Día 6. Bombay. Visita a la Isla Elephanta

Para concluir nuestra visita a Bombay, el último día íbamos a visitar la Isla Elephanta, que se encuentra a pocos kilómetros de la ciudad, más o menos a una hora en barco. Los ferris salen cada hora de la Puerta de la India, aunque para comprar los billetes hay que ir a las taquillas que se encuentran antes de entrar en la plaza, en el lateral derecho. Cuando llegamos quedaban 10 minutos para que saliera uno, así que fue llegar, comprar y embarcar. El precio por persona (ida y vuelta) era de 180 Rupias.

Ferris

El trayecto hasta llegar a la isla no es muy interesante salvo por los primeros minutos en que ves la puerta, el hotel Taj Mahal y un poco de la costa. A medida que se va alejando solo se ve agua (bastante sucia) y la polución. Eso sí, nos alejamos del mundanal ruido, de los pitidos constantes.

Puerta de la India y Taj Mahal

Puerto

La Isla Elephanta era la sede de un ancestral templo hindú. Fue bautizada con este nombre por los portugueses, que hallaron en su puerto un elefante esculpido, animal que hoy en día está en el Museo Príncipe de Gales. Nada más llegar, al desembarcar, se nos acercaron varios hombres que aseguraban haber nacido allí y que se ofrecían a enseñarnos la isla, pero nosotros preferíamos ir por nuestra cuenta.

Isla Elefanta

En la pasarela de acceso a la isla encontramos varios puestos de fruta y verduras así como de gorros, gorras y sombreros. Un poco más adelante ya encontramos también imanes, figuritas, cuencos y otro tipo de símbolos.

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Pero antes de adentrarnos más en la isla tenemos que pagar un impuesto turístico, 5 Rupias por persona. Después seguimos encontrando más puestos, un restaurante y los baños.

Isla Elephanta

También empezamos a ver animales, en concreto vacas y monos que esperan a la comida que dejan los turistas. Bueno, al menos las vacas, porque los monos se las saben todas y como huelan comida no se cortan en acercarse a por ella. Por eso recomiendan no acudir con alimento alguno.

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

monos

Isla Elephanta

A continuación hay que subir un camino de escaleras cuyos laterales están repletos de puestos con todo tipo de objetos para turistas, sobre todo elefantes tallados en piedra o madera, pero también cuencos, tapices, pareos, pantalones, faldas, fulares, collares, pulseras, anillos, dibujos. Sin duda, si quieres llevarte algún recuerdo, es tu sitio. Eso sí, hay que regatear.

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Hay un buen trecho de escaleras, pero está cubierto, por lo que no va pegando el sol de continuo, y además, con los puestos, se hace cómodo porque te vas parando a observar. De todas formas, para los que no quieran subir andando, se puede pagar a unos porteadores para que te suban en silla. Aunque no vimos a nadie que lo usara.

Isla Elephanta

Al final de las escaleras encontramos las taquillas, donde hay que volver a pagar. En este caso 500 rupias por ser extranjeros. Los indios pagan 30.

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Y ya por fin podemos pasar al yacimiento arqueológico, un complejo de templos que ocupan un área de 5.600 m² dividido en dos grupos de cuevas: cinco hindúes y dos budistas. Aunque tan solo se pueden visitar las primeras.

Isla Elephanta

No se sabe a ciencia cierta cuándo se construyeron, pero parece ser que fue entre los siglos V y VIII. El deterioro se debe en parte a los portugueses, quienes causaron grandes destrozos antes de abandonar las cuevas en 1661. Además, la situación empeoró con las inclemencias del tiempo. En su día se cree que las piedras estaban pintadas, sin embargo, hoy no se ven restos de tal ornamentación.

La cueva principal, y mayor de todas con sus 27m2, también es conocida como cueva de Shiva, pues está dedicada a tal deidad y en las rocas basálticas podemos apreciar escenas de su vida.

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

El grupo escultórico que más destaca es la escultura de más de 6 metros de un Shiva tricéfalo que representa su trinidad: el creador, el conservador y el destructor.

Isla Elephanta

Las tallas son impresionantes, y, aunque muchas están mutiladas, debían ser espectaculares antes del destrozo portugués.

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Las cuevas 2, 3, 4 y 5, más pequeñas que la primera, se encuentran a mano derecha tras pasar una especie de cenador que estaba llena de monos y un vigilante que controlaba que no atacaran a la gente o se metieran dentro de las cuevas.

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Desde 1959 el gobierno indio les comenzó a prestar algo de atención y se comenzaron labores de conservación en las décadas siguientes. Hoy forman parte del patrimonio de la ciudad, han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y están protegidas. Además, el Indian National Trust for Art and Cultural Heritage (INTACH) sigue investigando sobre su historia y publica información detallada periódicamente sobre sus hallazgos.

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Además de las cuevas, también se puede tomar un camino que nos lleva por la colina hasta unas ruinas y unos cañones.

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Isla Elephanta

Durante la subida hay claros desde donde se puede observar el paisaje, aunque ni la colina, ni el camino, ni las vistas, merecen realmente la pena.

Isla Elephanta

Emprendimos el regreso rumbo al ferry para volver de vuelta a Bombay. Habíamos llegado sobre las 11 y un par de horas después estábamos regresando. La visita a las cuevas está calificada como uno de los sitios turísticos y culturales más importantes de la ciudad, y aunque no se conservan todo lo bien que se esperaría, me resultaron interesantes por lo peculiar de la construcción, pues no se parecía a nada que hubiera visto hasta la fecha. Sin embargo, si se disponen de pocos días en la ciudad, quizá no compense las dos horas de trayecto en barco. Fácilmente echas la mañana en la visita a la isla.

Hicimos alguna compra durante la bajada (y casi me arrebata la bolsa un mono) y nos embarcamos de vuelta. En el regreso en el barco iba una familia india bastante extensa que estaba de visita en Bombay pues habían ido a visitar a un familiar que trabajaba en la armada. Aprovechando que estaban en la ciudad, pues eran del interior, hicieron la excursión a la isla. ¿Y cómo lo sé? Pues porque en primer lugar me pidieron si me podía hacer una foto con la niña, y luego porque empezaron a preguntarnos sobre nosotros, nuestro viaje, dónde vivíamos, de dónde éramos… No todos hablaban inglés, de hecho creo que tan solo uno de ellos y un poco su hermana, pero estaban todos atentos a la conversación y esperando traducción. Además, nos ofrecieron frutos secos típicos (picantes, claro). Fue un poco abrumador pues nos sentíamos muy observados. Para un occidental choca este carácter indio. Y es que si sienten curiosidad no van a dudarlo y se van a aproximar, ya sea para pedir una foto como para entablar conversación y descubrir algo más sobre tu procedencia, tu cultura, tu país. Al final, después de una hora de viaje llegamos a la Puerta de la India, donde nos pidieron que nos hiciéramos algunas fotos con toda la familia. Así que allí que nos plantamos para hacernos fotos con cada uno de los móviles e incluso con uno de los cámaras que trabajan por la plaza.

Nos despedimos de ellos y continuamos con nuestro camino.

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Escape Room: The Game de Disset

Los juegos de escape nacieron en el mundo virtual, después se trasladaron a las experiencias en vivo y, parece que es tal el filón, que se han llevado a los juegos de mesa. Nosotros hemos tenido la oportunidad de probar Escape Room: The Game de Disset.

