Serie Terminada: Hijos de la Anarquía

Después de acabar Breaking Bad era complicada la tarea de elegir una nueva serie para ver. Tras la decepción había que seleccionar bien, y pusimos nuestras esperanzas en Hijos de la Anarquía. 

Seguimos en la línea de protagonistas con un modo de vida más que cuestionable, pero es una serie totalmente diferente, con una trama mucho más compleja y con muchos más personajes. ¡OJO spoilers!

Hijos de la Anarquía se centra en un club de moteros, SAMCRO (acrónimo de Sons of Anarchy Motorcycle Club, Redwood Original), que surgió en 1967 cuando siete soldados de Vietnam volvieron a casa. Con el paso del tiempo el club creció expandiéndose por Estados Unidos con diferentes filiales y se metieron en el tráfico de armas. Años después, John Thomas Teller, uno de los fundadores y Presidente del club, quiso cambiar el rumbo y volver a los inicios, a ser simplemente un club de moteros, pero su trágica muerte en 1993 llevó a Clay Morrow a la presidencia y se mantuvieron como grupo criminal organizado. Morrow no sólo lo sucede en el liderazgo, sino que también se casa con Gemma, la viuda de Teller y matriarca de todo el clan.

La serie arranca cuando Jackson Teller, hijo de John y vicepresidente del club, encuentra un manuscrito de su padre en el que explicaba los cambios de planes que tenía en mente. Es entonces cuando Jax se replantea su vida y reflexiona sobre seguir las ideas de su padre y sacar al club de esa espiral de violencia y guerra con otras bandas en la que se encuentran metidos.

La acción se centra en el pueblo ficticio de Charming donde el club regenta un Taller (el Teller-Morrow) como tapadera. Y mientras Jax lee el libro de su padre y asimila la información, en la primera temporada vamos conociendo a los diferentes personajes que van apareciendo – que son muchos -. Además del Presidente y Vicepresidente, están los veteranos Bobby, Chibs y Tig (mano derecha del presidente).

De los 7 fundadores queda Piney, con su botella de oxígeno. Era muy cercano a JT y es padre de Opie, el mejor amigo desde la infancia de Jax. Esta conexión es muy importante, ya que Piney apoyará a Teller en su intención de ir por el camino que no logró su padre. Además, Opie es quizás uno de los motivos por los que el vicepresidente quiere dejar las armas. Su amigo tuvo que pasar tiempo en la cárcel y ahora se debate entre ser un marido y padre de familia, o seguir dentro del club con toda la escala de grises que ello conlleva. Jax lo quiere dentro y le promete que el rumbo va a cambiar y que no volverá a tener conflictos maritales por negocios turbios. Y aunque a Opie le cuesta tomar la decisión y enfrentarse a su mujer, Donna, al final vuelve a las motos, que son parte de su vida.

Aparte de intentar encaminar al club, Jax también tiene sus propios problemas en su vida personal. Se encuentra con un niño que nace prematuramente porque su exmujer es una yonkie. Y la doctora que realizará el seguimiento de ese bebé, Abel, será nada menos que su amor de juventud, Tara, que se había marchado años antes. Y aquí tenemos otro punto clave: la relación entre las dos mujeres, el típico conflicto suegra-nuera llevado más allá. Gemma ya ha perdido a un marido y un hijo y no quiere que el que le queda abandone el club y se aleje de ella, que es lo que quería la doctora cuando abandonó Charming. Aunque todo sigue igual y parece que la relación entre Tara y Jax no va a llegar a ningún puerto porque les sigue separando la filosofía de vida, todo da un giro cuando el motero mata al acosador de la doctora Knowles. A partir de ahí se difuminan las líneas rojas que los separaban y ambos personajes se acercan más que nunca.

Y en el penúltimo episodio, cuando ya conocemos a los hijos y sus actividades, sus amigos y enemigos, comienza el punto de partida. Clay ordena a Tig que mate a Opie, pero un cambio de coches en el último momento provoca que acabe muriendo Donna. Este hecho abrirá aún más la brecha entre las diferentes secciones del club. Por un lado los que están a favor de Morrow, y por otro, los que esperan que Teller tome las riendas.

Así pues, la segunda temporada se centra en las diferencias entre Jax y Clay. Pero además de las tensiones internas, los problemas con la llegada de los supremacistas blancos y conflictos con el IRA; quien ejercerá más presión será Stahl, la agente de la ATF que busca cargarse tanto a los irlandeses como a los Hijos de la Anarquía. Esta temporada es desgarradora. La primera temporada es para presentarnos a los personajes, pero en esta ya entramos en acción dando un salto cualitativo.

Gemma es secuestrada, atada y violada repetidas veces por un grupo de neonazis. El objetivo final no era ella, la mujer no es considerada nunca tan importante. Ella es un medio para un fin. La intención de los supremacistas blancos es que Gemma se lo cuente a Clay y el club se levante en venganza, desatando así una guerra que se está cocinando a fuego lento. Sin embargo, la matriarca ve el mensaje que quieren mandar y se debate entre contarlo y que surja una gran batalla en la que todos pueden salir perdiendo; o callar y llevar la procesión por dentro. Y opta por esto último. Tan solo se apoyará en Unser, el sheriff, con quien mantiene una amistad desde niños, y en Tara, por aquello de que es médica. Este hecho hará que ambas mujeres inicien una nueva relación más próxima y dejen a un lado sus diferencias.

Sin embargo, finalmente el secreto que tanto se ha empeñado Gemma en guardar, sale a la luz cuando ve que el club se desintegra. Jax cada vez está más en contra del liderazgo de Clay y llega un acuerdo para cerrar un negocio y que después le dejen marchar. Y cuando su madre se entera, mueve ficha. Cuenta sui ataque para unir al club, para retener a su hijo. Con el ATF y Stahl controlando todos sus movimientos, la tensión con el IRA se hace más latente cuando uno de sus miembros secuestra a Abel.

Y así comenzamos la tercera temporada, la más floja de todas. Aunque los planos de Irlanda sean impresionantes y la música elegida muy acertada, incluso cambiando la cabecera; cojea un poco la acción y resulta demasiado lenta.

La primera parte de la temporada no avanza y te encuentras esperando el momento en que se marchen de una vez a Irlanda. Y cuando ya están allí, tampoco se aligera y cuentas los minutos que quedan para que vuelvan.

Quizá la mayor tensión está en la relación con Stahl detrás de Gemma e intentando que con ella caiga el club. Y posteriormente con el pacto con Jax que llevan a espaldas del resto de integrantes y que nos da a entender que se va a sacrificar para salvar a sus amigos y a su madre de la cárcel. Sin duda, la agente de la ATF ha sido uno de los grandes secundarios de la serie, aunque no me termine de convencer lo de la persecución del IRA en EEUU.

La relación de Jax y Tara se debilita porque él no quiere arrastrarla al estilo de vida del club, cree que ella hizo bien en huir años atrás y que ahora están cometiendo los errores que intentaron evitar la vez anterior. Ella descubre que está embarazada y planea practicarse un aborto, sin embargo, cuando va camino de la clínica es secuestrada.

Pero sobre todo, este tercer acto sirve de regresión al pasado de los padres de Jax. Por un lado al de Gemma cuando esta huye a casa de sus padres. Descubrimos que no tuvo una buena relación con su madre y que su padre, ahora con Alzheimer, era pastor (de iglesia). Por otro lado, en el viaje a tierras irlandesas vamos conociendo más retazos de la historia de JT, como por ejemplo que tuvo una hija con Maureen, una irlandesa del IRA.

