Viajar II (2013)

Ahora que he acabado con el Interrail (aunque me sigue quedando otro viaje del 2015 por contar), siguiendo esta entrada de 2013, recopilo cómo hemos continuado estos últimos años recorriendo el globo terráqueo.

Nos habíamos quedado en 2013, que no pintaba muy viajero porque acabábamos de comprarnos una casa y aún estábamos echando cuentas de lo que vendría. La buena noticia es que ya teníamos el 95% de los muebles y electrodomésticos, por lo que no tuvimos que hacer un gran desembolso. Así que, podíamos seguir con nuestro afán viajero.

Hicimos una escapada en el puente de mayo a Cádiz y alrededores, una zona que no habíamos visitado juntos. El sur es algo que solemos evitar por aquello del calor, así que como aún el termómetro no subía de los 30º, nos pareció un buen momento antes de que empezara a apretar. Nos alojamos en Jerez y nos acercamos a Cádiz, El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Chipiona, Puerto Real, San Fernando, Chiclana y Medina Sidonia. Paseamos por las playas, comimos pescaíto frito y deambulamos por sus calles llenas de historia.

Y para viaje de verano nos animamos a hacer el interrail por Benelux. Unos 10 años antes nos habíamos planteado hacer un interrail, pero finalmente no salió y se quedó en el limbo. Al final el viaje que hicimos no tenía nada que ver, pero aún así nos abrió la veda para una nueva forma de viajar. A priori se asocia a mochileros, pero viene a ser un pase de tren, simple y llanamente. Nada te impide volar hasta el país que quieres recorrer o dormir en hoteles en lugar de albergues, estaciones o trenes nocturnos. Todo depende, como siempre, del presupuesto y de las preferencias del viajero.

Recorrido

El pase se puede comprar para un país o el global, que te permite viajar por todos los que están asociados al InterRail. Sin embargo, hay excepciones como Benelux, que es un pase de tres países: Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Además, hay compañías que te venden pases con varios países limítrofes, con lo que permite una configuración al gusto.

De Bélgica destacaría Brujas, Gante y Amberes. En general podríamos decir que lo que me gustó fue la parte flamenca. Si bien es cierto que no vimos mucha parte francesa. Ni siquiera me gustó especialmente Bruselas. No sé si por ser una gran ciudad, por la decepción del Maneken Pis o del Atomium, salvo la Grande Place, no me despertó mucho interés.

Luxemburgo tampoco me atrajo especialmente, pero en honor a la verdad, únicamente pasamos una tarde en su capital. Sí, tiene algún edificio interesante y el famoso puente. Por lo demás, mucho coche de alta gama y gente de alto nivel adquisitivo por sus calles.

En Los Países Bajos sin embargo podemos encontrar lugares interesantes. La única parada que no me gustó fue Rotterdam. No sé si fue el cansancio, el calor, la humedad, el vanguardismo de la ciudad portuaria… el caso es que pasó sin pena ni gloria en nuestro viaje. Por el contrario, Edam, Volendam y Marken; Haarlem, Leiden, Delft; La Haya, Utrecht, Maastricht, Eindhoven e incluso el improvisado Amersfoort nos sorprendieron gratamente. Destacan sus construcciones, sus canales, los centros históricos de las ciudades y, cómo no, sus molinos y zuecos.

Ámsterdam también es una ciudad con mucho encanto, sin embargo al ser la capital acoge a mucho más turismo, y al ser agosto, había bastante movimiento. Eso le da más vida a la ciudad, así que no es una pega, pero sí que resultaba algo incómodo deambular por sus calles, sobre todo por las bicis que iban esquivando peatones.

2013, un año con una escapada nacional y un viaje internacional. Primavera en el sur y verano en el norte. Al final se nos dio mejor de lo que pensábamos cuando comenzamos el año. Qué lejano queda todo aquello.

Anuncios

Viajar con el Interrail. Conclusiones y Reflexiones

¿Qué conclusiones saco de este interrail? Pues muchas cosas, como en cada viaje. He disfrutado de las ciudades que visto (algunas más que otras, claro), he aprendido de cada parada, de cada día. Pero sobre todo, me he dado cuenta de cómo ha cambiado el concepto Interrail desde hace unos 10-12 años cuando me planteé hacerlo por primera vez y con otros destinos (Grecia, Italia y Turquía).

Parece una tontería, pero los años no pasan en balde. Sí, ya, es una obviedad lo que estoy diciendo, pero no me refiero sólo al hecho de que yo, como persona, he cambiado. Pues claro, no soy la misma que hace 10-12 años, ni yo, ni mis circunstancias. Pero no me refiero sólo al apartado económico, ya que ya no estoy estudiando y viviendo con mis padres, sino que trabajo, soy independiente, y aunque tengo unas obligaciones financieras, hay mayor movilidad en ese sentido, más opciones encima de la mesa. Incluso teniendo en cuenta de que el propio billete de interrail es más caro si pasas los 25. Pero con todo ello, es lógico que hayamos buscado hoteles, económicos, sí, pero hoteles al fin y al cabo. Y no hemos hecho lo que se suele asociar típicamente al interrail, es decir, dormir en los trenes nocturnos, en albergues de mala muerte, o incluso en la estación. Tampoco hemos hecho kilómetros en tren y horas perdidas en trasbordos y esperas desde casa hasta nuestro destino.

Y a esto es a lo que me refiero con lo de que se nota esa década. Para empezar, hoy en día sale más rentable coger un vuelo hasta el destino de origen del interrail, en nuestro caso, Ámsterdam. No quiero ni pensar lo que habría supuesto hacer ese recorrido en tren. Seguramente habríamos necesitado 10 días para ir y volver, además de los 8 de interrail. Una locura y pérdida de tiempo, porque además, llegaríamos cansados al punto de partida. De esta forma, comienzas la ruta fresco y ávido de recorrer ciudades.

