Serie Terminada: Sense8

Cuando vi el piloto de Sense8 me quedé con una sensación agridulce. Por un lado me parecía un tanto estereotipada y floja en cuanto a diálogos, mientras que por otro creía que merecía una oportunidad por el argumento y el hecho de que las Wachowski estuvieran detrás. A punto estuve de no verla, pues Netflix decidió cancelarla tras la segunda temporada por su alto coste dejándola totalmente abierta. Sin embargo, la insistencia de los fans en las redes con la campaña #RenewSense8 consiguió que al menos se le diera un final. Lana Wachowski (Lilly abandonó el proyecto en la segunda) ya tenía pensada la tercera temporada (de hecho tenía pensado que la serie durara cinco) por lo que concentró en un episodio de 150 minutos todo el material para darle un cierre digno. Ante tal noticia decidí rescatarla y darle una oportunidad.

Recordemos que Sense8 se centra en la historia de ocho personas repartidas por el mundo que tras visualizar el suicidio de una misteriosa mujer comienzan a descubrir la capacidad para comunicarse entre ellos. Estos ocho personajes son:

  1. Will Gorski: policía de Chicago,
  2. Riley Blue: Dj islandesa afincada en Londres y metida en drogas,
  3. Nomi Marks: hacker y bloguera residente en San Francisco. Es transexual y comparte su vida con su novia Amanita,
  4. Capheus Onyango: conductor de autobús de Nairobi que intenta conseguir dinero para conseguir medicamentos para su madre enferma,
  5. Sun Bak: hija de un importante empresario de Seúl que no es tomada en serio en su trabajo por ser mujer,
  6. Wolfgang Bogdanow: ladrón de cajas fuertes berlinés,
  7. Kala Dandekar: científica de Bombay que está prometida con un compañero de trabajo, y
  8. Lito Rodríguez: actor mejicano con ascendencia española que siempre interpreta héroes masculinos mientras que lleva en silencio su homosexualidad y oculta a su novio Hernando.

Todos ellos han nacido un 8 de agosto y pertenecen a la especie homo sensorium, algo así como una mejora del homo sapiens que tiene la habilidad de compartir conocimientos, sentimientos, emociones, pensamientos y experiencias con los miembros de su clan. Pueden comunicarse teletransportándose físicamente donde se encuentren los otros independientemente de que se localicen a miles de kilómetros de distancia.

En la primera temporada la trama avanza lenta y rápida a la vez. Lenta porque, al igual que los personajes, no terminas de entender qué es lo que está pasando; y rápida porque a pesar de no comprender qué significan esas visiones, esas experiencias, esas conexiones con otras personas, los personajes tienen que protegerse y escapar de una misteriosa organización mundial (con el villano Whispers a la cabeza) que pretende acabar con ellos. A su favor, aparentemente, cuentan con la ayuda de Jonas, otro “sensate”.

Aunque cuesta un poco abarcar cada uno de los caracteres y sus tramas, va haciéndose más fácil a medida que van pasando los capítulos y los 8 se van interrelacionando entre ellos. De hecho, son los momentos en que uno está en problemas y otro acude a ayudarle los más divertidos. Este toque cómico sirve para aligerar la tensión dramática y poco a poco te metes en la historia y acabas enganchándote.

La segunda temporada arranca con un especial de Navidad de dos horas de duración que sirve para hacer un repaso de los dos años entre ambas tandas. Tras este episodio la trama se centra en cómo los ocho protagonistas, que ya han comprendido su realidad y han ido conectando entre ellos, unen fuerzas para acabar con Whispers y la BPO (Biological Preservation Organization), la organización donde este trabaja. Nomi y Amanita están escondidas, así como Will y Riley. Wolfgang (con nuevas amistades -y enemistades- en sus círculos mafiosos) y Sun siguen intentando sobrevivir. Kala y Van Damme consiguen prosperar en sus trabajos. Lito sin embargo ha visto cómo su carrera profesional se ha venido abajo tras salir a la luz su orientación sexual.

Mientras que la primera temporada dejaba una sensación de caos por ese desconocimiento de la trama y los personajes, en la segunda, ahora que ya sabemos de qué va la historia, Sense8 se centra en explorar el mundo de los homo sensorium. ¿Cuántos hay? ¿De qué son capaces? ¿Por qué los persiguen? Miles de preguntas que responder. La serie sube un peldaño profundizando en los personajes, sumando más sentimientos, más conexiones, más historias personales, más misterio y, sobre todo, más acción, ya que no hay capítulo sin persecuciones, peleas, explosiones…

El cierre de 150 minutos pretende resolver todo aquello que quedó en el aire en el final de la segunda. Lo vendieron como una película, pero es muy largo para ser un filme y a la vez muy corto para resumir la trama que estaba planteada para unos 10-12 episodios. Todo se vio precipitado, tanto el tener que atar todos los cabos sueltos, como reunir a todos los personajes (no solo a los 8 protagonistas, sino a los secundarios), algo que imagino que estaba pensado ya no para una tercera, sino para el final de la quinta temporada.

