Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá. Día 1: Recorriendo Chicago. Lincoln Park, Old Town Triangle y Gold Coast

Nuestra ruta del día comenzaba en el Lincoln Park, pero para llegar hasta allí tuvimos que coger un bus. Como contábamos con nuestra Ventra, no tuvimos que pensar en llevar el importe justo, simplemente de pasarla por el lector. Eso sí, al ser usada más de una vez, da un error, pero la conductora pulsó un botón en su teclado para que nos contabilizara los cuatro viajes.

Ya habíamos visto la noche anterior la peculiar distribución de los asientos, que en algunas zonas están dispuestos en forma de L y da para hacer amigos. También llama la atención el cable que hay que accionar para solicitar parada. Pero sin duda, lo más curioso es que hay que empujar las puertas para abrirlas. El conductor las desbloquea, pero para bajar hay que dejarse caer sobre ellas. Algún bruto le dio tan fuerte, que estuvimos como cinco minutos parados hasta que consiguió volverlas a cerrar.

Nos bajamos en el cruce de N Halsted Street con W Dickens Avenue, y fuimos caminando por la zona residencial en dirección al parque. No parecía que estuviéramos en una gran metrópolis como Chicago, sino por una urbanización en las afueras. Las casas nos recordaban a las de los programas de televisión de los gemelos Scott o de Love it or List it. Si las mirabas de frente podías visualizar el faldón vertical con la descripción y el precio..

El Lincoln Park se encuentra próximo al Lago Míchigan. Su extensión de 4,9 km² lo convierte en el mayor parque público de Chicago.

Pero antes de convertirse en lugar de recreo fue un cementerio público donde eran enterradas las víctimas de cólera y viruela. Dado que estaba a las afueras de los entonces límites de la ciudad, los terrenos eran baratos. Fue en 1850 cuando los habitantes de la zona comenzaron a pedir que se reconvirtiera como zona verde pues como necrópolis era un riesgo para la salud pública al estar las tumbas muy próximas al lago. Así, una década más tarde se exhumaron y reubicaron los cadáveres para convertirlo en parque. Tras el asesinato de Abraham Lincoln en 1865 tomó su nombre en su honor.

Con el tiempo se fue expandiendo hasta que en la década de los 50 del siglo pasado llegó a su tamaño actual. Hoy cuenta en su superficie con el Lincoln Park Conservatory, el Theater on the Lake, el Chicago History Museum , el Peggy Notebaert Nature Museum, el Alfred Caldwell Lily Pool, el North Pond Nature Sanctuary, el Lincoln Park Archery Range , las North Avenue Beach y Oak Street Beach, así como un canal de remo, varios campos de juego y varias estatuas.

Una de ellas es la de William Shakespeare, junto a la que encontramos una placa con un código QR. Al leer dicho código, se reproduce una audioguía con retazos de la historia de Chicago. Las encontraríamos después en varios sitios de la ciudad.

En los aledaños del parque se encuentra el distrito que toma su nombre y que es de un alto nivel adquisitivo.

Continuamos por el parque adentrándonos en el Lincoln Park Zoo, inaugurado en 1868 (lo que lo convierte en uno de los más antiguos de América del Norte). Es de acceso libre y cuenta con 14 hectáreas en las que acoge a unos 1100 animales de unas 200 especies además de un árbol de roble más antiguo que la propia ciudad (data de 1830).

Le debe su origen a unos cisnes que regaló la Junta de Comisionados de Central Park de Nueva York a los Comisionados de Lincoln Park. A estos le siguieron  un puma, tres lobos, ocho pavos reales, cuatro águilas y dos alces. Después el zoo compró un osezno al de Filadelfia. Poco a poco fue creciendo y en la época transcurrida entre 1888 y 1919 se construyeron nuevas estructuras y se adquirieron más animales, sin embargo, el mayor cambio se produjo entre 1970 y 1980.

El zoo cuenta con un oso polar, pingüinos africanos, cebras, flamencos, simios y monos, suricatas, jirafas, antílopes, avestruces, facelas, aves, anfibios…

No lo recorrimos entero, puesto que es bastante amplio y además, prefiero que los animales estén en su hábitat natural antes que en un espacio acotado. Nos limitamos a recorrerlo de norte a sur por el camino principal. Pudimos observar cómo está muy bien indicado con paneles informativos así como zonas interactivas.

También cuenta con áreas de recreo y restauración. Y junto a una de ellas, en el Park Place Café, tenía lugar una clase de zumba (o eso parecía).

Apenas eran las 10 de la mañana y acababa de abrir, por lo que no había mucha gente en el recinto, aunque ya comenzaban a llegar familias con niños y los runners.

Continuamos por la laguna y salimos por la puerta que está junto a la granja, dirigiéndonos hacia el Old Town.

El Old Town guarda la esencia de lo que fue el primer Chicago de casas de madera que acabó arrasado en un incendio. Hoy se conservan casas de madera, pero en algunos casos también han sido sustituidas por otras de ladrillo visto. Aún así, las viviendas tienen mucho encanto con sus puertas de colores, sus ventanas de guillotina, sus típicas escaleras y porches, sus jardines delanteros… También parecen sacadas de los programas de televisión de reformas y compraventa.

En 1948 surgió la asociación Old Town Triangle, que vela por mantener la identidad del barrio en el que se asentaron en la década de 1850 inmigrantes alemanes.

Este distrito histórico queda delimitado por Larrabee St, Lincoln Ave y North Ave y es una tranquila zona en la que apenas encontramos ruido. Parecía que nos encontrábamos en un decorado de Hollywood.

En el barrio se encuentra la Iglesia Católica de St Michael, fundada en 1852 para servir a los alemanes que habían emigrado a Chicago para trabajar en las fábricas de acero.

Su construcción finalizó en 1869 y su torre la convirtió en el edificio más alto de la ciudad, título que le arrebató en 1885 el edificio de la Junta de Comercio de Chicago.

Sobrevivió al Gran Incendio gracias a que buena parte de su estructura era de ladrillos. Así pues, solo ardió la parte de madera. Fue reconstruida poco después. Frente a su portada se encuentra la estatua del arcángel San Miguel, a cuyos pies hay unos baldosines con nombres y fechas.

Continuamos paseando por la West Eugenie Street, observando a cada paso las diferentes casas. Algunas más nuevas, otras con más solera, unas más sencillas, otras con más detalles… pero todas con su encanto y con su personalidad.

