Nueva serie a la lista “para ver”: Liar

Una cita y dos versiones. Así comienza Liar, un thriller británico en el que Laura, una profesora de literatura de instituto que tras un tiempo sin quedar con hombres después de una ruptura, decide salir, animada por su hermana, con Andrew, un reputado cirujano.

Todo parece ir bien, pero, a la mañana siguiente, Laura se levanta desubicada. No parece recordar todo lo que pasó la noche anterior, pero sí que cree haber sido violada, por lo que acude al hospital a que le hagan un reconocimiento. Cuando Andrew es llevado a comisaría, niega rotundamente los hechos. Él tiene una versión completamente diferente.

Liar plantea dos versiones de una historia, algo parecido al planteamiento de The Affair, sin embargo, creo que se mete en tema farragoso al poner en entredicho una violación. Tan solo he visto el primer capítulo, por lo que no sé qué ocurre en los cinco restantes de los que consta la temporada; pero flaco favor hace al cuestionar un delito tan grave, tan común y tan silenciado como es la agresión sexual.

Claro que todo el mundo tiene su punto de vista de cómo ocurren las cosas, porque no todos percibimos de la misma manera la realidad. Somos subjetivos. Pero hay algo más allá de las versiones y son los hechos. La serie intenta explorar ese baile de declaraciones intentando esclarecer lo que realmente ocurrió para descubrir quién tiene razón, pero, al contrario que en otros delitos, en muchos casos, una violación es difícil de demostrar.

Así, aunque el planteamiento de Liar me llama la atención, el visionado del piloto me produjo cierto desasosiego. Por un lado por la posibilidad de que ella no esté diciendo la verdad y sirva como ejemplo de las famosas denuncias falsas; pero en caso de que sea verdad, la angustia es peor porque es difícil no empatizar con el personaje y con su desazón. Liar refleja la situación que viven muchas mujeres tras denunciar una violación y cuyos relatos no son creídos. Ella salió a cenar con él y le invitó a entrar en casa, y esto suele considerarse como un hecho que desacredita todo lo demás. Además, él es el típico cliché de hombre apuesto y de reputada fama, por lo que “por qué iba a violarla”. Al final la víctima se convierte en culpable.

El primer capítulo se adentra en ambas versiones y a medida que avanza, comienzan las dudas de ambos relatos. Se cuestiona la estabilidad emocional de Laura que parece estar tomando medicación; pero también el pasado de Andrew, pues su mujer se suicidó. ¿Quizá fue un asesinato?

La trama se estructura en torno a dos líneas temporales: por un lado la cita, que se va contando a modo de flashbacks, con cuentagotas y con sus dos versiones; y por otro el presente, en el que los personajes intentan seguir con sus vidas.

Pero no todo gira en torno a Laura y Andrew. Alrededor de los dos protagonistas hay toda una red de personajes secundarios que completan la historia. Ambos están conectados por Luke, el hijo de Andrew, que es alumno de Laura. Pero también por Katy, la hermana de la profesora, que trabaja en el hospital con el cirujano.

Laura recurre a Tom, su ex, que es policía, para que la ayude con la denuncia y que no se quede en agua de borrajas, pero lo que esta no sabe es que está liado con su hermana, que está casada y con dos hijos.

Así pues, es posible que el Liar del título no se refiera solo a que alguno de los dos personajes principales está mintiendo, sino cómo las mentiras en la pareja, en la familia, en los amigos… al final acaban pasando factura cuando los secretos salen a la luz. Quizá por eso se ha renovado para una segunda temporada. Y es que si solo se centrara en Laura y Andrew, no tendría mucho recorrido.

Liar engancha. Por el relato, por la incomodidad que genera, por la incertidumbre de a quién creer, y por esa narración de los flashbacks con cámaras escondidas como si el espectador hubiera sido un testigo escondido.

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Serie Terminada: Halt and Catch Fire

Hace poco acabamos Halt and Catch Fire, una serie que ha pasado muy desapercibida para lo buena que es. Comenzó en 2014 y sus creadores tenían planteadas siete temporadas, sin embargo, terminó hace unos meses tras cuatro. Y saben a poco. Ojo que vamos con spoilers.

Halt and Catch Fire nació como una serie que se centraba en los primeros años de la informática allá por los años ochenta. Una serie de época, nostálgica. Con unos protagonistas visionarios que miran al futuro. Como ya conté cuando vi el piloto, comienza cuando Joe MacMillan, un ejecutivo agresivo, “ficha” a Gordon Clark, experto en hardware y a Cameron Howe, una brillante programadora, para crear un nuevo ordenador que compita con el de IBM. A ellos se les unirá Donna Clark, la mujer de Gordon, también ingeniera.

