Road Trip por Escocia. Día 10 IV Parte: Isla de Skye: Ferry Armadale – Mallaig

Llegamos a la terminal de Armadale para recoger los billetes. Ya habíamos hecho el pago mucho antes, ya que es recomendable reservar previamente para asegurarse la plaza en el ferry. El precio se desglosa por persona y vehículo. Antes de montar, has de pasar por caja y entregar el correo electrónico como resguardo que te canjearán por el billete en sí que habrá que enseñar al subir al ferry.

Para entrar en el barco hay que hacer una cola. Un empleado va ordenando los vehículos en cuatro filas, cada una señalizada y numerada en la calzada. Recoge los billetes y va dejando acceder. Una vez dentro, otros empleados van organizando los coches y tras aparcar puedes subir arriba a disfrutar de las vistas o entrar a la cafetería a resguardarte y tomar algo.

Como llegamos con tiempo, hicimos el canje y nos pusimos a ver cómo era todo el procedimiento con el ferry que salía media hora antes que el nuestro. El chico que iba dando paso a los coches nos preguntó si subíamos, pero le dijimos que teníamos para las 7. Sin embargo, nos preguntó por el modelo de coche que llevábamos y al ver que era pequeño y que había sitio, nos propuso adelantar la salida. Así que como teníamos poco más que hacer, nos dimos una carrera al coche y embarcamos.

No se tarda mucho en llegar a Mallaig, un pequeño pueblo pesquero donde haríamos noche.

El desembarco es bastante rápido. Se baja la rampa poco a poco y se va bajando según el orden de llegada.

Habíamos elegido el Ashdale B&B, regentado por Jenny, una encantadora señora que podría haber sido mi abuela. A nuestra llegada estuvimos un rato hablando con ella, nos preguntó de dónde éramos, de dónde veníamos, adónde nos dirigíamos después, nos recomendó dónde cenar, nos estuvo contando su viaje a Marbella cuando era joven… Muy simpática, la mujer.

El dormitorio tenía un toque moderno con el vinilo en el cabecero y el papel pintado, pero con un toque vintage con el estilo de los muebles.

Había pedido una habitación doble, pero era triple, tenía una cama de 90 además de la doble. Por supuesto no podían fallar los detalles de bienvenida.

Teníamos baño incorporado. Aunque estrecho y alargado, cumplía su función.

Tras un rato de charla con Jenny, dejar nuestras cosas y refrescarnos, salimos a dar un paseo. La verdad es que Mallaig es poco más que un par de calles. Prácticamente todo gira alrededor del puerto y salvo un supermercado y media docena de restaurantes, no había mucho más.

Por un día dejamos el deal meal y cenamos en un restaurante. Y nos fue complicado, porque había alguno cerrado y otros con una carta muy escueta. Cuando por fin nos decidimos por uno, estaba lleno y nos dijeron que volviéramos en media hora, así que nos dimos un paseo y nos sentamos en un banco junto al mar a observar cómo las gaviotas se acercaban a tierra y sacaban los recipientes de poliespan con restos de pescado de las papeleras.

Para cenar elegimos el famoso haddock (eglefino en español), que es el pescado que usan para el fish and chips. Pedimos uno hecho al horno con ensalada y otro rebozado al estilo típico con patatas. Nos salió más o menos como el día que cenamos en Durness.

Y poco más de sí dio el día. Volvimos al alojamiento cuando estaba anocheciendo a repasar la enrevesada ruta del día siguiente, a ducharnos y descansar.