Por otro lado, en cuanto al tema alojamiento, ocurre algo similar. Resulta que hoy en día puedes encontrar una oferta hotelera bastante amplia y para todos los bolsillos. También depende del destino, está claro. Pero en Europa es raro no encontrar un Ibis, NH o similar por 50€ la habitación doble. Por no hablar de los easyhoteles, que salen más baratos incluso y que son una muy buena opción para estancias cortas como en este caso. Cuando estaba con los preparativos recuerdo buscar albergues y nos salían a 20€ por cabeza, sábanas y toallas aparte y con baño compartido. Así que al final, es que te sale más barato un hotel… Al menos teniendo en cuenta que éramos dos. Pero si vas en grupo, siempre puedes pedir habitaciones dobles o triples en función de los integrantes. Creo que sale más rentable.

Así que ya hemos quitado un par de características de lo que nos viene a la mente cuando pensamos en interrail: horas en andenes/trenes y dormir de cualquier manera y en cualquier sitio precario. Y creo que sin alterar mucho el presupuesto. Nosotros volamos con AirEuropa, no con una low cost y nos salió el vuelo por 200€ persona, pero ¿cuánto nos habría salido ir en tren Madrid-La Haya? Desde luego el avión gana. No sólo económicamente, sino como os decía al principio, en tiempo (que es casi más importante, el tiempo es oro).

Pero sobre todo, donde yo creo que ha cambiado la forma de viajar con el interrail es en las telecomunicaciones. Hoy en día es infinitamente más rápido preparar un viaje. Cuando planteábamos el interrail por el sur de Europa nos recorrimos las Embajadas de Turquía, Italia y Grecia (ojo las oficinas que tienen algunas con unas vistas impresionantes de todo Madrid), sin embargo con este, todo está al alcance de un ratón. Internet nos sirve para recopilar información sobre las ciudades, saber qué visitar y qué no con una simple búsqueda en google (lástima no haberme informado más de Rotterdam), hay millones de foros y blogs con consejos, pero a mí para lo que más me ayudó fue para saber las combinaciones posibles entre ciudades y la frecuencia de trenes. Que no está de mal saber si tienes un tren cada media hora o si sólo hay uno por la mañana y otro por la tarde. Para ello, la web de cabecera es die Bahn, la página del ferrocarril alemana. Pero no os asustéis, podéis consultarla en español, y tiene los horarios de un montón de países, aunque no sé si de toda Europa. Supongo que habrá más páginas donde consultar, pero yo ya conocía esta y funciona muy bien.

Eso sí, lo que nos da la vida hoy en día (o nos la quita, según cómo se mire) son los móviles, o tablets o con lo que sea que viaje cada uno. Y es que aunque yo llevaba la tarifa de datos desactivada durante todo el viaje, en los hoteles tienes wifi (al menos en la mayoría de los que cogimos, que para mí es un valor añadido y es algo que tengo en cuenta a la hora de decidirme, aunque primero están el precio y la comunicación) y en los Países Bajos en las estaciones y en los trenes regionales (practicamente el 99% de los que cogimos en el paso por el país), así que viene muy bien, aparte de para comunicarse con la familia y amigos y poner los dientes largos, sobre todo es de gran utilidad para improvisar sobre la marcha, consultar horarios y echar un vistazo a google como nos pasó con Amersfoort.

Así que quitaos (si la tenéis) la idea preconcevida de que el interrail es algo propio de la locura de juventud, creo que se puede hacer con cualquier edad, depende de la organización de cada uno. Hay que establecer unos puntos claves como cuál es el presupuesto, de qué días dispongo y qué ruta quiero hacer. Básicamente con eso, sólo queda buscar cómo llegar al punto de partida, y cómo unir las ciudades que quieres visitar. Puedes llevarlo más o menos cerrado, eso depende de lo cómodo que te sientas con la improvisación.

También está el tema mochila: que si soy mayor, que si me duele la espalda, que si hay muchas cosas que necesito y al final la mochila pesa demasiado… Hay que pensar en dónde se va uno de viaje. Porque gel/champú hay hasta en el último pueblo perdido de la Conchinchina. Porque si se te acaban los calcetines, seguro que encuentras un lidl, plus o similar donde reponerlos, por muy cutres que sean. Porque en las estaciones hay taquillas donde puedes dejar las mochilas… En fin, que hay mil opciones para viajar ligero de equipaje. Yo opté por llevarme una muda y camiseta por día, 3/4 pantalones, sólo uno de ellos largo, una chaqueta, unas zapatillas, chanclas para la ducha, productos básicos de aseo (cepillo de dientes y crema, desodorante, suavizante y cepillo para el pelo y crema solar. El champú y gel lo encontrábamos en cada hotel). Aparte, no puede faltar la documentación, cámara de fotos y los cargadores con sus adaptadores correspondientes. Importante ya que no en todos los países encontraréis la misma toma eléctrica que en casa.

Quizá lo simplifico demasiado, hay otros aspectos importantes como el idioma o la comida, pero que no son tan determinantes. El tema lingüístico a mí no me preocupó mucho a pesar de no hablar ni francés ni neerlandés, podría decirse que con el inglés queda prácticamente solventado, pero claro, depende dónde vayas. Aunque españoles, o gente que lo hable, hay en todos sitios, y si no, siempre están los gestos. Y en cuanto a la comida voy a confesar que soy algo especialita. No todo me sienta bien, sobre todo rebozados y picantes, pero bueno, siempre encuentras algo, aunque sea el típico bocadillo de supermercado: pan y embutido/queso. Eso sí, hay que tener muy en cuenta los horarios, que no siempre son como en España y te puedes volver loco a las 9 buscando un sitio donde cenar o comprar la cena para llevártela. Ah, y por supuesto, si no queréis sorpresas, perdid agua SIN gas. Si no, se sobreentiende que es CON. A no ser que os guste, claro.

Pero en general, no sé si por los países que recorrimos que están muy bien comunicados y son algo potentes económicamente, pero el caso es que fue un interrail muy tranquilo, sin tantos avatares como leí por aquí. Y es que no estoy muy de acuerdo con los 38 puntos mencionados. Sobre todo con:

Punto 6: Eso de llevar embutido para ir tirando… No se me ocurriría, no sé, vale que el jamón está muy rico, que cuando sales de España hay comidas que echas de menos… pero irte de interrail con el chorizo entre los calcetines… No lo veo… Y si viajas en avión, menos.

Punto 10: Lavar la ropa. Pues depende del tiempo que vayas… si vas un mes… pero 11 días como fuimos nosotros… no abultan tanto 11 mudas… La ropa interior es lo que menos ocupa.

