Viajar V (2016)

No todos los años se puede seguir el ritmo del 2015 cuando visitamos Japón, Viena, Praga, Budapest, Bratislava y Estambul. En 2016 tan solo hicimos dos viajes. Por un lado un Road Trip por Escocia a finales de julio – principios de agosto, y ya en diciembre una escapada a Atenas y Sofía. Que tampoco se puede decir que sea poco.

Normalmente intentamos hacer una escapada en el primer semestre del año para desconectar antes de las vacaciones de verano, pero tocó reforma en casa, así que aprovechamos la primavera para poner algo de orden, que falta hacía después de un año con el suelo levantado, un agujero en el techo y las paredes llenas de chorretones de por donde había caído el agua.

Así que, nuestro primer viaje de 2016 fue a tierras escocesas, un país al que le teníamos ganas. Después de varios viajes en los que han predominado las ciudades, ya tocaba volver al verde.

Esto no quiere decir que no visitásemos ciudades, ya que partimos y terminamos en Edimburgo y también pasamos por Glasgow o Aberdeen, pero no eran nuestra prioridad. Había mucho que descubrir. En un par de semanas no nos daba tiempo a ver todo, ni muchísimo menos, pero intentamos conseguir la experiencia escocesa combinando kilométricas playas, escarpadas montañas, frondosos bosques, desiertos páramos, ciudades llenas de historia, castillos llenos de encanto, e incluso una visita a una destilería.

Este Road Trip por Escocia ha sido toda una experiencia. Ya sospechaba que me iba a gustar el país si se parecía una mínima parte a lo que ya había imaginado. Pero es que la realidad superó a las expectativas con creces. Escocia es un país espectacular que concentra una gran variedad de atracciones.

Sin duda me quedo con Edimburgo, una ciudad construida sobre su historia que cautiva al visitante al primer golpe de vista. En ella se respira su alma gótica con sus edificios antiguos, cementerios lúgubres, closes estrechos y las calles empedradas y húmedas. Es el contraste de la intacta Old Town en la que predominan las callejuelas vertiginosas y sus estrechos callejones medievales donde aún se sienten las estrecheces de la vida intramuros; frente a la elegancia del ensanche de la Ciudad Nueva en la que se suceden casas georgianas, jardines bien cuidados y una organización de las calles y plazas muy cuadriculada. Tiene dos almas.

Y aunque su castillo es una de las joyas del país, si tuviera que elegir uno de todos los que visitamos, me quedaría con el de Stirling. Es una parte importante de la herencia escocesa y está lleno de historia. Por un lado porque fue testigo de las diferentes batallas que tuvieron lugar en su colina. Además, fue protagonista de la Primera Guerra de Independencia de Escocia, que se inició con la invasión de las tropas de Eduardo I. Cuando los ingleses se hicieron con la Piedra del Destino y se la llevaron a la Abadía de Westminster, se inició una revuelta popular escocesa comandada por William Wallace. La última batalla que vivió fue la defensa ante el ataque jacobita en 1746. Por otro lado, el castillo fue el lugar en el que se han coronado muchos reyes y reinas de Escocia, entre ellos María I de Escocia en 1542. Además, algunos de los reyes escoceses, como James III, nacieron en el castillo.

No estoy quitándole importancia al de Edimburgo, que además guarda las Joyas de la Corona. Y estéticamente incluso es más uniforme. Pero el de Stirling es mucho más didáctico, más fácil de imaginar cómo era la vida en sus diferentes estancias gracias a las recreaciones o los actores que por allí se pasean. El conjunto hace que sea una visita muy atractiva, lúdica y didáctica.

Si tuviera que escoger uno de los que quedan solo las ruinas dudaría entre el de Saint Andrews y el de Dunnottar. Ambos se encuentran colgados sobre el mar, aunque quizás el de Stonehaven impresione más por tener un acceso tan complicado.  Es un castillo emblemático por su enclave impresionante que es para enmarcar, además de por ser clave en uno de los momentos más importantes de la historia de Escocia. Esta situación estratégica y defensiva le sirvió a William Wallace durante la lucha escocesa por la independencia en el año 1300 para atraer a una tropa inglesa y después quemarla viva en una capilla. También se escondieron aquí las Joyas de la Corona escocesa en el siglo XVII por ser considerada la fortaleza más segura del reino.

En cuanto a las playas tendría también mis dudas. No sabría decidirme entre la de Balnakeil Bay y la de Dornoch. Balnakeil tiene algo más de personalidad con la Durness Old Church al fondo, aunque la de Dornoch es más larga e impresiona más.

Seguramente me habría gustado también la Secret Beach que nos recomendó Sarah, pero nos equivocamos de sitio. Sin embargo, las vistas desde lo alto del acantilado eran también dignas de ver y no fue una pérdida de tiempo.

Pero para acantilados los de John O’Groats, desde donde se pueden divisar a lo lejos las famosas Stacks, esas formaciones rocosas de 64 metros de altura resultado de la erosión provocada por el azote del mar y el viento.

Y por supuesto, si de formaciones rocosas hablamos, no podemos olvidarnos del Old Man of Storr, que, sin duda, fue mi parada favorita de todo el viaje. Para esta caminata de 4 kilómetros cuesta arriba es imprescindible un buen calzado, algo de comida y bebida por si tuviéramos algún bajón. Sí, es exigente, hay que prestar atención al terreno por donde vamos pisando y ponerle ganas y ánimos, pero al llegar arriba todo se queda ensombrecido por las vistas. No son unas rocas sin más, por algo es uno de los paisajes más fotografiados del país. Y me recordó el porqué de querer recuperar los viajes en que nos perdíamos en la montaña.

Fueron apenas dos semanas, pero exprimimos al máximo los días para sacar lo mejor de Escocia. Sin duda, junto con Noruega, uno de mis países favoritos hasta la fecha.

A finales de año hicimos una escapada a Sofía con una breve escala en Atenas que nos permitió revisitar la capital helena, la cuna de nuestra civilización. Habíamos estado en 2008 como punto de partida de nuestro primer crucero, y la habíamos pateado en visión exprés. Sí, ya sé que una escala de 24 horas no es precisamente relajada, pero nuestra vez anterior salimos a las 4 de la tarde del barco tras el procedimiento de registro y creo que teníamos que volver a las 8 para zarpar. Así que apenas nos dio para mucho. Y aún así conseguimos subir a la Acrópolis, callejear por Monastiraki, Plaka, asistir al cambio de hora en Sintagma y llegar hasta el Templo de Zeus Olímpico.

Así que, con estos antecedentes, 24 horas era muchísimo tiempo incluso contando con lo pronto que anochecía. Y además tuvimos la suerte de que no nos lloviera. Hacía frío y hubo que abrigarse bien, pero en seco.

Como se ve en el mapa subimos hasta el Acrópolis, después continuamos por el Ágora Romana, el Antiguo Ágora y el Cerámico; callejeamos por los barrios de Psirrí, Monastiraki y Plaka; visitamos la Catedral y pasamos por la Plaza Sintagma; seguimos paseando Ermou hasta llegar al Arco de Adriano y el Templo de Zeus Olímpico y para finalizar la mañana pasamos por el Estadio Olímpico, el Zappio y los Jardines Nacionales. Por la tarde subimos al Monte Licabeto para ver atardecer.

No nos habría dado tiempo a cumplir con todo el recorrido si hubiéramos entrado en todos los conjuntos arquitectónicos. Por ese motivo filtramos y visitamos los que nos parecían imprescindibles como la Acrópolis o el Antiguo Ágora con el Templo de Hefesto, la Stoa y las ruinas. Sin embargo, obviamos otros porque lo poco que se conserva en pie se ve desde fuera, como el Cerámico, la Biblioteca de Adriano, el Templo de Zeus o el Ágora Romana.

En la segunda etapa de este viaje, y motivo principal en realidad, visitamos Sofía. Descubrimos un poco de Bulgaria, un país desconocido hasta la fecha para nosotros. Y aunque su capital no es la ciudad más maravillosa del mundo, tiene una historia que se remonta hasta el siglo VIII a.C. Además, tuvimos la oportunidad de hacer una excursión a la cercana Plovdiv, que conserva un casco histórico colorido y singular.

Bandera

Sofía, en pleno centro de los Balcanes, es la capital de Bulgaria y también la ciudad más grande y poblada del país. Su localización la convierte en un lugar estratégico, ya que se encuentra en un cruce de caminos que conecta la Europa Occidental con Oriente Medio. El hecho de que Bulgaria haya sido un territorio conquistado por varios pueblos, hace que tenga una amplia riqueza cultural. Aunque Sofía se encuentra en un proceso continuo de transformación hacia la globalización, se conserva gran parte de su patrimonio cultural, arquitectónico e histórico. El más claro ejemplo es Serdika, donde en una manzana encontramos una mezquita, una sinagoga y una iglesia. Además de unas ruinas tracias y romanas.

Este pasado multicultural ha dejado joyas arquitectónicas en la ciudad como la Iglesia Redonda de San Jorge, la Catedral de Sveta Nedelya, la Iglesia Rusa, el Teatro Nacional Ivan Vazov y por supuesto la Catedral de Alejandro Nevski. Cada una de ellas totalmente diferente a la anterior en su diseño.

Estos majestuosos y ornamentados edificios contrastan con las construcciones comunistas de hormigón y cemento pensadas para su funcionalidad y no para destacar por su diseño. También de esta época son las infraestructuras, las grandes avenidas y arterias que cruzan la ciudad y los transportes. Aunque está en proceso de remodelación con la entrada en la Unión Europea y se nota que ha llegado la apertura capitalista con la llegada de franquicias y multinacionales.

Sin embargo, aunque queden vestigios de la época comunista, para acercarse más aún a esta época de la historia de Bulgaria podemos visitar el Museo de Arte Socialista, donde se han reunido esculturas y pinturas que fueron retiradas tras la caída del Régimen.

Sofía no es una de las capitales europeas más sorprendentes, no está al nivel de Praga, Budapest, Viena, Berlín, París, Madrid… pero también tiene su historia. Si Atenas se podía concentrar en 24 horas porque la parte histórica estaba bien delimitada, lo de Sofía es mucho más sencillo aún. Está todo bastante cerca, a un paseo tranquilo y si te cansas siempre puedes tomar un medio de transporte o hacer una parada en el mercado central y saborear una cerveza local o aprovechar para comprar comida local.

