Preparativos para un Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá II: Alquiler de coche y Alojamientos

Durante el mes de noviembre, ya a la vuelta del crucero, nos centramos en concretar la ruta, valorar los días de coche, las paradas y en repartirnos la búsqueda de información. Recuerdo que así había quedado nuestro itinerario.

Ya en diciembre comenzamos a buscar alojamiento. Empezamos por Chicago, nuestra primera parada. Aunque comparamos la opción hotel vs apartamento, finalmente, para mayor comodidad, decidimos quedarnos con la segunda opción y así contar con cocina y más espacio para organizar el equipaje.

Asimismo reservamos una noche de hotel en London, una población próxima a las Cataratas del Niágara, pues ya con la planificación de la ruta vimos que ir de Chicago hasta Niágara del tirón en un mismo día (teniendo que pasar además los trámites de la frontera) iba a ser demasiado.

También en diciembre realizamos una comparativa entre diferentes empresas de alquiler de coche. Toda una odisea. No todas nos cubrían lo mismo, por lo que hubo que desgranar el tipo de seguro que ofrecían, el extra que cobraban por devolver en una ciudad diferente a la de la recogida, si nos incluía un segundo conductor en el contrato…

En el viaje por la Costa Oeste con el Jeep Compass fuimos un pelín justos de equipaje. Y aunque esta vez somos más experimentados y viajamos con menos trastos, al final nos íbamos a juntar al menos con una maleta grande, tres medianas, tres pequeñas y varias mochilas. Así pues, como la diferencia de precio de un SUV pequeño a uno grande no era mucha y sí que suponía un importante aumento de la capacidad del maletero, decidimos plantearnos el siguiente segmento: el Chevrolet Captiva o Ford Edge.

En determinado momento valoramos el alquilar uno de 7 plazas, porque salía incluso más barato. Pero suponía llevar un tanque y sin bandeja que tapara el maletero.

Ya en enero fuimos cerrando el resto de alojamientos. En algunas ciudades elegimos hotel con habitaciones cuádruples que, si te organizas, son una muy buena opción, pues salen muy bien de precio. Pero en otras tuvimos que buscar apartamentos, ya que era más económico y había más variedad donde elegir.

Lo más complejo fue Boston, ya que es extremadamente cara. No solo por ser una gran ciudad, sino porque el hecho de contar con 4 universidades hace que el alojamiento esté muy cotizado.

Al final, el resultado (sin buscarlo) fue una alternancia equilibrada de hoteles y apartamentos. En las grandes ciudades fue más sencillo encontrar apartamento, y en las pequeñas, hoteles:

– En Chicago, apartamento

– En London, hotel: Days Inn London, London

– En Toronto, apartamento

– En Ottawa, hotel: Econo Lodge Downtown

– En Montreal, apartamento

– En Merrimack, hotel: Quality Inn Nashua

– En Boston, apartamento

A la vez que buscábamos alojamiento, íbamos configurando nuestro itinerario, los puntos de interés en cada ciudad y la ruta que haríamos allí.

A principios de febrero cerramos por fin el tema del coche. Nos decantamos finalmente por el Ford Egde en Avis. Gracias al programa de partners de British Airways a mi hermano le salía mejor que directamente con Avis y además nos incluía un segundo conductor, algo que no ofertaba directamente la empresa de alquiler.

En nuestro anterior viaje no tuvimos problema con los conductores adicionales, ya que en el California está incluido, independientemente de que cambies de estado. En este caso habría que haberlo pagado aparte, aunque en el Estado de Illinois parece que el cónyuge o compañero residente en el mismo domicilio (supongo que para parejas homosexuales que no se pueden casar) están automáticamente incluidos en el alquiler como conductor adicional.

En el caso de extranjeros no sé muy bien cómo lo harán, porque una no va con el certificado de matrimonio traducido en la maleta. Y tampoco se cambia los apellidos… De hecho, según su lógica mi hermano y yo podríamos haber sido cónyuges al compartir apellidos. No sería la primera vez que nos han registrado mal en un hotel al ver los pasaportes.

El seguro de base, el LDW (Loss Damage Waiver) nos incluía los daños por accidente, los de los cristales, objetos robados (radio, batería, etc), vandalismo y robo del coche.

Para conducir en el extranjero es necesario llevar un permiso especial que emiten en la DGT. El permiso internacional de conducción ya nos lo sacamos en 2012 y no lo usamos, pero como nunca se sabe, yo preferí asegurar. Según me dijo el señor de la DGT, lo normal es que en la oficina de alquiler no te lo pidan, pero en caso de que te pare algún oficial, seguramente sí que te lo requieran.

El trámite no es muy complicado. Hay que pedir cita en una Jefatura de Tráfico (esto es lo más difícil de todo, pues están saturados) y acudir con el carnet de conducir, una fotografía actualizada, de 32 x 26 mm. en color, completar un formulario y pagar 10,20€. Sales con el libro ya puesto.

En caso de mandar a un autorizado, este ha de acudir con un documento oficial (DNI, carnet de conducir, pasaporte, o fotocopia de alguno de ellos compulsada) además de la fotografía y el formulario. Y pagar, claro. Que por cierto, solo se puede abonar por tarjeta o previamente por la web.

Es un libro con los datos personales del titular así como los permisos que posee pero con la información repetida en diferentes idiomas (español, alemán, inglés, francés, italiano, portugués, árabe y ruso). Tiene un año de validez desde la expedición y no se puede usar en España.

Así con este trámite, llegados a marzo, podríamos decir que estaba toda la planificación prácticamente completa. Tan solo nos quedaba preparar la documentación, las divisas y las telecomunicaciones.