Punto 13: ¿Perdona? ¿Tan extraño es ver a alguien mayor de 30 haciendo el interrail? Creo que ya he explicado los motivos por los que no tiene edad.

Punto 17: Lo de dormir en trenes nocturnos no termino de verlo. Si me encontrara en tal situación, me plantearía si me merece la pena hacer un trayecto en 5 horas maldurmiendo en el tren, o pagar una noche de hotel, descansar en condiciones y coger un tren a las 6 de la mañana, por poner un ejemplo, y tardar 3 en llegar al destino… Supongo que depende de las conexiones.

Punto 23: Dormir en las estaciones. Poco más que añadir con respecto al punto 17. Quizá lo que falla es la planificación de la ruta y de las escalas.

Eso sí, sí que estoy de acuerdo en lo de revisar el billete, el andén y el tren en el que te montas. Así como si es de 1ª ó 2ª clase o es un vagón silencioso (en los Países Bajos encontramos alguno y es una gozada la tranquilidad que se respira. Los viajeros aprovechan para dormir, leer, trabajar, o disfrutar del paisaje sin tener a las típicas cotorras detrás).

También estoy de acuerdo con lo de no saber en qué ciudad te has levantado, qué país es y qué idioman hablan. Afortunadamente con el € teníamos una preocupación menos. Pero bueno, esta sensación es similar a la del crucero. Pasa una semana y has visto 6-7 ciudades, de varios países, en los que hablan diferentes idiomas, con culturas tan diversas, que no sabes en qué mundo vives ni cuánto tiempo ha pasado cuando vuelves a casa, porque está todo tan concentrado que parece que has estado fuera el doble de días.

Y cuando deshaces el equipaje, hay que poner en orden los recuerdos y las fotos, madre mía, las fotos… Ardua tarea cuando vuelves con gigas y gigas y tienes que ir pensando qué ciudad era la que ves en la foto. Además, es algo que tienes que hacer cuanto antes, porque luego esos datos se dispersan. Aunque siempre quedará el código de tiempo en las propiedades de cada imagen, los tickets de compra que marquen el camino seguido o afortunadamente para mí, el gps de la cámara (cuando se encuentra) que me dice dónde está hecha cada foto. Aquí podéis ver la ruta de todas las fotos que hicimos y nos geolocalizó:

RecorridoUna pena que no marcara La Haya que me encantó. Sin embargo, ha tenido la buena decisión de no encontrarnos en Rotterdam, que mejor, porque es para olvidar.  Si pensáis en un recorrido similar, os recomiendo que toméis nota de las siguientes ciudades:

Países Bajos: La Haya, Haarlem, Leiden, Delt, Maastricht, Utrecht, Zaanse Schans, Amersfoort, Edam, Volendam, Marken y Ámsterdam (Omitiría Eindhoven y Rotterdam)

Bélgica: Amberes, Brujas, Gante y Bruselas.

Luxemburgo podéis obviarlo. Está quizá demasiado lejos.

En fin, mil recuerdos que me ha llevado varios meses el poder ordenar y contar. Seguro que me he dejado cosas en el tintero. Y eso es lo bueno, que cada vez que recuerdas un viaje, te vienen a la mente diferentes momentos vividos. Pero de momento, con esto, zanjo el Interrail. Ahora a pensar en el próximo viaje.

¿Os habéis planteado alguna vez hacerlo? Ya conozco a dos personas que se están planteando hacer un interrail este verano, con destinos totalmente diferentes. Y creo que estaría más extendido si se le diera más publicidad. Es una forma tan buena como otra cualquiera de viajar y sale rentable si te lo montas bien. Es más, no sólo como viaje de verano de 10-15 días, sino que creo que puede ser muy útil para una escapada de un puente de 3-4 días. Para mí desde luego queda como opción para repetir.

Interrail. Viajando por Benelux día 11. Ámsterdam – Madrid

Este día la verdad es que no tiene mucha miga. Teníamos el vuelo a las 11 de la mañana, así que aparte de dejar el hotel, comprar el desayuno y coger el tren camino a Shiphol, poco más me queda por contar.

Sólo que si no os habéis podido hacer una foto con las letras de Iamsterdam junto a los museos, o al otro lado del canal de la estación central, tenéis unas menos transitadas en el aeropuerto.

Y si os falta algún recuerdo, también podéis hacer compras de última hora, puesto que no es que tenga tiendecillas de duty free, es que parece un centro comercial… Se junta la estación de tren con las tiendas con los mostradores de facturación. Es peculiar.

Interrail. Viajando por Benelux día 10. II Parte Ámsterdam

Como os comentaba en la entrada anterior hace unas semanas, dejamos la tarde para hacer un crucero por el río.. aunque no soy muy amiga de los barcos, es una forma muy interesante de ver esta ciudad, entre otras cosas porque es más grande de lo que pensábamos y pateársela puede ser una paliza. Si sois buenos ciclistas, quizá lo mejor sea combinar el paseo, con la bici, un crucero y además, tranvía. Creo que con un poco de cada forma de moverse, uno se puede hacer una buena idea de la ciudad.

Es curioso que a la hora de organizar la ruta, decidiéramos dejar Ámsterdam para el final, como si fuera el plato fuerte, y que sin embargo, una vez allí, nos haya decepcionado. No me entendáis mal, la ciudad está muy bien para pasearla con sus canales, las bicis, los mercados de flores , sobre todo tulipanes, el olor a coffee shops, la Heineken Experience ya os comenté que está muy bien organizada… Pero lo cierto es que la ciudad no me aportó más que lo que habíamos visto en los últimos días. No es comparable con el encanto de Zaanse Schans o Amersfoort, con los canales de Edam o Volendam, donde también habíamos visto puentes y mercados de flores y queso. Es más, el último día en Ámsterdam me agobié. Quizá por ser fin de semana, pero me pareció una ciudad demasiado bulliciosa e intransitable. Las aceras están llenas de bicis aparcadas, por lo que te tienes que bajar a la calle para poder caminar, pero claro, invades el carril bici, y empiezan a tocarte el timbre de las narices. Cuando quieres esquivar a los ciclistas, te aparece un coche cuyo conductor te mira como si estuvieras loca por cruzarte de cualquier forma.

