de un nuevo villano para nuestro protagonista más sanguinario: Puzzle.

Billy Russo, el que fuera amigo de Frank en Afganistán y se convirtiera en enemigo en la primera temporada, afronta esta nueva recuperándose de sus lesiones. Ha vuelto a ponerse en pie y guarda bastantes cicatrices en el cuerpo. Y no solo por fuera, sino también mentales, ya que no recuerda gran cosa de lo que le ocurrió. Sí que tiene sueños (o pesadillas) sobre los sucesos del tiovivo y le persigue la imagen de una calavera, pero de momento no consigue unir los puntos, algo que le tiene totalmente desestabilizado mentalmente. Apenas recibe visitas, tan solo de su psiquiatra y de Madani, que lo único que quiere es asegurarse de que no mejora.

Frank por su parte se ha marchado de la ciudad e intenta seguir con su vida alejado de los conflictos con la nueva personalidad que le han facilitado tras ayudar a capturar a Russo. Para en un bar de carretera, se toma una cerveza, intima con una de las camareras y tienen su momento de confesiones y casi de familia con el hijo de ella… parece que tiene el respiro que estaba buscando. Sin embargo, todo se tuerce cuando se cruza con Amy, una adolescente que está huyendo y acaba en ese mismo bar. Castle, con su capacidad de observación y entrenamiento, pronto detecta que pasa algo y se convierte en su protector.

La trama se bifurca entonces en dos problemas y dos villanos. Por un lado está Billy retomando su lado psicópata y por otro una secta que persigue a Amy. Y en medio The Punisher intentando pararlos a todos. La combinación de estos dos hilos conductores permite ahondar en dos Franks diferentes. Por un lado el más violento, el que ya estamos acostumbrados a ver, ese que no duda en disparar antes de preguntar. Pero por otro, se ve a un Castle más humano, más emocional, sobre todo cuando trata con Amy.

Para unir ambas historias están Madani y Curtis. Cuando en el tercer episodio (brutal todo el capítulo de acoso a la comisaría) Frank se ve descubierto y con Amy en peligro, acude Seguridad Nacional y vuelve a casa para investigar sobre los enemigos de la joven. Pero cuando llega y descubre que Russo está campando a sus anchas, recurrirá a su amigo Curtis para trazar una estrategia. Es una temporada más violenta y con más acción que la anterior. Los episodios ganan en ritmo y calidad, aunque fallan un poco los villanos. Por un lado los movimientos de Puzzle resultan un tanto repetitivos y por otro el sicario religioso resulta más espeluznante cuando no sabemos nada sobre él que cuando se ahonda en su historia.

A diferencia del resto de series, el final, aunque un tanto abierto, sí que podría ser conclusivo.

Y recientemente, llegó la última temporada de Jessica Jones, que retoma el carácter de la primera olvidando un poco el desvarío de la anterior (aunque ha servido para sentar las bases de esta). La investigadora ha ganado popularidad y ahora está desbordada de casos en su despacho. Incluso tiene una nueva asistente en el lugar que antes ocupaba Malcolm. En medio de la nueva rutina recibe una petición especial de Dorothy Walker: encontrar a Trish, con quien Jessica no mantiene precisamente una buena relación después de que matara a su madre. Así, la primera parte de la temporada gira en torno a Trish, en cómo ha cambiado su vida ahora que es una superheroína.

Las cosas no quedaron bien a finales de la temporada anterior y se masca la tensión entre ambas, sin embargo, Jessica no dudará en intervenir cuando cree que Trish se va a meter en problemas como consecuencia de su ceguera por ejercer de justiciera. Jones se empeña en que su hermana se mantenga al margen de las calles, pues considera que no está pensando antes de actuar, pero Walker lleva tiempo deseando tener poderes como para quedarse ahora cruzada de brazos. Por fin tiene lo que tanto ansiaba.

Esta primera parte sirve además para seguir los pasos de un Malcolm ahora independizado de Alias y de Hogarth y asociados, así como para descubrir en qué punto de su enfermedad se encuentra Jeri. En cuanto a los personajes nuevos, cabe destacar a Erik, cuyo poder es tener jaquecas cuando se encuentra próximo a alguien con maldad, con mal aura, con alma negra. Y por supuesto, poco a poco vamos conociendo al que será el villano, Gregory Sellinger, un psicópata cuyo interés es acabar con la gente con poderes. No es tan interesante como Kilgrave, aunque en cierta manera también juega con la mente de sus víctimas. Eso sí, a un nivel más mundano, jugando con la psicología y ahondando en las pasiones humanas. Gracias a su aparición Trish y Jessica iniciarán un acercamiento que servirá para limar asperezas y volver a ser las hermanas que eran, que se preocupaban la una de la otra y ayudaban en los peores momentos. El mejor ejemplo es cuando Jessica se encarga de limpiar y cuidar a Trish después de que esta intente asesinar a Sellinger.

Por momentos podría parecer que la serie se centra demasiado en Trish (no en vano sirve para presentar el nacimiento de su alter ego, Hellcat), pero en realidad la evolución de este personaje sirve para entender a Jessica y los pequeños cambios que esta ha ido incorporando a lo largo de los capítulos aceptando cada vez mejor su propio papel de superheroína. Con esta trama Jessica Jones vuelve a tocar los dramas personales y los momentos de oscuridad propios de la primera temporada. Sobre todo plantea la duda de si todo vale a la hora de acabar con el mal. Y pone como contrapunto a Trish y a Jessica. Mientras que la primera se deja llevar por su sed de venganza y acaba perdiendo el norte; la segunda sin embargo intenta mantener la cordura y gestionar mejor los problemas evitando repetir malas decisiones. Y por eso, pese a que le duela, manda a Trish a la cárcel.

Esta tercera temporada ha cerrado con unos personajes más maduros y ha conseguido mantener el interés a lo largo de los 13 capítulos a pesar de darle mayor importancia al dramatismo y menos a la acción. Y como en The Punisher, cierra con un final que bien podría ser definitivo, aunque también retomable en un futuro. Pero eso queda ya en manos de Disney.

Balcanes XII. Rumbo a Split

Abandonábamos Zagreb y poníamos rumbo a Split, la principal ciudad de la región de Dalmacia, la capital del condado de Split-Dalmacia y la segunda ciudad con más habitantes del país después de la capital. Asimismo es un importante puerto pesquero y base naval del Adriático. También es un centro cultural y turístico importante gracias a sus playas y a la ciudad antigua declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979.

En la época de la Antigua Roma Dalmacia era una de las provincias del Imperio. En Salona, la que fuera su capital, y hoy conocida como Solin, nació en familia humilde un niño que se convertiría años después en el emperador romano Diocleciano. De mayor, este emperador que fue el primero en abdicar (en Maximiliano), se hizo construir un palacio en su tierra natal para retirarse. Al final solo vivió en el tres años, pues se acabó suicidando, pero siguió ocupado durante 300 años por sus sucesores.

La construcción, a pesar de haber nacido con una función residencial, tenía un corte militar y resultaba prácticamente inexpugnable. Así pues, cuando a principios del siglo VI los bárbaros arrasaron Salona, la gente se refugió en su interior convirtiendo el palacio en una ciudad fortificada y el mausoleo en la catedral de la ciudad.

Entre el 812 y 1089 Spalato (el nombre latino de Split) estuvo bajo el dominio del Imperio Bizantino, aunque conservó cierta autonomía.

A comienzos del siglo XII pasó a manos húngaras, pero seguían con ciertas concesiones, pues podían redactar sus propias leyes municipales e incluso acuñar su propia moneda. También respetaron la autonomía los venecianos, quienes llegaron en 1420, aunque quedaban bajo el control de un gobierno municipal dirigido por un príncipe-capitán veneciano. Esta etapa fue la más próspera, gracias en parte a que muchas familias venecianas de la aristocracia se mudaron a la ciudad y esta fue expandiéndose más allá de las murallas.