A la falta de tiempo se une un recorte presupuestario, lo que se nota en cómo se han resuelto algunas escenas y tramas. Aunque sigue habiendo cambio de escenario, ya no es momento de rodar en ocho localizaciones tan alejadas entre sí. A mí personalmente me faltó algo más de acción y me sobró buena parte de la media hora final con la boda en la Torre Eiffel. Me da la sensación de que lo único que se pretendía era llegar al corazón de los fans. Con todo, aún así, el capítulo final consigue cerrar la serie de una forma digna dejando el mensaje de que el amor todo lo puede, amor vincit omnia.

Sense8 me ha recordado en cierta manera a Orphan Black. Ambas son series de ciencia ficción en las que una organización misteriosa quiere hacerse con los protagonistas (sean clones o sensates) con fines supuestamente científicos y en ambas el mensaje que subyace es la importancia de la familia. Una familia que no tiene que ser necesariamente de sangre, sino aquella que se elige. Aquella en la que los kilómetros no importan cuando alguien precisa de ayuda o consejo.

Sense8 narra el viaje personal de cada uno de los protagonistas. Expone sus traumas, sus conflictos, sus dudas, sus debilidades… y si consiguen avanzar es gracias a los lazos creados con el resto de personajes. Y es a través de esta transformación personal que se sirve para poner en el centro del relato la diversidad sexual, la multiculturalidad y hablar de derechos y libertades.

Profundiza en la homofobia con la salida del armario de Lito y en la transfobia con el rechazo de la familia de Nomi (sobre todo de la madre) a aceptarla como mujer. No obstante, aunque hay algo de estereotipos, no es algo que defina a los personajes a la hora de relacionarse con el resto de protagonistas. Lito es para los demás el actor mejicano, no se le define por ser gay. Y Nomi es la hacker que les puede ayudar en la huida. Las parejas de ambos son aceptadas en el clan sin ningún tipo de pregunta o comentario. No hay prejuidios. La sexualidad (y el sexo) se tratan con naturalidad y sensibilidad. Y aquí se ve el toque de las Wachowski. Imagino que hay mucho de experiencia personal, de cómo han vivido algunas situaciones y de cómo les hubiera gustado que hubieran sido.

Del mismo modo se afrontan las diferentes razas y nacionalidades. Obviamente la cultura en la que uno crece determina mucho en cómo es ese individuo, pero no se usa como elemento discriminatorio, sino como algo que enriquece al grupo. A lo largo de la serie, cada personaje sirve para reflejar el mundo diverso en el que vivimos. Además, estas localizaciones van en armonía con cada protagonista y el entorno forma parte importante de la historia. No es lo mismo la fotografía en Bombay que en Chicago, en Islandia que en Kenia. Cada historia tiene un espectro diferente, lo que permite diferenciar claramente cada lugar.

No obstante, con tanta diversidad cultural, he echado en falta que se hubiera usado más cada uno de los idiomas locales (español, keniata, coreano, alemán o incluso islandés). Entiendo que tiene más que ver con una cuestión práctica pues los subtítulos pueden llegar a despistar de la trama, pero creo que le habría aportado un toque más personal aún. Podrían haberle sacado algo más de partido al elenco internacional.

Pero en realidad es un pequeño detalle, porque por lo demás, la verdad es que la serie me ha gustado bastante. Tanto por la trama, los personajes,  los actores, las localizaciones, la fotografía y el mensaje que subyace. Aunque terminó antes de tiempo, se ve que había unas pautas, una idea preconcebida de hacia dónde quería ir la historia. Y por lo que pude ver en los extras, muy muy cuidada en la técnica. Y es que aprovechaban los viajes de un lugar a otro para rodar. Como por ejemplo el vuelo de Londres a Reikiavik. Muy interesante también cómo aprovechaban para de una sola toma grabar a varios personajes cuando se intercambiaban.

Una pena que no consiguieran hacer las cinco temporadas para que la historia hubiera sido menos precipitada hacia el final, pero aún así, merece la pena.

Serie Terminada: Catastrophe

Cuando hace unos tres años vi el piloto de Catastrophe enseguida me enganché. Los escasos 23 minutos que duró el capítulo me supieron a poco y ahora que ya he visto la serie completa (los 24 capítulos) he de decir que sigue quedándose corta.