En este caso estructuramos la visita en varios días, concentrando la parte histórica en el día más largo y dejando para el último lo más alejado antes de marcharnos:

Y entre medias, hicimos una excursión a Plovdiv, a dos horas de Sofía. Es la segunda ciudad más grande de Bulgaria y en una época en la que no existía Atenas, Roma ni Constantinopla, suponía un cruce de caminos entre Asia y Europa. De ahí que tenga una mezcla de culturas como la tracia, la romana, la búlgara o la otomana.

Plovdiv supuso el contraste a Sofía. Con un casco histórico peatonal plagado de iglesias y construcciones del Renacimiento Búlgaro, un anfiteatro romano o ruinas tracias y romanas. Una zona que está sobre una colina y que nos permite asomarnos al resto de la ciudad.

En la parte nueva me gustó mucho el colorido barrio de Kapana con tanta vida en sus calles. Sus bares, los locales de artesanos, las banderitas, los murales…

Queda todo también muy concentrado:

Y como bonus nos dio tiempo a hacer una excursión a la Fortaleza de Asen, de la que apenas quedan restos salvo la Iglesia de la Santa Virgen de Petrich que parece suspendida sobre el valle. Un lugar totalmente inesperado. Desde luego Bulgaria tenía muchas sorpresas escondidas.

De un viaje a Sofía sacamos una escala en Atenas y una excursión a Plovdiv y alrededores, con lo que se puede decir que aprovechamos bien nuestra escapada. Nos hizo más frío que en Atenas, ya que esta se encuentra más próxima al mar mientras que Sofía está rodeada de montañas. En cualquier caso nada que no esperáramos en el mes de diciembre y que no se pudiera remediar. Como dicen los noruegos: “no hay mal tiempo, sino ropa inadecuada”.

Y con Bulgaria cerramos el año llegando a alcanzar los 25 países. A por 2017.

Conclusiones del Road Trip por Escocia

Este Road Trip por Escocia ha sido toda una experiencia. Ya sospechaba que me iba a gustar el país si se parecía una mínima parte a lo que ya había imaginado. Pero es que la realidad superó a las expectativas con creces. Escocia es un país espectacular que concentra una gran variedad de atracciones.

Es un país en el que encuentras auténticas maravillas. Sus históricas ciudades, sus pequeños pueblos perdidos entre las montañas, sus frondosos bosques, sus desiertos páramos, sus misteriosos lagos, sus escarpados acantilados, sus playas que parecen transportarte al Caribe, sus famosos castillos… Hay itinerarios para todos los gustos.

Sí, llueve. Pero la lluvia le da el tono melancólico que tiene el país. Y sin agua Escocia no sería lo mismo, no tendría ese color tan verde, ese olor a húmedo, a hierba mojada. No tendría el mismo carácter. Gracias al impacto de su paisaje y de su atmósfera única ha sido escenario de numerosas películas y series.

Además, Escocia ofrece muchas alternativas al viajero. El visitante puede escoger entre actividades de ciudad, perderse en el monte, hacer rutas a pie, a caballo, en bici, descubrir fauna autóctona… Por supuesto, no puede faltar una visita a una destilería, intentar encontrar a Nessie o disfrutar de unos tradicionales Juegos de las Tierras Altas.

Y es que además del encanto de sus paisajes y de las posibilidades que ofrece esta tierra y que invitan a recorrer toda su geografía; no hay que olvidar sus tradiciones fuertes y arraigadas. Escocia ha ido ganando carácter con el paso del tiempo y no podremos conocer el país si nos dejamos de lado su historia, sus leyendas, sus costumbres.

No solo es un país con grandes referentes literarios como Walter Scott, Robert Louis Stevenson o – cómo no – Robert Burns (incluso J. K. Rowling); además, Escocia tiene un nombre en las ciencias. El primer barco de vapor con paletas (James Watt), el teléfono (Alexander Graham Bell), el radar, el neumático hinchable (John Dunlop), la bicicleta a pedales, el termo (Sir James Dewar), la oveja Dolly, la anestesia quirúrgica (Sir James Young Simpson), la penicilina (Sir Alexander Fleming), el uso de la huella dactilar como prueba criminal (Henry Fauld)… todos ellos tienen rúbrica escocesa. También el sello de correos, el golf, el chubasquero, la primera fuerza de policía profesional, los logaritmos (John Napier) y el concepto de crédito al descubierto.

Para ser un país tan pequeño, ha contribuido grandemente a la sociedad. El alto número de eruditos se debe, en gran medida, al impulso de la alfabetización a mediados del siglo XVI. Esta iniciativa fue promovida por John Knox, que se dio cuenta de que la gente no sabía leer y eso le dificultaba dar a conocer la religión. Con la alfabetización de la población se consiguió, no solo que el pueblo leyera las Sagradas Escrituras, sino que además tuviera más acceso a la educación.

Así pues, naturaleza, actividades, inventos, historia, cultura, leyendas y tradiciones se funden en un país que hemos conocido brevemente y que nos ha dejado el recuerdo de una grata experiencia.

Y si, después de meses hablando de Escocia, aún no tenéis ganas de visitarla, os dejo con la guía del cómico escocés Danny Bhoy.

Resumen de gastos del Road Trip por Escocia

Escocia es caro, ni siquiera el Brexit nos benefició, puesto que el Euro sufrió más que la Libra. Sin embargo, siempre se puede ajustar el presupuesto para que el dinero nos cunda más.

Además de sacar los vuelos con antelación y buscar y comparar a la hora de reservar alojamientos, también se puede ahorrar en destino. Sobre todo si haces la compra en el supermercado o puestos locales y no comes en restaurantes. Al menos, no a diario.

Como sabíamos que queríamos visitar varios monumentos, y entre ellos los más caros como son el Castillo de Edimburgo y el de Stirling, de cabeza nos salía recomendable el Explorer Pass, así que por ahí otro ahorro más.

explorer-pass

Aparte de estos gastos, tan solo añadimos la tarjeta de teléfono por si teníamos algún percance con el coche. También resulta útil la opción de llamadas y datos, ya que hoy en día una breve consulta a google te puede sacar de un apuro o ayudar en la improvisación del día en caso de querer hacer modificaciones debido a la climatología o incidencias en las carreteras.

En 13 días (en realidad fueron 14, pero el primer día llegamos a las 14 horas y el último día salimos después de desayunar, por lo que en realidad, 13 completos) nos gastamos unos 3.000€. Concretamente 2.934,03€  Es decir, unos 1.500€ por persona y unos 112,85€ por persona y día, que creo que no está nada mal.

Veamos el desglose:

  • Alquiler Coche: El alquiler incluía seguro a todo riesgo, dos conductores, daño en ruedas y cristales, kilometraje ilimitado y depósito lleno. Al cambio 415€
  • Gasolina: £129.01. Aproximadamente 153.52€
    • 26/07 £27 (24.13 litros)
    • 30/07 £39.01 (35.15 litros)
    • 31/07 £9 (8.34 litros)
    • 02/08 £35 (32.14 litros)
    • 04/08 £19 (17.94 litros)
  • Ferry de Armadale a Mallaig: 19,51€

  • Explorer Pass: Opción de 7 días entre 14: 103,20€
  • Giff Gaff: £10 que incluía 500 minutos a teléfonos del Reino Unido (gratis si a un usuario de la misma compañía), mensajes de texto ilimitados y 1GB de datos.Al cambio fueron unos 11-12€
  • Por último, para el resto de gastos (comida, aparcamientos, entrada a monumentos no incluidos en el Explorer, algún recuerdo, etc.) le pedimos a mi hermano que nos cambiara libras. En otro caso habríamos sacado efectivo en cajero, que sale mejor que el cambio que aplican en el banco más sus comisiones, pero como mi hermano cuando viene a la zona Euro necesita nuestra moneda, aplicamos la cotización de xe.com sin comisiones. Euros para él, Libras para nosotros. Y lo que nos sobró, volvimos a hacer el canje. En total en este apartado alcanzamos la cantidad de 690,43€. Que viene a ser una media de 53,11€ por día. 26,56€ por persona.

Así, pues, aunque Escocia es caro y hay gastos en los que tenemos menos influencia como pueden ser los vuelos, alojamientos o alquiler de coche que rondan más o menos siempre la misma franja económica; siempre hay otros en los que podemos hacer buenas elecciones que nos sirvan para ajustarnos al presupuesto. Bien sea echar números para un pase tipo Explorer Pass, bien en el transporte (como el bus del aeropuerto de Edimburgo que tiene descuento si es ida y vuelta), pero sobre todo en la comida. Y aunque hemos sido austeros, tampoco nos hemos privado de comer o dormir bien. Algo importante a la hora de viajar, ya que necesitamos descansar y reponer fuerzas para darlo todo durante el día.

Castillos de Escocia

Pensar en Escocia es visualizar naturaleza, sin duda. Pero si por algo es conocido el país, es por los castillos. Los hay que se conservan en ruinas, otros que se han reconstruido; algunos pertenecen a Patrimonio y suponen unos buenos ingresos, otros que siguen siendo privados; tenemos los que son residencia de verano de la Familia Real… Hay castillos de todo tipo, desde pequeñas fortificaciones a enormes ciudadelas; desde los más céntricos a los más alejados e inaccesibles; todos tienen su historia, su leyenda misteriosa.

Es imposible visitarlos todos, por supuesto, ya que hay más de 1.000 en toda la geografía escocesa. Y no son ni una tercera parte de los que llegó a haber en pie. Y es que Escocia ha tenido que defenderse a lo largo de los siglos dado a su enclave geográfico y a sus enemigos que intentaban conquistarles continuamente. Como consecuencia, es un país con un recuento superior de castillos que otros territorios vecinos.

Así pues, gracias a este pasado tan conflictivo, hoy en día tenemos una gran variedad de fortalezas con las que conocer datos de la historia de Escocia mientras disfrutamos de las vistas que nos ofrecen.

Castillo de Edimburgo

Erigido sobre una escarpada colina volcánica, es el castillo más grande del país, y el más visitado, no solo como castillo, sino como monumento. Alberga las Joyas de la Corona, la Piedra del Destino, el cañón de Mons Meg y la capilla de Santa Margarita.

