Interrail por Capitales Imperiales. Día 9: Praga

Amaneció un día nuevo con un sol espléndido y un calor horrible en la capital de la República Checa. Praga, la antigua capital del Reino de Bohemia, se convirtió en una de las ciudades más importantes de Europa Oriental. Sufrió las dos guerras mundiales y alternó dictadura de nazis y soviéticos. Sin embargo hoy en día se ha convertido en una de las capitales europeas más bellas. Está llena de historia y lugares por ver.

Culturalmente y desde el punto de vista turístico, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Vamos a conocer la ciudad un poco más. Podríamos dividirla en cinco secciones:

  • Hradcany: la zona del Castillo que une la Catedral de San Vito y el Convento de San Jorge. Es decir, la zona que habíamos recorrido la tarde anterior.

  • Malá Strana: es el barrio que queda a los pies del Castillo. Es el barrio de la nobleza. En él ha habido pocas construcciones nuevas desde finales del siglo XVIII.

  • Staré Mesto: Es la Ciudad Vieja con su entramado de callejuelas, la Plaza y el Ayuntamiento Viejo. Es la parte mercantil, desde donde se estructuraba la vida de la ciudad. Todo está cuidado, manteniendo su edad e historia, pero restaurado.

  • Josefov: El Barrio Judío, que se encuentra en el norte de la Ciudad Vieja.

  • Nove Mesto: La Ciudad Nueva. La localizamos en el sur con arquitectura moderna. Aunque no toda es vanguardista.

Además, está la zona de Vyselhad que son restos de unas antiguas fortificaciones.

Aparte del Hradcany y Malá Strana, ya mencionado en la entrada anterior, y donde teníamos el hotel; el resto queda bastante recogido en la otra orilla del río Moldava. La ciudad se puede recorrer cómodamente a pie. Así que desayunamos copiosamente en el hotel, que lo teníamos incluido en la reserva, y comenzamos nuestro recorrido.

El desayuno del hotel era buffet, no muy extenso, pero sí variado. Había fruta, zumos, cafés, tés, judías verdes, champiñones, dulces, huevos, pan… En fin, había donde elegir.

Además, como detalle, en cada mesa encontrabas una hoja que variaba cada día en la que nos indicaban el tiempo que nos íbamos a encontrar y nos recomendaban eventos en la ciudad.

Con las pilas cargadas nos dirigimos hacia el Puente de Carlos, parando primero en la Isla de Kampa.

Se trata de una isla en el centro del barrio de Malá Strana bajando las escaleras del puente. Allí encontramos los bebés sin cara, esculturas del controvertido David Cerný. Están en pose de gateo y no tienen rostro, sino unos rectángulos. Son enormes, es difícil no verlas.

También a Praga había llegado la moda de los candados

Y cerca, tenemos el famoso muro de John Lennon. Se trata de un muro situado frente a la Embajada de Francia y es propiedad de los caballeros de la Orden de la Cruz de Malta, que permiten que se siga grafiteando. Cuando el músico fue asesinado en 1980 surgieron espontáneamente los grafitis en el muro como homenaje por parte de los pacifistas del centro y este de Europa. Era todo un acto de rebeldía, puesto que los gobiernos comunistas no permitían la reproducción de sus canciones.

Las autoridades comunistas procedieron al borrado de las pintadas, pero cada vez que lo hacían, volvían a aparecer nuevos mensajes, dibujos y letras de canciones. Hoy en día se sigue manteniendo como homenaje al artista, pero también como símbolo de la libertad de expresión y la rebelión ante un régimen autoritario.

En 1998 tuvo que ser rehabilitado, pero de nuevo volvieron a surgir las pintadas.

Me esperaba algo más, pero la verdad es que he visto muros mejor grafiteados por las calles de Madrid. Ya sé que lo importante es el mensaje, pero al final se ha quedado en una pared llena de frases tipo “Fulanito estuvo aquí”. No nos gustó nada.

Volvimos al Puente de Carlos y lo cruzamos.

El Puente de Carlos es el monumento más famoso de Praga. Comunica la Ciudad Vieja con la Malá Strana o Ciudad Pequeña. Mide 520 metros de largo y 10 de ancho. En su día contaba con cuatro carriles destinados al paso de carruajes. Se trata de una gran obra de ingeniería del siglo XIV. Parte de una estructura gótica y está plagado de estatuas.

Cada día, además de la gente que lo cruza, se anima con artistas callejeros, ya sean pintores, pendientes, pulseras, o músicos con un gran talento. Y ya tenía mérito con el sol que pegaba.

A lo largo del puente podemos encontrar unas 30 estatuas repartidas a ambos lados. Muchas de ellas son copias, ya que las originales de principios del siglo XVIII fueron llevadas al Museo Nacional de Praga. La primera que se añadió en 1683 fue la de San Juan Nepomuceno, un señor que fue tirado al río en 1393 por orden de Wenceslao IV y que fue santificado en el siglo XVIII.

