Conclusiones del Itinerario por Escocia

Escocia ofrece todo tipo de puntos de interés; desde interesantes ciudades con históricas fortificaciones hasta escarpados acantilados, interminables playas, colosales montañas y misteriosos lagos. Por supuesto, no hay que olvidar los campos de batallas o los restos prehistóricos. Hay mucho que ver, y la elección dependerá de cada viajero y sus preferencias. En nuestro caso, queríamos un poco de todo: algo de ciudad, mucho de verde, un poco de historia, retazos de cultura… Quizá lo único que se quedaba fuera era el golf.

Con esta premisa, configurar un itinerario en el que intentar aunar todo, no es tarea fácil. Había que concentrar mucho en un par de semanas. Como ya comenté al inicio del relato, escribí a VisitScotland para saber por dónde empezar. Tras leer la información, lo primero que descartamos fueron las islas. Era imposible abarcar tanto. Nos quedábamos con la parte peninsular. Después, una vez elegido aeropuerto de entrada y salida, todo apuntó a la parte norte, dejando las Tierras Bajas para otro momento.

Partiendo de Edimburgo, con una ruta circular y contando con 13/14 días, empezamos marcando en el mapa puntos para ver y salen demasiados para verlos todos. Imposible por la climatología y las carreteras. Y aún así, in situ hubo que saltarse algunas paradas por ausencia de tiempo o reconfigurar el día por los horarios de visitas o la falta de luz. Aunque lo cierto es que en general cumplimos con la planificación inicial.

En Edimburgo no cambiamos mucho la planificación, sí que intentamos concentrar más cosas en el primer día por la previsión de lluvia para el segundo. Pero pese a los pequeños ajustes, conseguimos ver tanto la ciudad nueva como la vieja, así como el Castillo y ambas colinas.

En nuestro primer día de ruta (tercero de viaje) teníamos previsto Edimburgo – Aberdeen parando en Saint Andrews, Dundee, Glamis Castle y Dunnottar Castle. Tuvimos que dejar fuera Dundee, pues según íbamos cruzando el puente, y valorando los horarios de los castillos, decidimos que había que sacrificar algo. Y aún así llegamos a Stonehaven casi a la hora de cierre y no entramos al castillo. Sin embargo, sí que dimos un paseo por Aberdeen, aligerando así el siguiente día.

Aunque Glamis Castle resulta interesante, lo ideal habría sido: Edimburgo – Saint Andrews – Stonehaven – Dunnotar Castle – Aberdeen.

Pero bueno, como mi hermano se fue a vivir a Aberdeen, quizá nos espere una visita pronto y podamos resarcirnos. Así quedaría con la modificación:

El cuarto día teníamos previsto Aberdeen – Inverness con paradas en Huntly Castle, Destilería, Keith, Elgin, Cawdor Castle, Fort George y Culloden Battlefield. Demasiado para un mismo día, y eso que fuimos descartando. Comenzamos paseando por Old Aberdeen y visitamos el castillo por la mañana. Dedicamos la tarde a la destilería, pero para cuando quisimos llegar a Elgin y Fort George ya estaban cerrados. Keith fue una pérdida de tiempo, Cawdor Castle hubo que descartarlo y Culloden Battlefield directamente lo pospusimos porque no íbamos a ver nada ya casi al atardecer.

Así que, simplificaría el día de la siguiente manera:

El quinto día dejábamos Inverness para subir al norte, hasta Thurso. Las paradas del día eran Rogie Falls, Dornoch, Dunrobin Castle y los acantilados John O’Groats. Este día estaba bien ajustado, pues nos dio tiempo a todo. Eso sí quitando de la ecuación el Dunrobin Castle. A mi parecer, mucho más interesantes fueron las paradas en los acantilados que en un castillo que destacaba por sus jardines. Prefiero ver naturaleza abierta.

El sexto día seguimos en el norte y creo que no requiere de más ajustes que los que hicimos en ruta. Fuimos de Thurso a Durness parando en Melvich Bay, Fiordo de Eriboll y Smoo Cave. Seguimos la planificación del día salvo al final, que como no pudimos visitar la cueva, nos fuimos a descubrir rincones de Durness. Y de hecho, al tratarse de lugares al aire libre, aunque hubiéramos visitado la cueva, nos habría dado tiempo a darnos el paseo por la bahía y el pueblo.

Nuestro séptimo día vino en parte condicionado por los Highland Games en Durness, a partir de ahí, solo nos quedaba la tarde para llegar a nuestro destino en Ullapool. Sin embargo, era algo imprescindible, ya que era el único lugar en el que podríamos conocer este acontecimiento que se celebra en diferentes fechas por todo el país en verano. Como comenzaba a media mañana, aprovechamos a primera hora para probar suerte con Smoo Cave y a buscar la secret beach.

En principio teníamos previsto Balnakeil Bay, Ardvreck Castle y el Parque Natural de Knockan Crag. Pero Balnakeil quedó visto el día anterior, así que algo habíamos aligerado. El parque lo atravesamos sin más, no hubo que desviarse y Ullapool es un pueblecito pesquero pequeño por el que dimos un paseo pero que no nos llevó mucho tiempo. Así que la ruta quedaría así:

El octavo día volvíamos a Inverness con un día completito. Teníamos prevista la ruta circular por el Lago Ness, visitando Urquhart Castle y Fort Augustus. Sin embargo, dado que el cuarto día habíamos tenido que ajustar y se quedaron fuera Fort George y Culloden Battlefield, los incorporamos a esta jornada. Nos fuimos directos a Fort George desde Ullapool, después visitamos el campo de batalla, añadimos Clava Cairns y finalmente retomamos la planificación con el lago, el castillo y Fort Augustus, para finalizar en Inverness dando un corto paseo ya al atardecer bajo la lluvia intermitente.

Resultó ser un día agotador. Sin embargo, si lo volviera a hacer, dejaría fuera Fort George porque por muy importante que fuera en su momento, ni siquiera cumplió su función. Quizá hasta Culloden Battlefield, aunque es es un lugar muy señalado para la historia de Escocia. Ninguna de las dos paradas me resultó tan interesante como las Clava Cairns.

Eliminando una de estas dos visitas (o las dos), habría más tiempo para la naturaleza que nos ofrece el entorno del Lago Ness, así como un tranquilo paseo entre las ruinas del Urquhart Castle.

En nuestro noveno día de viaje, nos dirigimos hacia Skye. Si bien es cierto que habíamos dejado fuera las islas, parece que el acceso a esta región de las Hébridas Interiores parecía posible, así que ahí quedó en la planificación. Las paradas serían Dornie, Portree y Old Man of Storr. Ninguna pega a esta ruta, ya que tanto Dornie como Portree son pueblos pequeños, lo que realmente lleva su tiempo es la subida al Old Man of Storr. Sin duda uno de mis días favoritos. Fue exigente, pero si te gusta la naturaleza, es una caminata indispensable.

Además, como cuando terminamos la ruta nos quedaban horas de luz, adelantamos parte de lo previsto para el día siguiente subiendo hasta Uig y bajando por la costa parando en la cascada de Kilt Rock. Quedó rematado el día.

El décimo día era complicado, porque teníamos que estar en el ferry a última hora de la tarde. No es lo mismo la hora de llegada de un hotel que la de un transporte. Aunque si hubiéramos perdido el barco podríamos haber salido por el puente, tal y como entramos, sin embargo, nos habría supuesto muchos más kilómetros y tiempo. Tenía solución, pero mejor intentar cumplir con la previsión.

En principio la idea era Fairy Glen, Uig, Coral Beach, Dunvegan Castle, Neist Point Lighthouse y llegar a Armadale para coger el ferry a Mallaig. Con Uig ya visto, decidimos descartar también Fairy Glen. Seguro que es un paraje estupendo y totalmente místico, pero no daba tiempo. Y ya a las puertas del Dunvegan Castle también lo suprimimos porque preferíamos ver naturaleza, paisajes y acantilados antes que los restos de una bandera, con mucha historia, sí, pero hay que seleccionar y algo se tiene que quedar fuera.