Su imponente perfil domina el horizonte de Edimburgo convirtiéndose en el símbolo de la capital. Se comenzó a levantar a finales del siglo XI con fines defensivos y fue extendiéndose a lo largo de los siglos, incluso llegando hasta el XX. Permite conocer cómo ha ido evolucionando la ciudad y el país. Su posición estratégica hace que se obtengan unas estupendas vistas panorámicas de la ciudad (si las nubes o la niebla lo permiten).

Es caro, por lo que es recomendable comprar el Explorer Pass si se piensa visitar algún que otro momumento que esté incluido. Es muy recomendable, si se habla inglés, seguir a las guías gratuitas que recorren el castillo y van explicando cada uno de los edificios.

Castillo de Glamis

Es uno de los castillos escoceses más famosos de Escocia. Y lo es por varios motivos. Por un lado, por ser donde se crió la Reina Madre. Por otro,  por aparecer en el Macbeth de Shakespeare. Pero además, es que tiene la fama de ser el castillo más hechizado del país y está envuelto en todo tipo de leyendas e historias de fantasmas.

Fue construido a finales del siglo XI en arenisca roca y con una torre de planta en L. Cuenta con unas impresionantes almenas y puntiagudos torreones que le dotan de un carácter señorial. Se puede visitar, aunque no pertenece a Patrimonio, sino a los Condes de Strathmore, por lo que no está incluido en el Explorer Pass. Podemos elegir entre dos tipos de entrada: una que solo incluye los maravillosos y amplios jardines que rodean la residencia, y otra que combina los jardines y el castillo. Nosotros como no contábamos con mucho tiempo, preferimos pasear por sus alrededores.

Castillo de Dunnottar

Es uno de los más bonitos de todos los que visitamos. Incluso sin visitarlo por dentro. Su enclave estratégico sobre un acantilado le da un carácter especial, dramático, imponente, siempre azotado por el viento y las olas del Mar del Norte. Se podría considerar inexpugnable, el castillo perfecto desde el punto defensivo gracias a su emplazamiento en un promontorio rocoso a 50 metros sobre el mar. No es de extrañar que por eso fuera elegido para esconder las Joyas de la Corona.

El Castillo de Dunnottar ha sido testigo de muchos momentos clave de la historia del país. Situado en Stonehaven, al este de la costa de Escocia, jugó un papel decisivo durante la invasión inglesa y acogió a notables personajes como William Wallace o María Estuardo. Hoy en día está en ruinas, pero hay algunas estancias que se conservan bastante bien. Se puede visitar, aunque no entra en el Explorer Pass.

A Pixar le sirvió de inspiración para su película Brave. No es de extrañar, es impresionante. Y al atardecer, más aún.

Castillo de Huntly

Este castillo incluido en el Explorer Pass perteneció al clan Gordon, una de las familias más acaudaladas de Escocia. Y la familia quiso demostrar ese poderío económico con este edificio medieval impresionante.

Consta de tres fortificaciones. El primer castillo (Motte) lo mandaron construir los condes de Fife a finales del siglo XII. Sin embargo, no tiene nada que ver a lo que vemos hoy en día, o podemos intuir, ya que estaba hecho de madera y se levantaba sobre una colina artificial para controlar el paso fronterizo por el río Deveron. Se le dio el nombre de Palacio de Strathbogie.

Se levantó en los terrenos que les había dado Guillermo I en compensación por su ayuda en el campo de batalla. Históricamente tuvo su importancia puesto que sirvió a Robert I como aposentos durante las Guerras de la Independencia de Escocia en 1307. En 1314 cambió de manos, Robert the Bruce le concedió el castillo a Sir Adam Gordon de Huntly por su apoyo en la batalla de Bannockburn. La familia propietaria de Strathbogie apoyaba al bando vencido, por lo que digamos que fue un expolio.

El segundo castillo se comenzó a construir alrededor del 1400. Se realizó una reforma total levantando una torre de planta en L donde se encontraría la parte residencial distribuida en 5 plantas. En el patio central estaría la cuadra y algunas salas secundarias. Sin embargo, esta remodelación quedó destruida en 1594 por el conde de Moray en las batallas entre Jacobo II y el clan Douglas.

El palacio le debe su construcción a George Gordon, cuarto conde de Huntly, que, tras visitar Francia, quiso tener un edificio que copiara la arquitectura que allí se llevaba a cabo. Fue saqueado y dañado tras la derrota de la batalla de Corrichie en 1562. Por fin fue finalizado en 1606. En 1640 se hicieron obras, pero sirvieron de poco porque en 1647 durante la Revolución Inglesa fue saqueado y cayó en ruina con la decapitación del marqués.

Lleva en ruinas desde el siglo XVIII, pero es interesante de visitar, pues se mantienen las divisiones de las diferentes salas y tiene paneles informativos que nos explican para qué se dedicaban las diferentes estancias, si eran dormitorios, salas de estar o donde se celebraban grandes banquetes.

Castillo de Ardvreck

Es el castillo más pequeño de todos los que visitamos, apenas un torreón. Sin embargo, su enclave en una pequeña península (o isla) en medio de un lago merece la pena la parada.  Se encuentra a campo abierto (es gratuito) y hay un pequeño aparcamiento cerca, no hay mucha más indicación ni encontraréis mucha gente.

Cuenta la leyenda que en sus ruinas viven dos fantasmas. Cómo no.

Cerca podemos visitar la Calda House, también en ruinas, que fue la residencia de los MacKenzie desde 1672. Fue saqueada y quemada diez años después cuando fue vendida al conde de Sutherland. La mayoría de las piedras se utilizaron para construir otros edificios de la zona.

Castillo de Urquhart

A orillas del famoso Loch Ness nos encontramos con este impresionante castillo en ruinas. Uno de los más emblemáticos y visitados de Escocia, data del siglo XIII y jugó un importante papel en la Guerra de Independencia del siglo XIV capitaneada por William Wallace. En 1692 quedó destruido parcialmente por los ingleses para impedir que los jacobitas se hicieran con él.

Desde entonces se encuentra en ruinas, pero está muy bien acondicionado e indicado, además, cuenta con un centro de visitantes en el que se expone un vídeo así como una maqueta y diversa información. Pertenece a Patrimonio y por tanto, entra en el Explorer Pass.

Castillo de Eliean Donan

Este castillo medieval situado en una pequeña isla sobre el Loch Duich se une a tierra por un viejo y estrecho puente llamado Kyle of Lochalsh. Es muy fotogénico y su silueta sobre el lago es impresionante, de postal.

Se trata de un lugar plagado de belleza, historia y leyendas y que ha servido de escenario para películas como Los Inmortales, Braveheart El Mundo nunca es suficiente.

No lo visitamos por dentro porque está reconstruido a principios del siglo pasado y al parecer ha perdido su esencia original. Pertenece al Clan McRae y no está incluido en el Explorer Pass. Nos contentamos con observarlo desde la orilla del lago y desde el mirador que hay en una montaña cercana.

Castillo de Dunvegan

Situado en la Isla de Skye, se encuentra a orillas de un lago que le dio nombre. Tiene el honor de ser la fortaleza más antigua que ha sido habitada de continuo, algo no muy común debido los frecuentes conflictos que ocurrieron a lo largo de la historia de Escocia. Pertenece al clan MacLeod desde tiempos medievales y se puede visitar (y pasar noche) tanto el castillo como sus jardines. Incluso se puede contratar un paseo en barco que sale desde el embarcadero.

Su mayor reclamo es la Fairy Flag, una bandera de seda que protegía a los Señores de las islas. Hoy en día lo que queda es un retal deteriorado, pero se sigue venerando porque se cree que tiene poderes milagrosos.

Castillo Donald

Fue diseñado por el arquitecto James Gillespie Graham y construido en 1815. Anteriormente había una mansión de 1790. La mayor parte de la mansión original quedó destruida en un incendio en el año 1855 y se sustituyó por un edificio diseñado por David Bryce. El Lord Macdonald y su familia dejaron el castillo en la década de los 20 del siglo pasado y como consecuencia el castillo quedó a merced de los elementos. En los años 80 se estabilizaron las ruinas para que no terminaran de caerse. Hoy en día es difícil llegar a imaginarse lo que fue en su día, tan solo se conserva la fachada.

En el recinto está el Museo de las islas, un edificio que tiene seis galerías de exhibiciones e interpretaciones que nos acerca a los 1500 años de historia y cultura de este área conocida como el Reino de las Islas. Asimismo, acoge una biblioteca, con más de 7000 libros y diversas colecciones donde se puede investigar sobre el árbol genealógico si sospechas que tienes ancestros de Skye o de los MacDonalds.

Hay una exposición muy interesante sobre los clanes y la cultura de las Tierras Altas, las guerras con los ingleses y la devastación que supuso la batalla de Culloden. También sobre lo que supuso la emigración de aquellos escoceses que se quedaron sin opciones en su país y marcharon hacia América u Oceanía.

No entra en el Explorer Pass y el castillo en sí no merece mucho la pena, pero el centro de visitantes es muy interesante para aproximarse a la cultura de clanes escocesa.

Castillo de Dunstaffnage

Es un castillo del siglo XIII que se erige en un promontorio al sudoeste de la entrada al Loch Etive. Su situación es estratégica, ya que está bordeado en tres de sus lados por el mar. Algo que les venía muy bien para traer mercancías , aunque también tenía su punto negativo, y es que había que protegerse de los noruegos. Es uno de los castillos construidos en piedra más antiguos de Escocia. Y aunque fue abandonado tras un incendio que dejó arrasado el interior, se reconstruyó y hoy en día se puede visitar.

El castillo fue construido por los señores MacDougall de Lorn y desde el siglo XV ha pertenecido al Clan Campbell. Los Campbell fueron aliados de la casa real, y Dunstaffnage sirvió como base de expediciones del gobierno en los siglos XV y XVI contra, entre otros, el clan MacDonald. Fue escenario de la Guerra Civil en varios episodios. En 1685 fue incendiado como causa de un levantamiento contra Jacobo VII, y más tarde, en los levantamientos jacobitas de 1715 y 1745, pasó a manos del gobierno. También sirvió de prisión temporal antes de ser llevada a Londres para Flora MacDonald, que ayudó al príncipe Carlos a escapar de Escocia. Aunque los Campbell construyeron una nueva casa sobre la parte antigua del oeste en 1725, el resto ya había quedado devastado. La zona nueva levantada sobre la antigua torre oeste pasó a ser la casa del guarda.