Se colocó la estatua en el lugar desde donde se arrojó al agua. Se dice que si se pide un deseo poniendo la mano izquierda en la representación de su martirio, éste se cumple.

Cruzamos el puente y tomamos el margen del río hasta llegar a la Casa Danzante. Una casa modernista del mismo arquitecto del Guggenheim. También es conocida por Fred and Ginger.

En el recorrido por el margen del río hasta llegar a ella nos encontramos con fachadas coloridas y ornamentadas.

Pasamos por la Plaza de Alois Jirásek, un escritor checo.

Después nos adentramos hacia la Plaza de San Carlos. Desde mediados del siglo XIX, la plaza está ocupada por un parque. Aunque está rodeada de calles transitadas, la encontramos tranquila y vacía.

Está dominada por la iglesia de San Ignacio y el viejo ayuntamiento gótico de la Ciudad Nueva.

En 1348 cuando Carlos IV fundó la Ciudad Nueva, la plaza era un mercado de ganado. Además, se vendía leña y arenques. En el centro del mercado el monarca hizo construir una torre de madera donde exhibían una vez al año las joyas de la coronación. En 1382 la torre fue reemplazada por una capilla.

Muchos de los edificios que rodean la plaza pertenecen a la Universidad, y las estatuas centrales representan a escritores y científicos.

Dejando atrás el río, y adentrándonos por la calle paralela nos encontramos con el Instituto Cervantes, al lado del cual encontramos una iglesia.

Seguimos hasta la Iglesia de Santa Catalina, que se eleva en el jardín de un antiguo convento fundado en 1354 por Carlos IV para conmemorar la victoria en 1332 en la batalla de San Felice. En 1420, durante la revolución husita el convento fue derribado, pero en el siglo siguiente se rehabilitó como monasterio para los agustinos, que permanecieron en él hasta 1787, cuando se cerró. Desde 1822 se usa como hospital.

En 1737 se construyó una iglesia barroca, pero conservándose la esbelta torre gótica. Tiene una llamativa forma octogonal.

Continuamos hasta la iglesia neogótica de Santa Ludmila, que se construyó entre los años 1888- 1892.

Tiene dos torres de 60 metros con sus dos campanarios.

Tiene forma de cruz gracias a sus tres naves y la trasversal. Destacan sus vidrieras y rica ornamentación.

Se encuentra muy cerca de la estación y de la Ópera. Se halla en el lugar donde se levantó el primer teatro de la ciudad. Se derribó en 1885. En la fachada destaca el friso neoclásico que descansa sobre la logia. Entre las figuras se encuentran Dionisos y Talía, la musa de la comedia.

Su interior se halla decorado con estucos, y las pinturas del auditorio y del telón son las originales. En 1945 se convirtió en la ópera principal de la ciudad.

A continuación nos dirigimos hacia el Museo Nacional, delante del cual encontramos la estatua de Wenceslao y los santos protectores de la ciudad.

Es el centro neurálgico de la ciudad. Ha presenciado muchos de los acontecimientos de la historia reciente de Praga y de la República Checa en general. El acontecimiento más importante que ha tenido lugar en la plaza fue en noviembre de 1989 cuando una manifestación contra la brutalidad policial inició la Revolución del Terciopelo y la caída del comunismo.

Era la plaza donde se celebraba el mercado de caballos, fundado en 1348. Los rasgos dominantes de la plaza son la estatua ecuestre y, a su espalda, el Museo Nacional. San Wenceslao, asesinado por su hermano Boleslao, es el patrón de Bohemia. La estatua, fundida en bronce, se erigió en 1912. Al pie del pedestal hay otras esculturas de los santos patrones checos. Un monumento junto a la estatua recuerda a las víctimas del régimen anterior.

La plaza tiene forma alargada y mide 750 metros de largo por 60 de ancho. Los edificios que la rodean son en su mayoría hoteles, tiendas y restaurantes. Y allí que vimos la oportunidad y aprovechamos para comer.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 8 II Parte: Praga

Y llegamos a nuestra última parada: Praga.

Cuando llegamos a la estación central, fuimos a tomar el metro para llegar a Mala Strana, donde teníamos el hotel, pero la máquina de billetes era algo peculiar y sólo aceptaba monedas, por lo que salimos al exterior y paramos a comer en un McDonald’s y tras saciar el hambre, retomamos nuestro camino.

Los billetes van por tiempo, y en esa franja puedes coger todos los medios de transporte que quieras.

