Nueva serie “para ver”: Sex Education

A principios de año Netflix estrenó Sex Education, una serie que sigue la historia de Otis Milburn, un adolescente de 16 años, que monta junto con Eric (su mejor amigo) y Maeve (la chica rebelde) una asesoría sexual en el instituto. Otis no es de los más populares en su centro, ni siquiera tiene experiencia sexual, pero cuando Maeve descubre que su madre es terapeuta sexual y que a lo largo de los años ha adquirido gran conocimiento sobre el tema, ve la oportunidad de negocio.

Con este punto de partida puede inducir a error y llevar a pensar de que se trata de una típica comedia de adolescentes con las hormonas revolucionadas. Sin embargo, lo importante no es el qué sino el cómo. Es decir, hay jóvenes y sexo, sí, pero la novedad es que intenta huir de los manidos clichés. Así, en lugar de mostrar a las pandillas de chicos retándose para ver quién “consigue” antes a la chica, o recurrir a la cosificación y la humillación; en Sex Education el sexo se presenta desde una óptica positiva, como un aspecto más de la vida que afecta por igual tanto a unos como a otras. No hay quien no tenga dudas o sienta inseguridad, miedo o presión. Y menos a esa edad. Y aunque hay sexo explícito y los diálogos son frescos y sin pelos en la lengua, no hay escenas forzadas o conversaciones que parezcan metidas con calzador. Tampoco resulta obsceno.

Creo que lo que funciona, al menos si nos basamos en este primer episodio, es que no se centra en el aspecto físico, sino que ahonda en los sentimientos. Parece que la asesoría de Otis va a ir más enfocada a las inseguridades y la vulnerabilidad de sus compañeros que a recomendar técnicas o posturas. Aunque habrá que ver el resto de la temporada para confirmar (cuenta con 8 capítulos y ya está renovada para una segunda).

Sin embargo, no todo son luces, también hay alguna sombra. Y es que hay algunos personajes un tanto estereotipados, como esa chica rebelde que viste de una forma un tanto llamativa y se esconde para fumar, el chico gay marginado, la chica que se deja mangonear por el grupo de populares, o el hijo del director que además es el típico abusón. No obstante, parece que el elenco está bastante bien elegido, desde el protagonista hasta los secundarios, sin olvidar a Gillian Anderson.

Otra cosa que me descolocó un poco fue la ambientación. A pesar de tratarse de una serie británica y tener su característico tono y diversidad racial de los personajes; los estudiantes no visten de uniforme (como sí ocurre en Reino Unido) y el instituto parece más el típico estadounidense de tantas otras series de adolescentes (Awkward, Veronica Mars, Suburgatory, Buffy…). Adicionalmente parece que está centrada en el presente por el enfoque y la tecnología, pero tiene cierto aura noventero, sobre todo si nos fijamos en la vestimenta de los protagonistas. O a lo mejor es que la moda británica es diferente.

Aún así, con todo, me ha parecido entretenida, divertida, diferente y que tiene bastante que aportar, así que la añadimos a la infinita lista de series “para ver“.

Serie Terminada: Years and Years

Con cada vez más catálogo seriéfilo resulta complejo seguir todos los estrenos de la temporada, pero hay algunas ficciones que no pasan desapercibidas, ya que enseguida el boca a boca hace su labor. Este es el caso de Years and Years , una miniserie británica que enseguida se ha convertido en una de las joyas de esta temporada. La serie arranca en 2019 y nos presenta a los Lyons, una familia de clase media de Manchester formada por miembros de lo más dispares. Con ellos en el centro de la historia veremos a lo largo de seis capítulos cómo se va desarrollando el futuro de aquí a 15 años. Y no pinta bien.

En la trama hay dos hilos conductores. Por un lado el de la familia y por otro el de Vivienne Rook, una empresaria que salta a la vida política gracias a sus mensajes populistas cargados de patriotismo y xenofobia (algo así como una mezcla entre Marine Le Pen, Daniel Farage, Boris Johnson y Donald Trump). Los Lyons viven en su burbuja, por así decirlo, y se centran en su cotidianidad, en su trabajo, su familia, sus amigos… Lo que ocurre en el mundo está en un segundo plano y es meramente anecdótico, como cuando aparece Rook en la tele soltando exabruptos, que la consideran una loca que está en sus 15 minutos de fama. Sin más.

