Serie Terminada: Masters of Sex

Después de Imborrable tocó cambiar de registro. Dejamos de lado las series policíacas para adentrarnos en Masters of Sex,  que está basada, con ciertas libertades, en la biografía de William Masters y Virginia Johnson, investigadores pioneros a la hora de realizar estudios científicos sobre el sexo y sus efectos en el cuerpo humano.

William Masters fue un reputado ginecólogo del hospital de la Universidad de Washington en San Luis, en Misuri, que, a finales de la década de los 50, pretendía realizar una investigación sobre el comportamiento sexual humano. Después de dos años trabajando en el proyecto, contrató como asistente a Virginia Johnson, una secretaria de la universidad que había dejado a medias su carrera de psicología.

La serie parte de este punto y, durante la primera temporada, vemos cómo el prestigioso ginecólogo pasa consulta a parejas con problemas de fertilidad, y a la vez intenta llevar a cabo el nuevo proyecto. Una tarea no muy sencilla, puesto que ha de encontrar candidatos voluntarios que se presten a mantener relaciones sexuales mientras son monitorizados y observados. Además, la investigación tiene que llevarse a cabo de forma clandestina a horas tardías.

Masters se nos presenta como un señor prepotente, antipático y distante. No solo en el ámbito profesional, sino también en el personal, con una mujer a la que prácticamente ignora. Libby cumple con todos los estereotipos: rubia, guapa, delgada, alta, buena ama de casa, dulce, que no dice una palabra más alta que otra y que espera a su marido pacientemente.

Johnson, por contra, es la antítesis. Es una mujer divorciada con dos hijos a la que le da igual el qué dirán y que intenta vivir su vida como le da la gana. No le asusta llevar a cabo un estudio sobre sexualidad ni ser tachada de libertina. No se amedrenta ante su jefe y además le aporta un nuevo punto de vista a la investigación. Este choque de caracteres entre ambos protagonistas hace que su investigación fluya de la mejor manera posible. El hecho de que Virginia argumente, rebata y plantee preguntas a Bill (quien se supone que es el experto) enriquece su trabajo llevándoles a buscar nuevos mitos y retos. Se involucran tanto en el estudio que al final se vuelven partícipes llegando a monitorizarse a sí mismos.

Al final de la temporada Masters presenta su estudio ante la comunidad médica. Sin embargo, no recibe elogios precisamente, sino un fuerte rechazo hacia sus hallazgos. La sociedad conservadora de la época no está preparada para desvincular la práctica de la sexualidad con la procreación y no ve con buenos ojos que se afronte el sexo desde un punto de vista meramente placentero.

Mientras que la primera temporada es bastante buena y entretenida con unos personajes muy bien diseñados y un hilo argumental bastante coherente; la segunda es algo floja pues se centra más en el drama de los personajes que en el estudio en sí. Se acerca más a un culebrón poniendo en el foco la relación de los protagonistas. Unos protagonistas que se han distanciado y que tienen problemas personales, pero que también han de afrontar una nueva etapa profesional tras su despido en el hospital. Bill lo intentará en un nuevo hospital, queriendo incluso que contraten a Virginia para continuar con su labor; sin embargo, el puesto no le durará mucho y tendrá que buscar un nuevo centro, esta vez uno de negros, dado que su prestigio ha desaparecido desde que presentó la investigación. Allí Masters y Johnson intentarán reanudar la investigación, pero no encuentran más que trabas. La temporada se salva hacia el final, cuando por fin presentan su estudio al mundo.

La tercera temporada, también algo irregular, arranca en 1966, cuando, tras diez años de investigación, por fin su estudio sale a la luz. Y aunque “La respuesta sexual” estaba escrito con términos científicos y se pretendía dirigido a la comunidad sanitaria; recibió una gran acogida entre el público general convirtiéndose en un éxito de ventas y sentando las bases de la revolución sexual de los 60. No obstante, a pesar de la aceptación de sus teorías, siguieron enfrentándose a una sociedad llena de prejuicios, sobre todo Virginia, que está en el punto de mira por estar divorciada, con dos hijos y uno en camino. Con la publicación de su trabajo se vuelven famosos y sus vidas son diseccionadas, convirtiéndose lo privado en un asunto público.