El juego traslada la experiencia de un Escape Room de verdad al tablero con cuatro aventuras distintas con diferentes niveles de dificultad: Prison Break, Virus, Cuenta Atrás Nuclear y Bienvenidos a Funland. Al igual que en una sala el objetivo es escapar antes de 60 minutos. Para ello, en el desarrollo del juego se han de encontrar pistas y códigos, así como resolver cada uno de los enigmas, adivinanzas y puzzles. Por supuesto, son importantes el trabajo en equipo, la comunicación entre los distintos integrantes, el uso de la lógica y la buena observación.

Cada una de las aventuras está estructurada en 3 partes y en cada una de ella se usan unos elementos diferentes que vienen organizados en sobres. Antes de empezar hay que leer una introducción y después ir abriendo cada sobre en función de cómo se vaya desarrollando el juego.

Además, es de vital importancia el Crono Decodificador. No sólo porque da información sobre el tiempo restante, sino porque, como su nombre indica, también sirve como decodificador gracias a las plantillas de cifrado que tiene en sus laterales. Sin este cifrado es imposible resolver el juego en el tiempo estipulado. Como añadido, este aparato es como una especie de puerta simbólica. La resolución de cada parte nos llevara a un código de 4 llaves, que al introducirse en las correspondientes ranuras reproducirá un sonido. Uno para si se ha acertado con el código que indica que se puede continuar con la siguiente fase; otro más decepcionante para cuando es erróneo (que además resta un minuto del tiempo) y hay que revisar los elementos para descubrir dónde está el fallo.

Para ambientar el juego está disponible la app para iTunes y android en sus respectivas tiendas.

En general el juego no está mal para ser de mesa, no obstante, queda lejos de uno real. En primer lugar porque en ocasiones se necesita lupa para descubrir las pistas en los mapas y dibujos. Y no tiene que ver con ser buen observador o detallista, es que no está bien diseñado.

Por otro lado, las pistas siempre llegaban tarde. Están concebidas para cada parte del juego, y tienen un código de tiempo que indica a partir de qué minuto se pueden abrir (además el crono hace un sonidito). En teoría la idea es buena, porque el juego está pautado y se determina qué se debería estar resolviendo a cada minuto. Pero en la práctica puedes haber pasado a la segunda parte en el minuto 10 y necesitar una pista en el 20 y no poder abrirla hasta el 25. Y aún así, encontrarte que no te sirve de nada porque eso lo resolviste en el 15. Con lo cual, tendrías que esperar hasta la siguiente, que quizá es en el 35.

Otro punto negativo son los componentes. Sí, el crono decodificador es un artilugio original e interesante, así como el concepto de las llaves con dos posiciones, números, símbolos y garabatos; pero hay muchos elementos que conviene fotocopiar para poder reutilizarlos.

Y eso es el mayor inconveniente del juego, que una vez que has resuelto las diferentes aventuras, ya no puedes volver a jugar, porque es siempre igual y ya te sabrás las respuestas. No es como un trivial que si te acabas aprendiendo las tarjetas, puedes comprar nuevas. En este caso, o dejas pasar mucho tiempo para que se te olvide, o acabas prestándolo (como llegó a nuestras manos) o vendiéndolo.

Está diseñado de 3 a 99 jugadores, aunque también es viable para 2. Eso sí, son menos cabezas pensantes, claro. Y lo de 99… se han columpiado. Más de 5-6 personas me parece excesivo. De por sí en una sala a partir de 4-5 los integrantes pueden llegar a entorpecerse o no tener nada que hacer, cuanto más en un juego de mesa con objetos limitados y un dibujo tamaño A3.

Así pues, aunque puede ser un juego diferente y divertido, queda muy lejos de una sala de escape porque falta lo primordial: la adrenalina del encierro, los nervios, la tensión, la ambientación y el tacto. Creo que eso de crear tu propia experiencia de escapismo en casa no funciona del todo. No merece la pena el precio que tiene para las cuatro veces que se puede usar. Sin duda mucho mejor vivirlo en una sala de verdad.

Día 5 II Parte. Bombay. Worli Fort, Mercado de las Flores y Crawford Market

Desde Mahim, nuestra siguiente parada era Worli Fort, que estaba a un trecho. Y como no queríamos volver a caminar bajo el sol tanto camino y que nos diera una lipotimia o una insolación, decidimos tomar un taxi. En este barrio sí que había, y el primero que nos miró y nos dijo que si necesitábamos transporte, ese tomamos. Craso error. Creo que cogimos el taxi más destartalado de todo Bombay. De toda la India, incluso. Las puertas no cerraban bien, las marchas entraban precariamente, le faltaba el frontal del salpicadero y llevaba un palo de incienso que a medida que se iba quemando, le iba cayendo encima a mi hermano, que fue quien se sentó de copiloto. Además, el señor no se enteró muy bien de dónde queríamos ir y nos llevó al Planetario Nehru, muy próximo a la mezquita Haji Ali Dargah en la que habíamos estado el día anterior.

Planetario Nehru

Como veíamos que la comunicación no iba a ser muy fluida y el viaje había sido un poco temerario, decidimos seguir andando y parar al siguiente taxi que viéramos, pues estábamos a 7km de donde queríamos ir. Nos fuimos hasta la calle Khan Abdul Gaffar Khan, que transcurre junto al mar y que parece que se usa de tendedero por la gente que acude a los baños públicos a ducharse y lavarse la ropa.

Khan Abdul Gaffar Khan

Khan Abdul Gaffar Khan

Por fin nos montamos en un taxi que parecía que sabía adónde nos llevaba. Aunque por si acaso mi hermano con el gps del móvil le iba indicando. No fuera que acabáramos más lejos aún de lo que habíamos comenzado. Nos dejó cerca del fuerte, ya que para llegar a él hay que atravesar una barriada un tanto estrecha.

Comenzamos a callejear entre calles plagadas de casas de colores vivos y junto a escolares que volvían a casa tras su jornada.

Worli

Worli

Worli

Worli

Los dos días que llevábamos en Bombay habíamos notado que los locales nos observaban con curiosidad y nos pedían fotos, pero mientras caminábamos por este barrio notábamos miradas de extrañeza. Imagino que desentonábamos mucho. Llegar al fuerte no tiene mucha pérdida, ya que es tomar la calle SK Bhaye Marg y tirar hasta el final. Lo más complicado es el tramo final, ya que las calles se van estrechando y hay que ir esquivando enseres, motos, gatos y gallinas. llegas a sentir como que estás profanando el hogar de otras personas.

Worli

El Worli Fort está estratégicamente situado en la bahía. Desde él se observa el puente, Worli al Sur, Bandra al Norte y Mahim al este.

Worli Fort

Worli Fort

Worli Fort

Los orígenes del fuerte no están claros, parece que lo construyeron los británicos en 1675. Lo que sí se conoce es que fue usado como torre de vigilancia para avistar barcos enemigos y piratas. No está reconstruido como el de Bandra, y se conserva bastante en pie, sin embargo, se nota la decadencia debido a la erosión y al escaso mantenimiento.

Worli Fort

Aunque el fuerte en sí no es una maravilla, merece la pena acercarse solo por atravesar la barriada a sus pies y observar las vistas que ofrece de toda la bahía. En ese sentido es mucho más interesante que el de Bandra.

