No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos, Corinne Maier

Últimamente le estoy cogiendo el gusto a los ensayos. Normalmente prefiero la novela, pero a veces, entre un libro y otro necesito leer algo diferente para desconectar la mente y no mezclar personajes o historias. Así, hace poco leí No Kid. 40 buenas razones para no tener hijos, de la ensayista francesa Corinne Maier.

Aunque cada vez son más las mujeres que escriben sobre el tema y no se avergüenzan o lamentan de no querer pasar por la maternidad, en concreto este libro me llamó la atención porque la autora es madre, y sí que es menos frecuente que se atrevan a compartir que preferirían no haberlo sido. Y es curioso, pues cuando dices que no quieres tener hijos te hacen numerosas preguntas o directamente afirmaciones como que te vas a arrepentir o que te vas a perder algo maravilloso y,sin embargo, cuando alguien comunica la llegada de una criatura al mundo en su entorno nadie les cuestiona si se lo han pensado dos veces o son conscientes de la responsabilidad de la crianza y lo que ello conlleva, como por ejemplo también perderse cosas en la vida. Porque sí, toda decisión en nuestra vida significa dejar otras cosas de lado y que en un futuro podamos arrepentirnos de haber tomado un camino y no otro.

Y precisamente así comienza Maier su introducción, asegurando que se arrepiente de ser madre y que si volviera atrás seguramente no tendría hijos porque, analizándolo, le ve más cosas negativas que positivas. Y no pasa nada, no es un monstruo por ello, no creo que tenga que ver con que odie a su descendencia, sino que preferiría haber tomado otro rumbo en su vida. Como si te vas de alquiler y con los años volviendo la vista atrás piensas que quizá tendrías que haberte comprado una casa o viceversa. La autora rompe con el tabú de la maternidad idealizada y desgrana sus 40 razones para que aquellos que estén pensando en ser padres, se lo piensen bien antes. No es que descubra nada nuevo con su lista, quizá lo novedoso es el tono un tanto provocador que usa al exponerla. Pero en cualquier caso, la mayoría son verdades como puños.

Acierta al destacar la presión social que existe para tener hijos. Parece como si una pareja no fuera bien si no diera el paso de criar un par de retoños. Aquello de un matrimonio sin hijos es como un jardín sin flores… Quienes se atreven a no seguir ese camino son continuamente juzgados por no seguir el camino. Y mientras, hay tantos otros que dan el paso porque es lo que toca. No hay motivo detrás, sino simplemente porque es lo que se espera a cierta edad.

Y después viene el golpe de realidad, cuando descubren que el embarazo no era tan bonito, que el parto es doloroso, que la recuperación está lejos de ser como las de las famosas, que los meses de lactancia son esclavos y se duerme poco y que a partir de ahí todo gira en relación a esa persona dependiente, que no es algo que puedas posponer porque hoy no te apetezca o no tengas ánimos o fuerzas. Es una responsabilidad, una vida humana y estás a su servicio. Esto no quiere decir que la circunstancia sea mala, sino que hay que ser consciente de lo que conlleva. Un claro ejemplo son las campañas sobre las mascotas en las que se recalca la necesidad de una reflexión previa antes de su adquisición para evitar maltratos o abandonos.

Con la llegada al mundo de la criatura la vida de los progenitores cambia. Y, como dice la autora, la educación requiere que los progenitores estén siempre disponibles, atentos y dispuestos a sacrificar otros aspectos de su vida. Empiezan a vivir el tiempo de otra persona y pasan a segundo plano la pareja, las amistades, el tiempo de ocio o la vida laboral. Es cierto que se pueden seguir haciendo muchas cosas, pero está claro que hay que hacer reajustes porque los horarios cambian. No se tiene la misma maniobrabilidad para improvisar planes y hay muchos que no son aptos para críos. Aparte de que se tiene menos tiempo libre: llevar a los niños a la guardería/colegio, trabajo, recogerlos, meriendas, parque, extraescolares, deberes, duchas, mantener al día la casa, preparar cenas, comidas, la ropa del día siguiente… La crianza es agotadora, y más aún cuando el reparto de tareas no es equitativo.

Y es que como bien indica Maier, el coste de tener hijos no es el mismo para la madre que para el padre, pues la maternidad se ha convertido en una trampa para las mujeres. Es cierto que las cosas van cambiando y ahora los padres se involucran algo más y saben cambiar pañales, dar el biberón o llevan al niño al parque. Pero aún así siguen recayendo sobre las madres la mayoría de las tareas, y sobre todo el peso de la carga mental. Aquellas pequeñas cosas que no son tan visibles como que los niños crecen y hay que comprarles ropa nueva o estar pendientes del calendario de vacunaciones. La realidad es que la mujer se ha incorporado al mundo laboral, pero el hombre no lo ha hecho en igual medida en el doméstico y familiar. Así, esto crea una desigualdad en ambos ámbitos dando lugar a un círculo vicioso: si los hombres no asumen por igual sus tareas en casa, en las empresas se da por hecho que la mujer sale menos rentable y la balanza se inclina hacia el lado de ellos. Y puesto que la parcialidad y los sueldos inferiores recaen sobre ellas, ellos tienen más oportunidad de seguir desarrollando su carrera profesional. Así, con frecuencia se ve que mientras que un hombre en un alto cargo puede ser que sea padre o no, en el caso de ellas generalmente se trata de mujeres sin hijos. Las madres se han ido quedando por el camino.

Por tanto, en la actualidad ser madre supone tener que aceptar empleos peor remunerados pero que dejen tiempo libre para cuidar de la familia, porque claro, alguien tiene que hacerlo… Y al final supone una doble pérdida económica ya que por un lado se ingresa menos dinero por la actividad laboral (con lo que supone para la cotización e independencia económica) y por otro se echa otra jornada tan duradera y agotadora (o más) que no está remunerada. Así pues, la madre de hoy en día se encuentra cansada, con falta de tiempo y cierta dependencia económica. Al final va a ser verdad como dicen algunas amigas mías con hijos que nos engañaron con lo de la mujer liberada que se incorpora a la vida laboral y que vivían mejor las amas de casa. Al menos ellas no estaban pluriempleadas.

Aunque en esto siempre digo que hay evidencias previas: si tu pareja hombre antes de que haya hijos de por medio y con ambos trabajando fuera de casa no asume responsabilidades dentro, seguramente no lo haga después. Es preferible trabajar para conseguir una dinámica que funcione a nivel pareja antes de embarcarse en aumentar la familia. Y si no se llega a un acuerdo, mejor romper cuanto antes y cada uno por su lado antes de que todo se complique con custodias y demás.

Volviendo al libro de Corinne Maier, la autora reflexiona también sobre lo caro que sale tener hijos. Y eso que no entra en la concepción artificial, cada vez más frecuente. A los hijos hay que alimentarlos, vestirlos, ponerles ortodoncias, gafas, comprarles libros, pagarles las actividades extraescolares, la educación no obligatoria… Cualquiera quiere lo mejor para sus hijos, así que ¿cómo les vas a privar de las clases de natación para bebés, los idiomas o las clases de música? Como bien dice en su razón número 15: el hijo es un aliado objetivo del capitalismo. Los niños, además de consumir, hacen que los progenitores consuman. Aparte de los pañales, ropa y productos de aseo, hay una lista interminables de trastos que solo usan durante pocos meses pero que parecen imprescindibles: que si la cuna de colecho, la de viaje, la cuna grande, el capazo, la silla para el coche, la de paseo, la mochila portabebés, la hamaca, el parque, el calientabiberones, el esterilizador de biberones, el escurridor de biberones, los walkies vigilabebés… Y eso es solo el principio, porque luego se unen los juguetes, los libros, las tablets, móviles y ordenadores, los instrumentos u objetos de las actividades extraescolares… En muchos casos además la llegada de los hijos supone el tener que (o querer) cambiar de coche e incluso de casa, con lo que ello supone económicamente.

Como conclusión, la autora defiende que la solución es dejar de tener hijos. Sobre todo en los países desarrollados. Y es que aunque los países menos desarrollados tienen una mayor población, el problema es la supercontaminación de los más ricos y su consumismo voraz. Va más allá: ¿Qué sentido tiene traer hijos al mundo cuando se les va a dejar un planeta condenado al desastre ecológico?

No creo que el libro vaya a hacer cambiar la opinión de nadie, pero está muy bien que se hable cada vez más de la no maternidad como opción sin que ello suscite reprobación. Al fin y al cabo, no tener hijos es una elección como otra cualquiera y tan válida como sí tenerlos. De hecho debería ponerse más en duda la capacidad y madurez de algunos para ser padres que de quienes deciden no serlo.

Trucos Viajeros: Consejos para hacer un Road Trip

En las últimas entradas he hablado mucho sobre los lugares que hemos visitado durante el viaje, pero no sobre el Road Trip en sí, una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida. Sin embargo, antes de echarse sin más a la carretera, hay que tener en consideración los pros y los contras así como algunos detalles organizativos.

Entre las ventajas encontramos sin duda la libertad que nos da para poder configurar un itinerario con su hora de salida y llegada de cada día, las paradas a realizar, los desvíos improvisados que puedan surgir… A diferencia de en un viaje organizado o en bus o tren, no dependeremos de la disponibilidad del transporte, los horarios, precios o conexiones. Es decir, se puede planificar una ruta más ambiciosa.

