Viajar IV (2015)

2015 se salió un poco de lo habitual, pues no paramos. Primero la Luna de Miel a Japón. Creo que ha sido el viaje en el que hemos tenido un mayor contraste con sus paisajes, sus templos, su cultura, su gente, su comida…

Fueron 21 días a tope, empezando por Kioto, con un ambiente mucho más tradicional, hasta llegar a Tokio, mucho más moderno y caótico. Y entre medias, las montañas, otro mundo.

Japón es un país que tiene mucho que ofrecer, lleno de contrastes: cultura y modernidad; tranquilidad y frenesí; espiritualidad y masacre; mar y montaña…

Una pasada cada ciudad, cada rinconcito, la afabilidad de la gente, la comida, los templos

Después en verano volvimos a hacer un interrail, esta vez por las Capitales Imperiales: a las tradicionales Viena, Praga y Budapest añadimos Bratislava, que está a tiro de piedra. Nada que ver la arquitectura imperial y la historia de estas ciudades con Japón. De un extremo a otro.

Budapest es una de las grandes joyas de Europa. Sobran los motivos para justificar una visita. Es una ciudad que sorprende por sus edificios históricos, por los restos de un pasado imperial de gran importancia, por sus parques, por las vistas del Danubio, por los baños termales… Moverse por ella es, además, muy sencillo. Se puede recorrer a pie dividiéndola por zonas. Pero también ofrece numerosos medios de transporte que llegan prácticamente a todos los rincones.

Bratislava es la capital de Eslovaquia desde el 1 de Enero de 1993, año en que nace la República Eslovaca tras la disolución de la antigua Checoslovaquia. Básicamente tiene tres puntos de interés. La zona de la Ciudad Vieja, que es la más interesante desde el punto de vista monumental; el Castillo, que teníamos cerca del hotel; y el Palacio Grassalkovich.

Lamentablemente no queda mucha historia de la ciudad en sus calles, puesto que en los años 60 los planes urbanísticos arrasaron con el barrio antiguo que se encontraba entre la Catedral de San Martín y el Castillo. Parece que era más importante hacer llegar las carreteras que comunicaban Viena o Budapest con Bratislava que mantener siglos de historia. Así pues, ahora discurre la Calle Staromeska, una de las principales arterias de la ciudad y que desemboca en el Puente Nuevo.

Viena es la ciudad del vals, de la ópera, de la música; de Mozart, Schubert o Strauss; de Sissí; de palacios convertidos en museos; de arte; de parques muy verdes y extensos; de tradición, pero también de modernidad; del café y la tarta Sacher; del Schitzler (pollo empanado); de coches de caballos…

Praga es una ciudad que esconde secretos en cada esquina, en cada fachada, en cada edificio. Hay que ir observando con detenimiento a cada paso, mirando cada fachada, levantando la cabeza para descubrir emblemas, cúpulas, azoteas o torres. Tiene restos de la época de los Habsburgo, del nazismo y los guetos judíos, del comunismo y sus edificios monótonos e insípidos. Praga es la modernidad de Cerný y la Casa Danzante. Es música, es arte, es literatura. Es convivencia de culturas (eslavos, alemanes y judíos).

Y para finalizar, de imperios iba el año: el Imperio del Sol Naciente, Capitales Imperiales y el antiguo Imperio Otomano. En noviembre viajamos en familia a Estambul. Hablando de contrastes…

Estambul es una ciudad de contrastes viviendo entre dos mundos. Muy occidental para ser asiática y muy oriental para ser europea. Una ciudad situada en un lugar estratégico que le da un papel de importancia a nivel industrial y comercial, pero además cultural y turística.

Pasear por sus calles es dejarse llevar por la historia, por la herencia que ha sobrevivido hasta nuestros días. Perderse por Estambul es descubrir el legado bizantino y otomano mientras se escucha el canto del muecín llamando a la oración desde sus mezquitas. Las mezclas son bienvenidas y conviven en armonía.

Estambul es Bósforo y Mármara, así que es imprescindible tomar un ferry y sentirse como el pirata de Espronceda: melena al viento y señalando Asia a un lado, al otro Europa, y allá en el frente, Estambul.

Fue un gran año viajero. Y 2016 también, empezamos 2017 en breve y yo con un año de retraso. ¡Si es que el tiempo vuela!

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Interrail

Capitales Imperiales era un destino que teníamos en mente desde hacía tiempo y que, como comenté, lo habíamos ido posponiendo porque no eran muy factibles las opciones que veíamos. Sin embargo, tras hacer el interrail por Benelux, se nos planteó una nueva forma de viajar y se nos abrió el mundo.