En 1797 Napoleón disolvió la República de Venecia y Spalato pasó a manos austriacas. En 1809, tras la Batalla de Wagram quedó bajo el dominio francés formando parte del Reino napoleónico de Italia. Más tarde se integraría en las Provincias Ilirias. Poco a poco, con los últimos movimientos, la población italiana fue disminuyendo a medida que aumentaba la croata.

Cuando el Imperio Austrohúngaro desapareció, Dalmacia se integró en el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. En 1919 Spalato fue renombrada oficialmente en croata como Split.

Con la invasión de Yugoslavia por parte de los ejércitos del Eje, fue ocupada por Italia en abril del 41 y en mayo pasó a pertenecer a la Gobernación de Dalmacia del Reino de Italia. Fue liberada en septiembre de 1943 por las brigadas de Tito, aunque una semana más tarde quedó ocupada por el Estado Independiente de Croacia, de corte fascista. Fue finalmente recuperada por los partisanos el 26 de octubre de 1944 convirtiéndose en la capital provisional de Croacia hasta el fin de la guerra.

Entre 1945 y 1990, Split fue el centro administrativo de Dalmacia.

Hoy, a unos 400 kilómetros de la capital, es una de las principales ciudades para visitar en el país, no solo por su casco histórico y sus playas, sino porque también sirve como nexo para visitar las islas de Croacia gracias a los ferris que salen de sus puertos. También une Croacia con Italia gracias a la ruta con Ancona. Además del turismo, su economía se basa en la industria naval y en la viticultura.

Nosotros abandonamos Zagreb muy pronto, ya que teníamos el tren a las 7:35 de la mañana. El día anterior en Liubliana ya habíamos hecho compra para desayunar y picotear durante el viaje en previsión de poder aguantar las seis horas que duraría el viaje. Y la verdad es que se me hizo más ameno de lo que pensaba. El tren era bastante moderno y cómodo, además las vistas acompañaban.

Se trata de una ruta panorámica que pasa por zonas menos pobladas del país y atraviesa montañas. Cuando te quieres dar cuenta de repente aparece ante tus ojos la costa y en apenas unos minutos has llegado a Split.

Eso sí, la llegada no es muy glamurosa, puesto que la estación de tren claramente necesita un repaso, y no solo de pintura.

Hacía un calor horroroso y teníamos hambre, por lo que no perdimos mucho tiempo y nos fuimos en busca de nuestro apartamento, que estaba a unos 10 minutos de la estación. Bueno, realmente llamarlo apartamento era mucho, ya que realmente era un local en el bajo de un domicilio que había sido reacondicionado con fin meramente turístico. En un mismo espacio contábamos con dos camas, un sofá cama, un armario, una mesa con tres sillas y una cocina metida con calzador.

El baño sin embargo no estaba mal y tenía unas dimensiones algo más razonables.

Solo íbamos a estar una noche, así que no nos preocupaba mucho, pero la verdad es que para una estancia más larga habría sido claustrofóbico.

Nuestra anfitriona nos explicó dónde estaban las cosas en el pequeño apartamento y después nos mostró en un mapa los puntos más relevantes de la ciudad. Tras despedirnos de ella y de su madre, nos dirigimos a un supermercado para hacer algo de compra. No solo necesitábamos comida, sino que también queríamos dejar zanjado el desayuno y el picoteo del día siguiente, pues teníamos el bus bastante pronto también para Sarajevo. Y bastantes horas en la carretera.

Solucionamos la comida con una ensalada, unos paquetes de pasta fresca y tomate frito. No es que la cocina permitiera mucho movimiento, pero al menos nos daba la posibilidad de comer caliente.

Como habíamos madrugado y hacía demasiado calor para salir a la calle, decidimos echarnos un poco de siesta para reponer fuerzas, y salimos a recorrer la ciudad ya a media tarde.

El asesino del Zodiaco, Fox in a Box

En el mes de junio, por cuadre de agendas, no hicimos ninguna sala de escape, sin embargo, este primer fin de semana de julio, aprovechando que además estaba mi hermano por aquí, reservamos para el Asesino del Zodiaco, en Fox in a box, una empresa que ya conocíamos. De hecho, el Búnker fue nuestra primera vez en este mundillo. El año pasado además repetimos en Sarajevo.

Nada más llegar, lo primero fue pagar, guardar nuestras cosas en la taquilla y rellenar la hoja de protección de datos. La sala de espera de Fox in a Box está estructurada en diferentes mesas, de forma que según la sala que vayas a jugar te mandan a una u otra y así no se solapan los Game Masters con sus explicaciones. La nuestra, Ana, fue muy maja. Una chica muy risueña y vivaz que tras saber que teníamos experiencia, se saltó la introducción y pasó a las recomendaciones, forma de pedir pistas y normas. En realidad, nada fuera de lo habitual: no usar la fuerza bruta, nada por encima del techo ni debajo la moqueta…

Y con los aspectos prácticos claros, comenzamos nuestra visita. Porque como suele ocurrir en Fox in a Box, hay una introducción teatralizada. En esta ocasión, Ana era nuestra guía en el tour “En la piel del asesino”, una atracción turística que nos lleva por diferentes localizaciones relacionadas con los asesinos más famosos de la historia para aproximarnos de alguna manera a entender cómo funcionaban sus mentes. La primera parada fue en San Francisco, en la casa de Zodiac, un asesino en serie del que aún se desconoce su identidad y que confesó haber matado a 37 personas en la década de los 60 del siglo pasado (en realidad la policía solo confirmó 7 víctimas, 2 de las cuales consiguieron sobrevivir). Todo parece ir bien durante la visita guiada, pero algo se tuerce y tenemos 60 minutos para conseguir escapar.

Aunque no puedo revelar gran cosa para no reventar la sala, he de señalar que el comienzo engancha desde un primer momento, pues tiene una presentación muy original y divertida.

Al buen fondo (una buena historia real) y a una magnífica introducción se une un tercer factor: una cuidada ambientación. La sala no es muy grande, pero tiene una atmósfera un tanto sórdida y lúgubre tal y como se espera de la temática que nos ocupa. La ambientación está muy cuidada con muebles y elementos de decoración típicos de la época en que nos situamos. Además, la luz tenue, los efectos de sonido y las intervenciones de la Game Master contribuyen sin duda a una completa inmersión en el juego.

El comienzo, aunque no era novedoso para nosotros, sí que nos descolocó un poco y nos costó arrancar. Nos enredamos con varias cosas y finalmente Ana tuvo que guiarnos un poco porque vio que se nos estaba yendo el tiempo y nos estábamos complicando demasiado. Al final, como siempre, todo es más sencillo de lo que parece. A partir de ahí la cosa fue algo más rodada y comenzamos a rebuscar y remover todo buscando en cada rincón, resolvimos enigmas, abrimos candados y entramos en una buena dinámica siguiendo el hilo conductor de la historia. En general, es un juego no lineal en el que predominan las pruebas mecánicas y electrónicas y apenas hay un par de candados. Únicamente nos atascamos con una clave y pedimos una pista.

En esta ocasión el sistema de pistas funcionaba por medio de un interruptor, y tras pulsarlo, nuestra Game Master nos mostró una imagen en pantalla. En realidad esta ayuda no nos sirvió de mucho, pues ya habíamos asociado bien la idea para resolver la prueba. Sin embargo, le dimos una vuelta y descubrimos que estábamos bailando un par de números. A partir de ahí, seguimos jugando.

Cabe remarcar que este sistema de pistas está limitado a 10 minutos, por lo que después de pedir una, habría que esperar ese tiempo para solicitar una nueva. En nuestro caso, afortunadamente, no nos supuso un problema pues volvimos a meternos de lleno en la historia.

