Viajar con el Interrail. Conclusiones y Reflexiones

¿Qué conclusiones saco de este interrail? Pues muchas cosas, como en cada viaje. He disfrutado de las ciudades que visto (algunas más que otras, claro), he aprendido de cada parada, de cada día. Pero sobre todo, me he dado cuenta de cómo ha cambiado el concepto Interrail desde hace unos 10-12 años cuando me planteé hacerlo por primera vez y con otros destinos (Grecia, Italia y Turquía).

Parece una tontería, pero los años no pasan en balde. Sí, ya, es una obviedad lo que estoy diciendo, pero no me refiero sólo al hecho de que yo, como persona, he cambiado. Pues claro, no soy la misma que hace 10-12 años, ni yo, ni mis circunstancias. Pero no me refiero sólo al apartado económico, ya que ya no estoy estudiando y viviendo con mis padres, sino que trabajo, soy independiente, y aunque tengo unas obligaciones financieras, hay mayor movilidad en ese sentido, más opciones encima de la mesa. Incluso teniendo en cuenta de que el propio billete de interrail es más caro si pasas los 25. Pero con todo ello, es lógico que hayamos buscado hoteles, económicos, sí, pero hoteles al fin y al cabo. Y no hemos hecho lo que se suele asociar típicamente al interrail, es decir, dormir en los trenes nocturnos, en albergues de mala muerte, o incluso en la estación. Tampoco hemos hecho kilómetros en tren y horas perdidas en trasbordos y esperas desde casa hasta nuestro destino.

Y a esto es a lo que me refiero con lo de que se nota esa década. Para empezar, hoy en día sale más rentable coger un vuelo hasta el destino de origen del interrail, en nuestro caso, Ámsterdam. No quiero ni pensar lo que habría supuesto hacer ese recorrido en tren. Seguramente habríamos necesitado 10 días para ir y volver, además de los 8 de interrail. Una locura y pérdida de tiempo, porque además, llegaríamos cansados al punto de partida. De esta forma, comienzas la ruta fresco y ávido de recorrer ciudades.

Por otro lado, en cuanto al tema alojamiento, ocurre algo similar. Resulta que hoy en día puedes encontrar una oferta hotelera bastante amplia y para todos los bolsillos. También depende del destino, está claro. Pero en Europa es raro no encontrar un Ibis, NH o similar por 50€ la habitación doble. Por no hablar de los easyhoteles, que salen más baratos incluso y que son una muy buena opción para estancias cortas como en este caso. Cuando estaba con los preparativos recuerdo buscar albergues y nos salían a 20€ por cabeza, sábanas y toallas aparte y con baño compartido. Así que al final, es que te sale más barato un hotel… Al menos teniendo en cuenta que éramos dos. Pero si vas en grupo, siempre puedes pedir habitaciones dobles o triples en función de los integrantes. Creo que sale más rentable.

Así que ya hemos quitado un par de características de lo que nos viene a la mente cuando pensamos en interrail: horas en andenes/trenes y dormir de cualquier manera y en cualquier sitio precario. Y creo que sin alterar mucho el presupuesto. Nosotros volamos con AirEuropa, no con una low cost y nos salió el vuelo por 200€ persona, pero ¿cuánto nos habría salido ir en tren Madrid-La Haya? Desde luego el avión gana. No sólo económicamente, sino como os decía al principio, en tiempo (que es casi más importante, el tiempo es oro).

Pero sobre todo, donde yo creo que ha cambiado la forma de viajar con el interrail es en las telecomunicaciones. Hoy en día es infinitamente más rápido preparar un viaje. Cuando planteábamos el interrail por el sur de Europa nos recorrimos las Embajadas de Turquía, Italia y Grecia (ojo las oficinas que tienen algunas con unas vistas impresionantes de todo Madrid), sin embargo con este, todo está al alcance de un ratón. Internet nos sirve para recopilar información sobre las ciudades, saber qué visitar y qué no con una simple búsqueda en google (lástima no haberme informado más de Rotterdam), hay millones de foros y blogs con consejos, pero a mí para lo que más me ayudó fue para saber las combinaciones posibles entre ciudades y la frecuencia de trenes. Que no está de mal saber si tienes un tren cada media hora o si sólo hay uno por la mañana y otro por la tarde. Para ello, la web de cabecera es die Bahn, la página del ferrocarril alemana. Pero no os asustéis, podéis consultarla en español, y tiene los horarios de un montón de países, aunque no sé si de toda Europa. Supongo que habrá más páginas donde consultar, pero yo ya conocía esta y funciona muy bien.

Eso sí, lo que nos da la vida hoy en día (o nos la quita, según cómo se mire) son los móviles, o tablets o con lo que sea que viaje cada uno. Y es que aunque yo llevaba la tarifa de datos desactivada durante todo el viaje, en los hoteles tienes wifi (al menos en la mayoría de los que cogimos, que para mí es un valor añadido y es algo que tengo en cuenta a la hora de decidirme, aunque primero están el precio y la comunicación) y en los Países Bajos en las estaciones y en los trenes regionales (practicamente el 99% de los que cogimos en el paso por el país), así que viene muy bien, aparte de para comunicarse con la familia y amigos y poner los dientes largos, sobre todo es de gran utilidad para improvisar sobre la marcha, consultar horarios y echar un vistazo a google como nos pasó con Amersfoort.

Así que quitaos (si la tenéis) la idea preconcevida de que el interrail es algo propio de la locura de juventud, creo que se puede hacer con cualquier edad, depende de la organización de cada uno. Hay que establecer unos puntos claves como cuál es el presupuesto, de qué días dispongo y qué ruta quiero hacer. Básicamente con eso, sólo queda buscar cómo llegar al punto de partida, y cómo unir las ciudades que quieres visitar. Puedes llevarlo más o menos cerrado, eso depende de lo cómodo que te sientas con la improvisación.