Templo desde Worli Fort

Emprendimos el regreso y nos dirigimos a la estación de Dadar, donde se encontraba un colorido y oloroso mercado de flores.

Mercado de las Flores

Alrededor y debajo de la estación se articulan diferentes puestos en los que se venden todo tipo de flores. Y no predominaban los ramos, sino que vendían las flores sueltas o una especie de collares en los que se combinaban diferentes tipos y colores.

Mercado de las Flores

Mercado de las Flores

Mercado de las Flores

Mercado de las Flores

Hay que tener mucha destreza para hacer esas tiras o collares y que no se rompan las flores en el proceso.

Allí tomamos el tren hasta la estación Masjid Bunder, la parada anterior a la central. De nuevo buscamos a un empleado junto a una máquina que nos sacó el billete (5 Rupias por persona) y nos dirigimos al andén.

Dadar

Íbamos en dirección al Crawford Market, pero todo el barrio era un mercado. Había numerosos puestos de comida, de zumos, de fruta, verduras… Y todo con una pinta estupenda. Espectacular. Es una pena no poder probar toda la comida que vimos por las precauciones sanitarias, porque con el calor y la humedad, esos alimentos tan coloridos y refrescantes resultaban muy atrayentes.

Masjid Bunder

Masjid Bunder

Masjid Bunder

Masjid Bunder

Masjid Bunder

Crawford Market

Continuamos callejeando dirección al Crawford Market. Recibía este nombre en honor a Arthur Crawford, el primer Comisionado Municipal de la ciudad, sin embargo, tras la independencia se le renombró como Mahatma Jyotiba Phule Mandai, por el reformador. Es un gran bazar cubierto diseñado en 1869 por el arquitecto británico William Emerson y decorado por Lockwood Kipling, padre de Rudyard Kipling. Supuso un gran avance, ya que fue el primer mercado en la India que tuvo electricidad allá por 1882.

Crawford Market

Cuenta con una superficie de 22.471 metros cuadrados y solo el edificio ocupa 5.515. Se renovó en 2014 y de ahí que su fachada de piedra de Kurla y piedra roja aún se conserve, sin embargo, fuimos a entrar y apenas había iluminación y solo se veían callejones estrechos llenos de puestos, así que tal y como hicimos el amago, salimos. En teoría está diseñado para permitir entrar los rayos de luz, pero o entramos por el lado equivocado, o luz poca. Yo me esperaba algo así como el Gran Bazar de Estambul, y no tenía nada que ver.

En 1996 se convirtió en el principal mercado al por mayor de frutas de la ciudad cuando se recolocó a los vendedores en la zona. No obstante, también se puede comprar ropa, telas, joyería, calzado… e incluso carne, sobre todo en tiendas regentadas por musulmanes.

Pero no solo hay tiendas en el interior, sino que en los aledaños del mercado hay una gran actividad tanto en tiendas al por mayor como en puestos callejeros. Es una auténtica locura, un caos que a la vez parece estar ordenado. Los vendedores, compradores y transportistas se movían en una orquestada coreografía mientras que nosotros íbamos alucinando del ruido, trasiego y ajetreo que contemplábamos a nuestro paso.

Crawford Market

Crawford Market

Crawford Market

Crawford Market

Crawford Market

Si bien el mercado no se parecía en nada al Gran Bazar, las calles que se extienden frente a él sí que recordaban en cierta medida a Estambul pues parecían estar organizadas por gremios: telas, joyería, calzado, mercería…

Crawford Market

Crawford Market

Callejeamos un poco y cuando estábamos ya algo saturados de tanto pitido e ir con mil ojos para evitar coches, transportistas, puestos, motos, vendedores y compradores, emprendimos el regreso a la estación Victoria y de ahí de vuelta al hotel, que además estaba atardeciendo ya y poco más podíamos ver.

Chhatrapati Shivaji Terminus

En el hotel repetimos la metodología de las dos noches anterior: ducha, cena y preparación del día siguiente. Y a dormir, que el día había sido muy duro al andar tanto tiempo bajo el sol y después el caos y ruido de los mercados.

Esta fue nuestra ruta:

Día 5. Bombay. Bandra y Mahim

De nuevo volvimos a madrugar para estar a las 7 desayunando, sin embargo, no nos dimos mucha prisa en salir porque teníamos que evitar la hora punta. Y es que nuestra ruta del día comenzaría por Bandra y para llegar allí teníamos que coger el tren.

Bandra

Nos dirigimos a la estación de Victoria y esta vez nos pusimos en la fila de una ventanilla para sacar los billetes. Había varias abiertas y bastante gente haciendo cola. Es lo que tiene la India, que son muchos habitantes. Sin embargo, avanzó rápido. De nuevo, como el día anterior, le señalamos al empleado en un mapa adónde queríamos ir, cuántos, clase y que solo era ida. En un momento estábamos camino al andén con nuestros billetes (10 Rupias por persona).

Ya sabiendo cómo funcionaba el tema del tren, nos colocamos ojo avizor dispuestos a entrar en cuanto llevara un vagón y se medio despejara. El tren iba al completo y creo que éramos las únicas féminas del vagón. Imagino que tienden a coger el de mujeres. En la India, al igual que en Japón, se implementó esta medida en los años 90 para evitar el acoso. Como ya dije, me parece un parche, puesto que no es una forma de evitar estas conductas (ya que se pueden dar en otro lugar), sino de perpetuar aún más la idea que hay que proteger a la mujer por su vulnerabilidad. En su lugar habría que educar desde la igualdad para erradicar el abuso. Pero supongo que si ya de por sí es difícil en países que se suponen desarrollados, más aún lo debe ser en uno como la India en que la clase social y la religión tienen demasiado peso. En cualquier caso, aunque el tren iba lleno, no más que un día de diario en hora punta en la L6 del metro de Madrid.

Llegamos a Bandra, un barrio en el que encontramos mezquitas, niñas vestidas con uniformes con velo, así como hombres con largas chilabas y mujeres tapadas en mayor o menor medida. Parece que en la zona predominaban los musulmanes. Al menos en las proximidades vimos un instituto y la mezquita Jama Masjid.

Bandra

Bandra

Bandra

Sin embargo, a medida que nos adentramos por el barrio, aunque nos seguíamos cruzando con algún que otro musulmán, abundaban los cristos, las cruces y las iglesias católicas. En cualquier esquina, en medio de una escalera, en una fachada…

Cristo en Bandra

Bandra

Bandra

Bandra

Bandra

Bandra

Y es que la zona fue portuguesa, por lo que es un reducto cristiano. También se nota en las casas que recuerdan en cierta medida a las de Khotachiwadi con sus barandillas, porche y escalera interior.

Bandra

Poco a poco, según que vamos subiendo la colina y vamos acercándonos a la costa cambia el tipo de construcciones y desaparecen las casas con pórticos de madera y abundaban los bloques con puertas de seguridad y portero. Entramos en una zona residencial con cierto nivel adquisitivo.

Bandra

Bandra

Bandra

Y allí, a 80 metros sobre el nivel del mar se encuentra la Basílica Mount Mary.

Basílica Mount Mary

Se erige en el lugar en que los jesuitas portugueses levantaron una capilla. En su interior acoge una estatua de la Virgen que data del siglo XVI. Frente a ella está el grotto, desde cuyas escaleras se obtiene la mejor vista frontal de la iglesia.