Este acercamiento de Jax a su progenitor le hace plantearse si él será un buen padre para Abel o quizá este esté mejor con unos padres adoptivos y así evitar cometer los mismos errores. Las palabras de JT estarán siempre rondándole. Y por si el manuscrito no fuera suficiente para la conciencia de Jax, Maureen le mete unas cartas en la mochila antes de volver a EEUU en las que Teller se desahogaba con ella en el tiempo que duró su relación. Ya tenemos la semilla para la cuarta temporada.

Han pasado 14 meses desde el final de la anterior, Tara ya ha tenido al niño y varios miembros del club son excarcelados, Jax, entre ellos. El punto de inflexión de esta temporada es el uso de Juice, un personaje que me parece insulso, y que es chantajeado por el nuevo sheriff y el fiscal. Ambos le utilizarán para que les filtre información sobre el club con la carta de que si no le contarán al club que su padre era negro. Aquí comenzará el declive de este personaje y que provocará mucha desestabilidad en las próximas temporadas. Acabamos con el ciclo del IRA y entramos en una nueva etapa.

Comenzamos la temporada con Opie casándose, sin embargo, no todo será tan bonito como parece para el amigo del protagonista. Aquellas cartas que metió Mareen en la mochila de Jax las encontró Tara y descubrió las sospechas de JT de que Clay y Gemma estaban juntos y que planeaban su asesinato. Esta tuvo varias conversaciones con Piney, porque sabía que él estaba de parte de JT. Pero Clay y Gemma descubren la existencia de estas cartas y pensando que las tiene el padre de Opie, Morrow no duda en asesinarlo. Esta muerte es aún más trágica que la de Donna ya que hablamos de un miembro original de los hijos y además a manos de otro de una forma bastante brutal. Clay va desatado y no duda en darle una paliza a Gemma cuando ella le amenaza con contarle la verdad sobre la muerte de John Teller a Jax. Y va más allá, pues también encarga un ataque a Tara para quitársela también del camino. Cualquiera que conozca los secretos del pasado, pone en peligro los planes que tiene el presidente para la banda para asegurarse su futuro cuando se retire.

Terminaremos con Jax sentándose en la presidencia con una Tara herida en la mano por el intento de asesinato planeado por Clay y con su futuro como cirujana sobre la cuerda floja pero más fuerte que nunca. Parece que ya se encamina la historia, aquello que Jax estaba esperando ha llegado. Ya es presidente y es hora de que tome las riendas para reconducir el club y acabar con la violencia descontrolada que les rodea. El plano final a lo Caso Abierto sustituyendo a la pareja JT-Gemma por Jax-Tara es sublime.

Abrimos la quinta temporada con otro frente: el turbio empresario Damon Pope y otra cagada de Tig cuando se carga a quien no debe. El resultado es que Pope quemará viva a su hija. Empezando fuerte. Ojo por ojo. Y el caos sigue aumentando capítulo tras capítulo. Entran en la cárcel alguno de los integrantes del club y Opie decide sacrificarse por Jax, total, no tiene nada que perder. Desde que murió Donna fue dando tumbos y el asesinato de Piney lo dejó siendo un fantasma. Una escena totalmente desgarradora que romperá a Jax por dentro.

El nuevo presidente pierde todo norte y se vuelve salvaje y desatado. Lo mismo ocurre con la temporada. No parece que haya una planificación, sino que se inicia una sucesión de actos salvajes, de enfrentamientos, de violencia, de caos. Tampoco me parece acertado como gángster Harold Perrineau, no engancha como villano.

Flojea también la trama de Gemma. Con Clay medio fuera de combate y su tormentosa relación con Jax, la matriarca entra en un bucle fatídico. Va también dando tumbos al sentirse fuera de órbita, pues ya no es la persona que controlaba todo. No es nadie sin sus niños, sin su familia. En uno de sus encuentros casuales conoce a Nero Padilla, un criminal medio retirado, que se unirá a los hijos en sus negocios, aunque de momento rozando la legalidad.

Paralelamente, en la cárcel, Otto, miembro del club entre rejas desde hace años, negocia un trato con las autoridades para delatar a los Hijos de la Anarquía. No tiene nada que perder, ya que su mujer ha sido asesinada, y todo lo que él ha hecho por los moteros no lo ha recibido de vuelta. Así que Tara pide hacer horas de voluntariado en la cárcel para así tener contacto con él y convencerlo para que no hable. Sin embargo, todo se complica cuando Otto asesina a una enfermera delante de la doctora y esta es acusada de cómplice por haberle hecho llegar el crucifijo que resulta ser el arma del crimen. Pero Otto aún tenía un as bajo la manga y en el cierre de temporada se arranca la lengua de un bocado en un interrogatorio. Un personaje imprevisible y un tanto tarado interpretado por Sutter, creador de la serie.

Pero la temporada nos trae más sorpresas, como la vuelta de Wendy, la exmujer de Jax, ya recuperada de su adicción, que quiere conocer a su hijo y al enterarse del secuestro, amenaza con reportarlo para obtener la custodia. Un poco metido con calzador.

En la sexta temporada parece que Jax recupera su idea inicial y empieza a maniobrar para dejar el negocio de las armas y atar cabos intentando conectar a proveedores y clientes. Pero hay conflictos raciales que llevan a que el castillo de naipes se tambalee. Entre negros, latinos, chinos, el IRA… todos tienen sus condiciones y hay que hacer malabares para contentar a todo el mundo.

Además, el hecho de que un chaval entre en su colegio y se líe a tiros con una de las armas con las que trafican le dará más motivos para decidir dejar esa vida y centrarse en otros negocios más legales, como la pornografía y casas de citas.

La temporada es más lenta. Hay tanto caos que cada personaje tiene sus fantasmas y hay que hilar fino entre tensiones internas y externas, bandos y bandas.

Aparece un exMarshall hermano de la enfermera asesinada por Otto que se ve que está el hombre pelín trastornado, pero que sorprendentemente desaparece del mapa muy rápido. También llega nueva la fiscal Patterson, un hueso duro de roer que perseguirá al club y que investigará cómo llegó el arma al niño que mató a sus compañeros de colegio.

Por otro lado, Tara parece tener su propia agenda. Se ha cansado de esperar a que su marido zanje los asuntos con el club y mueve ficha. Decide divorciarse y llevarse a los niños lejos, algo complicado teniendo en cuenta cómo funciona el club y sobre todo su suegra. Así que, como la única forma de ganar a Gemma es con su propia medicina, urde un plan para inculparla de un aborto de un embarazo que nunca fue real y que así Jax la aleje de ellos (muy de culebrón todo). Parece que ha llegado a un trato con la fiscal para entrar en protección de testigos librándose de la acusación de cómplice de asesinato pero rebelando secretos del club. Todo apunta a que cuando Jax se entere, la va a matar, sin embargo, en un giro parece que él asume que los niños no están a salvo con su vida y que lo mejor es que se vayan con su madre.

En esta temporada por fin muere Clay, lo que hace que Juice se quede sin su protector y mentor y con la amenaza de Jax diciéndole que le ha traicionado. Sabe que tiene la cruz y que no va a tardar en caer.

