Professor Marston and the Wonder Women

El personaje de Wonder Woman está más vivo que nunca. En una época en la que raro es el mes en que no se estrena una película de superhéroes, Patty Jenkins hizo resurgir a la superheroína más famosa e influyente de todos los tiempos. Y como ya ocurriera con el cómic en el pasado, ha sido un éxito y ha impactado en la sociedad convirtiéndose en una figura de referencia para las nuevas generaciones.

La influencia a través de la cultura popular es algo que vio claro el psicólogo William Moulton Marston, creador del personaje de Diana de Temiscira, Diana Prince o Wonder Woman. El nacimiento de la superheroína queda recogido en la película Professor Marston and the Wonder Women que, tras su estreno en el Festival Internacional de Cine de Toronto de 2017 y de exhibirse en las salas de Estados Unidos desde el 13 de octubre de 2017 ha llegado a España en formato doméstico sin ser estrenada en los cines.

La cinta comienza en 1945, con el profesor Marston defendiéndose ante la Comisión del Cómic de EEUU que le acusa de que las historias de su personaje están cargadas de perversiones por reflejar homosexualidad, sumisión y tortura. A partir de ahí hay varios saltos temporales entre los testimonios del psicólogo que nos sirven para conocer el nacimiento de Wonder Woman y de los acontecimientos que le han llevado a la comparecencia.

Retrocedemos así a los años veinte, momento en que Marston ejercía como profesor de psicología en el campus universitario femenino de Radcliffe mientras su mujer Elizabeth, también psicóloga y tanto o más brillante que él, se tenía que conformar con colaborar con él sin derecho a plaza propia o reconocimiento académico por el hecho de ser mujer. Además de las clases, en las que William desarrollaba su modelo de conducta social y emocional al que llamó DISC, acrónimo de Dominio, Influencia, Sumisión y Conformidad; ambos están metidos de lleno en la creación del primer detector de mentiras. Su vida cambiará de golpe cuando contratan como asistente de investigación a Olive Byrne (hija de Ethel Byrne y sobrina de Margaret Sanger), con quien comenzarán una relación tanto amorosa como intelectual.

Los Marston eran almas libres que se trataban como iguales y discutían sobre sus teorías, sus puntos de vista sobre la vida, la cultura, la sociedad… Eran dos intelectuales de mente abierta, libres de prejuicios y poco amigos de preocuparse de lo que dijeran los demás, por lo que cuando surge el amor entre el matrimonio y Olive, lo hablan y deciden cómo seguir a partir de ahí. Su visión tolerante les lleva a formar una familia nada tradicional en la que los hijos que tuvieron tanto Olive como Elizabeth fueron criados en conjunto. No obstante, no lo tuvieron nada fácil, ya que fueron acusados de depravados y libertinos y Marston perdió su puesto en la universidad.

Hasta aquí parece que se trata de un drama romántico, sin embargo, este contexto histórico inicial sirve para conocer el impacto que estas dos mujeres tuvieron en la vida de William y en la creación del mito de Wonder Woman. Aunó en la superheroína las personalidades de sus dos mujeres (la inteligencia, la seguridad y el carácter fuerte e independiente de Elizabeth y la sensibilidad, inocencia, dulzura y belleza de Olive), su teoría DISC, el detector de mentiras, sus fetichismos y una visión feminista del mundo.

Y es que el personaje no nació de la imaginación de un friki, como en el resto de cómics, sino que pretendía tener una función divulgativa, que fuera un espejo para las niñas y niños de la época. Ante la crítica de los censores sobre que sus historias las leían menores, Marston se defendía aclarando que precisamente esa era su intención:  “Quiero que las niñas pequeñas de este país sepan que tienen el poder sobre su propio destino y que los niños aprendan desde pequeños a respetar a las mujeres poderosas”. Había captado claramente que la cultura popular era un importante vehículo a la hora de filtrar ideas a la sociedad.

