Mi experiencia con Fitbit Charge HR

Hace dos años me regalaron para mi cumpleaños una pulsera de actividad Fitbit Charge HR. Llevaba un año con un reloj más sencillo, de los que has de ponerte una cinta con sensor para que recoja los datos y no era muy cómodo. Acogí la llegada de la recién llegada con ilusión y expectativa. Dos años más tarde la experiencia no es precisamente positiva.

La caja no trae mucho: pulsera, un aparatito Bluethooth Smart para sincronizar la pulsera y el cable de carga. El pincho USB supongo que es la manera de sortear que algunos móviles (o tabletas) no sean compatibles. De esta forma, se puede sincronizar mediante la ordenador. El cable, bastante corto, por cierto, solo sirve para recargar, pues la sincronización es exclusivamente inalámbrica.

La pulsera es de un material gomoso con un diseño estriado en forma de cuadrados. Esta textura hace que las manchas y los arañazos se disimulen mejor, aunque el relieve también acumula suciedad y hay que realizarle un mantenimiento diario. Al parecer este producto era una mejora con respecto a los anteriores modelos que producían irritación. También se modificó el sistema de cierre, que en la Charge HR se hace con una hebilla de acero similar al sistema de los relojes tradicionales incluyendo hasta un tope en la banda para fijar el sobrante de la correa.

Este modelo de sujeción es más preciso y la pulsera queda mejor fijada en la muñeca, algo muy útil en la práctica de ejercicios enérgicos. Pero sobre todo, es algo que requiere el sensor de pulso óptico. Este sensor es el que hace que la pulsera sea bastante ancha en su parte superior, además de ser muy rígida. Junto a él se encuentra la clavija de carga, que, por desgracia, no es microUSB. Además, la correa es fija y no se puede intercambiar si se desea cambiar de color o estilo, o sustituirla en caso de que se estropee o rompa (al menos oficialmente, ya que en internet sí que se vende incluso el destornillador para desmontarla).

La pulsera pesa menos de 30 gramos y mide 21mm de ancho. Está disponible en dos tallas en función del grosor de la muñeca: S (14 a 16 cm) y L (16 a 19 cm) y en cuatro colores (negro, ciruela, azul y mandarina). Ha de colocarse por encima del hueso de la muñeca para que así sea más precisa la lectura del sensor óptico de frecuencia cardíaca. De todas formas, no podría llevarse muy apretada, ya que el hecho de que la parte superior sea tan rígida, la vuelve incómoda. Por otra parte, con el sudor, acaba pegándose a la piel aunque se lleve algo suelta. Resiste salpicaduras, pero no es sumergible. Ni siquiera te puedes duchar con ella.

La pequeña pantalla OLED, horizontal y apagada por defecto, es discreta. Tanto, que en exteriores a veces cuesta ver la información. Muestra los datos en tiempo real al apretar el botón lateral. Con cada presión cambia de parámetro revelando la hora y fecha, los pasos, el ritmo cardíaco, la distancia recorrida, las calorías quemadas y las plantas subidas (el orden se puede configurar). También se puede ver la información con dos toques en la pantalla, aunque este sistema no es muy preciso y no siempre funciona. Tampoco está muy calibrado el gesto de mirarse la muñeca que se supone que nos debería enseñar la hora. En ocasiones se ilumina cuando no lo pretendes y, por contra, cuando lo haces adrede, te cuesta varios intentos. Supongo que la elección de esta configuración se debe a que así consume menos batería (que según Fitbit dura 5 días).

Además de ser monitor, la pulsera también se puede configurar para que notifique las llamadas entrantes por medio de una leve vibración y mostrando el contacto en la pantalla. Sin embargo, no es de mucha utilidad, pues normalmente alerta cuando el móvil ya ha dado 3 o 4 toques. En muchos casos ya había descolgado. No muestra nada relacionado con otras aplicaciones de mensajería o redes sociales.

Se sincroniza con el móvil de forma inalámbrica mediante Bluetooth 4.0 Low Energy siempre que el dispositivo se encuentre a menos de seis metros. O al menos eso es lo que dice Fitbit. En la práctica a veces me he desesperado con la sincronización, pues ni dejando la pulsera sobre el teléfono se emparejaban. Sobre todo cada vez que actualizaban la App.

