Serie Terminada: Sense8

Cuando vi el piloto de Sense8 me quedé con una sensación agridulce. Por un lado me parecía un tanto estereotipada y floja en cuanto a diálogos, mientras que por otro creía que merecía una oportunidad por el argumento y el hecho de que las Wachowski estuvieran detrás. A punto estuve de no verla, pues Netflix decidió cancelarla tras la segunda temporada por su alto coste dejándola totalmente abierta. Sin embargo, la insistencia de los fans en las redes con la campaña #RenewSense8 consiguió que al menos se le diera un final. Lana Wachowski (Lilly abandonó el proyecto en la segunda) ya tenía pensada la tercera temporada (de hecho tenía pensado que la serie durara cinco) por lo que concentró en un episodio de 150 minutos todo el material para darle un cierre digno. Ante tal noticia decidí rescatarla y darle una oportunidad.

Recordemos que Sense8 se centra en la historia de ocho personas repartidas por el mundo que tras visualizar el suicidio de una misteriosa mujer comienzan a descubrir la capacidad para comunicarse entre ellos. Estos ocho personajes son:

  1. Will Gorski: policía de Chicago,
  2. Riley Blue: Dj islandesa afincada en Londres y metida en drogas,
  3. Nomi Marks: hacker y bloguera residente en San Francisco. Es transexual y comparte su vida con su novia Amanita,
  4. Capheus Onyango: conductor de autobús de Nairobi que intenta conseguir dinero para conseguir medicamentos para su madre enferma,
  5. Sun Bak: hija de un importante empresario de Seúl que no es tomada en serio en su trabajo por ser mujer,
  6. Wolfgang Bogdanow: ladrón de cajas fuertes berlinés,
  7. Kala Dandekar: científica de Bombay que está prometida con un compañero de trabajo, y
  8. Lito Rodríguez: actor mejicano con ascendencia española que siempre interpreta héroes masculinos mientras que lleva en silencio su homosexualidad y oculta a su novio Hernando.

Todos ellos han nacido un 8 de agosto y pertenecen a la especie homo sensorium, algo así como una mejora del homo sapiens que tiene la habilidad de compartir conocimientos, sentimientos, emociones, pensamientos y experiencias con los miembros de su clan. Pueden comunicarse teletransportándose físicamente donde se encuentren los otros independientemente de que se localicen a miles de kilómetros de distancia.

En la primera temporada la trama avanza lenta y rápida a la vez. Lenta porque, al igual que los personajes, no terminas de entender qué es lo que está pasando; y rápida porque a pesar de no comprender qué significan esas visiones, esas experiencias, esas conexiones con otras personas, los personajes tienen que protegerse y escapar de una misteriosa organización mundial (con el villano Whispers a la cabeza) que pretende acabar con ellos. A su favor, aparentemente, cuentan con la ayuda de Jonas, otro “sensate”.

Aunque cuesta un poco abarcar cada uno de los caracteres y sus tramas, va haciéndose más fácil a medida que van pasando los capítulos y los 8 se van interrelacionando entre ellos. De hecho, son los momentos en que uno está en problemas y otro acude a ayudarle los más divertidos. Este toque cómico sirve para aligerar la tensión dramática y poco a poco te metes en la historia y acabas enganchándote.

La segunda temporada arranca con un especial de Navidad de dos horas de duración que sirve para hacer un repaso de los dos años entre ambas tandas. Tras este episodio la trama se centra en cómo los ocho protagonistas, que ya han comprendido su realidad y han ido conectando entre ellos, unen fuerzas para acabar con Whispers y la BPO (Biological Preservation Organization), la organización donde este trabaja. Nomi y Amanita están escondidas, así como Will y Riley. Wolfgang (con nuevas amistades -y enemistades- en sus círculos mafiosos) y Sun siguen intentando sobrevivir. Kala y Van Damme consiguen prosperar en sus trabajos. Lito sin embargo ha visto cómo su carrera profesional se ha venido abajo tras salir a la luz su orientación sexual.

Mientras que la primera temporada dejaba una sensación de caos por ese desconocimiento de la trama y los personajes, en la segunda, ahora que ya sabemos de qué va la historia, Sense8 se centra en explorar el mundo de los homo sensorium. ¿Cuántos hay? ¿De qué son capaces? ¿Por qué los persiguen? Miles de preguntas que responder. La serie sube un peldaño profundizando en los personajes, sumando más sentimientos, más conexiones, más historias personales, más misterio y, sobre todo, más acción, ya que no hay capítulo sin persecuciones, peleas, explosiones…

El cierre de 150 minutos pretende resolver todo aquello que quedó en el aire en el final de la segunda. Lo vendieron como una película, pero es muy largo para ser un filme y a la vez muy corto para resumir la trama que estaba planteada para unos 10-12 episodios. Todo se vio precipitado, tanto el tener que atar todos los cabos sueltos, como reunir a todos los personajes (no solo a los 8 protagonistas, sino a los secundarios), algo que imagino que estaba pensado ya no para una tercera, sino para el final de la quinta temporada.

