Trucos viajeros: Salud viajera – Seguro de Viaje

Ponerse malo es siempre un fastidio, pero si además nos pilla de viaje, es aún peor. Si además hay que recurrir a la consulta médica, mejor contar con seguro para evitar más sorpresas. Que un esguince tonto lo puede tener cualquiera, por no hablar de un dolor de muelas, un catarro o una diarrea. En algunos países te puedes encontrar con que has de pagar cifras astronómicas por una consulta, un análisis de sangre o una radiografía. Y si además requieres de ingreso hospitalario, mejor vende un riñón. Por eso es muy importante viajar asegurados.

En Europa contamos con la Tarjeta Sanitaria Europea, que permite el acceso a la asistencia sanitaria en el Estado Miembro en el que nos encontremos. Nos cubre como si fuéramos locales.

Se puede solicitar por internet y llega a tu domicilio en apenas un par de días. Tiene validez de dos años y sirve para los países integrantes de la Unión Europea (Alemania, Austria, Bélgica, , República Checa, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Francia, Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Suecia), así como los del Espacio Económico Europeo (Islandia, Liechtenstein, Noruega) y Suiza.

Sin embargo, cuando salimos de este entorno (e incluso como complemento de la Tarjeta Sanitaria Europea) necesitamos un seguro. Ahora bien, ¿cómo sabemos qué tipo de seguro necesitamos?

Pues no hay un seguro universal que sirva para todo el mundo. Sino que lo ideal es configurar en base a nuestras necesidades. Tanto como viajeros (persona sola, familia con niños o mascotas, mayores de 60 años…) como por el tipo de viaje que realizamos (crucero, a la montaña, de playa, de mochilero…). Lo básico sería que incluyera cambios de itinerario, equipajes, defensa legal, salud, hospitalización y repatriación/evacuación. Hoy en día incluso es interesante que cubra el material informático (cámara, ordenador, tablet, móviles…).

Normalmente suele haber dos modalidades: el de cancelaciones (que sirve hasta la fecha de inicio de viaje) y el de salud (para el viaje en sí). Aunque hay compañías que ofrecen una mezcla de ambos.

Hay que asegurarse bien del tipo de viaje que vamos a hacer, pues un seguro de salud estándar no suele cubrir viajes en crucero o deportes considerados de riesgo como esquí, snowboard, surf, hípica… Para esos casos hay que contratar uno más específico. Y si el país es considerado como conflictivo, directamente no dan cobertura, así se evitan indemnizar como por ejemplo en caso de atentado.

También suelen excluir las coberturas de lo que llaman las condiciones preexistentes. Es decir, que si tienes una cardiopatía, diabetes o algún tipo de enfermedad, probablemente te pidan pagar un extra para asegurarte.

El precio suele ir condicionado por el destino, porque obviamente la sanidad no cuesta lo mismo en todos los lugares del mundo. Aún así, es un gasto necesario. Es preferible pagar 100€ por 15 días, en lugar de 25.000€ por una apendicitis, como es el caso de EEUU.

También influye la duración, claro. Y, aunque lo normal es contratar uno puntual para un viaje en concreto, para viajeros frecuentes a veces sale más rentable decantarse por uno anual que suele cubrir todos los de menos de 90/120 días dentro del año en cuestión. Independientemente de los viajes que se hagan.

Pero esto es la teoría. Otra cosa es la práctica. ¿Cómo funcionan a la hora de la verdad?

Pues en general, solo cubren las urgencias, no una revisión u operación concertada previamente. Y la mayoría te pide que les llames antes de acudir a ningún consultorio. De esta forma, son ellos quienes buscan el médico que te correspondería en el lugar en que te encuentras y así cuando llegas ya estás autorizado. Sin embargo, también hay otros seguros en los que no falta que avises. Siempre que sea una urgencia, eso sí.

En caso de hospitalización, conviene saber si cubre el desplazamiento de un familiar (generalmente línea directa), si le pagan la estancia, cuántos días…

A la hora de pagar tras la atención sanitaria también hay que tener en cuenta lo que hemos contratado, pues aunque tengamos la autorización previa, en la mayoría de los casos eres tú el que tienes que adelantar el dinero. Después reclamas, aportas documentación y el seguro te paga. Pero también hay seguros que se encargan de todo desde el principio, lo cual evita tener que llevar mucho dinero encima o una tarjeta con buenos fondos.

Así pues, con estas consideraciones, podemos comparar varias compañías para ver cuál se aproxima más a nuestras necesidades en función de coberturas, transparencia a la hora de hacer uso de él (poder contactar con un teléfono gratuito, en español y 24 horas, por ejemplo) y precio.

La tranquilidad que da viajar con una cobertura detrás no tiene precio, pero sobre todo, el volver sin haber tenido que recurrir a él.

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Conclusiones del viaje a Mahé, Bombay y París

Cuando surgió el viaje, tuve un breve momento de duda, como ya comenté. Por suerte, duró poco y nos lanzamos. Fue un viaje un poco agotador, con mucho por ver y hacer en algo más de una semana. Sin embargo, creo que el contraste entre los tres países fue bueno para desconectar y vivir cada uno de una forma totalmente diferente.

Comenzamos por las Islas Seychelles, unas islas paradisíacas que desde luego no entraban en mis planes más próximos (ni lejanos, en realidad). Y es que con tanto globo terráqueo por descubrir, los destinos de playa quedan muy abajo en muy lista. Además, África para nosotros de momento era terreno inexplorado. Si hubiéramos ido más días, quizá habríamos aprovechado para hacer alguna excursión a Praslin o La Digue, sin embargo, al tratarse de una escala diurna, nos centramos en Mahé, que es la isla principal y donde llegaba nuestro avión.

Playa Seychelles

Mahé no es muy grande, pero para poder aprovechar el tiempo al máximo, alquilamos un coche para poder movernos a nuestro ritmo y no depender de los autobuses locales. Seguimos la carretera principal y fuimos parando en playas y calitas que nos iba apeteciendo. Incluso nos bañamos en Beau Vallon, donde nos quedamos también para comer en ambas escalas aprovechando los restaurantes a pie de playa y el pescado fresco.

Playa Seychelles

Beau Vallon

Comida

Por supuesto, también estuvimos en Victoria, la capital. Un pueblecito, más que una ciudad, donde se concentra la mayor parte de la población. Turísticamente tiene poco que visitar, es de esos destinos en que hay que seguir a nuestros pies y perderse entre el ir y venir de los lugareños. Mahé no es un destino de monumentos, fueron mucho más interesantes las visitas al mercado y a la plantación de té.

Slewyn-Clarke Market

Slewyn-Clarke Market

Slewyn-Clarke Market

Tea Factory

Tea Factory

Aunque sin duda, uno de los mejores sitios es el Parque Natural Morne Seychellois, un auténtico paraíso verde y salvaje para los amantes de la naturaleza. En su mirador se respira tranquilidad, se ve cómo se mueven las nubes que tapan y descubren los montes. Y abajo, las prístinas aguas.