También está el tema mochila: que si soy mayor, que si me duele la espalda, que si hay muchas cosas que necesito y al final la mochila pesa demasiado… Hay que pensar en dónde se va uno de viaje. Porque gel/champú hay hasta en el último pueblo perdido de la Conchinchina. Porque si se te acaban los calcetines, seguro que encuentras un lidl, plus o similar donde reponerlos, por muy cutres que sean. Porque en las estaciones hay taquillas donde puedes dejar las mochilas… En fin, que hay mil opciones para viajar ligero de equipaje. Yo opté por llevarme una muda y camiseta por día, 3/4 pantalones, sólo uno de ellos largo, una chaqueta, unas zapatillas, chanclas para la ducha, productos básicos de aseo (cepillo de dientes y crema, desodorante, suavizante y cepillo para el pelo y crema solar. El champú y gel lo encontrábamos en cada hotel). Aparte, no puede faltar la documentación, cámara de fotos y los cargadores con sus adaptadores correspondientes. Importante ya que no en todos los países encontraréis la misma toma eléctrica que en casa.

Quizá lo simplifico demasiado, hay otros aspectos importantes como el idioma o la comida, pero que no son tan determinantes. El tema lingüístico a mí no me preocupó mucho a pesar de no hablar ni francés ni neerlandés, podría decirse que con el inglés queda prácticamente solventado, pero claro, depende dónde vayas. Aunque españoles, o gente que lo hable, hay en todos sitios, y si no, siempre están los gestos. Y en cuanto a la comida voy a confesar que soy algo especialita. No todo me sienta bien, sobre todo rebozados y picantes, pero bueno, siempre encuentras algo, aunque sea el típico bocadillo de supermercado: pan y embutido/queso. Eso sí, hay que tener muy en cuenta los horarios, que no siempre son como en España y te puedes volver loco a las 9 buscando un sitio donde cenar o comprar la cena para llevártela. Ah, y por supuesto, si no queréis sorpresas, perdid agua SIN gas. Si no, se sobreentiende que es CON. A no ser que os guste, claro.

Pero en general, no sé si por los países que recorrimos que están muy bien comunicados y son algo potentes económicamente, pero el caso es que fue un interrail muy tranquilo, sin tantos avatares como leí por aquí. Y es que no estoy muy de acuerdo con los 38 puntos mencionados. Sobre todo con:

Punto 6: Eso de llevar embutido para ir tirando… No se me ocurriría, no sé, vale que el jamón está muy rico, que cuando sales de España hay comidas que echas de menos… pero irte de interrail con el chorizo entre los calcetines… No lo veo… Y si viajas en avión, menos.

Punto 10: Lavar la ropa. Pues depende del tiempo que vayas… si vas un mes… pero 11 días como fuimos nosotros… no abultan tanto 11 mudas… La ropa interior es lo que menos ocupa.

Punto 13: ¿Perdona? ¿Tan extraño es ver a alguien mayor de 30 haciendo el interrail? Creo que ya he explicado los motivos por los que no tiene edad.

Punto 17: Lo de dormir en trenes nocturnos no termino de verlo. Si me encontrara en tal situación, me plantearía si me merece la pena hacer un trayecto en 5 horas maldurmiendo en el tren, o pagar una noche de hotel, descansar en condiciones y coger un tren a las 6 de la mañana, por poner un ejemplo, y tardar 3 en llegar al destino… Supongo que depende de las conexiones.

Punto 23: Dormir en las estaciones. Poco más que añadir con respecto al punto 17. Quizá lo que falla es la planificación de la ruta y de las escalas.

Eso sí, sí que estoy de acuerdo en lo de revisar el billete, el andén y el tren en el que te montas. Así como si es de 1ª ó 2ª clase o es un vagón silencioso (en los Países Bajos encontramos alguno y es una gozada la tranquilidad que se respira. Los viajeros aprovechan para dormir, leer, trabajar, o disfrutar del paisaje sin tener a las típicas cotorras detrás).

También estoy de acuerdo con lo de no saber en qué ciudad te has levantado, qué país es y qué idioman hablan. Afortunadamente con el € teníamos una preocupación menos. Pero bueno, esta sensación es similar a la del crucero. Pasa una semana y has visto 6-7 ciudades, de varios países, en los que hablan diferentes idiomas, con culturas tan diversas, que no sabes en qué mundo vives ni cuánto tiempo ha pasado cuando vuelves a casa, porque está todo tan concentrado que parece que has estado fuera el doble de días.

Y cuando deshaces el equipaje, hay que poner en orden los recuerdos y las fotos, madre mía, las fotos… Ardua tarea cuando vuelves con gigas y gigas y tienes que ir pensando qué ciudad era la que ves en la foto. Además, es algo que tienes que hacer cuanto antes, porque luego esos datos se dispersan. Aunque siempre quedará el código de tiempo en las propiedades de cada imagen, los tickets de compra que marquen el camino seguido o afortunadamente para mí, el gps de la cámara (cuando se encuentra) que me dice dónde está hecha cada foto. Aquí podéis ver la ruta de todas las fotos que hicimos y nos geolocalizó:

RecorridoUna pena que no marcara La Haya que me encantó. Sin embargo, ha tenido la buena decisión de no encontrarnos en Rotterdam, que mejor, porque es para olvidar.  Si pensáis en un recorrido similar, os recomiendo que toméis nota de las siguientes ciudades:

Países Bajos: La Haya, Haarlem, Leiden, Delt, Maastricht, Utrecht, Zaanse Schans, Amersfoort, Edam, Volendam, Marken y Ámsterdam (Omitiría Eindhoven y Rotterdam)

Bélgica: Amberes, Brujas, Gante y Bruselas.

