Viajar IV (2015)

2015 se salió un poco de lo habitual, pues no paramos. Primero la Luna de Miel a Japón. Creo que ha sido el viaje en el que hemos tenido un mayor contraste con sus paisajes, sus templos, su cultura, su gente, su comida…

Fueron 21 días a tope, empezando por Kioto, con un ambiente mucho más tradicional, hasta llegar a Tokio, mucho más moderno y caótico. Y entre medias, las montañas, otro mundo.

Kinkaku-ji

Templo de Plata

Puente Shimogamo

Kiyomizudera

toriis Fushimi Inari

Santuario Kasuga Taisha

Torii Miyajima

Japón es un país que tiene mucho que ofrecer, lleno de contrastes: cultura y modernidad; tranquilidad y frenesí; espiritualidad y masacre; mar y montaña…

Cenotafio, llama y Museo

Shinsekai. Torre Tsutenkaku

Puerta

Castillo

Jardines Kenrouken

Shirakawa-go

Daibutsu

Puente Shinkyo

Shinjuku

Cerezo en Shibuya

Templo Zojoji y Torre de Tokio

Santuario Meiji Jingu. Boda

Fujisan

Shinagawa

Akihabara

Odaiba. Rainbow Bridge y Estatua de la Libertad

Asakusa

Templo Sensoji

Una pasada cada ciudad, cada rinconcito, la afabilidad de la gente, la comida, los templos

Después en verano volvimos a hacer un interrail, esta vez por las Capitales Imperiales: a las tradicionales Viena, Praga y Budapest añadimos Bratislava, que está a tiro de piedra.

Nada que ver la arquitectura imperial y la historia de estas ciudades con Japón. De un extremo a otro.

Budapest es una de las grandes joyas de Europa. Sobran los motivos para justificar una visita. Es una ciudad que sorprende por sus edificios históricos, por los restos de un pasado imperial de gran importancia, por sus parques, por las vistas del Danubio, por los baños termales… Moverse por ella es, además, muy sencillo. Se puede recorrer a pie dividiéndola por zonas. Pero también ofrece numerosos medios de transporte que llegan prácticamente a todos los rincones.

Palacio de Buda

Bastión de los pescadores

Puente de la Libertad

Parlamento

Monumento a los Judíos

Bratislava es la capital de Eslovaquia desde el 1 de Enero de 1993, año en que nace la República Eslovaca tras la disolución de la antigua Checoslovaquia. Básicamente tiene tres puntos de interés. La zona de la Ciudad Vieja, que es la más interesante desde el punto de vista monumental; el Castillo, que teníamos cerca del hotel; y el Palacio Grassalkovich.

Lamentablemente no queda mucha historia de la ciudad en sus calles, puesto que en los años 60 los planes urbanísticos arrasaron con el barrio antiguo que se encontraba entre la Catedral de San Martín y el Castillo. Parece que era más importante hacer llegar las carreteras que comunicaban Viena o Budapest con Bratislava que mantener siglos de historia. Así pues, ahora discurre la Calle Staromeska, una de las principales arterias de la ciudad y que desemboca en el Puente Nuevo.

Trabajador en alcantarilla

Iglesia de Santa Isabel

Viena es la ciudad del vals, de la ópera, de la música; de Mozart, Schubert o Strauss; de Sissí; de palacios convertidos en museos; de arte; de parques muy verdes y extensos; de tradición, pero también de modernidad; del café y la tarta Sacher; del Schitzler (pollo empanado); de coches de caballos…

Hofburg

Stephansdom

Schönbrunn

Belvedere

Hundertwasserhaus

Praga es una ciudad que esconde secretos en cada esquina, en cada fachada, en cada edificio. Hay que ir observando con detenimiento a cada paso, mirando cada fachada, levantando la cabeza para descubrir emblemas, cúpulas, azoteas o torres.

Praga tiene restos de la época de los Habsburgo, del nazismo y los guetos judíos, del comunismo y sus edificios monótonos e insípidos. Praga es la modernidad de Cerný y la Casa Danzante. Es música, es arte, es literatura. Es convivencia de culturas (eslavos, alemanes y judíos).

Torre del Reloj

San Vito

Puente de Carlos

Puerta de la Pólvora

Reloj del Ayuntamiento

Y para finalizar, de imperios iba el año: el Imperio del Sol Naciente, Capitales Imperiales y el antiguo Imperio Otomano. En noviembre viajamos en familia a Estambul. Hablando de contrastes…

Estambul es una ciudad de contrastes viviendo entre dos mundos. Muy occidental para ser asiática y muy oriental para ser europea. Una ciudad situada en un lugar estratégico que le da un papel de importancia a nivel industrial y comercial, pero además cultural y turística.

Gran Bazar

Pasear por sus calles es dejarse llevar por la historia, por la herencia que ha sobrevivido hasta nuestros días. Perderse por Estambul es descubrir el legado bizantino y otomano mientras se escucha el canto del muecín llamando a la oración desde sus mezquitas. Las mezclas son bienvenidas y conviven en armonía.

Santa Sofía

Interior Mezquita Azul

Torre Gálata

Entrada al Palacio

Interior del quiosco de Bagdad

Estambul es Bósforo y Mármara, así que es imprescindible tomar un ferry y sentirse como el pirata de Espronceda: melena al viento y señalando Asia a un lado, al otro Europa, y allá en el frente, Estambul.

Atardecer en Üsküdar

Fue un gran año viajero. Y 2016 también, empezamos 2017 en breve y yo con un año de retraso. ¡Si es que el tiempo vuela!

Conclusiones Estambul

Fue una escapada muy breve, un visto y no visto, sin embargo, nos trajimos muy buenos recuerdos y tuvimos una grata experiencia en la ciudad turca. Aunque no fue la mejor época en cuanto a horas de luz, aprovechamos bastante las horas y la meteorología nos acompañó.

Los lugareños también nos acogieron con los brazos abiertos y una sonrisa. Se tiene miedo a la Turquía que nos muestran en las noticias, a las revueltas, a las amenazas terroristas, y nos olvidamos de la gente de a pie que es notablemente amable. Los turcos son muy mediterráneos, abiertos y extrovertidos. También ruidosos.

