Road Trip por Escocia. Día 7 II Parte: Highland Games

En un principio teníamos planificado un día tranquilo para recorrer la costa oeste y hacer noche en Ullapool, sin embargo, unos días antes de salir de viaje nos enteramos de los Highland Games, que van celebrándose en de mayo a septiembre por toda Escocia. Tan solo podríamos asistir a los de Durness, el problema es que empezaban a las 12 del mediodía, hora a la que se supone que ya estaríamos en marcha. Pero como era un día tranquilo, con pocos kilómetros, modificamos la idea original para empaparnos del ambiente festivo. Y por ese motivo decidimos volver a Smoo Cave, porque no teníamos prisa en salir como el resto de los días.

El origen de los Juegos de las Tierras Altas se remonta a hace varios siglos, al sistema de clanes. Los jefes animaban a sus hombres a participar en pruebas de fuerza, destreza y resistencia. De esta forma se demostraban las dotes para la batalla.

Hay varias teorías al respecto sobre su comienzo. Por un lado se dice que la primera vez que tuvieron lugar fue en el siglo XI cuando el rey escocés Malcolm III, con la intención de descubrir cuál de todos los hombres escoceses era el más fuerte, creó una reunión cerca de Braemar. Aunque hay otra rama que defiende que es una tradición más antigua, que eran competiciones entre aldeas para elegir al mejor guerrero.

En cualquier caso, en la actualidad son todo un acontecimiento e interesantes de ver para conocer la cultura e historia escocesas. Gozan de buena fama mundial y se celebran también en EEUU y Canadá (sobre todo donde hay descendientes de emigrantes tras las guerras jacobitas). Los auténticos Juegos combinan deporte, diversión y cultura, todo ello con un toque escocés.

Se suelen realizar diversas actividades:

Pruebas de fuerza:

  • Lanzamiento de martillo: Es similar al Lanzamiento de Martillo olímpico, pero con una bola de metal de 20kg con un mango rígido de algo más de un metro. Ha de lanzarse sin mover los pies del sitio y con una sola mano, así pues, el competidor ha de hacerlo girar por encima de su cabeza para que coja velocidad. El ganador es el que lo lance más lejos.

Para no mover los pies del sitio se calzan unas botas especiales con una puntera que tiene una especie de cuchilla que se clava en la tierra.

  • Lanzamiento de Piedra: es similar al de Lanzamiento de Peso de los Juegos Olímpicos, pero en lugar de acero, el objeto que se lanza es una piedra. Generalmente se puede usar un estilo libre de lanzamiento siempre que se use una sola mano y se apoye contra el cuello hasta el lanzamiento. Sin embargo, en el “Braemar Stone”, no se permite correr hasta el bordillo para lanzar la piedra.

  • Lanzamiento de peso en altura: Consiste en lanzar un peso de más de 25 kg por encima de una barra horizontal. Solo se puede usar una mano y tienen 3 oportunidades por altura. Gana el que consiga el mejor lanzamiento. La técnica es libre.
  • Lanzamiento de fardo: Este no tuvimos la suerte de presenciarlo. Se trata de lanzar un manojo de paja envuelto en un saco (9 kg para los hombres y 4,5 kg para las mujeres). El fardo ha de pasar superar una barra horizontal similar a la del salto con pértiga.
  • Lanzamiento de tronco: El competidor ha de estabilizar verticalmente un tronco de unos 6 ó 7 metros y 80 kg. Ha de cogerlo por el extremo más estrecho, después correr con él y lanzarlo haciendo que gire sobre sí mismo siguiendo el eje vertical. Ha de caer en el suelo sobre el otro extremo, el más ancho. Aquí lo importante no es la distancia, sino conseguir que el extremo superior pase a ser el inferior. Se asignan puntos al que consiga que el tronco aterrice de la forma más recta posible.
  • Tira y afloja con palo: Los competidores se han de sentar en el suelo uniendo las plantas de los pies contra el otro. Ambos agarrarán un palo y tratarán de levantar a su contrincante. Gana el que consiga tumbarse.
  • Maroma: ¿Quién no conoce este juego? En las fiestas de mi barrio era muy popular. Dos equipos con un número variable de integrantes se colocan frente a frente tirando de una cuerda. Esta tiene tres marcas, la que indica el centro, y otras dos laterales. Gana quien lleve el centro a su lateral.
  • Scottish Backhold: Es algo parecida a la lucha canaria o leonesa. Los competidores comienzan agarrando al oponente de la cintura y la barbilla posada sobre el hombro derecho. Gana el que consiga la mejor puntuación en cinco rondas. Para ello ha de hacer que el contrario toque el suelo con otra parte del cuerpo que no sean los pies, o se suelte de la posición inicial. Al contrario que el sumo, no tiene espacio delimitado. Los participantes han de llevar la tradicional kilt.

