Tidying up with Marie Kondo

Como ya dije hace un par de semanas, Marie Kondo se ha puesto de moda gracias a la docuserie de Netflix Tidying up with Marie Kondo.

Aprovechando la llegada del año nuevo y el filón de los nuevos propósitos, la plataforma digital lanzó este programa de ocho episodios de 40 minutos cada uno en el que la japonesa visita a sendas familias para aconsejarles en el mundo del orden. En cada uno de los episodios Kondo llega toda feliz y sonriente con su inseparable traductora a casa de estos desordenados estadounidenses. Allí, escucha cuál es el objetivo de los protagonistas del día, hace una visita estancia por estancia, armario por armario y cajón por cajón para detectar los puntos calientes y finalmente se presenta a la casa. Sí, recordemos que es japonesa y un tanto mística. Tras esto, se pone manos a la obra exponiendo a la familia las pautas a seguir. Unas pautas que no tienen mucho misterio, ya que son las mismas que las del libro.

Recordemos que Kondo recomienda clasificar las pertenencias en 5 grupos: ropa, libros, papeles, komono (que es un tótum revolútum que incluye incluye cocina, baño, garaje y objetos varios) y finalmente los objetos sentimentales. En cada una de las categorías se ha de hacer una criba quedándose solo con lo que haga feliz. Finalmente toca reorganizar lo que se ha decidido conservar siguiendo el método KonMari.

Así, en el programa, tras la presentación, comienzan por la ropa. Sacan toda la ropa que tengan repartida por la casa, la juntan en un único espacio y empiezan a deshacerse de aquello que no les hace felices. Marie les va asesorando sobre cómo tomar las decisiones, nunca critica o dice si se tienen que quedar con algo o no. Ella solo guía. De hecho, les da las pautas y se marcha, volviendo al cabo de unos días. No sin antes enseñarles cómo doblar la ropa de esa forma tan particular suya para ahorrar espacio y que además todo quede más a la vista.

Cuando vuelve hace revisión del primer grupo, les felicita por sus avances, les corrige alguna cosilla sobre cómo doblar alguna prenda peculiar (corbatas, pashminas, calcetines, sábanas, ropa de niños pequeños…) y pasa a la siguiente categoría. Según su clasificación serían los libros, pero según la familia, quizá pase directamente a los papeles. Da igual, el proceso es el mismo: les hace poner todo lo de esa categoría en un mismo espacio, hacer la criba y después la clasificación. Ella está un ratito en la casa, pero después les deja que tengan su momento de intimidad, de reflexión sobre lo que se van a quedar y lo que no. Cuando vuelve repasa, reconduce y aconseja sobre cómo almacenar. Enseguida aparece con sus cajas de diferentes tamaños para enseñar cómo compartimentar los espacios y que las cosas se queden bien organizadas aunque muevas algo dentro del espacio, sobre todo cuando se trata de cajones.

Finalmente, tras haber pasado por las cinco categorías, Kondo regresa para hacer la revisión final. Felicita a la familia por su evolución y se marcha con la satisfacción de haber ayudado a una familia más.

En cada uno de los programas hay un tipo de familia diferente con sus circunstancias particulares y en búsqueda de soluciones concretas. Veamos:

