La voz más alta

Roger Ailes está de moda. En diciembre de 2019 se estrenó en los cines El escándalo (Bombshell), que narraba la historia de la caída del magnate empresarial desde el punto de vista de las más de 20 trabajadoras que presentaron sendas demandas de acoso sexual contra él. Un poco antes, en los meses de julio y agosto, Showtime había estado emitiendo La voz más alta (The Loudest Voice), una miniserie de 7 episodios basada en el libro The Loudest Voice in the Room del periodista del New York Magazine Gabriel Sherman, que también estaba centrado en este siniestro personaje.

Desde la publicación del libro en 2014 había habido interés en llevar la historia a la televisión, sin embargo, no fue hasta 2017, cuando murió Ailes, que el proyecto pasó a verse como una realidad (supongo que desapareció de la ecuación el temor a una demanda) con Tom McCarthy a la cabeza, todo un experto en narrar historias reales (The Wire, Spotlight, Por trece razones).

Mientras que la película se centraba en la perspectiva de las mujeres que sufrieron los abusos de Ailes, The Loudest Voice lo hace en la carrera del magnate. La serie arranca con su muerte a los 77 años por hematoma subdural para después retroceder hasta 1995, momento en que fue despedido de la cadena de noticias CNBC y se pasó a la competencia creando el canal de noticias Fox News, una plataforma a su medida para difundir sus ideas ultraconservadoras. Así, durante el primer capítulo se narran los meses previos al lanzamiento del canal. Este primer episodio sirve tanto para conocer el contexto histórico, económico e informativo del país, como para introducir a los personajes que rodeaban a Ailes. Y gracias a su ritmo y a un clima de expectación consigue mantener al espectador pegado a la pantalla.

A partir de ahí, cada uno de los episodios reconstruirá una fecha concreta en la vida del protagonista entre la llegada al canal de Murdoch en 1995 y su fulminante destitución tras las denuncias por abuso sexual en 2016. En algunas ocasiones se tratará de momentos importantes a nivel personal mientras que en otras lo será a nivel profesional. Aunque también es cierto que muchas veces ambas facetas irán de la mano. Como consecuencia de la selección de estos hitos, quedará reflejada tanto la política de Estados Unidos como la internacional (11S, llegada de Obama al poder, la campaña de Trump…) y el tratamiento informativo que le dio la Fox News.

El reparto de la serie está lleno de actores de renombre, aunque la mayoría del elenco aparece casi irreconocible bajo la caracterización por la que han pasado para parecerse a las personas reales que interpretan. Rossell Crowe es el encargado de meterse en la piel de Roger Ailes, un hombre que desprecia profundamente a las mujeres y las trata como objetos. Y, aunque no conozco al personaje original, lo cierto es que el actor consigue provocar toda la repugnancia y desprecio posibles hacia este empresario machista, egoísta y sin escrúpulos. Se come la pantalla y logra que todo gire en torno a él.

También está irreconocible Sienna Miller, que se mete en el papel de Beth Tilson, la esposa del magnate. Ambos se conocieron en la CNBC, donde trabajaron juntos, aunque pronto abandonaría su carrera profesional para convertirse en ama de casa y ejercer de madre del hijo que tuvieron en común. Con la misma mentalidad católica y conservadora que Ailes, es el paradigma de la servicial y amante esposa, siempre mostrando apoyo sin fisuras a su marido. Completan el reparto Naomi Watts como Gretchen Carlson, quien destapó todo el sistema de abuso tras ser despedida, Annabelle Wallis como Laurie Luhn, la primera trabajadora que fue acosada sexualmente por Ailes, Seth McFarlane como Brian Lewis, director de la cadena y  Simon McBurney como Murdoch.

The Loudest Voice atrapa gracias a sus diálogos claros e inteligentes en los que obvia la terminología técnica. El hecho de no conocer a los personajes reales no impide disfrutar de ella, ya que, abusos sexuales aparte (quedan en un plano muy secundario en la serie), en el fondo sirve para entender los entresijos de la política informativa de las grandes cadenas. Es un decálogo de la manipulación de los medios de comunicación y de cómo la audiencia está por encima de todo, incluso de la veracidad de la información. Una serie de máxima actualidad en todos sus aspectos.

Serie Terminada: Orange is the new black

Orange is the new black se basa en la historia real de Piper Kerman, una urbanita, casada y con planes de futuro que, después de que una cómplice la delate, se encuentra con que ha de cumplir una condena de 15 meses por un delito de blanqueo de dinero unos años antes. La creación de Jenji Kohan fue la sorpresa de la temporada en su estreno en Netflix allá por 2013 con su estilo tragicómico y su elenco coral. Y es que aunque se basa en el libro que escribió Kerman tras su paso por la cárcel, ella no es protagonista absoluta, sino que hay más de una veintena de personajes diferentes, cada uno de ellas con sus circunstancias, sus problemas, sus matices y sus caracteres. El punto en común es que todos tienen que sobrevivir entre rejas.

La primera temporada se centra sobre todo en presentar a las mujeres que comparten la prisión y se alterna el presente con los flashbacks para completar sus historias. Se va rotando así el protagonismo entre todas ellas y permite al espectador adentrarse de lleno en la serie. En las siguientes temporadas se mantiene esta dinámica y, aunque pierde la novedad, mantiene la frescura gracias a la introducción de nuevos personajes y a su tono. Orange is the new black ha jugado siempre muy bien con el humor negro, sobre todo explotando la vis cómica de las situaciones a las que se ha ido teniendo que enfrentar la chica pija de Brooklyn. Sin embargo, poco a poco la serie va evolucionando y se plantea una explícita denuncia social poniendo en el centro el sistema de prisiones estadounidense y por extensión a las políticas neoliberales.

