Trucos viajeros: ¿Viajar con mochila o maleta?

Hace años asociaba la mochila con el interrail o ir de camping. Para todo lo demás, maleta. Sin embargo, con el tiempo y los viajes, la percepción ha variado y cada vez soy más de mochila. Aunque lógicamente sigue habiendo situaciones y situaciones. Como todo, tanto una opción como otra tienen sus ventajas e inconvenientes.

Ventajas de viajar con mochila:

Comodidad y facilidad de movimiento: A priori no puede parecerlo porque hay que cargar con ella, pero se adapta al cuerpo y el peso queda repartido. Además, hay en muchos destinos en los que es más fácil moverse con mochila en la espalda que arrastrando una maleta de ruedas. Por ejemplo, da más libertad de movimiento ante escaleras, cuestas empinadas o terrenos desiguales como calles empedradas. Es más fácil correr para no perder un tren o un bus con una mochila a cuestas que tirando de una maleta mientras intentas no atropellar a nadie. Y además deja las manos libres.

Ligereza: No solo las mochilas pesan menos, sino que como hay que cargarla (desde el punto de vista de la salud se recomienda que no supere el 15-20% del peso corporal), somos un poco más selectivos a la hora de llenarla. No hay espacio para los porsiacasos. Aunque hay que reconocer que este aspecto también es algo que tiene mucho que ver con la práctica.

Se puede evitar la facturación: Se puede viajar con una mochila como equipaje de mano si se sabe empacar bien. Sí, sí, cabe más de lo que parece. De esta moda se elimina el factor riesgo de que te pierdan el equipaje, pues va contigo. Volviendo de Bombay a Mahé con Air Seychelles aprendimos que la combinación bolso (incluso grande) + mochila canta menos que mochila + maleta. Los dos que llevaban una maleta de cabina además de su objeto personal, tuvieron que facturarla.

Flexibilidad: Como suelen ser de tela, son más fáciles de adaptar bajo un asiento, en un compartimento superior o en una taquilla. De hecho, en ocasiones, cuando el vuelo va muy lleno, suelen dejar pasar primero a los que llevan mochila porque como la pueden meter debajo del asiento delantero, no obstaculizan el pasillo ni llenan los compartimentos superiores. Nos pasó en la ida a Riga.

Para los que no llegamos a los maleteros de los aviones es además una ventaja, pues te evitas tener que pedir ayuda para subir el equipaje y, mejor aún, para bajarlo, que sale todo el mundo por patas.

Adaptabilidad: No solo se adapta al cuerpo, sino que lo hace a las necesidades. Una mochila se puede compactar más si va más vacía o extender si va más llena. Además, como suele llevar compartimentos y bolsillos, amplía la capacidad.

Sencillas de reparar: Dado que suelen ser de tela, si tiene un enganchón o un roto se puede solucionar con un parche. De la misma manera, tanto las cremalleras como los amarres pueden ser sustituidos. Aunque esto último quizá no podamos hacerlo nosotros mismos y haya que llevárselo a alguna costurera o servicio de reparación. Pero en cualquier caso, tiene una solución sencilla.

Desventajas de viajar con mochila:

No son para todo el mundo: Por ejemplo, no son recomendables para personas con dolencias de espalda.

Tampoco para todo tipo de viajes: Depende del contenido del equipaje y del tipo de prendas que necesitemos para el viaje (por ejemplo de negocios o en que se requiera llevar traje/vestidos).

Protección: Al ser flexibles el contenido puede verse dañado al no ir igual de protegido.

Accesibilidad: Si solo tienen cremallera superior, es más incómoda a la hora de buscar lo que necesitamos. Aunque esto se puede solucionar con una mejor planificación poniendo abajo del todo lo de menos uso y arriba lo más frecuente. Pero no siempre es posible porque ha de primar el equilibrio del peso.

Compra: Una buena mochila no se encuentra en cualquier sitio, sino que hay que buscar en una tienda un poco especializada.

Ventajas de viajar con maleta:

Facilidad de empaque: Al ver el espacio de un solo vistazo, es más sencillo empacar. Meter y cerrar.

Interior maleta

Protección: al ser más duras y constar de una estructura más sólida, el interior queda mejor protegido.