Con estas exclusiones, quedó un día mucho más despejado, tranquilo y para disfrutar con calma. Incluso nos dio para descubrir en el camino Dun Beag Brog y entrar al castillo del Clan Donald.

El decimoprimer día sí que lo cambiamos totalmente porque no estaba bien organizado. La ruta era Mallaig – Oban pasando por Glenfinnan, Kinlochleven, Glencoe, Castle Stalker y Ardchattan Priory. Sin embargo, la noche anterior revisando la planificación, optamos por salir de Mallaig con tiempo de llegar a Glenfinnan a la hora del tren de vapor, después paseo por Fort William, recorrido de ida y vuelta por Glencoe, Dunstaffnage Castle y para finalizar Castle Stalker.

Quedaba un poco con idas y venidas, pero había que cuadrar horarios. En primer lugar por el tren, y después porque el Dunstaffnage Castle cerraba pronto. El Castle Stalker quedaba de camino, pero como está en una isla y solo lo íbamos a ver de lejos, pues pensamos que era mejor volver después del cierre del primer castillo y parar tranquilamente. Aunque lo cierto es que después no estuvimos mucho tiempo, porque empezó a chispear, así que lo justo para cuatro fotos.

En resumen, no estuvo mal del todo, pero creo que nos sobró Fort William, y ese tiempo ahorrado lo podríamos haber empleado en recorrer más tranquilamente, o más trecho, el Glencoe.

Oban quedó fuera porque cuando pasamos con el coche dirección a Dunstaffnage no nos pareció lo suficientemente interesante y ya llevábamos un día bastante cargado. Y lo que nos esperaba la jornada siguiente, más aún.

Esta es la ruta que recomiendo:

El decimosegundo día no tenía muchas paradas, pero sí que nos iban a llevar tiempo. Saldríamos del hotel, visitaríamos Balquidder, Loch Lommond, Doune Castle y Wallace Monument. Oban quedó totalmente obviado, como decía más arriba. Por lo demás, solo hicimos una variación, que fue no parar en el parque, sino simplemente atravesarlo, y completar la ruta con Stirling, tanto paseando por la ciudad, como visitando el castillo. De esta forma despejaríamos el penúltimo día.

Para ello, hay que madrugar, de forma que lleguemos con tiempo suficiente de recorrer todo el castillo antes de su cierre. Para la ciudad hay más tiempo dado que anochecía horas más tarde.

El decimotercer y último día de coche se vio condicionado por la entrega del coche. En principio estaba programado parar por el Campo de Batalla de Bannockburn y Falkirk Wheel, después visitar Glasgow y estar antes de las 18h en Edimburgo para devolver el Golf. Imposible, así que saltamos directamente a Falkrirk Wheel, que parecía más interesante que el Campo de Batalla. Aún así, vimos lo más céntrico de Glasgow limitados por la hora de regreso.

 

Quizá deberíamos haber elegido entre Stirling y Glasgow para haber podido dedicar más tiempo a una de las dos. O incluso haber devuelto el coche la mañana siguiente a primera hora y haber salido directamente para el aeropuerto. En cualquier caso, Stirling, Falkirk, Glasgow y Edimburgo están bastante próximas y bien comunicadas.

En definitiva, que hubo que ajustar y descartar algunas paradas previstas, pero en general, cumplimos bastante bien con el plan previsto. Dejamos fuera algún castillo que no estaba incluido en el Explorer Pass por falta de tiempo o interés y aprovechamos ese tiempo para disfrutar de los parajes escoceses.

Road Trip por Escocia. Día 14: Regreso a Madrid

Y llegó el día del regreso. Todo tiene su fin. Teníamos el vuelo a las 12:05 de vuelta a Madrid, con lo que teníamos que levantarnos pronto, porque necesitábamos una hora para tomar el bus al aeropuerto, y un par de horas antes que has de estar allí…

La noche antes ya habíamos dejado la maleta hecha, nos faltaba finiquitar los últimos detalles antes de partir. Como no teníamos desayuno en el Easyhotel, salimos a un costa café que teníamos cerca y nos tomamos un café / té chai, un zumo y una magdalena tranquilamente.

Después volvimos al hotel, nos cercioramos de que llevábamos todo, recogimos, y nos fuimos hasta Waverley Bridge para coger el bus. Como ya habíamos comprado el billete de ida y vuelta, tan solo tuvimos que enseñarlo al subir.

Bus aeropuerto

Facturamos la maleta y nos dimos un paseo por la pequeña terminal buscando algo que comprar para comer ya que en el vuelo si queríamos comer algo, tendríamos que pagar igualmente y las opciones son menos variadas. Aunque tampoco es que tuviéramos mucho dónde elegir.

Y nos despedimos de Escocia con un nuevo viaje ya en mente, pues mientras hacíamos cola para embarcar en nuestro avión mi hermano nos escribió comentando que estaba hablando con un amigo para hacer una escapada en diciembre… Y como estábamos un poco nostálgicos, nos unimos a la aventura.

Pero para ese nuevo periplo habrá que esperar aún.

Road Trip por Escocia. Día 13 II Parte: Glasgow y llegada a Edimburgo

Y llegamos al final del viaje con nuestra última parada: Glasgow. A orillas del río Clyde, es la ciudad más grande de Escocia y el mayor centro comercial de la región. En cuanto a importancia, ocupa el segundo lugar por detrás de Edimburgo, en continua rivalidad. Glasgow ya existía en época de los romanos, aunque su esplendor es gracias a la época industrial.

La historia de la ciudad y su estilo arquitectónico deben su esplendor a la época victoriana y a los lords que se hicieron de oro con el tabaco en países transoceánicos. Tiene fama de ser sucia y fea, pero en los últimos años ha sufrido un proceso de modernización. Las fábricas y astilleros que había a lo largo de la ribera han desaparecido dejando su lugar a parques y avenidas. No en vano, su nombre significa “querido lugar verde” y hoy en día cuenta con casi una centena de parques y espacios naturales. Ha crecido la oferta cultural y los barrios han adquirido un carácter bohemio.

Acostumbrados a aparcar en cualquier sitio, llegar a Glasgow fue un golpe de realidad. Imposible encontrar un hueco, y los pocos que veíamos eran de pago y carísimos. Al final, aparcamos cerca de la catedral y del National Piping Centre (el centro para el aprendizaje del arte de la gaita) porque íbamos a perder mucho tiempo que no teníamos buscando un hueco que fuera gratuito y no quedara lejos del centro.

Muy cerca teníamos la Barony Church, una iglesia de piedra rojiza de estilo gótico victoriano.

La Old Barony Church fue construida como parte de la Barony Parish en la ciudad. La primera iglesia que hubo en el solar aparece en Rob Roy, la novela de Sir Walter Scott, descrita como un lugar oscuro y siniestro. Y con el tiempo se fue deteriorando. Tanto, que en 1798 se reconstruyó con un diseño de James Adam que recibió tanto elogios como críticas (como por ejemplo la del pastor Norman McLeod que le dijo a la Reina Victoria que era la “iglesia más fea de toda Europa”).

A pesar de su reconstrucción, no solventaba los problemas de la antigua iglesia, ya que seguía siendo oscura y apenas podía albergar a suficiente gente de la congregación. Por lo que hubo que levantar un nuevo edificio. Este se erigió en 1889, incorporando elementos arquitectónicos y reliquias de la vieja iglesia. Sin embargo, este sí tenía espacio suficiente para la congregación.

Lamentablemente, la congregación se dividió en cuatro secciones. Y aunque siguió en uso durante un siglo, en 1986 la iglesia fue adquirida por la Universidad de Strathclyde. Tras su adquisición fue restaurada en 1989 y hoy en día se utiliza como espacio de la universidad para ceremonias como pueden ser las graduaciones, exámenes importantes, exhibiciones, congresos, seminarios o conciertos.