El cambio comienza a verse cuando en la tercera temporada la cárcel pasa de ser pública a privada y por tanto se comienza a mirar cada céntimo que se invierte en ella: aumenta el ratio de reclusas por personal, se recorta el presupuesto de limpieza o comida, se aprovecha cada centímetro de los espacios comunes, se eliminan actividades… Y aunque las cosas van cambiando poco a poco, estas nuevas medidas generan un clima de tensión (alimentado además por guerra de bandas) en el que tan solo hace falta una chispa para que todo salte por los aires. En este caso la mecha se prende con el asesinato de Poussey a final de la cuarta temporada. En realidad es accidental, sí, pero es la consecuencia de la deshumanización de las reclusas y de reducirlas a números en una tabla de excel o balance. Y por desgracia, algo que sigue ocurriendo a día de hoy como hemos visto en Mineápolis con George Floyd.

Y con este ambiente de ira, rabia y sensación de injusticia estalla el motín.

La quinta temporada rompe totalmente la serie creando una nueva narrativa. Pretende mostrar un arco argumental principal cerrado en el que la acción se desarrolla en 72 horas de revuelta. Sin embargo, quiere hablar de tantas cosas que se pierde. Y lo más importante, pierde el tono que la caracterizaba subiendo el drama y bajando la comedia. Ni siquiera el concurso de talentos en el 5×04 arranca la sonrisa.

Quizá es porque lo que está contando es demasiado serio como para aceptar frivolidades. O quizás porque se le da protagonismo a algunos personajes insufribles. Además, durante toda la temporada da la sensación de que no va a ir a ningún lado. El sistema se convierte en el principal villano (aunque en cierta manera ya estaba ahí de fondo) y no tienen ni la más remota posibilidad de ganar. Sabes que, si alguien sufre las consecuencias del incidente, desde luego no van a ser los guardias. Y así ocurre. Cuando el motín es sofocado las reclusas son separadas en dos grupos y trasladadas a dos cárceles diferentes. La serie sigue a las que son enviadas a la de máxima seguridad, una que está dividida por bloques y, de alguna forma, por clases. Cada uno de los sectores de este centro penitenciario cuenta con un color de uniforme diferente, lo que crea ya un sistema de bandas. Las protagonistas se encuentran de nuevo en la casilla de salida creando lazos para sobrevivir en un nuevo entorno con nuevas presas y nuevos guardias.

Aunque la serie intenta avanzar tras el motín y resetearse introduciendo esta nueva cárcel y nuevos personajes, lo cierto es que es la peor temporada de todas. No atraen las dos nuevas villanas, dos hermanas que entraron en la cárcel hace mil siglos por haber matado a su hermana pequeña. Su historia no se sostiene, como tampoco la de sus secuaces Malison o Papi. Tan solo resulta interesante la trama de Taystee, acusada injustamente del asesinato del guardia Piscatella, que muestra de nuevo cómo no se puede luchar contra el sistema (en este caso judicial).

La séptima y última temporada recupera un poco el tono de la primera volviendo a poner en el centro a Piper, quien, por una suerte de carambola, es puesta en libertad. Orange Is the New Black vuelve a sus orígenes mostrándonos a una protagonista perdida. Esta vez está libre, pero preferiría estar presa para no estar lejos de su pareja, además, la reinserción no es nada sencilla y no sabe ni por dónde empezar a poner en orden su vida.

Paralelamente seguimos conociendo el rumbo del resto de protagonistas. Esta temporada recupera el nivel de la primera temporada mostrando la evolución de cada una de ellas para darles un cierre. Algunas han encontrado un propósito en su vida, otras han tirado la toalla. Orange Is the New Black no pretende ofrecer un final feliz. Muy al contrario. Deja claro que, por mucho que se intente cambiar el sistema, la casa siempre gana. Lo que sí procura es al menos mostrar un epílogo de cada una de ellas en su lucha con el gran antagonista: el Sistema. Sin embargo, pese a que vuelve a sus orígenes de alguna forma, también ha evolucionado. En esta ocasión abandona el tono más o menos amable que tenía en sus inicios para usar uno de crítica social bastante serio. Y lo hace gracias a un elemento nuevo: el de los Centros de Internamiento de Extranjeros que alude claramente a la política migratoria de Trump. La entrada de PolyCon (la empresa propietaria de Litchfield) en el negocio de los centros de detención de inmigrantes permite que la serie muestre una cara más cruel aún del sistema mostrando lo bien que casan el neoliberalismo y las políticas fascistas. Lo importante es ganar dinero, no importa cómo se consiga.

Orange Is the New Black ha sido una serie con sus altibajos, no obstante, ha brillado más en aquellos momentos en que se ha centrado en las relaciones humanas de las protagonistas. Ha desplegado un catálogo de personajes femeninos de lo más variopinto que le ha permitido romper los esquemas a los que estábamos acostumbrados en la ficción o la literatura y explorar posibilidades narrativas que hasta la fecha no se habían puesto sobre la mesa. Por una vez no se trataba de mujeres sin nombre ni personalidad que solo eran apéndices de los protagonistas masculinos (madre, hija, hermana, novia…); en OITNB se podía encontrar desde la más noble e inocente a la más malvada pasando por miles de caracteres con cientos de matices. En ellas hemos encontrado historias de fracaso, de superación, de pérdida pero también de emprendimiento. No había dos personajes iguales, cada una tenía su propio universo independientemente de su clase social, su color de piel, su edad, su talla, sus adiciones, sus problemas mentales o su orientación sexual (definitivamente ha dado mucha visibilidad al colectivo LGTBI). Y ha funcionado bien gracias a una buena elección de actrices, la mayoría de ellas poco conocidas pero cuya carrera ha despegado tras su paso por Litchfield, muestra de que la serie no ha pasado desapercibida.

Nueva serie a la lista “para ver”: Baron Noir

Hace unos cuatro años, cuando parecía que el género político estaba en decadencia, Canal+ estrenó Baron Noir, una serie que narra los entresijos más oscuros de la política: corrupción, prevaricación, blanqueo de capitales, chantajes, compra de votos, financiación ilegal, manipulación, traiciones, venganzas… Se centra en la historia de Philippe Rickwaert, miembro del Parlamento y el alcalde de Dunkerque (ciudad industrial del norte de Francia), quien inicia un camino de venganza personal contra su compañero de partido y candidato a la presidencia del país, Francis Laugier, después de que este le sacrificara para proteger su propia campaña.