  1. En el primer episodio una joven pareja heterosexual con un par de niños pequeños se ven abrumados por la ropa, los juguetes y el desorden en la cocina. Es un buen programa para empezar, pues aunque no se libran de tener que hacer la criba de Kondo, en realidad su problema es el orden.
  2. El segundo se centra en un matrimonio heterosexual de japoneses-americanos jubilados cuyos hijos ya se han marchado de casa y tienen la casa toda para ellos. O al menos eso pretenden, ya que antes tendrán que revisar sus pertenencias. Increíble la cantidad de ropa que acumula la mujer. Por no hablar de la decoración navideña. Él no se queda atrás, pues también es coleccionista. No diré que tienen síndrome de Diógenes, pero casi.
  3. El tercer capítulo quizá fue el que más me llamó la atención. En este caso no es que tengan un problema de acumulación o de orden. Tienen ambos. Se trata de un matrimonio heterosexual con un par de hijos preadolescentes. Sin embargo, la única que limpia, se encarga de la colada y coloca es la madre. Así, si ella no va habitación por habitación haciendo repaso, se pueden acumular montañas y montañas de ropa. Los otros tres integrantes de la familia no saben dónde está nada y la madre además se siente un fracaso por no ser capaz de controlarlo todo. El método de Kondo les servirá (además de para la consecuente criba) para repartir tareas, para que todo el mundo sepa cuál es el lugar de cada objeto de lugares comunes, pero sobre todo de que cada miembro se encargue de sus cosas liberando así de esa presión a la madre. Me dejó en shock que tenga que venir alguien a tu casa a decirte que todo el mundo ha de colaborar en casa y que los críos de 11-13 años son perfectamente capaces de encargarse de ordenar su cuarto y encargarse de sus pertenencias.
  4. El cuarto es el más sentimental. Se trata de una viuda que considera que ya ha superado la etapa del duelo tras perder a su marido y que ahora toca el momento de deshacerse de sus cosas. Aprovecha el momento para hacer reflexión sobre su vida. Sobre qué quiere hacer en el futuro, cortar lazos y quitarse lastres. Es curioso cómo en este episodio se ve cómo el orden de los pasos de Kondo tiene cierto sentido. La mujer quiere alternarlo y comenzar a revisar la ropa de su marido enseguida aunque Marie le recomienda dejarlo para el final, para el momento de lo sentimental. Sin embargo, pronto se dará cuenta de que es demasiado pronto para ese paso y se le hace cuesta arriba. Aunque imagino que por mucho que lo dejara para el final, fácil no sería.
  5. En el quinto capítulo la japonesa visita a una pareja homosexual. Ambos son escritores y uno de ellos está muy apegado a sus papeles. Choca con el método de Kondo porque no entiende el concepto de felicidad de la gurú. Para él cada uno de esos escritos tienen relevancia en algún momento de su vida, por lo que le cuesta decidir qué tirar.
  6. En el sexto encontramos una pareja heterosexual con dos niños que acumula mucha ropa y juguetes. Increíble cómo tienen el garaje. La verdad es que este matrimonio me recordó al de japoneses del segundo. Su mayor problema es el apego hacia los objetos y el querer guardarlo todo.
  7. En el penúltimo tenemos una pareja heterosexual con un bebé en camino. Necesitan poner orden en su vida y hacer espacio para este nuevo miembro de la familia. Para ello tendrán que revisar sus pertenencias, sobre todo él, que acumula zapatillas y algunas incluso se le han deteriorado sin ni siquiera estrenarlas.
  8. Finalmente, en el último episodio, una pareja homosexual, esta vez dos mujeres recién casadas, necesita la ayuda de Marie Kondo para organizar sus pertenencias. Cada una de ella sigue un criterio y ese orden no funciona para la convivencia.

Creo que han sabido elegir muy bien los protagonistas, pues cada caso es particular y de esta forma se ven diferentes problemáticas. Además, no han tomado siempre el mismo tipo de familia, sino que hay heterosexuales, homosexuales, parejas sin hijos, con hijos pequeños, con hijos adolescentes, con hijos que se han ido ya de casa… El problema es que en global me resulta un poco flojo. Me da la sensación de que se queda muy en la superficie. Sí, todo el proceso está intercalado con comentarios de la familia, que evalúa su situación previa, los problemas que les surgen, las dudas, las reflexiones sobre la cantidad de objetos que han acumulado, sobre cómo quieren vivir en el futuro… pero falta un poco más de historia personal. No digo que tengan que recurrir a la dramatización como en Love it or List it, pero un punto intermedio le daría algo más de alegría. En algunos casos apenas se ve el proceso que llevan a cabo.

No ayuda tampoco el abuso del japonés. Entiendo los momentos en que Kondo explica alguna metodología, esas pequeñas píldoras grabadas fuera de la casa de los protagonistas. Pero no tiene sentido que teniendo la traductora al lado, haya diálogos japonés-inglés. Es decir, sí, tiene sentido que los haya si la japonesa no se maneja bien en inglés, pero me chirría algo que se haya mantenido así tras pasar por edición.