Así, la temporada se centra en Joe, ese antihéroe atormentado que manipula a todos y vende cualquier idea, y el trabajo a contrarreloj del resto de los integrantes del equipo para lanzar ese nuevo producto de Cardiff Electric. Nos adentra en ese mundo frenético y competitivo de los negocios en el que hay que ser el mejor y el más rápido.

Sin embargo, la serie se ha ido reinventando en cada temporada. En realidad, la serie y sus protagonistas, porque tras el fracaso no queda otra. Levantarse y volver a empezar. Tras la muerte de Cardiff Electric, Cameron monta Mutiny en una casa con un montón de informáticos que cumplen con el perfil de frikis. A ellos se les unirá Donna, y juntas nos adentran en el mundo de las primeras startups mientras Joe y Gordon intentan encontrarse a sí mismos y encauzar sus vidas por separado. MacMillan con un nuevo trabajo que le consigue su suegro y Clark volviendo a su garaje.

Si en la primera temporada el que sirve de nexo de unión y marca el ritmo es Joe; a partir de la segunda se produce un giro de timón y se pone el foco en Cameron y Donna. Juntas están consiguiendo éxito como emprendedoras, sin embargo, cuando salen al mundo empresarial no lo tienen tan sencillo.  Se encuentran en un mundo de hombres y no les es fácil conseguir inversores ni que les tomen en serio. Este cambio en el guion sirve para ampliar las tramas con un punto de vista que no habría podido ser posible con protagonistas masculinos.

El mundo de todos y cada uno de ellos salta por los aires en algún momento. El matrimonio de los Clark hace aguas, además Gordon descubre que tiene una enfermedad degenerativa; Joe no termina de encajar en su nueva vida; Cameron toma decisiones por su cuenta en relación a Mutiny…

Y vuelta a empezar. La tercera temporada en California, donde se han mudado todos para estar cerca de donde se están desarrollando los proyectos importantes en el mundo tecnológico. Un nuevo comienzo. Cameron y Donna siguen con Mutiny, a la que se ha incorporado Gordon. Joe se ha divorciado y parece haber vuelto a ser el ejecutivo de la primera temporada pero esta vez vendiendo antivirus.

La cuarta y última temporada arranca en los 90 con Cameron viviendo en Tokio diseñando videojuegos tras su salida de Mutiny. Ahora son los Clark quienes se han divorciado. Joe intenta juntar de nuevo a todos aprovechando una visita a los Estados Unidos de Cam para sacar adelante un nuevo proyecto sobre indexar páginas web en un buscador. Sin embargo, aunque consigue que se le una Gordon, Cameron solo decide colaborar si Donna no se encuentra en el equipo. Así que esta se buscará su propio hueco en el sector, convirtiéndose en su competencia. Ganan también minutos las dos hijas de los Clark, ya adolescentes.

Aunque la serie va sobre el inicio del mundo tecnológico y yo tenía mis reparos sobre toda la terminología que iba a usar, lo cierto es que en realidad eso es secundario. Halt and Catch Fire trata sobre la persecución de los sueños, sobre unos personajes empeñados en triunfar en lo que les apasiona y que, por el camino, se van encontrando fracasos. Están siempre en la vanguardia, y siempre están a punto de conseguirlo, de triunfar, de marcar un hito en la historia. Pero siempre se quedan ahí, a punto. Y me gusta que esta caída no ocurra en el último capítulo de cada temporada. La serie está tan bien estructurada que acaba cada etapa con un renacer. Es en el penúltimo episodio donde todo se viene abajo, y el último es un canto a la esperanza, a nuevas ideas.

También por eso está muy bien cerrada. El final se adelanta al capítulo 7 y los tres restantes sirven para poner en orden las vidas de Joe, Cameron y Donna (y sus hijas). Mientras que toda la serie mira hacia el futuro, el último capítulo, además de dejarnos entrever qué será de sus vidas, también mira hacia el pasado, haciendo un recorrido por la evolución de los protagonistas. Creo que no veía un capítulo final tan bueno como el de A dos metros bajo tierra.

Halt and Catch Fire es una gran historia sobre unos personajes que no encajan en su mundo, que toman malas decisiones, que son egoístas y no aceptan la opinión de los demás. Pero a pesar de todo ello, no se rinden. Sus aciertos y sus errores están en sus manos. Lo curioso es que su afán es conectar al mundo, cuando ellos mismos son incapaces de relacionarse entre sí. Aún así, todos evolucionan.

