Serie Terminada: Así nos ven

Así nos ven recoge la historia de Los Cinco de Central Park, cinco adolescentes negros que fueron condenados por violación y cumplieron entre 6 y 13 años de cárcel a pesar de no tener nada que ver con el crimen. Antron McCray, Kevin Richardson, Yusef Salaam, Raymond Santana y Korey Wise se vieron obligados a confesarlo por las presiones de la policía y de la fiscal del caso.

La noche del 19 de abril de 1989 se denunciaron varios altercados en Central Park. Cuando la policía llegó a la zona, detuvo a varios jóvenes de Harlem que estaban asaltando a corredores como forma de entretenimiento. Pero la situación se complicó aún más cuando se descubrió en el parque el cuerpo moribundo de Trisha Meili, una joven blanca de 28 años que había sido brutalmente atacada y violada cuando había salido a correr. Los chavales se convirtieron entonces en los primeros sospechosos.

En realidad el ADN no coincidía ni con el encontrado en la víctima ni con el del escenario del crimen. Meili además estaba en coma, por lo que no se podía contar con su testimonio. Todo lo que había era una necesidad por parte de la policía y de la fiscal de cerrar el caso lo antes posible. Así, los cinco chavales fueron interrogados de forma abusiva (siendo incluso golpeados) entre 14 y 30 horas seguidas sin la presencia de sus padres ni abogados (algo que es ilegal dado que eran menores) para que confesaran una violación de la que ni siquiera se habían enterado. Ante tal presión en los interrogatorios, acabaron confesando su implicación y fueron condenados a pesar de que no había pruebas forenses ni testigos. En 2002 fueron exonerados cuando el verdadero autor de los hechos, Matías Reyes, confesó el crimen. En 2014 el Estado de Nueva York les indemnizó con 41 millones de dólares, algo que sin duda no les devolverá el tiempo en prisión y la posterior readaptación a la sociedad.

La miniserie recoge en 4 capítulos el tiempo transcurrido desde que los adolescentes deciden irse al parque a pasar el rato hasta su liberación años después. El primer episodio se centra en la detención y el segundo en el juicio. El tercero muestra la salida del reformatorio años después y el cuarto la vida en la cárcel de Korey, el único de los cinco que tenía 16 años. Es perfecta para ver en modo maratón en estos días de diluvio, aunque se hace dura.

La trama está contada desde el punto de vista de los jóvenes y va directa al grano, apenas hay contextualización de aquella Nueva York en la que había una media de seis crímenes diarios y tan solo ganaban relevancia aquellos que ocurrían en Manhattan o que se veían envueltos dos grupos raciales (y la víctima era blanca). No hace falta, porque ya se va percibiendo a lo largo del metraje. Lo interesante aquí es descubrirlo por medio de la emoción, para que el espectador empatice con la frustración e impotencia de los acusados.

Así nos ven pone en entredicho los métodos de la policía y de la fiscalía en una época en que los crímenes sin resolver se acumulaban en sus mesas y tenía urgencia por resolver un caso tan mediático. Los chicos se convirtieron en cabeza de turco como consecuencia del sesgo racista. Pero la serie no solo cuestiona a la policía o a la fiscalía, sino al sistema judicial, al papel de los medios de comunicación que transmitieron su mensaje sin investigar el caso y a una sociedad que se tragó el relato sin más. Ya con el primer capítulo remueve la conciencia al ver la injusticia a la que tuvieron que enfrentarse los menores y la impotencia de sus familias.

Así nos ven se convierte en un apasionante visionado gracias a la verosimilitud de la fotografía y la ambientación, pero sobre todo por el reparto. Tanto los adultos como los jóvenes (la mayoría de ellos desconocidos) están impresionantes. Sin duda saben transmitir esa desesperación rabia y frustración que viven sus personajes.

Otra sorpresa más de la temporada sin duda.

Serie para ver: Hierro

Una boda. Una novia que llega a la iglesia pensando que se ha retrasado demasiado. Un novio que no ha aparecido y nadie sabe nada de él. Un cuerpo recuperado en una gruta bajo el mar. Y una nueva jueza encargada de resolver el crimen. Así arranca Hierro.

