Series Terminadas: Finales Felices y La Liga Fantástica

Con las series me pasa como con las novelas, que no me gusta dejarlas a la mitad. A veces estoy con una historia que no me termina de enganchar, que le falta algo, que no le pillo el punto… pero sigo, porque tengo la esperanza de que acabará llegando el momento en que me meta de lleno. Sin embargo, últimamente tengo la sensación de que he de cambiar de actitud. Me pasó con Breaking Bad que la vi por ver, cada vez con menos ganas y más hartazgo.

Hay tantas series que es lógico que no todas sean buenas o que no sean de mi estilo. En muchas ocasiones lo detecto rápido y me planto en el piloto. También he comenzado a dejar pasar media temporada para ver cómo funciona antes de lanzarme a ver un piloto de una serie que se ha cancelado de mala manera nada más comenzar su emisión. Así, ahora me distancio un poco y espero a ver si tiene renovación o cómo ha ido la acogida.

En otros casos la serie empieza bien, tiene buen ritmo, guion, actores, pero empieza a desinflarse por cambio de guionistas, showrunners o simplemente falta de ideas y querer alargarla más y más, como The Big Bang Theory (que hace temporadas que debería haberla abandonado).

Otra situación es que veo el piloto y me espero a que termine, o al menos ir bastante avanzada, para verla del tirón. Está muy bien porque te metes de lleno en la serie, en la historia de esos personajes; pero por contra a veces me encuentro con que lo que me atrajo del primer capítulo en el pasado, ya no lo hace en la persona que soy en el momento del visionado.

Lo que ha ocurrido con Finales Felices yLa Liga Fantástica –  las dos que acabo de terminar –  es una mezcla de lo arriba expuesto. Por un lado no son muy buenas. No son series que le marquen a una. Son comedias de pasar el rato, de desconectar 22 minutos y ya. Finales Felices comenzó con una temporada corta y después alargaron las dos siguientes a 22 episodios para al final cancelarla por malos datos dejándola con un final abierto. La Liga Fantástica por su lado cuenta con 7 temporadas. Si bien es cierto que son cortas, la serie se hace larga. 7 temporadas son muchas y se acaban las ideas y se pierde el hilo conductor con el que nació. Quizá cuando vi ambos pilotos estaba en un momento de series cómicas, ligeras, pero lo cierto es que viéndolas ahora, me han parecido demasiado chorras. ¿Me estaré haciendo mayor?

La primera temporada de Finales Felices es floja. En el primer capítulo vemos a una pareja que se va a casar, pero que en el último momento ella se echa atrás cuando ve aparecer a un tipo en patines en la iglesia. Bueno, pintaba interesante: una serie sobre una pandilla de amigos que tiene que decidir si se queda con el novio o con la novia.

La serie comienza demasiado rápido, pues no se para a presentar mucho a los personajes, sino se va descubriendo la relación entre ellos a lo largo de los capítulos. Así sabemos que Alex, la novia a la fuga, es la hermana de Jane, que está casada con Brad. Por otro lado, tenemos a Max y Penny, los más locos del grupo, que fueron al colegio con Alex y, por tanto, conocen a Jane desde hace tiempo.

Así a priori, no tiene sentido el conflicto de “cómo repartimos los amigos”, ya que Dave, el novio, es eso, el novio de Alex. Es ella el nexo de conexión del grupo. Pero se supone que tras diez años de relación, está integrado en la pandilla y nadie quiere cortar la amistad. Cogido con pinzas, pero bueno, aceptamos barco.

Los personajes quedan caracterizados desde el inicio. Y aunque hay estereotipos incluyendo a un negro y a un gay para hacer una pandilla heterogénea, lo cierto es que no cumplen con el típico cliché del que se suele abusar.

Por ejemplo, aunque hay algún capítulo en el que se hacen referencias con que Brad sea negro y haga “cosas de negros” como jugar al baloncesto, rapear o juntarse con sus amigos negros; en general gags apuntan más al hecho de que sea un hetero que parece gay (o al menos al cliché del gay).

Por contra, Max, el homosexual del grupo, tiene un carácter totalmente independiente de su condición sexual. Se hace referencia a su orientación, a sus parejas, relaciones o chicos que le gustan, incluso el cómo confesárselo a sus padres. Pero en realidad todo lo que concierne a Max suele girar en torno a que es un egoísta, desordenado, caótico y pasota. Tal y como se representaría a un hetero en cualquier otra sitcom.