Joe pasa de ejecutivo agresivo a ser un tipo en calma fuera del mundo de los negocios. En la cuarta temporada se ve a un tipo más centrado y que sabe captar muy bien el espíritu y carácter de Haley Clark. Ha dejado de lado sus manipulaciones y caprichos. Gordon también deja atrás su pasado como alcohólico amargado que no conseguía crear nada. Recupera la confianza en sí mismo y renace de sus cenizas (aunque acabe muerto).

Pero sobre todo evolucionan ellas. Porque la serie sin la evolución de Donna y de Cameron habría sido otra cosa: una serie mediocre. Cameron es la creativa, inteligente e impulsiva. Vive por y para sus creaciones, y le cuesta introducir cambios, dejar entrar a los demás, o desprenderse de ellas. Tampoco se le dan bien las relaciones, parece que con el único que se entiende es con John Bosworth, quizá una especie de padre para ella. Con las temporadas aprende a ayudar y dejarse ayudar, a escuchar y dejar su espacio a los demás. Y para las hijas de los Clark se convierte en todo un modelo a seguir: una mujer independiente, inteligente y empoderada.

Donna por su parte tiene un cambio más agresivo. Ella, que empieza como una segundona a la sombra de su marido, va alcanzando posiciones de poder hasta convertirse en la directora de una empresa. En su camino se ha enfrentado a un mundo empresarial heteropatriarcal en el que para triunfar como mujer has de trabajar el doble y comportarte agresivamente, ser seria, distante. Los hombres acaparan los puestos de relevancia no necesariamente por sus méritos, sino por el hecho de ser hombres. Hay una frase suya que resume toda la serie: “Una cosa que he aprendido es que no importa lo que hagas, alguien estará a la vuelta de la esquina haciendo una versión mejor. Y si esa persona es un hombre, puede que no sea mejor, sino que logre más atención”.

Y digo que resume la serie porque esta frase pone en evidencia el problema que tienen los protagonistas en cada temporada cuando siempre hay alguien que se les adelanta. Pero además retrata las desigualdades laborales entre hombres y mujeres. Dos de los pilares de Halt and Catch Fire.

El camino de Donna no es nada fácil, ni en lo personal ni en lo profesional. Y en las últimas temporadas se entremezclan ambos ámbitos, ya que en determinado momento no es solo competencia directa de su exmarido, sino que lo es de su hija. Porque otro aspecto que pone en evidencia la serie es cómo en el modelo económico capitalista todo está permitido si es para conseguir enriquecerse.

Halt and Catch Fire también se adentra en la libertad sexual. Y lo hace muy bien, sin entrar en el morbo y sin que eso sea lo que defina a los personajes; sino tratándolo con cierta naturalidad. Lo vemos desde el principio con la bisexualidad de Joe (que también sirve para exponer el problema del SIDA más adelante), la promiscuidad femenina encarnada por Cam o la homosexualidad de Haley. En ningún momento se caricaturiza, se hace mofa o se trata con desprecio y connotaciones negativas. Todo lo contrario.

Asimismo, la serie no nos vende los estereotipos de madre trabajadora abnegada, o mala madre que antepone su trabajo a sus hijos. Donna es madre, pero comparte las responsabilidades con Gordon. De hecho, él es que se queda con la custodia de las hijas cuando se separan. Y en ningún momento es culpabilizada por ello. Es asumido con toda naturalidad. Al igual que cuando Cam rompe con Joe porque él quiere tener hijos y ella no. Simplemente es una elección en su vida, como otra más. Ha tomado una decisión y tiene derecho a no sentirse culpable por ello. Del mismo modo que se compra una caravana porque necesita su propio espacio independientemente de tener una relación estable con Joe. No se hace un drama de ello.

No sé si lo pretendían los creadores, pero Halt and Catch Fire resulta ser una serie feminista. Más incluso que muchas que hoy en día aseguran serlo y pasar el test de Bechel. Aboga por las relaciones igualitarias y no tóxicas y sobre todo apuesta por la sororidad. Donna y Cam, a pesar de sus diferencias, tienen una sana relación. Sus discusiones, enfados y distanciamiento se producen por tener diferentes puntos de vista profesionales, pero no se atacan en lo personal. En el fondo se respetan la una a la otra.

Comencé Halt and Catch Fire esperando una serie friki, y me ha sorprendido gratamente. Por sus personajes, por sus temas, por su análisis, por su tono crítico… pero también por la recreación de aquellos años 80 y 90, por la selección musical y referencias culturales. Y además está muy bien hecha, bien estructurada, con temporadas autoconclusivas, una fotografía muy cuidada y unos planos muy estudiados (sobre todo cada vez que servían para avanzar en la historia y contarnos sutilmente cómo habían pasado los años).

Una pena que se haya quedado en solo cuatro temporadas, porque podría haber tenido más recorrido.