Trucos Viajeros: Errores a evitar

En todas las facetas de la vida cometemos errores, y en los viajes la situación no iba a ser diferente. Da igual que seamos novatos o experimentados, siempre hay fallos en menor o mayor medida. Pero de todo se aprende, así que hay que detectarlos para no volver a cometerlos. Me he sentado a reflexionar y he sacado unos pocos. Unos los he cometido yo, otros sin embargo son prestados de amigos o conocidos. Unos son más típicos, otros no tanto, pero conviene tenerlos en cuenta.

Podemos empezar a tener un desacierto ya antes incluso de viajar, como por ejemplo descartando destinos por prejuicios. A veces las noticias nos hacen formarnos una opinión sobre un lugar que no tiene nada que ver con la realidad. O que al menos está algo exagerada. He oído muchas veces al volver de un viaje lo de ¿Y es seguro?  No digo que no se corran riesgos al viajar, pero también estamos expuestos en nuestro día a día. Quizá no lo percibimos del mismo modo por tratarse de lo conocido, pero los peligros existen en todos sitios. De una forma u otra. Obviamente no hablo de países en guerra, claro.

Por otro lado, un fallo común es el no crear un presupuesto. A veces incluso es más importante que tener el destino decidido. Cuando una necesita salir de viaje para desconectar, ver mundo y olvidarse de la rutina no siempre importa dónde. Así, es clave echar cuentas y decidir un presupuesto y ver hasta dónde se puede llegar. Pero de verdad, sin préstamos ni tarjetas de crédito que nos endeuden.

Un error que he visto cometer mucho es no planear con suficiente antelación. Me gusta sacar los vuelos al menos con seis meses de adelanto. No siempre se puede, claro, pero es algo que puede encarecer bastante el presupuesto si dejamos pasar el tiempo. Con los alojamientos o vehículos no es tan drástico a nivel económico, pero cuanto más se acerque la fecha y según en qué temporada, número de personas y lugar puede ir menguando la disponibilidad y quedarnos a dos velas. No es que haya que obsesionarse con un alojamiento en pleno centro de la ciudad, pues a veces es mucho más conveniente que esté bien comunicado con transporte y en una zona tranquila con lugares donde comer o comprar, a que esté en el meollo. Probablemente nos ahorraremos algo de dinero y como no todos los días nos vamos a desplazar a la misma zona, no importa que tengamos que tomar el transporte público.

Y a la hora de llevar a cabo estas reservas hay que tener en cuenta ciertos detalles. Por ejemplo, a la hora de sacar un vuelo al extranjero conviene no olvidarse de la vigencia y caducidad de nuestros documentos (pasaporte, carnet de conducir, tarjeta sanitaria, tarjetas bancarias…).Por ejemplo, para un buen número de países el pasaporte ha de tener una vigencia de mínimo seis meses, pero mejor confirmar antes de que no nos dejen subir al avión. Y además, verificar si necesitamos visados. Un mínimo de investigación sobre el destino nunca viene mal. No hay que cometer el error de no revisar si nuestro carnet de conducir es válido o necesitamos el internacional.

Importante también es no caer en la idea de que no merece la pena sacar un seguro de viaje si solo son unos días. No suelen subir excesivamente de precio y nunca sabemos lo que puede pasar. Un retraso, pérdida de maletas, pero sobre todo por el tema médico. Una tontería como una torcedura de tobillo puede salirnos tremendamente cara según donde nos encontremos. Invertir en seguridad y salud nunca es un error. Como tampoco lo es saber el tipo de sangre y alergias que tenemos.

Uno de los más nefastos sin embargo es la falta de información. No hace falta leerse toooooodos los blogs y páginas que haya sobre nuestro destino, verse listas y listas de reproducción de Youtube, pedir información a información y turismo y comprarse varias guías, pero un mínimo de documentación nunca viene mal. Sobre todo para no acabar en el Caribe en época de huracanes, en el sudeste asiático en la de tifones (no saldrás del hotel) o en ramadán en un país musulmán (estará todo cerrado). Hay que saber localizar el país en un mapa y conocer un poco sobre su cultura, climatología, si es necesario vacunarse o sacar visado, el idioma que se habla (no está de más aprender los saludos y gracias), moneda…

Yo este fallo no lo tengo. Más bien peco de lo contrario, de tener el síndrome de Diógenes pero en la versión digital. Me guardo todo lo que voy encontrando y al final tengo tanta información que no sé ni por dónde empezar. La solución es simplificar las fuentes de información según mis propios intereses (ya que no todos los viajeros tienen las mismas motivaciones, prioridades, gustos, tiempo o dinero) y según antigüedad (pues la vida pasa y cambian los precios, las normativas…).

A la hora de planificar se nos puede ir la mano (culpable) y montar rutas difíciles de cumplir. Con el tiempo me he relajado algo (algo) y ya no intento abarcar tanto, pero he cometido el error de querer cubrir todo sin considerar que pueden surgir imprevistos con el tiempo, el transporte o simplemente que en determinado lugar nos queramos parar más tiempo porque nos ha gustado más de lo que pensábamos. Así que, al igual que planteamos un presupuesto con un remanente para contingencias, es conveniente hacer lo mismo con la planificación de las rutas y dejar cierta flexibilidad.

Una gran equivocación es la de no preparar copias de los documentos importantes. La experiencia me dice que nunca sobra llevarlos en formato digital (además a ser posible en la nube con acceso sin conexión) y en formato físico. Parece una tontería, pero si ya de por sí un robo o pérdida en casa supone un trastorno, más aún cuando estás fuera.

Un error que quizá cada vez se cometa menos es el de no avisar a la familia de nuestro itinerario. Hoy ya estamos hiperconectados y seguramente mandemos fotos al embarcar con el número de vuelo al fondo, de nuestro alojamiento, de dónde comemos o en qué punto turístico nos encontramos; pero aún así, conviene dejar anotado el itinerario con números de vuelos, hoteles, o ciudades a la que se va a viajar para que, en caso de una hipotética emergencia, estemos localizables.