En cualquier caso, pese a esto, no podemos negar que el programa nos sirve para identificarnos y reflexionar sobre nuestras posesiones. Y es que la moraleja de todo esto es que no se trata tanto de ordenar, sino de enfrentarnos a todo lo que tenemos. Es decir, no es más ordenado quien más ordena, sino quien menos tiene que ordenar. Vivimos en un mundo en que el consumismo salvaje nos lleva a comprar con cualquier excusa: navidades, día del padre, de la madre, de los enamorados, día del soltero, solsticio de verano… Se llena un vacío interior adquiriendo objetos. Y esto se ve sobre todo con la ropa. Hay una cultura de la fast fashion con una frecuencia de la rotación de colecciones casi semanal que nos anima a comprar ropa continuamente para ir a la última moda. Y es todo tan rápido que ni nos da tiempo a vestir todas las prendas. Está muy bien seguir el proceso de Kondo y preguntarnos si la cantidad ingente de posesiones realmente nos aportan algo en nuestras vidas, pero hay un paso más tras la criba. Una vez que hemos hecho esa limpieza, hay que poner freno a la compra compulsiva. De nada sirve deshacerse de tantos objetos innecesarios si no se cambia el chip y se vuelve a las andadas. No vale solo con tirar, reciclar, donar o regalar, sino que hay que comprar menos.

Tidying up tiene un toque inspiracional, que da que pensar sobre el ritmo de vida que llevamos. Se supone que nuestra casa es nuestro refugio, el lugar al que volver. Sin embargo, la tenemos tan saturada que al final nos estresa más, con lo que se convierte en un círculo vicioso donde no hay un espacio de desconexión. El proceso al que nos anima Kondo puede ser útil no solo para poner orden en casa, sino también para coger inercia y ser conscientes de otros aspectos de la vida como el trabajo o las relaciones personales.

De momento no parece estar confirmada una segunda temporada. Habrá que esperar.

La Magia del Orden, Marie Kondo

Marie Kondo se ha puesto de moda recientemente gracias a su serie de Netflix (ya llegaremos a ella), pero esta japonesa – que ya desde niña tenía obsesión por el orden-  lleva ya unos años dando consejos con su método KonMari. Yo la conocí por su libro La Magia del Orden, donde aborda la organización como una especie de terapia y cambio de vida.

Aunque suene todo muy zen y muy japo, lo cierto es que razón no le falta. Como bien dice, cuando tenemos un espacio desorganizado, tendemos a vaciarlo, limpiarlo y reorganizarlo después con algún elemento de almacenaje. Pero claro, los trastos siguen ahí, lo único que hacemos es quitarlos de la vista y con el tiempo se irá llenando más, se volverá a desorganizar y vuelta a empezar, lo que supone una pérdida de tiempo. Por el contrario, ella plantea un método más definitivo, y de ahí lo del cambio de vida, porque nos lleva a replantearnos cómo queremos vivir, qué queremos mantener en nuestra casa, a qué le queremos dedicar el tiempo (y es que limpiar y organizar nos consume horas de vida. Y también en buscar algo que no sabemos dónde está).

Así, tras dar el primer paso y comprometernos a ser ordenados y pensar en nuestro objetivo, toca remangarse y ponerse manos a la obra.

En primer lugar, antes de organizar hay que eliminar. Sí, toca descartar. Yo lo veo como si fuera a hacer una mudanza: es más lógico hacer una limpia antes de empaquetar, pues así tendremos menos que mover de una casa a otra. Pues en este proceso igual. Fuera cosas innecesarias, rotas, que llevan años sin ser usadas. Marie Kondo le da un punto más místico y nos aconseja que nos quedemos solo con aquello que nos haga felices. Yo preferiría hablar de objetos que cumplen una función, pues eso de los bienes materiales nos produzcan felicidad me chirría un poco. Pero bueno, tiene más que ver con su cultura japonesa. Este proceso de desechar puede ser complejo al principio, pero poco a poco se va haciendo más fácil. Y no solo aligera la casa, sino que también deja la mente un poco más despejada.

¿Y por dónde empezamos a hacer esta criba? Pues según el Método KonMari mejor hacerlo por categoría y no por almacenamiento. Se trata de un proceso que ha de servir como cambio de mentalidad, por lo que recomienda hacerlo de golpe. Es una purga que ha de hacerse del tirón, nada de poco a poco en limpiezas de primavera u otoño. Y a ser preferible solos, pues la familia puede interferir más que ayudar.

