Road Trip por Escocia. Día 12 IV Parte: Stirling

Abandonamos el castillo a su cierre, es decir, prácticamente nos echaron. La lluvia parece que había parado y aprovechando que teníamos el coche bien aparcado y pagado, nos dimos un paseo por la ciudad.

En realidad Stirling es un pueblo pequeño. Se encuentra a 70 km de Edimburgo cobijado en una colina. Comenzó su expansión tras ser nombrada villa real hacia 1124. A partir de aquel momento empezaron a llegar mercaderes ricos, se asentaron nobles y cobró importancia. Obviamente, es conocida por la famosa Batalla del Puente de Stirling en 1297 en la que William Wallace y su armada escocesa derrotaron al ejército inglés.

También por la de Bannonckburn (a 3km) que tuvo lugar en 1314 bajo el mando de Robert Bruce. Además tiene renombre por haber sido la capital de Escocia durante muchos años. Se decía que aquel que dominase y mantuviese Stirling también lo haría con el país, lo que la hizo ganarse el apodo de llave del reino.

La ciudad se articula alrededor del magnífico castillo, muy similar al de Edimburgo, y del centro medieval, como suele ser lo habitual. La Old Town, un entramado de calles adoquinadas plagadas de edificios nobles de los siglos XV, XVI y XVII está rodeada por unas murallas del siglo XVI a las que se puede acceder y desde las que se obtienen unas espectaculares vistas de los alrededores.

Las murallas se levantaron en 1547 para evitar el asedio del rey inglés Enrique VIII que quería llevarse a María Estuardo para casarla con su hijo y unir ambos reinos. Hay un recorrido circular llamado The back walk  que sigue el recorrido de las antiguas murallas y da una vuelta casi completa a la parte baja del castillo.

Bajando la cuesta del castillo pasamos por Mar’s Wark, que recibe su nombre por el conde de Mar, su propietario, que fue príncipe regente de Escocia y Wark (trabajo en escocés). Fue un palacete renacentista del siglo XVI que estuvo habitado hasta el XVII por los condes de Mar, que apoyaban la causa jacobita. Cuando la primera rebelión fracasó, se convirtió en cuartel general, y tras la segunda quedó en ruinas por los daños producidos por la artillería.

Muy cerca se encuentra la Iglesia de Holy Rude, el segundo edificio más antiguo de la ciudad. Fue fundada en el siglo XII por David I, sin embargo, un gran incendio 1409 obligó a una reconstrucción completa. Es de estilo gótico y cuenta con el privilegio, junto con la Abadía de Westminster, de ese lugar de coronación de un monarca, ya que fue la iglesia en la que se proclamó rey James VI el 29 de julio de 1567 siendo aún un bebé. Además,María Estuardo fue bautizada en ella y el reformador John Knox predicó bajo su techo. Una iglesia llena de historia.

Como curiosidad, en 1656 fue dividida en dos partes porque había dos pastores enfrentados. En el siglo pasado, en 1940, se volvió a unir echando abajo el tabique. Además, se amplió el crucero y se construyó la sacristía y la sala capitular.

Actualmente se rinde culto presbiteriano dentro de la rama de la Iglesia de Escocia.

Cuenta con tres naves con cubierta de roble ( uno de los pocos techos medievales de este estilo que se conservan) y unas vidrieras impresionantes. La fachada está decorada con estatuas, gárgolas y tallas de piedras. Su torre del siglo XVI se ve desde muchos sitios de la ciudad y le da el honor de ser el segundo edificio más antiguo de la ciudad.

Lamentablemente, nos la encontramos cerrada, por lo que tuvimos que verla solamente por fuera.

Justo al lado está el Cowane’s Hospital, un asilo para pobres que fue construido entre 1637 y 1649. Su fundador fue el mercader local John Cowane, cuya figura está en la torre y que cuenta la leyenda que cobra vida y baila en la medianoche del primer día de Año Nuevo. Con el paso del tiempo el edificio fue también usado como escuela u hospital en época de epidemias.

