Viajar V (2016)

No todos los años se puede seguir el ritmo del 2015 cuando visitamos Japón, Viena, Praga, Budapest, Bratislava y Estambul. En 2016 tan solo hicimos dos viajes. Por un lado un Road Trip por Escocia a finales de julio – principios de agosto, y ya en diciembre una escapada a Atenas y Sofía. Que tampoco se puede decir que sea poco.

Normalmente intentamos hacer una escapada en el primer semestre del año para desconectar antes de las vacaciones de verano, pero tocó reforma en casa, así que aprovechamos la primavera para poner algo de orden, que falta hacía después de un año con el suelo levantado, un agujero en el techo y las paredes llenas de chorretones de por donde había caído el agua.

Así que, nuestro primer viaje de 2016 fue a tierras escocesas, un país al que le teníamos ganas. Después de varios viajes en los que han predominado las ciudades, ya tocaba volver al verde.

Old Man of Storr

Old Man of Storr

Esto no quiere decir que no visitásemos ciudades, ya que partimos y terminamos en Edimburgo y también pasamos por Glasgow o Aberdeen, pero no eran nuestra prioridad. Había mucho que descubrir. En un par de semanas no nos daba tiempo a ver todo, ni muchísimo menos, pero intentamos conseguir la experiencia escocesa combinando kilométricas playas, escarpadas montañas, frondosos bosques, desiertos páramos, ciudades llenas de historia, castillos llenos de encanto, e incluso una visita a una destilería.

Destilería Glenfiddich

Este Road Trip por Escocia ha sido toda una experiencia. Ya sospechaba que me iba a gustar el país si se parecía una mínima parte a lo que ya había imaginado. Pero es que la realidad superó a las expectativas con creces. Escocia es un país espectacular que concentra una gran variedad de atracciones.

Sin duda me quedo con Edimburgo, una ciudad construida sobre su historia que cautiva al visitante al primer golpe de vista. En ella se respira su alma gótica con sus edificios antiguos, cementerios lúgubres, closes estrechos y las calles empedradas y húmedas. Es el contraste de la intacta Old Town en la que predominan las callejuelas vertiginosas y sus estrechos callejones medievales donde aún se sienten las estrecheces de la vida intramuros; frente a la elegancia del ensanche de la Ciudad Nueva en la que se suceden casas georgianas, jardines bien cuidados y una organización de las calles y plazas muy cuadriculada. Tiene dos almas.

High Kirk of St Giles

Ross Fountain con el Castillo de fondo

St Cuthberts Burial Ground

Burns Monument

Victoria Street

New Town

Callejón

Y aunque su castillo es una de las joyas del país, si tuviera que elegir uno de todos los que visitamos, me quedaría con el de Stirling. Es una parte importante de la herencia escocesa y está lleno de historia. Por un lado porque fue testigo de las diferentes batallas que tuvieron lugar en su colina. Además, fue protagonista de la Primera Guerra de Independencia de Escocia, que se inició con la invasión de las tropas de Eduardo I. Cuando los ingleses se hicieron con la Piedra del Destino y se la llevaron a la Abadía de Westminster, se inició una revuelta popular escocesa comandada por William Wallace. La última batalla que vivió fue la defensa ante el ataque jacobita en 1746. Por otro lado, el castillo fue el lugar en el que se han coronado muchos reyes y reinas de Escocia, entre ellos María I de Escocia en 1542. Además, algunos de los reyes escoceses, como James III, nacieron en el castillo.

No estoy quitándole importancia al de Edimburgo, que además guarda las Joyas de la Corona. Y estéticamente incluso es más uniforme. Pero el de Stirling es mucho más didáctico, más fácil de imaginar cómo era la vida en sus diferentes estancias gracias a las recreaciones o los actores que por allí se pasean. El conjunto hace que sea una visita muy atractiva, lúdica y didáctica.

Robert the Bruce

Castillo de Stirling

Great Kitchens

Si tuviera que escoger uno de los que quedan solo las ruinas dudaría entre el de Saint Andrews y el de Dunnottar. Ambos se encuentran colgados sobre el mar, aunque quizás el de Stonehaven impresione más por tener un acceso tan complicado.  Es un castillo emblemático por su enclave impresionante que es para enmarcar, además de por ser clave en uno de los momentos más importantes de la historia de Escocia. Esta situación estratégica y defensiva le sirvió a William Wallace durante la lucha escocesa por la independencia en el año 1300 para atraer a una tropa inglesa y después quemarla viva en una capilla. También se escondieron aquí las Joyas de la Corona escocesa en el siglo XVII por ser considerada la fortaleza más segura del reino.

Fachada

Castillo de Saint Andrews

Dunnottar Castle

Dunnottar Castle

En cuanto a las playas tendría también mis dudas. No sabría decidirme entre la de Balnakeil Bay y la de Dornoch. Balnakeil tiene algo más de personalidad con la Durness Old Church al fondo, aunque la de Dornoch es más larga e impresiona más.

Balnakeil Bay

Playa

Seguramente me habría gustado también la Secret Beach que nos recomendó Sarah, pero nos equivocamos de sitio. Sin embargo, las vistas desde lo alto del acantilado eran también dignas de ver y no fue una pérdida de tiempo.

Ceannabeinne Beach

Ceannabeinne Beach

Pero para acantilados los de John O’Groats, desde donde se pueden divisar a lo lejos las famosas Stacks, esas formaciones rocosas de 64 metros de altura resultado de la erosión provocada por el azote del mar y el viento.

Duncansby Head

Y por supuesto, si de formaciones rocosas hablamos, no podemos olvidarnos del Old Man of Storr, que, sin duda, fue mi parada favorita de todo el viaje. Para esta caminata de 4 kilómetros cuesta arriba es imprescindible un buen calzado, algo de comida y bebida por si tuviéramos algún bajón. Sí, es exigente, hay que prestar atención al terreno por donde vamos pisando y ponerle ganas y ánimos, pero al llegar arriba todo se queda ensombrecido por las vistas. No son unas rocas sin más, por algo es uno de los paisajes más fotografiados del país. Y me recordó el porqué de querer recuperar los viajes en que nos perdíamos en la montaña.

Old Man of Storr

Old Man of Storr

Old Man of Storr

Old Man of Storr

Old Man of Storr

Fueron apenas dos semanas, pero exprimimos al máximo los días para sacar lo mejor de Escocia. Sin duda, junto con Noruega, uno de mis países favoritos hasta la fecha.

Banda de gaitas

Coos

A finales de año hicimos una escapada a Sofía con una breve escala en Atenas que nos permitió revisitar la capital helena, la cuna de nuestra civilización. Habíamos estado en 2008 como punto de partida de nuestro primer crucero, y la habíamos pateado en visión exprés. Sí, ya sé que una escala de 24 horas no es precisamente relajada, pero nuestra vez anterior salimos a las 4 de la tarde del barco tras el procedimiento de registro y creo que teníamos que volver a las 8 para zarpar. Así que apenas nos dio para mucho. Y aún así conseguimos subir a la Acrópolis, callejear por Monastiraki, Plaka, asistir al cambio de hora en Sintagma y llegar hasta el Templo de Zeus Olímpico.

Evzones

Así que, con estos antecedentes, 24 horas era muchísimo tiempo incluso contando con lo pronto que anochecía. Y además tuvimos la suerte de que no nos lloviera. Hacía frío y hubo que abrigarse bien, pero en seco.

Como se ve en el mapa subimos hasta el Acrópolis, después continuamos por el Ágora Romana, el Antiguo Ágora y el Cerámico; callejeamos por los barrios de Psirrí, Monastiraki y Plaka; visitamos la Catedral y pasamos por la Plaza Sintagma; seguimos paseando Ermou hasta llegar al Arco de Adriano y el Templo de Zeus Olímpico y para finalizar la mañana pasamos por el Estadio Olímpico, el Zappio y los Jardines Nacionales. Por la tarde subimos al Monte Licabeto para ver atardecer.

Partenón

Ágora Romana

Templo de Hefesto

Cerámico

mezquita otomana de Tzistarakis

Biblioteca de Adriano

Atenas

Catedral de la Anunciación de Santa María

Parlamento

Iglesia Bizantina Kapnikarea

Arco de Adriano

Templo de Zeus Olímpico

Estadio Panathinaikó

Jardines Nacionales

Zappeion

Monte Licabeto

Monte Licabeto

No nos habría dado tiempo a cumplir con todo el recorrido si hubiéramos entrado en todos los conjuntos arquitectónicos. Por ese motivo filtramos y visitamos los que nos parecían imprescindibles como la Acrópolis o el Antiguo Ágora con el Templo de Hefesto, la Stoa y las ruinas. Sin embargo, obviamos otros porque lo poco que se conserva en pie se ve desde fuera, como el Cerámico, la Biblioteca de Adriano, el Templo de Zeus o el Ágora Romana.