Elegimos el billete de 5 días contando con los desplazamientos del primer y último día, así como los traslados Budapest – Bratislava, Bratislava – Viena y Viena – Praga. Sin embargo, gastamos menos días, ya que los traslados desde y hasta el aeropuerto tanto en Budapest como en Praga no eran factibles en tren. Mal cálculo. Aunque no hay mal que por bien no venga, ya que así pudimos acercarnos a Graz, que no nos pillaba de camino como Brno.

La elección de la ruta vino determinada por los vuelos, ya que era más barato llegar a Hungría y volver desde República Checa, y a posteriori, viendo cómo fue el verano de caluroso, me alegro de haberlo hecho así. No quiero ni pensar cómo habría sido subir a Buda con el sol y la humedad. Al menos en Praga teníamos zonas de callejas estrechas con sombra.

En cuanto al número de días, creo que también es lo acertado, al menos lo mínimo que habría que ir, dos días y medio por ciudad (exceptuando Bratislava que con uno la doy por vista). Luego depende de cada uno si quiere hacer alguna actividad en particular que lleve un tiempo específico, como unos baños en Budapest o ir a la ópera en Viena.

Yo calculé tres, pero con los desplazamientos es fácil que se vaya la mañana. Nosotros madrugamos para aprovechar bien los días, pero la proximidad entre las ciudades y la frecuencia de los trenes hace que no sea tan necesario ponerse en marcha tan pronto. El día que se hizo más largo fue el de Viena a Praga, que fue por lo que paramos en Brno, pero no lo recomiendo especialmente.

El resto de ciudades sí que me gustó. No sabría con cuál quedarme, porque cada una tiene algo. Budapest nos conquistó el primer día con su atardecer, pero tenemos la rutilla por Buda con las espectaculares vistas de Pest, el Bastión de los Pescadores, o cómo no, el famoso Parlamento.

Viena, la famosa Viena con su Hofburg, los edificios históricos de la Ringstrasse, sus parques, su catedral, Sissí, Mozart, la Hundertwasserhaus…

y Praga, con su Puente de Carlos, el Castillo y sus vistas, el Barrio Judío, Kafka y por supuesto el reloj astronómico.

Bratislava es famosa por el castillo, pero ni siquiera me gustaron las vistas. Me quedaría con su casco histórico, con Santa Isabel y las peculiares estatuas repartidas por la ciudad.

Hemos descubierto unas ciudades que reflejan el lujo y esplendor de otra época en la que dominaban Europa con sus imperios. Unas capitales que cautivan al viajero que recorre sus calles con los restos de la historia (la buena y la mala).

Interrail Capitales Imperiales-01

Es un viaje tan clásico como imprescindible que animo a emprender.

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Budapest

Budapest es una de las grandes joyas de Europa. Sobran los motivos para justificar una visita. Es una ciudad que sorprende por sus edificios históricos, por los restos de un pasado imperial de gran importancia, por sus parques, por las vistas del Danubio, por los baños termales… Moverse por ella es, además, muy sencillo. Se puede recorrer a pie dividiéndola por zonas. Pero también ofrece numerosos medios de transporte que llegan prácticamente a todos los rincones.

El idioma no supone problema y la gente es agradable. Aunque el húngaro nos suene a trabalenguas (luego dicen del alemán), no supone ningún inconveniente. Nos comunicamos muy bien en inglés. De hecho, me sorprendió gratamente el buen nivel y acento británico que tenían desde los tenderos hasta los jóvenes del carrito de información y turismo.

En cuanto a la moneda local, es recomendable echar cuentas. A nosotros nos salía mejor sacar efectivo que cambiar en casa de cambio o banco.

Nosotros estuvimos dos días y medio en Budapest. Pero tal vez lo ideal sean al menos tres o cuatro días. Perfecto para un puente, o para una ruta de Capitales Imperiales con Viena y Praga. Ya que íbamos a estar pocos días, tuvimos que renunciar a un baño en las termas, o entrar en la sinagoga o en el Palacio. Eso sí, no podíamos, bajo ningún concepto, dejar de lado la visita al Parlamento. Sin duda, el edificio más importante de la ciudad.

