Series Terminadas: Series de Marvel

El consumo de televisión ha cambiado. Con la vida que llevamos, ya no queremos (ni podemos) seguir un horario para ver nuestras series favoritas. Así, cada vez más han ido ganando terreno las plataformas en la que es el espectador el que elige qué quiere ver y cuándo quiere hacerlo. Las televisiones (tanto públicas como privadas) no han tenido más remedio que tomar nota y en los últimos años han ido mejorando sus webs, así como lanzado sus propias aplicaciones donde suben sus contenidos tras su emisión en antena para no quedarse atrás. Tampoco ha querido quedarse descolgada la productora Disney, quien ha decidido sacar también su servicio de streaming: Disney+ (vaya alarde de originalidad, por cierto). Y la verdad es que tiene su lógica, pues catálogo no le falta.

Pero claro, eso significa que ha roto los acuerdos que tenía con otras plataformas para la explotación de sus contenidos. Así, todas las series de Marvel que tenía con Netflix, se han ido cancelando. Quién sabe si se retomarán en Disney+, aunque imagino que depende mucho de la disponibilidad de los actores y, por supuesto, de que les salga rentable. En cualquier caso, firmaron en su día una cláusula que estipulaba que los personajes Daredevil, Luke Cage e Iron Fist no podrían aparecer en ninguna serie o película hasta pasados dos años de su cancelación, por lo que, de querer retomar sus historias, habría que esperar a 2020.

En cualquier caso, dado que poco a poco han ido siendo canceladas, llegó el momento de su visionado en modo maratón. Eso sí, siguiendo el orden que intercala las temporadas de todas las series para mantener la coherencia narrativa:

  1. Temporada 1 de Daredevil
  2. Temporada 1 de Jessica Jones
  3. Temporada 2 de Daredevil
  4. Temporada 1 de Luke Cage
  5. Temporada 1 de Iron Fist
  6. Temporada 1 de The Defenders
  7. Temporada 1 de The Punisher
  8. Temporada 2 de Jessica Jones
  9. Temporada 2 de Luke Cage
  10. Temporada 2 de Iron Fist
  11. Temporada 3 de Daredevil
  12. Temporada 2 de The Punisher
  13. Temporada 3 de Jessica Jones

Matt Murdock, abogado de día y justiciero de noche, es el primero de los superhéroes que conocemos de todos. Unas sustancias químicas le provocaron una ceguera a los 9 años, aunque también desarrolló el resto de sus sentidos y gracias a ello puede pelear sin ver. Le acompañan su amigo y colega Foggy y Karen, que ejerce de secretaria. De los tres, ella es la más compleja e interesante, aunque en la primera temporada aún nos queda mucho por conocer.

Básicamente en los 13 primeros capítulos sirven para presentar al protagonista y descubrir por medio de flashbacks cómo fue su génesis y qué le lleva en el presente a defender su barrio, Hell’s Kitchen, frente a todo mal: corrupción, mafias, tráfico de drogas y personas… Y aunque hay muchos malos por combatir, el villano por excelencia, su némesis es Wilson Fisk, un empresario con delirios de grandeza que, cómo no, guarda una infancia complicada que parece haberle dejado perturbado. Y claro, con esa lucha del bien contra el mal, del débil frente al poderoso, no pueden faltar muchos enfrentamientos, golpes, huesos rotos, sangre… Un esquema bastante clásico de duelo entre héroe y villano.

Y aunque la trama está bien gestionada y cuenta con unos buenos escenarios así como una cuidada fotografía, no terminó de engancharme. No termino de empatizar con Daredevil. Puede que sea por su actor, que es un poco soso. O quizá porque el personaje parece demasiado perfecto, con una ética clara y pocas sombras. También puede que influya el hecho de no termino de creerme lo de las peleas a ciegas.

Sí que me enganchó sin embargo Jessica Jones. Y es que es un personaje más profundo, más complejo. Tiene un pasado oscuro que la atormenta y aunque también tiene cierta ética en cuanto a cargarse a la gente sin más, no sigue la ley al pie de la letra. Jones no quiere ser superheroína ni ser ejemplo de nada, bastante tiene con culpabilizarse a sí misma y ahogar sus penas en alcohol. Sin embargo, cuando ejerce de detective privada acaba teniendo comportamientos bastante heroicos.

Ella va a su rollo con su sarcasmo y la apariencia de estar viviendo un día de mierda tras otro (no hay que olvidar que es una superviviente de abuso y sufre de estrés postraumático). Aunque es capaz de mover cielo y tierra para defender a sus más allegados, como Trish, su hermana.

La temporada es bastante perturbadora como consecuencia del juego psicológico del villano Kilgrave. Sus monólogos generan ansiedad y cierta desesperación. Es complicado luchar contra un antagonista como Fisk que tiene a los poderosos y los representantes de la ley de su lado, pero resulta aún más escalofriante uno que es capaz de meterse en tu propia mente, anularte y dirigir tus actos. Sin duda, un antagonista a la altura de la protagonista.

Acompañan a Jessica la ya mencionada Trish y su vecino Malcolm, dos personajes con caracteres y vidas propias. Aunque ella sea la heroína, ellos no cumplen con el típico cliché de que solo están para que la protagonista les salve, sino que es una relación de ida y vuelta. Suponen un importante apoyo para Jones y una bofetada de realidad cuando ella misma entra en una espiral de destrucción. También conocemos a Luke Cage, con quien hace buena pareja (y no el el aspecto sentimental, sino en cuestión heroica). Ambos son personas reales, con problemas reales y la fuerza como superpoder.

Para mí no hay color entre Daredevil y Jessica Jones, esta última está mucho mejor estructurada, con un buen equilibrio entre heroína y villano, ambos con un gran potencial y a la altura el uno del otro. La fotografía, el relato de fondo, los personajes bien construidos y la acción sin tanta coreografía imposible resultan más verosímiles. Dejando poderes aparte, claro.

Siguiendo la línea temporal volvemos a Daredevil, quien se quitó de en medio a Fisk (ahora está en la cárcel) pero que no por ello ha encontrado descanso. Su nombre se ha hecho popular y le han surgido imitadores. Sin embargo, en el ámbito personal, Murdock está tranquilo, iniciando un acercamiento a Karen. Pero esta calma precede a la tempestad cuando aparece una vieja amiga de su pasado que trastocará todo: Elektra.

Y no solo ella, sino que es una temporada en la que se incorporan tantos personajes que al final Matt acaba perdiendo protagonismo, resultando plano y aburrido. La trama se bifurca en tantas ramificaciones que hay héroes y antihéroes para cada una de las historias paralelas. Que si Elektra y Daredevil buscando a La Mano, Karen intentando ser ahora periodista, la introducción de The Punisher… Y lo malo es que luego no se teje todo como debería y parece que solo hay una sucesión de escenas de acción sin una clara motivación detrás.

Para mí, Daredevil no termina de arrancar. Tiene potencial, pero no me engancha. Por muy traje chulo que se consiga.

La cosa remonta un poco con el momento de conocer a Luke Cage en su elemento. Le habíamos visto de camarero en el barrio de Jessica, pero ahora se ha mudado a Harlem, ¿dónde si no? Y el barrio, habitado por una mayoría negra y latina, resulta tan atractivo como el protagonista. Aquí el contexto social determina más aún el carácter del héroe. Él en realidad, como le pasaba a Jessica, no quiere salvar a nadie, pero cuando ve injusticias y que él podría pararlas, no puede quedarse de brazos cruzados. O sí, porque realmente cuando le atacan no se mueve mucho. Es lo que tiene que seas a prueba de balas.

Sin embargo, a pesar de ser casi una mole indestructible no cae en el cliché de armario empotrado, tipo duro y serio, sino que es un tío simpático, tranquilo y cercano. También aquí conocemos al personaje por medio de flashbacks. Su pasado nos hace entender que sea como es, tanto personalmente como en su faceta de héroe que no sufre daño físico y que se recupera rápidamente de las heridas y lesiones.

No tiene un único villano contra el que luchar, y quizá esto dispersa un poco la trama. Todo el rollo del hermanastro cansa un poco y hace que haya capítulos un tanto lentos y que parecen de relleno. Sin embargo, queda compensado con la fotografía y, sobre todo, la banda sonora.

Pero Luke no está solo contra el mundo, cuando él necesita ayuda tiene a Claire (enfermera que va apareciendo en todas las series) y a Misty, una policía con una buena capacidad de visualizar las escenas de los crímenes y ver más allá.

La temporada no está a la altura de la de Jessica Jones, pero, a mi juicio, por encima de las de Daredevil. Tiene un punto de acción, un toque de sarcasmo y buena música. Le perdono la lentitud y lo del villano.

Mención aparte merece Iron Fist, que no hay por dónde cogerla. El personaje es soso, descafeinado, aburrido con esa pinta de niño rico inocente e ingenuo.

Como en el resto de series, esta primera temporada sirve para ponernos en antecedentes del protagonista. Así, conocemos este Danny Rand que desapareció hace 15 años cuando el avión en el que viajaba con sus padres se estrelló. Ahora reaparece en Nueva York asegurando que se ha criado con unos monjes y es el Iron Fist. Y claro, le toman por loco.

La serie es lenta, el personaje no atrae y tampoco hay acción. Iron Fist muestra más su filosofía zen que su experiencia en las artes marciales. De hecho, a quien realmente vemos pelear es a Collen Wing, quien además no se libra de que venga el otro a darle lecciones.