Pero sin duda, la trágica muerte de la temporada es la de Tara a manos de su suegra. Brutal. Es golpeada, ahogada y rematada con un tenedor de trinchar la carne. Gemma pensaba que la doctora iba a delatar al club y se iba a marchar con sus nietos y decide intervenir sin saber que Jax y Tara habían llegado a un acuerdo. Aquí ya vemos hacia dónde va a ir la temporada final y que no solo Juice está marcado.

La séptima temporada es un baño de sangre como era de esperar tras el trágico final de la anterior. Jax solo pensará en la venganza y en ese momento entenderá lo que sentía Opie, primero cuando quería elegir entre el club y su familia, y después cuando solo le quedó el club tras el asesinato de su mujer.

Iniciará un ataque contra los chinos, quienes considera culpables de la muerte de Tara, ya que es lo que le dice Gemma, que se escuda en esa excusa con la ayuda de Juice para no ser descubierta. Y ya sí que sí entramos en una espiral de violencia sin igual. Los chinos iniciarán su venganza arrasándolo todo. Pero a la vez, hay un lío de alianzas que ya no se sabe quién es amigo o enemigo. Ni siquiera dentro del club y sus filiales, que ven cómo al presidente se le ha ido de las manos la venganza llegando incluso a matar al presidente de otra sección , algo que está penado con la muerte en las normas de los hijos.

Todo está tan desatado que el club sufre más bajas en sus filas. Y de las importantes. Bobby es secuestrado, torturado y asesinado en los brazos de Jax. También muere Juice después de cumplir con su cometido en la cárcel.

Y mientras, Gemma, cada vez más inestable, habla en voz alta con Tara, pidiéndole perdón, e incluso se lo cuenta a Thomas, tan pequeño que no entenderá el alcance de sus palabras pero que le servirán para desahogarse. Sin embargo, no cuenta con que Abel, algo más mayor, sí comprenderá que es su abuela quien mató a su madre y comenzará a actuar extraño llegando a culpar a Gemma de maltrato.

Y llegamos a los últimos capítulos, cuando por fin Abel cuenta lo que le oyó a su abuela y vemos un cambio de actitud en Jax. Este, que sabe que no le queda otra que morir por los errores que ha cometido, inicia el fin del ciclo de violencia cargándose a todos aquellos con los que tenía algo pendiente.

En el penúltimo capítulo acaba con Unser y con Gemma sin mucho más que decir. Yo esperaba algo de rabia, un diálogo en que madre e hijo se enfrentaran, pero ya está todo dicho, ambos conocen su destino.

El final es un capítulo lento en el que Jax deja cerrados acuerdos pacíficos con los mayas y asegura el futuro de sus hijos con Nero y Wendy (que se ve que para eso volvió), quema el manuscrito de su padre y sus diarios, se deshace de todo, habla con la fiscal, se carga al policía corrupto, al mafioso y a un cabecilla del IRA. Se despide de Opie y de Tara. Y finalmente, Jax acaba con su vida como se intuye que hizo su padre, además, sobre la moto de este. Un final redondo. Al final, todo por lo que luchó, no le sirvió para nada. En los meses que estuvo como presidente, nada le salió como planeó y solo hubo muertes a su alrededor. Quizá lo único que logre es que sus hijos queden fuera de todo ello. O no, porque Abel tiene el anillo de JT que le dio Gemma.

Supongo que este final significa que Kurt Sutter, el creador de la serie, tenía clara una planificación desde el comienzo. Una temporada para presentarnos personajes, la segunda y tercera con Jax intentando desvincularse, las tres siguientes con él como presidente y la final. Y en cada una de ellas una semilla que precipita el suicidio de Jax: la muerte de Donna, la de Piney, la de Opie, la de Tara, la de Bobby, el secuestro de Abel, las drogas, las armas… El resultado ha sido un viaje violento, sangriento, lleno de manipulaciones, mentiras, amor y odio. Hijos de la Anarquía es una tragedia clásica, según Sutter está basada en Hamlet, de hecho, acaba con una frase del dramaturgo inglés: Doubt thou the stars are fire; doubt that the sun doth move; doubt truth to be a liar; But never doubt i love (Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo.).

Y como no podía ser menos, en una tragedia shakesperiana no podían faltar asesinatos y traiciones; madres posesivas y mujeres manipuladoras; amor y dolor; locura, poder, ambición y errores que marcan el destino de los personajes (Donna por cambiar el coche, Tara porque Gemma cree que está engañando a su hijo…). Al final, todo lleva a la muerte como única respuesta. Y por eso Jax no tenía otra salida que la redención.

El protagonista comienza como un joven iluso, con ideales, con ideas reformistas, sin embargo acaba siendo un violento criminal sin escrúpulos. Y se da cuenta, por eso le dice a Nero que le cuente la verdad a sus hijos llegado el momento, que no les endulce su figura, sino que les explique que era un mal hombre par que no cometan sus mismos errores. Ha de asumir las consecuencias que han tenido lugar como resultado de sus decisiones.

Para ser una serie sobre moteros metidos en asuntos criminales, las tramas delictivas son secundarias, ya que lo que va a ir dirigiendo los actos de los protagonistas son las historias más sutiles y personales que transcurren mientras tanto. Los protagonistas son despiadados, pero siempre se intenta mostrar una humanidad para hacerlos más cercanos y que haya una implicación emocional. Se encuentran ante situaciones complejas y dilemas morales. Es la forma de unir el mundo criminal con la familia que es el club, donde prevalece la lealtad y el amor hacia sus integrantes. La mayoría de los actos violentos que cometen a lo largo de las temporadas se debe a venganzas.

Y para conformar esa gran familia se necesita un gran reparto. Sin duda Hijos de la Anarquía destaca por la buena selección actoral, algo difícil en una serie tan coral. El elenco es tan amplio que hay personajes que cobran más o menos importancia según la temporada. Todos tienen espacio para lucirse. Hay momento para cada uno de ellos según la historia que haya que desarrollar, de forma que se nos permite conocer detalles de casi todos los personajes de la serie ya sean protagonistas, segundarios o recurrentes. Algo que llama la atención es cómo incorpora artistas invitados de renombre en papeles peculiares como Stephen King de limpiador, Marilyn Manson como supremacista blanco o Courtney Love como profesora de colegio. Supongo que la serie adquirió tanta importancia en su momento, que todo el mundo quería aparecer.

Pero si hay algo que caracteriza a Hijos de la Anarquía es su magnífica y variada banda sonora. Es algo que me ha encantado capítulo tras capítulo. En parte por venir de una serie con muchos silencios, pero sobre todo por la calidad de la música y los momentos en los que se recurre a ella para acompañar escenas sin diálogos (sobre todo en inicios y finales de episodios), planos abiertos como cuando van todos en grupo en moto, recopilación de historias, peleas, persecuciones…

Las piezas elegidas consiguen que las escenas se conviertan en épicas añadiendo sentimiento, dramatismo sobre todo como en el funeral de Opie y la canción The Lost Boy.

Hay canciones originales, pero también versiones. Y como curiosidad, Maggie Siff y Katey Sagal (Tara y Gemma respectivamente) también interpretan canciones a lo largo de la serie dando voz incluso a sus propias escenas.

Quizá si pensamos en moteros el primer estilo de música que se nos viene a la cabeza es el Rock, incluso el Country tratándose de una serie estadounidense en un pueblo sin ley de carreteras infinitas y paisajes áridos. Pero también casa muy bien el Blues, el Folk e incluso la música celta.

Por último cabe destacar el buen nivel de la fotografía con esos planos abiertos cuando hay carretera, con ese toque de Arizona, con cierta oscuridad.