En la segunda etapa de este viaje, y motivo principal en realidad, visitamos Sofía. Descubrimos un poco de Bulgaria, un país desconocido hasta la fecha para nosotros. Y aunque su capital no es la ciudad más maravillosa del mundo, tiene una historia que se remonta hasta el siglo VIII a.C. Además, tuvimos la oportunidad de hacer una excursión a la cercana Plovdiv, que conserva un casco histórico colorido y singular.

Bandera

Sofía, en pleno centro de los Balcanes, es la capital de Bulgaria y también la ciudad más grande y poblada del país. Su localización la convierte en un lugar estratégico, ya que se encuentra en un cruce de caminos que conecta la Europa Occidental con Oriente Medio. El hecho de que Bulgaria haya sido un territorio conquistado por varios pueblos, hace que tenga una amplia riqueza cultural. Aunque Sofía se encuentra en un proceso continuo de transformación hacia la globalización, se conserva gran parte de su patrimonio cultural, arquitectónico e histórico. El más claro ejemplo es Serdika, donde en una manzana encontramos una mezquita, una sinagoga y una iglesia. Además de unas ruinas tracias y romanas.

Iglesia Sveta Petka

Sinagoga

Mezquita Banya Bashi y ruinas

Este pasado multicultural ha dejado joyas arquitectónicas en la ciudad como la Iglesia Redonda de San Jorge, la Catedral de Sveta Nedelya, la Iglesia Rusa, el Teatro Nacional Ivan Vazov y por supuesto la Catedral de Alejandro Nevski. Cada una de ellas totalmente diferente a la anterior en su diseño.

Iglesia Redonda de San Jorge

Catedral de Sveta Nedelya

Iglesia Rusa

Teatro Nacional Ivan Vazov

Catedral de Alejandro Nevski

Estos majestuosos y ornamentados edificios contrastan con las construcciones comunistas de hormigón y cemento pensadas para su funcionalidad y no para destacar por su diseño. También de esta época son las infraestructuras, las grandes avenidas y arterias que cruzan la ciudad y los transportes. Aunque está en proceso de remodelación con la entrada en la Unión Europea y se nota que ha llegado la apertura capitalista con la llegada de franquicias y multinacionales.

Bulevar María Luisa

Plaza de la Independencia

Sofía

Sin embargo, aunque queden vestigios de la época comunista, para acercarse más aún a esta época de la historia de Bulgaria podemos visitar el Museo de Arte Socialista, donde se han reunido esculturas y pinturas que fueron retiradas tras la caída del Régimen.

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Sofía no es una de las capitales europeas más sorprendentes, no está al nivel de Praga, Budapest, Viena, Berlín, París, Madrid… pero también tiene su historia. Si Atenas se podía concentrar en 24 horas porque la parte histórica estaba bien delimitada, lo de Sofía es mucho más sencillo aún. Está todo bastante cerca, a un paseo tranquilo y si te cansas siempre puedes tomar un medio de transporte o hacer una parada en el mercado central y saborear una cerveza local o aprovechar para comprar comida local.

Trolebús

Mercado Central

Cervezas

En este caso estructuramos la visita en varios días, concentrando la parte histórica en el día más largo y dejando para el último lo más alejado antes de marcharnos:

Y entre medias, hicimos una excursión a Plovdiv, a dos horas de Sofía. Es la segunda ciudad más grande de Bulgaria y en una época en la que no existía Atenas, Roma ni Constantinopla, suponía un cruce de caminos entre Asia y Europa. De ahí que tenga una mezcla de culturas como la tracia, la romana, la búlgara o la otomana.

Estadio Romano

Mezquita Dzhumaya

Plovdiv supuso el contraste a Sofía. Con un casco histórico peatonal plagado de iglesias y construcciones del Renacimiento Búlgaro, un anfiteatro romano o ruinas tracias y romanas. Una zona que está sobre una colina y que nos permite asomarnos al resto de la ciudad.

Anfiteatro Romano

Staria Grad

Staria Grad

Plovdiv

En la parte nueva me gustó mucho el colorido barrio de Kapana con tanta vida en sus calles. Sus bares, los locales de artesanos, las banderitas, los murales…

Kapana

Kapana

Plovdiv

Queda todo también muy concentrado:

Y como bonus nos dio tiempo a hacer una excursión a la Fortaleza de Asen, de la que apenas quedan restos salvo la Iglesia de la Santa Virgen de Petrich que parece suspendida sobre el valle. Un lugar totalmente inesperado. Desde luego Bulgaria tenía muchas sorpresas escondidas.

Iglesia de la Santa Virgen de Petrich

De un viaje a Sofía sacamos una escala en Atenas y una excursión a Plovdiv y alrededores, con lo que se puede decir que aprovechamos bien nuestra escapada. Nos hizo más frío que en Atenas, ya que esta se encuentra más próxima al mar mientras que Sofía está rodeada de montañas. En cualquier caso nada que no esperáramos en el mes de diciembre y que no se pudiera remediar. Como dicen los noruegos: “no hay mal tiempo, sino ropa inadecuada”.

Y con Bulgaria cerramos el año llegando a alcanzar los 25 países. A por 2017.

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Conclusiones de la escapada a Atenas y Sofía

Durante nuestra corta escapada paseando por Atenas y Sofía (y Plovdiv) descubrimos construcciones de otras civilizaciones, de otros pueblos. Vestigios arqueológicos que han llegado hasta nuestros días y que nos hacen sorprendernos de la capacidad e inventiva con la que contaban hace siglos con muchos menos medios que los que tenemos hoy en día.

Partenón

Catedral de Alejandro Nevski

Atenas es un buen ejemplo de ello. Aunque la ciudad y el país no pasan por su mejor momento y esto influye en la conservación de muchos restos históricos, es una visita imprescindible para conocer no solo la época clásica griega que es la cuna de nuestra civilización; sino también para descubrir monumentos romanos y bizantinos.

Restos arqueológicos

Propileos

Acrópolis

Ágora Romana

Atenas

Stoa

Escudo espartano

Ekklisia Agii Asomati ke Agios Georgios

mezquita otomana de Tzistarakis

Catedral de la Anunciación de Santa María

Iglesia Bizantina Kapnikarea

Templo de Zeus Olímpico

Es un destino con una gran riqueza monumental y arqueológica, claro, pero también conviene perderse por sus barrios y descubrir las calles por donde se mueven los locales dejando a un lado lo más turístico, sentarse en una terraza a disfrutar de la gastronomía griega más allá del yogur o la musaka, comprar algún recuerdo en uno de sus mercados… o incluso regatear en un mercadillo callejero.

Atenas

Atenas

Atenas

Atenas

Atenas

Atenas

Pero en Atenas no todo son ruinas o monumentos, también cuenta con un gran pulmón verde como es el caso de los Jardines Nacionales:

Jardines Nacionales

Jardines Nacionales

Y para completar el día qué mejor que un buen atardecer desde el Monte Licabeto:

Monte Licabeto

Para dormir elegimos un apartamento en AirBnb. Tenía sus deficiencias como conseguir que se caldeara o la cisterna que no funcionaba del todo bien, pero para una noche nos sirvió. Sobre todo porque era bastante amplio para cuatro y estaba céntrico.

Apartamento

Habitación principal

En apenas 24 horas intentamos abarcar lo máximo posible. Sin embargo, aunque no había que cubrir grandes distancias, teníamos el inconveniente de las horas de luz. Y es que poco antes de las 5 se nos hacía de noche, así que el remedio era madrugar bastante, patear la ciudad y gastar suela de las zapatillas.

Al final no se nos dio mal, ya que conseguimos cubrir completa la ruta que llevábamos previa. Sí que es verdad que no entramos en todos los conjuntos arqueológicos, pero es que muchos se ven desde fuera bastante bien. Así que hicimos criba.

Este fue nuestro recorrido por Atenas:

Bulgaria por su parte es un país que empieza a abrirse al turismo y su capital, Sofía, también cuenta con atractivos interesantes como resultado de una mezcla de culturas y pueblos. El más claro ejemplo es Serdika, donde en una manzana encontramos una mezquita, una sinagoga y una iglesia. Además de unas ruinas tracias y romanas.

Mezquita Banya Bashi

Sinagoga

Iglesia Sveta Petka

ruinas

ruinas

Este pasado multicultural ha dejado joyas arquitectónicas en la ciudad como la Iglesia Redonda de San Jorge, la Catedral de Sveta Nedelya, la Iglesia Rusa, el Teatro Nacional Ivan Vazov y por supuesto la Catedral de Alejandro Nevski. Cada una de ellas totalmente diferente a la anterior en su diseño.

Iglesia Redonda de San Jorge

Catedral de Sveta Nedelya

Iglesia Rusa

Teatro Nacional Ivan Vazov

Catedral de Alejandro Nevski

Estos majestuosos y ornamentados edificios contrastan con las construcciones comunistas de hormigón y cemento pensadas para su funcionalidad y no para destacar por su diseño. También de esta época son las infraestructuras, las grandes avenidas y arterias que cruzan la ciudad y los transportes. Aunque está en proceso de remodelación con la entrada en la Unión Europea y se nota que ha llegado la apertura capitalista con la llegada de franquicias y multinacionales.