Luxemburgo podéis obviarlo. Está quizá demasiado lejos.

En fin, mil recuerdos que me ha llevado varios meses el poder ordenar y contar. Seguro que me he dejado cosas en el tintero. Y eso es lo bueno, que cada vez que recuerdas un viaje, te vienen a la mente diferentes momentos vividos. Pero de momento, con esto, zanjo el Interrail. Ahora a pensar en el próximo viaje.

¿Os habéis planteado alguna vez hacerlo? Ya conozco a dos personas que se están planteando hacer un interrail este verano, con destinos totalmente diferentes. Y creo que estaría más extendido si se le diera más publicidad. Es una forma tan buena como otra cualquiera de viajar y sale rentable si te lo montas bien. Es más, no sólo como viaje de verano de 10-15 días, sino que creo que puede ser muy útil para una escapada de un puente de 3-4 días. Para mí desde luego queda como opción para repetir.

Interrail. Viajando por Benelux día 7. Lieja – Utrecht – Eindhoven

Con Maastricht ya ganado al plan original, seguimos ganándole tiempo a aquella ruta trazada en Madrid. Por tanto, en vez de salir de Lieja, ver Maastricht entre medias y finalizar en Eindhoven, salimos de la ciudad belga con nuestro desayuno típico de interrail directos para Utrecht. Para acabar por la tarde de nuevo en Eindhoven. Era un recorrido un poco avanzar para retroceder, pero como las comunicaciones eran buenas y el billete de tren estaba pagado, no nos importó.

Durante un par de días notábamos que nos perseguía una tormenta, pero la dejábamos por la mañana en la ciudad que abandonábamos. Sin embargo, no fue así este día, puesto que nada más montarnos en el tren rumbo a Utrecht empezó a llover, y cuando llegábamos a la ciudad neerlandesa la nube seguía descargando y apenas había ambiente en las calles.

Utrecht es una ciudad rara, para empezar, cuando llegas a la estación central, no sales directamente a la calle, sino que tienes que atravesar todo el centro comercial Hoog Catharijne. Y no es nada pequeño, sino que tiene más de 150 establecimientos y exposiciones como esta de unas cuerdas que se movían con el aire.

Así que, llegas a la ciudad y tienes que atravesar un mega centro comercial, pero eso no es lo único curioso, sino que no sé qué se les pasó por la cabeza para plantar un OVNI encima de la Oficina Central de Ferrocarriles.

En fin, echamos mano de nuestras chaquetas, y con mochila a la espalda, salimos al exterior a patear la ciudad. Lo que queda justo nada más salir del centro comercial es la parte peatonal, llena de tiendas y locales de restauración.

Pero claro, no estaba muy transitada por la lluvia.

Utrecht es la segunda ciudad más visitada del país por detrás de Ámsterdam, y uno de los principales centros económicos e industriales de los Países Bajos. Y no le viene de ahora, sino que ya lo fue en la época medieval gracias a la producción de lana y exportación de ganado vacuno. También tuvo mucha importancia en el ámbito religioso y destacan la Catedral de San Martín, que tiene la torre más alta del país (112m) y durante algún tiempo fue también la iglesia más grande.

Su originalidad reside en que tiene la nave separada de la torre debido a un tornado en el siglo XVI. No es que la torre se moviera del resto de la iglesia, sino que se perdió parte de la construcción. Nació como iglesia católica, pero desde 1580 es protestante.Desde fuera es impresionante, pero a mí lo que me encantó fue el claustro, no sé si por el jardín, por las vistas del estilo gótico, o porque al estar el día tan gris, resaltaba más, pero disfruté de cada minuto observándolo y respirando la paz bajo los arcos.

Tras la visita a la catedral, continuamos con nuestro paseo. Lo importante a visitar queda delimitado por el Oudegracht (canal viejo). Podéis ver que no faltan las bicis, como buena ciudad neerlandesa. Las hay de todos tipos y colores. El casco antiguo es una zona tranquila y acogedora, con sus calles empedradas y su estilo medieval.

Como la lluvia seguía sin darnos tregua y se acercaba la hora de la comida, paramos en un subway a reponer fuerzas y a entrar en calor, porque al no llevar paraguas, íbamos calados.

Después de comer, y aún con lluvia, continuamos nuestra ruta viendo más iglesias, paseando por las calles, y descubriendo más rincones.

Y tras recorrer la ciudad y acabar empapados, cogimos el tren de vuelta a Eindhoven, dirección a nuestro hotel, el Hampshire Hotel – Crown Eindhoven a secarnos, dejar las cosas, y continuar descubriendo ciudades.

Aunque la verdad es que Eindhoven está muy lejos en cuanto a turismo se refiere de Utrecht. De hecho, para empezar, en la búsqueda de información en casa apenas encontré nada, tan solo un mapa con cuatro directrices. Una vez allí lo entendimos, pues es una ciudad que apenas nos llamó la atención. No la estamos poniendo al nivel de Rotterdam, por supuesto que no, cualquier ciudad la mejora, pero para hacer turismo, quizá no sea la mejor parada. Además, tiene movimiento estudiantil, que siempre da ambiente.

Eindhoven ganó importancia gracias a la revolución industrial, sobre todo en el área de textiles, pero lo que más ayudó fue la fábrica de Philips, que provocó un gran crecimiento de la ciudad. Si queréis ver cómo se hacían las primeras bombillas, podéis visitar la fábrica.