A la falta de tiempo se une un recorte presupuestario, lo que se nota en cómo se han resuelto algunas escenas y tramas. Aunque sigue habiendo cambio de escenario, ya no es momento de rodar en ocho localizaciones tan alejadas entre sí. A mí personalmente me faltó algo más de acción y me sobró buena parte de la media hora final con la boda en la Torre Eiffel. Me da la sensación de que lo único que se pretendía era llegar al corazón de los fans. Con todo, aún así, el capítulo final consigue cerrar la serie de una forma digna dejando el mensaje de que el amor todo lo puede, amor vincit omnia.

Sense8 me ha recordado en cierta manera a Orphan Black. Ambas son series de ciencia ficción en las que una organización misteriosa quiere hacerse con los protagonistas (sean clones o sensates) con fines supuestamente científicos y en ambas el mensaje que subyace es la importancia de la familia. Una familia que no tiene que ser necesariamente de sangre, sino aquella que se elige. Aquella en la que los kilómetros no importan cuando alguien precisa de ayuda o consejo.

Sense8 narra el viaje personal de cada uno de los protagonistas. Expone sus traumas, sus conflictos, sus dudas, sus debilidades… y si consiguen avanzar es gracias a los lazos creados con el resto de personajes. Y es a través de esta transformación personal que se sirve para poner en el centro del relato la diversidad sexual, la multiculturalidad y hablar de derechos y libertades.

Profundiza en la homofobia con la salida del armario de Lito y en la transfobia con el rechazo de la familia de Nomi (sobre todo de la madre) a aceptarla como mujer. No obstante, aunque hay algo de estereotipos, no es algo que defina a los personajes a la hora de relacionarse con el resto de protagonistas. Lito es para los demás el actor mejicano, no se le define por ser gay. Y Nomi es la hacker que les puede ayudar en la huida. Las parejas de ambos son aceptadas en el clan sin ningún tipo de pregunta o comentario. No hay prejuidios. La sexualidad (y el sexo) se tratan con naturalidad y sensibilidad. Y aquí se ve el toque de las Wachowski. Imagino que hay mucho de experiencia personal, de cómo han vivido algunas situaciones y de cómo les hubiera gustado que hubieran sido.

Del mismo modo se afrontan las diferentes razas y nacionalidades. Obviamente la cultura en la que uno crece determina mucho en cómo es ese individuo, pero no se usa como elemento discriminatorio, sino como algo que enriquece al grupo. A lo largo de la serie, cada personaje sirve para reflejar el mundo diverso en el que vivimos. Además, estas localizaciones van en armonía con cada protagonista y el entorno forma parte importante de la historia. No es lo mismo la fotografía en Bombay que en Chicago, en Islandia que en Kenia. Cada historia tiene un espectro diferente, lo que permite diferenciar claramente cada lugar.

No obstante, con tanta diversidad cultural, he echado en falta que se hubiera usado más cada uno de los idiomas locales (español, keniata, coreano, alemán o incluso islandés). Entiendo que tiene más que ver con una cuestión práctica pues los subtítulos pueden llegar a despistar de la trama, pero creo que le habría aportado un toque más personal aún. Podrían haberle sacado algo más de partido al elenco internacional.

Pero en realidad es un pequeño detalle, porque por lo demás, la verdad es que la serie me ha gustado bastante. Tanto por la trama, los personajes,  los actores, las localizaciones, la fotografía y el mensaje que subyace. Aunque terminó antes de tiempo, se ve que había unas pautas, una idea preconcebida de hacia dónde quería ir la historia. Y por lo que pude ver en los extras, muy muy cuidada en la técnica. Y es que aprovechaban los viajes de un lugar a otro para rodar. Como por ejemplo el vuelo de Londres a Reikiavik. Muy interesante también cómo aprovechaban para de una sola toma grabar a varios personajes cuando se intercambiaban.

Una pena que no consiguieran hacer las cinco temporadas para que la historia hubiera sido menos precipitada hacia el final, pero aún así, merece la pena.

Serie Terminada: Orphan Black

Cuando vi el piloto de Orphan Black quedé enganchada automáticamente ante la historia de dobles idénticos y robos de identidades. Así que, cuando supe que habían puesto fecha final a la serie estaba deseando ver del tirón sus cinco temporadas para ver si cumplía las expectativas del primer episodio. Y vaya si cumple. Espectacular. Hacía tiempo que no veía una serie que me tuviera tan enganchada (The Good Wife me gustó, pero son de temáticas diferentes y no se pueden comparar).