Dejando atrás la iglesia nos dirigimos al cementerio. También data de la época victoriana y con unas 15 hectáreas de extensión sigue el esquema de los cementerios parisinos de la época. Este diseño se debe a que un chambelán de la Casa de los Comerciantes de Glasgow visitó París y le encantó el de Père Lachaise por su concepto de cementerio-jardín.

El terreno donde hoy se encuentra la necrópolis era un parque (Fir Park) que pertenecía a los comerciantes desde 1650. El chambelán vio el negocio de vender el terreno. Las clases altas le compraron la idea y en menos de dos años se convirtió en cementerio.

Creado en 1831 y abierto oficialmente en 1833, este cementerio multi-religioso cuenta con más de 50.000 sepulcros y nada menos que 3.500 estatuas. Dado que se promocionó entre las personalidades adineradas, en él están enterrados numerosos personajes ilustres de Glasgow. Hay zonas que parece que están vacías, sin embargo lo que ocurre es que son sepulcros no marcados, no hay lápida que indique quién está enterrado.

En 1851 se cerró porque ya estaba completo. Hoy en día pertenece a la ciudad.

Se puede pasear libremente por él observando con curiosidad mausoleos, estatuas, lápidas y cruces. Pero lo más interesante son las vistas que ofrece de la High Kirk de Glasgow, la catedral.

Es de estilo gótico pre-reformista con sus piedras negras y vidrieras multicolores.

Comenzó a construirse en 1136 y es una de las pocas iglesias medievales que se conservan gracias a que adoptó el rito protestante, por lo que se salvó de las revueltas religiosas. Fue renovada en 1197 y sufrió diversas remodelaciones en el siglo XIII.

Se levanta sobre el lugar donde se encontraba una capilla del siglo VI y está dedicada a San Mungo, un misionero cristiano que es el patrón de la ciudad. El monje se estableció en Glasgow y fundó la iglesia. En 1115 la ciudad se convirtió en sede episcopal lo que aumentó su importancia.

Tiene dos niveles. La cripta está formada por tres naves divididas por columnas y arcos. En el centro se encuentra la tumba del santo, lo que convierte a la catedral en lugar de peregrinaje.

Nos llamó la atención la vidriera con Santiago y su cantimplora.

Podemos encontrar una antigua bandera de 1801. O lo que queda de ella.

La entrada es gratuita.

Conocida como East End, la zona alrededor de la catedral es la zona más antigua de la ciudad. Está delimitada por High y Castle Street. Este barrio representa el centro obrero de Glasgow.

Nosotros nos dirigimos hacia el centro de la ciudad tomando la George Street. En esta zona con diseño en cuadrícula abundan las calles peatonales. En ellas se mezclan edificios victorianos con los más fríos de estética modernista. Es la parte de la ciudad en que se hallan las principales estaciones de tren y numerosos comercios.

Se articula en torno a George Square, la plaza principal del siglo XVIII que fue remodelada en la época victoriana.

En ella podemos encontrar estatuas de personajes históricos escoceses, como la Reina Victoria, Robert Burns, el inventor James Watt o Walter Scott.

Y en mármol blanco destaca el Cenotafio de los Caídos.

La plaza está rodeada por varios edificios victorianos como el Ayuntamiento que fue inaugurado por la Reina Victoria en el 1888. El palacio del ayuntamiento ocupa todo un lateral de la plaza y sus frisos representan los estados de Reino Unido: Inglaterra, Irlanda, Escocia y Gales, que se rinden a los pies de la reina.

Tomando la peatonal Buchanan Street y sus aledañas nos adentramos en la Milla del Estilo, donde abundan los edificios georgianos. La calle cruza de norte a sur gran parte de la ciudad y está plagada de comercios y artistas callejeros.

Cerca se encuentra la Gallery of Modern Art, en un edificio neoclásico de 1829 que era la antigua sede de la Bolsa de Glasgow. Es una de las más controvertidas y provocadoras galerías de arte contemporáneo del Reino Unido.

Al final de la II Guerra Mundial se convirtió en biblioteca, y no fue hasta 1996 que pasó a ser galería de arte. Frente a su portada destaca la estatua ecuestre del primer duque Wellington, decorada con los famosos conos que ya habíamos visto en Edimburgo.

Esta estatua de 5 metros de altura se erigió en 1844 y desde los años 80 suele aparecer por las mañanas con esta decoración tras las noches de fiesta de los jóvenes locales. Aunque el ayuntamiento emplea anualmente más de 12.000€ en mantenimiento del monumento y retirada de los conos e incluso se planteó doblar la altura del pedestal para impedir el vandalismo, los ciudadanos de Glasgow lo consideran ya un símbolo. Es una seña de identidad que se ha extendido hasta otros lugares del país. Incluso tiene página de Facebook.

Adyacente a la galería está la Royal Exchange Square, una plaza que también es accesible desde Buchanan Street.

El acceso se realiza a través de unas arcadas y los lados de las plazas albergan diferentes cafeterías y restaurantes. En los meses de invierno, como parte de las decoraciones navideñas, la plaza se ilumina de una forma excepcional con redes de bombillas de un extremo a otro de los edificios, dando la sensación de estar bajo un manto de estrellas.

Volviendo a la calle Buchanan y tomando la bocacalle Mitchell, encontramos The Lighthouse. Es una de las galerías de la ciudad donde se pueden encontrar las mejores obras locales, nacionales e internacionales de arquitectura y diseño. Nosotros subimos esperando encontrar unas buenas vistas, pero lo cierto es que se ven cuatro tejados y cinco chimeneas. Quizá no lo que esperábamos atisbar.

Continuamos hasta Merchant City, un barrio que en el siglo XVIII se desarrolló para albergar a los ricos comerciantes de la ciudad conocidos como los Señores del Tabaco. Esta opulencia se dejó ver en las espléndidas casas, apartamentos y almacenes que surgieron.

Sin embargo, también cuenta con su lado oscuro, puesto que antes de la llegada de estos acaudalados comerciantes en la zona del Cementerio de la Iglesia Ramshorn había robos de cadáveres para estudiar la anatomía humana en la Universidad. Algo que ya habíamos visto que ocurría también en Edimburgo.

En la calle Trongate encontramos The Tron Steeple, el campanario de una iglesia construida en 1484 y que en 1540 fue convertida en la Collegiate Church of St Mary and St Anne. Tras la Reforma quedó abandonada, pero en 1592 fue restaurada después de que John Bell se convirtiera en su primer Ministro Prtestante.

En 1637 se añadió el campanario, que incluso consiguió quedar en pie tras un incendio provocado por unos borrachos que se refugiaron en una noche fría de febrero de 1793. La iglesia tuvo que ser reconstruida, pero se hizo como un edificio independiente. Aunque hoy pertenece al Tron Theatre, al igual que la torre tras su remodelación en los años 80 del siglo pasado.

Si seguimos la calle, llegamos a Glasgow Cross, donde se encuentra el cruce de las calles High en el norte, Gallowgate y London Road al este, Saltmarket al sur y Trongate al oeste. Su punto más reconocible es el Tolbooth Steeple, que data del siglo XVII.

Se construyó entre 1625 y 1626 en lo que era el cruce de las principales calles de Glasgow en la época. El campanario es lo único que queda de la construcción, pues el resto fue demolido en 1921. El Tolbooth fue la sede del Ayuntamiento hasta 1814, cuando el ayuntamiento vendió el edificio y se trasladó a Jail Square y posteriormente a George Square.

El campanario se restauró en 2008 después de que se descubrieran grietas en la estructura. En él era donde tenían lugar las ejecuciones públicas. Se les colgaba desde el campanario. Junto con el Tron Theatre, es uno de los edificios más antiguos de la ciudad.