Serie Terminada: Marvel’s Agent Carter

Se han puesto de modas las sagas de superhéroes. Tanto Marvel como DC tienen sus películas y series. Y realmente es un galimatías decidir seguir alguna, porque a la que te descuidas, te hacen un crossover y, o sigues todas, o estas perdida. Esto me ha pasado con Arrow, que hace poco nos hemos puesto al día con las cinco primeras temporadas y a mitad de cada una de ellas se entremezcla con las tramas de The Flash, Supergirl y Legends of Tomorrow, que no sigo.

De Marvel ya descarté en su día Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. Vimos el piloto y no me terminó de convencer, así que se la dejé al amante de los cómics para que la viera solo. Sin embargo, sí que me pareció interesante el primer capítulo de Marvel’s Agent Carter. Y aprovechando las navidades, nos la vimos en modo maratón. Y es que su primera temporada cuenta con 8 capítulos, la segunda con 10. Lamentablemente fue cancelada, además dejando abierta la historia. Una pena. Pero empecemos desde el principio.

La serie arranca con escenas de la película Capitán América: El primer vengador. En esta cinta ya apareció el personaje de la Agente Carter y, más allá de ser la damisela en apuros, resultó ser un personaje digno de ser explotado. Ahora, en 1946, tras acabar la II Guerra Mundial y de perder al Capitán América, Peggy Carter trabaja en las oficinas de la Reserva Científica Estratégica. Los hombres han vuelto de frente, y las mujeres, que se habían encargado de tirar del país, de nuevo se ven degradadas a puestos inferiores. Así, la protagonista será relegada a servir cafés, atender el teléfono, clasificar el correo y archivar documentos mientras sus compañeros hombres reciben las misiones importantes.

Pero ella no se amedrenta ante nada, y menos aún cuando Howard Stark solicita su ayuda. Mientras que el resto de hombres de la oficina la tratan de forma paternalista; Stark, sin embargo, conoce su valía en el frente, por lo que le encarga la misión de recuperar sus inventos que están apareciendo misteriosamente en el mercado negro tras haber sido robados. En la Reserva Científica Estratégica lo acusan de traición y van tras él, pero todo es un montaje. La Agente Carter deberá trabajar paralelamente a sus compañeros para limpiar el nombre de Stark y encontrar a los verdaderos culpables. Para ello contará con la ayuda de Edwin Jarvis, mayordomo personal del inventor (un tanto peculiar y estricto en cuanto a horarios).

Los actores elegidos cuadran muy bien en sus papeles, sobre todo Hayley Atwell y James D’Arcy. El señor Jarvis aporta un toque cómico dentro de la tensión de las misiones, y demuestra ser un compañero fiel.

Marvel’s Agent Carter no es una serie de superhéroes, tiene más bien el toque de drama de espionaje y aventuras clásico. La protagonista no tiene superpoderes, ni lanza rayos, ni se teletransporta, ni lee la mente… eso sí, como buena espía está bien entrenada y aprovecha toda su valía y astucia. Y también le va la acción, para que no nos olvidemos que estamos en un producto Marvel.

Su fotografía recuerda al cine clásico de magnetófonos, salas de baile, señores fumando puros con sombrero y traje. Magnífica la escena en la que Carter va andando con su traje azul y sombrero rojo entre una marabunta de hombres vestidos de gris. También el estilo y los diálogos tienen ese toque de película antigua con cierto toque de cine negro.

Sin embargo, aunque la primera temporada me enganchó, la segunda me decepcionó en gran medida. Con la nueva entrega se pierde la esencia de la ambientación. Por un lado, el enfrentamiento con el machismo de la época desaparece. Mientras que en los ocho primeros capítulos la Agente Carter tiene que reivindicar su puesto ante jefes y compañeros, en la última tanda estos prejuicios han desaparecido totalmente. Que está muy bien como idea, pero no me lo trago.

Por otro lado, en la segunda temporada se ha perdido la ambientación que le daba ese toque de película. Los Ángeles no es Nueva York. No es que sea peor, es que la luminosidad de California no casa muy bien con las historias de espías. Sin embargo, la luz, las calles y los rascacielos de la Costa Este, sí que meten al espectador en la historia.

Así pues, dos aspectos que me distraían de la nueva trama, por un lado la localización, y por otro que el personaje principal hubiera perdido esa rebeldía de los comienzos. No por ella, sino porque nadie le hace frente. Además, el resto de personajes son planos, sin desarrollo. Y los nuevos villanos un tanto descafeinados.

Tampoco la nueva historia me enganchó del mismo modo. Era mucho más interesante la búsqueda de los inventos de Stark, así como mostrar su inocencia, que las amenazas atómicas. Por no hablar de la maldita manía de meter con calzador historias románticas que no vienen a cuento.

