Serie Terminada: Buena Conducta

En el primer capítulo de Buena Conducta vemos a una Letty que acaba de salir de la cárcel y que intenta recomponer su vida lejos del alcohol, las drogas y los robos para recuperar la custodia de su hijo. Sin embargo, no lo tiene fácil y en uno de sus robos se cruza con Javier, de profesión sicario. En su propósito por hacer las cosas bien, intentará frustrar el encargo del asesino a sueldo, sin embargo, este la descubre y la obliga a seguir con él para que no le delate.

A partir de aquí la serie se desarrolla de forma similar a una road movie en la que dos personajes muy diferentes se encuentran en un momento complejo de su vida y juntos se adentran en viaje sin rumbo, porque lo más importante es lo que ese camino les va a aportar en su desarrollo personal y no el destino. Son dos outsiders intentando encontrar su lugar en el mundo. Es cierto que Letty es retenida contra su voluntad al principio, pero poco a poco comienza a darse cuenta de que Javier le aporta cierta serenidad.

Letty es un personaje muy complejo. Es una antiheroína llena de incoherencias. Es adicta y ha llevado una vida de excesos y cometiendo delitos, pero sin embargo tiene claras sus convicciones morales y asesinar es algo que desde luego no ve con buenos ojos. Por eso intenta enmendar a Javier. Y es curioso, porque mientras la motivación por recuperar a su hijo no impide que se autoboicotee, no pierde la perspectiva con respecto a su compañero de viaje. Durante toda la serie vemos un equilibrio entre sus buenos propósitos y sus recaídas.

Javier también tiene sus propias contradicciones. De entrada llama la atención que no es el típico asesino a sueldo con aspecto de armario empotrado con un carácter de mierda que en vez de hablar gruñe o que mata con una mirada. No tiene nada que ver con un Punisher, sino que es un tipo simpático, tranquilo, educado, con muy buen corazón y empatía (no hay más que verle con su familia o cómo intenta mantener a Letty lejos de sus adicciones y ayudarla a recuperar a su hijo). Sin embargo, es frío y calculador a la hora de planificar sus encargos y después no tiene ningún tipo de remordimientos.

Juntos suman bastantes problemas y podríamos decir que incluso su relación es tóxica en determinados momentos. No obstante, también se hacen mucho bien el uno al otro, se contrarrestan. Ambos han tenido una infancia y adolescencia llenas de traumas y quizás por ese pasado cargado de oscuridad saben entenderse y apoyarse.

Cuando Buena conducta se centra en ellos, resulta interesante. Hay buena química entre ellos y tanto Michelle Dockery como Juan Diego Botto están muy bien en sus papeles. Sin embargo, la cosa cambia cuando hablamos de la relación con la madre de Letty o su agente de la condicional, dos personajes que no parecen muy bien dibujados y que cambian de actitud sin mucho sentido, como si no estuvieran muy bien estructurados y solo sirvieran para provocar una reacción.

Así, la segunda temporada resulta un tanto extraña con la madre de Letty delantando a Javier (cuando sabe el bien que le hace a su hija) y con Christian jugando a las casitas con la agente Rhonda Lashever. No parece muy propio de sus personajes. Y aunque la trama del FBI resulta muy entretenida y deja algún capítulo realmente bueno, en conjunto bien podría haberse cerrado la serie en la primera temporada y tan felices. También es verdad que podría haber continuado hasta la quinta, tal y como tenían por contrato, ya que al final Buena conducta lo único que necesitaba era a Letty, Javier, el Range Rover y la carretera.

No es una mala serie, pero a veces me resultó lenta. Me esperaba algo más de acción con robos, asesinatos y huidas pero, como digo, lo importante es el desarrollo de los personajes, el porqué son cómo son, de qué huyen, cuáles son sus debilidades y cómo se apoyan el uno al otro. No obstante, tiene una buena mezcla de géneros e incluso arranca una sonrisa en momentos bastante dramáticos. No está mal para pasar el rato.

Berlín III. Día 2: East Side Gallery

Nos levantamos a las 8 de la mañana para aprovechar bien el día. Había amanecido lluvioso y frío, nada raro un 7 de diciembre, así que nos abrigamos bien y nos pusimos en marcha. Como habíamos llegado tan tarde no teníamos nada que desayunar, así que lo haríamos en marcha. De camino al S-Bahn el olor nos llevó a una Bäckerei (panadería) donde compramos unos bollos recién hechos. En la pequeña estación de Schönhauser Alle, justo antes de bajar al andén, completamos el desayuno con unas bebidas calientes.

Nuestra primera parada del día era la East Side Gallery, por lo que nos bajamos en Westkreuz, pero antes de recorrer el resto del muro, nos acercamos a una terraza sobre el Spree para fotografiar el Oberbaumbrücke, el puente más atractivo de la ciudad. 

Su aspecto recuerda a las puertas amuralladas de estilo gótico báltico, de hecho, el arquitecto Otto Stahn se basó el la Mitteltorturm de ciudad de Prenzlau. Pero este diseño data de finales del XIX, el puente original, construido en 1724, no era más que una barrera de tronco de árbol que servía como puesto de aduanas. De ahí el nombre Oberbaum (árbol río arriba). Río abajo había otro control, el Unterbaum.

Tras la caída del muro fue renovado recuperando su diseño, aunque Santiago Calatrava le añadió una sección central de acero.

Desde sus orígenes ha servido de límite fronterizo. Lo era como control aduanero, después en 1920 como delimitación entre los distritos de Friedrichshain y Kreuzberg y con la construcción del muro como frontera entre Berlín Este y Berlín Oeste. Perdió esta característica en 2001, cuando se creó el distrito de Friedrichshain-Kreuzberg. Hoy en día tiene un carácter más festivo y suele acoger actividades culturales  y artísticas.

Dando la espalda al puente tomamos la Mühlenstraße, donde se conserva la mayor parte del muro de Berlín que queda en pie. Recordemos que fue erigido el 13 de agosto de 1961 y cayó el 9 de noviembre de 1989. El muro se levantó en una noche y, con una longitud de 45 kilómetros, dividía en dos la ciudad de Berlín. Además, unos 115 kilómetros adicionales rodeaban el oeste aislando así la República Federal de la Democrática. Desde la RDA se le dio el nombre de Barrera de protección antifascista ya que la intención era protegerse contra “la inmigración, la infiltración, el espionaje, el sabotaje, el contrabando, las ventas y la agresión de los occidentales”.

