Viajar con el Interrail. Conclusiones y Reflexiones

¿Qué conclusiones saco de este interrail? Pues muchas cosas, como en cada viaje. He disfrutado de las ciudades que visto (algunas más que otras, claro), he aprendido de cada parada, de cada día. Pero sobre todo, me he dado cuenta de cómo ha cambiado el concepto Interrail desde hace unos 10-12 años cuando me planteé hacerlo por primera vez y con otros destinos (Grecia, Italia y Turquía).

Parece una tontería, pero los años no pasan en balde. Sí, ya, es una obviedad lo que estoy diciendo, pero no me refiero sólo al hecho de que yo, como persona, he cambiado. Pues claro, no soy la misma que hace 10-12 años, ni yo, ni mis circunstancias. Pero no me refiero sólo al apartado económico, ya que ya no estoy estudiando y viviendo con mis padres, sino que trabajo, soy independiente, y aunque tengo unas obligaciones financieras, hay mayor movilidad en ese sentido, más opciones encima de la mesa. Incluso teniendo en cuenta de que el propio billete de interrail es más caro si pasas los 25. Pero con todo ello, es lógico que hayamos buscado hoteles, económicos, sí, pero hoteles al fin y al cabo. Y no hemos hecho lo que se suele asociar típicamente al interrail, es decir, dormir en los trenes nocturnos, en albergues de mala muerte, o incluso en la estación. Tampoco hemos hecho kilómetros en tren y horas perdidas en trasbordos y esperas desde casa hasta nuestro destino.

Y a esto es a lo que me refiero con lo de que se nota esa década. Para empezar, hoy en día sale más rentable coger un vuelo hasta el destino de origen del interrail, en nuestro caso, Ámsterdam. No quiero ni pensar lo que habría supuesto hacer ese recorrido en tren. Seguramente habríamos necesitado 10 días para ir y volver, además de los 8 de interrail. Una locura y pérdida de tiempo, porque además, llegaríamos cansados al punto de partida. De esta forma, comienzas la ruta fresco y ávido de recorrer ciudades.

Por otro lado, en cuanto al tema alojamiento, ocurre algo similar. Resulta que hoy en día puedes encontrar una oferta hotelera bastante amplia y para todos los bolsillos. También depende del destino, está claro. Pero en Europa es raro no encontrar un Ibis, NH o similar por 50€ la habitación doble. Por no hablar de los easyhoteles, que salen más baratos incluso y que son una muy buena opción para estancias cortas como en este caso. Cuando estaba con los preparativos recuerdo buscar albergues y nos salían a 20€ por cabeza, sábanas y toallas aparte y con baño compartido. Así que al final, es que te sale más barato un hotel… Al menos teniendo en cuenta que éramos dos. Pero si vas en grupo, siempre puedes pedir habitaciones dobles o triples en función de los integrantes. Creo que sale más rentable.

Así que ya hemos quitado un par de características de lo que nos viene a la mente cuando pensamos en interrail: horas en andenes/trenes y dormir de cualquier manera y en cualquier sitio precario. Y creo que sin alterar mucho el presupuesto. Nosotros volamos con AirEuropa, no con una low cost y nos salió el vuelo por 200€ persona, pero ¿cuánto nos habría salido ir en tren Madrid-La Haya? Desde luego el avión gana. No sólo económicamente, sino como os decía al principio, en tiempo (que es casi más importante, el tiempo es oro).

Pero sobre todo, donde yo creo que ha cambiado la forma de viajar con el interrail es en las telecomunicaciones. Hoy en día es infinitamente más rápido preparar un viaje. Cuando planteábamos el interrail por el sur de Europa nos recorrimos las Embajadas de Turquía, Italia y Grecia (ojo las oficinas que tienen algunas con unas vistas impresionantes de todo Madrid), sin embargo con este, todo está al alcance de un ratón. Internet nos sirve para recopilar información sobre las ciudades, saber qué visitar y qué no con una simple búsqueda en google (lástima no haberme informado más de Rotterdam), hay millones de foros y blogs con consejos, pero a mí para lo que más me ayudó fue para saber las combinaciones posibles entre ciudades y la frecuencia de trenes. Que no está de mal saber si tienes un tren cada media hora o si sólo hay uno por la mañana y otro por la tarde. Para ello, la web de cabecera es die Bahn, la página del ferrocarril alemana. Pero no os asustéis, podéis consultarla en español, y tiene los horarios de un montón de países, aunque no sé si de toda Europa. Supongo que habrá más páginas donde consultar, pero yo ya conocía esta y funciona muy bien.

