Resumen viajero 2019

Después de un completo 2018 en que viajamos a Estados Unidos y Canadá, Balcanes, Marruecos y Berlín, teníamos un 2019 por delante bastante yermo. En enero decidimos que en verano tocaría Islandia, y como es un país para el que necesitábamos un presupuesto más alto de lo habitual no llenamos más la agenda. El problema es que no nos fuimos de viaje hasta finales de agosto, por lo que el año se nos hizo algo duro estando tantos meses sin vacaciones.

En cualquier caso, durante los 15 días en Islandia nos olvidamos de todo. Y es que esta tierra situada en mitad del océano Atlántico, a 700 km al Norte de Noruega y al borde del Círculo Polar Ártico es un lugar como pocos, con un clima extremo, unos paisajes espectaculares y donde la naturaleza se escribe con mayúsculas.

Hay muchas maneras de llevar a cabo un viaje por Islandia: en caravana, en coche, en 4×4, con un guía… pero sin duda todos los visitantes llegan con el mismo objetivo. Naturaleza es la palabra clave para entender y recorrerla. Es verdad que no es un tipo de naturaleza de grandes bosques o parques naturales, ya que apenas hay árboles en todo el país. Se trata más bien de una naturaleza primitiva, salvaje y ancestral que nos hace pensar en los orígenes de la Tierra.

Una naturaleza que aún se mueve, se modifica, se inventa y se autodestruye. Islandia está en pleno proceso de creación, como si fuera un laboratorio de la Tierra donde los elementos luchan para predominar unos contra otros. Es un libro abierto de geología que presume de tener más de 200 volcanes, campos de lava, acantilados de vértigo, curiosas formaciones rocosas, espectaculares fiordos, desiertos que no parecen terrestres, 600 géiseres, un sinfín de fumarolas, fuentes termales, túneles kilométricos, lagos, lagunas glaciares, playas negras, innumerables cascadas de casi todos los tamaños y formas o glaciares que ocupan más del 10% del territorio. Mires donde mires, siempre te deja con la boca abierta.

La península de Snæfellsnes, al oeste del país, es un resumen de Islandia, ya tiene un poco de todo ello en un territorio reducido: un volcán cubierto por un glaciar (Snæfellsjökull) donde Julio Verne situó la entrada al centro de la Tierra, espectaculares cascadas, inmensos campos de lava, localizaciones de Juego de Tronos, fiordos, llanuras, pequeños pueblecitos pesqueros, acantilados inundados de aves, excursiones para ver mamíferos marinos….

El paisaje islandés es rudo, pero la ventaja del país es que su naturaleza indómita se halla, en la mayoría de los casos, accesible a pie de carretera. A otras más alejadas se puede llegar siguiendo unas atractivas rutas. La isla tiene en un pequeño territorio algunos de los paisajes más espectaculares del continente y unos incomparables fenómenos naturales (no nos olvidemos de las auroras).

Islandia está orgullosa de su pasado vikingo, pero también mira al futuro y es una sociedad moderna. Muestra de ello es su pequeña capital, Reikiavik, donde se unen pasado, presente y futuro. Tan pronto te encuentras con casitas de madera de colores, como otros edificios más vanguardistas.

Ciudad moderna, cosmopolita y acogedora, Reikiavik está llena de vida con numerosos museos, galerías de arte, tiendas, cafés, restaurantes y piscinas termales.

Islandia es una isla despoblada, de una belleza insultante  y cargada de aventura. Una tierra de mil colores, en la que el agua tiene un gran protagonismo, un territorio que huele a azufre. Pero sobre todo es un país plagado de magníficos paisajes que nuestra retina no podrá olvidar. Es de esos lugares a los que quiero volver. Quizá en invierno, quizá durante más tiempo.

El segundo y último viaje del año fue más local. Nos quedamos en España y visitamos Galicia, especialmente A Coruña, aunque también nos acercamos a Santiago e hicimos alguna parada por la Costa da Morte. También, de subida, hicimos dos breves paradas en Astorga y Lugo.

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Astorga, pese a ser una ciudad pequeña, es un importante nudo de comunicaciones entre la planicie del Páramo Leonés y los montes de León. No solo es la puerta natural de entrada a Galicia, sino que en ella confluyen dos caminos históricos de la península: la Vía de la Plata y el Camino de Santiago. Pasear por sus calles supone honrar su pasado romano y recordar épocas de esplendor en las que se construyeron la Catedral o el Palacio Episcopal.

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Lugo comparte con Astorga ese carácter romano, de cuando fue Lucus Augustus. De aquella época conserva la muralla construida entre los siglos III y IV, la única muralla romana declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y que delimita claramente la ciudad. Así pues, cuando se cuenta con poco tiempo como en nuestro caso, nos marca de forma evidente dónde queda el casco histórico. Además de pasear por sus calles y plazas, recorrerla también desde lo alto de la muralla aporta una perspectiva diferente.

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Santiago de Compostela, la capital de Galicia desde 1980, también tuvo sus murallas, pero que fueron derribadas en el siglo XIX. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO gracias a su belleza monumental, extraordinaria conservación y por ser el final del Camino de Santiago, prácticamente todo gira en torno a esta ruta de peregrinación milenaria. Y es que la urbe le debe gran parte de su desarrollo a la llegada continua de peregrinos. Y cómo no, su monumento por excelencia es la Catedral.

También pudimos recorrer un pequeño tramo de A Costa da Morte, un recorrido que se nos llevó por escarpados acantilados entre los que destaca el Cabo Fisterra, un lugar al que acuden muchos peregrinos para finalizar su camino con un ritual de inicio de una nueva vida antes de regresar a casa. Allí se erige a 138 metros sobre el nivel del mar el faro construido en 1853, todo un símbolo de la ciudad.

Y si hablamos de faros simbólicos no podemos olvidarnos de la Torre de Hércules, construida en A Coruña por los romanos para guiar sus rutas marítimas.

A Coruña, esa ciudad que ha tenido una historia llena de altos y bajos, como la marea. Su situación privilegiada desde el punto de vista geográfico ha atraído a diferentes civilizaciones a lo largo de los siglos. No solo a los romanos, sino también a los celtas, suevos, visigodos y vikingos. Esto ha dado como resultado una notable mezcla de culturas. Aunque también tiene su punto negativo, pues ha sido testigo de múltiples batallas, como por ejemplo las del siglo XVII entre Felipe II y la reina Isabel I de Inglaterra (una de las cuales encumbró a María Pita en heroína local) o las del siglo XIX contra el ejército napoleónico (la más famosa es la Batalla de A Coruña).

Hoy es una ciudad que en las últimas décadas (pese a perder la capitalidad) ha ido creciendo en lo económico, urbanístico y cultural. Se construyó el Paseo Marítimo más largo de Europa y el muelle de transatlánticos en plena ciudad, se planificaron parques y jardines, se creó una importante red de museos y una feria de muestras y actividades multiculturales… A Coruña sigue creciendo.

Galicia, tierra de leyendas y meigas, esconde muchos rincones que merecen ser descubiertos. Desde su naturaleza hasta sus ciudades llenas de historia pasando por sus pequeños pueblos de pescadores, sus costas rocosas, sus verdes praderas, sus frondosos bosques, sus playas interminables y sus misteriosas rías. Además, tiene buen clima y se come y bebe bien. ¿Qué más se puede pedir?

Con ella cerramos un 2019 poco viajero habiendo sumado tan solo un país (el 38 en mi caso), pero con muchos planes para 2020. No obstante, no nos podíamos imaginar ni de lejos lo que se nos venía encima con el Coronavirus.

Conclusiones de nuestra escapada a A Coruña

Hace unos años solíamos irnos en verano al norte de España huyendo del calor o nos escapábamos en algún puente de otoño o invierno a lugares más cálidos de la geografía española. Últimamente sin embargo nos habíamos centrado más en viajes internacionales, dejando un tanto abandonados los nacionales.

Cuando nuestro presupuesto era más limitado sí que nos movíamos más por España, sobre todo por la península, claro, pues cogíamos el coche, carretera y manta. Poco a poco fuimos visitando las principales ciudades del país. Y aunque ya hacía tiempo que habíamos estado en Santiago de Compostela, apenas nos habíamos movido por la provincia, así que, cuando surgió la oportunidad de hacer una escapada en el puente de diciembre, enseguida vino a nuestra mente A Coruña ciudad.

Contábamos con cinco días, pero quitando el de ida y el de vuelta, en realidad nos quedaban tres días hábiles. Pensamos que podríamos dedicar un día para Santiago y la Costa da Morte, otro para A Coruña y finalmente el tercero para la zona este desde Pontedeume hasta Cedeira. Sin embargo, esta planificación fue muy ambiciosa. Quizá si hubiéramos ido solos podríamos habernos ceñido a esta idea, pero al ir acompañados, el ritmo fue muy diferente. En primer lugar porque nos lo tomamos con más calma no madrugando en demasía, y después porque paramos a comer en restaurantes, lo que suele llevar bastante más tiempo. Al ser diciembre, los días también eran más cortos, por lo que cundían menos.

La parada en Astorga fue necesaria, no solo porque teníamos que parar a comer, sino también porque el viaje desde Madrid a A Coruña es largo y conviene hacer un descanso de vez en cuando. Es verdad que como comimos de menú, se nos echó un poco la hora encima y cuando paramos por segunda vez en Lugo casi era de noche y apenas pudimos dar más que un paseo al atardecer. Pero sí que teníamos claro que a la vuelta queríamos entretenernos menos, pues la entrada en coche a Madrid después de un puente es siempre complicada.

El día en Santiago de Compostela creo que sí que se nos dio bastante bien. Aunque nos quedaron cosas por ver (como por ejemplo el mercado en pleno apogeo), recorrimos la ciudad de forma tranquila descubriendo sus múltiples monumentos y disfrutando de sus animadas calles y plazas principales.

Sin embargo, de nuevo el parar a comer de menú nos llevó más tiempo del esperado y al final llegamos a la carrera a Muxía para ver el atardecer. Nos habría gustado parar en más pueblos pesqueros, en cabos y playas, pero nos quedamos sin luz a las 6 de la tarde, así que se hizo lo que se pudo.

También se nos quedó corto el día que habíamos pensado dedicar a A Coruña, ya que entre subir a la Torre de Hércules y acercarnos al Monte de San Pedro se nos fue prácticamente toda la mañana. De hecho, no nos dio tiempo a recorrer el parque cercano a la torre porque se nos echaba encima la hora de comer y por la tarde teníamos reserva en el MEGA. Sin duda habíamos calculado mal.

Para empezar, la visita a la Torre de Hércules y alrededores creo que bien merece de por sí que se le dedique una mañana. Es verdad que una vez arriba de la torre no hay mucho espacio y no se puede estar mucho tiempo para así facilitar que otros visitantes puedan otear los alrededores, pero su interior tiene mucha información interesante que entretiene. No solo se puede aprender sobre su construcción, sino sobre la historia de la ciudad.

El Monte, antiguo espacio militar reconvertido en uno de los mejores miradores de la ciudad, es un gran pulmón de la ciudad. Es un gran espacio en el que se podría pasar todo un día con picnic incluido. Nosotros estuvimos una hora a lo sumo en la que dimos un paseo y disfrutamos de las vistas.