La carambola del vuelo fue acertada, una lástima que el país no se encuentre en su momento más estable y hayan retirado la ruta. El hotel, aunque modesto, cumplía con su objetivo. La zona era tranquila pero tenía buena comunicación a pie y con el tranvía gracias a la próxima parada de Çemberlitas. Estaba limpio, equipado y el personal fue muy atento y agradable. Todo fueron facilidades, desde una habitación de 3 en lugar de una 2, pasando por el pago que se podía realizar al final de la estancia.

Serdivan Hotel

Aunque el centro histórico está bastante concentrado y el viajero puede pasearlo a pie, no hay problema en moverse por la ciudad en transporte público. Imprescindible hacerse con unas Istanbulkart y a descubrir rincones. La línea T1 es muy moderna tremendamente útil para llegar a los lugares más turísticos. Para cruzar de una orilla a otra del Bósforo se pueden coger los ferris. Incluso, si se dispone de tiempo y no mucho presupuesto, estos barcos locales pueden ser una buena forma de tener una perspectiva diferente de la ciudad.

Istanbulkart

Estambul es disfrutar gastronómicamente de sus tapas, mazorcas de maíz, mejillones rellenos de arroz, carne aderezada con especias y cocinada en hornos de leña, pescado fresco en forma de Balik Ekmek, simit y como colofón baklavas acompañados de un té de manzana o café de puchero.

Cena

Cena

Cena

Bocadillos de caballa

Cena

Simit

Bollos

Té turco

Es lugar para paladear frutos secos, calentarse con las castañas asadas, olfatear especias e hidratarse con zumos de naranja y/o granada.

Granadas

Además, todas estas delicias son muy baratas al cambio de la TL y el €. Incluso aunque seas un poco peculiar o delicado con las comidas, hay suficiente variedad como para que tengas una buena opción que elegir. Da igual que tengas alergias, intolerancias, seas vegetariano o simplemente más tradicional, encontrarás un manjar para ti. En realidad tienen una gastronomía muy similar a la nuestra – o nosotros parecida a la suya gracias a la influencia mediterránea y el paso de los siglos – con legumbres, verduras, hortalizas, carne, pescado y arroz aderezados con especias. Y por supuesto frutas y frutos secos.

Gran Bazar

Bazar de las Especias

Gran Bazar

Fatih

Mercado

Estambul es comercio, y por tanto es imprescindible visitar el Gran Bazar y el Bazar de las Especias, además de sus aledaños. Si quieres comprar, en la mayoría de los sitios tendrás que regatear, así que conviene informarse un poco y contrastar antes de aceptar cualquier precio. Y como buen mercader o comerciante, el tendero chapurreará expresiones en varios idiomas para favorecerte la compra.

Gran Bazar

Gran Bazar

A lo largo de los barrios de la ciudad se sigue manteniendo la estructura gremial de los bazares con calles organizadas según su producto.

Estambul

calles de Estambul

Estambul es una ciudad de contrastes viviendo entre dos mundos. Muy occidental para ser asiática y muy oriental para ser europea. Una ciudad situada en un lugar estratégico que le da un papel de importancia a nivel industrial y comercial, pero además cultural y turística.

Entradas

Pasear por sus calles es dejarse llevar por la historia, por la herencia que ha sobrevivido hasta nuestros días. Perderse por Estambul es descubrir el legado bizantino y otomano mientras se escucha el canto del muecín llamando a la oración desde sus mezquitas. Las mezclas son bienvenidas y conviven en armonía.

Interior Mezquita Azul

Interior Santa Sofía

Interior del quiosco de Bagdad

Balcón de Ibrahim el Loco

Obelisco egipcio

Murallas de Teodosio

Mezquita iluminada

Estambul es Bósforo y Mármara, así que es imprescindible tomar un ferry y sentirse como el pirata de Espronceda: melena al viento y señalando Asia a un lado, al otro Europa, y allá en el frente, Estambul.

vistas desde la Torre Gálata

Bósforo

Visitar Estambul es contemplar relajadamente atardeceres impresionantes desde la orilla de Üsküdar.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Y no todo es paz, también está el contraste caótico de la circulación. Toda una experiencia adentrarse en el tráfico como peatón y no saber por dónde te vienen los coches.

Ver Estambul al completo requiere al menos de 3 días, pero cuanto más, mejor, nunca sobraría el tiempo. Siempre hay un barrio que descubrir, una mezquita a la que entrar (siempre que permitan su visita), un hamam en el que relajarse, un legado histórico que descubrir, una delicia que degustar. Pero no todo es turístico, también recomiendo perderse por las callejuelas de barrios fuera de las guías turísticas y descubrir cómo viven sus lugareños en su versión más cotidiana para entender mejor la ciudad y su cultura. Esos comercios que salen a las calles, esas ropas tendidas en las cuerdas de la fachada, esas cabinas, el mercado semanal…

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Mercado

Estambul ha de estar en la lista de destinos imprescindibles de cualquier trotamundos. Tiene su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad desde 1985, por algo será, ¿no?

Vistas desde el Palacio

Estambul día 3: Murallas y regreso a Madrid

Tomamos el tranvía hasta Topkapi, donde cambiamos a la línea T4 hasta Edirnekapi. La T4 tiene tramos por la superficie y a medida que nos vamos acercando al barrio ya vamos divisando las murallas.

Murallas de Teodosio

Murallas de Teodosio

Una vez allí bordeamos la carretera hasta que vimos destacar una torre

Torre de Murallas de Teodosio

El problema es que no parecía haber un paso para cruzar y tuvimos que aprender al modo local. Estábamos ante una carretera muy transitada, con dos carriles por sentido y un lugareño nos hacía gestos de “venga, ahora”, pero claro, es que los coches no dejaban de pasar. Esta gente se lanza a la aventura y ya pararán los coches o me esquivarán… Unos temerarios. Al final seguimos la máxima de “allá donde fueres, haz lo que vieres” y cruzamos no sin miedo los cuatro carriles.