Tomando la calle North Wells, buscamos el North Crilly Court, una famosa zona residencial de 1885 que lleva el apellido del agente inmobiliario que la desarrolló. No obstante, fue difícil de localizar, ya que su particularidad es realmente la parte trasera.  Los hijos del fundador reformaron estos edificios de dos plantas construidos en piedra allá por 1949. En esta renovación, cerraron los callejones traseros y así incorporaron un espacio más a las viviendas. Además, cambiaron las simples terrazas traseras que eran de madera, por unas más cuidadas de hierro forjado a las que se podían acceder por escaleras. De esta forma, al quedar la manzana cerrada y con los balcones, se creó una especie de comunidad cerrada muy similar a las corralas. Como es un espacio privado, nos quedamos con las ganas de verlo.

Volvimos pues a la W Eugene, donde en 1886 el arquitecto noruego Harald M.Hansen construyó doce casas de estilo Reina Ana, un tipo de edificios residenciales de ladrillo que se caracterizan por sus porches victorianos, miradores en forma de torre, ventanas variadas y mezcla de materiales en su construcción. Hoy en día podemos encontrar tan solo cinco.

Abandonamos el Old Town Triangle y nos dirigimos a otro barrio histórico, el Gold Coast. De camino nos encontramos con The Moody Church, una iglesia cristiana evangélica un tanto peculiar. Comenzó a construirse en 1925 y combina elementos del estilo románico y del bizantino. Más que una iglesia, su edificio de ladrillo rojo parece un centro comercial. Además, tiene justo al lado una gasolinera…

También es verdad que bordeándola, descubrimos su otra cara, que le da quizá algo más de presencia. Pero aún así, seguía sin recordarme a una iglesia. Desde esta perspectiva me venían a la mente las plazas de toros.

Eso sí, hay que reconocerle su capacidad, ya que puede albergar 3.740 personas (2.270 en la planta baja y 1.470 en la superior) y su diseño hace que su acústica sea casi inmejorable.

En la acera opuesta se alza el Chicago History Museum,  donde se pueden encontrar diversos documentos y objetos sobre la historia de la ciudad. No obstante, nosotros no teníamos entre nuestros planes entrar, por lo que continuamos nuestro paseo adentrándonos en el Gold Coast.

Este barrio, delimitado por North Avenue, Lake Shore Drive, Oak Street y Clark Street, se encuentra pegado al Lago Míchigan y desde él se intuye no muy lejos el Chicago de los rascacielos.

En 1882 el millonario Potter Palmer se mudó a este vecindario a una mansión con forma de castillo y cuarenta y dos habitaciones. A él le siguieron otros acaudalados personajes de la ciudad, por lo que la zona se convirtió en un barrio pudiente. Un siglo más tarde, era el segundo barrio más caro de Estados Unidos, solo por detrás del Upper East Side de Manhattan.

Hoy en día perviven en él casas victorianas además de mansiones (entre ellas la Original Playboy Mansion de Hugh Hefner), edificaciones más modernas, restaurantes y tiendas de lujo.

Uno de los primeros edificios históricos que nos encontramos fue el Germania Club Building, construido en 1889 para, como dice su nombre, albergar la sede del Germania Club, la organización germanoamericana más antigua de la ciudad. No hay que olvidar, que a comienzos del siglo XX la mayor población de inmigrantes de Chicago (casi una cuarta parte del total) provenía de Alemania.

El club, que nació en 1865 bajo el nombre de Germania Männerchor (coro de hombres Germania) para cantar en el funeral de Lincoln, no fue el único de este estilo en la ciudad (en determinado momento había 452 clubes alemanes en Chicago). Sin embargo, sí que fue uno de los más importantes por su longevidad y por acoger a personalidades de alto nivel. A medida que el club fue creciendo, decidieron construir una sede permanente para sus ensayos. El diseño fue encargado al miembro August Fiedler, quien decidió combinar elementos románicos y neoclásicos alemanes.

La construcción se divide en cinco plantas, con los dos pisos inferiores en piedra caliza. Por el contrario, los tres restantes combinan el ladrillo rojo con detalles en verde y queda rematado por una cornisa. En su interior alberga un gran salón de baile, sala de banquetes así como un restaurante y un bar. Hoy ya no pertenece a ningún club, sino que se puede alquilar para la celebración de eventos. Además, en sus bajos cuenta con locales comerciales.

Dado que en el coro se incorporaban cada vez más mujeres, en 1902 se decidió cambiar el nombre de la sociedad, convirtiéndose en el Germania Club.

Seguimos por la W Burton Place para llegar hasta una de las calles principales, la Astor Street. En el cruce de ambas se erige la Patterson – McCormick Mansion, construida en 1891 para la familia McCormick y que se convirtió en un edificio de apartamentos en 1978. Es un ejemplo de vivienda de millonarios que se mudaron a la zona a finales del siglo XIX.

Tomando la calle Astor y las aledañas dedicadas a escritores alemanes volvimos a tener la sensación de estar dentro de un programa de compraventa de casas. Imposible imaginar lo que pueden costar las viviendas en la zona. Mirar sin embargo es gratis.

En la calle Goethe encontramos la residencia de Eugene Solomon Talbot, un prestigioso médico, pionero en el uso de los rayos X para la cirugía oral. También es un reconocido autor y participó en varios congresos médicos internacionales, como en el de Berlín de 1890 y en el de Moscú de 1897.

Paramos en un supermercado de barrio para comprar agua, un picoteo así como pasta de dientes y colutorio. Y justo enfrente teníamos un banco, así que sacamos algo de efectivo para que no nos pasara como el día anterior con las ventra. Este cajero del OAK Bank también aplicaba comisión, pero era algo inferior de lo que veníamos viendo, $2.

Seguimos nuestro recorrido hasta el sur, hasta nuestra siguiente parada, la Newberry Library.

Esta biblioteca recibe el nombre de su benefactor, el banquero Walter Newberry. Fue fundada en 1887, poco después de la muerte de su viuda y se centra en la investigación independiente para las humanidades y las ciencias sociales. Entre sus más de 1,5 millones de libros se puede encontrar Historia y cultura estadounidense, documentos sobre Chicago y el Medio Oeste, Estudios Medievales, Indígenas… pero también sobre Europa o América Latina. Alberga también rarezas como una edición de 1481 de la Divina Comedia de Dante o la Biblia del rey Jacobo.

Está abierta al público y además de poder tomar prestado algún libro o consultar en sala, se pueden visitar diversas exposiciones, conferencias, seminarios o conciertos. Siempre relacionado con sus colecciones, claro. También, cuenta con un programa de becas y de investigación.