Se sellaron los accesos y se cancelaron los medios de transporte que comunicaban ambos lados (el S-Bahn y el U-Bahn sí que circulaban del Oeste al Este, pero no paraban). En el oeste había dos puntos de control (Helmstedt y Dreilinden) y en el este uno (en la Friedrichstraße), cada uno de ellos renombrado siguiendo el alfabeto radiofónico: Alfa, Bravo, Charlie. Hoy queda en pie el tercero (una copia), que visitaríamos otro día.

Además, las casas cercanas al muro se vaciaron para poder crear un perímetro limpio.

El muro se renovó en 1975, erigiendo uno nuevo de hormigón armado con una altura de 3,6 metros de altura y más de 120 kilómetros de longitud. Además, la frontera se reforzó con una valla de tela metálica con tendido de alambre de espino, una alarma que detectaba el contacto con el suelo, pistas de control para recoger las huellas de los fugitivos, fosos, barreras antivehículos y antitanques, más de 300 torres de vigilancia equipadas con proyectores de búsqueda y treinta búnkeres.

Y si el muro se levantó de la noche a la mañana (aunque se llevaba tiempo gestando), podríamos decir que cayó de la misma manera. Un poco antes de las 7 de la tarde del 9 de noviembre de 1989 Günter Schabowski anunció en una conferencia de prensa sobre la Ley de Viajes que se habían retirado todas las restricciones y que la gente podría moverse libremente simplemente con su identificación. Cuando fue preguntado por la entrada en vigor de la medida respondió “desde ya” y la lió, porque quienes estaban siguiendo la retransmisión en directo se lo tomaron al pie de la letra y se echaron a la calle. Es lo que tiene el alemán, que es muy preciso, y si usas ab sofort y no otros términos similares estás expresando una connotación de inmediatez innegable.

Los guardias fronterizos, que aún no habían recibido notificación alguna, se vieron sobrepasados ante la llegada de tantas personas y no se atrevieron a disparar. Al final acabaron abriendo los puntos de acceso tanto a un lado del muro como al otro.

En las horas siguientes hubo quienes (sobre todo desde el lado occidental) se presentaron con hachas, picos y otro tipo de herramientas dispuestos a derrumbar el muro y al artista alemán Bodo Sperling se le ocurrió la idea de salvar al menos un trozo para crear una galería de arte urbano al aire libre. Fue así como nació la East Side Gallery, un tramo de 1,3 kilómetros que sería pintado en desde febrero a septiembre de 1990 por 118 artistas internacionales.

He recorrido tres veces este tramo (una de ellas en coche) y las pinturas han cambiado. Y esto es porque hay muchas que han sido grafiteadas encima y en 2009 se llevó a cabo una renovación. Y aún así, hay algunas que se ven como recién hechas, mientras que otras no han sido respetadas y de nuevo tienen pintadas encima.

Viendo las fotos de 2007 y las de 2018 hay muchas que han sido sustituidas, sin embargo, otras más conocidas se mantienen. Sin duda es el caso de el Bruderkuss entre Brezhnev y Honecker, una de las obras más fotografiadas.

También se mantiene la del Trabant atravesando el muro.

En general la mayoría de las pinturas están relacionadas bien con la época de la Alemania dividida o bien con las guerras, la paz o los muros que se construyen en todo el mundo (erigidos por países no comunistas – hola, España-  y con más muertes anuales que en todo el tiempo que estuvo en pie el de Berlín).

Cuando llegamos al otro extremos del muro nos dirigimos a Ostbahnhof donde tomamos el S-Bahn hasta la estación Alexanderplatz, una de las más importantes y también de las más usadas de Berlín.

Berlín II. Datos sobre Alemania

Después de un sueño reparador, comenzábamos nuestra visita a la capital germana, una ciudad más que relevante en la historia del país. Hagamos un poco de repaso:

Los primeros pueblos que se asentaron en la región que hoy ocupa Alemania fueron tribus germánicas procedentes del sur de Escandinavia, celtas de la Galia y eslavas del Este de Europa. Más tarde, en el siglo III, tuvieron lugar lo que nosotros conocemos como “Invasiones Bárbaras” pero que los alemanes estudian en el colegio como el “La migración de los pueblos germánicos”. Las tribus germánicas del Oeste (alamanes, catos, francos, frisones, sajones y turingios) fueron aplastando a las tribus celtas a su paso y siguieron su camino hacia el oeste.

Alrededor del año 800 Carlomagno fundó un gran imperio (ocupaba los territorios que hoy conforman Francia y Alemania) que se se convirtió en la mayor potencia política de Europa en la Alta Edad Media. Sin embargo, este Imperio Carolingio no duró mucho, ya que a la muerte del emperador quedó disuelto en tres reinos:

  • Westfrankenreich o Francia Occidental (lo que hoy sería Francia) gobernada por Carlos el Calvo;
  • Ostfrankenreich o Francia Oriental (origen de la Alemania actual) dirigida por Luis el Germánico;
  • y Mittlere Frankenreich también conocida como Ostfrankenreich Media (que incluía los territorios del actual Benelux y algunas zonas de Francia y norte de Italia) bajo el reinado de Lotario.

Un siglo más tarde el Papa coronó emperador a Otto el Grande de la dinastía sajona. Nació entonces el Sacro Imperio Romano Germánico, que existiría con diferentes formas y fronteras entre 962 y 1806. En primer lugar abarcaba los ducados de Lorena, Sajonia, Franconia, Suabia, Turingia y Baviera, pero entre 1024 y 1125 con la dinastía salia, se extendería hasta el norte de Italia y Borgoña. Más tarde, entre 1138 y 1254 con los Hohenstaufen se expandiría hacia el sur y este, intentando germanizar a los eslavos. Con esta dinastía además prosperaron varias ciudades norteñas del territorio gracias a la Liga Hanseática.

Cuando murió Federico II, el último emperador Hohenstaufen, comenzó período de 19 años de caos, conocido como el Gran Interregno, cuando ninguno de los sucesores fue capaz de conseguir los apoyos necesarios para ascender al trono. Finalmente, en 1273 lo hizo Rodolfo I, de los Habsburgo, una dinastía que mantendría el poder hasta principios del siglo XIX con la llegada de Napoleón.

