Vida Perfecta

Vida perfecta arranca con María y Gustavo, una pareja de treinteañeros que están a punto de firmar la hipoteca de su casa. No obstante, cuando ella pide un boli de un color específico para firmar, él estalla y rompe la relación arguyendo que no se siente preparado para comprometerse tan a largo plazo con ella. María es una mujer a la que le gusta tener todo el control y que ya había planificado su vida perfecta: trabajo, casarse con su novio de siempre, casa propia, niños… Sin embargo, con esta ruptura ve cómo su mundo se desmorona como un castillo de naipes y no sabe por dónde empezar a levantarlo. Deprimida, recurre a su hermana Esther, quien le da la razón a Gustavo y le abre los ojos sobre su cuadriculada existencia. Así, decide romper con esa María compulsivamente calculadora y dejar salir a una nueva María más rebelde y espontánea. Y para ello se propone tres objetivos: cortarse el pelo (que lleva igual desde hace años), drogarse y tener sexo con el primero que se le cruce.

Con los trasquilones aún recientes y totalmente colocadas, las hermanas acuden a la fiesta de cumpleaños de la hija de su amiga común Cristina. Y es allí donde María cumple el tercer punto de la lista y se acuesta con Gari, el jardinero de su amiga. Por si el mundo no se le hubiera puesto patas arriba, pronto descubre que se ha quedado embarazada y cuando busca a Gari para comunicárselo se entera de que tiene una discapacidad mental. María ha pasado de tenerlo todo perfectamente milimetrado desde la adolescencia a que todo se escape a su control. Es gracias a Esther y a Cristina que intenta reconfigurar su vida. Aunque ellas también tienen sus propios problemas.

Esther es lo opuesto a su hermana. Ella es un alma libre que vive de alquiler, no quiere ser madre y tiene relaciones esporádicas. Es pintora y, aunque es feliz pintando y disfrutando de su libertad, apenas consigue vender. De repente cumple 40 años y se le viene encima una crisis cuando su entorno le da a entender que se ha quedado estancada en una eterna adolescencia. Hasta ese momento era feliz, pero comienza a replantearse su existencia al ver que no encaja en lo que la sociedad espera de ella.

Cristina por su parte sí que cumple con este modelo de mujer perfecta. Es una abogada de éxito, está casada, tiene una buena casa, coche, marido y dos hijas. Sin embargo, tampoco es todo tan bonito como parece. Sufre también una crisis de identidad porque aunque se supone que lo tiene todo, no es feliz. Siente que le falta algo. Su marido no colabora en casa, por lo que ella carga con todo el peso de la casa y las niñas. Como consecuencia su trabajo se resiente y tiene que soportar los comentarios paternalistas de su jefe sobre que quizá sería mejor que se redujera la jornada. Por supuesto, este cansancio y hastío repercute en su humor y en su relación de pareja. Para cubrir este vacío que siente en su vida intenta reconectar con su sexualidad y comienza a tener encuentros extraconyugales.

La serie pone en el centro de la trama a tres mujeres que se enfrentan cada una a su manera a una crisis de madurez . Sin embargo, pese a sus diferencias de caracteres y de situación personal lo hacen unidas, apoyándose unas a las otras. Triunfa la amistad y la sororidad. Refuerza la idea de que hay que quererse a una misma y que todo el mundo tiene derecho a equivocarse; de que no todo es cumplir con la lista de trabajo, casa, matrimonio e hijos, sino que hay vida más allá de las responsabilidades; y de que nunca hay que perderse por el camino ni renunciar a una misma. Sí, son las tres amigas quienes cargan con todo el peso de la serie, y además, entre las actrices hay muy buena química; sin embargo, Enric Auquer en su papel de Gari les roba todo el protagonismo, no es de extrañar que le dieran el Feroz por mejor actor de reparto.

Compuesta por ocho capítulos de unos 25 minutos, la primera temporada de Vida perfecta ahonda pues en el viaje vital de estas tres mujeres y reflexiona sobre la familia, la maternidad, la pareja, la vida sexual, la infidelidad, el deseo, el éxito, la frustración, la amistad, las expectativas de la sociedad o la discapacidad. No da respuestas ni juzga, pero sí pone sobre la mesa muchas preguntas sobre qué es en realidad una vida perfecta y quién lo dictamina.

Con Cristina se cuestiona el papel de la supermujer que asume todo el trabajo doméstico y de cuidados pero que además no quiere renunciar a su carrera laboral. Lógicamente no llega a todo, está cansada y a veces desearía no haber sido madre. Quiere mucho a sus hijas, sí, pero es consciente de que la maternidad no es tan idílica como pensaba. Verbaliza un tema que aún es un tabú: ha perdido su identidad como mujer para ser solo madre y esposa. Con María sin embargo se va más allá de la maternidad idealizada. Con su inesperado embarazo se habla de los diferentes modelos de familia y de la discapacidad. Gari tiene diversidad funcional, pero no es algo que le defina. De hecho, su personaje está tratado con mimo, sin atisbo de mirada paternalista. Por último, con  el personaje de Esther se plantea quién determina el éxito, cómo se mide. ¿Es lo que hace feliz a una misma o lo determina la sociedad? También se adentra en el mundo de las redes sociales y cómo pueden distorsionar la realidad y conectar con las inseguridades.

Pero si hay algo transversal en la serie es poner en el centro la sexualidad femenina. Normaliza el sexo causal tan habitual en los hombres, pero tan mal visto en las mujeres. Vida perfecta presenta para variar a la mujer como un sujeto de deseo, no como un objeto de disfrute para la mirada masculina.