Recordemos que Catastrophe comenzaba con un embarazo inesperado como consecuencia de unos encuentros causales en Londres entre Rob, un ejecutivo de Boston y Sharon una profesora irlandesa. Cuando deciden seguir adelante con el bebé, el estadounidense se muda a la capital inglesa para formar una familia.

Dinamita así ya de inicio todos los parámetros y estereotipos de las comedias románticas que estiran cual chicle una tensión sexual no resuelta que acaba resolviéndose como conclusión de la trama. Lo que podría haber sido el “y fueron felices” de cualquier otra ficción, aquí es el inicio de un viaje por la vida real. De conocer a los amigos y familia del otro, de descubrir manías y defectos… pero también de enamorarse poco a poco.

Porque sí, los protagonistas se enamoran. No lo hacen a primera vista, ni con fuegos artificiales, sino de una manera natural y cotidiana. Porque el amor no es como lo venden en la ficción (sea película, serie, novela o cuento de hadas). Por el contrario una relación de pareja (como cualquier otra) tiene sus altibajos, sus influjos externos, sus malentendidos… y ha de basarse en la amistad y el respeto.

Catastrophe refleja las dificultades de la vida real y deja fuera el idealismo. Construye un relato auténtico sobre las relaciones humanas, la familia, el amor y el matrimonio que va evolucionando a lo largo de las cuatro temporadas como lo hacen los personajes. En la primera tanda de episodios se centra en presentarnos a los protagonistas, sus entornos y su reciente relación. Con un toque cómodo vemos cómo construyen la pareja a la vez que asimilan su futura paternidad. En la segunda temporada damos un salto temporal para ver la llegada de una segunda criatura. En la tercera vivimos tiempos de crisis y un tono mucho más fatalista y triste con la recaída de Rob en el alcohol. Finalmente en la cuarta tenemos un afianzamiento de la familia. Rob y Sharon siguen teniendo sus problemas y sus debilidades, pero funcionan bien cuando colaboran juntos para solucionar cualquier obstáculo. Es una temporada muy emotiva que vuelve al humor de sus orígenes y supone un perfecto broche final con un nuevo embarazo y la proposición de Sharon de mudarse a Boston.

El éxito de la serie es su naturalidad para tratar cualquier tema, su tono atrevido y directo, las referencias culturales y los ácidos diálogos. Juega con el equilibro entre la comedia y el drama y a veces te lleva de la risa al dolor en un instante. Y viceversa, porque incluso en los momentos más tristes consigue arrancar una sonrisa (o incluso carcajada), como en el funeral del padre de Sharon o en el de la madre de Rob.

Pero si algo destaca por encima de todo son los personajes (también los secundarios) y la química que hay entre la pareja protagonista. Horgan y  Delaney han sabido llevar a la pantalla esa conexión que descubrieron un día hablando en twitter y le han dado forma aportando experiencias personales. Logran que el espectador empatice con Sharon y Rob.

Catastrophe tiene algo que engancha con ese humor cínico y ese reflejo de la cotidianidad y los defectos del ser humano. Sin duda todo un acierto y una pena que haya durado tan poco. Los británicos y esas manías suyas de unas temporadas tan cortas. Quedará en nuestro recuerdo.

Nueva Serie para ver: Vota Juan

Pocas series se han hecho en España relacionadas con la política (Señor alcalde y Moncloa, ¿dígame?), pero parece que ya nos vamos desencorsetando y probamos nuevas estructuras, nuevas tramas y nuevos estilos. Tal es el caso de Vota Juan, una comedia fresca que se centra en la historia de Juan Carrasco, un mediocre político que abandona su Logroño natal para convertirse en Ministro de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente. Sin embargo, él no quiere quedarse ahí, su mayor aspiración es llegar a Presidente, por eso, cuando de rebote se entera de algo que no debería saber, se prepara para presentarse a las primarias de su partido y así acercarse a su objetivo.

El personaje está magníficamente interpretado por Javier Cámara, a quien además le acompañan María Pujalte como Macarena Lombardo, su jefa de prensa (que casi le quita el protagonismo), Nuria Mencía como Carmen Müller, su jefa de gabinete y Adam Jezierski como  Víctor, su pelota asesor personal. Es este equipo de campaña quien tratará de aconsejar al desastroso y mezquino candidato así como enmendar su falta de habilidad política.