Recordemos que el argumento gira en torno a Sarah Manning, quien ve cómo una mujer se tira a las vías del tren y que cuando se acerca a robarle el bolso descubre que es idéntica a ella. Dado que su vida es un auténtico caos (consecuencia de los trapicheos en los que está metida), decide suplantar la identidad de la suicida esperando cambiar así su suerte. Sin embargo, la fallecida (que resulta ser policía) no tenía una vida de rosas y Sarah acaba descubriendo que no es la única mujer que se le parece.

A partir de ahí Sarah intentará no solo averiguar quién era la detective Beth Childs, sino quién es ella misma, para quizás así encontrar el nexo de unión o descubrir si ella también es una copia. Por el camino conocerá a más clones y un peligro en ciernes: alguien las quiere muertas. La serie entra en una espiral trepidante plagada de acción y thriller mezclados con conspiraciones, secretos, sangre, humor, drama y ciencia ficción.

Acompañamos a la protagonista a desenredar la madeja. Pero en realidad la cosa no deja de complicarse a medida que avanzan los capítulos y vamos descubriendo nuevas clones como Alison o Cosima. La primera de ellas podría apellidarse Van de Kamp. Es la típica ama de casa de las afueras que colabora con la parroquia, con el equipo de fútbol de sus hijos, que hace manualidades y organiza la feria anual del pueblo. No tiene nada que ver con Sarah, que nació en Londres y fue adoptada por una irlandesa que se la llevó a vivir a Canadá. Cosima es científica y siendo lesbiana y hippie no podría ser de otro sitio que de San Francisco. Es la clon inteligente y tiene un aura de positivismo que también contrasta con el carácter de Manning, mucho más pasota y negativa.

Todas se parecen físicamente, claro, pues están interpretadas por la misma actriz, Tatiana Maslany, pero sus personajes no podrían ser más diferentes. Es impresionante el trabajo de Maslany para interpretar no solo a estos tres caracteres sino a los que vendrán. Apenas hay caracterización más allá del peinado o el estilismo de cada una, pero consigue dotar a cada clon de su manera de andar, de sus movimientos, de sus tics, de sus matices y peculiaridades, de sus expresiones, de su forma de hablar. Y no se trata solo de una cadencia, de poner la voz más aguda o grave, es que además se mueve en una buena variedad de acentos. Todos estos pequeños detalles otorgan a cada una su propia identidad y hacen que nos creamos todos y cada uno de los personajes.

Esta compleja serie es posible gracias a Maslany, en quien recaen fácilmente el 90% de las escenas. Y no siempre sola, pues muchas veces comparten espacio varias de las clones, momento en que se hace más patente aún lo bien configurado que está cada una de las clones, llegando a olvidar que es la misma actriz quien asume todos los roles. Y para rizar más el rizo aún, es capaz de interpretar a una de ellas haciéndose pasar por otra sin desdibujar a ninguna. Increíble e Impresionante.

Aunque Sarah encontrará un buen apoyo en Alison y Cosima para sus investigaciones, su principal hombro es Félix, que también fue adoptado por la Señora S. Félix vive en un loft y responde a muchos clichés de un artista estrafalario y extravagante pero se le puede perdonar porque la química que tienen ambos actores aporta frescura, humor y sarcasmo a la serie. Y no solo en el dúo Félix-Sarah, sino que alcanza sus mejores momentos cuando es Félix-Alison. Esta combinación consigue añadir una vis cómica en medio de tanta conspiración, de tanto momento sangriento y tanto drama. Aunque el tándem formado por el matrimonio Hendrix (Alison y Donie) le va quitando el puesto a medida que avanza la serie. Y es que los personajes crecen a medida que pasan los capítulos y que todo se va enredando más. Nunca decae, siempre mantiene al espectador en tensión sin saber qué giro vendrá a continuación.

Otro personaje de confianza de Sarah que va adquiendo protagonismo en la serie es Art Bell, el compañero de Beth en la policía. No empiezan del todo bien, pues él ve algo raro en Beth, pero una vez que Sarah le pone al tanto de la situación, se convierte en un buen aliado no solo suyo, sino de todas las clones.

En la primera temporada en realidad no se aclara nada, solo nos sirve para darnos cuenta de que hay algo mucho más complejo detrás de toda la historia de la clonación. Conocemos a Rachel, una nueva clon, aunque esta sin embargo se diferencia de las demás en qué sabe desde pequeña que lo es y pertenece a la corporación que va detrás de todas ellas.

Y aún nos queda por ver en acción a Helena, la taradísima (y fantástica) Helena, educada en un convento ucraniano y a la que han vendido la idea de que ellas es la original y el resto son sus copias.

La trama va ramificándose a lo largo de las temporadas y no hay que perder detalle para no salirse de la historia entre intereses empresariales, neolucionistas, sectas religiosas, proyectos militares-biológicos e investigación científica con el genoma humano. Las clones se ven inmersas en una enorme maraña corporativa de la que solo pueden salir si se unen. Y es que aunque la serie va de la ética y la moral en la experimentación científica, en el fondo, el tema destacado es la familia. Sarah lo daría todo por su familia. Por su madre adoptiva, esa Señora S. con un par de ovarios bien puestos; por su hermano Félix; y, sobre todo, por su hija Kira. Y no duda en ampliar esa red familiar incluyendo a sus hermanas y luchando por salvarlas.