Y mucho del juego que puede dar Max en la serie es gracias a Penny, ya que protagonizan juntos muchos enredos. Ella es la drama queen, la soltera que boicotea todas las relaciones, que es estridente y patosa.

El toque serio (por decir algo) lo aporta Jane, un personaje que bebe mucho de Monica Geller, pues es igual de maniática del control y el orden, además de tener un excesivo afán de competición, incluso con su marido.

Por el contrario, Alex y Dave son los más insulsos e interesantes de la comedia. Ella es muy lentita, la rubia tonta de manual, y él torpe e inocente.

Está clara la división en dúos. Por un lado los personajes más prescindibles: la expareja Alex y Dave; por otro los que no lo son sentimentalmente (aunque lo fueron en el pasado) pero que lo son para poner el punto absurdo y loco de la serie: Max y Penny; y finalmente el matrimonio formado por Jane y Brad, sin duda los que aportan el punto cómico, tanto juntos como por separado.

Si la primera temporada se desarrolla bajo la premisa del hecho de que dos de los integrantes hayan roto, la segunda temporada es la de Penny, quizá porque se había ahondado poco en ese personaje en los primeros capítulos, se compra una casa e incluso parece que se va a casar. En la tercera parece que se les acabaron las ideas y volvieron a emparejar a Alex y Dave… un sinsentido que les llevó a la cancelación. Aunque al parecer los guionistas pensaban seguir dándole vueltas a lo mismo, ya que se habían planteado abordar la relación de Penny y Dave una vez que este y Alex han roto. Y este es otro de los errores que cometen la mayoría de comedias con un grupo de amigos con protagonistas, y es que por mucho secundario que aparezca, al final siempre acaban liando a todos con todos perdiendo todo norte. Aunque ellos dicen que es para darles la ruptura que la pareja necesitaba, por las buenas y sin la escenificación de una boda de por medio; lo cierto es que yo creo que ya estaba más que cerrado ese capítulo.

Aunque es una serie ágil, con un ritmo de narración rápido, divertida en algunos momentos y absurda en otros, tiene el lastre de ser más de lo mismo, una mezcla de varias series de pandillas de amigos en las que hay parejas, exparejas, líos y rollos. No hay nada nuevo, son los eternos solteros (incluso estando casados algunos de ellos). Sí que es verdad que no recurre a los estereotipos de los personajes o los chistes típicos de otras sitcom, sino que juega con los disfraces, las referencias a otras series, y los actos absurdos de los protagonistas. Pero resultan cargantes, repelentes y demasiado irreales. Y cuando no te crees a los personajes y sus vivencias, nada tiene sentido.

Lo de la La Liga Fantástica es otro tema totalmente distinto. Es que no hay por dónde cogerla.

También tenemos a un grupo de amigos que se conoce desde sus años escolares. Ninguno parece bajar de los 40 años, pero se comportan como si tuvieran 15. Los integrantes de la pandilla son Pete, que cumple con el papel de divorciado y bromista; Rodney Ruxin, abogado judío casado y con un hijo; Andre, un cirujano plástico que es el blanco de todas las bromas; Kevin, asistente del fiscal del distrito y no muy lumbreras; Jenny, agente inmobiliaria y mujer de este; y Taco, hermano de Kevin, que siempre está fumado.

La serie gira en torno a la rivalidad que suscita la Liga Fantástica. Este tipo de competición da la oportunidad a cualquier aficionado de la NFL (fútbol americano) de convertirse en entrenador haciendo su selección de jugadores. Cada semana los participantes se enfrentan entre ellos y gana el que mejor equipo tenga (basado en el cómputo de puntos derivado de las estadísticas de sus jugadores). Así pues, cada temporada de la serie comienza con la deportiva y la elección del draft por parte de los integrantes y finaliza con dos finales y el reparto de trofeos: una para decidir el ganador de la Shiva Bowl, y otra para el perdedor, que se llevará el Sacko.

Ganar el Shiva es el máximo honor, por lo que los protagonistas no dudan en putear a los demás para conseguirlo. Y lo mismo para no hacerse con el Sacko. Es un todos contra todos y todo vale, sobre todo sacar trapos sucios del pasado. Lo laboral o familiar pasa a un segundo nivel. Lo importante es la liga.