Bandra

La basílica original fue destruida durante una contienda contra los Marathas en 1738. En 1760 se reconstruyó y se sustituyó la virgen por otra de St Andrews que había encontrado un pescador en el mar.

Basílica Mount Mary

Tras una breve parada para observarla y echar unas fotos, continuamos bajando a nivel del mar hacia Bandra Fort.

Bandra Fort

Este fuerte de 1640 también es conocido como Castella de Aguada o Forte de Bandorá, lo que parece indicar que en su día había alguna fuente de agua fresca. A 24 metros sobre el nivel del mar, fue construido como torre de vigilancia para controlar Mahim, el mar Arábico, la isla del sur de Mahim y el puerto de Bombay.

Bandra Fort

En la época de los portugueses fue armado con 7 cañones y otras pequeñas armas como defensa. Después de que los lusos le cedieran las 7 islas de Bombay a los británicos, el fuerte alcanzó un importante valor estratégico. En el siglo XVIII fue demolido por los ingleses, y hasta 2003 no se intentó recuperar. Se realizaron labores para construir unos caminos de acceso, conservar las rocas que quedaban, e incluso se creó un anfiteatro. Aún así, lo que queda no es gran cosa. Tan solo puede resultar interesante por la panorámica que ofrece, sobre todo del puente. La poca gente que encontramos estaba más interesada en el set de rodaje que allí se encontraba, que del fuerte en sí.

Bandra Fort

Camerinos

Nuestra siguiente parada era Mahim y google, que a veces se columpia, nos decía que para ir andando, cruzáramos el mega puente. Buscamos una alternativa por el interior, recorriendo la bahía, pero a pie era una barbaridad, así que decidimos tomar un taxi. El problema es que sobre todo lo que pasaban eran tuc tucs y meternos 4 adultos más conductor iba a ser imposible, además, estos vehículos tienen delimitadas las zonas, por lo que al decirles “Mahim”, nos decían que “taxi”. Así que seguimos andando un buen trecho bajo el sol a pie de carretera.

Bombay

Bombay

Por fin llegamos a Mahim, donde se encuentra la St Michael’s Church.

St Michael's Church

Esta iglesia totalmente insulsa es uno de los templos católicos más antiguos de la ciudad. Se construyó en 1534 por los portugueses franciscanos. Aunque lo que vemos hoy en día es de 1973, ya que ha sido reconstruida varias veces a lo largo de la historia.

Buscamos el mirador de Mahim atravesando callejuelas en las que parecía haber también cierta predominancia musulmana como se podía ver en locales, arquitectura y vestimenta de la gente con la que nos cruzábamos. Lamentablemente, las vistas no merecieron mucho la pena y nos dimos la vuelta.

Mahim

Con la tontería era medio día y nos habíamos comido unos 4 km bajo el sol, así que, aunque no teníamos mucha hambre, sí que queríamos resguardarnos de las inclemencias del tiempo y refrescarnos algo. Nos metimos en Mamma Mia, una pizzería que estaba regentada por musulmanes, una mezcla un poco rara. Pedimos un par de pizzas para compartir y tras un rato de descanso volvimos al mundo exterior para continuar con nuestra ruta.

Series Terminadas: Finales Felices y La Liga Fantástica

Con las series me pasa como con las novelas, que no me gusta dejarlas a la mitad. A veces estoy con una historia que no me termina de enganchar, que le falta algo, que no le pillo el punto… pero sigo, porque tengo la esperanza de que acabará llegando el momento en que me meta de lleno. Sin embargo, últimamente tengo la sensación de que he de cambiar de actitud. Me pasó con Breaking Bad que la vi por ver, cada vez con menos ganas y más hartazgo.

Hay tantas series que es lógico que no todas sean buenas o que no sean de mi estilo. En muchas ocasiones lo detecto rápido y me planto en el piloto. También he comenzado a dejar pasar media temporada para ver cómo funciona antes de lanzarme a ver un piloto de una serie que se ha cancelado de mala manera nada más comenzar su emisión. Así, ahora me distancio un poco y espero a ver si tiene renovación o cómo ha ido la acogida.

En otros casos la serie empieza bien, tiene buen ritmo, guion, actores, pero empieza a desinflarse por cambio de guionistas, showrunners o simplemente falta de ideas y querer alargarla más y más, como The Big Bang Theory (que hace temporadas que debería haberla abandonado).

Otra situación es que veo el piloto y me espero a que termine, o al menos ir bastante avanzada, para verla del tirón. Está muy bien porque te metes de lleno en la serie, en la historia de esos personajes; pero por contra a veces me encuentro con que lo que me atrajo del primer capítulo en el pasado, ya no lo hace en la persona que soy en el momento del visionado.

Lo que ha ocurrido con Finales Felices yLa Liga Fantástica –  las dos que acabo de terminar –  es una mezcla de lo arriba expuesto. Por un lado no son muy buenas. No son series que le marquen a una. Son comedias de pasar el rato, de desconectar 22 minutos y ya. Finales Felices comenzó con una temporada corta y después alargaron las dos siguientes a 22 episodios para al final cancelarla por malos datos dejándola con un final abierto. La Liga Fantástica por su lado cuenta con 7 temporadas. Si bien es cierto que son cortas, la serie se hace larga. 7 temporadas son muchas y se acaban las ideas y se pierde el hilo conductor con el que nació. Quizá cuando vi ambos pilotos estaba en un momento de series cómicas, ligeras, pero lo cierto es que viéndolas ahora, me han parecido demasiado chorras. ¿Me estaré haciendo mayor?

La primera temporada de Finales Felices es floja. En el primer capítulo vemos a una pareja que se va a casar, pero que en el último momento ella se echa atrás cuando ve aparecer a un tipo en patines en la iglesia. Bueno, pintaba interesante: una serie sobre una pandilla de amigos que tiene que decidir si se queda con el novio o con la novia.

La serie comienza demasiado rápido, pues no se para a presentar mucho a los personajes, sino se va descubriendo la relación entre ellos a lo largo de los capítulos. Así sabemos que Alex, la novia a la fuga, es la hermana de Jane, que está casada con Brad. Por otro lado, tenemos a Max y Penny, los más locos del grupo, que fueron al colegio con Alex y, por tanto, conocen a Jane desde hace tiempo.

Así a priori, no tiene sentido el conflicto de “cómo repartimos los amigos”, ya que Dave, el novio, es eso, el novio de Alex. Es ella el nexo de conexión del grupo. Pero se supone que tras diez años de relación, está integrado en la pandilla y nadie quiere cortar la amistad. Cogido con pinzas, pero bueno, aceptamos barco.

Los personajes quedan caracterizados desde el inicio. Y aunque hay estereotipos incluyendo a un negro y a un gay para hacer una pandilla heterogénea, lo cierto es que no cumplen con el típico cliché del que se suele abusar.

Por ejemplo, aunque hay algún capítulo en el que se hacen referencias con que Brad sea negro y haga “cosas de negros” como jugar al baloncesto, rapear o juntarse con sus amigos negros; en general gags apuntan más al hecho de que sea un hetero que parece gay (o al menos al cliché del gay).

Por contra, Max, el homosexual del grupo, tiene un carácter totalmente independiente de su condición sexual. Se hace referencia a su orientación, a sus parejas, relaciones o chicos que le gustan, incluso el cómo confesárselo a sus padres. Pero en realidad todo lo que concierne a Max suele girar en torno a que es un egoísta, desordenado, caótico y pasota. Tal y como se representaría a un hetero en cualquier otra sitcom.