Plaza de la Independencia

Bulevar María Luisa

Metro

Tranvía

Metro

Sofía

Sin embargo, aunque queden vestigios de la época comunista, para acercarse más aún a esta época de la historia de Bulgaria podemos visitar el Museo de Arte Socialista, donde se han reunido esculturas y pinturas que fueron retiradas tras la caída del Régimen.

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Si Atenas se podía concentrar en 24 horas porque la parte histórica estaba bien delimitada, lo de Sofía es mucho más sencillo aún. Está todo bastante cerca, a un paseo tranquilo y si te cansas siempre puedes tomar un medio de transporte o hacer una parada en el mercado central y saborear una cerveza local o aprovechar para comprar comida local.

Tranvía

Mercado Central

Cervezas

Cena

Quizá incluso si tienes suerte encuentras una actuación y todo que amenice tu estancia.

Danza folcórica

Para el alojamiento elegimos el Easyhotel, que si bien no está tan céntrico como el apartamento de Atenas, tan solo se encuentra a dos paradas de Serdika. Además, es bastante nuevo y la relación calidad-precio está muy bien. También tenía un par de pegas como el colchón o el olor del jabón, pero repetiría sin duda.

En este caso estructuramos la visita en varios días, concentrando la parte histórica en el día más largo y dejando para el último lo más alejado antes de marcharnos:

Como además nos sobraba un día, cogimos el bus y en dos horas nos plantamos en la sorpresa del viaje: Plovdiv.

Esta ciudad supuso el contraste a Sofía. Con un casco histórico peatonal plagado de iglesias y construcciones del Renacimiento Búlgaro, un anfiteatro romano o ruinas tracias y romanas. Una zona que está sobre una colina y que nos permite asomarnos al resto de la ciudad.

Staria Grad

Staria Grad

Staria Grad

Anfiteatro Romano

Plovdiv

En la parte nueva me gustó mucho el colorido barrio de Kapana con tanta vida en sus calles. Sus bares, los locales de artesanos, las banderitas, los murales…

Kapana

Kapana

Kapana

Y como bonus nos dio tiempo a hacer una excursión a la Fortaleza de Asen, de la que apenas quedan restos salvo la Iglesia de la Santa Virgen de Petrich que parece suspendida sobre el valle.

Iglesia de la Santa Virgen de Petrich

Iglesia de la Santa Virgen de Petrich

El viaje nos salió por menos de 275€ por persona con el siguiente desglose:

De un viaje a Sofía sacamos una escala en Atenas y una excursión a Plovdiv y alrededores, con lo que se puede decir que aprovechamos bien nuestra escapada. Nos hizo un poco de frío, pero nada que no esperáramos en el mes de diciembre y que no se pudiera remediar. Como dicen los noruegos: “no hay mal tiempo, sino ropa inadecuada”.

Y con Bulgaria sumamos un país más llegando a los 25 a finales de 2016. Y cerramos el año.

Bandera

Paseando por Sofía IV

Teníamos el vuelo de vuelta a Madrid a las 16:45, así que contábamos con toda la mañana para despedirnos de Sofía. En nuestra planificación original habíamos reservado este día para el Museo de Arte Soviético, y poco más la verdad. Sin embargo, como el primer día nos quedamos sin luz y no nos dio tiempo a visitar todo lo que teníamos pensado, hubo que reorganizar la mañana.

Aún así, aprovechamos para levantarnos un poco más tarde que los días anteriores, ya que no teníamos tanta prisa. Después de dejar el hotel y con las mochilas a cuestas, paramos en una panadería a comprar unos croasanes y hojaldres del estilo de los que habíamos probado el día anterior en Plovdiv. Grandes, contundentes y baratos. Y nos dirigimos al metro, donde compramos el pase del día.

Después fuimos a una parada de la calle Dimitar Petkov.

Parada

Allí cogimos el tranvía número 10 hasta el Bulevar Vasil Levski. Desde la parada caminamos hasta los Jardines Knyazheska. En ellos encontramos una escultura que me recordó a otra de Wismar.

Jardines Knyazheska

Pero si algo destaca en estos jardines es el Monumento del Ejército Soviético.

Monumento del Ejército Soviético

Fue construido en 1954 como símbolo de gratitud al Ejército Rojo que había vencido a los nazis en la II Guerra Mundial.

Si miramos de frente al monumento tenemos a ambos lados dos grupos de esculturas sobre pedestales que representan a mujeres, niños y campesinos dándoles las gracias a los soldados.

Monumento del Ejército Soviético

Monumento del Ejército Soviético

La pieza principal es una columna sobre la que se representa a un soldado soviético al lado de un trabajador y una campesina búlgaros. En la base también hay grupos de esculturas. Siempre con los mismos elementos: soldados y campesinos.

Monumento del Ejército Soviético

Monumento del Ejército Soviético

Monumento del Ejército Soviético

Desde 1989 este monumento viene provocando controversia y ha habido varias iniciativas para demolerlo, incluso en 1993 el ayuntamiento confirmó su eliminación. Sin embargo, nunca se llevó a cabo. Rusia ya ha avisado de que si se lleva a cabo su retirada sería delito.

Por un lado hay quienes defienden su desaparición porque no quieren tener un monumento en honor a un ejército extranjero. Por otro, sus defensores consideran que ha de quedarse donde está porque conmemora la victoria sobre el nazismo. Y porque les deben mucho al país que en primer lugar les ayudó a liberarse de la dominación otomana y en segunda estancia de la dictadura fascista.

El monumento ha sufrido varias pintadas en los últimos años:

  • En junio de 2011 los soldados fueron caracterizados como superhéroes.
  • En febrero de 2012 fue pintado con los colores de la bandera búlgara en honor a las víctimas del comunismo en el país.
  • En agosto de 2012 fue el lugar elegido para protestar contra por la detención de las Pussy Riot.
  • En agosto de 2013 se pintó de rosa para conmemorar el aniversario de la Primavera de Praga y apareció una inscripción en búlgaro y checo en la que se pedía disculpas. Bulgaria colaboró para intentar contener la sublevación contra el Régimen Comunista.
  • En febrero de 2014 amaneció de amarillo y azul en apoyo a la Revolución Ucraniana. Además, figuraba en ucraniano  la consigna “¡Gloria a Ucrania!

Rusia, indignada con el trato que recibe el memorial, ya ha pedido a las autoridades que se tomen medidas para evitar más incidentes. Sin embargo, nosotros nos lo encontramos totalmente desprotegido y con grafitis. Esta vez no parecían muy reivindicativos sin embargo. Simplemente pintadas.

Saliendo del jardín, en la acera de enfrente tenemos el Mausoleo del Príncipe Alejandro de Battenberg, una tumba que alberga los restos mortales del primer jefe de Estado de la Bulgaria moderna.

Mausoleo del Príncipe Alejandro de Battenberg

Con la liberación del Imperio Otomano, los nuevos líderes decidieron que el país fuera una monarquía y el zar de Rusia propuso a Alejandro. Sin embargo, tuvo que acabar abdicando pues no siempre siguió los mandatos rusos. No obstante, a pesar de ello, parece ser que fue querido por el país, y por eso a su muerto se trasladó su cuerpo a Sofía y se le construyó este mausoleo.

Tomamos el metro en la universidad y nos bajamos en la estación G.M. Dimitrov, desde donde nos dirigimos al Museo de Arte Socialista.

Museo de Arte Socialista

Abrió sus puertas en septiembre de 2011 como una rama de la Galería de Arte Nacional de Sofía. Se trata de un recinto de 6.300 metros cuadrados en el que hay un jardín donde se exponen esculturas de las décadas de los 50 a los 80 del siglo pasado. Sobre todo podemos encontrar de líderes socialistas, además de otras propias de regímenes comunistas como son obreros, soldados, agricultores e intelectuales.

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Nada más entrar nos encontramos con la estrella de cinco puntas que estaba colocada en el edificio del partido.

Museo de Arte Socialista

La Casa del Pueblo

Y según entramos por la puerta, el primer busto que tenemos a mano izquierda es el del Ché.

Museo de Arte Socialista

Además, el recinto cuenta con un edificio en el que se exponen 60 cuadros de la época socialista.

Museo de Arte Socialista

Del mismo modo que en las esculturas, las obras pertenecen al Realismo Socialista, un movimiento en el que destacaban tres elementos: el partido, el combatiente y el proletariado. Por supuesto, no podía faltar la figura del líder. En este caso destacaban Lenin, Stalin, Mao, Dimitrov…

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

En el centro de la sala están los cuatro bustos de Marx, Engels, Lenin y Stalin.

Museo de Arte Socialista

En total, entre el jardín y el museo hay unas 150 obras pictóricas y escultóricas creadas en la época socialista, entre 1944 y 1989.

