Serie Terminada: Buena Conducta

En el primer capítulo de Buena Conducta vemos a una Letty que acaba de salir de la cárcel y que intenta recomponer su vida lejos del alcohol, las drogas y los robos para recuperar la custodia de su hijo. Sin embargo, no lo tiene fácil y en uno de sus robos se cruza con Javier, de profesión sicario. En su propósito por hacer las cosas bien, intentará frustrar el encargo del asesino a sueldo, sin embargo, este la descubre y la obliga a seguir con él para que no le delate.

A partir de aquí la serie se desarrolla de forma similar a una road movie en la que dos personajes muy diferentes se encuentran en un momento complejo de su vida y juntos se adentran en viaje sin rumbo, porque lo más importante es lo que ese camino les va a aportar en su desarrollo personal y no el destino. Son dos outsiders intentando encontrar su lugar en el mundo. Es cierto que Letty es retenida contra su voluntad al principio, pero poco a poco comienza a darse cuenta de que Javier le aporta cierta serenidad.

Letty es un personaje muy complejo. Es una antiheroína llena de incoherencias. Es adicta y ha llevado una vida de excesos y cometiendo delitos, pero sin embargo tiene claras sus convicciones morales y asesinar es algo que desde luego no ve con buenos ojos. Por eso intenta enmendar a Javier. Y es curioso, porque mientras la motivación por recuperar a su hijo no impide que se autoboicotee, no pierde la perspectiva con respecto a su compañero de viaje. Durante toda la serie vemos un equilibrio entre sus buenos propósitos y sus recaídas.

Javier también tiene sus propias contradicciones. De entrada llama la atención que no es el típico asesino a sueldo con aspecto de armario empotrado con un carácter de mierda que en vez de hablar gruñe o que mata con una mirada. No tiene nada que ver con un Punisher, sino que es un tipo simpático, tranquilo, educado, con muy buen corazón y empatía (no hay más que verle con su familia o cómo intenta mantener a Letty lejos de sus adicciones y ayudarla a recuperar a su hijo). Sin embargo, es frío y calculador a la hora de planificar sus encargos y después no tiene ningún tipo de remordimientos.

Juntos suman bastantes problemas y podríamos decir que incluso su relación es tóxica en determinados momentos. No obstante, también se hacen mucho bien el uno al otro, se contrarrestan. Ambos han tenido una infancia y adolescencia llenas de traumas y quizás por ese pasado cargado de oscuridad saben entenderse y apoyarse.

Cuando Buena conducta se centra en ellos, resulta interesante. Hay buena química entre ellos y tanto Michelle Dockery como Juan Diego Botto están muy bien en sus papeles. Sin embargo, la cosa cambia cuando hablamos de la relación con la madre de Letty o su agente de la condicional, dos personajes que no parecen muy bien dibujados y que cambian de actitud sin mucho sentido, como si no estuvieran muy bien estructurados y solo sirvieran para provocar una reacción.

Así, la segunda temporada resulta un tanto extraña con la madre de Letty delantando a Javier (cuando sabe el bien que le hace a su hija) y con Christian jugando a las casitas con la agente Rhonda Lashever. No parece muy propio de sus personajes. Y aunque la trama del FBI resulta muy entretenida y deja algún capítulo realmente bueno, en conjunto bien podría haberse cerrado la serie en la primera temporada y tan felices. También es verdad que podría haber continuado hasta la quinta, tal y como tenían por contrato, ya que al final Buena conducta lo único que necesitaba era a Letty, Javier, el Range Rover y la carretera.

No es una mala serie, pero a veces me resultó lenta. Me esperaba algo más de acción con robos, asesinatos y huidas pero, como digo, lo importante es el desarrollo de los personajes, el porqué son cómo son, de qué huyen, cuáles son sus debilidades y cómo se apoyan el uno al otro. No obstante, tiene una buena mezcla de géneros e incluso arranca una sonrisa en momentos bastante dramáticos. No está mal para pasar el rato.

Serie nueva: “para ver”: Criminal

Criminal es una coproducción que se desarrolla a cuatro bandas entre España, Francia, Alemania y Reino Unido. En sus doce episodios se desarrollan sendas historias (tres por cada país) con un único nexo de unión: una sala de interrogatorios.