La vida de Alison también gira en torno a su familia. A su matrimonio con un tipo soso y cobarde pero que en el fondo es buena persona, a sus hijos adoptivos y a la comunidad en la que vive. No duda en convertirse de alguna manera en la madre de todas contactando periódicamente con ellas y asegurándose de que están bien. Incluso las acoge en su casa.

Cosima tiene a sus padres lejos y su núcleo familiar es más pequeño, pero cuenta con Delphine, su novia y con Scott, compañero de investigaciones que se convierte en imprescindible.

Incluso la malvada Rachel tiene su red de seguridad en Dyad.

La más solitaria es Helena. Ella va por libre, es más de defender y ayudar a sus sestras que de dejarse ayudar. Pero también acaba arropada por todas las clones, pues pese a su carácter arisco, hay que quererla.

Viendo lo diferente que son cada una de las clones se pone sobre la mesa otra discusión filosófica interesante: la dicotomía entre lo innato en el ser humano y lo aprendido por el entorno. El carácter vs el condicionamiento social. Indudablemente cada una de ellas es un individuo independiente que ha tomado un camino y ha forjado una personalidad en función de sus experiencias vividas.

Sin embargo, a pesar de ser una serie original, de contar con una magnífica actriz protagonista y de plantear temas éticos que dan que pensar, también tiene algún punto flojo. Mientras que las clones y su entorno más próximo está muy bien dibujado, por el contrario hay algunos villanos que están menos trabajados. Supongo que porque tienen menos recorrido y los guionistas les han dedicado menos tiempo recurriendo en muchos casos a estereotipos.

También hay alguna trama secundaria cogida con pinzas, como la de Adele, la hermana biológica de Félix. Entiendo que quisieron ampliar el universo del personaje más allá de Sarah, pero realmente no aporta mucho.

Lo que no se le puede negar a la serie es que engancha, y, por si todo lo mencionado anteriormente fuera poco, en parte se lo debe al rimo sin descanso de cada uno de sus capítulos. Cuando tienes una serie de 10 episodios por temporada no te puedes entretener en minucias, sino que la trama tiene que avanzar sin descanso. Lo que no significa que la historia no cuente con su base y su coherencia. Parece que tenían bien claro en qué querían centrar cada temporada y cómo iba a ser el arco argumental durante todo el metraje.

Además tiene mucho trabajo de postproducción como consecuencia de escenas en las que intervienen varios clones. Hay veces que simplemente están en una misma estancia y no comparten plano, pero otras en las que sí y además se tocan. Y cuando tu serie se basa en esos personajes, tienes que saber hacerlo bien.

Cuesta dejar ir una serie así. Tan entretenida, dinámica, con acción y peligro, con drama y humor negro, con momentos tiernos, otros duros, sangrientos e incluso gores. Y sobre todo con momentos de amistad y sororidad. Porque detrás de todo está la lucha de las protagonistas por su supervivencia siendo libres e independientes. Cada una busca encontrar su propio camino superando sus miedos, adicciones, problemas o enfermedades.

Orphan Black apela a una “galaxia de mujeres” (como dice Félix) que toma las riendas de su vida. Sean buenas, malas, madres, hijas, amas de casa, científicas, heterosexuales, homosexuales o bisexuales, temerarias, dulces, responsables, peligrosas… Da igual, siempre están en primera línea de sus propias vidas. Los hombres que las rodean están para ayudar, colaborar y no para salvarlas cual damiselas en apuros.

Cuesta despedirse de una serie que era como una matrioshka, una serie con miniseries: la científica y conspiranoica, la comedia negra de la familia perfecta de clase media de barrio residencial, la policíaca, el thriller de barrio marginal… Pero sobre todo cuesta decir adiós a las sestras, a la impulsiva Sarah, a la neurótica Alison, a la salvaje Helena, a la dulce Cosima, a malvada Rachel e incluso a Tony, que apenas salió en un par de capítulos o a la hilarante Krystal.

Nueva serie a la lista “para ver”: Counterpart

Reconozco que no soy muy fan de la ciencia ficción, pero cuando vi el trailer de Counterpart me gustó por su estética de thriller de espías. Y también por el giro de guion. Pero empecemos por el principio.

El piloto comienza con el día a día de Howard Silk, un hombre monótono y rutinario que cada mañana antes de ir a trabajar acude a una cafetería cercana para jugar una partida de Go. Después toma el transporte público y durante su trayecto lee una novela. Una vez en la agencia de espionaje de las Naciones Unidas en Berlín donde trabaja, entrega su móvil, se cambia de ropa y realiza sus tareas burocráticas siguiendo las pautas establecidas, por muy absurdo que parezca todo.