Parque Nacional Morne Seychellois

Morne Blanc View Point

Lo que menos me gustó fue el clima. Nada más bajar del avión nos encontramos con una bofetada de humedad, sobre todo en la primera escala, ya que en la segunda había lluvias intermitentes y la temperatura había descendido unos grados.

Nuestros gastos en las dos escalas a la isla se redujeron al alquiler de coche, que dividido entre cuatro fueron 22.50€; y la gasolina y comida, que fueron otros 70.95€.

Los precios de Mahé eran elevados, un menú costaba más o menos como en Reino Unido. En total gastamos en las Seychelles 93.45€ por cabeza (menos de 50€ por día).

Playa Seychelles

Bombay fue nuestra estancia más larga. Y es que, en teoría, era el destino originario del viaje. Tampoco estaba en la lista. Sí que habíamos pisado Asia cuando visitamos Japón (y Estambul), pero claro, el país nipón no tiene nada que ver. Sí, tanto la India como Japón son países muy poblados, pero no son comparables ni en clima, ni precauciones sanitarias, ni infraestructuras, ni cultura, ni costumbres…

Barbería

Caña de Azúcar

dabbawala

Estación

Dhobi Ghat

Bombay fue un choque cultural. Tuvimos que despojarnos de nuestros prejuicios y dejarnos llevar por el caos. Fue un gran contraste viniendo del ritmo pausado de Mahé. Llevábamos una ruta más o menos establecida, por aquello de querer aprovechar al máximo nuestra visita. Sin embargo, pronto descubrimos que no hay organización que valga y que hay que dejarse fluir.

Aún así, intentamos recorrer los puntos más o menos significativos de la ciudad como Fort, el actual distrito comercial y administrativo pero que era donde en el siglo XVII se erigía la antigua fortaleza. Es en ese barrio donde se encuentra el mayor número de edificios victorianos de finales de siglo XIX cuando Bombay era la joya de la corona del Imperio Británico. De aquella época datan la Central Telegraph Office, el Tribunal Supremo, la Universidad, la Biblioteca David Sassoon, el Museo Chhatrapati Shivaji Maharaj Vastu Sangrahalaya o la Puerta de la India, ya en Colaba.

Central Telegraph Office

Tribunal Supremo de Bombay

Universidad

Biblioteca David Sassoon

Chhatrapati Shivaji Terminus

Puerta de la India

Esta zona está más o menos delimitada y se puede recorrer siguiendo una ruta. Por lo demás, el resto de Bombay es llegar a un barrio y perderse en él, callejear y descubrir su singularidad, la confesión de sus habitantes. Si Mahé no era un lugar para hacer turismo de monumentos, Bombay fuera de Fort, tampoco lo es. Sí, quedan restos como los fuertes de Bandra o Worli, alguna iglesia o templo… pero no se conservan en un muy buen estado. Como ya dije, Bombay no es para ir de turista, sino de viajero. Asumir el calor, el caos, los contrastes e intentar disfrutar la experiencia de salir de la zona de confort.

Khan Abdul Gaffar Khan

Aún así, es quizá la más europea de las ciudades indias con sus edificios coloniales y sus modernos rascacielos. Imagino que no tiene nada que ver con Nueva Delhi, Calcuta, Agra o Bangalore.

Aunque íbamos predispuestos a dejarnos llevar por la India, sus costumbres, su clima, su comida… hay algo a lo que no pensábamos renunciar y era el poder dormir con aire acondicionado, sin bichos y disponer de un baño decente. Así que buscamos un hotel de estilo occidental. Nuestra estancia con desayuno incluido nos salió por 127.98€ por persona (o 255.95€ por habitación). El buffet no disponía de una gran variedad de comida, pero estaba bastante bien con opciones dulces y saladas, calientes y frías, occidental e india. Una buena combinación. También cenamos allí y los platos eran abundantes, a buen precio y con un personal muy atento y simpático.

Habitación

Buffet

Por lo demás, el resto de gastos en Bombay (comidas, desplazamientos, excursión a la Isla Elephanta y alguna compra) fueron 369.69€, que son 92.42€ por cabeza.

Mondegar Café

A esto hay que sumarle el visado que hubo que sacar antes del viaje, que al cambio fueron 47.86€ cada uno. Es decir, en total, en Bombay gastamos 268.26€ por persona.

Para finalizar, llegamos a París, donde nos sentimos casi como en casa. El clima, la comida, la arquitectura, el transporte público ya no suponían un contraste como habían sido nuestras dos paradas anteriores. Aún así, París supuso un reto: el de conseguir ver lo máximo posible en dos días y medio. Algo imposible, por supuesto, ya que por mucho transporte público al que puedas recurrir, es una ciudad inmensa con siglos de historia, muchos monumentos, parques, museos, palacios, iglesias, catedrales, hoteles y cafeterías de renombre con parisinos sentados frente a la calle para ver a la gente pasar y dejarse ver…

Hotel du Louvre

París

París

París

cafetería

Café

París

Pero bueno, intentamos quedarnos con un primer acercamiento, pateando la ciudad, ya que el clima acompañaba a estar en el exterior. Paseamos por Montmartre y sus bohemias callejuelas, por la selecta Isla de San Luis, por el origen de la ciudad en la Isla de la Ciudad, por Le Marais, por los jardines de Luxemburgo y de las Tullerías; admiramos los palacios, el Louvre, la Catedral de Notre Dame, el Sacre Cœur; subimos a la Torre Eiffel y la vimos iluminada de noche; recorrimos los Campos Elíseos y llegamos hasta el Arco del Triunfo; callejeamos por el Barrio Latino; visitamos la Plaza de la Concordia, la des Vosges y la Vendôme y seguimos el curso del Sena descubriendo sus numerosos puentes.

Sacré-Cœur

Moulin Rouge

Jardín de las Tullerías

Museo del Louvre

Notre Dame

Torre Eiffel

Arco del Triunfo

Plaza de la Concordia

Puentes sobre el Sena

Siempre había sido escéptica con respecto a París. No sé si por los franceses o por su fama como ciudad de los enamorados. Quizá por ambos motivos. En cualquier caso, me sorprendió gratamente. Encontré un París que me hubiera gustado recorrer con más calma para descubrir más rincones; para entrar a museos, a los diferentes monumentos; para sentarme en una de las sillas verdes típicas de los parques; para comer más crepes; para visitar las catacumbas; para subir a la Torre Montparnasse o para perderme entre las lápidas de los cementerios. Supongo que habrá que volver.

Los gastos en París no se nos dispararon mucho, a pesar de que es una ciudad cara. Siempre hay opciones para todos los bolsillos, aunque haya que buscar mucho. El primer reto fue el alojamiento. Al ser cuatro, nos era más rentable un apartamento por Airbnb, que un hotel. Nos costó 36.63€ por persona para los dos días.