El resto de secundarios son unos clichés andantes. Quizá se salva un poco Ward Meachum, que se muestra como más complejo. Tiene dos caras, por un lado la manipuladora cuando maneja a su hermana y la compañía a su antojo, y por otro la de títere, ya que en realidad sus órdenes vienen de su padre, quien vive recluido tras haber fingido su muerte.

La villana es Madame Gao, muy en la línea de Fisk, sin embargo, los guiones no acompañan y la trama aburre.

No obstante, la historia sirve para enlazar con The Defenders, un crossover en que se unen los cuatro superhéroes para vencer a La Mano. En realidad no tienen mucha intención de unirse, ya que cada uno está a los suyo. Matt tras la muerte de Elektra ha renunciado a Daredevil y ahora únicamente ejerce como abogado probono; Jessica simplemente prefiere trabajar sola y Luke acaba de volver de la cárcel y bastante tiene con los problemas de su barrio. Sin embargo, parece que no les queda más remedio, pues todos sus caminos llevan a la misteriosa Alexandra, la gran villana.

El gran as bajo la manga de la temporada es la reaparición de Elektra Natchios, cuyo cuerpo ha sido resucitado. Ahora es el Cielo Negro, el arma más poderosa de La Mano. Y aunque parece que los recuerdos de Elektra ya no habitan en ella, sí que surge cierta conexión con Matt.

También reaparece otro personaje del pasado de Matt, Stick, quien le enseñó a pelear tras quedarse ciego. Y es él quien nos cuenta que La Mano surgió cuando Madame Gao, Sowande, Murakami y Bakuto fueron expulsados de K’un-Lun. Son cinco porque cada uno de ellos simboliza un dedo de esta extremidad. Esta organización se ha ido cargando poco a poco a todos los que se oponen a ellos quedando únicamente el propio Stick y el Iron Fist. Aunque no les queda mucho tiempo, ya que parece que necesitan a este último para sus ceremonias de resurrección.

The Defenders podría haber sido omitida y haber sido parte de la temporada de Iron Fist con la intervención puntual a lo largo de los episodios del resto de los superhéroes. O con un crossover que abarcara las cuatro series, como hacen con las de DC (Arrow, Flash, Supergirl y Legends of Tomorrow). Pero aún así, como venimos de donde venimos, resulta entretenida, sobre todo porque tiene algo de acción con coreografías más trabajadas y un punto de humor gracias a las pullas que se lanzan entre los protagonistas cuando intentan rechazar colaborar los unos con los otros.

La última de las series que nos quedaba por conocer es la que se centra en Frank Castle y su alter ego The Punisher. A diferencia de los protagonistas anteriores, Frank no tiene poderes y tampoco intenta salvar a nadie.

Presentado en la segunda temporada de Daredevil ya nos muestra un poco de su mundo de oscuridad y su objetivo en la vida: acabar con aquellos que le arrebataron a su familia. No se oculta en discursos de ética sobre el bien y el mal; es destructor y despiadado y lo hace por sí mismo, para intentar cerrar ese dolor que guarda. Venganza pura y dura. Jon Bernthal borda el papel de tipo duro y torturado, y es que, solo con su presencia, el personaje ya gana verosimilitud.

Cuando cree que ha cerrado ese capítulo de su vida, todo el mundo le da por muerto y él se esconde tras una cotidianidad anodina, descubre que detrás del asesinato de su mujer e hijos hay mucho más. Y cuando tira un poco de los hilos descubre que hay toda una trama que tiene que ver con su pasado como marine en Kandahar. La serie se adentra entonces un una trama de conspiración política, policial y militar poniendo en tela de juicio la política exterior de Estados Unidos en lugares a los que se supone que fue para llevar la paz y donde, sin embargo, sembraron el caos.

El otro personaje que tirará de los hilos es Dinah Madani, agente del Departamento de Seguridad Nacional, quien acaba de volver precisamente de Kandahar y comienza una investigación para esclarecer la muerte de su compañero. Los caminos de Castle y Madani convergerán en determinado momento. Y aunque buscan un objetivo similar, sus métodos son muy diferentes.

El ritmo es bueno, con escenas de acción muy sangrientas y momentos conspirativos al más puro estilo 24 o Homeland. Pero también es verdad que hay alguna subtrama que despista de la principal, que ya de por sí tiene demasiadas ramificaciones. Imagino que querían aprovechar para tratar el tema del estrés postraumático de los veteranos y darle más presencia a Curtis, uno de los mejores apoyos de Frank.

El enemigo a batir en esta serie es el agente de la CIA que dirigía las operaciones de Kandahar, sin embargo, el brazo ejecutor es mucho más cercano y lleva a Castle de vuelta a ese mundo de tormento y pérdida. Es inquietante ir descubriendo el pasado de Billy Russo (quien fuera uno de los mejores amigos de Frank en el frente) y cómo se convierte en el gran villano de the Punisher.

El cierre de temporada con la escena en el tiovivo es brutal tanto visual como narrativamente hablando, ya que es el mismo lugar donde la mujer e hijos de Castle fueron asesinados. Es aquí donde murió su familia y donde nació su antagonista.

La segunda temporada de Jessica Jones retoma la historia tras la muerte de Kilgrave y ser reconocida por su participación con The Defenders. La protagonista sigue haciendo su vida, pero sigue tocada por todo lo que le ocurrió con él y gestionando sus emociones con el alcohol. Jessica continúa siendo la misma: pesimista, cínica, pasota y solitaria, pero a la vez ha evolucionado un poco. De la misma manera que lo hacen los personajes de su entorno.

Por un lado, está Malcolm, que ha abandonado las drogas y crece como personaje convirtiéndose en un importante apoyo para ella en sus horas bajas. Aunque ella intente echarlo de su vida en cada oportunidad que tiene. Y por otro, está Trish, quien gana más protagonismo con este interés por las personas con poderes y va volviéndose un personaje más oscuro. Ella insiste en investigar a la misteriosa y peligrosa organización IGH que parece tener conexión con el momento en que Jessica se convirtió en alguien con poderes tras la muerte de su familia en un accidente de tráfico.

También adquiere más importancia Jeri, la abogada, quien tiene que afrontar cómo vivir con su enfermedad. Además, se incorporan personajes nuevos como Óscar, el encargado del edificio donde vive y trabaja Jessica.

Es bueno que se profundice en el resto de personajes y que no recaiga todo el peso de la trama en Jessica, aunque no quiere decir que quede como secundaria en su propia serie como sí le pasaba a Daredevil. Ella sigue enfrentándose no solo a sus demonios internos, sino además a los nuevos enemigos que aparecen a medida que investiga más sobre su pasado y el origen de sus poderes. Aunque es verdad que el gran villano se resiste a quedar claro hasta que no avanzan los episodios.

Esta entrega adopta un tono más sentimental ahondando en los dramas personales de todos y cada uno de los personajes, lo que hace que sea aún más oscura y deprimente que la primera. No se centra tanto en explotar los poderes de Jessica, sino en el desarrollo de los caracteres y en la parte de misterio sobre la compañía que están investigando. Tiene un toque más detectivesco que la anterior, explotando ese aspecto de la protagonista. Sin embargo, quizá por alejarse un poco de este carácter heroico y también por un villano no tan claro, la temporada resulta un tanto floja.

Y si Jessica había salido a la luz como persona con poderes tras The Defenders, lo mismo le ocurre a Luke Cage. En su segunda temporada intenta gestionar esta creciente fama a la vez que procura volver a su vida. Tiene varios flancos abiertos: por un lado sus preocupaciones normales como persona (casa, trabajo, pareja…), por otro la fama (se vende merchandising con su nombre, hay incluso una app para geolocalizarle) y por último, la lucha contra el crimen en el barrio.

Tras la caída de Cotthonmouth, la nueva villana es Mariah Dillard, quien ya había comenzado a despuntar en la temporada anterior. Su historia es la de una mujer ambiciosa que viene de una familia corrupta desde generaciones atrás. Drogas, prostitución, armas, política… Tocan varios palos. El problema es que abarca tanto poder que llega a resultar un tanto inverosímil. Junto a ella destaca el personaje de Shades, quien a ratos le quita protagonismo.

La trama se enreda porque no solo hay dos bandos enfrentados, sino que hay un tercero: el del jamaicano Bushmaster, que ha vuelto para recuperar Harlem, un barrio que considera suyo por herencia familiar. Así, cada una de las puntas de este triángulo intentará deshacerse de las otras dos.

Durante la primera parte de la temporada Luke se centra en hacer caer a Bushmaster. Sin embargo, no será tarea fácil, ya que además de que el jamaicano tiene también una fuerza sobrehumana, es imprevisible, ya que está un poco tarado de la cabeza. Cuando por fin se enfrentan, la pelea es el punto álgido. Por fin Luke tiene un antagonista con el que luchar de tú a tú. Hasta la fecha apenas tenía que presentar resistencia ante golpes y balas (con excepción de aquella que casi le mata).  De hecho, junto con Jessica Jones, era uno de los personajes con menos coreografías de peleas, ya que con empujar, lanzar o golpear con el puño, se quitaba de encima los obstáculos.

Eliminado Bushmaster de la ecuación, toca librarse de Mariah. Pero para ello debe plantearse un cambio de estrategia. Luke Cage evoluciona a un personaje mucho más prudente con respecto a los capítulos de la tanda anterior. Ahora reflexiona y piensa con astucia antes de actuar.