Menos arrugas: Aunque ya está muy extendida la costumbre de enrollar la ropa para aprovechar mejor el espacio, hay prendas como una americana o un vestido que necesitan ir estiradas. En este caso, la mejor opción es la maleta.

Se puede arrastrar/empujar: No hay que llevar nada encima, sino que se puede arrastrar. En caso de que además las ruedas giren 360º (recomendable), se pueden empujar, que es mucho más cómodo.

Maleta Blanca

Accesible: Al igual que a la hora de empacar, abriéndola se tiene todo a la vista y se encuentra mejor lo que se busca.

Precio y disponibilidad: Son fáciles de encontrar y hay ofertas incluso en los supermercados.

Desventajas de viajar con maleta:

Peso: Como llevan estructura ya de por sí, vacías, pueden llegar a pesar un par de kilos. A nada que la cargues, te plantas fácilmente en los 15-20. Y como además no se llevan encima, acabamos echando más de lo que necesitamos.

Movimiento limitado: Resulta incómodo moverse con una maleta por un territorio irregular como calles empedradas, con arena o barro, o subirla a pulso al tren… Además de que obliga a llevar al menos una mano ocupada.

Complicadas de reparar: Si sufren un golpe y se parte una rueda, o no funciona el asa extraíble prácticamente tendrás que buscar una nueva porque será una odisea moverse con ella.

Dimensiones fijas: el hecho de ser de un material rígido hace que no siempre entren en un compartimento o taquilla (o los cajones de prueba de las aerolíneas). Por muy vacía que vaya, sus dimensiones son las que son.

Hay un término medio que es el de las mochilas de ruedas, algo similar a las escolares, pero en formato viaje. Se pueden tanto arrastrar como llevar a la espalda. Aunque realmente este último uso queda limitado a momentos puntuales, ya que al llevar la estructura acaba haciendo daño. Además, no son ergonómicas y no están optimizadas para que el peso quede repartido y se pueda cerrar bien en torno al pecho y cintura. Yo no les veo mucho sentido. Y me quedaría con maleta o mochila según la ocasión.

La elección entre una opción u otra es algo muy personal y depende de cómo cada uno se sienta cómodo. Pero aún así, lo ideal sería elegir una maleta cuando los traslados van a ser sencillos (tanto por las infraestructuras o el medio de transporte como por el entorno), cuando se necesita llevar un equipaje especial (negocios o eventos con cierta etiqueta) o cuando no se puede o quiere cargar peso en la espalda. La mochila por su parte es perfecta cuando el viaje está abierto a la improvisación, cuando se viaja en transporte local con bastantes desplazamientos (buses, trenes, tuk-tuks…) o cuando se está en continuo movimiento no regresando a un alojamiento fijo y conviene llevar el equipaje a cuestas. Pero sobre todo, hay que olvidar los prejuicios y abrir la mente.

Shift Shop

Hate tiempo que probé un nuevo programa de ejercicios y sin embargo no había hablado de él. Con una estructura de tres semanas y un plan nutricional basado en recipientes de colores para controlar las porciones, Shift Shop recuerda a 21 day Fix. Sin embargo, una vez que nos adentramos en cada uno de los programas, vemos que son muy diferentes.

Por un lado, mientras que en 21 day Fix todos los ejercicios tienen la misma duración, en Shift Shop van en aumento. Es decir, usa un método que va incrementando la intensidad gradualmente semana a semana. Así, durante la primera semana los ejercicios duran 25 minutos, la segunda 35 y la tercera y última 45. Y siempre se trabajan 6 días y se descansa uno.

Por otro lado, el plan nutricional también es progresivo. A medida que van pasando las semanas, va dirigiéndose hacia una dieta proteica (casi paleo) y baja en carbohidratos.

Sí que comparte sin embargo con 21 day Fix que es necesario usar equipamiento. En este caso unos 4 marcadores para los ejercicios de agilidad, un saco de arena y un par de mancuernas.

Se estructura en Speed, Strength y Core.

Speed 25: Comienza directamente con el cardio. Consta de 14 ejercicios de un minuto de duración. 3 minutos.