Ya en 1908, el noveno duque de Argyll, dueño del castillo, comenzó un trabajo de restauración que nunca se finalizó. Las obras se retrasaron con la llegada de la I Guerra Mundial y luego ya no se continuó con los planes originales porque la dejadez hizo que el tejado de la parte nueva se derrumbara. El 1958 el dueño cedió el castillo al estado y desde entonces pertenece a Historic Scotland, de ahí que esté incluido en el Explorer Pass.

Frente al castillo hay una arcada que nos adentra en el bosque y nos lleva a la Capilla.

El edificio, que data del siglo XIII, fue construido como capilla privada por Duncan MacDougall. En su época fue una de las mejores que había en todo el país. Hoy apenas se mantienen en pie sus muros y no queda resto de su tejado de madera. Lleva en ruinas desde 1740.

Castillo Stalker

Es uno de los castillos medievales mejor conservados de los que quedan en Escocia. Fue construido en 1320, pero quedó abandonado en 1820. En 1965 fue adquirido por un particular que lo restauró. La particularidad de este castillo reside en que sólo se puede llegar a él con la marea baja, ya que está en un islote en medio del Loch Laich. Además, cuando queda rodeado por la bruma, tiene un toque más interesante aún.

Realmente, parece una torre en ruinas sin más, pero no hay que dejarse engañar. No en vano es uno de los castillos más fotografiados de Escocia. Aunque quizá también por haber sido el lugar de rodaje de Los caballeros de la mesa cuadrada.

Castillo de Doune

Se trata de una fortaleza medieval situada en una de las curvas del río Teith, rodeado por un espeso bosque.

Es famoso por ser lugar de rodaje de Los caballeros de la mesa cuadrada de los Monty Pyton, pero desde hace unos años lo es más aún ya que se convirtió en el castillo de la familia Stark en Invernalia en la serie Juego de Tonos. También en él se ha rodado la serie Outlander.

Se construyó en el siglo XIII como residencia del Duque de Albany. Posteriormente fue bastión de los Estuardo hasta que en el siglo XVIII se quedó prácticamente derruido. A finales del XVI fue escenario de guerras y funcionó como prisión durante las guerras jacobitas. Tras quedar en ruinas se comenzó una tarea de restauración y finalmente en el siglo XX pasó a manos del gobierno. Así pues, entra dentro del Explorer Pass y en la entrada se incluye una audioguía para que te acompañe en la visita.

Castillo de Stirling

El Castillo de Stirling se levanta sobre un antiguo volcán extinto, en un entorno menos urbano que el de Edimburgo. Desde su posición se controla el acceso a las Highlands, se puede ver toda la llanura de la ciudad, el famoso puente e incluso el imponente Monumento a William Wallace.

Es una parte importante de la herencia escocesa. Está lleno de historia, por un lado porque fue testigo de las diferentes batallas que tuvieron lugar en su colina. Además, fue protagonista de la Primera Guerra de Independencia de Escocia, que se inició con la invasión de las tropas de Eduardo I. Cuando los ingleses se hicieron con la Piedra del Destino y se la llevaron a la Abadía de Westminster, se inició una revuelta popular escocesa comandada por William Wallace. La última batalla que vivió fue la defensa ante el ataque jacobita en 1746. Por otro lado, el castillo fue el lugar en el que se han coronado muchos reyes y reinas de Escocia, entre ellos María I de Escocia en 1542. Además, algunos de los reyes escoceses, como James III, nacieron en el castillo.

Entra dentro del Explorer Pass y es el segundo castillo más visitado del país, por detrás del de Edimburgo. Lo que podemos ver hoy en día es el trabajo de restauración que le ha devuelto la grandeza y encanto del siglo XIV. Pero está muy bien acondicionado y hace que la visita sea muy interesante, didáctica y lúdica.

Esta lista es solo una pequeña muestra de lo que se puede visitar. El mapa de Escocia está salpicado de numerosos castillos. Son algo tan característico del paisaje escocés que hay mucho donde elegir. Estés donde estés, siempre habrá alguno cerca. Solo has de hacer tu propia selección.

Naturaleza y fauna en Escocia

Escocia es un país de contrastes en el que, sin salvar largas distancias, podemos encontrar vertiginosas cumbres, paisajes silenciosos, valles bucólicos, campos de golf inmensos, lagos profundos, playas solitarias, escarpados acantilados y cuevas rocosas. Recorriéndola predominarán el verde de sus prados, el azul del agua que tanto abunda y el gris de su cielo.

Como ya mencioné cuando hablé del clima, la geografía del país es muy variada y contrastan las montañosas tierras del norte frente a los páramos del sur. La costa Este es el huerto de Escocia y donde abunda el pasto, mientras que en la Oeste destaca el excepcional marisco de las islas. Pero no todo se debe a la climatología, tiene más que ver con la formación rocosa de las tierras escocesas y la falla de las Tierras Altas. Y es que Escocia posee una enorme diversidad geológica para tratarse de un territorio relativamente pequeño.

Nosotros recorrimos sobre todo las Tierras Altas, una región montañosa plagada de naturaleza salvaje con paisajes verdes, valles de origen glaciar cargados de ríos y cascadas en cuyo ambiente flota un aire de misterio acentuado por ese cielo plomizo tan característico escocés. En este territorio encontramos el alma de los clanes, el sentir de un pueblo.

Entre los paisajes naturales más majestuosos que podemos encontrar en un viaje a Escocia, se encuentran:

Ben Nevis: También conocida como The Ben, es la montaña más alta del Reino Unido con sus 1344m y una de las favoritas entre los apasionados del alpinismo.

Glen Coe: Esta garganta, efecto de la glaciación es uno de los valles más impresionantes de todo el país. La parada más significativa son las tres montañas que reciben el nombre de Las Tres Hermanas. Además de su sobrecogedora visión, va acompañada por una trágica historia.

Loch Lomond: Es uno de los lagos más emblemáticos del país y da nombre (en parte) al Parque Nacional del Lago Lomond y las Trossachs, el segundo de los Parques Naturales escoceses. Este lago es la superficie de agua dulce más grande de todo el Reino Unido.

Loch Katrine: También en el mismo parque que el anterior, destaca por los bosques, cascadas y el propio entorno del lago. Ha sido la musa de muchos literatos escoceses, entre ellos Walter Scott en Rob Roy.

Loch Ness: Sin duda es el lago por excelencia. No es el más grande – aunque sí el más profundo – , ni tampoco el más impresionante, pero la leyenda de su monstruo le ha catapultado a la fama. Hablar del Lago Ness es hablar de enigmas, misterios y leyendas, pero también de historia, ya que cobró importancia al ser parte del canal Caledonio conectando el mar del Norte con el Atlántico.

Parque Nacional de los Cairngorms: Es un parque tan extenso como La Rioja y es lo más representativo de la fauna y la flora de las Tierras Altas. En él se pueden practicar deportes al aire libre, tanto relacionados con el alpinismo, como acuáticos. Dentro de este parque es donde se encuentra el Castillo de Balmoral, el lugar de vacaciones de la Reina Isabel.

Por supuesto, no podemos olvidarnos de las islas, donde abundan las blancas playas y el clima es algo más suave que en la costa Este o las Tierras Altas. En invierno son un lugar perfecto para observar las auroras boreales, y en verano para disfrutar del paisaje o del avistamiento de aves o de mamíferos marinos.

Pero esto son tan solo  algunos ejemplos de lo que podemos encontrarnos, pues se necesita bastante tiempo para descubrir la riqueza natural de Escocia. En cualquier caso, la pequeña parte que hemos conocido no nos ha pasado desapercibida.

Y con este panorama, tenemos un buen entorno para la flora y la fauna. Tanto en el campo como en la ciudad siempre hay un bonito parque o un bosque. Aproximadamente el 14% de la superficie de Escocia está cubierta por bosques. Además, cuenta con una amplia gama de rutas naturales señalizadas de diversa intensidad y longitud.

La fauna autóctona ha cambiado mucho. Lejos quedaron los animales de la glaciación como el rinoceronte, el mamut, el oso polar o el zorro. Se fueron extinguiendo, como el lince europeo, el oso pardo, el jabalí o el lobo común. Algunos animales fueron desapareciendo por la colonización posterior tras la era de hielo, otras por la mano del ser humano, y otras por la introducción de especies extranjeras que se han mezclado con las locales, o bien han acabado con su población.

Hoy en día destacan los gatos monteses, las vacas con flequillo, las ovejas, las cabras, las focas, los delfines, las orcas, los frailecillos o el águila real.

Y no hay que olvidarse del agua dulce. Escocia tiene más del 90% del volumen y el 70% de la superficie total del agua dulce del Reino Unido. Hay más de treinta mil lagos de agua dulce y seis mil ríos. Y uno de sus peces por excelencia es el salmón. Si hablamos de insectos, no podemos olvidarnos de los temidos midges.

El gato montés está en serio peligro de extinción. En la década de los 50 del siglo pasado se los exterminó sin control para extraer su pelaje. También han desaparecido casi totalmente los renos, porque fue cazada indiscriminadamente durante el siglo XII. Aunque sí podemos encontrar ciervos rojos y corzos.

Pero si hay un animal típico de estas tierras son las famosas vacas con flequillo, o coos. Tan escocesas como el kilt o la gaita. Pertenecen a una raza autóctona de las Tierras Altas y se caracterizan por un pelaje largo, patas cortas, cuernos curvados y un espeso flequillo que cubre parcialmente sus ojos. Al parecer es la raza de vaca registrada más antigua del mundo.

Aunque la imagen que todos tenemos en la mente es la vaca de pelaje rojizo, lo cierto es que también las hay negras, blancas e incluso de un tono parduzco. La particularidad de su pelaje hace que sean excepcionalmente resistentes al duro clima escocés. Incluso los terneros recién nacidos son capaces de aguantar unas condiciones especialmente adversas. Su característico pelaje tiene dos capas: una externa que puede sobrepasar los 30 cm de largo y que es aceitosa, lo que impide la absorción del agua (ya sea en forma de lluvia o nieve); y una inferior que es más suave y que las protege de las inclemencias y consigue que conserven la temperatura. Gracias a esta doble capa, son capaces de sobrevivir a climas fríos en los que abundan las lluvias y los vientos.