A medida que Glasgow se fue expandiendo en el siglo XIX llegándose a convertir en la segunda ciudad del Reino Unido y del Imperio Británico, el área se convirtió en un distrito lleno de almacenes y casa de los comerciantes de fruta, vegetales y queseros. Sin embargo, a partir de 1960 la zona cayó en declive, muchos edificios se demolieron, se trasladaron los mercados fuera de la ciudad según las nuevas costumbres. Y aunque había planes de construir una carretera alrededor de la ciudad, al final nunca se llevó a cabo, y en los años 80 se tomó la decisión de revitalizar el área y sus edificios históricos.

Así pues, pasó de llamarse Trongate, Glasgow Cross o “the town” a Merchant City. Se desarrolló una zona residencial, de compras y ocio al estilo de Covent Garden en Londres. Y hoy en día ha ido tomando un carácter más elegante donde abundan las cafeterías y locales de moda. Desde las casas restauradas hasta los lofts convertidos y apartamentos vanguardistas de estilo contemporáneo, el barrio cultural de Glasgow está realmente lleno de vitalidad.

Abandonamos Merchant City y seguimos paseando por la zona peatonal volviendo a pasar por George Square y continuando hasta el barrio conocido como el West End. En esta parte de Glasgow abundan los edificios de piedra de color rojizo del XIX. Es donde se asentó la clase mercantil rica y donde hay bullicio estudiantil ya que es donde se encuentra una de las tres universidades de la ciudad.

Y más adelante encontramos la Universidad, rodeada de extensas zonas verdes por donde se puede pasear tranquilamente. Hay facultades decoradas con murales que representan sus áreas de estudio.

Es una de las más importantes de Reino Unido. De ella han salido varios premios Nobel.

Antes de marcharnos, cogimos el coche e hicimos una parada en la Kelvingrove Art Gallery, construida para la exposición universal de 1888. Es un castillo de ladrillos rojos que hoy es un museo. Se puede acceder de forma gratuita y hay exposiciones sobre la vida local y exposiciones de arte.

A lo lejos, entre los árboles, se ve el edificio de la Universidad y su torre.

En el parque hay un monumento a los caídos en las dos guerras mundiales.

Para finalizar, también con el coche, paramos en la zona del Clydeside. En los aledaños del puerto creció el bullicio de la ciudad. Era donde se construían los grandes transatlánticos. Nos la encontramos en obra y en plena remodelación. Se están recuperando los viejos almacenes y está creciendo con un aspecto más modernista.

Como ejemplo el SECC, un espacio dedicado a conciertos y ferias. El auditorio con forma de caparazón es conocido coloquialmente como el Armadillo.

También en el área se encuentra el Glasgow Science Centre, un centro de exposiciones dedicado a la ciencia.

Nos hubiera gustado dedicarle algo más de tiempo a Glasgow, quizá haber hecho noche y haber conocido algo de su vida nocturna, pero con tanto por ver en tan pocos días, algo había que sacrificar. Eso sí, pudimos vivir algo del ambiente de la ciudad con los puestos callejeros que había, donde incluso podías degustar paella…

Comimos y abandonamos la ciudad industrial rumbo a Edimburgo. Un recorrido de apenas una hora en una carretera plagada de coches. No estábamos acostumbrados a tanto tráfico. Finalmente llegamos a la oficina de alquiler un poco antes de las 5 de la tarde y con 1430 millas a nuestras espaldas.

La devolución del coche fue rápida, aunque nos costó entender a la chica. ¡Vaya acento tienen en esa oficina! Comprobó que no tuviera ningún daño, que el depósito estuviera lleno, firmamos la entrega y nos marchamos dirección al tren cargados con nuestra maleta y mochilas dirección al Easyhotel donde haríamos noche.

El hotel está bastante céntrico, en Princes Street y cumple con los parámetros de la compañía: un dormitorio tipo camarote con un baño justito y una cama empotrada entre cuatro paredes. Pero sabíamos a lo que íbamos, así que no nos sorprendió.

Aprovechamos las horas que nos quedaban en la ciudad para dar un paseo (ya estaba todo preparado para el Fringe), hacer compras de última hora, cenar fuera tranquilamente y volver a hacer el equipaje. Se acababa el viaje.

Road Trip por Escocia. Día 3: Salida de Edimburgo y visita a St Andrews

Llegó el momento del Road Trip como tal, y para ello nos hacía falta un coche, así pues, tras desayunar, dejamos el apartamento. Cargados con nuestro equipaje nos fuimos hacia la estación de Waverley para coger el tren hasta Edinburgh Park, donde estaba la oficina de alquiler del coche.

El trayecto era corto, apenas un par de paradas, pero por incidencia en el tren anterior, nuestro tren se retrasó en su salida. Por un momento pensé que nos íbamos a quedar tirados, pero después de unos 10 minutos, nos pusimos en movimiento. La oficina de Arnold Clark se encuentra junto a las vías de la estación, por lo que no tuvimos que andar mucho cargados con las mochilas y maleta. El recinto pertenece a un concesionario de Fiat y la oficina de alquiler de coches queda justo detrás del concesionario en sí.

El momento de firmar el contrato fue un tanto caótico, pues a pesar de que había hablado ya las condiciones con William Wallace, y llevaba el mail impreso con todo desglosado; el chico de Arnold Clark empezó a hacerme preguntas sobre toooooooooodo. Y tenía un acento cerrado, cerrado, cerrado. Pero bueno, al final solucionar los trámites pertinentes, nos acompañó a nuestro Volkswagen Polo blanco, lo revisó para comprobar las marcas que pudiera tener, y nos dio las llaves.

Tocaba ponerse en marcha, pero antes de salir del polígono, paramos en un Tesco para hacer compra y llevar algo de comida para ir cubiertos, ya que no sabíamos cuándo ni dónde nos llegaría el hambre.

Y con el maletero bien cargado (realmente con la maleta y una mochila ya no quedaba ni un hueco), ahora sí, emprendimos el camino dirección noreste. Nos adentramos en la Escocia oriental, que se caracteriza por playas arenosas, bahías rocosas y pueblos de pescadores, pero esta dureza de la costa del Mar del Norte contrasta con un interior en el que abundan las destilerías, los campos de golf, castillos rodeados de inmensos jardines y bosques.

Nuestra primera parada fue Saint Andrews.  A las 11 estábamos en la pequeña ciudad en el condado de Fife que ha tenido mucha importancia a lo largo de la historia de Escocia. Es una de las ciudades más antiguas y fue capital eclesiástica hasta la Reforma de 1560. Debe su nombre al patrón de Escocia, San Andrés, cuyas reliquias se trasladaron a la ciudad en el año 742.

Es conocida por ser la cuna del golf, ya que es donde se encuentra el club de golf más antiguo del mundo y por tener la universidad más antigua y prestigiosa de Escocia (1140).

Por sus dimensiones es muy sencilla recorrerla a pie. Tiene un carácter medieval con los restos del castillo, de la catedral y sus callejuelas empedradas. Muchas de las casas de la ciudad están levantadas con piedras que  proceden de las ruinas de la catedral, lo que hace que se mantenga cierta uniformidad.

El centro histórico se reduce a tres calles paralelas: North Street, South Street y Market Street y una que bordea la costa: the Scores. En la Old Town destacan edificios históricos con fachadas curvadas, locales para comer, tiendas y un ambiente universitario.

Hay casas muy pintorescas con sus antiguos portones de madera con picaportes de hierro forjado.

El casco histórico de St. Andrews tiene aparcamiento regulado, así que buscamos un aparcamiento gratuito a cinco minutos, junto a la estación de autobuses. Desde allí, de camino al centro, pasamos por la Hope Park Church,  una pintoresca iglesia de 1865 con unas vidrieras muy peculiares.

Una vez pasamos el arco, nos adentramos en la zona histórica. Siguiendo la North Street llegamos al Castillo que se asoma al mar.

