Comer en Escocia

La comida escocesa suele ser contundente, y aunque comparte estilo y algunos platos con la cocina inglesa, tiene sus propias recetas determinadas por su geografía, así como por influencias extranjeras, sobre todo francesa. Sus platos tradicionales tienen su origen en la gastronomía de otros pueblos, dada la influencia de mercaderes e invasores. Sobre todo se trata de platos cocinados a fuego lento y en grandes hornos de leña. Es un país con madera y con grandes animales que necesitan horas de cocción. Además, se necesitaban comidas copiosas y con alto contenido en grasa para poder sobrevivir a los duros inviernos.

Pero veamos cómo es hoy en día. Comencemos por el desayuno. Suele constar de tomate a la plancha, champiñones, judías, salchichas, tatties (una torta de patatas y harina), huevos (cocidos, revueltos o fritos), bacon, haggis (hígado, corazón y pulmones de cordero, embutidos en la piel del estómago y cocido durante varias horas) y black pudding (una especie de morcilla). Esto sería el típico Full Scottish Breakfast.

Menú desayuno

Todo ello se acompaña de té o café, porridge (avena cocida con agua o leche), zumo, tostadas con mantequilla y mermelada y yogur natural con fruta fresca (sobre todo bayas, moras, fresas o frambuesas).

Son desayunos muy contundentes, por eso no es de extrañar que también se ofrezca una versión continental en los alojamientos, ya que son conscientes de que los extranjeros no pueden con todo. Y que hay que tener el paladar hecho al haggis o al black pudding. Nosotros prácticamente todos los días nos quedábamos con la versión reducida de huevos revueltos o fritos. Aunque a veces pedimos el Full Scottish, solo que en versión reducida.

En algún caso ofertaban una versión vegetariana, en la que las salchichas eran de tofu y el black pudding que imagino que llevará algún tipo de sustituto también.

Todo lo que probamos estaba muy rico, eso sí, se nota la forma de cocinar con mantequilla en lugar de aceite de oliva. Sobre todo en los huevos. Además, el estilo británico de los huevos revueltos los deja en un punto un tanto baboso, y yo soy más de bien cuajados, como en la tortilla. Pero esto es más un tema de gustos. Malos no estaban.

Dado que cada día cogíamos el coche y nos echábamos a la carretera, comprábamos antes de salir un Meal Deal para cubrirnos las espaldas por si nos encontrábamos en medio de la nada a la hora en que tuviéramos hambre. Esto nos permitía mucha más movilidad. Por un lado por no tener que buscar sitio donde comer, y por otro por los horarios. Así, mientras recorríamos un pueblo, valle, montaña o acantilado, si teníamos algo de hambre, echábamos mano de provisiones.

Los Meal Deals están disponibles en los supermercados Tesco, Salinsbury’s y Co-operative y constan de 3 partes: el plato principal por así decirlo (bocadillo, ensalada, bandeja de sushi, wrap o similar), el acompañamiento o postre (bolsa de aperitivo, chocolatina o algo de fruta/zanahorias) y la bebida. El precio suele rondar las £2-3, dependiendo del principal, puesto que había sándwiches triples o ensaladas más grandes. También era más barato si elegías agua en vez de refresco. Resulta una opción interesante. No solo como comida, sino como tentempié de media mañana, merienda, o para recargar pilas en medio de una caminata. Nosotros había días que sabíamos que iban a ser largos en los que comprábamos 3 menús, de forma que combinábamos un sándwich, con una ensalada y una tercera opción. Del mismo modo elegíamos algo dulce, algo salado y unas zanahorias, que solíamos comer como picoteo.

Si vas a estar todo el día en el coche o hacer caminatas por el campo, es conveniente llevar provisiones de algún supermercado. Además de los packs, una buena opción (mejor que recurrir a productos de bollería o bolsas de patatas) es la fruta, sobre todo los frutos rojos, que son locales y tienen un sabor realmente espectacular. Y son enormes.

También podemos encontrar coco, piña, melón, sandía, bananas… pero no están igual de sabrosas. No es que tengan un precio especialmente barato, pero son una buena opción para calmar el hambre y desde luego la más saludable.