Eso sí, lo que nos da la vida hoy en día (o nos la quita, según cómo se mire) son los móviles, o tablets o con lo que sea que viaje cada uno. Y es que aunque yo llevaba la tarifa de datos desactivada durante todo el viaje, en los hoteles tienes wifi (al menos en la mayoría de los que cogimos, que para mí es un valor añadido y es algo que tengo en cuenta a la hora de decidirme, aunque primero están el precio y la comunicación) y en los Países Bajos en las estaciones y en los trenes regionales (practicamente el 99% de los que cogimos en el paso por el país), así que viene muy bien, aparte de para comunicarse con la familia y amigos y poner los dientes largos, sobre todo es de gran utilidad para improvisar sobre la marcha, consultar horarios y echar un vistazo a google como nos pasó con Amersfoort.

Así que quitaos (si la tenéis) la idea preconcevida de que el interrail es algo propio de la locura de juventud, creo que se puede hacer con cualquier edad, depende de la organización de cada uno. Hay que establecer unos puntos claves como cuál es el presupuesto, de qué días dispongo y qué ruta quiero hacer. Básicamente con eso, sólo queda buscar cómo llegar al punto de partida, y cómo unir las ciudades que quieres visitar. Puedes llevarlo más o menos cerrado, eso depende de lo cómodo que te sientas con la improvisación.

También está el tema mochila: que si soy mayor, que si me duele la espalda, que si hay muchas cosas que necesito y al final la mochila pesa demasiado… Hay que pensar en dónde se va uno de viaje. Porque gel/champú hay hasta en el último pueblo perdido de la Conchinchina. Porque si se te acaban los calcetines, seguro que encuentras un lidl, plus o similar donde reponerlos, por muy cutres que sean. Porque en las estaciones hay taquillas donde puedes dejar las mochilas… En fin, que hay mil opciones para viajar ligero de equipaje. Yo opté por llevarme una muda y camiseta por día, 3/4 pantalones, sólo uno de ellos largo, una chaqueta, unas zapatillas, chanclas para la ducha, productos básicos de aseo (cepillo de dientes y crema, desodorante, suavizante y cepillo para el pelo y crema solar. El champú y gel lo encontrábamos en cada hotel). Aparte, no puede faltar la documentación, cámara de fotos y los cargadores con sus adaptadores correspondientes. Importante ya que no en todos los países encontraréis la misma toma eléctrica que en casa.

Quizá lo simplifico demasiado, hay otros aspectos importantes como el idioma o la comida, pero que no son tan determinantes. El tema lingüístico a mí no me preocupó mucho a pesar de no hablar ni francés ni neerlandés, podría decirse que con el inglés queda prácticamente solventado, pero claro, depende dónde vayas. Aunque españoles, o gente que lo hable, hay en todos sitios, y si no, siempre están los gestos. Y en cuanto a la comida voy a confesar que soy algo especialita. No todo me sienta bien, sobre todo rebozados y picantes, pero bueno, siempre encuentras algo, aunque sea el típico bocadillo de supermercado: pan y embutido/queso. Eso sí, hay que tener muy en cuenta los horarios, que no siempre son como en España y te puedes volver loco a las 9 buscando un sitio donde cenar o comprar la cena para llevártela. Ah, y por supuesto, si no queréis sorpresas, perdid agua SIN gas. Si no, se sobreentiende que es CON. A no ser que os guste, claro.

Pero en general, no sé si por los países que recorrimos que están muy bien comunicados y son algo potentes económicamente, pero el caso es que fue un interrail muy tranquilo, sin tantos avatares como leí por aquí. Y es que no estoy muy de acuerdo con los 38 puntos mencionados. Sobre todo con:

Punto 6: Eso de llevar embutido para ir tirando… No se me ocurriría, no sé, vale que el jamón está muy rico, que cuando sales de España hay comidas que echas de menos… pero irte de interrail con el chorizo entre los calcetines… No lo veo… Y si viajas en avión, menos.

Punto 10: Lavar la ropa. Pues depende del tiempo que vayas… si vas un mes… pero 11 días como fuimos nosotros… no abultan tanto 11 mudas… La ropa interior es lo que menos ocupa.

Punto 13: ¿Perdona? ¿Tan extraño es ver a alguien mayor de 30 haciendo el interrail? Creo que ya he explicado los motivos por los que no tiene edad.

Punto 17: Lo de dormir en trenes nocturnos no termino de verlo. Si me encontrara en tal situación, me plantearía si me merece la pena hacer un trayecto en 5 horas maldurmiendo en el tren, o pagar una noche de hotel, descansar en condiciones y coger un tren a las 6 de la mañana, por poner un ejemplo, y tardar 3 en llegar al destino… Supongo que depende de las conexiones.

Punto 23: Dormir en las estaciones. Poco más que añadir con respecto al punto 17. Quizá lo que falla es la planificación de la ruta y de las escalas.

