Conducir en Islandia

Está claro que la mejor opción para moverse por Islandia es alquilar un vehículo. Es como conseguiremos una mayor movilidad y autonomía, algo de vital si queremos disfrutar al máximo cada kilómetro. Eso sí, antes de echarse a la carretera hay que tener en cuenta varias cosas:

EL ALQUILER

DOCUMENTACIÓN

En primer lugar hay que saber que siendo españoles no es necesario el permiso internacional de conducción. Diferente sería para un conductor de un país cuyo alfabeto no fuera romano. Así pues, para alquilar un vehículo, además del carnet de conducir y del de identidad (o pasaporte) tan solo nos haría falta una tarjeta de crédito con los números en relieve. Y tener más de 20 años para turismos o 25 si se trata de un 4×4.

ELECCIÓN DE COMPAÑÍA DE ALQUILER Y TIPO DE VEHÍCULO

En realidad en este apartado suele primar precio y prestaciones. Es decir, el mejor postor, la compañía que mejores condiciones ofrezca a mejor precio. Pero también es importante saber cuántas oficinas repartidas por el país tiene, pues en caso de percance, puede facilitar bastante las cosas. No es lo mismo quedarse sin coche y esperar a que te lo repongan desde la otra punta de la isla, a que si están a 100 km.

Para decantarse por un vehículo u otro ya comenté en los preparativos que nos lo va a determinar el tipo de viaje que queramos hacer y las fechas. Salvo los meses de verano, el resto del año incluso para la carretera principal será necesario un 4×4. En verano dependerá más de las rutas que se quieran seguir, pero si se va a hacer un itinerario clásico (Ring Road con algún desvío por carretera asfaltada) con un turismo es suficiente. Además existe la alternativa camper o autocaravana. Como todo, cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes.

Por ejemplo, la camper da la libertad de llevar la casa a cuestas y de parar en cualquier sitio a comer o descansar. Para dormir ya no se puede acampar libremente y hay que buscar campings, pero según la temporada puede salir más barato que la opción coche+alojamiento. No obstante, no son baratas de alquilar y aunque cuentan con una cama no incorporan inodoro o ducha. Tampoco la cocina es completa, lo que limita un poco. Además, no son recomendables en invierno por dos motivos. En primer lugar porque no suelen ser 4×4, así que limita bastante los movimientos; y en segundo lugar porque o te vas a dormir como el muñeco de michelín (o un buen saco de dormir) o te congelarás. Así que es opción para los meses de verano y aún así hay que echar muchas cuentas.

La autocaravana tiene las mismas ventajas que la camper, solo que además, al contar con una cocina completa y baño permite algo más de autonomía. También tiene el inconveniente de no poder acceder a según qué lugares y su elevado precio. Lo veo una buena opción para grupos de 3-4 personas, ya que cuanto más gente, más se reparten los gastos. Eso sí, han de ser personas con un buen nivel de tolerancia a pasar tantas horas juntos.

Por su parte el turismo cuenta con la ventaja de ser el vehículo más barato de alquilar (y con mayor variedad de segmentos), el problema es que no se puede circular con ellos en los meses más fríos en los que el clima es más duro. Por tanto, sería la opción perfecta para una ruta clásica en temporada alta y principio/final de la media.

Finalmente, el 4×4 permite una total movilidad en cuanto a carreteras. Siempre que no haya un anuncio expreso de que está prohibido el paso, puedes tirar millas. Incluidas las F. Lógicamente, son más caros de alquilar y consumen más. Así pues, es el vehículo a elegir en temporada media y baja.

Pero, en cualquier caso, hay que ser consciente de los fortalezas y debilidades de cada uno y elegir un tipo de vehículo que aporte comodidad y confianza. A lo mejor si nunca has conducido con nieve (con nieve de verdad, no con los cuatro copos que caen en Madrid y que no llegan al suelo), quizá no sea la mejor idea meterse de lleno por carreteras F en pleno enero y sin apenas horas de luz. Siempre hay opciones. A veces habrá otra ruta alternativa, otras no y habrá que tirar de excursión, pero no merece la pena acabar atascados en la nieve en medio de la nada por una imprudencia.