Sin embargo, no todo son ventajas, también tiene algún inconveniente, como por ejemplo largas etapas con paisajes monótonos que hacen que la conducción sea aburrida, encontrarse con algún atasco, tener alguna avería o imprevisto, comerse alguna multa e incluso perderse. Además, una vez llegamos a destino hay que aparcar el coche, y no siempre es fácil. En según qué lugares puede llevar a la desesperación.

Aún así, que no cunda el pánico, pues la mayoría de estos contras tienen sencilla solución: la monotonía se soluciona con buena compañía y alternando entre conductores, los atascos con paciencia y buena música, las averías con un seguro y las multas siendo precavido al volante. Lo de perderse… pasa, tarde o temprano, por mucho GPS o mapa. No es difícil acabar pasándose una salida. En cuanto al parking, lo mejor es coger un alojamiento en el que se pueda aparcar y desde ahí moverse en transporte público local o a pie.

Pero empecemos por el principio, ¿qué hay que tener en cuenta antes de echarse a la carretera?

DESTINO

Parece una tontería, pero no siempre es recomendable viajar así. A veces porque se trata de demasiados kilómetros de un punto a otro por carreteras aburridas. Otras veces por las condiciones de las carreteras (ya sea desde el punto de vista meteorológico, o por el estado general del asfaltado). Hay que valorar todas las opciones de transporte disponibles y comparar.

ELECCIÓN DE VEHÍCULO

Puede que se trate del coche propio o, lo más frecuente, que lo vayamos a alquilar. La primera opción yo la recomendaría para pequeñas escapadas, puesto que meterle muchos kilómetros al vehículo particular supone un desgaste importante. Sea como fuere, convendría hacer una revisión para comprobar el estado del coche (luces, limpiaparabrisas, presión de los neumáticos, liquido de frenos y nivel del aceite).

Si se elige la segunda opción hay que tener en cuenta el tipo de viaje que queremos hacer, los integrantes, el presupuesto que tenemos… Merece entrada aparte, pues son muchas cuestiones las que hay que valorar.

DOCUMENTACIÓN Y NORMAS DE CIRCULACIÓN

Si el vehículo es propio hay que revisar que se lleva la documentación en orden (incluido el seguro de viaje). Y por supuesto, averiguar si en el país de destino se precisa del carnet de conducir internacional. Adicionalmente, conviene conocer las normas de tráfico locales tales como las velocidades máximas permitidas, el tránsito en los cruces o las particularidades del aparcamiento. Por supuesto también es importante saber si se circula por la derecha o por la izquierda.

¿PLANIFICAR LA RUTA O IMPROVISAR?

Esto es algo bastante personal. En mi caso prefiero llevar siempre una ruta planificada con un comienzo y un fin así como con paradas intermedias de interés. No obstante, eso no implica que no quede lugar para la improvisación. Hay sin embargo quien prefiere viajar sin nada cerrado e ir decidiendo cuándo dar por concluida la etapa sobre la marcha. A gusto del viajero.

En cualquier caso, no está de mal plantearse grosso modo las etapas, sobre todo si se depende de querer realizar alguna excursión o actividad o hay que acabar en un determinado lugar para tomar un vuelo de vuelta. Por ejemplo, no es recomendable dejar atracciones o lugares muy turísticos para los fines de semana, pues puede que nos lo encontremos demasiado saturados e incluso que el precio sea más caro. Así, conviene anotar una lista de cosas por hacer/visitar con sus horarios (ojo con los días de cierre) y precios (los museos suelen contar con días gratuitos), calcular las distancias y estado de las carreteras, si hay peajes, puertos o cruce de fronteras, dónde sale mejor dormir y comer… y en base a esto, planificar un itinerario con sus etapas, aunque sea orientativo y quede abierto.

Además, tener una mínima planificación sirve para hacernos una idea del presupuesto, pues podemos calcular el gasto en carburante, peajes, entradas, alojamientos, comida…

INTEGRANTES

Es algo que se decide al principio de la planificación y que influye en el tipo de vehículo que vamos a llevar, como ya decía. Es importante elegir bien los compañeros de viaje, sobre todo porque son muchas horas juntos y conviene que todo el mundo esté en la misma onda. No tiene necesariamente que significar que todo el mundo quiera hacer las mismas cosas, pero sí que haya algo de sintonía y afinidad. Tienen que estar de acuerdo en cuanto al presupuesto y a las intenciones generales del viaje (si es de playa, de montaña, de andar mucho, de visitar museos…), si no, habrá un conflicto constante. Lo mejor es llegar a un punto de confluencia al principio de toda la planificación y crear una clara hoja de ruta. También conviene aclarar varios puntos antes de meterse en un habitáculo durante horas, como por ejemplo si se fuma o no, quién gestiona la música, quién se encarga de hacer de guía, quién conduce…

Y esto es también relevante. Cuantos más conductores mejor, ya que permite repartir las horas de conducción y que no aparezca la fatiga. A no ser que haya alguien al que le guste especialmente conducir o que las etapas sean generalmente cortas.

De todas formas, como en todo trabajo en equipo, lo mejor es aprovechar las virtudes de cada integrante para cada una de las responsabilidades del viaje y así repartir las tareas y que todo el mundo sea útil durante el viaje.

GPS Y MAPA

Aunque le quita algo del espíritu aventurero, es recomendable llevar un GPS. Bueno, quien dice GPS, dice móvil con alguna app de navegación, especialmente aquellas que permiten descargarse los mapas y funcionar offline para no gastarse los datos. No obstante, en según qué viajes podemos encontrarnos con que no hay señal de nada: ni cobertura, ni datos, ni ubicación… así que por si acaso, conviene echar también el típico mapa de carretera de toda la vida (o llevar la ruta impresa en papel)

APPS Y TECNOLOGÍA

Además de llevar instalado el navegador en el móvil (o los móviles), hay que tener en cuenta otras apps que pueden ser de utilidad como las que avisan del tráfico, de la previsión meteorológica, las de comparativas de precios de gasolineras, las de reservas de alojamiento en caso de que no se hayan cerrado previamente… Hoy en día somos un poco esclavos de la tecnología, pero hay que reconocer que también nos facilita la vida en muchas ocasiones.

Por supuesto, a más uso del terminal, mayor consumo de batería, por lo que mejor no olvidarse de llevar alguna batería extra, así como cargadores. En los coches modernos ya contamos con puertos usb, pero a veces nos tendremos que conformar con el mechero, así que un adaptador no viene de más.

Cuestión aparte es la cámara de fotos y sus accesorios. Es impensable hacer un viaje de este estilo y no llevar una cámara para captar la aventura.

ENTRETENIMIENTO

Para llenar las horas en tránsito está por supuesto la conversación. Pero a veces también apetece callarse y observar el paisaje. O incluso echarse una cabezadita. También se puede aprovechar para ver alguna serie o película en la tablet, móvil u ordenador, o leer. Los que usamos el transporte público a diario sabemos lo mucho que cunde la lectura en esos trayectos diarios. En coche sin embargo hay quien se marea. En cualquier caso, llevar un libro (en papel o electrónico) nunca está de más, ya no solo para el tiempo en movimiento, sino para los momentos de relax al final de la jornada. O mientras esperas a que el resto se vaya preparando por la mañana… Sé de uno que en los 15 días del Road Trip por la Costa Oeste se leyó el primer libro de Juego de Tronos…

Obvio es que para tantas horas en coche no puede faltar la música. También hay mil apps en las que crear una lista con canciones para todos los gustos. Nosotros en este último viaje aprovechamos el mes de prueba sin anuncios y con reproducción offline de Spotify. También tiramos de podcasts. Está la radio también, claro, pero nos puede pasar como con el GPS y que en según qué lugares no captemos ni Radio María.

COMIDA Y BEBIDA

Dado que vamos a pasar muchas horas dentro del coche, a veces con etapas largas o en las que no hay nada de interés entre el punto A y B, es aconsejable llevar siempre algo de picoteo.

Nosotros intentamos llevar siempre algo dulce y algo salado. Lo típico que viene a la mente es lo menos saludable: golosinas, chocolate, patatas fritas, sándwiches de a saber qué… Es verdad que es lo más socorrido porque viene envasado y tiene bastante caducidad. Sin embargo, no está de más llevar algo de fruta o frutos secos para no acabar con dolor de tripa. Además, ojo con lo que se come, pues si da sed y hay que beber mucho, luego también hay que cambiar el agua al canario, y no siempre es factible hacer una parada.

Algo muy útil es llevar una nevera portátil. No hace falta que sea la típica rígida de camping, las hay también de tela, plegables, que se pueden llevar en la maleta y sacar cuando sea necesario. Comprando hielo en una gasolinera (o si es en EEUU gratis en cualquier hotel/motel de carretera) puedes mantener refrigerada al menos la bebida.

