Road Trip por Escocia. Día 8 II Parte: Culloden Battlefield y Clava Cairns

Como decía en la entrada anterior, después de Fort George nos dirigimos a Culloden Battlefield.

Se trata un lugar que marcó la historia de Escocia. Es el lugar donde se libró la última batalla entre tropas jacobitas y las tropas del gobierno el 16 de abril de 1746.

Fue una masacre. Cayeron unos 1200 Highlanders en algo más de una hora, mientras que en el bando inglés, que eran más y estaban mejor preparados tan sólo hubo 50 bajas. También ayudó que los escoceses llegaran cansados a la batalla como consecuencia de los enfrentamientos en los días anteriores y que el terreno perjudicaba en el combate cuerpo a cuerpo. Los ingleses iban con más artillería y lo tenían todo a su favor.

A partir de aquel momento comenzó la represión de los escoceses prohibiendo muchas de sus costumbres como el uso de la gaita, el kilt o el gaélico con intención de integrarlos. Por ejemplo, sólo se permitía usar el tartán a miembros del Ejército Británico. En el Acta de 1747 se destruyó el sistema de clanes. Los jefes de clanes perdieron sus tierras y muchos escoceses decidieron emigrar a América, Australia o Nueva Zelanda. Entre la emigración y las nuevas leyes se perdió gran parte de la historia y cultura escocesas. Para cuando en el siglo XIX se comenzaron a levantar algunas de las prohibiciones, ya era tarde.

Al llegar hay un aparcamiento y el centro de visitantes, que explica la historia y cómo se desarrolló la batalla de forma interactiva. Se exponen armas y objetos encontrados. Creo que costaba £11 y nos pareció un poco caro, así que lo bordeamos y nos dirigimos hacia el campo de batalla en sí. Aunque salvo las banderas azules y rojas que delimitan dónde se encontraban cada uno de los bandos y alguna placa, realmente no se ve gran cosa. Hay que echarle imaginación para visualizar la masacre que allí tuvo lugar.

Se pueden ver aún las cairns que indican las fosas comunes de los clanes que allí perdieron la vida.

También hay un Memorial Cairn, un enorme monumento que rinde homenaje a los jacobitas. Tanto a los que cayeron en la batalla como a los que sobrevivieron.

La verdad es que no estuvimos mucho tiempo, teníamos mucho que ver y ya nos habíamos hecho una idea del espacio y el acontecimiento histórico tan importante para la cultura escocesa.

Muy cerca se encuentran las Clava Cairns.

Telita con el nombre, suena a travalenguas. Es un tipo de cámara funeraria circular de la Edad de Bronce. Reciben su nombre por la zona en la que se encuentran, Balnuaran of Clava y si has visto Outlander o Brave te vendrán a la mente ideas místicas, saltos en el tiempo y transformaciones.

Aunque hay más repartidos por el país, los mejores conservados son estos, y tal es su importancia que le han dado su nombre a un tipo de tumbas prehistóricas.

Se conservan tres y están orientadas de suereste a noreste.

Las dos de los extremos tienen una bóveda de piedras y las entradas abiertas al suroeste, hacia la puesta de sol en invierno. Este tipo recibe el nombre de tumba de corredor. Se accede a la cámara mortuoria por un pasaje corto.

La tercera es de otro tipo llamado anular, es decir, un círculo cerrado al que no se puede acceder desde el exterior. Parece ser que esta diferencia se debe a que no había intención de enterrar a más personas en el recinto.

Los Clava Cains están rodeados en su exterior por un círculo de lápidas de diferentes tamaños. Las altas se suelen colocar siempre próximas a la entrada, y las más bajas, en el otro extremo, quedando ordenadas en escalera.

Es un entorno curioso, aunque no resulta tan impresionante como hemos visto en nuestras pantallas.

Comimos en un merendero junto al aparcamiento y a las 14:30 seguíamos nuestro camino dirección al Urquart Castle.

Road Trip por Escocia. Día 4 III Parte: Elgin, Fort George y llegada a Inverness

Tras descubrir el proceso de elaboración del whisky y saborear unos chupitos, emprendimos la marcha dirección a Elgin, previo paso por Keith.

Podríamos haber ido directamente a Elgin, pero no llevábamos comida y pensamos que quizá como Keith parecía una población más grande, encontraríamos algún sitio donde aprovisionarnos. Resultó ser un pueblecito con las calles desiertas y poco atisbo de comercios salvo una pastelería, un restaurante chino cerrado y una especie de ultramarinos que vendía sobre todo alcohol.

 

Encontramos unos sándwiches en una cámara al fondo y no nos lo pensamos mucho, porque ya era casi hora de merendar.

Volvimos a tomar la A96 hacia Elgin, un pequeño pueblo que conserva parte de su pasado medieval. Ganó importancia porque al estar entre Aberdeen e Inverness se convirtió en residencia de los primeros monarcas escoceses, David I, William I, Alexander II y Alexander III.

Y en la Edad Media no podía faltar una Catedral en un pueblo con tanta importancia. Hoy en día quedan sus ruinas, cuya visita es gratuita con el Explorer Pass. Lamentablemente llegamos unos 10 minutos después del cierre, por lo que tuvimos que conformarnos con rodearla por el exterior.