Teníamos reserva en el Hotel Neruda Design, en la calle Nerudova, muy cerca del Castillo. El hotel es una mezcla de varios edificios y se ha ido renovando e incorporando con el tiempo, así que es algo peculiar lleno de pasillos, pasadizos y escaleras. Nos costó encontrar la habitación. Como ya adelanté, cuando llegamos, la chica de recepción nos indicó que nos daban una habitación de una categoría superior, porque del tipo que habíamos reservado ya no había disponible. Así que, encantados. La habitación estaba equipada con una bañera de patas en el mismo espacio que la cama. Tan sólo estaba separado en otra estancia el inodoro.

Para una estancia corta, no está nada mal, pero hay que reconocer que era poco práctico ducharse en aquellas condiciones, lo más seguro es que el suelo acabe empapado. Además, la bañera daba a una ventana y como fuera de España no existen las persianas, era poco privado.

Reposamos un rato en la habitación y nos refrescamos, que ya llegó el verano caluroso también al resto de Europa. Y cuando el sol bajó un poco, salimos a pasear por Malá Strana.

El centro de la zona es la plaza Malostranské námestí, centro neurálgico desde su fundación en 1257. En su origen era una plaza del mercado en el muro exterior del castillo. La mayoría de las casas que la rodean siguen un trazado medieval, aunque se construyeron entre el Renacimiento y el Barroco. En su centro se levanta la Iglesia de San Nicolás.

Su construcción se inició en 1703 con los últimos toques en 1761. Es de estilo barroco y tuvo que ser restaurada en 1950 por las continuas goteras.

Frente a ella se encuentra el Palacio Lichtenstein y en el centro se levanta la columna en honor a la Santísima Trinidad para celebrar el fin de la epidemia de peste de 1713.

Es una zona plagada de grandes palacios barrocos. Se sigue manteniendo el encanto de los orígenes del barrio con sus empinadas y estrechas calles. En cada esquina, en cada fachada te puede sorprender algún detalle u ornamento.

La Calle Nerudova está llena de edificios históricos de bellas fachadas. Debe su nombre al poeta Jan Neruda, que escribió muchas narraciones cortas ambientadas en esta parte de la ciudad. Su apellido inspiró al chileno Pablo para tomarlo como seudónimo.

Hasta 1770 que llegó la numeración, las casas se distinguían por sus enseñas, de ahí la variedad de animales y emblemas heráldicos. Es una calle con mucho ambiente llena de cafés, tiendas, tabernas, cervecerías y hoteles.

Los emblemas hacen referencia a oficios, como en el caso de la Casa de los Tres Violines, que perteneció a una familia de fabricantes de ese instrumento.

También abundan las embajadas, como la de Italia, que estaba en obras, o la de Rumanía.

Continuamos el ascenso de la calle Nerudova y nos dirigimos al castillo.

El Castillo de Praga, construido en el siglo IX, es el más grande del mundo y el más importante de los monumentos del país. Está compuesto por un conjunto de palacios y edificios de importante valor artístico e histórico conectados por pintorescas callejuelas. No tiene nada que ver con un castillo típico medieval con su fortificación.

Lamentablemente nos encontramos con su entrada en obras.

La historia de la ciudad comenzó con la construcción del castillo, cuya situación estratégica hizo que se situara como centro del territorio y pasara a ser la residencia de los Reyes de Bohemia.  Fue reconstruido varias veces, una de ellas por un incendio. En 1918 se convirtió en la residencia del Presidente de la República, y desde entonces ahí está su despacho.

Pese a los sucesivos incendios e invasiones ha conservado iglesias, capillas, salas y torres de cada período de su historia.

En la zona hay que destacar:

La Catedral de San Vito: Es el símbolo de Praga y de todo el país. Es la catedral más importante de Praga y uno de sus monumentos más significativos. En ella tienen lugar las coronaciones de los Reyes de Bohemia.

Se comenzó a construir en 1344 por orden de Juan de Luxemburgo y se finalizó en el siglo XX. Abrió sus puertas al público a finales de  1929. Se puede subir a sus torres por unas escarpadas escaleras de caracol. La torre más elevada alcanza los 99 metros, mientras que las dos gemelas, los 80. Desde arriba se puede ver el Puente de Carlos, Staré Mesto y Malá Strana.

Alberga la tumba de Wenceslao IV, también conocido como el Rey Bueno y las Joyas de la Corona.

En la parte lateral de San Vito se encuentra el Palacio Real. Se convirtió en el siglo XI en la sede de los príncipes de Bohemia.

En la trasera tenemos el Convento y la Basílica de San Jorge. El primer convento de Bohemia se fundó junto al Palacio Real. Fue reconstruido varias veces a lo largo de los siglos. En 1782 fue clausurado y convertido en cuartel. Entre 1962 y 1974 se rehabilitó para albergar la colección de arte barroco de la Galería Nacional.