Esta vez éramos cinco integrantes y en este primer tramo del juego nos compenetramos bastante bien rastreando, visualizando las soluciones e intuyendo para qué iban a servir las piezas de puzles que íbamos encontrando. Para cuando llevábamos 30 minutos de juego pasamos a la siguiente fase. Aunque casi nos quedamos esperando a que alguien se decidiera a activar el mecanismo…

En esta segunda parte íbamos un poco acelerados, pues nos daba la sensación de que íbamos muy mal de tiempo. Sin embargo, seguimos con un buen ritmo y solo tuvimos que pedir otra nueva pista ya casi hacia el final porque habíamos encontrado unos objetos que no sabíamos muy bien qué hacer con ellos y nos impedía avanzar. Con la ayuda de Ana de nuevo encauzamos y casi sin darnos cuenta estábamos fuera con un tiempo de 41:24 y cierto bajón. Y es que pensábamos que nos quedaría al menos otra sala.

La sensación general una vez fuera fue buena. Nos había gustado la historia, la introducción tan entusiasta, la ambientación, el tipo de pruebas, los elementos sorpresa, la tensión, cómo está hilado todo, la participación equilibrada de todos los participantes (a veces hay quien sale con la sensación de no haber aportado al equipo), la percepción de que la Game Master estaba continuamente pendiente… Sin embargo, había un poso de decepción al fondo por la duración. Sin duda se nos hizo muy corto.

El tipo de enigmas hace que la dificultad sea intermedia y adecuada para un grupo de 4-5 personas. Quizá con 6 no haya pruebas para todos.

En cuanto a lo que se podría mejorar, yo diría que todo nos funcionó correctamente y había un buen mantenimiento de los elementos del juego. No obstante, dejando a un lado la cuestión de la ausencia de una tercera sala, diría que tendrían que revisar el hecho de que una de las pistas sea obtenida de una grabación en inglés. En primer lugar porque este idioma no es un requisito para participar, y segundo porque la calidad del audio era lamentable y no era fácil de oír (cuanto menos de descifrar). Por lo demás, como digo, todo bien cuidado, hilado y teniendo cierto sentido.

Volveremos, aunque antes probaremos más salas de otras empresas, que hay mucho donde elegir.

Balcanes XI. Recorriendo Liubliana III

Seguimos caminando por la ribera del río valorando las opciones para comer. Como no queríamos perder mucho tiempo, pensamos que la mejor opción era buscar una panadería/pastelería. Encontramos un pequeño supermercado en que tenían una zona con bocadillos y este tipo de bollos de hojaldre tan típicos de la zona. Así que nos hicimos con un surtido, algo de beber y nos fuimos al Parque Zveza (Parque Estrella).

El alargado llevaba carne y estaba un poco especiado, con un toque picante. El de en medio sabía a pizza, pues llevaba una salsa de tomate con orégano (además de pollo) y el redondo era como una tartaleta de queso. Ricos y contundentes por unos 5€. De postre, acabamos las moras que nos habían quedado de media mañana, antes de que se nos pusieran malas.

Tras comer y descansar un rato las piernas, continuamos nuestra ruta, no sin antes dar una vuelta al parque.

En realidad el parque forma parte de la Plaza del Congreso (Kongresni trg), un lugar en el que han tenido lugar momentos importantes de la historia del país, como por ejemplo la proclamación de la independencia del gobierno austriaco-húngaro y el establecimiento del Estado de los Eslovenos, Croatas y Serbios en octubre de 1918, el discurso de Tito tras la II Guerra Mundial o la manifestación del 22 de junio de 1988 por la liberación de cuatro periodistas eslovenos que habían sido encarcelados por el ejército yugoslavo que marcó el inicio de la primavera eslovena y condujo a la declaración de la independencia de Eslovenia el 25 de junio de 1991.

La plaza fue construida en 1821 sobre las ruinas de un monasterio medieval capuchino. En ella se estableció el Congreso, de ahí su nombre, aunque lo cambió por Plaza de la Revolución (Revolucije Trg) durante el período comunista. En el lugar que se ubicaba el Congreso de 1902 a 1918, ahora se halla el edificio de la Universidad de Liubliana, la mayor y más antigua universidad eslovena (de hecho hasta la década de los 80 del siglo pasado que se inauguró la de Maribor, era la única).

Fue fundada tras la caída del Imperio Austrohúngaro ante la necesidad de crear una institución en la que se enseñase en esloveno. Hasta el momento los estudiantes tenían que desplazarse a universidades cercanas como Zagreb o Viena.

En el extremo opuesto se encuentra el edificio neoclásico Kazina, usado durante siglos como centro de la vida social de la clase alta de los habitantes de la ciudad.

A él se acudía para relacionarse, así como para ponerse al día con los acontecimientos del mundo político y literario. Contaba con cafetería, dos salas de juego para no fumadores, salas de lectura, sala de billar, un salón para 400 personas, cocina y dos comedores. A finales de siglo XIX se convirtió en el centro de la vida social de los alemanes que residían a la ciudad y fue su lugar de reunión hasta 1921, cuando el edificio fue tomado por el Partido Demócrata Yugoslavo Liberal. Pasó entonces a ser el punto de encuentro de la burguesía liberal eslovena.

Durante la II Guerra Mundial fue ocupado por soldados italianos y se convirtió en la sede de la provincia. Tras la contienda albergó una escuela de danza y acogió varias secciones de instituciones como los Archivos de la República de Eslovenia o el Instituto de Historia Reciente.

En 1954, cuando la distribución del Territorio Libre de Trieste finalmente dio a Eslovenia una salida al mar, se colocó frente al edificio un ancla de un barco italiano que fue hundido durante la guerra.

Al sur de la plaza, cerca del antiguo edificio del Congreso destaca el de la Orquesta Filarmónica Eslovena (Slovenska filharmonija).

Como consta en su fachada, tiene su origen en 1701 cuando se creó la Academia Philharmonicorum. Hacia finales de siglo sería sucedida por la Sociedad Filarmónica, en la que participaban Beethoven, Haydn o Brahms. El edificio, diseñado por Adolf Wagner en estilo neo-renacentista, es posterior. Data de 1891y se asienta sobre los cimientos del antiguo Teatro Estate (Stanovsko gledališče) que acabó destruido en 1887.

En la parte superior del parque nos topamos con más restos de las murallas de la ciudad de Emona. Y es que en la época romana la plaza era el lugar en que se encontraba el cementerio.

Frente a las ruinas se erige la Iglesia Ursulina de la Santísima Trinidad, un templo barroco que data de 1726.

En su diseño intenta aludir continuamente al simbolismo de la trinidad, haciendo un uso continuo del número 3. Así, la parte central de su fachada cuenta con tres hileras de ventanas, con dos grupos de tres columnas y el tejado hace tres aguas.

En 1927 siguiendo los planos de Plečnik para la replanificación de la plaza frente a la iglesia se colocó una copia de la Columna de la Santísima Trinidad (supuestamente creada por Francesco Robba en 1722). La original se conserva en el Museo de la Ciudad.

Y de la Plaza del Congreso nos dirigimos a otra plaza importante, la de la República (Trg republike), que se encuentra justo detrás. Es la plaza más grande de la ciudad y no es que destaque precisamente por su belleza, pero es el centro político, cultural y de negocios de Liubliana. Además, tiene un importante valor histórico y simbólico, ya que es donde se declaró la independencia del país en junio de 1991. Bautizada al principio como Plaza de la Revolución, fue proyectada en 1960 por el arquitecto Edvard Ravnikar en un espacio que había pertenecido a los jardines del Monasterio Ursulino.

Queda rodeada por las dos torres del Banco de Ljubljana y del edificio de oficinas TR3, el Centro Cultural y de Congresos (Cankarjev Dom) el centro comercial Maximarket y la Asamblea Nacional de la República Eslovena.