La serie intenta tener un tono gamberro, pero se convierte en un despropósito soez y desagradable. Pero es que además el contenido es difícil de seguir, ya que si no tienen ni idea de fútbol americano o conoces a los jugadores, te pierdes todas las referencias y cameos. Así que no sabes ni de qué están hablando, y lo que entiendes te hace desconectar porque no te crees a los personajes.

No hay ninguno por el que sienta empatía o me haga gracia. Pete es tremendamente cínico e interesado; Ruxin es cruel y desagradable; Sofía, su mujer, es el típico cliché de latina-tía-buena que solo sale para hacer de mujer florero; Andre es un personaje insulso, desdibujado e ingenuo; Kevin pasa sin pena ni gloria; el personaje de Jenny está metido con calzador para que sea la mujer del grupo, pero para que se comporte como uno más (aunque en realidad es de las que más controla sobre la liga y fútbol); y Taco es el clásico fumeta que vive a costa de los demás. Pero la cosa va más allá, ya que a partir de determinado momento, aparece el hermano de Sofía, Rafi, un tipo de psiquiátrico directamente.

Además, la serie cuenta con la particularidad de que los capítulos no tienen unos diálogos escritos, sino que contaba con una especie de esquema o escaleta y a partir de ahí los actores, la mayoría de ellos cómicos, iban improvisando en el rodaje. Lo que quizá también influye en el sinsentido y surrealismo de algunas escenas.

Los actores tenían un contrato por 7 temporadas, sin embargo las dos últimas parecían ir sin rumbo. Alguno de los actores tenía otros compromisos y sus ausencias son incorporadas de una forma extraña. Como extraño es también el final incorporando un trágico suceso que rompe con el hilo argumental de la serie. Sobre todo también por la reacción de los protagonistas. No sé cómo me he tragado las siete temporadas.

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Nueva serie a la lista “para ver”: You are wanted

You Are Wanted es una serie de Amazon Alemania en la que un gerente de hotel ve cómo toda su vida se vuelve patas arriba cuando es hackeado.

Lukas Franke se encuentra trabajando en el hotel de Berlín cuando se produce un apagón en toda la ciudad. Con el problema solucionado y con los huéspedes molestos ya más tranquilos; vuelve a su casa donde le esperan su familia y amigos para celebrar su cumpleaños.

Sin embargo, los problemas no han hecho más que comenzar. Pronto ve cómo ocurren cosas raras en sus dispositivos y en los de su familia. Lukas ha sido pirateado por un grupo de hacktivistas y la historia de su vida está siendo reescrita de forma que se convierte en el principal sospechoso del ataque cibernético que causó el apagón. El protagonista entra en una espiral de desesperación y una frenética búsqueda de la verdad para demostrar que no es un terrorista y que hay alguien detrás que le ha implicado.

De nuevo tenemos el recurrente motivo del ciberactivismo, aunque You are wanted no parece que vaya a tirar por los derroteros de Mr. Robot. Aquí el mundo digital sirve como punto de partida para un thriller de acción, en donde el protagonista tiene todo en contra y se va desdibujando su historia.

El piloto ya me ha enganchado con tanta conspiración. Aunque he de reconocer que en algunos momentos es algo lento. Pero bueno, es algo muy común en las producciones europeas, que también tienen un tipo de fotografía más fría que la típica estadounidense. Aún así, You are wanted no tiene nada que envidiar a los productos del otro lado del charco y se merece estar en la lista “para ver”. Además, cuenta con una corta temporada de tan solo 6 capítulos. Perfecta para un maratón de sofá, manta y serie.

Nueva serie a la lista “para ver”: Sucesor Designado

Se han puesto de moda las series sobre política, uno de los ejemplos es Sucesor Designado, que va por la emisión de su segunda temporada. Aunque aquí parece más un punto de partida que la temática sobre la que va a girar la serie.

Sucesor Designado comienza la noche en que tiene lugar el Discurso del Estado de la Unión. Todos los miembros del Gabinete de los Estados Unidos se encuentran presentes en el Capitolio de Washington escuchando al presidente. Todos, excepto Tom Kirkman, el Secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano, que es el sucesor designado.