Sin embargo, sí que hay quien se olvida de informar al banco de que pretende usar las tarjetas en el extranjero. Esto varía según cada entidad, y normalmente por un pago puntual en un país europeo no hay problema, pero si se detectan varias localizaciones en poco tiempo, es probable que salte una alerta y nos las bloqueen. Después hay que esperar un par de días para que las reactiven, lo que puede causar grandes inconvenientes. En nuestro viaje a Seychelles, Bombay y París, yo avisé a mi banco para que no saltaran las alarmas y ellos me aconsejaron quitar la protección anti-robo temporalmente, pero a la vez, para mayor seguridad, que desde la aplicación las activara y desactivara cuando fuera a realizar una operación, para así tener el control yo. No obstante, cada banco tiene su operativa, por lo que mejor asegurarse. O llevar tarjetas monedero.

También relacionado con el aspecto económico, es usual cometer el error de no informarse del cambio de divisa y de las comisiones que aplicaría el banco tanto por cambio, por pago con tarjeta o por retirada de efectivo. Generalmente la mejor opción suele ser esta última, pero como siempre, depende de cada caso y de los porcentajes que apliquen. La pela es la pela y la banca nunca pierde, así que hay que buscar cuál es la mejor opción de todas para nosotros.

Donde también podemos cometer un desacierto es en el aspecto relacionado con la telefonía. El móvil se ha convertido en un elemento imprescindible en nuestras vidas y cuando vamos de viaje no puede faltar. De hecho, es una herramienta muy útil no solo como teléfono en sí o como almacenamiento o cámara, sino que nos sirve para ubicarnos en una ciudad gracias al gps y los mapas, y nos permite improvisar cambiando los planes sobre la marcha. Pero ojo, porque para la mayoría de estas utilidades necesitaremos tirar de internet y no a cualquier precio. Como decía más arriba, la información es importante, y antes de viajar es preciso confirmar en primer lugar si nuestro terminal va a funcionar en la red del destino, ya que las bandas de telefonía no son las mismas en todo el mundo.

Por otra parte, aunque en Europa se ha eliminado el roaming y mantenemos nuestra tarifa de datos, siempre hay unos límites, que también conviene saber. Además, no siempre nos sirven todas las redes disponibles, sino que generalmente nuestro operador tiene un acuerdo con uno del destino o necesitamos activar algo en nuestro terminal. Otro dato que hay conocer. Y por último, hay que asegurarse de que nos conectamos a una red de un país que esté incluido, no sea que estemos en Grecia y por equivocación naveguemos con una turca.

Y si no, siempre nos queda comprar una tarjeta local y olvidarnos de la nuestra temporalmente.

Uno de los fallos en los que intento no caer es dejar el equipaje para el último momento. Se corren demasiados riesgos, pues podemos olvidarnos algo importante como medicamentos que luego nos va a costar conseguir en destino o algún documento. Para evitar además esto, conviene tener una lista que se pueda reutilizar de un viaje a otro tan solo ajustando tipo de ropa y calzado. Así evitaremos despistes y viajar con exceso de peso por haber llenado la maleta de “por si acasos”.

Cuando viajamos en avión, es frecuente ver cómo hay gente que aún comete el error de no hacer el check-in electrónicamente. En algunos casos hasta es imprescindible si no se quiere pagar por ello, como en algunas low cost. Pero sobre todo es un error no hacerlo antes de llegar al aeropuerto porque nos ahorrará tiempo. Especialmente en aquellas ocasiones en las que no facturamos. Además, en ocasiones, podemos elegir ya el asiento, con lo que cuanto más tiempo de adelanto, más espacios disponibles donde escoger.

Y también es recomendable hacer el check-in online para hacer peticiones extras, como la comida, requerimiento de ayuda por reducción de movilidad o incluso cuando teníamos un billete sin maleta en bodega pero decidimos a última hora que la vamos a necesitar, pues sale más barato vía online que directamente en el aeropuerto. En definitiva, todo lo que nos podamos quitar antes de llegar allí, mejor. De esta forma luego irá todo más fluido.

Normalmente el viajero novato suele acudir con demasiado tiempo al aeropuerto y aunque, en general, con un par de horas es suficiente, tampoco hay que confiarse pues dependiendo de los controles que tengamos que pasar y las fechas en las que viajemos puede que necesitemos estar un poco antes. Sobre todo si hay que pasar por mostrador para facturar, después control de seguridad y por último el de pasaportes. A nada que tengamos que esperar un poco de cola iremos justos.

Puede que cometamos el error (o alguien delante de nosotros) de no medir el equipaje de mano y todo se ralentiza. Cada aerolínea tiene sus propias normas y algunas son más estrictas que otras, pero en general, el equipaje de mano debe caber en el compartimento superior de los asientos (o bajo el de delante si es una mochila). En cuanto al peso también varía entre los 5 y 10 kilos dependiendo de si es un vuelo corto o largo y de la compañía. En otros casos el descuido es no verificar cuántas maletas están incluidas en nuestro billete.

Pero peor que esperar en la cola de la aerolínea para facturar o conseguir el billete de embarque es hacerlo en la de seguridad porque alguien se ha olvidado de sacar los líquidos y aparatos electrónicos (o descalzarse cuando lleva botas) en el control. No hay que olvidar que tan solo se pueden llevar recipientes que no pasen de los 100 ml (y en total que no superen el litro) en una única bolsa transparente. En cuanto a la categoría de electrónica que hay que poner en la bandeja se encuentran las cámaras reflex, tabletas, portátiles y (a veces) libros electrónicos.