No obstante, el imperio pasaría por momentos en los que su unidad se vería amenazada, como en el siglo XVI con la llegada de Martín Lutero, quien escribió en 1517 las 95 tesis en las que cuestionaba la Iglesia Católica. Con esta crítica a la doctrina católica, el monje cambió el pensamiento teológico originando la Reforma Protestante y dando lugar a la Iglesia Luterana, que comenzó a ser reconocida como nueva religión oficial en muchos estados del norte a partir de 1530. Carlos V (Carlos I de España, el nieto de los Reyes Católicos) pasó gran parte de su reinado luchando contra la creciente amenaza del protestantismo y esforzándose por mantener el Sacro Imperio Romano intacto, pero finalmente en 1555, con la Paz de Augsburgo, sería reconocida como igual a la católica y no solo el imperio quedaría dividido en dos ramas religiosas, también lo haría toda Europa, como ya vimos con el Reino Unido.

Este cisma religioso desembocó en 1618 en la Guerra de los Treinta Años, que mermó la población de los estados alemanes en un 30% y acabó con el imperio reduciéndolo a un conglomerado de estados y territorios sin apenas poder a la firma del la Paz de Westfalia. Con ella Suiza y los Países Bajos se independizaron, Francia se hizo con Alsacia y Lorena, y Suecia se extendió hasta la desembocadura de los ríos Elba, Óder y Weser. Paralelamente, a medida que el Sacro Imperio Romano Germánico se iba disolviendo, Brandeburgo-Prusia, de la dinastía Hohenzollern, comenzó a despuntar. Se convirtió en un estado potente que abrazó las ideas de la Ilustración, garantizó la libertad religiosa e introdujo reformas legales. Esto atrajo a grandes pensadores de Europa e hizo que Berlín floreciera como capital cultural. El Sacro Imperio Romano Germánico se disolvió en 1806 cuando el emperador Francisco II abdicó después de perder en la Batalla de Austerlitz. Napoleón se hizo con el control de Europa y reorganizó el territorio en 30 estados soberanos agrupados como la Confederación del Rin, que duró hasta la Batalla de Leipzig de 1813, cuando las tropas prusianas, rusas, austriacas y suecas vencieron al francés.

En el Congreso de Viena de 1815 Alemania se reorganizó como Confederación Germánica, una agrupación de 39 estados encabezada por Austria y Prusia (aunque tras la revolución en 1848 Austria estuvo un par de años fuera). En 1861 llegó al trono Guillermo I de Prusia y nombró canciller a Otto von Bismarck, quien modernizó el ejército y movió las tropas para anexionarse estados. Además, en 1867 formó la Confederación Alemana del Norte excluyendo a Austria. Tras vencer en la Guerra Franco-Prusiana el orgullo nacional aumentó y en enero de 1871 se proclamó el Imperio Alemán con el Reino de Prusia como su principal constituyente y Berlín como capital. Eso sí, Austria ya quedaba totalmente fuera. Guillermo I fue coronado Emperador y Otto von Bismarck nombrado canciller.

En esta nueva etapa ya como nación conocida como Años Fundacionales, Alemania orientó su política exterior en colonizar territorios en África y posicionarse como gran potencia a la vez que intentaba aislar a Francia. Internamente se centró en la industrialización. A principios del siglo XX el país ya rivalizaba con Gran Bretaña y los Estados Unidos. Sin embargo, las fricciones imperialistas hicieron que Alemania se quedara cada vez más sola cuando se creó la Triple Entente (Reino Unido, Francia y Rusia).

Con el atentado del heredero de la corona del Imperio Austrohúngaro en Sarajevo ya vimos que Austria quiso aprovechar la oportunidad para acabar con Serbia, a lo cual Alemania se unió. Así, las grandes potencias quedaron divididas en dos bandos: por un lado la Triple Entente, y por otro la Alianza Central (Alemania y Austria-Hungría). La I Guerra Mundial acabó el 9 de noviembre de 1918 con la abdicación del Emperador Guillermo II, terminando también con la monarquía en el país y dando lugar a la República de Weimar con una nueva Constitución Federal que incluía el sufragio femenino y derechos sociales básicos.

Con el Tratado de Versalles un año más tarde Alemania perdió sus colonias, su fuerza militar y gran parte de su poder industrial. La derrota de la guerra supuso además un gran bazazo económico al tener que indemnizar al resto de países. Esta adversidad económica como consecuencia del tratado de paz duró unos años y cuando Alemania empezaba a recuperarse, llegó el crack del 29. Así pues, durante los años de la República de Weimar (1919-1933) hubo un descontento bastante generalizado entre la población. Todo esto unido a la sensación de que la guerra se podía haber ganado, sirvió a partidos como el NSDAP para ir ganando cada vez más fuerza.

Hitler llegó a jefe de Estado y poco después, el 27 de febrero de 1933, el Reichstag fue incendiado. Una operación provocada por los propios nazis (capitaneados por Hermann Göring) para culpar a los comunistas (cómo no).

El suceso sirvió como excusa para derogar algunos derechos democráticos fundamentales y crear la Ley Habilitante que le daba al gobierno el pleno poder legislativo. Alemania se convirtió entonces en un estado totalitario con un único partido. Todos los partidos, organizaciones y sindicatos no nazis dejaron de existir. Todo aquel que opinaba diferente fue perseguido, detenido y aniquilado. El proclamado Führer quería volver a la idea de gran imperio (de hecho llamó a su dictadura el Tercer ImperioDrittes Reich), por eso comenzó a anexionarse tierras vecinas de Austria y Checoslovaquia, después lo intentó con Polonia, lo que provocó que el Reino Unido y Francia le declararan la guerra. Supuso el estallido de la II Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939.

En un inicio Alemania consiguió el control de varios territorios, sin embargo la cosa cambió cuando en el verano de 1941 intentó invadir la Unión Soviética. A pesar de los apoyos de sus aliados, el ejército nazi era insuficiente para un territorio tan amplio. Al final, Alemania tuvo que capitular el 8 de mayo de 1945 tras la entrada de las tropas soviéticas en el país. Internamente, el régimen nazi se acabó con la vida de alrededor de cincuenta millones de personas, entre ellos seis millones de judíos y tres millones de polacos. De los siete millones de personas que fueron deportadas a campos de concentración, solo sobrevivieron 500.000.

Tras la guerra, en la Conferencia de Potsdam se volvió a redefinir el mapa de Europa. Fue el mismo escenario de ocupación militar compartida con la capital dividida que ya se había producido en Austria, solo que en el país vecino los soviéticos accedieron a retirarse a cambio de la neutralidad. Stalin había pedido unos meses antes en la Conferencia de Yalta una Alemania unificada y desmilitarizada, pero no se aceptó el trato y Alemania quedó dividida en cuatro partes: Francia al suroeste, Gran Bretaña al noroeste, Estados Unidos al sur y la Unión Soviética al este. Berlín, la antigua capital nazi, quedó también dividida entre los aliados. Nacieron así la Deutsche Demokratische Republik (República Democrática Alemana, RDA) al este (con capital en Berlín) y la Bundesrepublik Deutschland (República Federal de Alemania, RFA) al oeste (con capital en Bonn).