La visita a MEGA con la que concluimos el día nos llevó toda la tarde. Contábamos con los 75 minutos que indicaban en su web y por eso elegimos la opción vespertina, para no quitarle tiempo a las horas de luz en el exterior. Pero claro, después tienes la degustación y se te va fácilmente otra hora y pico. Estábamos tan relajados disfrutando de la cerveza que, literalmente, nos invitaron a marchar porque tenían que cerrar.

En el recorrido por el museo destaca la interactividad, lo que hace entretenida la aproximación a la historia de la familia, de la cerveza, de la fábrica, así como de los materiales de elaboración, de la maquinaria utilizada y del envasado de la bebida.  Es verdad que lleva su tiempo, pero merece la pena.

Dado que una jornada no nos había dado ni de lejos para conocer A Coruña, nosotros decidimos quedarnos en la ciudad el último día, mientras nuestros compañeros de viaje (que ya conocían la ciudad) siguieron con la planificación original y se fueron para el este.

Dedicamos una mañana para recorrer el centro de la ciudad, que nos evoca las diferentes etapas que ha vivido A Coruña a lo largo de su historia. La parte vieja conserva aún residencias y casonas de las familias más nobles de las familias aristocráticas, lo que le confiere cierto aire distinguido.

Además, A Coruña ha sido siempre una ciudad ligada al mar, por lo que también abundan edificios de tradición pesquera. Y por supuesto, destacan sus dos fachadas marítimas. Por un lado una de aguas tranquilas, orientada a la ría, que es donde se ubica el puerto. Y por otro la que da a mar abierto y donde se extienden las dos principales playas urbanas: Riazór y Orzám.

Pese a todo, aunque no nos dio tiempo a cumplir con los objetivos que habíamos planteado en inicio, fue un viaje que disfrutamos. Quizá precisamente por eso, por levantar un poco el pie del acelerador y tomárnoslo con calma. No se puede decir que no aprovecháramos los pocos días que pasamos en tierras gallegas. Tuvimos tiempo para una sala de escape, visitamos la fábrica de cerveza y disfrutamos de la comida local entre otras cosas.

Porque claro, visitar Galicia y no probar las delicias locales es casi delito. Así que, dentro de nuestras limitaciones, probamos algunos platos típicos.

Así pues, pese a ser breve, fue un viaje que nos dejó un buen sabor de boca.

Escapada a A Coruña VIII: Paseo por A Coruña

Para el último día de esta breve escapada nos diversificamos porque nuestros compañeros querían ir a Ferrol y alrededores, pero nosotros sentíamos como que nos habíamos dejado mucho de A Coruña sin ver. Así pues, desayunamos tranquilamente y acabamos saliendo del apartamento a las 11:30. Como nos habíamos acostado tarde, nos lo tomamos con calma.

Nos fuimos al centro dando tranquilamente un paseo siguiendo la famosa Playa de Riazor. No es una playa de especial encanto, pero ofrece un tranquilo paseo marítimo que discurre por unas antiguas vías de tren. Cuando termina esta, al otro lado del rompeolas, continúa la playa de Orzán; sin embargo, ahí ya nos desviamos hacia la Rúa Teresa Herrera, que nos conducía a la Plaza de Lugo, donde se ubica el gran mercado de dos plantas.

El edificio original, realizado en hierro forjado, mármoles y mosaicos, fue inaugurado el 9 de abril de 1910 bajo el nombre de Eusebio da Guarda, pero fue derruido y vuelto a levantar en 1958. El que vemos hoy en día data de 2006, cuando se reformó de nuevo por completo y se le dio un aspecto más moderno. Le da la fama la planta baja, donde se ubican los puestos de pescados y mariscos. Sin embargo, en su parte exterior lo que se ven son sobre todo tiendas de ropa (sobre todo del grupo Inditex). La planta superior por su parte está destinada a otros productos frescos y alimentación en general.

En la plaza nos sorprendió la estatua de Ney, que resultó ser el perro de más famoso de A Coruña, que acompañaba a su dueña, la florista Marisol Paz en la venta de ramos y flores. Se ubica cerca de donde se encontraba el comercio, cerrado en 2016.

Y de plaza a plaza. Desde la de Lugo hasta la de Pontevedra, una plaza de forma irregular y aparente desestructuración, con un parque subterráneo, circulación constante, calles principales que confluyen en ella (calle San Andrés, calle Juan Flórez, calle Juana de Vega, calle Rubine), una cafetería-isla (La Cafetería Manhattan), varios edificios de renombre (el Instituto da Guarda, el edificio Ocaso, la Casa Salorio o el Edificio Escariz) y un parque.

Esta plaza era el lugar en que se encontraba el final de la muralla barroca que defendía el segundo crecimiento de la ciudad. Sin embargo, en el siglo XIX este muro era un obstáculo que impedía que la ciudad siguiera desarrollándose y modernizándose tal y como exigían la llegada del ferrocarril y la demanda del puerto; así pues, en 1869 comenzaron las obras de derribo y los barrios de Pescadería y Ensanche quedaron unidos.

El Instituto da Guarda, que fue el primer instituto de enseñanza secundaria que se construyó en la ciudad (1889) es el que define la nueva composición de la plaza una vez que se han echado abajo las murallas. Nombrado en honor al filántropo Eusebio da Guarda que promovió su construcción, cuenta con una planta rectangular de 50 metros de frente por 40 de lado distribuidos en tres pisos en torno a dos patios centrales, que quedan separados por una gran escalera central.

El espacio público se articuló en torno a él. Tales son los ejemplos de la Casa Salorio (1912), el Edificio Escariz (1925, 1930) o el Edificio Ocaso. Sin embargo, la plaza volvió a cambiar con la construcción del subterráneo, convirtiéndose en un espacio de hormigón vacío de zonas verdes. En los últimos años se han llevado a cabo varios proyectos de adecuación que buscaban la reorganización espacial, sin embargo, parece que ninguno termina de funcionar.

Desde allí tomamos la Calle de San Andrés y luego la de Santa Catalina, que nos condujeron al Obelisco, una idea de Narciso Obanza y Ricardo Caruncho que quisieron erigir en A Coruña un monumento similar al que se había instalado en la Plaza de la Concordia de París.

Inaugurado en 1895 y hoy lugar de encuentro para los coruñeses, el monumento es una columna hueca por dentro que cuenta con un reloj en la parte superior. En uno de sus lados se encuentra el busto en bronce de Aureliano Linares Rivas y en los otros podemos ver grabaciones de datos geográficos y meteorológicos de la ciudad. En 1951 fue aumentado en altura tras la construcción del Banco Hispano Americano para no quedar por debajo de este.

Muy cerca comienza la Calle Real, históricamente la calle de paseo y de compras por excelencia de la ciudad. Su nombre le viene dado porque suponía el camino principal de acceso a la ciudad antigua y lleva a la parte más importante de la ciudad: la Plaza de María Pita. En el pasado ha tenido no obstante otros nombres como Acevedo (varios períodos en el siglo XIX) o Rúa do Capitán Galán (1931-1936). Peatonal y llena de vida, es una de las más antiguas y principales a nivel comercial de la ciudad. En ella podemos observar casas adornadas con las típicas blancas galerías acristaladas.

El trazado actual es de 1791. Inicialmente comenzaba en la Plaza de San Jorge, situada delante de la antigua iglesia y cementerio del mismo nombre, que estaban situados donde hoy se erige el Teatro Rosalía de Castro.

Este teatro de estilo ecléctico data de 1841, aunque en 1867 sufrió un incendio y tuvo que ser reconstruido. En 1910 se adaptó además para proyecciones cinematográficas. Con un escenario de 150 m² y un aforo de más de 600 localidades repartidas entre el patio de butacas y cuatro niveles acoge los más prestigiosos eventos y espectáculos musicales.

Bordeando el teatro fuimos a dar a la Avenida de la Marina. Es una zona peatonal con el puerto a un lado y edificios de galerías acristaladas en el otro, todo un icono de la ciudad.

Bordeamos todo el puerto dando un paseo tranquilo disfrutando del día fresco y gris hasta llegar al Castillo de San Antón, que data del siglo XVI y formó parte de una fortaleza que defendía la ciudad de los ataques de los invasores (de hecho fue relevante en el asedio de la Armada Inglesa). Utilizado después como prisión, e incluso como área de cuarentena para los marineros que llegaban con alguna enfermedad, hoy en día alberga el Museo Arqueológico e Histórico de A Coruña.

Desde allí nos adentramos en la Ciudad Vieja, donde aún se conservan los restos de las antiguas murallas junto al Jardín de San Carlos, que inicialmente se concibió como castillo defensivo y hoy alberga el Archivo del Reino de Galicia.

Desde aquí nos adentramos por callejuelas en las que destacan sobre todo edificios religiosos. Por ejemplo, muy cerca de las murallas nos encontramos con las ruinas del Convento de San Francisco cuyo único vestigio es la torre del campanario del siglo XVI y la contigua Iglesia de la Tercera Orden, donde el emperador Carlos I celebró las Cortes de La Coruña en 1520.

Continuamos hasta la Plaza de la Constitución, flanqueada por el Pazo de Capitanía, la  Iglesia de Santiago y la Casa Museo Emilia Pardo Bazán. El primer Palacio de Capitanía se levantó en el siglo XVI en madera, así que el paso del tiempo hizo que se deteriorara de tal forma que en 1748, por Real Orden de Fernando VI, se proyectó reedificar uno nuevo que sirviera para alojar al capitán general y al tribunal de la Audiencia.

La Iglesia de Santiago es una de las construcciones más antiguas de la ciudad. De estilo románico del siglo XII (aunque con elementos posteriores del XIV y VV), cuenta en su fachada con un gran rosetón y en su portada con la imagen de Santiago Matamoros a caballo.

La Casa Museo Emilia Pardo Bazán está dedicada a la familia de la escritora y es además la sede de la Real Academia Gallega.

Tomando la Calle Sinagoga pasamos por la Colegiata de Santa María del Campo, construida entre los siglos XII y XV y que recibe la coletilla “del Campo” porque por aquel entonces se encontraba fuera de los límites de la ciudad. Con planta basilical de tres naves, destaca por sus tres portadas, especialmente por la principal. Aunque es de origen románico tardío, también tiene algunas influencias góticas posteriores. Y guarda parecido con la Iglesia de Santiago.

Muy cerca se halla el Convento de Santa Bárbara, un pequeño convento de monjas clarisas fundado en el siglo XIV y posteriormente integrado en la obediencia franciscana. Recibe este nombre porque parece que antes de ser erigido ya existía una ermita dedicada a la santa.

En una plaza cercana se erige el Convento de Santo Domingo, construido a finales del siglo XVI después de que el primer convento de la ciudad (que se encontraba extramuros) fuera incendiado por los piratas protestantes ingleses en 1589. No obstante, el que vemos hoy en día no es este que se acabó de construir en 1617, puesto que para finales del XVIII estaba tan deteriorado que tuvo que ser reedificado.