No solo vemos a un Luke más maduro, también están más trabajados los secundarios. No solo los villanos, sino también quienes acompañan al protagonista. Misty Knight por ejemplo resulta muy interesante con su nueva situación tras perder un brazo en el último capítulo de The Defenders. Siendo policía no puede hacer trabajo de campo y queda relegada a la oficina, donde se siente observada por sus compañeros. Sin embargo, gracias a Colleen Wing aprenderá a luchar de nuevo. Y además, gracias a Danny, Industrias Rand le fabricará un brazo biónico a su medida.

Un Danny Rand que por cierto aparece también en esta temporada para apoyar a Luke. Y la verdad es que la pareja funciona muy bien, hay química entre ellos, algo que ya se había visto en The Defenders.

También gana relevancia – aún más que en la primera temporada – la música y las continuas referencias culturales de personajes relacionados con Harlem. Sin duda todo ello sirve para crear un escenario perfecto. Una pena que no haya tercera entrega, porque la calidad de la serie iba en aumento.

También mejora notablemente la segunda temporada de Iron Fist con respecto a la primera. Aunque claro, no era muy difícil. Retomamos la historia de Danny Rand, quien ha estabilizado su vida con Colleen, ha dejado de estar tan presente en Industrias Rand y ejerce como justiciero ahora que Daredevil se ha retirado. Una vez fuera de la ecuación tanta trama corporativa (Danny nunca terminó de encajar en la empresa), ahora la historia trata de centrarse en el poder de Iron Fist. La serie encuentra su tono y su temática y se consolida como una serie sobre artes marciales.

Esta segunda temporada parece tener un objetivo claro y está mejor definida. Es verdad que el hecho de tener 10 capítulos y no 13 hace que quede menos espacio para alargar la trama innecesariamente, pero también da la sensación de que se trata de una temporada de transición que dirigida hacia un nuevo arco argumental en una tercera que no verá la luz. Y una pena, porque el último capítulo por una vez en toda la serie, despierta interés.

No obstante, aunque Iron Fist haya mejorado, sigue teniendo sus problemas. Y el principal es Danny Rand. No resulta atractivo, es soso y le falta chispa. De hecho, acaba convirtiéndose en un secundario totalmente eclipsado por el resto de personajes. Por ejemplo, destacan mucho más Colleen y Misty.

El gran problema al que tiene que hacer frente Danny en esta temporada es frenar una guerra de bandas en Chinatown. Sin embargo, mientras tanto, tiene que gestionar la animadversión que sienten hacia él dos personas a las que en otro momento de su vida habría considerado casi como hermanos: Joy Meachum y Davos. Ambos se han aliado para planear una venganza. Joey está dolida porque se ha quedado fuera de la empresa para la que ha dado su vida, así que contrata a Mary Walker, una ex-soldado de operaciones especiales con trastorno de personalidad que da mucho juego en la temporada. Davos por su parte se considera el digno heredero del poder del Puño de Hierro y quiere arrebatárselo.

Ward Meachum también interviene en esta temporada, aunque con su propio arco argumental que poco tiene que ver con la historia principal. Intenta enmendar su vida ahora que su padre ya no está en la foto intentando superar su problema de adicción. El personaje está bien configurado, pero creo que distrae de lo realmente importante: la pugna por ser el Iron Fist.

Que por cierto, he de reconocer que no creía que pudiera ser transferible. Es decir, lo es, pero pensé que había algún tipo de protocolo de sucesión. Durante toda la primera temporada, así como en The Defenders, Danny presume de ser el Iron Fist, de haber recibido un entrenamiento durante años para después ganar al dragón… Sin embargo, resulta que el poder se puede arrebatar con una especie de ritual. Independientemente de que quien lo vaya a recibir sea digno de poseerlo.

No obstante, el gran giro de todo esto es que el heredero no es Davos, ni siquiera Danny, sino que parece ser que la digna sucesora es Colleen, ya que es descendiente de Wu Ao-Shi, una Iron Fist del Siglo XVII. Pero justo cuando se ponía interesante llegó la cancelación.

La tercera y última temporada de Daredevil retoma la historia con un Matt Murdock que se está recuperando de lo ocurrido en The Defenders. Destrozado física y anímicamente tras la muerte de Elektra, se ha retirado al orfanato donde se crió y allí le está curando la hermana Maggie. Matt está dolorido, desorientado, sus sentidos fallan a ratos y tiene una crisis existencial. Por medio de flashbacks ahondamos en la historia de esta monja que está siendo un gran apoyo para el protagonista y que intenta convencerle que vuelva a tener fe en Dios y en sí mismo. Y descubrimos, oh, sorpresa, que es nada menos que su madre, que siendo novicia abandonó los hábitos para casarse con Jack Murdock y que poco después, tras padecer una depresión postparto, volvió a tomarlos.

No es el único secreto que se desvela en la temporada, ya que Matt decidirá ir a ver a Karen (quien cree que está muerto) y confesarle que es Daredevil. Los tres amigos se habían distanciado por los últimos acontecimientos, pero Murdock está decidido a poner en orden su vida y retomar aquella amistad. Esto sirve para conocer mejor no solo al protagonista, sino a los secundarios. Así, la serie se adentra en esta entrega en el pasado de todos ellos. Y descubrimos que Karen es un personaje muy complejo e interesante. Hay todo un arco argumental en que los vemos cómo los tres son más fuertes individualmente de lo que lo eran al principio de la primera temporada (todos han madurado), pero también cómo cuando se unen, son capaces de cualquier cosa. Como por ejemplo, vencer a Fisk.

Porque sí, el villano sigue haciendo de las suyas. Por un lado ha decidido hacer un trato con el FBI para eludir su condena. Les convence de que les va a dar información suficiente como para empapelar a un montón de gente, pero como siempre, está manipulando a su antojo. Además, ha descubierto que Matt es Darevil, por lo que intentará por todos los medios acabar con él. Y no le hace falta tenerlo delante, sino que comienza una campaña de desprestigio hacia el héroe de Hell’s Kitchen haciendo que otro le suplante y cometa todo tipo de crímenes.

Esta temporada supone un salto cualitativo con respecto a los anteriores. Por un lado, la trama está mucho más centrada gracias a capítulos que mantienen la tensión y tienen una buena estructura. No hay peleas de relleno porque falta guion, sino que siguen cierta coherencia. Por otro lado, los personajes están mejor desarrollados, por lo que vemos sus luces y sus sombras, sus conflictos… Un claro ejemplo es el de Matt, por supuesto, pero también el de Karen o Wilson Fisk, pero también el de los nuevos como son Ray Nadeem (el agente del FBI que intenta resistirse a la corrupción que le rodea) o Poindexter (la marioneta de Fisk que se pone el traje de Daredevil). Y finalmente, lo que hace de esta última entrega de Daredevil la mejor de las tres, es que mientras ha enfrentado a héroe  y villanos ha puesto sobre la mesa conflictos humanos como la soledad, la culpabilidad, la pérdida de la fe, la sed de poder, la corrupción… que llevan al espectador a la reflexión.

Aunque cancelada, también deja abierta la continuidad de la historia con la génesis de Bullseye, el alter ego de Poindexter.

Y en la última de The Punisher también vemos el nacimiento de un nuevo villano para nuestro protagonista más sanguinario: Puzzle.

Billy Russo, el que fuera amigo de Frank en Afganistán y se convirtiera en enemigo en la primera temporada, afronta esta nueva recuperándose de sus lesiones. Ha vuelto a ponerse en pie y guarda bastantes cicatrices en el cuerpo. Y no solo por fuera, sino también mentales, ya que no recuerda gran cosa de lo que le ocurrió. Sí que tiene sueños (o pesadillas) sobre los sucesos del tiovivo y le persigue la imagen de una calavera, pero de momento no consigue unir los puntos, algo que le tiene totalmente desestabilizado mentalmente. Apenas recibe visitas, tan solo de su psiquiatra y de Madani, que lo único que quiere es asegurarse de que no mejora.

Frank por su parte se ha marchado de la ciudad e intenta seguir con su vida alejado de los conflictos con la nueva personalidad que le han facilitado tras ayudar a capturar a Russo. Para en un bar de carretera, se toma una cerveza, intima con una de las camareras y tienen su momento de confesiones y casi de familia con el hijo de ella… parece que tiene el respiro que estaba buscando. Sin embargo, todo se tuerce cuando se cruza con Amy, una adolescente que está huyendo y acaba en ese mismo bar. Castle, con su capacidad de observación y entrenamiento, pronto detecta que pasa algo y se convierte en su protector.

La trama se bifurca entonces en dos problemas y dos villanos. Por un lado está Billy retomando su lado psicópata y por otro una secta que persigue a Amy. Y en medio The Punisher intentando pararlos a todos. La combinación de estos dos hilos conductores permite ahondar en dos Franks diferentes. Por un lado el más violento, el que ya estamos acostumbrados a ver, ese que no duda en disparar antes de preguntar. Pero por otro, se ve a un Castle más humano, más emocional, sobre todo cuando trata con Amy.

Para unir ambas historias están Madani y Curtis. Cuando en el tercer episodio (brutal todo el capítulo de acoso a la comisaría) Frank se ve descubierto y con Amy en peligro, acude Seguridad Nacional y vuelve a casa para investigar sobre los enemigos de la joven. Pero cuando llega y descubre que Russo está campando a sus anchas, recurrirá a su amigo Curtis para trazar una estrategia. Es una temporada más violenta y con más acción que la anterior. Los episodios ganan en ritmo y calidad, aunque fallan un poco los villanos. Por un lado los movimientos de Puzzle resultan un tanto repetitivos y por otro el sicario religioso resulta más espeluznante cuando no sabemos nada sobre él que cuando se ahonda en su historia.