Ya más asentados en el ámbito profesional con su prestigiosa consulta y su libro publicado, comienza la cuarta temporada, que transcurre entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Los protagonistas siguen inmersos en una crisis personal, ya no solo entre ellos, sino con sus relaciones con sus parejas. Virginia ha roto la relación que comenzó en la temporada anterior, pero va con una fachada de estirada mientras busca consuelo en la promiscuidad. Libby echa a Bill de casa, y este entra en una espiral de alcohol y derrotismo. Y cuando parece que la única válvula de escape que les queda a los investigadores es el trabajo, Masters es acusado de pedofilia y de incitar a la prostitución y todo parece venirse abajo.

Aunque la última temporada es algo mejor que las dos anteriores, parece que la serie no pudo remontar y finalizó con la boda de los protagonistas en 1971. Aún les quedaba mucho trabajo por hacer a los Masters y Johnson originales, que publicaron entre otros títulos “Inadaptación sexual humana”, “El vínculo del placer” y “La sexualidad humana”. Sus estudios cesaron en 1993 cuando se divorciaron.

Masters of Sex intenta reflejar estas primeras décadas de trabajo de los investigadores y cómo sus teorías modificaron las costumbres sexuales de los Estados Unidos. Aunque el sexo es el hilo conductor, la serie no busca el morbo ni la sensualidad, sino que interesa más contar el recorrido de Masters y Johnson, sus hallazgos y caída de mitos y cómo cada vez que querían compartirlo con el resto de la sociedad no se encontraban más que trabas, problemas, rechazos y zancadillas. Ellos afrontaron el sexo de una manera abierta, desde un punto de vista fisiológico, como si estuvieran realizado un tratado sobre cualquier otro tipo de reacción neuronal o física y se encontraron con la censura puritana.

Las cuatro temporadas abarcan un par de décadas en las que pasa mucho en el contexto histórico y social de Estados Unidos, así como ocurre en los protagonistas. Bill es un tipo cerrado al principio, sin embargo, a lo largo de las temporadas van saliendo a la luz sus demonios y se abre en canal. Gran parte de esta evolución se debe a Virginia, una mujer adelantada a su época que finalmente acabó terminando la carrera de psicología para estar a la par que su compañero y demostrarle al mundo que ella no era una simple ayudante, sino que era la mitad de aquella investigación. Ella es el motor de la serie, quien impulsa nuevas teorías y puntos de vista.

Pero sin duda, Masters of Sex perdería mucho sin sus secundarios. Aunque es una serie muy centrada en sus protagonistas, cuenta con unos personajes secundarios regulares que son un simple acompañamiento, sino que tienen toda una historia personal que complementa las tramas. Así, por medio de estos sujetos, se tratan temas como la homosexualidad, las relaciones abiertas, el divorcio, las madres solteras, la impotencia, la infertilidad, el conflicto racial, el puritanismo, la libertad sexual, el empoderamiento femenino, el aborto, los métodos anticonceptivos, los vibradores… Todo ello sin entrar en la vulgaridad o simpleza, sino como hilo conductor.

Libby es uno de los personajes que más evoluciona a lo largo de las cuatro temporadas. Al principio es el estereotipo de la mujer perfecta de los años 50, sin embargo, va creciendo a medida que pasan los capítulos. Poco a poco va tomando las riendas de su vida, decidiendo por sí misma hasta que acaba liberándose. Y ahí, se busca a sí misma como persona que tiene aficiones y una profesión, no como comparsa de un hombre que rija su vida. Ella representa la liberación de los 70 alejándose del conservadurismo.

Los personajes homosexuales de la serie, sin embargo, no están estereotipados como individuos chillones y extravagantes como suele ser habitual. Burton y Betty sirven para exponer las horribles terapias conductuales que se llevaban a cabo en la época para “heterosexualizar” a los homosexuales, las vidas escondidas, matrimonios de mentira para aparentar ante los demás, la maternidad en parejas del mismo sexo…

La serie tiene una fotografía muy cuidada y una buena ambientación que va cambiando con las temporadas y las épocas en que se centra, tanto en los escenarios como en los personajes, cuya ropa y peinados va evolucionando. Tiene un ritmo pausado pero los diálogos son ágiles y no se hace pesada. Cuenta con algunos capítulos flojos, claro, pero en general, es una buena serie. Una pena que no hubiera una quinta temporada en la que se abarcara la década de los 70 y cómo comenzaron a llevarse a la práctica los métodos de estos investigadores que contribuyeron a la terapia sexual y a la desinhibición de la sociedad estadounidense – y del mundo-. Aunque da la sensación de que en muchos aspectos aún seguimos anclados en los años 50 del siglo pasado y queda mucho por investigar y muchos mitos por caer.