EXTRAS

Una vez que hemos decidido el vehículo, toca elegir los extras. En primer lugar, en caso de que no venga por defecto en el contrato, es interesante contar con el kilometraje ilimitado. Es un viaje en el que lo último que se quiere es echar cálculos de si sale rentable ir a tal o cual sitio por no excederse del límite. Como referencia, nosotros en total hicimos 3483 kilómetros. Pero en realidad solo miramos el cuentakilómetros al final de cada día por curiosidad y para tener el dato para el blog.

En segundo lugar es imprescindible el de Gravel Protection o protección contra la gravilla para prevenir daños por el tránsito por carreteras no asfaltadas.

También es recomendable añadir conductores extras. Mejor prevenir que curar no apostando todo a una única ficha.

Por otro lado, hay otros dos seguros que suelen ofrecer las compañías y que no son tan necesarios. Uno de ellos es el de Pérdida, robo y daños y otro el de Arena y ceniza. Este último se hizo popular tras la erupción del volcán Eyjafjallajökull, pero no es una circunstancia tan común como para contratarlo.

Y por último, totalmente innecesario pagar por un GPS cuando todos llevamos uno en el móvil.

LA CONDUCCIÓN

PREVIO

Dado que el tiempo en Islandia es tan cambiante, es recomendable revisar antes de salir la previsión y las condiciones de las carreteras de la ruta a realizar. Para ello conviene tener en favoritos las siguientes páginas:

  • vedur.is: es la agencia de meteorología. Además de dar los mismos datos que podríamos obtener en eltiempo.es o en weather.com,  esta web islandesa incorpora anuncios sobre la probabilidad de ver auroras boreales. Algo muy útil sobre todo si se viaja en una época propicia.
  • safetravel.is: esta página va algo más allá y avisa de alertas especiales como las avalanchas.
  • road.is/www.vegagerdin.is: es la web islandesa de tráfico y resulta muy útil para consultar el estado de las carreteras. Por si hay algún corte, accidente o incidencia en la calzada. Si la vía está en verde, se considera que es fácil de transitar. Sin embargo, si está en rojo está prohibido circular por ella. Entre ambas opciones podemos encontrar el amarillo, que significa que hay placas de hielo dispersas;  el azul, que resulta escurridiza; el blanco, que hay nieve en el asfalto; el rosa, que la conducción es difícil; y el negro, que indica que la vía se encuentra en unas condiciones lamentables. La página se actualiza constantemente desde las 7 de la mañana hasta las 10 de la noche. Además, permite ver en directo el tramo gracias a las webcams instaladas.

CARBURANTE

Aunque el diésel es algo más barato que la gasolina, igualmente tienen unos precios altos (en la web GSMbensín se puede consultar el precio). Durante nuestro viaje vimos la gasolina oscilar entre las 227- 237 ISK/litro. Así, es recomendable conducir de forma no agresiva para ahorrar combustible. Y nunca está de más revisar la presión de los neumáticos, sobre todo si se va muy cargados.

Aparte de estos consejos generales, conviene saber que a veces las compañías de alquiler tienen convenio con algunas gasolineras, por lo que no te vayas de la oficina sin haber preguntado si cuentan con programa de descuento de combustible. En nuestro caso recibimos con las llaves un token que era válido para la cadena OB y para Olís.

En Islandia las estaciones de servicio son autoservicio (en contados casos se puede pagar dentro al dependiente), y tienen incorporado el lector para esta ficha y que se aplique el descuento. Dependiendo de la empresa, nos encontramos con que había que leerla antes o después de la introducir la tarjeta, pero por lo general solía ser al principio del todo.