El espectador atiende a la sucesión de escenas sin saber muy bien a qué se dedica este anodino personaje. Todo tiene un cierto aire kafkiano. Pero lo cierto es que ni siquiera él sabe lo que hace ni por qué. Eso sí, después de treinta años siguiendo las normas cree que merece un mejor puesto, con más acción, y así se lo hace saber a su superior. Sin embargo, su jefe no lo considera lo suficientemente carismático como para ocupar un puesto en la sección de estrategia y le despacha rápido. Pronto descubre que ya han ascendido a uno de sus compañeros en su lugar.

Por tanto, continua con su vida y acude, como cada día, al hospital, a visitar a su mujer Emily, que lleva seis meses en coma tras sufrir un atropello.

Y así un día tras otro.

Sin embargo, a la jornada siguiente hay algo que pone patas arriba el mundo de Silk. A su llegada a la sede de las Naciones Unidas su pase no es válido y dos agentes de seguridad lo conducen a una sala en los sótanos donde se reunirá con su superior. Este le presenta una dimensión desconocida. Según le cuenta, durante un experimento fallido realizado en la Guerra Fría, quedó abierta una puerta a una realidad paralela a la que solo se puede acceder desde el edificio en el que trabajan. Y mientras Howard intenta asimiliar esta información, hacen entrar a un hombre encapuchado que resulta ser él mismo.

De repente el tipo gris al que le habían rechazado un ascenso por ser poco significativo se convierte en una pieza clave para el gobierno. Y es que hay alguien de una dimensión está matando a gente de la otra de forma indiscriminada y le necesitan para que su Doppelgänger ocupe su lugar y detener al fugitivo.

El otro Howard es totalmente opuesto al que ya habíamos conocido. Este tiene una personalidad más fuerte, es decidido y sí que ha ido escalando puestos, no se ha quedado en un mero subalterno. Y aquí tenemos Leit Motiv de la serie: el what if, el qué habría pasado si el primer Howard hubiera tenido algo más de arrojo que el del otro mundo, si hubiera tomado otro camino. Counterpart nos hace reflexionar en cómo nuestras decisiones y pasos condicionan nuestro futuro.

J. K. Simmons interpreta a ambos personajes con maestría. Tanto al taciturno que viste con tonos oscuros y se fija en los detalles, como al duro y directo. Asume a cada uno de los Howards dándole una porte y una actitud totalmente diferentes.

La ambientación de este universo de despachos y conversaciones secretas está muy conseguida con un tono apagado y opresivo que recuerda a los relatos clásicos de espías. Es un elemento más de la narración que sirve para introducirnos de lleno en el thriller.

Pero no hay que engañarse, no se trata solo de una serie de espionaje y conspiraciones gubernamentales con cierto toque de cine negro; sino que nos traslada a un drama humano al ahondar en la dualidad de los dos Howards.

Y es que si reflexionamos un poco tras el primer episodio nos damos cuenta de que ha sentado las bases de la serie, pero la información va apareciendo dosificada y nos deja con más preguntas que respuestas. Nos hemos metido de lleno en una intriga de la que apenas conocemos más que a sus protagonistas. Habrá que ver los 9 capítulos restantes de la primera temporada para ver si se van resolviendo las incógnitas.

Serie Terminada: Marvel’s Agent Carter

Se han puesto de modas las sagas de superhéroes. Tanto Marvel como DC tienen sus películas y series. Y realmente es un galimatías decidir seguir alguna, porque a la que te descuidas, te hacen un crossover y, o sigues todas, o estas perdida. Esto me ha pasado con Arrow, que hace poco nos hemos puesto al día con las cinco primeras temporadas y a mitad de cada una de ellas se entremezcla con las tramas de The Flash, Supergirl y Legends of Tomorrow, que no sigo.

De Marvel ya descarté en su día Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. Vimos el piloto y no me terminó de convencer, así que se la dejé al amante de los cómics para que la viera solo. Sin embargo, sí que me pareció interesante el primer capítulo de Marvel’s Agent Carter. Y aprovechando las navidades, nos la vimos en modo maratón. Y es que su primera temporada cuenta con 8 capítulos, la segunda con 10. Lamentablemente fue cancelada, además dejando abierta la historia. Una pena. Pero empecemos desde el principio.

La serie arranca con escenas de la película Capitán América: El primer vengador. En esta cinta ya apareció el personaje de la Agente Carter y, más allá de ser la damisela en apuros, resultó ser un personaje digno de ser explotado. Ahora, en 1946, tras acabar la II Guerra Mundial y de perder al Capitán América, Peggy Carter trabaja en las oficinas de la Reserva Científica Estratégica. Los hombres han vuelto de frente, y las mujeres, que se habían encargado de tirar del país, de nuevo se ven degradadas a puestos inferiores. Así, la protagonista será relegada a servir cafés, atender el teléfono, clasificar el correo y archivar documentos mientras sus compañeros hombres reciben las misiones importantes.