Las murallas de Teodosio, así llamadas por el nombre del emperador que las mandó construir a principios del siglo V se extienden desde el mar de Mármara hasta el Cuerno de Oro. Tienen un perímetro de seis kilómetros y unos imponentes muros que alcanzaban los doce metros de altura con un grosor de cinco metros. Protegieron Bizancio durante  más de mil años y tuvieron un importante valor en la historia de la Europa medieval puesto que contuvieron los ataques de los otomanos, hunos, árabes, búlgaros y rusos.

Murallas de Teodosio

Murallas de Teodosio

El principal elemento de defensa era la muralla interna, protegida por 96 torres cuadradas y de dos pisos. 54 de estas torres fueron reconstruidas ya que en el 447 quedaron destruidas por un terremoto. Contaba con 11 puertas fortificadas, muchas de las cuales están hoy en día en buenas condiciones. Entre esta muralla y la externa había una terraza y un foso que se inundaba cuando la ciudad sufría la amenaza de invasores.

Hoy en día suponen uno de los restos más impresionantes del pasado bizantino de la ciudad. Aunque están en ruinas, aún impresionan por su majestuosidad y dejan apreciar su esquema original. Nosotros recorrimos un tramo de su perímetro e incluso llegamos a subir a ellas para observar la ciudad desde las alturas.

Murallas de Teodosio

Murallas de Teodosio

Murallas de Teodosio

Durante el paseo nos encontramos con el Palacio de Constantino Porfirogéneta (ojo al nombre). Formaba parte del complejo del Palacio Imperial de las Blaquernas.

Palacio de Constantino Porfirogéneta

Palacio de Constantino Porfirogéneta

Los barrios situados junto a las murallas están formados por edificios de clase obrera. Pero hacía buen día y nos apetecía adentrarnos por las estrechas callejuelas y descubrir el ritmo de un miércoles cualquiera en un barrio fuera de la zona turística.

Mezquita Fatih

Fatih

Paseamos entre comercios típicos de cualquier barrio como panaderías, fruterías, droguerías o ultramarinos; nos cruzamos con la gente que iba a hacer sus recados; y a medida que nos alejábamos oímos la llamada a la oración.

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

No nos daba tiempo a ver San Salvador de Chora, que habíamos leído que conserva mosaicos frescos de gran belleza. Preferimos pasear por Fatih, Fener y Balat. Teníamos intención de comer por la zona y después volver a una parada de metro donde pudiéramos tomar una línea que nos llevara al aeropuerto.

Fener es uno de los barrios más interesantes para conocer la historia de la ciudad. En la época otomana era el barrio donde vivían los griegos acaudalados. Hoy en día ya no se refleja esa bonanza. Las casas son viejas, muchas de ellas en un estado un poco lamentable. Pero a nosotros nos gusta perdernos por estas zonas auténticas que suponen un contraste con los monumentos y edificios históricos, ya que estas zonas también reflejan la ciudad y la sociedad que en ella vive.

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Hay quien tiene cierto reparo en andar por zonas fuera del circuito turístico, pero saliendo fuera de los mapas marcados en las guías podemos encontrar lugares muy pintorescos.

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

Fatih

En el barrio de Fener lo griego es residual, algún que otro edificio, pero la población es musulmana.

Fener

Fener

Fener

Adentrándonos en Fener subimos hasta el Colegio Ortodoxo Griego. Se trata de un imponente edificio de ladrillo rojo que destaca sobre el resto de casas colindantes. Data de la época en la que habitaba la comunidad griega en el barrio.

Colegio Ortodoxo Griego

Colegio Ortodoxo Griego

Transitando por las callejuelas empinadas de Balat nos encontramos con la sinagoga de Ahrida, la más antigua de Estambul. En el barrio de Balat fue donde se asentó la numerosa e influyente comunidad sefardita en el siglo XV tras la expulsión de los Reyes Católicos de España.

sinagoga de Ahrida

Bajamos la colina hasta llegar a la sede del Patriarcado Ortodoxo Ecuménico, el centro de la religiosidad helena. Lamentablemente, no pudimos visitarlo puesto que estaba rodeado de cochazos negros con los cristales tintados y había mucha seguridad. Luego nos enteramos de que coincidió nuestra visita con la de Tsipras.

Llegados a este punto, nos adentramos por el barrio dejando el Bósforo a nuestras espaldas con intención de llegar hasta la parada de Aksaray para tomar la línea M1A hasta el aeropuerto.

Fatih

Y de repente en los aledaños de la Mezquita Fatih Sultan nos encontramos con un mercado ambulante muy similar a los que tenemos en España y que puedes comprar desde ropa hasta fruta pasando por pescado.

Mercado

Mercado

Mercado

Mercado

Mercado

Mercado

Mercado

Fue una grata sorpresa, ya que no sólo pudimos observar el día a día de los lugareños, sino los productos que se comercializan y que forman parte de la lista de la compra para configurar sus menús. Descubrimos que tenemos una alimentación muy similar en cuanto a frutas, verduras y hortalizas se refiere. También muy similar la variedad de frutos secos y encurtidos. No en vano, en España tenemos glan influjo árabe, otomano y en general de pueblos del Mediterráneo gracias a años de invasiones.

Pasada la mezquita, y dejando atrás el mercado, llegamos a una calle en la que había varios locales de kebabs y como era la una y algo, nos decidimos por degustar unos dürüms. El dürüm no deja de ser un kebab enrollado en un pan plano. El toque lo da el horno en el que hacen el pan, y, por supuesto, las especias que lleva la carne. Creo recordar que por unas 8TL teníamos el dürüm y bebida. 6TL si en vez de cordero, era pollo.

Y ya con el estómago lleno, nos volvimos a echar las mochilas a la espalda y nos dirigimos al metro. Nosotros dirección aeropuerto, mis padres y hermano dirección centro con intención de callejear algo más y descubrir algún que otro rincón. Pasearon por el barrio de los costureros, con tiendas plagadas de telas, botones, cremalleras e hilos.

Estambul

Estambul

Estambul

Estambul

Tienda de telas

Botones

Y cuando se les hizo de noche volvieron al Bazar de las Especias en busca del té de manzana que habíamos descubierto el día anterior en el local donde compramos la cena. La pena es que compraron solo una caja y meses más tarde se arrepintieron de la decisión pues está muy rico y en España es difícil de encontrar.