Tan importante es saber hacer bien una maleta facturada como la de mano. Hay quien comete el error de no empacar lo esencial en el equipaje de mano. Pero no está de más llevar en él una o dos mudas, los medicamentos, cargadores y artículos básicos de aseo (además de documentación o dinero/tarjetas, claro) por si se perdiera lo facturado o llegara con retraso. También es útil llevar un bolígrafo, pues a veces hay que rellenar formularios de inmigración y aduanas durante el vuelo.

Con las prisas y controles a veces vamos a la carrera y nos olvidamos de cotejar la información de los vuelos en las pantallas del aeropuerto. En ocasiones en el mostrador de facturación nos indican un número de puerta que luego cambia, y no comprobarlo puede incluso hacernos perder el vuelo.

Pero no solo cometemos errores cuando viajamos por aire, también por carretera. Como por ejemplo cuando no se revisa previamente el estado del vehículo o de las vías por las que vamos a pasar. Si vamos a viajar con nuestro coche, conviene hacer previamente una revisión para asegurarnos de que no nos vamos a quedar tirados. Y a la hora de salir, deberíamos consultar el tráfico por si tuviéramos que tomar alguna ruta alternativa.

Además, hay viajes excepcionales para los que hay que tomar más precauciones. No hay que olvidarse de tener en cuenta la climatología y la peculiaridad del trayecto. Por estas fechas vienen a la mente los viajes por carreteras secundarias con nieve. En los últimos años en España cuando ha nevado un poco más de la cuenta (es decir, cuando ha nevado) se han formado buenas aglomeraciones. Tanto que mucha gente tuvo que dormir en el coche en medio de la carretera nevada. Si vamos a hacer un viaje así, conviene llevar unas linternas, mantas y algo de comida. Y por supuesto el depósito lleno. Esto es algo que yo aprendí en el camino desde el Gran Cañón a Las Vegas. En este caso no había nevado, pero era un recorrido bastante yermo en cuanto a gasolineras se refiere y podríamos habernos quedado tirados en medio de la nada, con un sol de justicia y ninguna sombra.

Porque sí, pese a todos los errores que se pueden cometer antes de realizar un viaje, no nos libramos de caer en más durante. Por ejemplo, a pesar de haber hecho una planificación previa y haber consultado sobre el destino podemos pecar de seguir las guías de viaje al dedillo y pensar que lo caro o turístico es mejor. En muchos casos, sobre todo si nos hablan de locales de restauración, tiendas o alojamientos, hay empresas que han pagado por anunciarse. Así que, aunque no está de mal seguir ciertos consejos, hay que salirse del circuito y perderse entre los locales y sus costumbres. Tomar el transporte público local, pasearse por sus mercados y probar la gastronomía típica. Esto nos permitirá acercarnos más a la cultura local.

Obviamente, no se puede pensar que el riesgo cero no existe, y meternos por cualquier callejón. No hay que ignorar las recomendaciones de seguridad, pero más o menos habría que tomar las mismas precauciones que visitando nuestra ciudad (que en Madrid no son pocas).

Además, perderse en el universo local nos da otra perspectiva, pues no todo lo que es de pago es mejor. De hecho por ejemplo comer en lugares turísticos suele ser más caro y de peor calidad. Es una equivocación no aprovechar las actividades gratuitas, que las hay en todos sitios. Desde subir a una terraza de un hotel para disfrutar de las vistas a entrar en un museo un día determinado pasando por sentarse sin más en un parque a empaparse del ritmo del lugar o conectarse a redes WiFi para no gastar de tarifa de datos (aunque habría que tomar precauciones sobre si son seguras o sospechosas).

Aún así, siempre habrá que realizar ciertos pagos, aunque llevemos reservas hechas y el grueso está ya pagado. Por ello, es un error viajar sin efectivo y con una sola tarjeta. Es recomendable llevar algo de efectivo para pequeños gastos o por si nos encontráramos en un lugar aislado donde no hubiera cajeros cerca y no contasen con tpv. O incluso si estamos en plena civilización y fallara la tarjeta. Por eso mismo conviene no llevar solo una, sino al menos dos (y no guardadas juntas) como alternativa.

Es normal en un viaje comprar recuerdos, pero sin duda es un desacierto comprar todos los souvenirs al principio del viaje. Primero porque tendremos que cargar con ellos y si son delicados se pueden romper. Pero además porque nunca está de más comparar precios. A veces tras dar vueltas por una ciudad y salirnos de las calles principales encontramos mejores opciones. Cierto es que se corre el riesgo de ver algo y pensar que después lo encontraremos más barato y sin embargo acabamos perdiendo la oportunidad, pero suele ocurrir con objetos originales, no con las típicas figuritas de recuerdo o imanes.

Y lo de comparar precios no solo es aplicable a los souvenirs, sino a la hora de contratar servicios o incluso a la de sentarse a comer. En España no tenemos la costumbre de negociar los precios, pero no hay que olvidar que en algunos países no regatear es una ofensa. Así, hay que llegar a un acuerdo incluso para tomar un taxi, tuk-tuk o transporte similar.

Un error que siempre me hace girar la cabeza es el de estrenar calzado o no llevar la ropa adecuada. Cuando vas a estar pateando un lugar, lo suyo es llevar calzado que ya tengamos domado, que nos sea cómodo y que sea apropiado, que luego hay gente que se va a hacer la Ruta del Cares en chanclas… E igualmente ropa que nos dé movilidad y que se corresponda con la climatología, el lugar y con la cultura (no sea que nos saltemos algún código de conducta).