A diferencia del resto de series, el final, aunque un tanto abierto, sí que podría ser conclusivo.

Y recientemente, llegó la última temporada de Jessica Jones, que retoma el carácter de la primera olvidando un poco el desvarío de la anterior (aunque ha servido para sentar las bases de esta). La investigadora ha ganado popularidad y ahora está desbordada de casos en su despacho. Incluso tiene una nueva asistente en el lugar que antes ocupaba Malcolm. En medio de la nueva rutina recibe una petición especial de Dorothy Walker: encontrar a Trish, con quien Jessica no mantiene precisamente una buena relación después de que matara a su madre. Así, la primera parte de la temporada gira en torno a Trish, en cómo ha cambiado su vida ahora que es una superheroína.

Las cosas no quedaron bien a finales de la temporada anterior y se masca la tensión entre ambas, sin embargo, Jessica no dudará en intervenir cuando cree que Trish se va a meter en problemas como consecuencia de su ceguera por ejercer de justiciera. Jones se empeña en que su hermana se mantenga al margen de las calles, pues considera que no está pensando antes de actuar, pero Walker lleva tiempo deseando tener poderes como para quedarse ahora cruzada de brazos. Por fin tiene lo que tanto ansiaba.

Esta primera parte sirve además para seguir los pasos de un Malcolm ahora independizado de Alias y de Hogarth y asociados, así como para descubrir en qué punto de su enfermedad se encuentra Jeri. En cuanto a los personajes nuevos, cabe destacar a Erik, cuyo poder es tener jaquecas cuando se encuentra próximo a alguien con maldad, con mal aura, con alma negra. Y por supuesto, poco a poco vamos conociendo al que será el villano, Gregory Sellinger, un psicópata cuyo interés es acabar con la gente con poderes. No es tan interesante como Kilgrave, aunque en cierta manera también juega con la mente de sus víctimas. Eso sí, a un nivel más mundano, jugando con la psicología y ahondando en las pasiones humanas. Gracias a su aparición Trish y Jessica iniciarán un acercamiento que servirá para limar asperezas y volver a ser las hermanas que eran, que se preocupaban la una de la otra y ayudaban en los peores momentos. El mejor ejemplo es cuando Jessica se encarga de limpiar y cuidar a Trish después de que esta intente asesinar a Sellinger.

Por momentos podría parecer que la serie se centra demasiado en Trish (no en vano sirve para presentar el nacimiento de su alter ego, Hellcat), pero en realidad la evolución de este personaje sirve para entender a Jessica y los pequeños cambios que esta ha ido incorporando a lo largo de los capítulos aceptando cada vez mejor su propio papel de superheroína. Con esta trama Jessica Jones vuelve a tocar los dramas personales y los momentos de oscuridad propios de la primera temporada. Sobre todo plantea la duda de si todo vale a la hora de acabar con el mal. Y pone como contrapunto a Trish y a Jessica. Mientras que la primera se deja llevar por su sed de venganza y acaba perdiendo el norte; la segunda sin embargo intenta mantener la cordura y gestionar mejor los problemas evitando repetir malas decisiones. Y por eso, pese a que le duela, manda a Trish a la cárcel.

Esta tercera temporada ha cerrado con unos personajes más maduros y ha conseguido mantener el interés a lo largo de los 13 capítulos a pesar de darle mayor importancia al dramatismo y menos a la acción. Y como en The Punisher, cierra con un final que bien podría ser definitivo, aunque también retomable en un futuro. Pero eso queda ya en manos de Disney.

Nueva Serie para ver: Señoras del (h)AMPA

Últimamente se está mejorando mucho en lo que a ficción nacional se refiere. Y prueba de ello es la recién estrenada Señoras del (h)AMPA, que fue premiada como mejor serie internacional en el MIPTV de Cannes. Yo he de reconocer que, aunque cuando vi el anuncio me pareció que apuntaba maneras, viniendo de Telecinco, tenía mis recelos. Sin embargo, confieso que me enganchó desde el primer momento y me arrancó bastantes carcajadas.

Esta nueva comedia nos presenta la historia de cuatro mujeres de barrio obrero y cómo un suceso accidental cambiará sus vidas. La primera de estas mujeres es Maite, interpretada por Toni Acosta, que está todo el día de acá para allá intentando vender robots de cocina a domicilio para poder llegar a fin de mes. Después, cuando llega a casa, tiene que lidiar con dos hijos que pasan de ella y con las tareas domésticas, ya que está separada y todo el peso recae sobre sus hombros. En el trabajo van a hacer recortes, por lo que tiene que mejorar sus ventas para conservar su puesto. Y no lo tiene fácil, pues su máxima rival es Elvira (Marta Belenguer), una mujer de clase acomodada, repelente y que vende Turbothunders 3000 como churros. Así, desesperada por la situación, aprovecha una reunión del AMPA para convocar una demostración de robot a la que se apuntarán Lourdes, Virginia (Nuria Herrero) y Amparo (Mamen García).

Lourdes, protagonizada por Malena Alterio, es la mejor amiga de Maite y todo lo opuesto a ella. Es una mujer decidida, con carácter y sin filtros a la hora de expresarse. Es administrativa en la sección de DNIs en la comisaría del barrio, donde también trabaja su marido Vicente, que es policía y con la que tiene una hija. Al igual que Maite, económicamente se encuentran en una situación crítica, pues recientemente los nuevos dueños del edificio en que viven (casualmente Elvira y su marido) les han enviado un aviso de desalojo.

Amparo (Mamen García) es vecina de Lourdes y Vicente y se encuentra en la misma situación. Además es la portera del bloque y cuida de su nieto Omar, ya que su hija, que parece que es actriz, se encuentra continuamente de viaje.

La cuarta protagonista es Virginia, interpretada por Nuria Herrero, la benjamina de las cuatro. Cajera de un supermercado, está casada con Carlos con quien tiene una niña de seis años. Además, está embarazada del segundo.

Son cuatro mujeres con las que es fácil empatizar. Alejadas de los clichés de madre perfecta, tienen trabajos precarios con los que apenas llegan a fin de mes, viven en edificios antiguos en barrios obreros, sus hijos son malhablados, contestones y no hacen caso, tienen que cenar cualquier cosa precocinada porque no les da la vida para hacer la compra o cocinar, se han teñir o depilar mientras realizan otras tareas, hacen malabares para poder acudir a las reuniones del colegio y apenas tienen tiempo para sí mismas… Son la cotidianidad de cualquier barrio obrero, con mujeres reales que intentan sobrevivir lo mejor que pueden mientras van sorteando los reveses del día a día.

Pero por si esa carrera de obstáculos que es la vida no fuera suficiente, todo se complica aún más cuando, durante la demostración del robot de cocina, un desafortunado accidente se acaba convirtiendo en asesinato. Porque sí, ha sido sin querer, pero todas tenían motivo para asesinar a la víctima y las pruebas parecen inculparlas, así que deciden tirar para adelante y deshacerse del cuerpo. Así, estas señoras del AMPA se convierten en las señoras del Hampa cuando entran en una espiral de actos delictivos para salvaguardar el secreto que les une.

Con este argumento la serie podría convertirse en un thriller, pero tiene un tono más cómico. En concreto de comedia negra, muy próximo al humor de Fargo, en que cualquier situación dramática e incómoda arranca la carcajada. Además, en algunos momentos recuerda a La Comunidad, de Álex de la Iglesia y a las mujeres que suele relatar Almodóvar. Es costumbrismo puro mezclado con drama, comedia y suspense.

Pero este equilibrio de géneros funciona bien porque está apoyada en unos buenos personajes, muy bien construidos, reales, como decía más arriba. Mujeres que ríen y que lloran, que sufren, que se desesperan, que se equivocan… pero que le echan un par de ovarios, se ponen el mundo por montera y tiran para adelante. No necesitan un trauma que las defina en su fortaleza. Y la elección del elenco es muy acertada. Todas y cada una de las actrices están sublimes. Interpretan con naturalidad y frescura a sus personajes, sobre todo Acosta y Malerio, quienes funcionan además muy bien juntas poniendo de manifiesto la diferencia de caracteres de Maite y Lourdes.

Señoras del (h)AMPA no es una comedia de chiste fácil, sino que es inteligente, divertida y con un toque gamberro, irreverente e incorrecto (pero sin faltar). Pese a que la duración del episodio es de más de una hora, consigue mantener bien el ritmo y el tono.

Por fin podemos ver en la televisión española en abierto y en prime time (si es que aún existe) una serie diferente, transgresora y novedosa. La primera temporada consta de 13 capítulos y ya desde antes de su estreno está renovada para una segunda, así que parece que tendremos señoras para rato.

Serie Terminada: The Big Bang Theory

Tras 12 temporadas y 277 episodios, hace mes y medio The Big Bang Theory ponía el broche final a las historias de Sheldon, Leonard, Howard, Raj, Penny, Bernadette y Amy. Y ya era hora.