Museo de Arte Socialista

Museo de Arte Socialista

También hay una pequeña tienda en la que venden carteles, libros, tazas y camisetas. Pasamos a ver qué tenían y la encargada nos puso un vídeo en la sala anexa. En realidad el reproductor llevaba ya un rato, pero la mujer nos lo puso al inicio. Por no hacer un feo, por curiosidad, por tener tiempo de sobra y por la temperatura interior, nos sentamos a verlo. En realidad fueron dos o tres vídeos propagandísticos. Una especie de No-Do enalteciendo las labores del partido, lo que se había construido, las juventudes desfilando y bailando en actos por el país…

Cuando terminaron los vídeos, nos fuimos y ya era la una de la tarde. Aunque nos quedaba algo de tiempo antes de irnos al aeropuerto, decidimos que era hora de comer. Sin embargo en la zona no parecía haber mucho donde elegir. Pasamos a un edificio que está justo al lado que era una especie de centro comercial. En una de las plantas superiores había diversos sitios donde parece que iba a comer la gente que trabaja por la zona.

Hicimos un allá donde fueres, haz lo que vieres. Elegimos una de las cantinas, nos pusimos a la cola con nuestra bandeja, elegimos un menú y nos sentamos tranquilamente a comer. A las dos volvimos al metro dirección aeropuerto dando por finalizada nuestra ruta.

Parada Metro

Y entramos en la terminal a la que habíamos llegado de Atenas, buscamos nuestro vuelo y ¡no está! No puede ser, íbamos con tiempo, en la pantalla figuraban vuelos que salían incluso después. Revisamos nuestros billetes y resulta que WizzAir no salía de la terminal internacional, sino de la 1. Salimos al exterior y vimos un bus que conectaba las dos terminales, así que lo tomamos y en apenas cinco minutos solucionamos el problema. Pero hubo unos segundos de estupefacción.

La T2 no es que sea muy grande, sí que es más moderna, eso está claro. Más luminosa y diáfana. La T1 es soviet y diminuta. Según entras te encuentras con los mostradores y seguidamente el control. Sobre los mostradores de facturación hay un bar y… ya. Bueno, se pueden ver un par de murales de Bulgaria y Europa muy curiosos. Sobre todo porque en Europa nos sorprendió Estambul, que figuraba como Tsarigrad, un nombre que desconocíamos hasta la fecha. Viene a significar “la ciudad del emperador”. En realidad tiene sentido, pero ya ha quedado en desuso.

Bulgaria

Europa

Sacamos nuestros billetes en las máquinas y pasamos el control contando con encontrar algo más de movimiento en la parte interior. Tampoco fue así. Un par de bares, una tienda de duty free y poco más. Así que nos compramos unos kitkat y nos fuimos al bar. Compramos unas botellas de agua para el vuelo, pedimos unas cervezas y nos sentamos tranquilamente a esperar que saliera nuestro avión.

Paneles

Era nuestra primera vez con WizzAir y el embarque fue un poco caótico. En la fila nos iban revisando los billetes y pasaportes, pasamos por los tornos donde escaneaban el billete y después había que coger un bus para llegar al avión.

WizzAir

El avión era pequeño y con unos asientos bastante finitos. Es una compañía de bajo coste, así que sabíamos a lo que íbamos. Espacio limitado, asientos finos y estrechos, nada de comida o bebida… Pero bueno, llevábamos nuestro agua y kitkat por si teníamos algo de hambre o sed durante el vuelo.

WizzAir

La duración del trayecto eran 4 horas y 5 minutos, sin embargo, llegamos una media hora antes a Madrid. Podíamos dar por concluida nuestra escapada.

Excursión a la Fortaleza de Asen, Bulgaria

A unos 22 kilómetros de Plovdiv se encuentra la Fortaleza de Asen, o Асенова крепост como se la conoce en búlgaro. El viaje hasta allí lo hicimos en coche, y el trayecto nos sirvió para descubrir las peculiaridades de la conducción en Bulgaria.

La carretera secundaria que va de Plovdiv a Asenovgrad no era mala, pero cuando ves cómo se lanzan a adelantar, se te abren los ojos como en los dibujos japoneses. Pongámonos en situación: carretera de dos carriles (uno por sentido), con arcén estrecho y línea continua. El que llevas delante va un poco más despacio de lo que te gustaría ir, así que quieres adelantarle. Pero claro, en el sentido contrario siguen viniendo coches. No hay problema, los búlgaros se lanzan a adelantar dejando la línea continua en el centro de su coche, de forma que ocupan parte de ambos sentidos. Incluso el que está siendo sobrepasado se aparta un poco al escaso arcén para favorecer la tarea. Y no lo vimos una ni dos veces, sino constantemente. Así que le preguntamos al amigo de mi hermano que nos dijo que estaba permitido. No me queda muy claro a mí que sea muy legal, la verdad, pero parece que es de uso extendido y que nadie se asusta. Y llegamos sanos y salvos a la fortaleza.

Fortaleza de Asen

Porque íbamos con un local, pero lo cierto es que si hubiéramos ido solos, habríamos visto la puerta de la valla y habríamos entrado sin más. En ningún sitio veíamos que se pidiera entrada. Pero el amigo de mi hermano aparcó y se dirigió directamente a una casa que había enfrente y nosotros le seguimos. Resulta que ahí es donde vendían los billetes.

Una vez que cruzamos la valla, comenzamos un descenso en el que vemos el valle y el río Asenitsa.

Fortaleza de Asen

En nuestro lado izquierdo nos queda la pared rocosa y restos de la fortaleza. También instrumentos usados hace siglos como una catapulta o una balista.

Catapulta

Balista

El área de la fortaleza estuvo habitada en época tracia, romana y bizantina como indican los hallazgos arqueológicos. Sin embargo, fue ya en la Edad Media cuando adquirió importancia. Es increíble pensar de lo que eran capaces de construir las civilizaciones hace siglos con menos medios que en el presente.

Fue renovada en 1231 para frenar las incursiones latinas e incluía un muro exterior de 2.9 metros de espesor y 12 metros de altura. Dentro del recinto había un castillo feudal y depósitos de agua. Pero lo que llama la atención y que mejor se conserva hoy en día es la Iglesia de la Santa Virgen de Petrich, que data del siglo XII-XIII. Eso sí, está restaurada a finales del siglo pasado.

Iglesia de la Santa Virgen de Petrich

Es una construcción de dos plantas con una sola nave con cúpula de cruz y una torre rectangular en cuyo interior se pueden apreciar los restos de pinturas del siglo XIV.

Iglesia de la Santa Virgen de Petrich

A partir de aquel siglo perdió importancia con la conquista otomana. Sin embargo, seguía siendo usada  por los cristianos locales. Hoy pertenece a la Iglesia Ortodoxa.

La fortaleza quedó destruida por los otomanos, y es imposible imaginar todo lo que abarcaba. Eso sí, el paraje es impresionante, el recinto debía quedar como suspendido sobre el valle.

Fortaleza de Asen

Iglesia de la Santa Virgen de Petrich

Se nos iban las horas de luz y el cielo iba tornando a colores anaranjados, por lo que hicimos algunas fotos más y nos marchamos, porque la iluminación es escasa. Eso sí, sorprendentemente, en el recinto no falta una antena de WiFi, por lo que aprovechamos para mandar instantáneas a la familia y amigos de este peculiar lugar.

Fortaleza de Asen

El amigo de mi hermano quería llevarnos a un monasterio próximo, pero como digo, ya era tarde y no lo íbamos a encontrar abierto, así que emprendimos el regreso a Sofía. Aunque hicimos una última parada en un restaurante a probar gastronomía local.

Imposible recordar el nombre de los platos. Por un lado una típica ensalada de pepino, tomate, pimiento, cebolla y queso sírene; por otro una especie de empanada de hojaldre aunque en cierto modo parecida a un pie inglés. Además, carne envuelta en col con una cobertura un tanto dulce:

Comida Búlgara

Y por último patatas fritas con queso por encima (Parzheni kartofi).

Comida Búlgara

Y es que en Bulgaria se come mucho queso sírene. Y lácteos en general. No en vano la bacteria de los yogures se llama lactobacillus bulgaricus, así que no es de extrañar que reclamen el origen de este alimento como suyo y no de los griegos. Aseguran que llevan elaborando el yogur desde hace más de 6000 años, ya en época de los tracios. Y no tiene nada que ver con el postre dulce que se comercializa aquí, sino que ellos lo toman en una versión salada que sirve como base de sus salsas, sopas, masas, pasteles, helados…

Aunque lo cierto es que la cocina búlgara es una representación de esa mezcla de culturas que tiene el país. El ser un cruce de caminos ha favorecido las influencias de otras culturas, de otros pueblos en su gastronomía y tiene toques turcos, griegos, árabes o serbios.

Y parece que triunfan los frutos secos, pues vimos muchas casetas en las que los vendían a granel.