Así, que si unimos el hecho de que haya sido tradicionalmente una ciudad industrial, al hecho de que en la Segunda Guerra Mundial fuera bombardeada y tuviera que ser reconstruida de cero y además lo nuevo que construyes son rascacielos… pues te encuentras, eso, una ciudad muy industrial, moderna, llena de edificios acristalados al más puro estilo de distrito financiero. De hecho, nada más salir de la estación te encuentras con el enorme edificio de ING. Es más, la propia estación es un edificio de ladrillo cuadrado e insignificante.

Pero bueno, ya que estábamos por allí, dimos una vuelta a la ciudad, descubriendo alguna que otra iglesia y poco más, ya que era por la tarde, sobre las 6, y además un día gris y lluvioso, pues la gente estaba ya en casa recogida.

Pero la zona peatonal tenía bares y locales que imagino que tendrán su movimiento en un día “normal”.

Tras la corta caminata, pasamos por un Albert Heijn, donde compramos la cena, y volvimos al hotel a preparar la ruta del día siguiente y descansar.

Un par de sándwiches y wraps, unas patatas fritas y poco más. La verdad es que se nota mucho el salir de España en el ámbito gastronómico. No nos damos cuenta de que aquí a cualquier hora, en cualquier esquina tienes un local, una taberna, un barecillo, un sitio donde poder picar algo, tomar unas tapas o pinchos, o cenar en condiciones, sean las 8 de la tarde, o las 11 de la noche… En el viaje si nos daban más de las 7 de la tarde estábamos vendidos. Como en Lieja, que un Pizza Hut cierre a las 9… Inconcebible de todo punto. Conciliación de vida familiar y laboral, supongo.

Interrail. Viajando por Benelux día 6. Luxemburgo – Maastricht – Lieja

Este día no comienza con una foto de un par de vasos de cartón y unos bollos en el tren. No, como ya mencioné en el post anterior, teníamos incluido el desayuno en el hotel, así que nos lo tomamos con calma… Teníamos para elegir bollos, embutido, queso, salchichas, bacon… en fin, un pequeño buffet.

Y cargamos bien las pilas.

Y tras el desayuno reponedor, cogimos los bártulos y nos dirigimos a la estación, rumbo a Lieja. Este ha sido el trayecto más largo que hemos hecho, y además fue árduo, porque a las tres horas de trayecto, tuvimos que sumarle que el tren tuviera una avería y que estuviéramos parados en una estación  en medio de la nada como una media hora. Pero bueno, aprovechamos para descansar, leer, observar el paisaje….Y también para modificar nuestra planificación inicial.

En un principio la idea era llegar a Lieja, comer y ver la ciudad tranquilamente. Pero visto el ritmo que llevábamos y lo descansados que estábamos después del alojamiento en Luxemburgo, pensamos que quizá sería buena idea llegar al hotel, dejar las mochilas y partir hacia Maastricht, que tan sólo está a media hora. De esta forma le ganaríamos tiempo al plan original por si queríamos ver más en los últimos días en la zona de Holanda, que era realmente lo que más nos había gustado de lo que llevábamos y del país que más esperábamos. Y todo un acierto, oye.

Así que llegamos a Lieja, de nuevo una ciudad belga de la parte francófona. Con esto estaría todo dicho, para mí es la parte menos atractiva del país. Está situada en el valle del río Mosa y está muy cerca de los Países Bajos (ya os he dicho que Maastricht está a media hora en tren) y también próxima a Alemania (Aachen a 40 minutos). La ciudad ha tenido una parte importante en la historia, gracias en mayor medida por su posición geográfica transfronteriza.

En el siglo VIII el obispo Lamberto fue martirizado y asesinado y la ciudad se convirtió en lugar de peregrinación para rendirle homenaje, de ahí que comenzaran a construirse iglesias, la basílica, la catedral de San Pablo… Durante 8 siglos Lieja fue un Principado, hasta que en 1789, al tiempo que estallaba la Revolución Francesa, también se levantó el pueblo contra la monarquía. Entre 1795 y 1815 el Principado quedó dividido en 3 regiones y tras la derrota de Napoleón en Waterloo, una de las regiones se anexionó a los Países Bajos. Esa región es hoy en día Lieja provincia. En 1830 pasó a ser Belga como tal.

En Lieja destacan tres estaciones: Guillemnis, Jonfosse (que parece abandonada) y Palais. Esta última es la que estaba más cerca de nuestro hotel. Nada más salir, te encuentras el Palais. Y queda en lo alto de la ciudad, has de bordear e ir bajando.

El tramo que recorrimos de camino al hotel no nos gustó mucho, no sé si porque ya amenazaba lluvia y estaba todo gris, porque los edificios emblemáticos estaban poco cuidados o por la basura en la calle.

Y es que el tema de las bolsas de basura merece un parón porque es de traca. Resulta que en Bélgica se recoge la basura sólo dos veces a la semana. Pero ojo, que hay restricciones. Una de las veces es para los residuos orgánicos (bolsa blanca) y otra para los no orgánicos. Pero no todos, por ejemplo, si el camión pasa martes y jueves por tu barrio y el segundo día es el de no orgánicos, una semana tocará cartón (amarilla) y la siguiente semana plásticos (azul). Así que puedes estar con envases en casa como 15 días. El cartón a lo mejor ocupa menos, pero imaginaos organizar una cena y tener bolsas repletas de latas, envolotorios, botellas… Aunque claro, habría que tener en cuenta que las celebraciones fueran el día de recogida, para no tener toda una semana la orgánica y sus olores en casa… Me parece una cerdada, con todas las letras.