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Nueva serie a la lista “para ver”: Por trece razones

La serie Por trece razones se basa en una novela de Jay Asher que se convirtió en bestseller. Se centra en un instituto en el que una adolescente, Hannah Baker, se ha suicidado un par de semanas antes de que comience el relato. Este hecho ha golpeado de lleno a compañeros, profesorado y padres. Como espectadores no sabemos qué ha llevado a Hannah a quitarse la vida, pero ella nos lo va a contar gracias a unas cintas de cassette que dejó grabadas. Estas aparecen de forma misteriosa y sin remitente en la puerta de Clay Jensen, uno de sus compañeros.

Antes de seguir con la historia, me surge la duda de cómo una chica de instituto de hoy en día decide dejar cintas de cassette a sus compañeros. Primero: ¿quién tiene cintas vírgenes en casa? Yo hace como veinte años que no. Segundo: ¿quién tiene un aparato que las reproduzca? Quizá tengas una minicadena en casa, o un radiocasette tipo huevo, pero a saber cómo están los cabezales. Tercero: ¿Cómo es que en esta era digital se te ocurre grabarte en cintas y no en pistas de audio con el ordenador o el móvil? Quizá me estoy adelantando y se resuelvan las incógnitas a lo largo de la temporada. O quizás es simplemente un mecanismo para que Clay vaya a la búsqueda de un walkman. En cualquier caso, es algo que me ha chocado y que creo que le quita algo de verosimilitud a la historia.

Pero sigamos. Las cintas en cuestión están dedicadas a las personas que influyeron en la decisión de Hannah de suicidarse. 13 personas que intervinieron de alguna manera y que la llevaron a una espiral de dolor y sufrimiento. 13 caras, 13 capítulos.

En el piloto, a través de la primera cara, dedicada a Clay – que aún no entiende muy bien que él haya sido culpable de algo – Hannah cuenta lo que ocurrió de verdad una noche que quedó en un parque con Justin Foley. Mientras todos sus compañeros piensan que se acostó con él, lo cierto es que solo se besaron, sin ir más allá. Los rumores comenzaron a correr cuando Justin enseñó una foto a sus amigos en la que se le ven las bragas como consecuencia de tirarse por un tobogán (omitiendo este último detalle).

Con este primer episodio se pone de relieve la doble vara de medir de los compañeros de Hannah. Mientras que ella recibirá miradas de desprecio, risitas, cuchicheos y calificativos que van de “guarra” para arriba; por el contrario Justin será vitoreado, envidiado y aplaudido. No se trata de acoso escolar, se trata de machismo. Habrá que esperar a ver qué conflictos hay más allá.

De momento, la primera cinta ha despertado el sentimiento de culpa en Clay al conocer la verdad y el sufrimiento de Hannah. Este descubrimiento deja en evidencia que detrás del acoso y las agresiones hay una profunda desconexión con la víctima, una falta de empatía.

La serie ha recibido críticas por hacer apología del suicidio, algo que con un único capítulo visionado no me atrevo a posicionarme. Sin embargo, creo que este tipo de ficciones tienen mucho que aportar a la hora de dar visibilidad a temas como el acoso, la presión social o el suicidio. Pueden dar una perspectiva diferente y que determinados actos dejen de verse como chiquilladas y se les quite importancia hasta que sea demasiado tarde. Toda acción tiene sus consecuencias y es un asunto que ha de tratarse con los adolescentes, que están en una etapa en que los sentimientos están a flor de piel y cualquier crítica por parte de su entorno fomenta las inseguridades. No solo hay que mirar a la víctima y qué le llevó a quitarse la vida, sino al entorno, al agresor. Hay que dejar de culpar a las víctimas y poner el foco en modificar conductas para que no se produzcan esos acosos.

Tras el éxito de la primera temporada, se aprobó una segunda, que se estrenará en breve y se centrará en personajes que aún tienen historia que contar.

