Serie Terminada: Motive

Motive es un drama policíaco poco convencional en el que de entrada el espectador conoce quién es el asesino. Daniel Cerone, guionista de Dexter, El Mentalista o The Blacklist parece que es fan de la mítica Colombo, así que decidió crear una serie con ciertos paralelismos, convirtiendo al crimen en el eje central de la trama. Lo importante no es llegar a desenmascarar al verdugo, sino en juntar las piezas del puzle.

En las primeras escenas conocemos tanto al asesino como a la víctima cada uno en una situación en la que de inicio no nos da la sensación de que tengan relación entre ellos. Una vez que ambas partes han sido presentadas avanzamos hasta el crimen, momento en que aparecen los detectives Angie Flynn, Oscar Vega y el novato Brian Lucas dispuestos a escuchar lo que la forense Betty Rogers tenga que comentarles sobre el cadáver encontrado.

A partir de ahí seguimos tres narraciones. En primer lugar tenemos a los policías investigando a la víctima e intentando encontrar sospechosos, en segundo lugar al asesino en el presente siguiendo con su vida tras el crimen y en tercer lugar vamos conociendo detalles de víctima y verdugo, así como el vínculo entre ambos gracias a los flahsbacks.

Como suele ocurrir en este tipo de series, juega con los giros de guion para descolocar al espectador. Y es que ya que conoces al asesino, por lo menos hay que buscar algo de intriga con el motivo. Los casos son muy variados y no siempre es todo blanco y negro. A veces es una discusión que acabó torciéndose o un accidente, y otras nos encontramos con el típico personaje que de primeras ya se ve que tiene el mal en él. Lo mismo ocurre con las víctimas: en ocasiones se empatiza con ellas, en otras podemos sentir que se lo han merecido.

Además del caso de la semana suele haber una segunda trama que abarca toda la temporada y que involucra de alguna forma a los protagonistas. Ya sea un caso del pasado de Flynn y el sargento Cross, la enfermedad de Vega o sus relaciones personales. Aunque esto es bastante secundario y no está tan bien dibujado. Me ha gustado el carácter de los protagonistas y la química entre ellos. Flynn y Vega casan muy bien, con una relación de compañerismo y amistad bastante profunda, de esas en las que se permiten bromear o ser sarcásticos sin que la otra parte se enfade. Además, se cubren y se preocupan el uno por el otro. La dinámica cambia en cierta medida cuando él promociona a sargento y los nuevos personajes no terminan de encajar igual.

En cuanto a los secundarios, Motive necesita enganchar cada semana con un caso diferente, así que tiene que llamar la atención. En este sentido es un desfile constante de rostros conocidos. Sobre todo me llamó la atención la cantidad de actores que ya habíamos visto en iZombie (supongo que tiene algo que ver que ambas fueran grabadas en Vancouver). En la última temporada incorpora como recurrente a Tommy Flanagan (Hijos de la Anarquía) como Jack Stoker, agente de la Interpol.

Cuando vi el piloto pensé que iba a ser una serie interesante por el cambio de premisa, pero al fin y al cabo una serie criminal más para pasar el rato. Sin embargo, de alguna forma u otra te acaba enganchando. Ya sea por la historia semanal, por el arco temporal o por los protagonistas. Es verdad que no es tremendamente innovadora, pero su fórmula mantiene el interés. Además, han sabido cerrarla a tiempo y bien con una cuarta temporada enfocada precisamente a ese final con un equipo en el que cada uno de sus miembros tiene que tomar decisiones sobre su futuro.

Serie “para ver”: Bodyguard

Bodyguard llega a Netflix tras haber roto todos los récords de audiencia en Gran Bretaña. Producida por la BBC, ha sido la sensación del año por encima de otros grandes éxitos como Years and Years. Por ejemplo, el día de la emisión del último episodio reunió más de 17 millones de personas, aproximadamente un 40% del share. Creada y escrita por Jed Mercurio (Line of Duty), consta de seis episodios (no hay confirmada su continuación) y está protagonizada por Richard Madden (Rob Stark en Juego de Tronos) y Keeley Hawes.

