Alojarse en Islandia

La infraestructura hotelera de Islandia no es comparable con la de otros países que hubiéramos visitado. Dado que hasta hace apenas una década solo recibía visitantes dispuestos a adentrarse por la naturaleza y que recurrían a las furgonetas camperizadas, albergues o autocaravanas, no es de extrañar que no tenga una gran oferta en alojamientos. Además, no se nos puede olvidar que son unos 300.000 habitantes y que para el turismo interior no habían tenido tal demanda. Ante la llegada masiva de nuevos viajeros, obviamente el poco alojamiento que hay disponible resulta escaso, sobre todo cuando nos alejamos de la capital. Además, los precios son bastante altos y la relación calidad/precio es peor que si la comparamos con otros países europeos. Por eso, una vez más, a la hora de organizar un viaje a Islandia es muy importante planificar con tiempo.

La opción más cara es el hotel, y no abundan. Después están los apartamentos, las guesthouses y granjas (similares a un B&B y suelen incluir desayuno), y los hostels y albergues que son más baratos y además te dan la opción de poder usar sus cocinas, algo que se agradece a la hora de la cena, por aquello de ingerir algo caliente. En estos últimos, en algunos casos (cada vez menos), no incluyen la ropa de cama, pues en muchos casos quien se aloja son mochileros que ya llevan su propio saco de dormir.

Por último quedaría la posibilidad del camping, necesaria cuando se viaja con autocaravana, ya que hoy en día la acampada libre en Islandia no está permitida. Sí se podía hacer hasta hace unos años, pero la llegada masiva de turistas incívicos forzó al gobierno islandés, como es lógico, a salvaguardar su entorno y ahora únicamente existe la excepción en los casos en que se trate de menos de tres tiendas y se elija un terreno no cultivable como espacio para pasar una noche, y siempre y cuando el propietario no indique lo contrario, claro. Quedan excluidas las autocaravanas, e igualmente de los aparcamientos, en muchos lo pone expresamente. Así pues, toca buscar hueco en los pocos campings que hay por la isla y cuya estancia suele oscilar entre los 450 ISK y los 900 ISK por persona y noche en función de los servicios que se contraten.

Siguiendo nuestra tónica habitual, hemos intentado buscar alojamientos que cumplieran dos características principales. En primer lugar que estuvieran en nuestra ruta y no nos hicieran desviarnos mucho, y en segundo que se ajustaran a nuestro presupuesto. En algunos casos teníamos varias opciones con mismo precio y similar ubicación, así que nos decantamos por aquellos que nos ofrecían alguna comodidad adicional como wifi, desayuno, que tuviera una pequeña cocina o incluso lavadora.

Estos fueron nuestros alojamientos:

Día 1 Reikiavik: Reservamos un apartamento en una población próxima a Reikiavik, ya que en la capital se nos iba todo de precio. Buscamos algo que nos quedara cerca de la Ring Road para salir directos al día siguiente y listo. No fue de los mejores que elegimos, pero llegamos tan cansados, que no nos importó. Teníamos una pequeña cocina, aunque la cena esa noche la compramos para llevar, pero nos pudimos preparar las bebidas calientes en el desayuno. Quizá la mayor pega fue el baño, pero no era cosa del apartamento, sino de la zona, y es que el agua caliente salía con olor a azufre. Demasiado impacto para el primer día. Nos costó 83,27€ la noche.

Día 2 Borgarnes: Lækjarkot Rooms and Cottages. En esta zona aún había bastante oferta hotelera, sin embargo, el precio seguía siendo alto. Encontramos este alojamiento a las afueras de Borgarnes y no fue una mala opción para pasar la noche. A pesar de que no dejaba de ser una especie de contenedor de barcos con apenas poco más que una cama, un escritorio, un pequeño armario, una cocina y un baño, lo cierto es que era tranquilo, estaba limpio y parecía bastante nuevo. Pudimos disfrutar de una tarde relajados, nos hicimos una cena caliente y además la ducha no olía a huevo podrido. Nos costó 76,80€.

Día 3 Búðardalur: Ravencliff Lodge. Ubicada casi en la intersección de las carreteras 54 y 60, se trataba de una casa familiar, que claramente había sido renovada y ampliada. Seguramente se trataba de una granja que dejó de funcionar como tal y los dueños han reconvertido en alojamiento. Además de esta casa principal, en el terreno había además algunas cabañas.

Esta vez tuvimos que compartir baño, pero lo cierto es que en la casa tan solo había una pareja de chavales jóvenes y un señor español que iba con otras dos parejas alojadas en las cabañas. La casa estaba muy bien equipada y no tuvimos ningún problema con las zonas compartidas. Como además está en medio de la nada, el entorno es bien tranquilo. Nos salió por 76,03€ la noche.

Día 4 Varmahlið: Este cuarto día repetimos en un apartamento. Aunque en realidad se trataba de un garaje reconvertido en casita de invitados, contaba con una cocina bastante completa y un aseo.

Para la ducha teníamos que salir sin embargo a otra estancia, un detalle tampoco nos preocupó en demasía, ya que al fin y al cabo solo nos íbamos a duchar una vez. Es verdad que era más caro que los anteriores (110,40€), pero a medida que seguíamos hacia el norte nos iba resultando más complicado encontrar opciones. Así pues, como nos pareció que tenía buena pinta y además estaba bien situado cerca de la Ring Road, no le dimos muchas vueltas. Luego además resultó que pudimos ver las auroras boreales desde allí.

Días 5, 6 y 7 Lago Mývatn: Como teníamos varios puntos de interés en torno a este lago, decidimos establecer un sitio base en lugar de movernos cada día. Encontramos el Hotel Gígur by Keahotels, que nos salía a 130,71€ la noche con desayuno incluido y en vista de las pocas alternativas, reservamos. La habitación era algo justa y con camas individuales, pero bueno, lo solucionamos juntándolas.

El problema real fue el olor a azufre de nuevo, esta vez mucho más persistente que en nuestro primer alojamiento. De hecho en sus pasillos tienen vinilos alertando de que si queremos agua caliente en esta zona, no nos queda otra que acostumbrarnos al olor. Menos mal que no pasamos mucho tiempo en el hotel.

Aunque tuvimos que salir pronto por las mañanas y no nos pudimos recrear mucho en los desayunos, la oferta era variada.

Día 8 Seyðisfjordur: Hafaldan HI hostel. Este fue uno de mis alojamientos favoritos a pesar de que teníamos el baño fuera de la habitación. Supongo que tenía mucho que ver el enclave tan remoto en que nos encontrábamos, pero también cómo el antiguo hospital se ha reacondicionado en hostel con sencillez y mucho gusto. 

Por 95,13€ teníamos no solo el alojamiento, sino una amplia cocina totalmente equipada y la posibilidad de usar la lavadora y secadora (previo pago) además de la sauna.

Día 9 Höfn: Arnanes Country Hotel. En este hotel rústico un poco en medio de la nada, por 103,45€ teníamos habitación (sin baño) y desayuno. No obstante, como teníamos la excursión al glaciar muy pronto, tuvimos que desayunar en la habitación porque si no, no llegábamos. De hecho, fue en uno de los alojamientos que menos tiempo pasamos, porque también llegamos bastante tarde. Nos sirvió básicamente para dormir y asearnos.

La única pega que le podría poner en base a nuestra estancia es que la wifi era muy muy lenta, casi inexistente.

Día 10 Kirkjubæjarklaustur: Hótel Laki. Aquí, a pesar de que habíamos elegido una cabaña en los Efri-Vík Bungalows, a nuestra llegada nos ofrecieron cambiar la reserva al edificio principal del hotel, donde, a diferencia de en las cabañas, tendríamos conexión a internet. Además nos dieron un vale para tomar una consumición en el bar. Con desayuno incluido, pagamos 129,60€ por la noche, quedando evidente que, a medida que nos movíamos por territorios más turísticos, el precio subía.

La habitación estaba en un ala anexa al edificio principal y tenía un buen tamaño. Daba a la parte trasera, precisamente hacia los bungalows y era bastante tranquila, lo cual nos vino bien, porque ese día sí que terminamos algo antes que los anteriores y pudimos aprovechar para descansar, hacer copia de seguridad de las fotos, reorganizar las maletas y tomarnos alguna cerveza local.

La única pega era el baño, que era un tanto básico y anticuado, pero estaba limpio y cumplió su función.

Día 11 Skógar: Tal y como habíamos hecho en Búðardalur, reservamos habitación con baño compartido en una casa estilo granja. El edificio parecía estar ubicado en un terreno familiar con varias casitas unifamiliares. Esta era bastante moderna, de hecho, no parecía haber vivido nadie, sino haberse usado únicamente como casa de alquiler. La compartimos con una pareja de alemanes y dos mujeres holandesas, pero únicamente nos cruzamos en la comida a la cena, coincidimos todos en el desayuno.

Nosotros llegamos a media tarde, porque ese día nos cayó un buen diluvio, pero estaba la casa abierta y vacía, por lo que pudimos disfrutar del salón tranquilamente. No es que nuestra habitación no fuera cómoda, pero sí que es verdad que era algo pequeña y al estar abuhardillada, preferimos quedarnos abajo.

El baño lo teníamos fuera, aunque no tuvimos que esperar en ningún momento para usarlo.

Teníamos el desayuno incluido en la reserva, por la que pagamos 119,58€, aunque no fue de los mejores que probamos.

Día 12 y 13 Hella: Welcome Riverside Guesthouse. Nuestra penúltima parada fue en Hella, donde elegimos este alojamiento cuyo edificio fue construido en la década de 1930 en Þingvellir para el rey Kristján X. Hoy es un albergue moderno y sencillo con una sala con mesas y sillas y una cocina doble completamente equipada. 

Es verdad que teníamos baño compartido y que la habitación era pequeña, pero nos era muy conveniente su localización a apenas 900 metros de la parada del bus que nos llevaría a Landamannalaugar. Además nos salió por 125,58€ las dos noches, que estaba bastante bien con respecto al importe medio que veníamos pagando.

Día 14 Keflavik: Breakfast Keflavík Airport Hotel. Para la última noche elegimos lo más próximo al aeropuerto posible, ya que teníamos el vuelo pronto y además había que devolver el coche antes. La habitación era enorme, aunque el baño, el mobiliario, la moqueta y el diseño en general nos trasladaban a los años 70. Nos salió por 98,17€ la noche y no pasamos en él ni 10 horas, lo justo para ducharnos, cenar, hacer las maletas y dormir.

En total en alojamiento gastamos 1.410,13€, que viene a ser 50,36€ por persona y noche. Es el doble de lo que solemos destinar en nuestros viajes, pero como digo, no queda otra, pues no hay mucha oferta y además el nivel de vida islandés es superior al nuestro. También es verdad que en algunos casos teníamos incluido el desayuno. En cualquier caso, creo que acertamos con todos y cada uno de ellos, aunque, lógicamente, algunos estaban mejor cuidados y preparados que otros.

Preparativos para un Road Trip por Islandia II: Itinerario y Alojamiento

Durante el mes de enero y febrero dejamos zanjados los vuelos y el alquiler del coche. Estas dos cosas nos habían servido para ir configurando el estilo de viaje que queríamos hacer. Ahora tocaba darle forma, decidir el itinerario, concretar día por día, buscar alojamiento y reservar excursiones. Ya había decidido que el itinerario sería en sentido horario y había marcado en un mapa miles de puntos de interés. Ahora era el momento de poner algo de orden.