En los Estados Unidos la figura del sucesor designado nace con la idea de que en caso de que al Presidente, Vicepresidente y miembros del Gabinete les pase algo, un individuo (también miembro del Gabinete) ocupe la presidencia. Así pues, en los principales actos de aperturas como el discurso o las inauguraciones presidenciales, esta persona ha de estar en un lugar seguro y no revelado para así garantizar la continuidad del gobierno.

Un ataque terrorista en el capitolio inicia el protocolo por el que Kirkman se convierte en Presidente Interino. Rápidamente ha de jurar su cargo y es trasladado por su equipo de seguridad a la Casa Blanca. Su vida cambia en cuestión de horas. Ahora está al mando y no sólo ha de ocupar el sillón del despacho oval y gobernar un país, sino que ha de dirigir una investigación sobre el atentado para descubrir quién hay detrás.

Ante esta extraordinaria situación, Kirkman se reúne con la plana mayor del Ejército y las diferentes agencias de inteligencia para establecer una estrategia. En esa reunión ya hay animadversiones hacia el nuevo presidente. Tom es un hombre modélico, tranquilo, sin ambición política, y frente a él muchos tiburones que se lo quieren quitar de en medio porque no lo ven capaz de desempeñar el papel que acaba de asumir. Sin embargo, aunque no tiene esa codicia sí que tiene perseverancia y empuje. Es el héroe americano que está dispuesto a darlo todo de sí mismo para salvar a su país.

Para ello buscará un equipo en que apoyarse. El primero de ellos será Seth Wright, un escritor de discursos al que nombrará como secretario de prensa para que se encargue de la portavocía y de tranquilizar a los medios. Como Primera Dama el típico estereotipo de mujer florero, la perfecta esposa que tan lejos está de Claire Underwood. Pero bueno, es que Tom no es Frank. Ni Sucesor Designado es House of Cards. Ni siquiera es 24. Aunque el hecho de ver a Sutherland de nuevo salvando los Estados Unidos de los malvados terroristas sea una especie de déjà vu.

Tiene mucho de americanada, por supuesto, pero el piloto no está nada mal. A los diez minutos deja claro que la política deja de tener importancia. No parece que se vaya a centrar en el día a día de la Casa Blanca o el funcionamiento de los organismos gubernamentales. Tiene más bien un punto de thriller político, con algo de acción, tensión, intriga y seguro que conspiración y giros argumentales a medida que avance la investigación. Y al frente de esta búsqueda de respuestas un hombre sensato, ordinario e ingenuo que tendrá que sacar todo su arrojo para sobrevivir entre los tiburones ávidos de poder que le rodean. ¿Logrará salir vivo? ¿Quién hay detrás del atentado?

Serie Terminada: Masters of Sex

Después de Imborrable tocó cambiar de registro. Dejamos de lado las series policíacas para adentrarnos en Masters of Sex,  que está basada, con ciertas libertades, en la biografía de William Masters y Virginia Johnson, investigadores pioneros a la hora de realizar estudios científicos sobre el sexo y sus efectos en el cuerpo humano.

William Masters fue un reputado ginecólogo del hospital de la Universidad de Washington en San Luis, en Misuri, que, a finales de la década de los 50, pretendía realizar una investigación sobre el comportamiento sexual humano. Después de dos años trabajando en el proyecto, contrató como asistente a Virginia Johnson, una secretaria de la universidad que había dejado a medias su carrera de psicología.

La serie parte de este punto y, durante la primera temporada, vemos cómo el prestigioso ginecólogo pasa consulta a parejas con problemas de fertilidad, y a la vez intenta llevar a cabo el nuevo proyecto. Una tarea no muy sencilla, puesto que ha de encontrar candidatos voluntarios que se presten a mantener relaciones sexuales mientras son monitorizados y observados. Además, la investigación tiene que llevarse a cabo de forma clandestina a horas tardías.

Masters se nos presenta como un señor prepotente, antipático y distante. No solo en el ámbito profesional, sino también en el personal, con una mujer a la que prácticamente ignora. Libby cumple con todos los estereotipos: rubia, guapa, delgada, alta, buena ama de casa, dulce, que no dice una palabra más alta que otra y que espera a su marido pacientemente.