A continuación llega el momento de elegir importe a cargar y pasar la tarjeta. No es nada extraordinario, ya que funciona como en España. Es tan sencillo como elegir el tipo de combustible que se desea, el importe a cargar y repostar. El único inconveniente es que no conoces el coche, la capacidad del depósito y cuánto va a consumir, porque no es el tuyo, así que puede que selecciones más de lo que luego necesitas. Además, el cambio de divisa puede despistar. Pero no hay problema, ya que luego en el cargo de la tarjeta en unas 24-48h se reajusta el cargo y se hace efectivo el importe que en realidad se ha servido. Para no liarnos con el cambio de divisas, comisiones y demás, usamos las tarjetas prepago, aunque la Revolut nos daba fallo en los surtidores autorservicio, algo que sin embargo no ocurría cuando había tienda o caseta en la que te cobraban en caja. Como llevábamos además la Bnext y la Verse, íbamos alternando en función de las necesidades.

En cualquier caso, es aconsejable llevar el depósito siempre lleno al comienzo del día e, incluso, con medio depósito conviene no desaprovechar si pasamos por un núcleo urbano medianamente importante, pues no se sabe cuándo te vas a adentrar en zonas menos pobladas o en las que no encontraremos las gasolineras con las que tenemos descuento. Para esto resulta muy útil consultar en sus propias webs y ver dónde tienen sedes:

CARRETERAS

Como ya adelanté también en los preparativos, en Islandia hay 4 tipos de carretera:

  • la N1 o Ring Road: carretera principal de 1340 kilómetros que da la vuelta a la isla y que está abierta todo el año. Similar a una nacional de la red española, cuenta con dos carriles (uno por sentido) y está asfaltada en su mayor parte, salvo en algunos pequeños tramos de los fiordos orientales. Su velocidad máxima es 90 km/h.

  • Las carreteras comarcales: salen de la N1 y pueden estar asfaltadas o ser de gravilla. Tienen un carril por sentido, pero son más estrechas y a veces no están ni delimitadas. En invierno pueden quedar intransitables por la nieve. Su velocidad máxima es de 80 km/h (algo exagerado cuando son de grava, la verdad).
  • Las pistas o caminos: son de un único carril de doble sentido. De tierra y con escaso mantenimiento. Su velocidad máxima es de 50 km/h (si los baches y obstáculos lo permiten).

  • Las carreteras F: se adentran en las tierras altas y únicamente son accesibles con un 4×4 no solo porque puedan ser de tierra o grava (incluso de ceniza), sino porque además puede encontrarse obstaculizada por un río y hay que vadearlo.

Para orientarse además conviene saber que la numeración empieza en el sur, cerca de Kálfafell, y va subiendo siguiendo el sentido horario hasta llegar al 9.

ALGUNAS NORMAS DE CIRCULACIÓN

Aunque hay algunas normas básicas comunes en los distintos códigos de circulación, además hay que conocer las particulares del país. Así, por ejemplo, en Islandia es obligatorio llevar siempre las luces encendidas y el cinturón de seguridad, los niños siempre deber ir en un asiento homologado (sea sillita o alzador) y está prohibido conducir bajo los efectos del alcohol.

Ya hemos visto que la velocidad máxima para la carretera principal es de 90 km/h y que baja a 80 en carreteras secundarias. Además, habría que añadir que el límite en “ciudad” es de 50 km/h y si se trata de zona residencial baja a 30.

Quizá las carreteras rectas y desiertas puedan animar a pisar el acelerador más de la cuenta, sin embargo, no es para nada recomendable. En primer lugar porque el tiempo cambia en cuestión de metros y se puede pasar del sol a un aguacero; en segundo lugar porque puede haber curvas cerradas o cambios de rasantes y por último porque hay muchos radares (tanto fijos como móviles) y la receta tiene precio islandés (por ejemplo, puede caer una multa de 600€ por sobrepasar el límite 20 km/h.). En el caso de los móviles además no hay forma de escapar, pues la policía, además de llevar cámara en el vehículo, cuentan con el TPV.

Por supuesto, estas son las  velocidades máximas generales, ya que pueden verse disminuidas en función de la peligrosidad de la zona o de las condiciones atmosféricas.

Por otro lado, en los pasos estrechos (como puentes o túneles de un carril para los dos sentidos) y en las intersecciones tiene prioridad el que llega primero. Y ante la duda, ceder el paso.