Y mucho del juego que puede dar Max en la serie es gracias a Penny, ya que protagonizan juntos muchos enredos. Ella es la drama queen, la soltera que boicotea todas las relaciones, que es estridente y patosa.

El toque serio (por decir algo) lo aporta Jane, un personaje que bebe mucho de Monica Geller, pues es igual de maniática del control y el orden, además de tener un excesivo afán de competición, incluso con su marido.

Por el contrario, Alex y Dave son los más insulsos e interesantes de la comedia. Ella es muy lentita, la rubia tonta de manual, y él torpe e inocente.

Está clara la división en dúos. Por un lado los personajes más prescindibles: la expareja Alex y Dave; por otro los que no lo son sentimentalmente (aunque lo fueron en el pasado) pero que lo son para poner el punto absurdo y loco de la serie: Max y Penny; y finalmente el matrimonio formado por Jane y Brad, sin duda los que aportan el punto cómico, tanto juntos como por separado.

Si la primera temporada se desarrolla bajo la premisa del hecho de que dos de los integrantes hayan roto, la segunda temporada es la de Penny, quizá porque se había ahondado poco en ese personaje en los primeros capítulos, se compra una casa e incluso parece que se va a casar. En la tercera parece que se les acabaron las ideas y volvieron a emparejar a Alex y Dave… un sinsentido que les llevó a la cancelación. Aunque al parecer los guionistas pensaban seguir dándole vueltas a lo mismo, ya que se habían planteado abordar la relación de Penny y Dave una vez que este y Alex han roto. Y este es otro de los errores que cometen la mayoría de comedias con un grupo de amigos con protagonistas, y es que por mucho secundario que aparezca, al final siempre acaban liando a todos con todos perdiendo todo norte. Aunque ellos dicen que es para darles la ruptura que la pareja necesitaba, por las buenas y sin la escenificación de una boda de por medio; lo cierto es que yo creo que ya estaba más que cerrado ese capítulo.

Aunque es una serie ágil, con un ritmo de narración rápido, divertida en algunos momentos y absurda en otros, tiene el lastre de ser más de lo mismo, una mezcla de varias series de pandillas de amigos en las que hay parejas, exparejas, líos y rollos. No hay nada nuevo, son los eternos solteros (incluso estando casados algunos de ellos). Sí que es verdad que no recurre a los estereotipos de los personajes o los chistes típicos de otras sitcom, sino que juega con los disfraces, las referencias a otras series, y los actos absurdos de los protagonistas. Pero resultan cargantes, repelentes y demasiado irreales. Y cuando no te crees a los personajes y sus vivencias, nada tiene sentido.

Lo de la La Liga Fantástica es otro tema totalmente distinto. Es que no hay por dónde cogerla.

También tenemos a un grupo de amigos que se conoce desde sus años escolares. Ninguno parece bajar de los 40 años, pero se comportan como si tuvieran 15. Los integrantes de la pandilla son Pete, que cumple con el papel de divorciado y bromista; Rodney Ruxin, abogado judío casado y con un hijo; Andre, un cirujano plástico que es el blanco de todas las bromas; Kevin, asistente del fiscal del distrito y no muy lumbreras; Jenny, agente inmobiliaria y mujer de este; y Taco, hermano de Kevin, que siempre está fumado.

La serie gira en torno a la rivalidad que suscita la Liga Fantástica. Este tipo de competición da la oportunidad a cualquier aficionado de la NFL (fútbol americano) de convertirse en entrenador haciendo su selección de jugadores. Cada semana los participantes se enfrentan entre ellos y gana el que mejor equipo tenga (basado en el cómputo de puntos derivado de las estadísticas de sus jugadores). Así pues, cada temporada de la serie comienza con la deportiva y la elección del draft por parte de los integrantes y finaliza con dos finales y el reparto de trofeos: una para decidir el ganador de la Shiva Bowl, y otra para el perdedor, que se llevará el Sacko.

Ganar el Shiva es el máximo honor, por lo que los protagonistas no dudan en putear a los demás para conseguirlo. Y lo mismo para no hacerse con el Sacko. Es un todos contra todos y todo vale, sobre todo sacar trapos sucios del pasado. Lo laboral o familiar pasa a un segundo nivel. Lo importante es la liga.

La serie intenta tener un tono gamberro, pero se convierte en un despropósito soez y desagradable. Pero es que además el contenido es difícil de seguir, ya que si no tienen ni idea de fútbol americano o conoces a los jugadores, te pierdes todas las referencias y cameos. Así que no sabes ni de qué están hablando, y lo que entiendes te hace desconectar porque no te crees a los personajes.

No hay ninguno por el que sienta empatía o me haga gracia. Pete es tremendamente cínico e interesado; Ruxin es cruel y desagradable; Sofía, su mujer, es el típico cliché de latina-tía-buena que solo sale para hacer de mujer florero; Andre es un personaje insulso, desdibujado e ingenuo; Kevin pasa sin pena ni gloria; el personaje de Jenny está metido con calzador para que sea la mujer del grupo, pero para que se comporte como uno más (aunque en realidad es de las que más controla sobre la liga y fútbol); y Taco es el clásico fumeta que vive a costa de los demás. Pero la cosa va más allá, ya que a partir de determinado momento, aparece el hermano de Sofía, Rafi, un tipo de psiquiátrico directamente.

Además, la serie cuenta con la particularidad de que los capítulos no tienen unos diálogos escritos, sino que contaba con una especie de esquema o escaleta y a partir de ahí los actores, la mayoría de ellos cómicos, iban improvisando en el rodaje. Lo que quizá también influye en el sinsentido y surrealismo de algunas escenas.

Los actores tenían un contrato por 7 temporadas, sin embargo las dos últimas parecían ir sin rumbo. Alguno de los actores tenía otros compromisos y sus ausencias son incorporadas de una forma extraña. Como extraño es también el final incorporando un trágico suceso que rompe con el hilo argumental de la serie. Sobre todo también por la reacción de los protagonistas. No sé cómo me he tragado las siete temporadas.

Día 4 II Parte. Bombay. Mahalakshmi y Chhatrapati Shivaji Terminus

Continuamos nuestro recorrido bajando por la misma calle por la que veníamos y nos dirigimos hacia Haji Ali Dargah, una mezquita de estilo indoislámico que se encuentra en una isla a 500 metros de la costa en medio de la bahía conectada por una pasarela de un kilómetro.

Haji Ali Dargah

Haji Ali Dargah

Se construyó en 1431 en honor al mercader Sayyed Peer Haji Ali Shah Bukhari, que había prometido todas sus posesiones antes de peregrinar a la Meca. Este hombre había pedido antes de morir que no le enterraran en un cementerio, sino que su mortaja se arrojara al océano. Una forma de cumplir con su deseo fue crear la tumba en la mezquita “flotante”.

En 1960 y 1964 se renovó y en 2008 se llevaron a cabo trabajos de mejora estructurales en los que se embelleció la mezquita con mármol de Makrana (de donde proviene el del Taj Majal). Aún así, el edificio se encuentra algo deteriorado y es que se ve afectado por el efecto de los vientos salinos. Estos erosionan poco a poco su estructura. También influye el impacto de los 80.000 visitantes que recibe a la semana.