Johnson, por contra, es la antítesis. Es una mujer divorciada con dos hijos a la que le da igual el qué dirán y que intenta vivir su vida como le da la gana. No le asusta llevar a cabo un estudio sobre sexualidad ni ser tachada de libertina. No se amedrenta ante su jefe y además le aporta un nuevo punto de vista a la investigación. Este choque de caracteres entre ambos protagonistas hace que su investigación fluya de la mejor manera posible. El hecho de que Virginia argumente, rebata y plantee preguntas a Bill (quien se supone que es el experto) enriquece su trabajo llevándoles a buscar nuevos mitos y retos. Se involucran tanto en el estudio que al final se vuelven partícipes llegando a monitorizarse a sí mismos.

Al final de la temporada Masters presenta su estudio ante la comunidad médica. Sin embargo, no recibe elogios precisamente, sino un fuerte rechazo hacia sus hallazgos. La sociedad conservadora de la época no está preparada para desvincular la práctica de la sexualidad con la procreación y no ve con buenos ojos que se afronte el sexo desde un punto de vista meramente placentero.

Mientras que la primera temporada es bastante buena y entretenida con unos personajes muy bien diseñados y un hilo argumental bastante coherente; la segunda es algo floja pues se centra más en el drama de los personajes que en el estudio en sí. Se acerca más a un culebrón poniendo en el foco la relación de los protagonistas. Unos protagonistas que se han distanciado y que tienen problemas personales, pero que también han de afrontar una nueva etapa profesional tras su despido en el hospital. Bill lo intentará en un nuevo hospital, queriendo incluso que contraten a Virginia para continuar con su labor; sin embargo, el puesto no le durará mucho y tendrá que buscar un nuevo centro, esta vez uno de negros, dado que su prestigio ha desaparecido desde que presentó la investigación. Allí Masters y Johnson intentarán reanudar la investigación, pero no encuentran más que trabas. La temporada se salva hacia el final, cuando por fin presentan su estudio al mundo.

La tercera temporada, también algo irregular, arranca en 1966, cuando, tras diez años de investigación, por fin su estudio sale a la luz. Y aunque “La respuesta sexual” estaba escrito con términos científicos y se pretendía dirigido a la comunidad sanitaria; recibió una gran acogida entre el público general convirtiéndose en un éxito de ventas y sentando las bases de la revolución sexual de los 60. No obstante, a pesar de la aceptación de sus teorías, siguieron enfrentándose a una sociedad llena de prejuicios, sobre todo Virginia, que está en el punto de mira por estar divorciada, con dos hijos y uno en camino. Con la publicación de su trabajo se vuelven famosos y sus vidas son diseccionadas, convirtiéndose lo privado en un asunto público.

Ya más asentados en el ámbito profesional con su prestigiosa consulta y su libro publicado, comienza la cuarta temporada, que transcurre entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Los protagonistas siguen inmersos en una crisis personal, ya no solo entre ellos, sino con sus relaciones con sus parejas. Virginia ha roto la relación que comenzó en la temporada anterior, pero va con una fachada de estirada mientras busca consuelo en la promiscuidad. Libby echa a Bill de casa, y este entra en una espiral de alcohol y derrotismo. Y cuando parece que la única válvula de escape que les queda a los investigadores es el trabajo, Masters es acusado de pedofilia y de incitar a la prostitución y todo parece venirse abajo.

Aunque la última temporada es algo mejor que las dos anteriores, parece que la serie no pudo remontar y finalizó con la boda de los protagonistas en 1971. Aún les quedaba mucho trabajo por hacer a los Masters y Johnson originales, que publicaron entre otros títulos “Inadaptación sexual humana”, “El vínculo del placer” y “La sexualidad humana”. Sus estudios cesaron en 1993 cuando se divorciaron.

Masters of Sex intenta reflejar estas primeras décadas de trabajo de los investigadores y cómo sus teorías modificaron las costumbres sexuales de los Estados Unidos. Aunque el sexo es el hilo conductor, la serie no busca el morbo ni la sensualidad, sino que interesa más contar el recorrido de Masters y Johnson, sus hallazgos y caída de mitos y cómo cada vez que querían compartirlo con el resto de la sociedad no se encontraban más que trabas, problemas, rechazos y zancadillas. Ellos afrontaron el sexo de una manera abierta, desde un punto de vista fisiológico, como si estuvieran realizado un tratado sobre cualquier otro tipo de reacción neuronal o física y se encontraron con la censura puritana.

