Trucos viajeros: ¿Viajar con mochila o maleta?

Hace años asociaba la mochila con el interrail o ir de camping. Para todo lo demás, maleta. Sin embargo, con el tiempo y los viajes, la percepción ha variado y cada vez soy más de mochila. Aunque lógicamente sigue habiendo situaciones y situaciones. Como todo, tanto una opción como otra tienen sus ventajas e inconvenientes.

Ventajas de viajar con mochila:

Comodidad y facilidad de movimiento: A priori no puede parecerlo porque hay que cargar con ella, pero se adapta al cuerpo y el peso queda repartido. Además, hay en muchos destinos en los que es más fácil moverse con mochila en la espalda que arrastrando una maleta de ruedas. Por ejemplo, da más libertad de movimiento ante escaleras, cuestas empinadas o terrenos desiguales como calles empedradas. Es más fácil correr para no perder un tren o un bus con una mochila a cuestas que tirando de una maleta mientras intentas no atropellar a nadie. Y además deja las manos libres.

Ligereza: No solo las mochilas pesan menos, sino que como hay que cargarla (desde el punto de vista de la salud se recomienda que no supere el 15-20% del peso corporal), somos un poco más selectivos a la hora de llenarla. No hay espacio para los porsiacasos. Aunque hay que reconocer que este aspecto también es algo que tiene mucho que ver con la práctica.

Se puede evitar la facturación: Se puede viajar con una mochila como equipaje de mano si se sabe empacar bien. Sí, sí, cabe más de lo que parece. De esta moda se elimina el factor riesgo de que te pierdan el equipaje, pues va contigo. Volviendo de Bombay a Mahé con Air Seychelles aprendimos que la combinación bolso (incluso grande) + mochila canta menos que mochila + maleta. Los dos que llevaban una maleta de cabina además de su objeto personal, tuvieron que facturarla.

Flexibilidad: Como suelen ser de tela, son más fáciles de adaptar bajo un asiento, en un compartimento superior o en una taquilla. De hecho, en ocasiones, cuando el vuelo va muy lleno, suelen dejar pasar primero a los que llevan mochila porque como la pueden meter debajo del asiento delantero, no obstaculizan el pasillo ni llenan los compartimentos superiores. Nos pasó en la ida a Riga.

Para los que no llegamos a los maleteros de los aviones es además una ventaja, pues te evitas tener que pedir ayuda para subir el equipaje y, mejor aún, para bajarlo, que sale todo el mundo por patas.

Adaptabilidad: No solo se adapta al cuerpo, sino que lo hace a las necesidades. Una mochila se puede compactar más si va más vacía o extender si va más llena. Además, como suele llevar compartimentos y bolsillos, amplía la capacidad.

Sencillas de reparar: Dado que suelen ser de tela, si tiene un enganchón o un roto se puede solucionar con un parche. De la misma manera, tanto las cremalleras como los amarres pueden ser sustituidos. Aunque esto último quizá no podamos hacerlo nosotros mismos y haya que llevárselo a alguna costurera o servicio de reparación. Pero en cualquier caso, tiene una solución sencilla.

Desventajas de viajar con mochila:

No son para todo el mundo: Por ejemplo, no son recomendables para personas con dolencias de espalda.

Tampoco para todo tipo de viajes: Depende del contenido del equipaje y del tipo de prendas que necesitemos para el viaje (por ejemplo de negocios o en que se requiera llevar traje/vestidos).

Protección: Al ser flexibles el contenido puede verse dañado al no ir igual de protegido.

Accesibilidad: Si solo tienen cremallera superior, es más incómoda a la hora de buscar lo que necesitamos. Aunque esto se puede solucionar con una mejor planificación poniendo abajo del todo lo de menos uso y arriba lo más frecuente. Pero no siempre es posible porque ha de primar el equilibrio del peso.

Compra: Una buena mochila no se encuentra en cualquier sitio, sino que hay que buscar en una tienda un poco especializada.

Ventajas de viajar con maleta:

Facilidad de empaque: Al ver el espacio de un solo vistazo, es más sencillo empacar. Meter y cerrar.

Interior maleta

Protección: al ser más duras y constar de una estructura más sólida, el interior queda mejor protegido.

Menos arrugas: Aunque ya está muy extendida la costumbre de enrollar la ropa para aprovechar mejor el espacio, hay prendas como una americana o un vestido que necesitan ir estiradas. En este caso, la mejor opción es la maleta.