Mientras que ellos cenaron unas delicias turcas: ensalada, hummus, carne con arroz y ensalada, y caballa con ensalada;

Cena

nosotros volábamos rumbo a casa y teníamos de menú una merienda. Nada que ver…

Comida Avión

Y hasta aquí nuestra escapada a Estambul, una ciudad que nos encandiló y que recordamos con nostalgia.

Estambul día 3: Palacio Topkapi e Hipódromo

Nuestro último día amaneció también pronto, desayunamos y partimos hacia el Palacio Topkapi, que durante 400 años fue la residencia de los sultanes otomanos. Desde 1924 está abierto al público convertido en museo con lujosas estancias, colecciones de joyas y otros tesoros. Está situado sobre la colina que marca el punto de encuentro entre el Bósforo y el mar de Mármara, ocupando una situación estratégica. En la época Bizantina se elevaban monasterios y edificios oficiales.

Fue construido entre 1459 y 1465 al poco de tomar Mehmet II Constantinopla para fijar en él su residencia. En lugar de ocupar un solo edificio, se articuló en diversos pabellones distribuidos en cuatro patios como una versión de los campamentos nómadas de los otomanos.

Inicialmente se utilizó como sede del Gobierno y tenía una escuela en la que se formaban funcionarios y soldados. Sin embargo, en 1853 el sultán Abdul Mecit I abandonó el palacio y se mudó a Dolmanahçe.

Entramos en el palacio por el primer patio, la zona externa donde conviven los muros de un palacio otomano con una iglesia bizantina. Esta zona ha sido a lo largo de los tiempos hospital, facultad y tahona. En este jardín es donde encontramos la taquilla. Se puede comprar la entrada para el palacio, o para el palacio y el Harem. Como nosotros contábamos con poco tiempo pues teníamos que estar en el aeropuerto sobre las 2 de la tarde, decidimos no entrar en el Harem.

Tras pasar la Puerta del Medio, nos adentramos en el segundo patio, donde se estructura gran parte de los edificios de servicio. En el lado oriental se encuentran las cocinas del palacio, que contienen una colección de piezas de porcelana chinas y japonesas.

Entrada al Palacio

Segundo Patio

Asimismo, podemos encontrar estancias militares y las principales áreas administrativas y de gobierno. También era el centro de las principales ceremonias civiles y religiosas. Por ejemplo, era el lugar elegido para los actos de ascensión del trono. En el lado izquierdo del patio se encuentra la Cámara del Consejo Imperial debajo de la Torre de Adalet Kulesi, uno de los elementos arquitectónicos más característicos del palacio.

Torre de Adalet Kulesi

Cámara del Consejo Imperial

Cámara del Consejo Imperial

Cámara del Consejo Imperial

Junto a la torre se encuentran las taquillas y la entrada al Harem. Se trata de un complejo de más de 300 habitaciones donde residían las familias reales, aunque también se dice que era el lugar donde los sultanes se rendían al libertinaje.

El segundo patio en su día fue lugar de ejecuciones sumarias y sentencias de muerte ejecutadas en el acto. Atravesando la Puerta de la Felicidad se accede a los dominios privados del sultán, que, para preservar el aura imperial, procuraba evitar frecuentes apariciones en público.

Puerta de la Felicidad

Traspasar esta puerta era el privilegio de unos pocos afortunados. Solo se podía acceder con la autorización expresa del sultán. En la zona se encuentra la Sala de las Audiencias, que era el pabellón donde el sultán recibía a los embajadores de otros países.

Aposentos

aposentos privados

aposentos privados

aposentos privados

Palacio

Palacio

En la zona derecha del patio se encuentra el Tesoro. Alberga las joyas que pertenecieron a los sultanes. Todas son joyas masculinas, ya que las femeninas podían dejarse en herencia. Las de los sultanes, por el contrario, pertenecían al Imperio. Por ese motivo se pueden mostrar.

Tercer patio

Tercer patio

Tercer patio

Vistas desde el Palacio

Y llegamos al cuarto patio, la zona privada del sultán y su familia. Es la zona que más me gustó de todo el recorrido. Consta de una serie de pabellones, quioscos, jardines y terrazas. Destacan cuatro pabellones de recreo. La mayoría se encuentran en el entorno conocido como Balcón de Ibrahim el Loco, una enorme terraza de mármol con un estanque. Recibe este nombre porque fue construido por Ibrahim el Loco en 1640 para tomar la primera comida tras poner fin al ayuno diario durante el mes del Ramadán.

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Balcón de Ibrahim el Loco

Desde esta terraza se puede tener unas buenas vistas del Cuerno de Oro y el barrio de Gálata.

Vistas desde el Palacio

Vistas desde el Palacio

El quiosco Mecidiye fue levantado a la manera de los modelos europeos del siglo XIX. Data de 1840 y fue concebido como lugar de descanso y para alojar a dignatarios extranjeros.

Los dos pabellones más fascinantes son el Quiosco de Revan y el Bagdad. El de Revan es un pabellón relativamente pequeño con una cúpula central. Hay tres ábsides para los sofás, mientras que la cuarta pared contiene una puerta y una chimenea.

Quiosco de Revan

Quiosco de Revan

Quiosco de Revan

El de Bagdad destaca por sus azulejos de Iznik y la madera labrada.

Interior del quiosco de Bagdad

Interior del quiosco de Bagdad

Pabellón de Bagdad

Interior del quiosco de Bagdad

Recibe este nombre pues fue construido en 1638 en conmemoración de una batalla contra dicha ciudad. Es un pabellón octogonal rodeado de 22 columnas y rematado por una bella cúpula. Las ventanas, armarios y otros trabajos de madera dentro de la estructura están adornados con conchas de nácar y carey.

Patio

Quiosco de Bagdag

Quiosco de Bagdad

El pabellón de Mustafa Pasha sobresale por su luminosa habitación doble repleta de asientos.

Cuarto patio

pabellón de Mustafa Pasha

pabellón de Mustafa Pasha

pabellón de Mustafa Pasha

También es remarcable la sala de las Circuncisiones, revestida de hermosos azulejos. En ella reposaban los hijos de los sultanes después del doloroso rito.