La trama arranca cuando, entre las dos rondas de la elección presidencial, Rickwaert recibe el chivatazo de que la policía judicial está investigando la financiación ilegal de la campaña del Partido Socialista y de que van a hacer un registro en su sede. Inmediatamente, y a contrarreloj, intenta recopilar el máximo dinero posible para ocultar ese desfalco y desprenderse de todas las pruebas que los incriminen. Sin embargo, todo se enturbia cuando el tesorero de su oficina, presionado para asumir la responsabilidad, se suicida. Es aquí cuando Laugier aparta a Rickwaert y se inicia una guerra entre ambos por hacerse con el poder del partido y salir impunes de cualquier acusación judicial. Philippe, que ha hecho toda su carrera en el Partido Socialista, se siente traicionado y recurre a sus conexiones gestadas durante años para ganar las luchas políticas en contra de todos aquellos que le han dado de lado. Su mayor aliada será Amelie Dorendeu, la consejera del candidato.

Este inicio recuerda mucho a House of Cards cuando Frank Underwood no consigue el puesto de Secretario de Estado que le habían prometido y comienza una cruzada contra sus enemigos en la que no le importa mancharse las manos de sangre. Philippe Rickwaert tiene un poco de Underwood, es un personaje que viene de humilde origen obrero y ha pateado las calles, los sindicatos y asociaciones, sin embargo no quiere quedarse en el ámbito municipal, sino que aspira a estar en lo más alto. Llegados a este punto, no se trata tanto de motivaciones económicas, sino que está cegado por la erótica del poder y le da igual que caiga quien caiga siempre y cuando él consiga su objetivo.

Es curioso cómo series sobre un tema como la política, que a priori a mucha gente le resulta aburrido, han conseguido despertar el interés de un buen número de espectadores. En este caso, Baron Noir ha recibido muy buenas críticas a nivel nacional, pero también internacional, gracias a su retrato tan realista de la actualidad política. Porque aunque muestre sin tapujos las cloacas de la política francesa, los temas que expone sobre la mesa (divisiones internas y luchas por el poder dentro de los partidos, la corrupción, las financiaciones ilegales…) son extrapolables en prácticamente todos los países. Además, independientemente de que sea una serie con un trasfondo político, no deja de ser un buen thriller en el que destacan las mentiras, las luchas de poder, las grandes traiciones y las venganzas planeadas a fuego lento.

La otra mirada

Un mes de cuarentena da para mucho, así que tiré de lista de series y películas pendientes y casi puedo decir que me puse al día. Una de las ficciones que tenía a la espera de sacar tiempo era La otra mirada, producción de rtve que se centra en la vida en una academia de señoritas de Sevilla en la España de 1920. No soy yo mucho de series españolas y menos de época, pero había leído tan buenas críticas de ella que cuando la encontré en el catálogo de Amazon Prime Video decidí darle una oportunidad. Y al final, vi un capítulo detrás de otro hasta ventilarme las dos temporadas (aunque la segunda la tuve que buscar en la web de rtve.es).

La ficción arranca con Teresa Blanco, una mujer de mentalidad avanzada, huyendo de Lisboa y yendo a parar a Sevilla en busca de una chica que estudia en la Academia de Señoritas que regenta Manuela, una joven que acaba de asumir su papel como directora tras la jubilación de su madre. Teresa se incorporará al centro como profesora de Literatura y aportará esa nueva mirada a la que hace referencia el título de la serie. Ella es una mujer que ha viajado por todo el mundo y que se ha empoderado. Fuma, lleva pantalones y sigue soltera por decisión propia a pesar de tener una edad en la que casi se esperaría que fuera incluso abuela. Hace lo que le da la gana. Es decir, vive como hacían los hombres en su época.

Esta perspectiva choca frontalmente con los métodos de enseñanza del centro muy encorsetados, en donde priman las apariencias y apenas se deja a las alumnas participar. Así, se arma un revuelo cuando ella anima a las chicas a expresar sus opiniones libremente y fomenta el diálogo.

El mensaje feminista es muy evidente y además de la libertad de expresión introduce temas como el derecho a sufragio, el acceso a la educación, la igualdad salarial, el pensamiento crítico, el sometimiento al marido, la maternidad impuesta, la sexualidad, la violación, la obligación de ocultar la homosexualidad, la participación femenina en el deporte, la dictadura de la estética y los cánones de belleza, el clasismo, el racismo, las enfermedades mentales… Y lo triste es que refleja situaciones que un siglo después siguen de vigente actualidad.

La serie va creciendo con cada episodio, y de la misma forma lo han ido haciendo los personajes con cada problema al que se han ido enfrentando. Todas ellas, tanto alumnas como profesoras, han ido viviendo sus viajes personales que les han hecho más fuertes tanto individualmente como de forma grupal. Es una pena que haya acabado con tan solo dos temporadas, pues aún quedaba mucha tela que cortar.

Nueva serie a la lista “para ver”: Beforeigners

Es de noche en Oslo y mientras un grupo de jóvenes están pasando el rato en la rampa de la Ópera y una pareja firma la compra de un apartamento con vistas al fiordo ocurre un extraño suceso: tras un destello bajo el agua comienzan a emerger personas a la superficie. De primeras no se sabe quiénes son, ni cómo han llegado hasta ahí. Y lo más curioso de todo: que parecen provenir de otra época. Son los fremvandrerne o emigrantes de otra época. Este es el punto de partida de Beforeigners, la serie noruega de HBO Nordic que ha llegado a España y no tardaron en recomendarme sabiendo que aúna Noruega y thriller policíaco.

Tras este inicio, rápidamente hay un salto temporal de varios años y ya vemos cómo estas personas provenientes de tres épocas diferentes (la era prehistórica, la época vikinga y el siglo XIX) se han integrado (o lo intentan) al presente. Algunos se han asimilado, mientras que otros viven en guetos. Y es que la convivencia no es sencilla, ya que la llegada masiva de estos emigrantes se ha tomado por muchos ciudadanos del siglo XXI como una amenaza a la sociedad noruega actual. El conflicto radica, pues, en que todos sienten que están en su hogar, pero cada uno tiene sus costumbres.