Se puede arrastrar/empujar: No hay que llevar nada encima, sino que se puede arrastrar. En caso de que además las ruedas giren 360º (recomendable), se pueden empujar, que es mucho más cómodo.

Maleta Blanca

Accesible: Al igual que a la hora de empacar, abriéndola se tiene todo a la vista y se encuentra mejor lo que se busca.

Precio y disponibilidad: Son fáciles de encontrar y hay ofertas incluso en los supermercados.

Desventajas de viajar con maleta:

Peso: Como llevan estructura ya de por sí, vacías, pueden llegar a pesar un par de kilos. A nada que la cargues, te plantas fácilmente en los 15-20. Y como además no se llevan encima, acabamos echando más de lo que necesitamos.

Movimiento limitado: Resulta incómodo moverse con una maleta por un territorio irregular como calles empedradas, con arena o barro, o subirla a pulso al tren… Además de que obliga a llevar al menos una mano ocupada.

Complicadas de reparar: Si sufren un golpe y se parte una rueda, o no funciona el asa extraíble prácticamente tendrás que buscar una nueva porque será una odisea moverse con ella.

Dimensiones fijas: el hecho de ser de un material rígido hace que no siempre entren en un compartimento o taquilla (o los cajones de prueba de las aerolíneas). Por muy vacía que vaya, sus dimensiones son las que son.

Hay un término medio que es el de las mochilas de ruedas, algo similar a las escolares, pero en formato viaje. Se pueden tanto arrastrar como llevar a la espalda. Aunque realmente este último uso queda limitado a momentos puntuales, ya que al llevar la estructura acaba haciendo daño. Además, no son ergonómicas y no están optimizadas para que el peso quede repartido y se pueda cerrar bien en torno al pecho y cintura. Yo no les veo mucho sentido. Y me quedaría con maleta o mochila según la ocasión.

La elección entre una opción u otra es algo muy personal y depende de cómo cada uno se sienta cómodo. Pero aún así, lo ideal sería elegir una maleta cuando los traslados van a ser sencillos (tanto por las infraestructuras o el medio de transporte como por el entorno), cuando se necesita llevar un equipaje especial (negocios o eventos con cierta etiqueta) o cuando no se puede o quiere cargar peso en la espalda. La mochila por su parte es perfecta cuando el viaje está abierto a la improvisación, cuando se viaja en transporte local con bastantes desplazamientos (buses, trenes, tuk-tuks…) o cuando se está en continuo movimiento no regresando a un alojamiento fijo y conviene llevar el equipaje a cuestas. Pero sobre todo, hay que olvidar los prejuicios y abrir la mente.

Qué llevar en la maleta en un viaje a Escocia

Si hay algo que saqué en claro de las recomendaciones de amigos que habían visitado Escocia es que es prácticamente imposible hacer previsiones meteorológicas. Íbamos a viajar la última semana de julio y primera de agosto, algo que en España significa calor, tirantes, sandalias y protector solar. Pero en Escocia lo mismo luce el sol (sin abusar, tampoco nos vayamos a flipar), que está nublado o – lo más probable – se pone a llover. Todo depende de los vientos y las corrientes. Por un lado las que provienen del Atlántico y por otro las que llegan desde Noruega. Quizá en las Tierras Bajas haya unas temperaturas más asturianas, gracias a las corrientes del Golfo de México, pero si nos vamos hacia las Tierras Altas nos encontraríamos con una meteorología más propia de Galicia.

Como sobre todo íbamos a viajar hacia el norte, por territorios costeros, nos equipamos con una indumentaria que nos protegiera de vientos y lluvias. En mi caso mi inseparable chaqueta North Face que no ocupa ni pesa y, sobre todo, no cala. Asimismo, no podían faltar las botas de montaña (también impermeables) para caminar sin problemas por diversos terrenos.

Creo que el calzado es casi lo más importante cuando voy de viaje. En mi caso no prima el llevar unos zapatos bonitos o que conjunten, si no que se adapten a las circunstancias y particularidades de la ruta. Puede parecer una tontería remarcar esto, pero luego vas a hacer la ruta del Cares y te encuentras a gente en chanclas o manoletinas que no para de tropezarse y piensas que quizá no está tan claro el concepto.