Pero ojo, que además es que hay que dejar las bolsas (oficiales con el logo de la ciudad y que al parecer cuestan un riñón) en el lugar correcto. Si están en el sitio equivocado (no hay contenedores, se tienen que dejar en la acera), fuera de hora, o color erróneo de bolsa (o que no sea oficial), habrá multa. Con apertura de bolsa en modo CIA.

Al principio nos era sospechoso ver bolsas de basura apiñadas en la calle, pero luego paseando con una botella y un pañuelo para tirar me di cuenta de que la ciudad no tenía contenedores ni papeleras… y ya te fijas más, y ves basura por todos lados, e indagué sobre el tema. Me parece increíble que el país con la capital de Europa tenga ese sistema de recogida de residuos. Es algo que hoy en día sigue sorprendiéndome.

En fin, que con este planteamiento, no es de extrañar que la imagen de la ciudad quedase trastocada. Así que, entre bolsas de basura llegamos al hotel, donde descargamos mochilas y marchamos. El hotel no está mal, nos dieron una habitación amplia, con dos camas de matrimonio, zona de té/café, otra zona para dejar las maletas, baño, televisión…

No está mal, no queda en el centro, pero tampoco se tarda mucho en llegar.

Para ir a Maastricht teníamos dos opciones, o volver a Palais y hacer trasbordo en Guillemnis, o ir andando a Guillemnis y ahí coger directo el tren. Y de paso, comprar algo para comer por el camino y echar un primer vistazo a la ciudad. Comimos en marcha unos sándwiches de un carrefour express, pues no había mucho donde elegir, y la ciudad, salvo alguna plaza, no tenía tampoco gran cosa que ver… al menos a mí no me llamó mucho la atención… ya digo que no sé si era la suciedad, o el día que estaba torcido…

Tras una larga caminata llegamos a Guillemnis, una estación que se ve a la legua que es de Calatrava, muy en su estilo.

Y en media hora estábamos en Maastricht. De nuevo en los Países Bajos. Y se nota. Nada más llegar ya todo es diferente, la estación, la gente, el idioma, de nuevo bicis por doquier, quesos… gran decisión la de no dedicarle tanto tiempo a Lieja, sin duda.

Una curiosidad de Maastricht es que los semáforos te van marcando con unos leds el tiempo que queda para cambiar de color… y en rojo es real, la duración de cada punto es real, pero en verde, la mitad va a una velocidad, y la otra mitad empieza a correr aquello que como te descuides te quedas en medio de la carretera en rojo otra vez…

Maastricht está dividida por el río Mosa (Maas en neerlandés, y la ciudad significa “el que cruza el Mosa”). Es una ciudad pequeñita y se la considera la menos neerlandesa de todo el país, supongo que por su posición geográfica, tan cerca de Bélgica y Alemania.

Tiene un casco histórico interesante con iglesias, murallas, plazas, casas señoriales…y destaca su ambiente cultural gracias a la Universidad, el instituto de Bellas Artes y una Escuela de Teatro.

Me llamó la atención la Iglesia de San Juan, en la plaza Vrijthof por su torre roja, que contrasta con el resto de la arquitectura de la plaza. Justo al lado destaca San Servacio.

También es muy original la Basílica de Nuestra Señora, que al parecer está construida sobre un edificio pagano ya existente en el siglo IV, y posteriormente se le han ido añadiendo las torres, el claustro… y de ahí su peculiaridad.

No hay comparación entre Lieja y Maastricht, la ciudad neerlandesa tiene sus zonas peatonales, con su casco histórico, el puente, el bullicio de la gente animada tomando algo…la ciudad belga es más triste, tanto de aspecto, como la cara de la gente.

Y tras disfrutar de la tarde en tierras neerlandesas, emprendimos el regreso a Bélgica, paseamos por Lieja callejeando por ver si nos quedaba algo por ver y buscando un sitio para cenar.

Al final acabamos en un Pizza Hut al lado de la ópera. Ojo con el edificio, muy clásico, y de repente un andamiaje… muy moderno, todo.

Cogimos la cena de milagro, porque estaba cerrando (eran las 9 de la noche) y volvimos al hotel a finiquitar el día.

Interrail. Viajando por Benelux día 5. Bruselas – Namur – Luxemburgo

Después de unos primeros días bastante acelerados y sin parar de una ciudad a otra, este día era más relajado. Dimos por visto Bruselas, a pesar de que nos quedó mucho por ver, pero no nos apetecía recorrer mil barrios alejados, así que partimos dirección Luxemburgo, que está a un buen trecho. Así que con nuestro desayuno del Panos (una franquicia muy a tener en cuenta en Bélgica) nos subimos al tren.

Entre medias, a una hora de Bruselas, paramos en Namur, que es la capital de la región de Valonia, una zona totalmente diferente de las ciudades belgas que habíamos visto hasta el momento de la parte flamenca. Ya en el tren veíamos cómo cambiaba la orografía, ya no estábamos en una Bélgica llana, o casi, sino que empezamos a adentrarnos en una zona boscosa, frondosa, con importante presencia de los ríos Sambre y Mosa.

Lo que sin duda destaca en Namur es el castillo, la ciudadela, en lo alto de la montaña, desde donde se divisa toda la ciudad.

A pesar de la fortificación, no pudieron evitar la invasión de españoles, franceses, holandeses, de nuevo españoles, Napoleón… hasta que con el Congreso de Viena de 1815 Namur se declaró parte de Bélgica. La ciudadela fue reconstruida varias veces, y de nuevo con la invasión de los alemanes un siglo después en la Primera Guerra Mundial, los teutones querían atravesar el país y la ciudad para llegar a Francia siguiendo el Mosa… Y en la Segunda Guerra Mundial no tuvo mucha mejor suerte… En fin, la historia de los belgas, siempre en medio, sin ejército importante con el que defenderse… Supongo que la única batalla victoriosa que recuerdan es la de Waterloo, hoy llena de turistas que van a ver un descampado.