En fin, me enganchó el piloto, me gustó mucho la primera temporada, pero me decepcionó la segunda. Quizá deberían haberse plantado tras los 8 primeros episodios a modo de miniserie o película larga y así no se habría desvirtuado el personaje.

Nueva serie a la lista “para ver”: Absentia

Tras Castle Stana Katic se embarcó en Absentia como protagonista y productora ejecutiva metiéndose de nuevo en la piel de una detective, esta vez del FBI. Aunque no hay nada de Kate Beckett en el personaje de Emily Byrne.

Absentia arranca cuando Nick, marido de Emily y también agente especial, recibe una llamada con la localización de dónde puede encontrarla. El equipo de rescate se encuentra con Emily en un tanque lleno de agua dentro de una cabaña a las afueras de Boston. Han transcurrido seis años desde su desaparición y todos la daban por muerta, incluido su marido que se volvió a casar y crió su hijo con su nueva mujer. La vida ha seguido sin ella.

Así, Emily regresa a un presente que no conoce y en el que no encuentra su sitio. Pero además, tiene amnesia, con lo que su pasado también está borroso. O al menos eso parece, porque no parece quedar muy claro si es una víctima y no recuerda los últimos seis años, o por el contrario está fingiendo y esconde algo. Este arranque con la reaparición de la protagonista amnésica me recuerda en parte a Blindspot, pero también a Homeland cuando Brody vuelve a casa y el espectador no sabe muy bien por dónde van los tiros.

A partir de aquí comienzan las investigaciones. Se reabre el caso de Emily y se buscan esclarecer los misterios que rodean su desaparición, ¿secuestro? y posterior liberación. Ya en el primer episodio se percibe el ahogo, la ansiedad, ese toque de intrigante thriller policiaco que recuerda mucho a las producciones escandinavas. Hay mucho bosque, paisaje frío, oscuridad… Sin embargo, va más allá del suspense puro y duro, puesto que además explora el dolor de una mujer que regresa a una vida que no se parece a la que ella dejó atrás, con un hijo que no la reconoce, un marido que se ha vuelto a casar, un padre enfermo y una mente con bastantes lagunas.

La desaparición y la investigación están ahí, de fondo, como hilo conductor, pero el tema principal es ese drama familiar. No sólo para Emily, también para el marido que siguió con su vida y ahora tiene que lidiar con sus remordimientos y su propio dilema. Él no dejó de quererla, simplemente la dio por muerta y avanzó. Se plantea si debería haber seguido buscándola o ha hecho bien en seguir adelante. La nueva mujer tampoco sabe muy bien qué supone el regreso de Emily en su matrimonio. Y en el medio de este triángulo amoroso, un crío que ahora tiene dos madres pero que solo llama “mamá” a una.

El primer capítulo deja con ganas de más, de averiguar qué le pasó a Emily y de cómo van a encajar de nuevo todas las piezas para continuar hacia delante. La primera temporada rodada en apenas dos meses en Bulgaria (a las afueras de Sofía) a modo de película – por localización y no cronológicamente- cuenta con 10 episodios y podría seguir con una segunda.

Nueva serie a la lista “para ver”: Patriot

Patriot es una serie de espías. Pero no hablamos de espías tipo James Bond donde el protagonista lleva a cabo sus misiones sin fallos, sin despeinarse, sin estrés ni tensión. Por el contrario, esta serie de Amazon, se aleja del mundo de glamour, de las fiestas en yates de altos mandatarios y nos presenta el espía antihéroe.

John Tavner, agente de inteligencia y veterano de la guerra de Irak, está fuera del mundo de los espías mientras intenta superar su estrés postraumático. Para ello se ha ido a vivir a Ámsterdam, donde pasa sus días fumado y componiendo canciones folk que revelan demasiado sobre su pasado. Pero hay una nueva misión, y su padre, Tom Tavner, que además es el Director de Inteligencia del Departamento de Estado de los Estados Unidos, considera que John es la persona idónea para encargarse de ella.

El encargo es boicotear la carrera armamentística nuclear de Irán y, para ello, John debe infiltrarse en una empresa de tuberías industriales de Milwaukee que sirve como perfecta tapadera ya que tienen negocios con el país de Oriente Medio. Y aquí ya la serie rompe todos los esquemas. No tenemos un salto temporal donde el protagonista está ya en posición listo para derrotar a los malos y salir victorioso de la misión; sino que vemos cómo ha de hacerse pasar por ingeniero y conseguir superar la entrevista de trabajo para ocupar el puesto.