Nueva serie a la lista “para ver”: Stranger Things

Stranger Things fue una de las series más comentadas durante el año pasado. Me había resistido a verla porque no me va mucho la ciencia ficción y el argumento no me terminaba de convencer, pero al final este verano le hemos dado una oportunidad.

Cualquier análisis o descripción que se haga sobre la serie es quedarse corto. Tras el visionado del piloto quedan muchas puertas abiertas, muchos misterios por descubrir, muchas preguntas por responder.

La serie transcurre en los años 80, en la ciudad de Hawkins, Indiana, y la acción arranca cuando Will Byers, un chaval de 12 años, desaparece misteriosamente al volver a casa tras haber estado jugando con sus amigos a Dragones y Mazmorras.

Al día siguiente, su madre, interpretada por Wynona Rider, al descubrir que no ha dormido en casa, acudirá a la policía. Amigos, familia y policía comenzarán una exhaustiva búsqueda para descubrir qué ha ocurrido. En el desarrollo de la investigación se toparán con misteriosos sucesos, experimentos gubernamentales y fuerzas paranormales. Además, paralelamente, aparecerá en el bosque una niña con un camisón de hospital y la cabeza rapada que apenas habla y que resultará tener poderes telequinéticos.

Así, leyendo el argumento, da la sensación de ser un típico thriller sobrenatural, pero también hay drama. Aunque parece que va a tocar más palos. Por un lado el terrorífico con ese misterioso monstruo y por otro algo de comedia y aventuras gracias a esta pandilla de protagonistas.

Una pandilla de cazadores de aventuras que ya ha sido bautizada como “los nuevos Goonies”, que se mueven en bici como en E.T., que juegan a Dragones y Mazmorras, que hablan entre ellos con walkie-talkies… Todo huele a los 80. No sé si hay un vacío de creatividad o una nostalgia por el pasado, pero no dejan de aparecer remakes o historias que beben de muchas otras series y películas de hace años. Stranger Things ha combinado las películas de Steven Spielberg con las novelas de Stephen King (y muchas otras referencias que se me escapan) para llevar a cabo un homenaje a aquella época.

Solo con el piloto ya nos podemos hacer una idea de lo bien construida que está la serie. Cuenta con una buena historia, unos personajes creíbles, un magnífico reparto (incluso a pesar de tanto joven protagonista desconocido), una estupenda ambientación, una cuidada fotografía, una tenebrosa atmósfera y una cuidada banda sonora. Todo ello aderezado con la añoranza de los años 80. Y es que supongo que no habría funcionado igual la desaparición de un niño en una época tan tecnológica como la actual, sería una serie totalmente diferente. Aún así, con todo lo positivo que tiene Stranger Things, a mí no me ha terminado de enganchar. Imagino que por muy de los ochenta que una sea, al final te tiene que atraer el género.

Aún así, seguramente siga la historia de esta pandilla aventurera pues sus cortas temporadas la convierten en candidata para un maratón en esos días de sofá, mantita y serie. La primera temporada cuenta con tan solo 8 capítulos, y la segunda con 9. El 27 de octubre volverá la tercera y parece ser que finalizará en la cuarta, según sus creadores. Y me parece acertado, ya que, como sabemos, los niños tienden a crecer. Y ya no sería lo mismo.

Serie Terminada: Imborrable

Después de la decepción de 11.22.63, comenzamos la serie Imborrable, un procedimental mucho más ligero del que no esperábamos mucha profundidad, solamente entretenimiento. Y quizá ni siquiera deberíamos haberle dado al Play sabiendo que en sus cuatro temporadas había sido cancelada tres veces. Ahí es nada.

Se estrenó en 2011 en la CBS, una cadena especialista en dramas policíacos como CSI, Mentes Criminales o NCIS. Tras una temporada decidió retirarla de la parrilla, sin embargo, al ver que otros canales habían mostrado interés por recuperarla, CBS la revivió como serie de verano reduciendo sus capítulos de 22 a 13 y cambiando una comisaría de Queens por el Departamento de Crímenes Especiales así como prácticamente toda la plantilla. De esta forma parece que encajó mejor y se renovó por una tercera temporada. Sin embargo, la audiencia no acompañó y se volvió a cancelar. Pero de nuevo fue rescatada, cambiando esta vez a la cadena A&E, incorporando otra vez nuevos personajes. Craso error, porque los números no acompañaron y la fulminaron de golpe dejando un cliffhanger en el capítulo final. Supongo que a los guionistas aún les quedaba esperanza y esperaban volver una quinta.