Como decía al principio, solemos abrir un espacio, vaciarlo, limpiarlo, reorganizarlo y listo. Sin embargo, esto tiene un problema y es que no nos hacemos a la idea del volumen de posesiones que tenemos o incluso de que guardamos objetos repetidos guardados en varias habitaciones. Así, Kondo propone hacer limpia por categoría y agrupar todo lo que haya repartido en varias estancias para tomar consciencia.

Y sugiere empezar primero por la ropa, después con los libros, los papeles, miscelánea y finalmente con los objetos que tienen un valor sentimental. Aconseja seguir este orden porque iremos de más fácil a más difícil, de forma que cuando lleguemos a lo sentimental ya iremos en velocidad de crucero y estaremos más sueltos a la hora de filtrar lo que sí y lo que no nos vamos a quedar (donar, regalar, vender o tirar).

La ropa sería lo más sencillo según Kondo porque así a simple vista ya nos vienen a la mente prendas que no nos valen, que no nos sientan bien, que han pasado de moda o están ya viejas (no está para nada a favor de que la ropa vieja pase a ropa de estar por casa). Ahí tenemos medio camino hecho.

Con los libros quizá no sea tan fácil reducir la biblioteca a tan solo 30 como sugiere, aunque es verdad que hoy en día con los formatos digitales quizá no guardamos tantos. En cuanto a los papeles y revistas siempre hay contratos o facturas que fiscalmente ya no sería necesario guardar y por tanto ahí también ya tenemos un pequeño paso hacia el filtrado. En concreto ella recomienda mantener dos subcategorías: lo que hay que conservar (contratos de servicios, la hipoteca…) y lo que requiere una gestión (facturas que hay que pagar, por ejemplo).

Así, según el método con cada una de las categorías debemos agrupar todo en un espacio amplio e ir tomando cada objeto y hacernos la misma pregunta: ¿Me produce alegría? Si no somos tan místicos, pues podemos preguntarnos si nos aporta algo tener ese objeto en nuestras vidas. En función de si la respuesta es afirmativa o negativa, iremos haciendo montones. Uno para lo que se queda, otro para lo que se va (a lo que le daremos las gracias por su servicio prestado. Sí, muy oriental).

Una vez que hemos hecho ese filtro y hemos reducido nuestras posesiones toca recolocar de forma eficiente. Pues bien, la japonesa nos recomienda reutilizar cajas de zapatos vacías u otros recipientes que ya tengamos. Nada de lanzarse a la tienda y volverse loco con productos de almacenaje. Además, se supone que como el volumen de objetos se habrá visto reducido, nos sobrará espacio de sobra. Las cajas permiten que los objetos no queden desperdigados (imaginemos por ejemplo un cajón del baño con los productos de aseo o maquillaje, o una despensa donde podamos agrupar todas las especias o los utensilios de repostería que usamos de vez en cuando). Lo importante es organizar todo de forma que quede a la vista y accesible. De ese modo nos será más sencillo saber qué tenemos y podremos llegar a ello sin problema. Esto sirve tanto para la ropa, como para los papeles o la despensa de la cocina.

En el caso de la ropa recomienda crear subcategorías y guardar por un lado las camisetas, por otro los pijamas, por otro la ropa interior y calcetines, por otro los accesorios… Además, no es muy amiga de colgar demasiadas prendas, solo blusas o chaquetas. Propone guardar la ropa doblada en vertical para que así sea más visible todo el cajón. Y he de reconocer que es muy útil. Para baldas quizá da un poco igual porque sí que ves las prendas, pero en un cajón tan solo veríamos la de arriba del todo, y como tenga mucho fondo, habrá algunas que quedarán olvidadas atrás.

Para las pocas prendas que vayan a ser colgadas, recomienda organizarlas según tonalidad de color (como si eso fuera un Pimkie) quedando las más ligeras a la derecha y las más fuertes a la izquierda. Yo esto lo haría al revés, pero porque mi puerta corredera primero me deja a la vista el lado izquierdo.

Tampoco comparto su idea de tener toda la ropa en el armario y no guardar la de fuera de temporada. Quizá le funcione en Japón, pero con el clima de Madrid en que en invierno tenemos máximas de 10 y mínimas bajo cero y veranos cuyas temperaturas no bajan de 20º y fácilmente llegan a los 40º, pues me va a perdorar la señora Kondo, pero no le veo sentido a tener las camisetas de tirantes junto a las de manga larga o los jerseys de cuello vuelto junto a los pantalones cortos.