Eso sí, sí que estoy de acuerdo en lo de revisar el billete, el andén y el tren en el que te montas. Así como si es de 1ª ó 2ª clase o es un vagón silencioso (en los Países Bajos encontramos alguno y es una gozada la tranquilidad que se respira. Los viajeros aprovechan para dormir, leer, trabajar, o disfrutar del paisaje sin tener a las típicas cotorras detrás).

También estoy de acuerdo con lo de no saber en qué ciudad te has levantado, qué país es y qué idioman hablan. Afortunadamente con el € teníamos una preocupación menos. Pero bueno, esta sensación es similar a la del crucero. Pasa una semana y has visto 6-7 ciudades, de varios países, en los que hablan diferentes idiomas, con culturas tan diversas, que no sabes en qué mundo vives ni cuánto tiempo ha pasado cuando vuelves a casa, porque está todo tan concentrado que parece que has estado fuera el doble de días.

Y cuando deshaces el equipaje, hay que poner en orden los recuerdos y las fotos, madre mía, las fotos… Ardua tarea cuando vuelves con gigas y gigas y tienes que ir pensando qué ciudad era la que ves en la foto. Además, es algo que tienes que hacer cuanto antes, porque luego esos datos se dispersan. Aunque siempre quedará el código de tiempo en las propiedades de cada imagen, los tickets de compra que marquen el camino seguido o afortunadamente para mí, el gps de la cámara (cuando se encuentra) que me dice dónde está hecha cada foto. Aquí podéis ver la ruta de todas las fotos que hicimos y nos geolocalizó:

RecorridoUna pena que no marcara La Haya que me encantó. Sin embargo, ha tenido la buena decisión de no encontrarnos en Rotterdam, que mejor, porque es para olvidar.  Si pensáis en un recorrido similar, os recomiendo que toméis nota de las siguientes ciudades:

Países Bajos: La Haya, Haarlem, Leiden, Delt, Maastricht, Utrecht, Zaanse Schans, Amersfoort, Edam, Volendam, Marken y Ámsterdam (Omitiría Eindhoven y Rotterdam)

Bélgica: Amberes, Brujas, Gante y Bruselas.

Luxemburgo podéis obviarlo. Está quizá demasiado lejos.

En fin, mil recuerdos que me ha llevado varios meses el poder ordenar y contar. Seguro que me he dejado cosas en el tintero. Y eso es lo bueno, que cada vez que recuerdas un viaje, te vienen a la mente diferentes momentos vividos. Pero de momento, con esto, zanjo el Interrail. Ahora a pensar en el próximo viaje.

¿Os habéis planteado alguna vez hacerlo? Ya conozco a dos personas que se están planteando hacer un interrail este verano, con destinos totalmente diferentes. Y creo que estaría más extendido si se le diera más publicidad. Es una forma tan buena como otra cualquiera de viajar y sale rentable si te lo montas bien. Es más, no sólo como viaje de verano de 10-15 días, sino que creo que puede ser muy útil para una escapada de un puente de 3-4 días. Para mí desde luego queda como opción para repetir.

Interrail. Viajando por Benelux día 5. Bruselas – Namur – Luxemburgo

Después de unos primeros días bastante acelerados y sin parar de una ciudad a otra, este día era más relajado. Dimos por visto Bruselas, a pesar de que nos quedó mucho por ver, pero no nos apetecía recorrer mil barrios alejados, así que partimos dirección Luxemburgo, que está a un buen trecho. Así que con nuestro desayuno del Panos (una franquicia muy a tener en cuenta en Bélgica) nos subimos al tren.

Entre medias, a una hora de Bruselas, paramos en Namur, que es la capital de la región de Valonia, una zona totalmente diferente de las ciudades belgas que habíamos visto hasta el momento de la parte flamenca. Ya en el tren veíamos cómo cambiaba la orografía, ya no estábamos en una Bélgica llana, o casi, sino que empezamos a adentrarnos en una zona boscosa, frondosa, con importante presencia de los ríos Sambre y Mosa.

Lo que sin duda destaca en Namur es el castillo, la ciudadela, en lo alto de la montaña, desde donde se divisa toda la ciudad.

A pesar de la fortificación, no pudieron evitar la invasión de españoles, franceses, holandeses, de nuevo españoles, Napoleón… hasta que con el Congreso de Viena de 1815 Namur se declaró parte de Bélgica. La ciudadela fue reconstruida varias veces, y de nuevo con la invasión de los alemanes un siglo después en la Primera Guerra Mundial, los teutones querían atravesar el país y la ciudad para llegar a Francia siguiendo el Mosa… Y en la Segunda Guerra Mundial no tuvo mucha mejor suerte… En fin, la historia de los belgas, siempre en medio, sin ejército importante con el que defenderse… Supongo que la única batalla victoriosa que recuerdan es la de Waterloo, hoy llena de turistas que van a ver un descampado.