Así de primeras la premisa de la serie llama la atención por su originalidad. Normalmente cuando se trata de una serie policíaca suele haber un crimen, una investigación con sus CSI, su forense, sus policías… Sin embargo aquí nos encontramos sin contexto, sino que la trama nos mete de lleno en el interrogatorio de una sospechosa y a partir de ahí vamos descubriendo de qué va el caso.

Criminal tiene una estructura muy teatral, ya que se desarrolla prácticamente en un único escenario, la acción transcurre cronológicamente (parece que además el interrogatorio se rodó del tirón para mantener la intensidad emocional) y se sustenta en mucho texto. Es un ensayo sobre el arte de interrogar, un duelo psicológico y dialéctico entre policías y sospechosos. Así, el poder de la serie recae en los diálogos y en el carisma de los personajes.

En el primer episodio español la detenida es una mujer obsesionada con su dálmata. Ella y su hermano son sospechosos de la desaparición de un hombre, pero se muestra tranquila, segura de sí misma y desafiante durante todo el interrogatorio. Es por medio de las preguntas y respuestas que vamos intuyendo qué es lo que ha ocurrido y de qué es sospechosa.

Parece que cada capítulo funciona de forma independiente y autoconclusiva. Así, lo único que evolucionarían serían los policías, que sí que repiten en los tres capítulos correspondientes de cada país. Realmente en este sentido no difiere mucho de un procedimental cualesquiera en el que cada semana se afronta un caso diferente con nuevas víctimas y sospechosos. Sin embargo, aquí me da la sensación de que el interrogado cobra más protagonismo que en aquellas series más tradicionales y es tanto o más relevante que los agentes. Y en este sentido, mientras que estos tienen más recorrido y se les puede llegar a conocer mejor al tener más minutos de pantalla y tener que probar diferentes métodos de interrogatorio, con el detenido todo va bastante más rápido.

Por otro lado, me queda la duda de ver cómo van a encajar no solo las tres historias independientes de cada país, sino cómo lo van a hacer internacionalmente, ya que hay un factor cultural diferenciador no solo en los métodos sino en los caracteres, costumbres e idiosincrasia. Es cierto que se han rodado en el mismo escenario, pero no sé si eso servirá para crear suficiente cohesión y dar sensación de temporada de doce episodios o por el contrario parecerá que estamos viendo cuatro miniseries diferentes de tres capítulos.

Habrá que verlos todos para sacar una conclusión.

Serie Terminada: Big Little Lies

Cuando escribí sobre el piloto de esta serie comentaba que me había costado entrar un poco en la dinámica porque era un tanto lento y tenía un relato fragmentado. Sin embargo, he de reconocer, que a medida que va avanzando, engancha la historia y el misterio de esta elitista comunidad de Monterrey. Big Little Lies arrancaba con dos sucesos en sendas líneas narrativas. Por un lado nos encontramos en el presente, donde, durante un evento escolar, ha ocurrido un asesinato y se están llevando a cabo los interrogatorios para resolverlo; y por otro lado nos trasladamos al pasado, al primer día de curso, cuando el niño nuevo es acusado de haber querido estrangular a una niña y se desata una guerra de padres. A partir de ahí la trama se irá desarrollando de forma que finalmente estos dos acontecimientos se unan.

El ataque en el colegio nos sirve para ir descubriendo a los personajes principales de la trama. Conocemos así a Renata, la madre de la niña atacada, una mujer que siente que continuamente es juzgada por tener éxito laboral y no dedicarse únicamente a su hija. En el otro bando se halla Madeline, una especie de abeja reina que al contrario que la anterior no trabaja y se dedica únicamente a su familia (y a colaborar con actividades escolares). No se soportan, por lo que Madeline, cuya hija es compañera de la de Renata, enseguida se pone de lado de Jane (la recién llegada) y su hijo, acogiéndoles bajo su ala.

La cuarta mujer en escena es Celeste, la mejor amiga de Madeline, cuyos gemelos comparten curso con los niños de las anteriores. Al igual que Renata tenía éxito laboral, ya que era una reputada abogada, sin embargo, lo dejó para dedicarse a los niños.