Tan sólo se conservan dos torres laterales de la fachada y el ábside octogonal, aunque este fue reconstruido. En él se celebran bodas.

Se entra por lo que era la puerta de acceso a la catedral. Ya desde la verja exterior se puede apreciar toda su magnitud y belleza.

La catedral, apodada como la Linterna del Norte se levantó en el siglo XIII, se puso la primera piedra en 1224 y se finalizó en 1242. Sin embargo, en 1270 quedó prácticamente destruida por un incendio. Pero como el pueblo no quería quedarse sin una construcción como esa, se levantó una iglesia mucho más grande que la anterior. Se trataba de un edificio de más de 90 metros de largo y ocho capillas. Se convirtió en la segunda catedral más grande de Escocia por detrás de la de St. Andrews.

Consiguió mantenerse intacta durante las Guerras de Independencia de Escocia en 1296, ya que fue respetada tanto por escoceses como por ingleses. Sin embargo, un siglo más tarde, en 1390 fue arrasada por Alejandro, el hijo de Roberto II para vengarse del Obispo Bur que lo había excomulgado.

Cuando Roberto II nombró señor de Badenoch a su hijo Alejandro, le otorgó la autoridad sobre las tierras de la iglesia. El obispo sufrió las presiones de Alejandro y su ejército y se quejó al rey. En 1388 Roberto Estuardo, duque de Albany, actuando como regente debido a los problemas de salud su padre, retiró todos los títulos a su hermano Alejandro de quien llegó a decir que era “inservible a la comunidad”. Además de actuar como un déspota en el ejercicio de su título, había abandonado a su esposa Euphemia y se había ido a vivir con su amante, con la que tenía varios hijos. El obispo le ordenó regresar con su mujer, algo que en principio Alejandro aceptó, pero que luego no cumplió. Ella pidió el divorcio y Alejandro perdió los derechos sobre las tierras de Euphemia.

Cuando murió Robert II en abril de 1390 las tensiones se acrecentaron. El estado y la iglesia se unieron contra Alejandro. Por un lado tenía a su hermano Roberto III (llamado Juan antes de subir al trono) que continuó luchando contra él despojándole de toda autoridad y por otro el obispo lo excomulgó. Alejandro tuvo que presentarse en la iglesia de los Predicadores de Perth ante sus hermanos (Roberto y Roberto III), así como ante el consejo general, para rogar el perdón y conseguir la absolución.

Sin embargo, sus ansias de venganza eran tales que quemó varios pueblos y la Catedral de Elgin. Tras este ataque cesó, no así sus hijos, tres de ellos acabaron encarcelados por sus actos violentos.

Se realizaron reparaciones en los siglos XV y XVI, pero acabó cayendo en desuso porque el Papa no quiso dar su bendición a la catedral en plena época de la Reforma. Fue abandonada y saqueada. En 1711 se llegó a derrumbar la torre y parte de la nave.

En la segunda mitad del siglo XX se aseguró el edificio renovando las piedras deterioradas.

En un lateral de la catedral se puede pasear por un cementerio. En él se pueden observar numerosas tumbas antiguas, como las de los antiguos obispos de la ciudad y benefactores de la catedral, así como restos arquitectónicos del templo.

Es una visita altamente recomendable, se encuentra en un paraje impresionante.

Volvimos a la carretera, rumbo a Inverness, parando antes en Fort George, una fortificación de artillería y uno de los mejores ejemplos de ingeniería millitar del siglo XVIII.

 

Sorprendentemente, al llegar nos encontramos con el aparcamiento totalmente vacío, poco nos faltó para descubrir que estaba ya cerrado.

Así que, dado que poco podíamos hacer, nos asomamos a la bahía a ver si atisbábamos algún delfín, pero no hubo suerte.

Corría un aire bastante gélido, así que volvimos al coche y continuamos hasta Inverness omitiendo también el Campo de Batalla de Culloden, puesto que también estaría cerrado dadas las horas que eran.

En Inverness habíamos elegido el The Gatehouse B&B. Estaba un poco alejado del centro, pero no nos influía mucho, ya que sólo iba a ser una parada técnica antes de continuar hacia el norte. Fue nuestra primera vez en un B&B y la experiencia fue buena, aunque el recibimiento fue algo seco. Aparcamos en la parte de detrás, y estaba abierta la puerta del garaje, así que accedimos al recinto de la casa. Otra inquilina iba a entrar a la casa en ese momento y nos sostuvo la puerta, por lo que entramos. Llamamos al timbre que había en el aparador y nos recibió la dueña con una cara un poco de perro por haber pasado, al parecer, debíamos haber llamado antes al timbre exterior.

La habitación era tal y como se indicaba en la web, eso sí, no teníamos baño incluido. Sin embargo, estaba en la puerta de al lado, y creo que solo lo usamos nosotros porque el resto de huéspedes sí tenían baño propio. Para una noche, no fue mucho problema. Lo importante es que la habitación era amplia y estaba limpia. También teníamos algún detalle de bienvenida y tetera.

Nos duchamos, nos comimos unos sándwiches que habíamos comprado por el camino y salimos a dar un paseo para estirar las piernas antes de volver a dormir.