Para competir en las pruebas de fuerza era imprescindible vestir el kilt. Aunque por lo que vimos, sí que llevan algo debajo…

Pruebas de atletismo, en yardas, claro. Aquí vimos a los jóvenes de la zona corriendo en diferentes categorías en sus versiones masculinas y femeninas.

También había carreras de saco o de huevos con cuchara. Pero eh, escoceses, os tengo que decir que no sabéis hacer la carrera de huevo con cuchara. No se lleva la cuchara en la mano sin más, eso no tiene mérito. Hay que llevarla en la boca, ahí es cuando se juega con el equilibrio del huevo.

Una prueba que me resultó muy curiosa fue la pelea de almohadas.

Concursos de artes tradicionales como la danza o exhibiciones de gaita (o arpa).

  • En danza suele haber varias categorías: baile escocés, baile de salón, ballet clásico y baile cuadrado. No había mucha participación, al menos que nosotros viéramos. 

El baile en su origen era un evento masculino, no se permitió a las mujeres participar hasta el siglo XIX

  • Pero sin duda, el evento más importante es el protagonizado por la banda de gaitas. Suelen realizar la apertura y clausura de los juegos, hacen algo así como un pasacalles. Todo un espectáculo. Vaya coordinación y al loro con los pompones.

Además, había varios gaiteros en el recinto amenizando los Juegos.

Todo esto en cuanto a las competiciones, pero para el espectador no pueden faltar carpas de feria y puestos de comida o productos escoceses. Los Juegos de las Tierras Altas suponen un evento cultural reivindicativos de las tradiciones escocesas.

Lo curioso es que los Juegos de Durness son unos de los más pequeños de Escocia, así que no me quiero imaginar la envergadura de los de una localidad más grande. Aún así fue una experiencia pasar parte del día viendo los Juegos, una pena no poder ver más competiciones, o incluso en otro pueblo. Se retomaron en 1970 tras un parón de unos diez años. Desde entonces se celebran en el Shore Park.

La entrada costaba £6 por adulto, supongo que para sufragar los premios. Había una camioneta a la entrada del camino que llevaba al recinto y te daban una pulserita, para poder entrar y salir, ya que los eventos duraban todo el día.

Las actividades comenzaron a las 12 con el desfile de la banda de gaitas  y una posterior presentación con miembros de la comunidad. Todos ellos vestidos para la ocasión con sus cuadros escoceses.

Resultaba curioso ver a los hombres con las faldas cortas y algunas mujeres bien arropadas con sus mantas. Y es que no pasábamos de los 14º y corría bastante aire. El más listo aquí el amigo con sus pieles cual vikingo o un miembro de la Night’s Watch de Juego de Tronos.

A eso de las 2, decidimos marcharnos y continuar con nuestra ruta.

Road Trip por Escocia. Día 7: Smoo Cave y Secret Beach

Comenzamos el día desayunando con una familia alemana que nos contó que habían llegado a Newcastle en su propio coche. Al parecer hay muchos alemanes que prefieren ir hasta los Países Bajos y allí coger el ferry hasta la isla. De esta forma no alquilan un vehículo con el volante en la derecha. La idea es buena, pero luego en la práctica, no sé si resulta muy práctico, pues has de circular por la izquierda con el volante también en ese lado y las referencias cambian, sobre todo en las carreteras de doble sentido o en las incorporaciones.

Sarah tenía preparado un aparador con cereales y zumos. Además, nos sirvió yogur, fruta fresca, mantequilla y tostadas. Nos preparó el café y té, así como unos huevos. Esta vez tocaron fritos.