En 1836 fue desamortizado por las leyes de Mendizábal (aunque no la iglesia) y pasó a tener un uso militar. Cuando volvió a la orden a finales de siglo tuvo que ser ampliamente restaurado. Desde 1955 incluye también un colegio.

Volvimos sobre nuestros pasos y callejeando llegamos a la Plaza de María Pita, la más emblemática de la ciudad y que recibe este nombre en conmemoración a la heroína que luchó contra la invasión de las tropas británicas en 1589. De hecho, una escultura suya con una lanza en la mano derecha y el cuerpo sin vida de su marido en la izquierda preside la plaza de 10.000 m².

Este céntrico espacio es un lugar de encuentro entre los lugareños y de visita obligada para los visitantes. Al estar en época navideña, nos la encontramos ocupada con atracciones y casetas además de las terrazas cubiertas de los restaurantes localizados en los soportales.

No obstante, en su lado norte seguía destacando el Palacio Municipal, un edificio modernista construido a principios del siglo XX e inaugurado en 1927 por el rey Alfonso XIII.

De clara inspiración francesa, cuenta en su fachada de 64 metros con cuatro estatuas de piedra blanca que simbolizan a las cuatro provincias gallegas. En la parte superior destaca el escudo de la ciudad.

Desde el lateral del ayuntamiento, en la plaza del Marqués de San Martín, se ve la enésima iglesia de la ciudad, la Parroquia de San Jorge, un templo de tres naves en estilo barroco y clara influencia compostelana que fue construida a finales del siglo XVII. Primero sirvió como convento de la Compañía de Jesús y en 1774 se convirtió en Convento de Agustinos.

Tras la iglesia encontramos la curiosa Plaza del Humor. Proyectada en 1990 y diseñada por el dibujante, escritor y caricaturista Siro López en 1990 en la antigua Plaza de los Huevos está dedicada a personajes del género, tanto creadores, como figuras ficticias.

El suelo es de mármol y está dividido en dos niveles. En el superior destacan las estatuas de Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao y Álvaro Cunqueiro Mora sentados en un par de bancos de granito, uno frente al otro. En el inferior están dispuestas en pedestales los bustos de Julio Camba, Wenceslao Fernández Flórez y Vicente Risco, tres grandes del humor gallego. Además, en el centro hay una pequeña fuente llamada do Gatipedro, por contar con esta figura mitológica gallega descrita por Cunqueiro como un gato blanco con un cuerno oscuro en la cabeza por el que echa agua.

Por su parte en el suelo se pueden ver los dibujos de Groucho Marx, Cervantes o Mark Twain junto a los de Los Picapiedra, Laurel y Hardy, Charlot, Carlos y Snoopy, Mortadelo y Filemón, Cantinflas, Asterix y Obelix, la Pantera Rosa, Carpanta y Mafalda.

Ya se acercaba la hora de comer y comenzó a chispear. Como además la previsión meteorológica indicaba que el día no iba a remontar y nos quedaban pocas horas de luz, decidimos que lo mejor era volverse al apartamento a comer tranquilamente. Así pues, nos hicimos con unas empanadas y unas ensaladas y nos volvimos dando un paseo hasta Riazor.

Escapada a A Coruña VII: MEGA

Abandonando el restaurante, nos dirigimos al polígono de La Grela donde Hijos de Rivera ha utilizado parte de la antigua fábrica inaugurada en 1969 para crear el Mundo Estrella Galicia o MEGA. Este espacio de más de 2500 metros repartidos en cuatro alturas e inaugurado en 2019 permite hacer un recorrido desde la historia de la cerveza hasta la de las de la marca, pasando por la historia de la familia.

Llegamos a las 5 de la tarde, pero aún había un turno antes que el nuestro, por lo que tuvimos que esperar un poco. La visita se puede elegir bien por libre, o bien guiada como elegimos nosotros. Con una duración de 75 minutos nos incluía al final una degustación de 5 cervezas y una caña. Por lo que veo en su web ahora la han completado un poco más (y encarecido) y además de vivir la experiencia del tiraje (como en la Guiness) incluye algo que llaman kit de experiencias y que no es más que algo de merchandising de la marca.

Cuando llegó nuestra hora nos tomaron nota del correo electrónico y nos configuraron las pulseras que nos servirían para las experiencias interactivas del museo. Finalmente, tras dejar los abrigos en las taquillas, nos dirigimos al punto de encuentro de nuestro guía para comenzar con el itinerario.

Los Orígenes

La primera sala del museo nos ilustra tanto sobre el origen de la cerveza como el de la empresa. En los paneles informativos leemos cómo la cerveza se remonta a hace, al menos, 10.000 años, hacia finales del Paleolítico Superior, y cómo a lo largo de los siglos ha sido un alimento fundamental para muchas culturas y una bebida en constante evolución que se ha ido diversificando en varios estilos a lo largo de todo el globo terráqueo, cada una con su color, aroma y sabor. Las hay suaves, intensas, afrutadas, tostadas… Todo un mundo.

Estos estilos pueden clasificarse según diferentes criterios como pueden ser su tipo de fermentación, la región de origen, el color, la intensidad alcohólica…

Por ejemplo, según las características de la levadura utilizada encontramos tres grandes familias:

  • Ale: Son cervezas de fermentación alta. Se usan levaduras con tendencia a permanecer en la zona alta de los fermentadores, por lo que necesitan 3 días a una temperatura entre 16 y 26ºC.
  • Lager: Estas por el contrario son de fermentación baja. Las levaduras se quedan en el fondo de los fermentadores y por eso requieren unos 7 días a una temperatura entre 8 y 14ºC.
  • Lambic: En este caso la fermentación se produce como resultado del contacto del mosto con una mezcla de levaduras y bacterias presentes en el ambiente. Tarda unos 70 días a una temperatura entre 8 y 20ºC.

En cuanto a sus regiones, las cervezas se agrupan principalmente en las siguientes escuelas:

  • Norteamericana
  • Británica
  • Franco-Belga
  • Centroeuropea (Alemania, Austria y Chequia)
  • Otras: Argentina (IPAs locales), Australia (Australian Sparking Ale), Escandinavia (Baltic Porter y Sahtiales) y Polonia (Grodziskie).

Si nos ceñimos a los colores, principalmente se emplean dos métodos de clasificación: el método americano o SRM (Standard Reference Method) y el europeo o EBC (European Brewing Convention). Siguiendo el europeo hay básicamente tres:

  • EBC 4-12 (4, 6, 8, 12): Cervezas rubias, en tonalidades del amarillo pajizo al dorado.
  • EBC 12-44 (16, 20, 26, 33, 39): Cervezas tostadas que van del ámbar al café.
  • EBC 47-79 (47, 57, 69 y 79): Son las negras, del cobre oscuro al negro opaco.

La segunda parte de esta primera zona de, itinerario recorre la historia de la empresa hijos de Rivera ligada a la historia de la familia, claro.

En 1870 José María Rivera Corral, natural de As Pontes, A Coruña, zarpa rumbo a Cuba con tan solo 14 años. Cuatro años más tarde abandona el país para establecerse en Veracruz, México, donde abre los ultramarinos La Estrella de Oro. Regresa a España en 1890 y se instala en A Coruña, donde un par de años después se casa con Carmen Illade Rilo y con quien tiene en 1894 su primer hijo, Ramón Rivera Illade.

En 1901 José María invierte en la sociedad Casado, Hermanos y Cía, propietaria de la cerveza Osiris, entrando así en el negocio de la cerveza. Adquiere además la finca Los Manantiales, que tenía una situación estratégica por su proximidad al puerto y al ferrocarril (importante para la distribución de mercancías) aparte de un fácil acceso a aguas abundantes y de excelente calidad.

En 1906 crea la empresa Estrella de Galicia, dedicada a la fabricación de cerveza y hielo, que inicia su andadura en una fábrica en Cuatro Caminos, en el centro de A Coruña. Habría que esperar a principios de los 60 para que se trasladara la producción hasta la ubicación donde nos encontrábamos.

En 1910 se registra oficialmente la marca La Estrella de Galicia, que lleva en su etiqueta la estrella protectora del antiguo gremio de los maestros cerveceros, que simboliza en sus seis puntas cada uno de los procesos y elementos necesarios para la buena elaboración de la cerveza. En tiempos de analfabetismo donde la iconografía resultaba necesaria, la elección del logo no podría ser más adecuada. Hoy está hasta en el suelo del museo.

En 1920 Ramón Rivera Illade se gradúa como uno de los primeros maestros cerveceros de España en la Facultad de Ciencias de Nancy, y con él entra en el negocio cervecero una nueva generación de la familia. Un par de años más tarde se casa con Josefina Riguera Baamonde, con quien tiene a José María en 1923 y Ramón en 1926. En 1936, tras el fallecimiento de su padre, asume la dirección de la empresa y en 1940 constituye la sociedad Hijos de José María Rivera Limitada, culminando así el proceso de modernización financiera de la compañía.

Durante la Guerra Civil comienzan los problemas de abastecimiento de agua y cebada, que llevan a que en 1941, por única vez en su historia, la empresa tuviera que detener su producción durante dos años mientras buscaba nuevas vías de abastecimiento.

En 1949 Ramón Rivera Illade cede responsabilidades en la gerencia a sus hijos José María y Ramón, incorporándose así la tercera generación de la familia a la compañía. Aunque cuando fallece, en 1964, es su viuda, Josefina Riguera, quien asume la presidencia.

La década de los 70 son años de crecimiento. En 1962 se había concluido la fábrica de Cuatro Caminos, algo que permitió triplicar la producción. Para 1972, gracias a las nuevas instalaciones de la fábrica de A Grela y la mejora de las vías de distribución, Estrella Galicia (que había simplificado su nombre un año antes) se consolida como la marca de cerveza puntera en Galicia. Además, se empieza a producir un nuevo tipo de cerveza: la Especial Rivera, que se convertirá en el producto más emblemático de la marca hasta el presente.

Sin embargo, también son años de cambio en la estructura de la empresa, puesto que en 1973 fallece Ramón Rivera Riguera y dos años después su hermano José María. Ante el vacío ejecutivo, la madre de ambos confía la gerencia de la empresa a sus yernos Santiago Ojea, Ramón Blanco-Rajoy y Fernando Hernández.

Hoy en día la empresa ha seguido pasando de generación en generación y en 2012 fue nombrado CEO de Hijos de Rivera Ignacio Rivera Quintana, mientras que José María Rivera Trallero lo fue de Custom Drinks, compañía de la Corporación Hijos de Rivera que desarrolla su actividad en el I+ D+ i de formatos y productos. Y es que la empresa ha seguido expandiéndose llegando a tener presencia en más de 35 países y tiene una filial en Shangái, China.

Materias Primas

Una vez que hemos aprendido un poco sobre la cerveza en sí y hemos conocido cómo se fraguó la empresa, pasamos a descubrir las materias primas con las que se trabaja en Hijos de Rivera, que básicamente son 4: agua, lúpulo, cereales y levadura.

Los estilos clásicos del mundo cervecero están íntimamente ligados a las propiedades del agua de las ciudades donde se originaron. Por ejemplo, Dublín tiene un agua rica en calcio y pobre en sulfatos y resulta adecuada para la elaboración del estilo Stout; la de Plzen es pobre en minerales y es más propicia para las Pilsen;la de Burton es rica en sales minerales que favorece la fabricación de las Pale Ale; y el agua blanda de A Coruña presenta la composición fisioquímica ideal para la Lager.