Puesto de frutos secos

Tras la parada para reponer fuerzas, emprendimos el regreso a Sofía, que teníamos un par de horas por delante. Cuando llegamos, quisimos hacer como el día anterior y llevarnos la cena del mercado, pero ya era tarde y estaba cerrado. Lo único que encontramos abierto fue un McDonald’s, así que compramos unas hamburguesas y regresamos al hotel para dar por terminado el día.

De paseo por Plovdiv

Madrugamos bastante, aunque no tanto como el día anterior, para estar en la estación de autobuses y coger el bus de las 8 de la mañana que nos llevaría a Plovdiv. También se puede llegar en tren, pero el amigo de mi hermano nos dijo que eran menos cómodos, que no siempre se cumplían los horarios y que lo mismo ni tenían calefacción, así que al bus de cabeza.

Llegamos a la estación y empezamos a buscar la taquilla, cuando nos dimos cuenta de que no estábamos en la correcta. Y es que el metro nos había dejado más cerca de la de tren que la de bus. Ya en la que nos correspondía, buscamos la caseta 13 que es la que vendía nuestros billetes.

Taquilla

La compañía es Vitosha Express y tiene un bus que sale a cada hora en punto y que por 14 levas en dos horas se ha plantado en Plovdiv. En el autobús se indica el recorrido (en búlgaro, eso sí) y la hora de salida.

Vitosha Express

Pero como teníamos aún tiempo para embarcar, aprovechamos para tomarnos un café y un croasán en una de las cafeterías de la estación. Fuera estábamos a -2º y había que entrar en calor.

Con el estómago lleno y aún con cara de sueño, entregamos el ticket al conductor y buscamos nuestro asiento. En principio están numerados, pero no iba completo ni mucho menos.

El autobús parecía haber sido comprado de segunda mano a Alemania, pues tenía rótulos en alemán. Cuando pillaba un bache, traqueteaba un poco, pero en general es bastante aceptable. Junto a la puerta de salida había una tele de tubo y una fuente. Aunque no descubrimos si funcionaban.

Autobús

autobús

En las dos horas que duró el trayecto apenas realizó paradas. Unas pocas hasta que salimos de Sofía y alguna otra cuando llegábamos a Plovdiv. Tampoco había mucho tráfico, así que fue rodado. Alguna cabezada cayó.

La última parada es la estación central de Plovdiv, donde nos esperaba el amigo de mi hermano y los 0º. Antes de comenzar el recorrido, nos llevó a un puesto callejero a por el desayuno. Al igual que los panecillos turcos y griegos, en Bulgaria parece que son típicos estos bollos rellenos con embutido y/o queso sírene.

Panadería

Por algo más de una leva tienes donde elegir:

Bollos

Los de abajo de la imagen son la banitsa, un típico postre búlgaro. Está hecho de masa de hojaldre, huevos, yogur y queso.

Son un poco grasientos, pero te lo dan con un papel de estraza y una bolsa para que no te pringues. Están muy ricos, eso sí, llenan bastante.

Y con nuestro segundo desayuno en el estómago, nos dirigimos al centro de Plovdiv con nuestro guía local. Por primera vez en mucho tiempo iba a ver una ciudad sin haberme informado previamente sobre ella.

Plovdiv, la ciudad de las 7 colinas y a orillas de río Maritsa, es la segunda ciudad más grande de Bulgaria. En una época en la que no existía Atenas, Roma ni Constantinopla, suponía un cruce de caminos entre Asia y Europa. De ahí que tenga una mezcla de culturas como la tracia, la romana, la búlgara o la otomana.

La ciudad fue fundada por los tracios en el siglo V a. C. bautizándola como Evmolpia. Estos se asentaron en la colina de Nebet Tepe, donde construyeron una fortificación. Sin embargo, en el 342 a. C. fue conquistada por los macedonios por el padre de Alejandro Magno que le cambiaron el nombre por Philippopolis. Durante la época macedonia se reforzaron las murallas, aunque eso no impidió que los tracios la recuperaran de nuevo y con una tercera denominación: Pulpudeva.

En el siglo I pasó a manos de los romanos, interesados en la Via Diagonalis, que cruzaba la región balcánica. Como no podían ser menos, también buscaron un nuevo nombre. La llamaron Trimontium. Durante este período, la ciudad creció bastante y se expandió más allá de las murallas bajando por las faldas de las colinas.

Cinco siglos más tarde fue tomada por los eslavos que la renombraron como Puldin y en el 815 fue conquistada por los búlgaros. Los otomanos llegaron en 1365 y la bautizaron como Filibe. En esta época de dominación otomana se destruyó gran parte de la ciudad y de su arquitectura bizantina. En 1878 cuando Rusia venció a Turquía y los otomanos abandonaron el territorio, la ciudad pasó a llamarse Plovdiv, nombre que ha llegado hasta el presente y convirtiéndose en capital de la región semi-independiente de Rumelia del Este hasta su unión con Bulgaria en 1885.

Así pues, con este pasado, no es de extrañar que sea una mezcla de la cultura occidental con la oriental y que ofrezca al visitante un rico patrimonio arquitectónico. Podemos encontrar huellas de todas las etapas y pueblos que se asentaron en Plovdiv.

Comenzamos nuestro recorrido por los Jardines del Zar Simeón, creados en 1892 con el propósito de albergar una exposición internacional de arquitectura. En nuestra visita los encontramos algo deslucidos.

Jardines del Zar Simeón

Jardines del Zar Simeón

Sobre todo porque las fuentes están apagadas. Lo cual no es de extrañar dada la temperatura ambiente. La poca agua que tienen, fruto de las lluvias, está congelada.

Jardines del Zar Simeón

Incluso el lago está desangelado. Por contra, en verano se puede remar en él.

Jardines del Zar Simeón

Los jardines nos conducen a la zona principal de la ciudad, con sus calles peatonales llenas de tiendas, locales y restaurantes. A pesar de que era un día de diario, había mucho trasiego, supongo que por las compras navideñas.

Plovdiv

Plovdiv

La calle principal de la zona nueva es la Aleksandrovska, una arteria muy animada con tiendas, cines, galerías, cafés. Sin embargo, esta modernidad nos lleva a unas ruinas del Estadio Romano. Se trata de una pista de unos 180 metros que fue construida en el siglo II d. C en el período del empreador Marco Aurelio siguiendo el diseño del Estadio de Delos.

Estadio Romano

Para apreciarlas hay que bajar. El estadio se construyó aprovechando el desnivel entre las colinas de Taksim y Sahat. Solo se conserva una de las partes, el resto está oculto bajo la calle principal. El estadio era el lugar donde se celebraban los Juegos Alejandrinos y contaba con una capacidad para 30.000 espectadores. Formaba parte de un complejo que albergaba también las Termas y el Tesoro.

En 2012 se inauguró el Antiguo Stadium de Philippopolis, por lo que es posible visitar las ruinas descendiendo por unas escaleras laterales. También se puede visitar la exposición audiovisual que nos acerca a una reconstrucción de cómo eran en su día.

Volviendo a subir, nos encontramos la Mezquita Dzhumaya, que da nombre a la plaza. Data de mediados del siglo XV y es una de las mezquitas más antiguas de los Balcanes. Se levantó donde se emplazaba la antigua catedral de la ciudad. En su día fue una de las más grandes de Plovdiv, una ciudad que en época otomana llegó a contar con más de 50 mezquitas.

Mezquita Dzhumaya

Cuenta con un minarete de 23 metros de altura y 9 cúpulas de plomo, aunque la principal es la central, que abarca una sala rectangular de 33 por 27 metros.

Mezquita Dzhumaya

En uno de sus laterales hay un restaurante y tiendas.

Mezquita Dzhumaya

Siguiendo la calle del Zar Boris III nos acercamos hasta el río Maritsa.

Río Maritza

Y de nuevo volvimos sobre nuestros pasos, y callejeamos por el distrito de Kapana en el que destacan las estrellas calles y coloridas fachadas.

Kapana

Esta zona peatonal entre las colinas de Taksim y Nebet tiene una atmósfera diferente. En ella podemos encontrar tiendas alternativas, locales de comida biológica, artesanía o galerías. También, cómo no, bares, cafeterías y restaurantes.

Kapana

Kapana

Durante siglos era donde se concentraban los artesanos y mercaderes para vender sus productos. Hoy es más que eso, rezuma creatividad. Llaman la atención la decoración con sus banderitas como si hubiera un festival continuo, los coloridos murales, los grafitis… Además, al ser época navideña había abetos en medio de la calle y casetas de madera con artesanía, juguetes y joyas.

Kapana

Kapana

Kapana

Kapana

Kapana

Kapana

Aprovechamos que era media mañana para tomarnos unas cervezas. Aunque no eran locales, sino artesanas de diferentes lugares del mundo.

Cervezas

Abandonamos la parte nueva de la ciudad para subir al casco histórico, conocido como Staria Grad. Subiendo por las calles empedradas llegamos al Anfiteatro Romano.

Anfiteatro Romano

Fundado en el siglo II. d.C por el emperador Trajano se asentó en la pendiente de las colinas de Taksim y Dzambaz. Contaba con una capacidad para 6.000 espectadores distribuidos en 14 gradas. Estas se dividían por barrios, así cada habitante sabía dónde se tenía que sentar.