Eso sí, para una mayor comodidad dentro del habitáculo, mejor ser limpios y no acabar con el suelo lleno de restos de comida y los bolsillos de las puertas llenos de envases, plásticos, servilletas…

Aparte del picoteo, conviene anticipar el tipo de etapas que vamos a hacer para saber si vamos a poder parar por el camino para comer, o por el contrario habría que comprar algún plato preparado que se pudiera comer en frío en un área de descanso (ensaladas, sándwiches, hummus/guacamole, latas de conserva…). Para ello, en previsión, hay que llevar a mano cubiertos, bolsas de basura para recoger los desperdicios y servilletas o toallitas para poder limpiarnos antes y después de comer.

Si se viaja con una furgoneta camperizada o una autocaravana esto es mucho más sencillo, claro, ya que al contar con camping gaz o cocina, se tiene mucha más autonomía y se podría incluso cocinar algo más elaborado. Pero contando con un coche o suv, o paramos en algún área de servicio o población intermedia, o nos tendremos que apañar con algo frío en un apartadero de la carretera.

EQUIPAJE

A ver, que estamos añadiendo muchas cosas, y al final, como no llevemos mucho maletero, nos estamos comiendo el espacio. En cualquier caso, para reducir el peso en el coche, y con ello el consumo de combustible, conviene viajar lo más ligero posible. Hay que olvidarse de los porsiacasos y buscar prendas versátiles y cómodas. Si va a ser un viaje largo, es mejor buscar un alojamiento con lavadora o una lavandería pública que ir cargados con 15 mudas de varias personas. Además, se puede ahorrar espacio compartiendo entre varios o todos los integrantes productos como crema solar, líquido de lentillas, gel, champú, pasta de dientes… y así no llevar cada uno mil botes. Lo mismo para un botiquín, es preferible hacer una lista y preparar uno entre todos. Y aún así, al final es inevitable acabar llenando el coche hasta los topes.

Por cierto, que algo que no puede faltar en el equipaje son unas gafas de sol. Habrá veces que el sol lo llevemos a la espalda, pero en el resto de los flancos, en según qué horas del día, puede llegar a ser muy molesto. Y si conduces, más aún.

OTRAS RECOMENDACIONES

Uno de los primeros aprendizajes de nuestro primer Road Trip por Estados Unidos fue que hay que procurar llevar el depósito de carburante lleno y repostar siempre que se dé la oportunidad, ya que puedes tirarte kilómetros y kilómetros (o millas y millas) sin ver una estación de servicio.

De todas formas, aunque seamos precavidos, podemos tener otro tipo de incidencias, así que conviene llevar a mano un móvil disponible. En Europa tras la eliminación del Roaming, seguramente funcionemos con el nuestro, pero en caso de salir de estas fronteras, es mejor hacerse con una tarjeta prepago. Y no hay que pensar en lo peor, pero por precaución mejor si informamos a familia o amigos de nuestro itinerario, por si ocurriera algo.

Algo que parece una tontería es la cuestión económica. Seguramente que llevemos tarjetas y en general para el viaje nos funcione bien, pero hay pequeños gastos como los peajes o los parquímetros para los que conviene llevar algo de efectivo. Y si es calderilla, mejor.

No obstante, también es aconsejable llevar algún billete de mayor importe, porque hay veces que las máquinas de las gasolineras no aceptan tarjetas extranjeras.

Por supuesto, sobra decir que es preferible mantenerse dentro de los límites de la ley en lo que a conducción se refiere. Y además, tener en cuenta las recomendaciones generales de descanso, nada de consumo de alcohol, ni de comidas muy copiosas que causen somnolencia o medicamentos contraindicados. Nada nuevo, vaya. De todas formas, lo mejor es llevar siempre un seguro de viaje que incluya cobertura de accidentes.

Por lo demás, un Road Trip es desconexión y vivir cada momento. No solo importa dónde vas a parar, sino lo que recorres por el camino. Se puede configurar de muchas maneras (improvisado, planeado, durmiendo en hoteles, en campings, en el propio vehículo, comiendo en el coche o en restaurantes locales….), pero está claro que sea como fuere, es toda una experiencia. Y no hace falta irse a la otra punta del mundo o elegir una ruta icónica, porque al final, un Road Trip es un viaje sobre ruedas y carreteras, hay muchas y con diversas historias que contar.

Brexit: The Uncivil War

Hoy que es el día oficial en que iba a ser efectiva la salida del Reino Unido de la Unión Europea (veremos a ver cuándo y qué ocurre) es buen momento para hablar de la película Brexit: The Uncivil War. La cinta nos cuenta las tácticas, maquinaciones y maniobras de la campaña previa al Referéndum de 23 de junio de 2016 en que el 51,9% de la población votó Leave. Con un guion que parte de los libros All Out War: The Full Story of How Brexit Sank Britain’s Political Class, de Tim Shipman y Unleashing Demons: The Inside Story of Brexit, de Craig Oliver, está dirigida por Toby Haynes y cuenta con el magnífico Benedict Cumberbatch en el papel de Dominic Cummings, el asesor político que fue el jefe de dicha campaña.

El proyecto del filme recibió críticas por el momento en que se planteó, pues no se comprendía muy bien qué sentido tenía hablar del Brexit sin Brexit. No obstante, ha resultado ser de lo más oportuna. Y es que, como decía, no se centra en las consecuencias de la salida del UE, sino de cómo se gestó. La película es la crónica de un desastre anunciado y pone el foco en cómo internet influye en todos los aspectos de nuestra vida. También en la política.

Atrás quedaron los carteles, los mítines con propuestas, las grandes concentraciones o los debates con sus argumentaciones. En lugar de hacer una campaña destacando unas ideas, unos proyectos y cuál es la mejor forma de presentársela a la ciudadanía para obtener su voto, hoy en día, en la era digital, funciona al revés. Dejamos rastros de nuestra vida con cada dispositivo o aplicación que usamos y hay empresas (como Cambridge Analytica) que se están encargando de recopilar todos estos datos sobre nuestros gustos, nuestras preocupaciones, nuestros intereses para que después terceros hagan una campaña interpelándonos. No importa si la información es verídica o no, porque estas campañas lo que realmente buscan son nuestras entrañas. Por tanto, fluyen los bulos sin ningún tipo de contención, con el agravante además de que los contrincantes se ven a rebufo de este tipo de informaciones falsas. Acaban perdiendo más tiempo en desmentirlas que en presentar su propia campaña, por lo que al final los tempos y la agenda la marcan los tramposos. Pasó con Trump, pasó con el Brexit, pasó con Bolsonaro, pasó en Andalucía y veremos a ver en las dos próximas citas electorales en nuestro país.

Aunque la temática pudiera resultar aburrida, la película me pareció entretenida. Tiene buen ritmo y la música está muy bien elegida. Además, funciona muy bien la combinación de entrevistas e imágenes reales con las de ficción. Cumberbatch borda el personaje (como todos los que interpreta) y eclipsa al resto del reparto, donde además Boris Johnson, Nigel Farage o el donante del UKIP parecen más caricaturas que personajes.

No sabemos qué pasará de aquí en adelante con este nuevo panorama político, pero Brexit: The Uncivil War sirve para entender esta nueva realidad política en la que la ciudadanía está más desamparada que nunca ante tal manipulación de la información.

8M

Aunque sigue habiendo reticencias en una buena parte de la sociedad a decir “soy feminista” y se recurre al típico “ni machismo, ni feminismo, igualdad” ( o el “ni machista, ni feminista, persona” de Bustamante), aún así parece que el capitalismo ha pensado aquello de “si no puedes con tu enemigo, únete a él” y ha empezado su propia estrategia de marketing y lavado de imagen.

Un claro ejemplo es el feminismo de Ana Botín. No niego que como mujer haya experimentado situaciones de desigualdad, sin embargo, el feminismo no es únicamente reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, sino que también tiene un componente de clase. Es por eso que feminismo de derechas (o feminismo liberal como proclama ahora Ciudadanos) es un término contradictorio.

Se ve claro cuando critican las cuotas argumentando que es injusto para los hombres y que lo que tendría que ocurrir es que los puestos fueran ocupados por los mejores. Estamos de acuerdo en que sí, en un mundo ideal se habría de elegir a la persona más preparada para desempeñar la función; no obstante, en el mundo que vivimos, hay mucho inepto que únicamente está en ese puesto por ser hombre. Porque una mujer, por el simple hecho de serlo, ha de demostrar mil veces más que está al nivel. Cuando hay una mujer entre muchos hombres se dice aquello de “es que esta es buena, fíjate cómo será de buena que ha superado a tropecientos hombres”.

En esto de las cuotas además hay un segundo factor, y es que solo rechina cuando se pide que haya una mínima participación de mujeres porque se dice que discrimina. Sin embargo, no se está teniendo en cuenta que se parte de por sí de una situación discriminatoria. Por tanto, de lo que se trata es de equiparar la balanza. Es la misma metodología que para las becas. Pongamos por ejemplo el caso de dos estudiantes que quieren cursar la misma carrera. Ambos tienen la misma capacidad intelectual, sin embargo uno de ellos se puede pagar los estudios mientras que otro no. Con una beca al de menor nivel adquisitivo le damos la posibilidad de igualar sus oportunidades. Y no solo será bueno para ambos, sino para la sociedad porque estaremos ganando la aportación de dos personas. Y es que nos han vendido mucho aquello de la meritocracia, pero no todos tenemos las mismas oportunidades y por eso, mientras no surja natural, hay que poner medidas que compensen estas desigualdades.