Es una serie violenta, dramática, con negocios turbios y mucha sangre, pero también hay hermandad, lealtad y cierto toque de humor macabro que relaja la tensión y que hace que el espectador simpatice con los protagonistas. Pero a la vez, sabe que nada puede acabar bien, que en ese mundo no hay espacio para un final feliz. Ya se lo dice Jax a la Patterson: “los chicos malos pierden”.

Por cierto, aunque la serie quedó bien cerrada (incluso con el detalle del anillo de Abel), se está preparando un spin-off: Mayans MC.

Según FX será “un drama familiar oscuro y visceral que dará una nueva visión a lo más icónico de América, ese 1% de proscritos, esta vez a través de la lente de los latinos”. No me esperen ahí. De momento quiero quedarme con el regusto de los Hijos de la Anarquía.

Recomendaciones (y balance final) para un Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos

Es una pena llegar al final, hacer balance… y más cuando todo sale bien. Como ya comenté, todo comenzó en 2011 y nos fuimos de viaje a finales de abril. En 17 días se nos fue la planificación de unos 4-5 meses, pero mereció la pena dedicarle ese tiempo, porque la aventura salió redonda.

No tuvimos problemas con la documentación, no usamos el carnet internacional de conducir, ni el seguro de viaje, que es lo mejor que te puede pasar de vacaciones, no tener ningún percance, y más a tantos kilómetros de casa, con tantas horas de coche, en lugares tan inhóspitos.

Asimismo, todo fue perfecto con las reservas de coche y hoteles, así como las entradas, no nos llevamos ninguna sorpresa negativa con lo que ya llevábamos preparado, al contrario, creo que he mencionado bastantes veces que fuimos de menos a más, los hoteles eran cómodos, limpios, bien situados y económicos (algunos no tanto, pero compensaban con otros que estaban por debajo de la media). Vimos todo lo que queríamos ver, incluso algo más donde nos sobró tiempo, hicimos nuestras compras, comimos bien… en fin, no puedo sacarle pegas a nada.

Así pues, no puedo dar muchas más recomendaciones que las que ya di al inicio. Es decir, mejor si lo preparas con tiempo, no tengas miedo a llevarlo tan atado que no vas a disfrutar, porque luego tienes tiempo de improvisar, pero es importante tener cerrado el vuelo de ida, el de vuelta, cómo te vas a desplazar entre medias, los que quieres ver, si tienes que reservar previamente para entrar en algún parque, los alojamientos…

Aunque sí quiero mencionar una opción que nosotros descartamos, pero que es valorable, y es no hacer tantos kilómetros en coche, sino coger un vuelo nacional en determinado momento para saltar tierras áridas sin mucho que ver.

Nosotros nos lo planteamos para ir de Las Vegas a San Diego, pero decidimos que no nos era viable por la cantidad de equipaje que llevábamos (empiezas con poco y a medida que pasan los días acumulas y acumulas) y porque tendríamos que hacer escala en Los Ángeles seguramente. Para el resto del viaje no merecía la pena porque nuestras etapas eran de una media de 3 horas en coche. Pero es algo a tener en cuenta a la hora de diseñar la ruta.

Otra valoración inicial es con qué compañía volar así como dónde llegar y desde dónde volver. Por ejemplo, Iberia tiene vuelos directos desde Madrid a Los Ángeles. Pero imagina que quieres hacer como nosotros y comenzar en San Francisco, pues necesitarás un vuelo nacional. O al revés, puedes salir desde Los Ángeles, acabar en San Francisco y después coger ese vuelo nacional para volver a Madrid. Pero en función de ese condicionamiento, a lo mejor has de plantearte no ir tan al este como hicimos nosotros y trazar una ruta circular. Salir de Los Ángeles, subir la costa hasta San Francisco y volver por el interior… O quizá no bajar hasta San Diego y desde Las Vegas volar a LAX… En fin, que es importante saber qué quieres ver y qué opciones de vuelos te salen mejor, porque o reestructuras la ruta en función de las escalas, o las escalas en función de la ruta. Nosotros al ir a ver a la familia queríamos dejar San Diego y Los Ángeles para el final. Aunque también os digo que por lo que nos salió el alquiler del coche más la gasolina, no nos habría salido rentable un vuelo nacional… pero depende de las personas que viajéis, claro.

En cuanto a los integrantes, creo que ya mencioné que 4 me pareció el número ideal, nos ahorramos en coche, alojamiento, en entradas a parques nacionales (que la entrada es por vehículo y 4 integrantes), pero aparte del número, hay que tener en cuenta la personalidad, el carácter de los viajeros. Es decir, necesitas que todo el mundo tenga la misma ambición, el mismo interés, que vaya con la misma intención. No te sirve que 3 quieran ir a hacer turismo, ver naturaleza, patear ciudades, y que el cuarto sólo quiera ir de compras, no le guste la naturaleza y vayas con él a remolque en todos sitios. Así pues, recomiendo que antes de cerrar el grupo de integrantes, os sentéis a dejar claro las intenciones de cada uno, el porqué de cada parada, el qué ver, que todos se documenten un poco para saber adónde van… porque si no, os podéis encontrar con momentos desagradables que os pueden estropear el viaje.

Nosotros ya nos conocemos bastante, es lo que tiene viajar con tu pareja, tu hermano y tu prima, y ya habíamos viajado juntos, no los 4, pero sí unos con otros, otros con unos, pero el caso es que sabíamos que todos queríamos lo mismo: 17 días a tope, viendo el máximo de cosas posibles, acostándonos pronto y madrugando mucho, comiendo en ruta donde fuera, recorrer naturaleza, visitar ciudades y todo sin parar. Y lo cierto es que por eso no tuvimos que ir tirando unos de otros, cuando llegábamos a un hotel nuevo, ya estábamos pensando en el día siguiente, en prepararnos la ropa y los mapas para la próxima ruta, estableciendo la hora de levantarse y de salir, quién se duchaba por la noche y quién por la mañana… Coordinación, vaya. No todo fue de color de rosa, claro, hubo algún que otro día con desacuerdos varios por decisiones que no se tomaron grupalmente, pero disfrutamos del viaje al máximo.

Para decidir quién formará parte del viaje, también es importante aclarar un presupuesto. Nosotros teníamos cerca otros viajes, como el de Nueva York, y más o menos sabíamos hasta dónde queríamos llegar como límite de presupuesto, y eran los 2000€ por persona. La situación de cada uno de nosotros es diferente, por eso hay que hablarlo desde el principio, para luego evitar que haya quien se caiga porque se dé cuenta de que no llega, y todos los cálculos se te desbarajustan. No es lo mismo hacer un presupuesto para 4, que para 3, ya que los gastos comunes como coche, hoteles y comida se han de dividir entre uno menos. A pesar de nuestras situaciones económicas dispares, todos pudimos organizarnos, ya que fuimos pagando escalonadamente, primero el avión, luego coche, después hoteles, más tarde reservas… y también que entre nosotros íbamos pagando unos y otros según cada uno pudiera. Para esto recomiendo llevar una plantilla, un excel, por ejemplo, para ir anotando lo que va pagando cada uno, y antes de emprender el viaje, reajustar. Así pues, yo pagué 3 vuelos y un hotel, otro 4 hoteles, otro reservó el vuelo en helicóptero y el coche, otro las entradas a Antelope, un par de hoteles e hizo el cambio de moneda… Y al final, a la hora de partir, todo el mundo había puesto lo mismo y llevábamos un bote en dólares para gastar allí en comida, gasolina, tasas, siempre que las tarjetas no fueran admitidas. En fin, entre lo que pagamos aquí escalonadamente y los gastos de allí (gran parte ya pagado porque estaba descontado al hacer el cambio de divisas) nos gastamos 1817,11€, bueno, mi hermano que tenía el vuelo con Iberia con descuentos se gastó 1569,11€. Luego cada uno hizo sus compras de ropa, productos electrónicos y recuerdos, que creo que nos hicieron llegar a los 2000€. Y nos podría haber salido más barato si hubiéramos cogido los vuelos en diciembre, es lo primero que hay que tener claro, los vuelos. Pero nos demoramos mucho en decidir quiénes íbamos, la ruta, y demás.