En mayo de 1949 las potencias occidentales unieron sus territorios y fundaron la RFA (con numerosos nazis en el gobierno, servicios de inteligencia, administraciones, etc.), incumpliendo así los acuerdos de Yalta y Potsdam. Poco después, como respuesta, nació la RDA. Pronto habría roces entre los aliados y la URSS, ya que estos últimos pedían cuantiosas indemnizaciones por las pérdidas sufridas durante la guerra (solo en recuento humano perdieron casi 30 millones de vidas). Mientras tanto, Alemania Occidental se estaba recuperando económicamente bajo la gestión del canciller Konrad Adenauer gracias al Plan Marshall que aportó unos 4.000 millones de dólares y a la condonación de intereses acumulados de las deudas o reducción de quitas superiores al 50%. Se convirtió en miembro de la OTAN y de lo que hoy es la Unión Europea.

Estas significativas diferencias económicas hicieron que miles de alemanes orientales emigraran a la RFA en busca de un mayor nivel de vida. Circunstancia que afectó gravemente a la RDA, puesto que perdió trabajadores en cuya formación había invertido previamente. Además, las tensiones crecieron cuando en junio de 1948 los aliados introdujeron el marco alemán en sus territorios rompiendo el acuerdo de la Conferencia de Potsdam que estipulaba que todas las zonas tendrían la misma moneda. Los soviéticos reaccionaron lanzando el Ostmark y bloqueando a Berlín Oeste por tierra, ya que lo tenían rodeado, no obstante los aliados occidentales consiguieron evitarlo descargando suministros en el aeropuerto de Tempelhof de Berlín Oeste.

Según se ha conocido por archivos oficiales y desclasificados, parece que en 1952 Stalin volvió a intentar la unificación de Alemania proponiendo tratados de paz, sin embargo, EEUU se negó (y de nuevo lo hizo en 1958). El motivo era sencillo, no quería perder el control geopolítico, económico y militar de la RFA, ya que ocupando este sector se aseguraban bases militares cerca de la URSS. La posición estratégica le favorecía ante un posible avance a otros territorios comunistas soviéticos como Polonia, Checoslovaquia o Hungría. Se ha conocido que la CIA participó en el asedio a la RDA financiando grupos terroristas como el neonazi KgU (Die Kampfgruppe gegen Unmenschlichkeit), que mantuvo una red de espionaje y cometió actos de sabotaje atacando infraestructuras (líneas eléctricas y telefónicas) y fábricas. Además, este grupo llevó a cabo pruebas de armas químicas contra la población, como las bombas de arsénico en Leipzig en 1951.

El 17 de junio de 1953 se intentó dar un Golpe de Estado contra la RDA. No estaban en juego ni las elecciones libres, ni mejorar el nivel de vida de los residentes en el este, sino que fue una operación orquestada desde el oeste con el objetivo de provocar una rápida anexión de la RDA a a la RFA. Fueron mandados agentes de servicios de inteligencia occidentales para provocar revueltas, paros temporales y manifestaciones violentas y así generar una respuesta represiva del gobierno que acabara en su caída. No lo consiguieron, pero el acoso contra la RDA fue “in crescendo”.

A estos ataques de grupos fascistas, intentos de golpes de estado y el contrabando que minaba la economía del país se sumó el descubrimiento por parte de la Stasi de los planes DECO II y MC-96, por los que la RFA con apoyo de la OTAN pretendía invadir y “liberar” militarmente la RDA. Dado que las potencias occidentales se negaron a retirarse de Berlín Occidental tras el ultimátum de Krushchev, el líder soviético, se tomó la decisión de erigir una barrera antifascista. Siempre se cuenta que era para evitar la huida de ciudadanos, y seguramente era también una razón, ya que para mediados de 1961 unos 300.000 ciudadanos de la RDA emigraban anualmente a la RFA con la consiguiente fuga de cerebros, de técnicos y de mano de obra; no obstante, no parece que sea el motivo de más peso cuando antes de construirse el muro miles de alemanes de Berlín Este iban a trabajar por la mañana a Berlín Oeste y volvían a sus casas por la tarde. Además, el muro bordeaba la frontera de la RFA, no de la RDA. La decisión de erigir el muro se tomó en un contexto en el que se pensaba que cualquier movimiento podría ser un detonante que condujera a una guerra devastadora y al colapso del país. Es verdad que fue construido por la RDA, pero los americanos estaban de acuerdo. El propio Kennedy llegó a asegurar que “era mejor un muro, que una guerra“.

A los británicos tampoco les parecía mal la idea, tal y como escribió en 1999 Paul Oestreicher, corresponsal de la BBC en Berlín. Parece que un mes después de que el muro fuera construido el jefe militar del sector británico de la RFA le aseguró off the record que la decisión había sido recibida “con alivio” (pues así se cortaría de alguna manera el flujo de inmigrantes) y que además les proporcionaba “una nueva arma de propaganda”.

En los años siguientes la tensión siguió escalando. Sigo sin entender que se le llamara Guerra Fría, cuando aquello estaba al rojo vivo. En octubre de 1961 podría haberse desatado la III Guerra Mundial después de que EEUU enviara a espías y diplomáticos al paso fronterizo de la RDA sin su correspondiente documentación. En una de las ocasiones en las que los soviéticos impidieron el paso a los americanos, estos últimos respondieron enviando sus tanques al Checkpoint Charlie. Los soviéticos tomaron entonces posición frente a ellos y la confrontación duró tres días, hasta que estos recibieron la orden de retirada y dejaron pasar a los americanos.

En 1968 ante la falta de perspectiva de unificación, se firmó una nueva constitución en la que quedaba recogida oficialmente la división de Alemania en dos naciones.

Tras unas décadas en las que progresivamente se fueron suavizando las relaciones entre ambos lados y se firmaron acuerdos que regulaban el paso de un lado al otro, el muro acabó “cayendo” el 9 de noviembre de 1989 después de que el funcionario Günter Schabowski comunicara en rueda de prensa su apertura. No fue un acto espontáneo del pueblo de la RDA como a veces se comenta, sino que la gente se enteró por los comunicados de la radio y la televisión de Berlín Oeste y se echó después a la calle.