La configuración inicial de la Charge HR se puede realizar desde la web, usando el pincho Bluetooth, o desde el móvil. Hay que introducir unos parámetros como peso, altura, edad… para crear el perfil. Después, comienza la vinculación de la pulsera con el dispositivo. Una vez emparejados, los datos que registre se volcarán en la aplicación, eso sí, la pulsera guarda la información hasta 7 días, por lo que si has desactivado el Bluetooth y no se ha ido salvando, se perderá.

La medición de los datos es continua gracias a los LEDs que detectan la circulación de la sangre, unas lucecitas que quedan ocultas, pero que en la oscuridad puede resultar molesta debido a su intensidad. Sobre todo si duermes boca abajo con las manos próximas a la cara. Aunque se puede configurar para que la monitorización sea automática, en cuyo caso solo se activará al notar movimiento.

La precisión de las pulsaciones es bastante acertada, aunque cuando el ejercicio es algo intenso o requiere de un amplio movimiento de brazos, a veces tiene saltos de lectura. En la aplicación se pueden consultar tanto el pulso actual como el medio en reposo del día, semana, mes o año.

Gracias a la información que aportan las pulsaciones, la Charge HR puede calcular de forma más aproximada las calorías que quemas a lo largo del día y no mediante una estimación. El sensor óptico le permite conocer la intensidad del ejercicio. Además, en la aplicación podemos hacer un seguimiento de nuestras pulsaciones en un gráfico que marca tres zonas:

  • Quema de grasas: Del 50% al 70% del ritmo cardíaco máximo.
  • Cardio: Entre el 70% y 85%.
  • Pico: por encima del 85%.

La zona de frecuencia cardíaca se establece en función de los datos que se hayan introducido en el perfil y estipula el ritmo cardíaco máximo en 220ppp menos la edad. Además, se puede configurar una zona personalizada de FCmax y FCmin.

Pero no solo mide las pulsaciones durante el día, sino que también es capaz de detectar cuando duermes. Y de una forma bastante fiable, además. No es necesario apretar ningún botón ni activar nada en la aplicación. Al medir las pulsaciones afina el tipo de actividad que estamos realizando y registra el sueño. Eso sí, marca el momento en que te duermes y te despiertas, así como zonas en la que has estado inquieto o despierto, pero no diferencia el sueño ligero del profundo y es algo complicado moverse por la gráfica para analizar los datos más detalladamente.

Además, se puede fijar una alarma despertador. Al igual que con las llamadas entrantes, comenzará a vibrar a la hora fijada. Es perceptible y muy útil para cuando compartes cama y diferentes horarios. Sin embargo, quizá si eres un poco marmota es demasiado sutil. El pero es que no cuenta con una alarma inteligente que te despierte en el momento óptimo antes de llegar la hora marcada en función de cómo detecte el sueño de ligero. Suena a la hora registrada.

Gracias a la función SmartTrack, la pulsera reconoce automáticamente las actividades deportivas y las categoriza en:

  • Caminar
  • Correr
  • Bicicleta en exteriores
  • Elíptica

Además, tiene dos categorías generales:

  • Deporte: para actividades de mucho movimiento como tenis, baloncesto, fútbol…
  • Ejercicio aeróbico: para baile o cardio.

En mi caso me ha detectado también Senderismo.

No obstante, para que estos datos queden reconocidos la actividad debe durar al menos 10 minutos.

Según mi experiencia esta detección automática no se parece mucho con la realidad. Generalmente cuando tengo algún registro de “bicicleta en exteriores” es porque he estado conduciendo. No sé si es que entiende que estoy cogiendo un manillar en vez de un volante. Y también tengo alguna estadística de “elíptica”, pero no qué hice ese día. Desde luego elíptica no, pues no he pisado una en mi vida. “Caminar” sí que lo detecta bastante bien, sin embargo, cuando me indica “correr” en realidad es que he andado rápido, pues tampoco tengo como costumbre salir a correr.

Por contra, se quedan fuera actividades algo menos enérgicas como el yoga o el pilates. O PiYo en mi caso. Así que, para esos casos tengo que recurrir al modo cronómetro. Para ello hay que mantener apretado unos segundos el botón lateral de la pulsera. En la pantalla se muestra el icono de un reloj que indica el comienzo de la medición del ejercicio.

Durante el modo entrenamiento se puede pulsar el botón o dar un par de toques a la pantalla como en el modo normal, solo que la información en cada uno de los apartados se corresponderá únicamente al tiempo transcurrido desde que se activó el registro. De nuevo, puede resultar insuficiente, ya que los datos se muestran uno a uno y desaparecen a los pocos segundos. Poco más se puede hacer con el tamaño de la pantalla, está claro, por lo que si se realiza un plan de trabajo en el que se necesita ir consultando al momento las estadísticas, esta configuración resultará un inconveniente.