Sin embargo, aquello que no fue tomado en serio en su momento ha ido escalando y cinco años más tarde se ha convertido en algo que no se puede obviar. En ese lustro Trump ha vuelto a ganar las elecciones, Rusia ha invadido Ucrania, los efectos del cambio climático son cada vez más notables, hay una guerra nuclear entre EEUU y China, Grecia ha iniciado los trámites para salir de la UE, ha muerto Isabel II y Vivienne Rook con su partido Cuatro Asteriscos (clara referencia al Movimiento Cinco Estrellas italiano) va ganando relevancia en la esfera política. De repente lo que ocurre ahí fuera en el mundo ya no resulta tan ajeno e impacta de alguna u otra forma en el día a día de los Lyons volviendo sus vidas del revés.

Con el paso de los capítulos (y de los años) vamos viendo cómo los cambios sociales, políticos, económicos y tecnológicos van afectando a cada uno de los miembros de la familia. Así, Edith (reconocida activista) sufre en sus carnes las consecuencias de la guerra nuclear entre Estados Unidos y China; Rosie (madre soltera de dos hijos que trabaja en un comedor escolar) ve cómo poco a poco se van recortando los derechos de la clase obrera; Daniel (que trabaja para el ayuntamiento dando cobijo a los refugiados ucranianos) vive desde dentro esta crisis humanitaria; Stephen (asesor financiero) y su mujer Celeste (contable) serán testigos del colapso bancario además de tener que gestionar la noticia de que su hija Bethany quiere convertirse en transhumana y subir su consciencia a la nube. Muriel (la abuela de los cuatro hermanos) intenta mantenerlos a todos unidos mientras aporta algo de cordura y reflexión ante los acontecimientos.

Los hechos se suceden de forma vertiginosa y los años pasan con rapidez, sin embargo, siempre se vuelve a la familia como punto de referencia. El tener unos mismos personajes a lo largo de la historia hace que el espectador se involucre más y produce un mayor impacto aludiéndole y llamándole a la reflexión. Y es que a priori, aunque haya aspectos que nos puedan sonar distópicos y/o exagerados, en realidad, si nos paramos a pensar, Years and Years no plantea un futuro tan alejado. Ya hemos vivido guerras entre grandes potencias, pérdida de derechos tanto civiles como laborales, colapsos bancarios, crisis de refugiados, inestabilidad política, auge de populismos y xenofobia, corrupción, fake news, discusiones éticas sobre la evolución de la ciencia o la tecnología, terrorismo o efectos del cambio climático. Y eso es lo que realmente aterra (y atrae) de la serie, que no nos extrañaríamos de leer, oír o ver en las noticias cualquiera de estos sucesos. Salvo lo de España gobernada por un partido de extrema izquierda y la Familia Real exiliada a Mónaco, es una distopía muy factible. De hecho, en muchos casos la realidad supera a la ficción.

Years and Years nos retrata como sociedad acomodada que ha perdido conciencia de la acción colectiva y que piensa que aquello que no afecta directamente a su día a día, no influirá indirectamente. El individualismo nos ha hecho olvidar que lo personal es político y que hay que tener ambición y un punto de rebeldía. La serie juega el papel del fantasma de las próximas navidades presentándonos un más que posible futuro si no tomamos partido y nos implicamos y nos deja con una reflexión a modo de moraleja en boca de Muriel:

“Es culpa nuestra. Todo. [….] Los bancos, el Gobierno, la recesión, Estados Unidos, la Sra. Rook. Todo lo que ha ido mal es culpa vuestra. Todos somos responsables, cada uno de nosotros. Podemos pasarnos el día culpando a otros. Culpamos a la economía, a Europa, a la oposición, al clima y al vasto incontrolable curso de la historia, como si no dependiera de nosotros, seres indefensos e insignificantes. Pero sigue siendo culpa nuestra.  ¿Sabéis por qué? Por la camiseta de una libra. Una camiseta que cuesta una libra. No podemos resistirnos, ninguno de nosotros. Vemos una camiseta que cuesta una libre y pensamos: Qué ganga, me la quedo. Y la compramos. No para vestir, Dios nos libre, pero servirá como camisetita interior para el invierno. Y el tendero se lleva cinco peniques miserables por esa camiseta. Y un pobre campesino recibe cero coma cero un penique, y nos parece bien. Todos entregamos nuestra libra y contribuimos a ese modo de vida”.