Por último no podemos olvidarnos de Bonnie, la nueva mujer de el exmarido de Madeline, que también tiene una hija que va a la misma clase.

A lo largo de los siete episodios de la temporada vamos adentrándonos en las vidas de estas cinco mujeres y sus familias y descubrimos que no todo es tan idílico como parece. Big Little Lies nos retrata una sociedad en la que nadie sabe nada de nadie, pues lo que cada persona muestra es falso. Viven de las apariencias, de sonreír y mostrar un mundo feliz de puertas para fuera mientras ocultan sus miserias. Renata transmite su estrés a su hija; Madeline no consigue superar la relación con su ex, se distancia de su hija mayor y es infiel a su marido; Jane intenta superar una violación y Celeste vive en una relación abusiva y de maltrato de la que no es totalmente consciente.

Big Little Lies habla de prejuicios, de hipocresía, de presión social, de envidia, de las expectativas, del éxito y el fracaso, de la maternidad, de las relaciones con los hijos, del sentimiento de culpa de la madre trabajadora, de la fragilidad de la pareja, de relaciones tóxicas, de sentimientos reprimidos, de bullying y violencia machista… Pero sobre todo habla de secretos y mentiras. Y a medida que las verdades comienzan a salir a la luz, la atmósfera se va tensando y marcando el camino hacia el fatídico desenlace: el asesinato.

Un asesinato que en realidad tampoco es tan relevante. Big Little Lies no va de la resolución de un crimen como parece indicar en su primer episodio. Aquí lo importante son ellas, el relato de estas mujeres. Y aunque al principio parece que todo gira en torno a Madeline, que es ella el nexo de conexión con el resto de personajes (madre, mujer, exmujer, mejor amiga, archienemiga, nueva amiga, amante, integrada en el AMPA…), poco a poco va ganando más peso la trama de Celeste, convirtiéndose en el centro de la historia. En un mundo en que todo se queda en lo superficial nadie se ha percatado de la situación que vive en casa. De hecho, ni ella misma se llega a identificar como víctima. El maltrato al que se ve sometida se trata de una forma exquisita tanto en el contenido (desmitificando aquello de que la violencia machista se da en parejas de bajo estatus socioeconómico o en mujeres sin formación académica) como visualmente (con escenas apenas sin sonido que producen una tremenda tensión). Se muestra perfectamente el ciclo del abuso (desde los comentarios “así te tendré toda para mí” hasta los golpes), el síndrome de Estocolmo, el cómo influye en los hijos y sobre todo la ocultación.

Sin embargo su liberación es justamente que este maltrato salga a la luz. Es entonces cuando se olvidan las rencillas, los bandos y las enemistades y nace la sororidad. Y no solo hacia Celeste, sino también hacia Jane. La rivalidad entre mujeres es sustituida por una red de apoyo y cuidado. Es verdad que el asesinato es una solución radical, pero muestra que si se hubiera abierto a sus amigas, al menos a Madeline, quizá podría haber salido antes de esa relación tóxica, que no iba a ser juzgada.

Concebida como miniserie de siete episodios (pues está basada en la novela homónima de la escritora australiana Liane Moriarty), el cierre de la temporada resultaba un broche perfecto con las protagonistas y sus hijos en la playa siguiendo con sus vidas, unidas, más fuertes y mirando al futuro; sin embargo, gracias a la buena acogida que tuvo, HBO la renovó por una segunda a la que se incorporaría Meryl Streep en el papel de suegra de Celeste.

Esta nueva tanda no tenía la novela detrás (sí que tuvo la colaboración de la autora para que los personajes tuvieran cierta coherencia), por lo que había que abrir nuevo arco argumental. Mientras que en la primera el misterio era resolver el asesinato de Perry; en esta segunda la tensión gira en torno al secreto que guardan las cinco de Monterrey y si alguna de ellas acabará confesando superada por la presión. Abandona un poco el toque de thriller con que comenzó y toma un cariz más dramático y personal. Se mantiene sin embargo la estructura con saltos temporales con los interrogatorios. Aunque en esta ocasión no se trata de las entrevistas a los vecinos, sino a las protagonistas.