Está incluido en el Explorer Pass y se accede a él por la tienda de recuerdos. La chica que nos atendió nos explicó la ruta recomendada en español, nos escaneó el ticket y nos invitó a recorrer una exposición en la que se explicaba la historia del castillo.

Esto es algo que nos fuimos encontrando en las diferentes visitas a edificios históricos o ruinas a lo largo de Escocia. Siempre había paneles informativos, reconstrucciones, vídeos o exposiciones para conocer mejor el lugar.

En este caso había paredes con textos narrando la historia, así como figuras que representaban diferentes escenas que acontecieron en el castillo.

Podemos ver en la imagen superior el asedio protestante y cómo se destruyeron imágenes. También había un John Knox que hablaba y se movía. Un tanto siniestro, porque además quedaba muy por encima del campo de visión del espectador, con lo que se enfatizaba aún más el efecto al tener que mirar para arriba.

Tras el recorrido por la exposición, salimos al exterior a recorrer las ruinas.

Se comenzó a construir en 1200 y se convirtió en la residencia de los obispos de Saint Andrews, lo que lo hizo convertirse en centro administrativo principal de la Iglesia de Escocia. Durante la Guerra de Independencia de Escocia fue destruido y reconstruido varias veces. En 1313 fue tomado por el rey inglés Eduardo I, pero fue recuperado en 1314 por los escoceses tras la victoria en Bannockburn.

En 1330 de nuevo pasa a mano de los ingleses, que construyen unas defensas, sin embargo, no les sirvió de mucho, porque en 1336 Sir Andrew Moray lo recupera tras un asedio de 3 semanas. Para evitar que de nuevo los ingleses volvieran, decidieron destruirlo. Y así permaneció hasta que en 1385 el obispo Walter Trail comienza a reconstruirlo llegando a morir en él.

Tras la derrota protestante, el castillo fue reconstruido por el arzobispo John Hamilton, pero se dejó sin atender, y hasta nuestros días han llegado los muros, dos torreones y las mazmorras, que se excavaron en el siglo XVI durante el asedio protestante.

El castillo se dividía en torre delantera, fachada de entrada, patio interior, recinto sur, el antiguo recinto de la capilla, la mina y contramina, las galerías subterráneas, la antigua sala principal, la torre de la cocina y la torre del mar.

Fore tower (torre delantera): Se trata de una torre de cuatro plantas que en su día incluía la entrada original del castillo

Entrance front (fachada de entrada), añadida en la década de 1550 para ofrecer una nueva entrada más espectacular

South range (recinto sur), construido en la década de 1550 como imponente residencia del arzobispo. Es lo que hoy queda desde la fachada a la torre.

Inner courtyard (patio interior), el patio central del castillo

Site of Chapel range (antiguo recinto de la capilla), albergó en su día una capilla en la planta superior

Mine and countermine (mina y contramina): Galerías subterráneas horadadas en la roca durante el asedio de 1546-1577 que se pueden explorar. Es muy interesante adentrarse, eso sí, no apto para claustrofóbicos ya que es algo estrecho. Incluso hay una escalera de mano vertical.

Site of Great Hall (antigua sala principal), lugar que ocupaba la sala de recepción del castillo, arrastrada mar adentro en 1801

Kitchen tower (torre de la cocina), aquí se preparaban los banquetes para la sala principal. Desde esta torre se alcanza a ver la playa de Carros de Fuego. Es una playa inmensa, y corría buen aire también.

Sea tower (torre del mar), albergaba las celdas de la prisión y la mazmorra. Si nos asomamos a esa zona podemos alcanzar a ver el mar y al fondo las ruinas de la catedral.

Y hacia allá nos dirigimos, siguiendo un sendero que transcurre junto a la playa.

Si pasamos la Catdral de largo, llegamos a una zona de espigón desde donde vemos una inmensa playa a la derecha. Si nos giramos hacia la izquierda, tenemos la catedral, que habíamos dejado a nuestra espalda, y, más al forno, el castillo.

Tras observar el paisaje en calma, en un sorprendente día despejado y soleado, nos dirigimos al recinto de la Catedral.

Entramos por atrás, así que lo primero que nos encontramos fueron las tumbas del cementerio, cada una siguiendo su propio estilo y tamaño.

Sorteando las lápidas llegamos a la catedral, hoy en ruinas, que se comenzó a construir en 1160 y se finalizó en 1318, en tiempos de Robert Bruce. En aquellos momentos fue la más grande de Gran Bretaña y dominaba la bahía del puerto dando la sensación de precipitarse al mar.

Hasta ella llegaban los peregrinos para ver las reliquias de San Andrés que estaban enterradas bajo el altar mayor.

Debido a su situación sobre un promontorio ha sufrido varios incidentes debido a los los fuertes vientos y a las tormentas. Pero lo que más la dañó fue la violenta reforma protestante en el siglo XVI cuando fue saqueada e incendiada. Con esta destrucción la ciudad perdió parte de su poder e influencia y cuando en 1560 el Parlamento Reformista declara a Escocia país protestante, Saint Andrews queda arruinada y relegada.

De la majestuosa catedral que se intuye sólo quedan dos torreones de la cara este y uno de la oeste, además de la torre sur y algunas partes del convento.

Se mantienen en pie algunos muros del recinto así como la puerta con arcos del suroeste.

Está incluida en el Explorer Pass. Aunque se puede acceder a su recinto de forma gratuita y pasear por los restos de la Iglesia de St. Rules, que data de 1140 y es el edificio más antiguo de la ciudad.

Era de la orden de los Agustinos y pertenecía al monasterio. Aún se conserva su torre, a la que se puede subir para disfrutar de las espectaculares vistas de la ciudad y de la costa. También se puede visitar el museo, que conserva una importante colección de lápidas medievales y cruces celtas. Tanto para la torre como para el museo hay que pagar.

Un poco más allá de la colina donde se encuentran las ruinas, hay, cómo no, un campo de golf, en cuyo recinto se encuentra la tumba de Tom Morris, considerado el fundador del golf moderno. También está su hijo Tommy.

Para finalizar nuestra visita a la ciudad volvimos hacia el coche callejeando por el centro histórico, donde descubrimos la iglesia de Holy Trinity donde John Knox animó a los ciudadanos a destruir la catedral durante la reforma protestante.

A continuación se alza el Town Hall, el ayuntamiento, que es de estilo victoriano y el Saint Mary’s College que hoy en día acoge la Biblioteca de la Universidad.

Saint Andrews, a pesar de ser una ciudad pequeña, cuenta con un casco histórico bien conservado, unos magníficos edificios, unas calles concurridas de estudiantes universitarios, facultades góticas repartidas a lo largo y ancho de la ciudad, las ruinas de su catedral y castillo que se erigen majestuosos adentrándose casi en el Mar del Norte. Combina tradición académica y religiosa completando el cuadro los verdes campos de golf.

Saint Andrews es una ciudad pintoresca que no hay que perderse.

Una nube grisácea comenzó a amenazar, así que nos fuimos al coche, y, dado que era la 1:30, aprovechamos para comernos unos sándwiches en el coche antes de continuar con nuestro camino hacia Glamis Castle. La nube tardó en descargar lo que nosotros en comer. Y es que así es el clima en Escocia.

Este fue nuestro recorrido en esta etapa:

Conclusiones Edimburgo

Edimburgo es una ciudad construida sobre su historia que cautiva al visitante al primer golpe de vista. En ella se respira su alma gótica con sus edificios antiguos, cementerios lúgubres, closes estrechos y las calles empedradas y húmedas.

Y es que son sus calles su mayor atractivo.

 

Edimburgo es una ciudad para visitarla caminando, sin prisas, bajo la lluvia y la neblina que le dan un aura misteriosa. En cualquier rincón puede haber algún callejón estrecho lleno de historia, encanto y misterio.