Además de un cuidado reparto, cuenta con unos diálogos ágiles y ácidos huyendo del gag y de las risas enlatadas. Ayuda en el ritmo su duración de media hora, que no deja lugar para los silencios o la redundancia. Eso sí, se recrea en los momentos incómodos y bochornosos del ministro, como su insistencia en hacer comillas con los dedos o sus ruedas de prensa donde muestra su ineptitud. La serie comienza ya con una crisis en ciernes y vamos descubriendo los protagonistas a medida que se desarrolla la acción, sin tiempo que perder en presentaciones.

No creo que haya que esperar una serie demasiado profunda y con debate político. Por el contrario pinta más a que, con la excusa de este personaje que únicamente busca su propio interés y que es capaz de cambiar sus principios según el momento, se va a presentar el lado más bochornoso de la política, todo aquello que queda entre bambalinas. Es decir, no va a ir a lo particular, sino a lo general, a las guerras políticas internas, las intrigas de partidos, las envidias y las zancadillas. Ya solo con eso, tiene bastante material. De hecho, ni siquiera hace falta que los guionistas le den mucho a la imaginación, pues el panorama político español parece de peli de Berlanga.

De hecho, han aprovechado las elecciones del 28-A para hacer su propia campaña con el lema #VotaJuan. Incluso hemos podido ver entre los tuits de la cuenta de @soyjuancarrasco cómo ha recreado los carteles del PP, PSOE, Unidas Podemos o Ciudadanos.

Una campaña de marketing muy en la línea de la que llevó Netflix con House of Cards.

De momento Vota Juan cuenta con una primera temporada de ocho capítulos que queda abierta de cara a una segunda temporada. ¿Conseguirá llegar a la Moncloa? Habrá que darle al play.

Nueva Serie para ver: El Embarcadero

Álex Pina y Esther Martínez Lobato, responsables de La casa de papel estrenaron en enero nueva serie: El embarcadero. Cierto es que solo con leer la sinopsis ya se ve no tienen nada que ver una con la otra, pero el hecho de contar con los mismos creadores invita a ver el piloto para descubrir si de nuevo presentan un producto de calidad.

Dirigida por Álex Rodrigo, Jesús Colmenar y Jorge Dorado, El embarcadero es un drama que nos introduce a un triángulo amoroso. En el primer capítulo vemos cómo Alejandra (Verónica Sánchez), una arquitecta de éxito felizmente casada con Óscar (Álvaro Morte) recibe en medio de la noche la noticia de que este ha sido encontrado muerto en su coche en lo que parece ser un suicidio. Ella para empezar no es que desconfíe del suicidio, es que ni se plantea que sea su marido, pues este está en Alemania por trabajo. Tras acudir a la Guardia Civil para reconocer el cuerpo, no solo certifica que es Óscar, sino que no lo conocía para nada. No entiende cómo es que estaba en Valencia y no en el extranjero, tampoco que se haya suicidado cuando habían hablado apenas unas horas antes y estaban haciendo planes de futuro, pero sobre todo, lo que le descoloca es que tuviese dos móviles. No sabe quién ese desconocido con el que llevaba 15 años casada.

Este segundo teléfono encontrado junto a su cadáver le dará a Alejandra algunas pistas. Aunque no agradables. Pronto descubre que Óscar llevaba otra vida en La Albufera, a 10 kilómetros de casa, con otra mujer, Verónica (Irene Arcos). No reconoce en los vídeos a este Óscar que se comporta como una persona totalmente diferente con esta mujer espontánea. Así, cuando su vida se acaba de desmoronar, Alejandra intenta reconstruir el puzzle emprendiendo un viaje en busca de la verdad. Pero no solo de la verdad sobre su marido, sino sobre ella misma, sobre quién es, en qué ha basado su vida los últimos años. Para ello, se acercará a Verónica haciéndose pasar por una desconocida.

Poco más nos deja el episodio. Partimos de la muerte de Óscar y de cómo se encuentran estas dos mujeres tan distintas. Queda por descubrir el viaje emocional que recorrerán juntas y si el suicidio ha sido tal, pues nos deja el poso de que hay algo más detrás. En principio arranca con fuerza, planteando un terremoto en las protagonistas. Consigue enganchar creando la duda de hacia dónde irá la historia y cómo reaccionará Verónica cuando sepa quién es Alejandra, y cómo se tomará la arquitecta lo que descubra de la vida de su marido en La Albufera.

Tiene una fotografía muy cuidada que distingue claramente el espacio de una y otra. Verónica y Valencia son tonos fríos, la representación de lo urbano, la sofisticación. Por el contrario, Alejandra y La Albufera se distinguen por unos tonos cálidos que muestran un mundo rural idílico y libre. El entorno de cada una como reflejo de sus personalidades.