Y aunque aquí podríamos abrir el debate de que también quien compra una camiseta a una libra es una víctima del sistema porque quizá sus condiciones no le permiten comprar algo que no venga de la explotación, se entiende el mensaje de que no hay que conformarse y tragar con las injusticias, sino, en la medida de lo posible, levantarnos y reclamar otro modelo de vida. Sin duda una serie para la reflexión.

Serie para ver: State of the Union

Reconozco que llegué a State of the Union por Chris O’Dowd, a quien ya había visto en The IT Crowd, pero me atrapó el formato de 10-12 minutos que supone un soplo de aire fresco en medio de tanta oferta seriéfila que suele rondar los 50-60 minutos.

La premisa que nos plantea es sencilla:  Louise (gerontóloga) y Tom (crítico de rock desempleado) son un matrimonio que se toma algo en un bar antes de entrar a terapia de pareja. En esos 10 minutos que tardan en beberse su vino blanco y su cerveza el espectador asiste a una conversación que fluye desde lo banal (qué tal, cómo estás, qué tal los niños…) a lo más profundo (el motivo por el que van a la terapia). Así, al poco de comenzar el primer episodio sabemos que el detonante de que Tom se marchara de casa fue que ella tuvo una aventura. Sin embargo, el diálogo entre ambos parece indicar que ese no fue el único problema en su relación y nos genera la necesidad de conocer más de su historia a través de esta ventana indiscreta que nos han abierto.

State of the Union engancha gracias a los ágiles diálogos, al realismo, a la química que hay entre Rosamund Pike y Chris O’Dowd, al punto cómico de Tom y el sarcástico de Louise y a la ironía británica. Pero sobre todo gracias a la simplicidad del planteamiento y su corta duración.

Cuenta con una temporada de 10 episodios, pero parece que el creador está trabajando ya en una segunda (aunque aún no se sabe si verá la luz). Eso sí, con nuevos protagonistas de mayor edad. ¿Significará eso que Louise y Tom consiguen arreglarlo? Habrá que descubrirlo.

Nueva serie a la lista “para ver”: The End Of The F***ing World

Entre serie y serie acabada vemos los pilotos de las nuevas series que van llegando. Uno de los últimos visionados es The End of the F***ing World, una comedia dramática o una tragicomedia británica basada en la novela gráfica The End of the Fucking World de Charles S. Forsman.

Se centra en James, un chico de 17 años un tanto (mucho) oscuro, tanto que se define a sí mismo como un psicópata. Un día metió la mano en la freidora solamente para sentir algo y lleva matando animales desde su tierna infancia solamente por placer. Un día en el instituto Alyssa se sienta en su mesa tras discutir con sus amigas. Se pilla un buen enfado cuando una de ellas la habla por el móvil en lugar de cara a cara a pesar de estar sentadas en la misma mesa. Se siente una incomprendida en su entorno, tanto en casa como en el instituto. Está abrumada. Si James se considera un psicópata, Alyssa resume su existencia en que “odia a todo el mundo”. Son dos personajes totalmente opuestos que se complementan. James es callado, no siente nada y, por el contrario, Alyssa es más impulsiva y está desbordada por tantos sentimientos que hasta se ahoga.

Tras este encuentro ambos se marchan juntos y comienzan una extraña relación entre amistad, tonteo y noviazgo. Mientras que ella se siente atraída por él; James solo piensa en cómo matarla. No es nada personal, sino que después de experimentar con animales quiere probar con un ser humano y Alyssa se ha cruzado en su camino. Deciden tener una cita y, aunque ella es retenida por una fiesta en su casa y discute con su padrastro, finalmente llega a casa de James y le propone a este escapar y comenzar una nueva vida. Alyssa quiere encontrar a su padre, y él acepta pues teniendo tiempo a solas, podrá llevar a cabo su plan.