Durante el desayuno hablamos sobre nuestro viaje, lo que habíamos visto; sobre la zona, las playas, las vacas con flequillo que seguíamos sin ver, nuestra frustrada visita a Smoo Cave… Y dado que parecía que el día estaba algo despejado, decidimos volver a intentarlo. Estábamos a cinco minutos y teníamos la espinita. Sin embargo, tampoco hubo suerte, seguía cerrada. Sí que es cierto que se podía ver la cascada en la segunda cámara sin que el agua te empapara y no pudieras ni abrir los ojos, pero imagino que aún así el caudal impedía poder navegar la tercera con seguridad.

Decidimos hacer un poco el cabra y subimos a los acantilados para tener otra perspectiva de la zona.

Lo cierto es que no fue una pérdida de tiempo para nada, ya que las vistas merecen la pena.

Aún era pronto, así que, decidimos acercarnos a una playa secreta que nos había comentado Sarah.

Su nombre real es Ceannabeinne Beach. Paramos en un passing place en el que había un panel indicando el Ceannabeinne Township Trail y seguimos el camino marcado.

En la zona hay una ruta de 1km que indica dónde se encontraron los restos de una ciudad abandonada en 1842. En el siglo XVIII Ceannabeinne era la típica comunidad granjera de las Tierras Altas. La granja estaba alquilada por el jefe del Clan MacKay. La comunidad funcionaba de una forma bastante autónoma gracias a la colaboración de sus cohabitantes. En 1841 había 50 personas viviendo en 10 construcciones. Al año siguiente, no había nadie, en la primavera de 1841 recibieron una carta de desalojo indicándoles que tenían 48 horas para abandonar sus casas. Formaba parte de la nueva ley inglesa que pretendía acabar con el sistema de clanes y con todo lo que tuviera que ver con la herencia escocesa. En este caso el asentamiento parece que comenzó hace 6000 años, durante el Neolítico.

Entre los restos, se puede ver una formación rectangular del perímetro de una casa, probablemente de 1800. Varios excavamientos arqueológicos han sacado a la luz chimeneas y muros interiores, por lo que se puede ver cómo vivían. Incluso aunque los residentes no eran propietarios de las viviendas, se cree que las construían con dedicación y confiados en que iban a permanecer bastante tiempo.

Sarah nos había explicado que había que llegar hasta el acantilado y después una bajada que llevaba a la playa.

Así pues, pensábamos que estaba bien indicado y comenzamos a seguir los paneles que nos llevaban entre los restos de un asentamiento. Paseamos entre algodones (literalmente – la comunidad los usaba para rellenar los colchones-) y finalmente llegamos al acantilado.

Las vistas son impresionantes, y entiendo que los locales se guarden el secreto de la playa.

Se trata de un semicírculo de arena blanca protegido por los acantilados. Intentamos encontrar la bajada, bordeamos el precipicio de derecha a izquierda, pero nada, no tuvimos éxito, no vimos la manera de bajar a la arena, por lo que nos tuvimos que contentar con las vistas desde las alturas.

Durante la redacción de este texto, cuando busqué en google la playa para insertar el mapa, he visto dónde nos equivocamos. Y es que los paneles indican los restos de la antigua ciudad, pero el acceso a la playa es algo más abajo, no hay que dejar el coche ahí, sino continuar un poco más adelante la A838, antes de llegar a Rispond Bay. Así que, tomad nota.

ceannabeinne-beach

Como no terminábamos de encontrar por dónde bajar y eran ya más de las 11, decidimos volver al pueblo.

Road Trip por Escocia. Día 6 II Parte: Smoo Cave, llegada a Durness y Balnakeil Bay

Un par de kilómetros antes de llegar a Durness paramos en Smoo Cave. Hay un aparcamiento junto a la carretera y unas escaleras de madera a ambos lados que conducen a la playa y a la cueva.

Durante siglos se pensó que era la residencia del diablo. Ha sido utilizada por contrabandistas del whisky, que se adentraban en ella para esconderlo.

Se trata de una cueva de piedra caliza con una cascada en su interior. Es una parada obligatoria en la zona, su gran punto de interés. Comenzó a cobrar importancia tras la visita del escritor Sir Walter Scott en 1814.

Está dividida en tres cámaras, la primera parte es gratuita, para adentrarse más hay un tour de unos 20 minutos que cuesta 5 libras.

La primera cámara tiene 15 metros de altura, 60 de largo y 40 de ancho.

En la segunda hay un pequeño mirador y una piscina donde vierte una catarata que proviene del río Alt Smoo a través de un agujero en el techo de la cueva.