Speed 35: Diseñado para mejorar la agilidad, está estructurado como un circuito en el que se realizan dos rondas compuestas de 6 movimientos de 60 segundos cada uno. Aquí se usan los marcadores.

Speed 45: También como un circuito, se divide en tres rondas en las que se repiten los mismos movimientos aunque varía la duración: la primera de 60, la segunda de 45 y la última de 30 segundos.

Strength 25: Podríamos decir que se trata básicamente de cardio acompañado de las mancuernas. Consta de 15 movimientos que se repiten en rondas de un minuto.

Strength 35: Similar al anterior, pero se estructura en 2 rondas de 10 movimientos. Estos se repiten durante 60 segundos en la ronda 1 y durante 45 en la segunda.

Strength 45: Este último consta de 3 rondas de 9 movimientos. Cada una de ellas va siendo más corta que la anterior: la primera 60 segundos, la segunda 45 y tercera 30, pero a la vez va incementando el peso.

Shift Core: Es un programa corto de 9 ejercicios centrados en el core. Cada uno de ellos se repite en series de 45/60 segundos.

Shift Mobility: En los 20 minutos que dura el vídeo se realiza una tabla que consta de 15 ejercicios centrados en mejorar la flexibilidad.

Además hay tres extras de 50 minutos.

Super Speed 50: De nuevo se usan los marcadores, en tres rondas de 60, 45 y 30 segundos.

Super Strength 50: Tres rondas de 10 moviminetos de 60, 45 y 30 segundos con apoyo del saco de arena.

Super Shift Core: Centrado en el core, pero va más allá añadiendo el saco de arena para realizar los movimientos. Consta de 9 movimientos que se repiten durante 60 segundos.

Al igual que la mayoría de los programas de los que ya he probado, hay una versión en la que una persona realiza los ejercicios modificados para aquellos que buscan un menor impacto. Así, está indicado para todos los niveles.

El monitor de este programa es Chris Downing, entrenador personal que jugó al baloncesto en la universidad. No digo que no sea bueno, pero no tiene el carisma de Shaun T, Chalene Johnson o Jericho y Joel. No me terminó de enganchar. Además, es bastante lento a la hora de explicar los movimientos y me daba la sensación de estar perdiendo mucho tiempo entre ejercicio y ejercicio. Y no solo el tiempo, sino también el ritmo y la motivación.

Además, Shift Shop no me ha terminado de convencer por la duración de sus ejercicios. Me he habituado a los vídeos de media hora y ahora cuando pruebo algún programa que pasa de los 35 minutos, no es que se me hagan duros, sino que me exige tener algo más de compromiso, de ajuste del día a día para sacar al menos una hora. Y es que ya no es solo el tiempo del vídeo, sino el que tardo en prepararme y ducharme después. En ese sentido sigo prefiriendo Focus T25 o Insanity Max. Van directos al asunto.

Tampoco me gusta que haya que usar equipamiento, pues hay que tener una preparación previa del material. Además, los marcadores de agilidad requieren de mayor espacio para realizar los movimientos y no todos tenemos un garaje o sala especialmente dedicada para el deporte.

Asimismo, no le veo sentido a ir hacia una alimentación tan restrictiva. Seguro que se podía hacer una planificación nutricional en la que no hubiera que acabar siendo prácticamente paleo.

No es mal programa, pues sigue una estructura, varía los ejercicios, las rondas, los movimientos… Pero no es mi estilo. Ahora mismo la combinación de PiYo y Core de Force me va bastante bien tanto para cardio como para la flexibilidad definiendo músculo a la vez.

Trucos viajeros: Salud viajera – Botiquín

La verdad es que el botiquín siempre ha sido uno de los puntos débiles de mi equipaje. Me he ido de viaje a la playa, a la montaña, a ciudades… y como mucho he llevado algún ibuprofeno o paracetamol. Quizá algunas tiritas. Y gracias.

También es verdad que cuando te mueves por un un entorno civilizado siempre tienes la tranquilidad de poder encontrar una farmacia en cualquier momento. Pero claro, cuando tienes una urgencia, a veces no te puedes desplazar hasta ella.

Al viajar a Bombay fui más consciente que nunca de que no habría que dar tantas cosas por dadas y que quizá era hora de plantearse hacerse con un botiquín básico. Y después de leer recomendaciones del entidades oficiales, de expertos médicos y también un poco de sentido común, he ido conformando uno.