Pero además, al visitar tanto ciudad como montaña, me gusta llevar dos tipos diferentes de zapatillas. Unas más de diario, más zapatilla o deportiva para los días de ciudad; y otras que sean bota, que me sujeten más el pie y con una suela más rugosa para las rutas por montaña o caminos. Es más, aunque vayamos a hacer un viaje en el que sólo necesite a priori un mismo tipo de calzado, me gusta llevar dos pares. No sólo porque se puedan mojar o embarrar, sino también por los roces o molestias (también importante en este caso los calcetines). Yo tengo el pie con muy poco puente, y si estoy de continuo con el mismo calzado, al final me duele el pie, el gemelo, la cadera y hasta la espalda, porque la pisada ya no es firme y segura y por tanto voy cargando mal el peso del cuerpo. De hecho a diario, sea cual sea la rutina, cambio casi a diario. Quizá esto ya sea un tema mío particular, pero un dos pares me parece lo mínimo para llevar en la maleta (o uno en equipaje y otro puesto).

En cuanto a la ropa es indispensable ir forrado cual cebolla e ir poniendo o quitando capas en función de cómo se nos vaya dando el día. También es aconsejable llevar un paraguas, pero surge la problemática de que si es de los plegables a la mínima que haga viento se da la vuelta, y que si es tipo bastón, será un engorro cuando la lluvia sea tipo chirimiri. En estos casos es casi mejor llevar una funda protectora de la mochila y cámara y olvidarse del paraguas. De hecho, los locales directamente no lo usan. Como hay un tiempo tan cambiante, simplemente esperan a que pase la borrasca.

De todas formas, esto es una idea general, lo frecuente. Pero mejor consultar unos días antes la información meteorológica para confirmar, no sea que nos encontremos con unos días totalmente atípicos, como el verano de 2015 y las continuas olas de calor extremo.

Dado que en principio habrá sol, recomiendo echar las gafas de sol, gorro/a y protector (que el viento también castiga la piel y labios) y repelente de mosquitos. Y es que en Escocia hay zonas con una gran invasión de mosquitos. Así que añadir un botecito en el botiquín no está de más. Tampoco pueden faltar unas tiritas ni ibuprofeno o paracetamol.

Aparte de lo mencionado más arriba y de la documentación referida en el post anterior, algo que no me puede faltar cuando voy de viaje es la batería externa. Sobre todo teniendo en cuenta que al ir con coche es aconsejable llevar el móvil con batería no sea que lo vayamos a necesitar al final del día y nos hayamos quedado bajo mínimos. Por si acaso, esta vez también consideré echar un cable para el cargador de mechero.

Batería Externa

Por supuesto, no pueden faltar el cargador de la batería de la cámara o las tarjetas de memoria para llenarlas hasta el último kb.

También es recomendable hacerse con un GPS y mapa. Sí, las dos cosas. Un mapa de toda la vida te da una perspectiva general, y un GPS además te puede marcar puntos reseñables y de interés en las inmediaciones. Cuando alquilas el coche tienes la opción de añadir un alquiler de GPS, no tengáis mucha fe en el móvil, pues la cobertura en según qué lugar ni existe.

Por último, como íbamos a estar en la carretera a diario y las comidas se preveían itinerantes, metimos en la maleta unos cubiertos de plástico y algunas servilletas.

Equipaje listo. Preparados para partir rumbo a tierras escocesas.

Trucos viajeros: Equipaje III. Hacer el equipaje

Teniendo en cuenta las consideraciones previas, toca hacer la maleta. ¿Por dónde empezar?

Pues por el principio, por hacer una lista. Sí, soy muy ordenada y me gusta llevarlo calculado, pero es que es la mejor forma de optimizar el proceso. Imaginemos que lo dejamos para última hora, empezamos a sacar ropa del armario y nos damos cuenta de que nos queremos llevar prendas que no tenemos disponibles porque no están limpias. Así que, un par de semanas antes yo comienzo a hacer una lista. En función de cómo vaya a ser el viaje (montaña/playa, invierno/verano, relax/aventura), necesitaremos un tipo de ropa determinada. Si es completamente contrario a nuestro día a día, no habrá problema. Tendremos todo disponible. Pero si son prendas que usamos con asiduidad, habrá que tener en cuenta que no te las puedes poner durante la semana antes de irte, porque necesitarás hacer la colada a última hora. Así que esos días previos toca hacer lista e ir apartando lo que nos vamos a llevar. Lo limpio para no usarlo y tener que lavarlo, y lo que ya está sucio porque lo hemos usado recientemente, a la lavadora.