Se atisba que algo está cambiando en el modelo de producción patrio y se ha mejorado en calidad, no solo técnica sino de historias. También en duración, ya que por ejemplo se ha estructurado en dos temporadas de 8 capítulos cada una con una extensión de 45-50 minutos, y no 70 como viene siendo lo habitual. No obstante, aún quedan cosas por pulir, como el abuso de los desnudos innecesarios o la sobreexplicación de algo que se está viendo que ocurre y que además se expresa por medio del guion. En estos casos, lo mejor es usar la frase de Goyo Jiménez: “no lo digo, lo hago” y no tomar al espectador por tonto.

Serie Terminada: Major Crimes

Cuando Kyra Sedgwick decidió que ya llevaba demasiado tiempo con el papel de Brenda Johnson y que quería seguir adelante con su carrera, James Duff, el creador de The Closer, no quiso acabar con la serie, pues funcionaba bastante bien en pantalla. Así se dotó de mayor protagonismo al papel de la recién introducida protagonista, la investigadora de Asuntos Internos Sharon Raydor, y se buscó un argumento para la salida de Brenda. Nació entonces el spin-off Major Crimes.

Aunque en realidad, enseguida se ve que no se trata de un spin-off, sino que seguimos con la misma serie con otra protagonista principal. Continuamos con la misma estética, la misma cabecera, la misma estructura argumental, en el departamento de Grandes Crímenes de la policía de Los Ángeles, con los mismos protagonistas (salvo dos bajas que son sustituidas por la novata detective Skyes, que sirvió en Afganistán y Rusty, un menor testigo de un crimen). Además, arranca igual que su predecesora: con una nueva jefa que intenta ganarse a su equipo. Eso sí, las técnicas de Brenda y de Sharon no son iguales. Mientras que la primera era dulce e iba con sutileza para conseguir su objetivo, Raydor es firme desde el principio. Es un “esto es lo que hay”, “aquí mando yo”.

Sí que es verdad que hay algún otro matiz que sirve para diferenciar una serie de otra, pero todos se deben al cambio de jefa. Mientras que el punto fuerte de Brenda era acorralar a los sospechosos en los interrogatorios, Sharon no tiene tanta paciencia. Con la excusa de que el departamento tiene que recortar gastos, su intención es conseguir cuanto antes un acuerdo. Así, trabajará más de cerca con la fiscalía para llegar a esos tratos. No obstante, a medida que van avanzando las temporadas, la cosa cambia y sí que se asemeja más a la estructura de The Closer. Eso sí, Raydor no intenta ser Johnson y el resto de personajes gana protagonismo en el desarrollo de los casos.

En la serie madre la que se echaba la serie a las espaldas era Brenda. Su carácter sureño, su gran bolso, sus chocolatinas en el cajón de su despacho, las discusiones con Fritz, la relación con sus padres (e incluso con su gato)… todo ello daba forma al personaje. Le confería un cierto toque cómico y el espectador simpatizaba con ella. Sin embargo, creo que esto le falta a Major Crimes. Al menos al principio. Sharon no tiene el mismo carisma ni la misma fuerza. No significa necesariamente que sea malo, pues esto la convierte en una serie más coral. No obstante, me da la sensación de que no era precisamente la intención, sino que el hecho de que el personaje de la capitana Raydor tuviera menos fondo, menos vida, se debía a que había sido creado como secundario. Para liderar la nueva serie el televidente necesita mucha más información. Y salvo la relación con Rusty y que venía de Asuntos Internos, poco más conocíamos. A medida que avanzó la trama ya sí que conocimos a sus hijos, exmarido e incluso se le dio cabida a su vida más allá del entorno laboral (o en realidad no tanto, porque eso de emparejar compañeros ya está muy visto).

En cualquier caso, la serie funciona a lo largo de sus seis temporadas. Por el tipo de serie en realidad no hace falta ahondar mucho en los personajes. Nos basta con saber qué personaje cumple qué cometido y el desarrollo del caso semanal. Y ahí, Major Crimes acierta. Creo que contenta tanto a los que llegamos a ella tras ver The Closer como a los que lo hacen de nuevas buscando una serie policiaca que entretenga.

Tidying up with Marie Kondo

Como ya dije hace un par de semanas, Marie Kondo se ha puesto de moda gracias a la docuserie de Netflix Tidying up with Marie Kondo.