Entrada a la Sala de las circuncisiones

Pabellón de la Circunsición

Esta ceremonia no figura en el Corán, se piensa que quizá se ha tomado de la cultura judía. Se suele realizar sobre los 7 u 8 años como paso a la edad adulta. Durante esta “celebración” se viste a los niños con un traje blanco de aire otomano con todo tipo de adornos y ornamentaciones. La vestimenta oficial consta de una capa de lentejuelas, sombrero y cetro, como si fuera un pequeño sultán. Se pasea al niño en descapotable, o en un coche agitando pañuelos por las ventanillas. Al igual que en la Primera Comunión, la familia celebra una fiesta con comida y música donde el niño recibe regalos y felicitaciones. Es uno de los eventos sociales más importantes en Turquía y en los escaparates de Sultanahmet y Eyüp abundan estos trajes nada discretos. Nosotros los vimos el primer día en los aledaños del Gran Bazar.

Nos dirigimos hacia la salida paseando por los jardines y la zona donde el sultán se sentaba a observar carreras de caballos y otras competiciones.

Jardines del Palacio

Desde el Palacio, y en vista de que aún nos quedaba un rato, nos dirigimos hacia el Hipódromo, que nos dimos cuenta el día anterior por la noche que pese a estar cerca de Santa Sofía y la Mezquita Azul, lo habíamos pasado de largo.

Hipódromo

El Hipódromo se convirtió en el escenario de los acontecimientos públicos de la ciudad desde la inauguración de Constantinopla. El pasatiempo preferido de los bizantinos eran las carreras de carros. Incluso cuando el estadio fue cayendo en ruinas  tras la toma de Estambul por las tropas otomanas, se siguió utilizando en las grandes ocasiones.

Poco queda hoy en día del gigantesco estadio que constituyó el corazón de la ciudad bizantina de Constantinopla. Se construyó en el siglo III durante la reconstrucción de la ciudad, el emperador Constantino lo amplió tiempo después. Se dice que tenía una aforo de 100.000 espectadores, aunque en la actualidad es un jardín público alargado en el que quedan restos arquitectónicos que nos dan una idea de lo importante que fue en su día.

Hipódromo

Hipódromo

Se conservan los obeliscos y las columnas del antiguo Egipto y Grecia.

El obelisco egipcio, construido en el 1500 a.C., se levantaba a las afueras de Luxor hasta que Constantino lo hizo traer a la ciudad. Este monumento, magníficamente tallado, está roto y posiblemente sólo presenta un tercio de su altura original.

Obelisco egipcio

Se apoya en una base realizada en el siglo IV, en la que se ve a Teodosio I y a su familia. En los cuatro lados se representan una carrera de carros, Teodosio preparándose para coronar al vencedor con una corona de laurel, prisioneros rindiendo homenaje al emperador y el momento en que se colocó el obelisco.

Obelisco egipcio

Junto a él está situada la columna Sepertina, traída desde Delfos. En el siglo XVIII un noble polaco borracho rompió las cabezas de las serpientes.

Obelisco egipcio

También en la zona, en Çemberlitas, está la columna de Constantino, o columna de Bronce, porque se cree que se protegía con una cubierta de este material. Se conserva en un estado lamentable, ya que los jenízaros se subían a ella para demostrar su valor.

Columna de Constantino

Mide 35 metros de altura y se construyó en el 330 como parte de las celebraciones para la consagración de la nueva capital de Bizancio. Estaba coronada por un capitel corintio sobre el que se levantaba una estatua del emperador Constantino, vestido como Apolo, pero no ha sobrevivido hasta nuestros días ya que una tormenta la derribó en 1160.

Columna de Constantino

En 1701 fue renovada y por eso se llama en turco columna reforzada. Otro nombre más por el que se la conoce es por el de columna quemada, porque sufrió varios incendios, el más importante el de 1779, que también dañó el Gran Bazar.

Se dice que en la base de la columna se guardan reliquias sagradas fantásticas, entre ellas el hacha con el que Noé construyó el Arca, un frasco de aceite perfumado de María Magdalena y restos de los panes con los que Cristo alimentó a la multitud.

Y ya que estábamos en Çemberlitas, tomamos el tranvía dirección al aeropuerto, pero antes hicimos una parada más. Habrá que esperar para ello.

Estambul día 2: Bazar de las Especias

Apenas eran las 6 de la tarde cuando pisamos de nuevo Europa y nos dirigimos dando un paseo hasta el Bazar de las Especias. Es un mercado abovedado con forma de L y cuenta con 6 puertas de entrada. También recibe el nombre de Bazar Egipcio, ya que se construyó con los ingresos que se les gravaba a las importaciones egipcias. Se encuentra en una zona de callejuelas que guardan la esencia del antiguo Estambul. Como te despistes, te has perdido. Este bazar se construyó en 1660 como parte del conjunto de la Mezquita Nueva. Siempre ha estado asociado a la venta de especias, aunque en la actualidad hay más variedad de mercancías y productos como jabones, miel, frutos secos o dulces.

Bazar de las Especias

Bazar de las Especias

Bazar de las Especias

Dimos un paseo por él tranquilamente y paramos en un puesto a comprar unos garbanzos tostados que nos habían encargado. Si vais a comprar algo, echadle tiempo. Incluso con una idea clara de lo que buscábamos, tienen tantas variedades, te dan a probar, está todo tan rico, que al final quieres llevarte media tienda. En el pueblo de mi madre son muy típicos los torraos, esos garbanzos tostados con yeso. Al parecer se cultivan muy bien, pero la peculiaridad de la tierra hace que la calidad no sea muy apta para cocinarlos, y se suelen tomar como aperitivo. Viendo que en Turquía son muy populares, supongo que nos ha llegado a España esta costumbre a raíz de años de comercio con árabes y otomanos. Los garbanzos turcos son algo más grandes que los que usamos en nuestro día a día. Nada que ver con los pedrosillanos. Y no siempre se tuestan con yeso, ya que nos contó el tendero que también lo hacen con soja y están algo más dulces. En cualquier caso, merece la pena probar lo que nos ofrecen, ya que nos llevaremos gratas sorpresas.