Es interesante este enfoque, pues Beforeigners no se centra en intentar descubrir el misterio de que lleguen estos beforeigners (before + foreigners), sino que (al menos por lo visto en el piloto) deja que la trama siga su curso y que los acontecimientos vayan poniéndonos en situación. La serie no se articula puramente dentro del género de ciencia ficción, sino que sitúa como hilo conductor la investigación policial del asesinato de una mujer de la Prehistoria. Los encargados de resolver este crimen son los detectives que forman la pareja protagonista: Lars Haaland y Alfhildr Enginnsdottir, un binomio que me recuerda en cierta medida al de Bron/BroenY es que esta serie también pone en el centro a dos policías con personalidades muy diferentes, facilitando así una dinámica de contraste y enredo y aportando a la vez un tono cómico en situaciones un tanto dramáticas. Aquí el choque radica en las costumbres que mencionaba más arriba. Y es que Lars es del presente, pero Alfhildr es de la época vikinga (de hecho es la primera visitante en ser aceptada en el cuerpo de policía del siglo XXI). Es curioso además cómo para estos personajes prehistóricos y vikingos han elegido a un elenco no noruego, de forma que quede patente la diferencia de acentos entre el . Esto es algo que perdemos en la traducción, pero a lo que se hace alusión en varios momentos del piloto, sobre todo con la imposible pronunciación del nombre de la protagonista.

Al igual que el Henrik Sabroe de la coproducción sueco-danesa, aquí tenemos al típico prototipo de detective con problemas personales y adiciones; y aunque Alfhildr no tiene asperger como Saga Norén, también se siente fuera de lugar en más de una ocasión por su condición de viajera en el tiempo. En gran medida porque sus compañeros no se lo ponen fácil, sino que la reciben con escepticismo, hostilidad y burla. Tiene en común con la sueca además, que es una mujer fuerte y perseverante (no en vano, fue guerrera en su época) y que le va a quitar protagonismo a su compañero gracias a su carisma, naturalidad y desparpajo. Nos queda mucho por descubrir del pasado de ambos personajes y por los trailers parece que se nos irá desvelando a lo largo de los 6 episodios que consta la temporada. Asimismo, a medida que avance la investigación iremos conociendo cómo se las apañan las cuatro sociedades noruegas para vivir en una misma línea temporal.

En un panorama seriéfilo con tantas adaptaciones y remakes, creo que Beforeigners es una de las ficciones más originales del momento. Cuenta con una curiosa combinación de novela negra escandinava con ciencia ficción y crítica social que a priori parecería difícil de gestionar. Sin embargo, engancha gracias a la novedad de cambiar los clásicos viajes temporales por unos en los que el movimiento se da del pasado al presente. Y claro, no es lo mismo viajar al pasado sabiendo cómo fue aquella época gracias a la documentación, que hacerlo al futuro y que este te descoloque totalmente los esquemas. Y, a pesar de lo insólito del planteamiento, lo cierto es que la historia consigue fluir con gran naturalidad, quizá porque el abordaje de la cuestión migratoria no nos suena tan distópico. Si sustituimos la cronofobia por xenofobia, la situación nos recuerda mucho al presente poniendo sobre la mesa cuestiones como los problemas sociales, económicos, administrativos y de integración que se encuentran los inmigrantes y refugiados cuando llegan a un país ajeno.

Una serie que, sin ningún lugar a dudas, merece la pena estar en nuestra lista de series “para ver”.

Serie Terminada: The Affair

Recientemente hemos acabado The Affair, una serie que se presentó en su capítulo piloto como la historia de una infidelidad contada desde diferentes puntos de vista pero que ha terminado convirtiéndose en otra cosa.

The Affair arrancaba con la relación extramarital de dos extraños que se conocen en el pueblo pesquero de Montauk. Por un lado estaba Noah, escritor y profesor de literatura que viaja a esta población costera junto a su mujer y cuatro hijos para pasar el verano a la mansión de sus suegros. Y por otro lado Allison, la local, la camarera de un diner donde la familia Solloway va un día a comer. Ambos protagonistas tienen en común una gran carga emocional a sus espaldas y quizá es eso, el estar tan rotos, tan frustrados (él por no alcanzar sus metas, ella por la pérdida de un hijo), lo que les hace conectar.

La serie explora cómo cada persona recuerda el pasado de una manera subjetiva en función a sus propios prejuicios y experiencias y cómo funciona la memoria selectiva a la hora echar la vista atrás. Y no solo lo vemos en el desarrollo de la relación de los protagonistas, sino también en la investigación policial en la que tanto Noah como Allison parecen estar involucrados (un recurso que me recordó enormemente al usado en Big Little Lies, aunque The Affair sea anterior). Así, la trama se estructura en base a una narrativa fragmentada y, el espectador, representado por el detective que investiga el asesinato, va juntando las piezas del puzzle para reconstruir los hechos.

Podría haber cerrado el arco argumental en una temporada y no habría pasado nada, sin embargo, decidió alargarse y tuvo que ir improvisando sobre la marcha dejando en un segundo plano la premisa inicial de la infidelidad y ahondando en otras subtramas con menos fuerza. Ocurre por ejemplo con la introducción de los puntos de vista de otros personajes a partir de la segunda temporada. Mientras que la primera tanda de episodios se centra en la historia de Noah y Allison contada desde sus propias perspectivas; en la segunda se incorporan también las de sus respectivas parejas, Helen y Cole.  Pretende de esta manera aproximarse a las consecuencias que les trajo a cada uno de ellos la relación entre escritor y camarera.

No obstante, pese a todo, este cambio es accesorio, en realidad la trama sigue centrándose en los infieles, quienes comienzan la segunda temporada una vida juntos. Un cambio de escenario que para nada les trae la felicidad, puesto que pronto desaparece la novedad y descubren que a pesar de la atracción que sienten el uno por el otro, siguen siendo unos extraños. Pero el mayor problema es que no saben ni quiénes son ellos mismos. Tanto Noah como Allison están aún investigando qué quieren hacer con su vida en este nuevo comienzo. Primero han de encontrarse ellos mismos y luego encajar con el otro.