Apartamento

Por otro lado, para movernos, era imprescindible sacarse algún pase o abono, y lo hicimos con los locales, con la Navigo, que fueron 27.50€ por persona, con el gasto de expedición de tarjeta incluido.

Además, sacamos las entradas de la Torre Eiffel por internet. No es que nos ahorráramos dinero, pero sí tiempo. Otros 17€.

Por lo demás, el único gasto fue comer, y prácticamente lo solucionamos con el supermercado que teníamos frente al apartamento. En total fueron 42.20€ en este aspecto.

Así, la suma de nuestros gastos en la capital francesa fue 123.32€.

A veces lo barato sale caro. Coges una oferta, pero a medida que vas añadiendo extras, la cuenta va subiendo y al final resulta que no era tan ventajosa como parecía. Sin embargo, este no fue el caso, ya que los gastos por persona de todo el viaje no llegaron a los 800€. En situaciones normales, con ese dinero apenas nos habría dado para cubrir los vuelos.

Con la tarifa error y los vuelos Madrid – París ida y vuelta, nos gastamos 273.76€ por persona. Para el resto seguimos la misma rutina de siempre, y es que, aunque establecemos un presupuesto estimado para más o menos saber cuánto nos vamos a gastar, lo cierto es que siempre transcurre natural y no acabamos derrochando. Tiene que ver con la educación y hábitos adquiridos.

Así pues: 268.26€ de Bombay + 93.45€ de Mahé + 123.32€ de París = 485.03€. Que sumado a los vuelos (485.03€ + 273.76€) nos dan el total de 758.79€.

No nos salió nada mal la aventura.

Conclusiones de nuestra breve estancia en París

Cuando surgió este viaje a Bombay decidimos añadir unos días más en París antes de volver a casa y ya entonces sabíamos que íbamos a tener que seleccionar y que nos quedarían muchas cosas pendientes.

París tiene mucho que descubrir y es muy complicado elegir qué ver en una primera visita. En estos casos siempre solemos darle prioridad a la calle. Es decir, nos centramos en patear la ciudad, perdernos por sus barrios, observar su arquitectura y edificios emblemáticos. Y si da tiempo, quizá alguna visita de interés cultural o histórico, un paseo en barco por el río u otro tipo de atracción.

París

Louvre

Plaza Vendôme

Place des Vosges

Así pues, creamos una planificación en la que intentaríamos conocer los barrios más importantes buscando aquellos básicos de la ciudad como el Sacre Cœur, el Louvre, el Pompidou, las islas, caminar por las riberas del Sena viendo los numerosos puentes cada uno de ellos diferente del anterior, relajarse por los jardines importantes de la ciudad, recorrer los Campos Elíseos, subir a la Torre Eiffel

Sacre-Cœur

Sena

Sena

Sena

Sena

Palacio de las Tullerías

París

Jardín de las Tullerías

Jardines de Luxemburgo

Campos Elíseos

Torre Eiffel

Y si hubiera tiempo, quizá subir al Arco del Triunfo, a la torre de Notre Dame, al mirador de Montparnasse y visitar las catacumbas.

Intentamos aprovechar al máximo los días, y teníamos a nuestro favor suficientes horas de luz y unos 15º de temperatura media. Sin embargo, jugó en nuestra contra el factor cansancio acumulado de todo el viaje y una ciudad demasiado extensa, con demasiados atractivos en cada barrio, en cada rincón. París es todo un monumento en sí misma.

Aprovechamos bastante bien el primer día visitando Montmartre, la zona de Ópera, Le Marais, La Isla de San Luis, el Jardín de las Tullerías y acabando en la Plaza de la Concordia. Aunque llegamos cansados tras un largo viaje, el cambio de clima nos cambió totalmente las pilas.

Montmartre me encantó, y el hecho de que el barrio estaba aún despertando, con poco ajetreo por sus empedradas calles, nos permitió pasear tranquilamente observando cada rincón, cada plazoleta, cada local.

mur des je t'aime

Montmartre

Place du Tertre

Montmartre

Montmartre

Ver cómo se pone en marcha una ciudad también tiene su encanto. Y observar a tus pies París desde la escalinata de la Basílica te anima a seguir con el paseo.

Sacré-Cœur

Montmartre aún mantiene ese encanto bohemio, ese barrio de artistas, y además, se ve mucho arte callejero en sus paredes.

París

Otro punto simbólico que no podíamos dejar de visitar en Montmartre es el Moulin Rouge, que aún hoy sigue funcionando.

Moulin Rouge

Desde allí continuamos hasta las Galerías Lafayette que me dejaron con la boca abierta al ver esa cúpula tan ricamente decorada. Y aún más con sus vistas de la ciudad.

Galerías Lafayette

Vistas desde Galerías Lafayette

Después de dejar nuestras maletas en el alojamiento continuamos por la histórica Plaza de la Bastilla y por el barrio de Le Marais que nos condujo a la Isla de San Luis, dos barrios residenciales en los que habitan las clases acomodadas de la ciudad, sobre todo en la isla, un oasis urbano próximo al corazón histórico de la ciudad.

Columna de Julio

Place des Vosges

Hôtel de Ville

Acabamos nuestro primer día por todo lo alto con el Pompidou, el Louvre, el Jardín de las Tullerías y la Plaza de la Concordia. En el Pompidou nos quedamos con las ganas de subir a su mirador, pero se nos estaba yendo el sol y hubo que continuar nuestro recorrido. El Louvre me abrumó. El conjunto de edificios que lo componen está ricamente decorado y la plaza entera es impresionante. Y nos conduce a través del jardín a la Plaza de la Concordia, otra plaza emblemática de la ciudad desde la que vimos atardecer.

Centro Pompidou

Museo del Louvre

Plaza de la Concordia

Aunque la Torre Eiffel parece un imprescindible en una primera visita a París, creo que nos quitó bastante tiempo del segundo día que podríamos haber aprovechado a pie de calle. Antes de subir paseamos por el barrio de Los Inválidos y el Campo de Marte, sin embargo, cuando bajamos, ya se nos había ido toda la mañana. Esto nos impidió entrar en otros monumentos como el Arco del Triunfo o Notre Dame, de hecho, cuando llegamos a la plaza de esta última había tremenda cola simplemente para acceder a la catedral. Imagino que hay dos opciones para subir: bien ir a primera hora, o bien armarse de paciencia y esperar en cualquier otro momento del día.

Iglesia del Dôme

Campo de Marte

Arco del Triunfo

Notre Dame

Ese día acabamos muy cansados, no obstante, no perdimos la oportunidad de salir de noche para ver otra perspectiva de la ciudad. Y aún así, tuvimos que elegir, pues no teníamos tiempo ni ánimos para salir de fiesta y perdernos por París. Así pues, nos acercamos a ver iluminada la Torre Eiffel y Moulin Rouge.