Y a partir de aquí ya entramos en un nuevo barrio. Momento para hacer un alto en el camino.

Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá: Historia de Chicago

Tras una reparadora noche, nos levantamos el domingo dispuestos a conocer Chicago. Después de los turnos de duchas y desayunar unos bollos que habíamos comprado la noche anterior en el Seven Eleven, nos preparamos para pasar el día fuera.

Lo primero: activar la tarjeta de teléfono para poder tener internet. Al final habíamos comprado dos. Una para ser activada del 29 de abril al 13 de mayo, y otra desde el 30 al 14, ya que nosotros volvíamos a Madrid más tarde. Para configurarla tan solo seguir hubo que seguir los pasos indicados en la carta que venía con la tarjeta.

Así pues, con internet en nuestros móviles, con las mochilas a la espalda y las cámaras colgadas del cuello, nos echamos a la calle.

Conocida coloquialmente como “la Segunda Ciudad” o “la Ciudad del Viento”, Chicago es la tercera ciudad con mayor número de habitantes en Estados Unidos, detrás de Nueva York y Los Ángeles.

Se encuentra en el medio oeste de Estados Unidos en el Estado de Illinois, cuya capital es Springfield. El quinto estado más poblado (por detrás de California, Texas, Nueva York y Florida) cuenta con una economía diversa que se centra tanto en la agricultura como en el turismo y el sector servicios de transportes y telecomunicaciones.

Gracias a su posición central y la cercanía al Cinturón del Óxido y al del Maíz, Illinois es un importante centro de transportes, en el que destaca Chicago con sus tres aeropuertos. El Aeropuerto Internacional O’Hare (ORD), que es uno de los más concurridos del mundo con unos 67 millones de pasajeros anuales, el Aeropuerto Internacional Midway (MDW), que es el segundo de la ciudad, y finalmente el de Belleville Mid-America (BLV), que sirve al área metropolitana de St. Louis.

Además, el estado cuenta con una amplia red de ferrocarriles – con más kilómetros que cualquier otro del país salvo Texas – y con la tercera red vial más extensa también por detrás de Texas y de California. En Chicago coinciden las 6 principales carreteras de Estados Unidos, y es desde donde sale la famosa Ruta 66.

Los ríos Misisipi e Illinois tambíen proporcionan rutas adicionales mientras que el lago Míchigan conecta Chicago y el resto de Illinois con todas las vías navegables del este.

Illinois queda dividido en tres regiones geográficas:

  • Chicagoland: en el norte, que se extiende hacia la frontera con Iowa. Es una región densamente poblada, muy industrializada, y en la que reside una gran variedad de grupos étnicos.
  • Illinois central: También conocida como la Tierra de Lincoln o el Corazón de Illinois, cuenta con pequeñas y medianas ciudades. Aquí destacan la agricultura, sobre todo del maíz y soja, así como las instituciones educativas y las fábricas.
  • Sur de Illinois: esta tercera región cuenta con un clima más cálido y está algo más poblada que la central. Se caracteriza por yacimientos de petróleo y minería del carbón.

Nosotros íbamos a visitar la primera región, que es donde se encuentra Chicago, situada en el extremo suroeste del famoso Lago Míchigan, el más grande del mundo perteneciente a un solo país.

Los primeros europeos en llegar a la región que hoy ocupa Illinois fueron misioneros franceses con el mandato de explorar y cartografiar el curso del río Misisipi. Así, el territorio pasó a formar parte de Nueva Francia hasta 1763, momento en que pasó a manos británicas. En 1783, tras la Guerra de la Independencia se incorporó al Territorio del Noroeste. El 3 de febrero de 1809 se creó el Territorio de Illinois y el 3 de diciembre de 1818 convirtió en el vigésimo primer estado de los Estados Unidos (aunque Chicago por aquel entonces no formaba parte de él). El nombre se lo dieron por la tribu illiniwek, que residía en la zona.

Por su parte, la historia de Chicago se remonta al año 1780, cuando Jean Baptiste Point Du Sable, nacido en la actual Haití de un francés y de una esclava africana, llegó a la zona. No fue el primero, ya que los indios Potawatomi vivían ya en esas tierras y Louis Jolliet y el misionero Jacques Marquette habían estado allí un siglo antes, pero sí fue el primero en crear un asentamiento permanente. Los indios llamaban al pantano “Checagou/Chicagou” y los europeos lo tomaron primero para el río y luego para la ciudad.

Du Sable se casó con una india potawatomi llamada Kittihawa y tuvo dos hijos, Jean y Susanne. Además de su vivienda levantó un puesto comercial que se convirtió en el principal punto de suministro para comerciantes y tramperos que iban al Oeste. El puesto prosperó mucho y él se hizo bastante rico. En 1796 nació su nieta convirtiéndose en la primera persona nacida en el área del actual Chicago.

En 1833, mediante el Tratado de Chicago, los indios Potawatomi le cedieron a Estados Unidos todas sus tierras al oeste del Lago Míchigan a cambio de una reserva similar al oeste del Río Misuri.

Aunque Chicago sufrió una serie de problemas, incluyendo la masacre de Fort Dearborn por una tribu de indios hostiles y la Guerra de 1812 entre Estados Unidos y Gran Bretaña, logró mantener sus posesiones territoriales y expandir sus límites. El 12 de agosto de 1833 se fundó formalmente la ciudad de Chicago, cuando contaba con una población apenas de 350 habitantes.

Con el desarrollo del ferrocarril y la apertura del Canal Illinois-Michigan, que conectaba los Grandes Lagos con el sistema hidrográfico del río Misisipi-Misuri, Chicago fue prosperando y se hizo el líder en las industrias ganadera, de virutas de madera, de leña y de trigo. A mediados del siglo XIX ya era una ciudad llena de oportunidades y cada año llegaban miles de emigrantes más en busca de trabajo y tierras.

Tan solo cuatro años más después de su fundación ya fue elevada a categoría de ciudad. Contaba por aquel entonces con 4.000 habitantes.

En 1860, Chicago acogió la Convención Nacional Republicana que nombró a Abraham Lincoln como candidato presidencial. En 1861 aunque comenzó la Guerra Civil, no fue un impedimento para que la ciudad siguiera creciendo. El Chicago de la posguerra fue imparable. Aumentó la población, se duplicaron los envíos de cereal y los comerciantes prosperaron.