Bodygard arranca con el protagonista, David Budd, frustrando un atentado terrorista en un tren en el que volvía a casa con sus hijos pequeños. Tras esta actuación el exmilitar ahora reconvertido en sargento de la Policía Metropolitana de Londres es ascendido a escolta personal de la Ministra de Interior británica, Julia Montague, una política conservadora que en el pasado apoyó la intervención militar en Afganistán. Precisamente aquella de la que Budd regresó cargado de secuelas. Separado y alcohólico por sufrir estrés postraumático, este veterano de guerra se encuentra en una encrucijada moral al tener que dejar de lado su vida personal y ser todo un profesional protegiendo a alguien que defiende unas ideas totalmente contrarias a las suyas.

Hawes se encuentra en el punto de mira al elevar el discurso sobre la inmigración y el terrorismo islámico. Es una mujer que aspira a convertirse en la próxima residente de Downing St., por lo que es objetivo tanto de ataques externos, como de internos. Molesta por su ambición, agresividad y liderazgo. Es una mujer que no disimula sus ansias de poder.

Bodygard presenta un thriller en el que la tensión aparece desde el minuto uno. Tensión en la trama ya desde el arranque que nos recuerda más a una película de espías clásica que de una serie de televisión; y tensión entre los personajes ya que apuesta por la relación compleja entre sus dos protagonistas. Ella ambiciosa, poderosa y fuerte; él herido emocionalmente y contenido profesionalmente. Cuenta además con una buena dosis de intriga gracias a una trama cargada de espionaje, crimen, conflictos de intereses y ambición de los poderes políticos. La fotografía acompaña, con ese toque frío tan característico de las series británicas y tan urbano, propio de Londres.

Algo tienen las ficciones policíacas, que no dejan de engancharme. Habrá que comprobar por qué ha enganchado a tantos británicos.

Serie “para ver”: The morning show

Parece que en el panorama actual televisivo no teníamos suficiente con los canales en abierto, los de cable y las plataformas en streaming (Netflix, HBO, Amazon Prime Video y Disney Plus), que en noviembre la compañía de la manzana mordida se sumó a la fiesta lanzando Apple TV+. Y lo hizo por todo lo grande, con The Morning Show, su serie insignia protagonizada por Jennifer Aniston, Reese Witherspoon y Steve Carell.

The Morning Show usa como punto de partida la historia del libro Top of the Morning: Inside the Cutthroat World of Morning TV de Brian Stelter, en el que se exponían varios casos de luchas de poder en los magacines matutinos, aunque podría basarse en tantos otros casos de acoso sexual que han salido a la luz en los últimos años (Matt Lauer en el magacin matutino Today; Charlie Rose, presentador estrella de la CBS o Tom Brokaw de la NBC News por poner algunos ejemplos).

La ficción arranca con la crisis que sigue al despido de Mitch Kessler (Steve Carell) de The Morning Show, el matinal más exitoso de la televisión estadounidense, tras ser acusado de acoso sexual. Su compañera desde hace 15 años, Alex Levy (Jennifer Aniston), ha de tomar las riendas de un barco que hace aguas en medio de una tormenta y limpiar tanto su imagen como la del programa y la cadena.

Es complicado juzgar la serie con solo un primer episodio, pues es todo muy caótico y nos encontramos con tres tramas abiertas. Al acoso sexual de Kessler y la lucha de Levy por seguir siendo imprescindible, se une la llegada de Bradley Jackson (Reese Witherspoon), una desconocida reportera de Virginia Occidental que llama la atención de uno de los directivos de la cadena después de que un vídeo de uno de sus reportajes se hiciera viral. Está claro que Jackson llegará para sustituir a Kessler y a la vez para funcionar como elemento de conflicto y confrontación con Levy. Ambas tienen una personalidad diferente y un distinto punto de vista sobre cómo ejercer el periodismo. Pero esto solo se intuye de momento, ya que la serie se lo toma con calma para presentar a los protagonistas y las tramas antes de entrar de lleno en lo que quiere contar.

Así pues, no me queda muy claro si pretende ser una especie de The Newsroom reflejando el día a día del backstage de un programa de noticias (esta vez matinal) aprovechando para criticar la forma de hacer periodismo hoy en día y en cómo se elige poner el foco sobre unas noticias u otras teniendo en cuenta los intereses de la cadena; si va a centrarse en los egos de los rostros conocidos y en la batalla por las audiencias; o si quiere ir por otros lares más cercanos al libro en el que se basa y exponer las relaciones de poder en un ambiente machista y cómo esto afecta a las mujeres del sector. O quizá busca contar un poco de todo lo anteriormente mencionado, pues tan solo con el piloto, parece querer ser muchas cosas.