Torre Eiffel

Moulin Rouge

El último día fue algo más relajado porque ya habíamos asumido que no nos daría tiempo a ver lo que nos quedaba pendiente, pero intentamos aprovechar al máximo la mañana paseando por Saint Germain des Pres, el Jardín de Luxemburgo, la Universidad y el Barrio Latino.

Iglesia St Germain des Pres

Facultad de Derecho

Barrio Latino

Por la tarde, después de comer, nos quedaban unas horas antes de coger el avión, pero no las suficientes como para visitar las catacumbas. Y, aunque quizá sí que nos habría dado tiempo a subir a la Torre Montparnasse, decidimos seguir pateando algún tramo que nos habíamos dejado pendiente, como la Madeleine y la lujosa Plaza Vendôme. Y terminamos nuestra visita con unas compras.

Iglesia de la Madeleine

Plaza Vendôme

Aunque quedó mucho por ver, no nos habría dado tiempo a recorrer tanto sin la ayuda del transporte público. La elección de la tarjeta Navigo fue un gran acierto, pues quedó prácticamente amortizada con los dos viajes al aeropuerto más las paradas en Gare du Nord a dejar el equipaje.

El metro de París cubre prácticamente toda la ciudad gracias a sus 16 líneas. Tiene buena frecuencia y hay muchas conexiones para poder hacer trasbordo de una línea a otra.

Metro

La primera de ellas fue inaugurada en 1900. Desde entonces, la red de metro no ha hecho más que crecer contando en la actualidad con 303 estaciones y 219 kilómetros de vías. Es la tercera más larga de Europa Occidental solo superada por Londres y Madrid.

metro

El metro funciona de 5:30 a 1:00. Aunque los viernes y sábados cierra a las 2:00.

Se dice que no hay ningún punto de París alejado más de 500 metros de una estación, aunque con señalización diversa.

Metro

Metro

Algunas de ellas cuentan con unas salidas muy pintorescas.

Abbesses

Metro

Hay estaciones con pasillos interminables y múltiples desvíos. Sin embargo, está bien indicado y además, cuenta con paneles informativos que indican los horarios y avisan de posibles incidencias a tiempo real.

Panel informativo

Panel informativo

Una vez en el andén, también hay paneles que señalan la línea en que estás, el sentido, la hora, y lo que le falta al tren por venir, y además, a un segundo. Es bastante fácil moverse por la red de metro parisina. Y por si fuera poco, las locuciones se repiten en inglés, francés, español, alemán e incluso chino y japonés. Asimismo, la información dentro de los vagones con las advertencias de seguridad está en varios idiomas.

Metro

No obstante, en algunas líneas debían estar dando un lavado de cara a las estaciones, puesto que estaban como en bruto.

Metro

Metro

El RER tan solo lo cogimos para ir y volver del aeropuerto, trayecto que lleva apenas unos 50 minutos y sin apenas paradas.

RER

El bus solo lo cogimos una vez para acortar desde la Estatua de la Libertad a Trocadero y parecía tener buena frecuencia. Eso sí, también depende del tráfico, no nos olvidemos que estamos hablando de una gran capital. De ahí que cogiéramos más el transporte suburbano.

El apartamento a pesar de no estar céntrico creo que fue buena elección, pues estaba bien comunicado. Además, teníamos cerca un supermercado, que nos permitió hacer la compra y solucionar desayunos y cenas.

Desayuno

Esos tres días de París sirvieron como aperitivo, pues se quedaron cortos. Es una ciudad inabarcable. Además de los lugares a los que no entramos por falta de tiempo, me da la sensación de que nos quedaron muchos rincones por descubrir y que no observé con todo el detenimiento que se merece una ciudad con tanta historia en su pasado y una arquitectura tan rica (no hay que olvidarse de mirar hacia arriba para no perderse hermosas azoteas). Supongo que no nos quedará otra que volver algún día.

Día 10 II Parte. París. Iglesia de la Madeleine y Plaza Vendôme

Tras comer, nos dividimos. Los escoceses se marcharon al aeropuerto, pues tenían el vuelo a primera hora de la tarde, y nosotros, que lo teníamos a última hora de la tarde, intentamos aprovechar lo que nos quedaba de tarde. En un principio pensábamos subir a la Torre Montparnasse y visitar las Catacumbas, que quedaban cerca de la zona. Sin embargo, contábamos con poco tiempo para visitar las Catacumbas con calma. Así pues, decidimos seguir paseando en busca de algún punto de interés que se nos había quedado perdido en el mapa.

Tomamos el metro hasta la Plaza de la Concordia. Ya la habíamos visitado en nuestro primer día, pero era al atardecer y queríamos verla con más luz.

Plaza de la Concordia

Desde allí, la Rue Royale nos conduce a la Iglesia de la Madeleine, una iglesia católica que sorprende por su diseño, ya que recuerda a un templo griego con sus 52 columnas corintias de 20 metros de alto y con el frontón que representa la escena de El Juicio Final.

Iglesia de la Madeleine

Comenzó a construirse en 1764, pero las obras se vieron interrumpidas con la Revolución Francesa. Napoleón decidió continuar con los trabajos en 1806, pero cambió totalmente el diseño y se echó prácticamente abajo todo lo que se había construido.

Sobre todo cambió el aspecto interior. La idea original era construir un templo en honor a la Armada Francesa, pero este fin dejó de tener sentido cuando se erigió el Arco del Triunfo y en 1842, con la caída de Napoleón pasó a ser usada como iglesia en honor a Santa María Magdalena, función que sigue cumpliendo hoy en día.

Iglesia de la Madeleine

Su planta cuenta con una única nave de tres cúpulas. En la superior destaca un fresco sobre la historia del cristianismo. Frente al exterior neoclásico, el interior es de estilo barroco. Unas robustas puertas decoradas con motivos religiosos nos dan la bienvenida.

Iglesia de la Madeleine

El interior es muy sencillo y está sumido en la penumbra. Su órgano es uno de los mejores de París.

Iglesia de la Madeleine

Iglesia de la Madeleine

Iglesia de la Madeleine

Una escultura de la Asunción de la Magdalena preside el altar mayor.

Iglesia de la Madeleine

Tras visitar la iglesia, nos adentramos en el I distrito rumbo a la Place Vendôme. Es una zona en la que abundan los hoteles de lujo y las marcas de renombre como Chanel, Nina Ricci, Cartier, Bulgari o Christian Dior.

Vendôme

Vendôme

La plaza, construida en 1698, tiene una longitud de 124 metros y un ancho de 213 metros en un diseño octogonal. Fue concebida para acoger academias y embajadas, sin embargo, los banqueros se adelantaron, compraron los terrenos y levantaron suntuosas mansiones.

Plaza Vendôme

Plaza Vendôme

Plaza Vendôme

Es una plaza espectacular en cuyo centro se erige un gran obelisco, la Columna de Austerlizt, que conmemora la victoria de Napoleón en dicha batalla. En lo alto de sus 44 metros está coronada por una estatua del emperador. Fue construida con cañones de los imperios ruso y austríaco e imita la Columna Trajana de Roma. En su lugar, antes de la Revolución Francesa, había una estatua de Luis XIV.