Desde el principio Wonder Woman nació como un personaje feminista, como una mujer empoderada. Marston creía que “Si el hombre tiene una naturaleza anárquica y violenta y la mujer cariñosa y protectora, entonces ellas deberían gobernar el mundo”, por lo que puso a la amazona en el centro del relato como una mujer capaz de acabar con la violencia y el desequilibrio instaurando en su lugar la justicia y la igualdad.

Y claro, una visión tan adelantada a su época (incluso hoy en día), con el reflejo de relaciones homosexuales y el uso de los látigos hizo saltar las alarmas de los sectores más conservadores de la época. Se topó con una sociedad llena de prejuicios en cuanto a la libertad sexual y que no estaba preparada para que una mujer tomara el control y las riendas de su propia vida.

Aún así, a pesar de una campaña de desprestigio, Wonder Woman consiguió vender en sus años iniciales más ejemplares que Superman. Incluso hoy en día la película protagonizada por Gal Gadot consiguió hacerse un hueco en un mundo audiovisual plagado de superhéroes masculinos heternormativos y batiendo récords de recaudación.

Angela Robinson, escritora y directora de Professor Marston and the Wonder Women decidió ir más allá del personaje y ahondar en la historia de su concepción adentrándose mientras tanto en temáticas como la ciencia, la investigación, la religión y el puritanismo, las rígidas estructuras familiares y las relaciones de pareja, el sexo, la política, la educación y el feminismo.

Aunque dura cerca de las dos horas, en ningún momento se hace larga. La historia está bien narrada y juegan un papel importante tanto los diálogos como los silencios, la simbología y los detalles visuales. Sin duda el momento de la inspiración del personaje con la combinación del vestuario a base de elementos fetichistas es el punto clave de la película, pero a partir de ahí no decae, sino que deja con ganas de conocer más de este personaje del que seguro que seguirá habiendo más entregas cinematográficas.

Nuevas series a la lista “para ver”: The Gifted y Marvel’s Runaways

Desde que se estrenó X-Men en 2008, las películas y series de superhéroes no han parado de estrenarse. Algunas con mejor suerte que otras, todo hay que decirlo. Hoy traigo una de cal y otra de arena.

The Gifted narra un mundo en el que la organización Sentinel Services persigue a aquellos que poseen el Gen X por considerarlos una gran amenaza para la humanidad. Puede que hayan cometido crímenes, puede que no, ya que también son detenidos como prevención, a lo Minority Report. Y así arranca el capítulo, con unos mutantes intentando escapar y con esta policía interrogándolos. Uno de estos hombres de negro del gobierno es el fiscal del distrito Reed Strucker.

Strucker tiene una familia típica americana residente en las afueras: mujer y dos hijos adolescentes. Todo muy normal. Pero de repente su tranquila vida da un giro de 180º cuando su hijo Andy descubre tener poderes en un momento de estrés tras el continuado acoso de sus compañeros. Lauren, la hija mayor, también es mutante, pero ella ya hace tiempo que lo descubrió. Para evitar problemas ha aprendido a dominarlos y a llevarlo en secreto, e intentará ayudar a su hermano. Sin embargo, no hay tiempo, ya que en el momento en que el estado se entera no les queda otra solución que huir en busca de un lugar seguro.

El fiscal, que sabe muy bien cómo va el asunto, no dudará en cambiar de bando y en hacer todo lo que esté en su mano para proteger a sus hijos. Incluso recurrir a una organización de mutantes que vive en la clandestinidad, Mutan Underground.

Reed se pone en contacto con Eclipse, uno de estos mutantes que huían a principio del capítulo, y le ofrece un quid pro quo. A partir de aquí se abre una colaboración y Strucker conoce la realidad que viven aquellos a los que se dedica(ba) a perseguir.

Aunque la serie tiene un toque adolescente, también cuenta con una buena historia detrás. Los personajes resultan interesantes y es visualmente atractiva gracias a los efectos especiales de los poderes. También es verdad que en un único capítulo no da demasiado tiempo para entrar en profundidad, pero deja un poso de curiosidad. Quizá los seguidores de todo el mundo Marvel estén más situados en cuanto a quién es quién, pero los no iniciados necesitamos algo más de tiempo.