El camino que lleva a la mezquita no es muy ancho ni da mucha seguridad. En primer lugar por la cantidad de gente que va y que viene y que tienes que esquivar. Pero es que además, se alternan en los laterales puestos de sombreros, bolsos, juguetes… Así que, por si fuera poco, se estrecha el espacio con los que se paran a mirar o a comprar… Y no hay vallas o protección en los extremos.

Haji Ali Dargah

A medida que nos acercamos a la mezquita, además, hay bares que no solo aportan más calor al ambiente con sus cocinas, sino que añaden un olor a fritanga cargante. Si tenemos en cuenta que el agua no tiene muy buen color y que las orillas están llenas de basura, podemos decir que no se trata de un recorrido muy agradable.

Y si de lejos la mezquita no destaca enormemente, una vez nos acercamos a ella notamos cómo está de deteriorada.

Haji Ali Dargah

Entrando por la puerta principal se llega a un patio de mármol que es donde se encuentra el santuario central. Como cualquier templo musulmán, hay zonas segregadas para hombres y para mujeres. Aunque ahora las mujeres pueden entrar al sanctum sanctorum por orden del Tribunal Supremo de Bombay.

Haji Ali Dargah

Dimos un paseo por el atiborrado patio y nos volvimos, pues no nos llamó mucho la atención el conjunto arquitectónico.

Haji Ali Dargah

Desde la mezquita nos dirigimos hacia Dhobi Ghat, las famosas lavanderías. Los dhobi wallahs surgieron en el siglo XIX para servir a las tropas y la población británica en la colonia. Una historia similar a la de los portadores de comida. Los trabajadores de este sector son miembros de una subcasta perteneciente a una de las cuatro principales. Tienen la fama de ser los mejores en su profesión y allí se lavan millones de camisas, pantalones, toallas, sábanas… a lo largo del día.

Dhobi Ghat

Dhobi Ghat

En Dhobi Ghat trabajan unas 10.000 personas divididas entre lavadores, planchadores y transportistas. El espacio está dividido en hileras de pilas de piedras, cada una de ellas con su piedra de flagelación. Es un sistema peculiar de lavado, por así decirlo.

Dhobi Ghat

Se puede observar cómo trabajan desde una pasarela, aunque la hora que era parecía que ya tenían la jornada echada y estaban recogiendo, pues no había mucho ajetreo. Quedaba ropa tendida, pero se veía mucho tendedero vacío.

Dhobi Ghat

Ya iba siendo hora de comer y teníamos pensado ir al Spice Klub que no quedaba muy lejos. Es un local que habíamos conocido un vídeo en redes sociales en el que mostraban recetas de comida india con un toque moderno. Sin embargo, tras una caminata al sol, llegamos y había una gran cola para conseguir mesa. Debe estar muy de moda. Así que, después de esperar un cuarto de hora y ver que aquello no parecía moverse, decidimos probar suerte en el centro comercial que teníamos en la acera de enfrente, ya que tampoco es que hubiera mucho local más por la zona a aquellas horas.

Para entrar al centro comercial Fountain Phoenix Mall tuvimos que pasar un arco de seguridad y escanear mochilas y bolsos como si del aeropuerto se tratara. Estaba prácticamente vacío. Aunque, claro, no todos los habitantes de Bombay, ni mucho menos, tienen el nivel adquisitivo suficiente para poder comprar en él. De hecho, ni nosotros habríamos podido comprar en la mitad de las tiendas.

Buscamos una opción no muy pija donde comer y acabamos en #Social, un restaurante peculiar con los enchufes colgando para que puedas cargar el móvil, la carta enrollada en forma de tubo, servilletas a modo de papel higiénico y cubos para los cubiertos. Un local de estos modernos que proliferan por todo el mundo. La clientela era joven y en las pantallas de televisión pasaban partidos de cricket y fútbol de Australia (que no australiano).

Social

Nuestro camarero nos preguntó nacionalidad y sobre nuestro viaje. Al saber que éramos españoles nos contó que había venido a España y había hecho un viaje en el que había pasado por varias ciudades, todas ellas de costa (Barcelona, Alicante, Málaga…).

Para comer no sabíamos muy bien que elegir, pues tienen una carta muy extensa en la que adaptan platos internacionales al modo indio. Decidimos probar un surtido para compartir entre los cuatro, aunque no tenían todo lo que queríamos, y hubo que cambiar algún plato.

Comida Social

En la foto sobre estas líneas tenemos (de izquierda a derecha y de arriba a abajo):

  1. Shawarma, Yo Mama: kebab con patatas, ensalada, pollo asado, mayonesa de ajo y hummus. Tú te lo montas y le añades los ingredientes que desees.
  2. BBQ Board: Un plato muy americano pero con sabor muy indio. Tenía costillas con salsa barbacoa, alitas de pollo con una salsa muy picante, salchichas, un par de patatas asadas y mazorca de maíz.
  3. Them Potato Skins: Patatas asadas con queso cheddar, y salsas varias (picantes, claro)
  4. Awesomosas: Somosas rellenas de champiñones servidas con dos salsas. La roja es sriraja chunda y la verde chutney de manzana verde.

Todo estaba bastante rico, aunque yo obvié la tabla de BBQ y las salsas de las somosas por mi intolerancia al picante. Lo acompañamos con cerveza local, la Kingfisher, que es bastante suave.

Kingfisher

Acabamos bastante satisfechos con la comida, aunque hubo algún goloso que para rematar se pidió helado de chocolate, con brownie de chocolate, con chocolate fundido y sirope de chocolate por encima. Una auténtica bomba el Chocolate Blood Bath.

Postre Social

Y con el estómago lleno volvimos de nuevo al calor abandonando el centro comercial y su aire acondicionado. Volvimos hasta las lavanderías y tomamos la calle KK dirección a la estación de Byculla para volver a la zona de Fort.

Bombay

Byculla

Teníamos un total desconocimiento del sistema de trenes, de los tipos de billetes, de los precios… Yo llevaba en mi móvil un plano del tren y sabía que había unas tres líneas, pero poco más. Había unas máquinas naranjas en las que se podía comprar el billete, pero al parecer era necesario tener instalada una app y una especie de abono que recargar. Al final lo que hicimos fue ir a lo fácil. Vimos a un empleado sentado en un taburete junto a una de las máquinas así que nos dirigimos hacia él. Le enseñé el móvil y le señalé la impronunciable parada Chhatrapati Shivaji. Nos preguntó número de billetes y clase y los sacó en un momento. Le pagamos y listo.

Problema uno solucionado. Encontrar el andén tampoco fue complicado, lo divertido vino cuando tuvimos que subir. Y es que los trenes llevan las puertas abiertas y apenas se detienen. De esta forma, cuando está llegando a la estación, la gente comienza a bajarse en marcha y en el momento en que hay hueco, los del andén comienzan a subir. Así que lo que funciona es el método “sigue al local” o allá donde fueres, haz lo que vieres. Entramos sin percance e incluso nos sentamos.

Nuestro recorrido y el de la línea terminaban en la Chhatrapati Shivaji Terminus, la estación principal y céntrica de Bombay. La mayoría de los trenes del país paran aquí.