De nuevo arranca la temporada con el primer día de colegio. Pero esta vez no hay bandos, sino que todas van a una. O al menos lo intentan, ya que Bonnie está consumida por la culpa al haber sido ella quien empujó escaleras abajo a Perry. Ella que era el personaje con el carácter más afable y zen de la serie en la primera temporada, aquí es el más oscuro y triste. No es capaz ni de hablar con su marido e hija.

Se ha cambiado las tornas con Jane, quien ahora se ha liberado en cierta medida de ese pasado que le producía pesadillas e intenta comportarse como cualquier joven de su edad, saliendo y relacionándose. Aunque aún tiene alguna cadena que romper.

Celeste por el contrario no ha encontrado esa liberación, sino que está librando una batalla entre los buenos y malos recuerdos de su marido. Por un lado tiene pesadillas con las agresiones, mientras que por otro intenta aferrarse a los momentos agradables, sobre todo aquellos en los que pasaban con los niños, pues quiere que estos crezcan teniendo buena imagen de su padre. La llegada de su suegra intentando recuperar la cara más amable de este tampoco ayuda.

Renata tampoco está pasando por su mejor momento. Cuando está en la cresta de la ola porque le han comunicado que le van a dar la portada de la revista femenina más vendida del país, descubre que lo va a perder todo porque su marido ha cometido fraude fiscal. De un momento para otro se desmorona su castillo de naipes y todo su mundo, sustentado en las cosas y en el dinero, se viene abajo. Y para más inri, por si fuera poco quedarse sin nada por los errores de su marido y que esto le salpique también a su valorada vida profesional, sale a la luz que este le fue infiel con la niñera.

Y si hablamos de infidelidades, no nos podemos olvidar de Madeline, quien intenta recuperar su relación después de que su marido se enterara de su aventura. Después de un matrimonio fallido, ella que no estudió y se quedó en casa para ejercer como madre, no sabe qué será de su vida si tuviera que enfrentarse a otra separación. Y mientras en casa está a la espera del perdón, comienza una nueva andadura como agente inmobiliaria y sigue siendo el mejor apoyo de Celeste.

Esta nueva temporada profundiza en las vidas de las familias de estas mujeres centrándose menos en el thriller y el misterio, como comentaba más arriba, y más en temas como el matrimonio y sus crisis, la amistad y la maternidad. Podríamos decir que paralelamente al conflicto principal se trata de seguir el viaje de cada una de ellas enfrentándose a sus retos particulares. Parece como si fuera un epílogo de los primeros 7 episodios, un “qué fue de los personajes”, sin embargo, no todas las historias cobran la misma relevancia y da la sensación de que se han metido como relleno en torno a la trama principal. Véanse por ejemplo las de Renata o de Bonnie. En el caso de esta última además no era necesario traer a escena a una madre maltratadora para justificar que fuera capaz de ver el lenguaje no verbal y captara de lejos que Perry abusaba de su mujer.

Así, Celeste se erige de nuevo en la protagonista absoluta con su disputa por la custodia de sus hijos. La llegada de Mary Louise genera una atmósfera diferente, nunca sabes por dónde va a salir esta mujer que juega a ser la adorable abuela con anécdotas divertidas y una impecable educación mientras que a la vez hurga en los cajones y se asoma tras las puertas.

Es la villana de la temporada, un personaje que aunque parece que llega para ayudar a Celeste con los niños, en realidad pronto averiguamos que lo que realmente quiere es averiguar qué es lo que realmente le pasó a su hijo (aparte de querer quedarse con la custodia de los gemelos). Viene en busca de respuestas en una comunidad llena de grandes pequeños secretos y añade presión a las protagonistas. Por si no fueran ya una olla a presión.

Sin embargo, cuando empieza a husmear, Mary Louise se encontrará con revelaciones difíciles de asimilar, como que su hijo maltrataba a su mujer o que tiene un tercer nieto fruto de una violación. Aquí no hay atisbo de sororidad alguna, sino que saca su lado más cruel culpando a las víctimas de haber provocado de alguna manera a Perry. La palabra de la mujer siempre puesta en duda, al igual que su reputación. Así, la batalla por la custodia se sustenta en que Celeste es inestable y promiscua obviando que su inestabilidad se deriva precisamente de esa relación tóxica y abusiva y que ser madre no está reñido con tener vida sexual.