La serie llegó a la pantalla tras haber ganado en el último Festival Internacional de Series de Cannes el premio de mejor serie y el de mejor interpretación femenina para su trío de actrices principales; en los Feroz consiguió además del ya mencionado mejor actor de reparto el de mejor comedia, por lo que tenía curiosidad por verla. Y lo cierto es que se me ha hecho muy corta. He de reconocer que, a pesar de compartir edad con las protagonistas, no me he sentido identificada con ellas. No obstante, eso no quita para que me haya resultado entretenida y que me haya gustado. Me parece que aporta un toque fresco y original con su historia. Y aunque es ácida y tiene un humor un tanto negro sabe encontrar el equilibrio entre lo trágico y lo cómico. No recurre al gag o chiste fácil, sino que busca la sonrisa en los defectos de los personajes o en cómo estos resuelven sus conflictos.

A finales de año Dolera publicó que había sido renovada por una segunda temporada, habrá que ver qué preparan ella y Burque para esta nueva etapa de María tras el nacimiento de la criatura y cómo van evolucionando el resto de miembros de su círculo.

Road Trip por Islandia XV: Día 6 III Parte. Lago Mývatn

Dejamos atrás la planta y regresamos a la carretera principal hasta la cercana localidad de Reykjahlíð, una pequeña población que quedó prácticamente sepultada por el magma en aquellos Fuegos del Krafla. A diferencia de otras granjas que quedaron arrasadas, las casas fueron reconstruidas. Afortunadamente la población se salvó porque el flujo de lava se detuvo frente a la iglesia del pueblo, que se halla en un terreno más elevado. Aún hoy en día se puede ver la sencilla iglesia, aunque este edificio de tejado azul data de 1972.

En los alrededores se ven aún los restos de la solidificación del magma, que se ha aprovechado incluso para levantar un muro alrededor del templo y el cementerio.

Hoy Reykjahlíð apenas cuenta con 100 habitantes, pero tiene gasolinera y supermercado, por lo que resulta conveniente antes de adentrarse en el lago.

Tras una breve parada volvimos sobre nuestros pasos hasta el cruce con la carretera 860, que nos lleva por la orilla oeste. Podríamos haber continuado por la 848 también, pero entonces tendríamos que dar más vuelta para llegar a la cueva Grjótagjá, nuestra siguiente parada.

Desde el aparcamiento lo que vemos es un terreno desigual partido por una de tantas grietas, muestra de la actividad geológica de la isla.

Sin embargo, bajo esta lava solidificada se esconde un pequeño lago de aguas termales de tono azulado que ha sido usado desde el siglo XVIII hasta la década de 1970 por los lugareños. Hasta aquel momento la temperatura del agua oscilaba entre los 30º y 40ºC, sin embargo, con las erupciones producidas entre 1975 y 1984 subió a más de 60 °C y se tuvo que prohibir el baño. Desde entonces ha ido bajando progresivamente y ahora parece que ya anda entre los 43 y 46, valores aún altos que siguen manteniendo la prohibición. Por supuesto, eso no ha frenado a algunos turistas que no solo se han saltado la prohibición sino que han sido tan incívicos como para dejar allí su basura o firmar en las paredes. Con este panorama no creo que se levante nunca el veto y no me extrañaría que los propietarios (pertenece a la granja Vogar) decidan en algún momento cerrar su acceso, como ya ocurre con una que hay al lado.

El hecho de que esta piscina natural sea tan popular se debe en parte a la serie Juego de Tronos. Es aquí donde Jon Snow pierde la virginidad con Ygritte (capítulo 3×05), rompiendo así el juramento de la Guardia de la Noche.

¿Y cómo grabaron la escena en un lugar tan estrecho y donde está prohibido el baño? Pues fácil, solo grabaron la entrada a la cueva, el resto se rodó en otra piscina termal totalmente diferente y además se modificó digitalmente.

Según la leyenda hubo otro Jon asociado a la historia de esta cueva. Allá por el siglo XVIII Jón Markússon, un forajido islandés, se resguardó en ella. El escondite perfecto ya que la gente no se acercaba mucho a ellas porque se creía que estaban habitadas por los trolls.

Después de hacer un poco el cabra por dentro de la cueva (no es que sea muy sencillo moverse dentro), volvimos a la orilla del lago de las moscas pequeñas, que es lo que significa Mývatn, y emprendimos rumbo al sur. Siguiendo la carretera 848 vamos viendo el agua alternativamente. Al otro lado se deja ver el Hverfjall, un volcán que erupcionó en el 2500 antes de Cristo y unos kilómetros después el campo de lava Dimmuborgir.

Un poco antes de llegar a la zona más meridonal vimos un letrero que indicaba el promontorio de Höfði.

Se trata de un promontorio desde el que se puede observar el lago. Debe ser propiedad privada, porque hay que cruzar una valla. No obstante, se puede pasar al otro lado, eso sí, asegurarse de cerrar bien después. Un sendero lleva a la cima del cerro.

Ya en la orilla sur paramos en la laguna Stakhólstjörn, donde destacan los pseudocráteres de Skútustaðir.

Y se llaman pseudo porque no llegaron a expulsar magma, sino que se formaron cuando la lava fundida fluyó al lago. Hoy están cubiertos de césped y se han coloreado de verde. Los hay de diferentes diámetros, desde algunos de 2 metros hasta otros de 200.