Botín se cree que porque ella haya llegado a su puesto directivo, cualquiera con empeño puede hacerlo. Pero el feminismo no es que unas pocas puedan romper el techo de cristal, sino que se trata de un movimiento que busca la colectividad. Porque el machismo no afecta a unas pocas, todo lo contrario. Afecta a toda la sociedad (también a los hombres) y es un problema mundial, no local. Y ahí es donde falla el feminismo neoliberal, que es individualista y burgués. Por tanto, no es feminismo.

Tampoco lo es el de Ciudadanos, que a pesar de que en 2015 llevaba en su programa electoral modificar la ley de Violencia de Género, que decía que el aborto no debía ser un derecho porque era un fracaso,  que el matrimonio homosexual podía crear tensiones innecesarias, o que el año pasado no apoyaría el 8M por cuestiones ideológicas; de repente este año saca un decálogo en el que reivindica que el feminismo no es patrimonio de nadie, sino que todo el mundo que esté comprometido con la igualdad entre hombres y mujeres ya es feminista.

No es que de un día para otro se hayan deconstruido y de repente se declaren feministas, es que están en campaña electoral (las mujeres son el 51% de la población y el 65% de indecisos). Pero no se puede ser feminista y querer mercantilizar el cuerpo de la mujer con propuestas como la de la legalización de la prostitución o la de los vientres de alquiler. Se escudan en su argumento liberal de que cada mujer (o niña) es libre de decidir qué quiere hacer con su cuerpo. Sin embargo, no tienen en cuenta de que cuando hay una situación de pobreza, las decisiones no son libres. Y no lo tienen en cuenta porque son sus políticas neoliberales las que contribuyen en gran medida a las desigualdades.

Ellos defienden que buscan la libertad para todo el mundo. Así en abstracto. Como en abstracto ya está reflejado en las leyes. El problema es que en la práctica, esta teoría choca con el capitalismo y las desigualdades sociales, económicas y culturales que este crea. Por tanto, al final defienden al que ya es privilegiado.

Así pues, un discurso contradictorio de todo punto. Da la sensación de que quieren ganar unos pocos votos diciendo que reivindican la igualdad, pero maquillado de tal forma que no enfaden a su votante tradicional, ese hombre blanco, heterosexual y acomodado. Como ya hicieran con las banderas LGTBI en Colón, buscan sacar rédito de cualquier lado mientras sorben y soplan a la vez.

Más consecuente es el PP, que ha decidido no sumarse directamente a la huelga. Claro, que usa el discurso de Ciudadanos del año pasado de que el 8M se ha politizado. El año que viene dirán que han sido ellos quienes organizaron todos los actos, como andan proclamando con la LVG. No obstante, con sus políticas de recortes, propuestas de volver a la ley del aborto del 85 y otras sandeces no es que se le esperase.

En cualquier caso, si en 2018 se sobrepasaron todas las expectativas con respecto a la huelga y movilización, este año no puede ser menos. Es verdad que parece que se habla más de feminismo, pero hemos avanzado poco o nada en 365 días e incluso vemos peligrar los derechos adquiridos con estos aires a Gilead.

La Magia del Orden, Marie Kondo

Marie Kondo se ha puesto de moda recientemente gracias a su serie de Netflix (ya llegaremos a ella), pero esta japonesa – que ya desde niña tenía obsesión por el orden-  lleva ya unos años dando consejos con su método KonMari. Yo la conocí por su libro La Magia del Orden, donde aborda la organización como una especie de terapia y cambio de vida.

Aunque suene todo muy zen y muy japo, lo cierto es que razón no le falta. Como bien dice, cuando tenemos un espacio desorganizado, tendemos a vaciarlo, limpiarlo y reorganizarlo después con algún elemento de almacenaje. Pero claro, los trastos siguen ahí, lo único que hacemos es quitarlos de la vista y con el tiempo se irá llenando más, se volverá a desorganizar y vuelta a empezar, lo que supone una pérdida de tiempo. Por el contrario, ella plantea un método más definitivo, y de ahí lo del cambio de vida, porque nos lleva a replantearnos cómo queremos vivir, qué queremos mantener en nuestra casa, a qué le queremos dedicar el tiempo (y es que limpiar y organizar nos consume horas de vida. Y también en buscar algo que no sabemos dónde está).

Así, tras dar el primer paso y comprometernos a ser ordenados y pensar en nuestro objetivo, toca remangarse y ponerse manos a la obra.

En primer lugar, antes de organizar hay que eliminar. Sí, toca descartar. Yo lo veo como si fuera a hacer una mudanza: es más lógico hacer una limpia antes de empaquetar, pues así tendremos menos que mover de una casa a otra. Pues en este proceso igual. Fuera cosas innecesarias, rotas, que llevan años sin ser usadas. Marie Kondo le da un punto más místico y nos aconseja que nos quedemos solo con aquello que nos haga felices. Yo preferiría hablar de objetos que cumplen una función, pues eso de los bienes materiales nos produzcan felicidad me chirría un poco. Pero bueno, tiene más que ver con su cultura japonesa. Este proceso de desechar puede ser complejo al principio, pero poco a poco se va haciendo más fácil. Y no solo aligera la casa, sino que también deja la mente un poco más despejada.

¿Y por dónde empezamos a hacer esta criba? Pues según el Método KonMari mejor hacerlo por categoría y no por almacenamiento. Se trata de un proceso que ha de servir como cambio de mentalidad, por lo que recomienda hacerlo de golpe. Es una purga que ha de hacerse del tirón, nada de poco a poco en limpiezas de primavera u otoño. Y a ser preferible solos, pues la familia puede interferir más que ayudar.

Como decía al principio, solemos abrir un espacio, vaciarlo, limpiarlo, reorganizarlo y listo. Sin embargo, esto tiene un problema y es que no nos hacemos a la idea del volumen de posesiones que tenemos o incluso de que guardamos objetos repetidos guardados en varias habitaciones. Así, Kondo propone hacer limpia por categoría y agrupar todo lo que haya repartido en varias estancias para tomar consciencia.

Y sugiere empezar primero por la ropa, después con los libros, los papeles, miscelánea y finalmente con los objetos que tienen un valor sentimental. Aconseja seguir este orden porque iremos de más fácil a más difícil, de forma que cuando lleguemos a lo sentimental ya iremos en velocidad de crucero y estaremos más sueltos a la hora de filtrar lo que sí y lo que no nos vamos a quedar (donar, regalar, vender o tirar).

La ropa sería lo más sencillo según Kondo porque así a simple vista ya nos vienen a la mente prendas que no nos valen, que no nos sientan bien, que han pasado de moda o están ya viejas (no está para nada a favor de que la ropa vieja pase a ropa de estar por casa). Ahí tenemos medio camino hecho.

Con los libros quizá no sea tan fácil reducir la biblioteca a tan solo 30 como sugiere, aunque es verdad que hoy en día con los formatos digitales quizá no guardamos tantos. En cuanto a los papeles y revistas siempre hay contratos o facturas que fiscalmente ya no sería necesario guardar y por tanto ahí también ya tenemos un pequeño paso hacia el filtrado. En concreto ella recomienda mantener dos subcategorías: lo que hay que conservar (contratos de servicios, la hipoteca…) y lo que requiere una gestión (facturas que hay que pagar, por ejemplo).

Así, según el método con cada una de las categorías debemos agrupar todo en un espacio amplio e ir tomando cada objeto y hacernos la misma pregunta: ¿Me produce alegría? Si no somos tan místicos, pues podemos preguntarnos si nos aporta algo tener ese objeto en nuestras vidas. En función de si la respuesta es afirmativa o negativa, iremos haciendo montones. Uno para lo que se queda, otro para lo que se va (a lo que le daremos las gracias por su servicio prestado. Sí, muy oriental).

Una vez que hemos hecho ese filtro y hemos reducido nuestras posesiones toca recolocar de forma eficiente. Pues bien, la japonesa nos recomienda reutilizar cajas de zapatos vacías u otros recipientes que ya tengamos. Nada de lanzarse a la tienda y volverse loco con productos de almacenaje. Además, se supone que como el volumen de objetos se habrá visto reducido, nos sobrará espacio de sobra. Las cajas permiten que los objetos no queden desperdigados (imaginemos por ejemplo un cajón del baño con los productos de aseo o maquillaje, o una despensa donde podamos agrupar todas las especias o los utensilios de repostería que usamos de vez en cuando). Lo importante es organizar todo de forma que quede a la vista y accesible. De ese modo nos será más sencillo saber qué tenemos y podremos llegar a ello sin problema. Esto sirve tanto para la ropa, como para los papeles o la despensa de la cocina.

En el caso de la ropa recomienda crear subcategorías y guardar por un lado las camisetas, por otro los pijamas, por otro la ropa interior y calcetines, por otro los accesorios… Además, no es muy amiga de colgar demasiadas prendas, solo blusas o chaquetas. Propone guardar la ropa doblada en vertical para que así sea más visible todo el cajón. Y he de reconocer que es muy útil. Para baldas quizá da un poco igual porque sí que ves las prendas, pero en un cajón tan solo veríamos la de arriba del todo, y como tenga mucho fondo, habrá algunas que quedarán olvidadas atrás.