Plaza Vendôme

Con el paso de la historia ha recibido varios nombres: Plaza Luis el Grande, Plaza de las Conquistas, Plaza Internacional y Plaza de las Picas. Y ha sido lugar de residencia de personajes célebres como Chopen o César Ritz, que fundó su hotel en el número 15 a principios del siglo XX. El nombre de Vendôme lo toma de otro hotel que hay en la plaza.

Plaza Vendôme

Hoy es el paradigma de la exclusividad, la opulencia, el lujo y las compras debido a sus joyerías y tiendas de alta costura.

Se nos acababa el tiempo, así que tomamos el metro hasta Montmartre para comprar recuerdos de última hora y de vuelta a Gare du Nord a por las mochilas.

Gare du Nord

Ninguna de las veces anteriores habíamos salido al exterior, así que esta vez lo hicimos, y el edificio de estilo neoclásico es impresionante. Destaca su fachada decorada con 23 estatuas que representan las ciudades a la que llega la compañía ferroviaria. Las que coronan el edificio simbolizan destinos internacionales.

Gare du Nord

La primera estación abrió en 1846, aunque enseguida se quedó pequeña y fue demolida parcialmente en 1860 para erigir una nueva, que es la que vemos hoy en día. La nueva construcción llevó desde 1861 a 1865. En 1885 se añadieron cinco vías extra. Cuatro años más tarde se reconstruyó entero y se amplió el lado este para las líneas suburbanas. En el siglo XX hubo dos nuevas ampliaciones, una en 1930 y otra en 1960. Actualmente es la estación de tren más grande de la ciudad.

Justo al salir al exterior hay una peculiar casa ladeada que supongo que es algún tipo de obra vanguardista.

Gare du Nord

Gare du Nord

Y con esto finalizó nuestra visita a París, volvimos de nuevo al interior para tomar el RER que nos llevaría al aeropuerto. Aunque la línea es exprés y apenas realiza un par de paradas, fácilmente lleva una hora llegar hasta la terminal del Charles de Gaule.

RER

Charles de Gaule

Habíamos hecho el checkin, pero no llevábamos las tarjetas de embarque porque no me llegó el correo electrónico, así que lo primero que hicimos fue ir a una de las máquinas para sacarlas. Y como no teníamos nada que facturar, pasamos el control y nos fuimos a la puerta. Y de nuevo, como a la vuelta de Japón, nos tocó la zona cuyo techo es de cristal.

Charles de Gaule

No sé quién fue el lumbreras que la diseñó, pero hace mucho calor, ya que aquello parece un invernadero. De hecho, si embarcas al atardecer, el sol te da de lleno a través de la cristalera y tienes que acabar recurriendo a un parasol como las asiáticas que teníamos enfrente.

Charles de Gaule

Para más inri, nos avisaron de que el vuelo salía con retraso. Aunque, por suerte, tan solo fue unos cuarenta minutos.

Panel

El vuelo fue tranquilo e incluso nos dieron un tentempié para medio cenar.

Cena

Para cuando llegamos a Madrid tan solo queríamos darnos una ducha y dormir. Se nos había acabado el viaje.

Día 10. París. Saint Germain des Pres y Quartier Latin

Nuestro último día en París y aún nos quedaba mucho por ver. Sin embargo, no contábamos con muchas horas. Los escoceses tenían el vuelo después de comer y nosotros a media tarde, por lo que apenas contábamos con la mañana.

Desayunamos, cerramos el equipaje, recogimos el apartamento y marchamos rumbo a Gare du Nord a dejar nuestras maletas y mochilas en las taquillas. Desde allí tomamos el metro hasta Saint Germain des Pres, nuestro punto de partida. Tras la II Guerra Mundial este barrio fue lugar de residencia de intelectuales como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir o François Truffaut. Se convirtió en centro cultural, pues era donde se reunían pensadores, músicos, escritores, actores y artistas en general. Hoy ha perdido algo de ese prestigio, sin embargo sus cafés siguen siendo lugar de reunión de periodistas, actores o políticos.

Nuestra primera parada fue la Iglesia Saint Germain des Pres, que le da nombre al barrio. Fue fundada como Basílica en el siglo VI para albergar reliquias y tumbas de reyes. Después se construyó un monasterio benedictino al que se le puso el nombre de Germain en honor a un monje.

Iglesia St Germain des Pres

La abadía se extendió tanto y adquirió tanta importancia que acabó dándole nombre al barrio. Fue un relevante centro intelectual hasta que en la Revolución fue disuelta, también se destruyeron las tumbas reales de su necrópolis.

Hoy en día quedan en pie la iglesia y el Palacio del Abad. En el interior de la capilla descansan desde 1819 los restos de René Descartes.

Iglesia St Germain des Pres

No muy lejos queda la Iglesia de Saint Sulpice.

Iglesia de Saint Sulpice

Es la segunda iglesia más grande de París después de Notre Dame. Fue construida en el siglo XVII, aunque sus cimientos pertenecen a un antiguo templo románico. En 1645 se encargó una ampliación para albergar a más feligreses, ya que la población estaba creciendo, sin embargo, tardaron 130 años en terminarla.

Su fachada es de estilo italiano, con dos hileras de columnas. Cuenta con dos torres, que son diferentes, ya que fueron diseñadas por dos arquitectos distintos. Una mide 68 metros y la otra 73.

Iglesia de Saint Sulpice

Además, esta iglesia alberga en su interior el gnomon, un sistema astronómico instalado en 1743 por los científicos del Observatorio de París para determinar los equinoccios. Este aparato llamó la atención de Dan Brown, quien la hizo escenario de El Código Da Vinci.

Es Monumento Histórico desde 1915 y en ella se guardan dos importantes obras de Delacroix: Jacob luchando contra el ángel y Heliodoro expulsado del templo. Me llamó la atención que hubiera sillas, como en los templos ortodoxos, y no bancos, como suele ser habitual en las iglesias católicas.

Iglesia de Saint Sulpice

Sobre la puerta de acceso encontramos un impresionante órgano de tubos que data de 1862 y que aún funciona hoy en día.

Iglesia de Saint Sulpice

La iglesia se encuentra en la plaza de Saint Sulpice, en cuyo centro se alza “La Fuente de los Cuatro Puntos Cardinales” de Visconti. En ella se representan los cuatro obispos predicadores de la época de Luis XIV: Bossuet, Flechier, Massillon y Fenelon. Cada uno de ellos señala un punto cardinal.

Fuente de los Cuatro Puntos Cardinales

Fuente de los Cuatro Puntos Cardinales

Tomando la Rue Garancière llegamos a los Jardines de Luxemburgo.