Si algo hemos aprendido estos últimos años de los viajes en coche es que lo mejor es no saturar los días con kilómetros y kilómetros de conducción. Pero es que además un viaje por Islandia es de aquellos en los que tanto o más importa el camino como las paradas que podamos programar. La duración de las etapas vendrá determinada por la orografía, el estado de las carreteras, la climatología y las veces que nos paremos a observar el paisaje o ver algún punto de interés.

Lo bueno es que en las fechas elegidas tendríamos luz desde las 6 de la mañana hasta las 8 de la tarde, por lo que podríamos aprovechar bastante los días. No es como en junio, claro, pero es que el cuerpo también tiene un límite de aguante. Y como prácticamente todos nuestros planes tenían que ver con la naturaleza, no teníamos que pensar mucho en llegar a determinado horario a según qué punto. Lo único que nos iba a determinar los días (salvo contadas excepciones) era la hora de dejar el alojamiento y de llegada al siguiente.

Pero, ¿qué queríamos ver en Islandia? Pues todo. Pero como 15 días no iban a dar tanto de sí, había que filtrar. Decidimos priorizar en base a lo que fuera más característico, es decir, aquello que distingue a Islandia de otros territorios. Me dio mucha pena dejar los Fiordos del Oeste fuera de la ruta, pero es que si nos adentrábamos por aquellas carreteras algo tendría que caerse de otra parte del itinerario. No habría días para todo. Así que, ajustamos de forma que esos dos días que nos habría llevado recorrer la zona los pudiéramos emplear en una excursión al volcán Askja y en otra caminando por un glaciar. Al fin y al cabo acantilados ya habíamos visto en Escocia y fiordos en Noruega y por muy diferentes que pudieran ser estos de aquellos había que pensar, como digo, en lo que hace a Islandia destacar de otros lugares.

Así, tras muchas vueltas el itinerario quedó como sigue:

Como siempre, este es el punto de partida sobre todo para cuadrar alojamientos y excursiones. Luego sobre la marcha iríamos ajustando la ruta de cada día descartando algunos planes y añadiendo otros en función de la climatología, el cansancio o los ánimos.

Durante el mes de marzo fui reservando los alojamientos, ya que, como comentaba en el post anterior, al haber una oferta escasa, la anticipación es primordial. Hemos alternado apartamentos, guesthouses, albergues, granjas, cabañas y algún hotel, siempre basándonos en la premisa de que estuviera dentro de la ruta y no nos hiciera perder tiempo. Además intentamos que tuviera baño privado (aunque no es fácil en según qué zonas del país) y cocina para por lo menos cenar caliente (aunque la comida fuera preparada). Si además incluía el desayuno, mejor que mejor.

Como se puede apreciar en el itinerario había varias excursiones programadas. Por un lado las ballenas en Húsavik y la de caminar por un glaciar y por otro la del volcán Askja y la de la ruta de Landmannalaugar. Estas dos últimas hay quien las hace por su cuenta, eso sí, con un 4×4. Nosotros pensamos que no nos merecía pagar más por este tipo de vehículo solo por estas dos cosas (además de que vadear ríos no entraba en nuestros planes), así que buscamos transporte alternativo.

Con excepción de la de las ballenas, el resto las reservamos en abril. Y para el glaciar ya había fechas bloqueadas. Hay que tener en cuenta de que son grupos pequeños y a nada que haya una pandilla de 5-6 personas y un par de parejas, te has quedado sin hueco. Por lo que de nuevo hay que tener previsión. La de Húsavik la dejamos para más adelante porque no parecía tan complicado encontrar hueco. Había varias empresas y podía depender de la climatología. Sin embargo, al final acabamos reservando los billetes en mayo para cubrirnos las espaldas. No habría que pagar hasta el día en sí, así que sin problema.

El viaje iba tomando forma. Faltaban los últimos detalles y quedaban menos de 100 días para coger el vuelo.

Preparativos para un Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá II: Alquiler de coche y Alojamientos

Durante el mes de noviembre, ya a la vuelta del crucero, nos centramos en concretar la ruta, valorar los días de coche, las paradas y en repartirnos la búsqueda de información. Recuerdo que así había quedado nuestro itinerario.

Ya en diciembre comenzamos a buscar alojamiento. Empezamos por Chicago, nuestra primera parada. Aunque comparamos la opción hotel vs apartamento, finalmente, para mayor comodidad, decidimos quedarnos con la segunda opción y así contar con cocina y más espacio para organizar el equipaje.

Asimismo reservamos una noche de hotel en London, una población próxima a las Cataratas del Niágara, pues ya con la planificación de la ruta vimos que ir de Chicago hasta Niágara del tirón en un mismo día (teniendo que pasar además los trámites de la frontera) iba a ser demasiado.

También en diciembre realizamos una comparativa entre diferentes empresas de alquiler de coche. Toda una odisea. No todas nos cubrían lo mismo, por lo que hubo que desgranar el tipo de seguro que ofrecían, el extra que cobraban por devolver en una ciudad diferente a la de la recogida, si nos incluía un segundo conductor en el contrato…

En el viaje por la Costa Oeste con el Jeep Compass fuimos un pelín justos de equipaje. Y aunque esta vez somos más experimentados y viajamos con menos trastos, al final nos íbamos a juntar al menos con una maleta grande, tres medianas, tres pequeñas y varias mochilas. Así pues, como la diferencia de precio de un SUV pequeño a uno grande no era mucha y sí que suponía un importante aumento de la capacidad del maletero, decidimos plantearnos el siguiente segmento: el Chevrolet Captiva o Ford Edge.

En determinado momento valoramos el alquilar uno de 7 plazas, porque salía incluso más barato. Pero suponía llevar un tanque y sin bandeja que tapara el maletero.

Ya en enero fuimos cerrando el resto de alojamientos. En algunas ciudades elegimos hotel con habitaciones cuádruples que, si te organizas, son una muy buena opción, pues salen muy bien de precio. Pero en otras tuvimos que buscar apartamentos, ya que era más económico y había más variedad donde elegir.

Lo más complejo fue Boston, ya que es extremadamente cara. No solo por ser una gran ciudad, sino porque el hecho de contar con 4 universidades hace que el alojamiento esté muy cotizado.

Al final, el resultado (sin buscarlo) fue una alternancia equilibrada de hoteles y apartamentos. En las grandes ciudades fue más sencillo encontrar apartamento, y en las pequeñas, hoteles:

– En Chicago, apartamento

– En London, hotel: Days Inn London, London

– En Toronto, apartamento

– En Ottawa, hotel: Econo Lodge Downtown

– En Montreal, apartamento

– En Merrimack, hotel: Quality Inn Nashua

– En Boston, apartamento

A la vez que buscábamos alojamiento, íbamos configurando nuestro itinerario, los puntos de interés en cada ciudad y la ruta que haríamos allí.

A principios de febrero cerramos por fin el tema del coche. Nos decantamos finalmente por el Ford Egde en Avis. Gracias al programa de partners de British Airways a mi hermano le salía mejor que directamente con Avis y además nos incluía un segundo conductor, algo que no ofertaba directamente la empresa de alquiler.

En nuestro anterior viaje no tuvimos problema con los conductores adicionales, ya que en el California está incluido, independientemente de que cambies de estado. En este caso habría que haberlo pagado aparte, aunque en el Estado de Illinois parece que el cónyuge o compañero residente en el mismo domicilio (supongo que para parejas homosexuales que no se pueden casar) están automáticamente incluidos en el alquiler como conductor adicional.

En el caso de extranjeros no sé muy bien cómo lo harán, porque una no va con el certificado de matrimonio traducido en la maleta. Y tampoco se cambia los apellidos… De hecho, según su lógica mi hermano y yo podríamos haber sido cónyuges al compartir apellidos. No sería la primera vez que nos han registrado mal en un hotel al ver los pasaportes.

El seguro de base, el LDW (Loss Damage Waiver) nos incluía los daños por accidente, los de los cristales, objetos robados (radio, batería, etc), vandalismo y robo del coche.

Para conducir en el extranjero es necesario llevar un permiso especial que emiten en la DGT. El permiso internacional de conducción ya nos lo sacamos en 2012 y no lo usamos, pero como nunca se sabe, yo preferí asegurar. Según me dijo el señor de la DGT, lo normal es que en la oficina de alquiler no te lo pidan, pero en caso de que te pare algún oficial, seguramente sí que te lo requieran.

El trámite no es muy complicado. Hay que pedir cita en una Jefatura de Tráfico (esto es lo más difícil de todo, pues están saturados) y acudir con el carnet de conducir, una fotografía actualizada, de 32 x 26 mm. en color, completar un formulario y pagar 10,20€. Sales con el libro ya puesto.

En caso de mandar a un autorizado, este ha de acudir con un documento oficial (DNI, carnet de conducir, pasaporte, o fotocopia de alguno de ellos compulsada) además de la fotografía y el formulario. Y pagar, claro. Que por cierto, solo se puede abonar por tarjeta o previamente por la web.

Es un libro con los datos personales del titular así como los permisos que posee pero con la información repetida en diferentes idiomas (español, alemán, inglés, francés, italiano, portugués, árabe y ruso). Tiene un año de validez desde la expedición y no se puede usar en España.

Así con este trámite, llegados a marzo, podríamos decir que estaba toda la planificación prácticamente completa. Tan solo nos quedaba preparar la documentación, las divisas y las telecomunicaciones.

Trucos Viajeros: Errores a evitar

En todas las facetas de la vida cometemos errores, y en los viajes la situación no iba a ser diferente. Da igual que seamos novatos o experimentados, siempre hay fallos en menor o mayor medida. Pero de todo se aprende, así que hay que detectarlos para no volver a cometerlos. Me he sentado a reflexionar y he sacado unos pocos. Unos los he cometido yo, otros sin embargo son prestados de amigos o conocidos. Unos son más típicos, otros no tanto, pero conviene tenerlos en cuenta.

Podemos empezar a tener un desacierto ya antes incluso de viajar, como por ejemplo descartando destinos por prejuicios. A veces las noticias nos hacen formarnos una opinión sobre un lugar que no tiene nada que ver con la realidad. O que al menos está algo exagerada. He oído muchas veces al volver de un viaje lo de ¿Y es seguro?  No digo que no se corran riesgos al viajar, pero también estamos expuestos en nuestro día a día. Quizá no lo percibimos del mismo modo por tratarse de lo conocido, pero los peligros existen en todos sitios. De una forma u otra. Obviamente no hablo de países en guerra, claro.

Por otro lado, un fallo común es el no crear un presupuesto. A veces incluso es más importante que tener el destino decidido. Cuando una necesita salir de viaje para desconectar, ver mundo y olvidarse de la rutina no siempre importa dónde. Así, es clave echar cuentas y decidir un presupuesto y ver hasta dónde se puede llegar. Pero de verdad, sin préstamos ni tarjetas de crédito que nos endeuden.

Un error que he visto cometer mucho es no planear con suficiente antelación. Me gusta sacar los vuelos al menos con seis meses de adelanto. No siempre se puede, claro, pero es algo que puede encarecer bastante el presupuesto si dejamos pasar el tiempo. Con los alojamientos o vehículos no es tan drástico a nivel económico, pero cuanto más se acerque la fecha y según en qué temporada, número de personas y lugar puede ir menguando la disponibilidad y quedarnos a dos velas. No es que haya que obsesionarse con un alojamiento en pleno centro de la ciudad, pues a veces es mucho más conveniente que esté bien comunicado con transporte y en una zona tranquila con lugares donde comer o comprar, a que esté en el meollo. Probablemente nos ahorraremos algo de dinero y como no todos los días nos vamos a desplazar a la misma zona, no importa que tengamos que tomar el transporte público.