Pero sin duda, uno de los mayores que tenemos hoy en día es fotografiar más que observar y disfrutar del entorno. Y este es uno de los míos, lo reconozco. Vivimos tan pegados al móvil y las redes sociales, que fotografiamos todo. Unas veces para compartirlo, otras por inercia. Cuando además llevas cámara de fotos, quieres sacarlo todo desde todos los ángulos. En horizontal y vertical. Pero si añadimos el mantenimiento de un blog, ya quieres documentar cada detalle para que luego no se te olvide a la hora de escribir un post. Y al final, entre tanto mirar a través de una pantalla o un visor, dejamos de lado nuestra propia mirada. Tenemos que recordarnos que merece la pena pararse y observar detenidamente, quedarnos con pequeños detalles que no capta solo la vista, sino que están en la atmósfera del lugar.

Y a la vuelta, no queramos enseñar las tropocientas fotos a amigos a familiares. Sobre todo sin que hayan pasado un filtro previo, pues habrá cinco fotos prácticamente iguales desde diferentes ángulos o configuraciones. Pero bueno, esto se ha perdido un poco al compartir en las redes sociales, ya que ahí ya hacemos una selección.

Estos son los errores que me han venido al reflexionar, pero hay muchos más, claro. Seguro que seguimos cometiendo más, porque además, por muy experimentados que seamos, cada experiencia es única y nos aporta un nuevo aprendizaje. Lo importante es no tropezar dos veces en la misma piedra.

Trucos Viajeros: Alojamiento

Ya escribí hace tiempo de consejos para ahorrar para poder viajar y trucos relacionados con los vuelos; y ahora que he terminado con 2016 (ya era hora) y antes de empezar con 2017, vamos a hablar del alojamiento.

En muchas ocasiones se le da toda la importancia a la búsqueda del mejor vuelo para ahorrar lo máximo posible ya que normalmente es el mayor gasto; sin embargo, el presupuesto final de un viaje incluye muchos más condicionantes, y el alojamiento es un factor clave.

Cada viaje es totalmente diferente, no solo por las personas que lo realicen, sino por el lugar, el tiempo, las actividades a realizar… No buscaremos el mismo tipo de alojamiento si vamos a hacer una escapada urbana que si vamos a hacer una ruta de montaña. Por eso, es difícil recomendar alojamiento a otros viajeros, porque no todo el mundo tiene ni la misma escala de prioridades, ni el mismo objetivo cuando viaja. Lo importante es encontrar lo que se ajusta a cada uno.

  • Hostal y Albergues: Son alojamientos económicos que disponen tanto de habitaciones individuales como grupales. Predomina una amplia zona común donde preparar comida, sentarse con el ordenador o a hablar con otros huéspedes. Los baños también suelen ser compartidos. Aunque en muchos casos hay un pequeño número de habitaciones con baño privado.
  • Bed and Breakfast (B&B) y Guest Houses: Son casas privadas que ofrecen habitaciones y desayuno. En muchos casos el baño está dentro de la habitación. Son muy populares en Reino Unido, y se diferencian en que en el B&B el propietario reside en la vivienda, mientras que en la Guest House, no. El Ryokan japonés entraría en esta última clasificación.

  • Hoteles: Son establecimientos que según las estrellas que tengan, ofrecerán mayor o menor número de servicios (limpieza, comidas, recepción, televisión, nevera, amenities, WiFi, etc.). Las habitaciones suelen ser independientes y con baño incluido. Es una clase de alojamiento con una gran variedad, ya que aquí se incluyen desde los básicos de una estrella hasta hoteles temáticos, familiares, de playa, de diseño, moteles de carretera, exclusivos y grandes complejos con Todo Incluido… pasando por los hoteles cápsula o los Love Hotels de Japón.
  • Apartamentos: Esta opción es muy útil cuando viajamos en grupo, pues, por ejemplo, con seis integrantes, puede salir mejor un apartamento de dos habitaciones y un salón con sofá cama, que un hotel con tres habitaciones dobles. Más interesante incluso cuando el número es impar, ya que no habrá quien tenga que pagar una habitación doble siendo uno solo, (o buscar una habitación triple). Así pues, es una buena opción por el precio, porque permite tener zonas comunes en la que pasar tiempo juntos, compartir productos de higiene básicos y porque se dispone de cocina, con lo que se puede ahorrar en comida.

  • Apartahotel: Se trata de un hotel, con sus comodidades y servicios, aunque, además, las habitaciones incorporan una cocina.

  • Casas y hoteles rurales: Las casas rurales, como su nombre indica, son casas que se encuentran en pueblos o entornos naturales y cuyo alquiler funciona como el de los apartamentos. Por su parte, los hoteles rurales cuentan con la particularidad de que suelen ofertar menos habitaciones que un hotel tradicional.
  • Campings: Son establecimientos en los que se puede acampar con tienda, pero también con remolque o autocaravana. Algunos incluyen también cabañas o bungalows. Cuentan con una zona de servicios comunes con lavandería, baños, fregaderos, tienda de ultramarinos y restaurante. Los hay muy básicos, pero también bien equipados con incluso hasta piscinas. Hoy en día incluso se está popularizando el Glamping (Glamour + Camping), que viene a ser un alojamiento en la naturaleza, pero con todos los servicios de un hotel de lujo.
  • Intercambios: Existen además plataformas en las que la gente intercambia sus casas para pasar las vacaciones en otro destino; o el coachsurfing, en la que hay gente que ofrece su sofá (gratis) a viajeros de todo el mundo solo por el simple hecho de conocer gente.

Lógicamente, todo tiene sus ventajas e inconvenientes, pero la lista de pros y contras, como decía más arriba, es muy subjetiva y depende de cada uno y de cada momento o circunstancia. Nosotros no hemos probado todos, pero a lo largo de nuestro currículum viajero sí que hemos ido alternando unos u otros tipos en función de nuestras necesidades y bolsillo. Así, hemos ido de camping, hemos reservado en albergues, hemos reservado en hoteles de más o menos estrellas, nos hemos alojado en un spa, hemos hecho paradas de una noche en un B&B antes de seguir sumando millas, hemos dormido en una cabaña en medio de la nada, en un ryokan, nos hemos quedado en un apartamento e incluso hemos pasado una semana en un camarote de un barco. Hay miles de opciones.