Comienza así una huida de sus insatisfactorias vidas hacia un viaje introspectivo en el que esperan encontrarse a sí mismos. Para saber más, tenemos que ver los siguientes 7 capítulos. E incluso parece que ha renovado por una segunda temporada. Aunque creo que es alargar demasiado una historia que aparentemente tiene menos recorrido. Una temporada de ocho episodios de 20 minutos cada uno al final es casi una película, y verlos en modo maratón darán esa sensación. Pero una nueva temporada imagino que ya cambiará el planteamiento y James no querrá matar a Alyssa… Lo cual hará también que pierda algo de la originalidad de la trama. Pero de momento no he llegado ahí.

Lo que nos deja el primer capítulo es una serie con un punzante humor negro e irónico con un tono que recuerda en algunos momentos a Misfits (supongo que por ser británica y estar centrada en adolescentes). Consigue alternar entre lo deprimente y lo alegre con cierto toque gamberro y surrealista. Me quedé con ganas de saber hacia dónde les lleva el viaje. Así que habrá que añadir The End Of The F***ing World a la lista.

Serie Terminada: Misfits

Tras acabar Royal Pains cambiamos a este lado del charco y comenzamos la serie británica Misfits, que se emitió entre 2009 y 2013.  Consta de cinco temporadas y mezcla ciencia ficción y drama con toques de humor.

Se centra en un grupo de cinco adolescentes de clase baja que durante sus trabajos en los servicios a la comunidad se ven sorprendidos por una extraña tormenta que les dotará de unos peculiares superpoderes. Los integrantes de este singular grupo son:

  • Nathan: está en los servicios comunitarios por robar unas golosinas y causar varios altercados. Se autoerige como el líder del grupo por su carácter impertinente y abusón. Resulta desagradable por lo burdo y soez que es, pero a la vez en él recae el humor ácido. Aunque el resto de sus compañeros conocen al instante su poder, Nathan se dedicará toda la primera temporada intentando averiguar el suyo.
  • Simon: es el típico chico tímido, todo lo contrario a Nathan. Si este era un abusón, Simon es el objeto de sus bromas, gamberradas e insultos. Ni siquiera recuerda su nombre. Está en el centro comunitario por intento de incendio. Su poder es la invisibilidad, como si no se sintiera ya lo suficientemente ignorado. Es quizá mi personaje favorito por la evolución que hace a lo largo de su participación en la serie. Y el actor Iwan Rheon está que se sale. Parece que se le da bien interpretar a personajes con un toque siniestro. En Misfits podemos ver cómo ya apuntaba maneras antes de actuar en Juego de Tronos.

  • Kelly: es el estereotipo de una choni. Cumple condena por una pelea. De carácter agresivo, en el fondo es una chica insegura que le da mucha importancia a lo que los demás opinen de ella. Quizá por eso su poder sea la telepatía, el poder oír los pensamientos de la gente. También tiene un lado sensible y acaba muy unida a Nathan
  • Curtis: es un prometedor atleta que se está preparando para participar en los Juegos Olímpicos de 2012. Sin embargo, es detenido por posesión de cocaína. Durante la tormenta consigue el poder de viajar al pasado.
  • Alisha: es una chica atractiva y fiestera que tiene que cumplir con trabajos a la comunidad por conducir ebria. Su poder hace que todo el que la toque se sienta locamente atraído sexualmente por ella, lo cual la pone en una situación vulnerable, ya que los afectados no son conscientes de sus actos, y cuando pierden el contacto no recuerdan nada de lo ocurrido. Comienza una relación con Curtis, sin embargo, evitarán cualquier contacto piel con piel para no desencadenar el poder de Alisha. Su capacidad no tendrá efecto en un misterioso encapuchado que sigue a los integrantes del grupo.

Así, tenemos a unos personajes estereotipados: el adolescente pasota, el paria tímido y víctima de abuso, la choni agresiva, el atleta que se droga y la chica atractiva, fiestera y vanidosa. Todos ellos reciben unos poderes que a priori pueden parecer aleatorios, sin embargo, si nos fijamos en sus caracteres, vemos que claramente están hechos a la medida de sus personalidades. Sin embargo, no solo ellos son los únicos afectados por la tormenta. A lo largo de la serie iremos viendo nuevos personajes y nuevos poderes. Y los protagonistas se verán en la obligación moral de vencer el mal. Aunque ellos son los antihéroes. Primero están buscando su lugar en el mundo, como cualquier adolescente incomprendido y fuera de lugar.