Pero, como la naturaleza es sabia, si el verano es seco y caluroso, la vaca pierde el pelaje exterior, volviendo a generarlo a la llegada del frío. Yo creo que por eso las que vimos en nuestro viaje no parecían tener mucho pelo. Era verano e iban con su traje ligero. Sí que conservaban el flequillo, pero apenas tenían una capa superior en forma de hilillos.

En la actualidad, estas bestias peludas se crían por la calidad de su carne y porque su leche es rica en grasa. Aunque también se usan para el pasto. Y es que pesan menos que sus primas de otras razas no llegando los toros a la tonelada y rondando las vacas los 500 Kilos. Así pues, no dañan tanto el suelo al ser más “ligeras”. Pero, además, pastan de todo, y esos cuernos largos y curvados permiten arrancar maleza y malas hierbas, y en invierno escarbar en la nieve.

A nosotros nos costó encontrarlas durante nuestra primera parte del viaje. No sé si porque no son tan comunes en la parte este, o porque quizá habían liberado esa capa extra y no las identificábamos. Las primeras las vimos ya cuando bajábamos por la costa oeste. Después una manada bastante grande cerca de Oban. Y ya cuando pensábamos que no íbamos a ver más, hacia final del viaje, en Stirling, a los pies del castillo, había unas pocas descansando plácidamente.

Pero no solo de campo vive Escocia. También tiene mucho mar, y además muy productivo biológicamente. En sus costas se encuentra un tercio de la población mundial de delfines y ballenas.

Podemos avistar delfines en Moray Firth, donde habita una colonia de aproximadamente cien. Aunque se han visto amenazados por la producción de combustible y gas en la zona.

Las focas que se pueden encontrar en el litoral escocés pertenecen a dos especies: la foca gris y la foca común. Al parecer son muy abundantes, llegando a suponer cerca del 36% de la población mundial (y más del 90% de la británica).

Nosotros no tuvimos suerte y no vimos a estos mamíferos. Aunque también es verdad que nos quedamos en la orilla. Siempre se puede tomar una excursión a las islas. Al adentrarse mar adentro, es más fácil encontrarlos.

En cuanto a las aves, hay casi seiscientas especies de águilas reales habitando en Escocia. También otras rapaces como el azor, el gavilán o la lechuza. Y no pueden faltar los cuervos con tanto bosque, aunque en Escocia suelen encontrarse en los paisajes montañosos y las costas oceánicas.

Pero sin duda lo que abundan son las aves marinas. En Escocia se encuentran casi la mitad de la Unión Europea. Mis favoritos son los puffins (frailecillos), tan graciosos ellos con sus picos de colores… Aunque recordemos que eso es cuando están en época de apareamiento y se engalanan.

La posición de Escocia, al oeste de Europa, es propicia para muchas aves, pero también sirve como parada para algunas que normalmente no deberían visitar el país. Hay veces que aparecen ciertas aves despistadas, que no localizan sus hábitats naturales.

Si hablamos de agua dulce, en Escocia hay 42 especies, aunque solo la mitad han llegado por su medio. Como decía, el salmón es abundante, y hay casi tantas variedades como ríos.

No obstante, aunque es un país con mucha población animal, según los ecologistas, la vida marina de Escocia habrá desaparecido en 50 años, a menos que se modifique la conducta del ser humano y el uso que hace de los recursos. El informe apunta a que se está dañando el fondo marino sobrepescando el bacalao y el salmón. Las aves también tienen sus problemas, ya que los residuos arrojados en los estuarios y el turismo masivo está modificando las costumbres de los animales. Los recursos parecen ser insuficientes. Los seres humanos y el cambio climático suponemos un desafío para el hábitat natural de muchas especies.

Es una pena que nos estemos cargando el ecosistema. Sería lamentable perder este entorno escocés que supone un paraíso no solo para los animales, sino también para los ojos de los humanos.

Comer en Escocia

La comida escocesa suele ser contundente, y aunque comparte estilo y algunos platos con la cocina inglesa, tiene sus propias recetas determinadas por su geografía, así como por influencias extranjeras, sobre todo francesa. Sus platos tradicionales tienen su origen en la gastronomía de otros pueblos, dada la influencia de mercaderes e invasores. Sobre todo se trata de platos cocinados a fuego lento y en grandes hornos de leña. Es un país con madera y con grandes animales que necesitan horas de cocción. Además, se necesitaban comidas copiosas y con alto contenido en grasa para poder sobrevivir a los duros inviernos.

Pero veamos cómo es hoy en día. Comencemos por el desayuno. Suele constar de tomate a la plancha, champiñones, judías, salchichas, tatties (una torta de patatas y harina), huevos (cocidos, revueltos o fritos), bacon, haggis (hígado, corazón y pulmones de cordero, embutidos en la piel del estómago y cocido durante varias horas) y black pudding (una especie de morcilla). Esto sería el típico Full Scottish Breakfast.

Menú desayuno

Todo ello se acompaña de té o café, porridge (avena cocida con agua o leche), zumo, tostadas con mantequilla y mermelada y yogur natural con fruta fresca (sobre todo bayas, moras, fresas o frambuesas).

Son desayunos muy contundentes, por eso no es de extrañar que también se ofrezca una versión continental en los alojamientos, ya que son conscientes de que los extranjeros no pueden con todo. Y que hay que tener el paladar hecho al haggis o al black pudding. Nosotros prácticamente todos los días nos quedábamos con la versión reducida de huevos revueltos o fritos. Aunque a veces pedimos el Full Scottish, solo que en versión reducida.

En algún caso ofertaban una versión vegetariana, en la que las salchichas eran de tofu y el black pudding que imagino que llevará algún tipo de sustituto también.

Todo lo que probamos estaba muy rico, eso sí, se nota la forma de cocinar con mantequilla en lugar de aceite de oliva. Sobre todo en los huevos. Además, el estilo británico de los huevos revueltos los deja en un punto un tanto baboso, y yo soy más de bien cuajados, como en la tortilla. Pero esto es más un tema de gustos. Malos no estaban.

Dado que cada día cogíamos el coche y nos echábamos a la carretera, comprábamos antes de salir un Meal Deal para cubrirnos las espaldas por si nos encontrábamos en medio de la nada a la hora en que tuviéramos hambre. Esto nos permitía mucha más movilidad. Por un lado por no tener que buscar sitio donde comer, y por otro por los horarios. Así, mientras recorríamos un pueblo, valle, montaña o acantilado, si teníamos algo de hambre, echábamos mano de provisiones.

Los Meal Deals están disponibles en los supermercados Tesco, Salinsbury’s y Co-operative y constan de 3 partes: el plato principal por así decirlo (bocadillo, ensalada, bandeja de sushi, wrap o similar), el acompañamiento o postre (bolsa de aperitivo, chocolatina o algo de fruta/zanahorias) y la bebida. El precio suele rondar las £2-3, dependiendo del principal, puesto que había sándwiches triples o ensaladas más grandes. También era más barato si elegías agua en vez de refresco. Resulta una opción interesante. No solo como comida, sino como tentempié de media mañana, merienda, o para recargar pilas en medio de una caminata. Nosotros había días que sabíamos que iban a ser largos en los que comprábamos 3 menús, de forma que combinábamos un sándwich, con una ensalada y una tercera opción. Del mismo modo elegíamos algo dulce, algo salado y unas zanahorias, que solíamos comer como picoteo.

Si vas a estar todo el día en el coche o hacer caminatas por el campo, es conveniente llevar provisiones de algún supermercado. Además de los packs, una buena opción (mejor que recurrir a productos de bollería o bolsas de patatas) es la fruta, sobre todo los frutos rojos, que son locales y tienen un sabor realmente espectacular. Y son enormes.

También podemos encontrar coco, piña, melón, sandía, bananas… pero no están igual de sabrosas. No es que tengan un precio especialmente barato, pero son una buena opción para calmar el hambre y desde luego la más saludable.

Si se opta por la opción restaurante, lo primero que hay que tener en cuenta es que se come entre las 12 y 14 horas. Entre los platos típicos podemos encontrar ternera alimentada de pasto de la región de Aberdeen, venado de las colinas de las Highlands, marisco de la costa oeste… Es un país con mucho verde, por tanto tienen buena carne de ternera y de venado. Pero como también es un país pesquero, no puede faltar el salmón ahumado, el arenque con patatas cocidas o el bacalao. También se toma queso y mucha sopa (las más conocidas son Cock-a-leekie -puerros, patatas, caldo de pollo y mantequilla -, Scotch broth – de cordero y verduras – , Partan bree – de marisco- y Cullen Skink – de pescado ahumado con patatas y cebolla -).

Pero, por supuesto, el plato nacional es el haggis, que ya hemos visto que se toma hasta para desayunar. En sus inicios era un plato de pobres, como suele ocurrir en cualquier gastronomía tradicional. Las familias menos adineradas aprovechaban las partes del animal que nadie quería, las sazonaban, embutían en una tripa y las cocían. Después se servía con tattis y neeps (puré de patatas y nabo). Hoy en día es considerado una delicatessen y es indispensable en la Cena de Burns que se celebra el 25 de enero (el día del poeta escocés Robert Burns). Si no te atreves con la versión original, puedes probar la versión vegetariana a base de nueces y legumbres.

También básicos del día a día son las patatas rellenas o el haddock, el típico fish and chips.

También son muy populares los dulces y tartas. Destacan las Oatcakes (galletas de avena), las Shortbreads (de mantequilla) y el Dundee cake (pastel de frutos secos).

Para la cena, los horarios comienzan sobre las 18h, y a partir de las 20:30 ya es difícil que te den mesa. Nosotros cenamos fuera solamente tres días. Intentábamos aprovechar tanto los días, que para cuando queríamos cenar, no había nada abierto. Así que íbamos prevenidos y comprábamos algo a lo largo del día. Si es un restaurante, acudirán a tomarte nota a la mesa, pero si es un pub, tendrás que acercarte a la barra, pedir y pagar. Y después esperar a ser servido. Normalmente se suele dejar un 10% de propina.