Sin embargo, sí que amenazó este desarrollo el Gran Incendio de Chicago. La ciudad, construida en su mayor parte en madera, fue pasto de las llamas en el año 1871. El fuego se inició en el distrito maderero de la zona oeste el 10 de octubre y estuvo ardiendo durante 3 días arrasando todo a su paso. Destruyó casi 6,5 km de la ciudad y dejó más de 17.000 edificios reducidos a cenizas. Más de 100.000 personas se quedaron sin hogar y al menos 300 murieron. El reportero Michael Ahern, del Chicago Tribune, afirmó que el incendio lo había iniciado la vaca de la señora O’Leary al golpear una lámpara de queroseno. Sin embargo, más de veinte años después, en 1893, este confesó haberse inventado la historia. No obstante, aún hoy esa invención pervive en el imaginario colectivo aunque la causa siga siendo una incógnita.

A pesar de que un tercio de la ciudad había quedado destruida, enseguida llegaron arquitectos de fama internacional para trabajar en su reconstrucción. Se encontraron con un terreno vacío, por lo que tenían casi total libertad para crear. Y así hicieron: planificaron una nueva urbe moderna y de vanguardia. La nueva Chicago tendría calles estrechas y, para aprovechar el espacio, se daría prioridad a la construcción en altura (con rascacielos erigidos con materiales resistentes al fuego, por supuesto). Esta nueva configuración arquitectónica dio como resultado un laberinto de túneles en el que el viento circula a placer e incluso adquiere mayor velocidad. Así pues, si sumamos que los vientos provenientes del Ártico se expanden libremente cogiendo velocidad al viajar por el Lago Míchigan a este nuevo diseño de la ciudad, no es de extrañar que Chicago sea conocida como la Ciudad del Viento. De esta corriente en la que primaban las altas edificaciones nació la Escuela de Chicago, artífice de la construcción del primer rascacielos de estructura de acero del mundo en 1885, el Home Insurance Building. Este esqueleto le permitía ganar espacio y luz.

Gran parte de los escombros fueron vertidos en el Lago Míchigan como relleno sanitario, formando los fundamentos de lo que ahora el Grant Park, el Parque del Milenio y el Instituto de Arte de Chicago.

Durante el siglo XIX llegaron a Chicago miles de emigrantes europeos huyendo de la hambrienta Europa. Alemanes, ucranianos y, especialmente polacos (es la segunda ciudad del mundo con mayor número de habitantes de origen polaco, solo superada por Varsovia), formaron sus comunidades que se unirían con otras de irlandeses, italianos y judíos. Esta diversidad conformó el carácter mestizo de esta ciudad.

En pocos años, Chicago había resurgido y en 1893 fue elegida sede de la Exposición Mundial Colombina.

En el nuevo siglo la ciudad siguió creciendo. Llegaron muchos afroamericanos desde los estados del sur para asentarse en Chicago y proliferaron los clubes de jazz y blues. Con la llegada de la Ley Seca en 1919 quedó prohibida la producción y venta de bebidas alcohólicas, sin embargo, ello no significó la desaparición de estos bares, sino que varias bandas traficaban con los productos de contrabando. La mayor parte de ellas estaban dirigidas por Al Capone, quien convirtió las calles de Chicago en ciudad sin ley, pero también trapicheaban Dion O’Banion, Bugs Moran y Tony Accardo. Fueron años convulsos con gran criminalidad hasta que finalmente en 1933 se abolió la ley.

En ese mismo año Chicago organizó la Feria Mundial conocida como “A Century of Progress”, una exposición internacional en la que participaron 16 países. Se desarrolló al sur del Navy Pier en 112 hectáreas ubicadas a orillas del Lago Míchigan y a poca distancia del centro de Chicago. La zona de la feria comprendía dos lagunas artificiales y la Northerly Island. Tenía como objetivo mostrar los logros científicos e industriales del siglo transcurrido desde la fundación de la ciudad. Fue todo un éxito sin precedentes con más de 48 millones de visitantes durante los dos años que duró el evento.

Hoy en día Chicago es una de las ciudades más importantes y vibrantes de EEUU. Es un próspero centro internacional de negocios, pero también uno de los principales destinos turísticos del país. Representa el arquetipo de ciudad estadounidense: sus dimensiones son descomunales y su población sigue siendo muy diversa.

Es famosa por su innovadora arquitectura, así como por su historia cultural y política, pero no hay que olvidar sus magníficas instituciones culturales y educativas. Puede presumir de tener dos de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos y del mundo: Universidad de Chicago, cuna de 85 premios Nobel, y la Universidad de Northwestern. Además, es la sede del Instituto de Tecnología de Illinois, de la Universidad DePaul y de la Universidad Loyola Chicago.

Chicago ha hecho significativos aportes a la cultura popular. Es la cuna del blues, jazz y soul. También es el lugar de nacimiento de la música house (como adaptación de la música tecno de Detroit), y el gospel, rock, punk y hip-hop tienen importantes raíces en la ciudad.

También destaca en el deporte, claro, es la ciudad de los Chicago Bulls donde jugó el mítico Michael Jordan. Cuenta además con dos equipos que juegan en las Grandes Ligas de Béisbol: los Cubs y los White Sox. En fútbol americano tienen a los Chicago Bears, en fútbol de toda la vida (el soccer, que lo llaman ellos), los Chicago Fire y en hockey a los Blackhawks.

Si de comida hablamos, destaca por su deep-dish pizza, sus bocadillos de carne a la italiana y sus hot dogs bien cargados. En la ciudad del viento no se estila lo de pan y salchicha con salsas. No, aquí le añaden tomate natural, cebolla en aros, pepinillos, pimiento verde picado y lechuga. Bien contundente, imagino que para aguantar las épocas de frío.

No obstante, aunque las rachas de viento hacen que durante el invierno se lleguen a registrar temperaturas de hasta -30º, Chicago es una ciudad favorable al peatón. De hecho es una de las tres grandes ciudades estadounidenses en las que se puede vivir sin coche. No solo es que el centro quede bastante concentrado, es que además cuenta con el Riverwalk, un paseo peatonal que recorre parte de la rivera del río Chicago. Cuenta con un buen sistema de transporte, el segundo más grande por detrás del de Nueva York.

Su red de metro, más vieja que la de Madrid pues fue inaugurada en 1892, cuenta con 170 kilómetros de vías y es la tercera más transitada de Estados Unidos, solo por detrás de Nueva York y Washington. Se extiende entre Chicago River y Grant Park, por las orillas del Lago Míchigan.

También dispone de una buena red de autobuses.