Continuando la  bajada por St. John’s Street llegamos a Old Town Jail, la antigua cárcel de la ciudad que incluso se puede visitar y tener la experiencia de ser un prisionero del siglo XIX. No es nada raro visitar una cárcel, ya lo hicimos en Dublín o la famosa Alcatraz. Se han convertido en una atracción turística más, una forma de adentrarse más aún en la historia de la ciudad y sus célebres habitantes. En 1848 se convirtió en prisión militar. Esta vez no teníamos mucho tiempo, así que la omitimos y continuamos hasta llegar a Spittal Street, pasando por el The Stirling Highland Hotel, junto al que se encuentran el Hotel Colessio Stirling, de estilo clásico y que parece tener una iglesia al lado. Son de ese tipo de edificios que cuando vas caminando por la ciudad piensas que han de ser significativos por su estética, sin embargo, cuando te enteras de que son hoteles, te llevas una desilusión.

Más adelante la calle se convierte en King Street, una de las calles históricas. Recibe este nombre de calle real porque era donde finalizaba el trayecto que realizaba el rey cuando llegaba a Stirling y se dirigía al castillo.

Cobró dimensión comercial a finales del siglo XIX cuando se remodeló para adaptarse a una nueva época. Se llenó de tiendas y en 1882 surgió la galería victoriana The Stirling Arcade. Es una de las cinco que se conservan en Escocia. Fue restaurada tras la II Guerra Mundial y cuenta con un precioso techo de cristal que ilumina todo el espacio.

En el final de la calle, encontramos El Ateneo, otra construcción de la misma época, famoso por su escultura de William Wallace en la parte superior de su entrada.

A mano derecha sale la calle Corn Exchange, donde se encuentra la Biblioteca Pública.

Y si continuamos, a mano izquierda nos queda la Allan Park South Church, una iglesia de 1886 que cuenta con un rosetón y dos líneas de vidrieras.

Junto a ella se encuentra la estatua de Robert Burns. Este escritor y poeta del siglo XVIII se encuentra en cualquier rincón de Escocia. No solo por su importancia como figura literaria, sino porque además es considerado como el padre del renacimiento del sentimiento nacionalista escocés. Era un gran defensor de las costumbres nacionales. En 2009 incluso se declaró año festivo en toda Escocia para conmemorar los 250 años de su muerte.

Y en la acera de enfrente uno de los típicos memoriales dedicados a los caídos en las guerras.

Cerca se encuentra el monumento a Henry Campbell-Bannerman, un estadista británico liberal que fue Primer Ministro entre 1905 y 1908. Era un firme defensor del libre cambio, la autonomía irlandesa y la mejora de las condiciones sociales. Entre las medidas de su gobierno destaca la ley por la que los sindicatos no se harían responsables de los daños producidos durante las huelgas, introdujo las comidas en los colegios para todos los niños, y creó la primera pensión a todos los mayores de 70 años. Renunció a su puesto por problemas de salud y acabó muriendo 19 días después.

Volviendo hacia la King Street y siguiendo su curso llegamos a Murray Place, una de las calles principales del centro histórico que alberga la zona comercial. Es una de las calles más antiguas de la ciudad y en ella encontramos la Iglesia Baptista de Stirling,

Fue construida en 1853 por la Iglesia de Escocia y era conocida como la “iglesia sobre la roca” ya que se levantaba sobre una de las colinas rocosas de la ciudad. El edificio actual se vendió en 1987. Solo se puede visitar los domingos después de misa.

Se encuentra a unos minutos del centro y de las estaciones de tren y autobús.

Apovechamos la zona para comprar algo de cenar y llevárnoslo al B&B. Y retornamos al coche que teníamos aparcado en Broad Street. Para llegar al aparcamiento pasamos por Mercat Cross, que marca el centro comercial de la época medieval, es decir, donde se encontraba la plaza del mercado.