Chhatrapati Shivaji Terminus

Este edificio de estilo gótico se construyó en 1878 para albergar la sede de la Great Indian Peninsular Railway. El ferrocarril se había convertido en el siglo XIX en el símbolo del progreso y en el mundo se comenzaron a erigir magníficas estaciones que superaban en belleza a iglesias, catedrales o palacios. El Imperio Británico no quiso ser menos y quería mostrar con esta estación su modernidad, esplendor y poderío.

Chhatrapati Shivaji Terminus

En 1887 fue bautizada como Estación Victoria en honor a la reina inglesa. Mantuvo el nombre hasta 1996 que se cambió por el actual, mucho más difícil de pronunciar.

Tanto por fuera como por dentro es una auténtica maravilla arquitectónica con multitud de detalles ornamentales. Está inspirado en la arquitectura veneciana del cuatroccento, aunque mezcla elementos de la arquitectura india, como su cúpula y torres. También en la piedra combina varios estilos. Por un lado piedra de basalto amarilla de la India, y por otro, mármol italiano y granito pulido.

Chhatrapati Shivaji Terminus

El edificio mantiene su estructura original con muchos detalles decorativos. Destacan las gárgolas, que incluyen motivos que hacen alusión a las castas del país. También se pueden ver medallones con personalidades importantes, como los 10 bustos de los directores de la compañía ferroviaria.

En la puerta principal nos reciben dos columnas coronadas por un león, que representa a Gran Bretaña, y un tigre que simboliza a La India.

Chhatrapati Shivaji Terminus

Frente a la estación se encuentra el Ayuntamiento. El edificio, de estilo muy similar a la terminal de trenes, es el Brihanmumbai Municipal Corporation Building, también conocido como BMC.

Brihanmumbai Municipal Corporation Building

Se construyó entre 1884 y 1893 por orden del virrey Lord Ripon. Cuenta con una torre neogótica de 77 metros de altura. En su cúpula se erige una escultura alada y figura la inscripción prima urbis en Indis (primera ciudad de la India). En los últimos años pasó por labores de renovación y se repararon estatuas, se cambiaron azulejos rotos y se arreglaron los jardines. Además, se ha modernizado el edificio para que sea más eficiente. Por otro lado, se abrió un centro de atención al ciudadano, nuevas oficinas en la planta principal y se amplió el Corporation Hall para que se ganara en capacidad.

Desde allí emprendimos el regreso al hotel, aunque la zona estaba muy animada y había que hacerse paso entre un mercadillo. Había puestos improvisados de ropa sobre todo. Mucho vaquero y camisa de todo tipo y color.

Chhatrapati Shivaji Terminus

 

Chhatrapati Shivaji Terminus

Mercadillo

Decidimos repetir el plan de la noche anterior: ducha, bajar a cenar y planificar ruta del próximo día. Teniendo en cuenta cómo nos había ido con la cena en el hotel, nos era mucho más cómodo quedarnos que salir y buscar un nuevo sitio. Así pues, nos duchamos, nos pusimos cómodos y bajamos a cenar.

La verdad es que no variamos mucho. Un curry diferente, otro tipo de fideos y arroz y omitimos los entrantes porque ya sabíamos que los platos eran contundentes. Lo acompañamos con pan naan y la cerveza, que el camarero ya nos estaba esperando con ella preparada.

Cena

Tras la cena, repasamos y reorganizamos el día siguiente, que se esperaba cargadito y nos subimos a descansar.

Este había sido nuestro día:

Día 4. Bombay. Khotachi Wadi y Malabar Hill

Comenzamos el día levantándonos pronto para intentar aprovechar al máximo las horas de luz. Si la tarde anterior nos habíamos dirigido al sur, este día lo íbamos a dedicar a la zona noroeste. Para ello comenzamos donde lo habíamos dejado la noche anterior, en el paseo marítimo de Marine Drive, aunque la verdad es que lo único que había en el recorrido era playa con agua sucia a un lado y edificios al otro.

A la altura de la estación de Charni Road nos adentramos hacia el barrio de Khotachi Wadi una zona considerada patrimonio por sus casas de estilo portugués. Este tipo de casas están construidas en madera y cuentan con una escalera externa para poder acceder a los pisos superiores. También tienen un patio trasero. La zona fue fundada a finales del siglo XVII y las casas han ido pasándose de generación en generación, por lo que la mayoría de los residentes son descendientes de los habitantes originarios. En origen había 65 casas, aunque hoy en día tan solo quedan 28.

En las calles principales se han ido sustituyendo este tipo de construcciones por bloques de pisos con muchas rejas y en los bajos locales comerciales.

Khotachiwadi

Khotachiwadi

Khotachiwadi

Khotachiwadi

Khotachiwadi

Giramos en dirección a la Girgaon Road y nos encontramos con la St Teresa’s Church, una pequeña iglesia de ladrillo rojo y blanco. Salvo por la cruz y la inscripción en la fachada, el edificio podría ser cualquier otra cosa.

St Teresa's Church

Continuando la calle llegamos a la estación Charni Road y a la costa, donde comienza la playa Chowpatty, que al parecer suele estar muy concurrida. No sé si era muy pronto, no era día de playa, o mes… pero el caso es que había poco movimiento. Tampoco es que el color del agua y el olor ambiente invitasen a adentrarse a un baño. Nada que ver con las aguas cristalinas de Seychelles.

Playa Chowpatty

Playa Chowpatty

Frente a la playa hay altos edificios de pisos y rascacielos, se ve que es una zona de cierto nivel adquisitivo. Aunque no quita que las fachadas tengan desconchones y se vea cierta dejadez en cuanto al mantenimiento.

Chowpatty

Chowpatty

Destaca el edificio del Wilson College, de estilo gótico victoriano construido en 1889. Es una de las universidades más antiguas del país, fundada en 1882. De hecho, es anterior a la Universidad de Bombay, aunque hoy está adscrita a ella.

Wilson Collage

Al final del paseo comienza una subida desde donde se puede observar la playa y los edificios de la zona sur al fondo. Sin embargo, no es una panorámica muy atractiva.

Chowpatty

Y de nuevo volvimos a ver un recinto para alimentar palomas. Si ya de por sí era raro encontrarlo en medio de la plaza más turística de la ciudad, menos aún entendí que lo hubiera en la playa.

Chowpatty

Continuamos por la colina de Malabar, el sitio más alto de Bombay a 50 metros sobre el nivel del mar. La zona es sobre todo residencial, y está habitada por gente pudiente como pueden ser estrellas de cine o funcionarios de Estado. El nombre de Malabar proviene del lugar de procedencia de los piratas que comenzaron a invadir la ciudad-

Subimos por la calle Walkeshwar hasta llegar a Banganga Tank.

Banganga Tank

Este estanque es uno de los lugares más antiguos de la ciudad. Su nombre viene de Ganges y de Baan (flecha). Según la leyenda, el Señor Ram, el héroe exiliado de la épica Ramayana, iba en busca de su esposa Sita, que había sido secuestrada. Cansado y sediento, paró en el lugar y le pidió a su hermano Lakshmana un poco de agua. Este disparó una flecha en la tierra y comenzó a brotar agua, creando un afluente del Ganges. Pero leyendas aparte, en realidad se construyó en 1127 por Lakshman Prabhu, un ministro de la corte de los reyes de la dinastía Silhara de Thane y fue reconstruido en 1715 gracias a un donativo.