En general la gente se dejó llevar por la propaganda occidental y la promesa de una vida mejor, sin embargo, también hubo quien se echó a la calle el día 10 para cantar la Internacional y pedir que siguiera en pie el muro.

Casi un año más tarde, el 3 de octubre de 1990, Alemania se reunificó en un único estado formado por 16 estados. La RDA quedó disuelta y en diciembre se celebraron unas elecciones de las que saldría Canciller Helmut Kohl de la CDU. Berlín se convirtió en ciudad-estado (y recuperó la capitalidad en 1991) y la antigua RDA adoptó el marco de la RFA. Se trasladó la capital de Alemania de Bonn a Berlín e ingresó en la Unión Europea.

Sin embargo, la reunificación no fue sencilla para los habitantes del este, ya que sufrieron grandes pérdidas. Con la integración de la RDA en la RFA el patrimonio público de la Alemania Oriental fue repartido y las empresas estatales vendidas a precio de saldo. En otros casos fueron llevadas a la quiebra para hacerlas desaparecer y que no compitieran con el mercado occidental. Con el muro cayeron también los avances sociales como la atención sanitaria y educación gratuitas, el derecho a una vivienda, igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, un empleo seguro, pensiones de jubilación o enfermedad, 6 semanas de baja por maternidad del parto y 8 de permiso después (cobrando el 100% del sueldo), prescripción gratuita de anticonceptivos, aborto libre y gratuito, etc. Sin la socialización de los medios de producción se acabó la inversión en derechos de los ciudadanos.

En los años siguientes a la reunificación se dispararon en el este de Alemania un 45600% las operaciones de esterilización de mujeres. Y es que sin la gratuidad de los anticonceptivos, sin aborto libre y con trabajo precario, no querían arriesgarse a un embarazo. También aumentaron los suicidios, aunque eran silenciados, al contrario de lo que ocurría cuando existía la RDA, que se usaban como propaganda de lo desgraciados que eran en el este.

Además RFA anuló las expropiaciones que se habían realizado en 1945 a los colaboracionistas de los nazis, por lo que muchos ciudadanos perdieron sus viviendas, sus trabajos y su calidad de vida. La propaganda occidental les vendía alto nivel adquisitivo y sociedad de consumo y sin embargo lo que obtuvieron en su lugar fue desempleo y miseria. Reinaba la inflación, el paro y la brecha salarial con respecto a la parte occidental. Se veía claramente un país dividido entre vencedores y vencidos.

Hoy, aunque internamente siguen vigentes las diferencias, Alemania de cara al exterior es uno de los países con mayor influencia en el continente europeo. Al tener la mayor población entre los estados miembros de la Unión Europea (con más de 80 millones de habitantes) tiene gran peso en las políticas de la unión y del mundo.

Culturalmente también ha influido en varios campos, de hecho, Alemania es conocida como Das Land der Dichter und Denker (la tierra de poetas y pensadores).​ Aunque en realidad habría que hablar de cultura alemana englobando a las zonas de habla alemana, pues, como hemos visto, el país ha cambiado bastante sus fronteras con el paso de los años. Así, dentro de la cultura alemana podemos hablar de figuras históricas en diferentes áreas (literatura, filosofía, matemáticas, ciencia, arte, arquitectura…) como Goethe, Schiller, los Hermanos Grimm, los Mann, Brecht, Hesse, Böll, Grass, Mozart, Bach, Händel, Beethoven, Brahms, Wagner, Durero, Mies van der Rohe, Fassbinder, Copérnico, Einstein, Fahrenheit, Röntgen, Leibniz, Kant, Hegel, Nietzsche, Schopenhauer, Heidegger, Habermas, Marx, Engels, Gutenberg, Ferdinand von Zeppelin, Gottlieb Daimler, Rudolf Diesel, Karl Benz, etc. Por supuesto, no podemos olvidarnos del ya mencionado Lutero, quien además de provocar una importante fractura en el mundo cristiano, creó una lengua alemana unificada gracias a la traducción de la Biblia.

El alemán, sí, ese idioma que tiene fama de duro y difícil. Lo de duro es porque hemos visto muchas pelis de nazis pero lo de difícil no lo voy a negar, pues cuenta una estructura sintáctica bastante marcada y varias normas sobre cómo colocar cada uno de los elementos. Además, es flexivo, por lo que hay que concordar en número y género (primeramente tienes que saber si la palabra es masculina, femenina o neutra) y luego están las declinaciones…

Lo bueno es que como es tan cuadriculado es muy fácil identificar qué es sujeto, qué complemento directo o qué un genitivo sajón. El que los sustantivos (tanto propios como comunes) vayan en mayúscula, también ayuda.

Un punto a su favor es que se lee prácticamente como se escribe, por lo que para un hispanoparlante resulta más sencillo que el francés, a pesar de que este sea también una lengua romance. Por muy larga que sea la palabra, se lee. El truco está en dividirla, y es que es un idioma tan preciso que si no tiene un término para explicar un concepto, lo crea usando vocablos que lo definan.

Así, Krankenhaus (casa de los enfermos) es un hospital, Krankenschwester (la hermana de los enfermos) es una enfermera y Krankenwagen (coche de los enfermos) es una ambulancia.

En cualquier caso, tanto en Berlín como en Alemania la gente tiene un muy buen nivel de inglés y saber alemán no es requisito imprescindible para visitarla.

Empezamos.

Serie nueva: “para ver”: Criminal

Criminal es una coproducción que se desarrolla a cuatro bandas entre España, Francia, Alemania y Reino Unido. En sus doce episodios se desarrollan sendas historias (tres por cada país) con un único nexo de unión: una sala de interrogatorios.

Así de primeras la premisa de la serie llama la atención por su originalidad. Normalmente cuando se trata de una serie policíaca suele haber un crimen, una investigación con sus CSI, su forense, sus policías… Sin embargo aquí nos encontramos sin contexto, sino que la trama nos mete de lleno en el interrogatorio de una sospechosa y a partir de ahí vamos descubriendo de qué va el caso.

Criminal tiene una estructura muy teatral, ya que se desarrolla prácticamente en un único escenario, la acción transcurre cronológicamente (parece que además el interrogatorio se rodó del tirón para mantener la intensidad emocional) y se sustenta en mucho texto. Es un ensayo sobre el arte de interrogar, un duelo psicológico y dialéctico entre policías y sospechosos. Así, el poder de la serie recae en los diálogos y en el carisma de los personajes.