Y a la hora de llevar a cabo estas reservas hay que tener en cuenta ciertos detalles. Por ejemplo, a la hora de sacar un vuelo al extranjero conviene no olvidarse de la vigencia y caducidad de nuestros documentos (pasaporte, carnet de conducir, tarjeta sanitaria, tarjetas bancarias…).Por ejemplo, para un buen número de países el pasaporte ha de tener una vigencia de mínimo seis meses, pero mejor confirmar antes de que no nos dejen subir al avión. Y además, verificar si necesitamos visados. Un mínimo de investigación sobre el destino nunca viene mal. No hay que cometer el error de no revisar si nuestro carnet de conducir es válido o necesitamos el internacional.

Importante también es no caer en la idea de que no merece la pena sacar un seguro de viaje si solo son unos días. No suelen subir excesivamente de precio y nunca sabemos lo que puede pasar. Un retraso, pérdida de maletas, pero sobre todo por el tema médico. Una tontería como una torcedura de tobillo puede salirnos tremendamente cara según donde nos encontremos. Invertir en seguridad y salud nunca es un error. Como tampoco lo es saber el tipo de sangre y alergias que tenemos.

Uno de los más nefastos sin embargo es la falta de información. No hace falta leerse toooooodos los blogs y páginas que haya sobre nuestro destino, verse listas y listas de reproducción de Youtube, pedir información a información y turismo y comprarse varias guías, pero un mínimo de documentación nunca viene mal. Sobre todo para no acabar en el Caribe en época de huracanes, en el sudeste asiático en la de tifones (no saldrás del hotel) o en ramadán en un país musulmán (estará todo cerrado). Hay que saber localizar el país en un mapa y conocer un poco sobre su cultura, climatología, si es necesario vacunarse o sacar visado, el idioma que se habla (no está de más aprender los saludos y gracias), moneda…

Yo este fallo no lo tengo. Más bien peco de lo contrario, de tener el síndrome de Diógenes pero en la versión digital. Me guardo todo lo que voy encontrando y al final tengo tanta información que no sé ni por dónde empezar. La solución es simplificar las fuentes de información según mis propios intereses (ya que no todos los viajeros tienen las mismas motivaciones, prioridades, gustos, tiempo o dinero) y según antigüedad (pues la vida pasa y cambian los precios, las normativas…).

A la hora de planificar se nos puede ir la mano (culpable) y montar rutas difíciles de cumplir. Con el tiempo me he relajado algo (algo) y ya no intento abarcar tanto, pero he cometido el error de querer cubrir todo sin considerar que pueden surgir imprevistos con el tiempo, el transporte o simplemente que en determinado lugar nos queramos parar más tiempo porque nos ha gustado más de lo que pensábamos. Así que, al igual que planteamos un presupuesto con un remanente para contingencias, es conveniente hacer lo mismo con la planificación de las rutas y dejar cierta flexibilidad.

Una gran equivocación es la de no preparar copias de los documentos importantes. La experiencia me dice que nunca sobra llevarlos en formato digital (además a ser posible en la nube con acceso sin conexión) y en formato físico. Parece una tontería, pero si ya de por sí un robo o pérdida en casa supone un trastorno, más aún cuando estás fuera.

Un error que quizá cada vez se cometa menos es el de no avisar a la familia de nuestro itinerario. Hoy ya estamos hiperconectados y seguramente mandemos fotos al embarcar con el número de vuelo al fondo, de nuestro alojamiento, de dónde comemos o en qué punto turístico nos encontramos; pero aún así, conviene dejar anotado el itinerario con números de vuelos, hoteles, o ciudades a la que se va a viajar para que, en caso de una hipotética emergencia, estemos localizables.

Sin embargo, sí que hay quien se olvida de informar al banco de que pretende usar las tarjetas en el extranjero. Esto varía según cada entidad, y normalmente por un pago puntual en un país europeo no hay problema, pero si se detectan varias localizaciones en poco tiempo, es probable que salte una alerta y nos las bloqueen. Después hay que esperar un par de días para que las reactiven, lo que puede causar grandes inconvenientes. En nuestro viaje a Seychelles, Bombay y París, yo avisé a mi banco para que no saltaran las alarmas y ellos me aconsejaron quitar la protección anti-robo temporalmente, pero a la vez, para mayor seguridad, que desde la aplicación las activara y desactivara cuando fuera a realizar una operación, para así tener el control yo. No obstante, cada banco tiene su operativa, por lo que mejor asegurarse. O llevar tarjetas monedero.

También relacionado con el aspecto económico, es usual cometer el error de no informarse del cambio de divisa y de las comisiones que aplicaría el banco tanto por cambio, por pago con tarjeta o por retirada de efectivo. Generalmente la mejor opción suele ser esta última, pero como siempre, depende de cada caso y de los porcentajes que apliquen. La pela es la pela y la banca nunca pierde, así que hay que buscar cuál es la mejor opción de todas para nosotros.

Donde también podemos cometer un desacierto es en el aspecto relacionado con la telefonía. El móvil se ha convertido en un elemento imprescindible en nuestras vidas y cuando vamos de viaje no puede faltar. De hecho, es una herramienta muy útil no solo como teléfono en sí o como almacenamiento o cámara, sino que nos sirve para ubicarnos en una ciudad gracias al gps y los mapas, y nos permite improvisar cambiando los planes sobre la marcha. Pero ojo, porque para la mayoría de estas utilidades necesitaremos tirar de internet y no a cualquier precio. Como decía más arriba, la información es importante, y antes de viajar es preciso confirmar en primer lugar si nuestro terminal va a funcionar en la red del destino, ya que las bandas de telefonía no son las mismas en todo el mundo.

Por otra parte, aunque en Europa se ha eliminado el roaming y mantenemos nuestra tarifa de datos, siempre hay unos límites, que también conviene saber. Además, no siempre nos sirven todas las redes disponibles, sino que generalmente nuestro operador tiene un acuerdo con uno del destino o necesitamos activar algo en nuestro terminal. Otro dato que hay conocer. Y por último, hay que asegurarse de que nos conectamos a una red de un país que esté incluido, no sea que estemos en Grecia y por equivocación naveguemos con una turca.

Y si no, siempre nos queda comprar una tarjeta local y olvidarnos de la nuestra temporalmente.

Uno de los fallos en los que intento no caer es dejar el equipaje para el último momento. Se corren demasiados riesgos, pues podemos olvidarnos algo importante como medicamentos que luego nos va a costar conseguir en destino o algún documento. Para evitar además esto, conviene tener una lista que se pueda reutilizar de un viaje a otro tan solo ajustando tipo de ropa y calzado. Así evitaremos despistes y viajar con exceso de peso por haber llenado la maleta de “por si acasos”.

Cuando viajamos en avión, es frecuente ver cómo hay gente que aún comete el error de no hacer el check-in electrónicamente. En algunos casos hasta es imprescindible si no se quiere pagar por ello, como en algunas low cost. Pero sobre todo es un error no hacerlo antes de llegar al aeropuerto porque nos ahorrará tiempo. Especialmente en aquellas ocasiones en las que no facturamos. Además, en ocasiones, podemos elegir ya el asiento, con lo que cuanto más tiempo de adelanto, más espacios disponibles donde escoger.

Y también es recomendable hacer el check-in online para hacer peticiones extras, como la comida, requerimiento de ayuda por reducción de movilidad o incluso cuando teníamos un billete sin maleta en bodega pero decidimos a última hora que la vamos a necesitar, pues sale más barato vía online que directamente en el aeropuerto. En definitiva, todo lo que nos podamos quitar antes de llegar allí, mejor. De esta forma luego irá todo más fluido.

Normalmente el viajero novato suele acudir con demasiado tiempo al aeropuerto y aunque, en general, con un par de horas es suficiente, tampoco hay que confiarse pues dependiendo de los controles que tengamos que pasar y las fechas en las que viajemos puede que necesitemos estar un poco antes. Sobre todo si hay que pasar por mostrador para facturar, después control de seguridad y por último el de pasaportes. A nada que tengamos que esperar un poco de cola iremos justos.

Puede que cometamos el error (o alguien delante de nosotros) de no medir el equipaje de mano y todo se ralentiza. Cada aerolínea tiene sus propias normas y algunas son más estrictas que otras, pero en general, el equipaje de mano debe caber en el compartimento superior de los asientos (o bajo el de delante si es una mochila). En cuanto al peso también varía entre los 5 y 10 kilos dependiendo de si es un vuelo corto o largo y de la compañía. En otros casos el descuido es no verificar cuántas maletas están incluidas en nuestro billete.

Pero peor que esperar en la cola de la aerolínea para facturar o conseguir el billete de embarque es hacerlo en la de seguridad porque alguien se ha olvidado de sacar los líquidos y aparatos electrónicos (o descalzarse cuando lleva botas) en el control. No hay que olvidar que tan solo se pueden llevar recipientes que no pasen de los 100 ml (y en total que no superen el litro) en una única bolsa transparente. En cuanto a la categoría de electrónica que hay que poner en la bandeja se encuentran las cámaras reflex, tabletas, portátiles y (a veces) libros electrónicos.

Tan importante es saber hacer bien una maleta facturada como la de mano. Hay quien comete el error de no empacar lo esencial en el equipaje de mano. Pero no está de más llevar en él una o dos mudas, los medicamentos, cargadores y artículos básicos de aseo (además de documentación o dinero/tarjetas, claro) por si se perdiera lo facturado o llegara con retraso. También es útil llevar un bolígrafo, pues a veces hay que rellenar formularios de inmigración y aduanas durante el vuelo.

Con las prisas y controles a veces vamos a la carrera y nos olvidamos de cotejar la información de los vuelos en las pantallas del aeropuerto. En ocasiones en el mostrador de facturación nos indican un número de puerta que luego cambia, y no comprobarlo puede incluso hacernos perder el vuelo.

Pero no solo cometemos errores cuando viajamos por aire, también por carretera. Como por ejemplo cuando no se revisa previamente el estado del vehículo o de las vías por las que vamos a pasar. Si vamos a viajar con nuestro coche, conviene hacer previamente una revisión para asegurarnos de que no nos vamos a quedar tirados. Y a la hora de salir, deberíamos consultar el tráfico por si tuviéramos que tomar alguna ruta alternativa.

Además, hay viajes excepcionales para los que hay que tomar más precauciones. No hay que olvidarse de tener en cuenta la climatología y la peculiaridad del trayecto. Por estas fechas vienen a la mente los viajes por carreteras secundarias con nieve. En los últimos años en España cuando ha nevado un poco más de la cuenta (es decir, cuando ha nevado) se han formado buenas aglomeraciones. Tanto que mucha gente tuvo que dormir en el coche en medio de la carretera nevada. Si vamos a hacer un viaje así, conviene llevar unas linternas, mantas y algo de comida. Y por supuesto el depósito lleno. Esto es algo que yo aprendí en el camino desde el Gran Cañón a Las Vegas. En este caso no había nevado, pero era un recorrido bastante yermo en cuanto a gasolineras se refiere y podríamos habernos quedado tirados en medio de la nada, con un sol de justicia y ninguna sombra.