Para finalizar la sesión de ejercicio hay que volver a repetir el gesto de inicio: presionar el botón unos segundos. Esta vez aparece una bandera a cuadros y dejará de registrar. Después, en la aplicación, se puede editar la actividad realizada y consultar las estadísticas.

En el caso de detección automática, el GPS no funciona. Sin embargo, sí que geolocaliza al usar el modo cronómetro.

Uno de los datos principales que recoge Fitbit son los pasos. Sin embargo, la medición no es muy fiable, ya que varía con respecto a otras pulseras de otras marcas. Supongo que se trata de un algoritmo que determina la distancia recorrida por medio de la altura y peso indicados en la configuración inicial. Así pues, si cada fabricante usa un algoritmo diferente, es lógico que no siempre se obtengan los mismos registros.

Aunque sí que es cierto que calcula bien los pasos incluso cuando los brazos no se mueven (por ejemplo cuando cargas algo, arrastras una maleta o vas mirando el móvil); por contra, también contabiliza como paso si barres, cambias de marcha mientras conduces (por ejemplo me pasó en Escocia) o mueves los brazos sentado tras un escritorio. Por tanto, he llegado a la conclusión de que la información es orientativa y no ha de tomarse como valor absoluto.

Además de los pasos, la pulsera cuenta con un barómetro que registra las plantas subidas. Para que contabilice un piso se ha de subir de manera continuada una altura de 3 metros, así que también es orientativo.

En la aplicación (y web) para obtener un dibujo más completo de la información recogida, se pueden registrar los alimentos ingeridos para llevar un control de las calorías y macronutrientes. Fitbit dispone de una base de datos y se puede añadir bien a mano, bien por escaneo de código de barras. Yo esta funcionalidad no la uso, pues no he sido nunca de contar calorías. Me resulta engorroso apuntar en cada momento qué he comido y cuánto. Supongo que será útil para aquellos que llevan un régimen de subida o bajada de peso y necesitan llevar un control más específico.

En la configuración inicial de la pulsera se añade el peso, pero además hay un apartado para seguir introduciéndolo a conveniencia para ver la evolución.

También hay un apartado para anotar la cantidad de agua bebida a lo largo del día. Otra funcionalidad que no me aporta mucho, ya que el mito de los 2 litros de agua (u 8 vasos) ya cayó. En verano puedo pasarme medio día sin beber, pero a lo mejor no he parado de comer sandía o sandía. Así que la hidratación está ahí, pero no necesariamente bebida. Puede servir como referencia si no tienes costumbre de beber, como motivación. Pero si no, no aporta mucho más.

Otra función motivadora es el apartado de amigos, donde se puede añadir a gente contra la que “competir” (o a la que motivar). Si no se tiene ningún amigo o conocido que use alguna pulsera de la marca, también se puede participar con desconocidos dentro de la comunidad. Además, se pueden conseguir insignias individuales, en las que el objetivo es mejorar tus propios registros. Los premios se basan en pasos diarios, subidas diarias, distancias absolutas o subidas absolutas. También se pueden configurar metas como el peso o los pasos a realizar cada día.

En general, la aplicación está muy bien. Dado que la pulsera no deja consultar más información allá del mismo día, sirve para consultar el desglose más a fondo y comparar con días anteriores gracias a sus vistosas gráficas. Me gusta más la versión App que el modo web porque es más visual e intuitiva mostrando el panel en su pantalla inicial con los datos más importantes. En ambos casos este panel se puede distribuir de la forma que más nos interese, añadiendo o eliminando parámetros según las propias necesidades.

La parte de comunidad sirve como complemento interesante y además podemos descargar FitStar que proporciona actividades personalizadas como si de un entrenador personal se tratara.

No obstante, quizá falta un paso más y sería interesante que agrupara la información para dar una visión general. Hay demasiadas variables segregadas que quizás por separado no ayudan a interpretar del todo la información.

La Fitbit Charge HR puede ser una buena herramienta para hacer un seguimiento del día a día, llevar un control de las pulsaciones, de las actividades realizadas, de lo que se ingiere, del peso, de la calidad del sueño… Obviamente, para una gestión más detallada y exacta habría que buscar un dispositivo más específico (y caro). Supone un gran avance con respecto a otras pulseras al incorporar la medida de la frecuencia cardíaca para optimizar la precisión de sus datos recogidos evitando tener que llevar una banda en el pecho; sin embargo, tras dos años de uso, he de decir que tiene muchos contras.