Voliendo a Namur, después de ver la ciudadela, de divisar la ciudad, emprendimos el regreso a la estación callejeando. La verdad es que es un pueblecito muy pequeño, no tiene mucho que ver, alguna plaza, o iglesia, pero sin duda, lejos del estilo de las ciudades flamencas de las que veníamos. Namur tiene mucha historia, imagino que buenos vinos, parajes, pero la ciudad en sí, si no pilla de camino, es omitible.

En fin, después de un paseo con bastante calor, y de ver alguna curiosidad que me recordó a mi abuelo y a las Navidades, que le da por entretenerse con los corchos de las botellas, nos dirigimos de vuelta a la estación para coger el tren que nos llevase a Luxemburgo.

Fue un viaje largo, más de lo que estábamos acostumbrados, casi dos horas y teniendo que hacer trasbordo… leímos, observamos el paisaje, comimos…

Y al final llegamos a Luxemburgo, que no tiene nada que ver con ninguno de los dos países anteriores.

Luxemburgo ciudad es tranquila, empinada, llena de coches de lujos, un par de calles con restaurantes, pero apenas sitios de comida rápida o supermercados donde comprar comida para llevar.

Es otro nivel, sin duda. Como lo fue nuestro hotel, el Park Inn by Radisson Luxembourg City. Cuando reservamos los hoteles, para Luxemburgo no había mucha opción, la verdad, al menos dentro del rango de precio que nos movíamos, pero encontramos una oferta para el con alojamiento y desayuno por 69€. Y la verdad es que sin duda fue el mejor hotel de todos los del interrail, aunque el easyhotel de La Haya estaba muy bien, y posteriormente el de Ámsterdam, pero este tenía un punto más.  Aunque era un poco raro puesto que el hotel comenzaba en la planta 2 de un edificio. En el bajo había una zapatería y justo al lado del escaparate, un ascensor. Tomabas el ascensor, y en la primera planta te podías bajar en un Saturn, si seguías a la segunda, es cuando llegabas a la recepción del hotel.

Pero bueno, lo importante es que la atención fue muy buena, la habitación muy limpia, moderna, llena de comodidades, que si albornoz y zapatillas, los jabones y demás productos de cortesía, una botella de agua fresquita (aunque era con gas), cafetera/tetera con cafés, tés, azúcares… En fin, que además de día más o menos relajado, teníamos un hotel donde pudiéramos descansar.

Después de refrescarnos, salimos a pasear. La ciudad es muy nueva, no se ven edificios muy emblemáticos, hay un par de calles con restaurantes, como dije más arriba, y lo más “importante” el puente que ya habíamos visto en la maqueta del MiniEurope.

Las mejores vistas son desde la muralla, que ves los árboles, el río, las rocas… mucho más que la ciudad en sí.  Incluso la chica del hotel se plantó delante del mapa y no sabía muy bien qué recomendarnos para ver.

Tras el paseo, y antes de subir a la habitación, paramos en un a por una cena temprana donde nos tomamos unas hamburguesas (no había muchas más opciones) acompañadas de unas ensaladas.

Y a disfrutar del hotel, para cargar pilas que el día siguiente no teníamos un plan muy completo, pero sí muchas horas de tren, que casi que agotan más que estar moviéndose, que cuando lo notas es cuando paras.

Interrail. Viajando por Benelux día 4. Bruselas – Brujas – Gante – Lovaina – Bruselas

Y seguimos en Bélgica, este día era uno de los más deseados. Cuando comentábamos dónde nos íbamos a ir de vacaciones, todo el mundo que había estado en Bélgica nos decía que nos iban a encantar Brujas y Gante, y la verdad es que tenían razón, son dos ciudades con mucho encanto.

El plan del día era ir a Brujas, Gante y pasar la tarde en Bruselas, pero como ya os comenté, al final Bruselas nos atraía menos de lo que esperábamos, y decidimos echar un ratillo en tren y visitar Lovaina. Lo importante era ver Brujas y Gante, Lovaina estaba en segundo plano, como aquel día con Delft, pero nos dio tiempo a ver tranquilamente las dos primeras, y al final fue un día bastante completo.

Salimos pronto hacia Brujas, como siempre con el desayuno para el camino y con una hora de camino. Brujas perteneció a la Liga Hanseática, por lo que durante siglos fue una ciudad muy rica, con comerciantes, burgueses, artesanos y un puerto muy concurrido. A finales del siglo XVII Amberes la desplazó de este puesto privilegiado y hoy en día nos llega como una ciudad con un bello conjunto arquitectónico. No sólo por sus edificios, sino por sus calles, por sus puentes, como algo gloal. Es una suerte que se librara de los bombardeos de la II Guerra Mundial.

Es una ciudad que se puede recorrer fácilmente a pie, la mayoría de los lugares de interés se encuentran en los bulevares que delimitan lo que antiguamente eran las murallas. Y a pie fuimos desde la estación, pasando por un “rastrillo” con puestos de todo tipo, desde gente que se veía que tenía una tienda a otros que parecía que habían hecho limpieza en casa, o habían heredado la de la abuela y se querían desprender de todo tipo de antiguallas.

Y a partir de ahí, empezamos a callejear siguiendo los picos en dirección al Markt, cómo no.

En el centro de la plaza hay una estatua en honor de dos dirigentes gremiales que se rebelaron contra los franceses en el siglo XIV.

De hecho, en la plaza donde se encuentran las sedes de gremios. También podemos encontrar el Belfort, el edificio más característico de Brujas.