En otro aspecto en el que difiero con la japonesa es en lo de vaciar el bolso cada día. Lo veo innecesario y puede causar más problemas que ventajas. No termino de ver tampoco lo de guardar los bolsos uno dentro de otro. Sí, está muy bien cuando son de gran tamaño y de asa, pero para otro tipo de modelos seguro que me olvidaría de los que tengo, pues solo vería los de fuera.

Por lo demás, salvando las distancias culturales, es un método que no deja indiferente y del que se puede sacar una buena inspiración. No veo factible lo de hacer esa limpieza de toda la casa de golpe, porque puede resultar abrumador, pero quizá una categoría cada semana o cada 15 días sí que sirva como empujón para darle un nuevo aire a la vida. Y es que este proceso que propone Marie Kondo nos empuja a un diálogo interior sobre qué esperar de nosotros mismos y sobre cómo queremos vivir. No se trata de un proceso únicamente material, sino que conlleva una retrospectiva.

Tras esta purga y reorganización hay que cambiar el chip y conseguir mantenerlo. Así, guardar cada cosa en su lugar (por ejemplo guardar el abrigo y bolso al llegar a casa) y no volver a comprar compulsivamente para no volver a almacenar innecesariamente. Además, uno empieza por la ropa, sigue con los libros, papeles, revistas, revisa objetos sentimentales, se deshace de trastos y lo siguiente que va detrás es reducir el número de muebles, ya que a menos cosas que guardar, menos almacenaje se necesita. Sobrarán cachivaches decorativos y nos acercaremos más al minimalismo, que siempre es una buena idea. No solo por reducir el consumismo, sino porque el orden reduce el estrés y ahorra tiempo. Y de tiempo vamos siempre escasos.

Tras La Magia del orden, libro del que se han vendido más de cinco millones de ejemplares y que se ha traducido a más de treinta idiomas, Kondo publicó una continuación, La felicidad después del orden, una guía ilustrada de su método. Además, tiene un tercer libro, La magia del día a día (La magia del orden): Diario (Cuerpo y mente), que sirve de acompañamiento de La magia del orden con frases inspiracionales. Muy Mr Wonderful todo.

Obras en casa XIX: Dándole un lavado de cara al pasillo VIII

Hace unos meses comentaba que este invierno continuamos con la decoración de nuestro pasillo alegrando por fin la pared que había quedado vacía tras las obras. Pero nos quedaba otra: la que tenía la lámina del bosque. En este caso no había mucho debate en cuanto a cómo decorarla, la idea era crear continuidad con su opuesta, la de los cuadros de los viajes.

El único problema que nos ha dado es que sigue aún en construcción, por así decirlo. Cuando terminé la primera tanda de cuadros, quedaba claro que con un par de filas era suficiente. No queríamos saturar la pared y con el vinilo parecía ya estar bastante completa. Además, es una pared de paso, y probablemente acabáramos rozando los marcos de una tercera fila.

Sin embargo, la pared de la lámina hace como un metido, por lo que, aunque tiene el mismo tránsito, no nos pegamos tanto a ella. Así que queríamos llenarla más. Prácticamente el espacio que ocupaba el bosque. Como en 2017 no paramos de viajar y 2018 tampoco ha ido mal (pronto empezamos), teníamos contenido de sobra para más cuadros. Así pues, le dediqué algunos ratos a las manualidades y hemos comenzado a llenarla.

Y digo comenzado, porque aún nos quedan destinos por visitar y por tanto habrá más marcos. Habrá que ver si no nos quedamos sin paredes.

Esto va teniendo ya otro color.

Obras en casa XVIII: Dándole un lavado de cara al pasillo VII

Cuando empezamos a decorar la casa teníamos claro que las fotografías y cuadros que adornarían las paredes serían de nuestros viajes. Esto en la teoría está muy bien, pero en la práctica lleva mucho trabajo de visionado, filtrado, impresión y colocación.