Aprovechando la llegada del año nuevo y el filón de los nuevos propósitos, la plataforma digital lanzó este programa de ocho episodios de 40 minutos cada uno en el que la japonesa visita a sendas familias para aconsejarles en el mundo del orden. En cada uno de los episodios Kondo llega toda feliz y sonriente con su inseparable traductora a casa de estos desordenados estadounidenses. Allí, escucha cuál es el objetivo de los protagonistas del día, hace una visita estancia por estancia, armario por armario y cajón por cajón para detectar los puntos calientes y finalmente se presenta a la casa. Sí, recordemos que es japonesa y un tanto mística. Tras esto, se pone manos a la obra exponiendo a la familia las pautas a seguir. Unas pautas que no tienen mucho misterio, ya que son las mismas que las del libro.

Recordemos que Kondo recomienda clasificar las pertenencias en 5 grupos: ropa, libros, papeles, komono (que es un tótum revolútum que incluye incluye cocina, baño, garaje y objetos varios) y finalmente los objetos sentimentales. En cada una de las categorías se ha de hacer una criba quedándose solo con lo que haga feliz. Finalmente toca reorganizar lo que se ha decidido conservar siguiendo el método KonMari.

Así, en el programa, tras la presentación, comienzan por la ropa. Sacan toda la ropa que tengan repartida por la casa, la juntan en un único espacio y empiezan a deshacerse de aquello que no les hace felices. Marie les va asesorando sobre cómo tomar las decisiones, nunca critica o dice si se tienen que quedar con algo o no. Ella solo guía. De hecho, les da las pautas y se marcha, volviendo al cabo de unos días. No sin antes enseñarles cómo doblar la ropa de esa forma tan particular suya para ahorrar espacio y que además todo quede más a la vista.

Cuando vuelve hace revisión del primer grupo, les felicita por sus avances, les corrige alguna cosilla sobre cómo doblar alguna prenda peculiar (corbatas, pashminas, calcetines, sábanas, ropa de niños pequeños…) y pasa a la siguiente categoría. Según su clasificación serían los libros, pero según la familia, quizá pase directamente a los papeles. Da igual, el proceso es el mismo: les hace poner todo lo de esa categoría en un mismo espacio, hacer la criba y después la clasificación. Ella está un ratito en la casa, pero después les deja que tengan su momento de intimidad, de reflexión sobre lo que se van a quedar y lo que no. Cuando vuelve repasa, reconduce y aconseja sobre cómo almacenar. Enseguida aparece con sus cajas de diferentes tamaños para enseñar cómo compartimentar los espacios y que las cosas se queden bien organizadas aunque muevas algo dentro del espacio, sobre todo cuando se trata de cajones.

Finalmente, tras haber pasado por las cinco categorías, Kondo regresa para hacer la revisión final. Felicita a la familia por su evolución y se marcha con la satisfacción de haber ayudado a una familia más.

En cada uno de los programas hay un tipo de familia diferente con sus circunstancias particulares y en búsqueda de soluciones concretas. Veamos:

  1. En el primer episodio una joven pareja heterosexual con un par de niños pequeños se ven abrumados por la ropa, los juguetes y el desorden en la cocina. Es un buen programa para empezar, pues aunque no se libran de tener que hacer la criba de Kondo, en realidad su problema es el orden.
  2. El segundo se centra en un matrimonio heterosexual de japoneses-americanos jubilados cuyos hijos ya se han marchado de casa y tienen la casa toda para ellos. O al menos eso pretenden, ya que antes tendrán que revisar sus pertenencias. Increíble la cantidad de ropa que acumula la mujer. Por no hablar de la decoración navideña. Él no se queda atrás, pues también es coleccionista. No diré que tienen síndrome de Diógenes, pero casi.
  3. El tercer capítulo quizá fue el que más me llamó la atención. En este caso no es que tengan un problema de acumulación o de orden. Tienen ambos. Se trata de un matrimonio heterosexual con un par de hijos preadolescentes. Sin embargo, la única que limpia, se encarga de la colada y coloca es la madre. Así, si ella no va habitación por habitación haciendo repaso, se pueden acumular montañas y montañas de ropa. Los otros tres integrantes de la familia no saben dónde está nada y la madre además se siente un fracaso por no ser capaz de controlarlo todo. El método de Kondo les servirá (además de para la consecuente criba) para repartir tareas, para que todo el mundo sepa cuál es el lugar de cada objeto de lugares comunes, pero sobre todo de que cada miembro se encargue de sus cosas liberando así de esa presión a la madre. Me dejó en shock que tenga que venir alguien a tu casa a decirte que todo el mundo ha de colaborar en casa y que los críos de 11-13 años son perfectamente capaces de encargarse de ordenar su cuarto y encargarse de sus pertenencias.
  4. El cuarto es el más sentimental. Se trata de una viuda que considera que ya ha superado la etapa del duelo tras perder a su marido y que ahora toca el momento de deshacerse de sus cosas. Aprovecha el momento para hacer reflexión sobre su vida. Sobre qué quiere hacer en el futuro, cortar lazos y quitarse lastres. Es curioso cómo en este episodio se ve cómo el orden de los pasos de Kondo tiene cierto sentido. La mujer quiere alternarlo y comenzar a revisar la ropa de su marido enseguida aunque Marie le recomienda dejarlo para el final, para el momento de lo sentimental. Sin embargo, pronto se dará cuenta de que es demasiado pronto para ese paso y se le hace cuesta arriba. Aunque imagino que por mucho que lo dejara para el final, fácil no sería.
  5. En el quinto capítulo la japonesa visita a una pareja homosexual. Ambos son escritores y uno de ellos está muy apegado a sus papeles. Choca con el método de Kondo porque no entiende el concepto de felicidad de la gurú. Para él cada uno de esos escritos tienen relevancia en algún momento de su vida, por lo que le cuesta decidir qué tirar.
  6. En el sexto encontramos una pareja heterosexual con dos niños que acumula mucha ropa y juguetes. Increíble cómo tienen el garaje. La verdad es que este matrimonio me recordó al de japoneses del segundo. Su mayor problema es el apego hacia los objetos y el querer guardarlo todo.
  7. En el penúltimo tenemos una pareja heterosexual con un bebé en camino. Necesitan poner orden en su vida y hacer espacio para este nuevo miembro de la familia. Para ello tendrán que revisar sus pertenencias, sobre todo él, que acumula zapatillas y algunas incluso se le han deteriorado sin ni siquiera estrenarlas.
  8. Finalmente, en el último episodio, una pareja homosexual, esta vez dos mujeres recién casadas, necesita la ayuda de Marie Kondo para organizar sus pertenencias. Cada una de ella sigue un criterio y ese orden no funciona para la convivencia.