La serie comenzó como una de tantas series cómicas basadas en amigos, con la particularidad de que los protagonistas eran unos científicos un tanto frikis a los que les gustaba pasar tiempo jugando a juegos de rol, hablando de cómics, de películas como Star Wars y Star Trek y, por supuesto, de ciencias. Estos amigos son Sheldon Cooper y Leonard Hofstader, doctores en física, que comparten piso y trabajan en la Universidad de Pasadena; Howard Wolowitz, ingeniero, y Rajesh Koothrappali, astrofísico. Completa el reparto Penny, que se muda al otro lado del rellano de Sheldon y Leonard.

No tenía mal planteamiento y resultaba entretenida. Cojeaba un poco al centrarse demasiado en Sheldon Cooper y en cómo se relacionaban los demás con él para no ofenderle. Y es que Sheldon, a pesar de ser un físico con una mente brillante para la ciencia, es nulo en lo que a relaciones personales se refiere. Tampoco hay que olvidar que se basaba en muchos clichés y que había demasiadas referencias científicas y del mundo de los juegos de rol, videojuegos o cómics que a veces hacía que una pudiera perderse. Pero bueno, pese a todo, tenía un cierto punto.

Sin embargo, estos males fueron a más a medida que avanzaban las temporadas. Sheldon cada vez era más insoportable y cada vez me creía menos que alguien pudiera mantener como amigo a una persona como él, tan egocéntrica y ególatra. Por otro lado, los personajes se iban caricaturizando cada vez más y en la tercera temporada llegó el típico giro de este tipo de series: emparejar a los personajes. Así, Leonard y Penny empezaron a salir y se incorporaron al reparto Bernadette y Amy, ambas científicas, quienes se convertirían en las novias de Howard y Sheldon respectivamente. Y The Big Bang Theory dejó de ser una serie de científicos frikis y se convirtió en otra serie más de parejas con gags repetitivos, chistes que no acompañan y unos personajes planos que apenas evolucionan, salvo para casarse y tener hijos.

Hace ya unas temporadas que me interesaba cada vez menos y he estado a punto de dejarla, pero el anuncio de que finalizaría con la 12ª temporada me llevó a verla hasta el final. Hay que darle las gracias a Jim Parsons por anunciar que quería dejar la serie porque ya no había más de donde rascar.

Quizá con el cierre en mente, los guionistas han sido capaces de recuperar un poco el tono inicial de la serie. Aún así, la temporada ha girado demasiado en torno a Sheldon y la nominación al Nobel de Física por una investigación conjunta con Amy. Sí que hay que reconocer que entre tanto Raj también ha tenido su parte de protagonismo desistiendo en su empeño de buscar pareja y poniéndose en manos de su padre, pero el resto de protagonistas han aparecido como comparsas a lo largo de estos últimos 24 episodios.

Como era de esperar Amy y Sheldon consiguen el Nobel, lo que lleva al colapso a Sheldon, quien lleva mal los cambios. Sin embargo, la reflexión que nos deja el final es que todo seguirá igual: el grupo seguirá con sus investigaciones, con sus charlas frikis, con sus quedadas, con sus cenas en el salón de Leonard y Penny, Raj seguirá buscando el amor… El único cambio es que por fin han arreglado el ascensor y que Leonard y Penny van a ser padres.

Y esto último me ha molestado especialmente. Ya no el hecho de que los personajes hayan seguido las típicas pautas de las sitcoms que mencionaba anteriormente, sino porque durante toda la temporada se estaba mostrando un camino diferente. Era una buena oportunidad para mostrar que no pasa nada si un personaje (o una pareja) decide no tener hijos. Penny parece tenerlo claro, no se ve como madre, no necesita esa “evolución”, es feliz como está. Sin embargo, la presión de Leonard (¡que incluso llama al padre de Penny para que le apoye!) y de sus amigos hace que ella se replantee si no estaba equivocada. ¿Por qué nunca se plantea al revés? ¿Por qué nunca se reflexiona sobre si los personajes quieren o están realmente preparados para ser padres?

De hecho es tremendamente insultante cuando no solo se incide en esta pareja, sino que unos capítulos antes ya Amy comienza a manipular a Sheldon para que este vaya enfocando el tema y un día le surja de repente que quiere tener hijos. Es más, en el episodio final rechina el momento cambio radical de la científica con el corte de pelo y cambio de estilismo. Sobre todo porque es un personaje que hasta el momento había pasado de los cánones de belleza. Acaba de ganar un Nobel pero parece que lo único importante para que evolucione es centrarse en su físico… Y no, todo esto no se arregla con el discurso feminista en la entrega de premios. Es lo que ocurre cuando metes un relato con calzador y no porque realmente creas en él.

No obstante, pese a los fallos de la serie, hay que reconocer que han sabido cerrarla bien, haciendo que no pase nada, pero que a la vez Sheldon reconozca la importancia de todos los que le rodean y le consienten tanta “peculiaridad”. Tanta paz lleve.

Serie Terminada: Juego de Tronos

Hace un mes que acabara Juego de Tronos y creo que ya es el momento en que se puede hablar de ella tras haber reflexionado sobre su final. Y también ha dado tiempo a aquellos rezagados para ponerse al día. De todas formas, por si acaso, a partir de aquí, puede haber SPOILERS.

Antes de nada he de confesar que no me senté a ver el piloto con mucha emoción. Mi pareja había empezado la saga literaria Canción de Hielo y Fuego hacía un tiempo recomendado por un amigo y, cuando salió la serie, propuso que viéramos el piloto como hacemos con tantas otras cada temporada. Sabiendo que era de corte fantástica y que no es una temática que me apasione especialmente ni en literatura ni en cine o televisión, pues ya iba en modo negación. El capítulo ya empezaba con los caminantes blancos y aquello no me despertaba especial ilusión, pero parece que el aspecto fantástico iba a ser bastante limitado al principio e iba a ir aumentando a medida que avanzara la historia, así que tenía esperanza de que el resto de la trama me enganchara para que lo demás pasara a un segundo plano. Para cuando quise darme cuenta me había encariñado de algún personaje y no podía creerme que Ned Stark hubiera sido decapitado.

Y sí, con aquello la serie despertó mi curiosidad al romper totalmente los esquemas y como era de esperar, acabé viéndola. Y ocho temporadas después, el final también me descolocó y he necesitado tiempo para tomar perspectiva y reflexionar si ha sido un buen final o no.

Para empezar, vuelvo a remarcar que yo no me he leído los libros, por lo que obviamente mi universo es bastante más reducido que el de un fan de la saga literaria. Como suele ocurrir, en la serie faltan muchos detalles, se han caído personajes y hay tramas que se han reorganizado, suprimido o reinventado, pero al final es lo frecuente en las adaptaciones y por lo que los lectores nos solemos quedar con las novelas (la única vez que no me ha ocurrido fue en The Handmaid’s Tale). Hay que aceptarlo como lo que es: una “serie basada en”. Por supuesto, entiendo que hay quien esperaba mucho más, pero hay que ser realistas y comprender que es difícil que una obra tan coral que se traduzca de un lenguaje literario a uno cinematográfico al 100%. El problema de la serie sin embargo creo que llegó cuando la serie superó a la trama ya escrita en la sexta temporada.

Y esto es algo evidente aunque una no se haya leído los libros. Llegó un momento en que la serie decayó. Y es que aunque el autor dio unas directrices sobre los puntos claves que tenían que ocurrir para llegar al final, el resto fue relleno de los productores. Aquí se notó que no había tanta coherencia, tantas horas de reflexión de la trama. No es lo mismo contar con 3000 páginas y reducirlas a un guion de una temporada de 10 episodios, que escribir desde cero. Todo se precipitó, parecía que lo único interesante era cerrar tramas y dirigirlo todo a un final. Por ejemplo, esto se veía claramente en los desplazamientos de los personajes. Así, mientras que en las primeras temporadas los viajes de los protagonistas servían para contarnos algo además del viaje en sí, en las últimas lo único que importaba era el destino.

Parece que Martin quería que se lo tomaran con más calma mientras él terminaba la saga, aduciendo que tenían material de sobra para seguir con la serie. Sin embargo, los responsables debieron pensar que el escritor iba demasiado lento (habrá que ver si no hace un Larsson) y que debían seguir su propio camino. HBO propuso a David Benioff y Dan Weiss cerrarla en 10 temporadas, pero ellos decidieron que mejor 8. Viendo que además redujeron los capítulos de las últimas temporadas (aunque con metraje más largo) me da que pensar que no querían alargar tanto tiempo la serie en gran medida porque querían cambiar de proyecto. Aunque también puede que tuviera que ver el aspecto económico. No es solo toda la producción que necesitaba en cuanto a lugares de rodaje, la cantidad de personal de grabación y postproducción que requería, sino que había que mantener a unos protagonistas principales que imagino que cada temporada querrían cobrar más dada la repercusión de la serie. Por no hablar de que los críos crecen, se convierten en adolescentes, adultos… y si alargas mucho el chicle, un personaje que se supone que tenía 15 años en la serie, acaba siendo interpretado por un actor de 40. No obstante, creo que el planteamiento de HBO era bueno. Con 10 temporadas de 10 capítulos cada una se habría cerrado todo con algo más de dignidad, sin tanta precipitación ni cabos sueltos.