Porque sí, pese a todos los errores que se pueden cometer antes de realizar un viaje, no nos libramos de caer en más durante. Por ejemplo, a pesar de haber hecho una planificación previa y haber consultado sobre el destino podemos pecar de seguir las guías de viaje al dedillo y pensar que lo caro o turístico es mejor. En muchos casos, sobre todo si nos hablan de locales de restauración, tiendas o alojamientos, hay empresas que han pagado por anunciarse. Así que, aunque no está de mal seguir ciertos consejos, hay que salirse del circuito y perderse entre los locales y sus costumbres. Tomar el transporte público local, pasearse por sus mercados y probar la gastronomía típica. Esto nos permitirá acercarnos más a la cultura local.

Obviamente, no se puede pensar que el riesgo cero no existe, y meternos por cualquier callejón. No hay que ignorar las recomendaciones de seguridad, pero más o menos habría que tomar las mismas precauciones que visitando nuestra ciudad (que en Madrid no son pocas).

Además, perderse en el universo local nos da otra perspectiva, pues no todo lo que es de pago es mejor. De hecho por ejemplo comer en lugares turísticos suele ser más caro y de peor calidad. Es una equivocación no aprovechar las actividades gratuitas, que las hay en todos sitios. Desde subir a una terraza de un hotel para disfrutar de las vistas a entrar en un museo un día determinado pasando por sentarse sin más en un parque a empaparse del ritmo del lugar o conectarse a redes WiFi para no gastar de tarifa de datos (aunque habría que tomar precauciones sobre si son seguras o sospechosas).

Aún así, siempre habrá que realizar ciertos pagos, aunque llevemos reservas hechas y el grueso está ya pagado. Por ello, es un error viajar sin efectivo y con una sola tarjeta. Es recomendable llevar algo de efectivo para pequeños gastos o por si nos encontráramos en un lugar aislado donde no hubiera cajeros cerca y no contasen con tpv. O incluso si estamos en plena civilización y fallara la tarjeta. Por eso mismo conviene no llevar solo una, sino al menos dos (y no guardadas juntas) como alternativa.

Es normal en un viaje comprar recuerdos, pero sin duda es un desacierto comprar todos los souvenirs al principio del viaje. Primero porque tendremos que cargar con ellos y si son delicados se pueden romper. Pero además porque nunca está de más comparar precios. A veces tras dar vueltas por una ciudad y salirnos de las calles principales encontramos mejores opciones. Cierto es que se corre el riesgo de ver algo y pensar que después lo encontraremos más barato y sin embargo acabamos perdiendo la oportunidad, pero suele ocurrir con objetos originales, no con las típicas figuritas de recuerdo o imanes.

Y lo de comparar precios no solo es aplicable a los souvenirs, sino a la hora de contratar servicios o incluso a la de sentarse a comer. En España no tenemos la costumbre de negociar los precios, pero no hay que olvidar que en algunos países no regatear es una ofensa. Así, hay que llegar a un acuerdo incluso para tomar un taxi, tuk-tuk o transporte similar.

Un error que siempre me hace girar la cabeza es el de estrenar calzado o no llevar la ropa adecuada. Cuando vas a estar pateando un lugar, lo suyo es llevar calzado que ya tengamos domado, que nos sea cómodo y que sea apropiado, que luego hay gente que se va a hacer la Ruta del Cares en chanclas… E igualmente ropa que nos dé movilidad y que se corresponda con la climatología, el lugar y con la cultura (no sea que nos saltemos algún código de conducta).

Pero sin duda, uno de los mayores que tenemos hoy en día es fotografiar más que observar y disfrutar del entorno. Y este es uno de los míos, lo reconozco. Vivimos tan pegados al móvil y las redes sociales, que fotografiamos todo. Unas veces para compartirlo, otras por inercia. Cuando además llevas cámara de fotos, quieres sacarlo todo desde todos los ángulos. En horizontal y vertical. Pero si añadimos el mantenimiento de un blog, ya quieres documentar cada detalle para que luego no se te olvide a la hora de escribir un post. Y al final, entre tanto mirar a través de una pantalla o un visor, dejamos de lado nuestra propia mirada. Tenemos que recordarnos que merece la pena pararse y observar detenidamente, quedarnos con pequeños detalles que no capta solo la vista, sino que están en la atmósfera del lugar.

Y a la vuelta, no queramos enseñar las tropocientas fotos a amigos a familiares. Sobre todo sin que hayan pasado un filtro previo, pues habrá cinco fotos prácticamente iguales desde diferentes ángulos o configuraciones. Pero bueno, esto se ha perdido un poco al compartir en las redes sociales, ya que ahí ya hacemos una selección.

Estos son los errores que me han venido al reflexionar, pero hay muchos más, claro. Seguro que seguimos cometiendo más, porque además, por muy experimentados que seamos, cada experiencia es única y nos aporta un nuevo aprendizaje. Lo importante es no tropezar dos veces en la misma piedra.

Trucos Viajeros: Alojamiento

Ya escribí hace tiempo de consejos para ahorrar para poder viajar y trucos relacionados con los vuelos; y ahora que he terminado con 2016 (ya era hora) y antes de empezar con 2017, vamos a hablar del alojamiento.

En muchas ocasiones se le da toda la importancia a la búsqueda del mejor vuelo para ahorrar lo máximo posible ya que normalmente es el mayor gasto; sin embargo, el presupuesto final de un viaje incluye muchos más condicionantes, y el alojamiento es un factor clave.

Cada viaje es totalmente diferente, no solo por las personas que lo realicen, sino por el lugar, el tiempo, las actividades a realizar… No buscaremos el mismo tipo de alojamiento si vamos a hacer una escapada urbana que si vamos a hacer una ruta de montaña. Por eso, es difícil recomendar alojamiento a otros viajeros, porque no todo el mundo tiene ni la misma escala de prioridades, ni el mismo objetivo cuando viaja. Lo importante es encontrar lo que se ajusta a cada uno.

  • Hostal y Albergues: Son alojamientos económicos que disponen tanto de habitaciones individuales como grupales. Predomina una amplia zona común donde preparar comida, sentarse con el ordenador o a hablar con otros huéspedes. Los baños también suelen ser compartidos. Aunque en muchos casos hay un pequeño número de habitaciones con baño privado.
  • Bed and Breakfast (B&B) y Guest Houses: Son casas privadas que ofrecen habitaciones y desayuno. En muchos casos el baño está dentro de la habitación. Son muy populares en Reino Unido, y se diferencian en que en el B&B el propietario reside en la vivienda, mientras que en la Guest House, no. El Ryokan japonés entraría en esta última clasificación.

  • Hoteles: Son establecimientos que según las estrellas que tengan, ofrecerán mayor o menor número de servicios (limpieza, comidas, recepción, televisión, nevera, amenities, WiFi, etc.). Las habitaciones suelen ser independientes y con baño incluido. Es una clase de alojamiento con una gran variedad, ya que aquí se incluyen desde los básicos de una estrella hasta hoteles temáticos, familiares, de playa, de diseño, moteles de carretera, exclusivos y grandes complejos con Todo Incluido… pasando por los hoteles cápsula o los Love Hotels de Japón.
  • Apartamentos: Esta opción es muy útil cuando viajamos en grupo, pues, por ejemplo, con seis integrantes, puede salir mejor un apartamento de dos habitaciones y un salón con sofá cama, que un hotel con tres habitaciones dobles. Más interesante incluso cuando el número es impar, ya que no habrá quien tenga que pagar una habitación doble siendo uno solo, (o buscar una habitación triple). Así pues, es una buena opción por el precio, porque permite tener zonas comunes en la que pasar tiempo juntos, compartir productos de higiene básicos y porque se dispone de cocina, con lo que se puede ahorrar en comida.

  • Apartahotel: Se trata de un hotel, con sus comodidades y servicios, aunque, además, las habitaciones incorporan una cocina.

  • Casas y hoteles rurales: Las casas rurales, como su nombre indica, son casas que se encuentran en pueblos o entornos naturales y cuyo alquiler funciona como el de los apartamentos. Por su parte, los hoteles rurales cuentan con la particularidad de que suelen ofertar menos habitaciones que un hotel tradicional.
  • Campings: Son establecimientos en los que se puede acampar con tienda, pero también con remolque o autocaravana. Algunos incluyen también cabañas o bungalows. Cuentan con una zona de servicios comunes con lavandería, baños, fregaderos, tienda de ultramarinos y restaurante. Los hay muy básicos, pero también bien equipados con incluso hasta piscinas. Hoy en día incluso se está popularizando el Glamping (Glamour + Camping), que viene a ser un alojamiento en la naturaleza, pero con todos los servicios de un hotel de lujo.
  • Intercambios: Existen además plataformas en las que la gente intercambia sus casas para pasar las vacaciones en otro destino; o el coachsurfing, en la que hay gente que ofrece su sofá (gratis) a viajeros de todo el mundo solo por el simple hecho de conocer gente.

Lógicamente, todo tiene sus ventajas e inconvenientes, pero la lista de pros y contras, como decía más arriba, es muy subjetiva y depende de cada uno y de cada momento o circunstancia. Nosotros no hemos probado todos, pero a lo largo de nuestro currículum viajero sí que hemos ido alternando unos u otros tipos en función de nuestras necesidades y bolsillo. Así, hemos ido de camping, hemos reservado en albergues, hemos reservado en hoteles de más o menos estrellas, nos hemos alojado en un spa, hemos hecho paradas de una noche en un B&B antes de seguir sumando millas, hemos dormido en una cabaña en medio de la nada, en un ryokan, nos hemos quedado en un apartamento e incluso hemos pasado una semana en un camarote de un barco. Hay miles de opciones.

Nos quedamos en camping cuando vamos al norte de España. Cuando hacemos ese tipo de viajes vamos a desconectar de la gran ciudad y a estar en contacto con la naturaleza. Así que, aunque no necesariamente es la opción más barata, nos gusta el hecho de montar la tienda, hacer la comida con un simple hornillo, despertar con el ruido de los pájaros y oler la humedad de las nubes bajas y la niebla en el ambiente. En el extranjero lo más parecido que hemos hecho fue en Yosemite, que hicimos noche en una cabaña. Toda una experiencia, sobre todo desayunar viendo pasar a las ardillas y ciervos.

Nos hemos alojado en casas rurales sobre todo para encuentros, bien con familia, bien con amigos.

Los albergues hace años que no los pisamos, y es que la oferta hotelera hoy en día es tan amplia y variada, que en muchos casos nos salía igual un hotel con baño privado. La llegada de los Easyhotel o Ibis Budget nos ha hecho dejarlos de lado.

Hasta hace poco no nos habíamos alojado mucho en apartamentos, pero la llegada de Airbnb y viajes en los que nos juntamos 4-5 personas, nos han llevado a buscar esta opción.

Los B&B fueron un básico en nuestro viaje por Escocia. Hasta entonces no habíamos pasado por ninguno, pero son toda una experiencia.

 

Con los diferentes tipos de alojamiento aclarados, ¿Qué influye en el precio?

Algo que abaratará/encarecerá siempre el precio de los alojamientos es la temporada. Algo muy obvio, a mayor demanda, suben los precios, ya que tienen aseguradas las reservas.

Sin embargo, cuando tienen menor ocupación, lanzan ofertas. No es lo mismo viajar en agosto a Canarias, que hacerlo en abril. Así como tampoco lo es ir al Polo Norte en agosto o diciembre. Hay que pensar en global. Cuando es temporada baja en unas partes del globo, es alta en otras. Que para un español agosto signifique verano, no quiere decir que lo sea también en Nueva Zelanda. Recuerda que en el hemisferio sur será invierno.