Hay un sendero que permite ver los peudocráteres desde cerca. El camino se bifurca en dos dividiéndose en una ruta corta de aproximadamente media hora numerada como SK1, y otra más larga, que da la vuelta a la laguna y que puede llevar una hora, marcada como SK2. Además, dado que el lago es un área de cruce de grandes rutas migratorias de aves, es una zona donde no es raro cruzarse con algún que otro señor cargado con prismáticos.

Nosotros nos contentamos con la corta porque eran ya casi las 7 de la tarde y se estaba haciendo de noche. Pero incluso nos dimos la vuelta a mitad de camino porque se puso a llover. No teníamos muy lejos el hotel, de hecho desde la parte trasera del mismo parte uno de los extremos de la SK2.

Una vez allí, nos dimos una ducha, preparamos las mochilas para el día siguiente e improvisamos unos wraps con la ensalada de patata que nos había sobrado de los sándwiches de la comida, lechuga y una lata de sardinas.

No tardamos mucho en irnos a dormir, pues habíamos tenido un día bastante ajetreado. La verdad es que pese a saltarnos puntos de interés en el mapa, había sido bastante completo. Si además hubiéramos podido hacer la excursión de las ballenas, desde luego que no habríamos podido recorrer los 275 kilómetros que hicimos ese día. Seguramente hubiéramos tenido que elegir entre Dettifoss (y Selfoss) o el lago. Ambas cosas no habrían sido imposibles de ver en una jornada.

Road Trip por Islandia XIV: Día 6 II Parte. Áreas Geotermales de Hverir y Krafla

Tras dejar atrás Dettifoss, darnos cuenta de que nos habíamos saltado Selfoss y tomar la decisión de no volver atrás, seguimos por la carretera 864 para después regresar a la Ring Road y de ahí recorrer los alrededores del Lago Mývatn antes de volver al hotel. Este lago cuenta con una superficie de 37 km², lo que lo convierte en el cuarto más grande de la isla. Al ubicarse en la Dorsal Atlántica, tiene una alta actividad volcánica. Por ello, en sus proximidades se pueden encontrar aguas sulfurosas, fumarolas, formaciones de lava, cráteres…

La primera parada la hicimos en la Zona Geotermal de Hverir, la mayor solfatara de Islandia. También conocida como Námafjall (Montaña de la Mina) por la colina próxima, destaca por sus fisuras por donde emanan vapores de agua con sulfuros de hidrógeno, fumarolas y pozos de lodos o barros hirviendo.

El agua fría se filtra en el terreno por los resquicios que ha dejado el magma y al entrar en contacto se calienta, se convierte en vapor y sale a la la superficie a alta presión cargado de gases (sobre todo sulfurosos, que son los que le dan este olor característico).

Los pozos de lodo se forman por la acción de la temperatura y el ácido sulfúrico, que hace que el agua se convierta en ácida y disuelva las rocas. Mejor no acercarse mucho a ellos, porque es tóxico.

Las fumarolas por su parte son una mezcla de gases y vapores que en ocasiones crean peculiares formaciones asemejando un cono.

La montaña Námafjall mide 485 metros de altura y surgió tras una erupción en una fisura. Hay una ruta de un par de horas ida y vuelta que lleva a la cumbre y permite disfrutar de unas vistas 360º de todo el área volcánica e incluso del Lago Mývatn, eso sí, hay que llevar el calzado adecuado (pues el terreno se embarra con facilidad) y algo para cubrirse la nariz, ya que en la zona hay un intenso olor a azufre.

Ya desde la carretera, antes de llegar al aparcamiento, se percibe el penetrante hedor, ese que se te mete bien dentro y que tarda en desaparecer. Aún así, dejamos el coche en el estacionamiento e iniciamos el breve recorrido siguiendo los senderos. Es importante no salirse de los espacios delimitados en primer lugar para preservar la zona, pero también por la propia seguridad, ya que el suelo alcanza una alta temperatura (80-100ºC). A una profundidad de 1000 metros el agua llega a superar los 200 ºC.

Destaca un paisaje de tonos rojizos y ocres con toques azules y de vez en cuando amarillo verdoso. A veces da la sensación de que nos encontramos ante un terreno lunar.

Hverir nos recordó al Área Geotermal de Seltún que habíamos visitado el primer día, aunque con mayor extensión. Quizá por eso no nos entretuvimos mucho. Aunque el intenso olor a huevo podrido también tuvo mucho que ver.

Al otro lado de la carretera salía una estrecha carretera que lleva a los cráteres de los volcanes Krafla y Viti. El área de Mývatnssveit y Krafla se encuentra entre 260 y 600 metros sobre el nivel del mar. Es principalmente seca, con una media de precipitaciones anuales de 1.1000 mm. De este agua, poca queda en la superficie, ya que se filtra por la lava porosa.

El sistema volcánico Krafla tuvo lugar hace al menos 200.000 años y cubría un área de unos 90 kilómetros. Dentro de Krafla hay una caldera que data de hace unos 100.000 años y que cuenta con un par de cámaras de magma de entre 3 y 7 kilómetros de longitud. Estas cámaras son las principales fuentes de calor geotermal, así como de un motor central que alimenta el área. Cada pocos cientos de años el sistema se vuelve activo y como consecuencia tienen lugar diversos ciclos volcánicos. Es entonces cuando el magma del manto se precipita hacia el que se encuentra en las cámaras y ejerce una presión que hace que estas se eleven. Las cámaras se fracturan y el magma sale a través de estas fisuras bien fluyendo al exterior, bien solidificándose bajo tierra. Una vez que disminuye la presión en las cámaras, el terreno se vuelve a asentar.

