Serie Terminada: Borgen

Tal y como está el panorama político, no paraba de leer u oír referencias a House of cards y a la serie danesa Borgen, y me las estaban destripando. Así que no había más remedio que ponerse al día con la primera y terminar la segunda.

Recuerdo que Borgen se centra en cómo llega Birgitte Nyborg, la líder de un pequeño partido de centro, a ser Primera Ministra danesa gracias a una coalición de partidos minoritarios. Se ve en plan maratón, ya que consta de tres temporadas de diez capítulos cada una.

Spoilers a partir de aquí.

borgen

En la primera temporada se desarrolla la llegada al poder de Nyborg, las negociaciones, los acuerdos, el marcar el territorio… En definitiva, los problemas con los que se encuentra en su día a día en el gobierno. También se pone el foco en el equilibrio entre trabajo y familia. Quiere seguir siendo ella misma, no traicionar sus principios ni los de sus votantes y a la vez mantener la unión familiar. Una empresa nada fácil. Se habla mucho de la igualdad nórdica, pero en el fondo se la critica bastante por ser mala esposa y madre y subyace la idea de que cómo va a ser capaz de liderar el país si no es capaz de poner en orden su vida familiar. Algo que ni siquiera sale a la luz cuando se trata de un hombre.

En la segunda temporada la serie pega un giro más dramático ahondando más en temas personales, en cómo afecta el poder y las presiones a los personajes. Tenemos un infarto, un cuadro de ansiedad, o el pasado del asesor de prensa con una infancia marcada por los abusos de su padre. Sin embargo, no se deja de lado la política, sino que se van entremezclando lo personal con lo profesional, influyendo ambos aspectos tanto de ida como de vuelta. Hay tensiones en el gobierno y con la política exterior, así pues, Nyborg echa más horas en Borgen, es decir, pasa menos tiempo en casa. Su hija no está en un buen momento y esta ausencia agrava su cuadro psicológico. Cuando parece que se está recuperando, la presión por ser hija de quién es y la persecución de la prensa amarilla provoca una recaída. Birgitte ha de hacer malabares para superar las crisis en casa y en el país, se encuentra entre la espada y la pared. Ha de asumir que no puede estar en varios sitios a la vez, así pues, o delega en sus compañeros sus labores profesionales para apoyar a su hija; o se aparta de su ella para centrarse en los asuntos institucionales. Y se decide por la primera opción, se aparta temporalmente de la política para que su hija se recupere.

Podríamos decir que hay un contraste entre las dos temporadas. La llegada al poder frente a la salida del mundo de la política. El contraste del sistema democrático, de la vida pública frente a la vida privada, a un aspecto más humano.

Dos años después de terminar la segunda, se emitió el tercer bloque de 10 capítulos, quizá para cerrar la trama y la historia de los personajes. Nyborg se ha dedicado a la empresa privada viajando por el mundo, y ya no reconoce a Dinamarca ni a su partido, pues ya no defienden las políticas e ideas por las que ella luchó en su mandato. Por tanto, decide crear su propio partido. La temporada aborda esta vuelta a la política, el crear un partido, establecer una línea e ideas distanciándose de su anterior grupo para acabar presentándose a unas elecciones plantando cara a los adversarios.

Sin embargo, de nuevo parece que se aborda más el enfoque humano que político de la serie con la enfermedad de la protagonista. Aunque realmente, tanto unas tramas como otras se abren y cierran con rapidez, no hay conflictos complejos y duraderos. Se trata más bien de hilos conductores, supongo que porque no quisieron enredar más los guiones. El desarrollo de la serie es la evolución de Brigitte, que experimentará un cambio tanto personal como profesional a través de los 30 episodios.

Cuando Nyborg llega al gobierno lo hace con la idea de que las reformas que quiere llevar a cabo pueden mejorar su país. No lo hace desde un punto de vista egoísta, sino por convicción y responsabilidad hacia los ciudadanos. Es un personaje transparente, sin dobleces, que a pesar de llegar al poder no cambia su casa ni sus pretensiones. Sus conflictos personales son los que tiene cualquier ciudadano en casa con su familia. Es una mujer inteligente, con éxito, pero con los pies en la tierra y la cabeza sobre los hombros. No es ambiciosa ni busca medrar por medio de traiciones como haría Frank Underwood en House of Cards.