Además es una de las ciudades ciclistas por excelencia del país gracias a sus 160 kilómetros de ciclovías. Incluso dispone de un sistema de préstamo de bicicletas muy común en Europa, pero no tanto al otro lado del charco.

Y como el movimiento se demuestra andando, vamos a recorrerla.

Preparativos para un Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá III: ESTA, Seguro, Cambio de Divisas y Telefonía

Llegó marzo y aún estábamos con los preparativos del viaje. Ya habíamos cerrado algunas cosas los meses anteriores, pero aún nos quedaba decidir si comprábamos electrónicamente entradas a algunas atracciones y tarjetas de transporte, o bien nos esperábamos a destino. Y ganó la segunda opción. También nos faltaban un par de asuntos importantes que solucionamos en la recta final: la autorización de entrada a Estados Unidos y el seguro.

El Electronic System for Travel Authorization es la autorización que deben solicitar los ciudadanos de los países incluidos en el Programa Visa Waiver, como España. Se ha de tramitar vía electrónica (obviamente, de ahí lo de Electronic) y es recomendable hacerlo directamente en la web oficial y no mediante intermediarios para evitar sorpresas.

Es necesario para la entrada al país por aire o mar y tiene una validez de dos años (o en su defecto hasta que caduque el pasaporte). Sin embargo, la estancia máxima es de 90 días. Es decir, en un período de dos años se pueden realizar varios viajes. El pasaporte ha de ser biométrico y con una fecha de caducidad superior a 6 meses desde la fecha de vuelta del viaje. Por eso esperamos hasta marzo para sacarlo, porque cuanto más ajustado de tiempo (dentro de una franja no límite), más apuraríamos por si quisiéramos volver en 2019 o 2020 a pisar EEUU. Bien de destino final, bien de tránsito. Porque nunca se sabe.

El ESTA se puede tramitar individualmente o grupal, esta última más por ahorro de tiempo ya que el importe es el mismo de una forma que de otra. Una vez decidido este paso, hay que seguir las indicaciones de la web y completar los datos personales tales como nombre completo (tal y como aparece en el pasaporte), fecha de nacimiento, número de pasaporte, fecha de obtención y de caducidad del mismo, dirección de contacto en EEUU (con poner la del primer alojamiento, vale), nombre de los padres, teléfono de contacto, teléfono de emergencia, información sobre los vuelos (número, fecha), sobre profesión y empresa en la que trabajas.

Hay una segunda ronda de preguntas a las que hay que responder SÍ o NO del estilo de si te drogas, si tienes alguna enfermedad contagiosa, si has cometido algún delito o tienes pensado hacerlo en algún futuro… Básicamente consiste en responder a todo que NO (siempre que se corresponda con la realidad, claro). Este tipo de preguntas las hacen para que si luego cometes algún delito, no solo te imputen ese, sino el de haber mentido en tu declaración. Es todo un interrogatorio, aunque no tanto como el de la India.

Normalmente lo expiden casi al instante, aunque a veces puede tardar algo más en caso de que les salte alguna alarma por los apellidos. Hay que quedarse con el número de referencia y consultar, por ejemplo a las 24 horas, si está aprobado. En tal caso, generamos el pdf y nos lo guardamos por si nos lo solicitaran en el control del aeropuerto. Ojo que el ESTA también es necesario si solo se va a hacer escala en el país. Aún así, aunque se haya aprobado el ingreso en el país, la última palabra la tiene el funcionario de aduanas.

Por su parte, Canadá cuenta desde el 29 de septiembre de 2016 con la Autorización de Viaje Electrónica (AVE) o electronic Travel Authorisation (eTA), que es prácticamente lo mismo. La diferencia es que cuesta CAD$7 y es válida durante cinco años. Además, solo existe la opción individual. Por lo demás, se necesita la misma vigencia de pasaporte, se ha de sacar aunque sea para una escala y hay que rellenar una serie de preguntas sobre la información personal, así como si se ha padecido alguna enfermedad o cometido algún delito. No obstante, solo es aplicable si se va a entrar en el país por aire, no para cuando se hace por mar o, como era nuestro caso, por tierra.

Para el seguro finalmente nos decantamos por el Estrella Premium de IATI con 200.000€ de coberturas médicas e indemnización por robo y daño de equipaje a 2.500€ por persona. Comparar seguros también es un quebradero de cabeza, así que hay que cotejar bastante bien las coberturas. Además, conviene saber si en caso de consultas médicas adelantan el dinero o tienen un teléfono de contacto realmente accesible, puesto que en caso de necesitarlo, lo que quieres es que el problema se solucione lo antes posible, no estar además luchando por los reembolsos.

En Estados Unidos mejor no jugársela, ya que no cuenta cobertura universal y una simple consulta médica puede llegar incluso a mil dólares. Si bien es cierto que Obama llegó con su programa del Obamacare con una intención de un sistema de salud casi universal, con Trump se ha retrocedido de nuevo.

A última hora concretamos el tema monetario. En otras ocasiones cuando hemos viajado a EEUU hemos cambiado Dólares, pero esta vez decidimos combinar efectivo con tarjeta. Tanto EEUU como Canadá son países en los que se mueve prácticamente todo vía plástico, pero siempre hay excepciones, claro, así que, por si acaso, mejor llevar papel.

Cambiar no nos salía rentable ni con Euros ni con Libras; y aunque nuestro banco en retirada en cajero extranjero solo nos cobra 2€, independientemente de la cantidad, esta vez queríamos probar un nuevo método: las tarjetas monedero. Por un lado mi hermano se sacó un par de ellas la de Revolut y la de Monzo, por otro, yo elegí Revolut y Bnext.

La de Revolut es una tarjeta MasterCard Contactless permite comprar en más de 130 divisas sin comisiones. Para darse de alta tan solo hay que descargarse la App, crearse una cuenta y solicitar la tarjeta. Puede ser virtual o física. En este último caso cuesta unos 6€ y llega en unos 10 días (o 20€ si eliges el envío exprés en 3). Una vez recibida solamente hay que cargarle la cantidad deseada, activarla y a funcionar. No solo permite pagar en el extranjero, sino que además se puede retirar efectivo sin coste adicional en cajeros de todo el mundo; enviar transferencias tanto nacionales como internacionales de forma gratuita (ojo a esto) y recibir o intercambiar hasta 25 divisas al tipo interbancario (el mejor que hay) y sin comisiones.