En esta plaza también era donde se reunía la población para celebraciones y ceremonias. Aunque también era lugar de revueltas y manifestaciones, la más famosa fue la de diciembre de 1706 cuando se produjo una gran revuelta contra el Acto de Unión con Inglaterra.

En el poste central tenemos la figura nacional, el unicornio, conocido como The Puggy.

Enfrente tenemos Tolbooth, una casa señorial que también fue ayuntamiento, cárcel, juzgado y parlamento. Desde 2002 es una de las mejores salas de concierto de todo el país. Podría confundirse con una iglesia.

Cogimos el coche y nos dirigimos al B&B. El elegido fue el Ravenswood Guest House regentado por Stuart. El alojamiento estaba en las afueras, en la carretera, pero no se notaba ruido desde la habitación en la segunda planta. El dormitorio estaba bastante bien, con sus detalles de bienvenida y un baño incorporado bastante moderno.

Como aún era de día, descargamos y aprovechamos para acercarnos a la Abadía de Cambuskenneth, que se encuentra en un meandro del río Forth. En su día, esta abadía fundada por la orden de los Agustinos en el siglo XII a petición de David I, fue una de las más importantes de Escocia. Alcanzó su mayor actividad entre los siglos XIII y XV gracias a su vinculación con el castillo y al desarrollo de Stirling como centro comercial por su posición próxima al río Forth, puerto de relevancia.

Sin embargo, hoy sólo son unas ruinas en las que apenas conservan la torre principal, que fue reconstruida antes de que se derrumbara del todo. Junto a ella hay un pequeño cementerio.

En la abadía descansan el rey James III y su esposa la reina Margarita de Dinamarca.

Desde allí nos dirigimos hacia el famoso Puente de Stirling. Sin embargo, el GPS nos llevaba dando un rodeo en el que había que volver hasta el Monumento de William Wallace, así que aprovechando que al lado queda la Universidad, nos adentramos en su campus. Esperaba encontrarme algo como Oxford o Old Aberdeen, sin embargo es bastante moderno, con edificios para nada históricos. Eso sí, parados en el aparcamiento reajustando el navegador vimos asomarse a un ciervo, así que no fue un viaje en balde.

Finalmente llegamos al Viejo Puente de Stirling, construido sobre el año 1500. Sin embargo, lo que vemos hoy en día no es el que usó William Wallace, sino una reconstrucción, que además se levantó unos metros más atrás de donde se encontraba el original. Es un puente peatonal que ofrece vistas del río Forth, de la ciudad, del castillo y del Monumento de Wallace al fondo.

Es el icono de la ciudad, junto con el casco histórico, y, aunque no es el original, podemos encontrar unas placas donde se encontraron los cimientos de aquel. Hay una inscripción, pero no fui capaz de descifrarla.

Para finalizar el día, regresamos al B&B, cenamos, nos duchamos y preparamos el último día de viaje. Esto se acaba…

Road Trip por Escocia. Día 12 III Parte: Castillo de Stirling

El castillo se erige sobre una colina de origen volcánico que tiene tres escarpados precipicios alrededor hasta ras del suelo. Esta posición estratégica favoreció que sobreviviera a 8 asedios. Es una de las más importantes fortalezas en la historia de Escocia. Ya en este promontorio se encontraba una primitiva capilla del siglo XI que mandó construir Alejandro I de Escocia. Desde entonces siempre ha habido una fortificación.

Se accede a él por una calle empedrada con bastante desnivel. La entrada está incluida en el Explorer Pass. Eso sí, el aparcamiento es prohibitivo: £4. Así que incluso en zona regulada de la ciudad sale más rentable que dejarlo arriba.

El conjunto tiene edificios de diferentes épocas. Unos datan de los siglos XV y XVI, hay alguno del XIV y las defensas exteriores con forma de estrella son del XVIII. El castillo se convirtió en Residencia Real a partir de 1216.