Me ha gustado Borgen, permite adentrarse entre bambalinas y descubrir cómo negocian, cómo se llega a pactos, acuerdos, cómo se trata la política exterior, cómo se afrontan los conflictos internos. En un país con diez partidos en el parlamento, fluyen las relaciones y los contactos sin necesidad de tanto teatro (aunque también hay tejemanejes y jugadas sucias). Incluso las coaliciones para presentarse a las elecciones están a la orden del día. Dinamarca es otra historia.

La serie también profundiza en la relación entre la prensa y los políticos, con esa transparencia para con la ciudadanía. Tan predispuestos a aparecer en prime time para explicar una reforma o un conflicto ante los espectadores. Todo tan normalizado que da bastante envidia. Aunque también se trata el amarillismo o el todo vale con tal de tener audiencia.

Aunque quizá lo que más la acerca al espectador y le da ese toque de verosimilitud es que se abordan conflictos cotidianos como la falta de tiempo, las relaciones familiares, las infidelidades, las enfermedades… Y se tocan temas delicados como la violación a un menor, la salud mental, el cáncer, el menosprecio a Groenlandia, los tratados internacionales, el maltrato animal (sobre todo al cerdo), la igualdad laboral entre hombres y mujeres…

Es una serie que hay que ver independientemente de que te guste o no la política, porque es una muy buena historia, está muy bien contada y sigue de actualidad.

Nueva serie a la lista “para ver”: Borgen

Vuelvo a hablar de series mientras sigo clasificando fotos e información de Japón. El puente de mayo aproveché para desconectar un poco y para hacer un poco de sms. Aunque ya queda poco de manta. Uno de los pilotos que vi fue el de Borgen, una serie danesa ya finalizada de 3 temporadas. Borgen, es el nombre por el que se conoce coloquialmente al Palacio de Christianborg en Copenhague, sede del Parlamento, el Tribunal Supremo y la oficina del Primer Ministro.

Va muy acorde con los días de campaña electoral en los que nos vemos envueltos. La trama se centra en cómo llega Birgitte Nyborg, la líder de un pequeño partido de centro, a ser Primera Ministra danesa. En el primer capítulo vemos cómo hay una coalición entre partidos minoritarios (entre los que se encuentra el de la protagonista) para conseguir ganar las elecciones a un partido ya asentado en el poder. Se tocan temas como la corrupción (no a un nivel tan español, pero sí hay un uso de tarjetas con fondos públicos para uso privado), los tejemanejes y acuerdos entre partidos, la ambición, los “todo vale”, el sacar trapos sucios para hundir al rival, la traición o el uso de poder. Y mientras tanto, Birgitte, intentará ser fiel a sus ideales políticos, a sus votantes y, ante todo, ser ética.

Así pues, aunque se centre en un país nórdico, con su ideosincrasia, con otro tipo de moral que no tiene mucho que ver con la picaresca española, resulta muy interesante puesto que la política en sí va más allá de las nacionalidades. Se nos introduce en cómo funciona un gobierno, en cómo se relaciona con los medios, no en vano, hay dos personajes que ya en el piloto cuentan con un hilo argumental propio como son la periodista de televisión Katrine Fonsmark y el asesor de comunicación, Kasper Juul.

Todo el entramado de pasillos, de preparación de discursos, de encuestas y de reuniones es algo que me recuerda un poco a otra serie: El ala Oeste de la Casa Blanca, de Sorkin. Pero, aunque sólo he visto un capítulo, me parece que Borgen es mucho más cercana. No sólo por ser europea y que geográficamente nos quede más cerca, sino también por la narración de los hechos. No es tan idealista como la estadounidense. Y es que las series americanas siempre me da la sensación de que nos salvan contra el mundo, que tienen un complejo de Jack Bauer. Se creen el ombligo del planeta. En la serie danesa vemos a una protagonista que combina el poder político y público con la familia, intentando no perder la esencia de quién es, de sus creencias. De hecho, se apoyará en su marido (temporalmente retirado de su vida laboral para apoyarla en su andadura y cuidar de los dos hijos) para evaluar desde otra perspectiva si está perdiendo el norte. Creo que se llega a empatizar más con esta protagonista porque se la hace más humana con esa parte privada. No tiene una familia modélica en el sentido de las series americanas, todos rubios y perfectos ellos, con una Primera Dama que sonríe y apoya a su marido sin rechistar. Aquí tenemos a una líder política que se descalza cuando llega a casa, que se preocupa de si ha engordado y charla con su marido durante la cena.