Voliendo a Namur, después de ver la ciudadela, de divisar la ciudad, emprendimos el regreso a la estación callejeando. La verdad es que es un pueblecito muy pequeño, no tiene mucho que ver, alguna plaza, o iglesia, pero sin duda, lejos del estilo de las ciudades flamencas de las que veníamos. Namur tiene mucha historia, imagino que buenos vinos, parajes, pero la ciudad en sí, si no pilla de camino, es omitible.

En fin, después de un paseo con bastante calor, y de ver alguna curiosidad que me recordó a mi abuelo y a las Navidades, que le da por entretenerse con los corchos de las botellas, nos dirigimos de vuelta a la estación para coger el tren que nos llevase a Luxemburgo.

Fue un viaje largo, más de lo que estábamos acostumbrados, casi dos horas y teniendo que hacer trasbordo… leímos, observamos el paisaje, comimos…

Y al final llegamos a Luxemburgo, que no tiene nada que ver con ninguno de los dos países anteriores.

Luxemburgo ciudad es tranquila, empinada, llena de coches de lujos, un par de calles con restaurantes, pero apenas sitios de comida rápida o supermercados donde comprar comida para llevar.

Es otro nivel, sin duda. Como lo fue nuestro hotel, el Park Inn by Radisson Luxembourg City. Cuando reservamos los hoteles, para Luxemburgo no había mucha opción, la verdad, al menos dentro del rango de precio que nos movíamos, pero encontramos una oferta para el con alojamiento y desayuno por 69€. Y la verdad es que sin duda fue el mejor hotel de todos los del interrail, aunque el easyhotel de La Haya estaba muy bien, y posteriormente el de Ámsterdam, pero este tenía un punto más.  Aunque era un poco raro puesto que el hotel comenzaba en la planta 2 de un edificio. En el bajo había una zapatería y justo al lado del escaparate, un ascensor. Tomabas el ascensor, y en la primera planta te podías bajar en un Saturn, si seguías a la segunda, es cuando llegabas a la recepción del hotel.

Pero bueno, lo importante es que la atención fue muy buena, la habitación muy limpia, moderna, llena de comodidades, que si albornoz y zapatillas, los jabones y demás productos de cortesía, una botella de agua fresquita (aunque era con gas), cafetera/tetera con cafés, tés, azúcares… En fin, que además de día más o menos relajado, teníamos un hotel donde pudiéramos descansar.

Después de refrescarnos, salimos a pasear. La ciudad es muy nueva, no se ven edificios muy emblemáticos, hay un par de calles con restaurantes, como dije más arriba, y lo más “importante” el puente que ya habíamos visto en la maqueta del MiniEurope.

Las mejores vistas son desde la muralla, que ves los árboles, el río, las rocas… mucho más que la ciudad en sí.  Incluso la chica del hotel se plantó delante del mapa y no sabía muy bien qué recomendarnos para ver.

Tras el paseo, y antes de subir a la habitación, paramos en un a por una cena temprana donde nos tomamos unas hamburguesas (no había muchas más opciones) acompañadas de unas ensaladas.

Y a disfrutar del hotel, para cargar pilas que el día siguiente no teníamos un plan muy completo, pero sí muchas horas de tren, que casi que agotan más que estar moviéndose, que cuando lo notas es cuando paras.

Interrail. Viajando por Benelux día 4. Bruselas – Brujas – Gante – Lovaina – Bruselas

Y seguimos en Bélgica, este día era uno de los más deseados. Cuando comentábamos dónde nos íbamos a ir de vacaciones, todo el mundo que había estado en Bélgica nos decía que nos iban a encantar Brujas y Gante, y la verdad es que tenían razón, son dos ciudades con mucho encanto.

El plan del día era ir a Brujas, Gante y pasar la tarde en Bruselas, pero como ya os comenté, al final Bruselas nos atraía menos de lo que esperábamos, y decidimos echar un ratillo en tren y visitar Lovaina. Lo importante era ver Brujas y Gante, Lovaina estaba en segundo plano, como aquel día con Delft, pero nos dio tiempo a ver tranquilamente las dos primeras, y al final fue un día bastante completo.

Salimos pronto hacia Brujas, como siempre con el desayuno para el camino y con una hora de camino. Brujas perteneció a la Liga Hanseática, por lo que durante siglos fue una ciudad muy rica, con comerciantes, burgueses, artesanos y un puerto muy concurrido. A finales del siglo XVII Amberes la desplazó de este puesto privilegiado y hoy en día nos llega como una ciudad con un bello conjunto arquitectónico. No sólo por sus edificios, sino por sus calles, por sus puentes, como algo gloal. Es una suerte que se librara de los bombardeos de la II Guerra Mundial.