Anfiteatro Romano

Anfiteatro Romano

En el siglo IV quedó oculto a 15 metros de profundidad como resultado de un terremoto. No salió a la luz hasta 1978 tras obras de remodelación de la colina Dzambaz.

Gran parte del anfiteatro ha sido reconstruido. Se conservan bastantes de filas de mármol que funcionaban como asientos para los espectadores. También se mantiene bastante bien el escenario, que consta de dos pisos.

Anfiteatro Romano

El teatro simboliza la importancia cultural de la civilización romana. Hoy se está usando de nuevo para conciertos y espectáculos. Cuando no hay ningún acto programado, se puede visitar libremente por 5 levas y trasladarse a otra época.

Continuamos el ascenso hasta la colina Nebet Tepe. Como decía al principio, Plovdiv está construida alrededor de 7 colinas. Tres de ellas forman la Ciudad Antigua, la Trimontium romana: Dzambaz Tepe (del acróbata), Taksim Tepe (del tanque) y Nebet Tepe (colina del mirador o de guardia). Al este de la calle Aleksandrovska se encuentras las otras tres: Sahat Tepe (del reloj), Bunardjik Tepe y Djendem Tepe.

Pero, ¿dónde se encuentra la séptima? Pues no queda nada ya de Markovo Tepe, puesto que se dinamitó en la época comunista con motivo de la expansión urbanística. Tan solo queda una placa en recuerdo y hay que buscarla, es fácil que nos pase desapercibida.

Седмото тепе. Séptima colina

En Nebet es donde nació la ciudad con el asentamiento de los tracios. Hoy sin embargo queda poco de la fortificación que estos levantaron. Lo poco que se conserva son ruinas de la muralla romana que delimitaba un perímetro de 2630 metros. También resiste la torre cuadrangular que servía de vigía.

Torre

Desde el descampado donde están los restos de la muralla podemos otear toda la ciudad.

Plovdiv

Plovdiv

Mientras estábamos observando la ciudad a nuestros pies e intercambiábamos impresiones llegó un señor, que, al oírnos en español, nos preguntó que de dónde éramos. Él era tejano, pero llevaba décadas viviendo en Plovdiv. Llegó como casco azul al país y se quedó. Era un apasionado de las aves y le gustaba subir al mirador con sus prismáticos. Todo un personaje que parecía haber salido de un anuncio de Coronel Tapioca.

Pero nosotros dejamos al señor y nos adentramos por el casco antiguo. Si el anfiteatro me había sorprendido, pues no esperaba encontrar ruinas romanas; las callejuelas empedradas con casas de colores me dejó impactada. No lo esperaba para nada. Fue una grata sorpresa.

Staria Grad

Staria Grad

Está muy bien conservado gracias a una campaña de recuperación de las viviendas para mantener su estética de mediados del siglo XIX. Muchos edificios que estaban abandonados se reconvirtieron en museos, restaurantes y hoteles. En total se mantienen en pie más de 150 edificios que datan de la etapa del Renacimiento Búlgaro, una época de esplendor para la ciudad. Destacan por sus fachadas de intensos colores, cubreventanas de madera y detalles artesanos que sirven de ornamento.

Staria Grad

Staria Grad

Staria Grad

Pero el casco histórico no solo cuenta con coloridos edificios que recuerdan a las bávaras, sino que también cuenta con varias iglesias. Una de las más importante es la Iglesia de San Constantino y Elena.

Iglesia de San Constantino y Elena

Construida en 1832, es la iglesia más antigua de Plovdiv. Se erige en el terreno donde se ubicaba un santuario cristiano de principios del siglo IV. También fue donde se decapitó a los mártires Memnos y Severiano, de ahí que se piense que el antiguo templo llevara su nombre. La denominación actual se debe a la canonización del emperador Constantino. Al pasar a ser reconocido como santo, se le cambió el nombre a la iglesia por el suyo y el de su madre.

Ha sido reconstruida varias veces a lo largo de los años. En una de las excavaciones en 1950 se descubrió un osario con restos de habitantes de Plovdiv. Los restos se movieron a una fosa en el patio. El recinto se encuentra acotado por un muro de piedra de unos 8 metros de altura, lo que crea un espacio privado, como si fuera un monasterio.

Iglesia de San Constantino y Elena

Nada más atravesar el muro nos encontramos con unos interesantes frescos en el pórtico.

Iglesia de San Constantino y Elena

En el interior, de tres naves con techo abovedado, destaca el iconostasio tallado en madera.

El amigo de mi hermano tenía que irse a unas gestiones, así que nos quedamos dando un paseo tranquilamente por la zona antigua perdiéndonos entre las callejuelas.

Staria Grad

No entramos en más iglesias o en museos, simplemente paseamos descubriendo las peculiares construcciones.

Staria Grad

Staria Grad

Y cuando se acercó la hora de comer, bajamos a la zona nueva para comer. El amigo de mi hermano nos había recomendado una cadena llamada Happy, porque tenían distintos tipos de comida para elegir (mejicana, italiana, japonesa…) y no nos complicamos mucho y allí acabamos. La comida tampoco fue nada especial, pero bueno, había hambre. Elegimos una ensalada césar para compartir y después cada uno un plato: pasta, arroz, hamburguesa y carne. Como acompañamiento, la cerveza local Kamenitza.

Comida

Tras comer, volvimos a quedar con nuestro guía local que nos iba a llevar de excursión a las afueras. Así que aquí acabó nuestra visita a Plovdiv, una ciudad que se postula como candidata a Ciudad Europea de la Cultura 2019 y que lo mismo te sorprende con un rico legado mezcla de pueblos y períodos históricos que con una Ciudad Vieja con mucho encanto.

Plovdiv 2019

Plovdiv

Plovdiv

Anfiteatro Romano

Staria Grad

Este fue nuestro recorrido aproximado:

Paseando por Sofía III

De nuevo en Serdika, aunque esta vez de noche, nos dirigimos al mercado. En nuestra visita matutina habíamos comido bien, se estaba calentito, teníamos wifi… Y como era pronto para volver al hotel, pero a la vez era tarde para estar en la calle porque no había mucha iluminación y además la temperatura estaba en grados negativos, decidimos que era el mejor sitio donde resguardarse, tomar algo y comprar la cena.

Cervezas

Lo que no nos esperábamos es que hubiera además actuaciones en vivo. Nos sentamos en la terraza del bar de la planta baja a tomarnos unas cervezas locales y de repente apareció un señor con gorro de Papá Noel y fular rojo que nos deleitó con canción melódica.

Actuación en el Mercado 1

Después le siguieron un dúo. Él tocaba un timbal y ella bailaba la danza del vientre.

Danza del vientre

Por último tuvimos un cuerpo de danzas folclórica búlgara.

Danza folcórica

Resultó interesante conocer un poco más de la cultura a través del baile, de la música, de las vestimentas. Una pena que el escenario fuera tan limitado.

Antes de que cerraran los puestos del mercado nos dimos una vuelta para ver qué nos podíamos llevar para cenar al hotel. La mejor opción que encontramos fue uno en el que vendían comida preparada tipo casera. Además, al ser última hora del día estaban de liquidación con precios rebajados. Aunque de por sí tenía precios bastante asequibles.

El precio lo marcaba el tamaño de la tartera elegida o la cantidad de piezas, como en el caso de las brochetas de pollo. Además de la carne, cogimos unas patatas gajo y dos tipos de arroz. Ambos con verduras, solo que uno era más suave con zanahoria y guisantes; mientras que el otro estaba más especiado y llevaba pimientos. Para completar el menú compramos una barra de pan.

Cerca de la estación de metro del hotel había una especie de ultramarinos, así que allí compramos la bebida. Lo curioso es que las máquinas refrigeradoras estaban en la calle programadas a 5ºC cuando la temperatura ambiente marcaba -4º en las marquesinas.

Otra cosa que me llamó la atención fue la divertida ilustración que tienen los contenedores.

Contenedores

Ya en el hotel preparamos una mesa improvisada en el suelo de la habitación y nos comimos las provisiones que, aunque estaban ya frías, nos supieron a gloria después de la tralla de todo el día.

Cena

Mientras cenamos, ultimamos detalles sobre los planes del día siguiente, que nos íbamos a Plovdiv y teníamos que comprobar los horarios de salida del bus.

Para finalizar el día, una ducha y a dormir.

Paseando por Sofía II

Nos habíamos quedado en el trayecto hacia el hotel. No fue difícil de encontrar el Easyhotel, pues está a unos cinco minutos de la parada de metro Konstantin Velichkov. Tan solo hay que tomar el Bulevar Todor Alexandrov y es la cuarta calle a la derecha.