Por supuesto, influye mucho el tipo de viaje que vayamos a realizar, pero sí que es verdad que hay unos básicos, sobre todo en lo que a primeros auxilios se refiere:

Material de curas

– guantes de látex
– tijeras,
– cortauñas,
– pinzas,
– agua oxigenada,
– alcohol,
– crema antiséptica,
– gasas,
– esparadrapo,
– vendas y
– tiritas.

Medicamentos:

– aspirina,
– paracetamol,
– ibuprofeno,
– crema/gel/pomada antiinflamatoria,
– crema/gel/pomada antiquemaduras,
– antiácidos y protectores estomacales,
– laxantes,
– antidiarreicos y
– antimareos.

Si viajamos a un lugar cuyas condiciones higiénicas sean precarias es conveniente llevar suero oral para la deshidratación así como productos potabilizadores del agua y polvos antifúngicos. Si además vamos a un lugar caluroso habría que añadir repelente de insectos así como crema solar (tanto para antes como para después) y protector labial. Toallitas o gel limpiador de manos conviene llevar también para el día a día.

Por supuesto, si se precisa de alguna medicación especial no se puede olvidar incluirla (en su envase original), así como sus recetas e información sobre los detalles de la medicación por si se perdiera y hubiera que solicitar nuevas dosis de urgencia. En caso de tener alergia, no olvidar los antihistamínicos.

Podemos añadir también unos tapones, lágrimas para irritación ocular (sobre todo si se usan lentillas) y preservativos para prevenir ETS.

Siendo además mujer en edad fértil el botiquín sirve también para llevar unos básicos para períodos menstruales. Que por muy reloj suizo que puedas ser, los cambios de entorno también afectan en ese sentido, igual que lo hacen en el intestinal.

Obviamente, si vamos a ir a un lugar civilizado, no habrá problema en encontrar un supermercado, droguería o farmacia donde hacerse con compresas o tampones, pero claro, cuando tienes una urgencia menstrual lo necesitas ya. Estés en la calle, en un hotel o en un trayecto en bus, tren o avión. Además, es la ley de Murphy: cuanto más remoto el lugar y menos mujeres haya (que no puedes pedir si alguien te puede prestar), ahí hará acto de presencia.

Aún así, incluso encontrando un lugar donde comprar los productos, puede ocurrir que sean diferentes a los que hay en tu país, o los que usas. Recuerdo cuando me iba a ir de erasmus que todas las compañeras que se habían ido el año antes se quejaban de que no encontraban tampones con aplicador. Y era Alemania. Eso sí, 2002, que quizá ahora haya cambiado. Pero vaya, que nunca sabes qué te puedes encontrar, porque además no se suele hablar de ello.

También hay países en los que directamente no venden tampones, así que, yo siempre llevo suministros al menos para un apuro. Cuando voy a viajar y ya tengo claro que entra en mis fechas no me preocupa tanto porque descubrí hace unos años la copa menstrual.

Merece un post aparte, en realidad, pero para resumir diré que aunque a priori puede parecer menos práctica, porque muchas veces es imposible encontrar un baño o lugar medianamente higiénico; lo cierto es que en realidad puedes llevarla puesta unas 12 horas, siempre que el volumen de sangre no sea mayor a su capacidad, claro. Por lo que con que tengas un alojamiento con baño decente es suficiente. Eso sí, para enjuagarla mejor usar agua embotellada si la del grifo no parece lo suficientemente fiable (unas toallitas húmedas nunca están de más tampoco).

Así que resulta más higiénico, pues se manipula menos veces. Además este método es más económico y no genera residuos. El único inconveniente que le veo es que lógicamente hay que esterilizarla antes de cada primer uso (tres minutos en agua hirviendo), por lo que si te pilla fuera de casa, no es como un tampón o compresa que lo sacas del bolso y listo. Pero si ya sales con ella cuando empiezas el viaje, puedes usarla hasta el último día del ciclo.

Al igual que con el seguro de viaje, lo ideal es no tener que recurrir al botiquín. Pero al no usarlo, también hay que tener cuenta que los medicamentos caducan. Además, hay que asegurarse de que todo se está manteniendo en las condiciones óptimas, si no, habría que realizar reemplazos. Con la salud no se juega.