El primero contra quien tendrán que luchar será su monitor de los servicios comunitarios, que se convierte en zombie y los ataca. Consiguen matarle y será el primero de muchos cadáveres que tengan que esconder y el punto de partida y de unión de este grupo.

La serie no se basa en algo nuevo. El tema de los superhéroes y poderes está muy visto ya. Sin embargo, es original el punto de vista, los antipersonajes y los ácidos diálogos. Además, conserva ese tono grisáceo tan británico y una magnífica banda sonora. También se sale del tono al que estamos acostumbrados en las series estadounidenses. Misfits no es correcta, no es educada. Todo lo contrario. En sus guiones destaca lo soez, las palabrotas, los gestos obscenos, lo políticamente incorrecto. Más próximo a la realidad de cómo hablarían en la vida real los adolescentes a los que reperesentan. Y hay mucha más variedad racial y de clase que en las producciones americanas.

Con esto, no es de extrañar que nos gustara el piloto y la marcáramos como serie “para ver”. La primera temporada es muy buena. Aunque en sus seis capítulos apenas nos da para conocer a cada uno de los integrantes del grupo de monos naranjas. La segunda temporada mantiene bastante bien el ritmo con el nuevo misterioso encapuchado que protegerá a los chicos. De esta temporada es uno de los mejores capítulos de la serie en que un joven tiene el poder de sentirse un personaje del GTA. Muy bueno el guion, mejor el desarrollo con los gráficos.

Y es algo por lo que destacaba la serie. El saber qué supuesto poder iba a tener el personaje de turno en cada capítulo y cómo se las iban a apañar los protagonistas para salir indemnes. Porque no son héroes tradicionales, sino que aún están intentando aprender a manejarlos. En la mayoría de las veces el poder aparece cuando están bajo estrés y no tiene ninguna utilidad. Así que se producen situaciones embarazosas, incómodas y cómicas.

En la tercera temporada desaparece Nathan y le sustituyen con Rudy, que lleva de nuevo a los cuatro restantes del cuadro original a los servicios comunitarios tras robar un coche. Quisieron hacer un calco con este nuevo personaje impulsivo, malhablado, grosero y desagradable. Sin embargo, es insoportable, le falta el cómico que añadía el original. En la tormenta Rudy vio desdoblada su personalidad, de forma que está Rudy 1, impulsivo y que disfruta humillando a los demás; y Rudy 2, que es más sentimental e intenta contrarrestar los actos del primero.

Además, a los guionistas se les debió ocurrir que había que cambiarles los poderes a los protagonistas e introdujeron un giro en el que un nuevo personaje compra y vende poderes. De forma que mientras que en la tormenta adquieren unos en concordancia a sus personalidades, aquí tenemos unos de mercadillo. Simon será capaz de ver flashes del futuro, Curtis podrá cambiar de sexo, Alisha podrá ponerse en la piel de los demás y ver cómo si estuviera dentro y Kelly será diseñadora de cohetes. Toma ya poder guapo. Lo único para que le sirve es para no volver en la cuarta porque en África han visto filón en ella desactivando bombas. Una excusa para quitársela del medio porque la actriz fue condenada a prisión por un ataque xenófobo a un taxista.

Pero volviendo a la tercera temporada, tan solo merece la pena el capítulo de los nazis, por lo demás, personajes planos, un arco argumental que gira en torno al tráfico de poderes y al nuevo integrante. Y como colofón, es la despedida de Simon y Alisha, además de la ya mencionada salida de Kelly.

A partir de aquí, nada tiene sentido. Podrían haber dado por finiquitada la serie, pero no, intentaron alargarla de forma innecesaria introduciendo nuevos personajes para sustituir a los originales. Y claro, segundas partes nunca fueron buenas. Del elenco inicial tan solo se mantiene un desdibujado Curtis que ahora puede revivir a los muertos, pero los convierte en zombis…

En estos ocho episodios la serie perdió totalmente la esencia original. Nada que ver con el piloto. Las nuevas incorporaciones no aportaron nada, no había trama, eran personajes planos, con una vida aburrida y encima parece que quisieron darle algo de vida con unas relaciones amorosas entre los protagonistas metidas con calzador. También aparece un nuevo monitor de los servicios comunitarios que es absolutamente prescindible.