Para situarse en Budapest y organizarse para aprovechar el tiempo al máximo, hay que tener en cuenta que tendríamos 3 zonas diferenciadas: Buda, Pest y la Isla Margarita. Pest es, sin duda, la que más tiempo nos va a llevar, así que podríamos crear un planning tal que así:

Día 1: Buda

Día 2: Pest

Día 3: Visita al Parlamento, Isla Margarita y zona de Városliget

No dista mucho de nuestro recorrido, aunque nosotros mezclamos Buda con Pest, sobre todo porque en Buda es más complicado encontrar una variada oferta para comer.

En Buda comenzaría por el Monte Gellert, cuyo recorrido llevaría fácilmente un par de horas o tres. Contando con paradas a disfrutar de las vistas. Continuaría por la zona del Palacio, visitando los museos y después llegaría al Bastión de los Pescadores. En la zona podemos encontrar restaurantes donde degustar un típico gulash y disfrutar del panorama con el Parlamento justo enfrente.

Para terminar el día, bajaría hasta el Puente de las Cadenas, pero sin cruzarlo, pasearía por la orilla descubriendo rincones de Buda, sus picos y viendo cómo anochece y se ilumina el Parlamento. Cruzaría por el Puente de Margarita y observaría Buda iluminada de noche.

El segundo día en Pest partiría desde el Puente de La Libertad y el Mercado para después continuar por la zona que queda delimitada entre el Puente de Isabel y el de Las Cadenas, donde me adentraría hacia el barrio judío y entraría en la Sinagoga. Allí buscaría un lugar para comer en Gozsdu Udvar. Continuaría por la tarde por la Avenida Andrássy hasta desembocar en la Plaza de los Héroes. Tomaría el metro para volver cerca del hotel y cenar.

Finalmente, el tercer día intentaría visitar en primer lugar el Parlamento, que lleva un par de horas. A continuación me dirigiría hacia la Isla Margarita, a la que le dedicaría el resto de la mañana. Volvería a Pest para comer y dejaría la tarde para visitar Városliget y un baño en las termas.

Eso sí, esta ruta supone una buena presdisposición a andar, pero es muy factible, ya que al descubrir monumentos, edificios o rincones de Budapest, el recorrido se hace ameno. De todas formas, como comentaba más arriba, el transporte público funciona bastante bien y se pueden acortar distancias. Como es lógico, intentaría recurrir a tranvías o autobuses para no perder detalle.

Nosotros tuvimos la suerte de, a pesar de ser finales de junio, disfrutar de un ambiente fresco, con unos 15º que facilitaban los paseos sin agobio durante todo el día. Con calor quizá no sea tan agradable subir al monte o estar cerca del río con la humedad. Con el frío podéis entrar en calor con un delicioso Kürtöskalács, un gulash o un baño termal.

Si hace calor, habría que hidratarse. Nosotros encontramos la Mirinda, ya desaparecida en España, el Nestea edición primavera y una Fanta azul.

En cualquier caso, Budapest es un gran destino con mucho por descubrir.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 3: Budapest

El día 25 nos levantamos pronto con intención de comenzar visitando el Parlamento a primera hora, pero cuando llegamos ya no había entradas. Las visitas son guiadas, y hay cuatro turnos en español: 10:15, 13:15, 14:15 y 16:00. Así que cambiamos la planificación del día y lo dejamos para el último turno.

Sacamos las entradas y nos dirigimos a ver  el monumento a los judíos que se halla a orillas del Danubio entre el Parlamento y el Puente de las Cadenas.

Durante la II GM los judíos húngaros eran el segundo grupo más numeroso en Europa tras los rumanos. Al igual que en otros países, vieron mermados sus derechos y libertades y en la primera mitad del  año 1944 casi medio millón de judíos húngaros fueron enviados a Auschwitz. En Budapest apenas quedaron 200.000 judíos, casi los únicos que quedaban en todo el país. Se les trasladó al guetto y vivieron más o menos tranquilos hasta que en octubre los alemanes se apoderan de Budapest y los nazis gobiernan la ciudad. En noviembre obligaron a más de 70.000 judíos a caminar hasta los campos de Austria. Los que sobrevivieron tras dos meses caminando en condiciones invernales fueron llevados a Dachau o Mauthausen. De los que quedaron en Budapest, entre diciembre del 44 y enero del 45 la Cruz Flechada fusiló otros pocos a lo largo de las orillas del Danubio y arrojaron sus cadáveres a este. Para cuando las fuerzas soviéticas liberaron la ciudad en febrero del 45 quedaban 70.000 judíos en Budapest.