Además, en un lateral de la plaza hay varios grupos escultóricos. El Monumento a la Revolución del escultor Drago Tršar (Spomenik Revolucije) fue inaugurado en 1975 y según el autor representa un conjunto de encuentros, luchas y victorias revolucionarias.

Intentó contrastar el movimiento de masas frente a la opresión. Así, mientras el lado izquierdo simboliza la opresión de la nación a lo largo de su historia; por contra, en el derecho,como reacción a dicha opresión, el pueblo despierta y comienza la revolución. Aunque no es realista en su representación, sino que es abstracta, es una escultura socialista en su concepción, ya que en lugar de centrarse en el individuo lo hace el espíritu colectivo, en la fraternidad y unidad del pueblo representando a una sociedad con el puño en alto.

Cruzamos hacia el parlamento, junto al que se extiende un parque en el que se halla el sepulcro de los héroes nacionales.

En el mismo parque también podemos encontrar varias estatuas, así como el Museo Nacional de Eslovenia, en un palacio renacentista construido entre 1883 y 1885.

Nada más salir del parque llama la atención el edificio de la Ópera de Liubliana, construido entre 1890 y 1892 en estilo neo-renacentista y que alberga el Teatro Nacional, la Ópera y el Ballet de Liubliana.

A su inauguración se convirtió en un importante centro de la cultura nacional. Pero además de obras de teatro y ópera en esloveno, también acogió actuaciones en alemán hasta 1911 que se construyó el Teatro Drama. Durante la I Guerra Mundial cesó el programa de representaciones teatrales y tan solo se proyectaron películas. Fue después de ella, en 1919, cuando se recuperó el edificio para su función original convirtiéndose en la sede nacional de la ópera y el ballet.

Hoy cuenta con un amplio repertorio de óperas, ballets y conciertos. Además, acoge eventos sociales como recepciones o cenas de gala.

En su fachada destaca la entrada principal, adornada por un frontón triangular que descansa sobre columnas jónicas. En dicho frontón se pueden ver diferentes figuras relacionadas con el arte dramático, como querubines portando instrumentos musicales. Por otro lado, en los nichos de las fachadas laterales destacan las esculturas alegóricas de la Comedia y de la Tragedia, que quedan enmarcadas por cuatro medallones que simbolizan la épica, la tragedia, la ópera y la opereta.

Desde la ópera enfilamos la calle Cankarjeva, que era parte del paseo que conectaba el castillo con el parque Tivoli. Hoy es una de las principales arterias comerciales de Liubliana.

La calle nos llevó de vuelta a la plaza Prešeren, animada como siempre. Habíamos vuelto prácticamente al inicio de la ruta, pero aún nos quedaba alguna cosa por ver. Tomando el Puente Triple cruzamos el río hasta la Ribji Trg, una pequeña plaza en la que entre el siglo XVI y el XIX tenía lugar el mercado de pescado. Es aquí donde se encuentra la casa más antigua de Liubliana, la Polževa hiša, que fue construida en 1528. Sobre su entrada se conserva el escudo de armas de su propietario, Volbenko Posch, un rico comerciante que llegó a ser alcalde.

En el centro de la plaza hay una pequeña fuente de segunda mitad del siglo XIX. Aunque fue colocada en esta ubicación en 1981 desde un jardín cercano al castillo de Tivoli.

Volvimos sobre nuestros pasos para recorrer la margen del río tranquilamente descubriendo rincones que nos pudiéramos haber dejado durante la mañana y más que lugares, lo que nos sorprendió fue encontrar a un señor paseando una cría de avestruz. ¡DE AVESTRUZ!

Aún en shock continuamos paseando y cruzamos al Mercado Central, que nos lo habíamos saltado.

En sus aledaños ya no había tanto movimiento como por la mañana cuando lo pasamos de largo de camino al castillo, pero aún quedaban algunos puestos, sobre todo de artesanía, ropa y souvenirs, así que nos dimos un paseo tranquilo buscando qué llevarnos de recuerdo. Aunque parecía obvio que tenía que tener un dragón.

Teníamos los trenes de vuelta a Zagreb a las 14:45 (ya lo habíamos dado por perdido), a las 18:32 y a las 21:05. Como este último nos parecía muy tardío porque llegaba al destino casi a media noche, nos pusimos de límite las 6 de la tarde para estar en la estación. Aún eran poco más de las cuatro, pero nos quedaba por ver Metelkova mesto cerca de las vías, así que emprendimos el regreso tranquilamente para que nos diera tiempo y aún así llegáramos con soltura para recoger las mochilas antes de tomar el tren.

Pero antes de continuar, hicimos una parada en el parque Hrvatski trg, próximo a la iglesia católica de San Pedro (Cerkev Sv. Petra). No eran aún las cuatro de la tarde y el sol pegaba con fuerza. Dado que no llevábamos prisa, decidimos que era un buen lugar para sentarnos un rato.

Esta iglesia es una de las más antiguas de la ciudad, pues parece que existe desde mediados del siglo XIII. No obstante, fue derribada y sustituida en 1733 por una nueva que mezclaba estilos barroco y neoclásico tardío y reconstruida en neo-barroco tras el terremoto de 1895. Sin embargo, este nuevo estilo no gustó, por lo que volvió a ser renovada entre 1938 y 1940 por el arquitecto esloveno Ivan Vurnik, siendo su mujer Helena la encargada de la decoración interior.

Tras la parada, seguimos nuestro camino hacia Metelkova, encontrándonos con la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, ordenada construir en 1882 por orden de los lazaristas. De estilo neogótico, destaca su fachada de ladrillo rojo y su torre con el tejado verde.

Queda a tan solo unos pasos de la Ciudad Metelkova, un centro de creación artística un tanto peculiar.

Se ubica en un antiguo complejo militar austrohúngaro construido a finales del siglo XIX y empleado hasta 1911. Después, en 1945 quedó en manos del Ejército Popular de Yugoslavia, quien lo usó hasta la independencia en 1991. Un año antes se había formado la Red de Metelkova, un conjunto de más de 200 organizaciones asociadas en el Movimiento por la Cultura de la Paz y la No Violencia que pretendía que los cuarteles se emplearan con una finalidad creativa y pacífica. Y aunque el municipio en un principio valoró positivamente la propuesta e hizo algunas promesas, en la práctica no había un movimiento real y no parecía que se fuera a llevar a cabo. Más bien al contrario, pues iba a ser derruido. Así, cansados de esperar, la noche del 10 de septiembre de 1993 unas 200 personas pasaron a la acción y ocuparon el antiguo cuartel para evitar su demolición. Hay una placa incluso que lo recuerda. Desde 1995 el recinto se ha organizado de forma autogestionada y desde 2005 ha sido registrado como patrimonio cultural nacional.

Cuando accedimos al recinto nos encontramos con una pista de baloncesto y varios edificios llenos de pintadas y parece que no había más, pero supongo que tenía que ver más con las horas que eran, pues estaba todo cerrado.

Sin embargo, este centro cultural independiente alberga diversas actividades relacionadas con la música, el teatro, la escultura, la pintura, los cómics… Por ejemplo, acoge conciertos, actuaciones de DJs, representaciones, conferencias y otros eventos en los que actúan artistas de todo el mundo.

No obstante, pese a su reconocimiento no solo nacional, sino también internacional, Metelkova Mesto está continuamente amenazada porque se han construido algunos edificios de forma ilegal, por lo que hay continuas inspecciones y algún derribo que interrumpen eventos culturales. Además de los actos que puede haber por el día (y que nosotros no vimos), por la noche parece que se transforma en el alma underground de Liubliana.