En caso de que no facturemos y sólo viajemos con la de mano, habrá que llevar botes pequeños, de muestras, o a punto de acabarse para no traerlos de vuelta. Si vamos a un hotel, seguramente nos vayamos a encontrar con productos de higiene, así que conviene indagar en su web o tripadvisor para no cargar innecesariamente con mil productos. Por supuesto, cada persona es un mundo y puede haber excepciones como alguna necesidad especial por piel atópica, o pelo indomable que necesita un producto en concreto, por ejemplo. Afortunadamente no es mi caso.

En caso de que facturemos maleta, sí podemos echar botes algo más grandes, sin embargo, nosotros intentamos llevarnos productos que nos sirvan a ambos: como mismo champú, mismo gel, mismo suavizante… de esta forma aligeramos algo. Por supuesto sólo necesitas una pasta de dientes. Todo depende también del número de días, claro. En cualquier caso, si el viaje va a durar más de una semana, es mejor plantearse el comprar los productos de higiene más pesados en destino. Salvo que vayas a un lugar remoto en el que no haya un supermercado, no es difícil de encontrar un champú, gel o pasta de dientes. En el Road Trip por Estados Unidos por ejemplo compramos un enjuague bucal de 2 litros. Éramos 4 personas y un viaje de 17 días, así que al maletero.

Sea maleta de mano o facturada, para mí secadores, planchas, maquillaje y similar, queda fuera. Principalmente porque no uso en mi día a día, salvo el secador un par de soplidos, pero es un aparato que suele estar en los hoteles.

Lo básico cabe en 3 bolsas de aseo (de diferentes tamaños):

  • Ducha: gel, champú, suavizante, cepillo de pelo y desodorante.
  • Dientes: Cepillos, pasta de dientes y enjuague.
  • Cara: jabón de cara, crema de día con factor solar y crema de noche. Según el tipo de viaje, puede que añada lentillas. Uso las de un día para no tener que llevar líquidos adicionales.

Si es un viaje largo, añado unas pinzas de depilar, un espejito y una lima o cortauñas. Aunque antes de irme de viaje siempre doy un repaso a las uñas (que suelo llevar de por sí cortas) para evitar que se partan al crecer más de la cuenta.

Por supuesto, dependiendo de cuándo sea el viaje, tendría que añadir un cuarto neceser con productos de higiene femenina.

Además, si nos va a dar el sol: crema protectora y crema para después del sol. Podemos pensar que no nos va a dar mucho, o que estamos morenos y no nos vamos a quemar. Craso error. El sol no es ninguna broma.

Otro neceser sería el botiquín. Esta es una tarea pendiente. Mi neceser se reduce a unas tiritas sueltas en alguna bolsa de aseo por si acaso. Quizá algún ibuprofeno. Pero ha llegado la hora de pensar en llevar uno, aunque sea con lo básico.

En cuanto a la ropa, he aprendido a reducir, a no llevar tantos porsiacasos y que la ropa sea versátil, combinable y no se arrugue. Para mí es simple porque uso ropa básica. Y en cuanto al calzado, que sea cómodo y por supuesto con kilómetros en las suelas para asegurarme de que no me van a rozar. Y siempre adecuados a las circunstancias. Puede que unas deportivas te sirvan para ciudad, pero si vas a hacer alguna ruta en el monte, conviene llevar unas zapatillas con una suela con más agarre.

Para un viaje típico yo suelo calcular un pantalón para cada 2/3 días. Y siempre alterno vaqueros con otro tipo de tejido, los vaqueros aguantan bien la suciedad, pero si te llueve y acabas mojado, tardan la vida en secarse. Camisetas y ropa interior una por día. Ropa cómoda/pijama y chanclas para estar cómoda en el alojamiento. En cuanto al calzado, dos diferentes, unos más de andar en llano, y otros más de trekking. Si vas a estar todo el día pateando, tus pies te agradecerán el cambiar de calzado cada día, así que está bien poder alternar. Eso es mi básico. Según el viaje puede que necesite un bañador y una toalla (las de microfibra que no ocupan nada son perfectas); o por el contrario un chubasquero.

Pero básicamente, siempre es lo mismo con pequeñas alteraciones:

  • Si es otoño o invierno: vaqueros y camisetas de manga corta/larga, alguna sudadera o jersey y una buena cazadora que sirva como impermeable. Calzado cómodo que no cale y ropa interior.
  • Si es primavera o verano cambio los vaqueros por pantalones piratas y las camisetas serán de manga corta o tirantes (si no voy con mochila que entonces me rozaría los hombros). Alguna chaqueta no viene mal para las noches o los vuelos.