The Affair podría haber terminado tras estas dos temporadas. Una para que los protagonistas se conocieran e iniciaran una relación y otra para descubrir que fue un error y que no iban a ningún lado juntos, sino que la infidelidad fue una excusa para salir de sus respectivos matrimonios. Mientras tanto, intercalamos la investigación por asesinato y capítulo final con separación de los personajes y sentencia al asesino. Fondo negro. Fin. Pero no, como decía, se alargó con una tercera temporada que ya no tiene nada que ver con el inicio de la serie. Hay un salto temporal de tres años, un giro de guion en el que seguimos a un Noah totalmente desquiciado intentando expiar la culpa. Y no solo la de haberse cargado su matrimonio, sino que ahonda en una que le lleva atormentando desde su adolescencia. Y mientras tanto Helen revolotea a su alrededor como una polilla intentando apoyarle. Sin embargo, no lo consigue. Pronto descubre que pese a conocerse desde la universidad en realidad no sabe quién es. Aunque no es de extrañar, ya que ni él mismo lo sabe.

Por otro lado, Allison en ese tiempo ha sabido componer sus piezas y seguir con su vida criando a su hija Joanie una vez que ha dejado atrás a Noah. Cole sin embargo no lo lleva tan bien, ya que a pesar de haberse vuelto a casar, es consciente de que aún siente algo por su exmujer. Es curioso cómo ambos infieles intentan avanzar de alguna manera de forma individual superando sus ataduras emocionales, mientras que por otro lado sus antiguas parejas parecen querer recuperar los lazos con ellos. Como si los creadores no supieran hacia dónde avanzar. Y de remate aparece un personaje nuevo: Juliette, una profesora francesa compañera de Noah que tan pronto como llega, desaparece. No entiendo muy bien qué aporta.

El primer capítulo de la cuarta temporada arranca con un Cole desesperado llamando a Noah para pedirle que le ayude a buscar a Allison. A partir de ahí volvemos la vista atrás para recomponer los últimos pasos de los protagonistas. En esta tanda son Helen y Cole quienes más sufren. Ella porque cuando cree que ha rehecho su vida y todo está en orden, de repente recibe el mazazo de que su pareja está enferma. Y él porque emprende un viaje emocional al pasado siguiendo los pasos de su padre para así ordenar su presente y poder avanzar hacia el futuro. Por el contrario Noah y Allison parecen haber encontrado su sitio. Él ha vuelto a dar clases y está intentando recuperar la relación con sus hijos, mientras que ella ha conseguido aprender de su trauma y volcar esa enseñanza en otros que están pasando por lo mismo. En lo amoroso ambos han empezado a conocer a alguien. No obstante, es todo un espejismo porque, como ya se nos ha dejado claro al inicio, algo le ha podido ocurrir a Allison.

Llegados a este momento The Affair ya no va de contar una historia desde diferentes puntos de vista, sino que se ha convertido en un dramón en el que el espectador sabe que los personajes no van a conocer la felicidad en ningún momento. Nunca sabremos por dónde habría ido la serie si la actriz que interpretaba a Allison no hubiera decidido abandonar la serie. Al parecer estaba un tanto cansada de la presión por hacer desnudos sin venir a cuento y la tendencia de los creadores de incluir escenas de violación como recurso dramático de su personaje.

La quinta temporada funciona como un epílogo cerrando subtramas. Al menos hay que agradecerle eso, que a pesar de haberse ido por otros derroteros, al final ha sabido concluir. De nuevo hay un salto temporal, pero esta vez de unos 30 años. En este futuro la narradora es Joanie, quien, a la edad en que murió su madre, emprende un viaje a la casa paterna en Montauk. Ella que se había formado una idea de Allison en base a lo que los demás le fueron contando durante su infancia, abre su mente a una nueva posibilidad: que su madre no se suicidó, sino que a lo mejor fue asesinada. Es gracias a ella que descubrimos  además qué fue de Cole más allá de los sucesos de la cuarta temporada.

La perspectiva de Joanie se intercala con el resto de personajes de la familia Solloway. Noah vendiendo los derechos de su novela para una adaptación cinematográfica, Helen comenzando una nueva relación tras la muerte de su anterior pareja, los hijos creciendo… Pero en realidad, todo vuelve a girar en torno a Noah, es como si The Affair quisiera cerrar la trama con su redención y un mensaje positivo sobre el amor y el perdón.

No es un mal final, pero desde luego deja con la duda de qué era lo que pretendían los creadores de la serie, pues desde luego pronto dejó de lado su premisa inicial para acabar convirtiéndose en un relato sobre un señor caprichoso y narcisista en la crisis de los 50 y una señora que parece necesitar una relación tóxica con él. Tendría que haberse quedado en la segunda temporada.

Vida Perfecta

Vida perfecta arranca con María y Gustavo, una pareja de treinteañeros que están a punto de firmar la hipoteca de su casa. No obstante, cuando ella pide un boli de un color específico para firmar, él estalla y rompe la relación arguyendo que no se siente preparado para comprometerse tan a largo plazo con ella. María es una mujer a la que le gusta tener todo el control y que ya había planificado su vida perfecta: trabajo, casarse con su novio de siempre, casa propia, niños… Sin embargo, con esta ruptura ve cómo su mundo se desmorona como un castillo de naipes y no sabe por dónde empezar a levantarlo. Deprimida, recurre a su hermana Esther, quien le da la razón a Gustavo y le abre los ojos sobre su cuadriculada existencia. Así, decide romper con esa María compulsivamente calculadora y dejar salir a una nueva María más rebelde y espontánea. Y para ello se propone tres objetivos: cortarse el pelo (que lleva igual desde hace años), drogarse y tener sexo con el primero que se le cruce.

Con los trasquilones aún recientes y totalmente colocadas, las hermanas acuden a la fiesta de cumpleaños de la hija de su amiga común Cristina. Y es allí donde María cumple el tercer punto de la lista y se acuesta con Gari, el jardinero de su amiga. Por si el mundo no se le hubiera puesto patas arriba, pronto descubre que se ha quedado embarazada y cuando busca a Gari para comunicárselo se entera de que tiene una discapacidad mental. María ha pasado de tenerlo todo perfectamente milimetrado desde la adolescencia a que todo se escape a su control. Es gracias a Esther y a Cristina que intenta reconfigurar su vida. Aunque ellas también tienen sus propios problemas.