Este monumento conmemora este genocidio. Se colocó en 2005 y presenta la escultura de 60 pares de zapatos distribuidos en el borde del muelle. Una muestra de que la historia hay que recordarla. A mí se me iba la mente a nuestra visita a Dachau.

Tras un momento de reflexión, continuamos el camino en el otro sentido, en dirección al Puente de Margarita, para dar un paseo por la isla del mismo nombre.

 

La Isla de Margarita fue un lugar de retiro y contemplación religiosa desde el siglo XI. Como muestra, podemos encontrar los restos de dos iglesias y las ruinas de la casa conventual de la princesa Margarita.

Incluso su tumba.

La isla se abrió al público en 1869 y hoy en día es un un pulmón de la ciudad. Estaba lleno de gente corriendo, con la bici, familias… Incluso se puede disfrutar de las piscinas que aprovechan las fuentes termales de la isla.

Aparte de una fuente musical, podemos encontrar un jardín japonés (o un intento) lleno de tortugas, un jardín de rosas y un pequeño zoo.

También encontramos unas curiosas estatuas hechas con Legos

Dimos un paseo disfrutando de las zonas verdes y volvimos a tomar el puente, esta vez para cruzar a Buda, ya que el primer día, con el atardecer habíamos visto un par de picos por la zona y el día anterior con el Castillo y el Monte Gellért nos pillaba un poco lejos.

Esta zona es conocida como Ciudad del Agua, ya que en la Edad Media sufría constantes crecidas. Estaba habitada por pescadores y artesanos. Y tuvo unas murallas durante la ocupación turca.

Las iglesias que se veían en el horizonte desde la otra zona eran:

Santa Ana, con sus torres gemelas es del barroco tardío y una de las más importantes de la ciudad. Inicialmente fue jesuita, pero en 1760 sufrió un terremoto y diez años después la disolución de la orden retrasó la finalización de las obras.

La Iglesia calvinista, de finales del XIX destaca con sus tejas cerámicas. Fue levantada sobre el solar de un antiguo mercado medieval. Tiene como curiosidad su plano de iglesia católica, que no tiene nada que ver con las necesidades litúrgicas y eclesiásticas de los calvinistas.

Santa Isabel, de mediados del siglo XVIII, construida sobre las ruinas de una antigua mezquita. Y la Iglesia de los capuchinos de la época medieval que pasó a ser mezquita en la invasión de los turcos. Posteriormente, a inicios del siglo XVIII fue reconstruida siguiendo esquema barroco.

Durante el recorrido por el margen de Buda, pudimos observar el Parlamento, esta vez sin la perspectiva que te da la altura del Bastión de los Pescadores.

Continuamos hasta el Puente de las Cadenas y lo cruzamos para comer en Pest. Esta vez tocó un subway. Y de ahí nos fuimos al Parlamento para la visita guiada.

El Parlamento de Budapest es el edificio más representativo de la ciudad y uno de los más famosos de Europa. Además, es el tercer parlamento más grande del mundo después del de Rumanía y el de Argentina.

Construido entre 1884 y 1902, e inspirado en el londinense, consta de 691 habitaciones y fue la obra más grande de su época. Tiene unas dimensiones de 268 metros de longitud y 118 de ancho. En su día demostró el poder económico que tenía el país a principios de siglo.

No se visita entero, tiene dos alas y la sur se usa a nivel gubernamental, nos guían por el otro ala, por la antigua Cámara Alta. En su día, en Hungría había dos cámaras, como tenemos en España, hoy, sólo conservan una, de forma que el ala norte se conserva con fines turísticos. Las estancias más importantes que se visitan son la Escalera Principal, la Sala de la Cúpula y la Antigua Cámara Alta.

La Escalera Principal es impresionante con sus alfombras, el techo y los detalles en cada uno de sus rincones.

La Cúpula tiene 96 metros de altura y está recubierta de elementos dorados. Y en los pilares que la sustentan podemos encontrar figuras de los reyes de Hungría. Pero lo más impresionante de esta sala es la corona (con su cruz torcida), el cetro y el orbe, custodiados por unos guardias y donde no se pueden hacer fotos. Es impresionante.

Pero los pasillos no se quedan atrás.

La Antigua Cámara Alta huele a madera. Y demuestra su majestuosidad con los terciopelos de los asientos y el brillo dorado mires donde mires. Hoy en día se alquila para conferencias, o incluso para rodajes.

En el exterior de la sala encontramos un reposa-puros. Los diputados salían a fumar entre votación y discurso, y tenían su hueco en el alféizar de la ventana.