Trucos viajeros: Salud viajera – Cambios de entorno medioambiental

Cuando nos vamos de viaje cambiamos nuestro entorno habitual, por lo que es necesario informarse de si necesitamos vacunarnos. Pero hay veces que nos vamos a enfrentar a aspectos que no se solucionan con un pinchazo, como por ejemplo la exposición a cambios de altitud, temperatura y humedad, sol o la calidad del agua.

ALTITUD

A medida que la altitud aumenta, la presión atmosférica disminuye, por lo que el cuerpo puede verse limitado como consecuencia de la hipoxia. Es recomendable hacer una adaptación poco a poco para aclimatarse a esta disminución de oxígeno. Además se debería evitar el ejercicio excesivo, las comidas abundantes y el consumo de alcohol.

Los desplazamientos a altitudes a partir de 1.500 metros están contraindicados para aquellos que padecen de angina inestable, hipertensión pulmonar, enfermedad pulmonar obstructiva crónica grave y anemia falciforme. Y aquellos que sufren una enfermedad coronaria estable, hipertensión, diabetes, asma o EPOC leve deben hacerlo con todas las precauciones y siguiendo indicaciones de su médico, al igual que las embarazadas.

TEMPERATURA Y HUMEDAD

Por otro lado, los cambios de temperatura y humedad pueden provocar un golpe de calor. Cuando nos exponemos a altas temperaturas y humedad el cuerpo pierde agua y electrolitos. Es muy visual, además. En Bombay los experimentamos de una forma brutal. Nada más salir a la calle notábamos cómo se nos abrían los poros y enseguida estábamos empapados. No era una sudoración como la que estábamos acostumbrados más localizada en zonas de la espalda, pecho, axilas, frente…sino que era global. Y la ropa se quedaba con marcas blancas de los electrolitos.

Así pues, hay que paliarlo hidratándose con asiduidad y preferiblemente con alimentos y bebidas que contengan sales. Esto también lo notamos en Bombay. Mientras que en España es frecuente el agua de mineralización baja, allí todas las marcas eran con una alta mineralización. Se apreciaba claramente en el sabor.

En estas condiciones el cuerpo nos va a pedir la hidratación, pero hay que estar pendientes de niños, que quizá no sean tan conscientes, y mayores, puesto que el reflejo de la sed va disminuyendo con la edad.

Además de la hidratación hay que prestar atención a la higiene, puesto que la humedad favorece la aparición de hongos en la piel.

EXPOSICIÓN SOLAR

Pero además el calor viene acompañado de la exposición solar. La radiación UVB puede producir quemaduras en la piel e insolaciones. También los ojos sufren (de ahí que se recomienden gafas de sol en la nieve, por ejemplo).

Así, habría que evitar exponerse al sol en las horas en que la intensidad ultravioleta es más alta. En España se suele decir aquello de “en las horas centrales del día”, pero ojo, porque no podemos tomar como referencia siempre las 12. Hay en países, y según en la época del año, que amanece muy muy pronto, por lo que a lo mejor a las 9 de la mañana el sol ya está arriba del todo.

Aún así, si vamos a exponernos, no hay que olvidar las cremas con filtro solar. Este vídeo lo dice todo:

Y algo que no tenemos muchas veces en cuenta son los medicamentos. Hay algunos que pueden causar reacciones cutáneas adversas porque son fotosensibles. Ese es el caso de los antimicrobianos, los anticonceptivos orales y algunos contra la malaria. También los perfumes que contienen aceite de bergamota u otros aceites cítricos.

Además de la crema solar, cuando hace calor y humedad otro producto indispensable son los repelentes de insectos. Han de aplicarse en las zonas de piel que queden al descubierto, también en prendas o mosquiteras. Hay que revisar los ingredientes y asegurarse de que contiene DEET, IR3535 o Icaridin.