Es el contraste de la intacta Old Town en la que predominan las callejuelas vertiginosas y sus estrechos callejones medievales donde aún se sienten las estrecheces de la vida intramuros;

frente a la elegancia del ensanche de la Ciudad Nueva en la que se suceden casas georgianas, jardines bien cuidados y una organización de las calles y plazas muy cuadriculada. Tiene dos almas.

Es enigmática, hecha para la melancolía. Hay tantas cosas para ver, vivir y admirar que faltan días para poder conocerla a fondo. Sin embargo, para una escapada de 2 días se puede descubrir lo principal. Creo que el planteamiento inicial era correcto, una división aprovechando el dibujo propio de la ciudad.

Edimburgo

Un primer día para un viaje en el tiempo recorriendo la medieval Royal Mile. Una calle llena de vitalidad con sus pubs, tiendas de recuerdos y productos escoceses. A lo largo de ella descubrimos el alma de una ciudad viva, misteriosa y cautivadora. Un foco cultural que brilla como nunca durante el Fringe, una pena no haber estado allí durante el festival.

Un recorrido desde el castillo hasta el Palacio de Holyrood y acabando en el mirador de Arthur’s Seat.

Y un segundo día visitando el majestuoso castillo en su magnífico enclave defensivo. Seguramente dedicándole toda una mañana y dejando la tarde para pasear por la New Town y descubrir las calles cuadriculadas que muestran el poderío de las familias adineradas del siglo XVIII.

Para finalizar, qué mejor broche que ascender a la colina de Calton Hill y disfrutar de la conmovedora panorámica. Desde allí tendremos una imborrable vista del skyline de Edimburgo. De postal.

Edimburgo es una ciudad de gran esplendor y atractivo, con una historia rica y una atmósfera única. Pero no sólo está unida a su historia y tradiciones como la música, los tartán, los pubs antiguos y la buena gastronomía del territorio, sino que es también una ciudad rica de nuevos fermentos culturales y cosmopolita.

Edimburgo es señorial, única, mágica.

Road Trip por Escocia. Día 2: Castillo de Edimburgo y New Town

Continuamos con nuestro recorrido. Desde Grassmarket emprendimos la subida al castillo por Castle Hill.

Antes de llegar al castillo pasamos por The Witchery, uno de los templos gastronómicos locales gracias a platos como el pato a la miel y una bodega de hasta 900 vinos.

El castillo es la atracción turística más popular del país. La más conocida y la más visitada. Es el punto de referencia que domina el horizonte de Edimburgo sobre un volcán extinguido. Llegamos a su puerta principal tras cruzar la explanada donde tienen lugar eventos como el concierto de la noche anterior y donde entre 1563 hasta 1722 se quemó a más de 200 mujeres acusadas de brujería.

Tras pasar el puente cruzamos la puerta principal, guardada por dos héroes del siglo XIII: William Wallace y Robert The Bruce colocadas en 1929.

El castillo se comenzó a construir en el siglo XII, aunque es una mezcla de diferentes estilos arquitectónicos de diversas épocas. Ha sido testigo de la larga y pintoresca historia de Escocia. Durante la Edad Media fue la residencia de los reyes de Escocia, fue utilizado como atalaya defensiva, acogió la primera sede del Parlamento y también sufrió el asedio de los ingleses. La fortaleza ha funcionado como palacio real, cuartel y prisión en distintas épocas de su historia. Hoy en día se usa para fines civiles.

Nada más cruzar el puente tenemos las taquillas. Puedes comprar el billete sencillo, o el Explorer Pass, como fue nuestro caso. Nos dieron un folleto, nos graparon los tickets, y para dentro.

Me sorprendió ver estas dos cabinas. Normalmente se asocian a Londres, claro, pero en realidad las hay por todo el Reino Unido.

Nuestra siguiente puerta a cruzar es la Portcullis Gate o puerta del rastrillo por su entramado en forma de rejilla.

Tras pasar el cuerpo de guardia y el último puente levadizo que se construyó en Escocia, se puede puede admirar mirando hacia arriba la fortificación semicircular que delimita las defensas del castillo, llamada Half Moon Battery.

Sin embargo, a nuestro nivel tenemos la Argyle Battery,

y a continuación la Mill’s Mount Battery, desde donde cada día desde 1861 a las 13h (excepto los domingos, vaya casualidad) se dispara una salva de cañón que en su día servía como señal para las embarcaciones.

En el año 1852 en el monumento a Nelson, en Calton Hill, se instaló una bola que caía a diario a las 13 horas para que los marineros ajustaran sus cornómetros. Sin embargo, como en Edimburgo raro es el día que no hay niebla, en 1861 se comenzó a disparar el One o’clock gun para acompañar la señal visual con una auditiva.

Hoy en día marca también la hora de comer de los edimburgueses.

Desde estos bastiones protegidos por cañones podemos disfrutar de unas impresionantes vistas panorámicas de la ciudad (siempre que esté despejado) gracias a su posición majestuosa sobre la colina volcánica cuyas tres laderas son prácticamente verticales. Justo enfrente tenemos los Princes Street Gardens, y vemos cómo se articulan detrás las calles de la New Town.

Si nos giramos un poco hacia la derecha se alcanza a ver el monumento a Walter Scott y la noria junto a él.

Y si nos giramos del todo, veremos el Hotel Balmoral y al fondo Calton Hill.

Por el contrario, a la izquierda, vemos la silueta de la The Parish Church of Cuthbert y al fondo, ya en la cuadrícula de la ciudad nueva, la St Mary’s Cathedral.

Desde la batería sale cada cuarto de hora una guía gratuita que te lleva por los patios del castillo explicando qué es cada uno de los edificios y qué supuso en la historia, tanto de la fortificación, como de la ciudad y la nación. Es solamente en inglés, pero si te manejas en el idioma (y ajustas bien el oído al acento escocés) merece bastante la pena.

La visita al castillo puede llevar un par de horas y se puede visitar prácticamente en su totalidad. Se puede recorrer por libre, con visita guiada, o, si se desea, con una audioguía, que las hay hasta en 6 idiomas disponibles. Entre otras cosas se puede descubrir el Tesoro Real Escocés, las Joyas de la Corona Escocesa y la Piedra del Destino.

Los primeros reyes de Escocia eran coronados en una ceremonia al aire libre en la que el rey se sentaba en la Piedra del Destino, que simbolizaba la unión del monarca, la tierra y el pueblo. Es una piedra de tipo arenisca que sigue siendo un símbolo muy poderoso para Escocia y su gente.

Eduardo I robó la piedra y se la llevó a Inglaterra como trofeo de guerra en 1296 y permaneció en la Abadía de Westminster durante 700 años. Esto creó un conflicto (otro más) entre escoceses e ingleses, hasta que en 1950 fue robada por unos nacionalistas escoceses con tal mala suerte que se les rompió por el camino. Volvió a Westminster bajo la tutela de la iglesia escocesa, y no fue hasta 1996 cuando se les entregó de nuevo a Edimburgo. Desde entonces se exhibe en el castillo y solo se presta para coronaciones, teniendo que regresar a la sala días después. Veremos a ver cuando muera Isabel II.

Tras la Unión de las Coronas en 1603 sólo ha habido dos coronaciones más en Escocia: la de Charles I, que se celebró en la Abadía de Holyrood en 1633, y la de Charles II en Scone el 1 de enero de 1651. La Corona de Escocia está hecha de oro de las minas escocesas y decorada con diamantes, amatistas y granates. El Cetro, de plata dorada, está rematado con una esfera de cristal de roca.

También se puede visitar la sala en que María Estuardo dio a luz a su hijo Jacobo, que sería Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra.

Pero volviendo al exterior, tras las baterías llegamos al National War Museum of Scotland, un museo que expone 400 años de historia militar que disfrutará cualquier amante de las reliquias bélicas.

Al lado se encuentra la Governor’s House, sede del círculo de oficiales

y un poco más arriba la New Barracks, la construcción más grande de todo el conjunto. Y en un anexo el museo dedicado al regimiento.