Bordeando el Markt, por una bocacalle llegamos al Burg, la plaza donde se encuentra el Ayuntamiento con su torre de 366 escalones y que se considera el centro originario de la ciudad, donde estaban los edificios civiles más importantes. Aprovechamos para degustar las típicas patatas belgas, pero lo podéis omitir… no es como los gofres que digas “uy, pues sí, están muy ricos”. Simplemente, son patatas fritas…

Aparte de eso, Brujas hay que disfrutarla cerca del agua, no cogimos ningún crucerillo pues era temprano, las calles estaban desiertas y se podía pasear tranquilamente por ellas, pero es imposible no admirar las casas a la orilla del río Dijver, las calles adoquinadas, los puentes, el carácter medieval de la ciudad, los molinos… Paseamos varias veces por las mismas calles de lo bonita que era la ciudad.

Además de las dos plazas principales, con sus edificios significativos, Brujas también tiene la Catedral de San Salvador, la Iglesia de Nuestra Señora con la torre más alta de Bélgica.

Y no puede faltar una visita al Beginjhof, un conjunto de viviendas blancas con un patio central con su jardín y árboles. Está habitado por las beguinas, que es una congregación laica. Paseando por el interior tienes que ir en silencio, es su remanso de paz.

Y está bordeado por el Minnewater, El Lago del Amor, con sus patos, cisnes… muy bucólico todo.

De ahí nos dirigimos siguiendo el río de vuelta a la estación

y emprendimos el viaje con dirección a Gante, que está a unos 25 minutos.

Gante es algo más pequeña que Brujas, al menos el casco histórico, que está algo más alejado de la estación, pero es un paseo. Si Brujas fue centro neurálgico gracias a su mercadeo, Gante es más industrial, durante los siglos XVIII y XIX proliferaron las fábricas. Pero su origen data del siglo IX cuando el conde Balduino mandó levantar un castillo para proteger las abadías de los ataques vikingos. Posteriormente fue una ciudad importante gracias a sus textiles. También es la ciudad donde nació Carlos I ( o V).

La verdad es que Gante me gustó, pero no tiene ese encanto medieval de Brujas. Es diferente, la Iglesia de San Nicolás es gótica, y tiene ese color característico grisáceo, al igual que la Sint Baafskathedraal.

Está todo muy cerca, el castillo de Balduino, las dos iglesias mencionadas arriba, el Belfort, el Ayuntamiento, los canales…. La ciudad se ve en una hora caminando tranquilamente.

Nosotros aprovechamos para comer en un McDonald’s, que era tarde y no teníamos muchas opciones

y emprendimos la vuelta dirección Lovaina, a una hora en tren de Gante, pasando por Bruselas. Es una ciudad universitaria con un aspecto medieval y que también fue importante gracias a la industria textil. La Universidad, la más importante y grande de los Países Bajos, fue una de las más prestigiosas allá por el siglo XVI y contaba con celebridades como Erasmo. En el siglo XVIII la ciudad se hizo más importante gracias a la cerveza.

Y por esta bebida, nos la encontramos de bote en bote. Era la 25 Edición de Hapje Tapje, y estaba lleno de lugareños tomando cerveza y mojitos. Había espectáculos, actuaciones, degustaciones…

Estaba plagada. Disfrutamos más del ambiente, que de los edificios históricos, de las plazas o de las callejuelas. Lo tenían muy bien montado, la zona donde se celebraba el evento estaba habilitado para peatones, pero unas calles eran de salida de las plazas, y otras de entrada, para evitar las aglomeraciones… muy cuadriculado todo, jejee.

No es de extrañar que se celebre en Lovaina este acontecimiento, ya que es donde está la sede mundial de la empresa InBev, la mayor compañía de cerveza del mundo. De hecho, digamos que la ciudad vive de la fábrica de la cerveza Stella Artois.

Aparte de para probar esta cerveza, Lovaina merece una visita, sin duda, hay que ver el Ayuntamiento (es el edificio más recargado que he visto en mi vida… si te pones a contar las figuras que tiene en toda su fachada puedes morir).

y la Sint Pieterskerk en la Grote Markt, la Oude Markt, o la Sint Michielskerk. Queda todo bastante cerca, y se puede pasear tranquilamente (cuando no están en fiestas, claro).

Y tras disfrutar del ambiente festivo de Lovaina, regresamos a Bruselas, donde cenamos tranquilamente unas ensaladas y salimos a dar un paseo nocturno, a disfrutar de la Grand Place, donde había mucha gente sentada observando la iluminación de los bellos edificios y charlando en grupillos.

Y para rematar la noche, un típico gofre belga. Pero como apetecía algo fresco, acompañado de chocolate también belga, pero en helado.

Y a recuperar fuerzas para el día siguiente en el que cambiaríamos de nuevo de país.

Viajar con el Interrail. Preparativos

Vuelvo a escribir de viajes. Esta vez del interrail. Para los que no sabéis en qué consiste, es muy simple: se trata de viajar por un país, o varios con un abono de tren. A lo largo de los años ha sufrido modificaciones, hace años, iba por zonas: Mediterránea, Norte, Centroeuropa, Europa del Este… pero la cosa ha cambiado y ahora va por países y dentro de tu elección, puedes viajar en diversas modalidades: más o menos días. También tienes el Global Pass.

Mi hermano llevaba dos años haciendo el interrail, aprovechando para moverse antes de cumplir los 26 y que subiera el precio, y este año iba a ser su último como joven, y nosotros que aún no teníamos planeado un destino, valoramos la opurtunidad de unirnos. La elección era Benelux: Bélgica, Holanda y Luxemburgo (sí, son tres países, pero en este caso es un único pase). Los tres países estaban en nuestra lista de deseos, bueno, quizá Luxemburgo no muy arriba, pero ya que te pones… Cuadramos una fecha en la que pudiéramos ir los cuatro y después por motivos laborales empezó a caer gente, de forma que se acabó convirtiendo en un viaje en pareja.

