Dubrovnik – La Perla del Adriático

Bueno, penúltima parada del crucero: Dubrovnik (Croacia). Ciudad conocida como “La Perla del Adriático”.

El barco no atracó en tierra, sino en el medio del Adriático y tuvimos que coger los botes salvavidas hasta la orilla. Aún así, estábamos a un kilómetro de la Puerta Pile, que es la entrada al casco histórico, la ciudad amurallada. Para desplazarnos nos planteamos si merecía la pena coger un taxi o bien ir andando (ya que un kilómetro no es para tanto).Finalmente nos decantamos por el bus, que salía directamente del puerto y nos costaba unas 8 kunas (algo más de un €). Aunque en algunos sitios aceptan el Euro, es recomendable cambiar algo de dinero. Nosotros cambiamos diez euros y nos dio para el bus (4 billetes) y un helado de 2 bolas. Nos sobró algo menos de la mitad, pero lo guardamos de recuerdo porque no llegaba ni a 3€.

A lo que iba, pues cogimos el bus camino a la ciudad amurallada tras cambiar algo de dinero. La entrada a la ciudad sale por unas 50 kunas, lo pagamos en euros, unos 7€ con algo. Y la verdad es que merece la pena. Pegaba el sol (aunque el señor del tiempo dijo que iba a llover) y había mucha gente, pero las vistas son estupendas como podéis apreciar en la foto.

Sus murallas son del siglo XII y su origen se debe a que debido a su situación geográfica era una ciudad continuamente invadida, tanto por Oriente como por Occidente. Y debe estar bien construida porque no se destruyó ni un pedazo con las explosiones de las guerras. Eso sí, se ve que los tejados han sido reparados y se aprecia que la ciudad va mejorando económicamente, gracias, en gran medida, a la apertura al turismo. La economía de la ciudad antes se basaba en la navegación y el comercio marítimo, es decir, en los barcos. Era tan importante que cada persona debía plantar a lo largo de su vida cien cipreses para poder construir barcos. Por eso hay tantos cipreses en la ciudad.

Zarpábamos a las 16 horas, por lo que sólo recorrimos las murallas y el casco histórico. A la salida nos encontramos con una procesión folclórica. No sabemos qué representaba pero iban ataviados con sus trajes típicos (e instrumentos musicales) y cantando.

Tras un paseo por el casco histórico y un heladito para mitigar el calor, nos volvimos en bus al puerto, a coger el bote salvavidas y comer en el barco.

Próxima estación (y fin del recorrido): Venecia.