Imborrable se centraba en la vida de Carrie Wells, exdetective de policía que padece el síndrome hipermnésico, también conocido como memoria autobiográfica superior. Es decir, puede recordar al detalle todos los detalles vividos al mílímetro.

Sin embargo, como todo protagonista, tiene un hecho traumático, y en este caso es que, por más que lo intente, no es capaz de recordar los detalles del asesinato de su hermana cuando ambas eran pequeñas. Esa tragedia la ha marcado de por vida y le persigue el no ser capaz de volver mentalmente a ese momento y encontrar las piezas que faltan.

Esta curiosa habilidad existe de verdad, aunque solo hay una veintena de casos diagnosticados en el mundo. Si tienes que crear un personaje con ella, qué mejor que una policía, que podrá usarla para resolver crímenes.

En fin, que el piloto no pintaba del todo mal. Una serie policíaca, de caso semanal, con una protagonista que tiene una habilidad especial… Pero ya, ahí se queda la propuesta. La resolución de los crímenes resulta aburrida, los secundarios son insulsos (salvo la forense de la segunda y tercera temporada) y hay mucho diálogo cargante entre Carrie Wells y su compañero Al Burns, también exnovio.

Qué manía tienen los guionistas de recurrir a una pareja de protagonistas hombre-mujer y hacerlo girar todo en torno a una supuesta tensión sexual no resuelta. En este caso además ocupa demasiados minutos de cada capítulo con celos, tonteos, alusiones a su relación pasada, a recuerdos. Pero ni hay tensión sexual, ni está sin resolver. Es un relleno que no lleva a ningún lado y aburre hasta a las piedras.

En el transcurso de las cuatro temporadas ni hay avances en su relación, ni Carrie descubre al asesino de su hermana. Al final todo queda en nada. Sin duda, deberían haberlo dejado tras la primera temporada y haber aceptado el fracaso sin más.

Nueva serie a la lista “para ver”: Legion

Estamos acostumbrados a las adaptaciones de los cómics de Marvel y DC bien en formato película, bien serie. Todas ellas suelen tener algo en común: acción, giros de cámara, efectos visuales y poco guion. Legión, sin embargo, no se parece para nada al universo Marvel. Es otro estilo. Trae una propuesta que exige al espectador toda su atención.

Legión cuenta la historia de David Haller, hijo ilegítimo del profesor Charles Xavier, el de la X de X-Men. Haller es un tipo normal que intenta controlar la esquizofrenia que le diagnosticaron hace años. Lleva desde niños oyendo voces en su cabeza, lo que le ha llevado a pasar su existencia entrando y saliendo de hospitales psiquiátricos. Sin embargo, podría no ser un enfermo mental, sino un mutante muy poderoso. El Gobierno lo sabe y experimenta con él.

La serie comienza con David en el psiquiátrico, donde coincidirá con Syd, de quien se enamora. Sin embargo, es una relación peculiar, puesto que ella rechaza el contacto físico con cualquier otro ser humano ( y es que tiene un poder por el que se intercambia con la otra persona). Esta nueva relación conducirá al protagonista a querer centrarse, a olvidar esas voces, ser “normal”. Sin embargo, este encuentro le llevará a valorar la posibilidad de que quizá no tenga una enfermedad mental como todo el mundo asegura, sino que es diferente y no hay nada de malo en ello.

Se plantea así una trama en la que el protagonista emprende un viaje de autoconocimiento en el que ha de luchar contra sus propios demonios. Y le seguimos al otro lado de la pantalla dando tumbos como hace él, viendo la realidad con su mismo filtro. Y es que Noah Hawley, su creador, y también de Fargo, ha querido darle esa estructura caótica a la narración para que lo vivamos como lo hace el personaje. Sin saber qué es o no real, qué es lo que verdaderamente está ocurriendo. El resultado es una narración laberíntica y confusa plagada de saltos temporales. Se mezclan las idas y venidas al presente o al pasado; lo consciente con lo inconsciente; las alucinaciones con la realidad configurando una línea temporal fragmentada.