Es una parte importante de la herencia escocesa. Está lleno de historia, por un lado porque fue testigo de las diferentes batallas que tuvieron lugar en su colina. Además, fue protagonista de la Primera Guerra de Independencia de Escocia, que se inició con la invasión de las tropas de Eduardo I. Cuando los ingleses se hicieron con la Piedra del Destino y se la llevaron a la Abadía de Westminster, se inició una revuelta popular escocesa comandada por William Wallace. La última batalla que vivió fue la defensa ante el ataque jacobita en 1746.

Por otro lado, el castillo fue el lugar en el que se han coronado muchos reyes y reinas de Escocia, entre ellos María I de Escocia en 1542. Además, algunos de los reyes escoceses, como James III, nacieron en el castillo.

En la explanada, donde se suelen celebrar conciertos al aire libre, encontramos una estatua de Robert the Bruce que lo representa envainando la espada tras la batalla de Bannockburn en 1314. Robert sucedió a Wallace como Guardián de Escocia y fue entonces cuando el castillo cayó en manos de los ingleses (1303).

Tras pasar la entrada nos encontramos en la Guardroom Square, el antiguo cuerpo de guardia del castillo, donde se encuentra el Royal Bourgh of Stirling Visitor Centre. En él se pueden ver vídeos que nos acercan a la historia de la ciudad. Pasamos a la tienda a enseñar el Explorer Pass y el hombre en el mostrador nos dijo que no hacía falta, que un poco más adelante había una compañera que nos lo escanearía, pero nos dio un mapa y nos apremió a que fuéramos lo primero al Palacio, ya que aún habría gente caracterizada en las diferentes estancias y sería más completa la visita. Así pues, así lo hicimos.

Una vez pasado el patio, llegamos a la verdadera entrada principal y tras cruzar el arco con los torreones, nos encontramos en el patio interior donde podemos ver los cañones de la Grand Battery, que se instalaron en 1708, cuando se construyó este lado de la fortificación para defender el castillo del ataque de los jacobitas. A mano izquierda tendremos el Palacio, y de frente el Great Hall.

El Palacio fue el primer edificio renacentista construido en las islas británicas y de los mejor conservados de Gran Bretaña. De estilo gótico tardío, data de 1560, la época de James V para demostrar la riqueza y el poder del reino escocés.

Dentro se encontraban los Apartamentos Reales. Cuenta con dos apartamentos (Rey y Reina) con tres cámaras cada uno: el salón de las recepciones, el salón privado y el dormitorio.

La decoración de las seis salas principales del Palacio es abrumadoramente colorido, rico y elaborado. El motivo principal de esto es que James V y su esposa francesa María de Guisa tuvieron como objetivo presentarse a sí mismos como ricos y sofisticados.

Efectivamente nos encontramos con los actores caracterizados en unas salas decoradas con un estilo horror vacui. Tanto Jaime V como su esposa María de Guisa, francesa, querían hacer ostentación de su riqueza y sofisticación. No había nada sin detalle, desde los techos, hasta los suelos, pasando por los tapices, cortinas o mobiliario. Sin embargo, hubo gran parte de la decoración que se perdió cuando el castillo pasó a ser fortaleza militar, por lo que no se conserva tal y como era.

Destacan las chimeneas y los tapices, donde por supuesto no pueden fallar los unicornios, el símbolo escocés.

En los techos hay diferentes retratos de miembros reales y personajes de la corte en forma de monedas. Reciben el nombre de las Cabezas de Stirling y fueron encargadas por James V. No se encuentran en su emplazamiento original, sino que son restauraciones.

Salimos de nuevo al patio y entramos en el Great Hall. Se trata de una construcción anterior al Palacio, data de tiempos de Jaime IV. De color amarillo y con enormes ventanales que favorecen la entrada de la luz, fue construida en 1503 y se dedicaba para celebrar los grandes bailes y celebraciones del reino. Cuenta con un espacio despejado sin ninguna columna de 42×14 metros, así que podía acoger un gran número de invitados. También incluía galerías de juglares y trompetistas.