El lúpulo es una planta trepadora de la familia de las cannabáceas que brota anualmente a partir de una cepa enterrada y tiene una vida útil de entre 12 y 15 años. Solamente se cultivan los pies femeninos que son los que aportan la flor. Sus resinas aportan el carácter amargo de las cervezas y los aceites esenciales los aromas. Pero además sirve como conservante natural y ayuda a la estabilidad microbiológica de la cerveza, facilita la digestibilidad y contribuye positivamente a la formación y calidad de la espuma. Según su aporte a la cerveza, las variedades de lúpulo se clasifican como amargas, aromáticas y mixtas.

En 1915 se comienza a cultivar lúpulo en Betanzos, que se convirtió en la primera capital de esta planta. Sin embargo, dejó de hacerse en 1982 y no se recuperó hasta 2004, esta vez en la plantación de Abegondo. Desde entonces se cultivan más de una decena de variedades.

En la fabricación de las cervezas de Hijos de Rivera se utilizan principalmente tres tipos:

  • Nugget: de carácter amargo y con fuerte aroma herbal y a maderas, es un poco picante con notas a pino y resina. Tiene su origen en EEUU en 1981 y no llega a España hasta 1993, alcanzando su extensión actual en 1998, representando el 98% de la superficie cultivada. Es el empleado en la Estrella Galicia 0.0, Estrella Galicia Especial, 1906 Red Vintage y 1906 Black Coupage
  • Perle: es una variedad aromática aunque puede usarse como amarga. Tiene notas frescas que recuerdan a la menta, con un toque especiado y ligeramente floral y frutal. Su origen está en Alemania en 1978 y empieza a cultivarse en España en 1998. SE usa en la Estrella Galicia 0.0, Estrella Galicia Especial y 1906 Reserva Especial.
  • Sladek: es una variedad aromática que también puede usarse como amarga. Tiene aromas verdes, a hierba, a especies y con notas cítricas. Su origen está en Chequia en 1994. Se emplea en La Estrella de Galicia y 1906 Black Coupage.

Los cereales son el tercer elemento imprescindible para la elaboración de la cerveza. Se pueden emplear diversos, pero la cebada siempre está presente, ya sea sola o acompañada de otros como trigo, maíz, arroz, sorgo, centeno o avena (estos reciben el nombre de adjuntos y pueden ser malteados o crudos). La cebada es el quinto más cultivado del mundo y para su uso cervecero es necesario transformarla en malta de cebada, para ello sigue un proceso de remojo, germinación, secado y tostado y finalmente desgerminación.

En las cervezas siempre están presentes una o varias maltas que se denominan maltas base, la malta Pilsen, la malta Pale Ale, la malta Viena y la malta Múnich. También existen maltas con un tostado más intenso, las conocidas como maltas tostadas. Y otras que se obtienen gracias a un proceso de secado/tostado muy particular, las denominadas como maltas caramelo/cristal.

En este caso, según los paneles que nos guían por el recorrido, se emplean maltas elaboradas a partir de cebadas cerveceras de dos carreras de primavera, sin trazas de organismos genéticamente modificados, provenientes de variedades recomendadas por asociaciones malteras europeas y que tienen que cumplir una serie de características físicoquímicas. Todas sus cervezas llevan tanto malta Pilsen como malta Tostada, aunque la proporción varía en función de cada receta. Mención especial merece la 1906 Black Coupage, en cuya elaboración se combinan cuatro variedades de maltas (pilsen y tostadas) obtenidas a través del malteado tradicional checo.

Por último hay que hablar de la levadura, que no es otra cosa que hongos unicelulares responsables de la fermentación del mosto cervecero. Durante la fermentación generan etanol, gas carbónico y compuestos que aportan aromas y sabores, elementos vitales en el perfil sensorial de la cerveza.  Cada tipo de levadura crea una cerveza diferente, pues, como vimos al principio del recorrido, dependerá de la fermentación.

En Hijos de Rivera se usa su propia cepa de levadura que es traída desde Weihenstephan (Alemania). En el Departamento de Calidad se encargan de iniciar su proliferación y a medida que se reproduce, se va trasegando a tanques de mayor tamaño en los que se controla la temperatura y su estado. La levadura cosechada al final de esta etapa se considera generación 0 y puede emplearse en los tanques de fermentación hasta un máximo de 8 veces. Una vez se ha usado este número de veces, es neutralizada y utilizada como complemento destinado a la alimentación animal. Empieza entonces un nuevo ciclo con una nueva generación de levadura.

Elaboración

Una vez que conocemos los elementos empleados, pasamos a la tercera parte del recorrido, donde nos explican todo el proceso para crear la cerveza que degustará el consumidor.

El principal atractivo de esta parte del itinerario es la sala de calderas, donde se conserva la maquinaria primigenia de la fábrica, así como los murales en alto relieve que Ángel Atienza creó en 1972 para la empresa y que recogen el origen de la cerveza.

Si en la zona de las materias primas pudimos probar tanto el lúpulo como la malta, en esta parte nos dieron a probar un vasito del mosto cervecero, el líquido resultante del proceso de cocción. Como aún no ha pasado por la fermentación y, por tanto no tiene alcohol, aún no es cerveza. Su aroma recuerda a una infusión de cereales con un sabor intensamente dulce aunque con un cierto regusto amargor proveniente del lúpulo.

Envasado y distribución

Tras la sala de calderas subimos a la planta superior, en cuyas dos salas siguientes nos explicaron todo el proceso de envasado y su posterior distribución. Desde una sala acristalada se puede ver en directo el ajetreo de la cadena de producción. Eso sí, siempre que no sea festivo como durante nuestra visita, que la encontramos vacía como el sol.

El envasado que emplean suele ser de dos tipos en función del canal de destino. Así, cuando es para el Canal Alimentación (hipermercados, supermercados, tiendas…) se emplean envases no retornables como latas y botellas; mientras que para el Canal Horeca (cervecerías, restaurantes…) se usan envases retornables como barriles y botellas. Estas últimas tienen mayor espesor que de las de alimentación y una vida media de siete vueltas.

En una de las paredes encontramos además una orgullosa vitrina en la que se exponen los premios obtenidos por sus cervezas (European Beer Star, Craft Beer Awards y World Beer Awards). Hace unas semanas además la 1906 Reserva Especial, la 1906 Red Vintage y la cerveza Lager negra 1906 Black Coupage se convirtieron en las mejores cervezas a nivel mundial al llevarse la máxima puntuación en el británico World Beer Challenge.

Siguiendo con el recorrido llegamos al área donde están expuestas cervezas artesanas y versiones especiales con marcado carácter gallego, como la de biduera, percebes o pimientos del padrón.

Y más adelante podemos ver la historia de la empresa a través de todos los envases empleados desde 1906 clasificados por estilo y por año. Por un lado en una pared están expuestas las botellas y latas. Y por otro, en el centro de la sala, los diferentes barriles.

En 1876 Pasteur publicó “Estudios sobre la cerveza”, lo que supuso el descubrimiento del papel de las bacterias en la descomposición de la cerveza y otros alimentos. Sin embargo, en MEGA descubrimos que hay un tipo de cerveza, la conocida como de bodega, que no está pasteurizada. Por ello es transportada con vehículos especializados donde se mantiene la temperatura y nivel carbónico óptimos y su consumo ha de ser más inmediato. Es más suave y, según nos comentó el guía, se acaba bebiendo más.

Publicidad y patrocinio

En este momento nuestro guía nos dejó a nuestro aire después de un breve repaso por las diferentes campañas publicitarias de la marca.

Y es que esta zona es sobre todo recreativa. Es muy interactiva y permite introducirnos en un concierto (Estrella Galicia patrocina el Festival Celta de Ortigueira desde 1995 entre otros), ponernos en la piel de jugadores de diferentes deportes, e incluso simular que estamos sobre la moto de Marc Márquez.

Degustación y talleres

Finalmente, tras más de una hora de recorrido, llegamos a la parte que todos estábamos esperando: el bar.  Con la entrada teníamos la oportunidad de degustar 5 tipos de cervezas, además de una consumición. Nosotros pensábamos que nos iban a dar a probar las clásicas de la marca: La Estrella de Galicia, Estrella Galicia, 1906, 1906 Red Vintage, 1906 Black Coupage.

Pero no, las elegidas fueron la tostada O’haras (en 2017 Hijos de Rivera adquirió el 32% de la compañía familiar irlandesa Carlow Brewing Company), una Galician Indian Pale Lager, la de Pimientos del Padrón, la 1906 y la Estrella Galicia.

Nos decepcionó un poco la elección, y más aún al probarlas. Las dos últimas ya las teníamos testadas y no había mucho que descubrir. La O’haras tenía un pase, pero la IPL no nos gustó nada. La de los pimientos de padrón es curiosa con ese regusto aromático, pero claro, ¿a qué estamos? Porque cuando bebes cerveza, pese a que sea rubia, tostada, intermedia, lager, ale… al final esperas el sabor a cerveza, no a bourbon, a castañas, a percebes o a pimientos del padrón. Será que somos muy puristas.

Mientras saboreábamos la caña posterior, dimos una vuelta por el bar, donde encontramos expuestos grifos de lo más originales y la zona de talleres.

Este último espacio estaba cubierto por una vitrina que mostraba la evolución de la cristalería de Hijos de Rivera organizada por tipo de cerveza y año. Y es que la forma, las dimensiones y la capacidad del recipiente, ya sea vaso, copa o jarra influyen significativamente en las sensaciones que se van a percibir al degustar la cerveza.

Tienda

Para concluir, la última sala del museo es la tienda, donde se puede comprar todo tipo de objetos con el logo de la marca o alguna cerveza edición especial.

Nos marchamos al cierre, de hecho, podemos decir que casi nos echaron. Estábamos muy a gusto con nuestra caña y la visita había sido muy entretenida. El recorrido de 75 minutos se hace muy ameno y didáctico gracias a los recursos interactivos.

Para concluir el día volvimos al apartamento a dejar el coche y en su lugar tomamos un bus junto al estadio del Dépor para dar un paseo por el iluminado centro y buscar un sitio donde tapear.

Sobre las 23:30 emprendimos el regreso al apartamento dando un tranquilo paseo. Con la tontería nos dio casi la media noche para cuando llegamos a dormir.

Escapada a A Coruña VI: Monte de San Pedro

Tras abandonar la Torre de Hércules y dar un paseo por su parque, tomamos el coche hasta el Monte de San Pedro, al otro lado de la bahía. Con una superficie de 78.339 m² y una altitud de 142 metros sobre el nivel del mar, es uno de los mejores miradores de la ciudad gracias a su posición estratégica dominando el mar abierto.

Este antiguo espacio militar que en realidad no llegó a ser usado como medio de defensa se reconvirtió a finales de siglo pasado en el pulmón verde de A Coruña. Y es que la ciudad adolecía de espacios urbanos con extensión suficiente como para ubicar un parque y se miró entonces a la periferia.