Pero la cosa no acaba ahí, porque un poco más adelante pasa el tranvía… Así que no es de extrañar que se muevan en barco. Y aún así, es un caos moverse por los canales… Eso sí, ellos van tan tranquilos sentados de cualquier manera…

Por no hablar de aquellos que viven en barcos… Muy práctico, sí, y más en una ciudad en la que no hay mucho para construir, pero yo no podría por mi historia con las embarcaciones.

Puede ser que se me juntara el cansancio de días sin parar, las expectativas, la pena porque se nos acababan las vacaciones, el calor, la gente, las bicis… y todo ello contribuyera a que no me gustara tanto la ciudad. Pero insisto, no la disfruté tanto como esperaba, pero merece una visita sin duda. El centro histórico, sobre todo la Plaza Dam con el Palacio Real, el Museo de Cera y la Nieuwe Kerk tenía mucha vida, lleno de tiendecitas y gente sentada en grupos.

Por otro lado, las casas vistas desde los canales con su particular arquitectura y sus inclinaciones me maravillaron. Dicen de Venecia, pero algunas casas en Ámsterdam no se han caído de milagro, porque la horizontalidad no la mantienen, y la verticalidad en muchos casos, tampoco.

Es chocante ver lo estrechas que son algunas de ellas, debido a lo caro que era el suelo cuando se construyeron. Así que, a más fachada a lo ancho, más poderosa era la familia que la habitaba.

Ámsterdam es una ciudad muy abierta, no sólo por la legalidad de las drogas blandas o la prostitución. Es algo que se nota en las calles, en la gente. Cada uno va a su ritmo, sin mirar al que se cruza porque sea diferente. Da la sensación de que a nadie le preocupa cómo sean los demás, ni lo que opinen de ellos, algo que también se puede observar en los grandes ventanales abiertos a la calle. Aunque esto parece una característica muy propia de alemanes, neerlandeses, suecos, daneses y noruegos. Así que por un lado se siente un ambiente alegre, joven, moderno, y por otro lado paseas las calles empedradas con aires del s. XVII. Aunque no todo es arquitectura histórica, también hay edificios modernistas.

Paseamos por el mercado de las flores, de donde me traje unos tulipanes para mi madre que justo acaban de abrirse, a pesar de los días frías que tenemos últimamente. Sin duda eran la atracción del mercado, es su producto estrella. Los hay de todo tipo de tamaños, colores…

Lo que no hicimos fue entrar en la famosa casa de Ana Frank. La cola era imposible, no teníamos tiempo para visitarla. Y tampoco entramos en el Rijksmuseum o en el de Van Gogh, pero desde luego, si tenéis intención de visitar la ciudad y dejaros atrapar por la cultura, la ciudad también tiene mucho que aportar.

Poco más puedo decir de Ámsterdam que no se haya dicho ya. Tiene una gran oferta para todo tipo de bolsillos y gustos. Si queréis hacer un recorrido en barco, la compañía que nosotros elegimos cumplió con nuestro objetivo, que era ver lo más céntrico desde el agua. Hicimos el crucero con Lovers Company, cuyos barcos salen justo en la estación Centraal.

 

En principio queríamos hacer el Floating Dutchman, que es un bus flotante que habíamos visto en The Amazing Race, sin embargo, estaba en el taller, así que nos decantamos por la opción 2.

Sale de la estación, pasa por las letras de Iamsterdam (una de las 3 que vimos),

pasa por NEMO, el Hortus, y después recorre los canales del Príncipe y del Señor volviendo de nuevo a la estación. Atención al parking de bicis… Impresionante

El guía hablaba en inglés, alemán y francés, e iba cambiando las bromas en función del idioma, así que mantenía a todos los clientes enganchados con sus “chascarrillos”. Bastante ameno, la verdad. Y tuvimos suerte, ya que a pesar de que estaba algo nublado, no nos llovió.

Y después del crucero, volvimos al centro, compramos algún que otro recuerdo y finalmente al hotel para preparar los macutos para el día siguiente.

Interrail. Viajando por Benelux día 10. Ámsterdam – Edam – Volendam – Marken – Ámsterdam

Y seguimos con esta obra de El Escorial, que entre sacar tiempo, seleccionar fotos, editarlas y poderme sentar a escribir, me voy a juntar con el próximo viaje.

El sábado 10 ya no teníamos interrail, pero no paramos quietos en Ámsterdam, sino que le dedicamos la mañana a Waterland, en concreto a los pueblos de Edam, Marken y Volendam.

El primero de ellos es sin duda el más conocido, ¿os suena el nombre del queso, no? A mí por lo menos me dicen Edam o Gouda y son quesos más que ciudades… Aunque al parecer no está tan claro, pues había tres españoles por el pueblo y uno de ellos les estaba leyendo una guía a los demás y de repente salta “anda, pero que este es el Edam de los quesos”… Vamos que nos vamos…

Pero empecemos por el principio, ¿cómo se llega a estos pintorescos pueblos? Pues lo recomendable es en bus de la empresa EBS, que se coge en la estación central de Ámsterdam. Hay que cruzar toda la estación y arriba al aire libre hay varias líneas que van a pueblecitos de alrededor. No tiene pérdida porque está muy bien indicado en toda la estación. Y una vez arriba, hay que buscar una caseta amarilla donde compras el ticket.

TicketPor 10€ tienes el Waterland ticket y te dan un librito con información de la zona. Tiene validez de 24 horas y puedes coger tantos buses como quieras para moverte por esa región. Eso sí, hay que pasar la tarjeta por el lector tanto al subir como al bajar.

Nosotros partimos dirección Edam por ser la más alejada de las tres, con la intención de ir después a Volendam y acabar en Marken.

Desde Ámsterdam hay varios buses que llevan a Edam: 110 (que también va a Volendam), 112, 114, 116, 118. Coincidió que según estábamos pagando cuando salía el 118, así que llegar y besar el santo. En el autobús tienes pantallas indicativas que te van indicando el recorrido (también te lo va narrando volgende halte, pero ahí depende de tu oído para el neerlandés), por lo que te puedes ir orientando.Nosotros nos bajamos en Busstation.