El Krafla estuvo expulsando magma a una temperatura entre 1050 y 1250 ºC en un período conocido como los Fuegos del Krafla ocurrido entre diciembre de 1975 y septiembre de 1984. En este lapso de tiempo tuvieron lugar 9 erupciones:

  • 20-21 de diciembre de 1975
  • 27-29 de Abril de 1977
  • 8-9 de Septiembre de 1977
  • 16 de Marzo de 1980
  • 10-18 de Julio de 1980
  • 18-23 de Octubre de 1980
  • 30 de Enero al 7 de Febrero de 1981
  • 18-23 de Noviembre de 1981
  • 4-18 de Septiembre de 1984

Estos fuegos comenzaron con una pequeña erupción en Leirhnjúkur que desembocó en una serie de terremotos. Fue entonces cuando se abrió una fisura de 11 kilómetros de longitud desde el centro de la caldera hasta Gjástykki, al norte, y la lava comenzó a extenderse llegando a cubrir una superficie de 35 km2. Discurrió por áreas deshabitadas del lago y devastó las granjas de Gröf y Fagranes. La parte positiva es que estos sucesos han contribuido considerablemente a entender la actividad volcánica y el movimiento de los continentes.

Este tipo de erupciones fueron similares a las de Mýtvatn entre 1724 y 1729. Y aunque en la actualidad no está en plena actividad, sigue habiendo zonas de altas temperaturas.

Siguiendo una ruta señalizada se puede llegar a Leirhnjúkur, y aunque hay algún tramo de importante inclinación, es accesible gracias a una pasarela de madera. Esta montaña se eleva 593 metros sobre el nivel del mar y algo menos de 50 metros sobre el campo de lava de los alrededores.

Una vez recorrimos la zona, volvimos el coche para dirigirnos al cráter Viti, que está a un corto paseo desde el aparcamiento. Su nombre significa infierno y se debe a que antiguamente se pensaba que este se encontraba bajo los volcanes. Creado en 1724, aloja un enorme lago de color azul verdoso. Es imposible abarcar el cráter en su totalidad con un objetivo 18-55, lo que sí se puede hacer es caminar a su alrededor y observarlo desde diferentes perspectivas.

Iniciamos la ruta que recorre su perímetro, pero cuando llegamos a la mitad nos dimos la vuelta porque el viento azotaba con fuerza y resultaba un tanto incómodo andar por un terreno tan limitado y con una caída tan pronunciada. Al inicio lo notábamos menos, pero en determinado momento el viento nos azotaba de lado y nos complicaba bastante el desplazamiento llegando a ser incluso inseguro por el peligro a resbalar ladera abajo.

Volvimos pues al coche y emprendimos el regreso a la Ring Road. Cuando llevábamos un par de kilómetros de repente vi desde la ventanilla una ducha y un lavabo ahí en medio de la nada, lamentablemente no me dio tiempo a hacer la foto de lo perpleja que me quedé. No sé muy bien si tiene algún propósito o se trata de alguna expresión artística, pero desde luego aparece en google.

Un poco más adelante de la ducha misteriosa se halla Kröflustöð, una planta de energía geotérmica que lleva en funcionamiento desde 1977.

Es la mayor de Islandia y con 60 MW de potencia abastece una gran parte del consumo energético del país. Cuenta con 44 agujeros de unos 2 kilómetros de profundidad que extraen el vapor del subsuelo para así producir energía. Hay un centro de visitantes en el que se puede aprender más sobre su historia y funcionamiento de forma gratuita.

Y tras esta parada volvimos a la Ring Road para continuar con nuestra ruta antes de que acabara el día.

Wir Sind die Welle – Somos la Ola

Somos la Ola (Wir sind die Welle) se desarrolla en un instituto alemán y arranca con la llegada de un nuevo alumno al centro. Este joven es Tristan Broch, un misterioso chaval que pronto entablará amistad con otros alumnos marginados de su clase despertándoles su conciencia social. La nueva pandilla estará formada, además de por el propio Tristan, por Rahim, un musulmán que no solo está viviendo una mala situación en casa porque están a punto de desahuciarles para construir un nuevo edificio de viviendas, sino que además es discriminado en el instituto por su religión y su raza; por Lea, una chica de familia acomodada que vive en una gran mansión, saca buenas notas, es deportista y tiene un novio y amigas que se mueven en el mismo entorno de privilegios que ella; por Hagen, un muchacho gordito con poca autoestima cuyos padres perdieron el empleo y reside en el campo sin mucha esperanza; y Zazie, a quien acosan en clase y que solo tiene a su abuelo, al que cuida. Animados por Tristán y sus ideas revolucionarias en las que critica la corrupción, el racismo, el consumismo y las injusticias, crearán un movimiento clandestino conocido como La Ola para llevar acabo diferentes acciones contra el sistema.

La serie cuenta con buenas intenciones, sin embargo, hace aguas por varios flancos y además cae en demasiados estereotipos. Por ejemplo, llama la atención que los protagonistas logren conectar de una forma casi instantánea (imagino que con 6 capítulos tienes que arrancar rápido) y apenas se profundiza en cada uno de ellos. Pero lo que más me chirría es el conjunto de clichés para definir a los personajes. Para empezar no hay quién se crea la historia de Tristan, ese chaval que con apenas 17 años ha viajado por todo el mundo, habla muchos idiomas y sabe tanto de la vida. El típico niño guapo y rebelde que ejerce de líder. Tan típico como su contrapunto: Lea. Esa niña mona que lo tiene todo pero que se enamora del chico malo, que rompe con sus privilegios y se une a su causa.

