Serie Terminada: The Big Bang Theory

Tras 12 temporadas y 277 episodios, hace mes y medio The Big Bang Theory ponía el broche final a las historias de Sheldon, Leonard, Howard, Raj, Penny, Bernadette y Amy. Y ya era hora.

La serie comenzó como una de tantas series cómicas basadas en amigos, con la particularidad de que los protagonistas eran unos científicos un tanto frikis a los que les gustaba pasar tiempo jugando a juegos de rol, hablando de cómics, de películas como Star Wars y Star Trek y, por supuesto, de ciencias. Estos amigos son Sheldon Cooper y Leonard Hofstader, doctores en física, que comparten piso y trabajan en la Universidad de Pasadena; Howard Wolowitz, ingeniero, y Rajesh Koothrappali, astrofísico. Completa el reparto Penny, que se muda al otro lado del rellano de Sheldon y Leonard.

No tenía mal planteamiento y resultaba entretenida. Cojeaba un poco al centrarse demasiado en Sheldon Cooper y en cómo se relacionaban los demás con él para no ofenderle. Y es que Sheldon, a pesar de ser un físico con una mente brillante para la ciencia, es nulo en lo que a relaciones personales se refiere. Tampoco hay que olvidar que se basaba en muchos clichés y que había demasiadas referencias científicas y del mundo de los juegos de rol, videojuegos o cómics que a veces hacía que una pudiera perderse. Pero bueno, pese a todo, tenía un cierto punto.

Sin embargo, estos males fueron a más a medida que avanzaban las temporadas. Sheldon cada vez era más insoportable y cada vez me creía menos que alguien pudiera mantener como amigo a una persona como él, tan egocéntrica y ególatra. Por otro lado, los personajes se iban caricaturizando cada vez más y en la tercera temporada llegó el típico giro de este tipo de series: emparejar a los personajes. Así, Leonard y Penny empezaron a salir y se incorporaron al reparto Bernadette y Amy, ambas científicas, quienes se convertirían en las novias de Howard y Sheldon respectivamente. Y The Big Bang Theory dejó de ser una serie de científicos frikis y se convirtió en otra serie más de parejas con gags repetitivos, chistes que no acompañan y unos personajes planos que apenas evolucionan, salvo para casarse y tener hijos.

Hace ya unas temporadas que me interesaba cada vez menos y he estado a punto de dejarla, pero el anuncio de que finalizaría con la 12ª temporada me llevó a verla hasta el final. Hay que darle las gracias a Jim Parsons por anunciar que quería dejar la serie porque ya no había más de donde rascar.

Quizá con el cierre en mente, los guionistas han sido capaces de recuperar un poco el tono inicial de la serie. Aún así, la temporada ha girado demasiado en torno a Sheldon y la nominación al Nobel de Física por una investigación conjunta con Amy. Sí que hay que reconocer que entre tanto Raj también ha tenido su parte de protagonismo desistiendo en su empeño de buscar pareja y poniéndose en manos de su padre, pero el resto de protagonistas han aparecido como comparsas a lo largo de estos últimos 24 episodios.

Como era de esperar Amy y Sheldon consiguen el Nobel, lo que lleva al colapso a Sheldon, quien lleva mal los cambios. Sin embargo, la reflexión que nos deja el final es que todo seguirá igual: el grupo seguirá con sus investigaciones, con sus charlas frikis, con sus quedadas, con sus cenas en el salón de Leonard y Penny, Raj seguirá buscando el amor… El único cambio es que por fin han arreglado el ascensor y que Leonard y Penny van a ser padres.

Y esto último me ha molestado especialmente. Ya no el hecho de que los personajes hayan seguido las típicas pautas de las sitcoms que mencionaba anteriormente, sino porque durante toda la temporada se estaba mostrando un camino diferente. Era una buena oportunidad para mostrar que no pasa nada si un personaje (o una pareja) decide no tener hijos. Penny parece tenerlo claro, no se ve como madre, no necesita esa “evolución”, es feliz como está. Sin embargo, la presión de Leonard (¡que incluso llama al padre de Penny para que le apoye!) y de sus amigos hace que ella se replantee si no estaba equivocada. ¿Por qué nunca se plantea al revés? ¿Por qué nunca se reflexiona sobre si los personajes quieren o están realmente preparados para ser padres?