En primer lugar, su diseño deja mucho que desear. Resulta muy rígida en su parte superior y la pantalla es muy pequeña. Pero lo que se lleva la palma es la correa, que tarde o temprano acaba separándose de la pantalla y comienzan a surgir burbujas. No me extraña que no sea sumergible. ¡Si la correa se estropea solo con la humedad ambiente, ya no hablemos de la parte electrónica!

A mí los defectos me llegaron al año y tuve que ponerme en contacto con Fitbit para hacer uso de la garantía. El servicio al cliente fue muy correcto y me respondieron en seguida haciéndome llegar una nueva. No obstante, a los 10 meses, de nuevo volví a tener problemas. Esta vez no aparecieron las burbujas, pero sí que se comenzó a rajar la correa por la parte superior.

Aunque la llevo puesta a diario, no la he maltratado. Va bien colocada y no recibe golpes. Por supuesto no mojo el mecanismo y limpio con frecuencia la correa para quitar el sudor y suciedad que se pudiera acumular en el relieve. Es un problema de diseño, ya que en el foro de Fitbit hay numerosos usuarios con el mismo problema. Sobre todo con las burbujas.

De nuevo contacté con la marca y tras los trámites pertinentes, esta vez me ofrecieron dos opciones: volver a recibir una Charge HR como la deteriorada o un 50% de descuento en otro producto. Tras meditarlo con la almohada, decidí quedarme con esta segunda opción, ya que desde luego la HR me había decepcionado y no quería volver a arriesgarme a que me volviera a pasar lo mismo dentro de unos meses. Claramente tiene problemas de diseño, y en Fitbit lo saben, pues en otros modelos la pulsera tiene correas intercambiables.

También en otros modelos han ampliado el tamaño de la pantalla, que en la mía se queda algo pequeña y que no termina de tener bien calibrado el gesto de mirarla o el doble toque.

Otro de los inconvenientes de la Charge HR es su conector USB que, como ya mencioné, es original de Fitbit y requiere tener a buen recaudo el cable de carga. Hubiera sido interesante que la conexión fuera microUSB y que el cable no solo sirviera como carga, sino también como volcado de datos.

En cuanto a la batería, se supone que dura 5 días, pero yo diría que más bien son 4. Y con un consumo normal. Cuando la batería se está acabando comienza a salir una pila en pantalla a continuación de mostrar la hora. Cuando ya está muy baja, deja de mostrar la hora y aparece una pila con una exclamación. La aplicación, por su parte, avisa unas horas antes que la pulsera, lo cual sirve para tener a mano el cable si se va a salir de casa. Por suerte, en apenas una hora se ha cargado. Sería de utilidad tener un pequeño icono con el estado de la batería, como en los móviles. Pero supongo que es otro de los inconvenientes de que la pantalla sea reducida.

Dimensiones que también influyen en las actividades cronometradas, que no muestra los datos fijos durante el ejercicio; y en las notificaciones, que se ven reducidas a llamadas dejando fuera mensajes de texto, correos electrónicos o alertas de otras aplicaciones. Sin duda, una funcionalidad que se queda algo corta, como su vibración, que además llega tarde.

La alarma despertador también cojea, ya que mejoraría si tuviera la opción de vibrar en el momento del sueño más ligero próximo a la hora establecida. Además, si por lo que sea, la conexión Bluetooth falla, no sonará. Porque esa es otra, la vinculación da muchísimos fallos. Tanto que en alguna ocasión he tenido que reestablecer los valores de fábrica reseteando la pulsera.

Y con tanto pero, ¿Tiene algún punto positivo? Bueno, en cuanto a funcionalidades de salud es muy interesante. Salvo en los pasos, es bastante precisa, gracias, sobre todo, a su medición de las pulsaciones que le permite calcular las calorías, detectar el sueño o actividades concretas (aunque no termina de afinar en según qué ejercicios). Sirve para llevar un control diario y buscar la superación continua, para realizar un seguimiento y comparativa de entrenamientos a nivel básico; pero se queda corta para quien busca sesiones más serias.

Es decir, por software cumple de sobra mis necesidades, pero tiene muchos fallos de aspecto, diseño y funcionalidad que espero hayan mejorado en las siguientes pulseras. De momento tengo que rodar algo más la Fitbit Charge 2 antes de poder hacer una evaluación.

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