La temporada se cierra con Celeste resurgiendo cual ave fénix. Tras los ataques del abogado de su suegra acusándola de no estar capacitada para cuidar de los niños, pide interrogar a Mary Louise para demostrar que precisamente ella no se puede poner como ejemplo de perfección. No vemos entonces a una víctima, sino a una mujer que ha recuperado su seguridad y muestra sus aptitudes como abogada, un trabajo que adoraba pero que dejó a petición de su marido. La escena entre ambas es un espectáculo, aunque hay que reconocer que es un poco efectista sacándose el vídeo de la manga en el último momento.

El resto de personajes también tiene su cierre. Así, mientras Renata y Bonnie dejan a sus maridos (esta además se libera de la relación con su madre), Jane da una oportunidad a Cory y Madeline renueva sus votos matrimoniales. Pero aún así, les queda una última espina, esa mentira que les carcome, así que juntas acuden a comisaría, intuimos que para confesar. Y al igual que todas arropaban a Celeste (y Jane) en la playa, aquí toca hacer piña en torno a Bonnie, quien ha permanecido toda la temporada aislada del resto luchando contra sus propios fantasmas.

Y aunque es un cierre redondo, en realidad si miramos el conjunto, podemos llegar a la conclusión de que esta segunda temporada no era necesaria. Sí, hay momentos memorables, sobre todo aquellos en los que Mary Louise y Madeline muestran su agresivo-pasividad; pero queda una temporada un tanto desdibujada con respecto a la primera (los niños apenas tienen protagonismo, por ejemplo). La serie podría haber acabado con tras la escena de la playa y nos habríamos quedado tan felices.

Aún así, Big Little Lies deja una buena reflexión sobre las mentiras, las apariencias, la presión social, las relaciones y la maternidad. Rompe con la imagen de la mujer perfecta y nos ha mostrado unos personajes complejos cargados de contradicciones, dudas, errores y miedos. Mujeres que son madres, pero que no es eso lo que les define, incluso que se atreven a verbalizar que esa faceta de su vida no les realiza, algo totalmente tabú. No es que no disfruten de ser madres, sino que tienen mucho más que ofrecer. Eso sí, espero que no quieran renovarla de nuevo y darle una tercera temporada, porque ahora ya sí que perdería el rumbo. Dejémoslo como está y pasemos a la siguiente.

Nueva serie “para ver”: Sex Education

A principios de año Netflix estrenó Sex Education, una serie que sigue la historia de Otis Milburn, un adolescente de 16 años, que monta junto con Eric (su mejor amigo) y Maeve (la chica rebelde) una asesoría sexual en el instituto. Otis no es de los más populares en su centro, ni siquiera tiene experiencia sexual, pero cuando Maeve descubre que su madre es terapeuta sexual y que a lo largo de los años ha adquirido gran conocimiento sobre el tema, ve la oportunidad de negocio.

Con este punto de partida puede inducir a error y llevar a pensar de que se trata de una típica comedia de adolescentes con las hormonas revolucionadas. Sin embargo, lo importante no es el qué sino el cómo. Es decir, hay jóvenes y sexo, sí, pero la novedad es que intenta huir de los manidos clichés. Así, en lugar de mostrar a las pandillas de chicos retándose para ver quién “consigue” antes a la chica, o recurrir a la cosificación y la humillación; en Sex Education el sexo se presenta desde una óptica positiva, como un aspecto más de la vida que afecta por igual tanto a unos como a otras. No hay quien no tenga dudas o sienta inseguridad, miedo o presión. Y menos a esa edad. Y aunque hay sexo explícito y los diálogos son frescos y sin pelos en la lengua, no hay escenas forzadas o conversaciones que parezcan metidas con calzador. Tampoco resulta obsceno.

Creo que lo que funciona, al menos si nos basamos en este primer episodio, es que no se centra en el aspecto físico, sino que ahonda en los sentimientos. Parece que la asesoría de Otis va a ir más enfocada a las inseguridades y la vulnerabilidad de sus compañeros que a recomendar técnicas o posturas. Aunque habrá que ver el resto de la temporada para confirmar (cuenta con 8 capítulos y ya está renovada para una segunda).