En el primer episodio español la detenida es una mujer obsesionada con su dálmata. Ella y su hermano son sospechosos de la desaparición de un hombre, pero se muestra tranquila, segura de sí misma y desafiante durante todo el interrogatorio. Es por medio de las preguntas y respuestas que vamos intuyendo qué es lo que ha ocurrido y de qué es sospechosa.

Parece que cada capítulo funciona de forma independiente y autoconclusiva. Así, lo único que evolucionarían serían los policías, que sí que repiten en los tres capítulos correspondientes de cada país. Realmente en este sentido no difiere mucho de un procedimental cualesquiera en el que cada semana se afronta un caso diferente con nuevas víctimas y sospechosos. Sin embargo, aquí me da la sensación de que el interrogado cobra más protagonismo que en aquellas series más tradicionales y es tanto o más relevante que los agentes. Y en este sentido, mientras que estos tienen más recorrido y se les puede llegar a conocer mejor al tener más minutos de pantalla y tener que probar diferentes métodos de interrogatorio, con el detenido todo va bastante más rápido.

Por otro lado, me queda la duda de ver cómo van a encajar no solo las tres historias independientes de cada país, sino cómo lo van a hacer internacionalmente, ya que hay un factor cultural diferenciador no solo en los métodos sino en los caracteres, costumbres e idiosincrasia. Es cierto que se han rodado en el mismo escenario, pero no sé si eso servirá para crear suficiente cohesión y dar sensación de temporada de doce episodios o por el contrario parecerá que estamos viendo cuatro miniseries diferentes de tres capítulos.

Habrá que verlos todos para sacar una conclusión.

Berlín I. Día 1: Vuelo y llegada a Berlín

Por fin llegó el 6 diciembre y con él nuestro viaje a Berlín. Volábamos con Easyjet, compañía que solo permite UNA pieza de equipaje de mano de máximo de 56 x 45 x 25 cm (eso sí, sin límite de peso), por lo que llevábamos a rebosar los bolsillos de nuestros abrigos. Básicamente repartimos entre los compartimentos todo aquello que habríamos llevado en un bolso de mano, pero pareciendo el muñeco de Michelín.

El vuelo fue tranquilo y aprovechamos para hacer una merienda-cena, ya que llegábamos a las 21:45 a Tegel y seguramente estaría todo cerrado. El plan del día era llegar al alojamiento lo antes posible y descansar para el día siguiente estar con las pilas cargadas. Poco más.

En el mismo aeropuerto de Tegel, junto a la parada del autobús, compramos los tres pases semanales (7-Tage-Karte) para la zona ABC. Por un importe de 37,50€ tendríamos cubiertos los trayectos para toda nuestra estancia, incluida la ida y vuelta al aeropuerto, así como las excursiones a Sachsenhausen y Potsdam. Tiene la peculiaridad de que entre semana de 20h a 3 de la mañana y los sábados, domingos y festivos, se puede llevar sin coste adicional a un adulto y hasta tres niños (de 6 a 14 años – los menores de 6 van siempre gratis). El billete también incluye un perro o una mascota pequeña, equipaje de mano, sillita infantil o silla de ruedas. No así la bicicleta, que requiere un billete aparte.

Berlín cuenta con U-Bahn (metro), S-Bahn (tren), bus y tranvía. Tan solo este último no estaba incluido en los pases, pero con los otros tres íbamos sobrados para nuestros planes. Además, podíamos coger los trenes regionales.

El área metropolitana queda dividida en tres zonas tarifarias: A, B y C. Como decía, nosotros compramos el billete semanal que servía para las tres zonas, ya que, aunque Tegel está en zona B, Sachenhausen y Potsdam están en la C. En la web de la VBB se pueden consultar los diferentes billetes para echar cuentas y decidirse por el que salga más rentable en cada caso. También es útil para ver cuándo hay incidencias en la red o descargarse planos de los distintos medios de transportes. Además, cuenta con una App en la que incluso se pueden comprar los billetes evitando así llevarlos en papel.

Una vez que sacamos los pases en la máquina buscamos la máquina de validación para activarlos antes de subir al bus. De esta moda pudimos entrar directamente a la parte trasera y buscar un sitio donde acomodarnos. En el caso de los billetes como el nuestro con picarlo una vez, ya es suficiente, la fecha impresa será la que marque el inicio del período válido. En caso de encontrarnos con un revisor, se enseña y listo.

Tomamos el bus TXL hasta la parada Beusselstrasse, donde enlazamos con la S41 que nos llevaría a la parada Schönhauser Allee. Desde allí teníamos unos 10 minutos al apartamento. Para cuando quisimos llegar eran las 11 de la noche, pero como teníamos la llave esperándonos en una caja fuerte y nos habían enviado la clave, no hubo problema. El apartamento era como esperábamos, tal y como habíamos visto en las fotos. Un espacio que servía como dormitorio – salón – comedor con una cama doble, un armario, un sofá-cama, una mesa con tres sillas y una tele colgada en la pared.

Además, contaba con un baño bastante espacioso y una pequeña cocina que nos vendría perfecta para los desayunos y las cenas.

Para aquel primer día la cena fue algo ligera, pues como comentaba más arriba, ya habíamos comido algo en el avión. Acabamos con los bocadillos de tortilla francesa que nos habían quedado para que no se nos pusieran malos y tras una ducha rápida y acomodo de equipaje, nos fuimos a descansar, para poder madrugar y aprovechar bien el día siguiente.

Preparativos de una escapada a Berlín

A menos de una semana para irnos a los Balcanes, y aún con Marrakech por concretar, sacamos los billetes para Berlín, pues los precios estaban comenzando a subir. Prácticamente a la vez que decidimos que nos íbamos a Marrakech, hablamos de Berlín, solo que había quedado en el aire a falta de saber cuántos nos apuntábamos. Al final la cosa se quedó en tres, volvíamos a irnos con mi prima la de del Road Trip a la Costa Oeste de EEUU y de Marrakech.

Para jugar con fechas, horarios y precios compramos el vuelo de ida con Easyjet y el de vuelta con Iberia. En total, 102.06€ por persona. Estaríamos en la capital alemana desde el 6 de diciembre (llegaríamos a dormir) hasta el 12.

El alojamiento lo dejamos para finales de septiembre. Tras valorar si hotel o apartamento, finalmente concluimos que era mejor opción esto último, pues la diferencia de precio no era mucho y el apartamento nos daba más espacio y la libertad de poder cocinar (aunque fuera poco). No necesitábamos que fuera céntrico, pero sí bien comunicado y nos decidimos por uno próximo a las estaciones Schönhauser Allee, Bornholmer St y Gesundbrunnen, por lo que en apenas media hora estaríamos en la Alexanderplatz, por ejemplo. El precio total fue 514.80€ por los 6 días. Es decir, 171.60€ por persona.