El parque cuenta con aparcamiento, un restaurante, un Centro de Interpretación de las baterías del Monte de San Pedro, zonas de juegos infantiles, merendero, un laberinto inglés confeccionado con plantas italianas (lo encontramos en obras), un estanque con patos y hasta un ascensor panorámico (3€ por viaje).

Además, se puede visitar de forma gratuita la Cúpula Atlántica, el único mirador cubierto de España que ofrece una vista de 360º y que cuenta con elementos interactivos, contenidos audiovisuales y pantallas táctiles que nos permiten conocer más a fondo A Coruña.

Tras dar un paseo y con la hora de la comida encima, nos fuimos a comer al Restaurante A Peneira, que nos lo habían recomendado. Elegimos cuatro platos para compartir, dos primeros y dos segundos. Por un lado almejas a la marinera y salpicón y por otro lado merluza en salsa “A Peneira” y parrillada de pescado.

Comimos bien, aunque como estaban a tope (estábamos en medio de un puente) y tardaron en servirnos entre plato y plato, tuvimos que marcharnos sin comer postre porque si no, no llegaríamos a la reserva de la Fábrica de Estrella Galicia. Aunque por lo que vimos, había unas milhojas muy populares. Otra vez será.

Escapada a A Coruña V: la Torre de Hércules

Para este segundo día en Galicia nos quedamos en A Coruña. El día amaneció nublado, por lo que no sabíamos muy bien qué esperar de la climatología. Aún así, desayunamos y nos pusimos en marcha un poco más tarde que el día anterior; acabamos saliendo pasadas las 10. Queríamos empezar por la Torre de Hércules, que se hallaba en la otra punta de la ciudad, así que nos fuimos en coche hasta allí. Aparcamos junto al Centro de Información y Atención al Visitante, donde venden las entradas (el lunes es gratuito). Teníamos nuestras dudas de si íbamos a poder ver algo con el día encapotado, pero no nos quedaban muchos más días para elegir, así que al final nos arriesgamos con el turno de las 11.

En este centro, además de retirar el pase de acceso, también se puede visitar una exposición en la que se cuenta la historia del faro, se da un poco de contexto del Imperio Romano y se muestra la evolución de los navíos que han pasado por la costa.

También encontramos una estatua de Hércules, y varias maquetas de la torre.

Algo puestos en situación sobre lo que íbamos a visitar, nos dirigimos hacia el faro, pues era casi la hora de acceso.

Este símbolo de la ciudad se erige en un cerro a 60 metros del nivel del mar en la costa norte de la península coruñesa. Desde este promontorio privilegiado se domina todo el Golfo Ártabro, que va desde el cabo San Adrián al Prior. Cuando la torre fue construida quedaba lejos de la ciudad romana de Brigantium que dio origen a A Coruña, sin embargo, con el paso del tiempo y la expansión urbanística, esta quedó integrada. No obstante, queda algo separada ya que se ubica en un gran parque urbano de 50 hectáreas de suelo rústico de especial protección y dedicado a zona verde.

Declarada Bien de Interés Cultural en 1931 y monumento Patrimonio de la Humanidad en 2009, y aunque aún quedan muchas incógnitas sobre su origen y aspecto primitivo, lo cierto es que las excavaciones arqueológicas, el estudio de los paramentos arquitectónicos y de los métodos constructivos así como la documentación conservada permiten asegurar que construida por los romanos sobre la segunda mitad del siglo I o en los primeros años del siglo II d.C. Esto la convierte en el faro romano más antiguo del mundo y el único que mantiene su función primigenia desde sus orígenes hasta la actualidad. Por la inscripción conservada al pie de la Torre, sabemos que su constructor fue Gaio Sevio Lupo, arquitecto de la actual ciudad de Coimbra en Portugal.

Cuando los romanos conquistaron el Occidente europeo la bahía coruñesa adquirió una gran importancia en las rutas comerciales marítimas entre el Mediterráneo y las zonas costeras noratlánticas. La construcción de una torre de observación y señales a la entrada de los puertos era algo muy normal en aquella época (y más en una costa tan escarpada y peligrosa como esta). Claros ejemplos son los desaparecidos faros de Alejandría, Ostia, Leptis Magna y Messina.

Con la caída del Imperio Romano en el siglo V los reinos germanos que le sucedieron no fueron capaces de mantener el tráfico marítimo y las intensas relaciones comerciales de la época romana. Las costas y los puertos se volvieron inseguros al no quedar flotas que protegieran las naves mercantes. Con esta situación la Torre de Hércules experimentó un progresivo deterioro que acabó con su muro perimetral exterior y la rampa de acceso. Con las incursiones de pueblos suevos y normandos dejó de cumplir su función como faro y se convirtió entonces en castillo de marcado carácter militar y defensivo frente a las amenazas del mar.

En el siglo XIII la torre quedó abandonada y aunque la lluvia, el viento y el salitre de los temporales de invierno tuvieron parte de culpa en su deterioro, la acción humana también tuvo que ver, ya que los restos del muro y la rampa fueron utilizados como cantera para las construcciones y fortificaciones (como el Castillo de San Antón y las murallas) que se realizaron en la época en la ciudad.

Esto no fue prohibido hasta el siglo XVI, momento en que además se impulsaron una serie de trabajos de recuperación, consolidación y mejora del edificio. Y dado que la rampa de acceso había desaparecido, se compró madera para construir una escalera interior que permitiera llegar a la linterna del faro. El tráfico marino se había intensificado de forma significativa gracias al comercio peninsular e internacional con Europa y América, por lo que el Ayuntamiento decidió recuperar la Torre de Hércules como señal marítima además de atalaya.

Los cónsules de Inglaterra, Holanda y Flandes propusieron durante estas obras que se construyeran dos torretas de piedra coronadas con sendas farolas. Estas fueron costeadas por una tasa que debían pagar todos los barcos que arribasen a los puertos gallegos. No obstante, pronto se puso de manifiesto que estas farolas eran insuficientes. Además, en una dejó de funcionar, y más tarde, en 1769, un trueno fulminó la otra. De forma temporal, se colocaron tres farolas portátiles en lugar de la primera, pero resultaron imposibles de encender cuando hacía temporal.

A finales del siglo XVIII La Coruña vivió una intensa actividad marítima gracias al comercio con las Indias. Además, la proximidad al puerto de Ferrol (base principal de la armada española) hizo que el golfo Ártabro se convirtiera en una zona de paso obligada para las flotas militares. Sin embargo, la torre estaba en continuo deterioro y amenazaba con derrumbarse, por lo que en 1785, el Ministerio de la Marina decidió que era momento de que se estudiara su futuro como parte del plan general de mejora y modernización del puerto, pues era necesario dotarlo de un faro que guiara e hiciera más segura la navegación. En un principio se valoró su demolición y construcción de uno nuevo, sin embargo, el ingeniero militar Manuel de Navacerrada tras un informe exhaustivo concluyó que lo más económico sería conservar la estructura del faro romano y adaptar la torre a los avances técnicos de la época. Esto permitía además consolidar un monumento que ya se había convertido en el símbolo de la ciudad al incorporarla el Ayuntamiento como tema para su escudo a finales del siglo XV.

El 4 de enero de 1788 el rey Carlos III autorizó dichos trabajos con el ingeniero militar Eustaquio Giannini a la cabeza que acabaron prolongándose dos años. Entonces se consolidó la estructura romana, se sustituyó la linterna del faro por un remate a base de un doble cuerpo octogonal y se construyó una nueva escalera de piedra con pasamanos de madera. Además se revistió el núcleo romano con unas nuevas fachadas en las que se reutilizaron parte de los materiales procedentes de la linterna y se dejó el recuerdo de la huella de la rampa por medio de una moldura que recorre las cuatro fachadas. La decoración neoclásica externa simuló la sencillez del faro romano, respetando las bandas de la rampa que, al quedar a la vista durante la Edad Media, había formado parte del símbolo y escudo primitivo de la ciudad. Poco después se acondicionó también el entorno, construyéndose un camino de acceso y una plataforma que rodearía la base de la torre (aunque esta no estaría terminada hasta 1861). Se levantó además una caseta de piedra para proteger la inscripción romana.

A principios del siglo XIX se sustituyó la farola de carbón por un nuevo fanal giratorio alimentado con aceite. Esto hizo que Giannini tuviera que introducir modificaciones en la cima de la torre eliminando la cubierta de la parte superior y colocando una linterna de cristal que aún se conserva. Además se instaló un pararrayos. A mediados de siglo se sustituyó la lámpara por un aparato catadióptico que la colocó a la vanguardia de los sistemas de iluminación marítima. 

En 1927 se realizó la electrificación del faro y en la actualidad, cada noche, emite un grupo de 4 destellos blancos visibles a 24 millas en un intervalo de 20 segundos. Cuando hay niebla se complementa además con una señal sonora audible a 7 millas.

La visita a la torre permite apreciar las últimas excavaciones llevadas a cabo entre 1992 y 1994. Nada más pasar el control de acceso nos encontramos con la antigua linterna del faro romano y, siguiendo las indicaciones y paneles, vamos descubriendo vestigios de este faro hermanado con la Estatua de la Libertad y el Faro del Morro (Cuba).

Tras subir los 234 escalones, se llega al pequeño mirador que la rodea, desde donde se puede contemplar una espectacular vista no solo de la ciudad de A Coruña, sino incluso de las rías de Sada y Betanzos, Ares y Ferrol en el oeste y las islas Sisargas frente a Malpica.

Después de unos minutos oteando el horizonte, volvimos a bajar (con precaución, porque las escaleras tienen tramos estrechos y con gente que quiere subir) y concluimos nuestra visita. Para cuando salimos el día se había despejado y no quedaba nada de aquella niebla con la que nos habíamos levantado. Paseamos entonces por los alrededores de la torre, un espacio verde conocido como el Parque Escultórico de la Torre de Hércules y que se extiende por la península de la torre, Punta Herminia, O Acoroado y el Cabal de Pradeira, a lo largo de 47 hectáreas. A los pies de la torre se halla la Rosa de los Vientos, un mosaico circular de 25 metros de diámetro del artista Xavier Correa Corredoira.

Representa una gran rosa náutica en la que quedan recogidos los puntos cardinales. Están también representados los siete grandes pueblos celtas y sus correspondientes iconos.

En el parque se pueden encontrar diversas esculturas como Hércules en la nave de los Argonautas, la Copa del Sol, Caronte, Breogán, la Hidra de Lerna, Ara Solis, el combate entre Hércules y Gerión, los Menhires, la caracola o el monumento a los fusilados en la Guerra Civil.

No lo recorrimos entero, pues era media mañana y queríamos acercarnos al Monte de San Pedro antes de comer. Además, por la tarde teníamos visita en la Fábrica de Estrella Galicia, así que no nos podíamos demorar mucho. Volvimos pues al coche y nos dirigimos a la otra punta de la ciudad.