The Morning Show sin duda ha llamado la atención por ser el gran estreno de Apple TV+ y contar con un reparto tan mediático. No podemos decir que sea la mejor serie de 2019, sin embargo, el primer duelo entre las dos protagonistas en el piloto ya nos da un poco de esperanza de que puede ir a más.

De momento cuenta con una primera temporada de 10 episodios y antes de su estreno ya fue renovada para una segunda.

Serie Terminada: Creedme (Unbelievable)

2019 parece ser el año de las miniseries, además de gran calidad. Ha sido el año en que hemos podido ver Chernobyl, Así nos ven, Years and Years y Creedme (Unbelievable), la última que he visionado. De repente me encontré con numerosos artículos y comentarios en las redes sociales sobre lo buena que era, por lo que despertó mi curiosidad.

Al igual que Así nos ven, Creedme es un true crime basado en hechos reales. Recogido inicialmente en 2015 por los periodistas Ken Armstrong y T. Christian Miller en un reportaje que les hizo ganar el premio Pulitzer, ahora pasa a la pequeña pantalla en formato de 8 episodios. La historia arranca con Marie Adler, una joven de 18 años de la ciudad de Lynnwood, en el estado de Washington, que fue violada en 2008 por un hombre que se coló por la noche en su apartamento. Por si fuera poco la traumática experiencia de sufrir una violación, se encuentra después con un calvario cuando ha de relatar los hechos mil y una veces ante los médicos y los agentes de policía que la atienden. Unos detectives que ponen en duda su relato hasta el punto en que ella acaba retractándose cansada de esforzarse para que la crean. Sin embargo, tras declarar que todo era mentira y que se lo había inventado para llamar la atención, la situación empeora más. La poca gente de su entorno que la había apoyado de repente la deja de lado y se convierte en poco menos que una apestada. Su padre de acogida incluso no quiere estar a solas con ella por si acaso ella pudiera inventarse una historia similar. Poco después es además llevada a los tribunales tras ser acusada de delito de falso testimonio.

El primer capítulo se centra enteramente en el caso de Marie, en la violación, en su soledad durante todo el proceso, en su frustración ante el acoso de los detectives y en su derrota emocional cuando comprende que la policía ya ha decidido que su denuncia carece de credibilidad y que no va a investigar su violación. Es un episodio lento y duro. Muy duro. No por la violación en sí, ya que no se muestra de forma explícita; sino por la facilidad con la que nos hace sentir empatía por Marie y comprender por qué tan frecuentemente las víctimas de abuso y acoso sexual no llegan a denunciar. A menudo se sienten doblemente violadas: primero físicamente por el agresor y después psicológicamente por un personal no cualificado (policía, sanitarios, abogados) que se centra más en buscar inconsistencias en el relato y en el comportamiento de la víctima que en investigar realmente el caso.

En los siguientes capítulos Creedme se bifurca en dos tiempos narrativos. Por un lado sigue los pasos de Marie y cómo intenta recomponerse cuando todo su entorno la margina y, por otro da un salto a 2011 a la investigación conjunta de las detectives de Colorado, Grace Rasmussen y Karen Duvall después de que esta última descubriera que un caso suyo guarda muchas similitudes con otro de Rasmussen y a partir de ahí salieran a la luz muchos más con el mismo patrón: las víctimas eran atadas con los ojos vendados, violadas durante horas, fotografiadas y obligadas después a ducharse concienzudamente. Además, las escenas de los crímenes quedaban totalmente limpias, sin resto alguno del agresor.

Viendo ambas historias contrasta notablemente las actuaciones de los detectives en cada una de ellas. Por un lado la típica actuación de tipo duro, agresivo, que acorrala al entrevistado como si fuera un acusado en vez de una víctima en el caso de Marie, y, por otro lado, el trato mucho más humano y empático de las detectives de Colorado. Puede que la diferencia venga determinada en parte por ser mujeres y por ello ser capaces de ponerse en el lugar de las víctimas, pero también se ve que tienen más experiencia y formación específica y adecuada en ese tipo de casos. No hay más que ver con qué calma y tacto Duvall entrevista a una de ellas en el segundo episodio, acompañándola también durante todo el proceso en el hospital y llevándola después a casa de una amiga para asegurarse de que tiene el apoyo de alguien cercano.