De hecho es tremendamente insultante cuando no solo se incide en esta pareja, sino que unos capítulos antes ya Amy comienza a manipular a Sheldon para que este vaya enfocando el tema y un día le surja de repente que quiere tener hijos. Es más, en el episodio final rechina el momento cambio radical de la científica con el corte de pelo y cambio de estilismo. Sobre todo porque es un personaje que hasta el momento había pasado de los cánones de belleza. Acaba de ganar un Nobel pero parece que lo único importante para que evolucione es centrarse en su físico… Y no, todo esto no se arregla con el discurso feminista en la entrega de premios. Es lo que ocurre cuando metes un relato con calzador y no porque realmente creas en él.

No obstante, pese a los fallos de la serie, hay que reconocer que han sabido cerrarla bien, haciendo que no pase nada, pero que a la vez Sheldon reconozca la importancia de todos los que le rodean y le consienten tanta “peculiaridad”. Tanta paz lleve.

Figuras Ocultas

Que nos faltan referentes femeninos está claro. Y no es cosa de un único ámbito de la vida, sino que ocurre en todas las esferas, ya sea literatura, filosofía, arte, música, televisión, cine, política, economía o ciencia. Bueno, no, en todas no, porque en la enseñanza o cuidados sí que hay numerosas mujeres. Esta ausencia se suele justificar con que no han sido relevantes. Bien porque en el pasado no tenían hueco fuera del entorno doméstico, bien porque más adelante no han sido lo suficiente buenas. Ya se sabe, para destacar siendo mujer, hay que ser mejor que el resto de los hombres, si no, simplemente se es mediocre.

No obstante, ha habido y hay mujeres que han hecho cosas. Y generalmente desafiando las leyes y a todos aquellos que les ponían zancadillas, incluso sin contar con una habitación propia. Cada vez que digo que me voy de viaje, no falta quien me dice que soy como Phileas/Willy Fogg, recordando al personaje de ficción de Julio Verne; sin embargo, nadie parece conocer a Nelly Bly, que dio la vuelta al mundo en 72 días (en realidad en 72 días, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos). Lo mismo ocurre con la pintura, que ni siquiera las más prestigiosas pinacotecas dan espacio a las obras de mujeres; con los libros de texto que nos omiten autoras como las Sin sombrero, pertenecientes a la Generación del 27; con las politólogas, abogadas o juezas que lucharon por tener un espacio en la política o carrera judicial…

Y claro, también ha pasado en la ciencia. Sí, estudiamos a Marie Skłodowska-Curie, pero por ejemplo no recuerdo haber sabido nada de Hedy Lamarr, la inventora de las conexiones inalámbricas, hasta hace relativamente poco. Y tampoco habría imaginado que en los años 60 del siglo pasado hubiera mujeres científicas en la NASA. ¿Por qué? Porque no se nos cuenta. Y de lo que no se habla no existe.  Así que ha llegado el momento de recuperar a todas esas mujeres en la sombra de las que no hemos oído hablar, de contar las historias de esas figuras ocultas.

Y eso es lo que pretende precisamente la película Hidden Figures (Figuras Ocultas): dar a conocer la historia de la matemática afroamericana Katherine Johnson y sus dos compañeras y amigas, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, quienes trabajaban en la NASA durante la Guerra Fría cuando EEUU estaba en plena carrera espacial contra la URSS. Basada en el libro homónimo de Margot Lee Shetterly, el título juega con el doble sentido de la palabra inglesa figure, que puede significar tanto persona como cifra.

La cinta cuenta la historia de estas tres mujeres cuyo trabajo ha pasado inadvertido a pesar de que jugaron un papel crucial en la misión que llevó al astronauta John Glenn a finalizar con éxito la primera órbita completa alrededor de la Tierra y más tarde al Apolo 11 a la Luna. Reivindica el valor de las mentes brillantes independientemente de su género o su color de piel.