La trama tarda en arrancar. Durante los primeros minutos se suceden imágenes de El Hierro, la más occidental de las Islas Canarias, que se intercalan con el viaje de la novia y sus padres a la iglesia. Así, se presentan a la vez el escenario y los primeros personajes, quizá mostrando ya desde el inicio que es tan importante uno como los otros.

Hierro sigue un estilo muy típico del nordic noir presentando el lugar en que transcurre la acción como un personaje más. Las singularidades de una isla tan poco poblada condicionan la trama. Por un lado por sus paisajes salvajes en los que predomina la tierra volcánica, escarpados acantilados, extensas plantaciones de plataneros y los rugidos del océano y del viento y por otro lado porque esta localización tan recóndita influye en el carácter indómito de unos lugareños con unas tradiciones muy arraigadas. Este aislamiento permite además añadir una atmósfera de tensión a la trama que se mueve en armonía con un ritmo pausado propio del carácter canario.

El contraste con esta idiosincrasia local lo pone Candela, una jueza peninsular recién destinada a la isla. Mujer de carácter fuerte, se encuentra con su primer caso nada más llegar y enseguida verá cómo su forma de trabajar choca con los de las autoridades locales y las costumbres de los herreños.

El punto de partida no es nada nuevo, ofrece un cóctel ya visto en muchas series y novelas de intriga: lugar remoto, tranquilo y con una comunidad cerrada + crimen + personaje que llega de fuera y despierta recelo entre los locales. A partir de ahí comienzan a destaparse secretos, corruptelas, infidelidades, malos que no resultan serlo tanto, buenos que tienen un lado oscuro… Los ingredientes típicos, vaya. Sin embargo, Hierro invita a seguir viendo el resto de capítulos gracias a su fantástica fotografía (siempre tienes algo ganado cuando grabas en un lugar que es reserva de la Biosfera), a la banda sonora que parece reproducir los lamentos de la isla al introducir los sonidos del viento y del mar, al uso del acento autóctono que potencia el realismo (tan solo hay 3-4 actores que no son canarios) y a los personajes que parecen tener sus dobleces.

Además, cuenta con una temporada autoconclusiva de tan solo ocho capítulos de algo menos de una hora, por lo que no es una historia que se alargue eternamente para mantener a la audiencia. Imagino que si plantearan una segunda, sería con un nuevo caso.

Parece que la ficción nacional está mejorando notablemente en los últimos años.

Serie Terminada: Veep

Veep es una comedia centrada en la ambiciosa y egoísta Selina Meyer, la Vicepresidenta de Estados Unidos. Se adentra en los pasillos de la Casa Blanca y sigue a la Vicepresidenta y sus intentos por tener relevancia en la vida política y dejar huella en la legislatura. Esta no se siente cómoda siendo la segunda a bordo, y es que parece ser un cargo más simbólico que otra cosa sin poder real. Veep satiriza con el hecho de que el vicepresidente en verdad no cumple ninguna función seria.

Así, la trama gira en torno a su día a día en el cargo junto a su equipo (inicial) en el que se encuentran Amy Brookheimer (jefa de gabinete), Gary Walsh (su asistente), Mike McLintock (director de comunicaciones), Dan Egan (subdirector de comunicación) y Sue Wilson (la secretaria/recepcionista), pero además del arco de cada temporada, cada episodio tiene su propio conflicto autoconclusivo.

No es la primera vez que nos encontramos con una serie centrada en la política de EEUU, así de primeras se nos vienen a la cabeza El lado Oeste de la Casa Blanca, House of Cards o Scandal, pero Veep no tiene nada que ver. En primer lugar porque es la primera que afronta el trema desde la comedia y la sátira política y por otro lado porque principalmente gira en torno al funcionamiento del día a día. Sigue a los trabajadores en torno a ese gran cargo y en cómo van apagando fuegos, escribiendo discursos, planificando actos, decidiendo qué información se comparte con los medios….

En este caso también se diferencia de otras series políticas en que no hace referencia a ningún partido en concreto. Y es que en realidad para lo que quiere contar da exactamente igual, trata de mostrar el comportamiento humano cuando se llega al poder y cómo la política cada vez se ha convertido más en marketing y que lo importante es que los votantes te compren la idea. No hay ideología más allá del dinero y el beneficio propio. Estos son mis principios y, si no le gustan, tengo otros. Por ejemplo, hay un episodio en Meyer está en el previo a un acto y un asesor le comenta que ha habido un tiroteo y han resultado muertas decenas de personas. La preocupación de la protagonista es saber si es “musulmán o blanco” y cuál de las dos opciones le beneficiará a la hora de pronunciar su discurso. Es decir, le es indiferente el culpable o las víctimas, lo único importante es el rédito político que puede sacar.