Una pena no haber encontrado más ambiente que el color de los grafitis y extrañas obras de arte en nuestro paseo. Aún así, mereció la pena visitar este pequeño centro de producción cultural independiente que ha cambiado la rigidez de un cuartel por el colorido y la creatividad.

Seguía siendo pronto para volver a la estación, así que nos acercamos a un Aldi (que en Eslovenia parece llamarse Hofer) y compramos unos sándwiches y ensaladas para cenar, algo de beber, desayuno y provisiones para el día siguiente, pues tomaríamos un tren a Split a las 7 de la mañana y no llegaríamos hasta la hora de comer.

Con poco más que hacer y algo cansados, volvimos a la estación.

El edificio de la estación no es tan imponente como el de Zagreb, pero tuvo gran relevancia cuando fue construido en 1849 y el ferrocarril llegó a la ciudad uniéndola con Viena y Trieste.

Fue renovada en 1980 y ampliada entre 2008 y 2010, cuando se construyó un complejo de oficinas, comercios, un hotel y la nueva estación de autobuses. En el hall de entrada hay un mosaico en el suelo que representa el escudo de la ciudad con el castillo y el dragón y las palabras latinas Sigillvm Labici.

Recogimos las mochilas y cuando faltaba una media hora nos movimos de la sala de espera a nuestro andén, que estaba en la otra punta. Sin embargo, nos tocaría esperar bastante más, ya que parece que nuestro tren tuvo alguna incidencia y llegó con retraso. Con más de una hora y media.

Se nos hizo de noche, tuvimos que sacar las sudaderas para no quedarnos frías y abrimos una bolsa de patatas para que la espera se hiciera más llevadera. Cuando llegó el tren no continuó su recorrido, sino que la gente que venía en él tuvo que montar en uno que nos habían habilitado y abierto unos minutos antes. Por suerte nosotros nos pudimos sentar juntos en un compartimento antes que subiera la marabunta. Eso sí, este tren no era tan cómodo como el de la ida, se parecía más bien a los polacos que habíamos tomado el año anterior. Compartimos espacio con una señora que iba cargada como si estuviera de mudanza y llevaba un par de maletas grandes que debían pesar como un muerto. Ella no pudo subirlas al maletero y el chico que la ayudó casi acaba sepultado.

De nuevo, en la frontera tuvimos que enseñar dos veces el pasaporte, aunque esta vez el croata al ver la lectura que había hecho el esloveno, ni siquiera nos lo pidió, supongo que su comprobación electrónica le sirvió. Esta vez era tan de noche que no pudimos observar el paisaje y acabamos cenando en el trayecto, pues con el retraso la hora de llegada a Zagreb rondaría las once de la noche, y además teníamos que buscar el nuevo alojamiento.

Por suerte la llegada al nuevo piso era con código, por lo que nuestro anfitrión no nos tuvo que esperar. El apartamento tenía una distribución un tanto extraña con un baño partido en dos: por un lado el inodoro con un mini lavabo y por otro la ducha con otro mini lavabo. La cocina era pequeña y contaba con una nevera pequeña (y un cuadro de toros). Pero bueno, solo era para ducharnos y dormir, así que nos servía.

Guardamos la comida en la nevera, nos duchamos, preparamos la ropa y mochilas para el día siguiente y nos echamos a dormir, que tendríamos que madrugar para tomar el tren a Split.

Balcanes X. Recorriendo Liubliana II

Con nuestro tentempié de media mañana nos adentramos en el casco histórico, un laberinto de plazas y calles peatonales a cuyos lados sorprenden las fachadas de edificios barrocos y otros monumentos.

Tomando la plaza Cirilo y Metodio, a unos metros del mercado se erige la Catedral de San Nicolás (Stolnica svetega Nikolaja).

Diseñada en estilo barroco con dos capillas laterales y con forma de cruz latina, fue construida entre 1701 y 1706 en sustitución de un antiguo templo de estilo románico que ardió en un primer incendio en el siglo XIV y que, tras una reconstrucción en estilo gótico, volvió a quemarse en 1469. La cúpula fue construida más tarde, en 1841.

Para ser una catedral, no destaca especialmente por su majestuosidad. Lo más destacable quizá sean sus puertas, en las que está recogida la historia de Eslovenia.

Un poco más adelante, en el tramo ya conocido como Plaza Municipal (Mestni Trg), encontramos la Fuente de los Tres Ríos de Carniola, quizá el monumento barroco más famoso de la ciudad.

Realizada entre 1743 y 1751 por el escultor italiano Francesco Robba está inspirada en la fuente de la Plaza Navona de Roma. Realmente la que vemos hoy en día es una reproducción, ya que la original se conserva en la Galería Nacional. Conocida coloquialmente como la Fuente Roba por su autor, consta de obelisco de unos diez metros rodeado por tres figuras masculinas que representan a los tres ríos del país: el Sava, el Krka y el Ljubljanica. Cada una de ellas porta un cántaro y tiene un delfín a sus pies.

Un paso más allá se encuentra el Ayuntamiento de Ljubljana (Mestna hiša). Data de finales del siglo XV, pero tuvo que ser reconstruido tras el terremoto de 1621. Las obras se llevaron a cabo entre 1717 y 1719 y se le dio un nuevo aspecto barroco que debían estar restaurando, pues solo pudimos ver una bonita lona blanca tapando los andamios.

Así pues, con poco que ver en el ayuntamiento, seguimos paseando por el casco histórico entre casas barrocas, comercios y restaurantes.

A la altura de la calle Pod Trančo, la Mestni trg se va estrechando y se convierte en Stari trg, que nos conduce a la parte más antigua de la ciudad medieval.

Casi en el final de este tramo, se encuentra la fuente de Hércules, algo más pequeña que la de Robba. También es posterior, ya que se trata de una copia de la original barroca que quedó destruida a finales del siglo XVIII. Esta se colocó en 1991 poco antes de la independencia de Eslovenia.

Tomamos la Gornji trg (Plaza Alta), la calle en la que se encontraba una de las puertas de la Liubliana medieval. Hoy en día sin embargo, no queda nada de ella, tan solo un acceso al castillo. Cerca de esta subida se yergue la iglesia de San Florián, construida en 1672 en honor al patrón de los bomberos.

Paradógicamente, un siglo después quedó seriamente dañada como consecuencia de un incendio. Su aspecto actual se lo debe a la reconstrucción de 1934 del arquitecto Jože Plečnik.

Más adelante la calle se vuelve más residencial con casas de estilo medieval. Son construcciones más sencillas de dos plantas, tejados a dos aguas y con sus fachadas de colores.

Volviendo nuestros pasos hasta la iglesia de San Florián, giramos a la izquierda, donde nos encontramos con la Iglesia de Santiago (Župnijska cerkev sv. Jakoba).

Se trata de la primera jesuita del país, construida a principios del siglo XVII en el lugar en que con anterioridad había una antigua iglesia gótica perteneciente a los agustinos. El campanario es posterior, ya que fue erigido a principios del siglo XX después de que el anterior fuera derrumbado como consecuencia del terremoto de 1895. En la actualidad es la torre (de iglesia) más alta de la ciudad.

En un lateral, donde se encontraba un edificio anexo del colegio jesuita, hoy existe una plaza en la que se erige la Columna de María, construida en 1682 como agradecimiento a la virgen de haberles librado del asedio turco.

Al otro lado de la calle se encuentra el Palacio de Gruber (Gruberjeva palača), un palacio de estilo barroco tardío construido entre 1773 y 1781 que hoy alberga el Archivo Nacional de Eslovenia (Narodni Arhiv Slovenije).

Cruzamos el Ljubjanica gracias al puente de Santiago, que nos conduce al barrio de Krakovo, que en su día fue la periferia de Liubliana, ya que se encontraba fuera de la muralla. En este margen del río quedan restos arqueológicos del asentamiento de Emona.