Las condiciones pintaban bien, ya que nos podría servir tanto para pagar como para sacar en cajero. Aunque a priori tenía una pega, pues una vez que has sacado más de 200€ en un mismo mes (ojo que no es natural, sino que cuenta desde la fecha del alta), se aplica un 2% de comisión. Al ser un viaje largo, estimábamos que íbamos a sacar algo más, pero como al llevar dos, teníamos un poco de maniobra para disponer al menos de 400€ sin comisiones.

Por su parte, la de Monzo pertenece a un banco que solo opera en Reino Unido y aplica el cambio de MasterCard (cercano al de BCE, que es algo peor al de Revolut). Funciona de forma similar a la anterior, pero con la ventaja de que no cobra comisión alguna al sacar de cajero independientemente de la cantidad (aunque tiene una limitación de $325 diarios) y se puede usar en todo el mundo.

Bnext es una empresa española fundada por dos extrabajadores de BBVA e ING. En vez de MasterCard, es VISA (así que aplica su cambio, que es un poco peor que el interbancario).

Es muy similar a las anteriores y permite realizar un gasto máximo de 2.000€ al mes en comercios internacionales con divisa diferente al Euro, así como sacar hasta 500€ al mes sin comisiones (a partir de dicha cantidad aplican el 1.4%). También se pueden realizar transferencia con ellas y a diferencia de la de Revolut, su envío es gratuito. Así pues, esperábamos poder funcionar durante toda nuestra estancia con estas tres opciones .

Por último nos quedaba solucionar el asunto de las comunicaciones. Cuando viajas con coche es aconsejable llevar una tarifa de voz por lo que pudiera pasar, pero además, es casi imprescindible contar con una de datos, pues la tecnología hoy en día nos hace ahorrar mucho tiempo. En primer lugar teníamos la opción de contratar el servicio de Roaming con nuestras respectivas compañías. Para nada rentable y totalmente descartado.

En segundo lugar, comprar una tarjeta SIM de prepago en destino. En 2012 nos hicimos con una de $10 en San Francisco para poder comunicarnos con nuestra prima y por si necesitábamos contactar con algún alojamiento, modificar alguna reserva o por si pasara algo con el coche. En Escocia, cuando aún no se había eliminado el Roaming, elegimos GiffGaff, pues era mucho más rentable que cualquier tarifa aplicada a nuestras líneas. El problema es que esta vez visitábamos dos países, por lo que necesitaríamos una para Estados Unidos y otra para Canadá.

Nuestra tercera opción era una tarjeta prepago en España con Teleway. La compañía te manda dos números: uno del destino para que las llamadas sean locales y uno virtual para transferir las del número español. Tiene llamadas ilimitadas y 4Gb de datos. Sin embargo, esto solo es válido en Estados Unidos y el precio de la tarifa más barata eran 60€ por 10 días. Así que ni nos servía, porque había que considerar una segunda cuestión, y es que entre nuestra visita a Chicago y la vuelta a Boston pasarían esos 10 días, con lo que ya tendríamos que elegir una superior. Más cara, claro.

Nuestra cuarta alternativa era comprar una tarjeta prepago de Vodafone con la Tarifa Yuser de 10€. Pero seguíamos con el problema de que solo nos servía para Estados Unidos.

Además de las opciones de tarjeta, valoramos comprar un router con tarjeta prepago de datos, pero también quedó descartado ya que quedan fuera las llamadas.

Así pues, teníamos una gran indecisión al respecto. Pero tras mucho investigar, encontramos en Amazon una tarjeta de T-Mobile válida en Estados Unidos y con Roaming para Canadá y México.

Tampoco era especialmente barata, pues eran 40€ para 15 días, pero sin duda era la mejor opción. No solo incluía llamadas y SMS ilimitados, sino que además también datos ilimitados en EEUU y 5Gb de Roaming en Canadá. Así pues, por fin encontramos una alternativa que sirviera para ambos países. Y, aunque había una más barata (33€), tenía el límite de datos en 5Gb, algo que no jugaba a nuestro favor, pues pretendíamos hacer uso del Tethering y dar WiFi a varios dispositivos.

Y finalmente, con todo zanjado quedaba preparar las maletas. Esta vez no era tan fácil como en las escapadas anteriores que habíamos viajado ligeros de y con ropa de verano o entretiempo. Ya había llegado la primavera, sí, pero solo un par de semanas antes estaban teniendo temperaturas bastantes bajas, incluso con nieve.

Y es que el clima en Canadá puede ser frío a finales de abril y principios de mayo. Chicago por su parte tiene fama como la ciudad del viento, así que no podía faltar una buena chaqueta y un calzado que abrigaran bien. Además, parecía que estaba siendo el abril más frío en los últimos 137 años… Por lo demás, ropa cómoda para estar todo el día en la calle. Como siempre en estos viajes largos, opto por llevarme aquellas prendas que ya están algo más desgastadas o viejas por si tengo que ir liberando espacio. Y lo justo de productos de higiene, ya que para 17 días hay productos como la pasta de dientes que trae más a cuenta comprar en destino y compartir entre todos. Además, casi todos los hoteles y apartamentos hoy en día tienen gel y champú. Salvo que tengas unas necesidades específicas o una predilección por alguna marca en concreto, es preferible o usar el que te encuentras el alojamiento, o comprar un bote para compartir en lugar de ocupar espacio desde casa (y arriesgarte a que se pueda abrir en la maleta).

Por supuesto, no pueden faltar ordenador, cámara de fotos, tarjetas de memoria, cargadores, cables de carga…. y un adaptador. No hay que olvidar que tanto en Estados Unidos como en Canadá usan otro tipo de enchufes.

Y algo que es totalmente imprescindible: las ganas de viajar. ¡Allá vamos!

Preparativos para un Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá II: Alquiler de coche y Alojamientos

Durante el mes de noviembre, ya a la vuelta del crucero, nos centramos en concretar la ruta, valorar los días de coche, las paradas y en repartirnos la búsqueda de información. Recuerdo que así había quedado nuestro itinerario.

Ya en diciembre comenzamos a buscar alojamiento. Empezamos por Chicago, nuestra primera parada. Aunque comparamos la opción hotel vs apartamento, finalmente, para mayor comodidad, decidimos quedarnos con la segunda opción y así contar con cocina y más espacio para organizar el equipaje.

Asimismo reservamos una noche de hotel en London, una población próxima a las Cataratas del Niágara, pues ya con la planificación de la ruta vimos que ir de Chicago hasta Niágara del tirón en un mismo día (teniendo que pasar además los trámites de la frontera) iba a ser demasiado.