Si se opta por la opción restaurante, lo primero que hay que tener en cuenta es que se come entre las 12 y 14 horas. Entre los platos típicos podemos encontrar ternera alimentada de pasto de la región de Aberdeen, venado de las colinas de las Highlands, marisco de la costa oeste… Es un país con mucho verde, por tanto tienen buena carne de ternera y de venado. Pero como también es un país pesquero, no puede faltar el salmón ahumado, el arenque con patatas cocidas o el bacalao. También se toma queso y mucha sopa (las más conocidas son Cock-a-leekie -puerros, patatas, caldo de pollo y mantequilla -, Scotch broth – de cordero y verduras – , Partan bree – de marisco- y Cullen Skink – de pescado ahumado con patatas y cebolla -).

Pero, por supuesto, el plato nacional es el haggis, que ya hemos visto que se toma hasta para desayunar. En sus inicios era un plato de pobres, como suele ocurrir en cualquier gastronomía tradicional. Las familias menos adineradas aprovechaban las partes del animal que nadie quería, las sazonaban, embutían en una tripa y las cocían. Después se servía con tattis y neeps (puré de patatas y nabo). Hoy en día es considerado una delicatessen y es indispensable en la Cena de Burns que se celebra el 25 de enero (el día del poeta escocés Robert Burns). Si no te atreves con la versión original, puedes probar la versión vegetariana a base de nueces y legumbres.

También básicos del día a día son las patatas rellenas o el haddock, el típico fish and chips.

También son muy populares los dulces y tartas. Destacan las Oatcakes (galletas de avena), las Shortbreads (de mantequilla) y el Dundee cake (pastel de frutos secos).

Para la cena, los horarios comienzan sobre las 18h, y a partir de las 20:30 ya es difícil que te den mesa. Nosotros cenamos fuera solamente tres días. Intentábamos aprovechar tanto los días, que para cuando queríamos cenar, no había nada abierto. Así que íbamos prevenidos y comprábamos algo a lo largo del día. Si es un restaurante, acudirán a tomarte nota a la mesa, pero si es un pub, tendrás que acercarte a la barra, pedir y pagar. Y después esperar a ser servido. Normalmente se suele dejar un 10% de propina.

En cuanto a la bebida, Escocia es un país cervecero, y hay tanto oscura, como tostada, como rubia.

El agua del grifo (tap water) es bebible y te la sirven sin problema. Pero por supuesto, la bebida imprescindible es el whisky tal y como constatan las mil destilerías que hay repartidas por el país.

Otra de las bebidas típicas escocesas es el Im-Bru, de color naranja y con burbujas. Tiene fama de quitar la resaca, aunque no la probamos, por lo que poco puedo aportar sobre ella.

Algo que no es escocés, pero que parece que comparten con sus vecinos ingleses, es el gusto por el chorizo. Lo vimos tanto en un spar como paquete de embutido, en tortillas en el tesco y como extra en un Subway.

También en Glasgow acompañando patatas y salsa brava. Por suerte, no parece que lo lleve la paella.

La vida en Escocia es algo más cara, y, por tanto, también el comer fuera, llegando a tener que pagar unas £15-20 por plato más propinas. Sin embargo, siempre hay una opción para presupuestos más ajustados. En cualquier caso, la oferta gastronómica de Escocia ofrece múltiples opciones para todos los paladares. Tanto si eres amante de la carne, como si prefieres el pescado, o eres más de guisos; encontrarás una opción para ti. Hay ingredientes de calidad gracias a los fértiles campos y al mar que rodea el país.

Trucos viajeros: Comida durante el vuelo

Siguiendo con los trucos viajeros, hoy vamos a hablar de la comida en los aviones. Sí, en algunos vuelos aún dan de comer. Sobre todo en los largos. Si es vuelo doméstico o de menos de dos horas, olvídate. Pero si tienes comida incluida, generalmente puedes elegir menús especiales. Normalmente son menús pensados para vegetarianos, kosher, diabéticos, celiacos o alérgicos. Hay que pedirlo con antelación en el apartado de “gestionar mis reserva” que suelen tener en las webs. Yo lo he gestionado con Iberia y con Air France, y en ambos casos ha funcionado muy bien.

De hecho, con Iberia fue curioso porque en el de Estambul al ser tarifa express no pude acceder a la web para elegir la versión vegetariana. Pensé que quizá el vuelo no incluía comida, así que lo dejé pasar. Sin embargo, nos llevamos la sorpresa cuando la azafata le dejó a mi acompañante sus verduras salteadas en lugar de las albóndigas de ternera. ¡Qué envidia! (No me gusta la ternera). Y a la vuelta igual, en lugar de la saludable merienda de croasán de pollo y queso, una magdalena, kitkat y yogur que me tocó a mí, a él le pusieron una ensalada, manzana y unas crackers con mantequilla y mermelada. Supongo que al introducir el código de la tarjeta de viajero frecuente en la compra de los billetes, automáticamente detectó la dieta especial. Punto para Iberia.