Daba igual lo portentosas que fueran, puesto que solo por el hecho de ser mujeres quedaban relegadas a un segundo plano, como aquellas periodistas que nos mostraba Good Girls Revolt que nunca podían firmar sus trabajos, pese a que ellas habían llevado todo el peso de la investigación y documentación. En este caso los hombres son quienes desarrollan las teorías, quienes hacen las pruebas… sin embargo, todo el cálculo que hay detrás lo hacían ellas. Pero además de encontrarse con este techo de cristal, estas científicas tenían una segunda traba: que eran negras. Y eso, en una sociedad racista como lo era la estadounidense a principios de los 60, significaba que la segregación racial era algo natural. Había movimientos que reivindicaban derechos civiles, pero aún los negros se tenían que sentar atrás en el autobús, acudir a bibliotecas o escuelas solo para ellos y quedaban relegados a otro edificio en sus lugares de trabajo. Así pues, por ser mujeres quedaban relegadas a los cálculos, y por ser afroamericanas, desplazadas en un sótano oscuro en el ala oeste de la NASA, lejos de donde se encontraba el movimiento.

Y mientras EEUU no estaba aprovechando todos sus recursos humanos por el machismo y el racismo de su sociedad, la URSS, tras mandar al espacio a Yuri Gagarin en 1961, decidió que también tenían que mandar a una mujer. Valentina Tereshkova, una obrera que trabajaba en una fábrica textil y paracaidista aficionada fue la seleccionada entre más de cuatrocientas candidatas, y tras unos meses de pruebas y entrenamientos, fue enviada al espacio en 1963 convirtiéndose en la primera astronauta y a la vez la primera civil en hacerlo. Estados Unidos mandaría a la primera mujer (Sally Ride) en 1983, un año después de que la URSS enviara a Svetlana Savítskaya. Este año parece que EEUU iba a haber una salida espacial con dos mujeres, sin embargo, en el último momento tuvo que ser mixta porque la NASA solo tenía un traje de la talla M, justo la talla que compartían las dos astronautas…

Volviendo a la película, cuenta con un magnífico reparto. Las tres protagonistas brillan por sí solas y pero también funcionan bien juntas gracias a la buena química entre ellas. No hay enemistad, sino sororidad, y se agradece ver cómo se apoyan. Es verdad que destaca un poco más el personaje de Johnson sirviendo de hilo conductor, pero cada una de ellas tiene su hueco.

Así, conocemos también la historia de Dorothy Vaughan que lucha por convertirse en supervisora (ya lo es en funciones) y que cuando descubre que la llegada de los ordenadores puede dejar a todo su departamento en la calle, decide adelantarse y formar a las calculadoras que tiene a cargo para que cuando se instauren las máquinas, sean imprescindibles como hasta ese momento.

La tercera mujer es Mary Jackson, que quiere ser ingeniera espacial pero que no puede ejercer como tal porque le falta formación a la que no puede acceder por ser negra. La pescadilla que se muerde la cola. Pese a que tiene en contra a su marido, a su entorno laboral y a la sociedad racista, no se frena y va a los tribunales para solicitar que le dejen realizar el curso.

Este equilibrio de luchas de las tres protagonistas favorece el ritmo de la trama y hace que el espectador no se pierda entre tanta cifra y cálculo matemático.

La prepotencia masculina queda reflejada en el personaje de Jim Parsons, un tipo tan repelente y odioso como el Sheldon Cooper que le llevó a la fama. No entiende que Katherine vaya a revisar sus datos, pues no concibe que una mujer negra vaya a ser más inteligente que él o el resto de sus compañeros ingenieros, y le pone todas las trabas posibles. Representa el machismo y racismo combinado con la envidia profesional.

Figuras ocultas resulta entretenida. Es verdad que es una película amable, de propaganda cultural que se queda en la superficie y no profundiza en demasía. Esto se ve claramente en la forma edulcorada de tratar la discriminación huyendo del drama. No se ahonda en la culpabilidad de los blancos que miran para otro lado y que solo con no intervenir ante una situación de injusticia ya están perpetuando ese sistema racista al que le echan la culpa. Solo hay un atisbo de rebeldía cuando el jefe de Katherine arrasa con el letrero del baño de negras. Y tengo mis dudas sobre sus razones. Me da la sensación de que la motivación tenía más que ver con el tiempo que pierde su empleada y que hace que el trabajo sea más lento, y no tanto con la defensa de los derechos civiles. En cualquier caso, parece que este suceso no ocurrió en la realidad, sino que es una licencia cinematográfica. La Katherine original simplemente usaba el de blancas que tenía cerca.