Con todo sobre una superficie lisa preparado en montones para visualizarlo mejor, es hora de comprobar con la lista e ir rellenando. Para preparar mi equipaje yo recurro a estos trucos:

  • Antes de nada, quitamos los identificadores de viajes anteriores, no sea que la maleta acabe en Japón y nosotros en Estambul.
  • Rellenar el calzado con calcetines (o desodorante/bote de colonia). Así aprovecho cualquier espacio.
  • Embalar o proteger cualquier objeto frágil. Si cabe en el calzado, es un buen sitio.
  • Enrollar la ropa. En serio, no se arruga. Además, es parecido al método Marie Kondo y permite visualizar todas las prendas.
  • Colocar el calzado y las bolsas de aseo en la parte baja de la maleta, para que al ponerla de pie ya estén abajo. Así se evita que se deslicen hacia el fondo aplastando lo demás.
  • Echar un par de bolsas vacías que sirvan para meter la ropa sucia y que no se mezcle con la limpia durante el viaje (sobre todo si es itinerante).
  • Llevar puestos el calzado y la ropa voluminosa y/o pesada.
  • Llevar en la mano (o puesta) la chaqueta o abrigo.
  • Llevar en el bolso de mano la documentación, electrónica (con sus cargadores) e información del destino (el pequeño dossier, que lo llamo).
  • Añadir, como precaución, una muda en la maleta de mano por si pierden la maleta. Esto llevo haciéndolo muchos años y por suerte nunca me he visto en la situación de quedarme sólo con esa ropa. Cuando doy este consejo hay quien me mira como si fuera paranoica, pero no me ocupa nada una muda de ropa interior y una camiseta. Los vaqueros que lleve puestos en el vuelo me aguantan otro día más hasta que solvente el hipotético caso de quedarme en bragas, nunca mejor dicho.
  • Y como segunda precaución, si viajamos los dos y llevamos varias maletas, mezclamos la ropa de ambos. En caso de que nos perdieran una de las maletas, ambos tendríamos ropa y en caso de que apareciera al día siguiente, no sería mucho trastorno. Si cada uno metiera sus pertenencias en una maleta, saldría perjudicado uno y no quedaría más remedio que ir de compras hasta que la localizaran (si se da el caso).
  • Cerrar la maleta con un candado y aún así llevar los objetos de valor en la de mano.
  • Poner una pegatina identificativa con los datos personales por si se extravía. Con nombre y teléfono basta. Es mejor no escribir la dirección e ir publicando por ahí por dónde vives.
  • Eso sí, insisto, el mejor consejo que puedo dar es: viaja con lo justo. Lo mejor para evitar una pérdida de maleta, esperas en facturación y recogida, así como cargar con peso excesivo es viajar ligero. Una sobrecarga de la maleta puede hacer que reviente en el traslado desde facturación hasta el avión y vuelta. No sé si habéis visto alguna vez cómo las lanzan.

Ya estamos listos para viajar.

Trucos viajeros: Equipaje II. Medidas, pesos y normativa IATA

Una vez que hemos elegido nuestra maleta (o juego) llega la hora de hacerla. Pero hay que tener mucho ojo con que echamos. Lo primordial es llevar lo menos posible y aprender a compactar bien. Normalmente contamos con 23Kg en un billete normal (20Kg generalmente en las de bajo coste) y solemos llevar más de lo que luego vamos a usar, así que hay que saber elegir bien para no pasarse. En cualquier caso, si has comprado un billete económico sin equipaje de bodega incluido, y cuando estás haciendo la maleta, ves que vas a necesitar facturar, págala online en lugar de esperar al aeropuerto, suele salir por la mitad. En estos casos, a la hora de comprar el vuelo habría que valorar también si compensa comprar el billete económico y sumar una maleta, o comprar directamente uno estándar con la maleta incluida. Pero ya hemos pasado esa etapa. Ya aprenderemos de los errores.