Las cuatro temporadas abarcan un par de décadas en las que pasa mucho en el contexto histórico y social de Estados Unidos, así como ocurre en los protagonistas. Bill es un tipo cerrado al principio, sin embargo, a lo largo de las temporadas van saliendo a la luz sus demonios y se abre en canal. Gran parte de esta evolución se debe a Virginia, una mujer adelantada a su época que finalmente acabó terminando la carrera de psicología para estar a la par que su compañero y demostrarle al mundo que ella no era una simple ayudante, sino que era la mitad de aquella investigación. Ella es el motor de la serie, quien impulsa nuevas teorías y puntos de vista.

Pero sin duda, Masters of Sex perdería mucho sin sus secundarios. Aunque es una serie muy centrada en sus protagonistas, cuenta con unos personajes secundarios regulares que son un simple acompañamiento, sino que tienen toda una historia personal que complementa las tramas. Así, por medio de estos sujetos, se tratan temas como la homosexualidad, las relaciones abiertas, el divorcio, las madres solteras, la impotencia, la infertilidad, el conflicto racial, el puritanismo, la libertad sexual, el empoderamiento femenino, el aborto, los métodos anticonceptivos, los vibradores… Todo ello sin entrar en la vulgaridad o simpleza, sino como hilo conductor.

Libby es uno de los personajes que más evoluciona a lo largo de las cuatro temporadas. Al principio es el estereotipo de la mujer perfecta de los años 50, sin embargo, va creciendo a medida que pasan los capítulos. Poco a poco va tomando las riendas de su vida, decidiendo por sí misma hasta que acaba liberándose. Y ahí, se busca a sí misma como persona que tiene aficiones y una profesión, no como comparsa de un hombre que rija su vida. Ella representa la liberación de los 70 alejándose del conservadurismo.

Los personajes homosexuales de la serie, sin embargo, no están estereotipados como individuos chillones y extravagantes como suele ser habitual. Burton y Betty sirven para exponer las horribles terapias conductuales que se llevaban a cabo en la época para “heterosexualizar” a los homosexuales, las vidas escondidas, matrimonios de mentira para aparentar ante los demás, la maternidad en parejas del mismo sexo…

La serie tiene una fotografía muy cuidada y una buena ambientación que va cambiando con las temporadas y las épocas en que se centra, tanto en los escenarios como en los personajes, cuya ropa y peinados va evolucionando. Tiene un ritmo pausado pero los diálogos son ágiles y no se hace pesada. Cuenta con algunos capítulos flojos, claro, pero en general, es una buena serie. Una pena que no hubiera una quinta temporada en la que se abarcara la década de los 70 y cómo comenzaron a llevarse a la práctica los métodos de estos investigadores que contribuyeron a la terapia sexual y a la desinhibición de la sociedad estadounidense – y del mundo-. Aunque da la sensación de que en muchos aspectos aún seguimos anclados en los años 50 del siglo pasado y queda mucho por investigar y muchos mitos por caer.

Nueva serie a la lista “para ver”: Por trece razones

La serie Por trece razones se basa en una novela de Jay Asher que se convirtió en bestseller. Se centra en un instituto en el que una adolescente, Hannah Baker, se ha suicidado un par de semanas antes de que comience el relato. Este hecho ha golpeado de lleno a compañeros, profesorado y padres. Como espectadores no sabemos qué ha llevado a Hannah a quitarse la vida, pero ella nos lo va a contar gracias a unas cintas de cassette que dejó grabadas. Estas aparecen de forma misteriosa y sin remitente en la puerta de Clay Jensen, uno de sus compañeros.

Antes de seguir con la historia, me surge la duda de cómo una chica de instituto de hoy en día decide dejar cintas de cassette a sus compañeros. Primero: ¿quién tiene cintas vírgenes en casa? Yo hace como veinte años que no. Segundo: ¿quién tiene un aparato que las reproduzca? Quizá tengas una minicadena en casa, o un radiocasette tipo huevo, pero a saber cómo están los cabezales. Tercero: ¿Cómo es que en esta era digital se te ocurre grabarte en cintas y no en pistas de audio con el ordenador o el móvil? Quizá me estoy adelantando y se resuelvan las incógnitas a lo largo de la temporada. O quizás es simplemente un mecanismo para que Clay vaya a la búsqueda de un walkman. En cualquier caso, es algo que me ha chocado y que creo que le quita algo de verosimilitud a la historia.

Pero sigamos. Las cintas en cuestión están dedicadas a las personas que influyeron en la decisión de Hannah de suicidarse. 13 personas que intervinieron de alguna manera y que la llevaron a una espiral de dolor y sufrimiento. 13 caras, 13 capítulos.