Durante el visionado tuve sensaciones contradictorias de amor-odio. Por un lado estaba en estado paranoico dando tumbos sin entender muy bien de qué iba la serie. Legión juega a confundir los sentidos, es psicodélica, agotadora visualmente. Puede llegar a saturar al tener que prestar tanta atención a la fotografía, la banda sonora, los personajes, los efectos especiales, la velocidad de la narración, el vestuario, el guion… Es demasiada información concentrada en un solo capítulo.

Pero, por otro, tenía la sensación de estar ante un buen capítulo pues no podía dejar de verlo para no perder detalle de este rompecabezas que es el piloto. Supongo que con este planteamiento, Hawley no pretende llegar a todo el público, pues, como decía al inicio, dista mucho de lo que uno espera encontrar en una película de Marvel. Sin embargo, puede gustar o no, pero lo que está claro es que no dejará a nadie indiferente.

En definitiva, Legión es un thriller psicológico en el que el protagonista es un antiéroe y cuyo enemigo se encuentra dentro de sí mismo. Ha de luchar su propia guerra interna y así conseguir dominar sus poderes de telepatía y telequinesia. Habrá que ver los siete capítulos restantes para completar este viaje psicodélico y siniestro.

Serie Terminada: 11.22.63

El año pasado, allá por el mes de agosto, hablaba sobre la serie 11.22.63 basada en la novela de Stephen King en la que Jake Epping viaja al pasado para evitar el asesinato de JFK y así cambiar el presente. Vimos el piloto, tenía buena pinta y la añadimos a la lista “para ver”. Y después del visionado, he de decir que me ha decepcionado en buena parte.

11.22.63 comenzó prometedora. Parecía que se nos presentaba una serie de suspense, conspiraciones, misterios, secretos y viajes en el tiempo. Sin embargo, el encargo de evitar el asesinato de JFK se queda en segundo plano en la mitad de los 8 episodios que tiene la temporada. Comenzamos en el primer capítulo entendiendo la misión y las tres reglas sobre los viajes pensando que es algo que va a ser recurrente durante el resto de la historia. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que se va a centrar en la evolución del protagonista, un tipo perdido, con una vida vacía, que de repente encuentra su lugar en los años 60. Todo lo demás no tiene importancia, no se ahonda en el resto de elementos de la historia, nos quedamos en lo superficial.

No llegamos a tener una trama de suspense bien aprovechada. Mucho lanzar teorías conspiranoicas en las que interviene la CIA y el FBI, pero en la práctica el espionaje de Oswald no nos lleva a conocer más datos sobre los planes de asesinato, sino que es el medio para que Bill se enamore de Marina y acabe dejando solo a Jake en sus planes de frustrar el crimen.

Pero Jake tampoco está muy centrado como para encargarse de las escuchas, ya que lleva su doble vida como profesor. Y al mismo tiempo, esa vida nos es desconocida, no sabemos gran cosa de sus clases, de su día a día. Nos faltan datos sobre su cotidianidad, tan solo conocemos al director y a la señorita Mimie. Y de nuevo una trama que se queda a medias. Parecía que se iba a afrontar la discriminación que sufrían los negros en los años 60, pero se queda en un quiero y no puedo. El único personaje del colegio que cobra más importancia en la trama es Sadie, la bibliotecaria. Y aún así, es una relación peculiar.

Surge la atracción entre ellos al conocerse y ambos tienen claro que quieren ver adónde les lleva. Ambos están divorciados y no son unos adolescentes, por lo que no están para marear la perdiz. Sin embargo, él oculta muchas cosas. Y poco después descubrimos que ella también tiene sus secretos, como un exmarido que aún no es ex. Y aquí se abre otra subtrama que tal y como viene, se va. Tampoco aporta mucho esta aparición, solo para enmarañar más la narración desviándonos del propósito inicial, el frenar el asesinato.

Así pues, con todo esto, parece que da igual lo que pase con Kennedy, en realidad la serie va de los dos tortolitos que están destinados a un final dramático. Por tanto, llegamos al último capítulo con nula tensión. Sabemos que si se impide el asesinato, Jake y Sadie no podrán estar juntos. Pero si no se evita, tampoco, pues Jake se vería obligado a ir y volver continuamente. En definitiva, muchas tramas secundarias, mucho relleno que nos aleja de un thriller conspirativo y nos acerca a una larga película de sobremesa.