Porque sí, llegamos a la última temporada y se convierte en una montaña rusa. Es verdad que Juego de Tronos fue siempre una serie (y unos libros) en la que parecía que iba a desatarse una gran guerra, pero que luego quedaba en pequeñas batallas en las que caían algunos personajes relevantes, como por ejemplo en la Boda Roja; sin embargo, creo que todos nos quedamos algo chafados con el capítulo 3 y la batalla contra los caminantes blancos. Tanto que el invierno iba a llegar, que si la gran amenaza de los muertos… y luego nos lo ventilamos en 80 minutos. No digo que no fuera un buen capítulo (yo no lo vi tan oscuro como otros se quejaron), pero me supo a poco. Entiendo que el primer episodio de la temporada fuera para reunir a todos los personajes, para poner las cartas sobre la mesa y hacer recuento de las tramas. También que el segundo fuera de preparación ante una gran batalla, de despedidas por si acaso no salen de ella; sin embargo, creo que la gran batalla podría haberse dividido en un par de episodios (al menos) manteniendo más aún la tensión.

De hecho, creo que de la temporada 6 y 7 se podrían haber sacado 3 temporadas, que la 9 podría haber tenido un arco centrado en la llegada de los caminantes, y finalmente la 10 para la batalla de los vivos. Por que sí, un capítulo para arrasar con Desembarco del Rey sabe a poco. Se echan de menos las conversaciones sobre tácticas de guerra, los tejemanejes, los engaños, las puñaladas por la espalda (metafóricas y literales) de las primeras temporadas. Porque sí, de eso iba Canción de Hielo y Fuego, de ambición, traición, violencia, sangre derramada, fuego que lo arrasa todo… De poder. ¿Y quién acaba siendo Rey? El más poderoso de todos, el que todo lo ve… Un Bran Stark del que nos habíamos olvidado mientras hacíamos quinielas entre Jon, Daeneys, Tyrion, Sansa o incluso Arya.

Nos habíamos despistado con otros personajes. Llegamos a la octava temporada con una Daenerys que a medida que ve más cerca el trono, se va volviendo más ciega de poder. Hay quien no quedó con esta progresión del personaje, sin embargo, tenía todo el sentido. Era de esperar esta evolución de la madre de dragones, pero no por su genética o ser hija del Rey Loco, sino por su obsesión por recuperar aquello que considera suyo. Desde pequeña le han contado historias sobre el Trono de Hierro arrebatado a su familia y ella tiene un objetivo claro: sentarse en él. El problema es que hemos empatizado con ella y su sufrimiento (vendida por su hermano, violada por Drogo, a punto de morir a mano de los Dothrakis… ) y que nos la creemos cuando se nombra a sí misma como rompedora de cadenas y emancipadora de los pueblos reprimidos. Pero si lo pensamos fríamente, realmente nadie se podría haber opuesto a ella. O sí, pero habría acabado calcinado, como los Tarly. Más que una libertadora es una conquistadora que cree que el fin justifica los medios, y por eso arrasa con Desembarco del Rey, no porque se haya vuelto loca. También contribuye mucho a que nos choque que se comporte así el hecho de que la temporada sea tan rápida.

Por otro lado, habíamos descubierto en la temporada anterior que Jon Snow en realidad no era un bastardo, sino Aegon Targaryen Stark, por lo que en realidad él sería el legítimo heredero al trono. Así, estaba bastante arriba en las apuestas. Sin embargo, volviendo la vista atrás, realmente es un personaje que tampoco ha hecho tanto. Por mucho que haya liderado a la Guardia de la Noche, a los Salvajes y haya convencido a todos de que había que unirse para luchar contra los caminantes blancos… lo cierto es que siempre ha ido a caballo de las acciones de otros personajes. No termina de llevar nunca la iniciativa. Y lo mismo le ocurre en esta última temporada. Sabe quién es, pero no quiere liderar. Es verdad que lo venden como que es por lealtad a su amada, que él no ansía el puesto y que ella es y siempre será su reina; pero en el fondo, sabe que Daenerys no está siendo lo justa que debería ser. Y no hace nada… pone cara triste y mira para otro lado. Y si no es por el empujón de Tyrion, él no hubiera acabado con la Khaleesi. Al final acaba exiliado en el muro (que no sé para qué hay Guardia si ya no hay caminantes) y viajando al norte con su amigo Tormund y el resto de salvajes.

Un cierre insulso para un personaje que se nos había vendido como un supuesto héroe. Tanto misterio sobre sus orígenes para luego no jugar la carta Targaryen y acabar como empezó. Jon Snow se me ha ido desdibujando con las temporadas, aunque creo que mucho tienen que ver las cualidades interpretativas de Kit Harington, que han desdibujado bastante a este supuesto héroe.

El final de Ayra que me pareció un poco simplón al acabar el último capítulo, ahora me parece que sí tiene coherencia. La pequeña Stark tenía claras sus prioridades desde pequeña, ella quería luchar, no jugar a las princesas como su hermana Sansa. Quería ser dueña de su vida, de sus batallas y no ser una consorte. Y lo consigue. Desde que ve cómo decapitan a su padre y huye, se forja a sí misma. Es un Hércules que ha de superar una serie de pruebas para volver a casa y acabar con el Rey de la Noche. No nos lo esperábamos, y sin embargo tiene todo el sentido que fuera ella quien le atestara la última puñalada.

Pero después de ese golpe de efecto, yo me esperaba algo más de acción en los últimos episodios, como por ejemplo que también hubiera acabado con Cersei, uno de los miembros de honor de su lista. Sin embargo, esta acaba muriendo sepultada bajo los escombros abrazada a su hermano Jaime en una escena un tanto simplona. Ambos personajes merecían una muerte más épica. Había otra oportunidad para Ayra en el último capítulo cuando ve en qué se ha convertido Daenerys, y más sabiendo quién es Jon. Pero aquí tampoco debieron considerar que era su momento. Entiendo que decidieron que le tocaba a Jon, pero la relevancia de Ayra se fue apagando y creo que merecía mucho más un personaje que ha hecho un recorrido tan largo. Por lo demás, entiendo que se vaya a ver mundo, va con su carácter aventurero. Ella nunca será una dama.

Quien no sólo es una dama, sino que se convierte en reina es Sansa, quizá uno de los personajes que más ha evolucionado en la serie. Comenzó como una niña que soñaba con cuentos de princesas y acabó siendo una mujer con un par de ovarios que ha defendido su casa y exigido su independencia.

Poco queda de aquella Sansa inocente que abandonó todo por un príncipe rubio de cuento de hadas que resultó ser un tirano, de aquella niña asustadiza que fue casada con el hermano odiado, de aquella adolescente que fue de nuevo casada con un perturbado y después acosada por un señor mayor que ya tenía obsesión con su madre…

Sansa comenzó siendo el claro estereotipo de la niña frágil, dócil, ingenua y guapa que se va a convertir en consorte. Lo único que se espera de ella es un matrimonio de conveniencia, que se comporte como una mujer florero y para muchos críos que perpetúen esa unión. Sin embargo, en determinado momento se adueña de su propio relato harta ya de la humillación, los golpes y la violación (tanto de su cuerpo como de su intimidad).

Creo que mucho tiene que ver la influencia de Cersei, una mujer que quería estar en el trono pero que por ser mujer, quedó relegada también a consorte siendo también ninguneada por su padre y marido. Sin embargo, supo encontrar su hueco y hacerse con el puesto. Sansa aprende de ese coraje y esa determinación porque no le queda otra. Así, pese a lo que sufre, deja atrás el victimismo y se erige como una gran estadista que se propone regresar a su casa y recuperar su reino. Y no cede ni ante Daenerys ni ante el consejo. Ella es la Reina en el Norte. Y sin haber masacrado a nadie (lo del Bolton no cuenta).

La evolución de Tyrion también es interesante. En su familia nadie le quiere ni le toma en serio (a excepción de Jaime), así que decide pasar de todo y decide vivir sus días en prostíbulos y bebiendo vino.

Pero llega un momento en que cambia y decide tomar las riendas y elegir bando en esta lucha por el poder. No obstante, llega a la temporada final dudando de si ha elegido correctamente a quién rendir lealtad e intenta darle la vuelta a la tortilla empujando a Jon a que mueva ficha. Sin duda también es un gran estadista, y así lo demuestra como mano de la reina (aunque también se equivoque en sus predicciones) y finalmente en la cumbre cuando propone a Bran como rey sentando así las bases de una nueva monarquía en la que el heredero no lo será por sangre sino elegido entre y por los nobles. Como decía más arriba, esto no lo habíamos visto venir y se nos quedó la misma cara que a Sansa. ¿Bran rey?

Pero ahí está Tyrion para exponer todo un alegato a su favor con una reflexión sobre la importancia de las historias. Y es que al final, quien cuenta la historia tiene el poder, ya que elige qué y cómo lo cuenta. Quien posee el relato de los sucesos, posee el poder. Y esto nos lleva a otra pregunta: ¿Bran Stark ya sabía que iba a ser rey? ¿Lo ha orquestado todo manejando al resto de personajes como si de marionetas se tratara? Recordemos que es quien le da la espada a Arya, quien insiste a Sam de que le cuente a Jon quién es, quien al final acaba descubriendo los orígenes Targaryen de este a sus hermanas… ¿Es por eso por lo que dice que no le corresponde ser Lord Stark? Porque luego ante la proposición de Tyrion bien que dice “por eso estoy aquí”. Hablaríamos entonces del mayor villano de todos.

En fin, muchas preguntas sin resolver, muchos cabos sueltos que se han quedado sin respuesta. Por ejemplo, ¿es en realidad Tyrion un Targaryen? ¿Quién era el rey de la noche? ¿Por qué no ardió? ¿Quién es la víctima de ojos verdes de Arya de la profecía de Melisandre? ¿Qué ha pasado con las cartas de Varys? ¿Sirvieron para algo? ¿Cómo puede ser que los Dothraki y los Inmaculados se vayan sin más? ¿Por qué nadie más reivindica su independencia cuando lo hace Sansa?