Ya fuera, enfrente del Parlamento está la plaza Kossuth, en la que encontramos el Museo Etnográfico, el Ministerio de Agricultura o la estatua ecuestre de Ferenc II, príncipe de Transilvania que lideró las revueltas independentistas contra los Hasburgo entre 1703 y 1711.

Otra estatua que se encuentra en las proximidades es la de Attila József, un poeta.

Callejeamos hasta salir a la Avenida Andrássy encontrándonos algún edificio tipo soviético

y tras unos 40 minutos llegamos a la Plaza de los Héroes, donde se encuentran las estatuas de los líderes de las siete tribus magiares fundadoras del país. Evoca una época de orgullo en la historia de Hungría.

La plaza está presidida por la figura del dios de la guerra. Y en el centro, la gran columna central rematada por el arcángel Gabriel. En los laterales encontramos el Museo de Bellas Artes (izquierda) y el Palacio de Arte (derecha).

Y justo detrás, se abre el parque de Városliget, el principal lugar de esparcimiento de la ciudad, lleno de diversas atracciones: un zoológico, el Castillo de Vajdahunyad, la Capilla Ják, la estatua del personaje anónimo y, por supuesto, los baños Széchenyi.

Inicialmente el parque fue un recinto de caza que usó la nobleza durante años. En los siglos XVIII y XIX se fue transformando paulatinamente hasta convertirse en el parque que es hoy.

El Castillo no es un castillo en realidad, sino un conjunto de edificios de estilos arquitectónicos diferentes.

Fue construido en madera para la Expo de 1896. Aspiraba a ilustrar la historia y evolución de la arquitectura en Hungría. Los pabellones van en orden desde el gótico hasta la actualidad pasando por el Renacimiento, Barroco… Aunque a mí me dio más la sensación de pegote. Aunque he de reconocer que gana en las fotos. Cobró tal popularidad que, a principios del siglo XX fue reconstruido en piedra para convertirlo en permanente.

Los baños son los más profundos y calientes de la ciudad.

El agua llega a la superficie a 74-75º. Tiene propiedades curativas, sobre todo es recomendada para el reumatismo, articulaciones y músculos. El geólogo Zsigmond descubrió las fuentes termales en 1879 mientras perforaba un pozo y los baños se construyeron entre 1909 y 1913. En 1926 se añadieron tres piscinas al aire libre a las 12 que tiene en el interior.

No llegamos a pasar por falta de tiempo, y porque frío precisamente no hacía a finales de junio, aunque llevábamos unos días de nubes y llovizna.

En el parque te puedes encontrar bancos curiosos como estos

Volvimos en metro al centro donde nos buscamos una terraza para tomar unas cervezas y reposar un rato. Para terminar el día paramos en un Padthai Wokbar (gran descubrimiento) para comprar la cena y nos la llevamos para el hotel que teníamos que preparar la mochila para marchar al día siguiente rumbo a Bratislava.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 2: Budapest II Parte

En la entrada anterior nos habíamos quedado con la subida al Monte Gellért después de comer. El monte fue lugar de asentamientos celtas y romanos y está lleno de supersticiones. En 1046 los paganos arrojaron desde lo alto al obispo Gellért metido en un tonel. El religioso intentaba convertirlos al cristianismo. Durante la Edad Media se decía que las brujas celebraban allí sus aquelarres. A partir del siglo XIX se convirtió en escenario de meriendas campestres y en 1967 los alrededores de la ciudadela se convirtieron en parque.

Se puede subir en coche, en bus o con tranvía, pero nosotros nos lanzamos a recorrerlo a pie. No obstante, con todo lo que tiene la ciudad, si cuentas con poco tiempo, yo lo omitiría. Sí, no hay malas vistas, hay una zona con la Estatua de la Libertad y si hace buen día como el nuestro, un paseo no viene mal. Pero me dio la sensación de que estuviera la zona muy bien cuidada y mantenida. Y ya digo que con poco tiempo, mejor emplearlo en otros rincones de la ciudad.

Para volver a Pest, esta vez cruzamos el Puente de la Libertad, construido entre 1804 y 1809. Fue reconstruido tras la II GM respetándose sus rasgos originales. En lo alto campean las legendarias aves húngaras y escudos reales.

Entramos en el Mercado Central, el más grande de los cinco mercados que se abrieron en la ciudad a finales del siglo XIX. Se construyeron para controlar la calidad de los alimentos y mejorar el estado de conservación de éstos, ya que la población estaba sufriendo problemas de salud.