Sin embargo, pese a la simplicidad o las licencias, hay que reconocer que cumple con el cometido de dar a conocer a estas tres científicas, de despertar la curiosidad y admiración del espectador hacia su figura y sus logros.

Katherine Johnson, aquella niña que comenzó el instituto con 10 años y acabó la carrera con 18, tras los sucesos que podemos ver en la película, siguió trabajando en la NASA hasta su jubilación. En 2015 Obama le concedió la Medalla de la Libertad, el mayor reconocimiento civil del país.

Dorothy Vaughan por su parte acabó siendo una de las mejores programadoras del país y la primera mujer afroamericana en contar con un puesto de dirección en la historia de la NASA. Falleció en 2008.

Mary Jackson consiguió continuar con sus estudios y se convirtió en la primera ingeniera aeronáutica. Se especializó en el procesamiento de datos obtenidos en los vuelos y los túneles de viento y tras 34 años en su puesto, pasó a formar parte de la Oficina de Igualdad de Oportunidades de la NASA. Incluso acogió en su casa a las nuevas reclutas que necesitaran ayuda o consejo para su adaptación. Falleció en 2005.

Tres brillantes mujeres que no solo se abrieron camino, sino que lo hicieron para todas aquellas que vinieron después.

Prueba de Ascendencia Genética MyHeritage

Hace tiempo que mi hermano y yo oímos hablar de las pruebas de ADN y sentíamos curiosidad por conocer nuestros orígenes étnicos. Sin embargo, en lugar de hacérnosla nosotros, pensamos que era mejor que se la hicieran nuestros padres y así poder contar con más datos. Al final, lo que les saliera a ellos nos iba a llegar en mayor o menor porcentaje a nosotros (heredamos el 50% de cada progenitor, pero cada hermano combina de una forma diferente esas dos cargas genéticas). Así pues, para reyes, les regalamos un kit a cada uno de ellos.

Elegimos la empresa MyHeritage. Hay una veintena de empresas que hoy en día se dedican a rastrear el ADN, unas más sencillas, otras más complejas que además ofrecen información salud genética, posibles enfermedades (o predisposición a patologías), farmacogenética, cuidado de la piel, deporte y nutrigenética. La nuestra es de las sencillas y solamente revela los orígenes étnicos pudiendo categorizar hasta 42 regiones (incluidas 7 regiones de Asia oriental).

El kit incluye las instrucciones, un par de bastoncillos y un par de botecitos. Además cuenta con un sobre de burbujas para el envío de las muestras (no está franqueado). El procedimiento es muy simple: hay que frotar cada uno de los bastoncillos en el interior de la mejilla durante un minuto (a lo CSI) y después cortarlos e introducirlos en sendos botecitos. Estos se guardan protegidos en una bolsa y finalmente en el sobre para su posterior envío. En otras pruebas en vez de con el hisopo hay que llenar un bote con saliva… algo un tanto menos cómodo.

Cada caja lleva un código único. Tras registrarlo en la web, permite realizar seguimiento de la muestra y la posterior consulta de los resultados. En nuestro caso, como teníamos dos pruebas, mi hermano creó un árbol genealógico familiar.

El envío a Texas tardó unos 10 días y a partir de ahí recibimos alertas de todo el proceso: de la recepción en la empresa, del inicio del análisis y finalmente de los resultados. En total desde que los mandamos pasaron como unas 8-10 semanas. En teoría tardan unas 4 semanas, pero parece que estaban cambiando la metodología del análisis en laboratorio y por eso se retrasó un poco más.

Y, ¿qué pasó con los resultados? Pues se constató que nuestra familia no parece haberse movido mucho en las últimas generaciones (abarca entre 8 y 10), aunque alguna sorpresa sí que encontramos. Los resultados nos indicaron que la rama materna es 84,4% Ibérica y un 15,6% Europea del Noroeste (que incluye las regiones de Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania y Dinamarca).