Pero ella no se amedrenta ante nada, y menos aún cuando Howard Stark solicita su ayuda. Mientras que el resto de hombres de la oficina la tratan de forma paternalista; Stark, sin embargo, conoce su valía en el frente, por lo que le encarga la misión de recuperar sus inventos que están apareciendo misteriosamente en el mercado negro tras haber sido robados. En la Reserva Científica Estratégica lo acusan de traición y van tras él, pero todo es un montaje. La Agente Carter deberá trabajar paralelamente a sus compañeros para limpiar el nombre de Stark y encontrar a los verdaderos culpables. Para ello contará con la ayuda de Edwin Jarvis, mayordomo personal del inventor (un tanto peculiar y estricto en cuanto a horarios).

Los actores elegidos cuadran muy bien en sus papeles, sobre todo Hayley Atwell y James D’Arcy. El señor Jarvis aporta un toque cómico dentro de la tensión de las misiones, y demuestra ser un compañero fiel.

Marvel’s Agent Carter no es una serie de superhéroes, tiene más bien el toque de drama de espionaje y aventuras clásico. La protagonista no tiene superpoderes, ni lanza rayos, ni se teletransporta, ni lee la mente… eso sí, como buena espía está bien entrenada y aprovecha toda su valía y astucia. Y también le va la acción, para que no nos olvidemos que estamos en un producto Marvel.

Su fotografía recuerda al cine clásico de magnetófonos, salas de baile, señores fumando puros con sombrero y traje. Magnífica la escena en la que Carter va andando con su traje azul y sombrero rojo entre una marabunta de hombres vestidos de gris. También el estilo y los diálogos tienen ese toque de película antigua con cierto toque de cine negro.

Sin embargo, aunque la primera temporada me enganchó, la segunda me decepcionó en gran medida. Con la nueva entrega se pierde la esencia de la ambientación. Por un lado, el enfrentamiento con el machismo de la época desaparece. Mientras que en los ocho primeros capítulos la Agente Carter tiene que reivindicar su puesto ante jefes y compañeros, en la última tanda estos prejuicios han desaparecido totalmente. Que está muy bien como idea, pero no me lo trago.

Por otro lado, en la segunda temporada se ha perdido la ambientación que le daba ese toque de película. Los Ángeles no es Nueva York. No es que sea peor, es que la luminosidad de California no casa muy bien con las historias de espías. Sin embargo, la luz, las calles y los rascacielos de la Costa Este, sí que meten al espectador en la historia.

Así pues, dos aspectos que me distraían de la nueva trama, por un lado la localización, y por otro que el personaje principal hubiera perdido esa rebeldía de los comienzos. No por ella, sino porque nadie le hace frente. Además, el resto de personajes son planos, sin desarrollo. Y los nuevos villanos un tanto descafeinados.

Tampoco la nueva historia me enganchó del mismo modo. Era mucho más interesante la búsqueda de los inventos de Stark, así como mostrar su inocencia, que las amenazas atómicas. Por no hablar de la maldita manía de meter con calzador historias románticas que no vienen a cuento.

En fin, me enganchó el piloto, me gustó mucho la primera temporada, pero me decepcionó la segunda. Quizá deberían haberse plantado tras los 8 primeros episodios a modo de miniserie o película larga y así no se habría desvirtuado el personaje.

Nueva serie a la lista “para ver”: Stranger Things

Stranger Things fue una de las series más comentadas durante el año pasado. Me había resistido a verla porque no me va mucho la ciencia ficción y el argumento no me terminaba de convencer, pero al final este verano le hemos dado una oportunidad.

Cualquier análisis o descripción que se haga sobre la serie es quedarse corto. Tras el visionado del piloto quedan muchas puertas abiertas, muchos misterios por descubrir, muchas preguntas por responder.

La serie transcurre en los años 80, en la ciudad de Hawkins, Indiana, y la acción arranca cuando Will Byers, un chaval de 12 años, desaparece misteriosamente al volver a casa tras haber estado jugando con sus amigos a Dragones y Mazmorras.

Al día siguiente, su madre, interpretada por Wynona Rider, al descubrir que no ha dormido en casa, acudirá a la policía. Amigos, familia y policía comenzarán una exhaustiva búsqueda para descubrir qué ha ocurrido. En el desarrollo de la investigación se toparán con misteriosos sucesos, experimentos gubernamentales y fuerzas paranormales. Además, paralelamente, aparecerá en el bosque una niña con un camisón de hospital y la cabeza rapada que apenas habla y que resultará tener poderes telequinéticos.

Así, leyendo el argumento, da la sensación de ser un típico thriller sobrenatural, pero también hay drama. Aunque parece que va a tocar más palos. Por un lado el terrorífico con ese misterioso monstruo y por otro algo de comedia y aventuras gracias a esta pandilla de protagonistas.