Además, como el menú especial viene asociado a tu asiento, da igual que estés durmiendo o no estés en el asiento, no te quedarás sin comer. Es más, los menús especiales son los primeros que reparten. No es que si tienes menú estándar te vayas a quedar sin comer, pero si hay opción, por ejemplo, de pasta con pollo o con cerdo, depende de por dónde hayan empezado y sea tu fila, tendrás más o menos opciones de elegir. Normalmente la comida se adapta al origen o destino. En los vuelos a y desde Japón había opción de comida occidental y japonesa. En el menú de Estambul no había opción de elegir, pero se especificaba que nada llevaba cerdo.

Al igual que para los asientos, podemos consultar las comidas que se suelen servir en el vuelo que vayamos a coger. Es orientativo, ya que van variando. Pero te haces una idea para ver si igual te compensa pedir menú especial. AirlineMeals se alimenta de fotos de viajeros con sus descripciones y opiniones. Suelen indicar si es gratuito, de pago, la compañía, el vuelo, categoría del billete. También hay fotos de las amenities.

Por cierto, si lleváis comida en el equipaje de mano, comeos todo lo que no sea envasado (lo que sea comida y no producto, vaya) antes de bajar del avión. Sobre todo cuando hay que pasar aduanas. A mi prima y a mí en Filadelfia un perro nos olió un plátano y tuvimos que pasar por aduanas y al final tirarlo. Es una cuestión de plagas y, enfermedades que puedas llevar a otro ecosistema. Claro, los donuts no nos los confiscaron, porque eso es de todo menos comida.

Japón por Libre XL. Comer en Japón

Antes de nada, quiero aclarar que no todo en Japón es sushi. Que mucha gente nos ha comentado que no serían capaces de estar todo el día comiendo sushi o pescado crudo. Pero, nada más lejos de la realidad, igual que en España no estamos todo el día con el cocido, la paella o la tortilla. Como mucho, cae una vez a la semana, que tenemos variedad gastronómica.

Pues los nipones igual. Sí que es verdad que lo que nos ha llegado más allá de sus fronteras es el plato estrella, pero allí no es lo más consumido. Al menos a mí me dio la sensación de que lo más común eran los platos combinados de arroz y carne o los fideos (con caldo o fritos salteados). Por supuesto, también influye la parte del país donde nos encontremos, ya que por ejemplo en Hiroshima son típicas las ostras y en Osaka los okonomiyakis.

En los Alpes el plato destacado es la carne de Hida, y si nos vamos a Kobe, encontramos su famoso buey.

Lo que sí parece claro es que los japoneses comen de forma equilibrada. Nosotros hablamos de nuestra dieta Mediterránea, pero lo cierto es que lo que comemos hoy en día dista mucho de la dieta Mediterránea original, hemos adquirido costumbres de comida precocinada, fritos, cereales para desayunar y demás aberraciones que no son autóctonas. Sin embargo, en Japón parece que conservan su dieta milenaria.

Por un lado, sus platos están equilibrados en cuanto a las cantidades de hidratos, proteínas, grasas, vegetales, semillas y fruta. Y predominando la cocina al vapor o ligeramente salteada. Por otro lado, las porciones son apropiadas, para nada exageradas y desproporcionadas. Y además, al comer con palillos, se come más despacio, lo que nos lleva a tener sensación de saciedad y a digerir mejor los alimentos. Aunque aquí también creo que influye la espiritualidad que le aportan a su día a día, a sus costumbres, el respeto por la comida, por los comensales con los que la compartimos. Por ejemplo, las bebidas no se las sirve uno mismo, sino que se sirve a los demás y los demás a nosotros.

El mayor ejemplo de esta comida equilibrada son los Obento. Unas cajas que surgieron en las estaciones de tren, aunque hoy en día se pueden comprar también en los supermercados y que tienen de todo. Es el concepto del take away o de la tartera de toda la vida, pero sin renunciar a comer sano.