En 2016 le dimos un lavado de cara al pasillo, cambiando el suelo y reparando las paredes. Además, actualizamos la entrada. Impulsados por estas reformas, encargamos un par de vinilos, sustituimos el felpudo y aproveché para crear unos cuadros con recuerdos que tenía olvidados en un cajón.

Quedamos bastante satisfechos con las mejoras, pero nos quedaron dos paredes pendientes. Una que de momento se quedó cubierta por una lámina de un bosque, y otra desnuda. Pues bien, por fin esta pasada primavera nos hemos puesto con ellas.

Tenía varias ideas para la pared que habíamos dejado totalmente vacía, pero ninguna me terminaba de convencer, ya que se trata de la zona en la que hay más paso por encontrarse junto a la puerta de entrada, frente al baño, además de conducir al resto de la casa.

Finalmente descubrí una solución ligera y original. Y sobre todo que permite el ir modificando al gusto a medida que pasa el tiempo.

Encontré en amazon un hilo de acero que tan solo hay que sujetar con un par de clavos en los extremos. Viene con unos imanes (aunque también lo hay con pinzas) para sujetar las fotos. Así pues, no requiere de mucho bricolaje, decora pero no recarga, y se pueden cambiar las fotos con un simple gesto. Pensaba poner tres o cuatro filas, pero dado que se trata de zona de paso, a determinada altura son objeto de roces con los hombros o los brazos. Por tanto, acabamos comprando solo dos.

Elegimos la altura y la distancia, seleccionamos las fotos, clavamos las puntas, enganchamos el hilo de acero y colocamos las fotos. Et voilà:

El único problema es que las fotos acaban cogiendo forma con el paso de los meses y se doblan, pero bueno, también nos permite ir renovándolas (y mientras ponerlas entre libros para que vuelvan a su ser por si queremos reutilizarlas)

Nos ha costado unos años desde que nos mudamos, pero ya la casa va teniendo otro aire.

Obras en casa XVII: Dándole un lavado de cara al pasillo VI

Poco más me queda de enseñar del pasillo. Bueno, una pared que de momento está vacía. No hemos querido ocupar todo, porque esperamos completarla con el tiempo. Veremos si con más cuadros de recuerdos, o con fotos, otro vinilo, o a saber qué ocurrencia.

Pared vacía

Pero sí que quería traer, a modo de recopilación el antes y el después del pasillo.

Recuerdo que teníamos un pasillo pintado en dos verdes, pero que apenas se apreciaba. Pero el mayor problema era que las paredes estaban agrietadas y repelían la pintura.

pasillo marzo 16

Eso quedó zanjado con el lijado, la fibra de vidrio y posterior pintura. Ya tenía otro lustre.

Aplicación fibra
Además, se nos ocurrió darle otro aspecto a la entrada con un revestimiento y espacio para colgar.

pasillo

Entrada

Y aprovechamos para mejorar la altura del espejo. Nunca le pidáis a la persona más baja de la casa que os dé referencia de si se ve bien en el espejo. Nosotros lo hicimos así y el resultado fue que yo me veía entera, pero los que medían más de 160 se veían la cabeza cortada, o directamente sin cabeza (según su estatura y la distancia, claro). Esta vez ya lo pusimos a una altura adecuada para que todo el mundo se pudiera ver correctamente.

espejo

¿Y qué decir de nuestro vinilo que nos recibe según abrimos la puerta y nos conectamos automáticamente?

Vinilo

Las dos paredes más dañadas ahora están perfectas y la combinación de cuadros y vinilo nos encanta. Hay tantos recuerdos…

Pasillo

Pasillo Viajes

Pasillo Viajes 2

Aunque quedan cuadros por hacer y colgar. A ver si saco tiempo.

El bosquese ha vuelto a colocar en el mismo sitio. Y hemos añadido unos guardavivos para proteger las esquinas.

bosque2

bosque

Y así concluyo esta serie del lavado de cara del pasillo (al menos de momento). Que dure muchos años.

Obras en casa XVI: Dándole un lavado de cara al pasillo V

Ya dije que teníamos un pasillo muy largo, así que encontramos varias zonas, y, por tanto, varios proyectos para llamar la atención de diferente forma y que no sea simplemente una zona de paso insulsa. Adelante.Felpudo

Por un lado tenemos la entrada, que es lo que primero se ve. En ella pusimos el vinilo que nos da la bienvenida a casa. El felpudo también le da su punto, ¿verdad?