Sí, el hotel no estaba céntrico, pero lo elegimos por varios motivos. Uno de ellos la experiencia en los Easyhotel. Hasta ahora nos ha funcionado muy bien para escapadas en las que apenas vas a ducharte y dormir, no necesitas más que una cama y un baño. Otro motivo es el precio, que está bastante bien. Y finalmente por su ubicación, que se encuentra a tan solo dos paradas de Serdika. Había que coger transporte, pero tampoco te vas muy lejos de la zona en donde se encuentran los puntos de interés.

Es bastante nuevo y todas las habitaciones cuentan con ventana. Algo nuevo para nosotros que siempre las habíamos cogido tipo zulo. Como diferencia al de La Haya, Londres o Edimburgo, este sí que llevaba incluido en el precio la televisión e internet.

Nos dieron dos habitaciones consecutivas, así que estábamos pared con pared. Una de las habitaciones estaba al final del pasillo, por lo que tenía un poco más de espacio en la zona de entrada. Por lo demás, en la parte de habitación contábamos con ganchos para colgar la ropa, la cama con sus huecos para el equipaje y la ventana sobre el cabecero, una especie de tocador y la televisión. También teníamos el control del aire acondicionado.

Easyhotel

Easyhotel

Estilo minimalista, pero muy bien aprovechado.

Por otro lado, el baño sigue el estilo de esta cadena con su habitáculo tipo camarote. Es difícil hacer una foto sin un ojo de pez.

Easyhotel

Easyhotel

La única pega que le pondría al hotel sería el jabón, cuyo olor es algo peculiar; y el colchón, que para mi gusto era algo fino. La ventana con estor no fue mucho problema dado que era diciembre y los días son cortos en esa época del año. Sin embargo, si hubiéramos ido en verano no habría servido de mucho para evitar la luz exterior. Pero bueno, esto es un tema mío y mi gusto por dormir en modo búnker. Por eso suelo elegir habitaciones (o camarotes) sin ventanas.

Después de acomodar nuestras escasas pertenencias, nos volvimos para el centro para continuar con nuestro recorrido por la capital búlgara.

Retomamos nuestro paseo en el Palacio de Justicia.

Palacio de Justicia

Se trata del monumento arquitectónico civil nacional más grande. Conserva su majestuosidad y apenas ha sufrido modificaciones con respecto a su construcción entre 1929 y 1940. Surgió de la necesidad de unir bajo un mismo techo todas las cortes de la ciudad que con anterioridad a la fecha se encontraban dispersas en distintos edificios privados.

Desde allí tomamos el Bulevar Vitosha, la calle comercial de Sofía. Es la arteria en que podemos encontrar las típicas cadenas y franquicias internacionales, las tiendas de lujo, bares, cafeterías, restaurantes. Es el ejemplo de la apertura de Bulgaria al capitalismo, no destacaría mucho de esta avenida, es una típica calle comercial peatonal como la de cualquier ciudad europea.

Esta calle que discurre desde la plaza de Sveta Nedelya hasta el Palacio de Cultura recibe su nombre en honor a la montaña Vitosha. En 1883 cuando se construyó estaba delimitada por casas bajas, pero en el período de entreguerras se convirtió en calle comercial cuando se construyeron grandes edificios públicos.

Bulevar Vitosha

Si nos metemos por calles aledañas no encontramos, sin embargo, tanto escaparate.

Sofía

Callejeando llegamos a la Plaza Petko Slaveykov, donde se hay un mercadillo de libros nuevos y usados de todo tipo de géneros y en diferentes idiomas. Esta plaza recibe su nombre de un poeta búlgaro.

Mercado de libros

Petko Slaveykov

Y como habían pasado unas horas desde que nos comimos los trozos de pizza en el mercado, decidimos comer en una cadena búlgara al estilo KFC. No recuerdo el nombre, pero la verdad es que no fue una cosa del otro mundo, aparte de pollo frito, y tampoco especialmente barato. Extrañamente tenían de hilo musical un disco de Marc Anthony. En español. Muy raro todo.

Con el estómago lleno, continuamos dirección al Teatro Nacional Ivan Vazov.

Teatro Nacional Ivan Vazov

Este edificio de principios de siglo XX recibe su nombre en homenaje al novelista, dramaturgo y poeta búlgaro. Su estilo recuerda a otros teatros decimonónicos de Europa, no en vano sus diseñadores eran vieneses. Destaca su fachada neoclásica perfectamente simétrica en la que sus capiteles soportan seis columnas con frisos decorados con alegorías mitológicas. Por ejemplo en el frontón tenemos a Apolo rodeado de musas. En las torres se erigen dos esculturas de unas Niké, la diosa alada.

Es el teatro más antiguo e importante del país. Quedó dañado en 1923 por un incendio y tuvo que ser reconstruido en 1929. Más tarde, durante la II Guerra Mundial, el edificio fue bombardeado, por lo que pasó por otra remodelación en 1945. En 2006 se volvieron a llevar a cabo tareas de restauración.

Dispone de tres escenarios que pueden albergar hasta 1.000 personas. Cuenta con un aforo de 750 butacas en el patio, una planta con 120 y 70 más en la cuarta planta.

El teatro mira hacia el Jardín de la Ciudad, en el que nos adentramos. A pesar de que comenzaba a atardecer, había gente en los bancos, paseando, o en el mercadillo navideño.

Jardín de la Ciudad

Me resultó curioso que se tratara del típico Weihnachtsmarkt germano con su Glühwein, sus casetas de artesanía y villancicos en alemán.

Weihnachtsmarkt

Había un escenario para representaciones y un árbol.

Weihnachtsmarkt

Y el edificio amarillo que vemos al fondo es la Galería Nacional de Arte. El museo se encuentra en lo que en el siglo XIX fue sede de la antigua Oficina Real de Imprenta. Con la llegada de la República se le buscó otro uso. Tuvo que ser reconstruido tras los bombardeos de la II Guerra Mundial.

Galería Nacional de Arte

La exposición cuenta con obras nacionales e internacionales entre las que podemos encontrar trabajos de artistas holandeses y flamencos. También de los españoles Picasso, Goya, Miró y Dalí.

Tomando la calle de la galería hacia la derecha llegamos a la Iglesia Rusa.

Iglesia Rusa

Esta pequeña iglesia de tejados verdes también es conocida como Sveti Nikolai. Fue construida entre 1912 y 1914 por trabajadores rusos emigrados a Bulgaria en el lugar donde hubo una mezquita hasta 1882. Permaneció abierta en el período comunista en Bulgaria. Está inspirada en el estilo de las iglesias rusas del siglo XVII, con cinco cúpulas doradas con forma de cebolla que relucen con el sol y azulejos multicolores.

Sus campanas fueron donadas por el Zar Nicolás II, a quien está consagrada.

Iglesia Rusa

En su interior se encuentra la cripta del Arzobispo Serafín Sobolev, que falleció en 1950 y es considerado santo por muchos cristianos ortodoxos.

Cabe remarcar que aunque rusos y búlgaros profesan la fe ortodoxa, pertenecen a iglesias distintas.

Girando por la calle Georgi Rakovski llegamos a la Ópera.

Ópera

La primera compañía de ópera en Bulgaria se fundó en 1890. Un año más tarde, las dos secciones (Compañía de Drama y Ópera) se dividieron en 1891 para formar la compañía teatral Salza i Smyah y la Ópera Búlgara. No obstante, no duró mucho, ya que en 1892 tuvo que ser disuelta por falta de fondos.

En 1908 se creó la Sociedad de la Ópera de Bulgaria, pero la institución no se convirtió en nacional hasta 1922, cuando cambió su nombre por el de Ópera Nacional y se formó una compañía de ballet. Sin embargo, no se vería una representación suya hasta el año 1928.

Tras los bombardeos de la II Guerra Mundial estuvo un tiempo en el que no se llevó a cabo ninguna actividad ya que tuvo que ser restaurado. Su reapertura fue ya en 1953.

Este edificio está un poco escondido para ser uno de los más importantes de la ciudad. En sus bajos tiene su sede el partido Ataka. Buen nombre para una coalición de agrupaciones xenófobas y antisemita.

Frente al local de Ataka paradógicamente se erige la estatua de Aleksandar Strambolyiski, un político de izquierdas que fue primer ministro de Bulgaria entre el 6 de octubre de 1919 y el 9 de junio de 1923.

Aleksandar Stramnolyiski

En 1915 se había opuesto a que Bulgaria entrara en la I Guerra Mundial y criticó la política del zar, lo que le llevó a perder su escaño en las Cortes Búlgaras y a ser condenado a muerte por traición. Sin embargo, acabó en la cárcel con cadena perpetua. No obstante, conseguiría la amnistía del zar en 1918.

En sus años de gobierno comenzó un acercamiento a Yugoslavia que desencadenó un Golpe de Estado de la extrema derecha mientras Strambolyiski se encontraba de vacaciones. Este se ocultó, pero su escondite fue descubierto y él torturado y decapitado.

Tomando la calle París pasamos por la Iglesia de Santa Sofía, o Hagia Sofia.