Para las pocas prendas que vayan a ser colgadas, recomienda organizarlas según tonalidad de color (como si eso fuera un Pimkie) quedando las más ligeras a la derecha y las más fuertes a la izquierda. Yo esto lo haría al revés, pero porque mi puerta corredera primero me deja a la vista el lado izquierdo.

Tampoco comparto su idea de tener toda la ropa en el armario y no guardar la de fuera de temporada. Quizá le funcione en Japón, pero con el clima de Madrid en que en invierno tenemos máximas de 10 y mínimas bajo cero y veranos cuyas temperaturas no bajan de 20º y fácilmente llegan a los 40º, pues me va a perdorar la señora Kondo, pero no le veo sentido a tener las camisetas de tirantes junto a las de manga larga o los jerseys de cuello vuelto junto a los pantalones cortos.

En otro aspecto en el que difiero con la japonesa es en lo de vaciar el bolso cada día. Lo veo innecesario y puede causar más problemas que ventajas. No termino de ver tampoco lo de guardar los bolsos uno dentro de otro. Sí, está muy bien cuando son de gran tamaño y de asa, pero para otro tipo de modelos seguro que me olvidaría de los que tengo, pues solo vería los de fuera.

Por lo demás, salvando las distancias culturales, es un método que no deja indiferente y del que se puede sacar una buena inspiración. No veo factible lo de hacer esa limpieza de toda la casa de golpe, porque puede resultar abrumador, pero quizá una categoría cada semana o cada 15 días sí que sirva como empujón para darle un nuevo aire a la vida. Y es que este proceso que propone Marie Kondo nos empuja a un diálogo interior sobre qué esperar de nosotros mismos y sobre cómo queremos vivir. No se trata de un proceso únicamente material, sino que conlleva una retrospectiva.

Tras esta purga y reorganización hay que cambiar el chip y conseguir mantenerlo. Así, guardar cada cosa en su lugar (por ejemplo guardar el abrigo y bolso al llegar a casa) y no volver a comprar compulsivamente para no volver a almacenar innecesariamente. Además, uno empieza por la ropa, sigue con los libros, papeles, revistas, revisa objetos sentimentales, se deshace de trastos y lo siguiente que va detrás es reducir el número de muebles, ya que a menos cosas que guardar, menos almacenaje se necesita. Sobrarán cachivaches decorativos y nos acercaremos más al minimalismo, que siempre es una buena idea. No solo por reducir el consumismo, sino porque el orden reduce el estrés y ahorra tiempo. Y de tiempo vamos siempre escasos.

Tras La Magia del orden, libro del que se han vendido más de cinco millones de ejemplares y que se ha traducido a más de treinta idiomas, Kondo publicó una continuación, La felicidad después del orden, una guía ilustrada de su método. Además, tiene un tercer libro, La magia del día a día (La magia del orden): Diario (Cuerpo y mente), que sirve de acompañamiento de La magia del orden con frases inspiracionales. Muy Mr Wonderful todo.

Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos

Un día como ayer, 27 de enero, pero en 1945, el Ejército Rojo entró en Auschwitz liberando así a unas 7.000 personas del mayor y más letal campo de concentración y exterminio nazi. Lamentablemente llegaron tarde para más de un millón de personas que ya habían sido asesinadas entre sus alambradas en el transcurso de cinco años.

Dos años más tarde, en 1947, el Gobierno de Polonia creó el Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau, un espacio de 191 hectáreas que sería reconocido en 1979 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que hoy en día recibe cada año una media de millón y medio de visitantes (en 2016 y 2017 superó los 2 millones).

Con motivo del 70 aniversario y con la doble tarea de recoger fondos y a la vez de difundir los terribles acontecimientos, el museo ha cedido a una exposición itinerante de carácter internacional unas 600 piezas originales que hasta la fecha no habían salido de la ciudad polaca de Oświęcim. Madrid se convirtió en la primera ciudad en la que que pararía Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos que recorrerá 14 países durante 7 años.

Esta muestra, en la que también colaboran unos veinte museos e instituciones internacionales (la Biblioteca Wiener de Londres, el National Hideout Museum de Aalten de Holanda o el Memorial del Holocausto de Washington), se inauguró el 1 de diciembre de 2017 en el Centro de Exposiciones Arte Canal y desde su apertura ha tenido una acogida tan buena que se ha llegado a prorrogar hasta dos veces. Primero hasta el 7 de octubre de 2018 y después hasta el 3 de febrero de 2019. Está a punto de cerrar sus puertas y de continuar su gira mundial.

En 2017, cuando viajamos a Polonia nos planteamos hacer una parada entre Wroclaw y Cracovia y así visitar el campo. Sin embargo, el limitado horario de los trenes y con una ruta tan ajustada, al final se quedó fuera de la planificación. Hace unos meses unas amigas comentaron la segunda prórroga de la exposición y sin dudarlo buscamos un día disponible para ir juntas. Ese día fue el sábado. Pensé que ya no habría tanta gente, sin embargo, a nuestra llegada había incluso cola para entrar.  La exposición comienza incluso antes de acceder al interior, puesto que junto a las taquillas encontramos un vagón que perteneció a la Deutsche Reichsbahn. Uno de tantos de aquellos en los que eran transportados los prisioneros a los campos de concentración nazis.

Ya dentro, con nuestro plano en la mano y la audioguía al cuello, comenzamos el recorrido por los 25 espacios distribuidos en 2.500 metros cuadrados. Ahí es nada. Pero es que la muestra no es simplemente una exposición sobre el campo de concentración, sino que cubre el antes, el durante y el después. Así, lo primero que nos encontramos es la historia de Oświęcim, un pueblo ducal que Alemania devolvió a Polonia tras la I Guerra Mundial y cuya importancia radicaba básicamente en su ubicación geográfica, pues era un importante nudo de comunicaciones.

Los barracones que se habían construido para alojar a aquellos que iban a partir para Estados Unidos acabaron convirtiéndose en un complejo campo de concentración y exterminio con la llegada de la II Guerra Mundial y la ocupación polaca por parte de los nazis.

Pero antes de llegar ahí, la exposición nos sirve para recordar el contexto histórico y las circunstancias geopolíticas de la primera mitad del siglo XX. Tras la derrota alemana en la I Guerra Mundial, en 1919 se funda el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán con un Hitler a la cabeza que comienza a llegar a la gente con un lenguaje sencillo y directo (y populista) envuelto en una cuidada puesta en escena. En la exposición podemos ver la propaganda que usaba el partido, así como algún que otro vídeo de estos discursos.

Alemania estaba sumida en la pobreza, con una moneda devaluada y con una alta tasa de desempleo en parte como consecuencia por el Tratado de Versalles, un pacto que imponía al país unas duras indemnizaciones. Esto, sumado al crac del 29, que desembocó en una crisis económica a nivel mundial que castigó aún más a Alemania, supuso el caldo de cultivo perfecto para que el pueblo comprara el discurso del partido nazi en el que prometían devolver a Alemania a tiempos de bonanza y limpiar el país de enemigos. Para Hitler estos enemigos eran los comunistas, los judíos (a quienes consideraba los culpables de la crisis económica mundial) y los seres inferiores o Untermeschen (categoría en la que se incluían aquellos que no fueran de raza aria, pero también los homosexuales o discapacitados – a quienes consideraban personas con “tara”-).

La ciudadanía, cegada por la promesa de puestos de trabajo, obvió este discurso del odio y respaldó al NSPD con sus votos en las elecciones del 33. Hitler llegó al poder y pensaba cumplir sus promesas. Así, se construyeron por todo el país campos de concentración a los que se mandaba a los opositores del régimen a cumplir trabajos forzosos. Poco después, durante la II Guerra Mundial, esta metodología se fue extendiendo. Por tanto, territorio ocupado, territorio en el que se construían campos donde se deportaba a los opositores.

En 1935 se redactaron las Leyes de Núremberg. Estas prohibían los matrimonios entre judíos y alemanes “puros”, así como las relaciones extramatrimoniales entre judíos y alemanes.

Sin embargo, no se quedaban ahí, también establecían disposiciones que impedían que los judíos contrataran a ciudadanos alemanes o que mostraran signos nacionales. quedaron privados de la ciudadanía alemana y sus derechos, lo cual conllevó que no pudieran ejercer determinadas profesiones (abogados o profesores) u ocupar cargos públicos, por lo que muchos perdieron su sustento y no pudieron mantener su casa.

El horror subió un peldaño cuando en enero de 1942 se acordó la “Solución Final” en la Conferencia de Wannsee. Una solución que consistía en explotar al pueblo hebreo hasta aniquilarlo. Sin más. Eichmann, el encargado de la organización del Holocausto, hablaba de selección natural. Con esta institucionalización del antisemitismo los judíos fueron perseguidos, marcados, marginados y recluidos en guetos. Después se pasó a fusilamientos masivos. Y finalmente se encontró una medida más económica y eficaz: los campos de exterminio.

Auschwitz, como decía al principio, fue el mayor de todos ellos, el más complejo y en el que más personas fueron asesinadas. Algunos eran de concentración, otros de trabajos forzados y otros de exterminio. Auschwitz sin embargo aunaba 3 en 1 en un territorio de 40 kilómetros cuadrados. Por un lado, Auschwitz I, que era de concentración, por otro Auschwitz II – Birkenau que era de exterminio, y finalmente Auschwitz III, de trabajos forzados.