En cuanto a la bebida, Escocia es un país cervecero, y hay tanto oscura, como tostada, como rubia.

El agua del grifo (tap water) es bebible y te la sirven sin problema. Pero por supuesto, la bebida imprescindible es el whisky tal y como constatan las mil destilerías que hay repartidas por el país.

Otra de las bebidas típicas escocesas es el Im-Bru, de color naranja y con burbujas. Tiene fama de quitar la resaca, aunque no la probamos, por lo que poco puedo aportar sobre ella.

Algo que no es escocés, pero que parece que comparten con sus vecinos ingleses, es el gusto por el chorizo. Lo vimos tanto en un spar como paquete de embutido, en tortillas en el tesco y como extra en un Subway.

También en Glasgow acompañando patatas y salsa brava. Por suerte, no parece que lo lleve la paella.

La vida en Escocia es algo más cara, y, por tanto, también el comer fuera, llegando a tener que pagar unas £15-20 por plato más propinas. Sin embargo, siempre hay una opción para presupuestos más ajustados. En cualquier caso, la oferta gastronómica de Escocia ofrece múltiples opciones para todos los paladares. Tanto si eres amante de la carne, como si prefieres el pescado, o eres más de guisos; encontrarás una opción para ti. Hay ingredientes de calidad gracias a los fértiles campos y al mar que rodea el país.

El Idioma en Escocia

¿Qué idioma se habla en Escocia? Así a priori muchos responderíamos que inglés, ¿no? Jain, que diría un alemán. Un , pero no. Hablan inglés, pero su particular entonación, acento y localismos lo convierten en una lengua complicada de entender y que nada tiene que ver con lo que aprendimos en el colegio. Sí que es verdad que su carácter amable hace que se esfuercen en que les comprendas modulando su pronunciación, pero en ciertas zonas es realmente complejo, sobre todo cuando te cambian palabras que creías conocer. Ahí te das cuenta de que You know nothing, Jon Snow.

Es como soltar a un guiri en Andalucía o en un pueblo perdido de Galicia. Quizá tenga más que ver con Galicia por aquello de poblaciones algo aisladas y la convivencia de otro idioma local. Además del inglés, conviven dos lenguas propias escocesas: el Scottish Gaelic y el Scots.

La primera de ellas, el gaélico escocés, es una lengua indoeuropea que proviene de la rama celta. Se habla desde el siglo V con la llegada de irlandeses, de ahí que guarde relación con el gaélico irlandés. Con el tiempo ya no tiene la misma presencia debido a las invasiones vikingas, la represión cultural de los ingleses y la emigración de muchos escoceses a América a partir del siglo XVIII. Hoy en día lo habla un 1% de la población, sobre todo en las Tierras Altas y las islas. No obstante, se está mostrando interés por recuperarla y en el 2005 el Parlamento la elevó a lengua oficial junto con el inglés. También había un gaélico escocés de las Tierras Bajas, pero ya ha desaparecido, supongo que por tener más influencia de Gales e Inglaterra.

Por otro lado, el Scots es una lengua germánica. Predomina sobre todo en las Tierras Bajas de Escocia. Gozaba de su importancia y había una amplia producción escrita, sin embargo, desde la unión con Inglaterra en 1707 fue perdiendo prestigio y quedó relegado al ámbito familiar. No obstante, se habla más que el gaélico escocés, quizás porque se sigue manteniendo en un entorno más coloquial y se usa en el día a día; o tal vez por el hecho de que es más parecido al inglés, es más fácil de entender su gramática y comportamiento.

Ambos, el inglés y el Scots forman parte de la rama occidental junto con el alemán y el neerlandés. Incluso yo diría que suena más similar a estos dos que al inglés. Tiene mucha semejanza por las influencias nórdicas gracias a los vikingos, y del neerlandés a través del comercio. Un claro ejemplo de esta similitud es Kirk, en inglés es Church, pero en alemán es Kirche y en neerlandés kerk. O nicht, night, Nacht, nacht. Tiende quizá a los sonidos más guturales como los nórdicos. Aunque obviamente, por su convivencia, el Scots ha ido adquiriendo mucho influjo del inglés, sobre todo en lo que a vocabulario se refiere. Del gaélico escocés también ha recibido préstamos, pero sobre todo referencias geográficas.

Al contrario que el gaélico escocés, el Scots no está reconocida como lengua oficial, sino regional. Sin embargo, no hay uniformidad, ya que según la zona nos podemos encontrar un dialecto u otro.

Me ha resultado apasionante oír hablar a los escoceses, a mí esto de los acentos, herencias e influencias lingüísticas me maravilla. Y además los lugareños se muestran encantados de enseñarte palabras nuevas y ayudarte con la pronunciación como me ocurrió con Murdo en Ullapool.

Aquí el pequeño glosario que he aprendido a lo largo del viaje:

Por un lado tenemos algunas expresiones coloquiales muy cotidianas:

  • Aye: Viene a ser un yes de toda la vida.
  • Nae: No.
  • Ye: Equivale al you inglés británico y al ya americano. Por ejemplo, See ye later.
  • Lad – Lass (Laddie – Lassie): No, no tiene nada que ver con el perro. Es chico/chica.

  • Bonnie: Proviene del bon francés (bonito) y se usa sobre todo para adjetivar a la mujer.
  • Pure: Se usa para recalcar algo, para enfatizar. That’s pure brilliant.
  • Guid: Es un good. Se utiliza en expresiones Buenos días o Buenas noches, pero también para describir algo bueno.
  • Auld: Old, viejo.
  • Wee: Este adjetivo se usa muchísimo. Significa pequeño pero también se usa como diminutivo desde un punto de vista coloquial, igual que usamos los sufijos -ito,- ino e -illo en castellano (dependiendo de las zonas). Nuestra anfitriona en Durness lo usaba mucho.

En cuanto comida y bebida me quedé con el famoso Sláinte: ¡Salud! Aunque no proviene del Scots, sino del gaélico. Se usa para brindar.

Pero sobre todo aprendes muchas palabras con la geografía, flora y fauna:

  • Coo: Es una vaca, de esas típicas escocesas con flequillo.
  • Loch: Es un lago, el más famoso, el Ness.
  • Glen: Se trata de un valle, como Glencoe
  • Brae: Es un monte o ladera.
  • Firth: es un estuario, como el Firth of Forth
  • Ben: Proviene del gaélico y es una montaña. El más conocido es el Ben Nevis, punto más alto de las Islas Británicas localizado muy cerca del pueblo de Fort William.
  • Haar: Esta me encanta. En alemán sería pelo. Aquí hablamos de un concepto más que de un vocablo. Describe la niebla marina procedente del Mar de Norte y que cubre las poblaciones costeras del Este llegando hasta Edimburgo. Es algo propio de la zona, como la panza de burro de Tenerife.

Hay una palabra con una connotación despectiva que no he oído mucho, pero que descubrí en Outlander. Se trata de Sassenach. Proviene del gaélico y significa no escocés. Es usado sobre todo para los ingleses.

Buscando un poco en Youtube sobre los acentos en Escocia, encontré un par de ellos sobre el Glaswegian. Y es que si en Escocia en general notamos acento y vocabulario que se sale del que hemos aprendido en nuestras clases de inglés, cuando llegas a Glasgow y oyes a sus habitantes por la calle hablar por el móvil y decir un [ai vil fone yu], se te queda cara de W.

Pero bueno, como norma general, al vernos extranjeros, la mayoría de las veces no tuvimos problema. Estoy segura de que suavizaron sus acentos allá donde fuimos. Incluso a nuestro anfitrión de Inverness conseguimos entenderlo. Lo peor de todo fueron los dos empleados del concesionario del coche, todo me lo tenían que repetir dos veces. Pero como digo, por lo general, saben que tienen un acento marcado y no tienen problema en bromear sobre ello.

Y si no hay entendimiento verbal, siempre está el lenguaje gestual. Fuera miedos.

El Clima en Escocia

Escocia es un país frío, en el que corre el viento y abundan las lluvias. No obstante, entre junio y septiembre el clima es algo más suave y se convierte en el momento propicio para descubrirla. Resplandece el verde de las montañas, los lagos se convierten en espejos con el reflejo del sol y los días son largos con una media de 18 horas diarias de luz. Incluso alrededor del solsticio de verano hay días en que no se llega a una noche oscura y cerrada. Por contra, debido a su latitud, en invierno los días son muy cortos reduciéndose hasta 7 horas de luz al día. Eso sí, esas fechas son idóneas para la observación de auroras boreales. El mayor contraste se encuentra en las islas Shetland (a la altura de Groenlandia), que están más cerca del Círculo Polar Ártico que de Londres. De ahí que tengan una diferencia de hasta cuatro horas de luz.

Al encontrarse en la zona septentrional de Europa, las temperaturas en Escocia son inferiores a las de la parte mediterránea. Sin embargo, a pesar de estar tan al norte, son algo más suaves que en otras latitudes similares como en Noruega o determinadas partes de Rusia. Sus temperaturas no son tan extremas porque su clima viene determinado por tres factores: la latitud, la influencia del mar y la corriente del Golfo.

En Escocia enero y febrero son los meses más fríos, con unas temperaturas que rondan los 5-7º durante el día. Por contra, los más cálidos son julio y agosto, llegando a una media de 19º. En primavera y otoño las temperaturas oscilan entre los 11 y 15º. Eso sí, las lluvias son abundantes y están repartidas durante todo el año. Los meses menos lluviosos y con cielos más despejados son mayo, junio y septiembre. Aunque hay que tener en cuenta la sensación térmica. Y es que pese a que pensemos que 15º puede ser una temperatura suave para la que llevaríamos una chaqueta fina, el viento y la humedad contribuyen a que se perciba una temperatura más baja.

No obstante, de todas formas, a pesar de ser un país relativamente pequeño, el clima varía entre las diferentes regiones.

La corriente del Golfo, una especie de río marino cálido, baña la costa oeste y junto con los vientos moderados que provienen de México, hace que sus temperaturas sean más templadas, aunque con muchas lluvias que llegan del Atlántico.

Sin embargo, en el este, de Inverness a Aberdeenshire y hasta Angus, Fife y los Lothians, el clima es más frío y seco con una media anual de precipitaciones similar a Barcelona, Roma o Nueva York.