Una vez sabíamos quiénes y cuántos íbamos a ir, iba todo sobre ruedas para comprar los billetes de avión. Si hubiera sido Italia el destino, habría buscado 3 ó 4 aeropuertos importantes, y habría comparado precios y a raíz de ahí trazar la ruta con un punto de partida y de finalización. En este caso no fue diferente, sólo que tienes que ver el conjunto de los tres países como un todo y básicamente teníamos 3 opciones: volar a Luxemburgo, a Bruselas (bien con low cost a Charleroi – que es como ir a Toledo y decir que vuelas a Barajas – o bien con compañía “normal”) o a Ámsterdam. La verdad es que la decisión no fue fácil. Bueno, Luxemburgo quedó fuera enseguida por ser la opción más cara y por no tener vuelo los domingos, que era nuestro día de regreso. Así pues, teníamos Bruselas y Ámsterdam. El precio era muy similar, pero la diferencia era que para a Bruselas y que nos saliera más barato, tendríamos que ir con low cost y ya no hablamos de Bruselas como tal… Así que ganó Ámsterdam. Ahora a definir la ruta.

Aquí otro quebradero de cabeza. Busqué información en las páginas oficiales de cada país para ver qué ciudades recomendaban en sus áreas de turismo, y además añadí las que me sonaban por nombre y las que me habían recomendado amigos y conocidos. Y a partir de ahí, mapa en mano, a marcar las ciudades y ver combinaciones de tren para ver cómo de cerca o lejos estaban… es realmente agotador… porque además queríamos irnos con hotel cerrado, y claro, para eso tienes que estimar qué tiempo vas a dedicar a cada ciudad… Es un rompecabezas.

Sé que la mayoría de la gente que piensa en interrail se imagina el típico mochilero que duerme en albergues, estaciones o incluso en la calle. En el pasado nosotros hemos dormido al aire libre con sólo el saco de dormir como cobijo, hemo viajado un fin de semana cargando con la mochila, hemos ido de camping, de albergue de campamento… pero hay que ser consciente de la situación en que se encuentra cada uno. Si yo ahora mismo tuviera 22 años, estuviera estudiando y tuviera un par de meses de vacaciones, me iba a la aventura, ya que por muy mal que duermas, por muy cansado que regreses, después te quedan vacaciones para recuperarte y seguir disfrutando. Nuestra diferencia es que tenemos 10 años más, que nos íbamos 11 días y que al día siguiente del regreso teníamos que volver al trabajo, con lo que si te vas a la aventura y te sale mal, no sólo no has disfrutado de tus vacaciones, sino que además vuelves con ganas de unas. Así que poniendo pros y contras sobre la mesa, decidimos buscar hoteles.

Para ello, con el mapa de trenes en mano, con las ciudades marcadas, trazamos una posible ruta, decidiendo dónde nos venía mejor pasar la noche, mirando si salía rentable o era necesario hacer algún cambio… y cuando parecía que estaba todo cuadrado, reservamos las noches de hotel hacia finales de junio.

Y a principios de julio compramos los billetes de interrail. Os he dicho que nos íbamos 11 días, pero nuestro billete era de 8 días, el primer día no contaba, pues llegábamos por la tarde al aeropuerto, y los últimos dos días ya no nos íbamos a mover en tren, así que tampoco. Finalmente la ruta quedaba de esta manera:

Suena muy ambicioso, pero como ya nos ha pasado alguna vez en la que piensas que verás una ciudad en 3 días y luego tardas menos preferimos llevar de más y luego en función de lo que nos fuese gustando un pueblo o ciudad, dedicarle más tiempo y obviar lo que no nos diese tiempo, siempre teniendo en cuenta el fin del día.

Para ello, gracias a www.bahn.de, la página de trenes alemana, busqué los horarios de todas las posibilidades que teníamos para saber si había una frecuencia de un tren cada hora o cada 20 minutos, porque en este último caso, sabes que puedes entretenerte pues si pierdes uno, al momento puedes recuperar, pero si tienes que esperar una hora… supone un mundo.

En fin, mediados de julio, teníamos avión, hoteles, ruta, horarios de trenes, billetes de interrail (te llegan por correo certificado en apenas una semana) e información y mapas sobre las ciudades que íbamos a visitar. Cuenta atrás y nos faltaba por ver tema equipaje. Y aquí otro quebradero de cabeza. Porque claro, debido a la ruta, la gran mayoría de los días tendríamos que llevar la mochila encima. Sí, existen casilleros en las estaciones, pero como realmente no había mucha intención de pasar dos veces por un mismo sitio… no tenía mucho sentido. Así que, ¿qué hacemos? ¿llevamos dos mochilas de 30 litros con lo básico? ¿O llevamos la de 50, facturamos y de perdidos al río? Al final optamos por llevar una de cada, la de 50, para facturar y meter objetos que no te dejan pasar como equipaje de mano, y la de 30 sin facturar con un par de mudas para cada uno. Que soy un poco maniática con eso de que me pierdan la maleta… Ah, y prescindimos de la toalla dado que íbamos a hoteles y se suponía que íbamos a tener allí. Al igual que de productos de higiene, que llevábamos lo básico: desodorante, cepillos y pasta de dientes y crema solar factor 50.

Así pues, todo en marcha, contando los días hasta que llegó el día 1 y empezó la aventura. Pero eso para otro día.