Tras esta primera parte de la exposición, entramos de lleno en cómo funcionaba Auschwitz-Birkenau. Además de poder ver una maqueta o planos de las dimensiones y las diferentes dependencias, la muestra nos lleva por el recorrido que seguían los prisioneros. Unos prisioneros que llegaban engañados con la promesa de que eran trasladados a un lugar mejor en el que iban a poder desempeñar sus profesiones y ser valiosos. Sin embargo, empezaban a sospechar cuando eran empujados a subir a vagones apestosos que se venían empleando para transportar ganado y con tan solo dos cubos (uno con agua y otro para deposiciones) para las miles de personas allí hacinadas. En aquel viaje de varios días hasta Auschwitz algunos morían de inanición. Y los que llegaban vivos, lo hacían desfallecidos.

Una vez en el campo eran privados de sus posesiones (que serían revisadas, clasificadas y enviadas a Alemania para su venta) y tenían que pasar por una selección en la que miembros de las SS decidían su destino. Se les preguntaba su edad y profesión y se les valoraba el estado de salud. Si eran considerados aptos para trabajar, pasaban la criba. En este caso eran llevados a unas instalaciones en las que eran despojados de sus prendas, así como joyas, eran desinfectados, rapados y tatuados con un número que se convertiría en su nombre desde ese momento. Se les entregaba el ya conocido pijama de rayas así como unos zuecos de madera que les acompañarían durante todo su calvario.

Y es que aunque sobrevivieran al viaje, la mitad morían en las primeras semanas debido a las condiciones infrahumanas a las que se enfrentaban. Por un lado se encontraban con escasez de comida y los trabajos forzados tremendamente exigentes que les dejaban exhaustos, por otro se enfrentaban a las temperaturas extremas de los inviernos en Oświęcima con aquellos pijamas. Por no hablar de las torturas y castigos. No era de extrañar que las enfermedades contagiosas rápidamente se extendieran teniendo en cuenta las instalaciones en las que eran hacinados y su delicada salud.

Por otro lado, los que no pasaban el corte, sobre todo niños, ancianos, discapacitados, madres con hijos pequeños o cualquiera que pareciera especialmente débil (más que los demás al menos) pasaban a ser ejecutados inmediatamente en las cámaras de gas engañados con la promesa de una ducha caliente. Aunque fueron deportadas aproximadamente 1.3 millones de personas, en realidad prácticamente 900.000 fueron gaseados nada más llegar.

Es estremecedor leer las palabras de Rudolf Höß, el primer Kommandant de Auschwitz, quien decía que no le había impresionado la primera ejecución con gas. Ese era el nivel. Según él matarlos no era el problema, ya que era lo que menos tiempo llevaba, siendo aniquiladas unas 2.000 personas en apenas media hora. El verdadero inconveniente era la incineración, que exigía más tiempo porque no cabían tantos en los crematorios. Además de que había que transportarlos.

Cuando los cuerpos se quedaban sin vida apilados en las cámaras de gas había que retirarlos y llevarlos a los crematorios y esa tarea le correspondía para más inri a los propios reclusos, los conocidos como Sonderkommando (comandos especiales). También eran ellos los que tenían que recuperar los dientes de oro de los cadáveres para después fundir el metal. Y mientras tanto, el señor Höß relata que vivía tan feliz en Auschwitz, pues tanto su mujer como sus cinco hijos disfrutaban de la vida en el campo.

En aquella criba inicial había una tercera opción, la de aquellos que se convertían en cobayas de ensayos mal llamados científicos. Estos prisioneros fueron víctimas de los más macabros experimentos de los médicos de las SS (como intentar cambiar el color de los ojos por medio de químicos). Muchos fallecían durante los terribles ensayos. Los que sobrevivían eran finalmente también asesinados para así poder hacerles la autopsia. Entre los médicos destaca Josef Mengele, quien sentía predilección por los gemelos porque así podía experimentar con uno de los dos y después al practicar las autopsias ver las diferencias entre las anatomías de ambos hermanos. En la exhibición se puede ver expuesto parte de su instrumental.

Cuando a finales de 1944 los nazis vieron que estaban cada vez más acorralados por el Ejército Rojo, comenzaron a destruir documentación e instalaciones. Poco después, entre el 17 y el 21 de enero de 1945 los prisioneros fueron movilizados a otras partes del Reich. Sin embargo, esta vez no fueron trasladados en tren, sino que fueron obligados a caminar. Las conocidas como marchas de la muerte suponían día tras día, kilómetro tras kilómetro a pie. Muchos se quedaron en el camino como consecuencia del hambre, del cansancio y/o del frío. El que se caía sin fuerzas era disparado por los miembros de las SS y dejado atrás.

Cuando llegaron los soviéticos se encontraron no obstante con algunos documentos y pruebas que no habían sido destruidos, así como cadáveres sin enterrar/incinerar, ropa y objetos que habían sido expropiados a la llegada de los prisioneros o kilos de cabello humano para vender. Y también 7.000 personas que no sabían si estos recién llegados venían a ayudarles o la cosa iba a empeorar aún más. Lamentablemente la mayoría de ellos murió en los días posteriores a la liberación. Poco pudieron hacer los médicos ante una salud tan deteriorada.

Y la exposición deja una reflexión final, la de los supervivientes. Esa gente que era libre pero no tenía un lugar donde volver. Personas que no solo habían perdido a su familia, sino que no tenían un hogar donde volver. No solo porque la guerra hubiera devastado el país, sino porque les habían arrebatado todo antes de eso. Como titulaba una pintora, Was bleibt, nichts. Lo que queda, nada.

Y aunque el 20 de noviembre de 1945 tuvieron lugar los Juicios de Núremberg y muchos nazis fueron sentenciados a muerte (Hitler ya se había suicidado), no hay forma alguna de reparar el daño que hicieron. Dos tercios de los judíos europeos desaparecieron para siempre, como queda reflejado en el último vídeo de la exhibición.

Se trata de una exposición muy completa que nos llevó casi 4 horas. Yo me la esperaba quizá algo más truculenta, supongo que por haber visitado ya Dachau y Sachsenhausen. Claro que no es lo mismo visitar una exposición que un campo en sí donde se puede entrar a las cámaras de gas, ver los crematorios, los barracones llenos de literas, las enfermerías… En el campo sientes la atmósfera, el frío de las instalaciones, incluso el olor. Obviamente es una visita más impactante. En esta muestra se pretende más hacer una labor informativa y didáctica que deje un poso de reflexión sin caer en imágenes cruentas ni morbosas.

El recorrido siguiendo el orden cronológico me parece muy apropiado y en general está muy bien estructurada intercalando mapas con fotografías, explicaciones, objetos expuestos en vitrinas (o sin ellas, como una parte de la alambrada, un barracón o el vagón de la entrada) y testimonios de los supervivientes.

Algunas informaciones ya las hemos leído o visto en películas y/o documentales; sin embargo recoge algunos aspectos no tan conocidos. Por ejemplo me sorprendió el juego de mesa Juden raus! que se comercializaba como un “juego para toda la familia extraordinariamente divertido y muy actual” y que consistía en expulsar a los judíos del tablero de juego que simbolizaba la ciudad. Así, cada jugador contaba con un policía y tenía que conseguir que su ficha cayera en las casillas marcadas como negocio judío para así apresar a un judío y llevarlo extramuros.

En el tablero puede leerse en alemán “¡Tira bien los dados para apresar muchos judíos!” y “¡Si consigues expulsar a seis judíos, serás el vencedor indiscutible!” Abajo a la derecha se puede leer también “¡A Palestina!”

Lo peor es que el supuesto juego no fue propaganda nazi, sino que se le ocurrió a la compañía alemana de juguetes Günther and Co. Tremendo adoctrinamiento en el odio.

La exhibición plantea más preguntas que respuestas, ya que la teoría de que hay que aprender de la historia para no repetirla en realidad parece no ser efectiva. Aquí estamos, un siglo después del nacimiento del NSPD y parece que se está repitiendo todo: la crisis económica, las guerras por religión o territorio, el ascenso de la ultraderecha…

Incluso con las pruebas, los documentos y los relatos de los supervivientes (que cada vez quedan menos) hoy en día se pone en tela de juicio el Holocausto y hay quien habla de montaje. Por no hablar del daño que ha hecho Hollywood tergiversando el final de la II Guerra Mundial y la derrota de los nazis (como publicaba http://www.les-crises.fr).

Pero incluso ahora que nos horrorizamos con aquel capítulo oscuro de nuestra historia reciente, hacinamos a refugiados en campamentos en condiciones infrahumanas. O los dejamos morir en el Mediterráneo. Nos llamamos sociedad avanzada, civilizada,Primer Mundo, pero en realidad no hemos dado muchos pasos adelante al respecto y mientras miramos para otro lado somos igual de cómplices que aquellos alemanes que no se preguntaban adónde llevaban a sus vecinos judíos. Podremos decir mucho Nie wieder (nunca más), pero lo cierto es que se está poniendo un siglo XXI que parece un calco del XX.