Nos quedamos en camping cuando vamos al norte de España. Cuando hacemos ese tipo de viajes vamos a desconectar de la gran ciudad y a estar en contacto con la naturaleza. Así que, aunque no necesariamente es la opción más barata, nos gusta el hecho de montar la tienda, hacer la comida con un simple hornillo, despertar con el ruido de los pájaros y oler la humedad de las nubes bajas y la niebla en el ambiente. En el extranjero lo más parecido que hemos hecho fue en Yosemite, que hicimos noche en una cabaña. Toda una experiencia, sobre todo desayunar viendo pasar a las ardillas y ciervos.

Nos hemos alojado en casas rurales sobre todo para encuentros, bien con familia, bien con amigos.

Los albergues hace años que no los pisamos, y es que la oferta hotelera hoy en día es tan amplia y variada, que en muchos casos nos salía igual un hotel con baño privado. La llegada de los Easyhotel o Ibis Budget nos ha hecho dejarlos de lado.

Hasta hace poco no nos habíamos alojado mucho en apartamentos, pero la llegada de Airbnb y viajes en los que nos juntamos 4-5 personas, nos han llevado a buscar esta opción.

Los B&B fueron un básico en nuestro viaje por Escocia. Hasta entonces no habíamos pasado por ninguno, pero son toda una experiencia.

 

Con los diferentes tipos de alojamiento aclarados, ¿Qué influye en el precio?

Algo que abaratará/encarecerá siempre el precio de los alojamientos es la temporada. Algo muy obvio, a mayor demanda, suben los precios, ya que tienen aseguradas las reservas.

Sin embargo, cuando tienen menor ocupación, lanzan ofertas. No es lo mismo viajar en agosto a Canarias, que hacerlo en abril. Así como tampoco lo es ir al Polo Norte en agosto o diciembre. Hay que pensar en global. Cuando es temporada baja en unas partes del globo, es alta en otras. Que para un español agosto signifique verano, no quiere decir que lo sea también en Nueva Zelanda. Recuerda que en el hemisferio sur será invierno.

Si en tu mente está claro el destino, lo mejor es que tengas disponibilidad de fechas. Si, por el contrario, lo que te marca el viaje es un período delimitado e inamovible, busca un destino que se adapte a tu presupuesto. ¿Quién ha dicho que no se puede ir a la playa en noviembre o a la montaña en agosto? Es cuestión de cambiar de latitudes.

Pero ojo, no sólo es importante la temporada condicionada por las estaciones, también influyen las fiestas o acontecimientos locales. Por ejemplo subirá el precio y la falta de disponibilidad si quieres viajar a Laponia en diciembre con Papá Noel, a la temporada de auroras boreales entre octubre y febrero, a los carnavales en Río de Janeiro o Venecia o a Roma/Sevilla en Semana Santa. Si lo que quieres es ir a esas citas en concreto, no te queda más remedio, obvio. Pero si no, infórmate antes de las festividades y eventos.

De todas formas, si lo que te condiciona es la temporada y no hay más remedio, amplía la búsqueda. No hay que quedarse en el centro, a veces hay otras zonas más alejadas y asequibles, pero bien comunicadas por transporte público o a un paseo. Incluso a veces merece la pena cambiar de población, sobre todo si vas a estar itinerante. Entonces lo mejor será buscar un punto desde el que tengas buenas conexiones para desplazarte cada día.

Y si sabes que tu viaje va a coincidir con algún evento, reserva cuanto antes. Bueno, yo en ese aspecto soy un poco cagaprisas y cuanto antes mejor. Prefiero reservar con posibilidad de cancelación y así si encuentro algo mejor, cambio uno por otro. Me gusta llevarlo más o menos cerrado y no perder tiempo en destino. En el Road Trip por la Costa Oeste de Estados Unidos planteamos en determinado momento ir buscando alojamiento según se nos diera cada día, pero como al final teníamos que reservar con tiempo el helicóptero y llegar a casa de nuestra prima, decidimos cerrar las etapas y reservar con posibilidad de cancelación por si nos encontrábamos con un cambio de planes.

Una opción intermedia a reservar con tiempo, o hacerlo en destino, es la reserva de última hora. A veces también tiene sus ventajas, y es que puede haber ofertas de último momento para completar ocupación, rebajas o algún tipo de promoción. Eso sí, tiene su riesgo, claro. Puede darse el caso de que no haya tales ofertas y la reserva acabe siendo más cara.

Siempre se puede ahorrar algo de dinero con códigos de descuento, estando suscrito a las newsletters, o con programas de fidelidad o puntos. Las cadenas hoteleras suelen tener programas similares a los de las compañías aéreas, así pues, si hay una cadena que frecuentas, regístrate. Aunque sea un 5% de descuento, algo es algo. Algunos hoteles también tienen acuerdos con las aerolíneas y funcionan en ambos sentidos: por un lado se pueden sumar millas con las estancias hoteleras y por otro el saldo acumulado en la cuenta se puede canjear por noches de hotel.

Esto al final resulta también un galimatías, porque es otro punto más a tener en cuenta y que consultar. A la hora de decidirse por el alojamiento no hay que quedarse con la primera opción que veamos. Como todo en la vida hay que valorar y contrastar antes de decidirse. Hay mil buscadores que comparan varias páginas webs al momento. Además, no está de mal contactar directamente con el alojamiento, pues a veces tienen sus propias ofertas.

Los comentarios y valoraciones de otros huéspedes son importantes, aunque hay que saber filtrar los antiguos, los falsos y los de los quisquillosos. Hay que tener en cuenta que no todos somos iguales, y tampoco lo son nuestras prioridades. Eso sí, si una queja es repetitiva, lo más probable es que sea verdad. Las fotos ayudan, y el saber su localización también.