Los nuevos son:

  • Jess: Tiene rayos X es los ojos. A priori un poder muy interesante, pero no sé si les salían caros los efectos especiales porque lo usa un par de veces nada más. Es dura y agresiva, mantiene las distancias con todos, aunque en dos temporadas tiene 3 intentos de relación con sus compañeros. Como digo, metido con calzador.
  • Finn: su poder es la telekinesis, puede mover objetos. Aunque no cuando quiere, no controla muy bien su poder, como les ocurría a los protagonistas originales. Otro personaje plano. Va de gracioso, pero es un bocazas. Está obsesionado con Jess y mantiene a su novia encerrada en una habitación y atada a la cama. ¿La excusa? Que ella tiene el poder de manipularle. ¿Para qué distanciarse de ella y que el poder no tenga efecto? Mejor justificamos un abuso… Vamos de mal en peor.
  • Alex: es el camarero del bar al que van los protagonistas. Es atractivo, simpático y triunfa entre las mujeres, pero parece que siempre las rechaza. Resulta que una transexual intercambia genitales con él, así que se siente deprimido. Muy freudiano todo. Jess se siente atraída por él y finalmente comienzan una breve relación. El poder de este personaje es la eliminación de los poderes. El detalle es que para que este desaparezca ha de tener sexo con el poseedor.
  • Abby: creo que es el único personaje de todos los nuevos que no me desagradó, pero tampoco tiene nada realmente interesante. Es una chica que se encuentran los cuatro nuevos en una fiesta. Está inconsciente y se la llevan a servicios comunitarios. Cuando se recupera no recuerda nada, tiene amnesia total, ni siquiera sabe cuál es su poder. Intentará descubrir quién es. Finalmente descubre que era la amiga imaginaria de una chica.

Y si la cuarta fue mala, la quinta ya hundió la serie más aún. De repente Rudy 2 pide la independencia unilateral de Rudy 1 y crea su patrulla de superhéroes con miembros que conoce en un grupo de apoyo. La banda del jersey. Entre ellos se encuentran una chica que se mimetiza con las superficies, uno que puede volar y una chica que emite descargas eléctricas, de quien se enamora. Sin embargo, este nuevo grupo no funciona como él esperaba ya que se dedican a matar sin ton ni son. Así que Rudy 2, Jess, Finn, Alex y Abby intervendrán para eliminarlos.

Y para rematar la serie un final feliz con parejas y bebés de por medio y todo. Muy patético. Empezó como una serie entretenida que sabía darle la vuelta al ya trillado tema de los poderes con muy buena calidad audiovisual, un gran elenco y un humor ácido y sarcástico. Sin embargo, acabó convirtiéndose en una caricatura de sí misma repitiendo poderes, tramas, dando tumbos, con personajes nada atractivos y planos. ¿Por qué nunca saben dónde parar?

Así que, con todo lo dicho, recomendaría ver la primera y segunda temporada. Quizá incluso la tercera. Pero desde luego me ahorraría las dos últimas. Sí, son pocos capítulos, pero es una auténtica pérdida de tiempo.

Nueva serie a la lista “para ver”: Line of Duty

Últimamente están saltando a la palestra varias series británicas, además de bastante calidad. Tienen un ritmo diferente al que nos tienen acostumbrados las producciones estadounidenses, pero, sin duda, esto les da su carácter. También su fotografía es diferente con una ambientación fría y gris. Destacan los personajes con dobleces y las tramas no tienen esa censura moral que tienen las del otro lado del charco. Son más incisivas, incomodan más al espectador. Además, como ventaja suelen tener bastante menos episodios (aunque de casi una hora de duración), lo que permite un minimaratón viendo toda la trama del tirón.

Line of Duty es una de estas series que nos llegan de las islas británicas. Estrenada en 2012 en BBC 2,  cuenta la historia de Steve Arnott, un sargento reasignado al AC-12, la unidad anticorrupción, tras una operación fallida en la Unidad de Contraterrorismo. Tras el incidente, el cuerpo policial quiere mentir para que no salgan a la luz los errores pero Steve se niega a seguir los pasos de sus compañeros. Como castigo, pero también gracias a su honorabilidad, será trasladado.

En esta nueva etapa profesional el departamento más odiado por la policía tendrá que investigar a Tony Gates, oficial estrella y líder del TO-20. El superintendente Ted Hastings sospecha de que se lucra con actividades ilegales y de que manipula qué casos coge para inflar las cifras de resolución y así conseguir su ascenso.