Es la sala de banquetes más grande de Escocia. El techo original se quitó a finales del siglo XVIII y se remplazó con un techo réplica de madera inspirado en el del Castillo de Edimburgo. Aquí también encontramos unicornios, tanto sobre la chimenea, como en unas cenefas alrededor de las paredes de toda la estancia.

Pasando un arco que hay entre ambos edificios, el Palacio y el Great Hall, llegamos a un segundo patio que tiene las paredes de estas dos construcciones, además de la Capilla y el Museo del Regimiento en el lugar donde se encontraba la Torre del Príncipe.

El Museo está dedicado al regimiento de los Highlanders que participó en varias guerras durante los siglos XIX y XX. Incluso en la Guerra Civil Española. En la exposición se muestran trajes, armas, condecoraciones y fotografías.

La Capilla se construyó en 1594, en apenas siete meses. Corrían los tiempos de James VI, que quería celebrar en ella el bautizo de su hijo Enrique. Sustituía una anterior en la que había sido coronada María Estuardo en 1543. Enrique fue bautizado, pero murió a los 18 años sin convertirse en rey.

Fue el último edificio real que se levantó Stirling mientras era Castillo Real, ya que cuando James VI asume la Corona de Inglaterra, el castillo pierde su importancia quedándose como fortaleza militar. En 1625 Carlos I sucede a James VI y 3 años más tarde se redecora la capilla para su coronación.

Si volvemos al primer patio, bajando por un arco salimos a la parte trasera donde hay una serie de edificios en la que hay exposiciones de trajes que realizan diversas agrupaciones para caracterizar a los personajes de obras de teatro.

Antes de salir, pasamos por las Great Kitchens, donde se nos representa con gran realismo una simulación de cómo se preparaba un banquete con su bullicio y prisas. Originalmente, este edificio servía como puerta a la parte norte del Castillo, pero en el siglo XVI las plantas superiores se remodelaron y convirtieron en cocinas. Esta planta parece que estaba conectada con el Gran Salón por un espacio que conectaba ambos espacios. En ocasiones importantes con grandes banquetes, las cocinas no eran suficientes y había que usar un edificio póximo a la Grand Battery.

La mayor alteración del edificio se llevó a cabo durante el siglo XVIII. En 1719 la primera planta se usó para hacer cerveza mientras que la segunda sirvió como almacén de armas. En esta época la conexión entre el Gran Salón y las cocinas ya no se usaba, había quedado en desuso y en ruinas y finalmente se demolió.

Había tanto figuras que representaban personajes, como los diferentes alimentos que allí se cocinaban o utensilios que se manejaban en la época.

Para finalizar, pasamos a la Castle Exhibition, que recoge la vida de los Estuardo e investigaciones arqueológicas en curso. Hay una parte de la exposición que parece sacada de un capítulo de Bones. En cualquier caso, muy interactiva, lo que la hace más atractiva.

Salimos a los Queen Anne Garden, unos jardines en los que en la Edad Media se celebraban las justas. Desde ellos se obtienen unas buenas vistas de toda la llanura de Stirling (también del cementerio). Y a lo lejos, el Monumento a William Wallace.

El recorrido nos da para comprender cómo funcionaba el castillo hace cuatro siglos. El de Edimburgo me gustó mucho, y además tiene las Joyas de la Corona y esas fantásticas vistas de la ciudad; sin embargo, el de Stirling es mucho más didáctico, más fácil de imaginar cómo era la vida en sus diferentes estancias gracias a las recreaciones o los actores que por allí se pasean. El conjunto hace que sea una visita muy atractiva, lúdica y didáctica.

Esta joya histórica de Escocia es un imprescindible en una visita a estas tierras.