Sin embargo, no todo son luces, también hay alguna sombra. Y es que hay algunos personajes un tanto estereotipados, como esa chica rebelde que viste de una forma un tanto llamativa y se esconde para fumar, el chico gay marginado, la chica que se deja mangonear por el grupo de populares, o el hijo del director que además es el típico abusón. No obstante, parece que el elenco está bastante bien elegido, desde el protagonista hasta los secundarios, sin olvidar a Gillian Anderson.

Otra cosa que me descolocó un poco fue la ambientación. A pesar de tratarse de una serie británica y tener su característico tono y diversidad racial de los personajes; los estudiantes no visten de uniforme (como sí ocurre en Reino Unido) y el instituto parece más el típico estadounidense de tantas otras series de adolescentes (Awkward, Veronica Mars, Suburgatory, Buffy…). Adicionalmente parece que está centrada en el presente por el enfoque y la tecnología, pero tiene cierto aura noventero, sobre todo si nos fijamos en la vestimenta de los protagonistas. O a lo mejor es que la moda británica es diferente.

Aún así, con todo, me ha parecido entretenida, divertida, diferente y que tiene bastante que aportar, así que la añadimos a la infinita lista de series “para ver“.

Serie Terminada: Years and Years

Con cada vez más catálogo seriéfilo resulta complejo seguir todos los estrenos de la temporada, pero hay algunas ficciones que no pasan desapercibidas, ya que enseguida el boca a boca hace su labor. Este es el caso de Years and Years , una miniserie británica que enseguida se ha convertido en una de las joyas de esta temporada. La serie arranca en 2019 y nos presenta a los Lyons, una familia de clase media de Manchester formada por miembros de lo más dispares. Con ellos en el centro de la historia veremos a lo largo de seis capítulos cómo se va desarrollando el futuro de aquí a 15 años. Y no pinta bien.

En la trama hay dos hilos conductores. Por un lado el de la familia y por otro el de Vivienne Rook, una empresaria que salta a la vida política gracias a sus mensajes populistas cargados de patriotismo y xenofobia (algo así como una mezcla entre Marine Le Pen, Daniel Farage, Boris Johnson y Donald Trump). Los Lyons viven en su burbuja, por así decirlo, y se centran en su cotidianidad, en su trabajo, su familia, sus amigos… Lo que ocurre en el mundo está en un segundo plano y es meramente anecdótico, como cuando aparece Rook en la tele soltando exabruptos, que la consideran una loca que está en sus 15 minutos de fama. Sin más.

Sin embargo, aquello que no fue tomado en serio en su momento ha ido escalando y cinco años más tarde se ha convertido en algo que no se puede obviar. En ese lustro Trump ha vuelto a ganar las elecciones, Rusia ha invadido Ucrania, los efectos del cambio climático son cada vez más notables, hay una guerra nuclear entre EEUU y China, Grecia ha iniciado los trámites para salir de la UE, ha muerto Isabel II y Vivienne Rook con su partido Cuatro Asteriscos (clara referencia al Movimiento Cinco Estrellas italiano) va ganando relevancia en la esfera política. De repente lo que ocurre ahí fuera en el mundo ya no resulta tan ajeno e impacta de alguna u otra forma en el día a día de los Lyons volviendo sus vidas del revés.

Con el paso de los capítulos (y de los años) vamos viendo cómo los cambios sociales, políticos, económicos y tecnológicos van afectando a cada uno de los miembros de la familia. Así, Edith (reconocida activista) sufre en sus carnes las consecuencias de la guerra nuclear entre Estados Unidos y China; Rosie (madre soltera de dos hijos que trabaja en un comedor escolar) ve cómo poco a poco se van recortando los derechos de la clase obrera; Daniel (que trabaja para el ayuntamiento dando cobijo a los refugiados ucranianos) vive desde dentro esta crisis humanitaria; Stephen (asesor financiero) y su mujer Celeste (contable) serán testigos del colapso bancario además de tener que gestionar la noticia de que su hija Bethany quiere convertirse en transhumana y subir su consciencia a la nube. Muriel (la abuela de los cuatro hermanos) intenta mantenerlos a todos unidos mientras aporta algo de cordura y reflexión ante los acontecimientos.