OTRAS RECOMENDACIONES

Cuidado con las ovejas. Al igual que nos pasara en Escocia, nos encontramos en varios tramos con ovejas que campaban a sus anchas (que para algo es su territorio). El peligro no es que ocupen la calzada, porque ahí las vas viendo cuando te aproximas al rebaño, el problema viene cuando se cruzan, que se lanza una y la siguen las demás.

Lleva gafas de sol a mano. Sí, es Islandia. Pero hay mucha luminosidad. Y no hay nada más incómodo que conducir cegado por el sol, sobre todo cuando está más bajo y da de lleno en los ojos.

Lleva música. Sintonizar la radio en algunos lugares no es que sea complicado, es que es imposible. Así que mejor llevar alguna alternativa. Hoy en día lo más común es que el coche tenga lector de usb o conexión bluetooth, por lo que con un pincho o con el propio móvil serviría; pero en algunas ocasiones los coches de alquiler son básicos en ese aspecto (igual que en muchos otros) y no está de más llevar un cable jack por si acaso.

Lleva provisiones. Tanto comida y bebida como ropa de abrigo. Islandia es un país con pocas poblaciones y muy dispersas, por lo que conviene prevenir por si no hubiera un súper, restaurante o tienda en kilómetros a la redonda.

Lleva Gasolina. Más importante incluso que el punto anterior. Precisamente por el mismo motivo. Aunque es verdad que en el sur, como es más turístico, es más fácil encontrar gasolineras; en el norte por el contrario es más complicado. Sobre todo porque no hay tantos pueblos. De todas formas, nosotros desde aquel viaje desde Death Valley a Las Vegas, no apuramos nunca el depósito.

No te flipes con las distancias. En Islandia aquella fórmula del cole de t=d/v no funciona. Las condiciones atmosféricas, el estado de las carreteras y la belleza del paisaje contribuyen a que todo sea mucho más lento.

Ojo con los nombres. Si cogemos un mapa podemos encontrarnos con que hay varios lugares de interés que se parecen. Pero no es así, es importante fijarse bien en la terminación, pues es un idioma que une las palabras y para traducir tendríamos que leer de derecha a izquierda. Además, es muy descriptivo, por lo que según su última palabra sabremos si nos encontramos en una bahía (-vík), en un puerto ( -höfn), en un fiordo (-fjördur), en un glaciar (-jökull), en una península (-nes), en una laguna (-lónið), en un valle (-dalur) o en un lago (-vatn).

Cuidado al abrir la puerta del coche cuando hace mucho aire. Parece ser que ha habido casos en los que han sido arrancadas de cuajo por la fuerza del viento. Nosotros no fuimos en la época más virulenta, pero sí que tuvimos un par de días con bastante aire y si no hay cerca una montaña, al no haber bosques, aquello es todo un campo abierto por donde se mueve con total facilidad.

Y sobre todo disfrutar del paisaje. Pocas veces vamos a encontrar un lugar de tal belleza como Islandia. No importa dejarse cosas en el tintero, lo importante es disfrutar del camino y si apetece parar mil veces y sentarse en una roca a observar el paisaje y sentir el viento en la cara, lo mejor es no dudarlo.

En 14 días gastamos 1.545,62€ en este aspecto. 1.221.59€ en el alquiler de coche y seguro y 324,03€ en repostaje.

Conducir en Escocia

Para poder perderse por Escocia parece no quedar más remedio que alquilar un coche. Sí, se puede viajar en tren, incluso hay unos bonos para el bus que funcionan de forma similar al Interrail; sin embargo, ninguna de las dos opciones da la movilidad y autonomía de un vehículo propio (aunque sea por unos días). Es la mejor forma de conocer la esencia del país y descubrir los parajes más recónditos.

Obviamente se puede hacer mediante agencia, pero esa opción estaba descartada ya antes de pensar en el viaje incluso. No sólo por la comodidad de viajar por libre en general, sino porque además Escocia ofrece tantos lugares interesantes que más de una vez querrás parar, estirar las piernas, respirar aire puro, observar los paisajes y disfrutar sin más. Eso no te lo da ni un viaje organizado, ni cuando dependes de horarios de trenes y buses.