La situación es uno de los factores importantes. Ya sea por estar céntrico o bien comunicado. Por ejemplo, en Nueva York los precios de Manhattan eran prohibitivos, y lo barato era viejo, con baño compartido… En otra ocasión a lo mejor me hubiera dado igual, pero una semana… prefería otra cosa. Buscamos un hotel en Queens, al que se podía llegar fácilmente desde el aeropuerto. Tenía cerca una parada de metro que nos permitía plantarnos en una media hora en el centro y cuya línea nos llevaba a un trasbordo para ir al Bronx o Brooklyn. En Tokio elegimos un hotel en Ueno cerca de una parada de la Yamanote, que es la línea circular y permite moverse con rapidez de un barrio a otro. Hay que buscar un equilibrio entre el precio y el tiempo que se ha de invertir en los traslados (además de lo que cuestan estos desplazamientos). A veces no queda otra que quedarse en el centro y pagar un poco más.

Otro de los filtros importantes a la hora de decantarnos por un alojamiento u otro es la conexión a internet. Puede que el hotel no oferte desayuno, me da igual, ya me apañaré, y más si en la habitación hay calentador de agua y nevera; pero la conexión es básica. No es que tenga un problema de adicción a la tecnología, es que hoy en día es una herramienta muy útil. En primer lugar porque nos permite conectar con la familia, bien por redes sociales, por programas de mensajería o por videollamadas. En segundo lugar porque facilita la planificación de la ruta, reserva de entradas, atracciones, espectáculos o transportes sobre la marcha. Y además, porque cuando haces mil fotos, necesitas una copia de seguridad en la nube. Así que, poder conectar el ordenador durante la noche y salvar datos es algo de vital importancia.

Si nuestro destino es Europa, gracias al fin del Roaming hemos avanzado un gran paso y ya llevaremos datos de casa, lo cual está muy bien para las búsquedas puntuales, mensajería y demás, pero por ejemplo, para el caso de las fotos, es indispensable contar con algo más de datos. Obviamente, no es igual de importante en una escapada de tres días, que en un viaje de 10, pero nunca está de más y me parece algo básico hoy en día.

Así pues, lo importante es tener claro qué se ajusta a nuestras necesidades, buscar, filtrar, comparar y, ante la duda, elegir un alojamiento con política de cancelación por si cambiamos de opinión más adelante.

Alojarse en Escocia

Para vivir la auténtica experiencia escocesa hay que alojarse en un típico Bed & Breakfast. Ya comenté cuando hablé de los preparativos que era un tipo de alojamiento que no habíamos experimentado hasta la fecha y que en un principio no habíamos valorado. Sin embargo, tras navegar un poco por internet y valorar diversas opciones, resultaba lo más apropiado para nuestro bolsillo y para nuestro tipo de viaje.

Los B&B están hasta en los lugares más remotos, algo que no ocurre con los hoteles, que además de ser escasos, suelen ser más antiguos y caros. El problema de estas casas particulares es que ofrecen pocas habitaciones, con lo que hay que reservar con tiempo antes de que vuelen. Pero, la relación calidad/precio suele ser excelente. Y los más alejados y rurales son los que tienen más encanto. Para reservar, tan simple como cruzar un par de correos electrónicos con los propietarios. Rara vez nos pidieron señal o tarjeta de crédito.

Para buscar calidad, es recomendable buscar el sello:

Certificado

Como su propio nombre indica, ofrecen cama y desayuno. Pero además, generalmente tienes a disposición una tetera y unos dulces.

La atención es mucho más personalizada y ya en la llegada, aparte de enseñarte la casa, el anfitrión te recomendará puntos de interés de la ciudad, pueblo o alrededores, así como restaurantes de la zona donde poder cenar. Son auténticos guías locales. Sarah en Durness nos dejó hasta un mapa y nos indicó lugares recónditos que solo los lugareños conocen.

En esta charla de bienvenida te explicarán también la oferta de desayuno.

Menú desayuno

En algunos encontramos opción vegetariana, en otros tenían pescado local en vez de el típico salmón como Jenny en Mallaig, donde es común el arenque. Pero en cualquier caso, el desayuno te lo preparan al momento. Todo casero. Con pactar la hora el día anterior y especificar qué vas a tomar, para cuando vayas al comedor ya tendrás el café o té recién preparado.

Ya dependerá de cada uno si se atreve con un Full Scottish Breakfast o la versión reducida.

El desayuno, que suele ser en un pequeño comedor, sirve para entablar conversación con otros huéspedes o con el mismo anfitrión entre idas y venidas a la cocina, lo que permite practicar el nivel de inglés y profundizar en la cultura escocesa, las rutas que hacen otros viajeros, recomendaciones y consejos.

Por cierto, el horario del desayuno suele ser de 7 a 9. Sí, hay que madrugar, pero es que en Escocia amanece muy pronto, sobre todo en verano. A las 7 ya es día abierto (si es que luce el sol) y si eres como yo, que acostumbra a dormir en un búnker, esas cortinas sin persianas no servirán de mucho a partir de las 6 de la mañana. Además, si quieres aprovechar el día, lo más normal es que quieras estar en la carretera. No es de extrañar pues, que el horario de salida suela ser las 10 (11 de la mañana como muy tarde).

Estos fueron nuestros alojamientos:

  • Edimburgo: Richmond Place Apartments. Estaban en un paseo al centro y muy bien equipados. Se ve que eran nuevos. El tener un espacio cocina-comedor, nos permitía desayunar tranquilamente, o volvernos a cenar tras un día pateando la ciudad. No cocinamos, y quizá ahí estaría el fallo, porque a no ser que la campana extractora funcione muy bien, los olores subirán al dormitorio. Pero bueno, para un par de días fue una buena elección. El edificio es una residencia universitaria y se accede a las puertas con una especie de tarjeta/imán. Pagamos £182.64 por las dos noches.