Escapada a A Coruña IV: Ézaro, Fisterra y Muxía

Dejando atrás Santiago, pusimos rumbo a la costa, realizando una parada en el Miradoiro de Louredo, un mirador ubicado en las inmediaciones de la carretera provincial que une O Viso con Paxareiras. El encanto de este lugar es que se halla a 200 metros sobre el nivel del mar y permite, gracias a su situación estratégica, apreciar una panorámica que abarca el valle de Carnota y los 7 kilómetros de la playa más larga de Galicia, pero también permite contemplar el Monte Pundo y distinguir al fondo la silueta del Cabo Fisterra.

El espacio se adecentó en 2017 gracias a fondos europeos y desde entonces cuenta con una zona ajardinada con bancos de piedra que permiten observar el mar, así como un pequeño merendero en uno de sus laterales. Y fue adornado recientemente con la obra del escultor y pintor local Nando Lestón que pretende recordar el gran incendio que afectó al monte Pindo en octubre de 2005.

También podemos encontrar indicaciones para hacer una Senda Verde, una ruta de alto valor botánico y paisajístico que lleva por lugares como A Torre dos Mouros, o Castro de Mallou, os petroglifos do Filladuiro, As Laxiñas, Porta Ventosa, A Laxe Escrita e Prousos Magos, o Bico do Santo, a Fervenza de Pedrafigueira y a Carballeira do Rego de Lariño.

Tras una breve parada, continuamos nuestro camino hasta Ézaro, en plena Costa da Morte, donde nos asomamos a su mirador situado a 273 metros sobre el nivel del mar. Desde él se puede contemplar el Monte Pindo y el valle del Río Xallas, su desembocadura, el Cabo Fisterra, las Islas Lobeiras, el embalse de Santa Uxía y los pueblos de O Pindo y O Ézaro.

Durante la subida vimos varias alusiones al ciclismo (carteles y esculturas), y es que fue final de una etapa de la Vuelta Ciclista a España en 2012 y formó parte del recorrido del año siguiente. Y ya hay que echarle riñones, porque la subida tiene una pendiente del 30%.

Bajamos después al pueblo, desde donde dejamos el coche para dirigirnos a la cascada. Para acceder a ella hay que dejar a mano izquierda la central hidroeléctrica de Castrelo, que ahora se ha habilitado como centro de interpretación de la electricidad. Unas escaleras conducen a una pasarela con barandilla que hace el camino más sencillo hasta el pie de la cascada, donde concluye a modo de balcón.

Desde este balcón parece que había otras escaleras que permitían acercarse aún más, pero parecían haber sufrido algún percance. No obstante, con mucho cuidado, bajamos por una gran piedra hasta prácticamente la orilla del río.

El agua desciende por las paredes de granito del monte O Pindo, aunque el caudal está regulado por la presa artificial de Santa Uxía que se construyó a finales de los 80. Lo que la hace peculiar es que el río Xallas se precipita directamente al mar, siendo la única cascada de Europa que desemboca directamente en el Océano Atlántico.

Como curiosidad, en los sábados y vísperas de festivos entre el 21 de junio y el 21 de septiembre de 11 a 12 de la noche la cascada puede verse iluminada.

Como ya era la hora de comer, volvimos al coche y pusimos rumbo a Fisterra, donde buscamos un restaurante, algo nada sencillo, pues estaba todo bastante completo.

Tras un paseo por el pueblo encontramos mesa en el Café Bar Restaurante Solpor, donde comimos muy bien y abundante. Porque en Galicia si pides una sopa no te ponen un plato o un tazón, sino que te traen directamente un puchero del que comen 3. El pescado estaba fresco y jugoso y los postres deliciosos. Tenían varias tartas a elegir y todas las que probamos estaban espectaculares.

Con el estómago lleno dimos un paseo por el pueblo y nos dirigimos al Cabo Fisterra. Según las crónicas antiguas, los conquistadores romanos observaron en el siglo II a.C. con temor cómo el sol se fundía en el horizonte y fascinados lo establecieron como el final de la Tierra. Durante miles de años se pensó que el sol se apagaba cada día y que se abría un mundo de tinieblas.

También, durante mucho tiempo se ha considerado a Fisterra el punto más occidental de la Península Ibérica (y por tanto de la Europa continental), sin embargo este es el Cabo da Roca, en Sintra, Portugal. El punto más al Oeste de España es el Cabo Touriñán, en Mugía.

Hasta aquí se prolonga el Camino de Santiago. Y es que hay peregrinos que continúan otros 100 kilómetros más después de llegar a la Plaza del Obradoiro y realizan en Fisterra un ritual de inicio de una nueva vida antes de regresar a casa. Este consiste en bañarse en la playa de Langosteira para purificar el cuerpo y limpiarse del polvo del camino; en subir después al faro y quemar las botas desgastadas como gesto de acabar con lo material; y finalmente sentarse a contemplar el atardecer como símbolo de muerte y resurrección. Aunque era aún pronto para el ocaso, ya había mucha gente sentada en las rocas contemplando el océano. Nosotros, sin embargo, dimos una vuelta por los alrededores.

El faro, con su torre octogonal de 17 metros de altura, preside el cabo. Construido en 1853 a 138 metros sobre el nivel del mar, se puede ver en un día despejado a 30 millas náuticas de la costa, y es que no hay que olvidar que la costa noroeste de Galicia es escarpada y traicionera, y más en días de tempestad. Recibe el nombre de Costa da Morte (Costa de la Muerte) por algo.

Como aún eran las 5 y aún teníamos una hora más de luz, continuamos hacia el norte con intención de parar en algún pueblo a ver atardecer. Este resultó ser Muxía, uno de los pueblos marineros de Galicia que quedó más castigado por la marea negra del Prestige. Al ser festivo, apenas había gente por la calle y el pueblo estaba bastante tranquilo, pero el día no nos daba para mucho más, así que simplemente nos asomamos al mar para ver cómo el sol se iba apagando poco a poco.

Cuando este se ocultó completamente volvimos al coche y regresamos a A Coruña, donde, tras aparcar, nos acercamos al centro comercial Los Rosales para comprar la cena y dar por concluida la jornada.

Escapada a A Coruña III: Santiago de Compostela

A nuestra llegada el día anterior ya habíamos visto la playa de Riazor desde las ventanas del piso donde nos alojábamos, sin embargo la panorámica no tiene nada que ver con la que pudimos disfrutar cuando nos levantamos con el amanecer de fondo.

Desayunamos tranquilamente, nos preparamos y abandonamos A Coruña a las 9 de la mañana. Una hora y media apenas después llegamos a Santiago, capital de Galicia y ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO gracias a su belleza monumental, extraordinaria conservación y por ser el final de la milenaria ruta de peregrinación que es el Camino de Santiago.

La ciudad de Santiago de Compostela nació en el año 830, no obstante, existen indicios arqueológicos que demuestran que en el lugar donde se halla ya se asentaba en la Antigüedad una villa romana que pudo alcanzar una cierta importancia y que persistió hasta el siglo VII. La fundación viene de la mano del descubrimiento en el 813 de la tumba del Apóstol Santiago, a quien el rey asturiano Alfonso II declaró Santo Patrón del Reino. Fue entonces cuando la urbe se convirtió en un lugar de culto para la cristiandad de Occidente (además de punto de encuentro de diversas corrientes de pensamiento y cultura) frente a la expansión musulmana.

En el año 1075 comenzó la construcción de la gran catedral románica que fue creciendo a la vez que lo hacía la ciudad. Para el siglo XIII el templo estaba en su máximo esplendor y atraía cada vez a más fieles, sobre todo provenientes del Camino Francés, lo que favoreció la aparición de conventos extramuros como el de San Francisco, Santo Domingo, Santa Clara o Belvís para acoger a los peregrinos.

Poco a poco la ciudad histórica se fue configurando y a lo largo de la Baja Edad Media Santiago era ya un importante núcleo industrial y comercial. A finales de la Edad Media adquirió además una relevante posición como ciudad académica y estudiantil tras la fundación del Colegio de Estudiantes Pobres (germen de la actual Universidad) en 1525.

Con la fundación del Hospital Real se abrió un período de transformación urbanística con la Catedral como núcleo y que concluyó en el XVIII renovando gran parte de sus edificios que aún mantenían buena parte de las características de la época medieval.

En el siglo XIX se eliminaron las murallas de la ciudad y se produjeron dos importantes construcciones: la del Mercado de Abastos y la del Parque de la Alameda. Finalmente, en el siglo pasado la especulación inmobiliaria dio lugar al Ensanche. Aunque un hecho decisivo para la ciudad fue el nacimiento en 1980 de la Comunidad Autónoma de Galicia, ya que Santiago se convirtió en la capital política y administrativa de la región.

Aparcamos cerca de la Rúa das Rodas y desde allí nos adentramos en el casco histórico, comenzando por la Praza San Martiño, donde se erige la Iglesia de San Martín Pinario, un templo de planta de cruz latina con tres naves en el brazo principal y una en el transversal.

Forma conjunto con el Monasterio de San Martín Pinario, que ocupa toda una manzana, aunque para ver la fachada de este hay que continuar hasta la Plaza de la Inmaculada.

Fundado en el siglo X y perteneciente a la orden benedictina, hoy en día una parte es el Seminario Mayor Compostelano, que funciona como albergue de peregrinos. Es el segundo edificio religioso más grande de España, solo superado por el Monasterio de El Escorial. Destaca por su fachada en forma de retablo a la que se accede por una gran escalinata.

Desde allí nos dirigimos al punto clave de la ciudad: la Plaza del Obradoiro, la principal de Santiago, su kilómetro 0. Allí se erige la Catedral, que queda flanqueada por otros edificios históricos como el Hospital de los Reyes Católicos, el Pazo de Raxoi, el Pazo de Xelmirez y el Colexio de San Xerome.

Mirando a la Catedral, a mano izquierda queda el Hospital de los Reyes Católicos, que fue construido en 1501 por orden de los Reyes Católicos tras visitar Santiago para dar cobijo a los peregrinos que llegaban a la ciudad agotados (y a veces incluso enfermos). Hoy este edificio de puro estilo plateresco es el Parador de Santiago y no tiene precios precisamente populares. 

Frente a la Catedral se erige el Pazo de Raxoi, mandado construir en 1766 por el arzobispo Raxoi (de ahí su nombre) como residencia para los niños del coro y seminaristas. En la actualidad ha sido reconvertido en la sede del Ayuntamiento de la ciudad, del Consello da Cultura Galega y de algunas dependencias del Gobierno de la Xunta de Galicia.

Cerrando la plaza se halla el Colexio de San Xerome. Este edificio no es el mismo en que se originó, pues fue comprado por los monjes para ampliar el convento (aunque conserva en la entrada la portada románico-gótica del colegio original). Establecido por el arzobispo Fonseca III para estudiantes pobres, hoy alberga el Rectorado de la Universidad.

Y finalmente nos queda mirar a la Catedral, el emblema de Santiago de Compostela, el lugar al que están deseando llegar los extasiados peregrinos tras hacer un viaje tanto físico como espiritual o reflexivo. Y es que aunque cada vez hay más gente que hace el camino sin connotación religiosa, la tradición continúa viva.

Construida para albergar el sepulcro del Apóstol Santiago muestra una combinación de estilos arquitectónicos consecuencia directa del tiempo que tardaron las obras. Los trabajos se iniciaron en 1075 bajo las órdenes de Bernardo el Viejo y Roberto. Sin embargo, tuvieron que parar cuando el obispo fue encarcelado y no se reanudaron hasta que no se nombró un nuevo en 1100. Esta vez estaba al mando el Maestro Esteban.