AGUA Y ALIMENTOS

Otro aspecto que nos puede influir cuando cambiamos de entorno medioambiental es el agua. Hay que tener ojo en los trópicos con los baños en ríos, canales, lagos… puesto que pueden estar infectados por larvas o excrementos que podrían penetrar en nuestra piel o mucosas. El mar en principio no sería un factor de riesgo, pero siempre habría que ver si hay alguna indicación o prohibición. Y también el sentido común, porque viendo la calidad del agua de Bombay, no me habría bañado ni aunque pusiera que estaba permitido el baño.

Además, cuando el agua (y los alimentos) no está correctamente tratada puede transmitir enfermedades infecciosas importantes como la cólera, la hepatitis A y E o la fiebre tifoidea. También puede provocar la conocida como “diarrea del viajero”, una de las enfermedades más comunes sobre todo en Latinoamérica, África, Oriente Medio y Asia. Suele ir acompañada de dolor abdominal, náuseas, fiebre y malestar variable, tanto en tiempo como en intensidad.

Para prevenir esta diarrea es importante seguir unas pautas. Evitaríamos:

– los alimentos cocinados que se hayan dejado a temperatura ambiente durante un tiempo indeterminado. Elegir en su lugar aquellos que hayan sido cocinados en el momento y aún estén calientes.

– los alimentos que no hayan sido cocinados. Las frutas y verduras con piel son sin embargo una excepción, ya que esta cobertura serviría de protección.

– los huevos crudos o poco cocinados.

– los helados cuyo origen desconozcamos o cuya refrigeración sea sospechosa.

– el hielo que no provenga de agua segura.

– tomar leche no pasteurizada. Si se quiere beber, ha de ser hervida antes.

– beber agua de seguridad dudosa. Hervirla también antes. Es preferible buscar siempre agua embotellada asegurándonos que está bien precintada y no ha sido manipulada.

Son consideraciones básicas en realidad: no romper la cadena de frío y cocinar bien los alimentos o hervir los líquidos para matar las bacterias. Huir de aquellos puestos de comida o locales que no nos ofrezcan buenas sensaciones. Y por supuesto, una buena higiene, tanto de utensilios que usemos para comer y beber, como de nuestras propias manos, lavándolas bien con agua y jabón.

En caso de que contagiarse, llevará unos días la recuperación, en los que será imprescindible una buena hidratación con agua embotellada, además de ir introduciendo poco a poco una dieta astringente. Y no tiene que ser obligatoriamente arroz blanco sin más. Esta es la que recomienda los nutricionistas Lucía Martínez y Aitor Sánchez:

También se puede recurrir a medicamentos. El más conocido es el antidiarréico Fortasec, aunque como en cada país puede llamarse de una forma, lo mejor es quedarse con que el nombre del principio activo es Hidrocloruro de Loperamida.

Si la diarrea se complica y dura más de 3 días o viene acompañada de sangre, vómitos o fiebre, hay que acudir a consulta.

Aunque no es solo cuestión de viajes, no hay que olvidar las enfermedades de transmisión sexual como la hepatitis B, el SIDA o la sífilis. Para prevenir, algo tan conocido como el preservativo.

Puede ocurrir que durante el viaje no hemos notado ningún síntoma y que nos hemos librado de todo tipo de contagio, sin embargo, hay que estar alerta, pues algunas enfermedades tropicales pueden presentar los síntomas tiempo después. Así, ante cualquier cuadro de fiebre, de problemas intestinales o reacciones cutáneas es recomendable acudir al médico y señalar el tipo de viaje que hemos realizado por si pudiera estar relacionado.

Trucos viajeros: Salud viajera – Vacunas

Aunque llevemos seguro médico, en ocasiones, también hay que ir previamente vacunados. Hay veces que es obligatorio, y otras recomendado, en función del país, de la región, de la temporada, del tiempo, del alojamiento y de las actividades a realizar.

Los viajes profesionales en los que se va a estar en grandes ciudades y con alojamientos de nivel superior están considerado como riesgo mínimo. Los viajes cortos (entre una y tres semanas) en los que se va a estar en ciudades con alguna excursión puntual, pero siempre durmiendo en hotel, se clasifican como riesgo moderado. Y por último, los viajes de larga duración y/o estancias en lugares algo más precarios, se consideran como riesgo máximo.