Trucos Viajeros: Errores a evitar

En todas las facetas de la vida cometemos errores, y en los viajes la situación no iba a ser diferente. Da igual que seamos novatos o experimentados, siempre hay fallos en menor o mayor medida. Pero de todo se aprende, así que hay que detectarlos para no volver a cometerlos. Me he sentado a reflexionar y he sacado unos pocos. Unos los he cometido yo, otros sin embargo son prestados de amigos o conocidos. Unos son más típicos, otros no tanto, pero conviene tenerlos en cuenta.

Podemos empezar a tener un desacierto ya antes incluso de viajar, como por ejemplo descartando destinos por prejuicios. A veces las noticias nos hacen formarnos una opinión sobre un lugar que no tiene nada que ver con la realidad. O que al menos está algo exagerada. He oído muchas veces al volver de un viaje lo de ¿Y es seguro?  No digo que no se corran riesgos al viajar, pero también estamos expuestos en nuestro día a día. Quizá no lo percibimos del mismo modo por tratarse de lo conocido, pero los peligros existen en todos sitios. De una forma u otra. Obviamente no hablo de países en guerra, claro.

Por otro lado, un fallo común es el no crear un presupuesto. A veces incluso es más importante que tener el destino decidido. Cuando una necesita salir de viaje para desconectar, ver mundo y olvidarse de la rutina no siempre importa dónde. Así, es clave echar cuentas y decidir un presupuesto y ver hasta dónde se puede llegar. Pero de verdad, sin préstamos ni tarjetas de crédito que nos endeuden.

Un error que he visto cometer mucho es no planear con suficiente antelación. Me gusta sacar los vuelos al menos con seis meses de adelanto. No siempre se puede, claro, pero es algo que puede encarecer bastante el presupuesto si dejamos pasar el tiempo. Con los alojamientos o vehículos no es tan drástico a nivel económico, pero cuanto más se acerque la fecha y según en qué temporada, número de personas y lugar puede ir menguando la disponibilidad y quedarnos a dos velas. No es que haya que obsesionarse con un alojamiento en pleno centro de la ciudad, pues a veces es mucho más conveniente que esté bien comunicado con transporte y en una zona tranquila con lugares donde comer o comprar, a que esté en el meollo. Probablemente nos ahorraremos algo de dinero y como no todos los días nos vamos a desplazar a la misma zona, no importa que tengamos que tomar el transporte público.

Y a la hora de llevar a cabo estas reservas hay que tener en cuenta ciertos detalles. Por ejemplo, a la hora de sacar un vuelo al extranjero conviene no olvidarse de la vigencia y caducidad de nuestros documentos (pasaporte, carnet de conducir, tarjeta sanitaria, tarjetas bancarias…).Por ejemplo, para un buen número de países el pasaporte ha de tener una vigencia de mínimo seis meses, pero mejor confirmar antes de que no nos dejen subir al avión. Y además, verificar si necesitamos visados. Un mínimo de investigación sobre el destino nunca viene mal. No hay que cometer el error de no revisar si nuestro carnet de conducir es válido o necesitamos el internacional.

Importante también es no caer en la idea de que no merece la pena sacar un seguro de viaje si solo son unos días. No suelen subir excesivamente de precio y nunca sabemos lo que puede pasar. Un retraso, pérdida de maletas, pero sobre todo por el tema médico. Una tontería como una torcedura de tobillo puede salirnos tremendamente cara según donde nos encontremos. Invertir en seguridad y salud nunca es un error. Como tampoco lo es saber el tipo de sangre y alergias que tenemos.

Uno de los más nefastos sin embargo es la falta de información. No hace falta leerse toooooodos los blogs y páginas que haya sobre nuestro destino, verse listas y listas de reproducción de Youtube, pedir información a información y turismo y comprarse varias guías, pero un mínimo de documentación nunca viene mal. Sobre todo para no acabar en el Caribe en época de huracanes, en el sudeste asiático en la de tifones (no saldrás del hotel) o en ramadán en un país musulmán (estará todo cerrado). Hay que saber localizar el país en un mapa y conocer un poco sobre su cultura, climatología, si es necesario vacunarse o sacar visado, el idioma que se habla (no está de más aprender los saludos y gracias), moneda…

Yo este fallo no lo tengo. Más bien peco de lo contrario, de tener el síndrome de Diógenes pero en la versión digital. Me guardo todo lo que voy encontrando y al final tengo tanta información que no sé ni por dónde empezar. La solución es simplificar las fuentes de información según mis propios intereses (ya que no todos los viajeros tienen las mismas motivaciones, prioridades, gustos, tiempo o dinero) y según antigüedad (pues la vida pasa y cambian los precios, las normativas…).

A la hora de planificar se nos puede ir la mano (culpable) y montar rutas difíciles de cumplir. Con el tiempo me he relajado algo (algo) y ya no intento abarcar tanto, pero he cometido el error de querer cubrir todo sin considerar que pueden surgir imprevistos con el tiempo, el transporte o simplemente que en determinado lugar nos queramos parar más tiempo porque nos ha gustado más de lo que pensábamos. Así que, al igual que planteamos un presupuesto con un remanente para contingencias, es conveniente hacer lo mismo con la planificación de las rutas y dejar cierta flexibilidad.

Una gran equivocación es la de no preparar copias de los documentos importantes. La experiencia me dice que nunca sobra llevarlos en formato digital (además a ser posible en la nube con acceso sin conexión) y en formato físico. Parece una tontería, pero si ya de por sí un robo o pérdida en casa supone un trastorno, más aún cuando estás fuera.

Un error que quizá cada vez se cometa menos es el de no avisar a la familia de nuestro itinerario. Hoy ya estamos hiperconectados y seguramente mandemos fotos al embarcar con el número de vuelo al fondo, de nuestro alojamiento, de dónde comemos o en qué punto turístico nos encontramos; pero aún así, conviene dejar anotado el itinerario con números de vuelos, hoteles, o ciudades a la que se va a viajar para que, en caso de una hipotética emergencia, estemos localizables.

Sin embargo, sí que hay quien se olvida de informar al banco de que pretende usar las tarjetas en el extranjero. Esto varía según cada entidad, y normalmente por un pago puntual en un país europeo no hay problema, pero si se detectan varias localizaciones en poco tiempo, es probable que salte una alerta y nos las bloqueen. Después hay que esperar un par de días para que las reactiven, lo que puede causar grandes inconvenientes. En nuestro viaje a Seychelles, Bombay y París, yo avisé a mi banco para que no saltaran las alarmas y ellos me aconsejaron quitar la protección anti-robo temporalmente, pero a la vez, para mayor seguridad, que desde la aplicación las activara y desactivara cuando fuera a realizar una operación, para así tener el control yo. No obstante, cada banco tiene su operativa, por lo que mejor asegurarse. O llevar tarjetas monedero.

También relacionado con el aspecto económico, es usual cometer el error de no informarse del cambio de divisa y de las comisiones que aplicaría el banco tanto por cambio, por pago con tarjeta o por retirada de efectivo. Generalmente la mejor opción suele ser esta última, pero como siempre, depende de cada caso y de los porcentajes que apliquen. La pela es la pela y la banca nunca pierde, así que hay que buscar cuál es la mejor opción de todas para nosotros.

Donde también podemos cometer un desacierto es en el aspecto relacionado con la telefonía. El móvil se ha convertido en un elemento imprescindible en nuestras vidas y cuando vamos de viaje no puede faltar. De hecho, es una herramienta muy útil no solo como teléfono en sí o como almacenamiento o cámara, sino que nos sirve para ubicarnos en una ciudad gracias al gps y los mapas, y nos permite improvisar cambiando los planes sobre la marcha. Pero ojo, porque para la mayoría de estas utilidades necesitaremos tirar de internet y no a cualquier precio. Como decía más arriba, la información es importante, y antes de viajar es preciso confirmar en primer lugar si nuestro terminal va a funcionar en la red del destino, ya que las bandas de telefonía no son las mismas en todo el mundo.

Por otra parte, aunque en Europa se ha eliminado el roaming y mantenemos nuestra tarifa de datos, siempre hay unos límites, que también conviene saber. Además, no siempre nos sirven todas las redes disponibles, sino que generalmente nuestro operador tiene un acuerdo con uno del destino o necesitamos activar algo en nuestro terminal. Otro dato que hay conocer. Y por último, hay que asegurarse de que nos conectamos a una red de un país que esté incluido, no sea que estemos en Grecia y por equivocación naveguemos con una turca.

Y si no, siempre nos queda comprar una tarjeta local y olvidarnos de la nuestra temporalmente.

Uno de los fallos en los que intento no caer es dejar el equipaje para el último momento. Se corren demasiados riesgos, pues podemos olvidarnos algo importante como medicamentos que luego nos va a costar conseguir en destino o algún documento. Para evitar además esto, conviene tener una lista que se pueda reutilizar de un viaje a otro tan solo ajustando tipo de ropa y calzado. Así evitaremos despistes y viajar con exceso de peso por haber llenado la maleta de “por si acasos”.