No compramos más, porque en una pastelería próxima al bazar habíamos entrado a cotillear y nos dieron a probar unas baklavas recién hechos y acabamos comprando unas cajas para traernos a casa. Se trata de unos pasteles elaborados con una pasta de pistachos triturados, masa filo y bañados en miel. También pueden ser de avellanas, nueces o almendras. Son deliciosos. ¿Qué no tienen rico estos turcos? A nosotros nos gustó todo lo que probamos.

Aunque era de noche, como aún era pronto para cenar, anduvimos sin rumbo por la zona próxima a Çemberlitas. Aprovechamos para comprar algún souvenir en tiendas que nos encontramos por el camino y fuimos fijándonos en la ajetreada vida de la ciudad. A las seis y media de la tarde las tiendas empezaron a cerrar, pero aún así seguía habiendo jaleo con las idas y venidas de tranvías, coches y transeúntes.

Pasamos por el cementerio de una mezquita y nos sorprendieron sus peculiares tumbas bellamente talladas y decoradas.

Cementerio

Cementerio

Para finalizar el día volvimos por el barrio del hotel callejeando en busca de la cena de ese día. Volvimos a parar en dos sitios. Por un lado paramos en un restaurante para pedir una pizza turca y algún plato combinado como habíamos hecho el día anterior. Mientras esperábamos a que nos prepararan el pedido nos sirvieron un típico té turco de manzana que hasta el momento aún no habíamos probado.

Té turco

En Turquía se bebe mucho té. Lo habíamos visto el primer día con el recepcionista del hotel, que había salido a por uno. Pero también lo habíamos visto en otros comercios de la zona, que tenían su vaso con forma de tulipán y pasaba con una bandeja el que suponemos que era el dueño del bar a recogerlos. El té se prepara en una tetera compuesta por dos recipientes. El de abajo lleno de agua y el de encima con un té concentrado que ya viene azucarado. Estaba delicioso, caliente, ácido, dulce. Y eso que yo soy más de tés negros, fuertes que de los que tienen sabor afrutados.

Con nuestra cena lista, salimos de nuevo a la calle en busca de un sitio donde comprar algún tipo de pescado y encontramos un local con su terraza donde nos prepararon en el momento un plato de boquerones rebozados y otro a la plancha.

Nos fuimos al hotel a cenar y ver si habíamos acertado con nuestras elecciones.

Cena

Cena

Como siempre, muy rico todo. Listos para descansar y cargar pilas para el último día.

Estambul día 2: Ferry a Üsküdar

Tras comer y pasear cerca de la Torre Gálata, volvimos a cruzar el puente hacia Eminönü. El barrio que en su día era el centro de la antigua ciudad amurallada de Constantinopla. Era un próspero puerto con comerciantes de todo tipo, un nudo de comunicaciones de la ciudad. En la actualidad es un barrio lleno de vida gracias al transporte de ferry más importante del Bósforo que permite la comunicación entre barrios de Estambul, incluso con la parte asiática de la ciudad, que es adonde nos dirigíamos.

En el puerto se pueden contratar los tours por el Bósforo a diversos precios y con variedad de horarios y duración. Sin embargo, como teníamos poco tiempo, decidimos tomar un ferry público, algo así como el de Staten Island para ver la Estatua de la Libertad. Este no es gratuito, pero con la Istanbulkart el trayecto cuesta 2.45TL. Aquí podéis ver los horarios, hay una buena frecuencia, ya que salen cada 15-20 minutos en las horas centrales del día. Sale justo al lado del Puente Gálata, y en apenas 20 minutos cambias de continente.

Como teníamos un sorprendente día soleado para tratarse de mediados de noviembre, decidimos subir a cubierta para poder disfrutar del trayecto. Nos sentamos en la parte trasera, que creo que es el mejor lugar para apreciar las vistas. A un lado dejamos el barrio de Eminönü y las siluetas de las mezquitas y al fondo Sultanahmet. Al otro lado Beyoğlu con la Torre Gálata destacando sobre la colina.

Bósforo

Puente Gálata

Durante el recorrido se navega por el Bósforo alejándonos del Puente Gálata y percibiendo una Estambul diferente.

Puente Gálata

Con el aire en la cara y acompañados por las gaviotas fuimos acercándonos a Asia divisando ambas orillas y la silueta de edificios – como el Palacio Dolmabahçe y mezquitas. Era el momento de sentirse como el pirata de Espronceda.

Bósforo

Bósforo

Bósforo

Bósforo

Bósforo

Y por fin nos acercábamos a Üsküdar, un contraste con los barrios que habíamos visto hasta el momento.

Muelle de Üsküdar

Nada más bajarnos del ferry nos mezclamos con los lugareños, apenas había turistas. De hecho, nos mimetizamos tanto que mientras paseábamos por el muelle y observábamos a los pescadores, se nos acercó un señor y se nos puso a hablar. Cuando eres moreno, con el pelo rizado y llevas una espesa barba de un mes, parece que podrías pasar por un turco más. Y eso es lo que le pasó a mi marido, que, para no ofender al paisano, asentía a lo que le comentaba y le sonreía copiando sus expresiones faciales.

Üsküdar

En la zona se respiraba ambiente de barrio, con gente esperando en la parada del autobús, trabajadores que acababan su jornada laboral, jóvenes haciendo picnic, familias paseando o sentados en una terraza disfrutando de una bebida caliente. Y de fondo, la llamada de las mezquitas de las 14:35. En Üsküdar se percibe la esencia de Estambul, sin locales turísticos, sino que lo que destacan son mercados de frutas, pescado, vendedores ambulantes, casetas de comida callejera…

Üsküdar

Callejeamos por el parque próximo al muelle y nos adentramos por el barrio, por sus calles sin contaminación de masa de turistas. Y después volvimos a la costa para encontrar el ansiado punto desde el que veríamos atardecer.

Dejando la parada del ferry a mano derecha, caminamos por el paseo que discurre junto al Bósforo. A nuestro camino vamos dejando restaurantes y locales, pero había leído que había una zona con alfombras en una grada que era el punto óptimo para ver el otro continente. Este restaurante se encuentra a la altura de la Torre de Leandro, apenas a unos 10 minutos desde la terminal.