Creedme pone sobre la mesa las buenas y malas prácticas ante un caso de violación y la necesidad de una mirada no patriarcal. Habla del acoso institucional a las víctimas y de cómo se cuestiona su relato tanto como el de un acusado y de la creencia social de que solo hay un único comportamiento posible tras una agresión sexual. Marie Adler había tenido una infancia complicada pasando por varios centros y casas de acogida. Quizá por eso su testimonio sonó frío, sin emoción, porque ya había pasado por momentos complicados en el pasado. Sin embargo, estas dos circunstancias (su pasado y su comportamiento) llamaron más la atención que el parte de lesiones. Incluso el hecho de que se contradijera, o se acordara de cosas a medida que volvía a repetir los detalles fue tomado como señal de que mentía en lugar de plantearse que es completamente normal que la mente tenga lagunas tras un suceso traumático o que se recuerden cosas en de una forma totalmente desordenada.

Aunque la serie tiene un toque policíaco y sigue una investigación y sus procesos, no sigue la misma estructura de otras ficciones como CSI, Motive, Castle o tantas otras. Es verdad que se busca a un criminal, pero no nos importa sus motivos. Aquí la importancia recae en las víctimas y el relato se hace desde su punto de vista (no desde el del detective de turno que resuelve el caso). Así, a pesar de que se trata de una serie sobre agresiones sexuales, no nos encontramos con escenas de violaciones brutales y explícitas. No hace falta mostrarlo, pues nos lo podemos imaginar a la perfección simplemente con los retazos de los recuerdos de las víctimas. Somos capaces de sentir su miedo y vulnerabilidad sin entrar en el morbo o el amarillismo.

Creedme le da una vuelta al mito de las denuncias falsas poniendo en evidencia el juicio público que sufren miles de víctimas cuando dan el paso y denuncian las agresiones. Muestra lo indefensas que se encuentran cuando son cuestionadas y en lugar de ser protegidas son responsabilizadas (que si qué llevaba puesto, que si había bebido, que si dio pie, que si dijo “no”, que si cerró las piernas…). En el caso de Marie Adler las inspectoras acabaron encontrando la relación y los tribunales acabaron compensándola económicamente (como también pasara en Así nos ven), sin embargo, el daño ya estaba hecho. Quizá no intencionadamente, pero si los primeros agentes hubieran intentado llegar al fondo del asunto en lugar de dudar de la víctima, el exmilitar Marc O’Leary (que se declaró culpable de 28 cargos de violación) no habría seguido agrediendo durante tres años más.

La serie deja una cuestión en el aire desde el principio: ¿Merece la pena denunciar y pasar por todo ese trago en el que ni la policía ni tu entorno te va a creer? Marie lo tiene claro al final: “Incluso la gente en la que confías, si la verdad es incómoda, no se la creen”. Triste, pero por desgracia, es más común de lo que pensamos. Por eso considero que Creedme es muy muy necesaria.

Serie “para ver”: Pequeñas Coincidencias

Rompiendo un poco con la costumbre de ver casi siempre series dramáticas, recientemente vimos el piloto de Pequeñas coincidencias, una comedia española que parece que estaba funcionando muy bien internacionalmente.

La idea de la serie viene de Javier Veiga, quien además de guionista y director es también uno de los protagonistas. Le acompaña delante de la pantalla Marta Hazas, su mujer en la vida real. Interpretan a Javier y Marta (sí, muy originales no han sido con los nombres), dos individuos que de primeras no se conocen, pero que ya en el primer episodio vemos que parecen destinados a encontrarse. Ella se encuentra en un buen momento profesional, ya que está ilusionada por la apertura de su tienda de vestidos de novia. Sin embargo, en lo personal se encuentra en una situación totalmente diferente pues, desilusionada con su pareja, decide poner fin a la relación. Él por su lado es crítico gastronómico y disfruta de su vida como soltero saltando de cama en cama, saliendo con sus amigos y viviendo con su hermano quien se ha acoplado en su casa tras el divorcio.