No obstante, el hecho de que sea una comedia no impide que no sea seria en otros aspectos. Por ejemplo, su escenografía y ambientación están cuidadas al detalle y dotan de gran verosimilitud a las escenas. Tiene en su haber además cerca de una veintena de premios y su protagonista, Julia Louis-Dreyfus, se llevó seis Emmy consecutivos por el papel de Selina Meyer.

Y aunque gran parte del peso de la serie recae sobre Louis-Dreyfus y lo borda, los secundarios no fallan. Mi favorito sin duda es Gary Walsh y su bolso bandolera siempre al hombro. No tiene nada que envidiar a Mary Poppins o a Doraemon. En él lleva de todo, siempre para adelantarse a las necesidades de su jefa. Es la sombra de Meyer, siempre susurrando a su oído los nombres y datos de la gente que se acerca a ella. Sin embargo, es blanco de mofas y no es tomado en serio.

Amy Brookheimer y Dan Egan representan a dos jóvenes sobradamente preparados y adictos a su trabajo. Tienen una meta en la vida y es llegar lo más alto posible. Les da igual las tretas que tengan que usar o a quién se carguen por el camino.  Por otro lado, Ben Cafferty y Kent Davison son su versión veterana. También adictos a su trabajo solo piensan en datos, encuestas, solución de problemas… Ya están cansados de todo, pero en el fondo no pueden vivir si no están continuamente en campaña.

Y luego está Jonah Ryan, el típico chico blanco, pijo y consentido. Entra en la Casa Blanca como becario y comienza al inicio de la serie como enlace entre el Presidente y la Vicepresidenta. Sin embargo, este repulsivo personaje es quizás el que más ha cambiado con las temporadas. Han sabido reflejar en él cómo ha ido cambiando la política. De ser un don nadie acaba presentándose a candidato a la presidencia con una retórica que recuerda a la de Trump. Viendo la serie en 2019 da un poco de miedo, y es que cuando nació en 2012 pretendía hacer parodia poniendo tremendas barbaridades en la boca de sus protagonistas pero hoy la realidad supera a la ficción.

Los diálogos ágiles y muchas veces solapados dan mayor sensación de realismo y transmiten el caos en que se ve envuelto el equipo con una apretada agenda y humos que apagar a cada instante. El humor no cae en los típicos gags, sino que es ácido, crítico y rebuscado. Hay mucho insulto, obscenidad y burradas. Se nota que es de HBO y no de una cadena en abierto.

Aunque ha mantenido el título a lo largo de sus temporadas, la historia y la situación política de Selina evolucionan. Eso sí, consigue mantener el tono y el estilo hasta el final. Siempre está presente la incompetencia de los candidatos, el fracaso y el ridículo, la impunidad ante los delitos, la corrupción, las situaciones al borde del desastre y los tejemanejes de los equipos para ocultar escándalos. Solo cambia el escenario.

Veep podría haber seguido temporadas y temporadas con su crítica a los vicios y trampas del sistema, pues sin duda es una fuente inagotable de contenido. Sin embargo, se ha vuelto demasiado realista e incluso se queda corta, por lo que era un buen momento para cerrarla. El fin de un ciclo político.

Nueva serie “para ver”: Instinct

El verano es buen momento para una revisión de pilotos entre serie y serie. Recientemente llegó el turno de Instinct, el enésimo procedimental en que la policía colabora con un experto para solucionar un caso y esa relación se convierte en algo más permanente. No es nada nuevo, hemos visto este tipo de colaboraciones en Psych, iZombie, El Mentalista, Castle, Einstein o Bones.