Edam comenzó como ciudad comercial allá por el s. XIII y se especializó en el mundo naval y de la pesca. En el XVI ya era una de las ciudades con más influencia del norte de los Países Bajos dada su cantidad de muelles. Sin embargo, al estar tan expuesta al mar, sufría inundaciones, por lo que se cerró el puerto y en el XVII comenzó su decadencia.

Paralelamente, en el s. XVI, empezó a cobrar importancia el queso, por lo que es famosa sobre todo hoy en día.

Era pronto, por lo que cuando llegamos al pueblo apenas había movimiento, estaba muy tranquilo, salvo aquellos españoles que descubrieron que Edam era el pueblo de los quesos… vamos, pero si huele a queso y hay tiendas o indicativos por doquier…

En fin, paseamos un rato por las callejuelas empedradas, cruzando puentes y oliendo a queso. Los puentes son muy peculiares, tienen un punto.

Me encantó el pueblo, es muy bonito, y tiene casas cuyas fachadas recuerdan a la arquitectura de Zaanse Schans.

Cabe destacar del pueblo el Ayuntamiento, Damplein y la Grote Kerk.

También vimos alguna que otra peculiaridad, como la customización de las bicicletas (supongo que así la encuentras a la primera cuando llegas a un mega aparcamiento como los que vimos en las diferentes ciudades en las que hicimos escala) y tienda de ¿disfraces? con trajes de faralaes.

Un pueblo con mucho encanto como nos pasó con la mayoría de los Países Bajos, los canales, la arquitectura, los centros históricos… son pueblos con encanto. Disfruté mucho paseando por sus calles empedradas, con el agua al lado, todo verde, ese olor a campo…

Volvimos a la estación, donde cogimos el bus dirección Volendam y nos bajamos en Zeerstraat. Volendam originalmente era un pueblo de Edam. En el s. XIV los habitantes de Edam construyeron un canal más corto hacia el Zuider Zee y el antiguo quedó en desuso. Los agricultores y pescadores se fueron asentando y surgió el nuevo pueblo.

De camino de la parada al centro nos encontramos con un mercado con todo tipo de puestos, desde queso (lógico) a ropa, pasando por fresas de la zona, flores o embutido.

No tiene nada que ver con Edam. Sí, tiene su encanto, la arquitectura, las casitas, los trajes típicos… pero es muuuuuuuuuucho más turístico.

El puerto está plagado de tiendas y restaurantes, hay movimiento de grupos con guías. La zona es muy bonita, con su aspecto de pueblo pesquero, los barcos, las tiendecitas, el queso, los recuerdos…

pero era la hora de comer local, sobre las 12, y se notaba. Estaba plagado de turistas.

Me llamaron la atención las casas con amplios ventanales, sin rejas ni persianas y que cuando ibas paseando podías ver hasta el patio trasero de las casas. Vamos, que no hay vieja’l visillo, porque la verían desde fuera… Eso sí, se curran mucho la decoración de las cristaleras. No es que no les importe que mires, es que además, lo decoran para que se mire, todo muy simétrico, con sus jarrones, plantas…

Desde el puerto se ve Marken, al que se puede acceder por tierra o por mar. Aunque teníamos el Waterland ticket, decidimos (pese a mi miedo a los barcos) tomar un ferry de la compañía Marken Express.

Cuesta 6.5€ por adulto y hace su recorrido en unos 15 minutos y aunque hacía algo de fresco, por lo menos el aire no hizo que el barco se moviera mucho…

Ticket MarkenAún así, el trayecto se me hizo un poco largo, pero no voy a negar que la entrada en el puerto te deja fascinado.

Hasta ahora los dos pueblos vistos nos habían gustado, tenían su encanto, pero es que Marken es pintoresco, la forma de las casitas, todo muy tradicional, con sus zuecos, las casas de madera, pintadas de colores…Creo que hicimos bien en trazar esta ruta, porque vas de menos a más, cada pueblo que visitas te parece mejor que el anterior.

Como veis, estaba plagado de bicicletas, creo que hay gente que aprovecha para recorrer la región de una forma muy típica de los Países Bajos: a dos ruedas. De hecho, el ferry, iba bastante plagado.

Es sin duda un pueblo para perderse entre los pasillos y jardines.

Es curioso cómo cuidan los jardines, las entradas a las casas, con los detalles de los zuecos, ya sean de adorno sobre la pared, en el suelo a la entrada…

También me llamó la atención como en Volendam el adorno de las ventanas. Parece que les gusta decorarlas…

Sin duda, el mejor de los tres. Me recordó en cierta manera a la paz y nivel de emoción que tenía en Stavanger, de esos paseos que disfrutas ojiplática para no perder detalle y con una sonrisa constante.

Marken es una península, aunque era en su origen una isla. Lo peculiar del pueblo es que las casas están construidas de forma elevada, porque eran frecuentes las inundaciones, y de esta forma el agua pasa por debajo sin provocar destrozos. Posteriormente, al construirse en dique y convertirse en península, se drenó el agua, y ya no hay peligro, está más controlado.

Supongo que para los habitantes el agua es su vida, es raro quién no tenga una embarcación o se dé un chapuzón en la playita, por muy gélida que esté el agua

Para finalizar nuestra excursión, pasamos a un supermercado cerca de la marquesina donde paraba nuestro bus y compramos queso Gouda en lonchas con comino (riquísimo) y unos panecillos recién hechos. No había muchas más opciones. Si vais y queréis comer antes de volver a Ámsterdam, os recomiendo que lo hagáis en Volendam. A nosotros se nos hacía muy pronto para comer, pero cuando nos dio el hambre en Marken, no teníamos muchas opciones. Aún así, no me quejo, el bocadillo me supo a gloria. Además, ¡cómo vas a estar en la zona y no comer queso!

Para volver cogimos el 111 que nos dejó de nuevo en Ámsterdam Centraal. Está cerca de este puente la parada, justo atravesando el pueblo y dejando el puerto a las espaldas.

Una vez en Ásterdam dedicamos la tarde en hacer un recorrido en barco de unas dos horas por los canales de la ciudad. ¿No querías barco? Pues toma dos tazas.

Pero esto mejor os lo cuento otro día, que este post ya me ha quedado muy intenso.