La etnicidad ibérica incluye la península y recoge la influencia de todas las civilizaciones que han pasado por aquí a lo largo de la historia. Esto quiere decir que hay rasgos étnicos de tribus íberas, de celtas, de judíos y norafricanos. En este aspecto, nada de sorpresa, ni por la etnicidad, ni por el porcentaje.

Por su parte, el 15% restante podría indicar que hay un/a bisabuelo/a de nuestra madre que llegó a España desde el norte. Estaríamos hablando de mediados del siglo XIX, momento en que tuvo lugar la Revolución de 1848, un movimiento que recorrió toda Europa. Así que, quizá algún francés acabó estos lares… Quién sabe.

Los análisis permiten además ver si hay coincidencias con otros usuarios de la base de datos de la empresa. En este había alguna coincidencia lejana que la web marca como posibles primos terceros de parte de abuelos, bisabuelos e incluso tatarabuelos, por lo que nada concluyente. Pero casualmente en una de estas coincidencias el cuarto apellido de nuestro abuelo, un apellido no muy común, aparece en su árbol, con lo que no parece muy descabellado que efectivamente haya un pariente común si echamos la vista atrás unas pocas generaciones. Además, estamos hablando de la misma provincia en la que nacieron nuestros abuelos…

Por la rama paterna salió un poco más repartida la cosa. Nuestro padre tiene un 88,1% de Europeo del Sur (67,3% Ibérico, 19,4% Italiano y 1,4% griego) y un 2,5% de Balcánico. Pero además, un 8,2% de Norafricano y un 1,2% de Nigeriano. Muy curioso el asunto.

De nuevo el dato ibérico no nos sorprendió, pero el resto de etnias europeas sí. Sobre todo porque suman un 23,3%, y es un porcentaje bastante alto. De nuevo nos pusimos a elucubrar y llegamos a la conclusión de que esos datos tendrían que venir por la parte materna, ya que nuestra abuela de segundo apellido tiene el nombre de una ciudad italiana. Normalmente estos apellidos con base toponímica hacían referencia al lugar de procedencia de los individuos (muy frecuente su adopción en movimientos migratorios) y su madre además tenía nombre italiano. Además, siempre nos ha llamado la atención que fuera rubia, de ojos azules y con la piel muy clara. Ese 19% de etnia italiana quizá venga de algún antepasado de la época de Amadeo de Saboya… Son especulaciones, desde luego, pero ahí se ha quedado la espinita por saber más.

El 9% africano es curioso también (sobre todo el nigeriano, pues norafricano es más evidente), pero es más residual y además podría de venir de ambas ramas, tanto de nuestra abuela, como nuestro abuelo. Aunque apostamos por este último.

También en esta ocasión encontramos varias posibles coincidencias de familiares lejanos, pero nada significativo.

En cualquier caso, es un experimento interesante que permite averiguar de dónde venimos y porqué tenemos los rasgos que tenemos. Quizá incluso sigamos investigando la rama de nuestros abuelos para tener más datos.

Órbita Laika

Hoy voy a hablar de tele, pero no de series. El domingo pasado acabó la primera temporada de Órbita Laika. Un programa de ciencia que comenzó allá por el mes de diciembre y que emitía La2 a las 23 horas.

Lo confieso de antemano, si no lo presentase Ángel Martín, seguramente habría cambiado de cadena, pero este showman catalán me tiene encandilada desde la época de Sé lo que hicisteis. Y es que a mí la ciencia no me atrae mucho, he sido siempre de letras puras. En el colegio las matemáticas no se me daban mal, pero si entrábamos ya en ciencias naturales, física, química, biología… no eran para mí. Así que a priori un programa de ciencia un domingo a las 11 de la noche parece que no me iba a tener como espectadora.

Pero cuando el conductor es Ángel Martín la cosa cambia. Porque sabes que va a tener humor y porque sabes que será para tontos.

La temporada empezó bien, con humor, el presentador comenzaba cada semana con un monólogo y además tuvo como madrina en el primer programa a Ana Morgade, que también me encanta con ese toque irónico que tiene. Ana ejerció de madrina, y tras una entrevista, se quedó en el sofá participando en las explicaciones y curiosidades que se iban dando a lo largo del programa. Dinámica que se repitió con cada uno de los invitados, la mayoría humoristas, la verdad, supongo que Martín tiró de su agenda y llamó a sus colegas.