Durante el mes de octubre estuvimos de lleno con los preparativos de Marrakech, así que poco pudimos mirar. Tan solo hacer listas de lo que queríamos ver para tener más o menos claro desde dónde partir a la hora de cuadrar una ruta ya en noviembre. Aunque lo teníamos complicado, puesto que tendríamos que conjugar interiores (museos y atracciones) con exteriores (visita a ciudad propiamente dicha además de los mercadillos de Navidad) y sin embargo no íbamos a tener muchas horas de luz, pues por esas fechas amanecería a las 8 de la mañana y anochecería poco antes de que dieran las 16.

Valoramos la idea de ir a Potsdam y al campo de concentración de Sachsenhausen y no sabíamos si nos daría tiempo a todo, pero por si acaso buscamos algo de información.

Al día siguiente de volver de Marrakech quedamos para concretar un poco las rutas y para ver qué reservas teníamos que hacer con tiempo. Pensamos reservar para desayunar en la Fernsehturm, pero era algo caro para un desayuno a las 10 de la mañana. Así que lo descartamos. Pero lo que sí hicimos fue solicitar acceso a la cúpula del Reichstag, diseñada por el prestigioso arquitecto Norman Foster. En nuestras anteriores visitas a Berlín nos habíamos quedado con las ganas, pues siempre había unas colas enormes para entrar. Desde 2012 hay que reservarlo previamente por internet (no se puede por teléfono), por lo que parecía más factible.

El trámite es muy sencillo. En primer lugar hay que entrar en la siguiente página y elegir la opción que prefiramos: una sesión plenaria, un tour guiado por el Parlamento + visita a la cúpula o simplemente la visita a la cúpula (gratuita).

En este caso, seleccionamos la tercera opción (Visit to the Dome) y en la siguiente pantalla el número de visitantes que vamos a ser.

A continuación escogemos fecha y horario en el que queremos acudir. Contamos con tres opciones que podemos ordenar según nuestras preferencias entre el amplio horario disponible (de 8 a 21:45 horas con una frecuencia de 15 minutos).

Finalmente, introducimos nuestros datos para que nos llegue un correo de confirmación de solicitud.

Ojo, porque después nos llegará un segundo en el que nos confirman la fecha y hora de las tres que hemos indicado. Y esto es lo que tendremos que imprimir y presentar para acceder.

En caso de no haber hecho la reserva previa, también se puede acudir a las taquillas un par de horas antes de la hora que se quiere ( o de los días siguientes) y ver si hay hueco en algún turno, pero es bastante improbable, pues siendo una ciudad como Berlín con visitantes en cualquier época del año y una atracción gratuita, al final siempre se llena el cupo.

Además de la reserva, ese día también echamos cuentas sobre el transporte y si nos merecía la pena comprar algún pase (de día, de fin de semana, semanal…) o los billetes sencillos. Al estar casi una semana, con los viajes al aeropuerto, las idas y venidas de cada día desde el apartamento, además de las excursiones Potsdam y/o Sachsenhausen nos lo dejaron claro: la opción más rentable era sacar el pase semanal de la zona ABC por 37,50€.

Dado que teníamos pensado visitar algún museo, nos planteamos también sacar la WelcomeCard, ya que costaba 9€ más que el pase semanal e incluía todo el transporte. Sin embargo, a pesar de contar con descuentos en numerosas atracciones, los museos de la Museuminseln requerían de un billete adicional; y además, habría un día que se nos quedaría descolgado, por lo que tendríamos que añadir algún billete sencillo de transporte. Así pues, descartado, porque no se adaptaba del todo. En su lugar pensábamos sacar el Museumpass, que es válido en más de 30 museos durante 72h y costaba 29€.

Y con menos de un mes para que llegara el día de embarcar nos quedaban por concretar las rutas, aunque esta vez quedaría todo bastante abierto a la improvisación. Podemos decir que llevábamos sugerencias de rutas, pues en realidad nuestros días quedarían condicionados por la climatología y las horas de luz. Teniendo claro dónde estaban los puntos de interés y cómo llegar en transporte ya íbamos encarrilados para poder elegir según saliera el sol.

Berlin, los geht’s!

No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos, Corinne Maier

Últimamente le estoy cogiendo el gusto a los ensayos. Normalmente prefiero la novela, pero a veces, entre un libro y otro necesito leer algo diferente para desconectar la mente y no mezclar personajes o historias. Así, hace poco leí No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos, de la ensayista francesa Corinne Maier.

Aunque cada vez son más las mujeres que escriben sobre el tema y no se avergüenzan o lamentan de no querer pasar por la maternidad, en concreto este libro me llamó la atención porque la autora es madre, y sí que es menos frecuente que se atrevan a compartir que preferirían no haberlo sido. Y es curioso, pues cuando dices que no quieres tener hijos te hacen numerosas preguntas o directamente afirmaciones como que te vas a arrepentir o que te vas a perder algo maravilloso y,sin embargo, cuando alguien comunica la llegada de una criatura al mundo en su entorno nadie les cuestiona si se lo han pensado dos veces o son conscientes de la responsabilidad de la crianza y lo que ello conlleva, como por ejemplo también perderse cosas en la vida. Porque sí, toda decisión en nuestra vida significa dejar otras cosas de lado y que en un futuro podamos arrepentirnos de haber tomado un camino y no otro.

Y precisamente así comienza Maier su introducción, asegurando que se arrepiente de ser madre y que si volviera atrás seguramente no tendría hijos porque, analizándolo, le ve más cosas negativas que positivas. Y no pasa nada, no es un monstruo por ello, no creo que tenga que ver con que odie a su descendencia, sino que preferiría haber tomado otro rumbo en su vida. Como si te vas de alquiler y con los años volviendo la vista atrás piensas que quizá tendrías que haberte comprado una casa o viceversa. La autora rompe con el tabú de la maternidad idealizada y desgrana sus 40 razones para que aquellos que estén pensando en ser padres, se lo piensen bien antes. No es que descubra nada nuevo con su lista, quizá lo novedoso es el tono un tanto provocador que usa al exponerla. Pero en cualquier caso, la mayoría son verdades como puños.