Basada en la novela Murder Games de James Patterson, la ficción se centra en Dylan Reinhart, un ex agente de la CIA y ahora profesor de universidad que comienza a colaborar con la policía cuando su libro aparece relacionado con un asesinato. Y aunque ese es el hilo conductor, como procedimental al uso que es tiene un caso semanal y la trama personal de los personajes no influye excesivamente en el desarrollo de la temporada. Sin embargo, a pesar de seguir el esquema clásico de este tipo de series, introduce una novedad, y es que por primera vez en abierto el protagonista es gay (algo que ya ocurre en la novela), y no uno lleno de clichés, no, sino un personaje cuya sexualidad no le define. Parece una tontería, pero es un gran avance, sobre todo para una cadena como la CBS con un espectador cuya edad ronda los 60 años y un género tradicionalmente copado por hombres muy heterosexuales.

Reinhart está protagonizado por el actor Alan Cumming, a quien ya conocíamos de The Good Wife, y sin duda es perfecto para el papel con ese porte británico que tiene. Sabe plasmar la imagen de académico repeinado y que viste chaleco, excéntrico y con una mente brillante. Le acompaña Bojana Novakovic como la detective Lizzie Needham, la típica solitaria que ha perdido a su pareja y no consigue encajar con ningún compañero. No hay mucha novedad en este personaje, al menos así de primeras. Lo bueno es que sabemos que no van a meter un giro de guion que no se sostiene para emparejar a los dos protagonistas incluso cuando no hay química entre ellos, como ocurriera con El Mentalista o Castle. Completan el reparto Whoopi Goldberg como la editora de su futuro libro y Naveen Andrews como su amigo y excompañero en la CIA.

Instinct no es una serie que sorprenda, tampoco es la mayor revelación de la temporada, pero tiene un tono ligero y toques de sarcasmo. Si te gusta el género policíaco, cumple con su objetivo de entretener.

Cuenta con una primera temporada de 13 episodios y este verano se está emitiendo la segunda de otros tantos.

Serie Terminada: iZombie

Tras cinco temporadas las aventuras de Liv en iZombie llegaron a su fin. Y aunque la serie terminó muy diferente a cómo empezó, creo que los creadores han sabido cuándo cerrarla.

Recordemos que iZombie no es una serie de zombies al uso, sino que escapa del género de terror y tiene un toque más de procedimental aunque con el Leitmotiv de los no-muertos como hilo conductor. Olivia Moore, estudiante de medicina, sale una noche de fiesta y descubre a la mañana siguiente que tiene una necesidad imperiosa de comer cerebros. Contagiada por culpa de un arañazo, decide que no puede seguir con su vida como siempre y, para proteger a sus seres queridos, toma distancia (llega incluso a romper con su prometido) y cambia su especialidad médica por la morgue.

En el depósito no solo se asegura que no dañará a sus pacientes, sino que además tiene a su disposición barra libre de cerebros. Pero su secreto pronto es descubierto, y su jefe, Ravi, se convierte en su amigo y confidente. Además, fascinado por su contagio, intentará investigar qué pasó la noche en que Liv fue contagiada así como encontrar una cura.

Mientras tanto, Liv sigue con su “vida y, dado que descubre que cuando come un cerebro tiene visiones de el fallecido, decide hacer algo bueno y ayudar a la policía como supuesta vidente. Así, comenzará a trabajar con el inspector Babineaux.

Durante prácticamente toda la primera temporada vamos conociendo a los personajes, cómo funciona este tipo de zombies y además se van resolviendo los casos criminales autoconclusivos. Sin embargo, a pesar de una premisa a priori simple, la serie engancha. Y lo hace gracias al ritmo, los personajes, los diálogos, las referencias pop, la fotografía, la música o el mensaje.

Es una serie fresca y dinámica con elementos policíacos, pero además tiene mucho de sátira y parodia, lo cual aligera el ritmo y la temática que se trata, en la que hay continuas referencias a asesinatos, muertes, decapitaciones… Aboga por el entretenimiento y la comedia con un poco de humor negro para equilibrar lo dramático.

En cuanto a los personajes, si bien es cierto que al principio conocemos sobre todo a Liv, Ravi, Babineux y el villano Blaine, a medida que avanza la trama y pasan las temporadas también van ganando peso el exprometido Major Lilywhite y Peyton, la amiga y compañera de piso. Juntos forman un grupo de lo más heterogéneo que sin embargo casa muy bien. Y aunque el secreto de Liv le da algo de chispa a la trama, funciona incluso mejor cuando su círculo más cercano lo descubre. La serie se va volviendo más coral a medida que avanza.