Quizá en otro momento no me habría interesado tanto, pero en este momento en que la vida política está tan revuelta, me resulta interesante ver cómo se afronta en otros países, aunque sea ficción. Y también me da envidia, porque este tipo de dramas en la televisión española serían impensables, y en Rtve, ya sería una realidad alternativa. Sin embargo en Dinamarca la serie fue emitida por el canal público.

Es más, no sólo es que la serie sabemos que aquí no vería la luz, es que en sí la radiografía que hace Borgen del panorama político es muy diferente. No hay bipartidismo, sino que se buscan los pactos entre partidos por un bien común. Hay debates, todos los partidos acuden a una cita televisiva para dialogar y exponer sus ideas. Y la prensa no ve censurada su información. Cuánto nos queda por aprender…

Os dejo con el trailer

Crucero Fiordos Noruegos VIII. Etapa final llegada a Copenhague

Y llegó el final. El día que te levantas y ya todo ha acabado. Como os dije en la etapa anterior, ya habíamos dejado la maleta fuera durante la noche para que nos la bajaran del barco, y te asignan un bus según la hora de tu vuelo para llevarte al aeropuerto. Así que de ver Copenhague, o lo que quedó sin ver por las prisas, nada. Si vas por tu cuenta, que hay gente que además se queda un par de días en Copenhague y se vuelve a casa por su cuenta, también tienes un color asignado para que te dejen las maletas en otro lado. Pero en cualquier caso, no tendrás que cargar con ellas desde tu camarote hasta la salida.

Diario de a bordo CopenhagueNosotros teníamos el vuelo por la tarde, pero el camarote lo tienes que dejar a las 8 para que lo limpien y lo preparen para el próximo crucero. El barco vuelve a hacer el recorrido de nuevo y tal y como va dejando gente, van llegando nuevos vuelos.

Así que desayunamos tranquilamente, paseamos por el barco y esperamos hasta eso de la una que ya nos recogieron y nos llevaron al aeropuerto. La salida del barco la haces en cola, tienes que ir dando tu tarjeta del camarote, la escanean, ven tu foto, comprueban que has pagado todo, y si está todo correcto, te dejan salir.

Una vez en el aeropuerto, no fuimos a la terminal, sino que nos asignaron una nave en la que estaban todas las maletas, y tú ibas llegando, te ponías en cola y pasabas por unos pasillos y cuando veías la tuya, la cogías, y seguías la cola en dirección a los mostradores de facturación.

Aquí no se lo montaron muy bien, no sé si era culpa de los daneses, de iberocruceros, o qué, pero se hizo muy tedioso. Había como 10 mostradores en la nave adyacente a la de las maletas, pero sólo había unos 4 trabajadores atendiendo, con lo que aquello iba bastante lento. Hubo gente que se calentó más de la cuenta… que si es culpa de la naviera, que si los daneses, que si nos tienen aquí esperando… De hecho se nos juntó otro crucero y venían ya con lo suyo a sus espaldas y esto les hizo indignarse más aún… No puedo con la gente así. Vamos a ver, si no te parece bien lo que te están haciendo esperar, pide una hoja de reclamaciones, y listo, pero no vocees, calientes a la gente y des vergüenza ajena.

En el crucero de Pullmantur, en el Rondó Veneciano, la vuelta también fue cansina. Fue diferente porque el barco atracó en Venecia por la noche y podías estar fuera hasta el día siguiente, de fiesta, turismo o lo que quisieras. El desembarque fue similar, pero tenían las maletas ya cargadas en buses y de ahí al aeropuerto. Sin embargo, ahí también se montó el caos, y es que el aeropuerto de Venecia es enano. Nuestro vuelo que era a la 1 y pico y tenía los mostradores asignados a partir de las 11 y media, pero no podíamos facturar puesto que llevaban retraso con la facturación de los vuelos anteriores, y nos encontramos en la cola detrás de gente del crucero que tenía el vuelo a las 12. De tal forma que nosotros facturamos 10 minutos antes del despegue, fuimos los últimos… que la gente se pone muy atacada. Fue coger el billete, correr por la terminal, llegar a la puerta de embarque, subir al avión, sentarnos y volar. Vamos, que tardamos lo mismo en llegar que nuestras maletas.