La Basílica es anterior a la Catedral y es la iglesia románica mejor conservada de Praga. Se amplió en 973 cuando se estableció el convento. Se reconstruyó en 1142 tras un incendio. Las torres se mantienen de forma similar a cómo eran en origen, pero el color de su fachada fue un añadido barroco del XVII.

Otro lugar a reseñar en la zona del Castillo es el Callejón de Oro. Se trata de uno de los rincones más peculiares del recinto. Es una calle corta y estrecha compuesta por casitas de colores que en el siglo XVII fueron residencia de los orfebres.

El propósito inicial en el siglo XVI cuando se construyeron era que diera cobijo a los 24 guardianes del castillo. Pero un siglo más tarde el gremio de los orfebres ocupó las casas y las modificó.

Durante el siglo XIX fueron habitadas por mendigos y delincuentes de la ciudad hasta que en el siglo XX fueron desalojados y las casas se han convertido en tiendecitas de artesanos que venden marionetas, cristal y otros productos típicos.

Pero, de todas las casitas, destaca la número 22, ya que en ella vivi entre 1916 y 1917 el famoso escritor Franz Kafka (con la puerta verde).

Bajamos de nuevo de vuelta al hotel y continuamos hacia el Puente de Carlos para conocer los alrededores del hotel y buscar un sitio para cenar.

Y con esto, dimos por terminado el día, que estábamos cansados y el calor nos agotaba aún más. Para refrescarnos, nos tomamos una de las famosas cervezas checas.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 8: Brno

Dejábamos Viena para dirigirnos a nuestra última parada del viaje: Praga.

Un trayecto de 4 horas en el que pasábamos por Brno. Así pues, decidimos hacer una parada para estirar las piernas y visitar la ciudad, que se encuentra a 40 km de Austria y 60 de Eslovaquia.

A mí sólo me sonaba de las carreras de motos. Sin embargo, es la segunda ciudad más grande de la República Checa por población y superficie. Además, es la sede de la autoridad judicial de la República Checa, del Tribunal Constitucional, del Tribunal Supreno, del Tribunal Administrativo Supremo y de la Oficina del Fiscal Supremo. También es un centro administrativo importante.

Brno como ciudad se fundó en 1243 y a partir de ahí empezó a desarrollarse. En la segunda mitad del siglo XIII llegarían los colonos alemanes, flamencos y valones y con posterioridad los judíos. En el siglo XVI pasa a ser territorio Habsburgo.

Además, fue importante en la historia de la Guerra de los Treinta Años contra los suecos entre 1643 y 1645 dada su oposición. El general sueco que intentaba conquistar Brno en el 45, cansado ya de tanta contienda bélica, proclamó que si para mediodía no se había hecho con la ciudad, se rendiría. El campanero de la catedral muy avispado, adelantó las doce campanadas a las once de la mañana haciendo que el sueco cumpliera su promesa y se retirara. Desde entonces, las campanas de la catedral dan las 12 cuando aún son las 11.

En el siglo XVIII la ciudad cobró importancia en el ámbito textil y a final del siglo XIX, tras la llegada del ferrocarril, llegó a ser uno de los principales centros industriales de Austria-Hungría. La Revolución Industrial influyó mucho en Brno.

A partir del siglo XX la ciudad se verá azotada por los nacionalismos y las dos guerras mundiales. Tras el final de la primera, Brno se queda en Checoslovaquia, a pesar de tener población mayoritariamente alemana.

A finales de siglo, con la desaparición de Checoslovaquia y la creación de la República Checa, Brno se queda como capital de Moravia haciendo la competencia a Praga, capital de Bohemia. Aunque a mí me parece que están a años luz una de otra. Los puntos más importantes de Brno son el Castillo y la fortaleza de Spilberk, así como la Catedral de San Pedro y San Pablo en la colina Petrov. Destacan también la plaza de Moravia y la de la Libertad.

La fortaleza de Spilberk domina la ciudad. Fue presión estatal, y durante la II Guerra Mundial fue usada por la GESTAPO como centro de tortura. Hoy en día alberga el museo de historia de la ciudad.

El edificio más antiguo de Brno es el antiguo Ayuntamiento, del siglo XIII. De él destaca su alta torre. Se puede subir a ella para obtener unas buenas vistas de la ciudad.

El portal, del gótico tardío, fue construido por Antonio Pilgram, el mismo de la Catedral de San Esteban de Viena. Destaca la torreta principal que está inclinada. Cuenta la leyenda que se debe a que el ayuntamiento no pagó al arquitecto lo que habían acordado y, este, como venganza, decidió, en un acto de ironía, dejar inclinada la torre que está encima de la estatua de la Rectitud.

La Catedral de San Pedro y San Pablo se encuentra sobre el emplazamiento de un antiguo castillo que había en la colina Petrov. Es de estilo gótico tardío del siglo XIII y renovado en barroco entre los años 1743 y 1746 después de que sufriera un incendio provocado por los suecos en 1645 cuando intentaban hacerse con la ciudad.