Por cierto, una última anotación sobre los pagos. He comentado que llevábamos efectivo para donde no fuera posible pagar con tarjeta, y lo digo porque os recomiendo que miréis bien la comisión que os cobra vuestro banco, porque a mí con ING me salía más a cuenta pagar con tarjeta que en efectivo, ya que la comisión era el cambio de moneda a dicho día y el 2% de visa, mientras que cuando cambias divisa, el banco te aplica comisiones que pueden ser algo superiores. Así que, está bien llevar efectivo, pero no os volváis locos, allí se puede pagar hasta un paquete de chicles con tarjeta. Aunque también es verdad que a veces, sobre todo en gasolineras, la tarjeta de débito al ser extranjera, te pide un pin de 5 cifras para pasarla a crédito, y nuestras tarjetas tienen un pin de 4, por lo que, o pagabas en efectivo, o con una de crédito. Ah, esto me recuerda también que la gasolina no cuesta lo mismo en efectivo que en tarjeta, es más caro de esta última forma, generalmente unos 10 centavos el galón. Un galón son 3,78 litros y 10 centavos en aquel momento eran 0.08€, que no es mucho, pero tantos días con el coche… pues echas cuentas, y te sale algo mejor pagar en efectivo, claro.

Y para terminar, os pongo nuestra ruta en mapa, o casi completa, ya que es el mapa que hace mi cámara de fotos que tiene gps integrado, sólo que no siempre consigue encontrarse el gps, por lo que no salen todos todos todos los puntos, pero bueno, si trazáis una línea imaginaria de punto a punto, podéis ver el Road Trip.

Espero que hayáis encontrado útil la información, si tenéis cualquier duda, preguntad sin problema. A ver si saco tiempo y os cuento algo de los Fiordos en las próximas entradas, aunque lo tengo menos fresco, pero seguro que en cuanto abra las fotos, me empiezo a acordar.

Los Ángeles II. Etapa 13 Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos

Llegamos al fin de nuestro viaje, ains, qué recuerdos. El día anterior habíamos visitado ya una parte, paseando por Hollywood Boulevard y por Santa Mónica, y entre el sábado y domingo recorrimos Downtown, Venice Beach, subimos a la colina de Hollywood para hacernos fotos con el famoso cartel, fuimos al Observatorio Griffith, de nuevo a Hollywood Boulevard y acabamos con un atardecer en Malibu Beach. El lunes nuestro vuelo salía a las 8 de la mañana y teníamos que estar en el aeropuerto con 3 horas de adelanto, más una hora de camino, muchas cosas que ver, poco tiempo, la maleta por hacer…

Pero empecemos por el principio, el sábado. Cogimos el coche y nos fuimos a ver la zona financiera, el Downtown, vaya. Y como ya os dije que hicimos en San Diego y en Santa Mónica, nuestra prima nos llevó a la azotea de un hotel para disfrutar de las vistas. Se trataba del The Standard y a la 1 empezaba una fiesta en la piscina (azotea del hotel) y estaban preparándola con lo que no dejaban subir a nadie, pero nos permitieron colarnos 5 minutillos para hacer fotos.

Se ve todo el Downtown:

La verdad es que a esas horas de la mañana en el distrito financiero no había mucho movimiento. Lógico al ser fin de semana.

Después de que nos invitaran a bajar muy amablemente (sin ironía), dimos un paseo por la zona.

Me sorprendió gratamente la biblioteca con su enorme edificio

Por la zona hay básicamente rascacielos y poca gente… hay que tener en cuenta que era sábado. Con el coche nos dirigimos hacia Venice Beach, pasando antes por el Walt Disney Concert Hall (os recordará al Guggenheim de Bilbao)

Y también pasamos por el estadio de Gasol, bueno, de los Lakers, el Staples Center

Y como decía más arriba, llegamos a Venice Beach. Que es donde estaba toda la gente de Los Ángeles, porque estaba muy animado.

Es una zona residencial, con sus canales, sus casitas de gente adinerada, y después tienes el paseo marítimo, por así decirlo, lleno de mil tiendas de gafas, complementos, ropa, de restaurantes y sitios de comida rápida, de vendedores ambulantes, de gente haciendo trencitas, tatuajes de henna, de artistas callejeros, gente en sus monopatines, patinadores…

La zona de los canales es un buen lugar para pasear, de puente a puente, viendo las casas, los jardines, cruzándote con patos…

Ojo, que hay casas muy chulas, que muestran cierto estatus económico, pero también hay casas de algún que otro tarado… si no, explicadme a qué viene este jardín con muñecos diabólicos:

Cuando vas por el paseo, te integras entre la multitud. A mí me recordó a mil series, películas… el paseo, la playa, las casetas de los vigilantes… Una de esas zonas en las que ya piensas que has estado.

En las fotos se puede ver cómo estaba de animado, lleno de gente paseando, los puestos, tanto fijos como ambulantes. Y en la siguiente, la pista de patinaje donde había skaters muy virtuosos.

Hicimos una parada para comer, y esta vez tocó oriental, en Mao’s Kitchen, y para seguir con nuestro historial, estaba todo riquísimo. Pedimos unos rollitos de verdura, pequeñitos, otros de primavera, un arroz con cerdo y verduras (creo), unos tallarines con pollo y verdura, y unos champiñones con pollo y pimiento. Cada uno de los platos con una salsa y todas para chuparse los dedos. Ahí va la foto:

No me diréis que no tiene buena pinta… La única pega fueron los tallarines que estaban algo duros, pero creo que porque eran fritos… sin embargo, la salsa y las verduras estaban en su punto. Si vais por la zona, parad para comer, sale barato, la comida es abundante y muy rica. La atención al cliente (como en todo el viaje) es muy buena también.

Terminamos de dar el paseo por Venice para bajar la comida y volvimos a casa de la familia política de nuestra prima para pasar la tarde-noche. Eso sí, no nos fuimos sin la famosa foto de la típica caseta de los vigilantes

Eran los playoffs, y algunos disfrutaron de un partido de basket, aunque perdieron los Lakers, con lo que no sé si realmente disfrutaron como tal…

El domingo era el día de la madre, que en Estados Unidos no es el primer fin de semana de mayo, sino el segundo. La familia de nuestra prima tenía un día familiar planeado, así que decidimos hacer de turistas por último día yendo a ver el famoso cartel de Hollywood. Antes de nada, hicimos parada en un Starbucks para desayunar. Si conocéis la cadena de franquicias en España, olvidaos, no tiene nada que ver, tiene mucho más surtido de bollos y los precios son mucho más asequibles, de ahí que todo el mundo desayune en ellos. Nos pusimos ciegos, como siempre. No me acuerdo qué era cada cosa, y en la foto ya faltan bollos, pero había croasanes rellenos, sin rellenar, muffins, bollo de arándanos, de yogur…nada empalagosos, muy frescos y esponjosos, y te dan la opción de calentártelos en el momento. Si sois amantes del té, como yo, el té chai con chocolate espolvoreado está fuerte, como a mí me gusta.