Y es lo malo del viaje, que llevas una semana sin parar y si encima el último día, el de vuelta se te plantea así… llegas a casa con ganas de otra semana de vacaciones. ¿A dónde? A los Fiordos, sin duda. Por muy cansado que fuera, repetiría.

Crucero Fiordos Noruegos. Etapa I Copenhague

Y llegó el día de embarcar, y allí estábamos en Barajas esperando el embarque. Teníamos la salida de Madrid a las 10 de la mañana y pensábamos que la llegada iba a ser rápida. Pues no. Llegas a Copenhague, te dicen en el avión que tienes que coger la maleta en destino y llevártela al barco, pero cuando bajas, encuentras en el camino hacia la salida a personal de Iberocruceros que te dice lo contrario, que te olvides de las maletas, que ya las recogen ellos y se las llevan al barco. Al final no sabes que hacer, que sí, que no… Pero gana el no. Te montas en un bus que te lleva al puerto. Durante el camino de ida te van explicando las excursiones, que rellenes tus datos para la tramitación de la tarjeta magnética que usarás en el barco para entrar y salir (una forma de saber quién entra y quién sale, quién se queda en tierra…), para el camarote y compras, etc.

Una vez en el puerto no creas que ahí ya haces el embarque. Nooooo. Tienen montada una carpa, y a medida que van llegando buses con gente proviniente de diferentes vuelos te dicen que te sientes, te pongas cómodo y esperes a que llamen a los de tu color. Y ahí te puedes tirar una o dos horas fácilmente hasta que pasas por unos mostradores, enseñas tu documentación, te dan tus tarjetas y ya puedes entrar en el barco.

Ya dentro tienes que esperar otra cola pues te van haciendo una foto que incorporarán a su sistema para que cuando entres y salgas ellos vean que efectivamente eres tú. Y por fin puedes ir al camarote. Pero ojo, sin maleta. Las maletas irán llegando a la carpa y las irán distribuyendo a cada uno de los camarotes correspondientes (te las dejan en la puerta. Saben cuál te corresponde porque te ponen una pegatina en el embarque en el aeropuerto).

Nosotros pasamos por el camarote para situarnos, y a buscar la comida para ponernos en marcha cuanto antes. Comimos un algo rápido y a ver la ciudad de la sirenita. Todos los días al entrar al camarote, os encontraréis con el diario de a bordo, que os aportará datos sobre las actividades del barco, espectáculos, horarios, excursiones, datos sobre la ciudad que visitamos, teléfonos de interés. Aquí podéis ver el del primer día

Día 1Veis que pone lo del simulacro. Es importante e imprescindible, pero lo hacen el segundo día. Porque el primero con tanta entrada, excursión y demás, están saturados.

Pero vayamos a Copenhague, a la ciudad. Te encuentras en el puerto, a veces llegas a Langelinie y otras a Freeport, depende de los permisos. Nosotros llegamos a Langelinie, y si sales a la carretera y sigues una acera que va bordeando el puerto (Langelinie Allé, se llama) a una media hora andando (se puede coger el bus 26 o una parada en metro, pero después del vuelo y esperas, apetecía moverse) llegas al Parque Kastellet (tiene forma de estrella en el mapa) donde está la Sirenita. Por el camino vas viendo carteles que la anuncian, en danés, claro: Den Lille Havfrue. No sé danés, pero sí puedo imaginar que Lille es como little en inglés, y frue es como Frau en alemán… Pero por si no lo deducís, ahí os lo dejo.

Una vez vista la Sirenita y entender lo de ita. Nos dirigimos hacia el centro de la ciudad bordeando el parque (que es muy chulo, y muy verde)

pasando por la calle Bredgade hasta que llegamos al Palacio Real (Amalienborg).

Es una plaza muy chula con cuatro palacios y donde ves a los guardias dándose paseos para estirar las piernas. Es muy curioso porque la Familia Real reside allí, pero es de libre tránsito, no es una plaza vallada a la que no puedas acceder. Muy danés todo.

Seguimos caminando, siguiendo la misma calle y llegamos a Nyhavn (Puerto nuevo. En alemán neu es nuevo y Hafen puerto…)

Esta es una de las partes que más me gustó, las casas de colores, la gente en los restaurantes… un calor de mil demonios y un color de cielo ligeramente sospechoso.