Todo este proceso de selección es una sucesión de excentricidades y momentos absurdos que nos dan una buena idea de lo que es Patriot. Es una serie que parece bebe del estilo de Fargo con un ritmo pausado y alternando los momentos de acción y violencia con otros de comedia negra. Además, hay que prestar mucha atención a la pantalla, pues su desarrollo no es lineal, sino que cuenta con una estructura plagada de saltos temporales que pueden descolocar si parpadeas.

John es un tipo triste, cabizbajo y parco en palabras, sin embargo, cuando las cosas se complican, no duda en tomar las medidas necesarias para cumplir su objetivo sin poner en peligro su identidad. Caiga quien caiga y con decisiones extremas e improvisadas. Así que sigue habiendo temática de espionaje, pero sin duda con una vuelca de tuerca, alejándose de Alias, Homeland, The Americans o 24Le da otra perspectiva al mundo de las agencias de inteligencia mostrando unos jefes incompetentes que a veces cometen errores que dejan al espía en una situación vulnerable y sin cobertura mientras se juegan la vida infiltrados.

Patriot es un thriller de acción en el que no falta violencia, tensión, tapaderas, chanchullos y enredos. Pero deja los clichés de lado y añade un acertado toque de humor negro. Sin duda, una serie original que supone una grata sorpresa en la parrilla televisiva.

La primera temporada cuenta con 10 capítulos y no cierra trama, sino que continúa en los 9 episodios de la segunda tanda.

Nueva serie a la lista “para ver”: Modus

Cada vez llegan más series escandinavas a nuestra parrilla. Una de las últimas es Modus, del canal sueco TV4. Basada en la novela Noche cerrada en Bergen de la autora noruega Anne Holt, Modus es un thriller policíaco cuya protagonista es Inger Johanne Vik, una psicóloga y criminóloga que tras haber trabajado durante un tiempo para el FBI vuelve a Suecia. Durante la boda de su hermana su hija autista se convertirá en testigo accidental de un crimen. Por ello, y por su experiencia, la policía sueca pedirá su colaboración y tendrá que trabajar con el detective Ingvar Nymann de la Policía de Estocolmo.

Sin embargo, ya en el piloto vemos que el asesinato del que Stina, la hija de Inger, es testigo no es el único. En Nochebuena, la obispo Elisabeth Lindgren es asesinada en Uppsala. Hay un asesino en serie, que el espectador conoce desde el principio. Sin embargo, poco se sabe de él, no sabe qué le motiva. Tan solo que es un lobo solitario que sigue indicaciones de alguien que tan solo le hace llegar objetivo y lugar vía sms. Así pues, parece que la serie nos plantea un juego del gato y del ratón entre los dos inspectores y el asesino.

Es una serie sencilla con una única trama durante ocho episodios que transcurren en un desolado paisaje invernal sueco donde hay más horas de oscuridad que de luz. Esta falta de iluminación es un recurso típico de las producciones escandinavas. No es de extrañar que se les dé tan bien el thriller, ya que la oscuridad se convierte en un personaje más. Incluso esos paisajes nevados, tan luminosos, también provocan angustia, ansiedad, incertidumbre. Y si combinamos el silencio de un asesino que no sabes qué le mueve, la oscuridad/luz, la banda sonora… A mí me tienen enganchada.

La primera temporada se estrenó en 2015 en Suecia, y la segunda, basada en Crepúsculo en Oslo, este otoño de 2017. Es curioso que no sigan los libros en orden, ya que Noche Cerrada en Bergen era el cuarto de la saga y Crepúsculo en Oslo el segundo.

Series Terminadas: Finales Felices y La Liga Fantástica

Con las series me pasa como con las novelas, que no me gusta dejarlas a la mitad. A veces estoy con una historia que no me termina de enganchar, que le falta algo, que no le pillo el punto… pero sigo, porque tengo la esperanza de que acabará llegando el momento en que me meta de lleno. Sin embargo, últimamente tengo la sensación de que he de cambiar de actitud. Me pasó con Breaking Bad que la vi por ver, cada vez con menos ganas y más hartazgo.

Hay tantas series que es lógico que no todas sean buenas o que no sean de mi estilo. En muchas ocasiones lo detecto rápido y me planto en el piloto. También he comenzado a dejar pasar media temporada para ver cómo funciona antes de lanzarme a ver un piloto de una serie que se ha cancelado de mala manera nada más comenzar su emisión. Así, ahora me distancio un poco y espero a ver si tiene renovación o cómo ha ido la acogida.

En otros casos la serie empieza bien, tiene buen ritmo, guion, actores, pero empieza a desinflarse por cambio de guionistas, showrunners o simplemente falta de ideas y querer alargarla más y más, como The Big Bang Theory (que hace temporadas que debería haberla abandonado).