Los hechos se suceden de forma vertiginosa y los años pasan con rapidez, sin embargo, siempre se vuelve a la familia como punto de referencia. El tener unos mismos personajes a lo largo de la historia hace que el espectador se involucre más y produce un mayor impacto aludiéndole y llamándole a la reflexión. Y es que a priori, aunque haya aspectos que nos puedan sonar distópicos y/o exagerados, en realidad, si nos paramos a pensar, Years and Years no plantea un futuro tan alejado. Ya hemos vivido guerras entre grandes potencias, pérdida de derechos tanto civiles como laborales, colapsos bancarios, crisis de refugiados, inestabilidad política, auge de populismos y xenofobia, corrupción, fake news, discusiones éticas sobre la evolución de la ciencia o la tecnología, terrorismo o efectos del cambio climático. Y eso es lo que realmente aterra (y atrae) de la serie, que no nos extrañaríamos de leer, oír o ver en las noticias cualquiera de estos sucesos. Salvo lo de España gobernada por un partido de extrema izquierda y la Familia Real exiliada a Mónaco, es una distopía muy factible. De hecho, en muchos casos la realidad supera a la ficción.

Years and Years nos retrata como sociedad acomodada que ha perdido conciencia de la acción colectiva y que piensa que aquello que no afecta directamente a su día a día, no influirá indirectamente. El individualismo nos ha hecho olvidar que lo personal es político y que hay que tener ambición y un punto de rebeldía. La serie juega el papel del fantasma de las próximas navidades presentándonos un más que posible futuro si no tomamos partido y nos implicamos y nos deja con una reflexión a modo de moraleja en boca de Muriel:

“Es culpa nuestra. Todo. [….] Los bancos, el Gobierno, la recesión, Estados Unidos, la Sra. Rook. Todo lo que ha ido mal es culpa vuestra. Todos somos responsables, cada uno de nosotros. Podemos pasarnos el día culpando a otros. Culpamos a la economía, a Europa, a la oposición, al clima y al vasto incontrolable curso de la historia, como si no dependiera de nosotros, seres indefensos e insignificantes. Pero sigue siendo culpa nuestra.  ¿Sabéis por qué? Por la camiseta de una libra. Una camiseta que cuesta una libra. No podemos resistirnos, ninguno de nosotros. Vemos una camiseta que cuesta una libre y pensamos: Qué ganga, me la quedo. Y la compramos. No para vestir, Dios nos libre, pero servirá como camisetita interior para el invierno. Y el tendero se lleva cinco peniques miserables por esa camiseta. Y un pobre campesino recibe cero coma cero un penique, y nos parece bien. Todos entregamos nuestra libra y contribuimos a ese modo de vida”.

Y aunque aquí podríamos abrir el debate de que también quien compra una camiseta a una libra es una víctima del sistema porque quizá sus condiciones no le permiten comprar algo que no venga de la explotación, se entiende el mensaje de que no hay que conformarse y tragar con las injusticias, sino, en la medida de lo posible, levantarnos y reclamar otro modelo de vida. Sin duda una serie para la reflexión.

Serie para ver: State of the Union

Reconozco que llegué a State of the Union por Chris O’Dowd, a quien ya había visto en The IT Crowd, pero me atrapó el formato de 10-12 minutos que supone un soplo de aire fresco en medio de tanta oferta seriéfila que suele rondar los 50-60 minutos.

La premisa que nos plantea es sencilla:  Louise (gerontóloga) y Tom (crítico de rock desempleado) son un matrimonio que se toma algo en un bar antes de entrar a terapia de pareja. En esos 10 minutos que tardan en beberse su vino blanco y su cerveza el espectador asiste a una conversación que fluye desde lo banal (qué tal, cómo estás, qué tal los niños…) a lo más profundo (el motivo por el que van a la terapia). Así, al poco de comenzar el primer episodio sabemos que el detonante de que Tom se marchara de casa fue que ella tuvo una aventura. Sin embargo, el diálogo entre ambos parece indicar que ese no fue el único problema en su relación y nos genera la necesidad de conocer más de su historia a través de esta ventana indiscreta que nos han abierto.

State of the Union engancha gracias a los ágiles diálogos, al realismo, a la química que hay entre Rosamund Pike y Chris O’Dowd, al punto cómico de Tom y el sarcástico de Louise y a la ironía británica. Pero sobre todo gracias a la simplicidad del planteamiento y su corta duración.