Además, las protestas no tienen una reflexión detrás, sino que parecen fruto de una improvisación (aunque los planes siempre les salen bien). Se abordan temas de candente actualidad como los desahucios, el racismo, el fascismo, el cambio climático, el consumismo, el totalitarismo, las desigualdades sociales,  la venta de armas, la impunidad de las grandes empresas… pero no se ahonda lo suficiente en ellos, la aproximación a todos y cada uno de estos problemas se hace de una forma muy superficial. Desde luego, no tiene nada que ver con la película Die Welle (La Ola), en la cual manifiestamente se basa, aunque Dennis Gansel y Peter Thorwarth, director y guionistas de la cinta, aparezcan como productores.

El filme contaba la historia narrada en el libro La Tercera Ola, que a su vez recogía el experimento que llevó a cabo Ron Jones, en un instituto de Palo Alto, California en 1967. En su clase de historia pretendió demostrar a sus estudiantes que la sociedad es fácil de adoctrinar si es manipulada de la forma adecuada. Comenzó introduciendo ejercicios sencillos enfocados en la disciplina como que se sentaran erguidos y que se dirigieran a él como “Señor Jones”. Pensó que la cosa quedaría ahí, en aquella clase, sin embargo, al día siguiente los alumnos se pusieron en pie sin que se lo pidiera y siguieron con las normas del día anterior. Al ver esta respuesta, el profesor fue un paso más eligiendo un lema para el movimiento y creó un saludo. Pronto el grupo fue cayendo en los mismos errores que pretendía combatir y el experimento fue escalando extendiéndose por todo el instituto, así que a Jones no le quedó otra que acabar con la iniciativa antes de que se le fuera aún más de las manos.

La Ola introducía algún cambio con respecto a este experimento de los años 60, pero aún así mantenía la idea original de lo sencillo que es manipular a la sociedad. Dejaba un mensaje que invitaba a la reflexión y es una película que, desde su estreno, ha servido como método docente en muchas aulas para alertar del peligro de repetir los errores del pasado. Sin embargo, en Somos la Ola se diluye el discurso del proyecto político, los acontecimientos no fluyen de manera natural, los guiones son nefastos, los personajes clichés con patas y no hay mucha reflexión. El mensaje inicial queda difuminado en medio del dramón adolescente donde chica rica obediente conoce a chico pobre y problemático. Da la sensación de que han querido aprovecharse del éxito de la cinta para reorientarla de forma que captara a las nuevas generaciones que devoran todo aquello que estrenan las nuevas plataformas y el resultado es insultante. Ni para una cuarentena.

Road Trip por Islandia XIII: Día 6. Húsavík, Cañón de Ásbyrgi, Hafragilfoss y Dettifoss

El sexto día de nuestro viaje madrugamos bastante, y es que habíamos contratado una excursión para ver ballenas a las 8:30 en Húsavík. En este alojamiento teníamos incluido el desayuno, pero empezaba a las 7 y teníamos unos 60 kilómetros hasta Húsavík, así que contábamos con que íbamos a tener que tomarnos algo rápido y salir pitando.

El buffet constaba de bebidas calientes, zumos, leche, cereales, bollería, algo de embutido, yogur, huevos en diferentes formas… No era muy extenso, pero sí tenía cierta variedad. Dado que no teníamos mucho tiempo, nos tomamos el café/té y una tostada y volvimos a la habitación a terminar de prepararnos y coger las mochilas.

A las 7:30 ya estábamos en la carretera y apenas 40 minutos aparcábamos frente a  Gentle Giants, la empresa con la que habíamos reservado. La cuestión era que no sabíamos qué iba a pasar con nuestra excursión, ya que de camino a Húsavík recibí un correo electrónico en el que me comunicaban que el capitán había cancelado las salidas para ese día por estar el mar muy revuelto. Así pues, nos presentamos en el mostrador para preguntar qué opciones nos quedaban. La chica nos explicó que parecía que al día siguiente la cosa se iba a calmar un poco y que, si queríamos, nos podía trasladar la reserva para entonces. Sin embargo, dado que al día siguiente teníamos programada la excursión a Askja, decidimos moverla para dos días después, que la previsión meteorológica parecía indicar que el fuerte viento ya habría desaparecido.

Como íbamos a tener que volver al pueblo, no nos entretuvimos más y tras repostar volvimos a la carretera para intentar aprovechar el día al máximo ya que habíamos madrugado tanto. Al fin y al cabo tan solo eran las 9 de la mañana. Tomamos la 85 dirección este, una ruta que lleva por un circuito algo menos conocido que el Círculo Dorado, pero que también tiene diferentes puntos de interés. Conocido como el Círculo de Diamante, esconde lugares como el Cañón de Ásbyrgi, la cascada de Dettifoss, los Acantilados de los Murmullos (Hljóðaklettar) y el Lago Mývatn.

Nuestra primera parada fue a unos 60 kilómetros de Húsavik, en el Cañón de Ásbyrgi, formado como consecuencia de la erosión provocada por las inundaciones y derrumbamientos ocurridas tras varias explosiones volcánicas. Diversos estudios parecen indicar que el río glaciar Jökulsá discurría a través del cañón, pues se han encontrado en el sur restos fósiles de hace más de 2500 años. Hay muchas leyendas populares sobre gente escondida viviendo en acantilados, una de ellas cuenta cómo un hada prometió ayudar al hijo de un pobre granjero de Byrgi y una chica pudiente que se casaran pese a la prohibición de sus familias. Para intervenir en su favor, a cambio la chica tenía que liberar al enamorado del hada (que había sido convertido en bestia por una criatura que vivía en los acantilados) tirándole a sus fauces sus más queridas posesiones.