Según el Ministerio, las enfermedades infeccionas más comunes son:

– Enfermedades transmitidas por alimentos y agua: Brucelosis, Cólera, Criptosporidiasis, Giardiasis, Hepatitis A y E, Legionelosis, Leptospirosis, Listeriosis, Esquistosomiasis y Fiebre Tifoidea.
– Enfermedades transmitidas por vectores: Paludismo o Malaria, Fiebre Amarilla, Dengue, Encefalitis Centroeuropea o Primaveroestival, Encefalitis Japonesa.
– Enfermedades transmitidas por Animales: Rabia, Fiebres Hemorrágicas víricas.
– Enfermedades de Transmisión Sexual: Hepatitis B, VIH/SIDA, Sífilis.
– Enfermedades transmitidas por la sangre: Hepatitis B y C, VIH/SIDA, Paludismo.
– Enfermedades transmitidas por el aire: Gripe, Enfermedad Meningocócica y Tuberculosis.
– Enfermedades transmitidas por el suelo: Carbunco y Tétanos.

Es importante planificar la vacunación con tiempo (mínimo un par de meses), ya que hay vacunas que necesitan varias dosis previas al viaje. Se puede consultar la página web del Ministerio de Sanidad, no obstante, lo recomendable es acudir al Centro de Vacunación Internacional, donde nos podrán asesorar tras una evaluación individualizada y responder a nuestras preguntas. Aquí se pueden consultar todos los centros en territorio nacional.

Se puede pedir cita por internet y, o bien te vacunan allí directamente, o te remiten a tu centro de salud (generalmente cuando es una vacuna habitual). Es importante saber cuáles nos ponemos, puesto que algunas con una única dosis estaríamos inmunizados de por vida (o durante un largo período).

Como decía al inicio, hay unas obligatorias, incluso siendo requerido un Certificado Internacional de Vacunación (documento en el que figura la fecha, el título del vacunador, el fabricante y número de lote de la vacuna, así como el sello oficial del centro de vacunación) al entrar al país, y otras que son recomendables. Las más frecuentes son:

Vacunas obligatorias:

Fiebre amarilla: se transmite por picadura de mosquito mayoritariamente en Suramérica (Argentina (sólo Corrientes y Misiones), Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Panamá, Perú, Trinidad y Tobago (sólo Trinidad), Venezuela.) y algunas regiones de África (Angola, Benin, Burkina-Faso, Burundi, Camerún, República Centroafricana, Congo, Costa de Marfil, Chad,Etiopía, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea Ecuatorial, Guinea Bissau, Kenia, Liberia, Malí, Mauritania, Níger, Nigeria, República Democrática del Congo, Ruanda, Senegal, Sierra Leona, Sudán, Sudán Sur, Surinam, Togo, Uganda.). La vacuna tiene una validez de 10 años.

Meningitis Meningocócica: Es exigida por Arabia Saudí a los que peregrinan a la Meca.

Vacunas recomendadas:

Cólera: Es una enfermedad bacteriana intestinal aguda que se transmite por agua y alimentos contaminados. Necesaria principalmente en África, Centro y Sudamérica y Sudeste Asiático.

Fiebre tifoidea: Al igual que la cólera, la produce una bacteria que se transmite por el agua y los alimentos contaminados. Primero comienza como una fiebre, y después afecta al intestino. Es recomendable en África, Centro y Sudamérica, Oriente Medio y Sudeste asiático, aunque la efectividad de la vacuna es limitada y no exime de ser cauto con las medidas higiénicas con alimentos y bebidas. La vacuna tiene validez de tres años.

Hepatitis A: Se transmite de persona a persona y por la ingestión de alimentos y bebidas contaminadas. Puede darse en cualquier parte del mundo (de hecho mi enfermera me dijo que estaban luchando porque entrara junto con la B en el calendario de vacunación de los niños), pero sobre todo en aquellos lugares en que las condiciones sanitarias son algo deficientes. Los síntomas son fiebre, dolores de cabeza y vómitos. Se pone una segunda dosis entre los 6 y 12 meses después de la primera y sirve para 30 años.