Rose McIver está espectacular en cada capítulo. En cada uno de ellos ha de seguir siendo Liv, pero a la vez combinar su personaje con el de aquel cuyo cerebro se haya comido esta. Este juego le permite lucirse en una cantidad de roles impresionante y el resultado es siempre disparatado, incluso cuando está bajo la influencia de alguien odioso. Es verdad que los caracteres están siempre algo exagerados y estereotipados, pero es que iZombie tiene ese tono.

Todo ello además teniendo en cuenta que es neozelandesa y actúa con acento estadounidense.

A la carta bien jugada de introducir un elemento nuevo en cada capítulo gracias a las personalidades de los cerebros se une el elegante despliegue gastronómico. Una cosa es que seas una zombie, hayas perdido el sentido del gusto y solo paladees el picante y otra cosa que tengas que alimentarte de cerebros humanos crudos (que también). Así, Liv se curra cada día una receta, desde los clásicos fideos de bote hasta un estofado pasando por batidos, sopas, ensaladas, huevos revueltos, sushi, pizza o hamburguesa. No es que los cerebros estén muy logrados (no creo que lo pretendieran), pues se ve claramente que parecen gelatina, pero despierta el interés de ver qué receta se van a sacar de la manga.

También está muy cuidada la estructura de cada capítulo con una cortinilla a modo de cómic. De hecho, están dibujados por Mike Allred, quien ilustra la mayoría de los números y portadas del cómic original de iZombie en que se basa la serie.

Otro de los atractivos de la ficción es que no se toma en serio a sí misma y está pegada a la actualidad gracias a sus referencias a la cultura popular. No solo se mencionan series, libros, artistas, canciones o películas, sino que los protagonistas se ven envueltos en una partida de rol o acuden a la grabación de una serie juvenil sobre zombies. Rob Thomas es muy aficionado a este tipo de alusiones, de hecho, incluso hace humor consigo mismo introduciendo a un cantante que se llama igual que él y es mencionado en varias ocasiones como “el único Rob Thomas”. Y claro, no podían faltar las referencias a Veronica Mars.

Dejando de lado que ambas series son similares en cuanto al estilo juvenil pero no adolescente, en los caracteres, en la estructura de los episodios y temporadas, en la voz en off que acompaña a la protagonista, o en el toque irónico y sarcástico de los diálogos; Thomas no deja escapar ni un sólo juego de palabras y ha unido ambas con alusiones sutiles como ese “A long time ago, we used to be friends”, en boca de Liv que nos lleva a tararear la canción de Dandy Warhols que servía de cabecera en la serie de Neptune.

Y no solo eso, sino que aparece medio elenco de Veronica Mars (incluso la propia Kristen Bell vía audiolibro). Y no hablamos solo de cameos, es que Jason Dohring (Logan) tiene un papel recurrente durante 15 episodios.

No es un problema para mí, de hecho esa similitud entre las series es lo que me atrajo de ella en un primer lugar. Aunque cabe recalcar que iZombie sabe seguir su propio camino y es mucho más de lo que parece a primera vista. Rompe con los esquemas típicos de series de zombies reinventando el género y convirtiéndolo en una ficción sobre la vida, la muerte, la amistad y el respeto al diferente. Ahora que se ha acabado, tendremos que retomar Veronica Mars, que ha vuelto inesperadamente con una cuarta temporada.

Nueva serie “para ver”: Dead to me

Dead to me es la nueva serie de Christina Applegate, a la que no veía en televisión desde Samanta, who? Aquí comparte protagonismo con Linda Cardellini e interpretan a dos mujeres que se hacen amigas en un momento duro para ambas. Jen (Applegate) se acaba de quedar viuda después de que su marido fuera atropellado. El culpable además salió huyendo y no lo auxilió, por lo que necesita encontrarlo para poder pasar página y seguir con su vida. Mientras tanto, para intentar gestionar este duelo, se apunta a un grupo de apoyo. Allí conocerá a Judy (Cardellini), que ha perdido a su prometido.

Aunque tienen caracteres diferentes (Jen es cínica mientras que Judy es bastante optimista) y a priori parece que no casan muy bien, enseguida conectan y se establece una dinámica entre ambas que hace que la peculiar amistad avance a pasos agigantados. Por momentos parece que se trata de una relación inquebrantable, como si se conocieran de toda la vida, pero enseguida nos encontramos con un giro de guion (aunque se veía venir, todo hay que decirlo) que recuerda que hace dos días que se conocen.