Además de una trama dispersa, se abusa en demasía de una música de tensión que no se corresponde con lo que está ocurriendo en pantalla. Como si le hubieran querido añadir un punto álgido a una escena de relleno. Por no hablar de los diálogos, que la mitad tienen un tono de susurro, como de un hablar sin ganas. O la actuación de James Franco, que parece estar empanado, falto de carácter.

Por otro lado, la época tampoco se aprovecha, no se desarrollan los años 60, no hay referencias históricas o culturales más allá del asesinato y del aspecto racial (que ya hemos dicho que apenas se toca). No es su objetivo, la época es la que es y no parece que interese jugar con el contraste de alguien que viene de 2016 y aterriza en 1960.

El resultado es una serie floja que se ha ido desinflando con cada capítulo perdiendo interés, tensión y emoción desaprovechando los elementos que se desarrollaban en aquel primer episodio. Al final la moraleja que queda tras el visionado de los ocho episodios es que los comunistas son los malos, que más vale lo malo conocido y que hay que sacrificarse por el amor. Porque ya se sabe, es lo que mueve el mundo. El ser humano actúa según su corazón, no siguiendo la razón. La serie en realidad se centra en el renuncia de Jake, que deja atrás la misión de cambiar el pasado para salvar a Sadie y que tenga una vida feliz.

Otra serie pastelosa más.

Nueva serie a la lista “para ver”: Mr. Robot

Hace unas semanas hablaba de CSI Cyber y el tratamiento que hace de la informática. Esas pantallas con efectos, que aparecen colores en la programación, que se destacan los errores o lo que van comentando los personajes. Salió a colación Mr. Robot por ser todo lo contrario, y me di cuenta de que vimos el piloto y no lo había comentado por aquí. Así que vamos a ponerle remedio.

La serie se centra en Elliot Alderson, que trabaja en una empresa de seguridad informática como administrador de sistemas. Pero además, en sus ratos libres ejerce de justiciero adentrándose en la red, persiguiendo a criminales y poniéndoselos en bandeja a la policía.

En un día más de oficina, uno de los clientes más importantes de la empresa en la que trabaja, Evil Corp, es atacado, y Elliot ha de frenar la intrusión. Consigue detener el ataque y en el proceso descubre que ha sido alguien que se hace llamar fsociety. De vuelta a casa en el metro conocerá a Mr. Robot, quien resulta ser el líder de fsociety, que intenta reclutarle para su revolución digital. Este grupo de hackers planea destruir a las poderosas multinacionales que están manejando el mundo y destruir el sistema mundial tal y como se conoce hoy en día.

Mr. Robot es un thriller psicológico pegado a la actualidad, no hay más que ver los últimos meses y los ataques cibernéticos a nivel mundial. Aborda la crisis política, económica y social desde una perspectiva tecnológica, el cómo hemos pasado a perder privacidad, a estar vigilados por parte de los gobiernos y por compañías que venden nuestros datos.Va más allá que CSI Cyber, no solo en la profundidad (no se queda en delitos informáticos, ciberacoso o cámaras de bebés que espían), sino también en la narración. Es una serie mucho más elaborada.

Concebida inicialmente como una película, Mr. Robot, da mucho que pensar sobre la sociedad actual tan tecnológicamente avanzada en la que nos encontramos. Sin embargo, no entra mucho en el tema técnico, no se pierde tiempo de metraje explicando qué es un terminal, qué está programando o qué significa la terminología empleada. Esto puede conllevar a que un espectador “normal” se sienta algo desorientado. Por contra, los expertos en informática están encantados de lo bien documentada que está.

También desorienta la narración de la historia, que se nos presenta desde el punto de vista del protagonista, un tipo que sufre de fobia social, es adicto a la heroína y está atormentado por la depresión y delirios. Así pues, nos encontramos ante un relato que no es muy fiable por su monólogo interno, incoherencias y pensamientos inconexos. Cuesta diferenciar realidad de paranoia. Además, esta narración está acompañada por una fotografía muy gris y confusa que refuerza la sensación de anarquía, errática.

Con tan solo un capítulo consigue llamar la atención y atrapa por lo arriesgada de su propuesta, por el carácter conspiranoico de la trama y sobre todo por el protagonista antihéroe que juega a ser Robin Hood.

El mismo día de su estreno ya fue renovada por una segunda temporada y la tercera comenzará este octubre. Quizá es buen momento para ponerse al día antes de que lleguen los nuevos capítulos.