En el piloto, a través de la primera cara, dedicada a Clay – que aún no entiende muy bien que él haya sido culpable de algo – Hannah cuenta lo que ocurrió de verdad una noche que quedó en un parque con Justin Foley. Mientras todos sus compañeros piensan que se acostó con él, lo cierto es que solo se besaron, sin ir más allá. Los rumores comenzaron a correr cuando Justin enseñó una foto a sus amigos en la que se le ven las bragas como consecuencia de tirarse por un tobogán (omitiendo este último detalle).

Con este primer episodio se pone de relieve la doble vara de medir de los compañeros de Hannah. Mientras que ella recibirá miradas de desprecio, risitas, cuchicheos y calificativos que van de “guarra” para arriba; por el contrario Justin será vitoreado, envidiado y aplaudido. No se trata de acoso escolar, se trata de machismo. Habrá que esperar a ver qué conflictos hay más allá.

De momento, la primera cinta ha despertado el sentimiento de culpa en Clay al conocer la verdad y el sufrimiento de Hannah. Este descubrimiento deja en evidencia que detrás del acoso y las agresiones hay una profunda desconexión con la víctima, una falta de empatía.

La serie ha recibido críticas por hacer apología del suicidio, algo que con un único capítulo visionado no me atrevo a posicionarme. Sin embargo, creo que este tipo de ficciones tienen mucho que aportar a la hora de dar visibilidad a temas como el acoso, la presión social o el suicidio. Pueden dar una perspectiva diferente y que determinados actos dejen de verse como chiquilladas y se les quite importancia hasta que sea demasiado tarde. Toda acción tiene sus consecuencias y es un asunto que ha de tratarse con los adolescentes, que están en una etapa en que los sentimientos están a flor de piel y cualquier crítica por parte de su entorno fomenta las inseguridades. No solo hay que mirar a la víctima y qué le llevó a quitarse la vida, sino al entorno, al agresor. Hay que dejar de culpar a las víctimas y poner el foco en modificar conductas para que no se produzcan esos acosos.

Tras el éxito de la primera temporada, se aprobó una segunda, que se estrenará en breve y se centrará en personajes que aún tienen historia que contar.

Nueva serie a la lista “para ver”: Stranger Things

Stranger Things fue una de las series más comentadas durante el año pasado. Me había resistido a verla porque no me va mucho la ciencia ficción y el argumento no me terminaba de convencer, pero al final este verano le hemos dado una oportunidad.

Cualquier análisis o descripción que se haga sobre la serie es quedarse corto. Tras el visionado del piloto quedan muchas puertas abiertas, muchos misterios por descubrir, muchas preguntas por responder.

La serie transcurre en los años 80, en la ciudad de Hawkins, Indiana, y la acción arranca cuando Will Byers, un chaval de 12 años, desaparece misteriosamente al volver a casa tras haber estado jugando con sus amigos a Dragones y Mazmorras.

Al día siguiente, su madre, interpretada por Wynona Rider, al descubrir que no ha dormido en casa, acudirá a la policía. Amigos, familia y policía comenzarán una exhaustiva búsqueda para descubrir qué ha ocurrido. En el desarrollo de la investigación se toparán con misteriosos sucesos, experimentos gubernamentales y fuerzas paranormales. Además, paralelamente, aparecerá en el bosque una niña con un camisón de hospital y la cabeza rapada que apenas habla y que resultará tener poderes telequinéticos.

Así, leyendo el argumento, da la sensación de ser un típico thriller sobrenatural, pero también hay drama. Aunque parece que va a tocar más palos. Por un lado el terrorífico con ese misterioso monstruo y por otro algo de comedia y aventuras gracias a esta pandilla de protagonistas.

Una pandilla de cazadores de aventuras que ya ha sido bautizada como “los nuevos Goonies”, que se mueven en bici como en E.T., que juegan a Dragones y Mazmorras, que hablan entre ellos con walkie-talkies… Todo huele a los 80. No sé si hay un vacío de creatividad o una nostalgia por el pasado, pero no dejan de aparecer remakes o historias que beben de muchas otras series y películas de hace años. Stranger Things ha combinado las películas de Steven Spielberg con las novelas de Stephen King (y muchas otras referencias que se me escapan) para llevar a cabo un homenaje a aquella época.