Como todo en Japón, está cuidado al detalle. Desde el envase con sus palillos, hasta el interior. Lleva su arroz, su verdura, huevo cocido, pescado, carne, encurtidos, fruta y algún dulce. Hay mil opciones y combinaciones, es una locura elegir, porque además, influye el factor riesgo, porque muchas veces no sabes qué es lo que te vas a llevar a la boca y qué tipo de sabor. Pero en general, todo estaba bastante rico.

Destaca el colorido y una presentación muy cuidada. Y es que los obento son todo un arte. Hay madres que les preparan el obento a los niños para que se lo lleven al cole y están muy muy currados. Sólo hace falta echar un ojo a google.

Aparte de estas cajas, también podemos comprar platos preparados en los 7eleven o Family Mart. Tenemos bandejas de sushi o especie de platos combinados más simples que los obento con arroz y carne o fideos y pescados. También encontramos una especie de ensalada enrollada en alga.

Estas bandejas o preparados nos venían muy bien para viajes largos o para cenas, pero cuando quieres comer en marcha y no pararte mucho, una buena opción pueden ser los onigiri, una especie de sándwich que consta de arroz con alga y rellenos de sorpresa, porque la mayoría de las veces no tenían foto.

Si no quieres arriesgarte, siempre puedes recurrir a los makis, que sí que ves lo que contienen. Los venden más grandes, más pequeños, partidos, sin partir, variados o de un mismo sabor.

Y si no, pues también existe la opción más occidental del sándwich de pan de molde.

Este, por ejemplo, era de lechuga, huevo, jamón y queso. Ojo al detalle de cómo se abre el envase. ¿Por qué en occidente no lo empaquetan así? Es mucho más práctico. Tiras del precinto, abres y coges por el pico. Si es que los japoneses están a otro nivel. No me canso de decirlo.

Si echamos de menos la comida occidental, podemos recurrir a las cadenas de comida rápida, bien americanas, o bien su versión japonesa.

Por supuesto, no puede faltar probar las delicias de los puestos callejeros. No son nada caros, están limpios y la comida está rica.

Nosotros íbamos alternando según el día y según tuviéramos de tiempo, comíamos una cosa u otra. Eso sí, nuestras cenas casi siempre incluían fideos instantáneos (nada que ver con los yatekomo que se han puesto ahora de moda). En los hoteles siempre teníamos un calentador de agua, y nos venía bien comer algo caliente, así que con los fideos y alguna cosa más, solucionábamos las noches.

Otra opción para comer caliente pero que sin parar demasiado son los restaurantes en los que sacas el ticket en la máquina y te sientas a comer en la barra. En la mayoría el menú es bastante reducido, pero son los locales que más triunfan entre los locales. Suelen ser fideos en sopa con carne o pescado.

Los pasos a seguir son:

1. Identificar (por la foto) qué queremos comer

2. Identificar el botón

3. Introducir el dinero y seleccionar el plato

4. Recoger el ticket y el cambio

5. Entregar el ticket en el restaurante y esperar a la comida

Por otro lado, nuestros desayunos no eran nada sanos ni tenían nada que ver con el típico japonés.

Era la opción más rápida, la verdad. A la vez que comprábamos la cena, nos hacíamos con un surtido de bollería, café de lata, zumo de naranja y a veces unas bananas, la única fruta que tenía un precio algo razonable.

Otra forma de comer fruta es en una especie de gelatina. Algo así como comerla en almíbar.

Algo que solíamos llevar en la mochila en nuestro día a día era algo de picoteo. Las típicas bolsas de snacks por si nos entraba algo de hambre y estábamos en un templo en medio del bosque o en un sitio donde no hubiera mucha opción para comer. Hay una gran variedad y también influye el factor sorpresa, no sabes qué te vas a encontrar, por mucha foto o traductor de google por foto.

Los corazones de ciervo tenían su punto. Esa mezcla de salado y dulce, pues sabían a maíz de bote. Los frutos secos con ligero sabor picante tampoco estaban nada mal.

Entre las bebidas destaca el té verde, la cerveza Asahi y el sake, por supuesto. Como rareza puede chocar el café en lata frío, los tés amargos o refrescos de mil sabores. Y por supuesto, las máquinas expendedoras que están en todos los sitios.

Si hablamos de postres, los japoneses son muy aficionados a los dulces, pero son algo diferentes a los que estamos acostumbrados por estos lares. por supuesto, destacan los famosos peces rellenos de judía roja. Los hay en todos los mercados callejeros, en cualquier calle peatonal comercial.