Las torres y la fachada no se acabaron hasta principios del siglo XX. Las  vidrieras de colores en la catedral son una verdadera joya.

Cerca de la catedral encontramos el Monasterio de los capuchinos de Brno con la Iglesia del Descubrimiento de la Santa Cruz. 

Se trata de un edificio, de origen barroco temprano, donde se encuentra la valiosa biblioteca de los capuchinos. En el interior del monasterio está la tumba de los capuchinos, donde reposan momificados miembros de la orden así como importantes personalidades de la ciudad.

En nuestro recorrido llegamos a la Iglesia de San Miguel, una iglesia dominica blanca que se construyó entre los años 1658-67.

Adentrándonos más, alcanzamos la Plaza de la Libertad, que es la principal de Brno y su centro neurálgico. En ella encontramos la Columna de la Peste.

Seguimos hasta la iglesia más valiosa de Brno: el templo de San Jacobo el Grande, con sus extraordinarias bóvedas en estilo gótico tardío.

Casi saliendo ya del centro de la ciudad se encuentra la Abadía de Santo Tomás. Un monasterio de los agustinos donde residió el famosos genetista de los guisantes Gregor Mendel. En sus huertas desarrolló las leyes de la herencia.

Es la única abadía agustiniana en el mundo.

Volvimos sobre nuestros pasos hacia el centro con dirección a la estación. No nos dio para mucho más la parada, pues íbamos pendientes de coger el próximo tren.

Nos vino bien la parada para estirar las piernas y airearnos un poco en lugar de tirarnos cuatro horas sentados en un tren, pero Brno no nos atrajo en demasía, la verdad. Además, empezaba a hacer calor. Con lo bien que habíamos estado hasta el momento.

Por cierto, los trenes son bien cómodos y equipados con sus bandejas y asientos reclinables. Asimismo, dejan un buen espacio para estirar las piernas y descansar.

Praga, allá vamos.

Interrail por Capitales Imperiales. Conclusiones Viena

Viena, la famosa Viena. Recuerdo a mi profesor de Literatura alemana del siglo XIX que en cada clase nos preguntaba “¿Habéis estado en Viena? ¿Y a qué esperáis? Buscad un vuelo e id a pasar el fin de semana” Pues bien, tenía yo la espinita desde entonces. Tenía ganas de descubrir qué nos podía ofrecer la ciudad para que estuviera tan obsesionado con ella.

Le voy a reconocer que merece la pena visitarla. Me gustó su casco histórico con la Catedral (que recuerda un poco a la Iglesia de Matías de Budapest), El Hofburg, la Iglesia Votiva, el Antiguo Ayuntamiento, sus parques, sus edificios señoriales y también los modernos, como la Hundertwasserhaus. Además, si se es aficionado a la ópera o a visitar cámaras de palacios, se disfrutará aún mucho más. Eso sí, se necesitará de más días.

Mi profesor decía que le dedicáramos un fin de semana. Obviamente, una ciudad con tanta historia no da para verla en apenas dos días. Pero nosotros concentramos lo importante y nos cundió bastante. La idea inicial era dedicarle los mismos días que a Budapest: dos y medio. Es decir, el día que llegábamos, que contábamos con solo la tarde; y dos días completos. Al final, con día y medio nos bastó. Bueno, el tercer día nos acercamos a la Hundertwasserhaus, pero nos llevaría media hora. El clima del primer día también nos condicionó un poco, pues tuvimos que resguardarnos de la lluvia.

En cualquier caso, creo que Viena se puede ver en dos días si se tiene predisposición a andar y sobre todo si tenemos horas de luz, claro, en invierno no dan igual de sí los días. Lo estructuraría:

Día 1: Ringstrasse. La recorrería tranquilamente a pie descubriendo sus rincones, edificios, monumentos e iglesias. Me adentraría en el centro histórico para comer aprovechando para pasear entre sus callejuelas y después volvería al recorrido circular.

Si se hace pesado, se puede tomar el tranvía que recorre la Ringstrasse y así adelantar en tramos menos interesantes.

Día 2: Palacios y Prater. Este día lo dejaría para lo más alejado. Se puede llegar cómodamente en transporte público, así que tampoco se pierde mucho yendo de un lado a otro. Visitaría primero Schönnbrunn, que está en las afueras y es más grande.

Lleva más tiempo y conviene ir con las pilas cargadas para recorrer sus jardines y subir a la glorieta. Después, me iría a Belvedere y buscaría cerca de la zona un sitio donde comer. Aunque como dije en su día, tampoco le dedicaría mucho tiempo sólo por ver sus jardines.

El Stadtpark merece mucho más la pena. Finalmente la tarde para el Prater.

Y en caso de que quedara algo del centro por ver, intentaría volver a media tarde y ya buscaría un lugar donde cenar y rematar el día.