En cierta medida me recordó al comienzo de Héroes, cuando cada uno de los personajes descubre sus poderes, el alcance y cómo manejarlos. Esperemos que no acabe como aquella, que la primera temporada empezó muy bien, pero después con las siguientes la serie terminó decayendo.

El piloto de The Gifted engancha y deja con ganas de ver cómo evoluciona la historia, qué poderes tiene cada personaje. Es tan rápido y presenta a tantos mutantes, que es difícil poder concentrar todo en apenas 40 minutos. Habrá que seguir visionándola para ver si consigue mantener este juego del gato y el ratón con cierta tensión.

La primera temporada consta de 10 episodios y ya ha sido renovada por una segunda.

Y había dicho que iba a traer la cal y la arena. Nunca sé cuál es la mala, pero la que sea, esa es Marvel’s Runaways.

Si The Gifted me mantuvo atenta, Marvel’s Runaways no terminó de engancharme. Para decir que ocurre algo interesante, habría que avanzar a los dos últimos minutos. Pero empecemos por el principio.

La serie comienza presentando a unos adolescentes que parecen no tener nada en común salvo que sus padres son amigos. Y esto lo vamos descubriendo poco a poco, ya que el capítulo piloto nos muestra un poco de la vida de cada familia.

Por un lado están los Wilder. Alex es el chico introvertido que pasa mucho tiempo jugando a las consolas. Lleva dos años sin salir desde que algo le ocurrió a una tal Amy y sus padres están preocupados por él.

Nico Minoru es la hermana de la misteriosa Amy. Desde la desaparición de esta se ha escondido en un aspecto gótico y no se relaciona mucho con la gente.

Chase Stein es el típico deportista popular que parece tener algún problema de maltrato por parte de su padre, ya que se palpa la tensión cuando se descubre que las notas no son tan buenas como esperaban de él.

Karolina Dean es la Mrs. Wonderful. Vive en un mundo de colores superfeliz (aunque quizá no tanto). Sus padres son los líderes de la Iglesia de Gibborim, una especie de secta, y ella es su prototipo.

Gert Yorks es la feminista, e intenta crear un club en el instituto para hablar sobre el tema, pero casi todo el mundo la ignora. Otro cliché: la típica chica rellenita, con gafas que es feminista, pero que está enamorada del típico chico deportista, guapo y popular.

Con ella vive Molly Hernández, cuyos padres murieron y ha sido adoptada por los Yorks. Es la benjamina del grupo.

Los personajes se han repetido hasta la saciedad en numerosas ficciones. Quizá como novedoso es que se habla de temas muy candentes como las sectas, la pérdida de un amigo, el acoso escolar, la violación, el feminismo y la regla y sus dolores.

Unos dolores que Molly confunde con unos poderes sobrehumanos. Parece que todos los protagonistas tendrán algún tipo de habilidad, pero de momento solo vemos a Molly descubriendo que tiene una fuerza impresionante.

La mayoría del tiempo del piloto me sentía viendo un capítulo de una serie adolescente de niños ricos tipo OC, Gossip Girl o One Three Hill. No convence. No tiene ritmo, ni diálogos interesantes, ni tensión. O quizá es que va dirigido a otro tipo de público en el que no me encuentro.

Durante todo el capítulo se juega con el misterio en torno a Amy, aquello que distanció a los jóvenes, y la intención de Alex por reunirlos de nuevo a todos. Aunque en un principio nadie acude a su casa, al final, todos acaban allí reunidos. Y es justo en el final de este primer episodio cuando llega el gancho. Los jóvenes descubren que esas reuniones misteriosas que hacen sus padres no son fiestas de adultos normales, sino que tienen una organización criminal secreta y que realizan rituales en un sótano oculto.

Poco más da de sí el metraje de este capítulo. Pero todo apunta a que en los 9 capítulos restantes la pandilla decidirá reunirse para así derrotar a estos villanos que además son sus padres. No sé si mejorará, pero no sienta las bases para enganchar lo suficiente.