Es una ciudad que se puede recorrer fácilmente a pie, la mayoría de los lugares de interés se encuentran en los bulevares que delimitan lo que antiguamente eran las murallas. Y a pie fuimos desde la estación, pasando por un “rastrillo” con puestos de todo tipo, desde gente que se veía que tenía una tienda a otros que parecía que habían hecho limpieza en casa, o habían heredado la de la abuela y se querían desprender de todo tipo de antiguallas.

Y a partir de ahí, empezamos a callejear siguiendo los picos en dirección al Markt, cómo no.

En el centro de la plaza hay una estatua en honor de dos dirigentes gremiales que se rebelaron contra los franceses en el siglo XIV.

De hecho, en la plaza donde se encuentran las sedes de gremios. También podemos encontrar el Belfort, el edificio más característico de Brujas.

Bordeando el Markt, por una bocacalle llegamos al Burg, la plaza donde se encuentra el Ayuntamiento con su torre de 366 escalones y que se considera el centro originario de la ciudad, donde estaban los edificios civiles más importantes. Aprovechamos para degustar las típicas patatas belgas, pero lo podéis omitir… no es como los gofres que digas “uy, pues sí, están muy ricos”. Simplemente, son patatas fritas…

Aparte de eso, Brujas hay que disfrutarla cerca del agua, no cogimos ningún crucerillo pues era temprano, las calles estaban desiertas y se podía pasear tranquilamente por ellas, pero es imposible no admirar las casas a la orilla del río Dijver, las calles adoquinadas, los puentes, el carácter medieval de la ciudad, los molinos… Paseamos varias veces por las mismas calles de lo bonita que era la ciudad.

Además de las dos plazas principales, con sus edificios significativos, Brujas también tiene la Catedral de San Salvador, la Iglesia de Nuestra Señora con la torre más alta de Bélgica.

Y no puede faltar una visita al Beginjhof, un conjunto de viviendas blancas con un patio central con su jardín y árboles. Está habitado por las beguinas, que es una congregación laica. Paseando por el interior tienes que ir en silencio, es su remanso de paz.

Y está bordeado por el Minnewater, El Lago del Amor, con sus patos, cisnes… muy bucólico todo.

De ahí nos dirigimos siguiendo el río de vuelta a la estación

y emprendimos el viaje con dirección a Gante, que está a unos 25 minutos.

Gante es algo más pequeña que Brujas, al menos el casco histórico, que está algo más alejado de la estación, pero es un paseo. Si Brujas fue centro neurálgico gracias a su mercadeo, Gante es más industrial, durante los siglos XVIII y XIX proliferaron las fábricas. Pero su origen data del siglo IX cuando el conde Balduino mandó levantar un castillo para proteger las abadías de los ataques vikingos. Posteriormente fue una ciudad importante gracias a sus textiles. También es la ciudad donde nació Carlos I ( o V).

La verdad es que Gante me gustó, pero no tiene ese encanto medieval de Brujas. Es diferente, la Iglesia de San Nicolás es gótica, y tiene ese color característico grisáceo, al igual que la Sint Baafskathedraal.

Está todo muy cerca, el castillo de Balduino, las dos iglesias mencionadas arriba, el Belfort, el Ayuntamiento, los canales…. La ciudad se ve en una hora caminando tranquilamente.

Nosotros aprovechamos para comer en un McDonald’s, que era tarde y no teníamos muchas opciones

y emprendimos la vuelta dirección Lovaina, a una hora en tren de Gante, pasando por Bruselas. Es una ciudad universitaria con un aspecto medieval y que también fue importante gracias a la industria textil. La Universidad, la más importante y grande de los Países Bajos, fue una de las más prestigiosas allá por el siglo XVI y contaba con celebridades como Erasmo. En el siglo XVIII la ciudad se hizo más importante gracias a la cerveza.

Y por esta bebida, nos la encontramos de bote en bote. Era la 25 Edición de Hapje Tapje, y estaba lleno de lugareños tomando cerveza y mojitos. Había espectáculos, actuaciones, degustaciones…

Estaba plagada. Disfrutamos más del ambiente, que de los edificios históricos, de las plazas o de las callejuelas. Lo tenían muy bien montado, la zona donde se celebraba el evento estaba habilitado para peatones, pero unas calles eran de salida de las plazas, y otras de entrada, para evitar las aglomeraciones… muy cuadriculado todo, jejee.

No es de extrañar que se celebre en Lovaina este acontecimiento, ya que es donde está la sede mundial de la empresa InBev, la mayor compañía de cerveza del mundo. De hecho, digamos que la ciudad vive de la fábrica de la cerveza Stella Artois.

Aparte de para probar esta cerveza, Lovaina merece una visita, sin duda, hay que ver el Ayuntamiento (es el edificio más recargado que he visto en mi vida… si te pones a contar las figuras que tiene en toda su fachada puedes morir).

y la Sint Pieterskerk en la Grote Markt, la Oude Markt, o la Sint Michielskerk. Queda todo bastante cerca, y se puede pasear tranquilamente (cuando no están en fiestas, claro).