A Steve no le hace mucha gracia esta asignación, pues Tony es un reputado y condecorado agente al que todos admiran y apoyan. Además, cuenta con un currículo intachable y un ratio magnífico en cuanto a resolución de casos. Su unidad lidera el ranking en número de casos resueltos en Londres. Al principio se mostrará reticente a esta investigación, sin embargo, empezará a plantearse si esa reputación no será todo fachada, si lo que parece un policía modélico no lo será tanto.

El espectador ya sabe que no es oro todo lo que reluce, pues el modélico Gates tiene una amante, Jackie, a la que además ayuda a encubrir un atropello cuando esta conducía borracha. Lo que empieza con tapar un “accidente” parece que se va a enredar bastante más e írsele de las manos al detective, puesto que ella parece esconder más de un secreto. Al final todo tiene flecos.

Pero el verdadero protagonista es esta unidad AC-12, su transparencia, su impecabilidad, reflejada en su edificio. La sede como forma de presentarnos el mecanismo interno de la policía, la burocracia, los ratios, la política… Un punto de vista más resultadista centrado en los números (casos resueltos) y no en las víctimas.

En Line of Duty se trata la delgada línea entre el honor y la corrupción. Es un drama policíaco lleno de grises morales, que sirve de excusa para pasearse entre los límites del bien y del mal, tanto ética como legalmente. Si ya de por sí es difícil atrapar criminales, lo es más aún cuando tienes que acabar con los de dentro, puesto que se conocen todos los trucos. Cazador y presa se han entrenado con los mismos métodos, con la diferencia que el corrupto no solo juega siguiendo la legalidad, por lo que tiene más margen de maniobra. Así pues, el perseguidor tiene que buscarse las mañas para conseguir superarle. Es un juego de poder y tensión, y eso se nota ya en el primer capítulo. La escena en la que vemos el interrogatorio a Gates es una buena muestra de ello.

De momento en España sólo se ha emitido la primera temporada, pero en Reino Unido ya van por la tercera terminada. Cada una de las temporadas se centra en un caso distinto, lo que es de agradecer, aunque supongo que mantendrán un nexo de unión con los personajes y el departamento implicados.

Nuevas series a la lista “para ver”: Vikings y The Last Kingdom

Hace ya un par de años que vimos el piloto de Vikings y no había hablado de ella porque es de esas series que no sé si me terminan de convencer. Se trata de una serie histórica centrada en el siglo IX que se basa en las leyendas sobre el vikingo Ragnar Lodbrok, uno de los héroes nórdicos más grandes de su época que saqueó Northumbria, Francia y Bretaña. Se retrata al protagonista como un guerrero intrépido y una navegante ambicioso que tiene ideas que desafían al jefe de su tribu. Mientras el líder quiere explorar el este cada año basándose en las viejas costumbres y en la comodidad; Lodbrok quiere investigar hacia el oeste y ver qué encuentra. No le importa el peligro ni lo desconocido, le puede su ansia de saber, de conocer. Para su empresa le pide a su amigo Floki que le construya un barco y promete a los que se le unan un reparto equitativo de las ganancias.

Por supuesto, se muestra cómo eran los hábitos de la sociedad vikinga, esas ceremonias en las que el niño se convierte en hombre, cómo pescaban, cómo eran sus construcciones, las relaciones entre la tribu o clan, sus rituales… No hay que olvidar que se trata de una serie del canal History, por lo que se le da cierta seriedad a la base histórica. Sin embargo, no está narrada desde un punto de vista histórico, sino que está ahí como trasfondo, como hilo conductor. La serie se convierte en una epopeya, el héroe en busca de territorios por descubrir, con saqueos, peleas y batallas. Y mientras tanto se hace referencia a la cultura, a su tradición, como la poesía o la mitología vikinga. No hay que olvidar que pese a que eran considerados salvajes y sanguinarios por sus víctimas, eran una sociedad bastante mística. Esta devoción a los dioses nórdicos se ve en Lodbrok, a quien se consideraba un descendiente directo de Odin (dios de la guerra).