La serie se fundamenta en esta relación de amistad, en la química que hay entre ambas y en cómo se apoyan la una a la otra. El contraste de ambas personalidades, una más sarcástica y otra más histriónica y excéntrica, favorece a aligerar el tono. Porque aunque Dead to me aborda la pérdida de un ser querido y es un drama, también tiene un punto cómico que va dejándose ver poco a poco entre escenas de lágrimas.

En apenas 30 minutos pasan muchas cosas. Conocemos a los personajes, sus traumas, vemos el nacimiento de la amistad, asistimos a dos giros de guion, sufrimos, reímos… La corta duración y el ritmo vertiginoso ayudan a engancharse, y, si lo sumamos al cliffhanger del final, nos quedamos con ganas de saber más sobre estas dos mujeres y cómo se va a revelar el secreto que nosotros ya conocemos.

Aunque cada vez es más complicado elegir entre tanta oferta de las numerosas cadenas y plataformas, Dead to me tiene muy buena pinta. Por el momento cuenta con una temporada de 10 capítulos (perfecta para un modo maratón) y ya ha sido renovada para una segunda.

Serie Terminada: Chernobyl

No había terminado Juego de Tronos y HBO ya estaba emitiendo otra serie que ha roto todos los esquemas: Chernobyl.

Durante años, las mejores críticas del sector audiovisual se las llevaba el cine. La tele por su parte era un género menor y los actores que hacían series estaban peor considerados que los que hacían películas. Sin embargo, aquella teoría cambió con la llegada de HBO. De esta cadena son grandes ficciones televisivas como Los Soprano, The Wire o A dos metros bajo tierra. Con Juego de Tronos primero, y Chernobyl después, ha vuelto a marcar el paso. Con tan solo cinco episodios, esta serie se ha convertido en la mejor valorada de todos los tiempos en la web imdb (9.6). Enseguida se corrió la voz y todo el mundo hablaba de ella. En un fin de semana nos la hemos visto en modo maratón.

Con el título es fácil hacerse a la idea de qué va este fenómeno audiovisual, al menos lo es para quienes vamos sumando años. Hagamos memoria: el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin durante una prueba de seguridad fallida se produjo una explosión. Esta detonación provocó que saltara la tapa del reactor 4 y se liberara una nube radiactiva que se extendió por media Europa y puso en alerta a medio mundo. Así, Chernobyl es la crónica de este desastre nuclear ocurrido al norte de Ucrania y casi en la frontera de Bielorrusia (a tan solo 17km). Un accidente que está considerado, junto con el de Fukushima en 2011, como el más grave de la historia (nivel 7).

Según los datos oficiales fallecieron dos empleados de la central como consecuencia de la detonación y otros 29 en los meses siguientes (la mayoría bomberos a causa del Síndrome Agudo por Radiación). Sin embargo, aún hoy, 33 años después, no conocemos el alcance total de la tragedia. La OMS estima que entre 4000 y 9000 personas sufrieron (o sufrirán) cáncer (sobre todo de tiroides por la ingesta de leche contaminada) u otras enfermedades ocasionadas por la exposición a la radiación en los años posteriores, pero es difícil de evaluar porque no se conocen las dosis a las que se vieron expuestos todos los individuos y no existen grupos de control con los que comparar. No hay estudios científicos que hayan conseguido relacionar de forma fiable el accidente nuclear con el cáncer. Sí que se pudieron relacionar sin embargo enfermedades asociadas a la salud mental (50.000 muertes asociadas con alcoholismo y depresión).

Escrita por Craig Mazin, quien venía de secuelas de Scary Movie y Resacón en las Vegas, la serie está inspirada en Voces de Chernóbil, de la Premio Nobel Svetlana Alexievich, un libro que recoge los testimonios de familias y afectados por la catástrofe de Chernóbil. El guionista se pasó dos años leyendo sobre sobre el suceso, recopilando datos, relatos de supervivientes e informes de investigadores y dando forma a este proyecto que sin duda supone un giro drástico en su trayectoria. Coproducida por EEUU y Reino Unido se rodó en 4 meses entre Ucrania y Lituania. En Vilna se recreó Pripyat y las escenas de la central de Chernóbil se grabaron en la central nuclear de Ignalina, que cesó su actividad en 2009 y era prácticamente igual.