Quedó dañado también durante la II GM y posteriormente perdió su importancia. En 1991 se cerró porque se declaró en ruinas. Tres años más tarde fue restaurado y se volvió a abrir.

En la parte inferior tiene puestos típicos de un mercado, y en la planta superior hay tiendas de recuerdos, de camisetas, tapetes e incluso locales para comer. Se puede degustar la famosa pizza húngara.

Para finalizar el día, continuamos por Vámház körút y Múzeum körut hacia el barrio judío. Lo primero que encontramos es la Sinagoga, la segunda más grande del mundo, sólo superada por la de Jerusalén.

Mide 53 metros de largo y 25 de ancho. Fue construida entre 1854 y 1859 y con estilo morisco, aunque también tiene toques bizantinos, románticos y góticos.

Durante la II GM los nazis convirtieron los alrededores en un guetto y más tarde en un campo de concentración. En el cementerio que se encuentra en el exterior de la sinagoga están enterrados más de 2000 judíos que murieron de hambre y frío. Destaca el Árbol de la Vida, una escultura que simula un sauce llorón y que cada hoja lleva escrita el nombre de un judío asesinado en el Holocausto.

Continuamos paseando por la zona, sin mucha intención, dejándonos llevar por las coloridas calles llenas de grafitis (el famoso cubo de Rubik o Puskas), de tiendas, de locales y ambientillo.

Es uno de los barrios con más vida de la ciudad. Sobre todo destacan los “ruin bars”. La zona estaba en ruinas, como el nombre indica, y el gobierno, en crisis en los años 90, vendió edificios enteros de la zona a precio muy bajo. Los compradores los decoraron con elementos históricos de los propios edificios.

En la calle Kiraly está Gozsdu Udvar, una serie de patios conectados con apartamentos en las plantas altas y restaurantes y locales en las plantas bajas.

Y como ocurre con estos barrios vanguardistas, con el tiempo se va poniendo de moda y los precios se disparan. Ahora ya no es una zona marginal, sino que está bastante animada.

Las terrazas estaban llenas y había bastante ambiente. Un buen remate para un segundo día en Budapest. Compramos la cena y volvimos al hotel.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 2: Budapest

Budapest es una ciudad extendida, con muchos barrios periféricos, sin embargo, la mayoría de los puntos de interés se encuentran bastante céntricos y de fácil acceso a pie, o transporte público, que funciona bastante bien.

En su día el Danubio separaba a dos ciudades: Buda y Pest. Hoy en día se unen para formar una de las capitales europeas de mayor importancia y belleza. Además, destacan también los puentes que unen ambas orillas, acercando la parte de Buda, una zona más residencial a Pest, el corazón económico y comercial de la ciudad.

En Buda encontramos en Monte Gellért y Tabán, el distrito del Castillo y la zona norte del Castillo.

Por otro lado, en Pest tendríamos otras tres zonas diferenciadas: el centro, los alrededores del Parlamento, y los alrededores de Városliget. Además, entre ambas orillas tenemos la Isla Margarita, una zona básicamente de recreo.

El día 24 comenzamos por Buda, la zona señorial. Para llegar, se pueden tomar los buses 16, 16A y 116, o incluso el funicular de 1870, que fue el segundo que se construyó en Europa. Se echó a perder en la II GM, pero en 1986 se abrió de nuevo, tras una reconstrucción. Hoy en día sigue funcionando entre el Puente de las Cadenas y la parte próxima al castillo. No es barato y suele tener bastante cola.

Nosotros partimos del hotel y fuimos caminando tranquilamente desde el Puente de Elisabeth, próximo a nuestro alojamiento, hasta el Puente de las Cadenas. De camino al puente nos encontramos con La Princesita, una estatua de una niña sentada en una barandilla, obra de Laszlo Marton, que se inspiró en su hija para realizarla.

Se colocó en 1989 y se ha convertido en un punto de interés con el castillo a su espalda.

Tras la foto obligada, continuamos y nos encontramos con otra estatua, esta vez de un pintor que dibuja el famoso puente.

También en las proximidades se encuentra la de la niña y el perro con la pelota.

Y llegamos al famoso Puente de las Cadenas, que fue construido entre 1830 y 1849. Mide 380 metros de longitud y se sostiene sobre dos torres. Está custodiado por dos leones de piedra.

Una vez cruzado el puente, obviamos el funicular y el Km 0 y emprendimos la subida hasta el Castillo.

Ya durante la subida vas divisando el puente y las estupendas vistas de Pest. Sobre todo del Parlamento.