Otra situación es que veo el piloto y me espero a que termine, o al menos ir bastante avanzada, para verla del tirón. Está muy bien porque te metes de lleno en la serie, en la historia de esos personajes; pero por contra a veces me encuentro con que lo que me atrajo del primer capítulo en el pasado, ya no lo hace en la persona que soy en el momento del visionado.

Lo que ha ocurrido con Finales Felices yLa Liga Fantástica –  las dos que acabo de terminar –  es una mezcla de lo arriba expuesto. Por un lado no son muy buenas. No son series que le marquen a una. Son comedias de pasar el rato, de desconectar 22 minutos y ya. Finales Felices comenzó con una temporada corta y después alargaron las dos siguientes a 22 episodios para al final cancelarla por malos datos dejándola con un final abierto. La Liga Fantástica por su lado cuenta con 7 temporadas. Si bien es cierto que son cortas, la serie se hace larga. 7 temporadas son muchas y se acaban las ideas y se pierde el hilo conductor con el que nació. Quizá cuando vi ambos pilotos estaba en un momento de series cómicas, ligeras, pero lo cierto es que viéndolas ahora, me han parecido demasiado chorras. ¿Me estaré haciendo mayor?

La primera temporada de Finales Felices es floja. En el primer capítulo vemos a una pareja que se va a casar, pero que en el último momento ella se echa atrás cuando ve aparecer a un tipo en patines en la iglesia. Bueno, pintaba interesante: una serie sobre una pandilla de amigos que tiene que decidir si se queda con el novio o con la novia.

La serie comienza demasiado rápido, pues no se para a presentar mucho a los personajes, sino se va descubriendo la relación entre ellos a lo largo de los capítulos. Así sabemos que Alex, la novia a la fuga, es la hermana de Jane, que está casada con Brad. Por otro lado, tenemos a Max y Penny, los más locos del grupo, que fueron al colegio con Alex y, por tanto, conocen a Jane desde hace tiempo.

Así a priori, no tiene sentido el conflicto de “cómo repartimos los amigos”, ya que Dave, el novio, es eso, el novio de Alex. Es ella el nexo de conexión del grupo. Pero se supone que tras diez años de relación, está integrado en la pandilla y nadie quiere cortar la amistad. Cogido con pinzas, pero bueno, aceptamos barco.

Los personajes quedan caracterizados desde el inicio. Y aunque hay estereotipos incluyendo a un negro y a un gay para hacer una pandilla heterogénea, lo cierto es que no cumplen con el típico cliché del que se suele abusar.

Por ejemplo, aunque hay algún capítulo en el que se hacen referencias con que Brad sea negro y haga “cosas de negros” como jugar al baloncesto, rapear o juntarse con sus amigos negros; en general gags apuntan más al hecho de que sea un hetero que parece gay (o al menos al cliché del gay).

Por contra, Max, el homosexual del grupo, tiene un carácter totalmente independiente de su condición sexual. Se hace referencia a su orientación, a sus parejas, relaciones o chicos que le gustan, incluso el cómo confesárselo a sus padres. Pero en realidad todo lo que concierne a Max suele girar en torno a que es un egoísta, desordenado, caótico y pasota. Tal y como se representaría a un hetero en cualquier otra sitcom.

Y mucho del juego que puede dar Max en la serie es gracias a Penny, ya que protagonizan juntos muchos enredos. Ella es la drama queen, la soltera que boicotea todas las relaciones, que es estridente y patosa.

El toque serio (por decir algo) lo aporta Jane, un personaje que bebe mucho de Monica Geller, pues es igual de maniática del control y el orden, además de tener un excesivo afán de competición, incluso con su marido.

Por el contrario, Alex y Dave son los más insulsos e interesantes de la comedia. Ella es muy lentita, la rubia tonta de manual, y él torpe e inocente.

Está clara la división en dúos. Por un lado los personajes más prescindibles: la expareja Alex y Dave; por otro los que no lo son sentimentalmente (aunque lo fueron en el pasado) pero que lo son para poner el punto absurdo y loco de la serie: Max y Penny; y finalmente el matrimonio formado por Jane y Brad, sin duda los que aportan el punto cómico, tanto juntos como por separado.