Café de las alfombras

Sin embargo, nosotros no nos detuvimos en las alfombras, sino que continuamos un poco más y encontramos unas piedras desde donde teníamos unas vistas impresionantes.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

A mano derecha nos quedaba la Torre de Leandro, en una isla en medio del Bósforo a unos 200 metros de la orilla. Fue construida en el siglo XVIII sobre los restos de una antigua torre bizantina. Durante los siglos ha tenido infinidad de usos. Ha sido faro, semáforo, un punto de sujeción de cadenas para cerrar el Bósforo, puesto de aduanas e incluso casa de retiro de oficiales turcos.

Torre de Leandro

En la mitología griega, Leandro era un joven que mantenía un romance con Hera, sacerdotisa de Afrodita. El enamorado cruzaba todas las noches el Bósforo a nado siguiendo una antorcha que Hera colocaba en la torre. Una noche, la tormenta apagó la antorcha y Leandro murió ahogado. La sacerdotisa desesperada de dolor, se arrojó al mar.

También es conocida como La Torre de la Doncella, ya que un emperador bizantino encerró a su hija para protegerla, sin embargo una bruja introdujo una serpiente en una cesta de uvas y su picadura fue mortal.

Nos quedaba una hora para el atardecer, el sol aún lucía y nos calentaba. Mientras estábamos allí sentados contemplando las vistas, iban llegando grupos de chavales, familias y parejas para disfrutar también del paisaje. Y parece que mi hermano también podría pasar por turco, ya que se le acercaron y con un toque en el hombro, unas palabras en turco y una cámara en mano, le pidieron una foto. Parece que si llevas una barba muy espesa y morena podrías pasar por turco. Bueno, y también que por nuestra sangre debe correr ADN árabe, quizá de nuestros antepasados toledanos.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Los minutos iban pasando, el sol iba bajando y volvimos a ponernos las chaquetas. Pasaban vendedores ambulantes vendiendo pipas y obleas. El cielo poco a poco iba cambiando la paleta de colores tornándose más anaranjado a cada segundo.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Es imposible expresar con palabras la belleza del momento en que empieza a atardecer. Ni siquiera las imágenes captan la belleza de la vista. El último atardecer que nos había sorprendido había sido el de Budapest. El de Estambul lo superó. Estaría casi a la par con el del Gran Cañón, aunque ahí contamos con el factor impresión de ver la abertura de la tierra y la inmensidad del barranco.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Me sorprendió ver que apenas había gente disfrutando de las vistas. No estábamos solos, cierto es, pero poca gente para el espectáculo natural que uno puede apreciar. Supongo que la mayoría de los visitantes de Estambul se centran más en los barcos que realizan excursiones turísticas e ignoran estos lugares mágicos en los que uno sólo tiene que sentarse, relajarse y observar el panorama mientras pasan los minutos.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

No sé la cantidad de fotos que hicimos de la hora que estuvimos sentados hablando y observando, viendo a la gente pasar, relajándonos y empapándonos del ritmo de la ciudad y del Bósforo. Veíamos pasar barcos de mercancías continuamente. Las aguas del Bósforo se consideran internacionales bajo control turco. Son internacionales porque el paso es vital para poder dar salida a los mares del sur a países como Rumanía Bulgaria, Ucrania y Rusia.

Atardecer en Üsküdar

Atardecer en Üsküdar

Cuando el sol terminó de ocultarse y con una nueva llamada a la oración, nos dirigimos de vuelta a la terminal del ferry. En el camino de vuelta, al pasar por la zona de las alfombras, paramos en un kiosco a comprar unos tés y unos cafés. La temperatura había disminuido al caer el sol, y apenas eran las 5 de la tarde, por lo que era buena hora para tomar una bebida caliente.

El café se popularizó en el país en el siglo XVI y su evolución fue meteórica, apareciendo varios locales por Estambul. En los primeros cafés se cerraban transacciones económicas y se trataban asuntos sociales. El café turco tiene una forma especial de prepararse. Se hace en un cazo de cobre de mango largo. En él se mezclan sin filtro el agua y el café molido muy fino. Una vez hervido se pasa a la taza, en la que se deja reposar. El resultado es un café muy cremoso, cercano al chocolate. Es fuerte y sabroso. Al pedirlo para llevar, lo ponen en una taza de poliestireno blanco y los posos no se quedan abajo, sino que se van pegando en las paredes del vaso. Así que mejor pedirlo para tomar y sentarse a degustarlo.

De nuevo en el ferry nos subimos a la planta superior para poder observar el Bósforo y la iluminación de los edificios de vuelta a Eminönü con el recuerdo de un bello atardecer.

Ferry

Bósforo

Ferry

Bósforo

Ferry

Estambul día 2: Cisterna Basílica y Torre Gálata

Lo cierto es que según habíamos planificado el día contábamos con visitar la Cisterna Basílica por la tarde después de comer. Sin embargo, al haber madrugado, nos cundió bastante la mañana, con lo que modificamos la ruta.

La Cisterna Basílica es el monumento menos convencional de la ciudad. Se trata de un palacio sumergido. Es una enorme cisterna que se construyó en la época bizantina en el subsuelo de la ciudad para evitar la falta de agua. Esta se bombeaba desde una reserva situada cerca del Mar Negro y se transportaba hasta la cisterna a través de un acueducto de casi 20km de longitud. Sin embargo, los otomanos pasaron más de un siglo después de la conquista sin conocer su existencia. Se descubrió al observar que había gente que sacaba agua bajando cubos a través de agujeros en los sótanos.

Cisterna Basílica

Cisterna Basílica

Cisterna Basílica

Tiene unas dimensiones de 140 por 70 metros y puede llegar a acumular 80.000 metros cúbicos de agua. Hay hasta peces.

Peces

Paseando por el entarimado podemos entrever filas de columnas, hay unas 336 de estilos muy variados, ya que se reutilizaron de antiguas estructuras y monumentos. Destacan dos que tienen como base una cabeza de Medusa que provienen del Templo de Apolo en Didim. Se tomaron como un elemento más de construcción, no con intención artística.