Interrail. Viajando por Benelux día 9. Ámsterdam – Amersfoort – Heineken Experience – Ámsterdam

Comenzamos año y aquí sigo relatando los once días de interrail allá por agosto de 2013. Y es que con tanto como vimos, con tantas ciudades, tantas fotos, tanto que contar, no consigo sacar tiempo. Pero ya estamos en la etapa final, así que prometo acabar antes de que acabe el mes, que se me acumulan los proyectos.

Este día sí que improvisamos, en un banco esperando en el andén al tren el día anterior vimos que había una ciudad que salía en varios carteles como punto de parada: Amersfoort. Aaprovechando el wifi de la estación, busqué en google, y al ver que el nombre tenía un tamaño considerable y en negrita en el mapa, pensé que debería ser importante, indagué algo más, vi imágenes y dije “aquí hay que ir, no nos lo podemos perder… ya que estamos y así aprovechamos el último día de interrail“.

Así que el viernes partimos dirección Amersfoort con nuestros bollos recién hechos y bebidas calentitas.

En unos 35 minutos llegamos a nuestro destino. De la estación al centro hay un paseo, que está indicado con una niña en unas plaquitas en el suelo, así que no tiene mucha pérdida

Como curiosidad, los semáforos también tienen figuras femeninas

En el centro nos encontramos bastante trasiego de los residentes haciendo sus compras en el mercado, esas madres nórdicas con sus inventos para llevar a 3 hijos, la compra y además no morir en el intento.

Amersfoort es una ciudad con aspecto medieval, que aún conserva restos de sus murallas y sobre todo sus puertas. Desde sus orígenes fue una ciudad defensiva y en la Edad Media era un punto importante en el comercio de textiles y cerveza. También cobró importancia gracias a los numerosos peregrinos que pasaban por allí en busca de la estatua de María. Y con el dinero de estos se construyó la Onze Lieve Vrouwetoren (Torre de Nuestra Señora), hoy en día el monumento más importante.Se trata de una torre de casi 100 metros de altura, la tercera más alta de los Países Bajos. En los siglos posteriores la ciudad perdió importancia. A mediados del s. XIX los habitantes derrumbaron parte de las murallas, por lo que sólo se conserva una parte y las puertas Koppelpoort, Monnikedam, Kamperbinnenpoort.

Con el ferrocarril la ciudad renació, hubo más industria y con ella más habitantes, pero unos 45.000 fueron desalojados durante la II Guerra Mundial, de hecho los alemanes abrieron un Campo de Concentración en la ciudad. En la actualidad residen en Amersfoort unos 150.000 habitantes. En 2006 obtuvo el título de ciudad más verde de los Países Bajos y en 2007 de Europa.

Nosotros paseamos desde la estación entrando por el ayuntamiento, vimos la Iglesia de Nuestra Señora, la de Sint Joris, donde había un mercado de flores en la plaza

y después callejeamos por Langerstraat y acabamos bordeando la ciudad hasta acabar en Koppelpoort, que está muy bien conservada.

Entre las curiosidades de esta visita, unos cajones de cara al canal, o una exhibición de coches deportivos

Y tras un par de horas de paseo, nos volvimos a la estación, donde hay un curioso reloj de sol, que marca la hora solar, y la hora real con el ajuste de estación, rotación y demás.

Desde luego me fui encantada, es una ciudad preciosa, con mucho encanto y personalidad.

Y tras pasar la mañana en Amersfoort, volvimos a Ámsterdam para la hora de comer. Esta vez tocó un chino que recomiendo, Asian Kitchen en  Muntplein. El sitio es un poco pequeño y estrecho, pero el precio está muy bien, la comida abundante y rica, y está céntrico, cerca del mercado de las flores. Nos atendieron bastante rápido, nos sentaron al lado de la cocina, que está abierta, con cristalera y ves cómo te van preparando el plato.

Nos decantamos por unos rollitos de primavera, unos fideos con gambas y un arroz con verduras.

Como veis, los platos son bastante grandes, acabamos bastante llenos. El nestea con gas también ayudó. En serio, cuando pido nestea es porque no me gustan las bebidas con gas, ¿a cuento de qué le añaden burbujas? Ya me pasó en Luxemburgo, que encima era de máquina, de los que te rellenas siempre que quieras, pero no ponía en ningún sitio que tuviera burbujas… qué manía, como con el agua con gas…

Y con el estómago lleno, nos dirigimos a la Heineken Experience, porque al ser viernes, aunque fuera por la tarde, pensábamos que íbamos a encontrar menos jaleo de visitas, colas, esperas y demás que si fuéramos el sábado. Fuimos caminando a la fábrica, todo el Spiegelgracht hasta llegar al Rijksmuseum y a la explanada de los museos, donde se encuentra, entre otros, el Van Gogh.

También, mirando a la explanada, podemos encontrar las famosas letras (aunque no las únicas) de I amsterdam. Pobladísimas, y complicadísimo hacerse una foto en la que no tengas después que jugar a Dónde está Wally.

Tras una breve parada en la Museumplein, llegamos a la fábrica de Heineken, donde había algo de cola, pero en unos 20 minutos estábamos dentro.

Las entradas cuestan 18€, 16, si las sacas por internet con antelación, y en algunas tiendas y propaganda encontrabas descuento de un Euro.

Entrada

En la entrada está incluido el recorrido por la fábrica además de una cata de cerveza, dos pintas y un abrebotellas. Con la entrada te dan esta pulsera verde con tres chapitas, dos para las pintas, la tercera para recoger el abrebotellas en la tienda de merchandising.

Nosotros ya habíamos visitado la fábrica de la Guinness en Dublín, y está muy bien montada, con los pasos de fabricación, la historia, la degustación, incluso el diploma por aprender a tirar tu propia cerveza… pero la Heineken Experience está mejor montada, creo yo. También tiene su parte de historia, de cómo la familia Heineken ha continuado la tradición, cómo se han expandido más allá de sus fronteras, cómo ha cambiado el logo, la botella…

Pero, encuentras unos establos con caballos, salas con los diferentes pasos de elaboración, azafatos que te explican cómo separan los ingredientes, que te dan a probar la cebada…

Además, hay unos vídeos explicativos, una sala con una sorpresilla, la zona en la que te muestran cómo degustar una Heineken y no beberte toda la espuma, el salón de embotellado donde puedes encargar una botella con tu nombre grabado y recogerlo en la tienda (pagando, claro), un espacio con sillones y un montón de pantallas gigantes donde ver los anuncios televisivos de los últimos años (¿recordáis el del vestidor?), otra sala con play stations y banquillos como los de los campos de fútbol, camisetas de equipos europeos de fútbol (Heineken patrocina la UEFA Champions League), futbolines, sala para pinchar música… y al final del recorrido, el bar para la degustación de las dos pintas.