Ya lo he comentado a lo largo del relato, las judías rojas están por todos sitios, en los mochi, en los dorayakis… Allá donde pienses que el relleno es de chocolate, seguramente no lo será.

Otro sabor muy recurrente es el del té matcha. En helados, en galletas, en los KitKat (bueno, estos darían para una tesis):

Aunque también se pueden encontrar dulces algo más conocidos para los occidentales, como los crepes de Tokio.

Sin embargo, a pesar de que parecen bastante golosos, resulta complicado encontrar gordos en Japón. Ojo, no obesos, sino gente con unos kilos de más. Creo que en todo el viaje sólo vimos a un señor, que rozaba la obesidad y se metió en winzip en un asiento del autobús. Y seguro que tenía algún tipo de desorden alimentario. Según los últimos datos de la OMS en España hay un 15,6% de obesos, mientras que en Japón un 3,1%.

Pocas cocinas pueden presumir de ser tan equilibradas y saludables. Además, comer en Japón no es nada caro.

Man v. Food

Sigo hablando de tele, pero esta vez no voy a hacerlo de series, sino de otro tipo de programas que, cuando no saben qué nombre ponerle, lo meten en el saco de realities.

Ya os mencioné en su día lo enganchada que estoy a The Amazing Race, por su agilidad, por los viajes, por conocer costumbres, por su gymkhana alrededor del mundo, por lo ineptos que son algunos… y que hacen que ya cualquier programa tipo Pekín Exprés o Expedición Imposible me hagan compararlos con el americano, y claro… pierden.

Pues bien, otro reality americano al que estoy enganchada es Man v. Food, o como lo han traducido en España, Crónicas Carnívoras. Sí, es verdad que va sobre todo de carne, pero hay un reto contra la comida, de ahí el nombre original. Está producido por Travel Channel y el protagonista es Adam Richman, un tío muy loco que prueba cualquier tipo de comida a través de Estados Unidos. Bueno, cualquier tipo de comida, no, carne sobre todo, y en especial aquellos platos con el más. Es decir, el más picante, el más grande, el más empalagoso…

Adam va recorriendo la geografía estadounidense y en cada programa de 20 minutos habla de una ciudad, con sus costumbres y se mete en la cocina de un par de restaurantes para que le expliquen cómo hacen, qué hacen y por qué son conocidos. Prueba todo y siempre lo saborea con éxtasis y diciendo “oh, Dios mío”. A veces pienso que no tiene papilas gustativas. Eso, o todo lo que prueba es delicioso. Aparte de estas degustaciones, en cada programa se somete a un reto: el hombre contra la comida. A veces con tiempo, a veces sin él, y tiene que comerse, pues eso, el burrito más grande, una hamburguesa más grande que su cabeza, las alitas de pollo más picantes del mundo, una mega pizza…

Yo no soy muy carnívora, pero he de decir que he comido la mejor hamburguesa en Estados Unidos, en nuestro Road Trip. Y la segunda mejor, y la tercera… son unos maestros en comida basura, reconozcámoslo… No lo podemos comparar con la comida rápida de aquí. Para nada. Ya he oído a gente que está pensando en hacer un viaje a Estados Unidos en hacer paradas en los restaurantes recomendados por Adam. Un Road Trip gastronómico. Aunque con la cantidad de carnaza que se mete, creo que después habría que volver a España a nado para desgastar.

Aunque no todo es carne, hay alguna vez que habla de dulces y un par de veces de marisco o pescado. Qué ricos los cangrejos de río… Pero son las menos.

El reality tiene 4 temporadas. La cuarta se llama Man v Food Nation, y ya no es Adam el que hace los retos, sino gente anónima. Supongo que porque o se hartó, o porque se lo recomendó su médico.

Posteriormente, salió una segunda parte llamada Amazing Eats, que agrupaba por temática (burritos, bocadillos, costillas, hamburguesas) en lugar de por ciudades, es decir, un refrito de todas las temporadas.

Y después Adam Richmans’s Best Sandwich in America. Que se centra en elegir el mejor sándwich de Estados Unidos. Ojo, que ellos llaman sándwich a cualquier cosa, por ejemplo en una hamburguesería si pides un sándwich, te ponen la hamburguesa sola, si pides menú, pues ya incluye patatas, bebida y demás.

Voy a comer, que me ha dado hambre.