Supongo que nunca lo sabremos, porque aunque Martin acabe la saga, a saber los caminos que toma. Toca despedirse de este Juego de Tronos tras 73 capítulos con una moraleja bastante simplona. Mucho hablar de romper la rueda, pero en realidad acaba como empieza, con los nobles en el poder tomando las mismas decisiones. Y seguramente con conflictos dinásticos en el horizonte que conducirán de nuevo a una guerra de sucesión. Nada nuevo bajo el sol.

Serie Terminada: Casual

Tras acabar con Sense8, tocaba elegir serie finalizada. Después de lo profunda que había resultado esta última, había que aligerar un poco tanto en trama como en duración, así que retomamos Casual.

El piloto se presentaba como una dramedia sobre un soltero (Alex) que acoge en su casa a su hermana recién divorciada (Valerie) y a su hija adolescente. Juntos forman una familia disfuncional en la que la más madura parece ser Laura, de 16 años, aunque no por ello deja de tener los propios problemas de su edad.

Valerie es psiquiatra y en el aspecto laboral es bastante metódica, sin embargo, su vida se ha tambaleado cuando su marido le ha sido infiel con una mujer más joven y ahora necesita encontrarse a sí misma, saber hacia dónde quiere ir. Alex por su lado es espontáneo y descuidado. Ganó mucho dinero cuando co-fundó una web de citas y vive aparentemente sin preocupaciones en una casa enorme en una zona adinerada de Los Ángeles.

A pesar de sus personalidades tan dispares, están muy unidos como consecuencia de una infancia con unos padres un tanto despegados (por así decirlo). Ella es la mayor y siempre ha cuidado de su hermano, lo que hace que ambos tengan una cierta dependencia. Alex siempre busca el apoyo y consejo de Valerie en los momentos de bajón, y ella intenta estar siempre disponible para él.

Este trío protagonista sirve de hilo conductor para reflexionar sobre el mundo de las relaciones visto desde tres puntos de vista diferente. Y aunque el título Casual hace referencia a los encuentros sexuales, también toca las de pareja, de amistad o familiares. Sobre todo familiares.

Los personajes se caracterizan por su egoísmo. Están tocados emocionalmente y buscan definirse a sí mismos a la vez que intentan ser lo más opuesto posible a sus padres. Así, Alex y Valerie intentan encontrar una estabilidad que no vieron en el matrimonio de sus progenitores, quienes tuvieron una relación abierta; mientras Laura no quiere comprometerse porque ha visto cómo el “hasta que la muerte os separe” de los suyos no ha funcionado.

Si bien es cierto que la serie parece tener un tono casual y cotidiano, con escenas un tanto ligeras y bastante alejado de lo trascendental; no tiene mucho que ver con las típicas series de familias heterogéneas en las que hay un conflicto que acaba solucionándose a final del capítulo con todos sonrientes y felices. En Casual tenemos una familia disfuncional y dependiente, que se enfada y que sufre. Los conflictos no ocurren para darle una resolución positiva, sino realista. A medida que pasan los capítulos se va desmarcando de esta premisa inicial liviana y va construyendo cada uno de los personajes y sus complejas tramas emocionales. Según va avanzando la primera temporada va tomando un cariz más dramático  y acaba estallando en los dos últimos episodios.

La primera temporada sirve para conformar a los personajes y su nueva cotidianidad. El espectador los va conociendo a medida que ellos mismos exploran su interior. En la segunda sin embargo, aunque se sigue con la dinámica de la rutina diaria, la trama da un paso más. Si en el capítulo inicial quien se sentía rota era Valerie, en la segunda tanda es Alex quien pasa por su peor momento. Sin embargo, esto le servirá para descubrir que su problema es que se boicotea a sí mismo tanto en lo personal como en lo profesional. A partir de ahí tendrá que decidir qué cambiar, pero por lo menos ya sabe cuál es su punto de partida.

Valerie por su parte ya no solo piensa en qué tipo de relación quiere en su vida, sino que va más allá y se plantea qué vida quiere vivir. Pasa por toda una crisis existencial que le lleva a buscar su propia casa y mudarse de la de su hermano.

Laura también ha pasado por lo suyo. Tras el colapso a final de la temporada anterior decide no volver a su instituto y probar con una educación algo más flexible. En el nuevo centro hará nuevas amistades y afrontará nuevas relaciones sin compromiso. Es interesante además cómo busca específicamente conectar con un chico que está enfermo y tiene los días contados. Como si de esta manera pudiera proteger sus sentimientos.

En la tercera temporada los tres personajes intentan coger las riendas de su vida. A los dos adultos la muerte de su padre les supone todo un punto reflexión, sobre todo para Valerie, que descubre que en realidad no era su padre biológico y que tiene un medio hermano en Fresno. Laura por su parte sigue intentando encontrar su camino no solo personal, sino profesional.

La cuarta arranca con un salto temporal, un recurso que se suele utilizar para no estancarse en la trama y que sin embargo aquí creo que se usa como excusa para presentar la evolución de los personajes antes de cerrar la serie. Laura regresa a Los Ángeles con su nueva novia tras dos años viajando por el mundo, Alex es un padre entregado y Valerie ha decidido dejar su consulta psiquiátrica para abrir una vinoteca. Aparentemente los tres han reflexionado sobre sus conflictos, se han enfrentado a sus carencias y han madurado. Sin embargo, a pesar de que es innegable que han dado un paso adelante, todavía les queda un último empujón.

Esta última temporada sirve para dar un buen final a unos personajes que han sufrido mucho y han ido sumando experiencias con gran carga emocional. En este viaje han aprendido a gestionar sus sentimientos, se han liberado de ataduras y han aprendido a tomar decisiones. Seguirán cometiendo errores, pero ahora sabrán cómo enmendarlos. Y sobre todo, se tendrán los unos a los otros.

Me gusta que Laura y sus problemas son tratados con la misma seriedad que los del resto de los personajes huyendo de la mirada adulta condescendiente.

El piloto me atrajo por el tono sarcástico, por unos personajes imperfectos y por unas situaciones un tanto surrealistas. Pensaba que iba a ser una serie más ligera, sin grandes ambiciones; sin embargo pronto muestra su profundidad tocando temas como el amor platónico, el sexo casual, la influencia de los padres, la infidelidad, la muerte… Y siempre con naturalidad. Su mayor virtud es cómo consigue exponer las emociones complejas en medio de las situaciones cotidianas, así como que no quiere la cosa.

Serie Terminada: Sense8

Cuando vi el piloto de Sense8 me quedé con una sensación agridulce. Por un lado me parecía un tanto estereotipada y floja en cuanto a diálogos, mientras que por otro creía que merecía una oportunidad por el argumento y el hecho de que las Wachowski estuvieran detrás. A punto estuve de no verla, pues Netflix decidió cancelarla tras la segunda temporada por su alto coste dejándola totalmente abierta. Sin embargo, la insistencia de los fans en las redes con la campaña #RenewSense8 consiguió que al menos se le diera un final. Lana Wachowski (Lilly abandonó el proyecto en la segunda) ya tenía pensada la tercera temporada (de hecho tenía pensado que la serie durara cinco) por lo que concentró en un episodio de 150 minutos todo el material para darle un cierre digno. Ante tal noticia decidí rescatarla y darle una oportunidad.

Recordemos que Sense8 se centra en la historia de ocho personas repartidas por el mundo que tras visualizar el suicidio de una misteriosa mujer comienzan a descubrir la capacidad para comunicarse entre ellos. Estos ocho personajes son:

  1. Will Gorski: policía de Chicago,
  2. Riley Blue: Dj islandesa afincada en Londres y metida en drogas,
  3. Nomi Marks: hacker y bloguera residente en San Francisco. Es transexual y comparte su vida con su novia Amanita,
  4. Capheus Onyango: conductor de autobús de Nairobi que intenta conseguir dinero para conseguir medicamentos para su madre enferma,
  5. Sun Bak: hija de un importante empresario de Seúl que no es tomada en serio en su trabajo por ser mujer,
  6. Wolfgang Bogdanow: ladrón de cajas fuertes berlinés,
  7. Kala Dandekar: científica de Bombay que está prometida con un compañero de trabajo, y
  8. Lito Rodríguez: actor mejicano con ascendencia española que siempre interpreta héroes masculinos mientras que lleva en silencio su homosexualidad y oculta a su novio Hernando.

Todos ellos han nacido un 8 de agosto y pertenecen a la especie homo sensorium, algo así como una mejora del homo sapiens que tiene la habilidad de compartir conocimientos, sentimientos, emociones, pensamientos y experiencias con los miembros de su clan. Pueden comunicarse teletransportándose físicamente donde se encuentren los otros independientemente de que se localicen a miles de kilómetros de distancia.

En la primera temporada la trama avanza lenta y rápida a la vez. Lenta porque, al igual que los personajes, no terminas de entender qué es lo que está pasando; y rápida porque a pesar de no comprender qué significan esas visiones, esas experiencias, esas conexiones con otras personas, los personajes tienen que protegerse y escapar de una misteriosa organización mundial (con el villano Whispers a la cabeza) que pretende acabar con ellos. A su favor, aparentemente, cuentan con la ayuda de Jonas, otro “sensate”.