Por su parte, en las Highlands, debido a su orografía, la nieve es común en invierno, con una media de 100 nevadas al año. La niebla es frecuente en cualquier época del año.

En Edimburgo el clima es muy variable. Los propios locales comentan que en un día tienen las cuatro estaciones del año. Y pudimos comprobarlo. Quizá está luciendo el sol, pero a los diez minutos el viento trae unas nubes que descargan y que se vuelven a ir tal y como llegaron. Rara vez nieva a lo largo del año y sus veranos no superan los 30º, eso sí, el viento y la lluvia están presentes de continuo. Además, el paraguas con estas dos variables no sirve para nada, así que rara es la persona que lo lleva. 

La lluvia más típica de Escocia es pulverizada, fina, pero algo más abundante que el chirimiri típico del País Vasco. Los escoceses la llaman smirr y es tan típica de estas tierras como el haar, la típica bruma marítima del Forth.

La humedad es imprescindible para que Escocia sea el país que es. Sin los rigores del clima no habría frondosos bosques, campos de golf o cementerios y jardines tan verdes. Sin lluvia no habría esas impresionantes cascadas, los famosos canales, esos ríos caudalosos de los que proviene el whisky o esos lagos misteriosos. Escocia no sería lo mismo sin ese olor a lluvia y hierba fresca.

Así que el tiempo no es una excusa, simplemente hay que ir bien preparado con un buen chubasquero o chaqueta impermeable y calzado cómodo y resistente al agua (preferiblemente botas). Incluso en verano. Si vamos en invierno, habría que añadir ropa térmica, guantes y gorro.

En primavera y verano, esta humedad propicia que en zonas pantanosas abunden los midges, unos mosquitos que en vez de picar, muerden y que dejan unas marcas más irritantes que las de los mosquitos normales. Los midges se han convertido en plaga en parte por la tala de árboles. Esto hace que vivan a sus anchas sin sus depredadores naturales, como pueden ser los pájaros y murciélagos. Nosotros compramos el repelente antimidges, pero, afortunadamente, no llegamos a usarlo. No sé si hubo algún día en que fuimos en manga corta. Creo que siempre llevábamos una sudadera puesta, o al menos el impermeable. De todas formas, salvo en las Rogie Falls, no recuerdo haber visto insectos. En nuestras dos semanas la temperatura rara vez superó los 15º, por lo que quizá no se daban las condiciones óptimas. No obstante, no está de mal hacerse con un botecito y adaptarse al ambiente.

Para disfrutar Escocia hay que asumir su climatología. Hay que quererla como es y no intentar cambiarla. Solo entonces se disfruta del viaje.

Conducir en Escocia

Para poder perderse por Escocia parece no quedar más remedio que alquilar un coche. Sí, se puede viajar en tren, incluso hay unos bonos para el bus que funcionan de forma similar al Interrail; sin embargo, ninguna de las dos opciones da la movilidad y autonomía de un vehículo propio (aunque sea por unos días). Es la mejor forma de conocer la esencia del país y descubrir los parajes más recónditos.

Obviamente se puede hacer mediante agencia, pero esa opción estaba descartada ya antes de pensar en el viaje incluso. No sólo por la comodidad de viajar por libre en general, sino porque además Escocia ofrece tantos lugares interesantes que más de una vez querrás parar, estirar las piernas, respirar aire puro, observar los paisajes y disfrutar sin más. Eso no te lo da ni un viaje organizado, ni cuando dependes de horarios de trenes y buses.

Así que alquilamos coche. Muy bien. Pero, ¿qué tal lo de conducir por la izquierda?

Pues está lleno de anécdotas. Para empezar el ir a entrar por la puerta que no es. Ir a abrir la del conductor y que te pregunten ¿conduces tú? O al revés, que el otro se vaya para el sitio del copiloto y le digas ¿lo llevo yo? ¿me das las llaves?

Ya en el asiento de piloto te preparas espejos, las distancias, altura del volante, cinturón… y te giras para la izquierda, y claro, no está. Risita tonta. Para el otro lado. Click. Venga, allá vamos, pies en posición. Por los pedales no hay que preocuparse, afortunadamente, ya que conservan el mismo orden. En este sentido es peor un automático, ya que se te va el pie al embrague y como no hay, toma frenazo. Pero nos queda meter marchas. Un par de ensayos cerca del local de recogida del vehículo y todo controlado, porque vas con el chip de prestarle a todo mucha atención. Eso sí, cuando te confías y llevas unos días, no te libras de algún que otro manotazo a la puerta para cambiar de marcha.

Nos ponemos en movimiento y nos incorporamos a la circulación. Bueno, aquí hay dos cuestiones. Una ventaja y un inconveniente. Cuando te mueves por una ciudad con bastante tráfico, como Edimburgo, Inverness, Stirling o Glasgow, lo bueno es que tienes otros coches a los que seguir como referencia a la hora de hacer una glorieta, incorporarte tras un ceda o un stop, o simplemente seguir al de delante para ver a qué carril se incorpora. El inconveniente es que hay más tráfico, es todo más rápido y has de tener buenos reflejos y no atorarte. Recuerda que el carril lento es el de la izquierda, el de más a la izquierda de todos.

Lo de adelantar también se hace complicado porque no estás acostumbrado a tomar las referencias desde el otro asiento. Y lo de aparcar tiene también su problemática. Mil maniobras hasta que calculas no sólo las dimensiones del coche sino la perspectiva. Puedes llegar a darte cuenta de que tienes menos giro de cuello mirando hacia la izquierda que hacia la derecha.

Desde el lado del copiloto también es un punto, porque en los giros te da la sensación de que el que viene en el otro sentido se te va a empotrar. Es un tanto inquietante, sobre todo cuando bajas la cabeza un momento para mirar un mapa y luego vuelves a mirar al frente. Son unos milisegundos, hasta que caes en que no estás en España, pero están ahí. Al menos los primeros días. Como copiloto tienes una misión: en cada cruce, incorporación, giro o glorieta, recordar continuamente a su piloto izquierda, izquierda, izquierda. Te falta el puño en alto y cantar la Internacional.

Por otro lado, cuando te adentras en las Highlands, más allá de autopistas, la ventaja es que se va más lento, con una velocidad media de 60 km/h; y el inconveniente es que hay menos tráfico, en algunos sitios ni siquiera hay, salvo que consideremos al ganado como tráfico. Así pues, no hay mucha referencia y quizá tiendas hacia la derecha, o a ir por el centro, y cuando te cruzas con alguien tienes que reaccionar rápidamente. Así que ojo con eso.

Por cierto, como peatón, recuerda: Look right.

Aunque el verdadero peligro está en las carreteras de un único carril y sin arcén. Pero por suerte existen los famosos passing places. No encontrarás una señal de peligro con una flecha negra y otra roja indicando quién tiene preferencia, sino que quien tiene una cuneta asfaltada a su izquierda, es el que ha de apartarse y dejar pasar al que viene en el otro sentido. Las carreteras son estrechas, muy estrechas. A veces con acantilados. Y eso también es un peligro añadido, el paisaje es tan bello, que mejor parar cada poco y disfrutarlo, porque despista.

Además de los apartaderos, en la mayoría de las carreteras hay aparcamientos donde parar. En azul simplemente los de descanso, y en marrón los que tienen interés turístico, como unas buenas vistas o el comienzo de alguna ruta. Y lo bueno que tienen los aparcamientos donde hay un punto turístico es que cuando vas a volver a la marcha te recuerda el sentido de la conducción.

Como ya he comentado en otras ocasiones, llevábamos GPS y mapa. El GPS está bien, te lo da mascado, pero eso también es un inconveniente, ya que calcula en base al recorrido óptimo, que suele ser el más corto y no necesariamente el más interesante paisajísticamente hablando. Así que viene bien tener un mapa para ir marcándole la ruta indicándole lugares de paso. También con el mapa ves si las carreteras son autopistas, carreteras comarcales, locales o un camino de cabras (o vacas con flequillo).

Por cierto, mucho ojo con los radares, que Escocia está plagada. Y sin olvidar que la tasa de alcoholemia es 0.0, por lo que nada de conducir tras una cata de whisky. Y cuidado con el cuentakilómetros que a veces despista. Que ves un 120 y piensas que es km/h y en millas es una pasada. En algunos coches sólo cuenta eso, kilómetros y no millas como figura en las señales de tráfico. En la mayoría de los de alquiler figura en ambas unidades, como ya nos encontráramos en EEUU.

Otro dato a tener en cuenta es que los límites permitidos no son exactamente los mismos que en España. Para consultar algunas normas básicas de la conducción, podéis echar un ojo a la página de turismo de Escocia. Aquí se detallan algunos puntos significativos. Si queréis consultar el código completo, podéis hacerlo en esta otra.

Recuerdo que con un carnet de conducir de la UE no es necesario tramitar el Permiso de Conducir Internacional.

En cuanto a la gasolina, no es que sea Death Valley, pero en algunas zonas puede ser complicado encontrar gasolineras. Y cuidado porque los domingos no abren, así que conviene repostar en la primera con la que te cruzas por la mañana. Nosotros cogimos la rutina de completar el depósito a la que parábamos a comprar en alguna tienda para llevar provisiones para el día. Combustible para nuestro estómago y para el coche. No todos los días era necesario, pero conviene saber cómo llevas el depósito. En general son todas autoservicio y previo paso por caja a pagar.

En total hicimos unas 1430 millas, aproximadamente unos 2300 kilómetros en 11 días.

El coche se comportó bien en ciudad, aunque una vez en carretera o en subida se veía que no daba de más ya que tenía muy poca potencia. Pero bueno, te quedas en tu carril, dejas que te adelanten y te lo tomas con calma. Por lo demás, teníamos espacio de sobra, y afortunadamente no tuvimos ningún problema de chinas en el camino o pinchazos. Algo que parece ser común. Aunque sobre todo vimos coches dañados por la humedad con los bajos oxidados o la pintura comida.

La única incidencia que tuvimos en carretera fue un par de cortes por tala preventiva de árboles. Pero no está nada mal señalizado. Al contrario, nada de señor operario con chaleco y casco sosteniendo una señal de stop. Te plantan un semáforo, unos paneles, la velocidad máxima y unos conos. Y el tráfico se va abriendo en uno y otro sentido. Muy fluido todo. Solo estuvimos parados más de la cuenta una vez y fue porque se les cayó una rama bien grande a la calzada y tardaron en moverla.