Una pandilla de cazadores de aventuras que ya ha sido bautizada como “los nuevos Goonies”, que se mueven en bici como en E.T., que juegan a Dragones y Mazmorras, que hablan entre ellos con walkie-talkies… Todo huele a los 80. No sé si hay un vacío de creatividad o una nostalgia por el pasado, pero no dejan de aparecer remakes o historias que beben de muchas otras series y películas de hace años. Stranger Things ha combinado las películas de Steven Spielberg con las novelas de Stephen King (y muchas otras referencias que se me escapan) para llevar a cabo un homenaje a aquella época.

Solo con el piloto ya nos podemos hacer una idea de lo bien construida que está la serie. Cuenta con una buena historia, unos personajes creíbles, un magnífico reparto (incluso a pesar de tanto joven protagonista desconocido), una estupenda ambientación, una cuidada fotografía, una tenebrosa atmósfera y una cuidada banda sonora. Todo ello aderezado con la añoranza de los años 80. Y es que supongo que no habría funcionado igual la desaparición de un niño en una época tan tecnológica como la actual, sería una serie totalmente diferente. Aún así, con todo lo positivo que tiene Stranger Things, a mí no me ha terminado de enganchar. Imagino que por muy de los ochenta que una sea, al final te tiene que atraer el género.

Aún así, seguramente siga la historia de esta pandilla aventurera pues sus cortas temporadas la convierten en candidata para un maratón en esos días de sofá, mantita y serie. La primera temporada cuenta con tan solo 8 capítulos, y la segunda con 9. El 27 de octubre volverá la tercera y parece ser que finalizará en la cuarta, según sus creadores. Y me parece acertado, ya que, como sabemos, los niños tienden a crecer. Y ya no sería lo mismo.

Nueva serie a la lista “para ver”: Legion

Estamos acostumbrados a las adaptaciones de los cómics de Marvel y DC bien en formato película, bien serie. Todas ellas suelen tener algo en común: acción, giros de cámara, efectos visuales y poco guion. Legión, sin embargo, no se parece para nada al universo Marvel. Es otro estilo. Trae una propuesta que exige al espectador toda su atención.

Legión cuenta la historia de David Haller, hijo ilegítimo del profesor Charles Xavier, el de la X de X-Men. Haller es un tipo normal que intenta controlar la esquizofrenia que le diagnosticaron hace años. Lleva desde niños oyendo voces en su cabeza, lo que le ha llevado a pasar su existencia entrando y saliendo de hospitales psiquiátricos. Sin embargo, podría no ser un enfermo mental, sino un mutante muy poderoso. El Gobierno lo sabe y experimenta con él.

La serie comienza con David en el psiquiátrico, donde coincidirá con Syd, de quien se enamora. Sin embargo, es una relación peculiar, puesto que ella rechaza el contacto físico con cualquier otro ser humano ( y es que tiene un poder por el que se intercambia con la otra persona). Esta nueva relación conducirá al protagonista a querer centrarse, a olvidar esas voces, ser “normal”. Sin embargo, este encuentro le llevará a valorar la posibilidad de que quizá no tenga una enfermedad mental como todo el mundo asegura, sino que es diferente y no hay nada de malo en ello.

Se plantea así una trama en la que el protagonista emprende un viaje de autoconocimiento en el que ha de luchar contra sus propios demonios. Y le seguimos al otro lado de la pantalla dando tumbos como hace él, viendo la realidad con su mismo filtro. Y es que Noah Hawley, su creador, y también de Fargo, ha querido darle esa estructura caótica a la narración para que lo vivamos como lo hace el personaje. Sin saber qué es o no real, qué es lo que verdaderamente está ocurriendo. El resultado es una narración laberíntica y confusa plagada de saltos temporales. Se mezclan las idas y venidas al presente o al pasado; lo consciente con lo inconsciente; las alucinaciones con la realidad configurando una línea temporal fragmentada.

Durante el visionado tuve sensaciones contradictorias de amor-odio. Por un lado estaba en estado paranoico dando tumbos sin entender muy bien de qué iba la serie. Legión juega a confundir los sentidos, es psicodélica, agotadora visualmente. Puede llegar a saturar al tener que prestar tanta atención a la fotografía, la banda sonora, los personajes, los efectos especiales, la velocidad de la narración, el vestuario, el guion… Es demasiada información concentrada en un solo capítulo.

Pero, por otro, tenía la sensación de estar ante un buen capítulo pues no podía dejar de verlo para no perder detalle de este rompecabezas que es el piloto. Supongo que con este planteamiento, Hawley no pretende llegar a todo el público, pues, como decía al inicio, dista mucho de lo que uno espera encontrar en una película de Marvel. Sin embargo, puede gustar o no, pero lo que está claro es que no dejará a nadie indiferente.