Entre 1168 y 1188 le tomó el relevo el Maestro Mateo, con quien arrancó la segunda gran campaña de edificación de la catedral. Este hombre era el artista más importante de su época en toda la Península y fue quien dotó a la fachada principal del famoso Pórtico del Gloria.

Concluida en 1211 la catedral aúna elementos en estilo románico, barroco y gótico. Y por su belleza y representatividad de estos tres estilos arquitectónicos fue declarada Bien de Interés Cultural en 1986. Se puede acceder a su interior previo pago para seguir la tradición peregrina de abrazar la estatua del Apóstol o ver su famoso botafumeiro.

Nosotros decidimos continuar con nuestra visita de la ciudad poniendo rumbo al Parque de la Alameda, uno de los grandes pulmones verdes de la ciudad y que ofrece unas buenas vistas de la ciudad y en especial de la Catedral. 

El Parque se divide en tres partes: el Paseo de la Alameda, la Carballeira de Santa Susana y el Paseo de la Herradura. Y en su misma entrada nos encontramos con la escultura dedicada a Las dos Marías (As dúas Marías), Maruxa y Coralia, dos hermanas que salían salir a pasear por el centro cada día a las 2 de la tarde (por eso también se las conocía como las dos en punto), vestidas de manera llamativa e intentaban ligar con los universitarios.

En el parque encontramos dos estatuas más, la de la escritora gallega Rosalía de Castro y la del dramaturgo Valle-Inclán, que está sentado en un banco con unas vistas inmejorables.

Abandonando el parque regresamos al casco histórico tomando la Rúa da Porta Faxeira y callejeamos por las callejuelas y plazas que abundan en la zona vieja de la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985. Es una zona plagada de casas señoriales, parroquias, conventos, palacios, bellas estatuas y ornamentadas fuentes que hacen que el paseo merezca la pena.

Fuimos a desembocar, como no podía ser de otra manera a la Rúa do Franco / Rúa do Vilar / Rúa Nova, que también recibe el sobrenombre de Calle de los Vinos, pues es donde se concentran la mayoría de bares y restaurantes del casco histórico. Es famosa la ruta París – Dakar, que consiste en tomarse un Ribeiro en cada uno de los más de 20 locales de la calle. Y, ¿por qué recibe el nombre del rally? Pues porque se empieza en el París y se termina en el Dakar. 

Abandonamos esta calle animada y nos dirigimos hacia el Mercado de Abastos. Antes pasamos por el Arco de Mazarelos, la única de las siete puertas que tenía el Santiago amurallado.

Extramuros nos encontramos con el Convento Mercedarias descalzas. Fundado en 1671 por el Arzobispo Antonio Girón, es de estilo barroco-neoclásico

Cuando llegamos al Mercado de Abastos aún no estaba en pleno funcionamiento. Muchos locales aún estaban cerrados y los que habían abierto estaban preparando aún mesas y género. Sin embargo, parece que es un espacio que alcanza un gran bullicio y trasiego a lo largo del día.

Construido en 1941 en la plaza que en su día albergó el antiguo ayuntamiento y el mercado hasta su traslado a finales del siglo XIX, en él se pueden encontrar puestos de marisco, pescado, fruta, verdura, carne, empanada, queso e incluso leche fresca… Por supuesto, todo local. Y además de hacer la compra, también se puede pedir (con un incremento en el precio) en los restaurantes del edificio, que te cocinen los productos que acabas de adquirir.

Tomando la Rúa do Preguntorio llegamos a la Plaza Cervantes, uno de los puntos más famosos de encuentro entre los lugareños. Ya en el siglo II este lugar era el foro de Santiago y en él se leían los mandatos del arzobispo

No muy lejos, en la parte trasera de la Catedral, se halla la Praza da Quintana, el mejor sitio para ver la Torre del Reloj, llamada Berenguela.

La plaza está dividida en dos partes: la parte alta, también conocida como Quintana de Vivos, y la parte baja, que fue un cementerio hasta 1780 y recibe el nombre de Quintana de Mortos. 

Queda franqueada, además de por la fachada trasera de la Catedral, por el Convento San Paio de Antealtares y la Casa de la Conga.

Acabamos nuestra visita en la capital antes de regresar al coche en la Plaza de Praterías, lugar donde en la Edad Media estaban los talleres de orfebres. 

En el centro se erige la Fuente de los Caballos, una de las más bonitas de la ciudad. Detrás se halla la curiosa casa barroca llamada Casa del Cabildo, donde normalmente hay exposiciones temporales y que, a pesar de parecer enorme, en realidad solo cuenta con 3 metros de fondo.

Desde allí, cerca de las 12 de la mañana, retornamos al coche para poner rumbo a la costa y continuar el día.

Escapada a A Coruña II: Lugo

Tras abandonar Astorga, pusimos rumbo a Galicia. Y, aunque ya se nos estaba haciendo de noche, pues eran más de las seis de la tarde, decidimos hacer una breve parada en Lugo para estirar las piernas.

Asentada en el interior de la provincia sobre un cerro a orillas del río Miño, Lugo fue fundada en el 25 a. C por el magistrado romano Paulo Fabio Máximo. A pesar de ser una ciudad pequeña, su encanto reside en que conserva importantes huellas de aquella Lucus Augusti, entre ellas la muralla, construida entre los siglos III y IV, y que, gracias a su buen estado de conservación (su perímetro sigue intacto), es la única muralla romana que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (en el 2000). Además, en octubre de 2007 se hermanó con la Gran Muralla China de Qinhuangdao.

Esta barrera pétrea delimita claramente la ciudad en dos partes: la zona vieja en la parte interior y la zona nueva en la exterior. Intramuros predominan numerosos espacios ajardinados, amplias plazas y tranquilas calles empedradas en las que se erigen edificios de poca altura. Por su parte, en el ensanche encontramos un estilo arquitectónico más actual y ecléctico.

Además de la muralla se conservan otros vestigios romanos como el puente del siglo I sobre el río Miño y las termas. Y esos son los que se ven, ya que cada vez que se hacen obras tienen que ir con cuidado, pues en cada excavación se pueden encontrar nuevos restos del imperio romano.

Con una planta cuadrangular y un perímetro de 2118 metros, la muralla fue construida para defender la ciudad de la amenaza bárbara. Se desconoce el criterio para su trazado, ya que quedaron desprotegidas algunas zonas residenciales, pero con un espesor de una media de 4,20 metros (en algunos puntos llega hasta los 7) y una altura que oscila entre los 8 y los 12 metros, enmarcaba un recinto interior de 34,4 hectáreas.

Hoy ha perdido su función defensiva y forma parte del día a día de los lucenses. Se conservan 71 de las 86 torres que tenía originalmente y cuenta con 10 puertas de acceso: cinco de ellas de la época romana (Porta Miñá, Porta Falsa, Porta de San Pedro, Porta Nova y Porta de Santiago) y otras cinco abiertas a partir de 1853 (la de San Fernando, la de la Estación de tren, la de Obispo Izquierdo, la de Obispo Aguirre y la de Obispo Odoario) para facilitar el acceso y movilidad al crecer la ciudad extramuros.

Aparcamos no muy lejos de la muralla y entramos al casco histórico por la Puerta de la Estación, que nos conduce a la Plaza de Santo Domingo, presidida por un águila imperial romana de bronce ubicada sobre una columna de granito de 15 metros de altura. Este Monumento do Bimilenario conmemora el segundo milenio de la fundación de la ciudad por los romanos.

No muy lejos se halla la Praza do Campo, que fue foro romano y posteriormente mercado medieval. Sin duda un espacio en torno al que se desarrollaba el día a día de la ciudad.

Continuamos la Plaza de Santa María, donde se erige la Catedral de Santa María, construida entre 1129 y 1273 en el lugar que ya se había levantado la primera iglesia de Lugo y que databa del siglo I. El hecho de que las obras se alargaran durante más de un siglo conllevan que tenga una mezcla de estilos en su edificación. Así, aunque predomina el románico, tiene elementos góticos (capillas) y neoclásicos (fachada principal).

Muy cerca se encuentra una cuarta plaza relevante, la Plaza Mayor de Lugo o Plaza de España, donde durante la Edad Media se celebraba el mercado y que posteriormente, en el siglo XVI, se amplió y se construyeron nuevas edificaciones. Hoy podemos pasear por sus jardines, observar el Ayuntamiento con su fachada barroca de 1738 y su torre del reloj del siglo XIX (inicialmente construido para Málaga)

Con poca luz ya, subimos a la muralla, para despedirnos de Lugo con una perspectiva diferente. Se puede acceder a la ronda gracias a escaleras anexas a la construcción ubicadas en junto a los siguientes accesos: en la Plaza de Campo Castelo; en la Plaza do Cantiño; junto a la Porta da Estación, Porta Nova, Porta Miñá y Porta de Santiago (esta última por rampa). Nosotros elegimos la primera de ellas y dimos la vuelta hasta la Porta Nova, donde bajamos y atravesamos la Rúa Nova de camino a Santo Domingo para dirigirnos al coche.

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Nos dejamos muchos puntos de interés por visitar, pero es que la parada fue más técnica que turística. Fue un breve paseo de una hora antes de continuar nuestro viaje a A Coruña, donde llegamos a las 9 de la noche.

Habíamos elegido un apartamento para los cuatro, y allí nos estaba esperando nuestra anfitriona, para enseñarnos las diferentes estancias y darnos algunas indicaciones sobre la calefacción, las llaves y hora de salida. Descargamos nuestros bultos y, sin apenas tiempo que perder, salimos en busca de un sitio donde cenar. Por aquella zona no encontramos muchas opciones y no queríamos darnos un paseo más largo hasta el centro, pues estábamos cansados, así que nos conformamos con un asiático en el que tenían comida para llevar y volvimos al apartamento a cenar y dormir. Era primordial descansar para estar frescos para el siguiente día.

Escapada a A Coruña I: Astorga

Tras volver de Islandia a mediados de septiembre nos encontramos con que nos quedaba poco más de tres meses para gastar las vacaciones del 2019 y sin más planes. Normalmente a la vuelta de un viaje ya teníamos otro en ciernes, sin embargo, en este caso habíamos volcado toda nuestra ilusión viajera en Islandia y la agenda estaba vacía. No obstante, poco después, hablando con unos primos, surgió la idea de hacer una escapada conjunta en el puente de diciembre. Fue el germen de un viaje de 5 días a La Coruña.

Como íbamos a ser cuatro personas, decidimos que lo mejor era buscar un apartamento en lugar de hotel, para así tener un lugar con zonas comunes donde poder pasar tiempo juntos. Encontramos uno próximo a la playa de Riazor con dos habitaciones y dos baños que nos daba el espacio que buscábamos.

A diferencia de otros viajes, en este caso no planifiqué mucho. Íbamos con intención de visitar la zona, claro está, pero también con una intención más relajada, de amoldarnos entre los 4 y tomárnoslo con más calma. Eso sí, teníamos claro que queríamos conocer tanto La Coruña como Santiago, hacer alguna ruta por pueblos costeros, visitar la Fábrica de Estrella Galicia y, cómo no, hacer un Escape Room.