Y tras disfrutar del ambiente festivo de Lovaina, regresamos a Bruselas, donde cenamos tranquilamente unas ensaladas y salimos a dar un paseo nocturno, a disfrutar de la Grand Place, donde había mucha gente sentada observando la iluminación de los bellos edificios y charlando en grupillos.

Y para rematar la noche, un típico gofre belga. Pero como apetecía algo fresco, acompañado de chocolate también belga, pero en helado.

Y a recuperar fuerzas para el día siguiente en el que cambiaríamos de nuevo de país.

Interrail. Viajando por Benelux día 3. Rotterdam – Amberes – Bruselas

Después de que el día anterior fuera intenso y que termináramos algo desanimados, nos levantamos con la esperanza de que el día fuera mejor. Y bueno, podemos decir que fue mejorando por momentos.Teníamos alojamiento en Bruselas para todo el fin de semana, pero no nos daban la habitación hasta las 3 de la tarde, por lo que salimos por la mañana pronto de Rotterdam para pasar la mañana en Amberes.

Como venía siendo habitual, cogimos el desayuno para llevar y nos sentamos en el tren con una hora y veinte de camino por delante.

Una vez en Amberes, lo primero que te abruma es la Estación Central. Es inmensa y por dentro su arquitectura es impresionante, con una gran altura y claridad que entra por los cristales.

Pero la sorpresa no acaba ahí, porque el exterior es también majestuoso, parece un edificio diplomático más que una estación de tren.

Amberes es la segunda ciudad más grande de Bélgica, y se nota, el centro queda alejado de la estación, pero el recorrido desde ésta hasta la Grote Markt no tiene desperdicio, has de pasar por una calle comercial (De Keyserlei) con edificios que a mí me recordaban a los típicos que ves por Madrid cuando paseas por la Gran Vía y alrededores.

La ciudad me encantó desde el principio, en parte por este paseo que os digo que me recordaba a Madrid, pero sobre todo por la Grote Markt, por la Fuente de Bravo, por la catedral… El toque medieval de la ciudad le da un aspecto pintoresco, esas callejuelas, las casas inclinadas unas sobre otras, el ambiente…

Una vez en el centro queda todo bastante cerca, el castillo, el puerto, restos de la muralla medieval…

Es curioso lo de Amberes, porque estás en Bélgica, y se nota cierta diferencia con respecto a los Países Bajos, como por ejemplo en las estaciones, en los trenes, hay menos bicis porque el paisaje no es tan llano,  pero parece que estés en una remota ciudad de los Países Bajos, en parte por el idioma, pero creo que también el carácter influye.

Después de pasar la mañana en Amberes y recorrerla tranquilamente, y cómo no, probar los famosos gofres en versión mini (tremendos, esponjosos).

Cogimos de nuevo el tren, esta vez camino de Bruselas, que está a unos 50 minutos. La intención era llegar, dejar las mochilas en el hotel, y dar un paseo por Bruselas, pero nada más salir de la estación nos encontramos con la Catedral de Saint-Michel, una catedral gótica del estilo de la de Burgos o León, salvando las distancias, porque estas dos catedrales españolas son de mis favoritas.

Tras hacer unas fotos en la catedral y rodearla, sí que nos dirigimos al hotel, donde dejamos las mochilas y decidimos cómo estructurarnos la tarde. La idea originaria era pasar la tarde en Bruselas, por la zona de la Grand Place y alrededores, el día siguiente por la mañana para Brujas y Gante, y por la tarde el Atomium y ya el lunes, de camino a Namur, ver la Ciudad Alta. Pero sopesamos las posibilidades y decidimos ver la Grand Place y callejear, pero después irnos al Atomium, así tendríamos la tarde siguiente para el resto. Como no habíamos comido, buscamos algo por el centro, y nos decantamos por un bocata en panos, que es una cadena del estilo pans and company, aunque tienen más cosas, pero bueno, la esencia de los bocatas es similar. En esta zona ya se notaba que se refieren a sándwich cuando hablan de un bocata, de una baguette, vaya. Influencia francesa, sin duda.

En fin, con el estómago llenos fuimos a ver la Grand Place, impresionante, no lo voy a negar, pero sinceramente, me gustó más la de Amberes. No sé si porque es de estilo similar pero al ser más pequeña y tener la fuente tiene más encanto, o quizá porque la ciudad estaba tan llena de turistas, que se hacía incómodo andar. Lo que hasta ahora habían sido paseos, recorriendo las ciudades parándonos cuando nos apetecía, disfrutando del paisaje, de las calles, de los detalles… aquí era un agobio… gente por todos lados, más españoles que en Madrid… en fin, es lo que hay, un sábado, agosto, capital…. es lógico que haya turistas… pero para mí, le hizo perder encanto. Qué le vamos a hacer, soy así de asocial…

Callejeamos un poco y vimos el famoso niño meón, que bueno, es minúsculo, fijaos en los cabezudos, la gente, y lo que ocupa el Manneken Pis… Una desilusión.