Cuando viajamos en avión, es frecuente ver cómo hay gente que aún comete el error de no hacer el check-in electrónicamente. En algunos casos hasta es imprescindible si no se quiere pagar por ello, como en algunas low cost. Pero sobre todo es un error no hacerlo antes de llegar al aeropuerto porque nos ahorrará tiempo. Especialmente en aquellas ocasiones en las que no facturamos. Además, en ocasiones, podemos elegir ya el asiento, con lo que cuanto más tiempo de adelanto, más espacios disponibles donde escoger.

Y también es recomendable hacer el check-in online para hacer peticiones extras, como la comida, requerimiento de ayuda por reducción de movilidad o incluso cuando teníamos un billete sin maleta en bodega pero decidimos a última hora que la vamos a necesitar, pues sale más barato vía online que directamente en el aeropuerto. En definitiva, todo lo que nos podamos quitar antes de llegar allí, mejor. De esta forma luego irá todo más fluido.

Normalmente el viajero novato suele acudir con demasiado tiempo al aeropuerto y aunque, en general, con un par de horas es suficiente, tampoco hay que confiarse pues dependiendo de los controles que tengamos que pasar y las fechas en las que viajemos puede que necesitemos estar un poco antes. Sobre todo si hay que pasar por mostrador para facturar, después control de seguridad y por último el de pasaportes. A nada que tengamos que esperar un poco de cola iremos justos.

Puede que cometamos el error (o alguien delante de nosotros) de no medir el equipaje de mano y todo se ralentiza. Cada aerolínea tiene sus propias normas y algunas son más estrictas que otras, pero en general, el equipaje de mano debe caber en el compartimento superior de los asientos (o bajo el de delante si es una mochila). En cuanto al peso también varía entre los 5 y 10 kilos dependiendo de si es un vuelo corto o largo y de la compañía. En otros casos el descuido es no verificar cuántas maletas están incluidas en nuestro billete.

Pero peor que esperar en la cola de la aerolínea para facturar o conseguir el billete de embarque es hacerlo en la de seguridad porque alguien se ha olvidado de sacar los líquidos y aparatos electrónicos (o descalzarse cuando lleva botas) en el control. No hay que olvidar que tan solo se pueden llevar recipientes que no pasen de los 100 ml (y en total que no superen el litro) en una única bolsa transparente. En cuanto a la categoría de electrónica que hay que poner en la bandeja se encuentran las cámaras reflex, tabletas, portátiles y (a veces) libros electrónicos.

Tan importante es saber hacer bien una maleta facturada como la de mano. Hay quien comete el error de no empacar lo esencial en el equipaje de mano. Pero no está de más llevar en él una o dos mudas, los medicamentos, cargadores y artículos básicos de aseo (además de documentación o dinero/tarjetas, claro) por si se perdiera lo facturado o llegara con retraso. También es útil llevar un bolígrafo, pues a veces hay que rellenar formularios de inmigración y aduanas durante el vuelo.

Con las prisas y controles a veces vamos a la carrera y nos olvidamos de cotejar la información de los vuelos en las pantallas del aeropuerto. En ocasiones en el mostrador de facturación nos indican un número de puerta que luego cambia, y no comprobarlo puede incluso hacernos perder el vuelo.

Pero no solo cometemos errores cuando viajamos por aire, también por carretera. Como por ejemplo cuando no se revisa previamente el estado del vehículo o de las vías por las que vamos a pasar. Si vamos a viajar con nuestro coche, conviene hacer previamente una revisión para asegurarnos de que no nos vamos a quedar tirados. Y a la hora de salir, deberíamos consultar el tráfico por si tuviéramos que tomar alguna ruta alternativa.

Además, hay viajes excepcionales para los que hay que tomar más precauciones. No hay que olvidarse de tener en cuenta la climatología y la peculiaridad del trayecto. Por estas fechas vienen a la mente los viajes por carreteras secundarias con nieve. En los últimos años en España cuando ha nevado un poco más de la cuenta (es decir, cuando ha nevado) se han formado buenas aglomeraciones. Tanto que mucha gente tuvo que dormir en el coche en medio de la carretera nevada. Si vamos a hacer un viaje así, conviene llevar unas linternas, mantas y algo de comida. Y por supuesto el depósito lleno. Esto es algo que yo aprendí en el camino desde el Gran Cañón a Las Vegas. En este caso no había nevado, pero era un recorrido bastante yermo en cuanto a gasolineras se refiere y podríamos habernos quedado tirados en medio de la nada, con un sol de justicia y ninguna sombra.

Porque sí, pese a todos los errores que se pueden cometer antes de realizar un viaje, no nos libramos de caer en más durante. Por ejemplo, a pesar de haber hecho una planificación previa y haber consultado sobre el destino podemos pecar de seguir las guías de viaje al dedillo y pensar que lo caro o turístico es mejor. En muchos casos, sobre todo si nos hablan de locales de restauración, tiendas o alojamientos, hay empresas que han pagado por anunciarse. Así que, aunque no está de mal seguir ciertos consejos, hay que salirse del circuito y perderse entre los locales y sus costumbres. Tomar el transporte público local, pasearse por sus mercados y probar la gastronomía típica. Esto nos permitirá acercarnos más a la cultura local.

Obviamente, no se puede pensar que el riesgo cero no existe, y meternos por cualquier callejón. No hay que ignorar las recomendaciones de seguridad, pero más o menos habría que tomar las mismas precauciones que visitando nuestra ciudad (que en Madrid no son pocas).

Además, perderse en el universo local nos da otra perspectiva, pues no todo lo que es de pago es mejor. De hecho por ejemplo comer en lugares turísticos suele ser más caro y de peor calidad. Es una equivocación no aprovechar las actividades gratuitas, que las hay en todos sitios. Desde subir a una terraza de un hotel para disfrutar de las vistas a entrar en un museo un día determinado pasando por sentarse sin más en un parque a empaparse del ritmo del lugar o conectarse a redes WiFi para no gastar de tarifa de datos (aunque habría que tomar precauciones sobre si son seguras o sospechosas).

Aún así, siempre habrá que realizar ciertos pagos, aunque llevemos reservas hechas y el grueso está ya pagado. Por ello, es un error viajar sin efectivo y con una sola tarjeta. Es recomendable llevar algo de efectivo para pequeños gastos o por si nos encontráramos en un lugar aislado donde no hubiera cajeros cerca y no contasen con tpv. O incluso si estamos en plena civilización y fallara la tarjeta. Por eso mismo conviene no llevar solo una, sino al menos dos (y no guardadas juntas) como alternativa.

Es normal en un viaje comprar recuerdos, pero sin duda es un desacierto comprar todos los souvenirs al principio del viaje. Primero porque tendremos que cargar con ellos y si son delicados se pueden romper. Pero además porque nunca está de más comparar precios. A veces tras dar vueltas por una ciudad y salirnos de las calles principales encontramos mejores opciones. Cierto es que se corre el riesgo de ver algo y pensar que después lo encontraremos más barato y sin embargo acabamos perdiendo la oportunidad, pero suele ocurrir con objetos originales, no con las típicas figuritas de recuerdo o imanes.

Y lo de comparar precios no solo es aplicable a los souvenirs, sino a la hora de contratar servicios o incluso a la de sentarse a comer. En España no tenemos la costumbre de negociar los precios, pero no hay que olvidar que en algunos países no regatear es una ofensa. Así, hay que llegar a un acuerdo incluso para tomar un taxi, tuk-tuk o transporte similar.

Un error que siempre me hace girar la cabeza es el de estrenar calzado o no llevar la ropa adecuada. Cuando vas a estar pateando un lugar, lo suyo es llevar calzado que ya tengamos domado, que nos sea cómodo y que sea apropiado, que luego hay gente que se va a hacer la Ruta del Cares en chanclas… E igualmente ropa que nos dé movilidad y que se corresponda con la climatología, el lugar y con la cultura (no sea que nos saltemos algún código de conducta).

Pero sin duda, uno de los mayores que tenemos hoy en día es fotografiar más que observar y disfrutar del entorno. Y este es uno de los míos, lo reconozco. Vivimos tan pegados al móvil y las redes sociales, que fotografiamos todo. Unas veces para compartirlo, otras por inercia. Cuando además llevas cámara de fotos, quieres sacarlo todo desde todos los ángulos. En horizontal y vertical. Pero si añadimos el mantenimiento de un blog, ya quieres documentar cada detalle para que luego no se te olvide a la hora de escribir un post. Y al final, entre tanto mirar a través de una pantalla o un visor, dejamos de lado nuestra propia mirada. Tenemos que recordarnos que merece la pena pararse y observar detenidamente, quedarnos con pequeños detalles que no capta solo la vista, sino que están en la atmósfera del lugar.

Y a la vuelta, no queramos enseñar las tropocientas fotos a amigos a familiares. Sobre todo sin que hayan pasado un filtro previo, pues habrá cinco fotos prácticamente iguales desde diferentes ángulos o configuraciones. Pero bueno, esto se ha perdido un poco al compartir en las redes sociales, ya que ahí ya hacemos una selección.

Estos son los errores que me han venido al reflexionar, pero hay muchos más, claro. Seguro que seguimos cometiendo más, porque además, por muy experimentados que seamos, cada experiencia es única y nos aporta un nuevo aprendizaje. Lo importante es no tropezar dos veces en la misma piedra.