Como no es que tuviéramos mucho tiempo a esa hora de la tarde, ya que teníamos que estar a las 8 y media en el barco, pues callejeamos desde el puerto, siguiendo la calle del puerto hasta Strøget y paseando por las calles peatonales descubrimos el ayuntamiento, la fuente del dragón, plazas, iglesias y la torre redonda.

Radhuspladsen es el centro neurálgico de la capital danesa, donde se encuentra el Ayuntamiento, construido en 1903, de planta rectangular y adornado con esculturas de la mitología nórdica, sobre todo dragones y serpientes.

Se puede visitar tanto el reloj astronómico como la torre de 105 metros que ofrece unas impresionantes vistas de Copenhague.

La plaza está rodeada por grandes edificios, como el Hotel Palace, de principios del XX.

En la esquina de la avenida H. C. Andersen con Vesterbrogade se encuentra la famosa Chica del Tiempo de Copenhague. Data de 1930 y en su día funcionó como barómetro. Consta de dos figuras femeninas, una en bicicleta si viene buen tiempo, y una con paraguas si parece que va a llover. Aunque hoy en día no funciona, y rotan ambas mujeres.

Nos lo tomamos con calma, quiero decir, vimos la sirenita, el puerto, el Palacio Real, y después anduvimos por las callejuelas peatonales perdiéndonos entre daneses, músicos callejeros, gente en bici (mucha bici).

Y es que aunque llevábamos mapa de la ciudad, la mayoría de las veces nos guiamos por los picos… y es que los edificios importantes siempre destacan.

Y a medida que íbamos paseando, yo decía, “uy, qué cielo, va a llover, tiene pinta de llover, uy, cómo se está poniendo, parece que va a venir tormenta, huele a mojado“.

Y decidimos no llegar hasta el Parque Tívoli y volver hacia el barco. Pero de repente empezó a chispear, y decidimos volver en metro… Pero aún así, el metro te deja como a media hora del barco, así que de igual manera tocaba caminar.

Fue entrar en el metro y empezar a diluviar. Para muestra unas imágenes

No he visto llover igual en toda mi vida. Nos llegaba el agua hasta las rodillas, a mí por lo menos. Estábamos secos, así que dijimos, bueno, vamos a esperar aquí en la estación, a ver si amaina, total, hasta las 8 y media, son las 7 y media… nos da… Y esperamos, esperamos, esperamos y a las 8 decidimos que no nos quedaba otra que mojarnos. Y así fue. Como si en el instante en que pones el pie fuera de la estación te echaran un cubo de agua encima, pero un cubo de 5 litros. Así que ya nos daba igual pisar charcos o meternos debajo de algún sitio. Anduvimos deprisa y acabamos corriendo. Llegamos a la carpa del barco empapados no, lo siguiente.

Menos mal que la mochila quechua es impermeable y todos los documentos llegaron sanos y salvos. A mí un viajero muy amable me dejó su chaqueta para que me pudiera quitar mi camiseta porque estaba chorreando, tanto que hacía charco. Las zapatillas sonaban, el reloj se me paró. En fin, no os lo podéis imaginar. Y no podíamos entrar en el barco porque desde la carpa hasta la pasarela había unos charcos de unos 15cm. Que yo le dije a uno de control “mírame y piensa si me importa“. Pero claro, había otro tema, y es que faltaban los de las excursiones. Que ya me contaréis, pagar de 25 a 50€ por persona para que tengan que meterte en el bus porque no te pueden enseñar nada y encima que el bus no pueda llegar al puerto de lo inundado que está todo…

Una vez en el barco no nos quedó otra que ir al camarote, ducharnos y ponernos ropa seca. La ropa y calzado tardó prácticamente toda la semana de crucero en secarse. Bueno, la ropa menos días, pero las zapatillas incluso dándoles aire caliente con el secador de pelo a ratos para ver si aquello secaba…

Y poco más de sí dio el día. Cena y animación. Y a dormir que amaneceríamos en Oslo al día siguiente.

Por cierto, por si no habéis visto las coronas danesas, aquí va una muestra de lo que nos sobróMoneda Danesa

Depende del cambio, pero ahora está más o menos 1€ = 7.45 DKK. Y una Corona a 0.13€. Nosotros creo que nos llevamos unos 50€. Realmente no gastas salvo en transporte y algun souvenir que quieras comprar, que en nuestro caso suele ser alguna figurita, imán y postal. De ahí que nos sobrara dinero.

Siguiente escala: Oslo.