Y ya fuera una tienda con productos de la marca para que te lleves tus recuerdos (el abrebotellas hay que recogerlo aquí). Y todo el recorrido lo puedes seguir con la app que te puedes descargar gratis (con su wifi y todo). De esta forma si no sabes inglés, que es el idioma en el que están los vídeos y en el que explican todo, pues al menos puedes seguir la historia y lo que acontece. En vez del típico folleto, o los auriculares con la guía del idioma, pues vamos más allá aprovechando la tecnología (en la Alhambra de Granada también tienen desarrollado este sistema).

En fin, que por todo esto, me parece algo más completa que la entrada y recorrido a la Guinness, que no es que la irlandesa no merezca la pena, pero esta me pareció más completa.

Y tras el recorrido por la fábrica, se nos fue prácticamente la tarde, recogimos el abrebotellas y continuamos con la visita.

Postal

Dimos un paseo por el Barrio Rojo, que, chicos, si queréis ver chicha, id a la playa, porque para pasearlo es un barrio como otro cualquiera, los lugareños lo asimilan así, incluso ves familias con los críos pequeños. Otra cosa es que quieras contratar algún servicio, ahí ya no sé cómo va, pero desde luego pasear al atardecer por el Barrio Rojo no es ni sórdido, ni raro, ni peligroso.

Y tras comprar la cena: una ensalada y un sucedáneo de sushi y nos fuimos al hotel a cenar y dormir.

Ya sólo nos queda un día de interrail y la vuelta, snif, snif.

Interrail. Viajando por Benelux día 8. Eindhoven – Zaanse Schans- Utrecht – Ámsterdam

Y aquí llega mi parte favorita del viaje, junto con el inicio y las visitas a Brujas, Gante y Amberes. ¿Se ve que lo que más me gustó fue la parte neerlandesa, no?

De Eindhoven no nos quedaba mucho por ver, teníamos cerca el hotel de la estación, así que no nos entretuvimos mucho porque además estaba nublado y chispeaba.

Atravesamos la zona comercial peatonal, nos hicimos alguna foto en lo que parece la salida del metro de Sol, en un banco como los que ya habíamos visto en Leiden, y partimos rumbo a Ámsterdam con nuestro desayuno, un clásico, jeje, creo que nos tendrían que dar acciones los de Albert Heijn.

En la foto ya veis un mapa de nuestro destino. Ya os dije que habíamos modificado la ruta original. En principio tendríamos que estar recorriendo Eindhoven y llegaríamos a la ciudad de los canales por la tarde, justo para dejar las mochilas, dar un paseo y cenar. Y ya de viernes a domingo en Ámsterdam, dedicando el sábado, sin billete de interrail para ir a ver Waterland (Edam, Marken y Volendam). Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Como veis en el título, las paradas del día fueron Eindhoven (punto de partida), Zaanse Schans (una gran elección), Utrecht (sí, otra vez) y Ámsterdam (donde teníamos el hotel).

Nuestro destino final era Ámsterdam, que para eso teníamos allí el alojamiento, pero al tener aún billete de interrail, lo suyo era amortizarlo. En la documentación que llevaba sobre sitios que merecían la pena cerca de la gran ciudad destacaban Waterland, que se llega en bus, y Zaanse Schans, en tren. Así que, ganó este último.

El viaje no es muy largo, son un par de horas, hay trenes que van directos, otros que tienes que dar más vueltas haciendo algún trasbordo como nos pasó a nosotros. Salimos de Eindhoven dirección a Ámsterdam parando en Utrecht y un par de pueblos más, y después dos trasbordos: Ámsterdam Centraal –  Koog Zaandijk (unos 15 minutos) y Koog Zaandijk – Zaandam (otros 10, si llega).

Ya en Koog Zaandijk puedes ver la arquitectura típica en las casas desde el mismo andén. Es muy peculiar el diseño de estas casas, predominando sobre todo el color verde, con grandes ventanales.

Una vez en Zaandam no hay pérdida (casi nos pasamos de parada por estar embelesados mirando por la ventana las casitas verdes)

Nada más bajar del tren ya hay indicaciones de cómo llegar a Zaanse Schans, incluso un señor repartiendo planos, y todo el mundo que se baja en la parada va al mismo sitio, así que…

Ah y también inunda tus fosas nasales un profundo olor a chocolate, y es que en el pueblo hay una fábrica y muchas tiendecitas dedicadas a este dulce manjar.

Caminando siguiendo las indicaciones del mapa que nos dio el señor, cruzamos un puente, desde donde ya se pueden ver molinos por todos lados, mires desde donde mires, y ninguno es igual.

Después de cruzar el puente sobre el río Zaan nos encontramos ya en el barrio de Zaanse Schans, cuya entrada, por cierto, es gratuita. Es un museo al aire libre que permanece habitado. Su protagonismo recae sobre los molinos, la mayoría de más de 200 años y que siguen funcionando para hacer mostaza, aceites o madera. Algunos se pueden visitar por 3 ó 4€.

Es curioso ver cómo mires donde mires siempre hay zuecos, los he visto colgados en la pared con los nombres de los habitantes en la casa, como maceta y, como en este caso, como picaporte.

No le falta nada de encanto a la zona, pese a ser muy turísitico se respira paz, tranquilidad, la gente va paseando tranquilamente, observando el verde de los campos, el agua, los molinos coloridos y majestuosos…

También hay tiendas de recuerdos, una quesería, zuecos por todos lados (no pude resistirme a las fotos típicas), centros de visitantes, una taberna, zona de juegos para adentrarse más en la historia neerlandesa y sus costumbres.