La zona es como una pequeña Benarés/Varanasí, una ciudad sagrada a la que acuden los peregrinos a purificarse en las aguas del Ganges. A su semejanza, la gente puede bañarse en el estanque de 100 metros de largo por 40 de ancho por medio de los ghats, las escalinatas que lo rodean. Entiendo que es un tema espiritual, pero muy purificadora el agua no parecía, la verdad.

Banganga Tank

En las proximidades hay un montón de templos y lugares donde los fieles colocan ofrendas.

Templo

Templo

Templo

Ofrendas

Pero si hay un templo que destaca es el Walkeshwar, dedicado a Shiva. Fue construido en 1127 y posteriormente destruido por los portugueses durante su regencia de la ciudad en el siglo XVI. Se reconstruyó en 1715 gracias a las donaciones del empresario y filántropo Rama Kamath.

Templo Walkeshwar

Continuamos callejeando y nos adentramos por la zona residencial donde parecía ser el día de lavar los coches y de hacer la colada. Nos sorprendió observar la peculiar manera que tenían de tender la ropa.

Malabar Hill

Malabar Hill

Tendedero

Pasamos por la puerta del Templo Shri Adhishewarji Jain, un templo de rito jainista, una religión que surge en la India en el siglo VI a. C. Hoy en día es una religión minoritaria, pero ha influido en la sociedad y en la política del país, ya que tienen una larga tradición ilustrada siendo la comunidad religiosa con mayor grado de alfabetización del país.

El jainismo no rinde culto a ningún dios ni reconoce los textos sagrados hinduistas. Se basa en la creencia del karma y en la purificación del alma. Hay que salvar la vida de otros para salvar el alma propia. El jainista ha de realizar esfuerzos para madurar espiritualmente venciendo a sus enemigos interiores para llegar a un estado de liberación. Las mujeres además han de pasar un paso más, puesto que primero han de reencarnarse en hombre.

Los practicantes de esta religión llevan una dieta estricta. Con el principio de la no violencia y el respeto hacia los seres vivos no es de extrañar que sean vegetarianos, pero es que además no ingieren comida que pueda contener partículas de cuerpos de animales muertos o huevos. Tampoco los fermentados. Llegan incluso a filtrar el agua para no beberse ningún microorganismo. En cuanto a las plantas, aceptan comerlas por supervivencia, pero en ningún caso consumen tubérculos o cebollas porque se produce una violencia innecesaria al matar los bulbos. También están vetadas las raíces, como las zanahorias, porque se mata la planta por completo, ya que la raíz es donde se une a la tierra y de donde crece la planta. Pero las restricciones van más allá, y es que no comen más allá de la puesta del sol porque los insectos pueden ir a la luz y nunca sabes lo que te puede entrar en la boca cuando la abres para ingerir un alimento.

Para entrar en el templo también había un listado de prohibiciones bastante extenso en la puerta. Entiendo lo de descalzarse, o lo de entrar con ropa adecuada, es algo común en cualquier recinto sagrado. Aunque los jainistas lo de descalzarse es para evitar pisar insectos. Comprendo lo de no hacer fotos en según que lugares, no colocarse delante de tal o cual imagen o guardar silencio. Pero que no se permita el acceso al recinto a las mujeres si están con la regla, ahí ya estamos hablando de otro asunto, nos estamos saliendo de los ritos, el respeto y la espiritualidad. Al parecer esta prohibición subyace de la idea de que cada menstruación es el recordatorio de la muerte de un ser vivo (mátame, camión) y también de que la mujer es un ser sexualmente deseable (tardaba en salir la culpabilización de la mujer). Todavía sigo a la espera de descubrir una religión que no sea misógina. En fin, que como una va por el mundo abortando y provocando, pues no entró y solo lo vimos de pasada. Una pena, pues tenía una estética interesante y una curiosa ornamentación.

Templo Shri Adhishewarji Jain

En fin, seguimos con nuestro recorrido hasta los Jardines Colgantes, también conocidos como Pherozeshah Mehta Gardens. Destacan por una colección de setos con formas de animales, aunque nosotros no vimos tales diseños, imagino que por la época del año que era. Quizás aún no habían crecido lo suficiente tras el invierno.

Se diseñó como un espacio de recreación para los habitantes de la ciudad y es frecuentado por familias con niños, por turistas que lo recorren tranquilamente y por gente que sale a hacer deporte.

Kamala Nehru Park

Kamala Nehru Park

En la puerta principal hay un panel que indica las normas de uso del parque, como por ejemplo que los corredores han de comenzar por la izquierda y seguir el sentido de las agujas del reloj y solo en el perímetro exterior, no en los caminos interiores; o que la gente que vaya paseando ha de hacerlo por el carril de la izquierda y dejar a los corredores el de la derecha. Asimismo, independientemente de si se camina o trota, no se puede ir más de dos personas juntas por sentido, para no bloquear el paso.

Muy cerca se encuentra el Kamala Nehru Park, un parque de un área de 370 metros cuadrados desde el que se observa la parte sur de la ciudad. Nosotros contiuamos bajando por la calle BG Kher, cerca de donde se encuentra la Torre del Silencio, unos edificios funerarios de los parsis. En esta religión se considera al cadáver un elemento impuro así que es llevado a estas torres para que sea consumido por los buitres y no contamine.

Al final de la calle llegamos a un cruce desde donde se podía ver la Antilia Ambani House, un extravagante rascacielos propiedad de Mukesh Ambani, Presidente de Reliance Industries y el hombre más rico de la India (y cuarto en el mundo). Yo no había oído hablar de esta construcción en mi vida, pero al parecer está considerada la segunda propiedad residencial más cara del mundo, tras el Palacio de Buckingham y la primera en el ámbito privado, ya que el palacio pertenece al gobierno británico. Está valorada en mil millones de dólares (o un billón según los estadounidenses) y en sus 173 metros de altura cuenta con 27 plantas en las que se pueden encontrar además de habitaciones, baños y cocinas varias piscinas, un estudio de yoga, uno de baile, una sala de baile, un teatro con capacidad para cincuenta personas, tres terrazas con jardines, un gimnasio y un spa. No puede faltar espacio para los coches de lujo, por lo que cuenta con un garaje de seis plantas y tres helipuertos. Ahí es nada.

Como el señor Ambani no nos iba a enseñar su casita (ni que nos interesara mucho tal ostentación, la verdad), continuamos bajando por la calle August Kranti Marg hasta llegar a la iglesia jesuita de St Stephen.

St Stephen

De nuevo otra iglesia que de no ser por el cristo, la inscripción y la cruz, pasaría desapercibida como un edificio cualquiera.

Allí tomamos la calle Bhulabhai Desai Marg pasando por el 1905 Prince’s Triumphalarch, que nos conducía a una zona muy animada con un mercado donde vendían comida, bebida, bolsos, frutos secos y unos coloridos mandalas.

Prince's Triumphalarch

Mercado

Mandalas

En esta parte de la ciudad llegamos a un entramado de calles lleno de templos y lugares de ofrendas. Allí se encuentra el Templo Shree Swaminarayan, el templo hindú más antiguo de la ciudad dentro de la rama Swaminarayan. Su fachada blanca está muy elaborada y llena de detalles ornamentales. Tiene una terraza en la parte superior y hasta su inferior está decorado con pasajes coloridos.

Shree Swaminarayan

Aún nos quedaba mucho por ver y se acercaba la hora de la comida. Continuará en la próxima entrada.