Como siempre, depende de los intereses de cada uno. Si se quiere ver los palacios por dentro, quizá habría que dejar el Prater para otro día. Pero quizá no estés interesado en los parques de atracciones. Para acudir a la ópera solo hay que dejarse parar por alguno de los figurantes disfrazados de Mozart y Sissí en cada esquina de la ciudad. Reparten folletos y te venden las entradas.

En general, la ciudad es cómoda de ver. Tiene muy buena comunicación gracias a las diversas líneas de tren, metro y tranvía. Además, el centro queda recogido por la Ringstrasse y lo más importante está muy concentrado, así que no tiene mucha pérdida.

Para comunicarse e interactuar, cabe recordar que hablan alemán, con unas erres muy sonora (mucho), pero alemán. Eso sí, dominan bastante bien el inglés. Y para pagar, pues están dentro de la zona Euro, así que no hay que andar echando cuentas de a cómo está el cambio, de cuánto sacar/cambiar, de cuánto cuesta una entrada…

Viena es la ciudad del vals, de la ópera, de la música; de Mozart, Schubert o Strauss; de Sissí; de palacios convertidos en museos; de arte; de parques muy verdes y extensos; de tradición, pero también de modernidad; del café y la tarta Sacher; del Schitzler (pollo empanado); de coches de caballos…

¿Habéis estado en Viena? ¿Y a qué esperáis? Buscad un vuelo e id a pasar el fin de semana. Podéis descubrir una nueva Viena.

 

Interrail por Capitales Imperiales. Día 7 II Parte: Viena

Aprovechando que aún nos quedaban unas horas de luz cuando regresamos de Graz a Viena, nos fuimos en busca de algún rinconcillo que nos quedaba por localizar.

Se trataba de la Hundertwasserhaus, un edificio residencial construido entre 1983 y 1985 que se encuentra en la Kegelgasse. Corresponde a un proyecto de 1977 de construir unas viviendas sociales. Lleva el nombre de su creador, Friedensreich Hundertwasser.

A mí me recordó mucho a las obras de Gaudí, con su fachada ondulante, su colorido, con vegetación que crece por los diferentes pisos. No se adapta a ninguna concepción convencional de la arquitectura, sino que es una muestra de la creatividad. No obstante, no todo es tan bonito como parece, ya que su peculiaridad no quiere decir que sea práctico, ya que se tienen que realizar labores de mantenimiento específicas para evitar que las raíces deterioren el edificio, o recurrir a andamios y elevadores especiales para poder limpiar los cristales de la fachada.

Los bajos del edificio tienen el suelo en forma de ola. Que puede resultar muy llamativo, atractivo, diferente… pero me parece un peligro para cualquier peatón, más aún la gente mayor, o quien intente llevar un carrito infantil, una bicicleta…

Consta de 52 viviendas, 4 locales, 16 terrazas privadas, un jardín de invierno, 3 azoteas comunitarias y 2 áreas de juegos infantiles. Junto a los edificios también se puede visita Hundertwasser Village, un centro comercial que sigue la misma estética.

De camino a la Hundertwasserhaus nos encontramos con la iglesia ortodoxa rusa de San Nicolás, dedicada a San Nicolás y a Alexander Newskij. Fue construida en el siglo XIX siguiendo el estilo de las iglesias ortodoxas rusas. Es la iglesia principal de la Iglesia Ortodoxa en Viena, ya que es la sede de la diócesis de Viena y Austria.

Destacan sus dos torres con las típicas cúpulas de cebolla.

Fue gravemente dañada durante la II Guerra Mundial, sin embargo, no se cerró al público, sino que dado que la zona estaba bajo el control soviético, se mantuvo abierta y mientras tanto se llevó a cabo su restauración. Los trabajos terminaron en 1949.

Para finalizar el día, fuimos al Akakiko a por la cena y volvimos al hotel para preparar las mochilas porque al día siguiente partiríamos hacia Praga.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 7: Graz

Como nos habían dando tanto de sí los días anteriores, decidimos acercarnos a Graz, que está a 189 km, unas dos horas y media en tren hacia el sur, más cerca de la frontera de Eslovenia que de Viena.

Graz, con unos 305.000 habitantes, es la segunda ciudad en importancia de Austria. En la Edad Media y durante el Renacimiento se convirtió en ciudad residencial de los Habsburgo. Cuenta con uno de los cascos antiguos mejor conservados de Europa Central y que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. Graz no se libró de la II Guerra Mundial, pero el casco histórico no se vio muy afectado por los ataques, sino que los objetivos fueron la estación central y las plantas industriales del sur y el oeste.

Desde la estación llegamos al centro desde la Annenstrasse tras cruzar el río, donde parece que ha llegado la moda de los candados.