Estructurada en cinco episodios de una hora de duración, consigue relatar los acontecimientos tras la tragedia de una forma redonda. Sabe lo que quiere contar, cómo hacerlo y cuál va a ser su cierre. Dedica los dos primeros episodios para el accidente, los dos siguientes para alcanzar el clímax de los acontecimientos y finalmente remata la historia en el último con el juicio. No pierde tiempo en relleno. No hay más que ver cómo comienza, sin introducción ni explicación detallada al espectador, sino que permite que sea él mismo quien deduzca la situación y conozca a los protagonistas a medida que se desarrolla la trama. Además, este arranque también nos suma de una cierta confusión, la misma en la que se encuentran los personajes.

Chernobyl empieza dos años y un minuto después del accidente en la cocina de Valeri Legasov, físico nuclear y miembro de la dirección de la Academia Soviética de Ciencias así como director adjunto del Instituto Kurchatov (centro de la investigación nuclear soviética) que participó en el equipo de emergencia de Chernóbil tratando de minimizar los efectos del desastre. Vemos cómo tras grabar unas cintas de casete y esconderlas, se quita la vida. A partir de ahí, volvemos al 26 de abril de 1986 para intentar reconstruir el camino.

La acción sigue la actividad de la central desde el momento del accidente. El personal reacciona con incredulidad ante lo que acaba de ocurrir. Lo acaban de ver con sus propios ojos, pero no alcanzan a imaginar la magnitud del desastre. Y luego están los mandos intermedios o superiores que directamente no quieren creérselo. Su postura es la negación: no puede haber pasado y no ha pasado. Toda una irresponsabilidad por su parte y más aún cuando el relato que transmiten a las autoridades locales está alejado de la realidad minimizando la gravedad del accidente. Se informó de que había habido una explosión en la central, pero que el reactor estaba intacto.

Ante la situación de emergencia los gobernantes ucranianos quisieron contener la información mientras intentaban poner orden. Sin embargo, en el momento en que se desplazaron al lugar y lo vieron con sus propios ojos, se dieron cuenta de que habían infravalorado el incidente. Y aún así, tardaron en asimilarlo y en reaccionar para poner a salvo a la población. De hecho, el desfile del día del Trabajador, cinco días después del accidente, se celebró con normalidad en la capital, a tan solo 180 kilómetros de Chernóbil. No obstante, la información era difícil de contener, pues pronto los suecos detectaron unos inusuales niveles de radiación y comenzaron a hacer preguntas. Pronto se extendieron las dudas por Europa y finalmente la URSS tuvo que publicar un comunicado.

Chernobyl desarrolla la línea cronológica presentando una atmósfera apocalíptica desasosegante. Potencia el miedo, pero aquí no se teme a un personaje, sino a una amenaza invisible: la radiación. Es difícil plasmar eso en pantalla para mantener al espectador en un estado de alerta constante, así que se juega con los planos y se recurre a la música (y al sonido de los dosímetros) para transmitir el pánico.

Es sin duda una serie de gran calidad técnica que, según los testigos, parece que consigue exponer la catástrofe y el posterior desarrollo de los acontecimientos de una manera bastante precisa, aunque lógicamente, con alguna licencia creativa. Además, recrea con bastante exactitud las localizaciones y la atmósfera de aquellos últimos años de la URSS. Cuenta con una fantástica puesta en escena gracias a la caracterización de personajes (maquillaje, peluquería y vestuario) y a la ambientación de los espacios con detalles como mobiliario, vehículos, cartelería, pancartas, grafitis y arte de corte soviético. Sin embargo, también cae en algunos tópicos como beber vodka como solución a todo, y sacando a coalición a la KGB a la menor ocasión.

Hay que recordar que estamos ante una serie, no un documental, y por tanto, pese a que sea hiperrealista, también cuenta con ciertas licencias para dotar de dramatismo al guion. Por ejemplo, algunos personajes están exagerados y otros tienen más presencia de la que realmente tuvieron. Parece que Legasov fue importante en la gestión del desastre, sin embargo, él no solía trabajar sobre el terreno, sino que lo hacía en el búnker. Tampoco fue testigo en el juicio, sino que declararon otros científicos. El darle este protagonismo viene motivado para centrar la trama en un personaje, al igual que se hace con Ulana Khomyuk, creada para sintetizar a todos aquellos científicos que ayudaron a Legasov.