Hepatitis B: Se transmite por vía sexual, transfusiones sanguíneas, productos con sangre contaminada o por material contaminado (jeringas, tatuajes, piercing, acupuntura) y vertical perinatal madre-hijo. También se da en todo el mundo, aunque no con los mismos niveles de riesgo. Sobre todo se recomienda para África, América Central y del Sur, Sureste asiático y Oceanía.  Se pone en tres dosis: las dos primeras en el espacio de un mes, y la tercera a los 6 meses de la inicial.

Meningitis Meningocócica: Es una enfermedad infecciosa aguda causada por una bacteria. Para la peregrinación a la Meca es obligatoria, pero para otros lugares es recomendable. Sobre todo en aquellos espacios cerrados donde conviven muchas personas, como por ejemplo un cuartel militar, o una residencia de una ONG… En el África Subsahariana tienen brotes entre noviembre y junio.

Poliomielitis: Aunque esta enfermedad estaba controlada, hubo repuntes hace unos cuatro años en Pakistán, Nigeria, Afganistán, Guinea Ecuatorial, Siria, Iraq, Camerún, Etiopía, Somalia e Israel, por lo que la OMS recomienda su vacunación para detener su transmisión a nivel mundial.

Rabia: Es una enfermedad presente en mamíferos de muchos países, sobre todo de los que están en vías de desarrollo. Se transmite por contacto directo, así que, el riesgo es proporcional al contacto con animales contagiados. Los primeros síntomas son infecciones en la herida, fiebre o sensibilidad a la luz, ruido y agua. Se ponen tres dosis: día 1, día 7 y la tercera entre el 21 al 28.

Tétanos: Es una enfermedad producida por una toxina al penetrar en el organismo a través de heridas en la piel o mucosas. Se da en cualquier parte del mundo, pues somos susceptibles de una herida o corte en todos sitios. La antitetánica está incluida en el calendario de vacunación infantil, por lo que es muy probable que no la necesitemos antes de un viaje. Desde el 2009 las nuevas pautas estipulan que los adultos correctamente vacunados con 6 dosis (generalmente los nacidos después de 1975) solamente tendrían que ponerse una de recuerdo al llegar a los 65 años. Únicamente se pondría antes de llegar a esa edad en casos excepcionales como por ejemplo en un grave accidente de tráfico con amasijos de hierro y heridas en carne viva (por lo que me dijo mi enfermera en la visita previa a irnos a Bombay).

En determinados casos, además, según las características del viaje, se pueden recomendar también las vacunas contra encefalitis primero estival, encefalitis japonesa, neumococo, difteria o gripe.

Y aunque no hay vacuna, hay otras dos enfermedades con las que hay que tener mucho cuidado en países tropicales: el dengue y la malaria.

El dengue es un virus transmitido por mosquitos. Para prevenir esta enfermedad hay que recurrir a los repelentes de insectos  que contengan el ingrediente activo DEET45%, IR3535, o Icaridin, a las fibras naturales de colores claros que cubra lo máximo posible, así como a las redes mosquiteras cuya malla no sea superior a 1’5 mm. El aire acondicionado también ayuda, ya que los mosquitos van al calor. Los síntomas son fiebre y picores.

La malaria también se propaga por un mosquito y puede llegar a resultar mortal. Es recomendable evitar al igual que con el dengue las picaduras, es decir, cubrir al máximo la piel, usar repelentes en partes expuestas, dormir con aire acondicionado y poner mosquiteras. Además, en la medida de lo posible, evitar estar en el exterior entre el anochecer y el amanecer.

Los síntomas son fiebre, náuseas, sudoración y escalofríos. Y hay que estar atentos, pues pueden aparecer una semana después, ya que el parásito puede permanecer en el hígado y multiplicarse infectando los glóbulos rojos. Si se detectan estas molestias, hay que acudir al médico para tomar fármacos antipalúdicos, que hacen que consigamos la inmunidad tras unos diez días.

Aunque hay un movimiento antivacunas quimifóbico no hay que olvidar que son necesarias, pues gracias a ellas se ha conseguido eliminar enfermedades graves (algunas mortales) en el mundo. Pero como no todos los países están igual de desarrollados, hay que evitar ya no solo nuestro posible contagio, sino llevar enfermedades a otros lugares en que ya estaban erradicadas y poner en riesgo a la población. La salud es lo primero. Como decía George William Curtis: La felicidad radica, primero que nada, en la salud.