El cañón tiene forma de herradura y una longitud de unos 3,5 kilómetros de largo por 1 de ancho. No se ve desde la carretera, ya que las altas paredes del cañón y la vegetación impiden ver su cara interior. Para ello hay que adentrarse a pie. Así pues, hicimos una parada en el centro de atención al visitante para que nos explicaran qué rutas podíamos. Había para todo tipo de públicos, desde los que quieren dar tan solo un paseo, hasta los que quieren dedicar toda una jornada, ya que están clasificadas por niveles de dificultad y tiempo requerido. Había unas más llanas y otras con más inclinación. Alguna incluso subía hasta la parte alta del cañón.

A nosotros nos pareció que lo más adecuado era elegir la más sencilla de todas, de un kilómetro y una media hora. Y es que la siguiente, de 4.5 kilómetros, ya nos parecía un tanto larga para el día que teníamos por delante. Así pues, dejamos el coche en el aparcamiento y nos adentramos en el bosque siguiendo las indicaciones de nuestra ruta, la A1.

Pronto llegamos al río, a un tramo en el que transcurre con bastante calma. Y al fondo el cañón de roca basáltica.

Apenas había gente y pudimos pasear tranquilamente disfrutando de la humedad y de la quietud de la naturaleza siguiendo la ruta circular que habíamos elegido. Y en una media hora estábamos de vuelta al aparcamiento para seguir con nuestro día.

Retomamos la carretera 85 para después desviarnos por la 864 dirección sur. Nos dirigíamos a las cascadas Dettifoss y Selfoss cuando vimos un camino que parecía dirigirse a un punto de interés, así que lo tomamos. Si ya de por sí la carretera 864 estaba llena de baches y grava, durante este tramo temí que nos quedáramos atascados, pues había unos buenos socavones encharcados y nuestro Ford Ka+ no era alto. Afortunadamente conseguimos llegar al aparcamiento de Hafragilfoss sin alguna incidencia más allá de que el coche acabara lleno de barro y tierra rojiza.

Así de primeras parecíamos estar en un paisaje lunar, y no parecía haber ninguna cascada en los alrededores, sin embargo, nos cruzamos con gente, por lo que tomamos el camino por el que venían campo a través.

Es entonces cuando el cañón se abre y vemos el río a nuestros pies. Y aunque aún seguíamos sin ver claramente la cascada Hafragilfoss, ya la oíamos en la lejanía y se intuía al fondo.

El cañón Jökulsárgljúfur es el más largo y espectacular de toda Islandia. Mide aproximadamente 25 kilómetros de largo y medio kilómetro de ancho. En muchas partes de su recorrido llega a alcanzar los 100 metros de profundidad. Se cree que se formó como consecuencia de catastróficas inundaciones del río glaciar Jökulsá, que se originó en la cara norte del Vatnajökull después de la última era glaciar. La parte oeste de Jökulsárgljúfur fue declarada Parque Nacional en 1973 y en 2008 se integró dentro del Parque Nacional Vatnajökull. El área está protegida desde 1996.

Subiendo a unas rocas que hacían de mirador pudimos, por fin, ver la cascada en todo su esplendor casi a vista de pájaro. Situada en una de las zonas más profundas del cañón, tiene 27 metros de altura y una anchura de 91 metros. Hay una ruta que permite bajar a nivel del río. Pero nosotros nos conformamos con esta panorámica.

Comenzó a chispear y hacía bastante aire, por lo que decidimos continuar antes de quedarnos atrapados allí arriba. Volvimos a la 864 para seguir hasta Dettifoss, a algo menos de 4 kilómetros. Con esta cascada teníamos la duda inicial de si aproximarnos por la 862 o por la 864, y es que habíamos leído opiniones diferentes con respecto a ambas carreteras. Según parece la 862 es más corta y tiene algún tramo asfaltado, sin embargo, también tiene alguno en muy mal estado. Permite acercarse a la cascada desde su lado oeste, lo que da una vista desde arriba. Por su parte la 864 es toda de gravilla, pero ofrece una visión más cercana a la cascada. Ya que habíamos dejado atrás la 862 al dirigirnos al cañón de Ásbyrgi, nos pareció que tenía más sentido tomar la 864. Una decisión que no sé si fue mejor o peor, ya que el camino por la grava y los baches se me hizo interminable, pero es cierto que gracias a que tomamos este camino pudimos ver la Hafragilfoss y acercarnos al máximo a Dettifoss.

Esta cascada de unos 100 metros de ancho está considerada como la cascada más potente del continente europeo. Me lo creo. El estruendo al acercarse es abrumador y se puede ver claramente la nube que va dejando al precipitarse el río Jökullsá á Fjöllum con fuerza desde unos 45 metros de alto desde el cañón de Jökulsárgljúfur. Este río se origina bajo el glaciar Dyngjujökull en el extremo norte del gran glaciar Vatnakökull y es el segundo más largo de Islandia con 206 km. También es el de mayor cuenca (7750 km2), sin embargo, dado que esta es la región más seca del país, en este aspecto se queda en cuarto lugar. Se estima que Dettifoss mueve en su caída un caudal que oscila entre los 200 y 500 metros cúbicos por segundo (según la época del año y el deshielo).