En definitiva, Legión es un thriller psicológico en el que el protagonista es un antiéroe y cuyo enemigo se encuentra dentro de sí mismo. Ha de luchar su propia guerra interna y así conseguir dominar sus poderes de telepatía y telequinesia. Habrá que ver los siete capítulos restantes para completar este viaje psicodélico y siniestro.

Serie Terminada: 11.22.63

El año pasado, allá por el mes de agosto, hablaba sobre la serie 11.22.63 basada en la novela de Stephen King en la que Jake Epping viaja al pasado para evitar el asesinato de JFK y así cambiar el presente. Vimos el piloto, tenía buena pinta y la añadimos a la lista “para ver”. Y después del visionado, he de decir que me ha decepcionado en buena parte.

11.22.63 comenzó prometedora. Parecía que se nos presentaba una serie de suspense, conspiraciones, misterios, secretos y viajes en el tiempo. Sin embargo, el encargo de evitar el asesinato de JFK se queda en segundo plano en la mitad de los 8 episodios que tiene la temporada. Comenzamos en el primer capítulo entendiendo la misión y las tres reglas sobre los viajes pensando que es algo que va a ser recurrente durante el resto de la historia. Sin embargo, pronto nos damos cuenta de que se va a centrar en la evolución del protagonista, un tipo perdido, con una vida vacía, que de repente encuentra su lugar en los años 60. Todo lo demás no tiene importancia, no se ahonda en el resto de elementos de la historia, nos quedamos en lo superficial.

No llegamos a tener una trama de suspense bien aprovechada. Mucho lanzar teorías conspiranoicas en las que interviene la CIA y el FBI, pero en la práctica el espionaje de Oswald no nos lleva a conocer más datos sobre los planes de asesinato, sino que es el medio para que Bill se enamore de Marina y acabe dejando solo a Jake en sus planes de frustrar el crimen.

Pero Jake tampoco está muy centrado como para encargarse de las escuchas, ya que lleva su doble vida como profesor. Y al mismo tiempo, esa vida nos es desconocida, no sabemos gran cosa de sus clases, de su día a día. Nos faltan datos sobre su cotidianidad, tan solo conocemos al director y a la señorita Mimie. Y de nuevo una trama que se queda a medias. Parecía que se iba a afrontar la discriminación que sufrían los negros en los años 60, pero se queda en un quiero y no puedo. El único personaje del colegio que cobra más importancia en la trama es Sadie, la bibliotecaria. Y aún así, es una relación peculiar.

Surge la atracción entre ellos al conocerse y ambos tienen claro que quieren ver adónde les lleva. Ambos están divorciados y no son unos adolescentes, por lo que no están para marear la perdiz. Sin embargo, él oculta muchas cosas. Y poco después descubrimos que ella también tiene sus secretos, como un exmarido que aún no es ex. Y aquí se abre otra subtrama que tal y como viene, se va. Tampoco aporta mucho esta aparición, solo para enmarañar más la narración desviándonos del propósito inicial, el frenar el asesinato.

Así pues, con todo esto, parece que da igual lo que pase con Kennedy, en realidad la serie va de los dos tortolitos que están destinados a un final dramático. Por tanto, llegamos al último capítulo con nula tensión. Sabemos que si se impide el asesinato, Jake y Sadie no podrán estar juntos. Pero si no se evita, tampoco, pues Jake se vería obligado a ir y volver continuamente. En definitiva, muchas tramas secundarias, mucho relleno que nos aleja de un thriller conspirativo y nos acerca a una larga película de sobremesa.

Además de una trama dispersa, se abusa en demasía de una música de tensión que no se corresponde con lo que está ocurriendo en pantalla. Como si le hubieran querido añadir un punto álgido a una escena de relleno. Por no hablar de los diálogos, que la mitad tienen un tono de susurro, como de un hablar sin ganas. O la actuación de James Franco, que parece estar empanado, falto de carácter.

Por otro lado, la época tampoco se aprovecha, no se desarrollan los años 60, no hay referencias históricas o culturales más allá del asesinato y del aspecto racial (que ya hemos dicho que apenas se toca). No es su objetivo, la época es la que es y no parece que interese jugar con el contraste de alguien que viene de 2016 y aterriza en 1960.

El resultado es una serie floja que se ha ido desinflando con cada capítulo perdiendo interés, tensión y emoción desaprovechando los elementos que se desarrollaban en aquel primer episodio. Al final la moraleja que queda tras el visionado de los ocho episodios es que los comunistas son los malos, que más vale lo malo conocido y que hay que sacrificarse por el amor. Porque ya se sabe, es lo que mueve el mundo. El ser humano actúa según su corazón, no siguiendo la razón. La serie en realidad se centra en el renuncia de Jake, que deja atrás la misión de cambiar el pasado para salvar a Sadie y que tenga una vida feliz.

Otra serie pastelosa más.