También en diciembre realizamos una comparativa entre diferentes empresas de alquiler de coche. Toda una odisea. No todas nos cubrían lo mismo, por lo que hubo que desgranar el tipo de seguro que ofrecían, el extra que cobraban por devolver en una ciudad diferente a la de la recogida, si nos incluía un segundo conductor en el contrato…

En el viaje por la Costa Oeste con el Jeep Compass fuimos un pelín justos de equipaje. Y aunque esta vez somos más experimentados y viajamos con menos trastos, al final nos íbamos a juntar al menos con una maleta grande, tres medianas, tres pequeñas y varias mochilas. Así pues, como la diferencia de precio de un SUV pequeño a uno grande no era mucha y sí que suponía un importante aumento de la capacidad del maletero, decidimos plantearnos el siguiente segmento: el Chevrolet Captiva o Ford Edge.

En determinado momento valoramos el alquilar uno de 7 plazas, porque salía incluso más barato. Pero suponía llevar un tanque y sin bandeja que tapara el maletero.

Ya en enero fuimos cerrando el resto de alojamientos. En algunas ciudades elegimos hotel con habitaciones cuádruples que, si te organizas, son una muy buena opción, pues salen muy bien de precio. Pero en otras tuvimos que buscar apartamentos, ya que era más económico y había más variedad donde elegir.

Lo más complejo fue Boston, ya que es extremadamente cara. No solo por ser una gran ciudad, sino porque el hecho de contar con 4 universidades hace que el alojamiento esté muy cotizado.

Al final, el resultado (sin buscarlo) fue una alternancia equilibrada de hoteles y apartamentos. En las grandes ciudades fue más sencillo encontrar apartamento, y en las pequeñas, hoteles:

– En Chicago, apartamento

– En London, hotel: Days Inn London, London

– En Toronto, apartamento

– En Ottawa, hotel: Econo Lodge Downtown

– En Montreal, apartamento

– En Merrimack, hotel: Quality Inn Nashua

– En Boston, apartamento

A la vez que buscábamos alojamiento, íbamos configurando nuestro itinerario, los puntos de interés en cada ciudad y la ruta que haríamos allí.

A principios de febrero cerramos por fin el tema del coche. Nos decantamos finalmente por el Ford Egde en Avis. Gracias al programa de partners de British Airways a mi hermano le salía mejor que directamente con Avis y además nos incluía un segundo conductor, algo que no ofertaba directamente la empresa de alquiler.

En nuestro anterior viaje no tuvimos problema con los conductores adicionales, ya que en el California está incluido, independientemente de que cambies de estado. En este caso habría que haberlo pagado aparte, aunque en el Estado de Illinois parece que el cónyuge o compañero residente en el mismo domicilio (supongo que para parejas homosexuales que no se pueden casar) están automáticamente incluidos en el alquiler como conductor adicional.

En el caso de extranjeros no sé muy bien cómo lo harán, porque una no va con el certificado de matrimonio traducido en la maleta. Y tampoco se cambia los apellidos… De hecho, según su lógica mi hermano y yo podríamos haber sido cónyuges al compartir apellidos. No sería la primera vez que nos han registrado mal en un hotel al ver los pasaportes.

El seguro de base, el LDW (Loss Damage Waiver) nos incluía los daños por accidente, los de los cristales, objetos robados (radio, batería, etc), vandalismo y robo del coche.

Para conducir en el extranjero es necesario llevar un permiso especial que emiten en la DGT. El permiso internacional de conducción ya nos lo sacamos en 2012 y no lo usamos, pero como nunca se sabe, yo preferí asegurar. Según me dijo el señor de la DGT, lo normal es que en la oficina de alquiler no te lo pidan, pero en caso de que te pare algún oficial, seguramente sí que te lo requieran.

El trámite no es muy complicado. Hay que pedir cita en una Jefatura de Tráfico (esto es lo más difícil de todo, pues están saturados) y acudir con el carnet de conducir, una fotografía actualizada, de 32 x 26 mm. en color, completar un formulario y pagar 10,20€. Sales con el libro ya puesto.

En caso de mandar a un autorizado, este ha de acudir con un documento oficial (DNI, carnet de conducir, pasaporte, o fotocopia de alguno de ellos compulsada) además de la fotografía y el formulario. Y pagar, claro. Que por cierto, solo se puede abonar por tarjeta o previamente por la web.

Es un libro con los datos personales del titular así como los permisos que posee pero con la información repetida en diferentes idiomas (español, alemán, inglés, francés, italiano, portugués, árabe y ruso). Tiene un año de validez desde la expedición y no se puede usar en España.

Así con este trámite, llegados a marzo, podríamos decir que estaba toda la planificación prácticamente completa. Tan solo nos quedaba preparar la documentación, las divisas y las telecomunicaciones.

Preparativos para un Road Trip por la Costa Este de Estados Unidos y Canadá: Itinerario y Vuelos

Si algo nos quedó claro en 2012 tras hacer el Road Trip por la Costa Oeste de Estados Unidos fue que la primera quincena de mayo es un filón para los que tenemos los festivos de Madrid. El 1 de Mayo es el Día del Trabajo, que se une al día 2, el de la Comunidad. Pero es que el 15 es San Isidro, fiesta local de Madrid Capital. Así pues, en el mejor de los casos, juntando ambos puentes podemos conseguir 17 días de vacaciones gastando tan solo 8.

Ese escenario se dio en 2017, cuando el 1 y el 15 cayeron el lunes. Si hubiéramos comenzado las vacaciones el sábado 29 de abril y terminado el 15 de mayo, habríamos tenido esos 17 días a los que me refiero. Sin embargo, al surgir el viaje Bombay a finales de marzo – principios de abril, la posibilidad de aprovechar esos días se pospuso a 2018. En este caso, en lugar de 8 días, gastábamos 9, pero también tendríamos 18 días de vacaciones en lugar de 17: del 28 de abril al 15 de mayo.

Y claro, cuando consigues tantos días de vacaciones, ¿dónde te vas? Pues a un destino que se tarde en llegar, de esos que quedan vetados cuando se dispone de una escapada más corta. En nuestro caso estaba sencillo, pues llevábamos 6 años con la idea de otro Road Trip por Norteamérica.

Al principio no teníamos fijada la ruta. Nos habíamos quedado con ganas de visitar Yellowstone, que se podría unir con las Rocosas, Seattle e incluso Vancouver. Pero también nos quedaba mucho por ver en la Costa Este. Incluso el sur con Texas, Luisiana y Misisipi. Pero con el pasar de los años se fue concretando algo más y se fue instalando la idea de recorrer la Costa Este de Canadá.