Cabeza de Medusa

Cabeza de Medusa

La entrada cuesta 20TL y lo que se puede visitar es tan solo un tercio de la estructura original, ya que el resto se tapió en el siglo XIX. Ha sufrido diversas reparaciones, la más notable en 1980, cuando se limpió a fondo, se renovó y adornó con luces. Durante años se había convertido en un lugar donde arrojar todo tipo de desechos.

Cisterna Basílica

Nada más entrar te puedes hacer una foto (por un módico precio, claro) caracterizado como un sultán y una Sherezade de otra época. Nosotros lo omitimos y nos dedicamos a pasear siguiendo el entarimado. No había mucha gente a esas horas, hasta que de repente llegó un grupo de escolares de unos 12 años que corrían de un lado a otro. Llegaban a la barandilla, se ponían diez o doce con sus tabletas y móviles, hacían la foto de rigor, y corriendo y dando voces hasta la siguiente barandilla. Así que a medio recorrido tuvimos que ir esquivándoles, porque eran bastante ruidosos y molestos.

Tras la breve visita volvimos al exterior y nos dirigimos hacia la Torre Gálata.

Puente Gálata

Nos fuimos dando un paseo tranquilamente y cruzamos el puente Gálata que, vayas a la hora que vayas, está lleno de pescadores y de vendedores de cebo. No sólo tiene mucha vida en su inferior, como vimos el día anterior cuando compramos los bocadillos de caballa, sino que en su parte superior siempre hay movimiento.

Puente Gálata

El puente une la zona antigua con la moderna y cuenta con un tramo levadizo. Su anchura es de 42 metros y tiene una longitud total de 490 m. Se puede cruzar a pie por ambos lados, ya que tiene unas aceras bastante anchas.

El primer puente se construyó en 1845, aunque en 1863 con la llegada de Napoleón III fue sustituido por uno de madera. Posteriormente hubo dos puentes más hasta que en 1992 se levantó el que vemos hoy en día.

En la otra orilla pisamos el barrio de Beyoğlu. Antiguamente se llamaba Pera, que significaba “al otro lado” y durante siglos fue el barrio donde vivían los extranjeros. Los primeros fueron los genoveses, tras ayudar en la reconquista de la ciudad de manos de los latinos. Después se asentaron los judíos procedentes de España, también árabes, griegos y armenios. Estos emigrantes trajeron a Estambul nuevas modas, maquinaria, artes, costumbres y normas más occidentales. Mientras en el centro histórico predominaban los bazares orientales, las mezquitas y palacios de la Edad Media, en Beyoğlu había electricidad, modernos trenes subterráneos, tranvías y teléfono.

calles de Estambul

Hoy en día es el centro artístico, de ocio y de vida nocturna más activo de Estambul. En el barrio conviven muchos grupos étnicos, religiones y lenguas diferentes. Hay diversas actividades artísticas, museos y galerías de arte. Es el verdadero centro cultural de la ciudad.

El distrito abarca desde el puente de Gálata hasta la plaza Taksim, el corazón de la moderna Estambul, un cruce de vías con gran animación e intenso tráfico. Así como también el escenario de manifestaciones. Como no contábamos con mucho tiempo, nosotros no nos dirigimos tan al norte, sino que nos quedamos por la zona de la torre, donde predominaba el gremio de los electricistas, ya que casi todos los comercios eran de lámparas o componentes eléctricos. Alrededor de la torre hay un laberinto de calles medievales donde los venecianos y genoveses tuvieron sus factorías comerciales.

calles de Estambul

Subimos a la Torre Gálata, el edificio más emblemático del Cuerno de Oro.

Torre Gálata

alrededores de la Torre Gálata

Se trata de una torre circular de 62 metros rematada por una cubierta cónica. Tiene un diámetro de 16 metros en la base y un diámetro interior de 9 metros. La anchura de los muros va disminuyendo según se va ascendiendo, llegando hasta los escasos 20 centímetros en la parte superior. Fue construida en 1348 por los genoveses sustituyendo un antiguo faro y formaba parte de sus fortificaciones. En aquel momento se convirtió en la estructura más alta de la ciudad.

Torre Gálata

Durante el período otomano se utilizó como atalaya y en la década de 1960 se abrió al público. Consta de nueve plantas y en los dos últimos pisos hay un restaurante y un club nocturno. Se puede subir a ella en un ascensor y un tramo por una estrecha escalera de caracol.

Torre Gálata Interior

Merece la pena, ya que se obtiene una vista panorámica que abarca todos los monumentos de Estambul a unos 52 metros de altura.

vistas desde la Torre Gálata

vistas desde la Torre Gálata

vistas desde la Torre Gálata

vistas desde la Torre Gálata

vistas desde la Torre Gálata

El único inconveniente es que el mirador es bastante estrecho y suele haber bastante gente, por lo que la movilidad es algo limitada. El precio son 25TL.

Y tras divisar Estambul desde las alturas en un día despejado, nos fuimos callejeando por el entramado medieval en busca de un lugar donde comer. Como no queríamos irnos de Turquía sin comer el típico kebab, paramos en un local que tenían el menú con bebida por 5TL y nos sentamos en la terraza a degustarlo.

Kebab

Estaba recién hecho y muy rico. El pan estaba crujiente, la carne jugosa y bien condimentada. Y nada de salsa como estamos acostumbrados por aquí. Y es que no le hace falta, ya que el adobo que lleva la carne es suficiente para darle sabor.

Para bajar la comida, paseamos por Karaköy, un barrio del distrito de Beyoğlu. Un barrio empinado y adoquinado lleno de vida con tiendas y restaurantes. También se pueden encontrar locales en los que venden los famosos zumos de granadas, esas granadas que nada tienen que ver con las que comemos aquí. La variedad turca es algo más grande y con unas semillas más rojizas, más burdeos. Muy dulces y jugosas.

calles de Estambul

calles de Estambul

calles de Estambul

calles de Estambul

También podemos encontrar alguna fachada peculiar.

calles de Estambul

Nuestra siguiente parada era Üsküdar, desde donde teníamos entendido que se podía apreciar el mejor atardecer de Estambul, así que hacia el ferry que nos dirigimos para cruzar a Asia. Pero de momento, lo dejo aquí.