Órbita Laika es un programa de ciencia en el que ésta se le presenta al espectador desde un punto de vista llano, para que todo el mundo lo entienda. Sí, hay términos científicos, incluso experimentos y demostraciones por medio de sus colaboradores expertos en diferentes áreas, pero como digo, muy de andar por casa.

colaboradores

Los colaboradores y las secciones están bien diferenciados para tocar todas las áreas, la parte matemática, la biológica, la genética, experimentos mezclando bioquímica y la cocina… Mi espacio favorito es el de los vídeos de youtube de Clara Grima, aunque la parte de Antonio Martínez Ron es muy curiosa, quizá porque demuestra la teoría por medio de la práctica. Quizá la parte que menos me gusta es la del señor Cervera, que toca más el punto histórico.

El programa parece haber funcionado bien, a pesar de la audiencia de La2, ha sido TT en Twitter cada semana. Además, ha recibido recientemente el Premio Zapping como el Mejor Programa Cultural, Divulgativo y Documental, así que han decidido renovarlo una temporada más. Decisión que aplaudo.

Tanto si eres de ciencias como de letras como una servidora, creo que te va a gustar Órbita Laika. Si eres de los entendidos porque asentirás mientras ves el programa corroborando que lo que explican es cierto, y si eres de los míos porque te sorprenderás dándole lógica a aspectos que antes no tenían, o entendiendo tal o cual fenómeno. Me parece mucho más acertado este tratamiento de la ciencia que el que hacen en el programa de Pablo Motos.

Veremos a ver qué nos depara la segunda temporada y espero que vengan muchas más. Quizá incluso algún profesor de colegio o instituto lo use en sus clases. Seguro que los alumnos se sentirían más atraídos por la ciencia.

Serie Terminada: Eureka

Seguimos con la racha de series acabadas, y en este caso, sigue un poco la línea friki como The IT Crowd. Este fin de semana hemos terminado con la 5ª y última temporada de Eureka, una serie de ciencia ficción que me recuerda a Regreso al Futuro.

Se trata de una serie que transcurre en la ciudad de mismo nombre en la que todo el mundo es un cerebrito, supergenios que trabajan en la gran empresa de investigación Global Dynamics en la que prueban y experimentan en el ámbito científico y tecnológico. Eureka es una ciudad que no aparece en los mapas, es un proyecto del Gobierno, sin embargo, un perdido Jack Carter sufre un accidente con su coche junto con su hija adolescente Zoe (siempre hay protagonista divorciado con hija adolescente) y acaba en el pueblo atravesando un agujero o puerta al más puro estilo Stargate. Como Eureka no tiene sheriff, Jack aceptará la vacante y se quedará a vivir en Eureka.

Digo que me recuerda a la saga Regreso al Futuro, pues tenemos a locos investigadores con teorías descabelladas, con pruebas, con inventos que se les descontrolan… avance en el tiempo y en el espacio… no sé, tiene ese punto. Y lo que le da los pies en la tierra es el protagonista, Carter, un tío normal y corriente, que no entiende cuando habla con el resto de habitantes de Eureka con su lenguaje enrevesado, sus protones, sus moléculas, sus generadores, sus partículas, sus algoritmos… él hace al espectador saber de qué están hablando reduciendo los inventos a “el chisme que explota”, “el láser gigante”, “el aumentador de fuerza” y cosas así.

Completan el reparto la Doctora Blake, que es la directora de Global Dynamics, Nathan Stark, el antagonista de Jack, Jo Lupo, la ayudante del sheriff, e investigadores como Henry o el joven Fargo. Y no os perdáis al personaje más absurdo y divertido de todos, Jim Taggart, todo un personaje al más estilo Doc.

Es una serie familiar, apta para todos los públicos, sus temporadas son cortas, de 13-18 capítulos, y tiene bastantes situaciones absurdas y divertidas. No es una serie muy trascendental, pero sí para entretener. Una pena que ya haya acabado.