A mano derecha nos encontramos con el Convento Franciscano, uno de los conventos más antiguos de la ciudad, que fue fundado como convento minorita en un lugar estratégico de la muralla. Junto a él está la Iglesia Franciscana, del siglo XIII.

Mientras nos perdíamos por las calles del centro de la ciudad, en un callejón descubrimos una tienda de trajes típicos austriacos.

En cuanto nos adentramos en el centro llegamos a la Hauptplatz, la Plaza Mayor.

En ella destaca el Ayuntamiento, del siglo XIX, con su cúpula, reloj y torres cuadradas.

En el centro de la plaza se encuentra la fuente dedicada al Archiduque Juan.

En la plaza también encontramos la Luegghaus, en el número 11. Se trata de un bello edificio que hace esquina con la Sporgasse. La fachada está decorada con detalles barrocos.

De la Plaza Mayor salen varias calles con bonitas fachadas llenas de detalles pintorescos. La Sackstrasse está llena de tiendas de anticuarios.

La Sporgasse es la calle más antigua de la ciudad, fue la vía que trazaron los romanos desde el valle del río Mur hasta la ciudad romana de Savaria. Hoy en día es una calle dedicada al comercio. Y finaliza a la altura de la Karmeliterplatz, una plaza en la que encontramos la Dreifaltigkeitssäule (columna de la Trinidad).

Esta columna, de 1680, se encuentra junto al Palais Galler, del 1690. Es la calle que nos lleva a la colina Schlossberg.

Es una colina de 473 metros sobre nivel del mar a orillas del Mur. En sus tiempos estaba rodeada de una muralla y de una fortificación de la que sólo se conservan pocos restos, ya que fueron destruidas por Napoleón en 1809. Nosotros no subimos hasta arriba del todo, nos quedamos en la Torre del Reloj, el símbolo de Graz, de 28 metros altura y que data de 1560. El mecanismo original es de 1712 sigue funcionando hoy en día.

Nos encontramos con una profesora de instituto con sus alumnos contándoles la historia de la ciudad.

Desde la zona en la que se encuentra obtenemos una gran panorámica de la ciudad.

Merece la pena darse el paseíto.

De bajada pasamos por la Catedral, de estilo gótico tardío, que fue encargada por el emperador Federico III entre 1438 y 1464. Se encuentra ubicada donde había una iglesia del siglo XII.

Su portada está decorada con el escudo de armas del emperador y, en un lateral, se encuentran los restos de un fresco de finales de siglo XV que muestras las principales amenazas de Estiria de 1480: la peste, las plagas de langostas y los turcos.

A la derecha de la Catedral tenemos el Mausoleum, la capilla del emperador Fernando II. Cerca está el Carillón, en la Glockenspielplatz. A las 11, las 15 y 18 horas se abren las hojas de la ventana del frontón del tejado y sale una pareja tallada en madera, en traje tradicional, girando al sonido del carillón.

Continuamos hasta la Ópera, construida en 1899 según los planos de los arquitectos más famosos de Europa: Fellner y Helmer, ambos vieneses. En ella se conjugan modernidad y tradición.

Delante del edificio de la Ópera tenemos la escultura de hierro ‘Lichtschwert’, símbolo de espíritu abierto y tolerancia.

Desde la colina habíamos visto la Herz-Jesu-Kirche y nos pareció interesante, por lo que decidimos acercarnos. Es la iglesia más grande de Graz y fue construida entre 1881 y 1887.

Fue diseñada en estilo neogótico con una gran nave alta. La torre mide 109,6 metros de altura, lo que la hace la tercera torre de iglesia más alta de Austria.

El altar fue remodelado en 1988 justo después del centenario de la iglesia.

También pasamos por el patio de la Landeszeughaus, la armería y por el edificio del Landhaus en la Herrengasse. Es la antigua sede del Parlamento Regional de Estiria.

De estilo renacentista, fue construido entre 1557 y 1565. La fachada principal está dominada por ventanas y la logia y el patio se abre con grandes arquerías. Su estilo recuerda a un Palazzo veneciano.

En la misma calle se encuentra la Grazer Stadtpfarrkirche zum Heiligen Blut, la Iglesia Parroquial de la Sagrada Sangre, que data del siglo XVI y realizada en estilo gótico tardío.

Cuenta con una torre del año 1780 en su lateral izquierdo. A lo largo de su historia ha pasado por diferentes acontecimientos, ha sido iglesia del convento de los dominicos, ha pasado por reformas barrocas y neogóticas, sufrió las bombas de la II Guerra Mundial.

La Herrengasse nos lleva a una plaza en la que se encuentra la Mariensäule, una columna de 1664 dedicada a la Virgen para conmemorar la victoria sobre los turcos.