Acierta al destacar la presión social que existe para tener hijos. Parece como si una pareja no fuera bien si no diera el paso de criar un par de retoños. Aquello de un matrimonio sin hijos es como un jardín sin flores… Quienes se atreven a no seguir ese camino son continuamente juzgados por no seguir el camino. Y mientras, hay tantos otros que dan el paso porque es lo que toca. No hay motivo detrás, sino simplemente porque es lo que se espera a cierta edad.

Y después viene el golpe de realidad, cuando descubren que el embarazo no era tan bonito, que el parto es doloroso, que la recuperación está lejos de ser como las de las famosas, que los meses de lactancia son esclavos y se duerme poco y que a partir de ahí todo gira en relación a esa persona dependiente, que no es algo que puedas posponer porque hoy no te apetezca o no tengas ánimos o fuerzas. Es una responsabilidad, una vida humana y estás a su servicio. Esto no quiere decir que la circunstancia sea mala, sino que hay que ser consciente de lo que conlleva. Un claro ejemplo son las campañas sobre las mascotas en las que se recalca la necesidad de una reflexión previa antes de su adquisición para evitar maltratos o abandonos.

Con la llegada al mundo de la criatura la vida de los progenitores cambia. Y, como dice la autora, la educación requiere que los progenitores estén siempre disponibles, atentos y dispuestos a sacrificar otros aspectos de su vida. Empiezan a vivir el tiempo de otra persona y pasan a segundo plano la pareja, las amistades, el tiempo de ocio o la vida laboral. Es cierto que se pueden seguir haciendo muchas cosas, pero está claro que hay que hacer reajustes porque los horarios cambian. No se tiene la misma maniobrabilidad para improvisar planes y hay muchos que no son aptos para críos. Aparte de que se tiene menos tiempo libre: llevar a los niños a la guardería/colegio, trabajo, recogerlos, meriendas, parque, extraescolares, deberes, duchas, mantener al día la casa, preparar cenas, comidas, la ropa del día siguiente… La crianza es agotadora, y más aún cuando el reparto de tareas no es equitativo.

Y es que como bien indica Maier, el coste de tener hijos no es el mismo para la madre que para el padre, pues la maternidad se ha convertido en una trampa para las mujeres. Es cierto que las cosas van cambiando y ahora los padres se involucran algo más y saben cambiar pañales, dar el biberón o llevan al niño al parque. Pero aún así siguen recayendo sobre las madres la mayoría de las tareas, y sobre todo el peso de la carga mental. Aquellas pequeñas cosas que no son tan visibles como que los niños crecen y hay que comprarles ropa nueva o estar pendientes del calendario de vacunaciones. La realidad es que la mujer se ha incorporado al mundo laboral, pero el hombre no lo ha hecho en igual medida en el doméstico y familiar. Así, esto crea una desigualdad en ambos ámbitos dando lugar a un círculo vicioso: si los hombres no asumen por igual sus tareas en casa, en las empresas se da por hecho que la mujer sale menos rentable y la balanza se inclina hacia el lado de ellos. Y puesto que la parcialidad y los sueldos inferiores recaen sobre ellas, ellos tienen más oportunidad de seguir desarrollando su carrera profesional. Así, con frecuencia se ve que mientras que un hombre en un alto cargo puede ser que sea padre o no, en el caso de ellas generalmente se trata de mujeres sin hijos. Las madres se han ido quedando por el camino.

Por tanto, en la actualidad ser madre supone tener que aceptar empleos peor remunerados pero que dejen tiempo libre para cuidar de la familia, porque claro, alguien tiene que hacerlo… Y al final supone una doble pérdida económica ya que por un lado se ingresa menos dinero por la actividad laboral (con lo que supone para la cotización e independencia económica) y por otro se echa otra jornada tan duradera y agotadora (o más) que no está remunerada. Así pues, la madre de hoy en día se encuentra cansada, con falta de tiempo y cierta dependencia económica. Al final va a ser verdad como dicen algunas amigas mías con hijos que nos engañaron con lo de la mujer liberada que se incorpora a la vida laboral y que vivían mejor las amas de casa. Al menos ellas no estaban pluriempleadas.

Aunque en esto siempre digo que hay evidencias previas: si tu pareja hombre antes de que haya hijos de por medio y con ambos trabajando fuera de casa no asume responsabilidades dentro, seguramente no lo haga después. Es preferible trabajar para conseguir una dinámica que funcione a nivel pareja antes de embarcarse en aumentar la familia. Y si no se llega a un acuerdo, mejor romper cuanto antes y cada uno por su lado antes de que todo se complique con custodias y demás.

Volviendo al libro de Corinne Maier, la autora reflexiona también sobre lo caro que sale tener hijos. Y eso que no entra en la concepción artificial, cada vez más frecuente. A los hijos hay que alimentarlos, vestirlos, ponerles ortodoncias, gafas, comprarles libros, pagarles las actividades extraescolares, la educación no obligatoria… Cualquiera quiere lo mejor para sus hijos, así que ¿cómo les vas a privar de las clases de natación para bebés, los idiomas o las clases de música? Como bien dice en su razón número 15: el hijo es un aliado objetivo del capitalismo. Los niños, además de consumir, hacen que los progenitores consuman. Aparte de los pañales, ropa y productos de aseo, hay una lista interminables de trastos que solo usan durante pocos meses pero que parecen imprescindibles: que si la cuna de colecho, la de viaje, la cuna grande, el capazo, la silla para el coche, la de paseo, la mochila portabebés, la hamaca, el parque, el calientabiberones, el esterilizador de biberones, el escurridor de biberones, los walkies vigilabebés… Y eso es solo el principio, porque luego se unen los juguetes, los libros, las tablets, móviles y ordenadores, los instrumentos u objetos de las actividades extraescolares… En muchos casos además la llegada de los hijos supone el tener que (o querer) cambiar de coche e incluso de casa, con lo que ello supone económicamente.

Como conclusión, la autora defiende que la solución es dejar de tener hijos. Sobre todo en los países desarrollados. Y es que aunque los países menos desarrollados tienen una mayor población, el problema es la supercontaminación de los más ricos y su consumismo voraz. Va más allá: ¿Qué sentido tiene traer hijos al mundo cuando se les va a dejar un planeta condenado al desastre ecológico?

No creo que el libro vaya a hacer cambiar la opinión de nadie, pero está muy bien que se hable cada vez más de la no maternidad como opción sin que ello suscite reprobación. Al fin y al cabo, no tener hijos es una elección como otra cualquiera y tan válida como sí tenerlos. De hecho debería ponerse más en duda la capacidad y madurez de algunos para ser padres que de quienes deciden no serlo.