Maleta Blanca

Un problema que podemos encontrar con el peso es que aunque vueles varias personas juntas, te las pesen individualmente de tal forma que a pesar de que no te pases en global, como una se lo haga, pagas. Es frecuente en paquetes vacacionales. Imaginemos que viaja una familia de cuatro miembros y facturan 3 maletas. Una pesa 25, otra 19 y la última 17. Pues aunque haya una persona sin maleta, les cobrarían el extra de la primera. No suele ser lo normal, a mí no me ha ocurrido, pero sí que conozco casos de gente a la que le ha pasado. Como digo, generalmente cuando es crucero o un vuelo chárter. Así que ojo con la letra pequeña de las condiciones de la reserva.

Si eres un viajero frecuente, muy frecuente, llegará un momento en que subas de categoría y te permitan una maleta adicional independientemente del billete que hayas comprado (o con más peso). Y te pondrán etiqueta de prioritario, con lo que tu equipaje además, sale de los primeros.

Para evitar sustos, es recomendable pesar la maleta antes de llegar al aeropuerto. Hoy en día con cualquier programa de puntos del banco o gasolinera te puedes hacer con una báscula o peso portátil. Y si no en amazon, aliexpress o cualquier web en la que tienen de todo. Te ahorrarás más de un disgusto. Tras 10 meses de Erasmus, y pese a haber enviado por correos ropa y libros, cuando llegué al aeropuerto la maleta pesaba más de la cuenta. Le puse a la azafata cara de pena y le dije que sacaba los jerseys y me los ataba uno encima de otro para aligerar (¡un 30 de julio!), pero tuve suerte y la chica acababa de empezar el turno y estaba de buenas. No siempre tienes esa suerte. Es más, creo que ya he agotado mi única vez. Ojo porque en estos casos te cobran por kilo adicional, y lo mismo por 5 kilos habías pagado una maleta extra. También es verdad que aquella vez fue algo excepcional y volvía cargadísima, no sé cómo acumulé tantas cosas… Hoy en día suelo viajar más ligera de equipaje.

El equipaje de mano, por contra, no te lo suelen pesar. A mí nunca me ha pasado, al menos y ha habido ocasiones en las que lo he llevado bien cargado. Tampoco he visto gente delante de mí a la hora de facturar a la que se lo pidieran. No obstante, aunque lo común es que no haya problema, hay compañías que estipulan un límite de 10Kg. Como siempre, conviene leer la letra pequeña. Si la maleta se desliza, probablemente no sea sospechosa de pesar. Sin embargo, las mochilas llaman más la atención. Cuanto más compacta sea, por mucho que pese (siempre que no te dobles del esfuerzo), no se fijarán.

Además de una mochila o maleta de mano, puedes llevar un bolso personal. Para estos casos lo mejor es elegir el más grande que tengas, a lo estilo Mary Poppins (también si eres hombre). Y, como truco, yo suelo llevar bolsas de tela dentro. Una vez pasado el mostrador de facturación y el control, si necesito redistribuir el peso, vienen muy bien. O una mochila plegada en la maleta. Incluso maletas dentro de maletas. Sí, maleta dentro de maleta. Puede sonar raro, pero es muy útil, nosotros lo hicimos en el Road Trip a la Costa Oeste de los Estados Unidos. Mi hermano viajaba directo a Los Ángeles y luego con un vuelo doméstico a San Francisco, y en el segundo vuelo tenía que pagar por el equipaje. Por contra, los tres restantes íbamos a San Francisco vía Filadelfia con el equipaje estándar: bolso de mano + maleta de mano + maleta facturada. Así pues metimos la maleta de mi hermano en nuestra maleta grande y rellenamos los huecos con ropa para que quedara bien encajada. Y después, repartimos el resto de equipaje de los tres entre dos medianas y una pequeña. Una vez que llegamos al hotel mi hermano sacó la suya y redistribuimos la ropa. Aún así, mantuvimos nuestra maleta mediana dentro de la grande casi todo el viaje para ahorrar espacio en el maletero. A mediados del viaje, como nos compramos ropa, y ya llevábamos ropa sucia, reorganizamos las maletas y dejamos de jugar a las matriuskas. A la vuelta no tuvimos problema porque al acabar en Los Ángeles, mi hermano ya podía llevar su maleta sin coste adicional. Desafío completado.

Volviendo al equipaje de mano, aparte del peso, es imprescindible saber qué puedes o no llevar. Te evitarás cabreos de última hora. Donde más restricciones encontramos es en los líquidos. Así pues, cuidado con el neceser.