Si en tu mente está claro el destino, lo mejor es que tengas disponibilidad de fechas. Si, por el contrario, lo que te marca el viaje es un período delimitado e inamovible, busca un destino que se adapte a tu presupuesto. ¿Quién ha dicho que no se puede ir a la playa en noviembre o a la montaña en agosto? Es cuestión de cambiar de latitudes.

Pero ojo, no sólo es importante la temporada condicionada por las estaciones, también influyen las fiestas o acontecimientos locales. Por ejemplo subirá el precio y la falta de disponibilidad si quieres viajar a Laponia en diciembre con Papá Noel, a la temporada de auroras boreales entre octubre y febrero, a los carnavales en Río de Janeiro o Venecia o a Roma/Sevilla en Semana Santa. Si lo que quieres es ir a esas citas en concreto, no te queda más remedio, obvio. Pero si no, infórmate antes de las festividades y eventos.

De todas formas, si lo que te condiciona es la temporada y no hay más remedio, amplía la búsqueda. No hay que quedarse en el centro, a veces hay otras zonas más alejadas y asequibles, pero bien comunicadas por transporte público o a un paseo. Incluso a veces merece la pena cambiar de población, sobre todo si vas a estar itinerante. Entonces lo mejor será buscar un punto desde el que tengas buenas conexiones para desplazarte cada día.

Y si sabes que tu viaje va a coincidir con algún evento, reserva cuanto antes. Bueno, yo en ese aspecto soy un poco cagaprisas y cuanto antes mejor. Prefiero reservar con posibilidad de cancelación y así si encuentro algo mejor, cambio uno por otro. Me gusta llevarlo más o menos cerrado y no perder tiempo en destino. En el Road Trip por la Costa Oeste de Estados Unidos planteamos en determinado momento ir buscando alojamiento según se nos diera cada día, pero como al final teníamos que reservar con tiempo el helicóptero y llegar a casa de nuestra prima, decidimos cerrar las etapas y reservar con posibilidad de cancelación por si nos encontrábamos con un cambio de planes.

Una opción intermedia a reservar con tiempo, o hacerlo en destino, es la reserva de última hora. A veces también tiene sus ventajas, y es que puede haber ofertas de último momento para completar ocupación, rebajas o algún tipo de promoción. Eso sí, tiene su riesgo, claro. Puede darse el caso de que no haya tales ofertas y la reserva acabe siendo más cara.

Siempre se puede ahorrar algo de dinero con códigos de descuento, estando suscrito a las newsletters, o con programas de fidelidad o puntos. Las cadenas hoteleras suelen tener programas similares a los de las compañías aéreas, así pues, si hay una cadena que frecuentas, regístrate. Aunque sea un 5% de descuento, algo es algo. Algunos hoteles también tienen acuerdos con las aerolíneas y funcionan en ambos sentidos: por un lado se pueden sumar millas con las estancias hoteleras y por otro el saldo acumulado en la cuenta se puede canjear por noches de hotel.

Esto al final resulta también un galimatías, porque es otro punto más a tener en cuenta y que consultar. A la hora de decidirse por el alojamiento no hay que quedarse con la primera opción que veamos. Como todo en la vida hay que valorar y contrastar antes de decidirse. Hay mil buscadores que comparan varias páginas webs al momento. Además, no está de mal contactar directamente con el alojamiento, pues a veces tienen sus propias ofertas.

Los comentarios y valoraciones de otros huéspedes son importantes, aunque hay que saber filtrar los antiguos, los falsos y los de los quisquillosos. Hay que tener en cuenta que no todos somos iguales, y tampoco lo son nuestras prioridades. Eso sí, si una queja es repetitiva, lo más probable es que sea verdad. Las fotos ayudan, y el saber su localización también.

La situación es uno de los factores importantes. Ya sea por estar céntrico o bien comunicado. Por ejemplo, en Nueva York los precios de Manhattan eran prohibitivos, y lo barato era viejo, con baño compartido… En otra ocasión a lo mejor me hubiera dado igual, pero una semana… prefería otra cosa. Buscamos un hotel en Queens, al que se podía llegar fácilmente desde el aeropuerto. Tenía cerca una parada de metro que nos permitía plantarnos en una media hora en el centro y cuya línea nos llevaba a un trasbordo para ir al Bronx o Brooklyn. En Tokio elegimos un hotel en Ueno cerca de una parada de la Yamanote, que es la línea circular y permite moverse con rapidez de un barrio a otro. Hay que buscar un equilibrio entre el precio y el tiempo que se ha de invertir en los traslados (además de lo que cuestan estos desplazamientos). A veces no queda otra que quedarse en el centro y pagar un poco más.

Otro de los filtros importantes a la hora de decantarnos por un alojamiento u otro es la conexión a internet. Puede que el hotel no oferte desayuno, me da igual, ya me apañaré, y más si en la habitación hay calentador de agua y nevera; pero la conexión es básica. No es que tenga un problema de adicción a la tecnología, es que hoy en día es una herramienta muy útil. En primer lugar porque nos permite conectar con la familia, bien por redes sociales, por programas de mensajería o por videollamadas. En segundo lugar porque facilita la planificación de la ruta, reserva de entradas, atracciones, espectáculos o transportes sobre la marcha. Y además, porque cuando haces mil fotos, necesitas una copia de seguridad en la nube. Así que, poder conectar el ordenador durante la noche y salvar datos es algo de vital importancia.

Si nuestro destino es Europa, gracias al fin del Roaming hemos avanzado un gran paso y ya llevaremos datos de casa, lo cual está muy bien para las búsquedas puntuales, mensajería y demás, pero por ejemplo, para el caso de las fotos, es indispensable contar con algo más de datos. Obviamente, no es igual de importante en una escapada de tres días, que en un viaje de 10, pero nunca está de más y me parece algo básico hoy en día.

Así pues, lo importante es tener claro qué se ajusta a nuestras necesidades, buscar, filtrar, comparar y, ante la duda, elegir un alojamiento con política de cancelación por si cambiamos de opinión más adelante.

Alojarse en Escocia

Para vivir la auténtica experiencia escocesa hay que alojarse en un típico Bed & Breakfast. Ya comenté cuando hablé de los preparativos que era un tipo de alojamiento que no habíamos experimentado hasta la fecha y que en un principio no habíamos valorado. Sin embargo, tras navegar un poco por internet y valorar diversas opciones, resultaba lo más apropiado para nuestro bolsillo y para nuestro tipo de viaje.

Los B&B están hasta en los lugares más remotos, algo que no ocurre con los hoteles, que además de ser escasos, suelen ser más antiguos y caros. El problema de estas casas particulares es que ofrecen pocas habitaciones, con lo que hay que reservar con tiempo antes de que vuelen. Pero, la relación calidad/precio suele ser excelente. Y los más alejados y rurales son los que tienen más encanto. Para reservar, tan simple como cruzar un par de correos electrónicos con los propietarios. Rara vez nos pidieron señal o tarjeta de crédito.

Para buscar calidad, es recomendable buscar el sello:

Certificado

Como su propio nombre indica, ofrecen cama y desayuno. Pero además, generalmente tienes a disposición una tetera y unos dulces.

La atención es mucho más personalizada y ya en la llegada, aparte de enseñarte la casa, el anfitrión te recomendará puntos de interés de la ciudad, pueblo o alrededores, así como restaurantes de la zona donde poder cenar. Son auténticos guías locales. Sarah en Durness nos dejó hasta un mapa y nos indicó lugares recónditos que solo los lugareños conocen.

En esta charla de bienvenida te explicarán también la oferta de desayuno.

Menú desayuno

En algunos encontramos opción vegetariana, en otros tenían pescado local en vez de el típico salmón como Jenny en Mallaig, donde es común el arenque. Pero en cualquier caso, el desayuno te lo preparan al momento. Todo casero. Con pactar la hora el día anterior y especificar qué vas a tomar, para cuando vayas al comedor ya tendrás el café o té recién preparado.

Ya dependerá de cada uno si se atreve con un Full Scottish Breakfast o la versión reducida.

El desayuno, que suele ser en un pequeño comedor, sirve para entablar conversación con otros huéspedes o con el mismo anfitrión entre idas y venidas a la cocina, lo que permite practicar el nivel de inglés y profundizar en la cultura escocesa, las rutas que hacen otros viajeros, recomendaciones y consejos.

Por cierto, el horario del desayuno suele ser de 7 a 9. Sí, hay que madrugar, pero es que en Escocia amanece muy pronto, sobre todo en verano. A las 7 ya es día abierto (si es que luce el sol) y si eres como yo, que acostumbra a dormir en un búnker, esas cortinas sin persianas no servirán de mucho a partir de las 6 de la mañana. Además, si quieres aprovechar el día, lo más normal es que quieras estar en la carretera. No es de extrañar pues, que el horario de salida suela ser las 10 (11 de la mañana como muy tarde).

Estos fueron nuestros alojamientos:

  • Edimburgo: Richmond Place Apartments. Estaban en un paseo al centro y muy bien equipados. Se ve que eran nuevos. El tener un espacio cocina-comedor, nos permitía desayunar tranquilamente, o volvernos a cenar tras un día pateando la ciudad. No cocinamos, y quizá ahí estaría el fallo, porque a no ser que la campana extractora funcione muy bien, los olores subirán al dormitorio. Pero bueno, para un par de días fue una buena elección. El edificio es una residencia universitaria y se accede a las puertas con una especie de tarjeta/imán. Pagamos £182.64 por las dos noches.

  • Aberdeen: Skene House Whitehall. Este hotel estaba también a un paseo del centro, aunque Aberdeen no es una gran ciudad, por lo que ninguna pega al respecto. También teníamos una zona cocina-comedor, que daba para lo justo. Perfecto para nuestra estancia, aunque como teníamos el desayuno incluido, apenas la usamos, tan solo la nevera y algún vaso y cubiertos para la cena. Las velux sobre la cama pueden ser un problema si quieres dormir hasta tarde o si necesitas silencio para dormir, ya que la lluvia repiqueteaba en los cristales. Nos costó £77.22.

  • Inverness: The Gatehouse.  Este B&B se encuentra bastante alejado del centro. Pero es que me resultó complicado encontrar algo más céntrico. Y como además no teníamos intención de ver la ciudad, sino simplemente como parada nocturna, nos era suficiente. Pensábamos que íbamos a tener el baño ensuite, y aunque había uno únicamente a nuestra disposición, había que salir de la habitación. Pagamos £75.

  • Thurso: The Holborn Hotel. Este hotel es algo antiguo y se encuentra sobre un bar. Aunque no lo encontramos especialmente ruidoso. La habitación era lo justo con lo que se ve. La butaca incluso nos estorbaba con la maleta y las mochilas dentro. Este salió por £84.50 con alojamiento y desayuno.

  • Durness: Churchend Cottage. Este Bed & Breakfast se encuentra en las afueras del pueblo. Por decir algo, ya que es un pueblo un tanto esparcido. Pero hay un paseo a la zona donde hay más movimiento. Sin embargo, tanto su anfitriona como el lugar son encantadores. Es un alojamiento que recuerda a una cabaña, pero está a la última. Es todo bastante moderno, desde la ducha eléctrica, hasta la televisión por satélite, pasando por los enchufes usb. Nos costó £70 la noche.

  • Ullapool: Fonaiven. En este pequeño pueblo pesquero nos alojamos en un B&B a un corto paseo de la playa tras atravesar una ruta por el bosque. Esta vez sí que teníamos el baño en la habitación, y bastante moderno también. De nuevo con ducha eléctrica, muy común por lo que vimos en nuestro viaje. Tienen un botón de encendido, regulas la temperatura y listo. Supongo que es más cómodo que tener un termo para toda la casa cuando alquilas varias habitaciones. Esta fue una de las más baratas, tan solo £65.