Esther es lo opuesto a su hermana. Ella es un alma libre que vive de alquiler, no quiere ser madre y tiene relaciones esporádicas. Es pintora y, aunque es feliz pintando y disfrutando de su libertad, apenas consigue vender. De repente cumple 40 años y se le viene encima una crisis cuando su entorno le da a entender que se ha quedado estancada en una eterna adolescencia. Hasta ese momento era feliz, pero comienza a replantearse su existencia al ver que no encaja en lo que la sociedad espera de ella.

Cristina por su parte sí que cumple con este modelo de mujer perfecta. Es una abogada de éxito, está casada, tiene una buena casa, coche, marido y dos hijas. Sin embargo, tampoco es todo tan bonito como parece. Sufre también una crisis de identidad porque aunque se supone que lo tiene todo, no es feliz. Siente que le falta algo. Su marido no colabora en casa, por lo que ella carga con todo el peso de la casa y las niñas. Como consecuencia su trabajo se resiente y tiene que soportar los comentarios paternalistas de su jefe sobre que quizá sería mejor que se redujera la jornada. Por supuesto, este cansancio y hastío repercute en su humor y en su relación de pareja. Para cubrir este vacío que siente en su vida intenta reconectar con su sexualidad y comienza a tener encuentros extraconyugales.

La serie pone en el centro de la trama a tres mujeres que se enfrentan cada una a su manera a una crisis de madurez . Sin embargo, pese a sus diferencias de caracteres y de situación personal lo hacen unidas, apoyándose unas a las otras. Triunfa la amistad y la sororidad. Refuerza la idea de que hay que quererse a una misma y que todo el mundo tiene derecho a equivocarse; de que no todo es cumplir con la lista de trabajo, casa, matrimonio e hijos, sino que hay vida más allá de las responsabilidades; y de que nunca hay que perderse por el camino ni renunciar a una misma. Sí, son las tres amigas quienes cargan con todo el peso de la serie, y además, entre las actrices hay muy buena química; sin embargo, Enric Auquer en su papel de Gari les roba todo el protagonismo, no es de extrañar que le dieran el Feroz por mejor actor de reparto.

Compuesta por ocho capítulos de unos 25 minutos, la primera temporada de Vida perfecta ahonda pues en el viaje vital de estas tres mujeres y reflexiona sobre la familia, la maternidad, la pareja, la vida sexual, la infidelidad, el deseo, el éxito, la frustración, la amistad, las expectativas de la sociedad o la discapacidad. No da respuestas ni juzga, pero sí pone sobre la mesa muchas preguntas sobre qué es en realidad una vida perfecta y quién lo dictamina.

Con Cristina se cuestiona el papel de la supermujer que asume todo el trabajo doméstico y de cuidados pero que además no quiere renunciar a su carrera laboral. Lógicamente no llega a todo, está cansada y a veces desearía no haber sido madre. Quiere mucho a sus hijas, sí, pero es consciente de que la maternidad no es tan idílica como pensaba. Verbaliza un tema que aún es un tabú: ha perdido su identidad como mujer para ser solo madre y esposa. Con María sin embargo se va más allá de la maternidad idealizada. Con su inesperado embarazo se habla de los diferentes modelos de familia y de la discapacidad. Gari tiene diversidad funcional, pero no es algo que le defina. De hecho, su personaje está tratado con mimo, sin atisbo de mirada paternalista. Por último, con  el personaje de Esther se plantea quién determina el éxito, cómo se mide. ¿Es lo que hace feliz a una misma o lo determina la sociedad? También se adentra en el mundo de las redes sociales y cómo pueden distorsionar la realidad y conectar con las inseguridades.

Pero si hay algo transversal en la serie es poner en el centro la sexualidad femenina. Normaliza el sexo causal tan habitual en los hombres, pero tan mal visto en las mujeres. Vida perfecta presenta para variar a la mujer como un sujeto de deseo, no como un objeto de disfrute para la mirada masculina.

La serie llegó a la pantalla tras haber ganado en el último Festival Internacional de Series de Cannes el premio de mejor serie y el de mejor interpretación femenina para su trío de actrices principales; en los Feroz consiguió además del ya mencionado mejor actor de reparto el de mejor comedia, por lo que tenía curiosidad por verla. Y lo cierto es que se me ha hecho muy corta. He de reconocer que, a pesar de compartir edad con las protagonistas, no me he sentido identificada con ellas. No obstante, eso no quita para que me haya resultado entretenida y que me haya gustado. Me parece que aporta un toque fresco y original con su historia. Y aunque es ácida y tiene un humor un tanto negro sabe encontrar el equilibrio entre lo trágico y lo cómico. No recurre al gag o chiste fácil, sino que busca la sonrisa en los defectos de los personajes o en cómo estos resuelven sus conflictos.

A finales de año Dolera publicó que había sido renovada por una segunda temporada, habrá que ver qué preparan ella y Burque para esta nueva etapa de María tras el nacimiento de la criatura y cómo van evolucionando el resto de miembros de su círculo.

Wir Sind die Welle – Somos la Ola

Somos la Ola (Wir sind die Welle) se desarrolla en un instituto alemán y arranca con la llegada de un nuevo alumno al centro. Este joven es Tristan Broch, un misterioso chaval que pronto entablará amistad con otros alumnos marginados de su clase despertándoles su conciencia social. La nueva pandilla estará formada, además de por el propio Tristan, por Rahim, un musulmán que no solo está viviendo una mala situación en casa porque están a punto de desahuciarles para construir un nuevo edificio de viviendas, sino que además es discriminado en el instituto por su religión y su raza; por Lea, una chica de familia acomodada que vive en una gran mansión, saca buenas notas, es deportista y tiene un novio y amigas que se mueven en el mismo entorno de privilegios que ella; por Hagen, un muchacho gordito con poca autoestima cuyos padres perdieron el empleo y reside en el campo sin mucha esperanza; y Zazie, a quien acosan en clase y que solo tiene a su abuelo, al que cuida. Animados por Tristán y sus ideas revolucionarias en las que critica la corrupción, el racismo, el consumismo y las injusticias, crearán un movimiento clandestino conocido como La Ola para llevar acabo diferentes acciones contra el sistema.