Creo que han sabido elegir muy bien los protagonistas, pues cada caso es particular y de esta forma se ven diferentes problemáticas. Además, no han tomado siempre el mismo tipo de familia, sino que hay heterosexuales, homosexuales, parejas sin hijos, con hijos pequeños, con hijos adolescentes, con hijos que se han ido ya de casa… El problema es que en global me resulta un poco flojo. Me da la sensación de que se queda muy en la superficie. Sí, todo el proceso está intercalado con comentarios de la familia, que evalúa su situación previa, los problemas que les surgen, las dudas, las reflexiones sobre la cantidad de objetos que han acumulado, sobre cómo quieren vivir en el futuro… pero falta un poco más de historia personal. No digo que tengan que recurrir a la dramatización como en Love it or List it, pero un punto intermedio le daría algo más de alegría. En algunos casos apenas se ve el proceso que llevan a cabo.

No ayuda tampoco el abuso del japonés. Entiendo los momentos en que Kondo explica alguna metodología, esas pequeñas píldoras grabadas fuera de la casa de los protagonistas. Pero no tiene sentido que teniendo la traductora al lado, haya diálogos japonés-inglés. Es decir, sí, tiene sentido que los haya si la japonesa no se maneja bien en inglés, pero me chirría algo que se haya mantenido así tras pasar por edición.

En cualquier caso, pese a esto, no podemos negar que el programa nos sirve para identificarnos y reflexionar sobre nuestras posesiones. Y es que la moraleja de todo esto es que no se trata tanto de ordenar, sino de enfrentarnos a todo lo que tenemos. Es decir, no es más ordenado quien más ordena, sino quien menos tiene que ordenar. Vivimos en un mundo en que el consumismo salvaje nos lleva a comprar con cualquier excusa: navidades, día del padre, de la madre, de los enamorados, día del soltero, solsticio de verano… Se llena un vacío interior adquiriendo objetos. Y esto se ve sobre todo con la ropa. Hay una cultura de la fast fashion con una frecuencia de la rotación de colecciones casi semanal que nos anima a comprar ropa continuamente para ir a la última moda. Y es todo tan rápido que ni nos da tiempo a vestir todas las prendas. Está muy bien seguir el proceso de Kondo y preguntarnos si la cantidad ingente de posesiones realmente nos aportan algo en nuestras vidas, pero hay un paso más tras la criba. Una vez que hemos hecho esa limpieza, hay que poner freno a la compra compulsiva. De nada sirve deshacerse de tantos objetos innecesarios si no se cambia el chip y se vuelve a las andadas. No vale solo con tirar, reciclar, donar o regalar, sino que hay que comprar menos.