En general las carreteras que recorrimos son de doble sentido y en buen estado, salvo cuando empiezas a subir hacia el norte. En la zona de las Tierras Altas son más estrechas, salvo alguna parte que de repente tiene una calidad superior, con mejor asfaltado. Y ahí ves el cartel de los fondos de la Comunidad Europea. Otro motivo para no querer el Brexit.

En cualquier caso, pese a lo diferente que puede ser, os animo a probarlo. En el fondo parece más complejo en nuestras cabezas que luego sentados ante el volante. Si no te terminas de atrever, siempre puedes elegir un coche automático para que te facilite un poco la tarea (aunque son un poco más caros). Lo bueno de la experiencia es que ya has cogido práctica para Seychelles, Chipre, Malta, Sudáfrica, Irlanda, la India, Japón, Australia o Nueva Zelanda. 😉

Os animo a conocer Escocia en coche, pues tras cada curva, cada pueblo, cada cambio de rasante, cada passing place, cada milla hay algo que os sorprenderá y encandilará.

Alojarse en Escocia

Para vivir la auténtica experiencia escocesa hay que alojarse en un típico Bed & Breakfast. Ya comenté cuando hablé de los preparativos que era un tipo de alojamiento que no habíamos experimentado hasta la fecha y que en un principio no habíamos valorado. Sin embargo, tras navegar un poco por internet y valorar diversas opciones, resultaba lo más apropiado para nuestro bolsillo y para nuestro tipo de viaje.

Los B&B están hasta en los lugares más remotos, algo que no ocurre con los hoteles, que además de ser escasos, suelen ser más antiguos y caros. El problema de estas casas particulares es que ofrecen pocas habitaciones, con lo que hay que reservar con tiempo antes de que vuelen. Pero, la relación calidad/precio suele ser excelente. Y los más alejados y rurales son los que tienen más encanto. Para reservar, tan simple como cruzar un par de correos electrónicos con los propietarios. Rara vez nos pidieron señal o tarjeta de crédito.

Para buscar calidad, es recomendable buscar el sello:

Certificado

Como su propio nombre indica, ofrecen cama y desayuno. Pero además, generalmente tienes a disposición una tetera y unos dulces.

La atención es mucho más personalizada y ya en la llegada, aparte de enseñarte la casa, el anfitrión te recomendará puntos de interés de la ciudad, pueblo o alrededores, así como restaurantes de la zona donde poder cenar. Son auténticos guías locales. Sarah en Durness nos dejó hasta un mapa y nos indicó lugares recónditos que solo los lugareños conocen.

En esta charla de bienvenida te explicarán también la oferta de desayuno.

Menú desayuno

En algunos encontramos opción vegetariana, en otros tenían pescado local en vez de el típico salmón como Jenny en Mallaig, donde es común el arenque. Pero en cualquier caso, el desayuno te lo preparan al momento. Todo casero. Con pactar la hora el día anterior y especificar qué vas a tomar, para cuando vayas al comedor ya tendrás el café o té recién preparado.

Ya dependerá de cada uno si se atreve con un Full Scottish Breakfast o la versión reducida.

El desayuno, que suele ser en un pequeño comedor, sirve para entablar conversación con otros huéspedes o con el mismo anfitrión entre idas y venidas a la cocina, lo que permite practicar el nivel de inglés y profundizar en la cultura escocesa, las rutas que hacen otros viajeros, recomendaciones y consejos.

Por cierto, el horario del desayuno suele ser de 7 a 9. Sí, hay que madrugar, pero es que en Escocia amanece muy pronto, sobre todo en verano. A las 7 ya es día abierto (si es que luce el sol) y si eres como yo, que acostumbra a dormir en un búnker, esas cortinas sin persianas no servirán de mucho a partir de las 6 de la mañana. Además, si quieres aprovechar el día, lo más normal es que quieras estar en la carretera. No es de extrañar pues, que el horario de salida suela ser las 10 (11 de la mañana como muy tarde).

Estos fueron nuestros alojamientos:

  • Edimburgo: Richmond Place Apartments. Estaban en un paseo al centro y muy bien equipados. Se ve que eran nuevos. El tener un espacio cocina-comedor, nos permitía desayunar tranquilamente, o volvernos a cenar tras un día pateando la ciudad. No cocinamos, y quizá ahí estaría el fallo, porque a no ser que la campana extractora funcione muy bien, los olores subirán al dormitorio. Pero bueno, para un par de días fue una buena elección. El edificio es una residencia universitaria y se accede a las puertas con una especie de tarjeta/imán. Pagamos £182.64 por las dos noches.

  • Aberdeen: Skene House Whitehall. Este hotel estaba también a un paseo del centro, aunque Aberdeen no es una gran ciudad, por lo que ninguna pega al respecto. También teníamos una zona cocina-comedor, que daba para lo justo. Perfecto para nuestra estancia, aunque como teníamos el desayuno incluido, apenas la usamos, tan solo la nevera y algún vaso y cubiertos para la cena. Las velux sobre la cama pueden ser un problema si quieres dormir hasta tarde o si necesitas silencio para dormir, ya que la lluvia repiqueteaba en los cristales. Nos costó £77.22.

  • Inverness: The Gatehouse.  Este B&B se encuentra bastante alejado del centro. Pero es que me resultó complicado encontrar algo más céntrico. Y como además no teníamos intención de ver la ciudad, sino simplemente como parada nocturna, nos era suficiente. Pensábamos que íbamos a tener el baño ensuite, y aunque había uno únicamente a nuestra disposición, había que salir de la habitación. Pagamos £75.

  • Thurso: The Holborn Hotel. Este hotel es algo antiguo y se encuentra sobre un bar. Aunque no lo encontramos especialmente ruidoso. La habitación era lo justo con lo que se ve. La butaca incluso nos estorbaba con la maleta y las mochilas dentro. Este salió por £84.50 con alojamiento y desayuno.

  • Durness: Churchend Cottage. Este Bed & Breakfast se encuentra en las afueras del pueblo. Por decir algo, ya que es un pueblo un tanto esparcido. Pero hay un paseo a la zona donde hay más movimiento. Sin embargo, tanto su anfitriona como el lugar son encantadores. Es un alojamiento que recuerda a una cabaña, pero está a la última. Es todo bastante moderno, desde la ducha eléctrica, hasta la televisión por satélite, pasando por los enchufes usb. Nos costó £70 la noche.

  • Ullapool: Fonaiven. En este pequeño pueblo pesquero nos alojamos en un B&B a un corto paseo de la playa tras atravesar una ruta por el bosque. Esta vez sí que teníamos el baño en la habitación, y bastante moderno también. De nuevo con ducha eléctrica, muy común por lo que vimos en nuestro viaje. Tienen un botón de encendido, regulas la temperatura y listo. Supongo que es más cómodo que tener un termo para toda la casa cuando alquilas varias habitaciones. Esta fue una de las más baratas, tan solo £65.

  • Inverness: Silverstrands Guest House. Algo más próximo del centro que nuestra anterior parada en la ciudad, este B&B regentado por Kenny también tenía sus detalles y nos resultó muy cómodo. Sin embargo, tampoco tenía baño incluido en la habitación. Eso sí, de nuevo, aunque había que salir al pasillo, el baño solo lo usábamos nosotros, ya que la gente de la planta de arriba sí que lo tenía dentro. Muy cuidado el desayuno, la presentación y la atención de Kenny. Calidad por £77.50.

  • Portree: Lochview. Como su nombre indica, este B&B tenía unas impresionantes vistas al lago. Eso sí, para ir a los pueblos próximos había que coger el coche. No encontré nada interesante en Portree y decidí alejarme en mi búsqueda. El resultado fue una buena elección. Tanto la habitación como el baño eran amplios y modernos. Teníamos hasta una ducha de grifos. Elaine cuidaba cada detalle, como los yogures con su original presentación. Nos costó £80.

  • Mallaig: Ashdale Bed and Breakfast. En el pequeño pueblo de Mallaig nos alojamos en casa de Jenny, una anciana encantadora que nos ofreció una habitación triple con vistas al mar. El baño, aunque pequeño, estaba dentro de la habitación y era también bastante moderno. De nuevo con la ducha eléctrica. Dado que el otro huésped alojado no desayunó, Jenny solo cocinó para nosotros y quizá fue el B&B en el que menos variedad tuvimos. De precio, en la media: £70.

  • Oban: Lochnell Arms. En realidad no se encontraba en Oban, sino en Connell, me fue imposible encontrar nada en Oban y solo encontré habitación en este hotel. Al igual que nos ocurrió en Thurso, es algo antiguo, y también tenía un bar debajo. El hotel es algo viejo, y así lo muestran la habitación y el baño. Lo justo para una parada, poco más. También es verdad, que fue de los más baratos: £65.

  • Stirling: Rawenswood Guest House. La casa de Stuart está en la carretera que lleva a Stirling y está muy bien preparada. La habitación era algo justa, pero el baño era amplio y moderno. Sí, también con la ducha eléctrica. La clave de la wifi era diferente para cada habitación e iba bastante rápida la conexión. El desayuno ofertaba también una opción vegetariana y sus proveedores eran agricultores y ganaderos locales. Nos costó £85.

  • Edimburgo: Easyhotel Princes Street. Para el último día era complicado encontrar alojamiento, puesto que al día siguiente comenzaba el Fringe, así que la ocupación estaba bastante completa en la ciudad. Como ya era nuestro último día y no íbamos a necesitar mucho más que dormir y ducha, nos decantamos por esta cadena que es básica. Muy básica. Pero también barata: £60.95.

En total gastamos £992.81, unos 1200-1300€. Es algo más de lo que solemos invertir habitualmente, ya que nuestro presupuesto por noche suele ser 50-60€, pero en este caso, en Escocia, hay que subir un poco porque lo normal son las £70 por noche. También es verdad que estamos incluyendo el desayuno – un señor desayuno – y la atención personalizada. Alternamos hoteles y B&B, y sin duda, me quedaría con la experiencia de alojarse en casas particulares, ya que se vive el viaje de una forma más auténtica.