En el viaje de 2012 viajamos 4: mi hermano, mi prima, mi pareja y yo. Para esta nueva aventura todo apuntaba a que íbamos a repetir integrantes, pero sumando a mi cuñada y a dos primos más. Empezábamos a plantearnos el alquilar una furgoneta, porque si 4 fuimos un poco apretados con las maletas en un Jeep Compass, 7 personas más su equipaje se antojaba complicado aunque nos decantásemos por un todoterreno XL.

Pero como suele pasar en estos viajes, con el devenir de los meses los primos fueron descolgándose, sobre todo por la imposibilidad de pedir los días de vacaciones en esas fechas. Así que volvimos a ser 4, esta vez cambiando a prima por cuñada. Es decir, repetiríamos los mismos del viaje a Bombay.

Dado que ellos viven en Escocia y nosotros en Madrid, cada uno se buscó sus vuelos y nos uniríamos en nuestra primera parada. Para saber cuál iba a ser nuestro punto de partida y fin, como siempre, nos fijamos en los vuelos. Había que saber si nos interesaba volar lo más al oeste posible y terminar en el este. O al revés, empezar cerca de la costa y adentrarnos en el continente.

Y ganó ida a Chicago y vuelta a Boston. ¿Pero no íbamos a ir a Canadá? Pues sí, pero era más barato volar a Estados Unidos, y como no habíamos estado en ninguna de las dos ciudades, pues nos daba un poco igual. Así que después de varias deliberaciones sobre cuántos días dedicar a cada ciudad e intentar no comernos muchos kilómetros diarios con el coche, el itinerario quedó así:

28/04 Vuelo a Chicago
29/04 Chicago (Parte I, Parte II y Parte III)
30/04 Chicago (Parte I, Parte II, Parte III, Parte IV y Parte V)
01/05 Chicago – London
02/05 London – Niágara – Toronto (Parte IParte II y Parte III)
03/05 Toronto (Parte I y Parte II)
04/05 Toronto (Parte I, Parte II y Parte III)
05/05 Toronto – Ottawa (Parte I y Parte II)
06/05 Ottawa – Montreal  (Parte I y Parte II)
07/05 Montreal – Quebec (Parte I, Parte II y Parte III) – Montreal
08/05 Montreal (Parte I, Parte II, Parte III, Parte IV y Parte V)
09/05 Montreal – Merrimack
10/05 Merrimack – Boston (Visita a Harvard)
11/05 Boston (Parte I, Parte II, Parte III y Parte IV)
12/05 Boston
13/05 Boston
14/05 Vuelo desde Boston
15/05 Llegada a Madrid.

A finales de octubre, ocho días antes de irnos de crucero, compramos los vuelos (de nuevo programando un viaje sin haber empezado otro). Llevábamos tiempo haciendo un seguimiento a las diferentes posibilidades Madrid – Chicago y Boston – Madrid. Algunas directas, otras con escala.

En julio rondaban los 600-700€ con Iberia, Brussels Airlines, KLM y AirEuropa, y despuntaba uno por 523€ de Aer Lingus.

En septiembre el vuelo de Iberia (directo) estaba a 604€, es decir, aunque había ligeros movimientos, seguíamos en esa franja de 600-700€.

Por su parte, el vuelo de Aer Lingus (con escala) también se mantenía.

Para octubre cuando fuimos a comprar los vuelos, teníamos dos opciones:

1. Volar directos con Iberia por 650€ (En la ida salida 11:35 y llegada a las 14:00 y en la vuelta 17:35 y llegada a las 6:25).
2. Hacer escala en Dublín con Aer Lingus por 525€ (En la ida salida 10:35 y llegada a las 18:15 con una escala de 3h 30 y en la vuelta 15:50 y llegada a las 9:55).

Comparando horarios, el de ida de Iberia no estaba mal, pues suponía llegar a media tarde. Pero en realidad es engañoso, porque ese día lo pierdes igual entre el cansancio y el jet lag, así que aunque tengas la tarde por delante, no da mucho de sí. Además, nuestros compañeros escoceses tenían su vuelo de llegada a las 18:40, con lo que el de Aer Lingus parecía ser mejor opción.

Con la vuelta pasaba algo similar. Y es que aunque el de Iberia salía por la tarde, la mañana no se puede aprovechar realmente. En primer lugar porque el alojamiento seguramente ha de quedar libre entre las 10-12. Y por otro lado, porque para volar a las 17:35 habría que estar en el aeropuerto a las 15h como tarde. Además hay que tener en cuenta el tiempo que se tarda en llegar. Al final, día perdido. Y sí, llegaba antes a Madrid, pero recuerdo llegar de Nueva York a las 8 de la mañana y pasar una larga jornada en la que me dormía por las esquinas como consecuencia del jet lag.

El de Aer Lingus al salir después de comer, nos permitiría ir más de seguido. Esto es, abandonar el alojamiento, tomar el transporte al aeropuerto y llegar justo para facturar, comer, pasar controles y embarcar. Y en lugar de llegar a Madrid a las 6:25, ya serían casi las 10. No es mucha diferencia, pero ya te pones casi en media mañana y a la que tengas que hacer la compra y deshacer maletas, se te ha ido la tarde y vuelves ya al ciclo normal de sueño. Aunque tengas que acostarte un par de horas antes de lo normal.

Por otro lado estaba el tema económico. La elección radicaba en volar directos o hacer escala y ahorrarnos 125€ por persona (que no es poco).

Pero había un tercer factor que nos terminó de inclinar la balanza: la peculiaridad de la escala de Dublín. Resulta que este aeropuerto cuenta con instalaciones del US Custom and Border Protection (CBP o US Preclearance), por lo que se pueden realizar los trámites de inmigración, aduanas y agricultura antes de embarcar con destino Estados Unidos. Como consecuencia, al llegar a territorio estadounidense se hace como vuelo doméstico. Además, las maletas viajan directamente a destino, por lo que no te tienes que preocupar de recogerlas en la escala.

Así pues, aunque siempre parece más cómodo un vuelo directo, considerando estos tres factores, ganó la opción de Aer Lingus.

Y con el descanso de tener ya el itinerario concretado y los vuelos comprados, pasamos a la siguiente fase, que no era tampoco fácil y requería de su tiempo para una preparación adecuada.

De momento lo dejamos aquí (y nos fuimos de crucero).