Si la primera temporada se desarrolla bajo la premisa del hecho de que dos de los integrantes hayan roto, la segunda temporada es la de Penny, quizá porque se había ahondado poco en ese personaje en los primeros capítulos, se compra una casa e incluso parece que se va a casar. En la tercera parece que se les acabaron las ideas y volvieron a emparejar a Alex y Dave… un sinsentido que les llevó a la cancelación. Aunque al parecer los guionistas pensaban seguir dándole vueltas a lo mismo, ya que se habían planteado abordar la relación de Penny y Dave una vez que este y Alex han roto. Y este es otro de los errores que cometen la mayoría de comedias con un grupo de amigos con protagonistas, y es que por mucho secundario que aparezca, al final siempre acaban liando a todos con todos perdiendo todo norte. Aunque ellos dicen que es para darles la ruptura que la pareja necesitaba, por las buenas y sin la escenificación de una boda de por medio; lo cierto es que yo creo que ya estaba más que cerrado ese capítulo.

Aunque es una serie ágil, con un ritmo de narración rápido, divertida en algunos momentos y absurda en otros, tiene el lastre de ser más de lo mismo, una mezcla de varias series de pandillas de amigos en las que hay parejas, exparejas, líos y rollos. No hay nada nuevo, son los eternos solteros (incluso estando casados algunos de ellos). Sí que es verdad que no recurre a los estereotipos de los personajes o los chistes típicos de otras sitcom, sino que juega con los disfraces, las referencias a otras series, y los actos absurdos de los protagonistas. Pero resultan cargantes, repelentes y demasiado irreales. Y cuando no te crees a los personajes y sus vivencias, nada tiene sentido.

Lo de la La Liga Fantástica es otro tema totalmente distinto. Es que no hay por dónde cogerla.

También tenemos a un grupo de amigos que se conoce desde sus años escolares. Ninguno parece bajar de los 40 años, pero se comportan como si tuvieran 15. Los integrantes de la pandilla son Pete, que cumple con el papel de divorciado y bromista; Rodney Ruxin, abogado judío casado y con un hijo; Andre, un cirujano plástico que es el blanco de todas las bromas; Kevin, asistente del fiscal del distrito y no muy lumbreras; Jenny, agente inmobiliaria y mujer de este; y Taco, hermano de Kevin, que siempre está fumado.

La serie gira en torno a la rivalidad que suscita la Liga Fantástica. Este tipo de competición da la oportunidad a cualquier aficionado de la NFL (fútbol americano) de convertirse en entrenador haciendo su selección de jugadores. Cada semana los participantes se enfrentan entre ellos y gana el que mejor equipo tenga (basado en el cómputo de puntos derivado de las estadísticas de sus jugadores). Así pues, cada temporada de la serie comienza con la deportiva y la elección del draft por parte de los integrantes y finaliza con dos finales y el reparto de trofeos: una para decidir el ganador de la Shiva Bowl, y otra para el perdedor, que se llevará el Sacko.

Ganar el Shiva es el máximo honor, por lo que los protagonistas no dudan en putear a los demás para conseguirlo. Y lo mismo para no hacerse con el Sacko. Es un todos contra todos y todo vale, sobre todo sacar trapos sucios del pasado. Lo laboral o familiar pasa a un segundo nivel. Lo importante es la liga.

La serie intenta tener un tono gamberro, pero se convierte en un despropósito soez y desagradable. Pero es que además el contenido es difícil de seguir, ya que si no tienen ni idea de fútbol americano o conoces a los jugadores, te pierdes todas las referencias y cameos. Así que no sabes ni de qué están hablando, y lo que entiendes te hace desconectar porque no te crees a los personajes.

No hay ninguno por el que sienta empatía o me haga gracia. Pete es tremendamente cínico e interesado; Ruxin es cruel y desagradable; Sofía, su mujer, es el típico cliché de latina-tía-buena que solo sale para hacer de mujer florero; Andre es un personaje insulso, desdibujado e ingenuo; Kevin pasa sin pena ni gloria; el personaje de Jenny está metido con calzador para que sea la mujer del grupo, pero para que se comporte como uno más (aunque en realidad es de las que más controla sobre la liga y fútbol); y Taco es el clásico fumeta que vive a costa de los demás. Pero la cosa va más allá, ya que a partir de determinado momento, aparece el hermano de Sofía, Rafi, un tipo de psiquiátrico directamente.

Además, la serie cuenta con la particularidad de que los capítulos no tienen unos diálogos escritos, sino que contaba con una especie de esquema o escaleta y a partir de ahí los actores, la mayoría de ellos cómicos, iban improvisando en el rodaje. Lo que quizá también influye en el sinsentido y surrealismo de algunas escenas.

Los actores tenían un contrato por 7 temporadas, sin embargo las dos últimas parecían ir sin rumbo. Alguno de los actores tenía otros compromisos y sus ausencias son incorporadas de una forma extraña. Como extraño es también el final incorporando un trágico suceso que rompe con el hilo argumental de la serie. Sobre todo también por la reacción de los protagonistas. No sé cómo me he tragado las siete temporadas.