También contrasta con esa brutalidad a la hora de luchar y conquistar el amor que tienen por la naturaleza. La ambientación de la serie es increíble. También puede influir que sea una enamorada de Escandinavia, pero la naturaleza es un personaje más, quizá por ese mimo que le muestran los vikingos. Así que tenemos una trama bien entretejida con una buena base histórica, un paisaje inmejorable, un punto de partida interesante, unos personajes fuertes y además, ritmo y acción desde el primer capítulo. Tiene todos los ingredientes para enganchar. Sin embargo, no sé si fue porque vi el piloto entre varios capítulos de Juego de Tronos o tenía un mal día, pero el caso es que no me enganchó del todo. Quizá también debido a que es bastante violenta. Prometo darle una segunda oportunidad, porque creo que me gustará.

Pero, ¿por qué hablo de Vikings después de tanto tiempo y sin haber visto más que un episodio? Pues porque hace unos meses vimos el piloto de The Last Kingdom y me recordó a ella.

The Last Kingdom es una serie de la BBC que emite Netflix, así que podéis imaginar que habla de sajones y vikingos, sí, pero desde el punto de vista de los isleños. Es como las Invasiones Bárbaras, que para los alemanes es “La migración de los pueblos”. Es decir, ellos no estaban invadiendo ni masacrando, sino expandiéndose. Algo así como el descubrimiento de América por Colón. Todo tiene dos puntos de vista.

En realidad, creo que estas dos series se pueden complementar. Mismo momento histórico, pero desde ambas perspectivas. En Vikings descubrimos el día a día de los pueblos nórdicos y cómo se preparan para invadir y conquistar; en The Last Kingdom se ve cómo vivieron los sajones las incursiones de aquel pueblo extranjero, cómo surge Inglaterra tras tener que agruparse para luchar contra su enemigo.

En ambas series hay un choque cultural, aparte de la lucha por las tierras, obviamente. Aunque los vikingos eran una población mística con el Valhalla y sus dioses, no eran muy religiosos en el día a día, quizá eran más usos y costumbres, respeto, sacrificios y ofrendas. No tenían sacerdotes, sino que se transmite la fe de generación en generación en rituales. Por el contrario, contrasta con el cristianismo medieval en el que el creyente es temeroso de Dios. Con un sacerdote que transmite ese miedo, esas supersticiones. Creo que ver ambas puede ayudar a tener una idea completa de aquella época, de ambos pueblos. Aunque no hay que olvidar que se trata de entretenimiento, y lógicamente, como series de televisión, tienen que enganchar.

La forma que tiene el espectador de descubrir ese choque cultural es viviendo en la piel del protagonista, Uthred, el hijo del Señor de Bettanburg. Este heredero sajón de Northumbria es secuestrado por los daneses cuando tiene 10 años y acaba siendo criado por ellos adoptando sus costumbres, aprendiendo su idioma y abrazando su religión hasta que años más tarde un suceso le lleve a volver con los sajones para reclamar lo que le pertenece como heredero de un noble. Ello le llevará a luchar contra los vikingos y encontrarse en tierra de nadie puesto que ambos lados lo verán como un traidor.

Lo bueno que tiene la serie es que al tener un personaje principal en el que recae la historia, me centro mejor en la trama sin dispersarme tanto y perdiéndome detalles. En Juego de Tronos, por ejemplo, hay personajes que cuando aparecen tras varios capítulos sin saber nada de ellos, no sé muy bien cómo había quedado su historia particular. Aquí el ritmo se centra en Uthred y su supervivencia. Me falla un poco que parece que va a ser el típico personaje perfecto, honrado, sin dobleces que tiene que luchar contra el mundo. Pero supongo que para eso hay que ver la temporada completa (sólo 8 episodios y una segunda en marcha). De momento, en el piloto ya se ven traiciones, batalla, acción, un posible romance entre los jóvenes.

En cuanto a su calidad, tal y como ocurre con Juego de Tronos y otras sagas de época que están tan de moda, en Vikings y The Last Kingdom parece que cada capítulo fuera una película. Se ve en la luz, la fotografía, los escenarios, la técnica… Muestra una gran producción detrás.

Como viene siendo habitual últimamente, no es una idea original, sino que The Last Kingdom es la adaptación de la saga The Saxon Stories de Bernard Cornwell. Aún así, aplaudo que la hayan llevado a las pequeñas (ya no tanto) pantallas.