El Castillo también es conocido como el Palacio Real, ya que en su día fue la residencia de los Reyes de Hungría.

Eran las 11 de la mañana y nos encontramos con el cambio de guardia. No muy vistoso, la verdad.

Hoy en día el Castillo alberga una biblioteca, la Galería Nacional y el Museo de Historia. Aunque la verdad, a mí me gustó más el Castillo desde la otra orilla, en sí no me llamó especialmente la atención. Me gustó más pasear por las callejuelas de la colina de Buda, con sus casas de colores y de diferentes diseños arquitectónicos.

Nuestra siguiente parada fue la Iglesia de Matías y el Bastión de los Pescadores, la mejor zona para divisar el Parlamento. En ambos casos hay que pagar entrada, pero para hacer una buena foto del Parlamento hay un restaurante desde el que te puedes asomar.

La Iglesia de Matías (en realidad Iglesia de Nuestra Señora, pero el Rey Matías la amplió) fue construida entre los siglos XIII y XV y fue renovada a finales del siglo XIX.

Ha sufrido varios ataques. Muchos detalles originales se perdieron cuando los turcos la convirtieron en mezquita en 1541. Posteriormente fue reconstruida en estilo barroco, pero tras nuevos destrozos en 1723 se restauró en estilo negogótico.

Destacan los 250.000 azulejos vidriados multicolores de su tejado, así como las vidrieras de la fachada sur.

Es donde se coronó al Emperador Francisco José y a Sissí. Además, ha sido la sede de bodas y coronaciones reales, una de la más importantes fue la de Carlos IV, el último de la dinastía de los Habsburgo, en 1916.

También se celebran muchos conciertos clásicos por su buena acústica. Es la iglesia católica más famosa de Budapest.

El Bastión de los Pescadores es un monumento creado levantado sobre las antiguas murallas de Buda y una plaza medieval donde se vendía pescado.Se terminó de construir en 1902 tras casi dos décadas de obras. Tiene 7 torres, tantas como tribus fundadoras de Hungría y delante del bastión se levanta la estatua de Esteban, el rey que instauró el cristianismo en Hungría.

Desde el bastión podemos observar los restos de una iglesia

Volvimos hasta la zona del Castillo y nos adentramos por sus patios.

En el noroccidental se alza la fuente de Matías, de 1904, donde se representa al rey Matías de caza con su amada Ilonka, una bella campesina.

El casco antiguo de Buda creció en el siglo XIII desde el palacio hacia el norte. Prosperó gracias a los mercaderes alemanes que instalaron comercios en la calle Úri para abastecer a la corte. Gran parte del centro quedó destruido por la II GM, pero aún se pueden encontrar huellas del pasado en sus calles y plazas empedradas.

Se aproximaba la hora de comer, así que seguimos dirección al Monte Gellért paseando por la ciudadela observando las vistas hasta la estatua de Sissí.

Cruzamos el Puente de Elisabeth o Isabel, tendido entre 1897-1903 y que fue en su época el puente colgante más largo del mundo.

Hoy en día lo que vemos es una reconstrucción, ya que fue volado en 1945. Paramos en la otra orilla en un KFC a comer. Y de postre un kürtőskalács. Había un puesto callejero y olía a 20 metros, no pudimos por menos que probarlo.

Se trata de una masa de levadura enrollada en forma espiral y cocinada sobre un cilindro que se pone al fuego. Es original de Transilvania y nos lo encontramos en otros países después. Una vez cocinado, te lo rebozan al gusto con canela, chocolate, azúcar, vainilla, miel…. El resultado es una corteza dulce y crujiente por fuera, pero blando por dentro. Y recién hecho entra que da gusto.

Y tras el breve receso volvimos a cruzar el puente dirección a la estatua de San Gellért y con el estómago lleno y una leve llovizna comenzamos la subida al monte. La verdad es que nos vino bien que se nos nublara y cayera alguna gota. Porque la subida con calor y el estómago lleno habría sido bastante más dura.

Continuará

Interrail por Capitales Imperiales. Día 1: Budapest

23 de Junio. 11:10 de la mañana. Cargados con una mochila de mano y otra de 10kg que facturamos (por algún objeto que no se puede llevar en cabina) tomamos un avión rumbo a Budapest. Llegamos a tierras húngaras a las 14:40 hora local y tras recoger la maleta facturada nos pusimos en marcha.