Tidying up tiene un toque inspiracional, que da que pensar sobre el ritmo de vida que llevamos. Se supone que nuestra casa es nuestro refugio, el lugar al que volver. Sin embargo, la tenemos tan saturada que al final nos estresa más, con lo que se convierte en un círculo vicioso donde no hay un espacio de desconexión. El proceso al que nos anima Kondo puede ser útil no solo para poner orden en casa, sino también para coger inercia y ser conscientes de otros aspectos de la vida como el trabajo o las relaciones personales.

De momento no parece estar confirmada una segunda temporada. Habrá que esperar.

Nueva Serie para ver: Good Girls

Good Girls es una comedia que nos presenta a tres amigas que, hartas de sus problemas económicos, deciden atracar el supermercado en el que trabaja una de ellas para hacerse con un botín de 30.000 $ con el que pagar sus deudas. Sin embargo, sus planes de seguir adelante con sus vidas como si este episodio delictivo no hubiera ocurrido, no es tan sencillo.

En primer lugar tenemos a Beth, la típica Bree Van de Kamp madre de 4 hijos. Mujer blanca, de cuarentaitantos, alta, delgada, residente en las afueras, con una gran casa y un marido que dirige un concesionario. Ella es la perfecta esposa hacendosa y amorosa hasta que descubre que su marido le es infiel con una aspirante a actriz y además le ha estado ocultando que llevan varias letras sin pagar de la hipoteca.

La segunda protagonista, Annie, es la hermana de Beth, una madre soltera en su treintena que vive con su hija adolescente Sadie. El padre de la criatura no ha hecho acto de presencia hasta ahora, que va a casarse y se plantea solicitar la custodia junto con su nueva mujer. Annie, que ya de por sí lo tiene difícil para mantener a ambas con su sueldo de cajera, soportando además el acoso de su jefe, necesitará dinero si quiere enfrentarse en la batalla por la custodia.

Por último, Ruby es una mujer de mediana edad, negra, felizmente casada y con dos hijos. Su hija tiene un problema de salud y necesita un caro tratamiento médico que no se pueden permitir. Es el mercado, amigo, que hace que la sanidad en EEUU sea un negocio y la clase trabajadora muera porque no puede pagarse una cura. O que acabe en bancarrota tras pagar todas las costosas facturas.

De primeras parece que solo tienen en común su maternidad y los problemas financieros, pero les une algo más: el hartazgo de ser comparsas, de depender de terceros y aguantar que las ninguneen o no las tomen en serio por el hecho de ser mujeres. Así, esta necesidad económica sirve como punto de inflexión que les lleva a tomar las riendas de sus vidas.

Eso no quiere decir que se conviertan en heroínas, más bien en todo lo contrario. Son el perfecto ejemplo de la antiheroína, una figura que hasta ahora habíamos visto mucho en pantalla y en la literatura pero generalmente interpretados por hombres. Son unos personajes moralmente corruptos, aunque tengan en principio un buen fondo y lo hagan por un buen fin. Porque además, aunque este plan parezca sencillo, rápido e indoloro (pues perjudica a una empresa que tendrá un seguro), enseguida se complica cuando son descubiertas y entran en una espiral de extorsión.

A mí el piloto me supo a poco. Me sirvió para conocer a los protagonistas y secundarios así como el planteamiento de la serie, pero deja con muchas ganas de más. La trama tiene mucho potencial, se intuye una dualidad entre intentar salir de este nuevo mundo de actividades ilegales en que las tres protagonistas se han metido sin querer mientras ejercen como cabezas de familia. Sin duda, esta doble vida será lo que dará vida a la serie que, tras los 10 episodios iniciales de la primera temporada, ya ha renovado por una segunda.

Me gustó el tono en el que no sabes dónde acaba la tragedia y dónde empieza la comedia. Y es que hay un punto cómico en las desgracias, y un regusto amargo en la comedia. También ayuda la química de las protagonistas, esa mezcla de locura, sensatez y gamberrismo. Se agradece ver un trío protagonista que no compite, sino que se apoya y celebra la amistad.

Además de tocar la sororidad y el empoderamiento femenino, Good Girls introduce la cuestión de la identidad de género en el personaje de la hija de Annie, de 11 años, que no viste según los estereotipos de niña de su edad. Me recordó al hijo de Mary en House of lies. En ambos casos los progenitores respetan el espacio de sus hijos y dejan que exploren libremente su identidad en una etapa tan difícil de sus vidas. Es un personaje secundario, pero es importante la visibilización como normalización.

Tiene un argumento interesante, un buen trío protagonista, un tono ácido, un mensaje de fondo y además es ágil y divertida. Sin duda en la lista de series “para ver” para saber cómo evoluciona.