  • Inverness: Silverstrands Guest House. Algo más próximo del centro que nuestra anterior parada en la ciudad, este B&B regentado por Kenny también tenía sus detalles y nos resultó muy cómodo. Sin embargo, tampoco tenía baño incluido en la habitación. Eso sí, de nuevo, aunque había que salir al pasillo, el baño solo lo usábamos nosotros, ya que la gente de la planta de arriba sí que lo tenía dentro. Muy cuidado el desayuno, la presentación y la atención de Kenny. Calidad por £77.50.

  • Portree: Lochview. Como su nombre indica, este B&B tenía unas impresionantes vistas al lago. Eso sí, para ir a los pueblos próximos había que coger el coche. No encontré nada interesante en Portree y decidí alejarme en mi búsqueda. El resultado fue una buena elección. Tanto la habitación como el baño eran amplios y modernos. Teníamos hasta una ducha de grifos. Elaine cuidaba cada detalle, como los yogures con su original presentación. Nos costó £80.

  • Mallaig: Ashdale Bed and Breakfast. En el pequeño pueblo de Mallaig nos alojamos en casa de Jenny, una anciana encantadora que nos ofreció una habitación triple con vistas al mar. El baño, aunque pequeño, estaba dentro de la habitación y era también bastante moderno. De nuevo con la ducha eléctrica. Dado que el otro huésped alojado no desayunó, Jenny solo cocinó para nosotros y quizá fue el B&B en el que menos variedad tuvimos. De precio, en la media: £70.

  • Oban: Lochnell Arms. En realidad no se encontraba en Oban, sino en Connell, me fue imposible encontrar nada en Oban y solo encontré habitación en este hotel. Al igual que nos ocurrió en Thurso, es algo antiguo, y también tenía un bar debajo. El hotel es algo viejo, y así lo muestran la habitación y el baño. Lo justo para una parada, poco más. También es verdad, que fue de los más baratos: £65.

  • Stirling: Rawenswood Guest House. La casa de Stuart está en la carretera que lleva a Stirling y está muy bien preparada. La habitación era algo justa, pero el baño era amplio y moderno. Sí, también con la ducha eléctrica. La clave de la wifi era diferente para cada habitación e iba bastante rápida la conexión. El desayuno ofertaba también una opción vegetariana y sus proveedores eran agricultores y ganaderos locales. Nos costó £85.

  • Edimburgo: Easyhotel Princes Street. Para el último día era complicado encontrar alojamiento, puesto que al día siguiente comenzaba el Fringe, así que la ocupación estaba bastante completa en la ciudad. Como ya era nuestro último día y no íbamos a necesitar mucho más que dormir y ducha, nos decantamos por esta cadena que es básica. Muy básica. Pero también barata: £60.95.

En total gastamos £992.81, unos 1200-1300€. Es algo más de lo que solemos invertir habitualmente, ya que nuestro presupuesto por noche suele ser 50-60€, pero en este caso, en Escocia, hay que subir un poco porque lo normal son las £70 por noche. También es verdad que estamos incluyendo el desayuno – un señor desayuno – y la atención personalizada. Alternamos hoteles y B&B, y sin duda, me quedaría con la experiencia de alojarse en casas particulares, ya que se vive el viaje de una forma más auténtica.

Japón por libre I: Preparativos

Ya os adelanté aquí cómo se fueron dando las circunstancias para configurar el viaje, la recopilación de la información y organización de las etapas.

Uno de los puntos importantes para determinar la ruta definitiva es comprar los vuelos. En este viaje era muy importante por la cantidad de horas que te pasas en tránsito. Al igual que nos pasó con el interrail que teníamos varios aeropuertos de destino, aquí tuvimos que mirar varias combinaciones para ver qué era lo mejor tanto económicamente, como para aprovechar el tiempo. Así pues, hay que jugar con los aeropuertos de Tokio (Narita y Haneda), Osaka y Nagoya. A partir de ahí, ver si es mejor ida y vuelta en el mismo aeropuerto haciendo una ruta circular, por así decirlo; o ida desde uno y vuelta desde otro. Dependerá de muchos factores.

Por ejemplo, a Narita no vuelan todas las compañías. Teníamos la opción de ida con Lufthansa haciendo escala en Frankfurt y vuelta con Swiss air parando en Zurich. Esta opción es buena porque salías un día a las 9 de la mañana y llegabas a las 9 del siguiente a Tokio (con el cambio horario y demás).

A Haneda vuelan Qatar airlines y Turkish. Que he leído relatos de viaje de gente que ha volado con ellos y sin problema. Pero dada la diferencia de precio (casi nula) y el hecho de que era otro aeropuerto, nos decantamos por la primera opción. Más caros o con más escalas, pero también a Haneda eran Finnair o Alitalia.

Ojo, también hubo otros dos factores para que se inclinara la balanza hacia los vuelos LH/Swiss. En primer lugar los países de escala. Al tener que pasar controles entre un vuelo a otro, es preferible que sea UE a no UE, va a ser más rápido todo el paso por inmigración, y cuando dependes de la conexión con poco tiempo, cualquier ahorro es bienvenido. Cuando hicimos el Road Trip volamos de Madrid a Filadelfia y de ahí a San Francisco. Al ser en Filadelfia la entrada a suelo americano, al proceso de recoger maleta, pasar por aduana por unos plátanos y dejar las maletas para el siguiente vuelo, había que añadir pasar por el control con el papelito verde, recorrer media terminal para coger el siguiente vuelo y demás. Si hubiéramos hecho escala en Londres, por ejemplo, habría sido más rápido: salir, coger maleta, dejar maleta y esperar al siguiente vuelo. El control de inmigración lo habríamos pasado sólo al final.

Y el segundo factor fue el idioma. Imagino que con el inglés en las otras ciudades de escala para Qatar o Turkish nos podríamos haber entendido, pero el hacer escala en Alemania o Suiza y hablar alemán (e inglés), pues no vas con tanta presión. Pero de nuevo, al ser UE, no habría ningún problema con inmigración, y sólo te quedaría llegar a Japón y pasar por control de huellas y foto, como en EEUU.

Pero claro, tienes que ser rápido, porque los 470€ que tenían los vuelos con Lufthansa y Swiss estuvieron durante toda la semana y cuando al fin de semana fuimos a reservar… ¡sorpresa! estaban a 700€. Debía ser una oferta que se nos fue de las manos.

Así que vuelta a empezar porque estas premisas ya no se cumplían, los vuelos más baratos eran de Air China o Aeroflot (escala en Moscú de 23 horas. No, gracias.). Me estaba volviendo loca cuando mi hermano me habló de Ita Matrix. No os perdáis esta web. Vaya descubrimiento. Eligiendo Multicity, origen Madrid, destinos todos los aeropuertos que os comentaba, la fecha de salida, la de regreso y que no permitiera cambio de aeropuertos en las escalas, obtenemos esto:

ITA Individual

En la parte superior vemos las compañías y los precios, y abajo nos muestra de menor a mayor precio las posibilidades que tenemos, y podemos ampliar más para obtener más detalle. Eso si elegimos la opción individual flights, porque si elegimos time bars podemos comparar cuándo sale cada vuelo, cuándo llega… es muy visual.

time bars

Está muy muy bien. Puede hacerte decantar por uno o por otro según aeropuerto, la duración de la escala, hora de llegada… Si os fijáis, hay dos de Madrid a Haneda de Air France que llegan a la vez, la diferencia es el tiempo de espera en el CDG. En fin, que para mí se ha convertido en una herramienta imprescindible a la hora de buscar vuelos.

Al final nos decantamos por el vuelo de Air France de menos de 600€ (pensé que sería más caro teniendo como referencia el precio de los paquetes de las agencias) la ida a Osaka, y la vuelta desde Haneda. En el momento de la compra, le añadimos el seguro que nos ofertaba last minute, que es la web donde compramos los billetes. Es recomendable llevar siempre seguro de viaje, pero en casos como EEUU o Japón, donde la sanidad es carísima, mejor curarse en salud, pagar unos 100€ y si no pasa nada, mejor. Otras veces lo hemos cogido con Mapfre, pero leímos las condiciones de éste y era muy similar, nos salía por 90€ los dos y era con Allianz.

Como siempre hacemos, vamos pagando los viajes poco a poco. Un mes los vuelos, otro el alojamiento, otro entradas o transporte y mientras esperamos para el día en que salimos, vamos ahorrando. A la hora de irte de viaje ya no es tanto desembolso porque has ido pagando poco a poco. Así pues, tras los billetes de avión y el seguro, lo siguiente fue el alojamiento. Aquí fue donde ya habíamos cerrado sí o sí el itinerario.

A Japón se puede ir por libre y a la aventura. Hay una amplia oferta hotelera de todo tipo. Puedes buscar un hotel cápsula a última hora, o incluso un hotel del amor, que tienen baño incluido en la habitación y todo. Pero es recomendable llevar el hotel buscado previamente por aquello de la barrera idiomática, los letreros luminosos, los carteles, el orientarse en la propia ciudad… al final, te pueden hacer perder tiempo que podrías emplear en otra cosa. Además, hay un problema añadido, y es que los japoneses son muy muy previsores, con lo cual, cuando se van de vacaciones, lo dejan todo bien atado. Supongo que tienen tan pocas a lo largo del año, que cuando saben qué semana van a disfrutar, enseguida se lanzan a reservar. Y son taaaaaaaaantos, que o te mueves rápido, o te quedas a la aventura. Y más si tu viaje coincide con algún festival o fecha clave (como la floración del cerezo en nuestro caso).

Además de los dos tipos de alojamiento indicados, los cápsula y los del amor, también podemos elegir entre albergues, hostales, hoteles tipo occidental o un ryokan al más puro estilo nipón con su tatami y sus futones. Es algo que depende de tantos factores… Nosotros comparamos proximidad con puntos de interés o transporte, servicios que ofrecían (si tenían baño o no en la habitación, si servían desayunos, wifi…), recomendaciones de viajeros, disponibilidad y precio. Hay veces que prima la proximidad a la estación, y otras el precio. Unas el que fuera típicamente oriental, y otras que tuviera encanto. Es algo muy personal. De nuevo, lo que funciona para uno, no funciona para otro. En cada etapa ya os iré comentando cuál elegimos y qué nos pareció.

El siguiente paso fue comprar el JR Pass. Es una especie de Interrail, para entendernos. Es un pase con el que puedes viajar ilimitadamente por todo Japón en las líneas JR (antes eran varias compañías que se agruparon). Están incluidos algunos express, trenes locales, buses (de la misma empresa) y el ferry a Miyajima (imprescindible). Se puede elegir entre tres opciones: 7, 14 ó 21 días, siempre en días consecutivos. Y puedes elegir 2ª o 1ª clase. Tal y como pasa con el interrail, no vale para nacionales, y sólo lo puedes comprar fuera de Japón, así que es algo que hay que hacer antes de embarcar. Ojo, tampoco hay que hacerlo con mucha antelación, puesto que desde se compra, hasta su utilización, no pueden pasar más de 3 meses.