Y para finalizar, el último consejo que tengo hoy sobre el equipaje tiene que ver con las escalas. Es importante saber si recoges la maleta en la parada o en destino. Normalmente si es la misma compañía irá a destino, pero depende de los controles aduaneros. Por ejemplo, para Madrid-París-Osaka con AirFrance recogimos la maleta en destino. Al tener escala en territorio europeo, pasamos control de pasaporte, pero nada más. Sin embargo, Madrid-Filadelfia-San Francisco, aunque era también la misma compañía, al tratarse de Estados Unidos, has de recoger la maleta, pasar aduana, control de pasaportes y después vuelves a soltar la maleta en una cinta. Si el vuelo hubiera sido Madrid-Londres-San Francisco, no tendríamos que haber recogido la maleta en la escala. De todas formas, conviene asegurarse en el mostrador para no llegar a destino y que el equipaje se haya quedado en la cinta de la escala.

Con estas consideraciones ya nos podemos poner manos a la obra y llenar la maleta.

Trucos viajeros: Equipaje. Elegir maleta

Y después de afrontar la elección de asiento, es hora de hablar del equipaje.

Antes de nada, lo primero que debemos tener en cuenta es elegir bien nuestra maleta. Lo pienso cada vez que veo a alguien con una samsonite de aquellas duras que se comercializaban hace 30 años… Vacías ya pesan fácilmente ocho kilos y si vas en coche quizá no te importe, pero si vas a volar, no son nada recomendables. Hoy en día las hay ultraligeras. Eso sí, no les cojas mucho cariño, porque acabarán golpeadas y marcadas por todos lados.

  • A la hora de la compra es importante fijarse en que cumpla las medidas más estrictas de equipaje de mano. Tanto si vamos a comprar sólo la de mano, como un juego de 3, lo que debe determinar la elección es la pequeña. Las compañías son cada vez más quisquillosas con las medidas (equipaje de mano estándar son 55 cm x 40 cm x 20 cm).

  • En cuanto al material, mejor de plástico que de tela, ya que estas últimas si se mojan puede calar al interior. Y tardan más en secar, aunque no haya traspasado el agua al interior. Las de plástico se secan mucho más rápido. Y suelen ser más ligeras. A ser posible elegid un diseño raro, estrafalario, peculiar, característico; como lo queráis llamar, pero que destaque. No sólo porque así será más fácil localizar el equipaje en la cinta, sino porque en caso de extravío, es más sencillo de encontrar. Por ejemplo, imagina que vas a poner una reclamación porque una de tus maletas no ha aparecido y te piden una descripción. No es lo mismo decir que tu maleta es negra, roja o azul marino de tela, o plástico; a que tenga un dibujo, letras, rayas o similar. A la hora de buscarla en el almacén con tooooooooooodas las maletas sin dueño que acumulan, será todo mucho más rápido. Igualmente conviene llevar una foto en el móvil de nuestro equipaje para mostrar en casos como este. Una imagen vale más que mil palabras.

Maleta Blanca

  • Supone una gran diferencia que sea de 4 ruedas. Supone una gran diferencia poder deslizar o empujar la maleta en lugar de tirar. Muchísimo más cómodo.
  • Ha de tener un interior práctico. Generalmente uno de los dos lados (donde va el asa larga) lleva unas cintas que se juntan al centro con una especie de corchete. Es conveniente que la otra parte lleve una cubierta que se cierre con cremallera. Esto será muy útil a la hora de mantener todo en orden y que cuando abramos la maleta no se desperdigue todo; pero también es viene muy bien a la vuelta para separar ropa limpia de la sucia. Este tipo de separación es lo mínimo que debería llevar. Si además tiene más anclajes, compartimentos, cremalleras y bolsillos donde poder llevar organizados objetos que necesitamos a mano sin tener que rebuscar entre la ropa (bolsas de aseo, documentos, electrónica), mucho mejor. Sobre todo será muy práctico para la de mano, que puedes llevar todo bien colocado y aunque la abras en medio de una sala de espera o en el avión para sacar un libro, ordenador o lo que sea, no se te ve ni lo que llevas, ni acaba esparcido por el suelo. En el caso de que no haya tantos compartimentos, recomiendo usar algún tipo de bolsas tipo neceser de diferentes tamaños para cada grupo de cosas (por ejemplo: cargadores y cables en uno; lectura y música en otro; antifaz, tapones, chicles y gafas en otro…). De esta forma se mantiene mucho mejor el orden y es más fácil empaquetar.

Interior maleta

Una vez elegida. A llenarla.