Desde este lado este se puede observar desde varios puntos. Por un lado hay un mirador que permite una visión más panorámica del cañón y de la cascada. Por otro, si bajamos a un saliente bajo ese mirador, obtenemos una visión algo más recortada de la cascada (además de acabar mojado). Y finalmente, la aproximación total poniéndonos sobre las rocas desde las que se precipita.

Esta última opción es la más peligrosa ya que hay que tener mucho cuidado con las rocas húmedas. No obstante, imagino que este acercamiento no será siempre posible. En invierno estará todo helado y sería una locura pisar por ahí. Y en primavera y principios de verano supongo que llevará más caudal, por lo que esas rocas que nosotros veíamos, seguro irán bajo el agua.

Estuvimos una buena hora disfrutando de las tres perspectivas y tomando fotos con diferentes parámetros. Y cuando quedamos satisfechos, decidimos seguir con nuestra ruta rumbo a Selfoss. Volvimos pues al coche, sin embargo, cuando llevábamos un par de kilómetros descubrimos en el GPS que nos la habíamos pasado hacía rato. Cuando estábamos a los pies de Dettifoss habíamos visto un letrero que la anunciaba a un kilómetro a pie siguiendo el margen del río, pero pensábamos que había otra opción de llegar en coche, no solo andando. Al parecer, nos equivocamos, habríamos tenido que tomar aquella senda. Aunque según vimos en fotos se trata de una cascada tan espectacular o más que Dettifoss, decidimos continuar por la 864 en lugar de retroceder, pues eran casi las dos del mediodía y si regresábamos, nos tendríamos que dejar otras cosas por ver de la ruta del día. Una difícil decisión, pero, como ya sabíamos, no podríamos ver todo lo que llevábamos en la lista.

Road Trip por Islandia XII: Día 5 III Parte. De Akureyri al Lago Mývatn

Abandonamos Akureyri y continuamos nuestro camino hacia el este bordeando el Eyjafjörður. Cuando hubimos cruzado al lado opuesto nos encontramos con el recién inaugurado peaje, el único en Islandia. Se trataba del túnel Vaðlaheiðargöng que acorta en 16 kilómetros la distancia que hay entre Akureyri y Húsavik y que permite evitar el Puerto de Vikurskard.

Valoramos la opción de cruzarlo, porque daba que pensar que si estos islandeses habían decidido construir un túnel en esa zona, debía ser porque el puerto quizá era peligroso. Así pues, hicimos una parada en el mirador para documentarnos y concluir si merecía la pena, porque lo cierto es que barato no era. Costaba unos 10€ el trayecto y se podía pagar online bien antes de entrar, o bien hasta 3 horas después de haberlo cruzado (más caro). No había barreras de control, sino cámaras que registraban las matrículas de los coches.

Después de consultar en el gps nos quedó claro que no era necesario cruzarlo, ya que lo que ahora eran las carreteras 83 y 84, antes era la Ring Road, por tanto estaba bien asfaltada. Quizá en invierno sí que merezca la pena evitar el puerto, pero desde luego en nuestras fechas vimos innecesario pagar por ahorrarnos 15 minutos. Preferimos ir por el exterior y disfrutar de las vistas.

Una hora más tarde llegamos a Goðafoss, la cascada de los dioses. Recibe este nombre porque, según la historia, cuando el lagman (hombre de leyes) Þorgeir tuvo que decidir si el pueblo islandés adoptaba la fe cristiana, hizo oficial su resolución arrojando a la cascada sus estatuas de dioses paganos. Hay una placa que recuerda este paso al cristianismo.

Dejamos el coche en el aparcamiento y tomamos el camino marcado a través de la lava cubierta de musgo hasta que llegamos a un acantilado y se nos va mostrando parte de la cascada. Ya mucho antes se oye el estruendoso sonido del agua.

Pero no es hasta que no nos acercamos más que no sentimos el vértigo de la impresión. Fuimos un poco arriesgados y nos asomamos a una piedra suspendida sobre el río, lo que nos permitió verla en todo su esplendor.

El agua proviene del río Skjálfandafljót (el cuarto más largo del país con 180 kilómetros) y se precipita unos 12 metros por el barranco formado por la lava que llegó desde el Valle Barðardalur hace tiempo. La lava ocupa casi la misma extensión que el río, originándose en las Tierras Altas cayendo por el borde del mayor glaciar de Islandia.

La cascada de 30 metros de ancho tiene forma de herradura y queda dividida en dos por una gran roca desde la que cae otro pequeño salto de agua. Sentarse en frente resulta hipnotizador tanto por el sonido como por la magnitud. El poder acercarse de aquella manera además, la convierte en una de mis favoritas.

Pero es que, gracias a un puente, podemos incluso verla desde la orilla opuesta, a nivel del río.

Sin duda una estupenda manera de acabar el día. por todo lo alto.

Ya atardeciendo, volvimos a la Ring Road y nos desviamos en la 848 hasta llegar a nuestro alojamiento durante los próximos días, el Hotel Gígur by Keahotels.

El hotel no era muy grande, pero estaba muy bien situado a los pies del Lago Mývatn, por lo que nos resultaba conveniente para explorar la zona durante los próximos días.

La habitación era sencilla.. Contaba con dos camas (que juntamos), un perchero con un asiento, espejo y escritorio. Para no saturar el espacio, dejamos la comida que no fuéramos a utilizar fuera en el coche, ya que con la temperatura exterior se iba a conservar mejor, y solo nos dejamos dentro las maletas.