Los romanos construyeron en el año 15 d. C. tras las revueltas ilirias una ciudad rectangular dentro de una muralla y durante los siglos posteriores, Emona tuvo un papel importante en la defensa de Italia. En el año 452 los hunos la devastaron y quedó empobrecida. Después pasó a manos de los visigodos, quienes prácticamente acabaron con ella. Poco a poco los ciudadanos de la ciudad migraron a otros lugares más inaccesibles y ciudades costeras, por lo que acabó quedando abandonada.

Hoy, gracias a la planificación de Plečnik, podemos ver partes de la muralla, alguna torre medieval y restos entre los edificios de la Liubliana moderna.

Seguimos nuestro camino hasta Križanke, que en su día fue propiedad de la Orden Teutónica los Caballeros de la Cruz (Križniki) de mediados del siglo XIII. Fue reconstruido en los años cincuenta del siglo pasado por – cómo no – Jože Plečnik y hoy es un instituto de diseño y fotografía, aunque también sirve como escenario para representaciones teatrales.

Cerca se encuentra el Pilar de Iliria, un monumento creado por el escultor Lojze Dolinar que siguió el diseño de Jože Plečnik. Este obelisco de 13 metros de altura se colocó en honor a las Provincias Ilirias y es el único monumento a Napoleón en toda Europa fuera de Francia. Fue colocado en el 120 aniversario dicha época (1809–1813) para agradecer de alguna manera que durante la ocupación francesa el idioma esloveno fuera respetado y considerado cooficial.

Está realizado en mármol e incorpora polvo de la tumba de un soldado francés. En un lateral cuenta con un retrato de Napoleón y en el otro de Iliria. Queda coronado por una luna creciente con tres estrellas.

Continuamos hasta la calle Gosposka, donde se erige el edificio de la Biblioteca Nacional y Universitaria (NUK).

Fue construida entre 1935 y 1940 según el diseño del arquitecto Jože Plečnik y alberga importantes manuscritos e impresos históricos así como ejemplares de las publicaciones editadas en Eslovenia. Frente a ella hay una pequeña plaza con una fuente en la que una figura masculina dorada descansa sobre una columna jónica.

En un lateral de la plaza se yergue el Palacio de Turjak (Turjaška palača).

Este palacio, también conocido como de Auersperg fue construido entre 1654 y 1658 con una estructura barroca aunque su fachada clasicista pertenece al siglo XIX. De manos privadas pasó a la ciudad y se convirtió en el Museo Municipal, recogiendo la historia de Liubliana desde finales de la Edad Media hasta la primera mitad del siglo XIX.

Siguiendo por la calle Gosposka, a mano derecha sale la Novi Trg (Plaza Nueva), que nos conduce al río de nuevo y desde donde podemos alcanzar a ver el castillo en lo alto de la colina.

Esta plaza pasó a manos de la Orden de los Caballaros Teutones a principios del siglo XIII. Un siglo más tarde parece que comenzó a celebrarse el mercado en ella. Los siglos posteriores la ciudad siguió creciendo a su alrededor y se levantaron casas de madera que después fueron sustituidas por edificios de piedra que a su vez fueron reemplazados por hermosos palacios ya entre los siglos XVII y XVIII.

A lo largo de su historia la plaza se ha llamado de diferentes maneras. Por ejemplo, fue Neuer Markt durante época austriaca; después, en 1876 pasó a llamarse Turjaški trg oz. Auerspergplatz; en 1923 se renombró como Plaza de Karl Marx y finalmente en 1928 recuperó su nombre original (y actual).

Frente a la Biblioteca, cabe mencionar el edificio Lontovž, construido entre 1786 y 1790 por Jozef Schemerl. Actualmente alberga la Academia Eslovena de las Ciencias y las Artes, aunque en el pasado fue la sede de la Asamblea Provincial de Carniola.

Parece que Liubliana es una ciudad de fuentes, ya que junto a la orilla del río encontramos otra más para la colección, bastante más sencilla que otras que habíamos visto, eso sí.

Volvimos al paseo junto al Ljubljanica, donde asoman estrechas casas en tonos pastel apiñadas unas junto a otras.

A mano izquierda lo cruza el Puente de los Zapateros (Šuštarski most), diseñado por Jože Plečnik e inaugurado en 1931.

Aunque ya había otros puentes con anterioridad en ese lugar, uno de madera y otro de hierro fundido. En la Edad Media había que pagar tasas cuando se llegaba por agua a la ciudad, así que los artesanos intentaban trabajar y vivir en los puentes para así evitar los impuestos. En este en concreto a mediados del siglo XIX ubicaban los zapateros sus talleres, de ahí su nombre.

Y ya estábamos muy cerca de nuevo del bullicio del centro de la ciudad, y como era ya la hora de comer, tocaba hacer una parada para repostar.

Nueva Serie para ver: Señoras del (h)AMPA

Últimamente se está mejorando mucho en lo que a ficción nacional se refiere. Y prueba de ello es la recién estrenada Señoras del (h)AMPA, que fue premiada como mejor serie internacional en el MIPTV de Cannes. Yo he de reconocer que, aunque cuando vi el anuncio me pareció que apuntaba maneras, viniendo de Telecinco, tenía mis recelos. Sin embargo, confieso que me enganchó desde el primer momento y me arrancó bastantes carcajadas.

Esta nueva comedia nos presenta la historia de cuatro mujeres de barrio obrero y cómo un suceso accidental cambiará sus vidas. La primera de estas mujeres es Maite, interpretada por Toni Acosta, que está todo el día de acá para allá intentando vender robots de cocina a domicilio para poder llegar a fin de mes. Después, cuando llega a casa, tiene que lidiar con dos hijos que pasan de ella y con las tareas domésticas, ya que está separada y todo el peso recae sobre sus hombros. En el trabajo van a hacer recortes, por lo que tiene que mejorar sus ventas para conservar su puesto. Y no lo tiene fácil, pues su máxima rival es Elvira (Marta Belenguer), una mujer de clase acomodada, repelente y que vende Turbothunders 3000 como churros. Así, desesperada por la situación, aprovecha una reunión del AMPA para convocar una demostración de robot a la que se apuntarán Lourdes, Virginia (Nuria Herrero) y Amparo (Mamen García).

Lourdes, protagonizada por Malena Alterio, es la mejor amiga de Maite y todo lo opuesto a ella. Es una mujer decidida, con carácter y sin filtros a la hora de expresarse. Es administrativa en la sección de DNIs en la comisaría del barrio, donde también trabaja su marido Vicente, que es policía y con la que tiene una hija. Al igual que Maite, económicamente se encuentran en una situación crítica, pues recientemente los nuevos dueños del edificio en que viven (casualmente Elvira y su marido) les han enviado un aviso de desalojo.

Amparo (Mamen García) es vecina de Lourdes y Vicente y se encuentra en la misma situación. Además es la portera del bloque y cuida de su nieto Omar, ya que su hija, que parece que es actriz, se encuentra continuamente de viaje.

La cuarta protagonista es Virginia, interpretada por Nuria Herrero, la benjamina de las cuatro. Cajera de un supermercado, está casada con Carlos con quien tiene una niña de seis años. Además, está embarazada del segundo.

Son cuatro mujeres con las que es fácil empatizar. Alejadas de los clichés de madre perfecta, tienen trabajos precarios con los que apenas llegan a fin de mes, viven en edificios antiguos en barrios obreros, sus hijos son malhablados, contestones y no hacen caso, tienen que cenar cualquier cosa precocinada porque no les da la vida para hacer la compra o cocinar, se han teñir o depilar mientras realizan otras tareas, hacen malabares para poder acudir a las reuniones del colegio y apenas tienen tiempo para sí mismas… Son la cotidianidad de cualquier barrio obrero, con mujeres reales que intentan sobrevivir lo mejor que pueden mientras van sorteando los reveses del día a día.