Jardines de Luxemburgo

María de Médici, la reina regente de Francia, cansada del Louvre, mandó construir un palacio de estilo italiano que le recordara a su Florencia Natal, el Palacio de Luxemburgo. Con el paso del tiempo el jardín se le quedó pequeño y fue adquiriendo terrenos adyacentes para anexionarlos y ampliarlo. María no lo vio completado, pues para cuando se terminó el palacio ella ya había sido desterrada.

Jardines de Luxemburgo

Sus siguientes dueños realizaron algunos cambios, pero no los cuidaron de igual modo y llegaron a estar abandonados. Con la Revolución Francesa el Palacio fue transformado en prisión. Más tarde, durante la II Guerra Mundial los nazis lo usaron como cuartel, llegando a construir incluso un búnker en el jardín.

La superficie de 25 hectáreas pertenece al Senado, que tiene su sede en el Palacio, aunque los jardines están abiertos al público y hoy se han convertido en un lugar de esparcimiento para parisinos y visitantes. La disposición de los jardines se articula en torno al palacio y su centro es el lago octogonal. Los jardines son muy completos y en ellos se pueden realizar diferentes actividades. Cuentan con zonas para pasear entre estatuas y esculturas; con otras habilitadas para jugar al tenis, a la petanca u otros deportes; con espacios de juegos para niños, teatros de marionetas y un tiovivo; con huertos, restaurantes y hasta una escuela de apicultura… Además hay espectáculos y se puede contratar un paseo a caballo.

Jardines de Luxemburgo

Jardines de Luxemburgo

Jardines de Luxemburgo

Jardines de Luxemburgo

Pero también podemos encontrar en los Jardines de Luxemburgo un buen lugar donde descansar lejos del bullicioso transitar de la ciudad. En el recinto abundan las sillas verdes de metal, al igual que en el de las Tullerías. Había mucha gente sentada leyendo o jugando al ajedrez.

Jardines de Luxemburgo

Jardines de Luxemburgo

Y si se va con niños, se puede alquilar un barquito y jugar a manejarlo con una vara. Me resultó muy curioso este entretenimiento, no lo había visto en mi vida, pero parecía causar sensación entre los pequeños parisinos.

Jardines de Luxemburgo

Jardines de Luxemburgo

Abandonamos los jardines y nos dirigimos al Panteón.

Panteón

Fue construido entre 1764 y 1790. Ordenado por Luis XV como agradecimiento por recuperarse de una grave enfermedad, fue dirigido por Jacques-Germain Soufflot al inicio y, tras su muerte, por Jean Baptiste Rondelet. Es uno de los primeros monumentos de estilo neoclásico que se erigió en Francia. En origen iba a ser una iglesia dedicada a Santa Genoveva, patrona de la ciudad, sin embargo, los problemas económicos y la muerte del arquitecto provocaron que no se finalizara hasta la Revolución Francesa, y en aquel momento primaba más el sentimiento patriótico que el religioso, por lo que se decidió que se convirtiera en templo para albergar los cuerpos de los ilustres de la patria. En 1793 se grabó la inscripción Aux grand hommes, la patrie reconnaissante (A los grandes hombres, la patria agradecida) en el frontispicio. El Panteón es Monumento Histórico desde 1920.

Panteón

El diseño del Panteón está basado en el de Agrippa en Roma y pretendía combinar la sencillez de la arquitectura gótica con la majestuosidad de la griega. Tiene una planta con cuatro naves en forma de cruz griega. En el centro se alza la cúpula inspirada en la londinense Saint Paul. Durante años fue el lugar más alto desde donde divisar la ciudad, después perdió ese reconocimiento al construirse la Torre Eiffel.

Durante el siglo XIX sirvió fue alternando su fin, siendo usado tanto religioso como patriótico, dependiendo del régimen político. A partir de 1806 fue lugar de culto, y tras la caída de Napoleón se eliminó la inscripción del frontispicio quedando únicamente como iglesia. Sin embargo, en 1830 volvió a ser un panteón, conocido como el Templo de la Gloria (que se renombró como Templo de la Humanidad en 1848). En el Segundo Imperio vuelve a ser un templo religioso y, finalmente, en la Tercera República fue cuando se convirtió en mausoleo y comenzó a albergar los cuerpos de personalidades ilustres. En él descansan los féretros de Rousseau, Voltaire, Jean Jaurès, Marie Cure, Louis Braille, Victor Hugo, Alejandro Dumas, entre otros.

Panteón

En 1851 Foucalt, aprovechando la altura del edificio, instaló un péndulo para probar la rotación de la tierra. Lo que se puede ver ahora es una réplica que se instaló en 1995.

Alrededor de la Plaza del Panteón se encuentra la Biblioteca de Santa Genoveva, la Facultad de Derecho de la Universidad de la Sorbona y el Ayuntamiento, estos dos últimos prácticamente iguales.

Biblioteca de Santa Genoveva

Facultad de Derecho

Ayuntamiento

La Universidad de la Sorbona es una de las universidades más antiguas y prestigiosas del mundo. Fue fundada en el siglo XIII por Robert de Sorbon, que pretendía que los jóvenes pobres pudieran acceder a los estudios de teología. Se localiza en el mismo lugar en que se fundó, aunque se ha ido expandiendo con nuevos edificios por el barrio, e incluso en otros puntos de la ciudad. Desde 1970 está dividida en 13 facultades en las que se puede estudiar Ciencias Sociales, Humanidades, Artes, Historia, Economía, Derecho, Geografía o Filosofía. Las aulas que todavía se utilizan fueron reconstruidas entre los años 1885 y 1901.

Fue testigo del famoso Mayo Francés, cuando grupos estudiantiles de izquierda protestaron y la ocuparon.

Bordeando el Panteón, llegamos a la Iglesia Saint-Etienne-du-Mont.

Iglesia Saint Etienne du Mont

Fue erigida en el siglo VI como una capilla a partir de la cripta de la abadía de Santa Genoveva. Sin embargo, lo que vemos hoy en día data de finales de siglo XV.

Iglesia Saint-Etienne-du-Mont

En esta iglesia catalogada como monumento histórico se guardan los restos de la patrona de la ciudad. Y también a ambos lados del presbiterio se encuentran las tumbas de Blaise Pascal y Jean Racine.

Continuamos en el barrio hasta llegar a la Gran Mezquita de París, construida en 1926 en estilo hispanoárabe.

Gran Mezquita de París

Es la mayor de Francia con una extensión de una hectárea de superficie. Tiene una sala de oraciones, una escuela, biblioteca, sala de conferencias, restaurante, salón de té, un baño turco y establecimientos comerciales donde venden productos tradicionales árabes.

Cuenta con un minarete de 33 de metros inspirado en el de la mezquita Zitouna de Túnez. El resto de la mezquita copia el estilo de la de El-Qaraouiyyîn de Fès, en Marruecos.

Volvimos hacia el corazón del barrio por la Rue Mouffetard, una de las calles con más vida, plagada de restaurantes y cafés. Al parecer es una de las calles más económicas, así que decidimos buscar un lugar donde comer antes de despedirnos de los escoceses.