A la tercera se puede entrar en una pequeña barca hinchable pasando por delante de la cascada. Pero sólo en julio y agosto. Lamentablemente nosotros no pudimos hacer el tour porque las lluvias de los últimos días hicieron que el caudal del río estuviera bastante alto y la cueva no fuera navegable.

Así pues, nos tuvimos que contentar con ver la entrada a la cueva y asomarnos a la barandilla que lleva a la cascada. Aunque no se puede ver mucho porque el agua te salpica directamente en la cara.

De nuevo arriba dimos un paseo por los alrededores, se ve cómo llega el río con ese color tan típico escocés y cae la cascada a la cueva.

Volvimos al coche esta vez ya con dirección al alojamiento de Durness. Habíamos elegido Churchend Cottage Bed & Breakfast y nos recibió Sarah con su simpático perro.

Descargamos el coche y nos refrescamos un poco. Estuvimos hablando con Sarah, que nos prestó un mapa y nos explicó sitios que ver en las proximidades. Y como era pronto, decidimos acercarnos a Balnakeil Bay y dar un paseo por la playa.

Durness es conocido por ser el municipio donde John Lennon pasaba las vacaciones de verano en casa de unos familiares cuando era niño. Hay un monumento en su honor y todo. Toda la zona era donde residía el Clan Mackay, de hecho, por eso se conoce la región como el País Mackay. Sin embargo, también parece que vivieron los Morrison.

Balnakeil Bay tiene la fama de ser una de las playas más limpias de la zona, con su arena blanca y protegida de los vientos por las dunas. Junto a ella está el Durness Golf Club y al norte una instalación militar.

Las dunas son unas de las más finas de todas las Highlands. La zona está vallada porque se trata de un terreno que pertenece a una granja familiar. No hay problema en cruzar la puerta, pero hay que cerrarla después. Y si vas con perros, tienen que ir con la correa, sobre todo en la época de cría para que no asusten a las ovejas.

La playa es similar a la de Sangobeg, con esa arena blanca, ese agua cristalina y las montañas verdes al fondo. Se respira tranquilidad en ella e invita al paseo.

También podemos visitar una pequeña iglesia, la Durness Old Church. 

Balnakeil fue el centro de la Cristiandad desde el siglo VIII. La iglesia fue erigida en 1617 sobre los restos de otra más antigua que era conocida porque apoyó las Cruzadas en el año 1100. Fue reconstruida en 1690 pero quedó abandonada a mediados del siglo XIX cuando se construyó una nueva. Actualmente está en ruinas y parcialmente cubierta por la hiedra, lo que le da ese encanto propio de los edificios antiguos de Gran Bretaña.

Se puede visitar el pequeño cementerio que hay junto a las ruinas. En él destacan las tumbas del poeta gaélico Rob Donn, de la tía de John Lennon y del salteador de caminos Donald Macmurchow, perteneciente al Clan Mackay.

Frente a la iglesia está la Balnakeil House, del siglo XVI, que perteneció a uno de los jefes del Clan Mackay. Se cree que está construida con piedras provenientes de la residencia de verano de los obispos de Caithness.

El edificio actual data de 1744, pero su interior fue remodelado en la época victoriana. Se vendió en 1904 a la familia Elliot, que siguen siendo sus dueños hoy en día.

Hubiera estado bien ver atardecer, pero aún quedaba bastante, la verdad. Nos volvimos andando al pueblo y fuimos fijándonos en las opciones que teníamos para cenar. Tan solo había un comercio, un Spar que no tenía mucha oferta. Así que cenamos en un restaurante que nos había recomendado Sarah, el Sango Sands Oasis. Nos tocó esperar, porque era hora punta, las 7 de la tarde, pero nos tomamos un refresco tranquilamente mientras nos daban mesa.

No teníamos especial prisa, pero lo cierto es que no tuvimos que esperar mucho. Como estaban en fiestas en el pueblo, no había mucha opción en la carta, tenían bastante reducido el menú. Optamos por el famoso Haddock rebozado y acompañado de patatas cocidas; y una lasaña de la casa con patatas fritas. Para compartir elegimos una ensalada de gambas que era enooooooooorme. Acabamos más que llenos por unas £30.

Con el estómago más que a reventar, volvimos al alojamiento a ducharnos y revisar el planteamiento del día siguiente, puesto que había un evento en Durness que merecía la pena vivir.