Pero por si esa carrera de obstáculos que es la vida no fuera suficiente, todo se complica aún más cuando, durante la demostración del robot de cocina, un desafortunado accidente se acaba convirtiendo en asesinato. Porque sí, ha sido sin querer, pero todas tenían motivo para asesinar a la víctima y las pruebas parecen inculparlas, así que deciden tirar para adelante y deshacerse del cuerpo. Así, estas señoras del AMPA se convierten en las señoras del Hampa cuando entran en una espiral de actos delictivos para salvaguardar el secreto que les une.

Con este argumento la serie podría convertirse en un thriller, pero tiene un tono más cómico. En concreto de comedia negra, muy próximo al humor de Fargo, en que cualquier situación dramática e incómoda arranca la carcajada. Además, en algunos momentos recuerda a La Comunidad, de Álex de la Iglesia y a las mujeres que suele relatar Almodóvar. Es costumbrismo puro mezclado con drama, comedia y suspense.

Pero este equilibrio de géneros funciona bien porque está apoyada en unos buenos personajes, muy bien construidos, reales, como decía más arriba. Mujeres que ríen y que lloran, que sufren, que se desesperan, que se equivocan… pero que le echan un par de ovarios, se ponen el mundo por montera y tiran para adelante. No necesitan un trauma que las defina en su fortaleza. Y la elección del elenco es muy acertada. Todas y cada una de las actrices están sublimes. Interpretan con naturalidad y frescura a sus personajes, sobre todo Acosta y Malerio, quienes funcionan además muy bien juntas poniendo de manifiesto la diferencia de caracteres de Maite y Lourdes.

Señoras del (h)AMPA no es una comedia de chiste fácil, sino que es inteligente, divertida y con un toque gamberro, irreverente e incorrecto (pero sin faltar). Pese a que la duración del episodio es de más de una hora, consigue mantener bien el ritmo y el tono.

Por fin podemos ver en la televisión española en abierto y en prime time (si es que aún existe) una serie diferente, transgresora y novedosa. La primera temporada consta de 13 capítulos y ya desde antes de su estreno está renovada para una segunda, así que parece que tendremos señoras para rato.

Balcanes IX. Recorriendo Liubliana

Llegamos puntuales a la estación de Liubliana y lo primero que hicimos fue buscar las taquillas. Y vaya taquillas. Cuánta tecnología. No era un sistema tradicional de puerta con llave, sino que había que ir a una máquina. Tras elegir el tamaño deseado y pagar (metimos 3 mochilas y nos costó 3€), la máquina nos asignó un cubículo y nos imprimió un recibo con código de barras que serviría después para abrir la puerta.

Más ligeros comenzamos nuestra ruta. Eran las nueve y media de la mañana, pero el sol ya comenzaba a apretar. No quedaba ni una de las nubes que habían descargado en el día anterior.

Tomamos la calle Miklošičeva cesta hacia el centro. En ella encontramos la colorida Vurnikova hiša,  construida en 1921 en estilo nacional esloveno.

Recibe el nombre por el arquitecto que la diseñó, Ivan Vurnik, y hoy en día pertenece al Cooperative Business Bank. Parece que su interior está ricamente decorado con frescos y murales obra de Helena, mujer del arquitecto, sin embargo, no se puede visitar, por lo que nos quedamos con su exterior.

Prácticamente enfrente se erige la Iglesia Franciscana de la Anunciación (Frančiškanska cerkev), una iglesia que aunque fue pintada casi de rojo (el color de la orden), con el tiempo ha ido perdiendo tonalidad y parece rosa.

Construida en 1669 en sustitución de un antiguo templo, tiene planta de basílica del barroco temprano. Junto a ella se encuentra el monasterio, famoso por su biblioteca que contiene más de 70.000 libros, muchos de ellos incunables y manuscritos medievales.

La fachada de la iglesia preside una de las principales plazas de la ciudad, la Plaza Prešeren.

La plaza se halla en una antigua encrucijada medieval que suponía la entrada a la ciudad amurallada. Hoy es uno de los puntos más animados y atractivos de Liubliana, como pudimos comprobar al llegar a ella. Además, nos dejó sorprendidos. Hasta el momento la ciudad ni fú ni fa. Aunque apenas habíamos empezado a recorrerla, todo hay que decirlo. Pero el caso es que no llevábamos muchas expectativas. Teníamos en mente quizá algo del estilo de Bratislava: una ciudad pequeña, cerca de otras capitales de mucho más renombre e interés. Sin embargo, vaya sorpresa llegar a la plaza y descubrir el diseño abierto, la arquitectura de los edificios y el bullicio.

Fue diseñada por el arquitecto Jože Plečnik, quien además fue el artífice de muchos de los edificios modernos de Liubliana y recibe el nombre del poeta France Prešeren, cuya estatua podemos encontrar en un lateral. Este escritor fue el primero en escribir en esloveno y su poema “Zdravljica / Brindis” llegó a ser himno nacional .

El monumento fue colocado en 1905 y además de representar al célebre poeta del Romanticismo, también cuenta con una musa que porta una rama de laureles en la mano. Parece ser que se colocó tras un árbol para que el arzobispo franciscano no se escandalizase de la desnudez de la escultura.

La iglesia y la estatua comparten protagonismo además con varios edificios modernistas que me recordaron a la Gran Vía de Madrid, sobre todo por aquello de que no hay que perder detalle y mirar a las azoteas.

Por la calle que habíamos entrado, en la acera opuesta al complejo religioso destaca el edificio de 1903 hoy convertido en la Galería Emporium, un centro comercial .

Justo al otro lado del monasterio llama la atención el pequeño edificio blanco y verde. Tanto por su forma como por su ornamentación.

En la plaza se abre el Triple Puente, un peculiar paso de tres puentes que sobre el río Ljubljanica conecta la Liubliana histórica de la moderna. El central (Tromostovje) fue construido en piedra en el año 1842 para reemplazar al Puente Inferior, un puente medieval realizado en madera de vital importancia, pues conectaba las tierras del noroeste de Europa con el sur de Europa y los Balcanes.

Entre 1929 y 1932, siguiendo las indicaciones del arquitecto Jože Plečnik, se construyeron dos puentes adicionales a los extremos, para así descongestionar la plaza y dar paso a los peatones (desde 2007 son los tres peatonales). Se sustituyeron las rejas de metal del puente central y se colocaron balaustradas a juego en los tres, además de lámparas. En 1992 fueron renovados.

Con los dos palacios neo-renacentistas, el Puente Triple nos conduce al casco antiguo, pero esa parte de la ciudad la dejaríamos para más adelante. De momento tomaríamos la calle Petkovškovo nabrežjem, que sale detrás de la estatua de Prešeren junto al edificio blanco de estilo clasicista.

Tomamos el margen del río, una animada zona plagada de terrazas de restaurantes entre las que se intercalan varios conjuntos de esculturas de animales.

El paseo permite asomarse al río y ver todo el margen opuesto, ocupado casi en su totalidad por el edificio blanco del Mercado Central (Trznica).

Diseñado también por Plečnik en la primera mitad del siglo XX, ocupa la mayor parte de la plaza. En él se pueden comprar los productos típicos de la gastronomía eslovena. Además también cuenta con bares y restaurantes.

Queda intercalado entre el Puente Triple y el Puente de los Carniceros (Mesarski most), una pasarela mucho más moderna que el primero con un suelo parcialmente de cristal y unos pasamanos con varias filas de cables de acero.

Este diseño permite la colocación de candados, por lo que hoy en día es conocido como el puente de los candados. Pero es que no solo están en las barandillas laterales, sino que incluso las esculturas que adornan el puente quedan ocultas y hay que intuir de qué se trata.