Y, para terminar nuestra visita volvimos a la plaza del Ayuntamiento, y pasando por el río, de vuelta a la estación. En las proximidades del río destaca el edificio Kunsthaus, que contrasta con el espíritu tradicional de la ciudad. Evoca a una burbuja azul.

Y flotando sobre el río, la isla del Mur.

A las afueras se encuentra el Castillo de Eggenberg, del siglo XVII, pero no nos acercamos a él. Por lo que vi en alguna foto, se parece al Monasterio de El Escorial.

Graz no resultó ser el sitio más turístico del país, ya que no llega a Viena ni a Salzburgo, pero para lo cerca que lo teníamos, no estuvo mal la visita y el paseo. Bien merece acercarse y dar un paseo por sus pintorescas calles y peculiares fachadas.

Interrail por Capitales Imperiales. Día 6: Viena II

Nos habíamos quedado en la parada para comer. Encontramos el japonés Japanika de casualidad callejeando en la Rotenturmstrasse.

Vaya descubrimiento. Delicioso. Y tras unos noodles con salmón y un plato de arroz frito con verduras y calamares, continuamos la ruta.

Tras salir, a mano derecha se encuentra la Plaza Lugeck, con el monumento a Johannes Gutenberg.

Y volviendo sobre nuestros pasos y siguiendo un poco más, tenemos la Hoher Markt, la plaza más antigua de Viena y uno de los centros de la ciudad romana. En la época de los romanos era donde se desarrollaban los mercados de pescado y tejidos, de ahí su nombre. También se llevaban a cabo ejecuciones públicas.

En el centro de la plaza se encuentra la Josefsbrunnen, fuente de la boda de San José con la Virgen.

Leopoldo I prometió que la construiría si su hijo José regresaba del asedio de Landau. Se ve que en la época eran muy de construir monumentos como pago por promesas cumplidas.

Muy cerca tenemos el famoso reloj Anker, de bronce y cobre, que se encuentra sobre un puente que une dos edificios de oficinas.

Recibe tal nombre por la empresa Anker Insurance Company, que fue la encargada de su construcción. Se terminó en 1914.

Cada hora es señalada por un personaje histórico. Además, a las doce del medio día, los doce personajes salen y desfilan juntos al son de la música del órgano.

El resto que nos quedaba de tarde lo dejamos para los palacios. Comenzamos por el más alejado: Schönbrunn.

Fue el palacio de verano preferido de la familia hasta que en 1918 se derrocó a la monarquía. Hay varios tipos de entrada para visitarlo, pero nosotros no teníamos mucho interés en visitar habitaciones recargadas donde se peinaba Sissí, sino que preferíamos disfrutar de los exteriores. Así pues, decidimos pasear tranquilamente por los jardines, que ya de por sí lleva su tiempo.

Se accede al recinto por un patio en el que encontramos un par de fuentes. A mano izquierda encontramos la Orangerie y a mano derecha el Museo de carrozas.

Dejando de lado el Palacio, nos adentramos en el jardín que está dividido en varias secciones.

Tiene de todo. De lo más completo: un Prado de recreo, un obelisco, la fuente Schöner Brunnen, la de Neptuno, varios estanques (uno en forma de estrella, otro redondo), la rosaleda, una Casa de las Palmeras, un jardín botánico, un jardín japonés, un labertinto y hasta el zoológico más antiguo del mundo (de 1752).

Lo mejor, sin duda, subir a la colina, hasta la Glorieta, una puerta de tres arcos con amplias escalinatas, para disfrutar de las vistas del palacio y de parte de la ciudad, llegando incluso a atisbar a lo lejos la catedral.

Y de un Palacio a otro. Dejamos Schönbrunn y nos acercamos al Palacio Belvedere. También residencia de verano, pero esta del Príncipe Eugenio de Saboya.

Se trata de dos palacios unidos por un jardín francés. El jardín está dividido en tres niveles: la parte inferior representa el dominio de los cuatro elementos, la central es el Parnaso y la superior evoca al monte Olimpo.

En lo alto del jardín se encuentra el Alto Belvedere, el edificio principal con una fachada más elaborada. En su interior se muestran colecciones de pintura desde la Edad Media hasta nuestros días.

En el Bajo Belvedere, de menor tamaño y fachada menos llamativa se encuentras exposiciones de arte barroco austriaco.

Cerca podemos encontrar el edificio que era utilizado como invernadero y que hoy en día alberga exposiciones temporales.

Si no se cuenta con mucho tiempo, yo obviaría su visita, porque no destaca por su majestuosidad especialmente.

Para finalizar el día volvimos al hotel, a descansar. Que vaya tute de día. Al final habíamos finiquitado la ciudad en dos días, cuando lo teníamos previsto para tres. Así que mientras degustábamos sushi del Akakiko (otro gran descubrimiento) y degustaba un nestea de frutos rojos, navegamos en busca de ciudades próximas para poder escaparnos al día siguiente.