Antes de entrar por la Puerta de Foog, hecha con roca volcánica, a mano derecha nos quedan los Vaults, unos locales subterráneos donde encerraban a prisioneros extranjeros y la Military Prison. La prisión se construyó en 1758 durante la guerra de 7 años entre los escoceses y franceses. Aunque en ella también pasaron tiempo unos veinte piratas del Caribe que navegaron por la costa de Argyll.

Además se puede acceder a las mazmorras, que recrean una prisión del siglo XVIII. En sus puertas se pueden ver inscripciones de los prisioneros, sobre todo franceses, que estuvieron en ellas durante los siglos XVIII y XIX.

Tomando la puerta de Foog llegamos al patio superior.

Desde esta altura las mejores vistas desde el castillo se obtienen sobre los bastiones que se encuentran frente a la St. Margaret’s Chapel, el edificio más antiguo del castillo y de la ciudad (1100) y realmente minúsculo. Solo caben una docena de personas dentro. Santa Margarita se convirtió en la reina de Escocia en 1070, tras casarse con el rey Malcom III. Años después de morir, su hijo, David I, decidió construirla en su honor.

En este polvorín se encuentra el cañón gigante Mons Meg de más de 500 años de antigüedad que disparaba piedras de hasta 150 kilos a una distancia de 3.2km. Estuvo durante casi 200 años en la Torre de Londres y volvió a Edimburgo en 1829 por intermediación de Sir Walter Scott.

Debajo de estos bastiones se encuentra el pequeño cementerio de los animales domésticos de los soldados. Este espacio se habilitó en 1840, una época en la que el castillo estaba aislado del exterior.

Para finalizar, nos adentramos en la Plaza de la Corona, donde se encuentran el Palacio Real, un memorial a los muertos en combate, The Great Hall y por supuesto el edificio donde se guardan las Joyas de la Corona, una sala con una puerta blindada al estilo de un banco y donde no se pueden hacer fotos.

En la plaza se puede ver la inscripción 1566, año en el que nació Jacobo, hijo de María Estuardo.

En el Palacio Real se puede pasear por las diferentes estancias, y la más famosa, como decía, es la habitación donde dio a luz María Estuardo a su heredero. Las salas están repletas de detalles y ornamentación. No hay más que ver el dibujo del techo o la madera que forra las paredes. Por supuesto, no pueden faltar los escudos familiares.

En el Scottish National War Memorial encontramos una edificación similar a una iglesia que comenzó como un espacio dedicado a los caídos en la I Guerra Mundial. Sin embargo, con la participación en sucesivas guerras, se ha ampliado de una forma más genérica y hay inscripciones en recuerdo de los soldados muertos en diferentes contiendas.

Para finalizar la visita, tras recorrer los diferentes edificios de la plaza, salimos por la Torre de David que nos lleva a la Half Moon Battery y nos dirigimos hacia la salida.

Tras la visita al castillo y con la lluvia intermitente acompañándonos, nos dirigimos de nuevo a la parte nueva de Edimburgo, que al contrario de la Ciudad Vieja no tiene nada de medieval, sino que predomina el estilo georgiano con calles diseñadas con escuadra y cartabón. Su calle principal es Princes Street, pero son interesantes  Rose Street, una alegre y colorida calle peatonal en la que abundan pubs, restaurantes y tiendas así como George Street.

De camino a esta zona transitada pasamos por Queensferry Street donde se encuentra el West Register House, el archivo de la ciudad, cuyo edificio recuerda a las cúpulas de las iglesias alemanas.

En esta zona se encuentran varias embajadas. Cerca de la rusa se erige St Mary’s Cathedral, construida a finales del siglo XIX a imitación de las grandes catedrales góticas del medievo.

Fue diseñada por Sir George Gilbert Scott y cuenta con dos torres gemelas. Es la catedral más grande de toda Escocia y es la única que mantiene la tradición de adoración coral diaria. Además, cuenta con su propia escuela de gran renombre, por cierto.

Pasamos a su interior, que es bastante sencillo, y después la bordeamos.

En sus aledaños hay unos edificios de piedra de estilo gótico victoriano que, junto al parque, le dan ese carácter y estilo escocés. Destacan los tejados a dos aguas con chimeneas estrechas de tres agujeros.

Y con tanto paseo nos dio la hora de comer. Y lo hicimos en The Standing Order, un pub que pertenece a la cadena Weatherspoon. Mi hermano tenía buenas referencias de esta cadena de Londres, donde por unas £5 tienes una hamburguesa con patatas fritas (o ensalada) y bebida (algo más si es cerveza). Así que buscó en google, le salieron tres opciones y nos fuimos al restaurante más cercano. Resultó ser un antiguo banco. De ahí su nombre, que en inglés significa “orden bancaria”. Era una sucursal del Union Bank of Scotland.

Es un edificio neoclásico de finales del siglo XIX, y aunque se ha reconvertido en restaurante, mantiene la decoración y estética con sus techos altos ornamentados, así como las divisiones de lo que en su día fueron las oficinas. Incluso se conserva la antigua caja fuerte del banco.

Como era tarde para comer según los parámetros locales, no estaba muy lleno en la zona de comedor. De hecho, en nuestra sala, de 5 mesas ocupadas en 3 estábamos españoles. En la que teníamos al lado estaba comiendo una familia de Albacete que nos preguntaron que de qué comunidad éramos al oírnos hablar en español. Sin embargo, debe llenarse en días de competiciones deportivas, incluso tienen un cartel en el que indican que no está permitido acudir con camisetas, banderas o emblemas de equipos. Supongo que para evitar encontronazos entre aficionados de equipos rivales.

En cualquier caso es apto para todos los públicos, incluso tiene sala familiar donde los niños pueden jugar o pintar. Lo digo como caso excepcional porque en Escocia en los pubs a partir de las 6 de la tarde no permiten la entrada de menores.

Como decía, esta cadena triunfa por el combo de la hamburguesa, pero hay más ofertas en la carta de plato + patatas/ensalada + bebida. Pedimos para compartir unos nachos y unos aros de cebolla y después cada uno nos elegimos un plato principal: un bagel de queso y salmón ahumado; una patata asada con queso y ensalada (eché de menos el aceite y vinagre…); y “algo así como lacón” con huevos y patatas.

La carta está muy bien desglosada indicando las calorías, los ingredientes para los alérgicos, si es picante y si es apto para vegetarianos/veganos. No te atienden en mesa, sino que has de fijarte en el número que se indica donde te has sentado y pedir en barra diciendo este número. Te puedes llevar la bebida, y ya te llevarán la comida al sitio.

Como teníamos tiempo y seguía lloviendo, nos quedamos un rato más después y decidimos pedir postre. Bueno, yo me conformé con un té, ellos acompañaron su cerveza con una apple crumble (que parece una deconstrucción de tarta de manzana) y una típica tarta de queso con caramelo. Los españoles de la otra mesa (no los de Albacete), se pidieron unos churros.

Con el estómago bien lleno y ya algo más secos, emprendimos el regreso al apartamento, pues mi hermano tenía que recoger la mochila, ya que se volvía esa misma tarde a Londres.

De camino pasamos por la National Gallery, un museo inaugurado en 1859 que exhibe obras de arte de la pintura occidental desde el Renacimiento hasta el Postimpresionismo.

El edificio neoclásico está dividido en tres plantas. En la baja y en la zona sur de la superior se exponen obras de grandes maestros desde el siglo XVI hasta el XIX, además de algunos impresionistas. En la zona norte de la superior se exhiben colecciones de pintores italianos y de los Países Bajos anteriores a 1530.

Su entrada es gratuita, por lo que no es mala idea resguardarse en él cuando amenaza lluvia.

Domingo 24

Volvimos de nuevo a High Street recorriendo de nuevo parte de la Royal Mile entrando en las tiendas de la zona echando un ojo a los souvenirs y tiendas de whiskys y trajes típicos escoceses.