La serie cuenta con buenas intenciones, sin embargo, hace aguas por varios flancos y además cae en demasiados estereotipos. Por ejemplo, llama la atención que los protagonistas logren conectar de una forma casi instantánea (imagino que con 6 capítulos tienes que arrancar rápido) y apenas se profundiza en cada uno de ellos. Pero lo que más me chirría es el conjunto de clichés para definir a los personajes. Para empezar no hay quién se crea la historia de Tristan, ese chaval que con apenas 17 años ha viajado por todo el mundo, habla muchos idiomas y sabe tanto de la vida. El típico niño guapo y rebelde que ejerce de líder. Tan típico como su contrapunto: Lea. Esa niña mona que lo tiene todo pero que se enamora del chico malo, que rompe con sus privilegios y se une a su causa.

Además, las protestas no tienen una reflexión detrás, sino que parecen fruto de una improvisación (aunque los planes siempre les salen bien). Se abordan temas de candente actualidad como los desahucios, el racismo, el fascismo, el cambio climático, el consumismo, el totalitarismo, las desigualdades sociales,  la venta de armas, la impunidad de las grandes empresas… pero no se ahonda lo suficiente en ellos, la aproximación a todos y cada uno de estos problemas se hace de una forma muy superficial. Desde luego, no tiene nada que ver con la película Die Welle (La Ola), en la cual manifiestamente se basa, aunque Dennis Gansel y Peter Thorwarth, director y guionistas de la cinta, aparezcan como productores.

El filme contaba la historia narrada en el libro La Tercera Ola, que a su vez recogía el experimento que llevó a cabo Ron Jones, en un instituto de Palo Alto, California en 1967. En su clase de historia pretendió demostrar a sus estudiantes que la sociedad es fácil de adoctrinar si es manipulada de la forma adecuada. Comenzó introduciendo ejercicios sencillos enfocados en la disciplina como que se sentaran erguidos y que se dirigieran a él como “Señor Jones”. Pensó que la cosa quedaría ahí, en aquella clase, sin embargo, al día siguiente los alumnos se pusieron en pie sin que se lo pidiera y siguieron con las normas del día anterior. Al ver esta respuesta, el profesor fue un paso más eligiendo un lema para el movimiento y creó un saludo. Pronto el grupo fue cayendo en los mismos errores que pretendía combatir y el experimento fue escalando extendiéndose por todo el instituto, así que a Jones no le quedó otra que acabar con la iniciativa antes de que se le fuera aún más de las manos.

La Ola introducía algún cambio con respecto a este experimento de los años 60, pero aún así mantenía la idea original de lo sencillo que es manipular a la sociedad. Dejaba un mensaje que invitaba a la reflexión y es una película que, desde su estreno, ha servido como método docente en muchas aulas para alertar del peligro de repetir los errores del pasado. Sin embargo, en Somos la Ola se diluye el discurso del proyecto político, los acontecimientos no fluyen de manera natural, los guiones son nefastos, los personajes clichés con patas y no hay mucha reflexión. El mensaje inicial queda difuminado en medio del dramón adolescente donde chica rica obediente conoce a chico pobre y problemático. Da la sensación de que han querido aprovecharse del éxito de la cinta para reorientarla de forma que captara a las nuevas generaciones que devoran todo aquello que estrenan las nuevas plataformas y el resultado es insultante. Ni para una cuarentena.

El escándalo (Bombshell)

El escándalo (Bombshell) lleva a la gran pantalla la historia de la caída del magnate empresarial Roger Alies, quien había fundado Fox News en 1996 como una cadena de noticias abiertamente a favor del Partido Republicano. Su línea editorial se caracterizaba por un periodismo polarizante y pronto se convirtió en el altavoz de la propaganda de derechas logrando calar en un importante segmento de la población y siendo durante años líder de audiencia. Fue Alies quien estuvo detrás de las campañas de Nixon, Reagan, Bush padre e incluso asesoró a Trump para los debates. En julio de 2016 Gretchen Carlson, uno de los rostros de la cadena que había sido recientemente despedida, presentó una demanda de acoso sexual a la que se sumaron más de 20 mujeres del canal y que llevó a Rupert Murdoch, dueño de la cadena, a forzar a Ailes a abandonar la compañía o ser despedido. Finalmente renunció llevándose 40 millónes de dólares en su salida. Un año más tarde murió en su domicilio.

La película se basa en estos hechos reales y arranca con Megyn Kelly, periodista política de la cadena, explicando los entresijos de Fox News. Este inicio tiene cierto toque de documental con la presentadora dirigiéndose a cámara y guiando a través de los platós y las plantas del edificio en que se ubica la cadena. Sin embargo, pronto se pierde este estilo se nos van intercalando las historias de las tres protagonistas. Porque en realidad, aunque todo gira en torno a Ailes, El Escándalo nos ofrece la mirada a través de los ojos y la experiencia de las víctimas.

Megyn Kelly está en la cima de su carrera. Es la cara del principal telenoticias y goza de prestigio. Sin embargo, unos días antes de las elecciones recibe ataques del mismo Trump por haber sido incisiva con él en uno de los debates. Paralelamente conocemos a Kayla Pospisil, una joven periodista que acaba de llegar a la cadena y trata de hacerse un hueco para conseguir salir en pantalla. Este es el único de los tres personajes principales que no es real. No obstante, no es del todo ficticio, sino que está creado a partir de los relatos de otras muchas mujeres que sufrieron abusos del directivo. Con la introducción de este tercer personaje ficticio la cinta pretende resaltar la perpetuidad de los hechos a lo largo del tiempo. También sirve como mecanismo para mostrar los abusos y no tener que recurrir a los flashbacks de las otras dos presentadoras.