Así que alquilamos coche. Muy bien. Pero, ¿qué tal lo de conducir por la izquierda?

Pues está lleno de anécdotas. Para empezar el ir a entrar por la puerta que no es. Ir a abrir la del conductor y que te pregunten ¿conduces tú? O al revés, que el otro se vaya para el sitio del copiloto y le digas ¿lo llevo yo? ¿me das las llaves?

Ya en el asiento de piloto te preparas espejos, las distancias, altura del volante, cinturón… y te giras para la izquierda, y claro, no está. Risita tonta. Para el otro lado. Click. Venga, allá vamos, pies en posición. Por los pedales no hay que preocuparse, afortunadamente, ya que conservan el mismo orden. En este sentido es peor un automático, ya que se te va el pie al embrague y como no hay, toma frenazo. Pero nos queda meter marchas. Un par de ensayos cerca del local de recogida del vehículo y todo controlado, porque vas con el chip de prestarle a todo mucha atención. Eso sí, cuando te confías y llevas unos días, no te libras de algún que otro manotazo a la puerta para cambiar de marcha.

Nos ponemos en movimiento y nos incorporamos a la circulación. Bueno, aquí hay dos cuestiones. Una ventaja y un inconveniente. Cuando te mueves por una ciudad con bastante tráfico, como Edimburgo, Inverness, Stirling o Glasgow, lo bueno es que tienes otros coches a los que seguir como referencia a la hora de hacer una glorieta, incorporarte tras un ceda o un stop, o simplemente seguir al de delante para ver a qué carril se incorpora. El inconveniente es que hay más tráfico, es todo más rápido y has de tener buenos reflejos y no atorarte. Recuerda que el carril lento es el de la izquierda, el de más a la izquierda de todos.

Lo de adelantar también se hace complicado porque no estás acostumbrado a tomar las referencias desde el otro asiento. Y lo de aparcar tiene también su problemática. Mil maniobras hasta que calculas no sólo las dimensiones del coche sino la perspectiva. Puedes llegar a darte cuenta de que tienes menos giro de cuello mirando hacia la izquierda que hacia la derecha.

Desde el lado del copiloto también es un punto, porque en los giros te da la sensación de que el que viene en el otro sentido se te va a empotrar. Es un tanto inquietante, sobre todo cuando bajas la cabeza un momento para mirar un mapa y luego vuelves a mirar al frente. Son unos milisegundos, hasta que caes en que no estás en España, pero están ahí. Al menos los primeros días. Como copiloto tienes una misión: en cada cruce, incorporación, giro o glorieta, recordar continuamente a su piloto izquierda, izquierda, izquierda. Te falta el puño en alto y cantar la Internacional.

Por otro lado, cuando te adentras en las Highlands, más allá de autopistas, la ventaja es que se va más lento, con una velocidad media de 60 km/h; y el inconveniente es que hay menos tráfico, en algunos sitios ni siquiera hay, salvo que consideremos al ganado como tráfico. Así pues, no hay mucha referencia y quizá tiendas hacia la derecha, o a ir por el centro, y cuando te cruzas con alguien tienes que reaccionar rápidamente. Así que ojo con eso.

Por cierto, como peatón, recuerda: Look right.

Aunque el verdadero peligro está en las carreteras de un único carril y sin arcén. Pero por suerte existen los famosos passing places. No encontrarás una señal de peligro con una flecha negra y otra roja indicando quién tiene preferencia, sino que quien tiene una cuneta asfaltada a su izquierda, es el que ha de apartarse y dejar pasar al que viene en el otro sentido. Las carreteras son estrechas, muy estrechas. A veces con acantilados. Y eso también es un peligro añadido, el paisaje es tan bello, que mejor parar cada poco y disfrutarlo, porque despista.

Además de los apartaderos, en la mayoría de las carreteras hay aparcamientos donde parar. En azul simplemente los de descanso, y en marrón los que tienen interés turístico, como unas buenas vistas o el comienzo de alguna ruta. Y lo bueno que tienen los aparcamientos donde hay un punto turístico es que cuando vas a volver a la marcha te recuerda el sentido de la conducción.