Vinilo

Al lado tenemos el recibidor, donde hemos creado una zona acogedora y luminosa en la que poder descalzarnos y dejar nuestras cosas al llegar. Pero también está lista para prepararnos para salir, claro, y además, nos podemos echar un vistazo antes en el gran espejo que tenemos. Ahora sí a la altura adecuada.

Entrada

zapatero y espejo

Si seguimos el pasillo para el extremo opuesto nos lleva hacia diferentes estancias, y hemos creado varios puntos focales. En las paredes más estrechas hemos reubicado varios cuadros, unos comprados, y otros que ya teníamos, pero actualizando nuestras fotos.

Pasillo

Pero sin duda, lo que llama la atención son los cuadros con recuerdos de nuestros viajes. Este DIY que encontré de casualidad me inspiró para exponer entradas, monedas, mapas y diversos objetos que normalmente se quedan guardados. Aproveché para repasar álbumes y buscar todo aquello que quería exponer, me hice en ikea con unos cuadros Ribba (además en oferta, por lo que me llevé 12 a casa), con las herramientas, busqué el tutorial y me puse manos a la obra en ratitos.

No necesitamos mucho: básicamente los cuadros y lo que queramos exponer. Pero para que al pasar de horizontal a vertical no se descoloque todo es recomendable hacerse con una pistola de silicona.

Materiales

Yo fui variando los fondos de cada cuadro. En algunos casos aproveché mapas de la ciudad o planos de metro, en otros casos una cartulina blanca. Intenté que cada uno fuera diferente. Todo depende del punto creativo de cada uno.

Se trata de exponer lo más significativo y llamativo del viaje. Lo que traiga mejores recuerdos. Hay que jugar con la composición para destacar lo que queremos mostrar. Y después, se coloca con un punto de silicona, se deja secar y para finalizar se cierra el cuadro y se cuelga.

Ojo que hay algunos tickets que se borran con el calor de la silicona, depende de si son termosensibles.

Cuadros

Cuadros 2

Y poco a poco hemos ido llenando la extensa pared. Y para completarla, otro vinilo que compramos junto con el anterior.

Pasillo Viajes

Pasillo Viajes 2

En la pared contraria volvimos a colocar el bosque, que le da profundidad. Y añadimos unos guardavivos para proteger las esquinas.

bosque2

bosque

Vaya cambio.

Momento Antidiógenes

Ya reflexioné sobre si almacenamos más de lo que deberíamos aquí, y la verdad es que desde entonces, intento hacer revisión de objetos, hacer una limpia. Mis momentos antidiógenes, que los llamo.

Un par de años después de aquella reflexión, no nos quedó otra con un salón inundado como ya comenté. Tuvimos que desprendernos de objetos deteriorados por el agua. Y como tuvimos que tirar el mueble de la televisión, pues quedó hinchado, movimos una estantería que teníamos en el estudio. Como había tirado apuntes y me había deshecho de objetos decorativos y chorradas varias, pues ahora necesitaba menos espacio para almacenar lo que sí me quedé. Al mover la estantería de estancia, aprovechamos para otra criba.

Incluso hemos hecho antidiógenes al arreglar y pintar el pasillo. Que sí, que es un pasillo, que parece una tontería. Pero para volver a colgar cuadros, me puse a cambiar fotos, para renovar un poco.

Vinilo

Para crear los cuadros de viajes tuve que repasar álbumes, filtrar lo que quería exponer y apartar lo que no sabía ni porqué estaba guardando.

Materiales

Luego añade complementos a la nueva distribución. Y quitas de un lado un complemento, un adorno de otro, y te pones, te pones… y al final acabas con un montón de cosas para deshacerte. Que si vasos de velas que tienen el borde golpeado y te puedes cortar, un quemador de esencias que ya no usamos, fotos, lo que había apartado de los cuadros…

No viene nada mal un repaso de estos de vez en cuando. Aunque creas que lo llevas todo bajo control, que no estás comprando cosas innecesariamente, que no guardas cosas por rellenar espacios, al final, las viejas costumbres se cuelan por algún resquicio. Seguro que la próxima primavera, si nos lanzamos a arreglar el salón, volvemos a hacer buena limpia.