  • Aberdeen: Skene House Whitehall. Este hotel estaba también a un paseo del centro, aunque Aberdeen no es una gran ciudad, por lo que ninguna pega al respecto. También teníamos una zona cocina-comedor, que daba para lo justo. Perfecto para nuestra estancia, aunque como teníamos el desayuno incluido, apenas la usamos, tan solo la nevera y algún vaso y cubiertos para la cena. Las velux sobre la cama pueden ser un problema si quieres dormir hasta tarde o si necesitas silencio para dormir, ya que la lluvia repiqueteaba en los cristales. Nos costó £77.22.

  • Inverness: The Gatehouse.  Este B&B se encuentra bastante alejado del centro. Pero es que me resultó complicado encontrar algo más céntrico. Y como además no teníamos intención de ver la ciudad, sino simplemente como parada nocturna, nos era suficiente. Pensábamos que íbamos a tener el baño ensuite, y aunque había uno únicamente a nuestra disposición, había que salir de la habitación. Pagamos £75.

  • Thurso: The Holborn Hotel. Este hotel es algo antiguo y se encuentra sobre un bar. Aunque no lo encontramos especialmente ruidoso. La habitación era lo justo con lo que se ve. La butaca incluso nos estorbaba con la maleta y las mochilas dentro. Este salió por £84.50 con alojamiento y desayuno.

  • Durness: Churchend Cottage. Este Bed & Breakfast se encuentra en las afueras del pueblo. Por decir algo, ya que es un pueblo un tanto esparcido. Pero hay un paseo a la zona donde hay más movimiento. Sin embargo, tanto su anfitriona como el lugar son encantadores. Es un alojamiento que recuerda a una cabaña, pero está a la última. Es todo bastante moderno, desde la ducha eléctrica, hasta la televisión por satélite, pasando por los enchufes usb. Nos costó £70 la noche.

  • Ullapool: Fonaiven. En este pequeño pueblo pesquero nos alojamos en un B&B a un corto paseo de la playa tras atravesar una ruta por el bosque. Esta vez sí que teníamos el baño en la habitación, y bastante moderno también. De nuevo con ducha eléctrica, muy común por lo que vimos en nuestro viaje. Tienen un botón de encendido, regulas la temperatura y listo. Supongo que es más cómodo que tener un termo para toda la casa cuando alquilas varias habitaciones. Esta fue una de las más baratas, tan solo £65.

  • Inverness: Silverstrands Guest House. Algo más próximo del centro que nuestra anterior parada en la ciudad, este B&B regentado por Kenny también tenía sus detalles y nos resultó muy cómodo. Sin embargo, tampoco tenía baño incluido en la habitación. Eso sí, de nuevo, aunque había que salir al pasillo, el baño solo lo usábamos nosotros, ya que la gente de la planta de arriba sí que lo tenía dentro. Muy cuidado el desayuno, la presentación y la atención de Kenny. Calidad por £77.50.

  • Portree: Lochview. Como su nombre indica, este B&B tenía unas impresionantes vistas al lago. Eso sí, para ir a los pueblos próximos había que coger el coche. No encontré nada interesante en Portree y decidí alejarme en mi búsqueda. El resultado fue una buena elección. Tanto la habitación como el baño eran amplios y modernos. Teníamos hasta una ducha de grifos. Elaine cuidaba cada detalle, como los yogures con su original presentación. Nos costó £80.

  • Mallaig: Ashdale Bed and Breakfast. En el pequeño pueblo de Mallaig nos alojamos en casa de Jenny, una anciana encantadora que nos ofreció una habitación triple con vistas al mar. El baño, aunque pequeño, estaba dentro de la habitación y era también bastante moderno. De nuevo con la ducha eléctrica. Dado que el otro huésped alojado no desayunó, Jenny solo cocinó para nosotros y quizá fue el B&B en el que menos variedad tuvimos. De precio, en la media: £70.

  • Oban: Lochnell Arms. En realidad no se encontraba en Oban, sino en Connell, me fue imposible encontrar nada en Oban y solo encontré habitación en este hotel. Al igual que nos ocurrió en Thurso, es algo antiguo, y también tenía un bar debajo. El hotel es algo viejo, y así lo muestran la habitación y el baño. Lo justo para una parada, poco más. También es verdad, que fue de los más baratos: £65.

  • Stirling: Rawenswood Guest House. La casa de Stuart está en la carretera que lleva a Stirling y está muy bien preparada. La habitación era algo justa, pero el baño era amplio y moderno. Sí, también con la ducha eléctrica. La clave de la wifi era diferente para cada habitación e iba bastante rápida la conexión. El desayuno ofertaba también una opción vegetariana y sus proveedores eran agricultores y ganaderos locales. Nos costó £85.

  • Edimburgo: Easyhotel Princes Street. Para el último día era complicado encontrar alojamiento, puesto que al día siguiente comenzaba el Fringe, así que la ocupación estaba bastante completa en la ciudad. Como ya era nuestro último día y no íbamos a necesitar mucho más que dormir y ducha, nos decantamos por esta cadena que es básica. Muy básica. Pero también barata: £60.95.

En total gastamos £992.81, unos 1200-1300€. Es algo más de lo que solemos invertir habitualmente, ya que nuestro presupuesto por noche suele ser 50-60€, pero en este caso, en Escocia, hay que subir un poco porque lo normal son las £70 por noche. También es verdad que estamos incluyendo el desayuno – un señor desayuno – y la atención personalizada. Alternamos hoteles y B&B, y sin duda, me quedaría con la experiencia de alojarse en casas particulares, ya que se vive el viaje de una forma más auténtica.