El aeropuerto Liszt Ferenc no está comunicado por tren o metro con el centro, tal y como nos indicó la chica de Información. Nos mandó al mostrador del transporte, que estaba enfrente. Teníamos que tomar el bus 200E que lleva a la estación de metro Köbánya-Kispest, la primera parada de la línea 3, la azul. Nuestra parada final era Ferenciek tere. La chica que nos vendió los billetes nos hizo el cálculo y nos explicó cómo funcionaba. A cada uno nos correspondían dos billetes. Uno por trasbordo. En el ticket hay una especie de damero y en el primero se marcan los número impares y en el segundo los pares. Al montar en el bus picabas el primero, y en el metro el segundo. Y si te para un revisor, has de enseñar los dos porque se venden juntos.

En algo menos de una hora estábamos fuera buscando el hotel. Y lo cierto es que nos costó. No porque estuviera lejos o escondido. Para nada, el City Hotel Matyas está frente al Puente de Elisabeth, pero el edificio estaba en obras y tenía una gran tela con la publicidad de un coche y nos despistó. De hecho, pasamos por la puerta y ni nos dimos cuenta. Tras media hora dando vuelta, preguntar y cruzarnos con un pasacalles colorido, finalmente nos dimos cuenta de que no buscábamos un hotel con una escalinata o una gran entrada a lo hotel moderno, sino que ocupa un edificio antiguo y la fachada pasa desapercibida (además de por la tela publicitaria).

Por dentro era aún más peculiar, ya que una vez dentro del edificio hay varios pasillos y giros hasta llegar a recepción, y para llegar a la habitación había que salir a un patio y de nuevo adentrarnos por un pasillo. Al patio daban ventanas de oficinas que ocupaban otros espacios del edificio, así que era una sensación rara. El hotel para el precio y la situación no estaba mal. Es algo antiguo, se nota en el baño y en la habitación simple. Pero estaba limpia y pudimos descansar al final de cada día, que era lo que buscábamos.

Tras deshacer las mochilas, refrescarnos un poco y comunicarnos con la familia, nos dirigimos a dar un paseo por las proximidades y buscar algo de comer y el desayuno del día siguiente. Paramos en el primer sitio que encontramos, que fue un McDonald’s y después comenzamos a callejear.

Pasamos por la Basílica de San Esteban, el edificio religioso más grande de Hungría. Debe su nombre al primer rey de Hungría, Esteban I y en el interior de la basílica se encuentra su mano derecha.

Su base mide 55 metros de ancho por 87 de largo. La altura de la cúpula alcanza los 96 metros, convirtiéndose así en el punto más alto de la ciudad junto al edificio del Parlamento. Se terminó en 1905 tras más de medio siglo de obras, en parte por el derrumbe de la cúpula en 1868.

Continuamos por la Avenida Andrássy, un extenso bulevar que une la Plaza Erzsébet con la Plaza de los Héroes. Se construyó en 1872 y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2002 por las fachadas de las casas y palacios renacentistas a cada lado de sus aceras. Es la arteria principal y donde se encuentran los restaurantes de renombre y las boutiques más exclusivas. También la Ópera o el Terror Haza, casa dedicada a los horrores cometidos por las SS. Aparte del lujo también chocaba encontrar algún que otro detalle algo soviet.

No la recorrimos entera, era una tarde de aproximación, además, teníamos una lluvia intermitente y el sol comenzaba a bajar, por lo que nos dirigimos hacia el Danubio saliendo a la altura del Parlamento.

Es el edificio más representativo de la ciudad y uno de los más famosos de Europa. Y no es de extrañar, es impresionante: tiene 268 metros de longitud y 118 de ancho. Pero sólo lo vimos por fuera, como un adelanto de lo que vendría.

Salimos a orillas del Danubio para volver al hotel y nos sorprendió el ocaso. De repente el cielo empezó a tornar entre morado y anaranjado, los puentes y edificios significativos de la parte de Buda comenzaron a iluminarse y nos encontramos con un atardecer que nos dejó con la boca abierta y que acabó con la memoria de la tarjeta de la cámara.

Ya casi a oscuras, volvimos a callejear, esta vez paseando por la Vári Utca, la calle más importante de Budapest junto con la Avenida Andrássy. Esta calle peatonal forma parte del corazón comercial de la ciudad. Algo así como Preciados. Se comenzó a construir en el siglo XVIII y algunas de sus mansiones datan de esa época, aunque la mayoría de los edificios que se conservan son de los siglos posteriores.

Compramos algo de cenar, el desayuno y volvimos al hotel para descansar.