Con el estómago lleno, nos fuimos hacia el famoso cartel. Puedes elegir entre 4 sitios, en unos se ve más cerca, y en otros… ni se ve. Recomiendo sin duda el primero de ellos, en Canyon Lake Drive. Es desde donde mejor te va a salir la foto, pero es complicadísimo llegar, incluso con gps. Realmente estás subiendo la ladera de la montaña por una zona residencial, así que tienes que callejear hasta llegar a un descampado. Nosotros dimos alguna que otra vuelta. La foto que os he puesto arriba (encima del desayuno) está hecha en marcha, según subíamos con el coche. Cuando llegas al descampado puedes ver la ciudad (si la polución y la climatología te lo permiten) y el famoso cartel. Antes creo que se podía subir, hoy en día ya no.

Otro punto que sí merece la pena es el Griffith Observatory, cuyo parque estaba lleno de domingueros celebrando el día de la madre. Si tienes suerte, como he dicho antes, desde aquí también ves la ciudad, si no, la intuyes.

Por último, volvimos a Hollywood Boulevard al teatro Kodak, que es el último punto.

Pues bien, si queréis ir al teatro Kodak, id por el teatro, bueno, el centro comercial, pero no por la señal, porque o se ve nada más que con el zoom de la cámara… se intuye algo blanco en la lejanía.

Ya os lo había mencionado, que el teatro Kodak era un mega centro comercial, bien, pues aquí tenéis la muestra:

Tras alguna que otra compra, recorrimos Hollywood Boulevard y alrededores buscando la estrella de Leonardo DiCaprio, no la busquéis, no la tiene.

Eso sí, paseando por calles aledañas, descubrimos un sitio para comer, algo así como un kebab… y ¿cómo estaba la comida? No me repito, os enseño la foto:

Tres de nosotros comimos una especie de wraps, rollos, flautas, o como los llames (el mío creo que era como una ensalada César, otro era vegetal, y el de abajo a la izquierda creo que era de ternera o cordero), y el cuarto un menú de medio pollo, arroz y patatas… él siempre a lo bestia. No recuerdo lo que nos costó, y pagamos en efectivo, así que no tengo el cargo en tarjeta, pero más barato que ir al burguer aquí, seguro, no sé si con bebida (rellenable) serían unos 6$, me suena que no pasó de ahí, porque íbamos siempre a lo barato pero con buena pinta.

Y para finalizar el día, tras no encontrar la estrella de DiCaprio, nos fuimos a ver atardecer a Malibu Beach y mojamos los pies en el Pacífico.

Y aquí finaliza nuestro Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos, bueno, me queda alguna que otra recomendación y comentario, pero lo dejo para otra entrada, que esta ya es bastante larga.

Los Ángeles I. Etapa 13 Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos

Como os decía en la entrada anterior, el viernes no acabó con los Universal Studios, sino que aprovechamos el atardecer para acercarnos a Hollywood Boulevard y ver el famoso paseo de la fama con sus estrellas, el teatro chino y el Kodak (que no sé si le cambiarán el nombre por aquello de la quiebra de la empresa fotográfica).

El famoso paseo de la fama es una calle llena de tiendas de lo más pintorescas, un tanto desangelada y con estrellas cada cual más desilusionante. Esperas encontrar estrellas de actores importantes, reconocidos, con una gran carrera a sus espaldas… no sé, De Niro, Eastwood, Sarandon, Grant, Monroe, Chaplin, Disney… pero no, allí tiene estrella quien la paga. Así que si haces una película y tu productora tiene la suficiente pasta para pagarte la estrellita, pues ahí que está tu nombre. El caso más indignante, por lo menos a nosotros nos lo pareció, el de Winnie the Pooh!!! Vamos, a ver, pero si es un oso de dibujos animados…. en fin.

A pesar de que no es gran cosa y en 15-30 minutos te has recorrido el tramo de los dos teatros, hombre, ya que estás en Los Ángeles, qué menos que acercarte y hacer la “turistada”, pero si vas mal de tiempo, no te pierdes mucho. De los dos teatros, me quedo sin duda con el chino.

En este teatro es donde originalmente se hacía la ceremonia de los Oscars, y ahí sí que están las pisadas y manos con más criterio.

Aunque hay que reconocer que me sorprendió ver las huellas de C3PO

El teatro Kodak es algo más soso, y ya os hablaré en la siguiente entrada, pero ya os digo que es un centro comercial. Muy grande, sí, porque alberga un teatro, pero es un centro comercial… esto es América…

Como veis en la foto, se nos hizo de noche. Cogimos el coche y nos fuimos a Santa Mónica, al famoso Pier, a dar un paseo. Santa Mónica tiene un Promenade lleno de tiendas, como si fuera Preciados en Madrid, y hay músicos y animadores callejeros de todo tipo, cómicos, malabaristas, gente que hace saltos, que baila… y al parecer tienen permiso del ayuntamiento y han de pasar unos controles, unas pruebas. Está muy animado y es muy peculiar. Una de las tiendas que podéis encontrar es una Converse, muy patrióticos ellos, el escaparate muestra una bandera de los EEUU con sus zapatillas

Tras pasear por el Promenade, nos dirigimos a un hotel, no recuerdo el nombre, y subimos a la azotea. Es algo que no se me habría ocurrido en ningún momento, pero lo hicimos en varias ocasiones. Nuestra prima nos llevó en San Diego y en dos en Los Ángeles para poder disfrutar de unas buenas vistas. Tú pasas como si supieras dónde vas, y si te preguntan, les dices educadamente que sólo quieres subir 5 minutillos a la azotea y te marchas. Y no te suelen poner problemas… al menos nosotros no tuvimos ninguno, fueron muy amables. Las vistas del Pier merecían la pena (y el hotel también).

Tras unas fotos y disfrutar de las vistas, y sentir algo de envidia de la piscinita del hotel, nos dimos un paseo por el Pier, que es un embarcadero lleno de tiendecitas, puestos, restaurantes, recreativos… y una placa que indica el fin de la ruta 66.

Paseando por esta zona, tenía la sensación de que iban a salir los policías en bici de la serie Pacific Blue, y es que es un constante en cualquier viaje a los Estados Unidos, que todo te recuerda a las series, las películas, sientes que que ya has estado allí.

Y cómo no, no pude resistirme a hacerme la foto a lo de Forrest Gump, en el Bubba Gump que hay en el Pier.

Y con esto dimos por finalizado el día. En la próxima entrada os hablaré del resto de Los Ángeles que vimos, lo último de nuestro viaje.

Universal Studios. Etapa 12 Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos

Si tenéis la duda de si merece la pena gastarse los 80$ que ahora cuesta la entrada más barata (a nosotros nos salió por 77), he de decir que tanto como si sois cinéfilos como si no, merece la pena. Y es que es más que unos estudios de grabación, ya que es también un parque de atracciones, un centro comercial… toda una experiencia. Nosotros lo llevábamos en la lista de “cosas que hay por la zona si nos da tiempo” (como el Museo de la Mafia en Las Vegas, que al final no fuimos). Preguntamos a nuestra prima y nos dijo que merecía la pena y ya que habíamos hecho tantos kilómetros, pues qué menos.