Así que, huyendo un poco de la gente, nos fuimos para el Atomium en metro, ya que está fuera de la ciudad. Y la verdad es que igualmente había mucha gente por la zona. En el parque donde está el Atomium, también hay más atracciones. Hay una especie de recinto lleno de bares, restaurantes, zona de juego para los niños, un Kinépolis y un MiniEurope.

El MiniEurope es un un recinto en el que se pueden encontrar edificios significativos de toda Europa. Puedes elegir entrada combinada con el Atomium, así que eso hicimos, teníamos la espina clavada de Madurodam, así que no nos lo queríamos perder. Eso sí, cierra antes el Atomium, así que nos recomendaron subir primero allí.

Si vais a Bruselas y no tenéis mucho tiempo, el Atomium lo podéis obviar. Sí, es una experiencia subir y ver la ciudad desde arriba, pero no sé si merece realmente la pena. No es como subir a la Fernsehturm de Berlín o Múnich. Para empezar hay una cola enorme, el ascensor sube y baja como con unas 15 personas cada vez, con lo que avanza lentamente. Una vez arriba, el espacio es limitado, no es que puedas pasear alrededor de la bola principal disfrutando de las vistas, sino que según llegas, te quedas parado porque haces ya la cola de bajada, y hace calor, mucho calor, no está refrigerado y le da el sol de lleno. Una vez que vuelves a bajar, tienes la opción de subir escaleras mecánicas y visitar otras bolas y sus exposiciones, pero a mí la verdad es que me dejaron igual… unas exposiciones de luces, colores, de figuras… No sé, es algo subjetivo, está claro, pero para mí, no me aportó mucho.

Sin embargo, la visita al MiniEurope me encantó. Las maquetas de los edificios son realmente detallistas y están muy bien hechos. Hay representación del Parlamento de Londres, de París y su Arco del Triunfo o su Torre Eiffel, ambas ciudades unidas por el Canal de la Mancha, también la Torre de Pisa, o la Plaza de San Marcos, el Partenón, el muro de Berlín, Amberes, Bruselas, Brujas….

También hay representación de edificios o símbolos españoles, como los molinos de La Mancha (con una misteriosa parada de tren llamada igual), El Escorial, la Maestranza de Sevilla, el Puerto de Barcelona con Colón o la Catedral de Santiago.

Aparte de las maquetas del exterior, en el interior hay exposición con la historia de la CEE, con monedas, con mapas… Muy interesante. Eso sí, resulta agotador. De camino al hotel, cogimos unas pizzas y volvimos al hotel a descansar y prepararnos para el día siguiente: Brujas, Gante, Lovaina y más Bruselas.

Viajar con el Interrail. Preparativos

Vuelvo a escribir de viajes. Esta vez del interrail. Para los que no sabéis en qué consiste, es muy simple: se trata de viajar por un país, o varios con un abono de tren. A lo largo de los años ha sufrido modificaciones, hace años, iba por zonas: Mediterránea, Norte, Centroeuropa, Europa del Este… pero la cosa ha cambiado y ahora va por países y dentro de tu elección, puedes viajar en diversas modalidades: más o menos días. También tienes el Global Pass.

Mi hermano llevaba dos años haciendo el interrail, aprovechando para moverse antes de cumplir los 26 y que subiera el precio, y este año iba a ser su último como joven, y nosotros que aún no teníamos planeado un destino, valoramos la opurtunidad de unirnos. La elección era Benelux: Bélgica, Holanda y Luxemburgo (sí, son tres países, pero en este caso es un único pase). Los tres países estaban en nuestra lista de deseos, bueno, quizá Luxemburgo no muy arriba, pero ya que te pones… Cuadramos una fecha en la que pudiéramos ir los cuatro y después por motivos laborales empezó a caer gente, de forma que se acabó convirtiendo en un viaje en pareja.

Una vez sabíamos quiénes y cuántos íbamos a ir, iba todo sobre ruedas para comprar los billetes de avión. Si hubiera sido Italia el destino, habría buscado 3 ó 4 aeropuertos importantes, y habría comparado precios y a raíz de ahí trazar la ruta con un punto de partida y de finalización. En este caso no fue diferente, sólo que tienes que ver el conjunto de los tres países como un todo y básicamente teníamos 3 opciones: volar a Luxemburgo, a Bruselas (bien con low cost a Charleroi – que es como ir a Toledo y decir que vuelas a Barajas – o bien con compañía “normal”) o a Ámsterdam. La verdad es que la decisión no fue fácil. Bueno, Luxemburgo quedó fuera enseguida por ser la opción más cara y por no tener vuelo los domingos, que era nuestro día de regreso. Así pues, teníamos Bruselas y Ámsterdam. El precio era muy similar, pero la diferencia era que para a Bruselas y que nos saliera más barato, tendríamos que ir con low cost y ya no hablamos de Bruselas como tal… Así que ganó Ámsterdam. Ahora a definir la ruta.