Pero, cuando parece que ninguno de los dos tiene intención de complicarse la vida, de repente se les empieza a pasar por la cabeza la idea de tener hijos. De primeras no tienen nada en común y cada uno tiene una forma diferente de entender el amor y la vida, sin embargo, parecen compartir pequeñas coincidencias y estar destinados a encontrarse.

La serie sigue una estructura y un estilo típicos de las comedias románticas de los años 90, aquellas en las que chico y chica se ven envueltos en rocambolescas casualidades y sabemos desde el principio que acabarán juntos. Aunque está actualizada introduciendo las redes sociales y la presión social de la vida moderna, es sencilla y sin muchas pretensiones. No plantea una introspección emocional sobre la maternidad, sino que se centra en contar la historia de Javi y Marta.

La estética, el ritmo y la trama funcionan. Al menos así de primeras. Tiene una buena fotografía que se desmarca de las típicas series familiares y se acerca más a las películas. Le fallan sin embargo los secundarios, demasiado estereotipados: el mejor amigo de la protagonista que es gay (y diseñador de vestidos de novia), los amigos fiesteros de él, el hermano divorciado que no sabe qué hacer con su vida (interpretado además por un Juan Ibáñez Pérez que deja mucho que desear). No obstante, en general resulta entretenida y me arrancó varias sonrisas y alguna que otra carcajada, sobre todo con la entrada en escena del padre y hermano de la protagonista. Habrá que ver si en el resto de la temporada se mantiene el ritmo y si hay química entre la futura pareja.

La primera temporada cuenta con 8 capítulos de 50 minutos, reduciendo notablemente la duración habitual en las series españolas. Es así mucho más fácil de ver y va más al grano, sin relleno innecesario.Ha sido renovada por una segunda que, sin embargo, se ha adaptado a la tradición internacional y constará de 12 episodios de media hora.

Serie Terminada: Buena Conducta

En el primer capítulo de Buena Conducta vemos a una Letty que acaba de salir de la cárcel y que intenta recomponer su vida lejos del alcohol, las drogas y los robos para recuperar la custodia de su hijo. Sin embargo, no lo tiene fácil y en uno de sus robos se cruza con Javier, de profesión sicario. En su propósito por hacer las cosas bien, intentará frustrar el encargo del asesino a sueldo, sin embargo, este la descubre y la obliga a seguir con él para que no le delate.

A partir de aquí la serie se desarrolla de forma similar a una road movie en la que dos personajes muy diferentes se encuentran en un momento complejo de su vida y juntos se adentran en viaje sin rumbo, porque lo más importante es lo que ese camino les va a aportar en su desarrollo personal y no el destino. Son dos outsiders intentando encontrar su lugar en el mundo. Es cierto que Letty es retenida contra su voluntad al principio, pero poco a poco comienza a darse cuenta de que Javier le aporta cierta serenidad.

Letty es un personaje muy complejo. Es una antiheroína llena de incoherencias. Es adicta y ha llevado una vida de excesos y cometiendo delitos, pero sin embargo tiene claras sus convicciones morales y asesinar es algo que desde luego no ve con buenos ojos. Por eso intenta enmendar a Javier. Y es curioso, porque mientras la motivación por recuperar a su hijo no impide que se autoboicotee, no pierde la perspectiva con respecto a su compañero de viaje. Durante toda la serie vemos un equilibrio entre sus buenos propósitos y sus recaídas.

Javier también tiene sus propias contradicciones. De entrada llama la atención que no es el típico asesino a sueldo con aspecto de armario empotrado con un carácter de mierda que en vez de hablar gruñe o que mata con una mirada. No tiene nada que ver con un Punisher, sino que es un tipo simpático, tranquilo, educado, con muy buen corazón y empatía (no hay más que verle con su familia o cómo intenta mantener a Letty lejos de sus adicciones y ayudarla a recuperar a su hijo). Sin embargo, es frío y calculador a la hora de planificar sus encargos y después no tiene ningún tipo de remordimientos.

Juntos suman bastantes problemas y podríamos decir que incluso su relación es tóxica en determinados momentos. No obstante, también se hacen mucho bien el uno al otro, se contrarrestan. Ambos han tenido una infancia y adolescencia llenas de traumas y quizás por ese pasado cargado de oscuridad saben entenderse y apoyarse.