Salimos muy pronto de San Diego, y es que queríamos llegar a una hora razonable a Los Ángeles para que nos cundiera el día. Y el problema que te encuentras es TRÁFICO. Es un trayecto de un par de horas, dos horas y media, pero claro, si sales a las 7 para llegar a la apertura del parque, te comes todo el atasco. Y nos dio igual, porque llegamos a los Universal Studios a eso de las 11 y se supone que había pasado la hora punta… pero creo que en Los Ángeles cualquier hora es hora punta.

El parque está muy bien indicado, eso sí, tardas en entrar al recinto en sí. Primero pagas el aparcamiento como veis en la foto siguiente:

una vez has pagado, pasas con el coche y aparcas. Cada planta tiene un animal y un color, para que no te pierdas. De ahí recorres un gran centro comercial exterior, lleno de tiendas, restaurantes…

Yo iba pensando todo el tiempo si nos habíamos pasado la entrada o si nos habíamos colado. El logotipo de los estudios estaba por todos lados, pero no parecía que estuviéramos dentro en sí:

Pero no, si sigues el paseo de tiendas y restaurantes y la bola, llegas al acceso a las taquillas y la entrada a los estudios. Nos tocó una taquilla con un señor muy simpático que repetía el nombre que aparecía en la tarjeta de crédito intentando poner acento, nos lo hizo a todos. El señor te da la entrada y lo primero es la alfombra roja.

Cuando vas a un parque de este estilo, en el que tienes actuaciones, recorridos, atracciones, muchas cosas que ver y poco tiempo, por lo que hay que organizarse muy bien. Al entrar te dan un mapa con los horarios de cada cosa. En nuestro caso nada más llegar había un recorrido en trenecito por los estudios con guía en español, así que empezamos por ahí.

El trayecto dura aproximadamente una hora y se pasa por los decorados de varias películas o series de renombre. Quizá hablar de decorado es quedarme corta, porque la recreación no se queda en un pequeño espacio, sino que hay recreaciones de calles, de barrios… Vas con el tren recorriendo cada set de rodaje y es como si te adentraras en la historia.

Nada más iniciar el recorrido vimos pasar a Doc, de Regreso al Futuro, aunque se parecía más bien a Gerard Depardieu.

Al salir del punto de partida y acceder al recorrido lo primero que vemos son carteles de películas producidas en los estudios.

Podemos ver también vehículos de varias épocas o grabaciones.

Y decorados que sólo son fachadas, muy bien hechas, pero fachadas.

Uno de los primeros puntos por los que se pasa es la plaza de Regreso al Futuro o Entre Fantasmas:

Parece una calle de verdad, con sus aceras, asfaltado, sus alcantarillas, alumbrado… hasta su gasolinera.

Hay sets que tienen sus jardines y bocas de incendio. No falta detalle.

Siguiendo con el recorrido nos transportamos al Oeste, a México o Japón.

También pasamos por la casa de Beethoven (la del perro), el hotel de Psicosis o el lago de Tiburón, que también es de Se ha escrito un crimen…

 

Incluso han recreado un avión estrellado y el destrozo que ha dejado a su paso.

Es curioso el caso de Wisteria Lane (el barrio de la ya finalizada Mujeres Desesperadas), ya que se trata de casas con su electricidad, su agua corriente… Vamos, un barrio en toda regla. De hecho no es en la única serie que ha salido.

Durante el recorrido también hay demostraciones de cómo hacen los efectos especiales en los que los coches arden, hay tiroteos, lluvias torrenciales, también pasas por alguna zona con vídeos en 3D (antes de montar en el tren has de coger unas gafas para ello)… todo amenizado por el guía y acompañado por vídeos.

Por supuesto, no puede faltar un croma para la recreación digital.

Una vez terminamos el recorrido nos montamos en varias atracciones, como Jurassic Park, que montas en una gran barca y vas viendo dinosaurios y decorados de las películas de Spielberg. Otra atracción era la montaña rusa de la Momia, hay un pasaje del terror (que una que yo me sé se salió a la primera escapatoria que vio) la mejor atracción de todas: Los Transformers.

No os quiero desvelar mucho de ninguna de ellas, y suelen cambiarlas cada x tiempo, así que es probable que cuando alguno vaya ya no esté, pero si sigue, id de cabeza, esperad la cola que haya que esperar, porque no habréis montado en ninguna atracción así en la vida. Básicamente la atracción consiste en que vas en un Transformer y tienes que luchar con otros. El movimiento, las gafas, los sonidos, la ambientación… es impresionante.

Aparte de estas atracciones, puedes ver un corto de Shrek en 3D, que está bastante gracioso y cómo no, con un 3D bien hecho. Voy a confesar que la última vez que he ido al cine era barato y todo… habrán pasado como 5 años fácilmente, si no más, así que el 3D en España no sé cómo es. Pero después de vivir el 3D en los Universal Studios una de nuestras integrantes, que sí había visto alguna peli en el 3D de aquí, dijo que no tenía nada, pero nada que ver… ni aquello de que se te muevan los asientos, o que parezca que estás dentro de la historia porque si los personajes tienen frío, tú lo tienes también, si se mueven, tú también, si caen de un precipicio, sientes cómo caes…

Pasamos después a una charla en un teatro en la que explicaban cómo rodaban animación. Muy interesante también.

Además, hay exposiciones con trajes de películas, objetos, muñecos o los “decorados” de la película Coraline.

Y claro, no pueden faltar tiendas de merchandising y restaurantes.

Pero además, mientras paseas entre exposiciones, restaurantes y atracciones, las calles parecen estar sacadas de películas. Parece que estamos en un set de rodaje.

En fin, que merece la pena. Y si vais a ir y queréis saber qué atracciones, representaciones o espectáculos hay, consultad la web, aunque allí encontraréis mucho, mucho más. Yo disfruté como una enana, así que si vais con críos, seguro que luego no querrán ir al Parque de Atracciones de Madrid, Portaventura o similar.

Y para finalizar la jornada, una buena comida, como venía siendo habitual. En esta ocasión nuestra comida – cena (según si es horario español tardío o americano, por aquello de que a las 5-6 están cenando) fue en un Bubba Gump y estaba todo delicioso, ¿cuándo no?

Esta comida fue la más cara de todo el viaje, nos salió lo que veis por 61,20€, a 15,3€ por cabeza. Teniendo en cuenta que comimos bien y que se trataba de un restaurante dentro de un parque temático, creo que no está nada mal.

Y el día no acabó aquí, pero prefiero dejar el resto para otra entrada y que esta sea únicamente de los Universal Studios. Un must en toda regla si vais a Los Ángeles.

San Diego. Etapa 11 Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos

Se nos iban los días con una rapidez tremenda, nos acercábamos al final de nuestro viaje y queríamos disfrutar al máximo, así pues nos levantamos temprano, cargamos las pilas y nos pusimos en marcha con intención de conocer al máximo San Diego.

Nuestra prima nos había organizado una ruta visitando la Isla del Coronado, Downtown, el puerto, Little Italy y las focas de La Jolla. Y eso fue lo que vimos. Nos movimos en coche, así que no os puedo hablar del transporte público en San Diego.

Comenzamos cruzando el puente hasta Coronado, una isla que se ve claramente que es turística, aunque imagino que habrá mucha gente que viva allí todo el año, pero tiene ese aspecto de apartamentos y casitas de verano o fin de semana. La isla es una buena opción para ver el skyline de San Diego.