Parece que son ranas y peces, aunque el puente se llame de los carniceros. Y recibe este nombre porque es el lugar en que este gremio exponía sus mercancías.

Un poco más adelante llegamos al famoso Puente de los Dragones (Zmajski Most), que data de 1901 y supuso un gran avance arquitectónico para la época. Construido en hormigón armado, fue el primer puente de Liubliana levantado con este material (en lugar de usar piedra, que era más cara) y uno de los primeros en Europa.

En realidad, su nombre original era Jubiläumsbrücke o Puente del Jubileo, puesto estaba dedicado al cuadragésimo aniversario del gobierno del emperador Francisco José I de Habsburgo-Lorena. Sin embargo, pronto el nombre oficial cayó en el olvido y pasó a ser conocido popularmente como Puente de los Dragones por su ornamentación. En cada cabecera está presidido por las estatuas de dos dragones, símbolo de la ciudad a raíz de la leyenda de Jasón y los Argonautas. Según la fábula, Jasón, tras robar el Vellocino de Oro, cuando iba por el río Ljubljanica encontró a un dragón que tenía prisionera a una virgen. El héroe mató al monstruo y liberó a la chica.

Y no solo está en la entrada del puente, sino que hay una veintena de ellos distribuidos por toda su extensión.

Incluso hay unos pequeños en las bases de las lámparas de la balaustrada. Unas farolas que, en su día alimentadas por gas, son parte de la decoración original.

Hoy en día es considerado como uno de los puentes de Art Nouveau mejor conservados del mundo, así como uno de los símbolos de la ciudad.

Seguimos por la calle Kopitarjeva para dirigirnos al castillo, pero en el cruce con la calle Poljanska cesta nos sorprende un estrecho edificio conocido como Peglezen, construido a principios de la década de 1930.

Diseñado por el arquitecto Jože Plečnik fue declarado monumento cultural de importancia nacional. Tiene un diseño peculiar con una forma que recuerda a los flatiron, y ventanas diferentes en cada una de sus plantas. Mira a la plaza Krekov Trg, donde se encuentra la oficina de información turística.

Frente a él se erige el Teatro de Títeres, cuyo reloj cada hora en punto reproduce música a la vez que en la torre aparece con su yegua Martin Krpan, un popular héroe de los cuentos eslovenos.

Junto a su puerta hay una curiosa fuente de un canguro.

Pero no nos entretuvimos mucho, porque en el costado del edificio se encuentran las taquillas del funicular para subir al castillo y vimos que se acercaba un grupo de unos veinte italianos con su guía, así que apretamos el paso para que no nos tocara esperar mucho. El guía apretó también y por un momento pensamos que nos iba a adelantar, pero amablemente nos cedió el paso.

Se puede sacar billete de ida, de ida y vuelta, o de funicular + castillo. Nosotros dudamos si subir con el funicular y bajar andando, pero finalmente, por ahorrar tiempo y poder dedicárselo a la ciudad, sacamos el de ida y vuelta, que fueron 4€.

Cuenta con una cabina con capacidad para 33 personas. Afortunadamente no había aún mucha gente, por lo que solo nos tocó esperar a que se llenara uno. En el segundo ya nos metimos (con la mitad del grupo de los italianos). Apenas tarda un minuto en subir (lleva una velocidad de 3m/s) y es todo acristalado, por lo que permite tener unas vistas 360º.

Una vez arriba, podemos ver desde la cristalera la ciudad a nuestros pies.

Pero ya tendríamos ocasión de mirar hacia abajo. Dado que aún no había subido mucha gente, rápidamente nos dirigimos al interior para poder pasear por el patio del castillo sin tanta saturación. Lo primero que nos recibe es una especie de photocall con unas alas de dragón dibujadas donde te puedes hacer una foto como si fueras la Kahleesi.

El castillo de Liubliana es de origen medieval, aunque se ve claramente que ha sido restaurado recientemente. De hecho, hoy en día es incluso usado para eventos y convenciones. En verano por ejemplo en su terraza tienen lugar diversos acontecimientos culturales.

Fue construido entre los siglos XVI y XVII para defender el imperio de la invasión otomana y también de las revueltas campesinas.​ No obstante, los restos arqueológicos demuestran que el lugar ya fue habitado con anterioridad.  Es probable que la colina fuera usada como fortaleza por el ejército romano tras haberse asentado en ella los celtas e ilirios.

En los dos siglos posteriores fue reutilizado como arsenal y hospital militar y durante el XVIII pasó a ser prisión, función que siguió vigente hasta 1905 y retomada en la II Guerra Mundial.

La estructura del castillo se divide en la torre de los tiradores (usada como almacén de pólvora), la torre de Erasmo (que servía como prisión aristócrata y que recibe el nombre de Erasmo Jamski, quien consiguió escapar), la muralla de defensa (que conectaba las dos torres), la prisión, el Kasematten (donde se ubicaban los cañones), la capilla de San Jorge, la torre panorámica (en la que residía un guardia encargado de avisar si había un incendio), la galería S y la pequeña cisterna, la Sala de Armas (que también servía como establo, granero y vivienda de los soldados) y la Sala de Hribar (en honor al alcalde Ivan Hribar), la torre pentagonal (que funcionaba como entrada principal al patio del castillo), la Sala de Piedra y el patio.

Hay partes que son de acceso libre, mientras que para otras hay que sacar la entrada. Por ejemplo, pudimos visitar los pequeños calabozos, donde se conservan las puertas.

También pudimos acceder a la capilla dedicada a San Jorge.

De estilo gótico, fue consagrada en 1489, sin embargo, fue restaurada con posterioridad en estilo barroco y en 1747 se decoró con frescos. Es uno de los pocos ejemplos de lugar religioso que cuenta con imágenes profanas, porque no se añadieron santos o pasajes de la Biblia, sino los escudos de los gobernadores de la provincia.

Además de los 60 escudos de gobernadores provinciales también se hallan los de Carniola e Istria. En el centro del techo destaca el del condado esloveno y en el presbiterio el de cinco emperadores austriacos.

Para subir a la torre, donde se encuentra el museo virtual, sí que era necesaria entrada, por lo que dimos una vuelta al complejo, que no es excesivamente grande y salimos al exterior por la puerta principal, a la que se llega si se sube andando.

El acceso se hace a través de un puente que data del siglo XVII. Hubo un puente de madera que se mantuvo hasta comienzos del siglo XIX, cuando el foso fue rellenado. Después, con las remodelaciones del siglo pasado, se intentó recuperar el carácter medieval y se recuperó el puente conectando la arboleda con el castillo.

Precisamente por la arboleda dimos una vuelta, para asomarnos desde lo alto de la colina y disfrutar de las vistas, pues el día estaba tan despejado que se podían divisar hasta las nevadas cumbres de los Alpes.

La zona estaba tranquila y tan solo se oía a lo lejos un cortacésped. Así pues, nos dimos un paseo y volvimos al castillo, encontrándonos en el camino un monumento al levantamiento campesino de un estilo totalmente soviético.

De vuelta en el interior, recorrimos el patio por su perímetro para poder ver la ciudad a nuestros pies.

Y con ello dimos por concluida la visita, así que, tomamos de nuevo el funicular. En un minuto estaríamos de nuevo en las taquillas.

Y ya había algo de hambre, así que nos dirigimos a la Plaza Vodnik, donde tiene lugar el mercado. Lleva el nombre de Valentin Vodnik, sacerdote, periodista y poeta esloveno, cuya estatua podemos ver en un lateral.

El edificio del Mercado queda detrás, pero no nos adentramos más allá, sino que dimos la vuelta a la pequeña plaza en la que estaban los puestos de fruta.

Pues en realidad nuestra finalidad era comprar unas moras para hacer el almuerzo mientras nos adentrábamos en el casco antiguo.