Como ya he comentado en otras ocasiones, llevábamos GPS y mapa. El GPS está bien, te lo da mascado, pero eso también es un inconveniente, ya que calcula en base al recorrido óptimo, que suele ser el más corto y no necesariamente el más interesante paisajísticamente hablando. Así que viene bien tener un mapa para ir marcándole la ruta indicándole lugares de paso. También con el mapa ves si las carreteras son autopistas, carreteras comarcales, locales o un camino de cabras (o vacas con flequillo).

Por cierto, mucho ojo con los radares, que Escocia está plagada. Y sin olvidar que la tasa de alcoholemia es 0.0, por lo que nada de conducir tras una cata de whisky. Y cuidado con el cuentakilómetros que a veces despista. Que ves un 120 y piensas que es km/h y en millas es una pasada. En algunos coches sólo cuenta eso, kilómetros y no millas como figura en las señales de tráfico. En la mayoría de los de alquiler figura en ambas unidades, como ya nos encontráramos en EEUU.

Otro dato a tener en cuenta es que los límites permitidos no son exactamente los mismos que en España. Para consultar algunas normas básicas de la conducción, podéis echar un ojo a la página de turismo de Escocia. Aquí se detallan algunos puntos significativos. Si queréis consultar el código completo, podéis hacerlo en esta otra.

Recuerdo que con un carnet de conducir de la UE no es necesario tramitar el Permiso de Conducir Internacional.

En cuanto a la gasolina, no es que sea Death Valley, pero en algunas zonas puede ser complicado encontrar gasolineras. Y cuidado porque los domingos no abren, así que conviene repostar en la primera con la que te cruzas por la mañana. Nosotros cogimos la rutina de completar el depósito a la que parábamos a comprar en alguna tienda para llevar provisiones para el día. Combustible para nuestro estómago y para el coche. No todos los días era necesario, pero conviene saber cómo llevas el depósito. En general son todas autoservicio y previo paso por caja a pagar.

En total hicimos unas 1430 millas, aproximadamente unos 2300 kilómetros en 11 días.

El coche se comportó bien en ciudad, aunque una vez en carretera o en subida se veía que no daba de más ya que tenía muy poca potencia. Pero bueno, te quedas en tu carril, dejas que te adelanten y te lo tomas con calma. Por lo demás, teníamos espacio de sobra, y afortunadamente no tuvimos ningún problema de chinas en el camino o pinchazos. Algo que parece ser común. Aunque sobre todo vimos coches dañados por la humedad con los bajos oxidados o la pintura comida.

La única incidencia que tuvimos en carretera fue un par de cortes por tala preventiva de árboles. Pero no está nada mal señalizado. Al contrario, nada de señor operario con chaleco y casco sosteniendo una señal de stop. Te plantan un semáforo, unos paneles, la velocidad máxima y unos conos. Y el tráfico se va abriendo en uno y otro sentido. Muy fluido todo. Solo estuvimos parados más de la cuenta una vez y fue porque se les cayó una rama bien grande a la calzada y tardaron en moverla.

En general las carreteras que recorrimos son de doble sentido y en buen estado, salvo cuando empiezas a subir hacia el norte. En la zona de las Tierras Altas son más estrechas, salvo alguna parte que de repente tiene una calidad superior, con mejor asfaltado. Y ahí ves el cartel de los fondos de la Comunidad Europea. Otro motivo para no querer el Brexit.

En cualquier caso, pese a lo diferente que puede ser, os animo a probarlo. En el fondo parece más complejo en nuestras cabezas que luego sentados ante el volante. Si no te terminas de atrever, siempre puedes elegir un coche automático para que te facilite un poco la tarea (aunque son un poco más caros). Lo bueno de la experiencia es que ya has cogido práctica para Seychelles, Chipre, Malta, Sudáfrica, Irlanda, la India, Japón, Australia o Nueva Zelanda. 😉

Os animo a conocer Escocia en coche, pues tras cada curva, cada pueblo, cada cambio de rasante, cada passing place, cada milla hay algo que os sorprenderá y encandilará.