Salimos de Madrid el 5 de diciembre a las 10 de la mañana y paramos en Astorga sobre la una de la tarde para estirar las piernas, dar un paseo por la ciudad y aprovechar para comer.

Situada en una zona de transición entre la planicie del Páramo Leonés y los montes de León y declarada Conjunto Histórico Artístico en 1978, es además capital de la Comarca de la Maragatería. Aunque ya hay indicios de asentamientos prehistóricos, oficialmente su historia comienza cuando a finales del siglo I a.C. la Legio X Gemina planta su campamento militar para proteger el territorio conquistado a los astures en las Guerras Cántabras.

Pronto se desarrolló como importante nudo de comunicaciones y ganó cierta prosperidad gracias a la riqueza de las minas de oro. Sin embargo, los siglos posteriores fueron épocas de gran decadencia como consecuencia del fin de las explotaciones de la minería así como varias invasiones bárbaras y musulmanas.

En el siglo XI Astorga recuperó parte de su esplendor gracias al impulso del Camino de Santiago y finalmente alcanzó el auge definitivo en el siglo XV con la familia Osorio al frente del marquesado. Fue entonces cuando comenzaron a construirse importantes edificios como la actual Catedral o los conventos de San Francisco y de Santa Clara (clausura).

Un siglo después se inicia un período de desarrollo industrial al abrirse las fábricas textiles del Val de San Lorenzo y comenzar a elaborarse chocolate.

A principios del siglo XIX Astorga fue una de las primeras ciudades que se levantaron contra las tropas de Napoleón. Fruto de esta defensa la ciudad vio como parte de sus construcciones quedaban dañadas.

Entre mediados del siglo XIX y principios del XX se produjo un importante desarrollo industrial con el auge de la industria del chocolate y la llegada del ferrocarril. Hoy Astorga sigue siendo un núcleo estratégico de comunicaciones al ser la puerta natural de entrada a Galicia además de mantenerse como encrucijada entre dos de los caminos históricos más esenciales de la península: el Camino de Santiago y la Vía de la Plata. Esta relevancia hace que hoy en día una de sus principales actividades económicas (además de su industria repostera y de productos cárnicos procedentes del ganado de la montaña del Teleno) sea el turismo cultural.

Aparcamos junto al Parque del Melgar, donde se pueden ver restos de las murallas construidas entre los siglos III y IV (tal como ocurrió en otros lugares de la península – León o Lugo, por ejemplo- ) para proteger el territorio romano de las incursiones de los pueblos bárbaros. De aquella construcción tan solo se conservan un par de kilómetros de su perímetro, en su mayoría reconstruido durante la Edad Media.

Aunque sufrieron ataques menores, los mayores destrozos fueron consecuencia del duro asedio francés durante la Guerra de la Independencia. Lo quedó en pie tras la artillería gala fue después demolido por el ejército español en 1812 tras recuperar la ciudad para evitar una reconquista de los de Napoleón.

Cruzando sus nuevos muros reconstruidos nos adentramos en el casco histórico de Astorga, llegando a la Plaza Mayor, que se ubica en el lugar que hace siglos se encontraba el Foro Romano, por lo que es un espacio que sigue siendo el centro de la vida social de la ciudad desde hace más de 2000 años.

Con las características propias de una típica plaza española – porticada y de planta cuadrangular (aunque sin cerrar) – su construcción data del siglo XVII y desde la época medieval acoge el mercado de la ciudad donde se pueden comprar productos locales, desde verduras y hortalizas hasta embutidos y cecinas pasando por productos tradicionales. Además de acoger ferias del comercio e industria local, también es el centro de los eventos culturales más importantes de Astorga así como de sus festividades (pregones, procesiones o recreaciones ambientadas en épocas históricas).

En el centro se erige el Ayuntamiento, construido también a finales del siglo XVII.

Reformado en varias ocasiones, conserva su fachada barroca de tres plantas rematada con dos torres simétricas de clara influencia flamenca. En el centro destaca el escudo real, y sobre él se ubican las campanas y el reloj del maestro relojero Bernardo Franco flanqueado por los maragatos Juan Zancuda y Colasa.

Estas figuras autómatas vestidas con el traje típico regional se mueven a todas las horas en punto para golpear la campana del reloj con su mazo.

En los soportales de la plaza se ubican restaurantes, bares, tiendas de recuerdos y de productos típicos. Como casi se acercaba la hora de comer e iban a cerrar los comercios aprovechamos para aprovisionarnos con unas cajas de hojaldres, un dulce típico de la zona, como los son las mantecadas (que tienen Indicación Geográfica Protegida incluso), las merles o las pastas. Lógicamente, también destacan los chocolates artesanos, y es que Astorga tiene tradición chocolatera. Tanto que hasta cuenta con un Museo dedicado a este dulce.

Con la compra hecha continuamos nuestro paseo en busca de un sitio para comer. De camino nos topamos con el Domus del Mosaico del Oso y los Pájaros, protegido bajo un tejado a doble vertiente junto al convento de los Padres Redentoristas.

Las ruinas pertenecen a una antigua casa romana (o domus) que se cree que data de entre los siglos I y IV y que debió pertenecer a una familia relevante de la ciudad por la variedad de espacios que se pueden distinguir (contaba incluso con un pequeño y calefactado complejo termal con un completo programa de baños). Es una de las domus más completas de las halladas por la arqueología en Asturica. La parte conservada (aproximadamente un tercio del total) de esta gran casa particular se ordenaba en torno a un gran patio columnado.

Una de las habitaciones principales está pavimentada con un lujoso mosaico realizado con pequeñas teselas de caliza. Se piensa que el tema principal (ya desaparecido) tendría relación con Orfeo tocando la lira para amansar a los animales.

Seguimos la calle, pasando por el Convento de los Padres Misioneros Redentoristas, fundado en el siglo XIII.

Cuenta con una fachada sencilla en la que destaca una escultura de la Inmaculada Concepción. Alberga una capilla de estilo neoclásico en el que se enterraban a las familias nobiliarias de la ciudad, y un claustro en el que trabajó Gaudí.

Al final de la calle frente al albergue de las Siervas de María nos sorprendió una estatua dedicada a los peregrinos.

Frente al convento se halla el Jardín de la Sinagoga, que, a pesar de ser otoño y estar algo desangelado, permite asomarse a las murallas y observar los alrededores.

Fue planificado sobre la cara sur de la muralla y mirando al Monte Teleno a mediados de siglo XIX, tras la marcha de los franceses. Con los nuevos tiempos más pacíficos, se pensó que la ciudadanía necesitaba un espacio que animara al paseo, al encuentro y la charla.

Recibe este nombre porque durante siglos existió en este lugar un próspero y vitalista barrio hebreo. De hecho, en unas excavaciones llevadas a cabo entre 2005 y 2010 se encontraron restos que pueden ser atribuidos a la sinagoga que hubo en la ciudad hasta el siglo XV. En aquellos trabajos también se hallaron restos de suelo romano, pero fueron tapados para protegerlos de las inclemencias del tiempo y de la acción del ser humano.

Tras una hora dando un paseo y con hambre, comimos en Restaurante Tritón donde elegimos un menú del día. Lo propio habría sido comer el plato estrella de la zona: un cocido maragato, compuesto de sopa, verduras, garbanzos y carne. Su peculiaridad es que se come en tres vuelcos (cada cosa por separado) empezando por lo más contundente y energético, esto es, la carne y terminando por la sopa. Y es que, según el dicho, “de sobrar, que sobre la sopa”. Otro plato típico es el bacalao al ajoarriero.

Antes de marcharnos de Astorga, nos dirigimos hasta la Plaza de la Catedral, donde se erige el principal monumento religioso de la ciudad.

Dedicada a Santa María, es de origen románico, aunque su construcción no concluyó hasta el siglo XVIII, de ahí que en ella convivan elementos góticos, renacentistas y barrocos. Por ejemplo, mientras que su fachada principal es de estilo barroco, la sur lo es renacentista.

En el interior destaca el Retablo Mayor renacentista, la sillería del coro del siglo XVI elaborada con madera de nogal sin policromar, el retablo hispanoflamenco de San Miguel y la Inmaculada de Gregorio Fernández.

Junto a la Catedral se hallan otras dos pequeñas iglesias, la Capilla de San Esteban y la Iglesia de Santa Marta, dedicada a la patrona de la ciudad.

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Durante las obras de adecuación urbanística de 1999, salieron a la luz los restos de una pequeña iglesia del siglo VI que había sido erigida sobre un edificio romano y que estuvo en uso hasta que quedó destruida por un incendio y su espacio acabó siendo usado como cementerio.

La planta de este pequeño templo (que puede observarse a escala 1:1 dibujada sobre el pavimento), presenta una peculiar orientación noreste – suroeste, heredera de la disposición urbanística romana. Consta de dos partes, la nave y una cabecera situada en el extremo nororiental donde se celebraba la eucaristía. Cumplía la función principal de baptisterio, según el hallazgo de una piscina bautismal en su interior.

Al otro lado de la plaza, sobre el Parque del Melgar destaca el Palacio Episcopal de Astorga, también conocido como Palacio de Gaudí, debido a que es una de las tres únicas obras que Antonio Gaudí llevó a cabo fuera de Cataluña (junto con La Casa Botines de León y El Capricho en Comillas, Cantabria).

El 27 diciembre de 1886 se quemó la sede del obispado y el obispo de Astorga, Joan Baptista Grau i Vallespinós, que era de Reus como Gaudí, le pidió a este que levantara uno nuevo. El artista, que era muy católico, estaba embarcado en otros proyectos en ese momento, pero aceptó. Le pidió al obispo dibujos y fotografías para proyectar el palacio de forma que armonizase con su entorno. Finalmente, en 1889 comenzaron oficialmente las obras en un estilo neogótico muy personal.

No obstante, cuando la construcción estaba aún al 65%, Gaudí la abandonó por desavenencias y tomó los mandos Ricardo García Guereta, quien respetó el trazado del catalán, pero le dio una impronta algo más convencional. Finalmente fue concluido en 1913, pero Grau ya había muerto de gangrena, por lo que no pudo ver su encargo.

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Construido en granito gris del Bierzo, cuenta con una planta de cruz griega con cuatro torres cilíndricas en las esquinas y rodeado por un foso y unos jardines. El interior queda dividido en cuatro niveles unidos por una monumental escalera de caracol. Tiene aspecto de castillo medieval, como de cuento.

Catalogado en 1969 como Bien de Interés Cultural, el Palacio Episcopal de Astorga es uno de los monumentos más importantes de la Ruta Jacobea. En realidad nunca cumplió con la función para la que fue encargado y desde 1964 alberga el Museo de los Caminos, dedicado al Camino de Santiago.

Ya eran casi las cuatro de la tarde y teníamos aún camino por recorrer hasta A Coruña, así que, aunque Astorga es una ciudad con un gran patrimonio histórico y cultural y tiene mucho por ofrecer, volvimos al coche y pusimos rumbo a Galicia.