Esta forma de dar dramatismo, unida a los mitos perpetuados con el paso del tiempo, se ve también en la inexactitud al recrear algunos momentos. Algunos ejemplos:

  • No existen pruebas que confirmen que todos los que se asomaron al puente de Prípiat fallecieran como consecuencia de la radiación. Investigadores que han trabajado sobre el terreno para trabajos periodísticos o científicos afirman haber hablado recientemente con gente que estuvo allí. Tampoco se han hallado pruebas concluyentes que demuestren que el personal del hospital o los visitantes corrieran riesgo. Así, no se podría confirmar que los nacidos tras el accidente se vieran afectados por la exposición a la radiación y más de 100.000 abortos practicados en los meses siguientes habrían sido innecesarios.
  • Aunque sí hubo algunos incendios en la planta, ninguno en el techo.
  • El helicóptero no se estrelló cuando intenta descargar plomo, boro y arena sobre el reactor;
  • Los buzos que se sumergieron debajo del reactor para abrir una válvula vestían con un traje de neopreno y la cabeza al descubierto. No es cierto como se muestra que fueran recompensados económicamente ni aplaudidos al salir. Era su trabajo, sin más. Tampoco lo es que fallecieran. Uno murió en 2005 y los otros dos aún siguen vivos.
  • No parece claro que los mineros llegaran a desnudarse.
  • Personalmente me chirrió que siempre se refirieran entre los personajes como Camarada X o Camarada Y y no recurrieran al uso del patronímico como ya habíamos visto en The Americans. Los rusos tienen su nombre, después el nombre de su padre con el sufijo – ich (masculino) / -ichna o -vna (femenino) y después el apellido familiar. Por ejemplo Legasov se llamaba Valeri Alekseyevich Legasov y en la serie siempre le llamaban Legasov y no Valeri Alekseyevich como sería habitual en contextos oficiales y conversaciones formales.

En cualquier caso, estas licencias, errores o confusiones no alteran en demasía el relato ni la calidad de la serie, pero conviene tenerlo en cuenta para no tomar la ficción como realidad.

Chernobyl nos deja en la exposición final de Legasov una reflexión sobre las mentiras y el secretismo. Pues, como hemos visto, las mentiras tienen consecuencias. El desconocimiento del fallo de diseño en los reactores puso en riesgo a mucha gente. Y esto, sumado al secretismo (ya había ocurrido en 1975 en una central en Leningrado el mismo fallo) y la falta de información sobre el accidente, hizo que el daño fuera mayor. Es cierto que hay que entender el contexto de la Guerra Fría para entender cómo se gestionó la crisis intentando que no se filtrara nada al exterior que pudiera servir para desacreditar al país, pero el problema es que no supieron tampoco cuidar de sus ciudadanos. Así, parece que el desastre nuclear de Chernóbil y esta gestión posterior influyó bastante en la desintegración de un país que vio cómo su economía quedaba afectada y cómo entre sus habitantes crecía la desconfianza en las instituciones.

Esta lectura sin embargo tiene cierto sesgo ideológico (no es raro siendo una coproducción de EEUU y Reino Unido) y parece atribuir las causas del accidente al régimen soviético y por extensión al comunismo. Va mostrando detalles que conducen a esta idea. Véase: excesiva burocratización, abaratamiento de costes, incompetencia de los altos cargos, malas decisiones tomadas anteponiendo el poder a las necesidades del pueblo, secretos y mentiras para ocultar el desastre, intervención del KGB, censura… Pero pese a que todo esto ocurrió, no se tratan de errores inherentes al modelo socioeconómico, sino que todos estos aspectos están igual de presentes en los gobiernos capitalistas. La ambición política suele anteponerse al interés popular.

Política aparte, la serie está muy bien construida. Cuenta con una buena estructura, una fotografía hiperrealista, una música que transmite el caos y el pánico y un elenco actoral a la altura de las circunstancias. Bien merecido tiene ese 9.6.