El baño también era pequeño, con una ducha, un lavabo y el inodoro.

Como siempre, lo justo para nuestra estancia, ya que teníamos intención de aprovechar los días al máximo desde que saliera el sol hasta que se ocultase. Así pues, teniendo cama y baño, prácticamente estábamos satisfechos. Quizá lo único que echamos en falta fue un calentador de agua.

Como ya eran las 20:30 de la tarde, y habíamos tenido un día completo en el que habíamos recorrido 315 kilómetros, solo nos apetecía darnos una ducha y cenar. Lo malo es que volvíamos al olor a huevo podrido, así que, una ducha rápida e improvisamos unos wraps con unas tortillas, una bolsa de ensalada y una lata de sardinas. De postre, skyr. Y tras revisar la ruta del día siguiente, pusimos el despertador y a dormir.

El escándalo (Bombshell)

El escándalo (Bombshell) lleva a la gran pantalla la historia de la caída del magnate empresarial Roger Alies, quien había fundado Fox News en 1996 como una cadena de noticias abiertamente a favor del Partido Republicano. Su línea editorial se caracterizaba por un periodismo polarizante y pronto se convirtió en el altavoz de la propaganda de derechas logrando calar en un importante segmento de la población y siendo durante años líder de audiencia. Fue Alies quien estuvo detrás de las campañas de Nixon, Reagan, Bush padre e incluso asesoró a Trump para los debates. En julio de 2016 Gretchen Carlson, uno de los rostros de la cadena que había sido recientemente despedida, presentó una demanda de acoso sexual a la que se sumaron más de 20 mujeres del canal y que llevó a Rupert Murdoch, dueño de la cadena, a forzar a Ailes a abandonar la compañía o ser despedido. Finalmente renunció llevándose 40 millónes de dólares en su salida. Un año más tarde murió en su domicilio.

La película se basa en estos hechos reales y arranca con Megyn Kelly, periodista política de la cadena, explicando los entresijos de Fox News. Este inicio tiene cierto toque de documental con la presentadora dirigiéndose a cámara y guiando a través de los platós y las plantas del edificio en que se ubica la cadena. Sin embargo, pronto se pierde este estilo se nos van intercalando las historias de las tres protagonistas. Porque en realidad, aunque todo gira en torno a Ailes, El Escándalo nos ofrece la mirada a través de los ojos y la experiencia de las víctimas.

Megyn Kelly está en la cima de su carrera. Es la cara del principal telenoticias y goza de prestigio. Sin embargo, unos días antes de las elecciones recibe ataques del mismo Trump por haber sido incisiva con él en uno de los debates. Paralelamente conocemos a Kayla Pospisil, una joven periodista que acaba de llegar a la cadena y trata de hacerse un hueco para conseguir salir en pantalla. Este es el único de los tres personajes principales que no es real. No obstante, no es del todo ficticio, sino que está creado a partir de los relatos de otras muchas mujeres que sufrieron abusos del directivo. Con la introducción de este tercer personaje ficticio la cinta pretende resaltar la perpetuidad de los hechos a lo largo del tiempo. También sirve como mecanismo para mostrar los abusos y no tener que recurrir a los flashbacks de las otras dos presentadoras.

Cuando Gretchen Carlson es despedida y sale a la luz la demanda, estas dos mujeres se verán en la tesitura de dar un paso adelante también. Cada una de ellas representa un punto de vista diferente sobre los abusos. Por un lado Carlson es la veterana que ya está harta de todo y no tiene nada que perder; por otro Kelly lo ha dejado atrás y no quiere traerlo al presente y que se interponga en su carrera ahora que está en su mejor momento; y por último Pospisil que aún está asimilando lo que le acaba de pasar.

Tanto Charlize Theron como Nicole Kidman y Margot Robbie están muy bien en sus papeles, sin embargo, a la película le falta algo de profundización para poder empatizar con los personajes. Apenas llegamos a conocerlas. Ni siquiera interactúan entre ellas, tan solo una recriminación sorora de Pospisil a Kelly por no haber hablado antes y prevenir a las nuevas. Es quizás la joven a quien llegamos a conocer un poco más, pero aún así, no llegamos a saber cómo acaban sus historias. La trama, en ocasiones, da la sensación de avanzar muy rápida, como si únicamente quisiera presentar el momento en que estalló el escándalo sin ahondar en los hechos en sí o en los sentimientos de las protagonistas.

No obstante, en conjunto, sí que invita a reflexionar sobre la cultura de acoso sistemático a las mujeres ya sea bajo la petición explícita de favores sexuales, por agresiones físicas o por la exigencia de llevar determinado vestuario convirtiéndolas en mero objeto sexual. Y no solo pone el punto de mira en Ailes, sino que también apunta al entorno. Porque no es un caso de unos pocos, sino una cuestión sistémica en la que son tan responsables el agresor como los compañeros que callan y miran para otro lado. Cayó Royer Ailes, uno de esos hombres que se creían intocables, pero había muchos más cómplices a su alrededor que la cinta hace la vista gorda.

El Escándalo consigue mostrar el ambiente tan terriblemente machista en los medios en general y en Fox en particular, donde para triunfar debías ser una cara bonita (y joven), tener unas buenas piernas y llevar una falda muy corta. Un ambiente en que las mujeres aprenden pronto cómo sortear los comentarios paternalistas o sexuales de los compañeros y jefes. Logra incomodar y despertar la rabia, sobre todo con un personaje tan repulsivo como Roger Ailes, pero no consigue exprimir al máximo la historia real en que se basa.