El precio podéis consultarlo en su web. Saldrá más o menos rentable según los días que vayas a estar y lo que te vayas a mover. A nosotros nos fue muy útil por la cantidad de días, por todos los desplazamientos que hicimos y por cómo los hicimos. A veces se puede ir del punto A al B en un tren más barato, pero claro, tardas más que con un tren bala, así que hay que ver qué nos conviene, porque el tiempo también es importante, sobre todo cuando a las 5 de la tarde te han cerrado los templos y se te hace de noche. Es primordial ahorrar en desplazamientos, y algo menos de 350€ (336€ a nosotros, pero depende del cambio Yen-Euro) por 14 días, no está nada mal teniendo en cuenta el tipo de trenes y su puntualidad. Además, puedes reservar asiento sin pagar suplemento, sólo hay que acudir a una oficina de la compañía, enseñar el pase, el pasaporte, llevarles anotado el tren que queremos coger, y ahí ya elegimos. Parece una tontería, pero es que hay mucho japonés en Japón… y se mueven mucho. Así que si no quieres hacer un trayecto largo de pie, mejor hacer la reserva. Hay vagones con asientos reservados y otro con no-reservados, siempre puedes elegir la última opción y echarlo a suerte. Pero si sabes con tiempo el itinerario, mejor asegurar. Puedes aprovechar para dormir, leer, comer…

El pase se compra en España en empresas autorizadas, que te lo mandan a casa a la brevedad, pero esto no es el billete, sino que una vez en Japón hay que cambiarlo, pero esto os lo explico otro día detalladamente.

Y ya prácticamente tendríamos todo: Vuelos, seguro, alojamiento y JR Pass. Nos faltarían un par de detalles: aparatos electrónicos y cambio de divisa.

Es mejor llevar dinero en efectivo pues no en todos sitios aceptan tarjeta, como en puestos callejeros o templos, y menos si es extranjera, que da error de lectura. Está bien llevar una tarjeta por si acaso, pero mejor en efectivo. Por lo que había leído, es mejor el cambio en Japón en cualquier casa de cambio que hacerlo aquí en un banco. El problema fue que el Euro empezó a bajar allá por enero por las elecciones griegas y el comunicado del BCE de la nueva impresión de Euros. Así que, para no encontrarnos con que en marzo hubiera bajado más, decidimos cambiarlo aquí en España. Al final nos salió 1€=121Y, ya con el cambio, comisión aplicada del banco y demás.

Yenes

En cuanto al tema de aparatos electrónicos, nuestros enchufes allí no sirven. Pero ojo, no es sólo tema de clavijas, que son dos y planas, es que allí la corriente es de 100V en frecuencias de 50 ó 60 Hz, así que a veces necesitaremos transformador. Ojo con los cargadores, a ver si os vais a cargar los dispositivos. Nosotros nos llevamos un adaptador universal con USB incorporado que es muy práctico.

Falta preparar maleta y contar los días. Si vais a estar una estancia larga, no vayáis cargados como mulas, pues muchos hoteles disponen de lavadoras y secadoras, así que te hacen el apaño. Eso sí, a veces las instrucciones de uso vienen en japonés solo y necesitas adivinar o pedir ayuda. Yo, además, acostumbro para llevarme ropa que ya tiene alguna tara (como pelotillas, alguna mancha de lejía, se ha dado de sí, tiene marcas del desodorante…) y que en la última puesta antes de tirarla sin más, me decido a darle una oportunidad más. Así que va de ida, pero no de vuelta. Y así gano sitio para recuerdos. Y me ahorro tiempo de hacer y deshacer maleta de vuelta, lavadora y demás… Que es lo peor sin duda de los viajes. No toda la ropa que me llevo es así, pero sí algún vaquero, algunas zapatillas, 3 ó 4 camisetas…

Os dejo con unos imprescindibles para saber por dónde empezar y organizarse (aparte de la ya mencionada Ita Matrix):

  • Japan Guide : La guía más completa sobre Japón, en inglés, sin ninguna duda. Podéis encontrar información sobre ciudades, transportes y horarios.
  • Japan National Tourism Organization: Está en Español y tienes información cultural sobre cómo organizarte antes de ir, desglose de las ciudades recomendadas, así como noticias el estado de las obras de monumentos, como por ejemplo el Castillo de Himeji.
  • Hyperdia : Igual de imprescindible que el bahn.de para hacer el interrail. Puedes planificar de antemano los trayectos en tren y lograr una mejor ruta para ver el máximo posible. No sólo te da las conexiones, horarios, paradas, sino que además te da el precio, por lo que puedes calcular si te sale rentable o no el JR Pass o alguno local.
  • XE.com : Conviene revisarla semanalmente para ver la evolución del cambio de divisa y valorar si la tendencia está a la alza, a la baja. O simplemente para saber cómo está el cambio.

Viajar con el Interrail. Conclusiones y Reflexiones

¿Qué conclusiones saco de este interrail? Pues muchas cosas, como en cada viaje. He disfrutado de las ciudades que visto (algunas más que otras, claro), he aprendido de cada parada, de cada día. Pero sobre todo, me he dado cuenta de cómo ha cambiado el concepto Interrail desde hace unos 10-12 años cuando me planteé hacerlo por primera vez y con otros destinos (Grecia, Italia y Turquía).

Parece una tontería, pero los años no pasan en balde. Sí, ya, es una obviedad lo que estoy diciendo, pero no me refiero sólo al hecho de que yo, como persona, he cambiado. Pues claro, no soy la misma que hace 10-12 años, ni yo, ni mis circunstancias. Pero no me refiero sólo al apartado económico, ya que ya no estoy estudiando y viviendo con mis padres, sino que trabajo, soy independiente, y aunque tengo unas obligaciones financieras, hay mayor movilidad en ese sentido, más opciones encima de la mesa. Incluso teniendo en cuenta de que el propio billete de interrail es más caro si pasas los 25. Pero con todo ello, es lógico que hayamos buscado hoteles, económicos, sí, pero hoteles al fin y al cabo. Y no hemos hecho lo que se suele asociar típicamente al interrail, es decir, dormir en los trenes nocturnos, en albergues de mala muerte, o incluso en la estación. Tampoco hemos hecho kilómetros en tren y horas perdidas en trasbordos y esperas desde casa hasta nuestro destino.

Y a esto es a lo que me refiero con lo de que se nota esa década. Para empezar, hoy en día sale más rentable coger un vuelo hasta el destino de origen del interrail, en nuestro caso, Ámsterdam. No quiero ni pensar lo que habría supuesto hacer ese recorrido en tren. Seguramente habríamos necesitado 10 días para ir y volver, además de los 8 de interrail. Una locura y pérdida de tiempo, porque además, llegaríamos cansados al punto de partida. De esta forma, comienzas la ruta fresco y ávido de recorrer ciudades.

Por otro lado, en cuanto al tema alojamiento, ocurre algo similar. Resulta que hoy en día puedes encontrar una oferta hotelera bastante amplia y para todos los bolsillos. También depende del destino, está claro. Pero en Europa es raro no encontrar un Ibis, NH o similar por 50€ la habitación doble. Por no hablar de los easyhoteles, que salen más baratos incluso y que son una muy buena opción para estancias cortas como en este caso. Cuando estaba con los preparativos recuerdo buscar albergues y nos salían a 20€ por cabeza, sábanas y toallas aparte y con baño compartido. Así que al final, es que te sale más barato un hotel… Al menos teniendo en cuenta que éramos dos. Pero si vas en grupo, siempre puedes pedir habitaciones dobles o triples en función de los integrantes. Creo que sale más rentable.

Así que ya hemos quitado un par de características de lo que nos viene a la mente cuando pensamos en interrail: horas en andenes/trenes y dormir de cualquier manera y en cualquier sitio precario. Y creo que sin alterar mucho el presupuesto. Nosotros volamos con AirEuropa, no con una low cost y nos salió el vuelo por 200€ persona, pero ¿cuánto nos habría salido ir en tren Madrid-La Haya? Desde luego el avión gana. No sólo económicamente, sino como os decía al principio, en tiempo (que es casi más importante, el tiempo es oro).

Pero sobre todo, donde yo creo que ha cambiado la forma de viajar con el interrail es en las telecomunicaciones. Hoy en día es infinitamente más rápido preparar un viaje. Cuando planteábamos el interrail por el sur de Europa nos recorrimos las Embajadas de Turquía, Italia y Grecia (ojo las oficinas que tienen algunas con unas vistas impresionantes de todo Madrid), sin embargo con este, todo está al alcance de un ratón. Internet nos sirve para recopilar información sobre las ciudades, saber qué visitar y qué no con una simple búsqueda en google (lástima no haberme informado más de Rotterdam), hay millones de foros y blogs con consejos, pero a mí para lo que más me ayudó fue para saber las combinaciones posibles entre ciudades y la frecuencia de trenes. Que no está de mal saber si tienes un tren cada media hora o si sólo hay uno por la mañana y otro por la tarde. Para ello, la web de cabecera es die Bahn, la página del ferrocarril alemana. Pero no os asustéis, podéis consultarla en español, y tiene los horarios de un montón de países, aunque no sé si de toda Europa. Supongo que habrá más páginas donde consultar, pero yo ya conocía esta y funciona muy bien.

Eso sí, lo que nos da la vida hoy en día (o nos la quita, según cómo se mire) son los móviles, o tablets o con lo que sea que viaje cada uno. Y es que aunque yo llevaba la tarifa de datos desactivada durante todo el viaje, en los hoteles tienes wifi (al menos en la mayoría de los que cogimos, que para mí es un valor añadido y es algo que tengo en cuenta a la hora de decidirme, aunque primero están el precio y la comunicación) y en los Países Bajos en las estaciones y en los trenes regionales (practicamente el 99% de los que cogimos en el paso por el país), así que viene muy bien, aparte de para comunicarse con la familia y amigos y poner los dientes largos, sobre todo es de gran utilidad para improvisar sobre la marcha, consultar horarios y echar un vistazo a google como nos pasó con Amersfoort.

Así que quitaos (si la tenéis) la idea preconcevida de que el interrail es algo propio de la locura de juventud, creo que se puede hacer con cualquier edad, depende de la organización de cada uno. Hay que establecer unos puntos claves como cuál es el presupuesto, de qué días dispongo y qué ruta quiero hacer. Básicamente con eso, sólo queda buscar cómo llegar al punto de partida, y cómo unir las ciudades que quieres visitar. Puedes llevarlo más o menos cerrado, eso depende de lo cómodo que te sientas con la improvisación.

También está el tema mochila: que si soy mayor, que si me duele la espalda, que si hay muchas cosas que necesito y al final la mochila pesa demasiado… Hay que pensar en dónde se va uno de viaje. Porque gel/champú hay hasta en el último pueblo perdido de la Conchinchina. Porque si se te acaban los calcetines, seguro que encuentras un lidl, plus o similar donde reponerlos, por muy cutres que sean. Porque en las estaciones hay taquillas donde puedes dejar las mochilas… En fin, que hay mil opciones para viajar ligero de equipaje. Yo opté por llevarme una muda y camiseta por día, 3/4 pantalones, sólo uno de ellos largo, una chaqueta, unas zapatillas, chanclas para la ducha, productos básicos de aseo (cepillo de dientes y crema, desodorante, suavizante y cepillo para el pelo y crema solar. El champú y gel lo encontrábamos en cada hotel). Aparte, no puede faltar la documentación, cámara de fotos y los cargadores con sus adaptadores correspondientes. Importante ya que no en todos los países encontraréis la misma toma eléctrica que en casa.