Aunque cuesta un poco abarcar cada uno de los caracteres y sus tramas, va haciéndose más fácil a medida que van pasando los capítulos y los 8 se van interrelacionando entre ellos. De hecho, son los momentos en que uno está en problemas y otro acude a ayudarle los más divertidos. Este toque cómico sirve para aligerar la tensión dramática y poco a poco te metes en la historia y acabas enganchándote.

La segunda temporada arranca con un especial de Navidad de dos horas de duración que sirve para hacer un repaso de los dos años entre ambas tandas. Tras este episodio la trama se centra en cómo los ocho protagonistas, que ya han comprendido su realidad y han ido conectando entre ellos, unen fuerzas para acabar con Whispers y la BPO (Biological Preservation Organization), la organización donde este trabaja. Nomi y Amanita están escondidas, así como Will y Riley. Wolfgang (con nuevas amistades -y enemistades- en sus círculos mafiosos) y Sun siguen intentando sobrevivir. Kala y Van Damme consiguen prosperar en sus trabajos. Lito sin embargo ha visto cómo su carrera profesional se ha venido abajo tras salir a la luz su orientación sexual.

Mientras que la primera temporada dejaba una sensación de caos por ese desconocimiento de la trama y los personajes, en la segunda, ahora que ya sabemos de qué va la historia, Sense8 se centra en explorar el mundo de los homo sensorium. ¿Cuántos hay? ¿De qué son capaces? ¿Por qué los persiguen? Miles de preguntas que responder. La serie sube un peldaño profundizando en los personajes, sumando más sentimientos, más conexiones, más historias personales, más misterio y, sobre todo, más acción, ya que no hay capítulo sin persecuciones, peleas, explosiones…

El cierre de 150 minutos pretende resolver todo aquello que quedó en el aire en el final de la segunda. Lo vendieron como una película, pero es muy largo para ser un filme y a la vez muy corto para resumir la trama que estaba planteada para unos 10-12 episodios. Todo se vio precipitado, tanto el tener que atar todos los cabos sueltos, como reunir a todos los personajes (no solo a los 8 protagonistas, sino a los secundarios), algo que imagino que estaba pensado ya no para una tercera, sino para el final de la quinta temporada.

A la falta de tiempo se une un recorte presupuestario, lo que se nota en cómo se han resuelto algunas escenas y tramas. Aunque sigue habiendo cambio de escenario, ya no es momento de rodar en ocho localizaciones tan alejadas entre sí. A mí personalmente me faltó algo más de acción y me sobró buena parte de la media hora final con la boda en la Torre Eiffel. Me da la sensación de que lo único que se pretendía era llegar al corazón de los fans. Con todo, aún así, el capítulo final consigue cerrar la serie de una forma digna dejando el mensaje de que el amor todo lo puede, amor vincit omnia.

Sense8 me ha recordado en cierta manera a Orphan Black. Ambas son series de ciencia ficción en las que una organización misteriosa quiere hacerse con los protagonistas (sean clones o sensates) con fines supuestamente científicos y en ambas el mensaje que subyace es la importancia de la familia. Una familia que no tiene que ser necesariamente de sangre, sino aquella que se elige. Aquella en la que los kilómetros no importan cuando alguien precisa de ayuda o consejo.

Sense8 narra el viaje personal de cada uno de los protagonistas. Expone sus traumas, sus conflictos, sus dudas, sus debilidades… y si consiguen avanzar es gracias a los lazos creados con el resto de personajes. Y es a través de esta transformación personal que se sirve para poner en el centro del relato la diversidad sexual, la multiculturalidad y hablar de derechos y libertades.

Profundiza en la homofobia con la salida del armario de Lito y en la transfobia con el rechazo de la familia de Nomi (sobre todo de la madre) a aceptarla como mujer. No obstante, aunque hay algo de estereotipos, no es algo que defina a los personajes a la hora de relacionarse con el resto de protagonistas. Lito es para los demás el actor mejicano, no se le define por ser gay. Y Nomi es la hacker que les puede ayudar en la huida. Las parejas de ambos son aceptadas en el clan sin ningún tipo de pregunta o comentario. No hay prejuidios. La sexualidad (y el sexo) se tratan con naturalidad y sensibilidad. Y aquí se ve el toque de las Wachowski. Imagino que hay mucho de experiencia personal, de cómo han vivido algunas situaciones y de cómo les hubiera gustado que hubieran sido.

Del mismo modo se afrontan las diferentes razas y nacionalidades. Obviamente la cultura en la que uno crece determina mucho en cómo es ese individuo, pero no se usa como elemento discriminatorio, sino como algo que enriquece al grupo. A lo largo de la serie, cada personaje sirve para reflejar el mundo diverso en el que vivimos. Además, estas localizaciones van en armonía con cada protagonista y el entorno forma parte importante de la historia. No es lo mismo la fotografía en Bombay que en Chicago, en Islandia que en Kenia. Cada historia tiene un espectro diferente, lo que permite diferenciar claramente cada lugar.

No obstante, con tanta diversidad cultural, he echado en falta que se hubiera usado más cada uno de los idiomas locales (español, keniata, coreano, alemán o incluso islandés). Entiendo que tiene más que ver con una cuestión práctica pues los subtítulos pueden llegar a despistar de la trama, pero creo que le habría aportado un toque más personal aún. Podrían haberle sacado algo más de partido al elenco internacional.

Pero en realidad es un pequeño detalle, porque por lo demás, la verdad es que la serie me ha gustado bastante. Tanto por la trama, los personajes,  los actores, las localizaciones, la fotografía y el mensaje que subyace. Aunque terminó antes de tiempo, se ve que había unas pautas, una idea preconcebida de hacia dónde quería ir la historia. Y por lo que pude ver en los extras, muy muy cuidada en la técnica. Y es que aprovechaban los viajes de un lugar a otro para rodar. Como por ejemplo el vuelo de Londres a Reikiavik. Muy interesante también cómo aprovechaban para de una sola toma grabar a varios personajes cuando se intercambiaban.

Una pena que no consiguieran hacer las cinco temporadas para que la historia hubiera sido menos precipitada hacia el final, pero aún así, merece la pena.

Serie Terminada: Catastrophe

Cuando hace unos tres años vi el piloto de Catastrophe enseguida me enganché. Los escasos 23 minutos que duró el capítulo me supieron a poco y ahora que ya he visto la serie completa (los 24 capítulos) he de decir que sigue quedándose corta.

Recordemos que Catastrophe comenzaba con un embarazo inesperado como consecuencia de unos encuentros causales en Londres entre Rob, un ejecutivo de Boston y Sharon una profesora irlandesa. Cuando deciden seguir adelante con el bebé, el estadounidense se muda a la capital inglesa para formar una familia.

Dinamita así ya de inicio todos los parámetros y estereotipos de las comedias románticas que estiran cual chicle una tensión sexual no resuelta que acaba resolviéndose como conclusión de la trama. Lo que podría haber sido el “y fueron felices” de cualquier otra ficción, aquí es el inicio de un viaje por la vida real. De conocer a los amigos y familia del otro, de descubrir manías y defectos… pero también de enamorarse poco a poco.

Porque sí, los protagonistas se enamoran. No lo hacen a primera vista, ni con fuegos artificiales, sino de una manera natural y cotidiana. Porque el amor no es como lo venden en la ficción (sea película, serie, novela o cuento de hadas). Por el contrario una relación de pareja (como cualquier otra) tiene sus altibajos, sus influjos externos, sus malentendidos… y ha de basarse en la amistad y el respeto.

Catastrophe refleja las dificultades de la vida real y deja fuera el idealismo. Construye un relato auténtico sobre las relaciones humanas, la familia, el amor y el matrimonio que va evolucionando a lo largo de las cuatro temporadas como lo hacen los personajes. En la primera tanda de episodios se centra en presentarnos a los protagonistas, sus entornos y su reciente relación. Con un toque cómodo vemos cómo construyen la pareja a la vez que asimilan su futura paternidad. En la segunda temporada damos un salto temporal para ver la llegada de una segunda criatura. En la tercera vivimos tiempos de crisis y un tono mucho más fatalista y triste con la recaída de Rob en el alcohol. Finalmente en la cuarta tenemos un afianzamiento de la familia. Rob y Sharon siguen teniendo sus problemas y sus debilidades, pero funcionan bien cuando colaboran juntos para solucionar cualquier obstáculo. Es una temporada muy emotiva que vuelve al humor de sus orígenes y supone un perfecto broche final con un nuevo embarazo y la proposición de Sharon de mudarse a Boston.

El éxito de la serie es su naturalidad para tratar cualquier tema, su tono atrevido y directo, las referencias culturales y los ácidos diálogos. Juega con el equilibro entre la comedia y el drama y a veces te lleva de la risa al dolor en un instante. Y viceversa, porque incluso en los momentos más tristes consigue arrancar una sonrisa (o incluso carcajada), como en el funeral del padre de Sharon o en el de la madre de Rob.

Pero si algo destaca por encima de todo son los personajes (también los secundarios) y la química que hay entre la pareja protagonista. Horgan y  Delaney han sabido llevar a la pantalla esa conexión que descubrieron un día hablando en twitter y le han dado forma aportando experiencias personales. Logran que el espectador empatice con Sharon y Rob.

Catastrophe tiene algo que engancha con ese humor cínico y ese reflejo de la cotidianidad y los defectos del ser humano. Sin duda todo un acierto y una pena que haya durado tan poco. Los británicos y esas manías suyas de unas temporadas tan cortas. Quedará en nuestro recuerdo.