Rue Mouffetard

Rue Mouffetard

Rue Mouffetard

Rue Mouffetard

Rue Mouffetard

Rue Mouffetard

No podíamos irnos de París sin probar las crêpes, así que acabamos en La Petite Bretonne, un restaurante en el que por 12-13€ tienes un menú con una crêpe salada y otra dulce. Eran inmensas y estaban muy ricas.

Crêpes

Crêpes

Yo apenas llegué a la dulce de lo llena que acabé con la salada.

Y hasta aquí nuestra ruta matutina.

Día 9 IV Parte. París. Torre Eiffel y Moulin Rouge. Visita Nocturna

De vuelta al apartamento pensamos que al día siguiente nos marcharíamos y sería la última oportunidad que tendríamos durante nuestro viaje de ver la ciudad de noche. Así pues, volvimos al alojamiento, nos duchamos, cenamos, dejamos medio preparado el equipaje y volvimos a salir.

Como era tarde y estábamos cansados, decidimos que teníamos que seleccionar. ¿Y qué más icónico de París que la Torre Eiffel y el Moulin Rouge?

Así pues, tomamos el metro y para ver la torre nos fuimos a Trocadero, desde donde se obtiene una buena panorámica, aunque había unas vallas que no permitían acercarse al muro. No éramos los únicos que habíamos tenido la misma idea, había mucha gente con teléfono o cámara en mano inmortalizando el momento.

Torre Eiffel

La vista es totalmente diferente a la de del día. La torre acapara todas las miradas, y, al fondo, la basílica de Notre Dame. La torre cuenta con un par de haces de luz azul que van girando y que se ven hasta 80 kilómetros de distancia en noches claras.

Torre Eiffel

Y lo mejor llega a las horas en punto, cuando la iluminación deja de ser fija y comienza a brillar. Esto es gracias a unas 20.000 luces parpadeantes

Torre Eiffel

Torre Eiffel

Esta iluminación fue añadida en 1985 y está protegida por los derechos de autor aplicables a una obra artística según el marco legal francés. Según la web del propio monumento: “La Torre Eiffel construida en 1889 es de dominio público. Las vistas de la torre de día están libres de derechos. En cambio, sus diferentes iluminaciones están sujetas a derechos de autor y derechos de marca. Cualquier uso profesional o comercial de dichas imágenes deberá realizarse previa solicitud a la Société d’Exploitation de la Tour Eiffel (SETE).”

Así pues, parece que solo es aplicable en casos en los que se vaya a tener un rendimiento comercial, por lo que no se aplicaría al uso particular.  Como siempre las leyes a la vanguardia de la actualidad. No parece tener mucho sentido este tipo de normativa teniendo en cuenta la forma en que nos relacionamos y comunicamos hoy en día.

Cuando acabaron los brillos, volvimos al metro y nos dirigimos a Montmartre, para ver el Moulin Rouge iluminado.

Moulin Rouge

Aquí no solo cambiaba el aspecto de la fachada, sino que el barrio estaba mucho más animado, algo normal un viernes a medianoche.

Moulin Rouge

Moulin Rouge

Tras las fotos de rigor, volvimos de nuevo el metro rumbo al apartamento, esta vez para dormir, pues estábamos agotados.

Día 9 III Parte. París. Palacio Borbón, Museo D’Orsay e Isla de la Ciudad

El Pont Aleixandre nos lleva al barrio de Saint Germain des Pres, el barrio que en su día lideraba la vida intelectual parisina en los años 50 del siglo pasado. Hoy en día está más urbanizado y animado que entonces. Conserva de aquella época algunas editoriales y los escritores aún frecuentan el barrio para reunirse con sus agentes.

Continuamos hasta el Palais Bourbon. Originalmente construido en 1722 para Louise-Françoise de Bourbon, duquesa de Borbón, hija legitimada de Luis XIV, hoy en día es la sede de la Asamblea Nacional, la cámara baja del parlamento francés.

Palais Bourbon

Palais Bourbon

Su portada da al Puente de la Concordia, que conduce a la Plaza del mismo nombre.

Continuando por el margen del río, vamos dejando en la orilla contraria el Jardín de las Tullerías y llegamos al Museo D’Orsay, el más famoso de París tras el Louvre.

Museo D'Orsay

Museo D'Orsay

Museo D'Orsay

El edificio es impresionante. En origen, 1900, era una estación de tren, que estuvo a punto de ser derruida. Sin embargo, en 1986, tras llevar 47 años cerrada, se decidió que se convirtiera en museo. De aquella época como estación ferroviaria conserva la estructura y el reloj del frontal interior de la nave, a modo de rosetón de iglesia.

Museo D'Orsay

Se creó para que acoger artes plásticas del siglo XIX, una época que no cubre ni el Louvre ni el Pompidou. Ofrece una colección permanente, pero también exposiciones temporales que documentan el contexto social, político y tecnológico de las obras. Destacan obras de Van Gogh como “La noche estrellada sobre el río Ródano” o “Autorretrato”; de Renoir “Baile en el Moulin de la Galette”; o de Gaugin  “Mujeres de Tahiti”.

Siguiendo Quai Anatole France llegamos al Pont Royal, que nos conduce al Palacio de las Tullerías, sin embargo, continuamos andando, pues ya habíamos recorrido esa parte el día anterior.

Palacio de las Tullerías

Palacio de las Tullerías

El siguiente puente es el Pont du Carrousel, que nos conduce al Louvre. Más adelante nos queda el Pont des Arts, es conocido como el “puente de los candados” por la moda de la novela de Federico Moccia.

Puente de las Artes

La barandilla cedió hace tiempo y se retiraron todos los candados. No obstante, se han seguido colocando. Incluso hasta en las farolas.

candados

A continuación llegamos a la Isla de la Ciudad, el primer puente que la cruza es el Puente Nuevo. Aunque de nuevo tiene poco, ya que es el más antiguo de la ciudad, y también el más largo, con 232 metros. Recibe este nombre porque fue el primero de piedra que se construyó en París cuando todos los anteriores eran de madera.

Es el primer puente que cruza todo el Sena, ya que atraviesa la isla y conecta ambas orillas del río. También era novedoso el hecho de que incorporara aceras para los peatones y balcones con forma de semicírculos para los puestos de los comerciantes y artesanos.

Junto al puente, en la isla, está la estatua ecuestre de Enrique IV, una copia de 1817 de la original de 1614 que fue destruida durante la Revolución Francesa.

Enrique IV

Continuamos hasta el siguiente puente, el Pont Saint Michel, construido entre 1378-1387.

Pont Saint Michel

Puente Saint-Michel

Como ocurrió con otros puentes en la época, se llenó de casas, y una riada en 1408 las derribó. Se volvió a construir, solo que en vez de piedra como en su origen, se levantó de madera porque el país estaba pasando por dificultades económicas. En 1547 varios barcos impactaron contra él y se hundió, lo que provocó 17 muertos. Dos años más tarde fue reconstruido, pero de nuevo en 1616 volvió a quedar destruido por la climatología.