Cuando Gretchen Carlson es despedida y sale a la luz la demanda, estas dos mujeres se verán en la tesitura de dar un paso adelante también. Cada una de ellas representa un punto de vista diferente sobre los abusos. Por un lado Carlson es la veterana que ya está harta de todo y no tiene nada que perder; por otro Kelly lo ha dejado atrás y no quiere traerlo al presente y que se interponga en su carrera ahora que está en su mejor momento; y por último Pospisil que aún está asimilando lo que le acaba de pasar.

Tanto Charlize Theron como Nicole Kidman y Margot Robbie están muy bien en sus papeles, sin embargo, a la película le falta algo de profundización para poder empatizar con los personajes. Apenas llegamos a conocerlas. Ni siquiera interactúan entre ellas, tan solo una recriminación sorora de Pospisil a Kelly por no haber hablado antes y prevenir a las nuevas. Es quizás la joven a quien llegamos a conocer un poco más, pero aún así, no llegamos a saber cómo acaban sus historias. La trama, en ocasiones, da la sensación de avanzar muy rápida, como si únicamente quisiera presentar el momento en que estalló el escándalo sin ahondar en los hechos en sí o en los sentimientos de las protagonistas.

No obstante, en conjunto, sí que invita a reflexionar sobre la cultura de acoso sistemático a las mujeres ya sea bajo la petición explícita de favores sexuales, por agresiones físicas o por la exigencia de llevar determinado vestuario convirtiéndolas en mero objeto sexual. Y no solo pone el punto de mira en Ailes, sino que también apunta al entorno. Porque no es un caso de unos pocos, sino una cuestión sistémica en la que son tan responsables el agresor como los compañeros que callan y miran para otro lado. Cayó Royer Ailes, uno de esos hombres que se creían intocables, pero había muchos más cómplices a su alrededor que la cinta hace la vista gorda.

El Escándalo consigue mostrar el ambiente tan terriblemente machista en los medios en general y en Fox en particular, donde para triunfar debías ser una cara bonita (y joven), tener unas buenas piernas y llevar una falda muy corta. Un ambiente en que las mujeres aprenden pronto cómo sortear los comentarios paternalistas o sexuales de los compañeros y jefes. Logra incomodar y despertar la rabia, sobre todo con un personaje tan repulsivo como Roger Ailes, pero no consigue exprimir al máximo la historia real en que se basa.

Serie Terminada: Legión

Cuando vi el piloto de Legión hace unos años tuve sensaciones contradictorias de amor-odio. Por un lado me atraía esta forma tan diferente de narrar la historia, pero por otro lado me sentía demasiado desorientada. Una vez acabado el visionado de las tres temporadas he de decir que me he quedado tan fascinada y confundida como con el primer episodio.

Recordemos que Legión es la historia de David Haller, quien lleva años entrando y saliendo de psiquiátricos tras haber sido diagnosticado como esquizofrénico. Sin embargo, en el último ingreso conoce a Syd, otra interna, y se enamora de ella. Syd le ayuda a escapar y con la ayuda de la División 3 descubre que no tiene una enfermedad mental, sino que es un poderoso mutante (hijo de Charles Xavier). Gracias a Syd y sus amigos, David comienza un viaje de autoconocimiento para luchar contra sus propios demonios.

Con una estructura un tanto caótica, tanto como la mente del protagonista, la trama de la primera temporada se centra en David descubriendo que aquello que tanto le trastorna no es otra cosa que Farouk, alias el Rey Sombra, un mutante parásito que lleva en su cabeza desde que era pequeño. Así, durante los primeros ocho episodios asistimos a una pugna entre el héroe y el villano que concluye con la derrota de Farouk siendo expulsado de la cabeza de David. Con este final de temporada parece que llegará la tranquilidad para él y para Syd, para pasar tiempo juntos a su manera, cada uno con sus traumas, pero apoyándose mutuamente y avanzando en su relación. El típico relato de vencer al malo y quedarse con la chica.

La segunda arranca con un Farouk en busca de su propio cuerpo mientras desde la División 3 no saben si ayudarle o frenarle. David por su parte ha pasado de ser un loco a encumbrado como un dios. Sin embargo, cuando vuelve, tras un salto temporal, genera cierta desconfianza. Y de repente todo se rompe en añicos: Legión no es el héroe, sino el villano. Un malvado manipulador que nos ha llevado por una narración nada fiable. Nos tragamos la idílica historia de amor entre dos seres dañados que se hacen mucho bien el uno al otro y sin embargo hemos obviado las señales que nos mostraban a un David que utilizaba a Syd. No es hasta que no vemos que es capaz de drogarla para después violarla que somos conscientes de que él, tan poderoso, es la amenaza a combatir. Y aunque lo intentan, al final acaba huyendo.

En la tercera temporada Syd ocupa el papel de heroína que había dejado vacante David y, con la ayuda de la División 3 intentará frenarle. Esta vez la caza tiene lugar en un viaje en el tiempo, y es que Legión se ha buscado una nueva aliada, Switch (Trueque en la versión española). Intenta regresar al pasado y modificar la línea temporal para justificar sus acciones. Además de estos dos bandos, aparece un nuevo elemento: los demonios temporales, unas criaturas que devoran el tiempo a las que solo se puede combatir entrando en el tiempo detenido. Una vez eliminados estos demonios la División reinicia la línea temporal para darle una nueva oportunidad a ese bebé con unos padres unidos y sin influjo de Farouk. Sin embargo, salvar al pequeño David es secundario, el fin era salvar al resto.

Resumido así no parece una trama tan compleja, pero su estructura y factura visual lo complican todo. Legión es una serie totalmente caótica que se burla del espectador manipulando la percepción de la realidad haciéndole dudar de si está asistiendo a la realidad, a una paranoia, a un sueño, a un flashback, a un plano astral o a un salto temporal. No tiene nada que ver con las ficciones a las que estamos acostumbrados donde se nos da todo masticadito. Juega además, continuamente con el color y la composición de los planos y lo envuelve con una música psicodélica que ayuda a crear un ambiente opresivo.

Es innegable que tiene una gran factura técnica y que rompe con el estilo al que nos tienen acostumbradas las producciones de superhéroes. Sin embargo, a mí no me ha terminado de enganchar. Creo que no era para mí.