El día estaba nublado, un poco de bochorno, quizá, pero la verdad es que merecieron la pena las casi dos horas que estuvimos paseando entre molinos, mochila a la espalda. No cambiaría esta parada por haber seguido con el plan original. Sin duda, un lugar con mucho encanto, y me maravilló el hecho de que estando abierto, con acceso libre esté tan bien conservado, mantenido, en España no tengo tan claro que no nos hubiéramos encontrado con abandono, destrozos, restos de botellones, pintadas… pero supongo que depende mucho de la ideosincrasia neerlandesa, un pueblo tranquilo y afable.

Y tras el agradable paseo, algún que otro recuerdo en nuestro macuto, volvimos a Ámsterdam para dejar las mochilas en nuestro hotel, comer, y hacer un primer acercamiento a la ciudad de los canales.

Teníamos habitación en el hotel Casa 400, que es bastante nuevo, pero está algo alejado del centro. Algo que no calculamos muy bien, puesto que llegamos a Ámsterdam Centraal y en vez de hacer trasbordo y dirigirnos a Ámsterdam Amstel, que está a 5 minutos del hotel, nos pusimos a andar, y estuvimos como hora y media atravesando el este en busca de nuestro alojamiento, y nos percatamos demasiado tarde de que se nos había ido de las manos. Si bien el paraje merece la pena, no se disfruta igual del paisaje, calles y canales.

Se notaba la humedad, el calor de las horas centrales del día, los kilómetros en nuestras piernas, el hambre, y a mí se me hizo algo eterno. Pero por fin llegamos, y la verdad es que el hotel está muy bien. Os lo recomiendo si no os importa estar algo alejados del bullicio del centro, ya que no se tarda nada de Amstel a Centraal.

En fin, dejamos las mochilas en la habitación, descansamos un poco, nos refrescamos y volvimos de nuevo al centro para recorrer rincones de la ciudad. Por el camino aprovechamos para una parada en un Albert Heijn y reponer fuerzas. ¿Os acordáis de la coca cola cherry?

Partimos desde Ámsterdam Central, que es una estación enorme y nos adentramos entre canales, entre bicis, gente en las terrazas tomando el sol, viandantes, turistas…

Con Ámsterdam me pasó algo muy curioso, llevaba las espectativas tan altas, que en parte me defraudó. No me entendais mal, me gustó la ciudad, la peculiaridad de sus casas coloridas, estrechas, inclinadas, que se sostienen unas a las otras, con grandes ventanales, las bicis por doquier, los canales y cómo se integran en la vida de los lugareños, pero sí que es cierto que al ser una capital, se aprecia el trajín, movimiento, calles plagadas de gente… aunque viniendo de Madrid no debería sorprenderme, pero acostumbrada a unos días por pueblos más pequeños, más relajados me sentí un poco estresada y abrumada. Es una ciudad más grande de lo que me parecía en el mapa, con mucho que ver y que hacer.

Por cierto, entre cosas raras que te vas encontrando en cada ciudad, aquí me quedo con gente demasiado abrigada para un día nublado pero de bochorno y con humedad. ¿A cuento de qué ese abrigo de cuero de la amiga o polar de su compañero?

Y otra cosa curiosa, al menos a mí me llamó mucho la atención, una moto adornada con cromos de futbolistas, todo un punto. Ya eran dos motos las que me llamaron la atención, en Maastricht nos encontramos con una a lo LV.

Y tras el recorrido por Ámsterdam, como un primer acercamiento y toma de conciencia para ver cómo organizábamos el resto de días hasta el domingo, emprendimos el regreso al hotel para ducharnos y cenar. Esta vez tocó pasta de una cadena que recomiendo y que ya podía llegar aquí: Julia’s. Le eché el ojo nada más llegar a Ámsterdam Centraal y tenía ganas de probarlo después de tantos días entre bocadillos.

La opción de comidas no es muy amplia, tienes ensaladas, bocadillos y pasta. Nosotros nos decantamos por la pasta, eliges el tipo, la salsa con la que lo quieres acompañar y te lo hacen en el momento. En apenas 5 minutos te lo llevas, ya que la pasta está precocida, le dan un hervor, y mientras te van preparando la salsa. Nos decantamos por unos macarrones con salmón y por unos ravioli con tomate. Puedes añadirle queso, orégano… a tu gusto. Y la presentación está muy cuidada, en uno de esos recipientes de comida china en las series americanas y con unos tenedores que hasta que no los coges no te das cuenta de que son de plástico.

Y tras disfrutar de nuestra cena, ya de noche, tomamos de nuevo el tren dirección a Utrecht. Y es que queríamos hacer el Trajectum Lumen, una ruta nocturna por las calles de la ciudad siguiendo un recorrido marcado con luces. No es lo que me esperaba (las luces no son tan llamativas), pero merece la pena darle el paseo, y más, teniendo en cuenta que la habíamos recorrido con lluvia, así que teníamos la oportunidad de ver rincones que se nos hubieran pasado por alto como un punto de sellado de El Camino de Santiago y una estatua de Anne Frank

El itinerario consta de trece puntos. El inicio es frente al Hotel Apollo, pasando por iglesias, puentes, canales

para terminar en Mariaplaats donde la iluminación conecta la plaza con la antigua iglesia por donde iría una antigua muralla.

Hay que ir atentos porque las calles no están muy iluminadas y es fácil perder las guías, o que encuentres alguna fundida. Este ojo marca que en su proximidad hay una de las 13 paradas:

Y esta flecha te indica el recorrido a seguir, pero que ya os digo que hay que ir ojo avizor para no perderse.

Me pareció muy currada esta serie de imágenes proyectadas en una parte de una iglesia que hacía que se viera poco a poco el interior de la iglesia reflejada en los muros desnudos.

Sin embargo no me gustó el cambio de colores en un pasadizo, puesto que estaba lleno de pintadas y publicidad, parecía el urinario público y le quitaba encanto. Llamadme quisquillosa.

En fin, una manera más de descubrir la ciudad, que por cierto, estaba desierta (salvo alguna placita con terraza de algún local). Inconcebible en España un jueves de agosto a las 9-10 de la noche.

Volvimos al hotel para descansar y reponer pilas para el viernes 9, que también teníamos la agenda a tope. Se nos acababan los días, se iba notando el cansancio, pero había que aprovechar al máximo.