Cuenta con una temporada de 10 episodios, pero parece que el creador está trabajando ya en una segunda (aunque aún no se sabe si verá la luz). Eso sí, con nuevos protagonistas de mayor edad. ¿Significará eso que Louise y Tom consiguen arreglarlo? Habrá que descubrirlo.

Serie Terminada: Así nos ven

Así nos ven recoge la historia de Los Cinco de Central Park, cinco adolescentes negros que fueron condenados por violación y cumplieron entre 6 y 13 años de cárcel a pesar de no tener nada que ver con el crimen. Antron McCray, Kevin Richardson, Yusef Salaam, Raymond Santana y Korey Wise se vieron obligados a confesarlo por las presiones de la policía y de la fiscal del caso.

La noche del 19 de abril de 1989 se denunciaron varios altercados en Central Park. Cuando la policía llegó a la zona, detuvo a varios jóvenes de Harlem que estaban asaltando a corredores como forma de entretenimiento. Pero la situación se complicó aún más cuando se descubrió en el parque el cuerpo moribundo de Trisha Meili, una joven blanca de 28 años que había sido brutalmente atacada y violada cuando había salido a correr. Los chavales se convirtieron entonces en los primeros sospechosos.

En realidad el ADN no coincidía ni con el encontrado en la víctima ni con el del escenario del crimen. Meili además estaba en coma, por lo que no se podía contar con su testimonio. Todo lo que había era una necesidad por parte de la policía y de la fiscal de cerrar el caso lo antes posible. Así, los cinco chavales fueron interrogados de forma abusiva (siendo incluso golpeados) entre 14 y 30 horas seguidas sin la presencia de sus padres ni abogados (algo que es ilegal dado que eran menores) para que confesaran una violación de la que ni siquiera se habían enterado. Ante tal presión en los interrogatorios, acabaron confesando su implicación y fueron condenados a pesar de que no había pruebas forenses ni testigos. En 2002 fueron exonerados cuando el verdadero autor de los hechos, Matías Reyes, confesó el crimen. En 2014 el Estado de Nueva York les indemnizó con 41 millones de dólares, algo que sin duda no les devolverá el tiempo en prisión y la posterior readaptación a la sociedad.

La miniserie recoge en 4 capítulos el tiempo transcurrido desde que los adolescentes deciden irse al parque a pasar el rato hasta su liberación años después. El primer episodio se centra en la detención y el segundo en el juicio. El tercero muestra la salida del reformatorio años después y el cuarto la vida en la cárcel de Korey, el único de los cinco que tenía 16 años. Es perfecta para ver en modo maratón en estos días de diluvio, aunque se hace dura.

La trama está contada desde el punto de vista de los jóvenes y va directa al grano, apenas hay contextualización de aquella Nueva York en la que había una media de seis crímenes diarios y tan solo ganaban relevancia aquellos que ocurrían en Manhattan o que se veían envueltos dos grupos raciales (y la víctima era blanca). No hace falta, porque ya se va percibiendo a lo largo del metraje. Lo interesante aquí es descubrirlo por medio de la emoción, para que el espectador empatice con la frustración e impotencia de los acusados.

Así nos ven pone en entredicho los métodos de la policía y de la fiscalía en una época en que los crímenes sin resolver se acumulaban en sus mesas y tenía urgencia por resolver un caso tan mediático. Los chicos se convirtieron en cabeza de turco como consecuencia del sesgo racista. Pero la serie no solo cuestiona a la policía o a la fiscalía, sino al sistema judicial, al papel de los medios de comunicación que transmitieron su mensaje sin investigar el caso y a una sociedad que se tragó el relato sin más. Ya con el primer capítulo remueve la conciencia al ver la injusticia a la que tuvieron que enfrentarse los menores y la impotencia de sus familias.

Así nos ven se convierte en un apasionante visionado gracias a la verosimilitud de la fotografía y la ambientación, pero sobre todo por el reparto. Tanto los adultos como los jóvenes (la mayoría de ellos desconocidos) están impresionantes. Sin duda saben transmitir esa desesperación rabia y frustración que viven sus personajes.

Otra sorpresa más de la temporada sin duda.