Cuando Buena conducta se centra en ellos, resulta interesante. Hay buena química entre ellos y tanto Michelle Dockery como Juan Diego Botto están muy bien en sus papeles. Sin embargo, la cosa cambia cuando hablamos de la relación con la madre de Letty o su agente de la condicional, dos personajes que no parecen muy bien dibujados y que cambian de actitud sin mucho sentido, como si no estuvieran muy bien estructurados y solo sirvieran para provocar una reacción.

Así, la segunda temporada resulta un tanto extraña con la madre de Letty delantando a Javier (cuando sabe el bien que le hace a su hija) y con Christian jugando a las casitas con la agente Rhonda Lashever. No parece muy propio de sus personajes. Y aunque la trama del FBI resulta muy entretenida y deja algún capítulo realmente bueno, en conjunto bien podría haberse cerrado la serie en la primera temporada y tan felices. También es verdad que podría haber continuado hasta la quinta, tal y como tenían por contrato, ya que al final Buena conducta lo único que necesitaba era a Letty, Javier, el Range Rover y la carretera.

No es una mala serie, pero a veces me resultó lenta. Me esperaba algo más de acción con robos, asesinatos y huidas pero, como digo, lo importante es el desarrollo de los personajes, el porqué son cómo son, de qué huyen, cuáles son sus debilidades y cómo se apoyan el uno al otro. No obstante, tiene una buena mezcla de géneros e incluso arranca una sonrisa en momentos bastante dramáticos. No está mal para pasar el rato.

Serie nueva: “para ver”: Criminal

Criminal es una coproducción que se desarrolla a cuatro bandas entre España, Francia, Alemania y Reino Unido. En sus doce episodios se desarrollan sendas historias (tres por cada país) con un único nexo de unión: una sala de interrogatorios.

Así de primeras la premisa de la serie llama la atención por su originalidad. Normalmente cuando se trata de una serie policíaca suele haber un crimen, una investigación con sus CSI, su forense, sus policías… Sin embargo aquí nos encontramos sin contexto, sino que la trama nos mete de lleno en el interrogatorio de una sospechosa y a partir de ahí vamos descubriendo de qué va el caso.

Criminal tiene una estructura muy teatral, ya que se desarrolla prácticamente en un único escenario, la acción transcurre cronológicamente (parece que además el interrogatorio se rodó del tirón para mantener la intensidad emocional) y se sustenta en mucho texto. Es un ensayo sobre el arte de interrogar, un duelo psicológico y dialéctico entre policías y sospechosos. Así, el poder de la serie recae en los diálogos y en el carisma de los personajes.

En el primer episodio español la detenida es una mujer obsesionada con su dálmata. Ella y su hermano son sospechosos de la desaparición de un hombre, pero se muestra tranquila, segura de sí misma y desafiante durante todo el interrogatorio. Es por medio de las preguntas y respuestas que vamos intuyendo qué es lo que ha ocurrido y de qué es sospechosa.

Parece que cada capítulo funciona de forma independiente y autoconclusiva. Así, lo único que evolucionarían serían los policías, que sí que repiten en los tres capítulos correspondientes de cada país. Realmente en este sentido no difiere mucho de un procedimental cualesquiera en el que cada semana se afronta un caso diferente con nuevas víctimas y sospechosos. Sin embargo, aquí me da la sensación de que el interrogado cobra más protagonismo que en aquellas series más tradicionales y es tanto o más relevante que los agentes. Y en este sentido, mientras que estos tienen más recorrido y se les puede llegar a conocer mejor al tener más minutos de pantalla y tener que probar diferentes métodos de interrogatorio, con el detenido todo va bastante más rápido.

Por otro lado, me queda la duda de ver cómo van a encajar no solo las tres historias independientes de cada país, sino cómo lo van a hacer internacionalmente, ya que hay un factor cultural diferenciador no solo en los métodos sino en los caracteres, costumbres e idiosincrasia. Es cierto que se han rodado en el mismo escenario, pero no sé si eso servirá para crear suficiente cohesión y dar sensación de temporada de doce episodios o por el contrario parecerá que estamos viendo cuatro miniseries diferentes de tres capítulos.

Habrá que verlos todos para sacar una conclusión.