Aquí otro quebradero de cabeza. Busqué información en las páginas oficiales de cada país para ver qué ciudades recomendaban en sus áreas de turismo, y además añadí las que me sonaban por nombre y las que me habían recomendado amigos y conocidos. Y a partir de ahí, mapa en mano, a marcar las ciudades y ver combinaciones de tren para ver cómo de cerca o lejos estaban… es realmente agotador… porque además queríamos irnos con hotel cerrado, y claro, para eso tienes que estimar qué tiempo vas a dedicar a cada ciudad… Es un rompecabezas.

Sé que la mayoría de la gente que piensa en interrail se imagina el típico mochilero que duerme en albergues, estaciones o incluso en la calle. En el pasado nosotros hemos dormido al aire libre con sólo el saco de dormir como cobijo, hemo viajado un fin de semana cargando con la mochila, hemos ido de camping, de albergue de campamento… pero hay que ser consciente de la situación en que se encuentra cada uno. Si yo ahora mismo tuviera 22 años, estuviera estudiando y tuviera un par de meses de vacaciones, me iba a la aventura, ya que por muy mal que duermas, por muy cansado que regreses, después te quedan vacaciones para recuperarte y seguir disfrutando. Nuestra diferencia es que tenemos 10 años más, que nos íbamos 11 días y que al día siguiente del regreso teníamos que volver al trabajo, con lo que si te vas a la aventura y te sale mal, no sólo no has disfrutado de tus vacaciones, sino que además vuelves con ganas de unas. Así que poniendo pros y contras sobre la mesa, decidimos buscar hoteles.

Para ello, con el mapa de trenes en mano, con las ciudades marcadas, trazamos una posible ruta, decidiendo dónde nos venía mejor pasar la noche, mirando si salía rentable o era necesario hacer algún cambio… y cuando parecía que estaba todo cuadrado, reservamos las noches de hotel hacia finales de junio.

Y a principios de julio compramos los billetes de interrail. Os he dicho que nos íbamos 11 días, pero nuestro billete era de 8 días, el primer día no contaba, pues llegábamos por la tarde al aeropuerto, y los últimos dos días ya no nos íbamos a mover en tren, así que tampoco. Finalmente la ruta quedaba de esta manera:

Suena muy ambicioso, pero como ya nos ha pasado alguna vez en la que piensas que verás una ciudad en 3 días y luego tardas menos preferimos llevar de más y luego en función de lo que nos fuese gustando un pueblo o ciudad, dedicarle más tiempo y obviar lo que no nos diese tiempo, siempre teniendo en cuenta el fin del día.

Para ello, gracias a www.bahn.de, la página de trenes alemana, busqué los horarios de todas las posibilidades que teníamos para saber si había una frecuencia de un tren cada hora o cada 20 minutos, porque en este último caso, sabes que puedes entretenerte pues si pierdes uno, al momento puedes recuperar, pero si tienes que esperar una hora… supone un mundo.

En fin, mediados de julio, teníamos avión, hoteles, ruta, horarios de trenes, billetes de interrail (te llegan por correo certificado en apenas una semana) e información y mapas sobre las ciudades que íbamos a visitar. Cuenta atrás y nos faltaba por ver tema equipaje. Y aquí otro quebradero de cabeza. Porque claro, debido a la ruta, la gran mayoría de los días tendríamos que llevar la mochila encima. Sí, existen casilleros en las estaciones, pero como realmente no había mucha intención de pasar dos veces por un mismo sitio… no tenía mucho sentido. Así que, ¿qué hacemos? ¿llevamos dos mochilas de 30 litros con lo básico? ¿O llevamos la de 50, facturamos y de perdidos al río? Al final optamos por llevar una de cada, la de 50, para facturar y meter objetos que no te dejan pasar como equipaje de mano, y la de 30 sin facturar con un par de mudas para cada uno. Que soy un poco maniática con eso de que me pierdan la maleta… Ah, y prescindimos de la toalla dado que íbamos a hoteles y se suponía que íbamos a tener allí. Al igual que de productos de higiene, que llevábamos lo básico: desodorante, cepillos y pasta de dientes y crema solar factor 50.

Así pues, todo en marcha, contando los días hasta que llegó el día 1 y empezó la aventura. Pero eso para otro día.