Aunque también puedes visitar el famoso Hotel del Coronado (Hotel del, como lo llaman ellos). Yo he de reconocer que no había oído hablar de él en mi vida, pero parece ser importante ya que cuando abrió sus puertas fue el hotel más grande en el mundo, y el primero en usar electricidad. Se puede entrar y visitar por dentro, guarda mucha historia en sus pasillos, merece un recorrido.

Desde Coronado volvimos a Downtown y paseamos por las calles del Gaslamp Quarter, sin duda una de las zonas que más me gustó de San Diego.

Como dije en la entrada anterior, es una zona con mucho ambiente y encanto, llena de tiendas, locales, restaurantes, bares e incluso tiendas de recuerdos. Me recuerda a las callejuelas de Nueva York, con los edificios rojizos, las escaleras de incendio. No sé, lo mismo es sólo mi impresión.

Desde Downtown nos fuimos hasta Marina, el puerto. Tienes un paseo donde puedes encontrar restaurantes, puestos de helados, de recuerdos, de colgantes, pulseras, artistas tocando… está bastante animado.

Nosotros llegamos hasta el USS Midway Museum, que es este bicharraco:

Y justo al lado hay una mega estatua, la del Unconditional Surrender. Es grande, no, lo siguiente, al lado llegas a los tobillos de los personajes.

Está basada en una foto de Alfred Eisenstaedt de un marinero estadounidense besando a una chica en Times Square tras la victoria sobre Japón. Al parecer la estatua quieren derribarla y el pueblo de San Diego ha recogido firmas para que no ocurra, puesto que representa ya un símbolo de la ciudad.

Nuestra siguiente parada fue Little Italy, que me gustó más que el de Nueva York, o lo que queda de él, que se lo está comiendo Chinatown.

En San Diego es más amplio, tiene sus restaurantes, sus pastelerías, sus delis, como en la que paramos para comernos unos bocadillos al estilo Subway pero más ricos. En las delis suelen vender un poco de todo, es como los ultramarinos en España hace unos años en los pueblos, de forma que te venden desde productos envasados, conservas, bebidas, y también te hacen bocadillos con el embutido que venden. Creo que había como 8 opciones: vegetal, de jamón, de salami, queso…. no me acuerdo, pero lo que sí recuerdo es su sabor. Deliciosos.

Con el estómago lleno, nos dirigimos hacia Old Town.

Es un distrito de San Diego que se mantiene tal y cómo era en los días en que pertenecía a México, allá por 1870.

Nada más entrar te transportas a otra época, la gente va vestida con trajes típicos, hay burros, carromatos, las construcciones son casitas bajas de madera, de adobe, calles de arena, está lleno de tiendas (de velas, de tabaco, de artesanía), de restaurantes, bares, exposiciones…

La visita hay que hacerla con tiempo, por lo menos lo recomiendo, pues cada tienda merece la pena echarle un ojo. Yo piqué en la de velas. Y no me llevé más no fuera a ser que la maleta oliera tanto que los perros del aeropuerto se pusieran nerviosos y me la abrieran.

Para finalizar con San Diego (que no quiere decir que sea todo lo que haya que ver) volvimos a coger el coche dirección a La Jolla para ver a las famosas focas que ocupan la bahía.

Está plagado y básicamente están ahí tiradas… alguna repta, se dan unas con otras y poco más… son muy graciosas, al menos a mí me lo pareció al ver cómo se mueven… algunas no sabías dónde estaba la cabeza y dónde “los pies”.

La zona donde están está llena de mejillones y percebes, pero no es recomendable comerlos pues el agua está contaminada por la gran manada de focas que se asienta en la zona.

También hay ardillas.

Como última parada nos dirigimos hasta Tourmaline Surf Park, que se inauguró en mayo de 1963. En él hay un memorial dedicado a los surferos.

Para finalizar nuestro día en San Diego decidimos irnos hasta la frontera a un Outlet para hacer nuestras últimas compras. Alguno iba corto de pantalones. Es un poco caótico lo de la frontera. Vas con el coche, por tu carril, siguiendo las indicaciones, de repente los carriles de la izquierda van parándose, continuas por la derecha dirección al outlet y tienes señales que te dicen “última salida, la próxima usted sale de los EEUU” y vas acojonado, pensando que como te la pases, a ver si te dejan entrar de nuevo….

Pero cogimos la salida sin error y llegamos al outlet, no tiene mucha variedad de tiendas, pero algo cayó. Y desde el centro comercial podéis ver a lo lejos, al otro lado de la valla, Tijuana, México.

Y finalizamos el penúltimo destino, tan sólo nos queda Los Ángeles.

Aproximación a San Diego. Etapa 10 Road Trip por la Costa Oeste de los Estados Unidos

Después de nuestra estancia en Las Vegas, salimos el miércoles bien temprano dirección a San Diego. Teníamos como 6 horas de viaje, por carreteras cada vez más plagadas de coches, con cada vez más carriles… un poco estresante, y eso que somos de Madrid. En la siguiente foto podéis ver la típica carretera de las películas con un montón de carriles, y con bastante tráfico (aunque no sería nada comparado con lo que nos encontraríamos en Los Ángeles).

La verdad es que el comienzo del recorrido es algo aburrido, nada más que desierto y desierto… la nada… pero a medida que te vas adentrando en la I15 hay más tráfico, ves el paisaje de California con sus naranjos… Su vegetación, es totalmente diferente.

Paramos varias veces, una de ellas para comer en un Burger King. Fue una odisea pedir porque el chico que nos atendió no nos entendía o no nos explicábamos… pero la verdad es que fue simple… Una hamburguesa de pescado, dos menús de la más grasienta y una de queso con champiñones pero sola, sin menú… y se liaba que si tres menús y que la de pescado, que si dos menús y dos de pescado… Al final la que no acertó fue la mía que me la dio de queso azul, pero igualmente estaba muuuuuuuy rica. No llegaba al Jack in the Box… pero por encima del McDonald’s.

Con el estómago lleno (y los vasos también – lo que hace el refill) continuamos nuestro camino. Llegamos a San Diego a las 5 de la tarde, con el consiguiente atasco de un miércoles a esa hora cuando la gente vuelve de trabajar. Pero conseguimos llegar a casa de nuestra prima y disfrutar de un atardecer en el Pacífico.

El tiempo era más fresco que en Las Vegas, lógicamente, pero no llegaba a los 20º de San Francisco. La playa estaba llena de surfistas esperando las olas, aunque eran más bien moderadas, supongo que por el efecto de la bahía.

Lo cierto es que San Diego me sorprendió, no sé muy bien lo que esperaba, la verdad, pero nos encontramos con una ciudad acogedora, con mucho encanto, la playa, las casas…, no sé, me sorprendió gratamente.

Tras acomodarnos, ducharnos y cambiarnos, nos fuimos a tomar algo al Gaslamp Quarter. Se trata del distrito histórico, donde hay un montón de tiendecitas, de locales, de pubs/bares/garitos en azoteas desde donde puedes ver el skyline del Downtown, o el estadio de los Padres.

Nosotros hicimos parada en el Café Sevilla, un local decorado de forma muy peculiar, con toros, Quijotes, un tablao con actuación en directo, tapas, lámparas hechas con porrones…. peculiar cuanto menos, tiene su punto.

Y después de tomar una coronitas, o corona que se dice allí, nos fuimos a descansar que estábamos rendidos.