Solo con el piloto ya nos podemos hacer una idea de lo bien construida que está la serie. Cuenta con una buena historia, unos personajes creíbles, un magnífico reparto (incluso a pesar de tanto joven protagonista desconocido), una estupenda ambientación, una cuidada fotografía, una tenebrosa atmósfera y una cuidada banda sonora. Todo ello aderezado con la añoranza de los años 80. Y es que supongo que no habría funcionado igual la desaparición de un niño en una época tan tecnológica como la actual, sería una serie totalmente diferente. Aún así, con todo lo positivo que tiene Stranger Things, a mí no me ha terminado de enganchar. Imagino que por muy de los ochenta que una sea, al final te tiene que atraer el género.

Aún así, seguramente siga la historia de esta pandilla aventurera pues sus cortas temporadas la convierten en candidata para un maratón en esos días de sofá, mantita y serie. La primera temporada cuenta con tan solo 8 capítulos, y la segunda con 9. El 27 de octubre volverá la tercera y parece ser que finalizará en la cuarta, según sus creadores. Y me parece acertado, ya que, como sabemos, los niños tienden a crecer. Y ya no sería lo mismo.

Serie Terminada: Imborrable

Después de la decepción de 11.22.63, comenzamos la serie Imborrable, un procedimental mucho más ligero del que no esperábamos mucha profundidad, solamente entretenimiento. Y quizá ni siquiera deberíamos haberle dado al Play sabiendo que en sus cuatro temporadas había sido cancelada tres veces. Ahí es nada.

Se estrenó en 2011 en la CBS, una cadena especialista en dramas policíacos como CSI, Mentes Criminales o NCIS. Tras una temporada decidió retirarla de la parrilla, sin embargo, al ver que otros canales habían mostrado interés por recuperarla, CBS la revivió como serie de verano reduciendo sus capítulos de 22 a 13 y cambiando una comisaría de Queens por el Departamento de Crímenes Especiales así como prácticamente toda la plantilla. De esta forma parece que encajó mejor y se renovó por una tercera temporada. Sin embargo, la audiencia no acompañó y se volvió a cancelar. Pero de nuevo fue rescatada, cambiando esta vez a la cadena A&E, incorporando otra vez nuevos personajes. Craso error, porque los números no acompañaron y la fulminaron de golpe dejando un cliffhanger en el capítulo final. Supongo que a los guionistas aún les quedaba esperanza y esperaban volver una quinta.

Imborrable se centraba en la vida de Carrie Wells, exdetective de policía que padece el síndrome hipermnésico, también conocido como memoria autobiográfica superior. Es decir, puede recordar al detalle todos los detalles vividos al mílímetro.

Sin embargo, como todo protagonista, tiene un hecho traumático, y en este caso es que, por más que lo intente, no es capaz de recordar los detalles del asesinato de su hermana cuando ambas eran pequeñas. Esa tragedia la ha marcado de por vida y le persigue el no ser capaz de volver mentalmente a ese momento y encontrar las piezas que faltan.

Esta curiosa habilidad existe de verdad, aunque solo hay una veintena de casos diagnosticados en el mundo. Si tienes que crear un personaje con ella, qué mejor que una policía, que podrá usarla para resolver crímenes.

En fin, que el piloto no pintaba del todo mal. Una serie policíaca, de caso semanal, con una protagonista que tiene una habilidad especial… Pero ya, ahí se queda la propuesta. La resolución de los crímenes resulta aburrida, los secundarios son insulsos (salvo la forense de la segunda y tercera temporada) y hay mucho diálogo cargante entre Carrie Wells y su compañero Al Burns, también exnovio.

Qué manía tienen los guionistas de recurrir a una pareja de protagonistas hombre-mujer y hacerlo girar todo en torno a una supuesta tensión sexual no resuelta. En este caso además ocupa demasiados minutos de cada capítulo con celos, tonteos, alusiones a su relación pasada, a recuerdos. Pero ni hay tensión sexual, ni está sin resolver. Es un relleno que no lleva a ningún lado y aburre hasta a las piedras.

En el transcurso de las cuatro temporadas ni hay avances en su relación, ni Carrie descubre al asesino de su hermana. Al final todo queda en nada. Sin duda, deberían haberlo dejado tras la primera temporada y haber aceptado el fracaso sin más.