Entre 1618 y 1624 se volvió a reconstruir y aguantó hasta 1857 que se llevó a cabo una nueva restauración, dado que se consideraba demasiado estrecho. Esta es la versión que finalmente ha llegado hasta nuestros días con sus 3 arcos, una longitud de 60 metros y una anchura de 30.

Frente a él se encuentra la majestuosa Fontaine Saint Michel. En el Segundo Imperio, durante el plan de transformación urbanística de Haussmann se pretendía ocultar una fachada. En un principio se pensó en una estatua de Napoleón, pero se descartó y se valoró la idea de una obra que representara la lucha del Bien y del Mal. Así pues, se erigió esta estatua en la que el Arcángel Miguel, espada en mano, somete al Demonio. Fue la última fuente que se colocó en una fachada, todas las posteriores se ubicaron en plazas o parques.

Fuente de San Miguel

Tomando el puente, nos adentramos a la isla. La Isla de la ciudad se encuentra en el punto donde se fundó París. Era tan solo una aldea primitiva cuando la conquistó Julio César en el año 53 a.C. En ella establecieron su residencia los reyes de Francia entre los siglos X y XIV. Vivían en el Palacio, en cuyo interior se encontraban la Sainte-Chapelle y la Conciergerie, hoy incluidas en el complejo del Palacio de Justicia y ambas declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Hoy ha perdido poder, pues no es donde reside ni el gobierno ni las autoridades eclesiásticas, pero atrae a miles de visitantes gracias a la Catedral de Notre Dame.

Notre Dame

Construida entre 1163 y 1345 en estilo gótico, es iglesia y sede episcopal. La fachada está ricamente decorada y flanqueada por dos torres de 69 metros de altura. Tiene planta de cruz latina y mide 40 metros de fachada por 130 de largo. Cuenta con cinco naves y un interior sobrio. Destaca sobre todo el famoso rosetón en el que aparece la Virgen en un bajorrelieve de azules y verdes intensos.

Erigida sobre el emplazamiento de un templo romano, es una de las más antiguas de Europa. No adquirió fama mundial hasta la novela de Victor Hugo, El jorobado de Notre Dame. Fue en ese momento cuando los parisinos echaron la vista al corazón de la ciudad e iniciaron acciones para recuperarla.

Notre Dame

Ha formado parte de momentos importantes en la Historia como la coronación de Napoleón Bonaparte, la beatificación de Juana de Arco y la coronación de Enrique VI de Inglaterra. También ha sido escenario de desórdenes: los revolucionarios la saquearon y la convirtieron en un centro de la razón y la usaron como almacén de vinos.

Nuevamente fue secularizada en 1804 por Napoleón y fue restaurada, volvió a colocar las estatuas requisadas, alargó la aguja y reparó las gárgolas.

Catedral de Notre Dame

Se puede subir a las torres en grupos de 20 personas. Tras 400 peldaños se obtener una panorámica sobre el Sena y sus puentes desde la torre sur.

En la plaza se puede ver el punto cero desde donde se cuentan las distancias en Francia.

Punto Cero

La verdad es que me gustó bastante más el Sacre Coeur que Notre Dame, al menos su portada, ya que si la rodeamos y nos dirigimos a la Plaza Jean XXIII obtenemos una buena vista de la trasera de la Catedral.

Notre Dame

Desde el siglo XVII el palacio arzobispal se alzaba en la plaza, pero fue saqueado con las revueltas de 1831 y tuvo que ser demolido. La fuente de la Virgen se construyó en 1845.

Bordeando la isla llegamos al Boulevard du Palais, calle en la que se encuentra la Conciergerie.

Conciergerie

Ocupa la sección norte del antiguo palacio de los Capeto. Cuando el rey Carlos V se trasladó a finales del siglo XIV al palacete de Saint-Pol nombró a un conserje con poderes de justicia. Este palacio se quedó como sede administrativa y jurídica real, y la Conciergerie pasó a ser una prisión. Durante la Revolución fueron encerrados más de 4000 presos, entre los que se encontraba María Antonieta. También Robespierre y Danton antes de ser guillotinados. Hoy alberga la Sala de Militares.

De estilo gótico, fue restaurado en el siglo XIX. Conserva la cámara de torturas del siglo XI y el reloj de la torre, que es el más antiguo de la ciudad y aún funciona.

Reloj de la Conciergerie

En la misma calle se encuentra la Sainte Chapelle. Pasa desapercibida por la fama legendaria de Notre Dame, pero es una de las maravillas de la arquitectura gótica de Francia. Por fuera no es nada espectacular, queda escondida tras la fachada del Tribunal Supremo. Al parecer, es su interior lo que llama la atención, pues no tiene muros, sino que está rodeada por 13 vidrieras de gran belleza. Las 1113 escenas de las 15 vidrieras cuentan la historia de la humanidad desde el Génesis hasta la resurreción de Cristo.

Sainte Chapelle

Está dividida en dos secciones: la capilla inferior y la superior. La inferior era para uso de los cortesanos, mientras que la superior era usada únicamente por la realeza, a la que se accede por una estrecha escalera.

Fue construida en 1248, bajo las órdenes de Luis IX, quien era extremadamente devoto y de hecho llegó a ser canonizado tras su muerte. En 1239 compró la Corona de Espinas al emperador de Constantinopla y en 1241 un fragmento de la Santa Cruz. Quiso que se levantara esta capilla para guardar estas reliquias. Es curioso que la construcción del templo le costara menos dinero que lo que había pagado por los tesoros. La Corona de Espinas se guarda en Notre Dame.

Nosotros no contábamos con mucho tiempo, ya estaba comenzando a atardecer, y además la entrada nos pareció desorbitada, por lo que no entramos.

Salimos de la isla por la Rue de la Cité y cruzamos al Barrio Latino, donde se encuentra la calle más estrecha de París, la rue du Chat-qui-Pêche, una calle que tan solo mide un metro y ochenta centímetros de ancho.

rue du chat qui pêche

Callejeamos un poco por la zona en busca de algún recuerdo, ya que vimos que había bastantes tiendas, locales y restaurantes. Así nos encontramos con la Iglesia de San Severín, una de las iglesias más antiguas de París. Y no solo eso, sino que en su torre se encuentran las campanas más antiguas de la ciudad, que datan de 1412.

La iglesia se erigió en el lugar al que iba un peregrino a rezar en el siglo VI, un ermitaño que se llamaba Severín, claro. Quedó destruida por las invasiones vikingas ocurridas en los siglos IX y X. En el siglo XI se comenzó a restaurar, no terminándose los trabajos hasta el siglo XV.

Es de estilo gótico flamígero parisino y conserva del siglo XIII los tres primeros tramos de la nave, el resto de la iglesia es de mediados del siglo XV.

Iglesia de San Severín

Cansados, regresamos al apartamento.