Quizá lo simplifico demasiado, hay otros aspectos importantes como el idioma o la comida, pero que no son tan determinantes. El tema lingüístico a mí no me preocupó mucho a pesar de no hablar ni francés ni neerlandés, podría decirse que con el inglés queda prácticamente solventado, pero claro, depende dónde vayas. Aunque españoles, o gente que lo hable, hay en todos sitios, y si no, siempre están los gestos. Y en cuanto a la comida voy a confesar que soy algo especialita. No todo me sienta bien, sobre todo rebozados y picantes, pero bueno, siempre encuentras algo, aunque sea el típico bocadillo de supermercado: pan y embutido/queso. Eso sí, hay que tener muy en cuenta los horarios, que no siempre son como en España y te puedes volver loco a las 9 buscando un sitio donde cenar o comprar la cena para llevártela. Ah, y por supuesto, si no queréis sorpresas, perdid agua SIN gas. Si no, se sobreentiende que es CON. A no ser que os guste, claro.

Pero en general, no sé si por los países que recorrimos que están muy bien comunicados y son algo potentes económicamente, pero el caso es que fue un interrail muy tranquilo, sin tantos avatares como leí por aquí. Y es que no estoy muy de acuerdo con los 38 puntos mencionados. Sobre todo con:

Punto 6: Eso de llevar embutido para ir tirando… No se me ocurriría, no sé, vale que el jamón está muy rico, que cuando sales de España hay comidas que echas de menos… pero irte de interrail con el chorizo entre los calcetines… No lo veo… Y si viajas en avión, menos.

Punto 10: Lavar la ropa. Pues depende del tiempo que vayas… si vas un mes… pero 11 días como fuimos nosotros… no abultan tanto 11 mudas… La ropa interior es lo que menos ocupa.

Punto 13: ¿Perdona? ¿Tan extraño es ver a alguien mayor de 30 haciendo el interrail? Creo que ya he explicado los motivos por los que no tiene edad.

Punto 17: Lo de dormir en trenes nocturnos no termino de verlo. Si me encontrara en tal situación, me plantearía si me merece la pena hacer un trayecto en 5 horas maldurmiendo en el tren, o pagar una noche de hotel, descansar en condiciones y coger un tren a las 6 de la mañana, por poner un ejemplo, y tardar 3 en llegar al destino… Supongo que depende de las conexiones.

Punto 23: Dormir en las estaciones. Poco más que añadir con respecto al punto 17. Quizá lo que falla es la planificación de la ruta y de las escalas.

Eso sí, sí que estoy de acuerdo en lo de revisar el billete, el andén y el tren en el que te montas. Así como si es de 1ª ó 2ª clase o es un vagón silencioso (en los Países Bajos encontramos alguno y es una gozada la tranquilidad que se respira. Los viajeros aprovechan para dormir, leer, trabajar, o disfrutar del paisaje sin tener a las típicas cotorras detrás).

También estoy de acuerdo con lo de no saber en qué ciudad te has levantado, qué país es y qué idioman hablan. Afortunadamente con el € teníamos una preocupación menos. Pero bueno, esta sensación es similar a la del crucero. Pasa una semana y has visto 6-7 ciudades, de varios países, en los que hablan diferentes idiomas, con culturas tan diversas, que no sabes en qué mundo vives ni cuánto tiempo ha pasado cuando vuelves a casa, porque está todo tan concentrado que parece que has estado fuera el doble de días.

Y cuando deshaces el equipaje, hay que poner en orden los recuerdos y las fotos, madre mía, las fotos… Ardua tarea cuando vuelves con gigas y gigas y tienes que ir pensando qué ciudad era la que ves en la foto. Además, es algo que tienes que hacer cuanto antes, porque luego esos datos se dispersan. Aunque siempre quedará el código de tiempo en las propiedades de cada imagen, los tickets de compra que marquen el camino seguido o afortunadamente para mí, el gps de la cámara (cuando se encuentra) que me dice dónde está hecha cada foto. Aquí podéis ver la ruta de todas las fotos que hicimos y nos geolocalizó:

RecorridoUna pena que no marcara La Haya que me encantó. Sin embargo, ha tenido la buena decisión de no encontrarnos en Rotterdam, que mejor, porque es para olvidar.  Si pensáis en un recorrido similar, os recomiendo que toméis nota de las siguientes ciudades:

Países Bajos: La Haya, Haarlem, Leiden, Delt, Maastricht, Utrecht, Zaanse Schans, Amersfoort, Edam, Volendam, Marken y Ámsterdam (Omitiría Eindhoven y Rotterdam)

Bélgica: Amberes, Brujas, Gante y Bruselas.

Luxemburgo podéis obviarlo. Está quizá demasiado lejos.

En fin, mil recuerdos que me ha llevado varios meses el poder ordenar y contar. Seguro que me he dejado cosas en el tintero. Y eso es lo bueno, que cada vez que recuerdas un viaje, te vienen a la mente diferentes momentos vividos. Pero de momento, con esto, zanjo el Interrail. Ahora a pensar en el próximo viaje.

¿Os habéis planteado alguna vez hacerlo? Ya conozco a dos personas que se están planteando hacer un interrail este verano, con destinos totalmente diferentes. Y creo que estaría más extendido si se le diera más publicidad. Es una forma tan buena como otra cualquiera de viajar y sale rentable si te lo montas bien. Es más, no sólo como viaje de verano de 10-15 días, sino que creo que puede ser muy útil para una escapada de un puente de 3-4 días. Para mí desde luego queda como opción para repetir.

¿Qué reservar para un Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos?

Bueno, partimos de la idea de que queríamos llevarlo lo más cerrado posible, no es que se tratara de un viaje como cuando te venden un paquete turístico, pero por conocidos, amigos y foros de internet, vimos que el alojamiento en ciertas zonas, brilla por su ausencia… y, como os decía en anteriores entradas, tienes que reservar billete a Alcatraz, entrada a Antelope Canyon, el helicóptero para ver el Gran Cañón, por supuesto los billetes de avión, el coche… en fin, que aunque puedas dejar algo a la improvisación, hay cosas que es mejor que no.

Realmente hasta enero no nos pusimos en marcha. Habíamos empezado con fuerza en agosto, pero entre decidir la ruta, ver los cambios que nos suponía… y bueno, el tema de integrantes oscilaba… 3 estábamos claros, pero algunos tenían problemas con que les dieran vacaciones en el trabajo, luego hubo un punto en que éramos seis y se nos salía de madre… Y es que aunque es un viaje que mucha gente quiere hacer y piensas que cuanta más gente, mejor, más risas, más momentos para recordar; lo cierto es que ahora, a toro pasado, he de decir que 4 fue el número perfecto. Hay que tener en cuenta que te mueves en coche la mayoría del tiempo, y los coches americanos son grandes, pero cada persona implica por lo menos una maleta, así que no es sólo tema de pasajeros que admita el coche, sino también de maletero… Sí, a más personas, el importe total de coche y gasolina sale algo más barato, pero si al final tienes que llevar dos coches… y bueno, eso contando con que todo el mundo tenga carnet de conducir y más de dos años de carnet, y más de 25 años… Algo que sólo 2 cumplíamos en la totalidad.

De hecho, el número también fue el apropiado en los alojamientos, ya que te sale por el mismo precio una habitación con una cama King Size (2m x 2m) que una con dos camas Queen (1,60 x 1,90). Así que no es lo mismo una habitación para 4 que si hubiéramos ido 6, ya que habríamos tenido que coger dos habitaciones, o incluso 3. Es algo a tener en cuenta a la hora de ajustar el presupuesto. Aún así, el alojamiento en general es bastante bueno y barato. Nosotros fuimos a mejor, sin decir que ninguno fuera malo, porque todos tenían camas amplias, baños limpios y cuando teníamos desayuno y wifi el servicio fue adecuado también.

Pero me he desviado, estábamos en enero. Una vez que  nos quedamos en 4 integrantes, reservamos los vuelos. Os recomiendo que los saquéis cuanto antes, porque nosotros en diciembre los habíamos visto a menos de 700€ y a finales de enero cuando lo sacamos, estaban ya a casi 900. El Euro no ayudó tampoco, hay que jugar con las divisas… 3 de nosotros volamos a Filadelfia y de ahí a San Francisco con US Airways y vuelta desde Los Ángeles, también con escala en Filadelfia. El cuarto en discordia tenía puntos por la tarjeta travel club y voló con Iberia ida y vuelta a Los Ángeles y se buscó un vuelo nacional de LAX a San Francisco. Ojo con esto, que a veces no miramos y tenemos algún tipo de tarjeta o acuerdo que nos abarata entre empresas y te puedes ahorrar unos euros… Los vuelos nacionales en Estados Unidos los puedes encontrar por unos 30$, eso sí, te cobran la maleta aparte… pero aún así, es planteable… hay que mirar todas las opciones.

Bueno, ya os he mencionado el billete de avión, que cuanto antes, mejor, el tema del alojamiento, que si tenéis una ruta clara, es mejor fijar si no todos, al menos la mayoría de los hoteles, nosotros lo hicimos por hoteles.com y la mayoría tenían posibilidad de cancelación hasta 24 horas antes sin penalización, por lo que no pierdes nada reservando. Teníamos claro reservar en San Francisco por ser la primera parada, en Yosemite fuimos a unas cabañas que me recomendó una amiga (una gran elección, ya lo veréis en su etapa), en Bakersfield era parada obligatoria para descansar, así que decidimos cogerla también, en Las Vegas… pues por poder elegir un hotel de nombre (algo de lo que no nos arrepentimos para nada), en la zona del Gran Cañón y reservas navajas porque son “pueblos” en los que sólo hay 4 hoteles (y no es un decir), no te quieres pillar los dedos… En fin, que nosotros reservamos todo por la ruta en cuestión. Comparamos en buscadores de hoteles, mirábamos la web del hotel, a ver por dónde teníamos mejor precio, y al final, solía ganar hoteles.com y he de decir, que ningún problema. Bueno, no con la web, a veces nos encontrábamos con que la reserva la tenían por nuestro segundo apellido en lugar del primero… y se hacían algo de lío en las recepciones, así que si llegáis y no os encuentran en la reserva, enseñad el pasaporte y que busquen todas las opciones… en uno de ellos incluso habían cortado el apellido…

El coche, también por recomendación de una amiga, lo cogimos en ealquilerdecoches. Lo mismo, un buscador, que te da la mejor opción entre diversas compañías, si tienes cualquier problema, llamas al 900 que tienen a tu disposición, te responden al momento, en castellano e incluso puedes hacer la reserva por teléfono. Nosotros para asegurarnos el tipo de coche lo hicimos por teléfono, en cinco minutos, das los datos, te mandan un mail de confirmación, lo entregas en la oficina de alquiler, y listo. Nosotros cogimos un 4×4 tamaño pequeño y nos dieron un Jeep Compass automático (como no) que de espacio para pasajeros estupendo, pero de maletero… bueno, teniendo en cuenta que llevábamos 6 maletas… iba justo y había que jugar al tetris todos los días, porque todos los días era carga y descarga… Al final las bolsas de aseo iban rellenando huecos y amortiguando las maletas en lugar de ir dentro.

Así pues, como iba diciendo, en enero compramos los billetes de avión, en febrero las entradas de Alcatraz, el coche, algunos hoteles, el helicóptero, en marzo Antelope Canyon el resto de hoteles, y en abril a contar los días que faltaban para irnos y preparar documentación (os hablaré en la próxima entrada). Con lo que, de esta forma, poco a poco vas pagando las vacaciones… y cuando llegas allí, sólo pagas comida, gasolina y compras personales que quieras hacer, lo cual es mucho más fácil de asumir. Al menos a nosotros nos funcionó.