Tras recoger la mochila, acompañamos a mi hermano hasta el bus que le llevaría al aeropuerto y nos fuimos a dar un paseo ya con más calma. Compramos la cena y nos fuimos al apartamento a preparar la maleta, ya que el día siguiente dejaríamos Edimburgo.

Road Trip por Escocia. Día 2: Edimburgo

El domingo amaneció lloviendo, como ya esperábamos. Menos mal que el día anterior nos dio bien de sí. Desayunamos en el apartamento y salimos dirección a la Universidad. El castillo no abría hasta las 9, y como el día anterior se nos había quedado alguna cosa fuera de la ruta, pues aprovechamos para verlas de camino.

Uno de estos puntos que nos habíamos dejado fue la Universidad, así que allí nos dirigimos. Lamentablemente no era lo que esperábamos, ya que son edificios bastante modernos, y los únicos que parecían ser medianamente interesantes, estaban en obras de mantenimiento rodeados por una gran valla.

Así que continuamos hasta la famosa iglesia Greyfriars Kirk, donde se reafirmó la independencia de la iglesia escocesa en un Pacto Nacional que causó la muerte de muchos de sus firmantes.

En la entrada de la iglesia está la estatua de Bobby, un perro que veló la tumba de su amo durante 14 años. Muchos habitantes de la ciudad le llevaban alimentos hasta que falleció en 1872 y fue enterrado junto a su amo. Me recuerda a la historia de Hachiko. La tumba tiene ofrendas, si se le pueden llamar así: palos y peluches.

El cementerio de la iglesia es un gran parque en el que se suceden tumbas de varios estilos y tamaños. Hay lápidas sencillas, cruces celtas, grandes mausoleos… En este camposanto descansan muchas figuras célebres de la ciudad.

Sin embargo, es uno de esos escenarios del Edimburgo macabro, tenebroso y lúgubre. Es conocido por algunos sucesos un tanto extraños. Poco después de que alguien forzara la puerta del mausoleo de William Mackenzie, un abogado responsable de muchas de las sentencias de muerte de los covenanters (los firmantes de una alianza contra los católicos), algunos visitantes de Greyfriars experimentaron cortes, mordeduras, heridas, desmayos, quemaduras, oyeron ruidos inexplicables… El ayuntamiento cerró esa parte del cementerio, sin embargo, se pueden hacer visitas guiadas nocturnas.

Sobre algunas lápidas, o al lado, se ven muchas calaveras con dos fémures cruzados, esto indica que el difunto había sido víctima de la peste. Como no se sabía cómo se contagiaba la enfermedad, marcaban las tumbas para que la gente se mantuviera alejada.

Nos llamaron la atención algunas tumbas con rejas encima. No sabíamos muy bien a qué podía deberse, porque salvo que temas una invasión zombie… Pero después leímos en una placa que se instalaban para evitar las profanaciones de los ladrones de tumbas que vendían los cuerpos a las escuelas de medicina.

En el siglo XIX llegó el auge del estudio de la anatomía, el problema es que no había cuerpos con lo que experimentar. Demasiados estudiantes para pocos criminales ejecutados con los que trabajar. Y así nació el fenómeno de los ladrones de tumbas. Y los hurtos eran tantos y tan frecuentes, que en algunos cementerios se levantaron vallas de una buena altura, incluso torres de vigilancia.

Por si acaso, además, las sepulturas se protegían con muros internos y las rejas que se ven en la fotoUn recurso menos radical era recurrir a la calavera de la peste, así las familias se aseguraban que sus seres queridos no fueran exhumados ilegalmente por miedo a un posible contagio.

En las inmediaciones de la iglesia y cementerio también podemos encontrar los restos de la muralla. La parte de Flodden Wall.

Como ya comenté, las murallas se levantaron en el 1427. Por el norte la ciudad estaba delimitada por el pantano (en la actualidad, los jardines de Princes Street). Quedaba elevada accesible solo a pie a través de estrechos callejones. Además, el Castillo, asentado sobre la roca volcánica, servía de barrera en el oeste. Sin embargo, la Royal Mile quedaba vulnerable en caso de un ataque enemigo desde el sur y el este. Así pues, por orden de James I se levantaron para proteger a la ciudad, pero también para controlar quién entraba y salía y así cobrar impuestos a los comerciantes, prevenir contrabando y evitar contagio por enfermedades. Sin embargo, esta tasa también provocó que muchos ciudadanos quedaran encerrados, puesto que no podían permitirse el pago del acceso al regresar a sus casas. A este tramo se lo llamó King’s Wall, la Muralla del Rey.

En 1513 el rey escocés James IV invadió el norte de Inglaterra en la llamada batalla de Flodden. Tras la derrota escocesa y muerte del rey en combate, se decidió que había que reforzar las murallas ante una posible invasión inglesa. Pero la ciudad había crecido un poco hacia el sur, por lo que se trazó un espacio superior al existente. Sobreviven este tramo en el cementerio de Greyfriars, otro al norte de Grassmarket, un tercero en Pleasance y el cuarto en The Vennel.

Un siglo más tarde, en 1628, la muralla se volvió a ampliar. El trazado de este tramo llamado Telfer Wall, sirvió de extensión de la Flodden Wall. Se conservan un par de tramos en la prestigiosa escuela George Heriot además de en Greyfriars.

Con el tiempo, las murallas se convirtieron en un arma de doble filo, ya que la población siguió creciendo y al no poder expandirse en horizontal, se comenzó a edificar en vertical. Proliferaron los altos y precarios edificios en donde las condiciones eran insalubres. Así pues, aunque los muros se levantaron también con intención de evitar infecciones, al final propiciaron que el hacinamiento de la población constituyera un foco de enfermedades (además de plagas e incendios).

Y por eso hacia mitad del siglo XVIII las murallas se fueron echando abajo. Ya no eran necesarias para defender Edimburgo o regular el comercio. Y a la vez se comenzó a trazar un desarrollo urbanístico por el norte de la ciudad. Así nació la New Town.

Volviendo a la Iglesia, detrás de ella se encuentra el impresionante y lujoso colegio privado George Heriot’s School, que en su origen era para huérfanos, pero hoy es de pago. Se dice que este colegio de estilo gótico inspiró a Rowling en la creación de Harry Potter.

Dejamos el misterioso cementerio y continuamos nuestro camino. Siguiendo Candlemaker Row y Cowgatehead llegamos a Grassmarket, una zona llena de ambiente por los pubs.

Se articula en torno a un paseo y una plaza peatonal. En ella es donde se encontraba la antigua horca de la ciudad donde tenían lugar las ejecuciones de la ciudad. Hoy en día hay una piedra conmemorativa que atestigua dónde estaba instalada.

No muy lejos de la piedra conmemorativa está el pub The last drop, donde se dice que acudían los condenados a tomar su último trago.

Grassmarket es sinónimo de sucesos. En la zona había disturbios y desórdenes públicos. Además, para añadir más datos macabros, en un close que desemboca en la plaza tenían su guarida dos maleantes que asesinaban para hacerse con cadáveres y así vendérselos al médico Robert Knox para sus experimentos anatómicos. Cuando no encontraban una víctima, exhumaban los cadáveres. Fueron capturados y posteriormente ahorcados en la plaza.

Desde el callejón precisamente se obtienen unas vistas increíbles de los edificios viejos del antiguo West Bow que conduce a la Royal Mile. La calle Victoria es una de las más coloridas y pintorescas de la zona con su subida en dos niveles.

En la actualidad tanto Grassmarket, como sus alrededores, se ha convertido en una zona llena de locales, tiendecitas, pubs y restaurantes que le dan un ambiente que no tiene nada que ver con el macabro pasado. Todo este colorido contrastaba con el color plomizo del cielo y la lluvia que nos acompañaba. Edimburgo en todo su esplendor.

Y ahora sí, tocaba visitar el castillo. Hacia allí nos dirigimos.