Iglesia de Santa Sofía

Esta iglesia bizantina de ladrillo rojo y tres naves data del siglo VI y es la más antigua de la ciudad. Además es la que le da nombre a la capital en el siglo XIV. Al igual que la de Estambul, significa Santa Sabiduría.

Se levanta donde se encontraba la necrópolis de Serdika y anteriormente iglesias del siglo IV. Entre los siglos XII y XIV fue la sede del obispado. Más tarde, durante la ocupación otomana se convirtió en mezquita. Para ello se construyeron dos minaretes y se destruyeron algunos murales que decoraban el interior. Así continuó hasta el siglo XIX cuando un terremoto derribó una de las dos torres y se abandonó como templo islámico. A partir de 1900 comenzó a restaurarse como iglesia de rito ortodoxo.

Junto a la iglesia se encuentra el Monumento al soldado desconocido y cerca la tumba del poeta nacional búlgaro Ivan Vazov, el del teatro.

El monumento conmemora los cientos de miles de soldados búlgaros muertos en la I Guerra Mundial. Se inauguró en septiembre de 1981 y como suele ocurrir en este tipo de memoriales no puede fallar la llama eterna. Además, cuenta con símbolos búlgaros significativos. Por un lado turba de Stara Zagora y el Paso de Shipka (donde se celebraron dos batallas de la Guerra Ruso-Turca), por otro la escultura de un léon, que es el símbolo nacional del país; y finalmente un fragmento de un poema de Ivan Vazov.

Frente a la iglesia se encuentra el Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa, esto es, el lugar en el que se reúnen los obispos.

Sínodo de la Iglesia Ortodoxa

Es una construcción peculiar, en un principio yo pensé que se trataba de un edificio judío por sus rayas horizontales, o islámico por su pórtico con cúpulas. Sin embargo, cuando te fijas, encuentras que arriba del todo hay una imagen donde se representa a los patriarcas ortodoxos con su vestimenta típica y sus barbas.

Sin embargo, ni la iglesia (a izquierda) ni el sínodo (a derecha) llaman la atención tanto como lo hace la majestuosa Catedral de Alejandro Nevski.

Catedral de Alejandro Nevski

Al estar en una amplia plaza se puede observar completa desde la distancia mientras la bordeamos, por lo que se puede apreciar más aún lo impresionante que es con su exterior blanco salpicado de cúpulas verdes y doradas de diferentes tamaños y a diversas alturas.

Se construyó entre 1882 y 1912 en honor a los 20.000 soldados rusos que cayeron durante la Guerra de Liberación de Bulgaria frente al Imperio Turco de 1877-1878. Recibe el nombre del Zar Alejandro II de Rusia, clave en la defensa del Cristianismo Ortodoxo frente a los ataques de los católicos, teutones y tártaros.

Esta catedral de estilo bizantino es uno de los edificios más emblemáticos de Sofía y también el principal centro religioso de la capital y del país, ya que es la sede del Patriarcado de Bulgaria. Fue proclamada monumento de la cultura en 1924.

Catedral de Alejandro Nevski

Es una de las catedrales ortodoxas más grandes del mundo con 72 metros de largo, 42 metros de ancho y 52 metros de alto. Estas medidas de excepción conforman una superficie de 3170 m² que son capaces de albergar hasta 5.000 personas. Su campanario de 53 metros cuenta con 12 campanas.

Como muchos edificios de la ciudad, quedó prácticamente destruida durante las dos guerras mundiales, por lo que tuvo que ser reconstruida.

El acceso es gratuito, aunque hay que pagar para hacer fotos. Guardamos la cámara compacta para no llevarla en la mano, pero la reflex colgada del cuello llamaba la atención y, aunque no íbamos a hacer fotos, al vernos con ella, se nos acercaron un par de religiosos a cobrarnos. En cualquier caso, con decirles que no íbamos a fotografiar nada, pudimos seguir con nuestra visita.

El interior es muy sobrio teniendo en cuenta lo impresionante que es por fuera. Está ricamente decorada con frescos, iconostasios, lámparas, murales. Incluso los suelos de mármol tienen ornamentos. Además, como el espacio queda abierto, diáfano, sin bancos, se puede pasear descubriendo los detalles. Sin embargo, la escasa luz da esta sensación de sobriedad, creando una atmósfera muy particular. Aunque habría agradecido un poco más de potencia para poder observar mejor cada rincón.

En la cripta se encuentra una colección de arte antiguo búlgaro que va desde los siglos IV al XIX. Además, posee una galería con una de las mayores (y mejores) colecciones de iconos ortodoxos.

La catedral tiene la particularidad de contar con dos tronos. Normalmente suele haber uno destinado al patriarca, sin embargo aquí se colocó un segundo para el zar que está ricamente ornamentado. Aunque nunca se llegó a sentar ningún monarca.

Volvimos al exterior y la bordeamos para admirar toda su silueta, sus arcos, ventanas y cúpulas.

Catedral de Alejandro Nevski

Nos acercamos al variopinto Mercado de Antigüedades donde había puestos con todo tipo de piezas de segunda mano que nos acercaban a la historia y costumbres búlgaras como placas de calles soviéticas, medallas e insignias, objetos de uso cotidiano, juguetes, cromos, carteles, discos de vinilo, libros… Merece la pena dar un paseo y hablar con los vendedores. Aunque se estaba haciendo de noche y ya estaban prácticamente recogiendo.

Intentamos aprovechar la poca luz que quedaba y nos dirigimos hacia el Monumento al Zar Libertador.

Monumento al Zar Libertador

Esta estatua ecuestre de bronce de 14 metros de alto está erigida en honor al Zar ruso Alejandro II, el mismo al que honra la catedral.

El emperador porta en su mano una declaración de guerra en contra del Imperio Otomano. A sus pies, en el pedestal, se puede ver la representación de varias escenas bélicas.

Monumento al Zar Libertador

Desde la estatua tenemos frente a nosotros la Asamblea Nacional. Este edificio construido en tres fases entre 1884 y 1928 es el Parlamento de Bulgaria. De estilo neo-renacentista, no tiene nada que ver con el diseño soviético en el que destacaban grandes moles.

Asamblea Nacional de Bulgaria

Bulgaria es uno de los pocos países que cuenta con cámara única junto con Dinamarca, Portugal, Grecia, Croacia o Nueva Zelanda. Está integrada por 240 diputados elegidos por sufragio universal cada cuatro años.

Sobre la entrada queda grabado el lema “la unión hace la fuerza”.

Tomando el Bulevar Zar Osvoboditel llegamos al magnífico edificio de la Universidad, la institución de educación superior más antigua e importante de Bulgaria.

Universidad

La Universidad se fundó el 1 de octubre de 1888, pero surgió como institución primaria, no se convertiría en universidad hasta 1904. En sus primeros años de andadura contaba tan solo con tres facultades: Historia y de Filología; Matemáticas y de Física; y una tercera de Ley. Pero los años siguientes se fueron abriendo nuevas. En 1917 fue la de Medicina, en 1921 Veterinaria y en 1923 la de Teología.

El edificio que vemos hoy en día se comenzó a construir el 30 de junio de 1924 en estilo neo-barroco siguiendo el diseño de un arquitecto francés que había ganado un concurso. La apertura oficial tardaría en llegar diez años, el 16 de diciembre de 1934.

En 1944 con la República Búlgara se produjeron cambios en el sistema universitario. Llegaron profesores comunistas para sustituir a otros próximos a las ideas de la monarquía, se cambiaron los planes de estudio siguiendo el esquema soviético y aumentaron en un 1.000% las matrículas. En 1947 se abrieron tres facultades más: Silvicultura, Zoología y Economía.

Hoy en día la universidad alberga 15 facultades y unos 14.000 estudiantes. En su campus de 18.624 m² podemos encontrar una biblioteca, salas de informática, una imprenta o gimnasios.

Para finalizar la tarde, ya apenas sin luz, llegamos a la Biblioteca de San Cirilo y San Metodio.

Biblioteca de San Cirilo y San Metodio

La institución se creó en 1878, sin embargo no se mudó a su actual ubicación hasta 1953. En 1882 recibió el estatus de Biblioteca Nacional de Bulgaria y en 1924 absorbió el Archivo Nacional. Alberga manuscritos, libros centenarios, atlas, mapas, retratos, fotografías y una gran colección de partituras, discos de vinilo y cintas antiguas. Todo ello se encuentra repartido y expuesto en diferentes salas como si de un museo se tratara.

Esta biblioteca fue la primera institución que surgió en el país. Nació con el anhelo de cimentar la cultura búlgara tras su independencia del Imperio Otomano. Hoy constituye un importante organismo que contiene gran parte del patrimonio cultural búlgaro.

El edificio neo-clásico construido entre 1940 y 1953 lleva el nombre de Cirilio y Metodio, los creadores del alfabeto cirílico.

Ya se nos había acabado la luz y, aunque nos acercamos a los Jardines Knyazheska, poco pudimos ver del Monumento del Ejército Soviético, así que tomamos el metro y nos fuimos a Serdika.

Este fue el recorrido de nuestra segunda parte del día: